Escribí un análisis sobre la diferencia entre dos de los insultos mas comunes en la Argentina: Boludo y Pelotudo.
INTRODUCCION
Quizás una de las herramientas mas importantes creadas por el hombre, sea la palabra. Tan especial es que con ella podemos expresar desde amor hasta odio, pasión, dolor, etc. Algunas personas la utilizan como arma de seducción, otros, directamente, como armas.
Sin la palabra, en cualquiera de sus formas (oral, escrita, simbólica, etc.) el desarrollo humano no hubiese sido posible. No se hubiera podido trasmitir el conocimiento debido a que, obviamente, no habría conocimientos para trasmitir.
En las civilizaciones modernas, el uso de todas las formas de la palabra a alcanzado un desarrollo tal que solo bastan algunos pocos gestos para elaborar pensamientos complejos. Imaginemos la siguiente situación:
Guillermo acaba de almorzar en el buffet en PB y debe volver a su oficina en el piso 32. Es un profesional destacado y por lógica, conocido.
Debido a sus 19 kilos de exceso decidió comenzar la noche anterior con su dieta baja en grasas. Las legumbre le parecieron ideal: nada mejor que una buena ensalada de lentejas con algunos porotos.
Como el día se presentaba fresco, cuando llegó al edificio le habló a su amigo, el encargado del buffet, y le pidió que especialmente le preparara una tarta de coliflor, que se devoró en sus 20 minutos de “parada para almorzar”.
Cuando esperaba el ascensor en PB, ya alejado del buffet, notó que el cinturón le quedaba un poco mas ajustado que 20 minutos atrás. Delante de él había cuatro personas y detrás tres.
Subieron al ascensor y comenzó el viaje.
En el tercer piso bajaron dos personas y su cinturón parecía el collar de ahorque de un rodwailer en celo.
En el sexto piso bajaron dos personas mas y su rostro estaba tomando un tono azulado por la falta de oxigenación.
En el octavo piso bajaron los tres restantes, mientras sus oídos se taparon por la diferencia de presión (cercana a las tres atmósferas) y los dedos de los pies prácticamente hacían contacto con el talón.
Antes de ponerse en marcha, las puertas del ascensor se cerraron y Guillermo no soportó mas y se aflojó.
Inmediatamente y ayudado por el efecto gravitatorio del movimiento, sintió que casi era posible volar. Que pedo! pensó. Por lo menos 6 en la escala Mercali.
Todavía no había cesado la vibración corporal cuando una especie de frazada térmica aromática lo empezó a envolver. Era prácticamente imposible respirar. Trataba de respirar en puntas de pie, pero el efecto era peor. Y recién iba por el piso 14.
Guillermo decidió tirarse al piso. Allí la agresión ecológica era menor. Un instante mas tarde sucedió lo inesperado: En el piso 20 sonó la fatal musiquita “tin - tin”. El ascensor se detuvo y las puertas comenzaron a abrirse.
Guillermo, todavía en el piso, observó diez zapatos femeninos, Tras justificarse por la pérdida de un botón, las puertas se cerraron y las señoritas comenzaron a observarse unas a otras, sin hablar, frunciendo el ceño y disminuyendo al mínimo su respiración.
Esas miradas, esos gestos, esas caras alcanzarían para escribir un libro.
Los diferentes usos de las palabras y su intencionalidad suelen combinarse para lógicamente causar confusiones.
Recuerdo el siguiente episodio: Subí a un taxi y le dije al chofer “treinta y dos, entre nueve y diez” justo en el momento en que cerraba la puerta. El chofer se dio vuelta y me dijo “mas fuerte”. Sin dudarlo (pensando que el pobre tipo tenía un problema auditivo) le grité “TREINTA Y DOS, ENTRE NUEVE Y DIEZ ! ¡” . No, no –me dijo-, mas fuerte la puerta.
Una mañana de verano en Mar del Plata, mi suegra sacó a pasear a su perro y unos muchachos al verla se dirigieron a ella: “muerde?” le preguntaron, a lo que mi suegra respondió inmediatamente “NOO”, en tanto uno de ellos agrego “y el perro?”.
LOS INSULTOS
Este tipo de “malos entendidos” idiomáticos se maximizan en los insultos. Es muy común que el agredido con el común y vulgar “hijo de puta”, responda: “con mi vieja no te metás”, pensando tal vez que el agresor se ha tomado el trabajo de realizar un minucioso estudio de su árbol genealógico. Sin embargo y a pesar de las posibles derivaciones, el “hijo de puta” ha resultado uno de los insultos mas precisos.
En Argentina, determinados insultos definen personalidades, y en el caso del hijo de puta, esta asociado a una mala persona. Me atrevería a decir que nadie catalogaría a una mala persona como un botarate, crápula o bastardo; es lisa y llanamente un hijo de puta.
Sin embargo, dependiendo del contexto de la frase, “hijo de puta” puede tomarse hasta como un halago. Un tipo que puede tomar cerveza hasta el hartazgo sin modificar demasiado su comportamiento, puede ser celebrado por sus amigos con un “q’ hijo de puta!”.
Esta versatilidad de algunos insultos y la característica de las personalidades asociadas a ellos, me ha llevado a realizar un estudio sobre dos insultos en especial: Boludo y Pelotudo.
Ambos insultos podrían clasificarse dentro de un subgrupo de insultos menos agresivos.
Ambos son comúnmente usados por una amplia variedad de gente. Ambos parecen iguales... pero nunca dos palabras tan parecidas se refieren a cosas tan diferentes.
El Boludo:
Dadas las características del boludo, mas que un insulto es un diagnóstico, en general congénito y sin lugar a dudas hereditario.
Boludo no se hace, se nace.
Según la Real Academia, boludo significa esférico y una de las características de la esfera en su forma simétrica. Así es el boludo. Un auténtico boludo se distingue entre una multitud y desde cualquier ángulo.
Un tipo boludo esperando un micro puede ser divisado desde por lo menos 50 metros.
El boludo se sabe boludo y es torpe por naturaleza.
De niño tropieza con cuanto escalón encuentra y solo juega al fútbol si es él el que aporta la pelota. Es el último en ser elegido en la formación de un equipo o grupo.
El boludo sufre en la adolescencia uno de sus momentos críticos. Esa etapa tan difícil para cualquier persona, se hace casi una agonía en el boludo, no solo para él, si no también para su entorno.
En la escuela todos le huyen y se sienta solo, en el primer banco, cerca del pizarrón, tapando la visual del resto del curso con la cabeza o en su defecto con las orejas.
Es el que sin querer, después de diez minutos de empezada la clase, pregunta: ¿pero hoy no había examen?
Un boludo en una oficina vuelca su café –en lo posible muy caliente- sobre su propio pantalón o sobre su computadora. Pierde sus propios papeles importantes y confundiendo las llaves térmicas de los tomas corrientes de las computadoras con las de las luces, apaga todas las máquinas en lugar de encender las luces.
El boludo es, además de boludo, una muy buena persona. Es imposible que un boludo haga algo con mala intención. Solamente lo hace por boludo. Los efectos son los mismos, pero no la intencionalidad.
Gracias a la madre naturaleza, los boludos son solitarios. Muy rara vez pueden observarse dos o tres boludos juntos. Sería catastrófico
La vestimenta del boludo es particular, característica, en especial los pantalones. Los usan de tiro largo, y aprovechan esta circunstancia para colocarlos por encima del ombligo. Como en general tienen panza, se les genera debajo del cinturón un sobrante de tela bastante gracioso.
La educación no es un obstáculo para el boludo. Y es que los distintos grados de boludez no son incompatibles con la inteligencia. Esta característica del boludo hace que se encuentren en todos los niveles culturales de la sociedad.
Sin embargo son prácticamente incompatibles con la fortuna. Jamás un auténtico boludo tendrá dinero. Si por un error natural llegara a juntarlo, seguramente lo invertiría en la fabricación de chacinados en Israel, de sombrillas de playa en Bolivia o sería estafado por algún “amigo especial” que normalmente rodean al boludo.
Otra de las facetas del boludo es que es vergonzoso. El boludo en los baños públicos jamás usa los mingitorios, se mete en los privados y hace pis en el inodoro. Solo en algunas ocasiones se les traba la puerta, pero siempre saldrá con el pantalón salpicado, la bragueta desprendida o la parte trasera de la camisa fuera del pantalón.
El Pelotudo:
Ciertos datos aportados por distintas fuentes me han llevado a pensar que la palabra pelotudo deriva en realidad de peloduro, apelativo discriminatorio que se utilizó a principios de la segunda mitad del siglo XX y estaba dirigido a personas de clase baja, cuyo corte de pelo era muy particular. Este mote designaba a un “tipo de gente de la cual había que cuidarse”, ya sea por su sospechosa forma de vida, por sus ideas políticas o sencillamente por su aspecto.
No tengo referencia exacta del momento del cambio a pelotudo, lo que si tengo bien claro es que del pelotudo también hay que cuidarse.
El pelotudo es casi una mala persona, circula por la delgada frontera que lo separa del hijo de puta y tiene la particularidad de saltar de un lado al otro con extrema facilidad.
Una de las características que lo torna tan peligroso es que, ha diferencia del boludo, al pelotudo no lo podemos distinguir a simple vista. Podemos tener un pelotudo muy cerca nuestro, en una reunión, en nuestro trabajo y hasta tener un amigo pelotudo. El tema es que la pelotudez se manifiesta con los actos, y cuando lo hace, es tarde.
Por suerte la pelotudez no es constante. Se mantiene en general por debajo del nivel de detección. Sin embargo es pulsante, esto es, hace picos. Lamentablemente estas pulsaciones no son periódicas ni respetan ninguna ley natural. Esto convierte al pelotudo en una de las personalidades mas peligrosas.
Esta características hace que el pelotudo difícilmente pueda desarrollarse intelectualmente. Los picos de pelotudez normalmente los hacen fracasar en los momentos críticos. No obstante, como la pelotudez no tiene un origen determinado y puede adquirirse en cualquier momento de la vida, no resulta difícil encontrarse con profesionales pelotudos, cuyo título (de profesional) fue adquirido con anterioridad al otro título (el de pelotudo).
La peligrosidad del pelotudo no solo reside en lo difícil de su detección o en su carácter de no periódico. La verdadera peligrosidad radica en que sus actos no lo afectan a él, sino a terceros, en general amigos, compañeros de trabajo, jefes, empleados, familiares, etc.
Debido al poco efecto auto-flagelante, el pelotudo jamás admitirá su pelotudez. Siempre encontrará una excusa, una coartada o un chivo expiatorio.
El pelotudo de pequeño:
Cuando niño y debido a que sus propios padres no admiten abiertamente el problema “del nene”, no les permiten sacar sus juguetes, so pretexto de que sus amigos no los cuidan. Es entonces cuando la voracidad del pelotudo se manifiesta con infinitas metodologías: tira la pelota ajena debajo de la rueda de un micro, la cuelga de un árbol o la emboca en una alcantarilla. Pierde indefectiblemente cuanto barrilete llega a su mano. Es casi un sacrilegio prestarle una bicicleta.
Cuando adolescente se desvivirá por contarle a la chica mas bonita (la de nuestros sueños): “vos estás esperando a Juan?, no sabes que se curte a Sofía?”
Cuando crece y consigue un empleo, es el que pregunta, delante del encargado de control de personal, por su compañero ausente y agrega: ”pero che, este cuando no falta llega tarde”.
Al igual que el boludo, el pelotudo también tira el café sobre los pantalones y la computadora y pierde papeles importantes, pero la diferencia es que tanto pantalones como computadora o papeles, son ajenos. Probablemente, si puede hacerlo, se vaya sin hacerse cargo.
Un pelotudo no necesariamente engendrará otro pelotudo. Lo cierto es que dado su cercanía al hijo de puta, el hijo de un pelotudo tiene una gran probabilidad de convertirse en otro pelotudo (quizás mejorado) o incluso un gran hijo de puta.
CONCLUSIONES:
Si te has sentido identificado con la descripción del boludo o del pelotudo, tenés que pensar seriamente que existen grandes probabilidades que lo seas.
Si en tu vida te mandas alguna boludez, no te preocupes. Los síntomas aislados no hacen a un auténtico boludo. Si sos muy blanco y tenés un lunar negro, no implica que seas negro.
Mucho mas preocupante es identificarse con la pelotudez. Si te mandas pelotudeces, es prácticamente seguro de que sos un pelotudo. Debes tener en cuenta que la ausencia de pruebas no es prueba de la ausencia, esto es, el no haber realizado pelotudeces hasta hoy, no implica estar a salvo.
De todos modos, si sos un pelotudo, seguramente lo vas a negar rotundamente.
Si sos mala persona, es decir un hijo de puta, seguirás siendo un flor de hijo de puta y a lo sumo ascenderás a reverendo hijo de puta.
INTRODUCCION
Quizás una de las herramientas mas importantes creadas por el hombre, sea la palabra. Tan especial es que con ella podemos expresar desde amor hasta odio, pasión, dolor, etc. Algunas personas la utilizan como arma de seducción, otros, directamente, como armas.
Sin la palabra, en cualquiera de sus formas (oral, escrita, simbólica, etc.) el desarrollo humano no hubiese sido posible. No se hubiera podido trasmitir el conocimiento debido a que, obviamente, no habría conocimientos para trasmitir.
En las civilizaciones modernas, el uso de todas las formas de la palabra a alcanzado un desarrollo tal que solo bastan algunos pocos gestos para elaborar pensamientos complejos. Imaginemos la siguiente situación:
Guillermo acaba de almorzar en el buffet en PB y debe volver a su oficina en el piso 32. Es un profesional destacado y por lógica, conocido.
Debido a sus 19 kilos de exceso decidió comenzar la noche anterior con su dieta baja en grasas. Las legumbre le parecieron ideal: nada mejor que una buena ensalada de lentejas con algunos porotos.
Como el día se presentaba fresco, cuando llegó al edificio le habló a su amigo, el encargado del buffet, y le pidió que especialmente le preparara una tarta de coliflor, que se devoró en sus 20 minutos de “parada para almorzar”.
Cuando esperaba el ascensor en PB, ya alejado del buffet, notó que el cinturón le quedaba un poco mas ajustado que 20 minutos atrás. Delante de él había cuatro personas y detrás tres.
Subieron al ascensor y comenzó el viaje.
En el tercer piso bajaron dos personas y su cinturón parecía el collar de ahorque de un rodwailer en celo.
En el sexto piso bajaron dos personas mas y su rostro estaba tomando un tono azulado por la falta de oxigenación.
En el octavo piso bajaron los tres restantes, mientras sus oídos se taparon por la diferencia de presión (cercana a las tres atmósferas) y los dedos de los pies prácticamente hacían contacto con el talón.
Antes de ponerse en marcha, las puertas del ascensor se cerraron y Guillermo no soportó mas y se aflojó.
Inmediatamente y ayudado por el efecto gravitatorio del movimiento, sintió que casi era posible volar. Que pedo! pensó. Por lo menos 6 en la escala Mercali.
Todavía no había cesado la vibración corporal cuando una especie de frazada térmica aromática lo empezó a envolver. Era prácticamente imposible respirar. Trataba de respirar en puntas de pie, pero el efecto era peor. Y recién iba por el piso 14.
Guillermo decidió tirarse al piso. Allí la agresión ecológica era menor. Un instante mas tarde sucedió lo inesperado: En el piso 20 sonó la fatal musiquita “tin - tin”. El ascensor se detuvo y las puertas comenzaron a abrirse.
Guillermo, todavía en el piso, observó diez zapatos femeninos, Tras justificarse por la pérdida de un botón, las puertas se cerraron y las señoritas comenzaron a observarse unas a otras, sin hablar, frunciendo el ceño y disminuyendo al mínimo su respiración.
Esas miradas, esos gestos, esas caras alcanzarían para escribir un libro.
Los diferentes usos de las palabras y su intencionalidad suelen combinarse para lógicamente causar confusiones.
Recuerdo el siguiente episodio: Subí a un taxi y le dije al chofer “treinta y dos, entre nueve y diez” justo en el momento en que cerraba la puerta. El chofer se dio vuelta y me dijo “mas fuerte”. Sin dudarlo (pensando que el pobre tipo tenía un problema auditivo) le grité “TREINTA Y DOS, ENTRE NUEVE Y DIEZ ! ¡” . No, no –me dijo-, mas fuerte la puerta.
Una mañana de verano en Mar del Plata, mi suegra sacó a pasear a su perro y unos muchachos al verla se dirigieron a ella: “muerde?” le preguntaron, a lo que mi suegra respondió inmediatamente “NOO”, en tanto uno de ellos agrego “y el perro?”.
LOS INSULTOS
Este tipo de “malos entendidos” idiomáticos se maximizan en los insultos. Es muy común que el agredido con el común y vulgar “hijo de puta”, responda: “con mi vieja no te metás”, pensando tal vez que el agresor se ha tomado el trabajo de realizar un minucioso estudio de su árbol genealógico. Sin embargo y a pesar de las posibles derivaciones, el “hijo de puta” ha resultado uno de los insultos mas precisos.
En Argentina, determinados insultos definen personalidades, y en el caso del hijo de puta, esta asociado a una mala persona. Me atrevería a decir que nadie catalogaría a una mala persona como un botarate, crápula o bastardo; es lisa y llanamente un hijo de puta.
Sin embargo, dependiendo del contexto de la frase, “hijo de puta” puede tomarse hasta como un halago. Un tipo que puede tomar cerveza hasta el hartazgo sin modificar demasiado su comportamiento, puede ser celebrado por sus amigos con un “q’ hijo de puta!”.
Esta versatilidad de algunos insultos y la característica de las personalidades asociadas a ellos, me ha llevado a realizar un estudio sobre dos insultos en especial: Boludo y Pelotudo.
Ambos insultos podrían clasificarse dentro de un subgrupo de insultos menos agresivos.
Ambos son comúnmente usados por una amplia variedad de gente. Ambos parecen iguales... pero nunca dos palabras tan parecidas se refieren a cosas tan diferentes.
El Boludo:
Dadas las características del boludo, mas que un insulto es un diagnóstico, en general congénito y sin lugar a dudas hereditario.
Boludo no se hace, se nace.
Según la Real Academia, boludo significa esférico y una de las características de la esfera en su forma simétrica. Así es el boludo. Un auténtico boludo se distingue entre una multitud y desde cualquier ángulo.
Un tipo boludo esperando un micro puede ser divisado desde por lo menos 50 metros.
El boludo se sabe boludo y es torpe por naturaleza.
De niño tropieza con cuanto escalón encuentra y solo juega al fútbol si es él el que aporta la pelota. Es el último en ser elegido en la formación de un equipo o grupo.
El boludo sufre en la adolescencia uno de sus momentos críticos. Esa etapa tan difícil para cualquier persona, se hace casi una agonía en el boludo, no solo para él, si no también para su entorno.
En la escuela todos le huyen y se sienta solo, en el primer banco, cerca del pizarrón, tapando la visual del resto del curso con la cabeza o en su defecto con las orejas.
Es el que sin querer, después de diez minutos de empezada la clase, pregunta: ¿pero hoy no había examen?
Un boludo en una oficina vuelca su café –en lo posible muy caliente- sobre su propio pantalón o sobre su computadora. Pierde sus propios papeles importantes y confundiendo las llaves térmicas de los tomas corrientes de las computadoras con las de las luces, apaga todas las máquinas en lugar de encender las luces.
El boludo es, además de boludo, una muy buena persona. Es imposible que un boludo haga algo con mala intención. Solamente lo hace por boludo. Los efectos son los mismos, pero no la intencionalidad.
Gracias a la madre naturaleza, los boludos son solitarios. Muy rara vez pueden observarse dos o tres boludos juntos. Sería catastrófico
La vestimenta del boludo es particular, característica, en especial los pantalones. Los usan de tiro largo, y aprovechan esta circunstancia para colocarlos por encima del ombligo. Como en general tienen panza, se les genera debajo del cinturón un sobrante de tela bastante gracioso.
La educación no es un obstáculo para el boludo. Y es que los distintos grados de boludez no son incompatibles con la inteligencia. Esta característica del boludo hace que se encuentren en todos los niveles culturales de la sociedad.
Sin embargo son prácticamente incompatibles con la fortuna. Jamás un auténtico boludo tendrá dinero. Si por un error natural llegara a juntarlo, seguramente lo invertiría en la fabricación de chacinados en Israel, de sombrillas de playa en Bolivia o sería estafado por algún “amigo especial” que normalmente rodean al boludo.
Otra de las facetas del boludo es que es vergonzoso. El boludo en los baños públicos jamás usa los mingitorios, se mete en los privados y hace pis en el inodoro. Solo en algunas ocasiones se les traba la puerta, pero siempre saldrá con el pantalón salpicado, la bragueta desprendida o la parte trasera de la camisa fuera del pantalón.
El Pelotudo:
Ciertos datos aportados por distintas fuentes me han llevado a pensar que la palabra pelotudo deriva en realidad de peloduro, apelativo discriminatorio que se utilizó a principios de la segunda mitad del siglo XX y estaba dirigido a personas de clase baja, cuyo corte de pelo era muy particular. Este mote designaba a un “tipo de gente de la cual había que cuidarse”, ya sea por su sospechosa forma de vida, por sus ideas políticas o sencillamente por su aspecto.
No tengo referencia exacta del momento del cambio a pelotudo, lo que si tengo bien claro es que del pelotudo también hay que cuidarse.
El pelotudo es casi una mala persona, circula por la delgada frontera que lo separa del hijo de puta y tiene la particularidad de saltar de un lado al otro con extrema facilidad.
Una de las características que lo torna tan peligroso es que, ha diferencia del boludo, al pelotudo no lo podemos distinguir a simple vista. Podemos tener un pelotudo muy cerca nuestro, en una reunión, en nuestro trabajo y hasta tener un amigo pelotudo. El tema es que la pelotudez se manifiesta con los actos, y cuando lo hace, es tarde.
Por suerte la pelotudez no es constante. Se mantiene en general por debajo del nivel de detección. Sin embargo es pulsante, esto es, hace picos. Lamentablemente estas pulsaciones no son periódicas ni respetan ninguna ley natural. Esto convierte al pelotudo en una de las personalidades mas peligrosas.
Esta características hace que el pelotudo difícilmente pueda desarrollarse intelectualmente. Los picos de pelotudez normalmente los hacen fracasar en los momentos críticos. No obstante, como la pelotudez no tiene un origen determinado y puede adquirirse en cualquier momento de la vida, no resulta difícil encontrarse con profesionales pelotudos, cuyo título (de profesional) fue adquirido con anterioridad al otro título (el de pelotudo).
La peligrosidad del pelotudo no solo reside en lo difícil de su detección o en su carácter de no periódico. La verdadera peligrosidad radica en que sus actos no lo afectan a él, sino a terceros, en general amigos, compañeros de trabajo, jefes, empleados, familiares, etc.
Debido al poco efecto auto-flagelante, el pelotudo jamás admitirá su pelotudez. Siempre encontrará una excusa, una coartada o un chivo expiatorio.
El pelotudo de pequeño:
Cuando niño y debido a que sus propios padres no admiten abiertamente el problema “del nene”, no les permiten sacar sus juguetes, so pretexto de que sus amigos no los cuidan. Es entonces cuando la voracidad del pelotudo se manifiesta con infinitas metodologías: tira la pelota ajena debajo de la rueda de un micro, la cuelga de un árbol o la emboca en una alcantarilla. Pierde indefectiblemente cuanto barrilete llega a su mano. Es casi un sacrilegio prestarle una bicicleta.
Cuando adolescente se desvivirá por contarle a la chica mas bonita (la de nuestros sueños): “vos estás esperando a Juan?, no sabes que se curte a Sofía?”
Cuando crece y consigue un empleo, es el que pregunta, delante del encargado de control de personal, por su compañero ausente y agrega: ”pero che, este cuando no falta llega tarde”.
Al igual que el boludo, el pelotudo también tira el café sobre los pantalones y la computadora y pierde papeles importantes, pero la diferencia es que tanto pantalones como computadora o papeles, son ajenos. Probablemente, si puede hacerlo, se vaya sin hacerse cargo.
Un pelotudo no necesariamente engendrará otro pelotudo. Lo cierto es que dado su cercanía al hijo de puta, el hijo de un pelotudo tiene una gran probabilidad de convertirse en otro pelotudo (quizás mejorado) o incluso un gran hijo de puta.
CONCLUSIONES:
Si te has sentido identificado con la descripción del boludo o del pelotudo, tenés que pensar seriamente que existen grandes probabilidades que lo seas.
Si en tu vida te mandas alguna boludez, no te preocupes. Los síntomas aislados no hacen a un auténtico boludo. Si sos muy blanco y tenés un lunar negro, no implica que seas negro.
Mucho mas preocupante es identificarse con la pelotudez. Si te mandas pelotudeces, es prácticamente seguro de que sos un pelotudo. Debes tener en cuenta que la ausencia de pruebas no es prueba de la ausencia, esto es, el no haber realizado pelotudeces hasta hoy, no implica estar a salvo.
De todos modos, si sos un pelotudo, seguramente lo vas a negar rotundamente.
Si sos mala persona, es decir un hijo de puta, seguirás siendo un flor de hijo de puta y a lo sumo ascenderás a reverendo hijo de puta.

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