Era la madrugada del martes, yo miraba una serie desde mi pc, tranquila, en mi departamento. El plan era dormir en cuanto termine la ficción, y esperar así la rutina que el despertador inauguraría una vez más.
Pero dos minutos antes del final, sonó el celular: era mi hermana. Lo único que me repetía a gritos era "ya te avisaron??" y cuando por fin entendió mi "no" me dijo "papi acaba de tener un paro cardíaco"
No pude creer que su corazón ya no latía; pensé que se descompuso, que lo llevarían al hospital y que estaría bien. "Yo tengo siete vidas como los gatos, hija..ya perdí cuatro, pero me quedan tres más" me había dicho bromeando la semana anterior. Pero no fue así. La muerte se lo llevó antes de tiempo.
Llegamos a la casa de mis padres rapidamente en un taxi. Mi papá yacía en el suelo, al costado de su cama, con sus ojos cerraditos y una expresión de paz en su rostro, tapado como si solo durmiera. Me arrodillé a su lado, pidiendole que despierte. En mi casa todo era llanto y dolor. Y sorpresa. Porque se fue en su máximo estado de salud y de bienestar; el día anterior estaba bromeando con nosotros, feliz, compartiendo un asado.
Mi mamá me contó que murió como siempre dijo que quería: en sus brazos. Una muerte súbita donde su corazón renunciaba a seguir latiendo y sus by pass se inclinaban entonces a cumplir esa orden.
Se fue a los 61 años, lleno de alegría y vitalidad. Lleno de amor. Me sentí estafada por la vida, por Dios, creía que me robaron unos veinte años de vida de mi papá..era muy joven. Hasta que en el velorio mi hermana menor se me acercó y me dijo: "Este mes papi me confesó que cuando se opero del corazón, los médicos le dijeron que debido a la gravedad de la intervención y a sus 4 by pass la esperanza de vida eran 10 años...y eso fue hace 13". En ese momento, mi alma dio un vuelco; y en vez de rencor por haberme robado, sentí gratitud por haberme regalado esos años de más.
Gracias papá, por regalarme esos tres, o esos trece años en los que nos hiciste las personas más felices del mundo. Donde nos enseñaste que el secreto de la felicidad es la humildad de agradecer lo que tenemos y no quejarnos esperando más. Que lo importante no es qué tenemos sino a quién tenemos. Y que la familia y la unidad le dan sentido a la vida.
Gracias por hacerme esperar cada domingo para verte y para juntarnos todos a tus asados; los mejores que comí en mi vida, que eran la excusa del reencuentro familiar.
Gracias porque cada persona que se acercó a despedirte sólo tuvo gratitud y amor para compartir de tus recuerdos. Y porque cuando el barrio se acercó a los coches fúnebres a dejar sus flores y tocar las ventanillas me hiciste sentir orgullo y gratitud una vez más, por ser tu hija.
Lo último que les contaré es que mi papá era embarcado desde los 18 años de edad. 43 años de servicio en su trabajo, que le dieron una familia más, sus compañeros, y un amor por los barcos y el mar que hacen que lo sienta mi capitán. Por eso me despido de él con este poema que me gusta tanto:
Te amo, papá. Tus enseñanzas serán mis banderas y prometo hacerte sentir orgulloso en cada uno de mis pasos.
Pero dos minutos antes del final, sonó el celular: era mi hermana. Lo único que me repetía a gritos era "ya te avisaron??" y cuando por fin entendió mi "no" me dijo "papi acaba de tener un paro cardíaco"
No pude creer que su corazón ya no latía; pensé que se descompuso, que lo llevarían al hospital y que estaría bien. "Yo tengo siete vidas como los gatos, hija..ya perdí cuatro, pero me quedan tres más" me había dicho bromeando la semana anterior. Pero no fue así. La muerte se lo llevó antes de tiempo.
Llegamos a la casa de mis padres rapidamente en un taxi. Mi papá yacía en el suelo, al costado de su cama, con sus ojos cerraditos y una expresión de paz en su rostro, tapado como si solo durmiera. Me arrodillé a su lado, pidiendole que despierte. En mi casa todo era llanto y dolor. Y sorpresa. Porque se fue en su máximo estado de salud y de bienestar; el día anterior estaba bromeando con nosotros, feliz, compartiendo un asado.
Mi mamá me contó que murió como siempre dijo que quería: en sus brazos. Una muerte súbita donde su corazón renunciaba a seguir latiendo y sus by pass se inclinaban entonces a cumplir esa orden.
Se fue a los 61 años, lleno de alegría y vitalidad. Lleno de amor. Me sentí estafada por la vida, por Dios, creía que me robaron unos veinte años de vida de mi papá..era muy joven. Hasta que en el velorio mi hermana menor se me acercó y me dijo: "Este mes papi me confesó que cuando se opero del corazón, los médicos le dijeron que debido a la gravedad de la intervención y a sus 4 by pass la esperanza de vida eran 10 años...y eso fue hace 13". En ese momento, mi alma dio un vuelco; y en vez de rencor por haberme robado, sentí gratitud por haberme regalado esos años de más.
Gracias papá, por regalarme esos tres, o esos trece años en los que nos hiciste las personas más felices del mundo. Donde nos enseñaste que el secreto de la felicidad es la humildad de agradecer lo que tenemos y no quejarnos esperando más. Que lo importante no es qué tenemos sino a quién tenemos. Y que la familia y la unidad le dan sentido a la vida.
Gracias por hacerme esperar cada domingo para verte y para juntarnos todos a tus asados; los mejores que comí en mi vida, que eran la excusa del reencuentro familiar.
Gracias porque cada persona que se acercó a despedirte sólo tuvo gratitud y amor para compartir de tus recuerdos. Y porque cuando el barrio se acercó a los coches fúnebres a dejar sus flores y tocar las ventanillas me hiciste sentir orgullo y gratitud una vez más, por ser tu hija.
Lo último que les contaré es que mi papá era embarcado desde los 18 años de edad. 43 años de servicio en su trabajo, que le dieron una familia más, sus compañeros, y un amor por los barcos y el mar que hacen que lo sienta mi capitán. Por eso me despido de él con este poema que me gusta tanto:
Oh capitán, mi capitán
Oh Capitán, mi Capitán:
nuestro azaroso viaje ha terminado.
Al fin venció la nave y el premio fue ganado.
Ya el puerto se halla próximo,
ya se oye la campana
y ver se puede el pueblo que entre vítores,
con la mirada sigue la nao soberana.
Mas ¿no ves, corazón, oh corazón,
cómo los hilos rojos van rodando
sobre el puente en el cual mi Capitán
permanece extendido, helado y muerto?
Oh Capitán, mi Capitán:
levántate aguerrido y escucha cual te llaman
tropeles de campanas.
Por ti se izan banderas y los clarines claman.
Son para ti los ramos, las coronas, las cintas.
Por ti la multitud se arremolina,
por ti llora, por ti su alma llamea
y la mirada ansiosa, con verte, se recrea.
Oh Capitán, ¡mi Padre amado!
Voy mi brazo a poner sobre tu cuello.
Es sólo una ilusión que en este puente
te encuentres extendido, helado y muerto.
Mi padre no responde.
Sus labios no se mueven.
Está pálido, pálido. Casi sin pulso, inerte.
No puede ya animarle mi ansioso brazo fuerte.
Anclada está la nave: su ruta ha concluido.
Feliz entra en el puerto de vuelta de su viaje.
La nave ya ha vencido la furia del oleaje.
Oh playas, alegraos; sonad, claras campanas
en tanto que camino con paso triste, incierto,
por el puente do está mi Capitán
para siempre extendido, helado y muerto.
Walt Whitman
Oh Capitán, mi Capitán:
nuestro azaroso viaje ha terminado.
Al fin venció la nave y el premio fue ganado.
Ya el puerto se halla próximo,
ya se oye la campana
y ver se puede el pueblo que entre vítores,
con la mirada sigue la nao soberana.
Mas ¿no ves, corazón, oh corazón,
cómo los hilos rojos van rodando
sobre el puente en el cual mi Capitán
permanece extendido, helado y muerto?
Oh Capitán, mi Capitán:
levántate aguerrido y escucha cual te llaman
tropeles de campanas.
Por ti se izan banderas y los clarines claman.
Son para ti los ramos, las coronas, las cintas.
Por ti la multitud se arremolina,
por ti llora, por ti su alma llamea
y la mirada ansiosa, con verte, se recrea.
Oh Capitán, ¡mi Padre amado!
Voy mi brazo a poner sobre tu cuello.
Es sólo una ilusión que en este puente
te encuentres extendido, helado y muerto.
Mi padre no responde.
Sus labios no se mueven.
Está pálido, pálido. Casi sin pulso, inerte.
No puede ya animarle mi ansioso brazo fuerte.
Anclada está la nave: su ruta ha concluido.
Feliz entra en el puerto de vuelta de su viaje.
La nave ya ha vencido la furia del oleaje.
Oh playas, alegraos; sonad, claras campanas
en tanto que camino con paso triste, incierto,
por el puente do está mi Capitán
para siempre extendido, helado y muerto.
Walt Whitman
Te amo, papá. Tus enseñanzas serán mis banderas y prometo hacerte sentir orgulloso en cada uno de mis pasos.