El trabajo de Andy Diaz es un tanto peculiar. Hace retratos de situaciones, la vida y personas en general pero no al uso, sino a partir de píldoras. Así, como suena
Frascos farmacéuticos de cristal y cápsulas, eso por fuera. Quiero decir, a simple vista. Pero también tiene un mensaje —como casi todas las obras de arte o diseño, el cual, dicho sea de paso, yo nunca logro descifrar—, y que consiste en algo así y según su propio autor como explorar el lugar de los medicamentos y drogas en la sociedad moderna.
Pero antes del trasfondo del asunto. Vamos al diseño. Fotografías de lugares y personas de distintas partes del mundo que le dan a las drogas legales y no legales, y mostrándolas a partir de imágenes en tres dimensiones y a través de materiales como el vidrio o píldoras.
Lo complicado del asunto es —además de tener la idea—, dividir una o más fotografías en cientos de pequeños componentes, colocando cada una de estas imágenes dentro de una píldora o una cápsula o lo que demonios se te ocurra en ese momento y luego claro, volver a montar la pieza. Les aseguro que no tiene pinta de ser fácil.
El resultado además, es bastante espectacular. Habíamos visto pastillas de vodka aquí en Monkeyzen, e incluso de menta para Cristo y sus apóstoles. Pero nada como esto.
Y ya la parte del trasfondo. La moda y el abuso de sustancias o el sentido de la identidad son retratados de esta forma tan peculiar. En mi opinión, pocas veces diseño y mensaje han ido tan de la mano.
Frascos farmacéuticos de cristal y cápsulas, eso por fuera. Quiero decir, a simple vista. Pero también tiene un mensaje —como casi todas las obras de arte o diseño, el cual, dicho sea de paso, yo nunca logro descifrar—, y que consiste en algo así y según su propio autor como explorar el lugar de los medicamentos y drogas en la sociedad moderna.
Pero antes del trasfondo del asunto. Vamos al diseño. Fotografías de lugares y personas de distintas partes del mundo que le dan a las drogas legales y no legales, y mostrándolas a partir de imágenes en tres dimensiones y a través de materiales como el vidrio o píldoras.
Lo complicado del asunto es —además de tener la idea—, dividir una o más fotografías en cientos de pequeños componentes, colocando cada una de estas imágenes dentro de una píldora o una cápsula o lo que demonios se te ocurra en ese momento y luego claro, volver a montar la pieza. Les aseguro que no tiene pinta de ser fácil.
El resultado además, es bastante espectacular. Habíamos visto pastillas de vodka aquí en Monkeyzen, e incluso de menta para Cristo y sus apóstoles. Pero nada como esto.
Y ya la parte del trasfondo. La moda y el abuso de sustancias o el sentido de la identidad son retratados de esta forma tan peculiar. En mi opinión, pocas veces diseño y mensaje han ido tan de la mano.