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![Carlos XII de Suecia [Carolus Rex]](https://storage.posteamelo.com/assets-adonis/assets/2016/02/14/245px-Karl_XII_1697.jpg-aizB56LiVDT.webp)
Carlos XII de Suecia Carlos XII (17 de junio de 1682 – 30 de noviembre de 1718), llamado Carolus Rex y el Alejandro del Norte. Hijo de Carlos XI de Suecia y Ulrica Leonor de Dinamarca . Se le considera el último rey guerrero de Suecia , y probablemente haya sido uno de los mejores tácticos de guerra de la historia universal. Rey de Suecia (1697-1718), Duque de Bremen y Príncipe de Verden (1697-1718) y conde del Palatinado-Zweibrücken (1697-1718) como Carlos II. Participó durante casi todo su reinado en la Gran Guerra del Norte, combatiendo las fuerzas unidas de Dinamarca , Sajonia, Polonia y el Imperio ruso. Su victoria más conocida fue la batalla de Narva, en 1700, cuando venció a un ejército ruso varias veces mayor. Históricamente, se le disculpa de la derrota de la batalla de Poltava por encontrarse herido en un pie, y no haberse encontrado en condiciones de dirigir a sus tropas en persona. Acerca de su vida privada se sabe muy poco, sólo que era una persona reservada. Su vida política se reflejó, a grandes rasgos, en sus campañas y en sus decisiones durante la Gran Guerra del Norte. Su reino. En su coronación, Carlos XII asumió como Rey de los Suecos, los Godos y los Vendos. Gran Duque de Finlandia. Duque de Escania, Estonia, Livonia, Carelia, Bremen, Stettin, Pomerania, Kassuben y Verden. Príncipe de Rugen. Señor de Ingria y Wismar. Conde de Zweibrucken, Conde Palatino del Rin en Baviera, Duque de Jülich, Kleve y Berg. Conde de Wälden, Sponheim y Ravensberg, y Señor de Ravenstein. Todos estos títulos reflejaban el enorme imperio que había heredado de su padre. Imperio construido principalmente a través de conquistas militares iniciadas por Gustavo II Adolfo en la Guerra de los Treinta Años y confirmadas en el Tratado de Paz de Westfalia; seguidas de las logradas por su abuelo Carlos X Gustavo, en el Tratado de Roskilde y por su padre Carlos XI en la Guerra Escanesa. En el Mar Báltico, solo Polonia, el Ducado de Curlandia, el Ducado de Lituania -ambos ducados dominados por Polonia- y el Ducado de Prusia tenían acceso a las vías marítimas. Poder militar. Los Carolinos Después de la Batalla de Lund, el 4 de diciembre de 1676, una de las más sangrientas de la época, el rey Carlos XI, padre de Carlos XII, comprendió la importancia de contar con un ejército bien organizado, y puso mucho empeño en desarrollarlo, pasando gran parte de su tiempo organizándolo, y participando en revistas y maniobras. La reorganización comenzó con la aplicación de un nuevo sistema llamado de enrolamiento o alistamiento (indelning), que a diferencia del sistema de reclutamiento, permitía contar con regimientos permanentes, entrenados regularmente, muy disciplinados, organizados para responder rápidamente ante un ataque o emergencia, y muy homogéneos en cuanto a idioma y origen local –a diferencia del resto de Europa. Cada regimiento contaba con batallones de caballería y artillería. La construcción de la base naval de Karlskrona en 1680, dotó al reino de un recurso muy importante para mantener el control del Mar Báltico. Sin embargo, los poderes navales de Dinamarca , Holanda y Gran Bretaña lo superaban ampliamente, tanto por el tonelaje de sus naves de guerra, como por su cantidad. La oficialidad estaba compuesta por militares profesionales que habían estudiado o perfeccionado su carrera militar en otros países, principalmente Francia. Otros oficiales provenían de las posesiones suecas en Alemania. También existía una cantidad de oficiales de distintas nacionalidades (franceses, británicos y otros) que habían servido en ejércitos de otros países, y participado en distintas guerras europeas, quienes actuaban bajo contrato. Suecia contaba también con destacados ingenieros militares, especializados en fortificaciones. Por haber sido creados por Carlos XI y participado en la Gran Guerra del Norte bajo el mando de Carlos XII, los alistados recibieron el nombre de Carolinos. Política. Sobre su política, que casi en su totalidad era exterior, se sabe poco. Como rey absolutista la política de su reino dependía directamente de él, y su personalidad. Sus biógrafos le suelen atribuir un carácter terco, nacionalista, reservado, osado, valiente, religioso y de costumbres sencillas (solía vestir un uniforme). Se cree que él veía el futuro de Suecia en la conquista del Este. Para eso se requería mantener al archirrival, Dinamarca , en jaque con los reinos alemanes y hacer de Polonia un vasallo. El soberano menospreciaba al más peligroso de sus enemigos, el Imperio ruso, y es por eso que lo dejó para el final de su campaña militar expansionista. Era visto por algunos como el salvador del Imperio sueco; se dice que tenía una gran capacidad para convencer a sus súbditos para hacer sacrificios. Pero, para otros, fue el que llevó a Suecia a los límites de sus capacidades a una guerra imposible de ganar. Esto era obvio, ya que por sus recursos, el Imperio ruso llegaría finalmente a ocupar el lugar de potencia que Suecia poseía. El fin del conflicto se firmó en el Tratado de Nystad en 1721, tres años después de su muerte. Traslado del cadáver de Carlos XII de Suecia . Tras la derrota en la batalla de Poltava, se refugió en el Imperio otomano bajo la protección del sultán Ahmed III y vivió en la ciudad de Bender (actual Tighina, en Moldavia) hasta 1714. Su intromisión en la política exterior del Imperio otomano logró hacer estallar un conflicto militar contra el Imperio ruso. A pesar de su victoria, la campaña militar provocó descontento entre los otomanos, lo que hizo a Carlos decidirse a abandonar la zona. El 11 de noviembre del mismo año, tras cruzar Europa durante 14 días, llegó a Pomerania, posesión territorial sueca en ese entonces. Allí fue recibido por el barón Georg Heinrich von Görtz, a quien Carlos XII convertiría en primer ministro de Suecia en 1716, mientras continuaba con su política militar. El rey reorganizó su ejército e inició una campaña militar contra Federico IV de Dinamarca , rey de Dinamarca y Noruega. En octubre de 1718, Carlos XII invadió Noruega y comenzó el asedio de la fortaleza de Fredriksten, en Halden, Noruega. Allí encontraría la muerte, al recibir el 30 de noviembre de 1718, un disparo en la cabeza durante una inspección nocturna de las trincheras. No se sabe con claridad el origen del disparo, lo que ha originado muchas investigaciones y teorías. Con la muerte del rey, el ejército sueco regresó a su país, y el 25 de diciembre de 1718 su hermana Ulrica Leonor fue proclamada reina de Suecia . Frases célebres - "Nunca daría comienzo a una guerra injusta, pero tampoco daría por finalizada una legítima, excepto derrotando a mis enemigos." - "Voy a expulsar a los moscovitas a Asia de donde provienen" - "Esta será desde ahora mi música" dicho al escuchar los cañonazos en su primera campaña militar. Estatua de Carlos XII en la Plaza de Carlos XII, Estocolmo. El legado de Carlos - Con su muerte termina el periodo imperial de Suecia , y comienza el Imperio ruso a elevarse como potencia en Europa. Suecia cede a este último, las provincias de: Carelia, Livonia, Estonia e Ingria (Ingermanland), donde los rusos habían fundado San Petersburgo en 1703. - Carlos XII, dejó las arcas de Suecia vacías, y al país, desgastado después de 18 años de guerra. Así mismo abrió paso a la llamada "Época de la libertad" en Suecia , que reducía el poder del monarca y desarrollaba el parlamentarismo. En esta época, que duraría hasta 1772, Suecia fue considerada por Voltaire como el Estado más libre del mundo. - Dio inicio a los anhelos de anexión sobre Noruega, que se concretarían en 1814 y terminarían en 1905. - Se convirtió en objeto de admiración de varios reyes posteriores, entre ellos Gustavo III. Luego durante la época del nacionalismo pasaría a ser un símbolo de la fuerza de la nación. Hoy en día es visto con nostalgia y admiración por grupos de extrema derecha y neonazis. Gracias por pasarse.
Gustavo II Adolfo de Suecia Gustavo II Adolfo de Suecia (Estocolmo, Suecia, 9 de diciembre del calendario juliano./ 19 de diciembre de 1594 del calendario gregoriano. – Lützen, Alemania, 6 de noviembre del calendario juliano./ 16 de noviembre de 1632 del calendario gregoriano.), rey de Suecia de 1611 a 1632. Era hijo de Carlos IX y de Cristina de Holstein-Gottorp. Es considerado como uno de los reyes suecos más prominentes de todos los tiempos. En el ámbito civil, realizó grandes reformas administrativas y económicas. Gran estratega, participó en cuatro guerras internacionales, de las cuales la que le daría mayor renombre fue la Guerra de los Treinta Años en Alemania, participación que le valió los apelativos de El León del Norte y Gustavo Adolfo el Grande. Tras la guerra, se ensancharon las fronteras de Suecia, se fortaleció su presencia en el Mar Báltico, y el país se alzó como potencia mundial. Infancia y juventud Gustavo II Adolfo nació en el castillo de Estocolmo el 19 de diciembre de 1594, hijo del duque Carlos de Södermanland (posteriormente rey Carlos IX de Suecia) y Cristina de Holstein-Gottorp. Su doble nombre procedía de sus abuelos, el rey sueco Gustavo Vasa y el duque Adolfo de Holstein-Gottorp. Por parte de su padre, Gustavo Adolfo pertenecía a la dinastía Vasa, la fundadora del protestantismo en Suecia. Por el lado materno, la Casa de Holstein-Gottorp había luchado en la defensa del protestantismo en Alemania. Junto con el sueco, el alemán era su lengua materna, y parece ser que en este idioma conversaba con su madre. La educación militar la recibió durante las campañas de su padre en el mar Báltico oriental, y contó con la instrucción de oficiales holandeses. En el terreno intelectual, recibió educación clásica grecorromana, gracias a lo cual aprendería el griego y el latín. En la juventud, tuvo un romance con Ebba Magnusdotter Brahe, pero su madre, la reina Cristina, se opuso a esta relación, y por intereses políticos, se optó por comprometer a Gustavo Adolfo con una princesa de la casa de Hohenzollern, María Leonor de Brandeburgo. De este matrimonio nacería su hija Cristina. Paralelamente tuvo una amante, Margarita Slots, con la que tuvo un hijo, Gustavo Gustavsson de Vasaborg. Los primeros años de su gobierno Después de un corto periodo de tutoría, y después de que su primo el duque Juan de Östergötland (hijo de Juan III) renunciara a su derecho a la corona, Gustavo II Adolfo ascendió al trono en diciembre de 1611, a los 17 años de edad. Fue coronado en Upsala el 12 de octubre de 1617. El país que heredó el nuevo rey era presa de la confusión y de la crisis económica, resultado de los conflictos internos y de la guerra en el extranjero que habían caracterizado los últimos cincuenta años. Heredó además tres guerras en el extranjero. Jacob De la Gardie comandaba a los suecos en Rusia, en el conflicto entre Suecia y el Principado de Moscú (Guerra Ingria). Contra Dinamarca se libraba la Guerra de Kalmar, en la que el ejército danés había invadido territorio sueco, y contra Polonia un conflicto por el trono sueco, que era reclamado por el rey Segismundo Vasa; éste, tras su derrocamiento en Suecia, se consideraba a sí mismo como el rey legítimo y a Carlos IX y Gustavo II Adolfo como usurpadores. En la Guerra de Kalmar, Gustavo II Adolfo debió enfrentar la invasión danesa sin el apoyo de sus grandes capitanes, pues tanto Jacobo De la Gardie como Evert Horn se hallaban en territorio ruso. El rey Cristián IV de Dinamarca contaba con mercenarios alemanes y con una poderosa flota que cortaba toda posibilidad de ayuda a Suecia. Además, Dinamarca se había apoderado de las plazas fuertes de Kalmar en el mar Báltico y Älvsborg en la costa oeste. Frente a la superioridad danesa, Gustavo II Adolfo emprendió una guerra de guerrillas, en la que contó con el apoyo popular. El intento de Cristián IV de conquistar Jönköping fracasó, y su ejército hubo de batirse en retirada. En este escenario se firmó la paz de Knäred, el 28 de enero de 1613. Poco después de finalizar la guerra contra Dinamarca, el conflicto en Rusia también alcanzó su capítulo final, con la firma de la paz de Stolbova el 27 de febrero de 1617. El resultado fue la adquisición de las provincias de Ingermanland y Kexholm, cedidas por Rusia. Además, el reino de los zares fue excluido de toda salida al mar Báltico, y la zona del lago Ladoga fue anexada al territorio de Finlandia. Gustavo II Adolfo pretendía también la anexión de Nóvgorod, que, sin embargo, no se concretó. Gustavo II Adolfo vestido a la usanza polaca. Preparativos para la intervención en Alemania El 12 de enero de 1628, el parlamento sueco le otorgó a Gustavo II Adolfo plenos poderes para intervenir en la Guerra de los Treinta Años. En 1629 se ratificó esta decisión, cuando la guerra en Alemania llevaba ya diez años, y el desarrollo del conflicto se había extendido hacia el mar Báltico y amenazaba el comercio y la influencia de Suecia en esa zona. La contrarreforma católica amenazaba la independencia de las ciudades protestantes alemanas e incluso la libertad religiosa. La intervención del rey Cristián IV de Dinamarca había fracasado y las islas danesas fueron atacadas por el ejército imperial al mando de Albrecht von Wallenstein. Mecklemburgo, un Estado protestante, cayó en manos de Wallenstein, y éste fue nombrado Almirante del Mar Báltico, al tiempo que una flota hispano-imperial apareció en el mar Báltico. Con las victorias de Wallenstein, la Iglesia Católica había recuperado gran parte de lo perdido tras la reforma protestante: no menos de 14 sedes arzobispales y episcopales en el norte de Alemania. En estas circunstancias, Gustavo II Adolfo comenzó su intervención. Sin contar con una alianza formal, buscó establecer vínculos con los enemigos de los Habsburgo en Alemania. Al mismo tiempo, recibió en 1629 emisarios de Francia, que le prometieron el apoyo económico del cardenal Richelieu, enemigo declarado de la expansión de los Habsburgo. Desembarco de Gustavo Adolfo en Alemania. Gustavo II Adolfo en la Guerra de los Treinta Años El 25 de junio de 1630, el rey sueco desembarcó en Alemania, en las cercanías de la ciudad de Rügen. Dos días después la flota había desembarcado el resto del ejército en Peenemünde, en la isla Usedom. La estrategia seguida por Gustavo II Adolfo sería apoderarse del curso de los ríos alemanes. El control de los ríos representaba el dominio de la más importante vía de comunicación entre las ciudades alemanas y el mar Báltico. En el verano de 1632 había ya conquistado el curso alemán del Danubio, y su dominio se extendía desde el Báltico hasta las faldas de los Alpes. La primera campaña fue dirigida hacia el Oder, en cuya desembocadura se hallaba la ciudad de Stettin, entonces capital de Pomerania. La ciudad cayó ante el rey sueco el 10 de julio de 1630, sin necesidad de librarse batalla. En abril de 1631, tras el sangriento asalto a Fráncfort del Oder, Gustavo II Adolfo logró el dominio completo del río. Johann Tserclaes, conde de Tilly y comandante del ejército imperial que había sustituido a Albrecht von Wallenstein en 1630, intentó en vano rechazar a Gustavo II Adolfo y hacerlo retroceder hacia el mar Báltico. Tilly se dirigió hacia el Elba con el fin de sitiar la ciudad de Magdeburgo, la plaza protestante más fuerte de todo el norte alemán. Con la conquista de Magdeburgo, Tilly pretendía impedir que el rey sueco se hiciese con el control del río Elba. En ese tiempo, Gustavo II Adolfo consolidó su posición intervencionista en Alemania a través de un tratado con la Francia de Richelieu en enero de 1631. Francia se comprometía a pagar a Suecia un subsidio de 400.000 riksdaler por año durante cinco años, con la condición de que Suecia mantuviese un ejército de al menos 36.000 hombres en suelo alemán. Este tratado le dio a Gustavo II Adolfo los recursos para continuar con la guerra. Magdeburgo había jugado el principal papel entre las ciudades protestantes libres del norte de Alemania, y durante el otoño de 1630 se había afiliado voluntariamente a la causa del rey sueco. Sin embargo, los intentos de Gustavo II Adolfo de atraer a los príncipes protestantes habían sido en vano hasta entonces. Bajo el liderazgo de Sajonia y Brandeburgo, los protestantes pretendían crear una nueva Unión Evangélica, llamada la Alianza de Leipzig que se mantuviera neutral en la guerra y políticamente tuviese una posición independiente del emperador y del soberano sueco, a quien consideraban un extranjero invasor. Finalmente, una parte de los protestantes miembros de la alianza entablaron relaciones con Suecia: el landgrave Guillermo V de Hesse-Kassel y los duques de Sajonia-Weimar Gustavo II Adolfo en la Batalla de Breitenfeld. En la primavera de 1631 comenzaron los conflictos bélicos en Magdeburgo. Tilly buscaba apoderarse de este punto estratégico en el dominio del Elba, e impedir la avanzada del enemigo. Por su parte, Gustavo II Adolfo no podía permitirse la posibilidad de defraudar la confianza que las ciudades protestantes, ahora caídas ante los católicos, habían depositado en él. Pero los líderes de la Alianza de Leipzig, Sajonia y Brandeburgo, se negaron a prestar apoyo al monarca sueco. Brandeburgo se vio obligado a integrarse a la alianza de Gustavo II Adolfo cuando el ejército imperial avanzó hacia Berlín. La defensa de Magdeburgo fue otorgada al comandante sueco Dietrich von Falkenberg, pero la ciudad cayó el 10 de mayo de 1631 ante el enemigo católico. La ciudad fue incendiada y saqueada y 30.000 de sus 36.000 habitantes fallecieron. Después de la caída de Magdeburgo, Gustavo Adolfo se fortaleció en Werben, en la confluencia de los ríos Elba y Havel, de donde Tilly no fue capaz de desplazarlo. El Príncipe de Sajonia, ante el peligro católico, finalmente decidió integrar una alianza con Gustavo II Adolfo; éste último se erigió así en dirigente de todos los protestantes alemanes. De importancia decisiva sería la batalla de Breitenfeld, el 7 de septiembre de 1631, donde el ejército católico sería aplastado por los protestantes, en lo que sería la mayor victoria de Suecia en toda su historia. Después de Breitenfeld, el dominio sueco se extendería en Alemania, y el sur de este país quedaría abierto para el avance de Gustavo II Adolfo. Gustavo II Adolfo decidió entonces extenderse hacia Turingia y de ahí dominar el Meno y el Rin, el mayor río alemán. Llevó a cabo una victoriosa campaña por toda la región bañada por el Meno. En diciembre de 1631 alcanzó la ciudad de Maguncia y desde allí el ejército sueco se extendió río arriba y río abajo por la zona del Rin. Mientras tanto, el rey había dejado el control del Elba al Príncipe de Sajonia, con el objetivo de que éste invadiese Bohemia y así apoyar a los protestantes de esa provincia. Desde el Rin, Gustavo II Adolfo inició la conquista del Lech, donde se libró una cruenta batalla contra la Liga Católica, con la victoria del lado de los suecos, y el resultado de la muerte del mismo Tilly. Enseguida, Gustavo II Adolfo partió a la conquista del Danubio, invadió la católica Baviera y ocupó su capital, Múnich. Con la conquista de Múnich, se controlaba el paso de los Alpes. Tras la muerte de Tilly, Albrecht von Wallenstein regresó al escenario bélico. El retorno del experimentado estratega representó un peligro para Gustavo II Adolfo, pues en poco tiempo Wallenstein había reorganizado al ejército imperial y echado de Praga al Príncipe de Sajonia. El Príncipe de Baviera, fugitivo tras la invasión de Gustavo II Adolfo, se unió también a Wallenstein. El rey sueco pronto advirtió que no había más remedio que enfrentarse al mariscal. El primer encuentro entre ambos estrategas sucedió en Núremberg, en 1632, donde se habían levantado campamentos fortificados. Gustavo II Adolfo decidió asaltar el campamento imperial, pero fue rechazado. Entonces intentó atraer al enemigo hacia el sur y presentarle batalla, pero Wallenstein, por el contrario, determinó avanzar hacia el norte e invadir Sajonia, para forzar al príncipe sajón a romper la alianza con el monarca sueco y así cortarle a éste una posible retirada hacia el mar Báltico. Ante el empuje de las tropas enemigas, Gustavo II Adolfo fue obligado a regresar a Turingia, y en los llanos sajones se encontrarían el ejército sueco con el católico en la sangrienta batalla de Lützen el 16 de noviembre de 1632. En ese escenario caería en combate el rey Gustavo II Adolfo, si bien el ejército sueco ganó la batalla. Los restos de Gustavo II Adolfo fueron trasladados a su patria y sepultados el 22 de junio de 1634 en la Iglesia de Riddarholmen en Estocolmo, lugar que él mismo había designado para tal fin, el año anterior a su partida a Alemania. Caída de Gustavo II Adolfo en la Batalla de Lützen. La administración del gobierno en tiempos de Gustavo II Adolfo La figura de Gustavo II Adolfo está invariablemente ligada con sus actividades guerreras. Aunque el éxito de sus campañas militares es el rasgo principal de su reinado y lo ha elevado a ser uno de los principales héroes nacionales suecos, es importante también resaltar su legado administrativo, que demuestra su capacidad de estadista. Tanto la administración central como las locales experimentaron un gran desarrollo, y su estructura burocrática sería una de las más eficientes de su tiempo, tanto que en ella se basarían otros gobernantes, como Federico III de Dinamarca o Pedro I de Rusia. Se simplificó el sistema fiscal, se dividió el país en provincias y distritos fiscales. Los impuestos fueron de vital importancia para el mantenimiento de la administración, para las campañas militares y para pagar los préstamos al extranjero, pero la fuerte carga fiscal representó una lápida para las clases populares. En el tema de la justicia, hubo reformas en los juicios y se establecieron tribunales de apelación en todo el país. En cuanto a la defensa nacional, se llevó a cabo la creación de un ejército permanente y organizado, así como la constante rotación en el servicio militar que se imponía al pueblo. Este sistema serviría de base para la gran organización militar que llevaría a cabo el rey Carlos XI. La obra de Gustavo II Adolfo también fue visible en el campo de la cultura. La enseñanza superior recibió un importante impulso. La Universidad de Upsala recibió importantes donativos de la familia real. En lo que es hoy Estonia, fue fundada la Universidad de Dorpat, así como varias instituciones de educación media superior. Los recursos naturales fueron explotados intensamente, en especial la industria. La que mejor floreció fue la minería, cuyo desarrollo se vio favorecido por la contribución de expertos extranjeros en esa área, en especial valones. Durante su gobierno se crearon 15 nuevas ciudades en Suecia, entre ellas Gotemburgo, que fueron la palanca para el desarrollo del comercio. En particular, se hizo un esfuerzo para poblar las regiones más remotas del norte sueco, incluyendo la refundación de la ciudad de Umeå y la expansión del puerto de Luleå. Las pretensiones de Gustavo II Adolfo para que Suecia tuviese un papel dentro del comercio mundial fueron una causa fundamental para su involucramiento en los conflictos europeos. Es en su tiempo que se analiza la posibilidad de un establecimiento sueco en Norteamérica, que luego se convertiría en la efímera colonia de Nueva Suecia (Nya Sverige). La nobleza experimentó un considerable ascenso durante la época de Gustavo II Adolfo. Aliados del rey, los nobles recibieron a cambio fuerza y autoridad en los asuntos del gobierno. Gracias por pasarse.
Batalla de Crécy Introducción al tema. Se da el nombre de Guerra de los Cien Años al largo conflicto que sostuvieron los reyes de Francia e Inglaterra entre 1337 y 1453. En realidad fue una extensa serie de choques militares y diplomáticos, caracterizada por breves campañas bélicas y largas treguas. No fue, por tanto, un estado de guerra permanente, aunque las prolongadas y frecuentes treguas se veían continuamente salpicadas de escaramuzas al estilo de la guerra de guerrillas, y las maniobras diplomáticas más tradicionales estaban al orden del día. Se inició en medio de condiciones feudales y por causa de un litigio típicamente feudal; y terminó en guerra entre dos países que se estaban convirtiendo rápidamente en naciones bajo la administración centralizada de sus respectivas monarquías. Orígenes del conflicto. La rivalidad entre Francia e Inglaterra provenía de los tiempos de la Batalla de Hastings (1066), cuando la victoria del duque Guillermo de Normandía le permitió adueñarse de Inglaterra. Ahora los normandos eran reyes de una gran nación y exigirían al rey francés ser tratados como tales, pero el punto de vista de Francia no era el mismo: el Ducado de Normandía siempre había sido vasallo, y el hecho de que los normandos hubiesen ascendido al trono de Inglaterra no tenía por qué cambiar la sumisión tradicional del ducado a la corona de París. Esta situación se acentuó a partir de 1154, al acceder al trono de Inglaterra Enrique de Anjou, fundador de la dinastía angevina o Plantagenet. En su condición de conde de Anjou, duque de Normandía y de Aquitania, y ahora, como Enrique II de Inglaterra, este monarca tenía un pie firmemente plantado a cada lado del Canal. Según los principios feudales, Enrique y, después de él, sus hijos Ricardo y Juan, eran vasallos de la monarquía francesa, que era el poder central; pero el enorme poderío derivado del dominio de las riquezas y de los recursos humanos de Inglaterra, hizo de los primeros Plantagenet todo menos vasallos sumisos del rey de Francia. El monarca inglés poseía gran parte del occidente de Francia, prácticamente desde el Loira hasta los Pirineos, y que era un vasallo feudal que no cumplía con sus deberes que como tal debía al rey francés. Además se una une la cuestión dinástica promovida por la muerte de Carlos IV, en 1328, sin sucesión directa, el tercer hijo de Felipe IV, sucesor de sus dos hermanos Luis X y Felipe V, muertos asimismo sin sucesión. Eduardo III de Inglaterra, sobrino de estos tres reyes, como hijo de Isabel Capeto, casada con Eduardo II, pretendió el trono de Francia, pero los franceses, más por razones políticas que jurídicas; dieron la corona a Felipe VI de Valois, primo hermano del último rey. La monarquía de Francia no estaba todavía centralizada, ni poseía una economía fuerte; su ejercito no había rebasado aún la fase feudal. Inglaterra, mucho menos poblada, tenía una economía mejor organizada; su ejercito podía considerarse nacional y estaba dotado de un armamento superior. Enrique II Plantagenet Reyes: Reyes Ingleses Durante la guerra reinaron en Inglaterra cinco reyes: Eduardo III (1327-1377), hombre de sentido práctico, de carácter enérgico y que fue excelentemente ayudado por su hijo el Principe Negro. Ricardo II (1377-1399), su nieto, débil a pesar de sus crueldades, que le hicieron impopular y le costaron la destitución y la vida, ya que murió encerrado en el castillo de York. Enrique IV de Lancaster (1399-1413), nieto también de Eduardo III, legado al trono por una sublevación, reorganizó el ejército, lo que aprovechó su hijo. Enrique V (1387-1422), el gran rey inglés del siglo XV, notable militar y prudente político. Enrique VI. El último rey inglés de la guerra, débil e irresoluto. Reyes Franceses En Francia reinaron igualmente cinco reyes. Los tres primero, contemporáneos de Eduardo III, fueron: Felipe VI (1328-1350), caballeresco y brillante, símbolo de la indisciplinada nobleza francesa. Juan el Bueno (1350-1364), impotente para dominar la anarquía nobiliaria. Carlos V el Prudente (1364-1380), sagaz político. El sucesor de Carlos V fue Carlos VI (1380-1422), cuyo reinado coincide con el de los tres reyes ingleses, Ricardo II, Enrique IV y Enrique V. Carlos VI, afectado de locura a consecuencia de un accidente de caza, llevó a Francia al borde de la ruina. El último rey de la guerra en Francia fue Carlos VII (1422-1461), contemporáneo de Enrique VI y restaurador de la nacionalidad francesa. Enrique V de Inglaterra Crecimiento del poderío francés. Los primeros años de este "imperio angevino" coincidieron con un crecimiento sin precedentes del poder y el prestigio de los monarcas franceses. En 1202, el rey Felipe Augusto de Francia convocó al rey Juan de Inglaterra a su corte de París, en relación con el pretendido incumplimiento por parte de este último de sus obligaciones como señor feudal de Aquitania. En base al principio de que las tierras de Francia eran poseídas por sus señores sólo en su condición de vasallos del rey de Francia, Felipe Augusto desposeyó a Juan de todas sus posesiones francesas. Naturalmente, la medida fue seguida de una serie de guerras. Hasta la firma del Tratado de París, de 1259, no pudo llegarse a una solución aceptable. El rey de Inglaterra pudo reasumir sus derechos en Aquitania, pero con la condición expresa de que lo hacía como vasallo del monarca francés. En 1294 se inició un nuevo período de actividades militares esporádicas, interrumpidas por largas y complejas negociaciones diplomáticas, que culminaron con la desposesión parcial de Aquitania. Los franceses se negaban a limitar la soberanía de su rey sobre dicha región para dar satisfacción a los ingleses. Estos, por su parte, sostenían los derechos de su rey a la plena soberanía. La siguiente fase de este conflicto se inició en 1337, cuando Felipe VI de Francia decretó una vez más la desposesión del ducado de Eduardo III de Inglaterra y organizó una campaña militar para apoderarse de las tierras por la fuerza. Esta es la fecha que se toma como inicio de la guerra de los Cien Años. La magnitud del conflicto pronto se incrementó cuando Eduardo se proclamó rey legítimo de Francia, en 1340, e invitó a los nobles franceses a reconocer su derecho. De este modo, la disputa sobre Aquitania se convirtió en una guerra por la sucesión de Francia. Este conflicto entre dos monarcas por la posesión de un reino se complicó aún más por el resentimiento que los nobles franceses venían manifestando desde hacía largo tiempo por la intromisión del gobierno central en su esfera de poder. Y Eduardo era lo suficientemente astuto para capitalizar ese resentimiento. Les hizo ver que sus esfuerzos eran la lucha de un señor francés que, al mismo tiempo, resultaba ser rey de Inglaterra, frente a la política expansiva de una serie de reyes cada vez más poderosos. Y, efectivamente, logró el reconocimiento de sus derechos en algunos círculos. Por tanto, a partir de 1340, existieron dos reyes de Francia. Los periodos de la Guerra de los 100 años. La guerra de los 100 años puede dividirse en dos periodos: el primero dura desde 1337 hasta 1380 y termina con la muerte de Carlos V. El segundo, de 1380 hasta 1453, acaba con la expulsión de los ingleses de Francia. Primer periodo de la lucha La necesidad de dominar el mar por ambos bandos hizo que la primera batalla fuera naval. En 1346, la escuadra inglesa batía a la francesa en L’Ecluse, quedando dueña del mar, y un ejército inglés desembarcaba en el continente y llegaba casi hasta París. En su retirada fue atacado por el ejército francés, al que derrotó en Crécy (1346). La batalla de Crécy es un claro exponente de la diferencia de organización militar entre Francia e Inglaterra. En pocas horas se resolvió la batalla, que costo a los ingleses 40 arqueros, mientras los franceses perdieron cuatro mil hombres, de los cuales 1500 eran caballeros. Eduardo III, después de felicitar al Príncipe Negro, verdadero artífice de la victoria, marcho sobre Calais, plaza que se rindió tras un duro sitio y que lo ingleses conservaron en su poder hasta 1558, cuando la perdieron en la paz de Cateau-Cambresis. Calais representaba para Inglaterra tener una puerta abierta en el continente. La Peste Negra, interrumpió la guerra algunos año hasta 1355, cuando el Principe Negro venció en Poitiers al rey Juan II el Bueno, que quedó prisionero. La batalla puede considerarse como una repetición de Crécy. El rey Juan tuvo que firmar en el cautiverio un tratado llamado de Brétigny (1360), por el que se reconocía al rey inglés la propiedad de todo el oeste de Francia, a cambio de su renuncia a la corona francesa. El rey francés recobro la libertad, previo pago de un rescate de 40 millones de francos. Mientras tanto el desorden se había apoderado de Francia. En la capital, el preboste de mercaderes Esteban Marcel, caudillo de la burguesía, se hizo cargo del poder y arranco al rey en 1357 la firma de la Grande Ordannance (imitación de la Carta Magna), mientras en el campo, los aldeanos, exasperados por el hambre, la peste y la conducta desordenada de los mercenarios, saqueaban las propiedades nobiliarias y mataban a sus ocupantes en la sangrienta revuelta de Jacquerie (nombre que proviene del de Jacques Bonhomme, epíteto con el que la nobleza nombraba a los campesinos), en 1358. Pero los señores triunfaron al fin. Después de reprimir con increíble dureza la revolución campesina y habiendo asesinado a Esteban Marcel (1359), llevaron al Delfín o príncipe heredero Carlos a París. En 1364 moría en Londres su padre Juan II. Representación de la revuelte de Jacquerie. Reinado de Carlos V En el reinado de Carlos V, Francia se recuperó pronto. Aliado de Castilla y Portugal, inmovilizó a Navarra y amenazó por la espalda el dominio inglés en Guyena. El bretón Bertrand Duguesclin logró alejar las depredaciones de las compañías mercenarias llevándolas, en 1365, a España, donde lucharon a favor de Enrique de Trastámara contra su hermano bastardo Pedro el Cruel. Denunciado el tratado de Brétigny en 1368, se reanudó la guerra contra Inglaterra, llevada victoriosamente por Duguesclin, nombrado condestable. Se fue apoderando de los territorios que los ingleses ocupaban en Francia hasta dejar reducidos sus dominios a Bayona, Burdeos y Calais. En 1376-1377 murieron el Principe Negro y Eduardo III. Crisis en Inglaterra y Francia La tregua que siguió a estas victorias fue de grave crisis en Inglaterra a consecuencia de los desastres militares. Un herrero llamado Wat Tyler dirigió una temible insurrección obrera, que puso en peligro la corona de Ricardo II. Aunque éste consiguió dominarla, no pudo evitar que los nobles le destronaran para nombrar a su primo Enrique IV de Lancaster (1399). En Francia, al mismo tiempo, la locura de Carlos VI provocó la formación de una regencia. La disputa por el poder entre el Duque de Borgoña y el Duque de Orleáns produjo una verdadera guerra civil, llamada de borgoñeses y armañacs. Segundo periodo de la lucha Enrique V de Inglaterra supo aprovechar la guerra civil de Francia entre borgoñeses y armañacs y logró vencer a los franceses en Azincourt (1415), batalla en la que los franceses reincidieron en los mismos defectos de Crécy y Potiers. El duque de Borgoña, Felipe el Bueno (1419-1467), desolado por el asesinato de su padre, Juan Sin Miedo (1371-1419), atribuido al Delfín Carlos, se pasó a los ingleses, y con su ayuda éstos impusieron al débil Carlos VI el Tratado de Troyes (1420), por el que se pactaba el matrimonio de Enrique V con Catalina, hija del rey francés. El hijo que naciera de este matrimonio heredaría Francia con perjuicio del Delfín. A los dos años de este tratado murieron Carlos VI y Enrique V, y fue coronado en París Enrique VI niño de diez meses, mientras Carlos VII lo era en una oscura aldea del Berry. Los ingleses sitiaban Orleáns, cabeza de puente sobre la Loira, única región que escapaba a su dominio, cuando apareció Juana de Arco. Juana de Arco liberando Orleans. La reacción francesa, Juana de Arco Presentándose ante Carlos VII, le señalo como verdadero rey, heredero de la corona de Francia. El misticismo ganó a los franceses. Carlos VII le confió un ejército, con el que pudo entrar a Orleáns (1429). Después de esta victoria, hizo coronar a Carlos VII en Reims. Luego venció a los ingleses en Patay. Al años siguiente entraba en Campiegne, pero al hacer una salida fue hecha prisionera por los borgoñeses, quienes la entregaron a los ingleses. Por instigación de la Universidad de París, fue sometida a un proceso por hechicería. Condenada a la hoguera murió quemada en Ruán, en 1413. Juana de Arco en la hoguera antes de su ejecución. Fin de la Guerra de los 100 años La actuación de Juana de Arco fue breve, pero decisiva. En 1435, Felipe el Bueno de Borgoña firmó el Tratado de Arrás con Carlos VII, por el que se conservaba Artois y Picardía y se le dispensaba de prestar homenaje al rey de Francia. El mismo año moría lord Bedford, jefe del ejército inglés. En 1437, París abría sus puertas a Carlos VII. En 1441 se firmo una tregua de nueve años, conservando a los ingleses tan solo la parte de Guyena y Normandía. Rota la tregua en 1449 por los ingleses, fueron vencidos poco a poco y quedaron reducidos a la plaza de Calais, terminando así, sin ningún tratado de paz, la guerra. Las consecuencias Enfermo Enrique VI, Inglaterra quedó, tras el fin de la guerra de los Cien Años, en manos de Somerset y York, enemigos declarados y absolutamente enfrentados ideológicamente (Gloucester estaba en prisión). Guiados por intereses personales, no se preocuparon por consolidar la flamante paz, sino que embarcaron a su país en una sangrienta guerra civil dinástica que se conocería como la guerra de las Dos Rosas. En Francia, por su parte, la monarquía y el absolutismo fueron consolidados por Luis XI, hijo de Carlos VII. Luego de grandes conquistas (Borgoña y Picardía, por ejemplo), la Casa de Valois se extinguió como lo había hecho antes la de los Capetos. Estas caídas prefiguraban el fin de los estados feudales y el comienzo de la Europa Moderna que se harían realidad en el siglo siguiente. Mapa de Francia durante la Guerra de los 100 años. Como en post anteriores, esto es un pequeño resumen hecho sobre este tema histórico con un recopilado de distintas páginas. Son libres de de dejar su comentario y opinar acerca del tema, con respeto hacia la opinión de los demás. Gracias por pasarse.
El mariscal Villars liderando la carga francesa durante la batalla de Denain. Pequeña introducción al tema. La Guerra de Sucesión Española fue un conflicto dinástico español que se inició tras la muerte sin descendencia del rey Carlos II de España. El trono de España correspondía a Felipe V de Borbón, nieto del rey francés Luís XIV, pero el miedo de muchas potencias europeas a una unión dinastica entre Francia y España generó que apoyaran al archiduque Carlos de Austria en sus pretensiones al trono español. El conflicto dinástico se convirtió en una feroz guerra internacional que decidiría para siempre los destinos de toda Europa. Este conflicto marcó el punto final para España como potencia hegemónica en Europa, convirtiéndose a partir de entonces en una potencia de segunda fila. El conflicto sucesorio se convirtió además en una verdadera Guerra Civil entre la Corona de Castilla y la Corona de Aragón, que se saldó con la perdida de los históricos fueros aragoneses y catalanes. Carlos II y la llegado de los Borbones al trono español. Carlos II de España, último rey español de la dinastía Habsburgo El rey Carlos II de Habsburgo, apodado “El Hechizado”, siempre ha sido maltratado por la Historiografía. Los historiadores se limitaban a leer y repetir las fuentes de la época sin analizar científicamente y con rigor su figura, por ello la imagen de rey poco inteligente, estéril y enfermizo es la que aún predomina en nuestros días. Es cierto que Carlos II era estéril y sufría de muy mala salud, pero era un buen rey que mediante su “valido” (primer ministro), el duque de Medinaceli, quería emprender las reformas que tanto necesitaba la decadente España de la época. Desde la época del rey Felipe III el Imperio Español había alcanzado tal grado de desarrollo que los reyes necesitaban contar con validos y secretarios que les ayudaran a administrar el complejo Estado, pero los bandos nobiliarios solían disputar sórdidamente entre ellos por ocupar el cargo de valido del rey, lo que generaba una alta inestabilidad política. Las reformas políticas y económicas que pretendía llevar a cabo Carlos II no pudieron concretarse por la férrea oposición que encontró en los nobles y la Iglesia, los cuales temían perder sus vastos privilegios económicos y sociales. La mala salud de Carlos II y su falta de herederos convirtieron su sucesión en el principal asunto político europeo. Las vastas propiedades que tenia España eran un ambiciado botín que se empezaron a disputar por un lado Luís XIV de Francia, cuya madre, Ana de Habsburgo, era hermana del rey Felipe IV y su esposa, Maria Teresa de Habsburgo, era hija de Felipe IV y por otro lado el emperador Leopoldo I hijo también de una hermana de Felipe IV y casado con Margarita de Habsburgo, hija también de Felipe IV. Al estar primeras en la línea sucesoria la madre y esposa de Luís XIV por ser hijas mayores, correspondía a éste la sucesión, pero en el “Tratado de los Pirineos” de 1659, en el que se acordó la boda entre Luís XIV y Maria Teresa, existía una cláusula mediante la que Luís XIV renunciaba al trono de España a cambio de una compensación de medio millón de escudos de oro. España jamás pago la compensación económica, por tanto, legalmente Luís mantenía el derecho al trono. En la última década del siglo XVII se extendió en la corte de Madrid una opinión favorable a que se convocaran las Cortes de Castilla para que resolvieran la cuestión sucesoria si el rey Carlos II como era previsible moría sin descendencia. Esta opción era apoyada por la reina Mariana de Neoburgo, el embajador del Imperio Aloisio de Harrac, por algunos miembros del Consejo de Estado y del Consejo de Castilla que ya en 1694 defendieron «la reunión de Cortes como único remedio de salvar la monarquía». Sin embargo, frente a esta opción "constitucionalista" se impuso la posición absolutista que defendía que era el rey quien en su testamento debía resolver la cuestión. Cuando en 1696 Carlos II testó a favor de José Fernando de Baviera y, sobre todo, cuando en 1698 se conoció en Madrid la firma del Primer Tratado de Partición, que dejaba al archiduque Carlos únicamente con el Milanesado, se formó en la corte un "partido alemán" (o austracista) para presionar al rey para que cambiara su testamento en favor del segundo hijo del emperador. Ese "partido alemán" estaba encabezado por Juan Tomás Enríquez de Cabrera, almirante de Castilla y por el conde de Oropesa, presidente del Consejo de Castilla y primer ministro de facto, y el conde de Aguilar, y contaba con el apoyo de la reina y del embajador del Imperio. Frente a él se alzaba el "partido bávaro", encabezado por el cardenal Luis Fernández de Portocarrero, y el embajador de Luis XIV, el marqués de Harcourt, que seguía presionando para defender los derechos de Felipe de Anjou. La cuestión sucesoria se convirtió en una grave crisis política a partir de febrero de 1699 cuando se produjo la muerte del candidato escogido por Carlos II, José Fernando de Baviera –de siete años de edad–, porque el "partido bávaro" del cardenal Portocarrero al haberse quedado sin candidato se acabó inclinando por Felipe de Anjou. Nació así el "partido francés" que acabaría ganándole la partida al "partido alemán", gracias entre otras razones a la eficaz gestión del embajador Harcourt –que no excluyó el soborno entre la Grandeza de España, "frente al ineficaz embajador austríaco Aloisio de Harrach, cuyas relaciones con la reina, por si fuera poco, nunca fueron buenas". "Mientras Carlos II era sometido a exorcismos para librarse de supuestos hechizos".14 nota 4 El marqués de Villafranca, uno de los miembros más destacados del grupo de Portocarrero, justificó así la decisión a favor del candidato francés: Mirando a la manutención entera de esta Monarquía hay poco que dudar, o nada, en que sólo entrando en ella uno de los hijos del Delfín, segundo o tercero, se puede mantener Así pues, Carlos II, persuadido también de que la "opción francesa" era la mejor para asegurar la integridad de la «monarquía católica» y de su Imperio –y ello a pesar de las cuatro guerras que había mantenido contra Luis XIV a lo largo de su reinado: Guerra de Devolución entre 1667 y 1668; Guerra de Holanda entre 1673 y 1678; Guerra de 1683-1685; y Guerra de los Nueve Años entre 1688 y 1697– testó el 2 de octubre de 1700, un mes antes de su muerte, a favor de Felipe de Anjou, hijo segundo del Delfín de Francia y nieto de Luis XIV, a quien nombró «sucesor... de todos mis Reinos y dominios, sin excepción de ninguna parte de ellos» –con lo que invalidaba los dos tratados de partición–. En el testamento Carlos II establecía dos normas de gran importancia y que el futuro Felipe V no cumpliría. La primera era el encargo expreso a sus sucesores de que mantuvieran «los mismos tribunales y formas de gobierno» de su Monarquía y de que «muy especialmente guarden las leyes y fueros de mis reinos, en que todo su gobierno se administre por naturales de ellos, sin dispensar en esto por ninguna causa; pues además del derecho que para esto tienen los mismos reinos, se han hallado sumos inconvenientes en lo contrario». Así decía que la «posesión» de «mis Reinos y señoríos» por Felipe de Anjou y el reconocimiento por «mis súbditos y vasallos...»' «su rey y señor natural» debía ir precedida por «el juramento que debe hacer de observar las leyes, fueros y costumbres de dichos mis Reinos y señoríos», además de que en el resto del testamento se incluían nueve referencias directas más al respeto de las «leyes, fueros, constituciones y costumbres». Según Joaquim Albareda, todo esto manifiesta la voluntad de Carlos II de «asegurar la conservación de la vieja planta política de la monarquía frente a previsibles mutaciones que pudieran acontecer, de la mano de Felipe V». La segunda norma era que Felipe debía renunciar a la sucesión de Francia, para que «se mantenga siempre desunida esta monarquía de la corona de Francia». En conclusión, la elección de Felipe de Anjou se debió a que el gobierno español tenía como prioridad principal la conservación de la unidad de los territorios del Imperio español, y Luis XIV de Francia era en ese momento el monarca con mayor poder de Europa y, por ello, prácticamente el único capaz de poder llevar a cabo dicha tarea. El nacimiento de la Gran Alianza antiborbónica La apertura del Imperio español al comercio francés confirmó el temor de las dos potencias marítimas de la época, Inglaterra y las Provincias Unidas, de que Francia pretendía adueñarse del comercio español con América, por lo que el 20 de enero de 1701 firmaron una alianza para realizar operaciones conjuntas contra Francia y dieron su apoyo a las aspiraciones del segundo hijo del Emperador Leopoldo I al trono español. Cuando se conocieron las concesiones hechas por Felipe V a la "Compagnie de Guinée" en la trata de esclavos –que coincidió con el reconocimiento por Luis XIV de Jacobo III Estuardo en sus aspiraciones al trono de Londres–, Inglaterra y las Provincias Unidas, promovieron la formación de una gran coalición antiborbónica. Así el 7 de septiembre de 1701 se firmó el Tratado de La Haya que dio nacimiento a la Gran Alianza, formada por el Sacro Imperio, Inglaterra, las Provincias Unidas de los Países Bajos, Prusia y la mayoría de los estados alemanes, que declaró la guerra a Luis XIV y a Felipe V en mayo de 1702. El reino de Portugal y el Ducado de Saboya se unirían a la Gran Alianza en mayo de 1703. La guerra se inició al principio en las fronteras de Francia con los Estados de la Gran Alianza, y posteriormente en la propia España, donde se convirtió en una guerra europea en el interior del país, desembocando en una auténtica guerra civil, básicamente entre la Corona de Aragón, partidaria mayoritariamente del Archiduque, el cual había ofrecido garantías de mantener el sistema "federal" de la Monarquía Hispánica, y la Corona de Castilla, que había aceptado a Felipe V, cuya mentalidad era la del estado centralista de monarquía absoluta comparable al modelo de la Francia de la época. Terminada la guerra, los Estados de la Corona de Aragón desaparecieron al ser suprimidas sus leyes e instituciones propias sustituidas por las "leyes de Castilla, tan loables y plausibles en todo el universo" –como se decía en el Decreto de Nueva Planta de 1707 que puso fin a los reinos independientes de Aragón y de Valencia–, y sólo las "provincias" vascongadas y el Reino de Navarra mantuvieron sus leyes e instituciones propias al haberse mantenido fieles a la causa borbónica. Felipe de Borbón, duque de Anjou, en 1701 La Guerra de Sucesión Española. Si bien en un principio sólo Austria se negó a reconocer a Felipe V como rey de España, una serie de torpezas cometidas por el monarca francés Luis XIV traería como consecuencia una larga guerra, que durante doce largos años ensangrentaría los campos europeos. Las Causas. - La oposición austriaca al testamento de Carlos II. - La política desacertada del Rey Sol al declarar, en diciembre de 1700, que el nuevo monarca español, su nieto, no podía renunciar a sus derechos sobre la corona francesa, lo que abría la posibilidad de reunión de ambos tronos en un solo soberano, rompiéndose así la Teoría del Equilibrio Europeo. - La apertura a Francia del comercio con las Indias, que provocó el recelo de Inglaterra y Holanda. - La toma por parte de Francia de las plazas de la “Barrera Belga”, lo que suponía un peligro para la Holanda. Los contendientes El emperador Leopoldo I supo aprovechar hábilmente aquella situación para formar la Gran Alianza de La Haya (1 septiembre de 1701), en la que se integraron Austria, Inglaterra, y la mayor parte de los príncipes del Sacro Imperio Romano Germánico. A esta coalición se unieron, en 1703, Portugal y Saboya. Cada uno de los aliados pretendía una parte de Imperio español: si alcanzaban la victoria, Inglaterra recibiría Menorca, Gibraltar, Ceuta y la tercera parte de las Indias españolas; Holanda, parte de Flandes y otro tercio de las Indias; El Milanesado sería para el Imperio; Galicia y Extremadura para Portugal; y el resto de la monarquía española quedaría para el archiduque Carlos, segundo hijo del emperador alemán. Frente a ellos, Felipe V contaba con Francia, dos príncipes alemanes, y como es natural con España, aunque algunos súbditos de la corona de Aragón cambiarían de bando en 1705. Los jefes militares En esta contienda tuvieron ocasión de distinguirse grandes militares, entre los cuales merecen mención: - El general inglés John Churchill, duque de Marlborough, cuyo nombre se hizo tan famoso en Francia y en España, que se ha perpetuado en ambos países en canciones infantiles: el célebre Mambrú, vulgarización de su título nobiliario. Izquierda: John Churchill, duque de Marlborough. Derecha: Jacobo Stuart Fitz-James, duque de Berwick - Jacobo Stuart Fitz-James, duque de Berwick, hijo natural del rey Jacobo II de Inglaterra y sobrino de Marlborough, que se naturalizó francés al perder su padre la corona, y consiguió para los borbones el triunfo de Almansa. - El mariscal Eugenio de Saboya-Carignano que, aunque nacido francés, combatió en el bando austriaco. - Claudio Luis Héctor, duque de Villars, mariscal de Francia, posiblemente el mejor general de Luis XIV en la Guerra de Sucesión. - Luis José de Borbón, duque de Vendome, militar francés fallecido en Vinaroz y sepultado en El Escorial por orden de Felipe V. La Guerra en Europa. Los hechos de armas fueron, en general, desfavorables para las tropas borbónicas a lo largo del conflicto en los campos de Europa (exceptuando la Península). Las hostilidades comenzaron ya en 1701 en el norte de Italia, entre austriacos y franco-españoles, resultando heridos el propio Felipe V en Luzzara (14-15 de agosto de 1702). En el frente de batalla de Flandes y el Rin, Marlborough se apoderó de Lieja y, junto a Eugenio de Saboya, venció a los franceses en Höchtädt (13 de agosto de 1704). Una reacción hispano-francesa permitió la toma del Ducado de Saboya. Poco antes, el 4 de agosto de 1704, la escuadra inglesa había ocupado Gibraltar en nombre del pretendiente. En 1706, tras las decisivas batallas de Ramillies y Turín, España dejaba de dominar Flandes y el Milanesado. En 1707, la escuadra anglo-holandesa se apoderaba de Orán, Cerdeña y Menorca. En 1709, Luis XIV inició gestiones para conseguir la paz, pero fracasaron ante las duras condiciones de los aliados, que le exigían luchar contra su propio nieto. Aquel mismo año, los partidarios del archiduque consiguieron que éste fuese reconocido como rey de España por el Papa Clemente XI, lo que provocó la ruptura de relaciones entre Felipe V y el Vaticano. Los fallecimientos sucesivos de Leopoldo I (1705) y de su primogénito José I (1711), que elevaron al trono imperial al archiduque Carlos, resultaron decisivos. Inglaterra, que entre otras cosas luchaba para impedir la eventualidad de la unión de las coronas francesa y española, viendo que de continuar la contienda, con toda seguridad acabarían reunidos los tronos del Sacro Imperio Romano Germánico y España, se apresuró a comenzar las negociaciones de paz, que culminaron en 1712 con la renuncia de Felipe V a sus derechos sucesorios sobre el trono francés. Ni Holanda, ni Portugal, ni el Imperio aceptaron el cese de hostilidades, continuando la guerra en Flandes, donde Villars derrotó a Eugenio de Saboya cerca de Denain, victoria que permitió un respiro a Francia. Portugal, y poco después Saboya y Holanda, se adhirieron armisticio unos meses más tarde; sólo Austria mantuvo la guerra hasta que la ocupación francesa de Friburgo obligó a los Habsburgo a firmar la paz. La Guerra Civil Hacía más de cuatro años que Felipe V reinaba en España con el acatamiento de todos sus súbditos, cuando en el verano de 1705, algunos territorios de la corona de Aragón reconocieron como rey al pretendiente austriaco con el nombre de Carlos III, desacatando la autoridad de Felipe V. Este levantamiento vino determinado por: - La propaganda austriaca, que insistía en el carácter centralista de la administración borbónica. - Algunos atentados cometidos contra el régimen autónomo tradicional. - La coactiva presencia de la escuadra aliada en distintos puertos mediterráneos. Batalla de Almansa Dentro de la gran complejidad de la sublevación, se puede, sin embargo, afirmar la ausencia en todo momento de un sentimiento separatista. En el plano estamental, la confrontación presentó un doble cariz; en la corona de Castilla, pueblo y clero apoyaron la causa borbónica, mientras la alta nobleza era partidaria del archiduque; por el contrario, en la corona de Aragón, se invirtieron los términos. En 1706 la causa se presentaba mal para Felipe V, llegando al extremo de tener que abandonar Madrid ante el ataque del pretendiente. En abril de 1707, las fuerzas franco-españolas derrotaron al ejército aliado en Almansa, propiciando así la caída de gran parte de los reinos valenciano y aragonés. Durante 1708, las tropas felipistas completaron su dominio sobre Valencia al tiempo que avanzaron hacia Cataluña. Batalla de Villaviciosa En 1710, una ofensiva aliada desde Barcelona logró detener a las fuerzas borbónicas en Almenara, llegando incluso a tomar de nuevo Madrid. Sin embargo, las victorias de Brihuega y Villaviciosa de Tajuña (Guadalajara), decidieron la guerra en España a favor de Felipe V. Poco a poco, los austriacos abandonaron Cataluña a su suerte. Barcelona cayó tras heroica resistencia en 1714. Con la toma de Palma de Mallorca en julio de 1715 terminaba definitivamente la Guerra de Sucesión Española, cuando hacía tiempo que se había firmado la paz general. Toma de Barcelona El Fin de la Guerra: El Tratado de Utrecht La guerra concluyó con la firma del Tratado de Utrecht en 1713. El tratado estipuló lo siguiente: - Felipe V era reconocido por las potencias europeas como Rey de España pero renunciaba a cualquier posible derecho a la corona francesa. - Los Países Bajos españoles y los territorios italianos (Nápoles y Cerdeña) pasaron a Austria. El reino de Saboya se anexionó la isla de Sicilia. - Inglaterra obtuvo Gibraltar, Menorca y el navío de permiso (derecho limitado a comerciar con las Indias españolas) y el asiento de negros (permiso para comerciar con esclavos en las Indias). Conclusiones A la pregunta ¿quién ganó la Guerra de Sucesión Española? la respuesta suele ser unánime: la Monarquía de Gran Bretaña —que consiguió el dominio del Atlántico y del Mediterráneo, con las bases de Gibraltar y de Menorca, y que puso los cimientos del Imperio Británico, con las concesiones territoriales y comerciales que consiguió en América—. Pero también salieron beneficiados, aunque en menor proporción, los otros dos firmantes de la Gran Alianza de 1701: las Provincias Unidas y el Imperio Austríaco. Este último se quedó con las posesiones de la Monarquía Hispánica en Italia y en los Países Bajos, aunque Carlos VI no consiguió la Corona española. La Monarquía de Francia, por su parte, alcanzó el objetivo de situar en el trono español a un borbón, aunque no sólo no obtuvo ningún rédito de ello sino que pagó un alto precio pues Francia salió de la guerra con una grave crisis financiera que arrastraría a lo largo de todo el siglo XVIII. "Fue la fortuna de su familia la que guió la actuación de Luis XIV antes que los dictados de la razón de Estado", afirma Joaquim Albareda. En cuanto a la Monarquía de España el desenlace de la guerra supuso la entronización de la nueva dinastía borbónica, a costa de la pérdida de sus posesiones en Italia y los Países Bajos, más Gibraltar y Menorca, y de la pérdida del control del comercio con el Imperio de las Indias, a causa de la concesión a los británicos del asiento de negros y del navío de permiso. Con todo ello se produjo, según Joaquim Albareda, "la conclusión política de la decadencia española". Así pues, Felipe V fracasó en la misión por la que fue elegido como sucesor de Carlos II: conservar íntegros los territorios de la monarquía. A nivel interno Felipe V puso fin a la Corona de Aragón por la vía militar y abolió las instituciones y leyes propias que regían los estados que la componían, instaurando en su lugar un Estado absolutista, centralista y uniformista, inspirado en la Monarquía absoluta de su abuelo Luis XIV y en algunas instituciones de la Corona de Castilla. Así pues, se puede afirmar que los grandes derrotados de la guerra fueron los austracistas defensores no sólo de los derechos de la dinastía de los Austrias sino del mantenimiento del carácter "federal" de la Monarquía Hispánica. Según la historiadora y periodista suiza Sibille Stocker y el también historiador de la misma nacionalidad Christian Windler, autores de Instituciones y desarrollo socioeconómico en España e Hispanoamérica desde la época virreinal (Bogotá, 1994), en el terreno económico, los territorios de la Corona de Aragón se beneficiaron ampliamente de la derogación de las aduanas, así como del acceso a un nuevo y amplio mercado; especialmente Cataluña que pudo amplificar sus réditos, al comerciar con las colonias americanas. Las reformas del nuevo Rey, crearon un ambiente positivo que favoreció considerablemente la artesanía, la industria y el comercio, lo que derivó en un ambiente favorable para la pacificación entre los contendientes en el conflicto. Según el historiador Ricardo García Cárcel, la victoria borbónica en la guerra supuso el "triunfo de la España vertical sobre la España horizontal de los Austrias", entendiendo por "España horizontal", la "España austracista", la que defiende "la España federal que se plantea la realidad nacional como un agregado territorial con el nexo común a partir del supuesto de una identidad española plural y «extensiva»", mientras que la "España vertical" es la "España centralizada, articulada en torno a un eje central, que ha sido siempre Castilla, vertebrada desde una espina dorsal, con un concepto de una identidad española homogeneizada e «intensiva»". Según el historiador Juan Pablo Fusi, la nueva monarquía llevó a cabo reformas favorables de gran calado: se promovió la educación, el patronazgo de academias y se realzó la investigación científica, especialmente en las ciencias médicas y en matemáticas. Así mismo se llevaron a cabo reformas positivas en el sistema de producción, con la creación de reales fábricas; esto conllevó a una consecuente innovación de las técnicas productivas, de reanimación de sectores "decaidos" y a la creación de sectores productivos antes inexistente. Retrato de Felipe V de España, de Jean Ranc (1723) Dado que es un tema bastante extenso, traté de reunir textos de wikipedia y otros resúmenes recopilados de distintas páginas para que no fuese tan largo. Gracias por pasarse.

Bandera del Reino de Prusia. Introducción al tema. Para conocer los orígenes del Reino de Prusia hay que remontarse al establecimiento de los alemanes en el territorio, que comprendía la llanura septentrional de Alemania y que iba desde el Rienem hasta el Rin, durante el Siglo XII. En aquel momento, tan sólo la parte oriental era conocida como Prusia (nombre que derivaba de sus primitivos habitantes, los prusianos bálticos) pero, sin embargo, tras las Cruzadas Bálticas y la Drang Nach Osten la gran mayoría de estos fueron asimilados y, con la Orden Teutónica, se establecerían las bases para el posterior reino alemán de Prusia, cuya capital sería Königsberg. Prusia es parte fundamental de la historia de Alemania y de Europa, y desde su fundación como reino fue una de las grandes potencias del continente.El Estado prusiano alcanzó su mayor hegemonía durante los siglos XVIII y XIX. En el año 1701 Prusia pasó a ser oficialmente el Reino de Prusia durante el reinado de Federico I de Prusia, con capital en Berlín, centro neurálgico de la región de Brandeburgo. Escudo del Reino de Prusia. Federico I de Prusia y III de Brandeburgo Federico III, Margrave elector de Brandeburgo, Federico I, como Rey en Prusia (Königsberg, 11 de julio de 1657 - Berlín, 25 de febrero de 1713), miembro de la Casa de Hohenzollern, fue el primer rey en Prusia, desde el 18 de enero de 1701 hasta su muerte. Federico se convirtió en Margrave elector de Brandeburgo y duque de Prusia en 1688, al morir su padre Federico Guillermo I de Brandeburgo.Por razones de prestigio, en un primer momento empleó el título de "rey" dentro del territorio al ser parte integrante del Sacro Imperio Romano Germánico. El emperador Leopoldo I, en agradecimiento por el apoyo prestado por Federico durante la Guerra de Sucesión Española, le concedió al margrave elector de Brandeburgo el título de rey en Prusia (hasta entonces había sido duque de Prusia). Puesto que el territorio prusiano estaba fuera de los límites del Sacro Imperio Romano Germánico. La condición fue que la coronación se tenía que llevar a cabo personalmente por el emperador germánico y no por un jerárca eclesiástico. De esta manera el 18 de enero de 1701 fue coronado en Königsberg. Con ésto, Prusia se convirtió oficialmente en el primer reino de confesión religiosa protestante. Federico Guillermo I Federico Guillermo I de Hohenzollern (Berlín, 14 de agosto de 1688 – Potsdam, 31 de mayo de 1740) fue rey de Prusia entre 1713 y 1740. Por ser fundador del poderío militar de Prusia se le llamaba “El Rey Sargento”. Teniendo apenas dos millones y medio de súbditos, poseía un ejército de 80,000 hombres. Como el reclutamiento de voluntarios le costó muy caro, estableció que todos los prusianos estaban obligados a servir en el ejército. Para la preparación de los oficiales fundó una Escuela Militar, y poco a poco consiguió que Prusia poseyera el ejército mejor disciplinado de Europa. Federico II ó Federico El Grande. Federico II el Grande (nace en Berlín el 24 de enero de 1712 y muere en Potsdam el 17 de agosto de 1786); tercer rey de Prusia. Fue indudablemente ,el más grande gobernante de la familia de los Hohenzollern. Durante su juventud, sufrió mucho. Su padre le azotaba a menudo, porque no quería montar a caballo y emplear las armas en los ejercicios militares. Federico prefería la lectura, la música y el trabajo intelectual. En cierta ocasión, para huir de los castigos paternos, se puso de acuerdo con un amigo, a fin de escaparse ambos a Inglaterra. Descubierta la maniobra, se le encerró en una fortaleza. El amigo fue sentenciado a muerte y decapitado. Siendo ya monarca, fue modelo de laboriosidad. Se levantaba a las cuatro de la mañana, trabajaba todo el día y dictaba, a veces, a cuatro secretarios. Tuvo excelentes cualidades de guerrero, de estadista y de hombre de letras. Como guerrero se reveló consiguiendo grandes victorias en la Guerra de los Siete Años (1757-1763). Dicha guerra se originó por el rápido desenvolvimiento de Prusia, que provocó la desconfianza de Francia, Austria y Rusia. Federico el Grande luchó contra sus tres adversarios y después de vencerlos logró salvar a su patria de una repartición segura. Como estadista, Federico hizo progresar las ciudades de su reino y fomentó la agricultura en Brandeburgo mediante el abono de las tierras improductivas. Como propulsor de las letras, supo favorecer a grandes escritores. El gran filósofo Voltaire vivió en su Corte durante mucho tiempo. Tenía el orgullo de decir que pertenecía al grupo de los “Déspotas ilustrados”. Durante su reinado tuvo lugar la guerra contra Austria, llamada también Guerra de Sucesión (1740). María Teresa, hija del Emperador Carlos VI, recibió en herencia el reino de Austria, que poseía grandes riquezas. Esto provocó la codicia de Federico el Grande, y estalló la guerra entre ambos. Federico se apoderó de Silesia, perteneciente a María Teresa. La reina austríaca no tenía fuerza para oponerse a estos despojos, pero salvó su reino debido a la valentía de los húngaros, sus vasallos, que derrotaron a los invasores. Sin embargo, Federico el Grande logró apoderarse siempre del territorio codiciado. Prusia intervino en esta época (1772) junto con Austria y Rusia, a los vergonzosos repartos de Polonia. Mediante tres invasiones sucesivas, Federico II consiguió con sus aliados que Polonia fuera mutilada 3 veces, hasta que por fin desapareció del mapa (1795). En estos repartos, Prusia adquirió territorios en el rio Vístula, Varsovia y toda la región occidental. El Reino de Prusia. Fue un estado que existió desde 1701 hasta 1918. Gobernada durante toda su existencia por la rama franconiana de la Dinastía Hohenzollern, originalmente estaba centrada en Brandeburgo-Prusia. No obstante, y principalmente gracias a su poderío militar, logró expandirse territorialmente, y para el fin de la Guerra austro-prusiana había alcanzado la hegemonía total sobre el norte de Alemania. En 1871, al finalizar la Guerra franco-prusiana y proclamarse el Imperio alemán, el Reino alcanzó su máxima extensión territorial. Aunque junto con otros reinos germanos pasó a formar parte del nuevo Estado alemán, era por mucho el más grande e importante, abarcando más de la mitad de la superficie del Imperio, unos 348.780 km² en 1910. Al contar con la mayor economía y el mayor ejército de Alemania, Prusia garantizó su hegemonía política, y desde entonces los Reyes de Prusia fueron también los Emperadores alemanes. En 1918, al ser derrotada Alemania en la Primera Guerra Mundial, una revolución socialista derrocó a la monarquía y el Reino se convirtió en el Estado Libre de Prusia, un estado federado dentro de la nueva República alemana. Brandeburgo-Prusia se formó en 1618 al unirse el Electorado de Brandeburgo con el Ducado de Prusia bajo la dinastía Hohenzollern. Este Estado se estableció como reino de Prusia en 1701. Sin embargo, no fue hasta la Guerra de Sucesión Española y su fin mediante el tratado de Utrecht que Prusia fue confirmada como un reino. Federico Guillermo I, segundo rey de Prusia (1713–1740), transformó a su reino en una potencia militar. Se vio envuelto en la disputa por el territorio de Pomerania frente a Suecia, parte de la cual le fue entregada mediante el Tratado de Estocolmo en 1720. Instauró una corte austera y eficaz, centralizando la administración financiera. Federico siempre vestía uniforme militar y dedicó gran parte de sus recursos al desarrollo del ejército. La creación de la Guardia de Potsdam fue su logro mayor en esta área. Su hijo y sucesor, Federico II el Grande, se alió con Francia en 1740 aprovechando las dificultades de María Teresa I para afirmarse en el trono austriaco y se anexionó Silesia a costa de la Casa de Austria, lo que desató la Guerra de Sucesión Austriaca (1740–1748), al final de la cual obligó a María Teresa a reconocer la anexión de Silesia (25.000 km² y 125.000 habitantes) por parte de Prusia. En el transcurso de esa década formó un ejército de 150.000 hombres que convirtió a Prusia en el país militarmente más preparado del mundo. Voltaire en Sanssouci, el palacio de Federico II el Grande. Austria, Francia, Rusia y Suecia se aliaron contra Prusia para frenar su desarrollo. Comenzó la Guerra de los Siete Años (1754-1763) en la que Prusia sólo contaba con el débil apoyo de los británicos, Portugal y otras facciones menores. Varios tratados, entre ellos los de San Petersburgo y Hubertusburgo, pusieron fin al conflicto, en el que se acordó volver a las fronteras establecidas en Europa antes de la guerra. En 1806, los triunfos de Napoleón Bonaparte contra Prusia en el marco de las guerras Napoleónicas y la instauración de la Confederación del Rin pusieron fin al sistema político multipolar del Sacro Imperio Romano Germánico. La ocupación francesa terminó en 1808, y las tropas abandonaron Prusia tras la Convención de París, bajo la condición de que el ejército prusiano se limitase a un total de 42.000 hombres. Lucha por la hegemonía alemana En 1815, con la derrota del emperador francés, Prusia se anexó Renania según lo establecido en el Congreso de Viena, y los príncipes alemanes crearon la Confederación Germánica de 39 Estados independientes, salvo en el campo de la política exterior. Dentro de estos Estados, Austria y Prusia se erigían como dominantes y se perfilaba nuevamente una confrontación entre ellos. En 1834, Prusia instauró la Unión Aduanera de Alemania (Zollverein) de la cual Austria quedó excluida. En diez años se duplicó el comercio entre sus componentes. En 1864, Austria y Prusia estuvieron aliadas en la Guerra de los Ducados contra Dinamarca. De acuerdo con lo establecido en la Convención de Gastein que puso fin a ésta, el ducado de Holstein quedó bajo dominio de Austria, y los de Schleswig y Lauenburgo bajo el de Prusia, pero ninguno de los dos países quedó satisfecho con el acuerdo. En octubre de 1865, en una entrevista en Biarritz, el canciller prusiano Otto von Bismarck obtuvo de Napoleón III que Francia se mantuviera al margen de un previsible conflicto austro-prusiano, mientras que Prusia se comprometía a apoyar al recién nacido Reino de Italia para conseguir la anexión de la zona de Venecia. Napoleón III pensó que el conflicto sería largo y le brindaría la oportunidad de actuar de mediador y tal vez conseguir ventajas territoriales. El emperador se comprometió a mediar ante los italianos, lo que se consiguió con la alianza ofensivo-defensiva contra Austria firmada en abril de 1866. El canciller Prusiano Otto von Bismarck. El canciller Bismarck entorpeció deliberadamente la gestión de la administración austriaca de Holstein y envió tropas a ese ducado. Cuando Austria protestó ante la Dieta de Fráncfort (asamblea de la Confederación) y después de asegurarse la neutralidad de Rusia, y contando con su alianza con el reino de Italia, Baviera, Hanóver, Hesse-Kassel, Sajonia, Wurtemberg y otros estados apoyaron a Austria. La disputa entre Austria y Prusia por la hegemonía de la unificación alemana se resolvió en 1866, con la victoria de Prusia en la Guerra de las Siete Semanas. Dicha unificación se dio en torno a la Confederación de Alemania del Norte, concebida por Bismarck, y que también sirvió para contener el liberalismo. El Reichstag fue inaugurado en febrero de 1867. El Imperio Alemán Guillermo I es proclamado Kaiser. La Guerra franco-prusiana estalló en 1870. La victoria definitiva lograda por Prusia sobre los ejércitos de Napoleón III en este conflicto fue la cúspide que permitió la unificación alemana bajo el Imperio alemán liderado definitivamente por Prusia. El rey Guillermo pasó a convertirse oficialmente en el Káiser Guillermo I en una ceremonia llevada a cabo en la Sala de los Espejos del Palacio de Versalles. A partir de este punto y hasta el fin de la Primera Guerra Mundial, la historia de Alemania y la historia de Prusia se confunden. 1871-1918: Apogeo y caída de Prusia Con el Imperio alemán liderado por Prusia, Bismarck deseaba preservar la paz en Europa y para tal efecto actuó en el Congreso de Berlín. El nuevo Imperio alemán fortaleció aún más las buenas relaciones ya existentes con el Reino Unido (el Káiser Federico III se casó con la hija primogénita de la Reina Victoria del Reino Unido). Sin embargo, todo cambió con la muerte de Federico III en 1888 (después de sólo 99 días en el trono) y la ascensión de su hijo de 29 años de edad, Guillermo II. El nuevo Káiser rompió rápidamente las buenas relaciones con las familias reales británica y rusa (a pesar de ser íntimo de ellas), convirtiéndose en su rival y, por último, en su enemigo. Guillermo II ultimo Emperador de Alemania y Rey de Prusia. Guillermo II destituyó a Bismarck de sus funciones en 1890 y puso en marcha una campaña de militarización e interferencia en la política exterior que produjo el aislamiento de Alemania. Un análisis incorrecto del conflicto austrohúngaro con Serbia por parte del Káiser y los precipitados planes de movilización de varias naciones llevaron al desastre de la Primera Guerra Mundial (1914–1918). Como precio por su retirada de la guerra, los bolcheviques pasaron el control de grandes regiones del oeste del Imperio ruso, algunas de ellas fronterizas con Prusia, al Imperio alemán según los términos del Tratado de Brest-Litovsk (1918). Sin embargo, el dominio alemán sobre esos territorios sólo duró unos pocos meses a causa de la derrota sufrida por los efectivos militares alemanes y como consecuencia de la Revolución Alemana, que provocó la abdicación y el exilio del Káiser. El Tratado de Versalles, que consideraba a Alemania única responsable de la guerra, se firmó en la Galería de los Espejos de Versalles, el mismo lugar donde se había creado el Imperio alemán. Con la abdicación de Guillermo II en 1918, el Reino de Prusia dejó de existir y fue sustituido por el Estado Libre de Prusia. Política El Reino de Prusia fue una monarquía absolutista hasta las Revoluciones de 1848 en los Estados germanos, tras las cuales Prusia se convirtió en una monarquía constitucional, siendo elegido Adolf Heinrich von Arnim-Boitzenburg primer ministro. Tras la primera constitución de Prusia, se formó un parlamento bicameral. La cámara baja o Landtag era elegida por todos los contribuyentes de impuestos, que fueron divididos en tres clases según la cantidad de impuestos pagados. Esto permitió que sólo un tercio de los votantes eligiesen al 85% de los parlamentarios, asegurando un mayor predominio de los elementos más prósperos de la población. La cámara alta, que más tarde se rebautizaría como Preußisches Herrenhaus ( "Casa de los Señores" ) , la elegía el rey. Él era el que ostentaba la autoridad total sobre el ejecutivo y los ministros eran sólo de su responsabilidad. Como consecuencia, la clase de los grandes propietarios de tierras, los junkers, permaneció intacta, sobre todo en las provincias orientales. Prusia después de los Hohenzollern El Estado Libre de Prusia durante la República de Weimar (1918–1933) Después de que Alemania capitulara en la guerra mundial, en 1918 Guillermo II abdicó y se exilió. El Tratado de Versalles estipuló la anexión de gran parte del territorio de Prusia a la recién restablecida Polonia, mientras que las ciudades prusianas del Báltico Danzig y Memel fueron declaradas ciudades libres. Estas medidas dividieron drásticamente el territorio prusiano, dejando a Prusia oriental totalmente separada del resto de Alemania. La llegada de la democracia llevó a la fundación del Estado Libre de Prusia y la formación de un gobierno de coalición de socialdemócratas (SPD), católicos (Partido de Centro) y liberales (DDP), la llamada coalición de Weimar, que gobernó entre 1919 y 1932 (ampliada por el conservador DVP entre 1921 y 1925). Al contrario que en los demás estados federados de la República de Weimar, en las elecciones prusianas hasta 1932 nunca peligró la mayoría parlamentaria de los partidos democráticos. Otto Braun, primer ministro de Prusia casi ininterrumpidamente entre 1920 y 1932, es considerado hasta hoy como uno de los políticos socialdemócratas más capaces de la República de Weimar. En las elecciones regionales del 24 de abril de 1932, los dos partidos radicales comunista (KPD) y nacionalsocialista (NSDAP) juntos consiguieron más escaños que todos los demás partidos, con lo que el parlamento no logró elegir una coalición capaz de gobernar, por lo que el gabinete de Braun siguió en funciones. Esto dio al canciller del Reich, Franz von Papen, la ocasión de llevar a cabo el llamado «golpe de Prusia»: a través de un decreto presidencial, el gobierno del Reich disolvió al gobierno de Braun con el argumento de que había perdido el control sobre el orden público en Prusia, y el mismo Papen asumió el poder ejecutivo en el Libre Estado de Prusia bajo el título de «comisario del Reich», ya sin control parlamentario. De esta forma, el gobierno de partidos democráticos más importante de Alemania quedó apartado del poder. Este «golpe de Prusia» facilitó de manera decisiva la toma del poder de Adolf Hitler medio año más tarde, ya que desde el inicio podía contar con los instrumentos de poder del gobierno prusiano, sobre todo el aparato policial. Estados federados de la República de Weimar. Prusia en color celeste. Prusia bajo el nacionalsocialismo (1933–1945) A partir de 1933, la recuperación de los territorios prusianos perdidos por el Tratado de Versalles se convirtió en uno de los pilares del gobierno nazi. El 24 de octubre de 1938, el Gobierno alemán solicitó a Varsovia la devolución de la Ciudad libre de Danzig (unida aduaneramente a Polonia) y el permiso para tender una línea férrea y una carretera a través del corredor polaco, bajo el estatuto de extraterritorialidad. Varsovia rechazó la solicitud y de esta forma se precipitó la invasión de Polonia el 1 de septiembre de 1939, lo que dio inicio a la Segunda Guerra Mundial. Prusia subsiste como territorio autónomo bajo la República de Weimar hasta 1934, fin de la autonomía bajo el régimen nazi. Disolución de Prusia (1945–1947) Tras 1945, entre 10 y 12 millones de alemanes fueron deportados de Prusia por la URSS de Stalin, de los que se calcula que entre 1 y 2 millones no sobrevivieron al éxodo. Al final de la Segunda Guerra Mundial, la mayor parte de Prusia pasó a integrar el territorio de Polonia —Pomerania—, mientras que la región septentrional fue anexada por la URSS (incluyendo Königsberg), rebautizada como Kaliningrado (en homenaje a Mijaíl Kalinin), y convertida en un óblast entre Polonia y Lituania. Tiempo después, por decisión de los Aliados, Prusia fue declarada en 1947 oficialmente disuelta como unidad administrativa y Estado alemán. En 1949 el territorio prusiano que pasó a ser parte de la Alemania Oriental, fue dividido administrativamente en Brandeburgo, Sajonia-Anhalt y Mecklemburgo-Pomerania Occidental. Ese mismo año, las fuerzas de ocupación en el oeste del país también realizaron una división administrativa, creando los Estados de Renania del Norte-Westfalia (RNW), Baja Sajonia, Hesse, Renania-Palatinado, Schleswig-Holstein y Baden-Wurtemberg. Como en post anteriores, esto es un pequeño resumen hecho sobre este tema histórico con un recopilado de distintas páginas. Son libres de de dejar su comentario y opinar acerca del tema, con respeto hacia la opinión de los demás. Si tienen alguna recomendación respecto a siguientes publicaciones, pueden hacerlo, los tomaré en cuenta con mucho gusto. Gracias por pasarse.

Káiser Guillermo II de Alemania. Introducción al tema. Kaiserschlacht (traducida como «batalla de los emperadores» o «La batalla del Káiser», y denominada por los británicos como «La Gran Retirada de Marzo» entre otros nombres) fue el nombre con el que el General de Infantería alemán Erich Ludendorff llamó a la que sería la última gran ofensiva del ejército alemán durante la Primera Guerra Mundial en honor al Káiser Guillermo II. Se prolongó desde el 21 de marzo hasta el 5 de abril de 1918, siendo el mayor ataque aislado de toda la guerra. Durante la última etapa de la Primera Guerra Mundial, Alemania se encontraba en una situación crítica, en lo que se refiere a recursos y materias primas para continuar la guerra, 1917 había sido un año muy sangriento y el estado mayor dudaba que pudieran aguantar otro año más en esta guerra, que iba de camino de durar 4 años. Por eso en marzo de 1918 se ideo un plan para ganar la guerra rápidamente en el frente occidental, pues el Imperio Ruso había caído con la Revolución Rusa de 1917, y los bolcheviques pactaron con los alemanes la paz de Brest-Litovsk, dejando libre el frente oriental. El problema residía en que Estados Unidos desembarcaría 500.000 soldados en los siguientes meses en ayuda de la Entente. Así comenzó la mayor ofensiva alemana en el frente durante toda la guerra. La Guerra para 1918. En 1915 Alemania había eliminado a Serbia de la alianza, en 1916 a Rumania. El Alto Mando Alemán decidió, en el año 1917, mantener una postura defensiva en el frente occidental y concentrarse en otros frentes, y en especial terminar con las desmoralizadas tropas rusas. Para octubre de 1917 una fuerza austro-germana terminó con el estancamiento en el frente italiano, haciendo retroceder al ejército italiano 112 kilómetros hacia Piave, por la llamada Ruta Caporetto y tomado 325.000 prisioneros en el proceso. Por último luego de la Revolución rusa (aunque Rusia ya era prácticamente impotente militarmente desde la caída de Riga), León Trotsky firma el Tratado de Brest-Litovsk sacando a Rusia definitivamente de la guerra. Pero no todo eran buenas noticias para los alemanes. En el verano de 1917/1918 el frente occidental seguía estancado en una cruenta guerra de trincheras que se extendían más de 700 kilómetros desde la costa del canal de la Mancha hasta la neutral Suiza. Así, el ejército del Káiser debía enfrentarse de norte a sur, con el ejército belga, que se aferraba a la pequeña porción de Bélgica que no había sido ocupada en 1914, en las costas del canal de la Mancha, con la Fuerza Expedicionaria Británica (BEF por sus siglas en inglés) en el centro de los frentes de Flandes y Picardía y con el Ejército Francés, que estaba recuperándose de los motines de principios de 1917, más al sur. Por otro lado Estados Unidos entró en la guerra del lado de los aliados. La opinión publica norteamericana ya había sido golpeada por el hundimiento del RMS Lusitania, torpedeado por el submarino U-20 el 7 de mayo de 1915 y ahora por fin estaban decididos en favor de la participación de EE. UU. en una guerra que antes consideraban un «problema entre europeos». Objetivos de la batalla. Ludendorff sabía que aunque las tropas estadounidenses no habían llegado aún en su totalidad y que no estaban preparadas, EE. UU. tenía 184.000 soldados en Francia y sabía además que aunque dependieran de transportes y equipo pesado inglés y francés estas tropas representarían un “aire fresco” en el estancado frente occidental, sin mencionar el medio millón de hombre que se esperaban que llegaran. Ni el Imperio alemán (agotado por los años de guerra en varios frentes y en especial por el bloqueo naval que ejercía la Royal Navy al mismo tiempo) ni sus aliados de las potencias centrales podrían resistir otro sangriento año a la defensiva como el de 1917. La idea era obtener una victoria rápida y aplastante, antes que los aliados pudieran poner en juego sus muy superiores recursos humanos y materiales (léase, soldados e industria estadounidense). De izquierda a derecha: el general Hindemburg, el káiser Guillermo II y el general Ludendorff, durante la Primera Guerra Mundial. El Ataque Alemán. El ataque alemán fue planificado por el General Ludendorff. Se lanzaron cinco ofensivas consecutivas entre el 21 de marzo de 1918 y el verano de ese año. Los alemanes estaban en superioridad numérica y rompieron el frente por primera vez desde 1914. Además, sus estrategias estaban perfeccionadas y contaban con nuevo armamento: - La operación Michael fue la primera. Ludendorff pretendió conquistar la ciudad de Arras pero la resistencia de los aliados fue feroz y el cuatro de abril detuvo la operación. A pesar de esto, los alemanes ocuparon una enorme extensión de territorio cruzando el río Somme. - La operación George se inició el 7 de abril con el ataque a Armentières. Los alemanes destruyeron los ejércitos portugueses (Portugal había entrado en la guerra en 1917) pero la resistencia británica obligó a cancelar la ofensiva el 29 de abril. No obstante, los alemanes conquistaron la ciudad de Soissons y llegaron a la ribera del río Marne. - El Plan Hagen comenzó el 27 de mayo y el objetivo fueron una vez más las líneas británicas, que Ludendorff consideraba más débiles que las francesas. Al principio la operación fue un éxito. El 1 de junio los alemanes estaban a sólo 65 km de París, la capital estaba seriamente amenazada y entre los aliados cundía el pánico. En el bosque de Councy, al norte de Soissons, se instaló el conocido como "Cañón de París", una enorme pieza de artillería de 30 metros de largo que bombardeó la capital de Francia durante cinco meses causando grandes destrozos en la ciudad. Reims también estaba en peligro pero el avance alemán se detuvo por la falta de suministros en sus filas. Los soldados germanos estaban exhaustos y las autoridades del Reich eran incapaces de mandar más suministros para mantener la ofensiva. El 3 de junio, Ludendorff decidió suspenderla. - Seis días después, el 9 de junio, el XVIII Ejército alemán alcanzó el Oise y penetró en Rollot y Thiescourt. Fue la operación Gneisenau. Sin embargo la situación alimentaria de los soldados alemanes era crítica y los franceses mandaron refuerzos de forma que el 11 de junio se detuvo la ofensiva. El Cañón de París atemorizó a los parisinos durante meses. - El quinto y último intento fue la operación Marneschutz que se materializó en la Segunda Batalla del Marne. Ludendorff estaba convencido de que el fin de la guerra se encontraba cercano y de que era el momento de asestar el golpe definitivo a los aliados. El VII Ejército cruzó el Marne y los Ejércitos I y III atacaron el este de Reims. El general alemán no tuvo en cuenta la delicada situación de las tropas del Reich, que se encontraban cansadas y mal alimentadas, y pecó de optimista. El 15 de julio comenzó la ofensiva pero las tropas alemanas poco pudieron avanzar ante la resistencia de los franceses. Ludendorff veía cómo una vez más, los ejércitos del Reich fracasaban. Dos factores resultaron defensivos para el fracaso del último plan de Ludendorff. Por un lado, la adopción por parte de los aliados de técnicas defensivas perfeccionadas. Por otro lado, la utilización de fuerzas de EE.UU. En agosto, los alemanes estaban de nuevo detenidos y los aliados había recuperado fuerzas y tenían la moral alta. Ofensivas Alemanas en 1918. El contraataque Aliado y el retroceso Alemán. El contraataque aliado se inició el 8 de agosto. Dos mil cañones aliados dispararon contra los alemanes en un frente de diez kilómetros, seguidos de 450 tanques y la infantería. Horas después, los británicos había penetrado 15 km en la línea alemana y cuerpos enteros del ejército del Reich se habían rendido sin combatir, algo inaudito durante la guerra. 16.000 soldados alemanes fueron hechos prisioneros por los británicos. Los franceses tuvieron menos fortuna en el avance y los alemanes consiguieron detener la ofensiva aliada. A pesar de este éxito, las autoridades alemanes veían como su ejército se derrumbaba. Por primera vez se percibía la ausencia del deseo de ganar la guerra en las tropas y el ánimo de los soldados estaba por los suelos. Los soldados alemanes no obedecían a sus superiores y cientos de miles desertaron. Fue en ese momento cuando el general Ludendorff se dio cuenta de que Alemania había perdido la guerra: ya no había ejército y la situación en el interior del Reich era dramática. Ese mismo día 8 de agosto, Ludendorff informó al káiser Guillermo II y a Hindenburg de la situación y les explicó que la victoria era imposible. Ludendorff admitió que se sentía defraudado por la actitud de las tropas, que a partir de entonces Alemania debía defender su posición y que se debía alcanzar la paz con los aliados cuanto antes. Sin embargo, Ludendorff y Hindemburg aún eran optimistas. Creían que los aliados también buscaban la paz y que era posible mantener el territorio ocupado en Bélgica y en Francia. Esta situación no se correspondía con la realidad porque la situación de Alemania era entonces de clara inferioridad y los aliados estaban en disposición de alcanzar la victoria. Pronto se vio la verdadera situación. Los aliados preparaban una enorme ofensiva en la que contaban con abundante ayuda americana mientras Alemania no tenía tropas para hacerles frente. Ludendorff y Hindemburg admitieron entonces que la situación era desesperada. Pidieron al gobierno que solicitase un alto el fuego a la mayor brevedad posible para evitar un desastre total. Alemania se disponía a capitular y la guerra estaba a punto de terminar. Las bajas fueron numerosas en la parte aliada se perdieron 255.000 hombres además de tanques y aviones, material que esos países podían reemplazar. Por la parte alemana se perdieron 230.000 hombres pero no pudiéndose reemplazar pues, eran tropas expertas y Alemania no podía aguantar durante más tiempo tantas bajas. Como en anteriores post, esto es un resumen hecho a partir de textos recopilados de distintas páginas. Están en su derecho de opinar respecto al tema aquí tratado, claro está, con respeto hacia la opinión de las demás personas. Cualquier recomendación respecto a personajes o hechos históricos será bienvenido y tomada en cuenta para futuras publicaciones. Les agradezco mucho por pasarse.

Consejo de obreros de la fábrica Putílov, que empleaba a más de 35 000 personas y que constituyó uno de los principales núcleos revolucionarios de Petrogrado, actual San Petersburgo Introducción al tema. La Revolución Rusa (1917): La gran Revolución Rusa, poderoso, movimiento político, social y económico, que estallo en el año 1917 en el Imperio Ruso, esta considerado, por las transcendentales consecuencias que derivandose de ella, como uno de los mas grandes acontecimientos de la Época Contemporánea y, a su vez, como uno de los hechos mas memorables que registra la Historia de la Humanidad. Esta revolución, que estuvo dirigida, casi exclusivamente, por obreros, campesinos y soldados, es decir, por el pueblo mismo, trajo como resultado el derrumbe de la dinastía despótica de los Zares, con Nicolás II su ultimo soberano, lo que significo la abolición del sistema absolutista hasta entonces imperante, a la vez que origino también el establecimiento de un gobierno de carácter comunista, dirigido por un grupo de bolcheviques (partidarias, en mayoría, de la doctrina de Karl Marx, de tendencia radical), que tuvo por supremo jefe a Lenin (Vladímir Ilich Uliánov) revolucionario y enérgico político. El Estado que así, organizado bajo la forma de una República Socialista Federal, dirigida por comités de obreros denominados Soviets, es decir que la clase trabajadora asumía, así, la dirección del gobierno de Rusia. El triunfo de la Revolución Rusa, significo, pues, la transformación de un Estado feudal en una de las naciones mas grandes de la tierra. Muchos nombres, una revolución. Al principio la revolución llevó el nombre de “Alzamiento de Octubre” o “Alzamiento del veinticinco de Octubre”, como aparece en los artículos escritos por el líder de los bolcheviques, Vladímir Lenin, incluidos en las primeras ediciones de sus obras completas. En la época de la Unión Soviética, para resaltar la trascendencia del acontecimiento, el alzamiento fue nombrado “La Gran Revolución Socialista de Octubre”. En los estudios de los historiadores europeos figuró como “La Revolución bolchevique” y también como “La tercera revolución rusa”. Los historiadores dan el nombre de la “primera revolución rusa” a los acontecimientos políticos ocurridos entre los años 1905-1907 y que condujeron a las reformas en el campo ruso y a la creación del primer Parlamento nacional, la Duma estatal que, sin embargo, no limitó el poder del monarca ruso Nicolás II. En febrero de 1917 en medio de las derrotas de Rusia en la Primera Guerra Mundial y la profunda crisis económica y social, se produjo la segunda revolución, que llevó a la abdicación del zar y a la creación de un Gobierno provisional que debería preparar las bases del régimen republicano y parlamentario. Así, el levantamiento armado de octubre de 1917 sería entonces la tercera revolución rusa. Los aniversarios de la Revolución de Octubre se conmemoraban en la Unión Soviética el día siete de noviembre. Esta fecha se debe a que en 1918 los bolcheviques adoptaron oficialmente el calendario gregoriano (estilo nuevo), según el cual la revolución estalló el siete de noviembre, en lugar del veinticinco de octubre como correspondía al calendario juliano (estilo antiguo), vigente en aquel año. Antecedentes. A finales de febrero de 1917 en Petrogrado comenzó una rebelión protagonizada por los soldados de los regimientos de reserva. Se organizaron manifestaciones y protestas y las fábricas de la capital y más tarde las de la mayoría de las ciudades del país se declararon en huelga. El dos de marzo el zar Nicolás II abdicó a favor de su hermano, el gran príncipe Miguel. Firmó el acta dentro de un vagón del tren imperial detenido en la estación de Pskov pero Miguel tampoco quiso ser monarca de Rusia y rechazó la corona. En el país se estableció un doble poder: por un lado, el Gobierno provisional, compuesto por representantes de los partidos democráticos liberales y presidido por Gueorgui Lvov, y por el otro los sóviets, consejos de representantes de obreros y soldados. Los sóviets del Ejército (en total unos 50 000) y, en especial, en la flota del Báltico, fueron la fuerza motriz con la que los bolcheviques aspiraban a tomar el poder. En unos 59 centros industriales de Rusia fueron elegidos 1429 sóviets de obreros. Sin embargo, los bolcheviques en primavera de 1917 no controlaban la mayoría de los consejos, que estaban dominados por el ala moderada y liberal del partido comunista, los mencheviques. En cualquier caso, los sóviets se convirtieron de facto en el Gobierno paralelo del país. En los meses siguientes el Gobierno provisional no detuvo la guerra ni adelantó la reforma agraria. La situación económica y social continuó deteriorándose. Se formó un nuevo gabinete de ministros, presidido por Alexandr Kérenski. En julio de 1917 los monárquicos protagonizaron un intento de golpe de Estado. El comandante jefe del Ejército ruso, Lavr Kornilov, envió regimientos de cosacos a Petrogrado para destituir el Gobierno provisional y disolver los sóviets. El intento de golpe fracasó pero el Gobierno provisional lo utilizó como pretexto para a su vez disolver los sóviets, establecer la pena capital en el Ejército y en la Marina de guerra y emprender de nuevo las ofensivas en los frentes. Los bolcheviques pasaron a la clandestinidad pero no abandonaron los preparativos para la toma del poder. Para el comienzo de otoño los bolcheviques y sus aliados, los socialistas revolucionarios, eran la principal fuerza opositora capaz de organizar la nueva revolución, esta vez bajo consignas socialistas. Uno de sus lemas principales fue el fin de la guerra. Según las cifras del Estado Mayor General ruso, para octubre de 1917 habían perecido o desaparecido en combate cerca de 800 000 soldados y oficiales, más de tres millones habían sido heridos y dos millones eran prisioneros de guerra. El lema de “abajo la guerra” podría abrir a un partido político bien organizado, como el de los bolcheviques, el camino hacia el poder. En octubre de 1917 Vladímir Lenin llegó a Petrogrado y procedió a detallar el plan del levantamiento armado. Estas fueron algunas de sus indicaciones: “La historia no nos perdonará que no tomemos el poder inmediatamente”; “cualquier contemporización equivale a la muerte”; “ocupar y conservar a costa de cualquier sacrificio el teléfono, el telégrafo, las estaciones de trenes, los puentes”; “audacia, más audacia, siempre audacia”; “que las clases dominantes se estremezcan con la revolución comunista”. Las “clases dominantes” se dieron cuenta de la amenaza que representaban los bolcheviques y a finales de octubre de 1917 el Gobierno provisional dio la orden de trasladar a la línea del frente los regimientos de la guarnición de Petrogrado que estaban a favor de los revolucionarios y sus periódicos fueron clausurados. Mientras tanto, los bolcheviques ya habían detallado el plan operativo para el alzamiento. En las fábricas se organizaron destacamentos de “guardias rojos”, pero la fuerza del ataque principal, según los planes esbozados hacía varios meses, deberían ser los marineros de la flota del Báltico. El veinticuatro de octubre en el estuario del río Neva que atraviesa Petrogrado entraron el crucero Aurora y varios buques torpederos. Causas de la Revolución Rusa. Los acontecimientos que precipitaron a la revolución fueron: a) La aguda crisis económica por la que atravesaba Rusia y sobre todo, la falta de alimentos para la población. b) Las constantes derrotas que experimentaban los ejércitos rusos en la guerra con Alemania durante la Primera Guerra Mundial. c) La ineptitud e intolerancia del zar Nicolás II y su esposa, enemiga esta, de toda reforma favorable al pueblo. Las causas que originaron la Revolución Rusa fueron de tres clases, a saber: I. Causas Políticas de la Revolución Rusa Rusia estaba gobernada por una monarquía absoluta y despótica, donde la voluntad del soberano (denominado Zar, es decir: Gran Rey) era considerada como ley. El Zar tenía, pues, un poder ilimitado; gobernada en forma arbitraria, es decir, sin dar cuenta de sus actos a nadie y sin respetar las libertades y derechos de sus súbditos. Indiferente a las aspiraciones de las mayorías, no demostró interés por el progreso y bienestar de su pueblo. Por otra parte, la Duma o Parlamento, casi siempre se mostró dócil e incondicional al soberano. II. Causas Sociales de la Revolución Rusa La organización social de Rusia estaba basada en la mas absoluta desigualdad. distinguiendose dos clases sociales bien marcadas, a saber: - La Nobleza.- con el Zar a la cabeza, constituía junto con la aristocracia, la clase privilegiada de Rusia. Ellos dirigían el gobierno, eran los mas grandes propietarios, disfrutaban de todos sus derechos y gozaban, así mismo, de toda clase de privilegios. Mostrabanse ajenos e insensibles a las necesidades y sufrimientos del pueblo. - El Pueblo.- estaba formado por profesionales, empleados, obreros y campesinos, que clamaban porque se les reconociese sus libertades y derechos, porque desapareciese la explotación, el excesivo numero de horas de trabajo y los bajos jornales; pidieron así mismo, una mejor distribución de la tierra y el predominio de la justicia sin distinción de clases. Fueron la columna vertebral de la Revolución Rusa, pues gracias al triunfo de esta, lograse transformar un estado feudal en una prospera nación "URSS", con ansias de dominio universal. En condición verdaderamente denigrante, se encontraban los siervos, rezago del Medievo, llamados mujiks, que considerados como cosas, podían ser enajenados juntamente con la tierra o hacienda a la que se hallaban incorporados. III. Causas Económicas de la Revolución Rusa El sistema económico imperante, se caracterizó por el monopolio de la tierra y de las riquezas a cargo de un grupo minoritario (nobleza y aristocracia), mientras la mayoría de la población se hallaba sumida en la mas completa miseria e ignorancia. Por otra parte, tanto los campesinos como los obreros eran explotados en la forma por demás inhumana, en las haciendas y en las fabricas, al exigirseles un elevado numero de horas de trabajo diario (hasta 15 horas) y recibir, en cambio, reducidos salarios, con los que no podía satisfacer ni sus mas apremiantes necesidades. Esta situación se agravo debido a la falta de una agricultura e industria altamente tecnificadas y modernizadas, que no suministraban una producción a tono con las necesidades del país. Inicio de la Revolución Rusa La Guerra europea de 1914 (Primera Guerra Mundial) origino en Rusia la crisis del Imperio de los Romanov (zares), contra el cual se dirigía una larga y tenaz campaña, dentro y fuera del país, por elementos que proclamaban las mas avanzadas ideas sociales y económicas. La característica anárquica de este movimiento en su primera etapa dio origen al nihilismo. Reprimido este un tanto, tomaron fuerzas las doctrinas de Marx (Socialismo), cuyos partidarios rusos se dividieron en dos bandos, los moderados y los radicales, respectivamente , llamados Mencheviques y Bolcheviques, o sea, minoritarios y mayoritarios en ruso, denominaciones nacidas de que en un congreso celebrado en Londres en el 1903 resultaron los radicales en mayoría. La autocracia zarista sufrió grave quebranto con las derrotas de sus ejércitos en la Primera Guerra Mundial y a esto se sumaba la incapacidad personal del Zar de Rusia, Nicolás II, y el escandalo que levanto la influencia que ejercía en la Corte el monje Rasputín, dueño de la voluntad de la zarina. El zar Nicolás II fue obligado a abdicar (15 de marzo de 1917). Vladímir Lenin. Etapas de la Revolución Rusa Distinguimos dos etapas o momentos de la Revolución Rusa , a saber: I. Primera Etapa de la Revolución Rusa, dirigida por socialistas moderados (Mencheviques), fue la que trajo como resultado la caída del Zar Nicolás II y origino, a su vez, el establecimiento de la República con Alejandro Kerensky como primer presidente. Como el ambiente para la insurrección del pueblo contra la monarquía estaba ya preparada, precipitaron, pues, la revolución: la aguda crisis de alimentos que provoco una hambruna general, sobre todo en la capital (Petrogrado), las frecuentes y aplastantes derrotas de los ejércitos rusos en la guerra contra Alemania y las sangrientas represiones ordenadas por el gobierno. Fue en este clima en que estallo la revolución en la Capital rusa y luego se propago en todo el país. A los obreros amotinados, dirigidos por los Mencheviques, se les sumaron luego los soldados que habían abandonado los regimientos y, finalmente, se sublevaron, también, los marineros del Mar Negro. Ante la insurrección general y la presión del pueblo, Nicolás II, viose obligado a abdicar el poder (15 de marzo de 1917) en su nombre y en el de su hijo. Entre los obreros, campesinos y soldados se organizo, seguidamente, un consejo representativo de la clase trabajadora, denominada Soviet, el que colaboro, resultando, de esta manera, establecida la República, con Alejandro Kerenski, un socialista moderado, su primer Presidente. El gobierno de Kerenski duro pocos meses, pues se hizo impopular a causa de haber intentado proseguir la guerra contra los alemanes y debido a que no había realizado ninguna reforma económica favorable al pueblo. II Segunda Etapa de la Revolución Rusa, fue la verdadera Revolución Comunista Roja, dirigida por socialistas radicales, que constituían la mayoría (Bolcheviques) tratose de un movimiento popular que destruyo por completo el antiguo régimen de privilegios y desigualdades, es decir, que transformo el imperio autocrático y despótico de los zares , eminentemente feudal, en una República Federal Comunista, dirigida por la clase obrera que, desde 1923, denominase Unión de las Repúblicas Socialistas Sovieticas (U.R.S.S). Revolución Bolchevique (Revolución de Octubre). Vladímir Ilich Uliánov, mundialmente conocido como Lenin, su nombre de combate, fue el alma de esta revolución bolchevique. Habiendo hecho su ingreso en Rusia, después de un largo exilio en Suiza, comenzó por agitar a las masas de obreros, campesinos y soldados contra el gobierno provisional, mediante una activa y vigorosa propaganda bajo el lema: "Todo el poder para los Soviets", prometiéndoles así mismo: "Paz, tierra y pan". Entonces, los ejércitos bolcheviques, después de serios combates, consiguieron finalmente hacer capitular a las tropas del gobierno en Petrogrado, viéndose Kerenski obligado a huir. Acto seguido, Lenin fue proclamado Primer Ministro por el Congreso de los soviets, es decir, asumía así el gobierno de Rusia. El golpe de Estado bolchevique había triunfado, era el 25 de octubre del calendario ruso, a la sazón en vigencia; es por ello que a esta revolución , se le conoce con el nombre de Revolución de Octubre. El nuevo gobierno de Lenin, que contó con la decisiva contribución de León Trotsky, jefe del ejercito rojo, estuvo asesorado por una especie de Gabinete Ministerial, Consejo de comisarios del Pueblo, y tuvo que hacer frente a una situación sumamente critica, pero logro imponerse tras dura y sangrienta lucha. Meses después, el zar y su familia eran fusilados por orden del soviet del Ural. Nada más llegar al poder, el nuevo ejecutivo aprobó dos decretos con los que buscaba el apoyo de las clases trabajadores: - Decreto de la paz, en el que se proponía a todos los contendientes una inmediata paz sin anexiones ni reparaciones. De hecho, los bolcheviques firmaron el armisticio con Alemania en diciembre de ese año. - Decreto de la tierra, estableciendo la expropiación de los terratenientes y el reparto de la tierra entre los campesinos. Lenin trataba así de afianzar su poder. No pudo evitar en contra de su voluntad que se celebrasen las prometidas elecciones a la Asamblea Constituyente. El resultado fue claro. Los bolcheviques solo consiguieron un cuarto de los diputados en una asamblea donde los socialistas revolucionarios eran mayoritarios. La respuesta del gobierno de los Comisarios del Pueblo fue fulgurante: la Guardia Roja disolvió la Asamblea el 5 de enero de 1919. En adelante, el gobierno de Lenin basó la legitimidad de su gobierno en los Soviets, controlados férreamente por los bolcheviques. Se trataba de justificar la dictadura comunista y presentarla como una democracia basada en los Soviets. Entre otras disposiciones tomadas por el gobierno de Lenin, están: a).- Organizo el Estado bajo la forma de gobierno de una República Socialista Federal; dirigida por comités de obreros (Soviets). b).- Decreto la confiscacion de las tierras, las que pasaron a poder de los campesinos, así como también la abolición de la propiedad privada. c).- Dispuso la entrega de las fabricas a las obreros. Los bancos y el comercio fueron también nacionalizados. d).- Pacto un armisticio con las Potencias Centrales (Alemania y Austria-Hungria): Tratado de Brest-Litovsk, por el que Rusia se compremetía a pagar una fuerte indemnización de guerra, a la vez que renunciaba a Polonia y a los Estados Bálticos (Estonia y Lituania). Retirabase, así, de la contienda (Primera Guerra Mundial). La Nueva República Soviética Procediendo con mano férrea y en forma implacable contra los enemigos de la Revolución, Lenin, contando con sus dos principales colaboradores: Trotsky y Stalin, consiguió transformar radicalmente el sistema político y económico de Rusia, mediante el establecimiento de un gobierno comunista dirigido por la clase proletaria y bajo el sistema federal, denominado Unión de las Repúblicas Socialistas Soviéticas (U.R.S.S). Iósif Stalin. El gobierno de la Rusia Soviética esta representado por el Consejo de los Comisarios del Pueblo, cuyos ministros o comisarios tienen a su cargo las diversas ramas de la administración publica. El jefe del Consejo es el Primer Ministro, que dirige la política internacional, gobierna en forma dictatorial y es, a su vez, el jefe del partido Comunista de Rusia (tal como sucedió con Jósef Stalin y Nikita Krushev, ex-jefes del Gobierno Ruso). Los trabajadores eligen a sus representantes ante el Congreso General de los Soviets de toda Rusia (principal cuerpo legislativo de la Nación). A la muerte de Lenin, en 1924, le sucedio Jósef Stalin, quien instauro un gobierno dictatorial, totalitario y vertical, por mas de 30 años, pero, a su vez, introdujo grandes reformas que convirtieron a Rusia en una de las potencias económicas, científicas y militares mas grandes del mundo. El gobierno de Stalin encumbraría a la URSS como potencia mundial después de la Segunda Guerra Mundial. Jósef Stalin, como fiel sucesor de Lenin y devoto partidario de la doctrina marxista, se esforzó por el logro de los siguientes objetivos. Objetivos de la URSS 1. Implantar el régimen colectivo en la propiedad y en la explotación de las tierras. 2. Vigorizar y desarrollar extraordinariamente la industria soviética, por medio de los Planes Quincenales (un programa de realizaciones por un periodo de cinco años), el primero de los cuales entro en vigencia el años de 1928; que, a decir verdad, han contribuido a hacer de Rusia una gran potencia industrial y militar. 3. Convertir a Rusia en una gran potencia militar, defensora de su sistema comunista. 4. Propagar la doctrina comunista por todo el mundo y propugnar la revolución socialista que traerá consigo, decía, el derrumbe de los países capitalistas y, a su vez, la implantación del comunismo en el Orbe. Con este propósito se organizó la Tercera Internacional o Komitern, que agrupaba y orientaba a todos los partidos comunistas del mundo. Tuvo por sede la ciudad de Moscú. Consecuencias de la Revolución Rusa El derrumbe de la Monarquía absolutista y autocrática de los Zares, con todo su pasado de injusticias, desigualdades y privilegios. El establecimiento de un Gobierno Comunista en Rusia; República Federativa Comunista, que desde 1923, se denomina Unión de las Repúblicas socialistas Sovieticas (U.R.S.S) El encumbramiento de Rusia a la categoría de gran potencia política, económica, científica y militar del mundo. Potencia que, con ayuda de los Aliados, derroto a Alemania en la Segunda Guerra Mundial. La Formación en el mundo de dos bandos ideológicos: el del Capitalismo y el del Comunismo, y la rivalidad y discrepancia surgidos entre los mismos, como resultado de la aspiración, cada día más creciente , de Rusia, de difundir la doctrina comunista por el Orbe; para lo cual tiene organizado un formidable sistema de propaganda en el mundo, y para lo cual, también ha hecho tremendos preparativos bélicos que constituyen una amenaza para la humanidad. A tales pretensiones, enfrentase vigorosamente los Estados Unidos de América, baluarte de las Democracias Capitalistas. De izquierda a derecha, Iósif Stalin, Vladimir Lenin, Lev Trotsky. Como en anteriores post, esto es un resumen hecho a partir de textos recopilados de distintas páginas. Están en su derecho de opinar respecto al tema aquí tratado, claro está, con respeto hacia la opinión de las demás personas. Cualquier recomendación respecto a personajes o hechos históricos será bienvenido y tomada en cuenta para futuras publicaciones. Les agradezco mucho por pasarse.

Esclavo romano Introducción al tema. Lo primero que hemos de tener presente a la hora de estudiar la Primera Guerra Servil siciliana es la fuente principal a través de la cual la conocemos, que es la Biblioteca Histórica escrita por Diodoro de Sicilia, el historiador griego del siglo I a.C., también conocido como Diodoro Sículo, originario de la isla. Por desgracia los pasajes de su obra que tratan de este episodio histórico no han llegado a nosotros de forma directa, sino que los conocemos a través de dos resúmenes o compendios realizados por autores de época bizantina, el primero de ellos llevado a cabo por el patriarca Focio de Constantinopla (siglo IX) en su Biblioteca o sumario de los libros que había leído, y el segundo los Excerpta Constantiniana mandados escribir por el emperador bizantino Constantino VII Porfirogeneta (905-959), una antología de carácter moralizante de la obra de historiadores antiguos. Es, de esta forma, la obra de Diodoro, que conocemos a través de Focio y de los Excerpta Constantiniana, la que nos aporta la mayoría de la información de que disponemos de este episodio histórico y la que por tanto influye más en la visión que tenemos del mismo. Si bien hemos de ser conscientes de que no poseemos el texto original de Diodoro, sino adaptaciones y reescrituras del mismo, con objetivos diferentes a los del historiador siciliano. También hayamos noticias sobre esta rebelión en las obras de Posidonio, Estrabón, Cicerón, Tito Livio, Floro, Frontino, Valerio Máximo, Orosio, Apiano y San Agustín, si bien la información que ha llegado a nosotros de estos autores trata el tema de forma más limitada y secundaria. Por lo que respecta a la cronología, desconocemos la fecha exacta del inicio de la rebelión. Según Diodoro de Sicilia (Bibl. Hist., libros 34 y 35, 2.1), la revuelta de esclavos se originó sesenta años después del colapso cartaginés en Sicilia, esto es, sesenta años tras el fin de la Segunda Guerra Púnica (201 a.C.), lo que situaría su comienzo en el año 141 a.C. Si bien los historiadores proponen un inicio algo posterior, entre el año 141 y el 135 a.C., nosotros nos decantamos por esta última fecha. Monumento a Eunoo, Enna (Sicilia), lideró el levantamiento de esclavos de Sicilia durante la Primera Guerra Servil. Lo que sí que sabemos es que la primera rebelión de esclavos en Sicilia se originó como una pequeña revuelta en la hacienda de un aristócrata llamado Damófilo, oriundo de la ciudad de Enna (actual Castrugiuvanni, en el centro de Sicilia) y conocido por su crueldad e inhumanidad en el trato a sus esclavos. Éstos, hartos de los maltratos y abusos a los que eran sometidos por parte de Damófilo y de su mujer Megálide, decidieron confabularse para matar a la pareja y poner fin a sus penalidades. Antes de actuar, los conspiradores consultaron a Euno, un esclavo de origen sirio que tenía fama de mago y del que se creía que podía predecir el futuro. Quisieron saber de él lo acertado de las intenciones rebeldes y si éstas contaban con el respaldo de los dioses. Según el historiador ruso S. I. Kovaliov, Euno, que era oriundo de la ciudad de Apamea, “gozaba de mucha influencia sobre sus compañeros de tribu por su capacidad para interpretar los sueños y «prever» el futuro. A veces recurría a medios bastante ingenuos para producir impresión sobre quienes le escuchaban, como el de esconderse en la boca dos mitades de cáscaras de nuez con una brasa envuelta en hojas, para poder soplar llamas en el momento oportuno. Con estos artificios, Euno aumentó su reputación de profeta y taumaturgo. Según parece, tenía un cierto conocimiento de los cultos sirios, especialmente el de la «Madre de los dioses» (venerada en la ciudad de Hierápolis, actual Manbij, en el norte de Siria). Antes de la rebelión, Euno dijo que la diosa siria, Atargatis, se le había aparecido prediciéndole que sería rey”. La respuesta afirmativa dada por Euno a la consulta puso en marcha la rebelión. Los revoltosos reunieron durante la noche a unos 400 esclavos en las afueras de la ciudad de Enna que, armados con todo aquello que pudieron encontrar y tras conjurarse y realizar algunos sacrificios, iniciaron, liderados por Euno, una matanza entre los habitantes de la ciudad. Por desgracia, dado la escasa información cronológica que poseemos sobre este hecho histórico, solo podemos conjeturar que el inicio de la rebelión se produjo, seguramente, una noche del el año 135 a.C. Antecedentes. El levantamiento de los esclavos se debió sobre todo a los cambios de propiedad subsiguientes a la expulsión de los cartagineses de la isla durante la Segunda Guerra Púnica. Los especuladores italianos se apresuraron a llegar a la isla y compraron a los sicilianos grandes lotes de tierra a bajos precios o llegaron a ser los ocupantes de haciendas completas, que habían pertenecido a la parte cartaginesa de Sicilia, o bien fueron incautadas por Roma tras la huida o ejecución de sus antiguos amos. Los sicilianos de la zona romana siguieron este ejemplo y se hicieron ricos a expensas de sus vecinos. Los esclavos eran baratos y Sicilia era una zona donde había un flujo de grano seguro, con excedentes para exportar a Italia, que sufría los estragos de la guerra. Por ello Sicilia se llenó de esclavos, que eran empleados en cultivar grano para los grandes propietarios, sicilianos o italianos, que no los alimentaban correctamente y tenían que robar de los cultivos para asegurar su propio sustento. Los sicilianos pobres fueron los que más sufrieron esta situación; como los grandes propietarios estaban muy contentos con sus esclavos y les mantenían a sus expensas. Esta zona que normalmente estaba en paz y llena de grandes propietarios que exportaban grano a Italia todos los años, sin embargo no estaba exenta de tensiones internas que ponían en peligro la propia provincia. Tras setenta u ochenta años de dominio romano, los esclavos se rebelaron por primera vez. República Romana en el 150 A.C. La Primera Guerra Servil. En el año 135 antes del nacimiento de Jesús, en la isla de Sicilia, se da comienzo a lo que sería posteriormente llamada la primera guerra servil. El disparador es la creciente cantidad de personas que son rebajadas a la esclavitud y las terrible condiciones de vida que les son impuestas (marcas de hierro, torturas, negación de alimentos y ropa, etc). A esto se le suma que la población civil libre que habitaba la zona estaba en la ruina por la misma razón que exponíamos antes, eran desocupados crónicos que no eran usados ni como mano de obra en ningún lado y estaban en una situación tan desesperante como la de los esclavos. Sólo los grandes latifundistas tenían ganancias y en uno de estos latifundios cercanos a Enna, que al parecer pertenecían a un romano llamado Damófilo, dio comienzo todo. La revuelta paso se ser algo más bien espontáneo a tener un líder conocido como Euno. Era un sirio esclavizado, probablemente, en alguna de las recientes batallas contra Antíoco de Siria. Este personaje, que afirmaba ser profeta y mago, decía que la diosa Derceto o Atargatis (depende la versión) le había dicho que la rebelión llegaría a buen puerto si tomaban la ciudad de Enna (en el centro de la isla de Sicilia). Panorama de Enna hoy día. Muchos de los esclavos de la ciudad se sumaron, entonces, a la carnicería atacando primero a sus dueños y agrediendo después a otros. Sin embargo, los rebeldes no pudieron hallar a Damófilo y a Megálide. Solo más tarde fueron informados de que la pareja no estaba en la ciudad, sino que se había trasladado a una de sus propiedades en las afueras, por lo que algunos de los esclavos fueron enviados en su busca. Una vez localizados fueron apresados y traídos de vuelta a la ciudad, sufriendo un gran número de ultrajes en el camino. Damófilo fue conducido al teatro de la ciudad, lugar en el que se habían reunido los esclavos rebeldes, donde inició su defensa y la de su mujer. Si bien, cuando comenzaba a convencer a los allí presentes, dos esclavos hostiles a su persona, llamados Hermeias y Zeuxis, acabaron con su vida delante de todos, clavándole uno la espada en el pecho y cercenándole el otro la cabeza con un hacha. Por su parte, Megálide fue entregada a sus esclavas, las cuales tras torturarla la mataron arrojándola desde un precipicio. Dos episodios dramáticos y estremecedores que nos muestran la crudeza y la brutalidad de la situación. Estos hechos contrastan, sin embargo, con el trato que los rebeldes dieron a la hija de Damófilo y Megálide, de la que no conocemos su nombre, a la que se le perdonó la vida debido al trato humano y bondadoso que siempre había mostrado hacia los esclavos de sus padres. Así, pues, la joven fue escoltada por un grupo de esclavos, del que formaba parte el propio Hermeias, hasta la ciudad de Catina (la actual Catania, en la costa oriental de Sicilia), lugar donde vivían algunos parientes de la muchacha. Una anécdota, ésta, que sirve a Diodoro para demostrar que los rebeldes no actuaban guiados por un “salvajismo natural” en ellos, sino en venganza por las injusticias y los agravios recibidos previamente. Fue en el mismo teatro donde se acabó con la vida de Damófilo, en el que los esclavos nombraron rey a Euno, según el autor siciliano, no por su coraje o sus cualidades como líder, sino gracias a sus “trucos”, a su resolución a la hora de iniciar la revuelta y a los augurios favorables que contenía su nombre, cuyo significado, como adjetivo, era el de “bien dispuesto” o amistoso. La voluntad de afianzar la rebelión y de controlar la situación llevó a Euno a tomar diversas medidas. Así, pues, reunió una nueva asamblea en la que condenó a muerte a todos los ciudadanos de Enna excepto a aquéllos que supieran fabricar armas, a los que encadenó y obligó a elaborarlas. También perdonó a los que en el pasado le habían mostrado simpatía y amabilidad, cuando era obligado por su amo a entretenerles con sus trucos de magia. El líder rebelde tampoco demostró demasiada piedad por sus antiguos propietarios, Antígenes y Pitón, a los que mató con sus propias manos. Euno adoptó una indumentaria propia de la realeza que incluía el uso de la diadema sobre su cabeza; cambió su nombre por el de Antíoco, propio de la dinastía real seléucida que gobernaba en Siria, región de la que él mismo era originario; y proclamó reina a su mujer, oriunda como él de la ciudad de Apamea. Asimismo nombró un consejo real, del que sabemos que formaba parte un tal Aqueo, un rebelde que había demostrado una gran capacidad como organizador y como hombre de acción, y llamó sirios a aquellos que le seguían. Sabemos, así, que los esclavos no intentaron crear un régimen estatal nuevo sino que adoptaron el sistema monárquico propio de los estados helenísticos existentes en el Oriente mediterráneo, región de la que sabemos que provenían la mayoría de los esclavos de Sicilia. Es interesante, por otra parte, detenernos un momento a analizar la designación que, según Diodoro, Euno dio a sus seguidores. Aunque en un primer momento la denominación de los rebeldes como sirios nos pudiera hacer pensar que la mayoría de ellos provenía de esta región en concreto, el estado actual de nuestro conocimiento no nos permite afirmar tal hecho. De los pocos esclavos rebeldes de los que conocemos su procedencia, tres son de origen sirio (Euno, su mujer y Sarapión, este último el traidor que entregaría la ciudad de Tauromenium a los romanos), si bien Cleón, uno de los líderes de la revuelta, provenía de Cilicia (la zona costera meridional de Asia Menor) y Aqueo de Acaya, nombre de la provincia romana que abarcaba el territorio griego. Tres días después de iniciada la rebelión, Euno disponía de una fuerza que incluía a más de 6.000 hombres bien armados, a los que se sumaban otros combatientes peor equipados que tan solo disponían de “hachas, hondas, hoces, estacas endurecidas por el fuego o espetones de cocina”. La extensión del levantamiento por diversas regiones de Sicilia, permitió que el ejército de esclavos rebeldes llegara pronto a contar con más de 10.000 soldados. La rebelión se expande por la isla: la actividad de Cleón Las noticias del éxito de la rebelión se expandieron pronto por la isla e incitaron a otros esclavos a seguir su ejemplo. Uno de ellos fue Cleón, esclavo dedicado a la cría de ganado que convenció a otros para rebelarse. De esta forma Cleón consiguió reunir un grupo de 5.000 rebeldes con los que tomó la ciudad de Agrigento y saqueó el territorio cercano. Parece ser que el inicio de esta nueva insurgencia llevó a los propietarios de esclavos sicilianos a concebir ciertas esperanzas de que ambos grupos de rebeldes llegaran a enfrentarse entre ellos, posibilidad ésta que podría devolver la calma a la isla. Si bien, el sometimiento de Cleón a la autoridad de Euno, treinta días después del inicio de la revuelta, hizo desvanecerse pronto sus expectativas. Por lo que se refiere a la extensión territorial de la rebelión, aunque disponemos de muy pocos datos sobre su evolución, se puede afirmar que la revuelta no afectó a toda la isla. En nuestras fuentes solo se mencionan cuatro ciudades como bases de la resistencia servil. Éstas son Enna, seguramente el principal enclave rebelde; Tauromenium (Taormina), en la costa noroeste; Catina, en el este y Morgantina, en el interior, a las que es posible que se sumaran las ciudades de Siracusa y Agrigento, si bien no se puede excluir que los rebeldes se apoderaran de más ciudades. Así pues, con los datos disponibles podemos deducir que el territorio dominado por los esclavos rebeldes incluiría el sureste de la isla, una área delimitada por una línea imaginaria con origen en la ciudad de Agrigento que atravesaría Enna, y llegaría hasta Tauromenium, lo que vendría a representar, más o menos, la mitad de la isla. Roma comprendió pronto la amenaza que la rebelión de esclavos de Sicilia suponía para sí misma y los territorios que dominaba, ya que una parte importante de su sistema económico estaba basado, cada vez más, en la mano de obra servil. Diodoro nos informa de que las noticias de la rebelión traspasaron las fronteras físicas de la isla y, según él, provocaron nuevas revueltas, como las protagonizadas por 150 esclavos en la propia ciudad de Roma; la rebelión de otros 1.000 en la región del Ática y los estallidos de violencia en Delos y otras regiones. La respuesta romana: la guerra contra los esclavos Así, pues, Roma destinó fuerzas militares para acabar con la insurrección siciliana. Durante los primeros años del conflicto, que hemos de recordar que no sabemos exactamente cuando se originó, el Senado romano envió a la isla a diversos gobernadores de rango pretoriano para hacerse cargo de la situación, de los que gracias a Floro, historiador romano de los siglos I y II d.C., conocemos algunos nombres: Manlio (seguramente A. Manlio Torcuato); Lentulo (posiblemente L. Cornelio Lentulo, cónsul en el año 130 a.C.); L. Calpurnio Pisón Frugi, cónsul en el año 133 a.C.; y L. Plaucio Hipseo. De la actividad de la mayoría de estos pretores conocemos más bien poco, excepto que combatieron a los esclavos rebeldes, aunque fueron superados por ellos. Gracias a Diodoro sabemos, por ejemplo, que Plaucio Hipseo se enfrentó a los insurgentes, poco después de llegar a la isla, con una fuerza de 8.000 soldados sicilianos. Este gobernador no tuvo más suerte que sus predecesores y fue también derrotado por las fuerzas conjuntas de Euno y Cleón, que ascendían, en aquel momento, a 20.000 hombres armados. Como ya se ha indicado antes, según Diodoro, los rebeldes llegarían, con el tiempo, a sumar la fabulosa cifra de 200.000 hombres. En el año 134 a.C. Roma, consciente de la magnitud de la rebelión, envío a Sicilia a uno de los dos cónsules, C. Fulvio Flaco, con un ejército consular compuesto de, al menos, dos legiones, el doble de las fuerzas asignadas a los pretores, hecho que indica la importancia que Roma daba al asunto, nada sorprendente si recordamos que Sicilia era una de sus principales bases de abastecimiento. Flaco, sin embargo, tampoco tuvo demasiado éxito en la lucha contra los rebeldes y fue sustituido, al año 133 a.C., por otro cónsul, L. Calpurnio Pisón Frugi, el cual ya había sido destinado anteriormente a la isla como gobernador de rango pretoriano para luchar contra los insurgentes. Aunque Pisón sufrió algunos reveses, consiguió apoderarse de la ciudad de Morgantina, en la cual acabó con la vida a 8.000 esclavos rebeldes, y asedió la ciudad de Enna, hecho que conocemos gracias al descubrimiento allí de proyectiles de honda que llevaban gravado su nombre y su cargo. A pesar del avance romano, los esclavos rebeldes aún mantenían la mayoría de sus posesiones y controlaban un amplio territorio en la isla. Sin embargo, Roma estaba decidida a imponer definitivamente su autoridad y a recuperar un territorio considerado por ella estratégico, por lo que en el año 132 a.C. envió a un nuevo cónsul, Publio Rupilio, para hacerse cargo de las operaciones militares. El primer objetivo del nuevo comandante romano fue la ciudad de Tauromenium, a la que puso sitio. Comano, hermano de Cleón, fue capturado por las fuerzas romanas durante este asedio al intentar escapar de la ciudad. A pesar de la dureza del bloqueo, Tauromenium solo pudo ser tomada gracias a la traición de un esclavo rebelde de origen sirio llamado Sarapión. Tras la captura de la ciudad, los cautivos fueron torturados y despeñados desde lo alto de una cima. Vista actual de la ciudad de Tauromenium. Una vez tomada Tauromenium, Rupilio se dirigió hacia Enna, el bastión principal de los rebeldes, donde, según parecen indicar nuestras fuentes, el asedió iniciado por Pisón el año anterior no había sido abandonado y continuaba dirigido ahora por un tal Perpena, seguramente Marco Perpena, cónsul en el año 130 a.C. Según Floro fue el propio Perpena el que, después de vencer a los esclavos y asediarlos en Enna, los redujo gracias al hambre y a la enfermedad, apresando a los supervivientes, a los que condenó más tarde a la cruz. Por el contrario, Diodoro nos informa de que fue Rupilio el que tras la toma de Tauromenium se dirigió hacia la ciudad Enna, a la que también puso sitio. Según este mismo autor Cleón atacó, acompañado de algunos de sus hombres, a las fuerzas romanas. Aunque el líder rebelde demostró un valor y una resolución heroicas en su ataque, los romanos consiguieron darle muerte, tras lo cual exhibieron su cadáver cubierto de heridas a los ocupantes de la ciudad. Bradley ha propuesto, en un intento de unificar el sentido de ambos testimonios, la existencia de dos cuerpos del ejército romano actuando en esos momentos en Sicilia, un primero liderado por Perpena encargado de mantener el asedio de la ciudad de Enna iniciado el año anterior por Pisón, y un segundo a las órdenes de Rupilio asediando Tauromenium. De esta forma la victoria romana relatado por Floro haría referencia a un combate en concreto en el que murió el propio Cleón, si bien la ciudad de Enna mantuvo la resistencia, debido, en gran parte, a su privilegiado emplazamiento en lo alto de una colina, que la convertía en una fortaleza natural. Ni la unión de los dos cuerpos del ejército permitió a los romanos culminar la toma del enclave rebelde, sino que hizo falta una nueva traición para que las fuerzas romanas pudieran hacerse con el dominio la ciudad. Diodoro nos informa de que Euno, en el último momento, escapó al frente de 1.000 de sus hombres, y se dirigió hacia una zona escarpada. Los miembros de su guardia, sin embargo, conscientes de su aciago destino, ya que las fuerzas de Rupilio estaban tras ellos, optaron por el suicidio matándose los unos a los otros. Finalmente desesperado, Euno se refugió en una cueva, acompañado tan solo de cuatro miembros de su séquito, formado, en aquel momento, por un carnicero, un panadero, su masajista y el artista que lo entretenía en las fiestas. El grupo fue finalmente descubierto y desalojado de su escondite, tras lo que fueron arrestados. En el caso de Euno es interesante reseñar su triste final, del cual nos habla Diodoro, ya que según este autor el líder rebelde murió en prisión, en la ciudad de Morgantina, donde padeció una dolencia que provocó literalmente que su carne se “desintegrara en una masa de piojos” una afección acorde, según el escritor siciliano, a su vileza. Finalizaba, así, la primera rebelión de esclavos en Sicilia, dejando tras de sí un gran número de bajas tanto en el bando de los rebeldes como en las filas romanas, y evidenciando las contradicciones, económicas, sociales y políticas que la extraordinaria expansión del dominio romano por el Mediterráneo estaban generando y que llevarían, en un futuro cercano, al estallido de nuevos levantamientos serviles, como el liderado por Espartaco (73-70 a.C.), que lucharon contra una realidad injusta que los reducía a la esclavitud y les forzaba a renunciar a la libertad, uno de los derechos que en la actualidad se consideran fundamentales e inalienables del hombre. Como en anteriores post, esto es un resumen hecho a partir de textos recopilados de distintas páginas. Están en su derecho de opinar respecto al tema aquí tratado, claro está, con respeto hacia la opinión de las demás personas. Cualquier recomendación respecto a personajes o hechos históricos será bienvenido y tomada en cuenta para futuras publicaciones. Por si alguien está interesado, mañana postearé sobre la Segunda Guerra Servil. Les agradezco mucho por pasarse.