Si al terminar de ver éste post estas conforme no dudes en comentar y si queres, seguirme!
Ésto es una carta/poema que escribí a principio de éste año [2010]. Hay una historia linda atrás de ésto... yo no soy papá y me faltan varios años para serlo (espero, no estoy preparado, recién terminé el año pasado la secundaria). Pero siempre tuve mucha convicción de que iba a tener una hija, desde chico. Tal vez no tengo hijos, tal vez tengo un nene, no sé. No es lo importante, sino una curiosidad. Cuestión que mi prima me había dejado su casa en Tigre para que se la cuidara, y yo me sentaba a estudiar al sol. Un día me quedé dormido, digo yo, y se me apareció una nenita que se puso a jugar y dar vueltas mientras, yo, sin dudarlo, me puse a escribir ésto. Sí, o el sol me pegó mucho o el agua del Tigre me hizo mal, pero fue una experiencia muy real, un sueño muy fuerte y consciente (de hecho, pude escribir mientras veía la escena).
Espero que les guste.
Espero que les guste.
Carta a mi hija:
¿Para qué lo haces? ¿Qué ves ahí, en esa piedra, piedrita gris, que yo no puedo ver, que a mis ojos escapa ya tanto como a mi entendimiento?
No lo entiendo, o nunca lo hice en lo que abarcan mis recuerdos. Cuando era niño no me preocupaba por recordar las cosas que pasaban. Ahora de adulto no me acuerdo lo que era ser niño. Tal vez es esa la razón por la que no te entiendo.
Que nunca te pase, corazón, que de adulta mires a los niños y escribas lo mismo que yo, porque vos todavía los entendes.
No sé con certeza qué hace que nos olvidemos, aunque aparentemente viene con los años.
Ojalá pudieras leer lo que te escribo y entender, para prevenirte.
¡O sino te lo leo yo, si todavía no sabes leer del todo bien!
Ojalá pudiera yo jugar con una piedra y entenderte.
¡O sino jugar con vos, y que me expliques si ves que no juego bien!
A veces me preocupo por las cosas y pienso que el mundo es triste. Pero cuando te tengo cerca me doy cuenta que no todo el mundo es triste. Vos sos feliz y, cuando veo eso, me alegro con vos.
Pero cuando te tengo lejos me pongo muy triste. Hasta llego a maldecir unas cuantas veces, lamentando haberte traído a este mundo, que es tan difícil a veces. Porque cuando no te tengo cerca te recuerdo tan indefensa, que me pregunto si vas a poder con todo esto, cuando ser feliz no te cueste tan poco, y deseo nunca soltarte para poder cuidarte siempre.
Pero por suerte cuando te tengo cerca me doy cuenta de los fuerte que vas a ser. Y me alegro por vos, y no puedo esperar para echarte a volar.
Pero no, no todavía.
¿Qué será de mí si no pudiera verte?
Desgracia sería.
Y espero que nunca pase; pero sé que es inevitable que algún día seas vos quien se preocupe por lo que yo hoy lo hago.
¿Qué será de mi en ese entonces?
Espero volverme senil, no acordarme de las cosas de años pasados, no entender de la misma forma que hoy lo hago. No entender nada, o hacerlo de forma tal que me haga mirarte y sonreír, sin comprender tus preocupaciones, como vos ahora lo haces con mí.
Si, eso es lo que espero.
Sabes que mi papá, tu abuelo, murió joven, y que yo otra hija no tengo. Así que no sé cómo va a ser realmente, pero sería así como lo deseo.
Pero por ahora solo puedo decir con certeza que te miro murmurarle a una piedra, girar hacia mí, largar unas risitas y seguir con tu juego y yo, que no te entiendo, pero te sonrío igual.
Es que no importa realmente eso, ni si te vas a parecer a mí o no, ni si me volveré senil.
En cualquier circunstancia, hija mía, no voy a poder dejar de amarte y sonreír.
¿Para qué lo haces? ¿Qué ves ahí, en esa piedra, piedrita gris, que yo no puedo ver, que a mis ojos escapa ya tanto como a mi entendimiento?
No lo entiendo, o nunca lo hice en lo que abarcan mis recuerdos. Cuando era niño no me preocupaba por recordar las cosas que pasaban. Ahora de adulto no me acuerdo lo que era ser niño. Tal vez es esa la razón por la que no te entiendo.
Que nunca te pase, corazón, que de adulta mires a los niños y escribas lo mismo que yo, porque vos todavía los entendes.
No sé con certeza qué hace que nos olvidemos, aunque aparentemente viene con los años.
Ojalá pudieras leer lo que te escribo y entender, para prevenirte.
¡O sino te lo leo yo, si todavía no sabes leer del todo bien!
Ojalá pudiera yo jugar con una piedra y entenderte.
¡O sino jugar con vos, y que me expliques si ves que no juego bien!
A veces me preocupo por las cosas y pienso que el mundo es triste. Pero cuando te tengo cerca me doy cuenta que no todo el mundo es triste. Vos sos feliz y, cuando veo eso, me alegro con vos.
Pero cuando te tengo lejos me pongo muy triste. Hasta llego a maldecir unas cuantas veces, lamentando haberte traído a este mundo, que es tan difícil a veces. Porque cuando no te tengo cerca te recuerdo tan indefensa, que me pregunto si vas a poder con todo esto, cuando ser feliz no te cueste tan poco, y deseo nunca soltarte para poder cuidarte siempre.
Pero por suerte cuando te tengo cerca me doy cuenta de los fuerte que vas a ser. Y me alegro por vos, y no puedo esperar para echarte a volar.
Pero no, no todavía.
¿Qué será de mí si no pudiera verte?
Desgracia sería.
Y espero que nunca pase; pero sé que es inevitable que algún día seas vos quien se preocupe por lo que yo hoy lo hago.
¿Qué será de mi en ese entonces?
Espero volverme senil, no acordarme de las cosas de años pasados, no entender de la misma forma que hoy lo hago. No entender nada, o hacerlo de forma tal que me haga mirarte y sonreír, sin comprender tus preocupaciones, como vos ahora lo haces con mí.
Si, eso es lo que espero.
Sabes que mi papá, tu abuelo, murió joven, y que yo otra hija no tengo. Así que no sé cómo va a ser realmente, pero sería así como lo deseo.
Pero por ahora solo puedo decir con certeza que te miro murmurarle a una piedra, girar hacia mí, largar unas risitas y seguir con tu juego y yo, que no te entiendo, pero te sonrío igual.
Es que no importa realmente eso, ni si te vas a parecer a mí o no, ni si me volveré senil.
En cualquier circunstancia, hija mía, no voy a poder dejar de amarte y sonreír.
Otros posts literarios: