Acércate a la comida descompuesta, a las heces que están en la banqueta de tu casa, a un perro muerto o a algún charco maloliente y mata a las moscas alrededor con palitos japoneses, si gustas.
Luego, da vuelo a la imaginación y al ocio como Magnus Muhr que le dio a las pobres moscas la vida que no pudieron tener cuando se la pasaban fregando por ahí.
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