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Bronko_83

Usuario (Argentina)

Primer post: 21 sept 2012Último post: 23 ene 2017
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La infancia cruda
La infancia cruda
OfftopicporAnónimo1/23/2017

Buen día a todos. Quería compartir un post sobre la infancia, algo que lamentablemente se está perdiendo... Tengo esperanzas de que se pueda convertir esto en esto ¿Habrá tiempo? ¿Podremos revertir la situación en los niños? Ustedes, ¿qué opinan? Los dejo con el post. Y con un tema musical para acompañar. Saludos.... link: https://www.youtube.com/watch?v=HhGlvk8ITsM Niki Boon se apasionó con la fotografía cuando vivía en Escocia, sin embargo, luego de diferentes eventos de su vida pasaron este hobby a un segundo plano. Sin embargo, cuando Niki empezó a vivir en un pueblo rural en Nueva Zelanda y dio a luz a sus cuatro hijos, la pasión por la fotografía regresó con nuevas fuerzas. Miraba cómo sus hijos conocían el mundo alrededor y esto se convirtió en la mejor inspiración para ella. Niki llamó esta serie de fotos, dedicadas a la vida de sus hijos, "La infancia cruda" (Childhood in the Raw). "Mis hijos viven sin televisión ni dispositivos modernos". "Nuestro estilo de vida puede parecer difícil o raro para algunos..." "pero soy tan feliz que vivimos en este lugar completamente mágico". "Llevo la crónica de sus días llenos de comunicación con la naturaleza y los juegos hasta cansar". "Es el reflejo de su infancia, la vida como es..." "su realidad". "Y también es el reflejo de mi infancia..." "de aquel tiempo cuando estaba absolutamente libre". "Y quiero que mis hijos tengan la misma experiencia". "Y que mis fotos les recuerden a las personas su propia infancia". "Mis hijos regresan a casa llenos de lodo, pero entiendo que es lo que necesitan". "Corren donde quieran y existen en unión con la naturaleza". "Viven aquí y ahora, salvajes y libres..." "y nada se interpone entre sus almas pequeñas y la naturaleza". "Sí, la vida rural requiere muchos esfuerzos..." "pero los niños entienden cómo nos ganamos lo que tenemos". "Saben de dónde proviene la comida. Qué son la vida y la muerte". "Aprenden la vida. Con sus lecciones que a veces son difíciles". ¡¡¡Gracias a todos por pasar!!!

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Fin de la eternidad [relato propio]
ArteporAnónimo9/23/2012

Fin de la eternidad No tenía con quien dialogar sobre la incertidumbre que me arrancaba todos los sueños placenteros, de los que una vez pude disfrutar. Concurrí tantas veces a los psicólogos, pero ellos, al ver mi forma de actuar y de hablar, sostenían que si me seguían atendiendo, terminarían en el diván de otro colega. Ni los psiquiatras “pegaban una”, tantas recetas, tantas pastillas, para nada. Lo único que hacían era trasladarme hacia un mundo totalmente psicodélico, y la verdad, ya estaba cansada de que me usaran de conejillo de indias, así que abandoné todo profesional habido y por haber. El tema que ponía en jaque a todos era la “eternidad”. Una noche, en la que no podía “pegar un ojo” decidí enfrentarme a un sujeto espectador, el cual, muchos piensan que es invisible, pero yo puedo aseverar que lo sentí desde la punta del dedo gordo del pie, hasta lo más profundo de mi oído interno. Alcé la vista, y lo primero que percibí fue como el color negro de mis ojos se apoderaba del retrato ennegrecido por la falta de estrellas, ni siquiera el chillar de los insectos se oía. Éramos Él y yo, dos personalidades que contrastaban con el resto. Totalmente me encontraba desvanecida del pensar de los demás, por una deducción simple, no era y nunca había sido un eslabón en la cadena humana. Mis lógicas no eran tomadas en cuenta, así que la mayoría se ponía en fila para darme la espalda o desviar su rostro hacia otra cosa más importante. Hasta llegué a notar como una persona, mientras conversábamos, prestaba más atención al excremento depositado en la acera por algún perro callejero que a mis palabras o inferencias. Comencé a hablar y obviamente no obtuve respuesta alguna, hasta que sentí dentro de mí una especie de soplido, en la que unas letras jugaban para ordenarse y formar oraciones, que según mi criterio, tenían algo de sentido. Abruptamente abrí mis ojos, quedando suspendida en una confusión, y ante las frases que había recogido, traté de hacer un análisis exhaustivo. Según las frases, la eternidad, no era cuestión de que volvería a estar, luego de muerta, otra vez en la vida, inmersa en otro cuerpo. Sino que, sería eterna gracias a mi descendencia. Al retener esto en mi mente, las piernas se me aflojaron, pero mi interior permaneció intacto, sin presentar adhesión a ninguna vacilación. Me dirigí hacia la cocina, donde guardo mis utensilios, y mientras acariciaba mi abdomen, un poco inflamado, tomé la decisión de que ya no anhelaba estar presente para toda la “eternidad”. FIN GRACIAS POR LEER

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Palabras en la noche_propio
ArteporAnónimo1/4/2014

Duelen los sentidos, se retuercen por lo que tienen que contemplar, quizá fue por eso que los dejé de usar. Mis ojos ven caos, desdicha, enojo por doquier, mis oídos solo oyen penurias, agravios, mentiras, mi tacto se desliza sobre la dureza que dejaron en el aire palabras con ponzoña. Los sabores y los olores quedaron de lado, lo agradable desapareció, se desvaneció como la niebla cuando aparece el Sol y la humedad se esconde. Sólo si pudiera saborear y oler la muerte, aquello a lo que la mayoría teme, creo que me sentiría feliz. Lo que llamamos Vida, no lo comprendo, ¿tiene que ser todo tan difícil, y llegar hasta el tope del sufrimiento? Sentir que no siento, eso recorre mis venas congeladas porque ya ni el calor de mi cuerpo me acompaña. Esperanza, bondad, amor, solamente palabras vacías… no se ven, no se sienten ni en el cerebro, y mucho menos en mi corazón. Ya no queda nada, la soledad como siempre es la que me acompaña, se apegó cumpliendo una simbiosis, ella me permite sentirla de una manera más allá de nuestros sentidos, pero yo no le doy nada, ¿o sí? Quizá sea mi destino, si es que eso existe, no lo sé. Decisiones, caprichos, orgullo, me llevaron a esto. Cuesta mantener un equilibrio, debo decir que lo extremoso me llevo a la decadencia de mi joven vida. Es impresionante cómo anhelo una charla amena con otro ser de mi especie, da risa, porque para sentirme vivo tengo que hablar con animales, plantas, o niños pequeños que apenas saben armar una palabra. Me he dado cuenta que no encajo en el mundo adulto, no me agrada, y no puedo hacer nada para cambiar eso… ¿Fingir? No, sería un mentiroso, y me terminaría dañando más, aunque con todos los moretones internos que tengo no sería gran cosa. La estupidez humana me cansó, la utilización de palabras correctas para mantenernos en una paz falsa me hartó, ni hablemos de la superficialidad, importó siempre más lo de afuera, el cómo sos físicamente y lo que tenés de material que el interior. Internet, Tv, todo lo mismo… ¿Por qué pasó esto? ¿Por qué ya no confiamos en nadie más que en nosotros, y a veces ni eso? ¿Cuándo vamos a ser nosotros mismos? Nunca pensé que iba a ser tan complicado hallar a alguien con personalidad y con una templanza fuera de lo común. Sólo son palabras, no hagan caso, ni siquiera lo repasé, como salió lo escribí… ¡Saludos a los que leyeron!... Y espero tengan más suerte que yo, se las deseo (si es que existe) de en serio.

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Deseo concedido [escrito_propio]
ArteporAnónimo9/27/2012

Deseo concedido Cuando me sentía tenso o abrumado por tantas tareas laborales, me escapaba hacia el firmamento. Allí trasladaba la mirada, tratando de perderla para no regresar a lo que estaba haciendo. Me sentaba sobre el gran ventanal de mi cuarto, siendo parte de la nada misma. Ni siquiera sentía mi respirar, es como si mi cuerpo no necesitara más que unas luces pequeñas titilantes y un silencio que cobijaba el desenfreno de mi mente. Las noches se volvían rutinarias, pero no me importaba, ya que lo que estaba haciendo era lo que me agradaba. Mi cuerpo se sentía preso más que mi mente, porque al menos ella podía tomarse un respiro, mientras imaginaba que se encontraba en cada una de las estrellas. Un ruido descarado me hizo quebrar ese momento apacible, para que desviara la mirada hacia el cuarto de la casa de enfrente. El sonido fue con una tonalidad sexual, diría un posible gemido placentero. No me llamó la atención, ya que la comunidad era de solterones, y yo era uno más del montón. Pensaba para mis adentros “¡Qué suertudo Martin, la debe estar pasando fenomenal, ésta es su noche!”. Las luces del cuarto se apagaron a los dos minutos de ese sonido. Una sombra delgada se acercó a la ventana para juntar las cortinas, y nada más se escuchó, fue el fin de la acción nocturna de mi vecino. La comunidad se había convertido en una hilera de casas en sombras, al parecer nadie pagaba sus impuestos o se habían tomado unas vacaciones. Por momentos la comunidad parecía de mi propiedad. Como había perdido el rumbo en esa “escapada” de tranquilidad, retorné a mis deberes, deseando que alguna noche de mi vida, se transformara en una como la del maldito Martin. Algo de alcohol, cigarros, y una mujer que me despeinara el poco cabello que llevaba. Estaba harto de mi vida, pero en fin… si seguía luchando contra algo que no tenía remedio, el que terminaría enfermo, sería mi cuerpo. Al día siguiente llegué a mi casa con la presión por las nubes, y con unas ganas terribles de desfigurarle el rostro a mi jefe. Todo le caía mal, el esfuerzo que hacía todas las noches para complacerlo, lo arrojaba a la basura. Noches y noches en vela para que el soberbio me arruinara los planos de construcción. Podía restaurar cualquier obra, menos mi vida. Tiré todos los papeles, reglas y el portafolio, para suspenderme nuevamente en la noche, que sin querer, se había vuelto mi “amante”. Tomé un puro y un vaso de ginebra, y mientras me deleitaba con mis bellezas relampagueantes, observé que dos ojos rojinegros se me venían encima. Al diablo la bebida, el puro y mi hombría. Comencé a temblar como un pequeño, cuando lo asustan con el cuco, no podía detener el temblequeo. Esa “cosa” permaneció en cuclillas un buen rato sobre la ventana, sólo para observar mis movimientos. Giraba su cabeza de derecha a izquierda, y así sucesivamente, lento, muy lento. Sus ojos buscaban comprender, o eso, es lo que en ese instante atiné a pensar. Su cuerpo era delgado, bastante femenino, sus atributos no eran tan pronunciados, por eso no sabía muy bien de qué se trataba. Supuse que era un ser andrógino. No expresó nada con su boca, sólo con sus ojos que no paraban de observarme. Tenía una fuerza increíble, tomó mi cuerpo de 80 kilos y lo depositó con cuidado sobre la cama. Del temor que tenía, no podía mover ni las mandíbulas, así que me quedé quieto a la espera de ver lo que hacía. Me sacó las prendas por completo para situarse encima de mí. Me hizo entender que la tocara. Pasé mis manos, como pude, por cada recoveco de su cuerpo. Su piel no era ni suave ni áspera, era especial. El contacto me fue muy agradable, al menos vi que no se trataba de un vampiro, sus colmillos eran muy pequeños, al igual que el resto de sus piezas dentarias. Respiré tranquilo, gracias a la cantidad de películas de terror consumidas, creo que me había ganado un doctorado por ser especialista en las mismas. Conocía de monstruos, pero esto… esto era otra cosa. Comenzó a hacerme el amor, como nunca nadie lo había hecho. Era el verdadero placer hecho carne y hueso. Dentro de lo anormal que era, para mí era bella. Se balanceaba con ternura, una suavidad que podría derretir a cualquier hombre. Sentía que me poseía, que me absorbía la vida. Cerré los ojos y me dispuse a disfrutar. Todo iba bien, hasta que de repente, sentí un cosquilleo en mis mejillas y al abrir los ojos, vi que sus manos todavía se encontraban ocupadas en mi pecho, mientras una especie de cola puntiaguda jugueteaba en mi rostro. No lo podía creer, comencé a gritar, y no de placer, me movía a todos lados, pero era imposible detenerla, era demasiado fuerte. Me miró fijamente y me tapó la boca con una de sus manos. Se acercó a mi oreja izquierda para balbucearme unas palabras con cierta carraspera., dijo –“Me gustas, volveré”-. Luego de ese episodio frenético, dio un brinco veloz sobre la ventana y desapareció de mi vista, sin dejar ningún tipo de rastro, más que un tipo desnudo tirado sobre la cama, con los ojos abiertos de par en par y una sudoración fría causante de un desmayo. Me desperté al otro día, muerto de sed, ni siquiera las tareas esclavistas que debía terminar me extrajeron esas terribles imágenes de mi cabeza. Pensé en ducharme, para luego ir a la policía y explicarle lo que había sucedido. Antes de abrir la puerta para dirigirme a la comisaría, me di cuenta que si hacía tal cosa, me iban a tildar de loco y hasta llegarían a encerrarme por chapucero. No lo hice, mi declaración sería un papel más en el cesto de la basura, me hubiera convertido en el hazmerreír del día. Hasta el día de hoy sigo perdiéndome en las estrellas, en la ginebra y en los puros. Ese ser nunca volvió a aparecer. Desde ese suceso tan extraño y terrorífico, tuve más cuidado en mis deseos. Lo que todavía no puedo dejar de preguntarme es, por qué mi casa es la única de la comunidad que todas las noches sigue emitiendo una pequeña luz. Fin GRACIAS POR LEER

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Memorias de Felicidad (cuento propio)
ArteporAnónimo9/21/2012

Hola. Les comparto un cuento, que al crearlo me basé en una imagen compartida por el usuario @tmhd. Espero que lo disfruten y disculpen si les parece extenso, es que no quise segmentarlo. Muchas gracias por su atención. Memorias de Felicidad Los hechos que me llevaron al exilio permanecen tan latentes, como el vaivén de mi corazón, que mientras escribo, me golpea acompañando cada lágrima que roza sin empapar, los pergaminos en donde dejaré impregnados esos momentos que me hicieron ser quien soy. Vivía sujetada a la felicidad, y no sólo porque se trataba del nombre que me había dado mi difunta madre, sino que era el sentido que había escogido para mi vida, ser feliz, algo que pocos pueden ostentar, yo quería poseerla, hacerla mía. La felicidad y yo, almas gemelas, un pensamiento que quedó en la nada. Mi madre, un ser carente de malevolencia, falleció a unos meses de que cumpliera mis 18 años. Fue un momento desgarrador, algo que yo sólo sé y que no puedo explicarle a nadie, nunca pude. Ella era la razón de mi bondad, teníamos un vínculo puro, en donde los secretos no existían, sin embargo, me había aclarado que existía algo que no me lo podía contar antes de los 18. Claramente, eso me llamaba la atención, pero me inundaba el don de la paciencia, y sabía que a su debido momento me lo compartiría. Yo era la rosa y ella, el cristal que la protegía. La amaba, y el sentimiento fue siempre bien recibido y recíproco. Cuando ella dejó la existencia, sentí que el mundo se arrodillaba ante mí, para pedirme disculpas, pero no había nada que pudiera contener la impotencia, que circulaba mi cuerpo en lugar de la sangre. De alguna manera, incomprensible, mi padre se volvió totalmente lo opuesto a mi madre. Gracias a su alcoholismo rezaba ciertas frases como “no llegarás a tus 18”, “perra del infierno”, “ingenua como tu madre”, y demás insultos, que lo único que hacían eran dañar aún más a mi triste corazón, mientras que con su cinto me dejaba marcas en mi espalda, que con el tiempo se transformaron en una especie de tatuajes con aspecto diabólico, dignos de su creador. La vida me dolía, hasta que lo conocí. Matías era su nombre, era un joven apuesto, menudo y muy servicial. Su educación contrastaba con la mayoría de personas que habitaban la ciudad. Era excelente para mí, habíamos creado un puente entre nuestros corazones, que ni una fuerte oleada podría ponerlo en ruinas. Simplemente lo amaba, esos momentos fueron tan gloriosos, que el combustible que una vez me llenaba de pasión por vivir, volvía a abrazarme para no dejarme escapar jamás. Cuando conversábamos sobre los problemas con mi padre, su rostro cambiaba a un rojo intenso y sus únicas palabras eran “lo voy a matar”. Lo calmaba como podía, en parte lo comprendía, pero asesinar a una persona, no era la solución. Gracias a mi madre, había comprendido el respeto por la vida, tanto la mía como la de mis prójimos. Todas las existencias valían y todas eran muy importantes, cada una tenía su propio destino y de alguna forma, quizás no buscada, terminábamos si o si cumpliéndolo. Con Matías conversamos varias horas, hasta que una idea lo convenció de que era lo correcto. Me propuso matrimonio, él sabía que nos conocíamos apenas 6 meses, pero el amor que sentíamos, podía más que las horas, días, meses o años que pudiéramos compartir. Además, sería un razonable escape, ya que no regresaría a mi sufrido hogar. Ya no vería a ese ser tan descarriado que era mi padre. Nunca comprendí cómo mi madre lo soportó tantos años, pero en el fondo sé que todo el calvario que ella seguramente tuvo que vivir, lo hizo por mí. Detestaba las peleas, y siempre tuvo temor a que se generara un terrible conflicto si lo abandonábamos, porque según ella, nadie podría detener lo que hubiera sucedido si lo hacíamos. En mi adolescente cabeza, me parecía que exageraba, era cuestión de ponerse firme y dejarlo atrás, pero nunca accedió, ni siquiera cuando le lloriqueaba. Las palabras que expresaba en esos instantes tan caldeados, siempre eran, “todavía no comprendes querida, ten paciencia por favor”. No tenía opción, la espera se convertía en amiga inseparable. Faltaba un día para mi casamiento, y también para mi cumpleaños. Matías fue tan dulce y considerado que escogió ese día para contraer matrimonio. La felicidad me volvió a arropar y la esencia de mi nombre flotó de mi corazón hacia mi cerebro, dándole la instrucción para que dejara de pensar, y así poder disfrutar de algo que jamás olvidaría. Así fue como me relajé y seguí mi intuición, me casaría con el hombre que amaba y sé que mi madre si estuviera aquí se sentiría inmensamente feliz, ya que Matías le hubiera caído realmente excelente. Su sueño parecía cumplirse al pie de la letra, su anhelo era que yo fuera feliz por siempre junto al hombre que me mostrara un corazón puro, cariñoso y sobre todo respetuoso. La ceremonia fue organizada por la familia de él, que por cierto eran tan amables y ubicados como mi futuro esposo. Podía decir en voz alta ¡Estábamos en un paraíso terrenal! No había nada más que adjuntar. Tomé la mano de Matías en el altar, listos para convertirnos en un solo ser, llenos de amor y con un proyecto que nos haría desbordar de emoción, queríamos crear una gran familia, llenos de niños riendo y revoloteando por toda la casa, ambos acariciábamos esa idea desde hacía días. Un silencio se hizo presente, y cuando estábamos por dar nuestros votos, un chorro de sangre comenzó a brotar intensamente de la cabeza de Matías. Ingresé en un shock tan fuerte que produjo que viera a mi alrededor gente gritando, corriendo, pero todo en cámara lenta. La persona armada era mi padre, que no sólo asesinó a mi amado, sino a toda su familia y amistades. Comencé a temblar, y lo único que recuerdo de ese momento caótico, fue ver mi vestido blanquecino manchado de rojo, y sentir el placer de una mordedura sobre el cuello de mi padre. Lo devoré de una manera que olvidé que se trataba de mi progenitor. Mientras consumía su apestosa sangre recordé el mal que nos había hecho tanto a mi madre como a mí, y ahora me quitaba la única riqueza que tenía, a Matías. Me infecté con el alcohol que circulaba en su sangre, y al cabo de 10 minutos caí desplomada en el suelo, observando con los ojos al cielo que se empezaba a tornar de un negro profundo. Cuando cobré el sentido, no hice más que alejarme. Debía abandonar esa ciudad y olvidar lo ocurrido, ya que lo sucedido se asemejaba a un viejo cuento de terror, y además no comprendía nada, o mejor dicho, casi nada. La situación tomaba otro color, ahora entendía ciertas actitudes de mi madre, el porqué me quería proteger tanto, que no me enojara por acciones sin sentido de los demás, y lo que tenía que explicarme al cumplir los 18. Era claro que era un ser vampiro, y que el primero en caer sobre mis colmillos debutantes, fue el malnacido de mi padre. Yo le había despojado su vida, pero él, mucho antes, me había envenenado mi existir y mis sueños que jamás pude cumplir, porque al alejar a Matías de mi lado, destrozó una parte de mi corazón, el último trozo sano, ya que el otro se lo llevó mi madre cuando la vida y él, me la arrebataron. Finalizo algunas de mis memorias sobre este pergamino, con una última oración dedicada a mi querida madre, “Perdóname, sé que no cumplí con tu mandato sobre el respeto por la vida de los demás, es que no había alternativa, era papá, o tu hija y futuro nieto que llevaba dentro mío”. Mi hijo, un hombre bello, al igual que su padre, un poco altanero, pero seguro que su abuela estaría orgullosa de él. No cometeré el error de mi madre, no esperaré hasta sus 18 años, es tiempo de explicarle que es distinto al resto y que tendrá que cuidarse. Será más ágil y fuerte que su madre, ya que es el único y primer híbrido humano-vampiro que pisa este planeta, y es el único ser que mantiene la poca humanidad que vive dentro de mi avejentado y diminuto corazón. Sólo vivo a través de sus ojos, y espero con ansias que mi esencia, que alguna vez me obsequió mi madre, la pueda llevar dentro de él hasta el fin de su vida… Felicidad y eternidad, imploro que lo logre. FIN MUCHAS GRACIAS POR LEER

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Vacíos
ArteporAnónimo11/10/2012

Vacíos Y cuando lloro no se me acerca un dios, un ángel o un demonio. No veo cuerdas a las cuales sujetarme, parece que nadie escucha a mi interior, ni siquiera yo. Algo me sumerge en la confusión y todo parece descontrolarse, el miedo, la angustia y el desgano me aprisionan para convertirme en un esclavo eterno. Duele el existir cuando las heridas no superficiales de mi cuerpo se abren nuevamente colapsando cada partícula, saturándolas de una toxina que yo mismo cree al segundo de nacer. Estoy cansado, confundido y a la deriva, ya no sé qué hacer. ¿Un virus maligno infectó a mi cerebro y éste se ejecuta al despertar de cada día para obsequiarme una mirada vacía? No tengo control sobre mí, me da miedo cada vez que pienso ser feliz, me acostumbré tanto a sufrir como mi cuerpo a utilizar el oxígeno del aire. Me es tan normal sentirme así que ya no sé quién soy. Regalaría mi existencia a otro ser… quizás soy un error, a veces pienso por qué soy así desde que nací. Nada tiene sentido, ni lo que yo haya hecho hasta ahora, no veo cambios productivos ni nada por el estilo. Quedé en automático, es mejor así, no sirvo para conducir, y si pusiera en manual, mi cuerpo finalmente se estrellaría… aunque lo voy a pensar, porque no tengo nada que perder. Dirán la vida, pero qué vida… no veo ni siento otra cosa que malarias y sufrimientos por doquier. Si eso es la vida, la regalo, no la deseo. Antes de que naciera el mundo giraba igual, ¿cuál sería la diferencia de no estar? ¿Alguno me extrañaría? Porque a mi alrededor solo hay vacío, un vacío que pasó los límites aceptables para cualquier ser. Lo mejor de todo esto, es que todo se desvanecería y ya nada me importaría. Dudo de lo que escribiré, pero si algo existe como ser un alma, espero que encuentre un recipiente mejor donde vivir, ya que otro como éste no le va a convenir.

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