La multitud es impulsiva, versátil e irritable.
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Voy a ampliar esta expresión con un ejemplo de la multitud de nuestra provincia de Buenos Aires.
La multitud se mueve por ciertos códigos de lo que está bien visto y lo que está mal visto, especialmente de ciertas actitudes o pensamientos que son tomados como aceptados o inaceptados.
La multitud se mueve por un parámetro estereotipado de sujeto o modelo estándar perteneciente a la multitud. La multitud se mueve en base a ese modelo estereotipado y estándar y todos deben pensar y actuar como eso.
Este sujeto estereotipado, lo conocen todos, por lo que está en la mente de todos los miembros.
En este ejemplo este estereotipo sería así:
• Tiene relaciones sexuales pre-matrimoniales.
• Usa anticonceptivos y no práctica la castidad.
• Le gusta el ruido, sale al boliche que le ofrece la sociedad, por más que este sea oscuro, ruidoso, lleno de humo y ambientado par vender mucho alcohol.
• Se viste con pantalones ajustados, porque son los pantalones que usa todo el mundo, o sea, que usa la multitud.
• Dice malas palabras y habla con bajeza. Ya que el estereotipo de la multitud, habla así.
• Miente.
• Etc., etc.
Ahora bien, el sujeto perteneciente a esta multitud pierde su ser ético racional e intelectual y se deja llevar por el impulso de la multitud. Y ante preguntarle por sus actos, su respuesta es: “Pero si todo el mundo lo hace”. La moral del sujeto pasa a ser la de la multitud. Si lo hace la multitud, es moral. También hay muchos actos que para el sujeto no son éticos, ni morales, pero al estar inmersos en el alma colectiva, el sujeto se auto convence que eso tiene justificación y es de menor gravedad, porque lo hace la multitud. Un claro ejemplo es matar gente en una guerra, como lo hace la multitud, el homicidio pasa a ser de menor grado.
Estando en el cine, con la multitud del cine, el individuo, si se deja arrastrar por el quedar señalado por la multitud, que se deja llevar por el encajar en el sujeto estándar, se reirá de los chistes que sean en el fondo desmoralizantes para él.
El hombre es un animal social, y necesita que sus valores sean vivenciados por la sociedad, o por lo menos por otro. Con la masa colectiva el individuo deja sus valores y los cambia por los valores estándar de la multitud. Un ejemplo claro es el valor de tolerancia, que es solamente tolerar sus ideologías, y irritarse contra el resto.
La multitud es irritable contra todo lo que va en contra del sujeto estándar. Por ejemplo ante una charla de anticonceptivos, si un sujeto habla de la encíclica Familiaris consortio sobre la sexualidad matrimonial, seguramente la multitud al tener el poder ideólogo se irrita y se avalancha contra esa persona.
Estas irritaciones son muchas, se dan con lo que no tolera esa multitud que predica la tolerancia. Estas intolerancias se manifiestan en la charlatanerías y en la chismería.
Inclusive entre los santos, fueron pocos los que no dejaron que su lengua fuese un instrumento del diablo.
Es cotidiano escuchar, no me pongo esto, porque vana hablar mal, no obro así, sino así porque voy a quedar mal, etc., etc. Se escucha decir del vecino, las quejas contra las actitudes del prójimo.
Otro ejemplo ante la irritación es cuando alguien pide bajar el volumen, que por cierto tiene el fin de ensordecer y arruinar los oídos y la salud, y de música pasa a ser ruido y bochinche. Esta persona valerosa, es vista como ridícula, fuera de lugar, porque al estereotipo de la multitud le encante el sonido así.
Así si el sujeto no acepta ser señalado por la multitud, no acepta ser humillado, queda siendo un esclavo, un invivenciador de la vida. Atado a lo que le dicta el gran hermano. Por el contrario estos hombres catalogados de ridículos y locos, son realmente felices y libres.
La vestimenta también entra en juego. La multitud no se fija en lo estético, pulcro y prudencia en el vestir, sino que se fija en o que está afuera del estándar.
Se dice que el hombre moderno es libre en cuanto a su libertad personal. Acá queda demostrado que no es así. Ya que todo aquel que sea libre será señalado con el dedo. Y como dicen los intelectuales no hablo de libertinaje, sino de libertad. Tomar una orientación sexual fuera de la natural, no es libertad, sino libertinaje.
Vino Juan, que ni comía ni bebía, y dicen: Demonio tiene. Vino el Hijo del Hombre, que come y bebe, y dicen: He aquí un hombre comilón, y bebedor de vino, amigo de publicanos y de pecadores. ...
La multitud es móvil, versátil. Porque sus valores, pensamientos e intereses y charlas cambian de acuerdo a lo que impone el gran hermano. Por ejemplo si los famosos salen diciendo por la tele que a los delincuentes hay que matarlos a todos, luego el sujeto atado ciegamente a esa multitud dirá que a los delincuentes hay que matarlos a todos, e incluso sera tema de charla. Si sacan un pantalón tan ajustado que no hay espacio ni para un pedo, la multitud se lo pondrá por ser justamente una vestimenta de la multitud, sin usar su razón o principios morales.
Sobre la conducta de los monos
Adrián Paenza
Adrián Paenza
Suponga que uno tiene seis monos en una pieza. Del cielo raso, cuelga un “cacho” de bananas. Justo debajo de él hay una escalera (como la de un pintor o un carpintero). No hace falta que pase mucho tiempo para que uno de los monos suba las escaleras hacia las bananas.
Y ahí comienza el experimento: en el mismo momento en que toca la escalera, todos los monos son rociados con agua helada
Naturalmente, eso detiene al mono.
Luego de un rato, o bien el mismo mono o alguno de los otros hace otro intento con el mismo resultado: todos los monos son rociados con el agua helada a poco que uno de ellos toque la escalera. Cuando este proceso se repite un par de veces más, los monos ya están advertidos. No bien alguno de ellos quiere intentarlo, los otros tratan de evitarlo, y terminan a los golpes si es necesario.
Una vez que llegamos a este estado, retiramos a uno de los monos de la pieza, y lo sustituimos por uno nuevo (que obviamente no participó del experimento hasta aquí). El nuevo mono ve las bananas e inmediatamente trata de subir por las escaleras. Para su horror, todos los otros monos lo atacan. Y obviamente se lo impiden. Luego de un par de intentos más, el nuevo mono ya aprendió: si intenta subir por las escaleras, lo van a golpear sin piedad.
Luego, se repite el procedimiento: se retira un segundo mono y se incluye uno nuevo otra vez. El recién llegado va hacia las escaleras y el proceso se repite: no bien la toca (la escalera), es atacado masivamente. No sólo eso: el mono que había entrado justo antes que él (¡qué nunca había experimentado el agua helada!) participaba del episodio de violencia con gran entusiasmo.
Un tercer mono es reemplazado y no bien intenta subir las escaleras, los otros cinco lo golpean, impidiéndoselo. Con todo, dos de los monos que lo golpean no tienen ni idea del porqué uno no puede subir las escaleras.
Se reemplaza un cuarto mono, luego el quinto y por último, el sexto, que a esta altura es el único que quedaba del grupo original. Al sacar a éste, ya no queda ninguno que haya experimentado el episodio del agua helada. Sin embargo, una vez que el último lo intenta un par de veces, y es golpeado furiosamente por los otros cinco, ahora queda establecida la regla: no se puede subir por las escaleras. Quien lo hace se expone a una represión brutal. Sólo que ahora ninguno de los seis tiene argumentos para sostener tal barbarie.
Cualquier similitud con la realidad de los humanos, no es pura coincidencia ni casualidad
Es que así somos: como monos.