"¿Cómo es posible que seres corrientes como nosotros podamos celebrar ahora mismo, aquí y ahora?" No, no es posible. Nadie te ha autorizado a celebrar, tus padres están aún en tu mente.
Hasta el instante mismo de tu muerte, tu padre y tu madre te perseguirán. Estarán tras de ti continuamente, incluso aunque estén muertos. Los padres pueden ser muy, muy destructivos; hasta ahora lo han sido. No estoy diciendo que tus padres sean los responsables, porque ésa no es la cuestión: sus padres hicieron lo mismo con ellos. Es toda la estructura la que está equivocada, psicológicamente equivocada. También ellos tienen sus razones. Por eso, algo tan perjudicial continúa y continúa y no puede ser detenido. Parece imposible detenerlo.
Desde luego que existen unas razones. Un padre tiene sus propias razones; puede estar leyendo el periódico y el niño estar saltando y gritando y riendo, pero un padre debería ser más comprensivo. Un periódico carece de valor. Aunque puedas leerlo en silencio, ¿qué puedes obtener de él? ¡Tira el periódico! Pero el padre está metido en política, en sus negocios, y ha de saber qué es lo que ocurre. Es ambicioso y el periódico forma parte de su ambición. Si uno ha de satisfacer sus ambiciones, si ha de perseguir algunas metas, ha de pertenecer al mundo. El niño le resulta una molestia.
La madre está cocinando y el niño insiste en preguntarle cosas y continúa saltando y ella se enfada. Sé que eso son problemas; la madre ha de hacer la comida. Pero el niño debería ir primero porque el niño se convertirá en el mundo; un niño es el mañana, un niño formará la Humanidad. Debería ser el primero; esto debería ser lo prioritario. Uno puede leer los periódicos después; y aunque no los lea, no se perderá mucho. Cada día es la misma estupidez; cambian los lugares, cambian los nombres, pero la estupidez es la misma. Tus periódicos están sencillamente locos. Se puede cocinar después, pero no se puede retrasar el satisfacer la curiosidad del niño; no puedes hacerlo. No has de posponerlo porque en ese mismo instante, ésa era su disposición y puede que esa disposición no se presente de nuevo. Ahora mismo está caliente y algo es posible. Pero, ¿ves a las madres bailar con sus hijos y saltar y revolcarse por el suelo con ellos? No. Las madres son seres serios; los padres son muy serios. Llevan al mundo entero sobre sus espaldas. Y el niño vive en un mundo totalmente distinto. Le estás obligando a entrar en tu triste y miserable actitud hacia la vida.
Podía haber crecido como niño, podía haber mantenido esa cualidad -la capacidad de poder maravillarse, de sorprenderse- y podía haber retenido la cualidad del estar aquí y ahora, en el momento.
Hasta el instante mismo de tu muerte, tu padre y tu madre te perseguirán. Estarán tras de ti continuamente, incluso aunque estén muertos. Los padres pueden ser muy, muy destructivos; hasta ahora lo han sido. No estoy diciendo que tus padres sean los responsables, porque ésa no es la cuestión: sus padres hicieron lo mismo con ellos. Es toda la estructura la que está equivocada, psicológicamente equivocada. También ellos tienen sus razones. Por eso, algo tan perjudicial continúa y continúa y no puede ser detenido. Parece imposible detenerlo.
Desde luego que existen unas razones. Un padre tiene sus propias razones; puede estar leyendo el periódico y el niño estar saltando y gritando y riendo, pero un padre debería ser más comprensivo. Un periódico carece de valor. Aunque puedas leerlo en silencio, ¿qué puedes obtener de él? ¡Tira el periódico! Pero el padre está metido en política, en sus negocios, y ha de saber qué es lo que ocurre. Es ambicioso y el periódico forma parte de su ambición. Si uno ha de satisfacer sus ambiciones, si ha de perseguir algunas metas, ha de pertenecer al mundo. El niño le resulta una molestia.
La madre está cocinando y el niño insiste en preguntarle cosas y continúa saltando y ella se enfada. Sé que eso son problemas; la madre ha de hacer la comida. Pero el niño debería ir primero porque el niño se convertirá en el mundo; un niño es el mañana, un niño formará la Humanidad. Debería ser el primero; esto debería ser lo prioritario. Uno puede leer los periódicos después; y aunque no los lea, no se perderá mucho. Cada día es la misma estupidez; cambian los lugares, cambian los nombres, pero la estupidez es la misma. Tus periódicos están sencillamente locos. Se puede cocinar después, pero no se puede retrasar el satisfacer la curiosidad del niño; no puedes hacerlo. No has de posponerlo porque en ese mismo instante, ésa era su disposición y puede que esa disposición no se presente de nuevo. Ahora mismo está caliente y algo es posible. Pero, ¿ves a las madres bailar con sus hijos y saltar y revolcarse por el suelo con ellos? No. Las madres son seres serios; los padres son muy serios. Llevan al mundo entero sobre sus espaldas. Y el niño vive en un mundo totalmente distinto. Le estás obligando a entrar en tu triste y miserable actitud hacia la vida.
Podía haber crecido como niño, podía haber mantenido esa cualidad -la capacidad de poder maravillarse, de sorprenderse- y podía haber retenido la cualidad del estar aquí y ahora, en el momento.