

Se que no es la primera vez que camino por esta calle, de algún modo el ruido de los coches y el sonido que viaja en el aire me parecen extrañamente familiares, casi cotidianos.
Creo ir caminando, aunque caminar parece ser solo una manera de decir, diría mejor que el suelo resbala ante mis pies.
La tarde esta fresca, ya no no llueve pero persisten los charcos en la vereda.
-¡Bruno!- Grito una mujer que caminaba hacia a mi, como si el destino y la ocasión hubiesen planeado con mucha anticipación el encuentro pero sin dejar de ser una mera casualidad.
-No mucha gente pasa por aquí- aseste mirando con desconfió, ¿quien es usted?
-¡Vos sos Bruno!- pasaron 13 años desde que te fuiste, a penas pudo soltar la mujer ahogada en sus propias lagrimas.
-No se quien soy con exactitud- Le dije confundido -He venido viajando por muchos años.
-¡Soy yo mama!- dijo la mujer y cuando termino de decirme esas tres palabras la tierra se detuvo, los autos, las nubes, el viento, el sonido de las cosas y todo signo de vida. Me estrecho en un fuerte abrazo tan caluroso que olvide por un momento el frió que me acompañaba a todos lados donde fuese. Que ya formaba parte de mi.
Nos sentamos en el escalón de un edificio cualquiera y hablamos por horas. Me hablo de cuando me escape de mi casa , tenia 15. De que nadie sabia de mi, que había devastado a la familia y de recuerdos de cuando era chico que nos hizo llorar de la risa.
-Pero Bruno- mirando a mis ojos como queriendo saber a través de ellos la verdadera historia pregunto; ¿que hiciste todos estos años?
De pronto recordé súbitamente todo, le conté que un ataque de rebeldía e inmadurez me llevaron a irme lejos de casa buscando aventuras, emociones. Pero solo encontré vida difícil, trabajo duro y noches sin comer. También le hable de mis muchos trabajos, que nunca deje de extrañar la casa, los pucheros que ella hacia, ni el budín de pan.
Se le llenaron los ojos de lagrimas nuevamente -Sabes que hoy tome una decisión sobre una idea que venia acariciando desde que te fuiste- me dijo mirando hacia el suelo, queriendo tapar la vergüenza y frustración -hoy me di por vencida y pensaba quitarme la vida y nada ni nadie hubiese podido convencerme de darme este final. Excepto vos.
-Ya lo se mama por eso estoy acá- le dije y por primera vez lo vi todo claramente.
-y como sabias si no se lo dije a nadie para que no me detengan- me dijo muy extrañada.
-hay algo que no te conté y tal vez te resulte incomprensible, hace ya tres años que una enfermedad desconocida me separo de la vida y desde entonces me la paso caminando, sin descanso tratando de entender porque camino.- le dije.
-Con mas razón, voy a suicidarme para estar de nuevo con mi hijo perdido- me dijo decidida.
-No estoy acá para estar con vos, sino para devolverte algo que te quite y que no puedes despreciar- le dije tomándola de las manos con fuerza y afecto sin soltar la mirada. -en unos minutos cuando el mundo recobre su movimiento, junto al aire, los autos, las nubes, el viento y el sonido aparecerá una mujer que esta vez la muerte me hizo abandonar y junto a ella un chico de unos 4 años, tu nieto. Hace rato que te buscan, la plata se les esta acabando y están solos, se que la casa que deje alguna vez tiene habitaciones de sobra y siempre fue calurosa para los desamparados a los cuales no les falto nunca un plato de comida.
He aquí el regalo que te ofrezco, una razón para vivir, una razón para seguir viviendo.

Propio.