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En las arenas de Plutón
En las arenas de Plutón
Ciencia EducacionporAnónimo6/2/2018

Nuevos análisis de las imágenes de la New Horizons revelan la presencia de campos de dunas. Cuando la sonda New Horizons pasó por Plutón en julio de 2015 nos descubrió un mundo complejo y repleto de características llamativas que nadie creía posible en un mundo tan pequeño. Sin duda el gran descubrimiento fue Sputnik Planitia, el mayor glaciar del sistema solar. Compuesto principalmente por hielo de nitrógeno, Sputnik Planitia es inusualmente joven y destaca por sus estructuras poligonales de varios kilómetros de ancho y sus simas misteriosas de cien metros de profundidad. Ahora debemos añadir una nueva característica: dunas. Sí, como lo oyen, hay dunas en el cinturón de Kuiper. Naturalmente, debido a las gélidas temperaturas de Plutón —unos -230º C—, las dunas no están formadas por arena, sino por hielo de metano. Plutón se convierte así en el sexto mundo del sistema solar que sabemos que posee dunas después de Venus, la Tierra, Marte, Titán y el cometa 67P/Churyumov-Gerasimenko. Las ondulaciones en la parte de abajo pueden ser dunas de metano sobre el glaciar Sputnik Planitia de Plutón . Pero un momento. Una duna no es solo una acumulación de partículas sólidas de pequeño tamaño con una forma particular. Para que estemos ante una duna propiamente dicha necesitamos viento. En el caso de Venus, la Tierra, Marte y Titán está claro que tienen atmósfera suficientemente densas para permitir la acción eólica. El caso del cometa 67P el fenómeno es más exótico y el “viento” está formado en realidad por el vapor generado por el hielo sublimado cuando el núcleo se acerca el Sol. Pero, ¿y Plutón? Posibles dunas en Sputnik Planitia. Sputnik Planitia en todo su esplendor. El planeta enano también tiene una atmósfera, pero es extremadamente tenue. La presión en la superficie de Plutón es de unos 0,01 milibares, mientras que la de nuestro planeta alcanza los 1.013 milibares. O sea, la presión atmosférica en Plutón es cien mil veces menor que la terrestre. Formada principalmente por nitrógeno, la atmósfera de Plutón es no obstante lo bastante densa como para presentar una estructura compleja con diferentes capas de sustancias orgánicas en suspensión. Ahora bien, ¿es suficiente para explicar la formación de dunas? Dunas terrestres, marcianas y plutonianas. Las terrestres son dunas del desierto de Taklamakan (China). Recreación artística de los glaciares Sputnik Planitia por Michael Carroll, pero sin las dunas. Pues depende del material del que estén hechas las dunas y de otros factores como la gravedad de Plutón. La aceleración gravitatoria en la superficie de Plutón es de solo 0,62 ms-2, así que se podrían dar movimientos de saltación en partículas muy finas si hay vientos que soplen con una velocidad de entre 3,6 km/h y 36 km/h, una cifra que es perfectamente compatible con lo que sabemos de la atmósfera de Plutón. Las estructuras candidatas a dunas están situadas en la superficie de Sputnik Planitia. Tienen una longitud superior a los 20 kilómetros y están separadas entre 400 metros y un kilómetro. Su forma y tamaño podría explicarse si están formadas por partículas de hielo de metano o de nitrógeno de entre 200 y 300 micras. Sin embargo, es más probable que estén hechas de hielo de metano porque este compuesto es más rígido y denso que el nitrógeno a las temperaturas de Plutón —en estas condiciones el nitrógeno tiene una consistencia parecida a la pasta de dientes—. En cualquier caso, no se descarta que el nitrógeno también intervenga en su composición. En Plutón el hielo de metano también cubre la parte más elevada de ciertas montañas y también se encuentra en Sputnik Planitia junto con los hielos de nitrógeno y monóxido de carbono. Dada la edad de Sputnik Planitia las dunas no deben tener más de de medio millón de años de antigüedad. Al estar formadas por hielo de metano y situadas sobre hielo de nitrógeno, las dunas de Plutón son más parecidas a las dunas de nieve de la Antártida que a las dunas de arena del Sáhara. Dunas en el sistema solar: Tierra, Marte, Venus, Titán, 67P y Plutón. Ya hace dos años se planteó la posibilidad de que pudieran existir dunas en Plutón, aunque por entonces se creía que ciertas formaciones superficiales podían estar formadas por tolinas, al igual que en Titán. Pero la atmósfera de Plutón no es lo suficientemente densa como para crear dunas a partir de estas partículas orgánicas. Las dunas de metano se hallan paralelas a las montañas de Al-Idrisi, una cadena de montes formados por hielo de agua que probablemente flotan como cubitos de hielo en el hielo de nitrógeno. La resolución de las imágenes de la cámara LORRI no permite disponer de más detalles, pero las formaciones son consistentes con la hipótesis de que se trata de dunas. Justo es en las cercanías de cadenas montañosas como Al-Idrisi donde es más probable encontrar vientos veloces sobre Plutón, vientos que se verían reforzados por la sublimación del nitrógeno de Sputnik Planitia. Recreación artística de las montañas de hielo de agua de Plutón sobresaliendo del hielo de nitrógeno de Sputnik Planitia. Pero aunque los vientos en Plutón puedan formar estas dunas, no son suficientemente fuertes para arrancar las partículas de metano del hielo de nitrógeno circundante. Es posible que el mecanismo responsable sea la sublimación del hielo de nitrógeno subterráneo, que ocasionaría chorros de gas relativamente densos capaces de expulsar las partículas de metano. Algo similar ocurre en Tritón, el mayor satélite de Neptuno, y en el casquete polar marciano del polo norte (en este último caso con el hielo de dióxido de carbono). Plutón ha demostrado ser un mundo apasionante gracias a su complejidad geológica. Glaciares, tolinas, montañas de hielo de agua flotantes y, ahora, dunas de metano. link: https://www.youtube.com/watch?v=Sn727hSWU4s&feature=youtu.be link: https://www.youtube.com/watch?v=3rOz4u0cudo&feature=youtu.be Letra chica: aunque comentar es lo que se prefiere, los comentarios que desvirtúen serán borrados.

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Condenados al suelo
Ciencia EducacionporAnónimo6/3/2018

¿Es la Tierra el mejor mundo para poder alcanzar el espacio? La mayor parte de los casi cuatro mil planetas extrasolares que conocemos son supertierras y minineptunos, dos tipos de mundos que no existen en nuestro sistema solar. Las supertierras son, como su nombre indica, planetas rocosos más grandes que nuestro planeta (con un radio comprendido entre uno y dos veces el terrestre). Este tipo de exoplaneta bien podría ser el más idóneo para albergar vida a lo largo y ancho de la Galaxia. Las supertierras tienen una mayor gravedad y, probablemente, una mayor actividad volcánica a lo largo del tiempo, lo que permitiría mantener una atmósfera densa durante eones. La actividad interna más intensa también se traduciría en una tectónica de placas más longeva y en un campo magnético más intenso, lo que ayudaría a preservar la habitabilidad del planeta por mucho tiempo. Por estos motivos se suele clasificar estos mundos como superhabitables. Pero, desde el punto de vista de una civilización tecnológica, ¿son las supertierras las más idóneas para alcanzar el espacio? Recreación artística de una supertierra (Kepler-22b). Michael Hippke ha analizado este problema en un reciente artículo y lo cierto es es que los «superterrestres» lo tendrían bastante dificultoso para alcanzar el espacio. Para entender la cuestión necesitamos conocer dos fórmulas muy famosas. La primera es la que nos da el cálculo de la velocidad de escape de un mundo, una sencilla fórmula que se deriva de la expresión de la energía potencial gravitatoria y la conservación de la energía mecánica. Esta formulita nos dice que velocidad mínima tenemos que alcanzar para dejar atrás el pozo gravitatorio de un cuerpo celeste si queremos explorar lo que hay más allá. Fórmula para calcular la velocidad de escape de un cuerpo. La segunda fórmula tiene que ver con la famosa ecuación del cohete de Tsiolkovsky, una relación que nos da la relación entre la masa inicial y la final de un cohete en función de la velocidad de escape del motor. Proporción entre la masa inicial y final de un cohete en función de la velocidad de escape y la velocidad de salida de los gases de escape del motor. En la Tierra es bien sabido que la velocidad de escape es del orden de 11 km/s. Esta es la velocidad mínima que debemos alcanzar para explorar otros cuerpos del sistema solar. Al contrario de lo que mucha gente piensa, si llegas a la velocidad de escape no te vas a alejar de la Tierra a 11 km/s para siempre. Lo único que vas a lograr es quedarte en una órbita independiente alrededor del Sol. Si además queremos viajar a otros planetas debemos añadir a la velocidad de escape la velocidad necesaria para alcanzarlos, un término que recibe el nombre de velocidad de exceso hiperbólica. La confusión se produce porque es fácil olvidarse de que no estamos ante un problema con un solo cuerpo celeste, sino que también tenemos que tener en cuenta al Sol. Alcanzar la velocidad de escape terrestre nos debería situar en una trayectoria hiperbólica con respecto a la Tierra, pero como estamos en el sistema solar en realidad nos quedamos en una órbita elíptica alrededor del Sol. Como caso especial, para viajar a la Luna técnicamente no es necesario alcanzar la velocidad de escape y basta con situar nuestra nave en una órbita elíptica muy amplia. No obstante, la diferencia de velocidades es muy pequeña, de ahí que se suela considerar que las misiones lunares Apolo alcanzaron esta velocidad. Lanzamiento de una nave Apolo, las únicas tripuladas que habrían alcanzado una velocidad de escape extrasolar. Ahora bien, ¿qué pasa con las supertierras? Tomemos como ejemplo Kepler-20b, una supertierra de 1,7 radios terrestres y una masa cercana a diez veces la de nuestro planeta. Kepler-20b no es un mundo habitable, pero nos sirve como ejemplo de este tipo de exoplanetas ya que por encima de las dimensiones de Kepler-20b la mayor parte de mundos serán minineptunos, no supertierras. Pues bien, la velocidad de escape de Kepler-20b sería de 27 km/s. ¿Y qué implicaciones tiene esta cifra para el viaje espacial? La diferencia no parece excesiva, pero recordemos que en la ecuación de Tsiolkovsky la relación entre la masa final y la inicial de un cohete —y por tanto la masa de combustible necesaria— aumenta de forma exponencial según la velocidad final que queramos alcanzar. Para simplificar las cosas imaginemos primero un cohete de una sola etapa (SSTO) con un sistema de propulsión químico. La eficiencia de un sistema de propulsión viene dado por el impulso específico, una magnitud que es proporcional a la velocidad de las partículas de los gases de escape y que para un motor químico criogénico (hidrógeno y oxígeno líquidos) ronda los 350 segundos al nivel del mar (dejamos el empuje fuera de la ecuación porque se supone inmediato al ser un caso límite ideal). Júpiter III, un cohete gigante de fantasía (y propulsión química) capaz de situar entre 200 y 500 toneladas en LEO. Aplicando la ecuación de Tsiolkovsky nos damos cuenta de que en la Tierra un cohete de una etapa deberá tener una proporción de 26 entre la masa inicial y la final si quiere alcanzar la velocidad de escape. Esto es, por cada kg de masa final —o carga útil— deberá llevar 26 kg de combustible. Para una supertierra como Kepler-20b esta relación es de 2.700. Naturalmente esto es solo un límite inferior ideal. En realidad los cohetes tienen una masa estructural no nula y los motores poseen empujes no instantáneos que empeoran sus prestaciones, de ahí que se usen lanzadores con varias etapas para alcanzar la velocidad final. Por eso la mayor parte de cohetes tienen realmente una proporción entre la masa inicial y la final con un valor situado entre 50 y 150 (para los grandes lanzadores los valores habituales son entre 70 y 80). Si suponemos una relación de 80 entre la masa inicial y final de un cohete, para una supertierra necesitaríamos un lanzador de más de 9.000 toneladas al lanzamiento solo para situar una tonelada de carga útil en una trayectoria de escape. Esto significa que el cohete debería tener una masa tres veces superior a la del Saturno V. Claro está que una tonelada no da para mucho. Si lo que queremos es lanzar algo más provechoso, como por ejemplo el telescopio espacial James Webb, de 6,2 toneladas, tendríamos que construir un cohete con una masa mínima al lanzamiento de 55.000 toneladas (por comparación el Titanic tenía una masa de unas 50.000 toneladas). ¿Y en el caso de que los superterrestres quisieran viajar a una hipotética luna? Si tomamos las 45 toneladas de carga que el Saturno V podía poner en trayectoria lunar como referencia, estamos hablando de un cohete con una masa superior a las 400.000 toneladas (fíjate que hasta ahora no hemos tenido en cuenta el peso de semejante monstruo sobre la superficie de una supertierra, algo que depende de la densidad del planeta y que podría ser entre una y tres veces el peso terrestre). Lanzamientos masivos en un planeta con mayor masa de la Tierra serían extraordinariamente difíciles de hacer. Así que, efectivamente, las supertierras puede que sean mundos superhabitables, pero sus habitantes se verían atrapados en su superficie, incapaces no solo de viajar a otros mundos, sino quizás incluso de poner en órbita satélites meteorológicos, de comunicaciones o científicos. Y en realidad la situación puede que sea mucho peor, ya que no olvidemos que las supertierras deben tener, de media, atmósferas más densas que la nuestra. Cuanto más densa sea la atmósfera, menor serán las prestaciones de los motores ya que los gases de escape se verán frenados por el aire circundante, por no hablar del rozamiento en las etapas iniciales del vuelo. En este punto muchos se estarán preguntando si no sería posible usar otros sistemas de propulsión aparte de los motores químicos. Evidentemente, los superterrestres no tendrían más remedio que acudir a otros sistemas, pero no sería sencillo. Los motores nucleares térmicos (NTP) apenas permitirían reducir la masa de los cohetes (estos motores tienen un Isp relativamente alto en el vacío, pero a nivel del mar las prestaciones son muy parecidas a los químicos), así que la única opción viable sería la propulsión nuclear por pulsos como en el proyecto Orión. O sea, deberían emplear armas nucleares para salir al espacio, una alternativa con obvias desventajas desde el punto de vista medioambiental. También se puede usar un ascensor espacial, pero primero debemos alcanzar el espacio para construirlo, así que no creo que sea una opción viable a corto plazo, aunque a la larga seguramente es la única. Recreación de una nave de pulsos nucleares tipo Orión. Por tanto, ¿vivimos en el mejor de los mundos para el viaje espacial? Obviamente, un mundo más pequeño como Marte sería mejor, pero ya sabemos cómo ha acabado el planeta rojo. Un planeta muy pequeño es más favorable para acceder al espacio, pero puede perder su atmósfera y su condición de habitable después de unos pocos miles de millones de años. Visto lo visto, mejor la Tierra que una supertierra. Quizás, esto sea posible solamente en mundos como el nuestro. Letra chica: aunque comentar es lo que se prefiere, los comentarios que desvirtúen serán borrados.

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Hasta donde nuestra vista llega
Hasta donde nuestra vista llega
Ciencia EducacionporAnónimo7/15/2018

Intentando detectar los primeros planetas extragalácticos. Conocemos miles de planetas extrasolares y todos ellos están en nuestra Galaxia. La mayoría de estos mundos han sido descubiertos por el telescopio espacial Kepler, pero esta maravillosa herramienta solo es capaz de detectar planetas mediante el método del tránsito hasta unos 3.000 años luz de distancia. El otro método popular, el de la velocidad radial, es todavía más limitado ¿Cómo ir más lejos? Gracias al método de la microlente gravitatoria. Esta técnica nos permite ver planetas que se hallan a más de 25.000 años luz, o sea, la distancia al centro galáctico. No está mal, pero seguimos estando dentro de la Vía Láctea. El cuásar RXJ 1131−1231 distorisonado por efecto de lente gravitatoria de una galaxia más cercana. La técnica de la microlente se basa en que el campo gravitatorio de un planeta —u otro cuerpo— aumenta brevemente el brillo de una estrella de fondo de acuerdo con las ecuaciones de la relatividad general de Einstein. Gracias a la microlente ya hemos descubierto alrededor de 70 exoplanetas. La distorsión de microlente gravitatoria no debe confundirse con el efecto de lente gravitatoria a secas que podemos apreciar cuando los grandes cúmulos de galaxias distorsionan la luz de galaxias situadas mucho más lejos. Pero, ¿qué pasa si combinamos ambos métodos? Usando el aumento propiciado por el efecto de lente gravitatoria se pueden ver galaxias tremendamente lejanas. Ahora bien, a pesar del aumento de la lente gravitatoria, estamos muy lejos de ver objetos individuales como estrellas o planetas. ¿No? Efecto de lente gravitacional observado por el telescopio Keck. En principio sí, pero hay una excepción: los agujeros negros. Estas bestias cósmicas iluminan las galaxias con núcleos activos (AGN), como por ejemplo los cuásares. Por muy gigantesco que sea un agujero negro sigue siendo un objeto minúsculo comparado con una galaxia y mucho más comparado con las distancias que nos separan de un cuásar. Lo interesante es que el cuásar —o sea, el agujero negro activo rodeado de un disco de acreción— también sufre efecto de microlente al atravesar diferentes partes de las galaxias situadas en primer plano que actúan de lente. Es decir, aquí tenemos los dos fenómenos al mismo tiempo, lo que nos facilita el estudio del agujero negro y, en concreto, su disco de acreción. Vale, muy bien, ¿pero qué tiene esto que ver con los planetas? Simulación de como un agujero negro provoca la distorsión de la imagen de una galaxia al pasar por delante de ella. Pues que del mismo modo que las estrellas de la galaxia que actúa como lente distorsionan la luz del cuásar situado detrás mediante microlente, los planetas situados en la galaxia lente también pueden hacerlo. Por lo tanto, gracias a este método podemos detectar planetas que se hallan en la galaxia lente midiendo las pequeñas variaciones de brillo procedentes del cuásar. Este curioso y original método ha sido propuesto por los investigadores Xinyu Dai y Eduardo Guerras, de la Universidad de Oklahoma. Su artículo ha causado mucho revuelo y confusión en los medios. Primero, porque no, todavía no se ha detectado ningún planeta extragaláctico y segundo, porque hay una pequeña pega respecto al tipo de planetas que podemos descubrir. Efectivamente, este método favorece la detección de planetas errantes —valga la redundancia—, es decir, mundos que están a la deriva en el espacio interestelar y que no orbitan alrededor de una estrella. Vamos, que no estamos hablando de descubrir otras tierras, sino de planetas gélidos que vagan por el medio interestelar. Representación de un planeta errante. Dai y Guerras no han detectado ningún planeta en concreto, pero sí que han puesto un límite observacional a los cuerpos errantes que pueden existir en galaxias lejanas y han llegado a la conclusión de que debería haber un mínimo de dos mil planetas vagabundos con una masa comprendida entre la de la Luna y la de Júpiter por cada estrella de la secuencia principal (o bien doscientos planetas con una masa comprendida entre la de Marte y Júpiter). Resultados que coinciden con los cálculos teóricos y que fueron obtenidos mediante observaciones del cuásar RXJ 1131−1231. Este cuásar está situado a 6.000 millones de años luz y su luz ha sido distorsionada por efecto de lente gravitatoria de una galaxia situada más cerca de nosotros, a 3.800 millones de años luz. No obstante, hay que recalcar que este método sirve para descubrir planetas en la galaxia que actúa como lente, no en el cuásar situado a miles de millones de años luz. Y no solo eso, su principal objetivo no es tanto descubrir planetas extragalácticos individuales, que también, sino estimar el tamaño de la población de planetas errantes. El cuásar RXJ 1131−1231. El método de la microlente ya se propuso sin éxito hace casi dos décadas para detectar planetas extragalácticos en galaxias cercanas. En ese caso se quería hacer uso de varias campañas para buscar objetos compactos hechos de materia bariónica en nuestra Galaxia y en sus vecinas. Es decir, enanas marrones y planetas solitarios que contribuirían a la masa oculta de los halos galácticos y que son más conocidos bajo el acrónimo de MACHOs. Hasta el momento, y dejando a un lado un suceso sin confirmar que tuvo lugar en la galaxia de Andrómeda, no se ha descubierto ningún exoplaneta mediante esta técnica. Este nuevo método de Dai y Guerras combina los fenómenos de microlente y lente gravitatorias y, aunque solo descubra mundos congelados, es muy interesante. Principalmente porque desconocemos la cantidad de planetas vagabundos que existen en nuestra propia Galaxia y menos aún los que puede haber en otras. Conocer este número es clave para entender los procesos de formación estelar y planetaria. Y quién sabe, algunos de estos planetas vagabundos podría estar relativamente cerca del Sistema Solar. Imagen de una enana marrón desde un planeta cercano. Por otro lado, yo no sé tú, pero saber que entra dentro de nuestra capacidad la detección de planetas situados en otras galaxias a millones de años luz, sin importar lo congelados que estén, para mí es simplemente alucinante. Fuente: https://danielmarin.naukas.com/2018/02/10/detectando-los-primeros-planetas-extragalacticos/ Letra chica: aunque comentar es lo que se prefiere, los comentarios que desvirtúen serán borrados.

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Una canción entre dos mundos
Una canción entre dos mundos
Ciencia EducacionporAnónimo7/14/2018

Escuchando las voces de Saturno y Encélado. En sus últimas órbitas, las conocidas como Grand Finale, y que la llevaron a viajar en el espacio entre los anillos y la atmósfera del planeta, Cassini reunió y transmitió una cantidad ingente de información, de un valor incalculable por ser única. Y aún hoy se sigue estudiando, generando nuevas informaciones y abriendo nuevas ventanas a un planeta complejo hasta lo que podemos imaginar y más. Cassini durante el "Grand Finale". Una de las últimas nos lleva a la interacción que se produce entre Satuno y la pequeña Encélado, ondas de plasma tremendamente energéticas que viajan entre una y otra a través de las líneas del campo magnético de este primero. Una conexión directa entre ambos mundos que ahora podemos incluso escuchar, ya que los investigadores convirtieron la grabación de ondas de plasma en un archivo de audio, de la misma manera que una radio traduce las ondas electromagnéticas en música. En otras palabras, Cassini detectó ondas electromagnéticas en el rango de frecuencia de audio y ahora hemos podido amplificarlas y escucharlas. Representación de Encélado y el flujo de plasma desde Saturno. "Encélado es como pequeño generador girando alrededor de Saturno, y sabemos que es una fuente continua de energía", explica Ali Sulaiman, científico planetario de la Universidad de Iowa, y miembro del equipo de Radio Plasma Wave Science (RPWS). Ahora hemos encontramos que Saturno responde lanzando señales en forma de ondas de plasma, a través del circuito de líneas de campo magnético que lo conectan a su pequeña luna a cientos de miles de kilómetros de distancia". Encélado interactuando con el flujo de plasma de Saturno (el planeta y la luna no están a escala). ¿Existe algo parecido entre la Tierra y La Luna? No, ya que Encélado está inmerso en el campo magnético de Saturno y es geológicamente activo, y emite columnas de vapor de agua que se ionizan y llenan el entorno del planeta. Es una canción única, el sonido de dos mundos conectados por invisibles lazos de plasma, un puente entre señor de los anillos y quizás el mundo - fuera de la Tierra - donde más opciones existen de que la vida se haya abierto camino. Es la melodía de un lugar increíble al que ojalá un día podamos regresar. Escuchando la interacción entre ambos mundos. Los investigadores convirtieron la grabación de ondas de plasma, captadas por el instrumento RPWS (Radio Plasma Wave Science) varias semanas antres del final, en un audio de sonido. Letra chica: aunque comentar es lo que se prefiere, los comentarios que desvirtúen serán borrados.

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La comprometida pero esencial necesidad de dormir
La comprometida pero esencial necesidad de dormir
Ciencia EducacionporAnónimo7/25/2018

Profundizando en los misterios del sueño. Te cuesta concentrarte y tus párpados parecen haber perdido la batalla contra la gravedad terrestre, rebeldes a mantener los ojos abiertos. Te sientes cansado, como si soportaras una carga imaginaria sobre los hombros. Tus movimientos son torpes ya que la coordinación se ha visto reducida. Has acumulado sueño y necesitas dormir. Cierras los ojos y caes en un estado de inconsciencia. Durante ese periodo te conviertes en presa fácil para cualquiera de tus depredadores. Así mismo, estas incapacitado para alimentarte o aparearte. Aún se desconoce por qué necesitamos dormir, pero a tenor de algunos de los riesgos que conlleva (a nivel evolutivo), tiene que ser algo de vital importancia para repetirlo de manera regular durante toda nuestra vida. Y no somos los únicos. Es una necesidad común en todo el reino animal. Algo rutinario, pero increíblemente variado en forma y modo. Los delfines pueden dormir con la mitad del cerebro, mientras la otra mitad sigue alerta; cada mitad del cerebro duerme unas 4 horas al día. Los elefantes, sin embargo, apenas duermen 2 horas al día y ni siquiera de manera continuada. Incluso algunas noches no duermen… algo que nos ha pasado a todos en alguna ocasión. Pero, a diferencia de nosotros (y del resto de los animales), ellos no sienten la necesidad de recuperar el reposo perdido. Esa necesidad de sueño es uno de los aspectos que más descoloca a los investigadores. ¿Qué es lo que se acumula durante el tiempo que estamos despiertos, que desaparece mientras dormimos? ¿Es una especie de reloj interno? ¿Quizás una molécula que se acumula durante el día y necesita ser desechada al dormir? Descubrir por qué sentimos la necesidad de dormir podría ser una de las claves para entender qué nos proporciona ese reposo. Hace más de un siglo que se empezó a investigar sobre el sueño. Rene Legendre y Henri Pieron llevaron a cabo una de las investigaciones más famosas en la que no permitían dormir a perros durante periodos de 7 a 10 días. Después, extraían el líquido cefalorraquídeo y lo inyectaban en el sistema nervioso de perros sanos y reposados: los perros caían en un profundo sueño alrededor de una hora después. Ese fluido contenía algo, que se había acumulado durante la privación del sueño y que hacía dormir a los animales. La caza de ese ingrediente (que los investigadores franceses llamaron Hypnotoxin) revelaría por qué los perros caían atrapados por esa somnolencia. En la primera mitad del siglo XX otros investigadores empezaron a utilizar electrodos en humanos. Utilizando electroencefalogramas descubrieron que, lejos de apagarse, el cerebro mantenía una rutina durante el sueño. Después de que se cierren los ojos y la respiración se vuelva profunda, los garabatos de los electroencefalogramas se convierten en largas ondas. Unos 35 minutos más tarde el metabolismo se ralentiza, la respiración se normaliza y es más complicado despertarse. Las ondas generadas vuelven a ser más cortas: entramos en el llamado sueño de movimientos oculares rápidos (REM en inglés). Es la fase durante la que soñamos. Los humanos repetimos este ciclo una y otra vez, despertando al final de cada uno con la mente llena de historias que, la mayoría de las veces, somos incapaces de recordar. La necesidad de recuperar el sueño perdido afecta a esas ondas cerebrales. Cuanta más privación del sueño ha sufrido el sujeto, más grandes son las ondas cerebrales antes de la fase REM. Esta situación se ha observado en todas las criaturas que han sido analizadas con electrodos, entre otros pájaros, focas, gatos, hámsteres y delfines. Una prueba más de que el sueño no es únicamente un método para ahorrar energía y recuperar fuerzas se ha observado en los hámsteres dorados. Estos roedores interrumpen sus periodos de hibernación… para echarse una siesta. Lo que sea que les proporciona el sueño no está disponible durante la hibernación. Incluso con el metabolismo ralentizado y casi todos los procesos del cuerpo a mínimos, la necesidad de dormir sigue acumulándose. Hay algunas sustancias que han demostrado generar la necesidad de dormir, como una molécula llamada adenosina, que se ha observado almacenarse en el cerebro de ratas privadas de sueño, y desaparecer después del reposo. La adenosina es especialmente interesante porque la cafeína actúa sobre sus receptores. Cuando la cafeína se conecta a ellos, la adenosina no puede fijarse al sistema nervioso, y es lo que da al café ese poder anti-somnoliento. Esas sustancias que producen somnolencia podrían generarse en el proceso de las conexiones neuronales. Chiara Cirelli y Giulio Tononi, dos investigadores de la Universidad de Wisconsin sugieren que como esas sinapsis ocurren en el cerebro mientras estamos despiertos, “quizás dormir podría ser una buena manera para el cerebro de deshacerse de memorias e imágenes innecesarias” especula Tononi. Otro grupo de investigadores han descubierto una proteína que accede a las sinapsis poco usadas, causando su destrucción. Además, cuando esto ocurre, los niveles de adenosina suele ser altos. Quizás dormir es el momento de la limpieza. En Tsukuba (Japón) se emplaza el Instituto Internacional de Medicina Integradora del Sueño. El director Masashi Yanagisawa y sus colaboradores trabajan en un enorme proyecto de cribado con el objetivo de identificar los genes relacionados con el sueño. Cada ratón del proyecto es expuesto a una sustancia que genera mutaciones mientras está conectado a sensores que registran sus ondas cerebrales. Cuando el patrón de sueño de algún ratón es anormal (se despierta mucho o duerme demasiado) los investigadores revisan su genoma. Si hay una mutación que podría ser la causa, intentan generar la misma mutación en otros ratones y después estudian por qué esa mutación afecta al sueño. Muchos investigadores han llevando a cabo estas pruebas durante años con organismos como moscas de la fruta, consiguiendo grandes progresos; pero el beneficio de hacerlo con ratones, que son extremadamente más caros de mantener que las moscas, es la posibilidad de registrar las ondas cerebrales a través de un electroencefalograma. Hace unos años un grupo de investigadores descubrió un ratón que no era capaz de deshacerse de la necesidad de dormir. Sus ondas cerebrales durante el sueño sugerían que vivía una vida de privación total de sueño, y todos los ratones con esa mutación sufrieron los mismos síntomas. El gen que sufría la mutación se llama SIK3. Cuanta más privación del sueño padecían estos ratones, más carga química acumulaba la proteína SIK3. Los investigadores publicaron sus descubrimientos sobre los mutantes SIK3 en Nature en 2016. Aunque aún se desconoce exactamente como el gen SIK3 se relaciona con el sueño, el hecho de que la carga química se acumule en la enzima como granos de arena en la base de un reloj de arena, ilusiona tremendamente a los investigadores: “Estamos convencidos de que el SIK3 es una pieza clave” dice Yanagisawa. Por qué necesitamos dormir es, en estos momentos, un terreno desconocido y oscuro. Estos descubrimientos aparecen en el horizonte como faros en la niebla, pero los investigadores aún no saben cómo relacionarlos para tener una visión más amplia. Los científicos esperan poder aportar algo de luz en un futuro no muy lejano. Mientras tanto, los ratones seguirán durmiendo, despertándose y soñando en su nido de virutas de madera, en el Instituto Internacional de Medicina Integradora del Sueño. En sus cerebros (y en los nuestros) se encuentra la respuesta. Letra chica: aunque comentar es lo que se prefiere, los comentarios que desvirtúen serán borrados.

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Seres extremos para vacunas extremas
Seres extremos para vacunas extremas
Ciencia EducacionporAnónimo7/25/2018

Tardígrados y rosas de Jericó inspiran vacunas más resistentes. Cuando las cosas se ponen difíciles, los tipos duros se hacen los muertos. Este podría ser el lema de dos de las criaturas más resistentes de la naturaleza: la rosa de Jericó (o planta resurrección) y el tardígrado (u oso de agua). Juntos, sus asombrosos trucos bioquímicos pueden enseñar a los científicos cómo salvar millones de vidas en los países en vías de desarrollo. Las rosas de Jericó hacen referencia a un grupo de musgos del desierto que se marchitan durante los períodos de sequía, por lo que parecen estar muertos durante años o incluso décadas. Pero una vez que llueve, estas plantas recuperan su exuberancia y vuelven a ser verdes de nuevo como si nada hubiera sucedido. El oso de agua maneja un truco similar para hacerse el muerto. En esencia, este animal microscópico puede “apagarse” y durante ese tiempo, soportar algunos de los entornos más brutales conocidos por el hombre. Puede sobrevivir a temperaturas cercanas al cero absoluto y por encima de 300°F, pasar una década sin agua, soportar 1.000 veces más radiación que cualquier otro animal en la Tierra, e incluso mantenerse vivo en el vacío del espacio. En circunstancias normales, un oso de agua parece un saco de dormir con patas regordetas, pero cuando se encuentra en condiciones extremas, el saco se encoge. Si las condiciones vuelven a la normalidad, este pequeño solo necesita un poco de agua para volver a ser el que era. El secreto para la supervivencia de ambos organismos es la hibernación intensa. Básicamente se deshidratan reemplazando toda el agua de sus cuerpos con un azúcar que se endurece formando un bio-vidrio. El resultado es un estado de animación suspendida. Y aunque el proceso no funcionará para preservar a las personas (reemplazar el agua en nuestra sangre con azúcar nos mataría), sí funciona para preservar las vacunas. Oso de agua en estado de criptobiosis (hibernación intensa). La Organización Mundial de la Salud estima que cada año mueren 2 millones de niños a causa de enfermedades evitables con vacunas como la difteria, el tétanos y la tos ferina. Debido a que las vacunas contienen materiales vivos que mueren rápidamente por el calor tropical, transportarlos de manera segura hasta los necesitados puede ser una misión muy complicada. Esa es la razón por la que una empresa británica ha copiado la estrategia de los osos de agua y las rosas de Jericó. Así, han creado un azúcar conservante que endurece el material vivo del interior de las vacunas en cuentas de vidrio microscópicas, lo cual permite que las vacunas duren más de una semana en áreas con clima sofocante. Transportando vacunas en Bangladesh. Fuente: https://maikelnai.naukas.com/2018/06/27/tardigrados-y-rosas-de-jerico-inspiran-vacunas-mas-resistentes/ Letra chica: aunque comentar es lo que se prefiere, los comentarios que desvirtúen serán borrados.

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Los mundos de las estrellas adyacentes
Los mundos de las estrellas adyacentes
Ciencia EducacionporAnónimo9/9/2018

¿Pueden existir planetas habitables en los cúmulos globulares? En la deliciosa novela de Mundos en el abismo la humanidad habita el cúmulo globular de Akasa Puspa. Para los habitantes de este abigarrado conjunto de astros el viaje interestelar es posible incluso con una tecnología similar a la de nuestra civilización actual gracias a la escasa distancia media a la que se encuentran sus estrellas (y también gracias a otras ayudas que no vienen al caso). Akasa Puspa no es más que una creación de la mente humana, pero, ¿es posible la existencia de planetas potencialmente habitables en cúmulos globulares? El cúmulo globular Omega Centauri. Los cúmulos globulares son agrupaciones densas de estrellas muy antiguas con una forma esférica, de ahí su nombre. Han sido testigos de los procesos de formación de nuestra Galaxia, pero también constituyen el escenario ideal para buscar exoplanetas (hay muchísimas estrellas en el mismo campo de visión). Tras los primeros descubrimientos de planetas extrasolares por el método del tránsito los astrónomos pronto corrieron a buscarlos en cúmulos globulares. En 2000 el telescopio espacial Hubble estudió el cúmulo globular 47 Tucanae, el segundo más grande visto desde la Tierra. Los astrónomos observaron 34.000 estrellas del cúmulo con el Hubble con la esperanza de encontrar unos veinte exoplanetas. ¿El resultado? No descubrieron ni uno. Y ahora una imagen del cúmulo 47 Tucanae. Claramente algo estaba pasando en los cúmulos globulares con los planetas. El método del tránsito, al igual que el de la velocidad radial, favorece la detección de planetas grandes cercanos a sus estrellas. Pero las estrellas de los cúmulos globulares son muy antiguas y de baja metalicidad, es decir, poseen pocos elementos más pesados que el hidrógeno y el helio. Por lo tanto algunos investigadores concluyeron que la formación de planetas gigantes alrededor de estas estrellas se vería seriamente mermada. Sin embargo, todavía había esperanza para los pequeños planetas rocosos de tipo terrestre (hoy en día la relación entre metalicidad y presencia de planetas gigantes no está tan clara y, de hecho, según los análisis de los resultados de Kepler podría no existir una dependencia directa, salvo en los casos más extremos). Representación de un exoplaneta gigante gaseoso. La mayor parte de estrellas de los cúmulos globulares son más antiguas y pequeñas que el Sol. Eso significa que su zona habitable —o, mejor dicho, «zona de aguabilidad»— está más próxima a las estrellas que la zona habitable del sistema solar. Pero, ¿cómo de cerca? Los investigadores Stephen Kane y Sarah Deveny han utilizado, una vez más, las observaciones del telescopio Hubble, pero ahora del cúmulo globular Omega Centauri (ω Cen). Omega Centauri, que podría ser el núcleo de una galaxia enana canibalizada por la Vía Láctea, tiene unos diez millones de estrellas y es el más grande de los que orbitan la Galaxia, con un diámetro de 150 años luz. Como es habitual en los cúmulos globulares, la distancia media de las estrellas en el exterior del cúmulo es de un año luz aproximadamente, una cifra nada impresionante, pero en el centro las estrellas se apilan hasta alcanzar separaciones del orden de unas pocas decenas de unidades astronómicas (más o menos el tamaño del sistema solar). Los cielos de un planeta en un cúmulo globular deberían ser espectaculares. El problema es que, efectivamente, esa es la distancia media, pero las estrellas dentro de un cúmulo globular no están quietas, sino que se mueven continuamente alrededor del centro de masas y, en ocasiones, se acercan mucho más. La cuestión es entonces saber a qué distancia se pueden acercar y con que frecuencia. Kane y Deveny concluyen que, en base a la abundancia de los distintos tipos de estrellas en Omega Centauri, la distancia media de las estrellas al centro de la zona habitable es de unas 0,5 Unidades Astronómicas (75 millones de kilómetros). Esto son buenas noticias, porque significa que cuanto más cerca esté la zona habitable a las estrellas, menos probable será que los planetas sean perturbados por los encuentros cercanos con otras estrellas. Distribución de la distancia de las zonas habitables de Omega Centauri suponiendo la estimación optimista de la zona habitable (izquierda) y la tradicional (más pequeña). La fila superior es para el borde interno de la zona y la inferior para el externo. Frecuencia de encuentros entre estrellas en Omega Centauri en función de su separación durante los mismos. ¿Descorchamos el champán? Pues no, porque lamentablemente Kabe y Deveny también han calculado que en el centro del cúmulo las estrellas se aproximan entre sí a una distancia de 0,5 UA cada millón de años aproximadamente. O sea, los hipotéticos planetas habitables alrededor de la mayor parte de estrellas de Omega Centauri solo tendrían una vida media de un millón de años antes de ser expulsados por encuentros con otras estrellas. Este resultado también implica que los cúmulos globulares deben tener una enorme población de planetas errantes completamente yermos vagando entre las estrellas. Para estrellas más pequeñas, como son las enanas rojas, la zona habitable estará todavía más próxima (por ejemplo, en el caso de TRAPPIST-1 es del orden de 0,01 UA, o sea 1,5 millones de kilómetros), pero incluso en estos casos el sistema sufrirá un encuentro catastrófico a esa distancia una vez cada mil millones de años. Mil millones de años es mucho tiempo, pero recordemos que los cúmulos globulares son muy antiguos. Eso significa que hasta los planetas situados en las zonas habitables de enanas rojas más pequeñas habrán sufrido unos cuantos encuentros catastróficos a lo largo de su historia. Por supuesto, estamos hablando de estadística, así que en teoría podrían existir algunos planetas habitables en Omega Centauri que hayan sobrevivido, pero su número debe ser muy pequeño. Una enana roja, no muy buena compañera en un cúmulo globular. En definitiva, parece que podemos despedirnos de Akasa Puspa. Los cúmulos globulares son estructuras hermosas, pero repletas de cadáveres planetarios a la deriva. Vagando por el interior de un cúmulo... Fuente: https://danielmarin.naukas.com/2018/08/22/pueden-existir-planetas-habitables-en-los-cumulos-globulares/ Letra chica: aunque comentar es lo que se prefiere, los comentarios que desvirtúen serán borrados.

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Hacia donde ir ahora.
Hacia donde ir ahora.
Ciencia EducacionporAnónimoFecha desconocida

Urano, Neptuno o el cinturón de Kuiper: ¿qué debemos explorar primero? ¿Cuáles son los dos planetas peor estudiados del sistema solar? Sin lugar a duda, Urano y Neptuno. Los dos gigantes solo fueron visitados brevemente por la sonda Voyager 2 en 1986 y 1989, respectivamente, mientras que el resto de planetas ha sido explorado por, como mínimo, dos misiones espaciales. No en vano, el sistema de lunas de Urano es con diferencia el peor conocido de todos. Por si fuera poco, Urano y Neptuno son gigantes de hielo, un tipo de planeta diferente de los gigantes gaseosos como Júpiter y Saturno que es extremadamente común en nuestra Galaxia. Para la NASA la exploración de Urano y Neptuno es una prioridad, pero a largo plazo. Todavía no se ha aprobado ninguna misión para el estudio de los gigantes de hielo, pero la agencia espacial está estudiando propuestas para mandar naves más allá de 2030. En un informe que se publicó el año pasado la NASA concluía que lo ideal era —obviamente— estudiar cada planeta con un orbitador independiente. Y, puesto que esta opción es demasiado cara, el estudio prioriza un orbitador para explorar Urano y su sistema de lunas antes que Neptuno. ¿Pero es esta la solución ideal para estudiar el sistema solar exterior? Sondas para el estudio de los gigantes de hielo. Pues para algunos investigadores de la NASA, con Alan Stern —el investigador principal de la misión New Horizons— a la cabeza, la respuesta es un rotundo no. El sistema solar exterior no se limita a Urano y Neptuno: más allá hay una increíble colección de cuerpos de todos los tamaños que conocemos como el cinturón de Kuiper. La sonda New Horizons demostró precisamente que el mayor objeto del cinturón de Kuiper (KBO), el planeta enano Plutón, es un mundo fascinante e increíblemente complejo con glaciares, cordilleras, una atmósfera y cambios climáticos. La contrapropuesta de Stern y sus colegas es enviar dos sondas distintas: un orbitador de Neptuno y una sonda de sobrevuelo que pasaría por Urano y varios objetos del cinturón de Kuiper. Neptuno visto por el telescopio VLT con óptica adaptativa. Como vemos, esta propuesta contradice las conclusiones del estudio que antes citábamos, ya que prioriza un orbitador a Neptuno dotado de una subsonda atmosférica —el informe de la NASA concluyó que esta sonda atmosférica aumentaba significativamente el retorno científico de la misión— frente a uno alrededor de Urano. El objetivo detrás de esta decisión es poder estudiar en detalle Tritón, la mayor luna de Neptuno y que es al mismo tiempo un objeto del cinturón de Kuiper capturado por este gigante de hielo durante la formación del sistema solar. No obstante, también deja la puerta abierta a que el orbitador estudie Urano y que la sonda de sobrevuelo pase por Neptuno. Recordemos que el informe del año pasado concluía que ambos planetas y sus sistemas de lunas eran igualmente interesantes, pero favorecía Urano por estar más cerca, lo que se traduce en un menor tiempo de vuelo y, por lo tanto, menores costes. Las cuatro opciones principales para el estudio de Urano y Neptuno según la NASA. De izqda. a dcha.: orbitador de Neptuno con sonda atmosférica y etapa SEP, sonda de sobrevuelo de Urano con sonda atmosférica, orbitador de Urano con sonda atmosférica y orbitador de Urano sin sonda atmosférica. Resumen de las cuatro opciones de sondas elegidas por la NASA para el estudio de los gigantes de hielo. Esta nueva propuesta incluye dos naves, una sonda de tipo Flagship —o sea, con un coste de unos 2.600 millones de dólares— que orbitaría Neptuno y otra de tipo New Frontiers —con un presupuesto de unos mil millones— encargada de sobrevolar Urano y varios objetos del cinturón de Kuiper. El orbitador de Neptuno observaría el gigante de hielo entre dos y cuatro años y realizaría al menos diez sobrevuelos de Tritón. Además incluiría una subsonda para medir las características y la composición —especialmente las proporciones de isótopos— de la atmósfera neptuniana. Para rematar el viaje la sonda podría realizar un sobrevuelo de algún centauro, un tipo de cuerpos menores del sistema solar que probablemente sean objetos del cinturón de Kuiper original que resultaron perturbados por el movimiento de los gigantes de hielo cuando estos migraron al exterior del sistema solar. Urano (arriba) y Neptuno (abajo). La sonda a Urano también podría sobrevolar algún centauro, aunque su objetivo principal es, además del gigante de hielo, explorar un objeto del cinturón de Kuiper de pequeño tamaño y algún planeta enano. La nave emplearía una maniobra de asistencia gravitatoria con Urano para poder dirigirse hacia el planeta enano y otros KBOs. Gracias al empleo de esta asistencia la sonda sería capaz de visitar Orcus o Varuna sin necesidad de ninguna maniobra propulsiva. Si, además, efectuase alguna maniobra, tendría a su alcance más planetas enanos, algunos tan famosos como Haumea, Makemake o Sedna. Lo ideal es que esta nave también contase con una subsonda atmosférica para comparar la composición de Urano con la de Neptuno y averiguar de este modo cuál es el origen de las extrañas diferencias entre los dos gigantes de hielo. Como esta subsonda se sale del presupuesto su inclusión solo sería posible si otra agencia espacial —¿ESA?— colaborase en el proyecto. Las dos sondas se lanzarían mediante cohetes pesados convencionales —Falcon Heavy, Atlas V, Vulcan, etc.— o bien con un único lanzamiento del SLS. Objetos transneptunianos y KBOs más grandes. El objetivo de esta propuesta es eliminar la competencia interna entre la comunidad de investigadores planetarios que consideran que el estudio de los gigantes de hielo es la máxima prioridad en el sistema solar exterior y aquellos que son partidarios de la exploración de los KBOs. En teoría estas dos misiones deberían salir por solo 3.600 millones de dólares —al final seguro que es más—, una ganga si lo comparamos con el precio de otras sondas espaciales. Estamos hablando, ni más ni menos, de explorar la región más grande y peor conocida del sistema solar. ¿Acaso no vale la pena? Algunos planetas enanos del cinturón de Kuiper. Fuente: https://danielmarin.naukas.com/2018/07/30/urano-neptuno-o-el-cinturon-de-kuiper-que-debemos-explorar-primero/ Letra chica: aunque comentar es lo que se prefiere, los comentarios que desvirtúen serán borrados.

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Acechando al vecino más cercano (astronomía)
Ciencia EducacionporAnónimo9/20/2018

Estudiando la posible atmósfera de Proxima b con un interferómetro espacial Proxima b no solo es el exoplaneta más cercano al sistema solar, también es el exoplaneta potencialmente habitable más próximo (nunca mejor dicho). Sí, es cierto que las súperfulguraciones de la pequeña Proxima, una enana roja con muy mal genio, probablemente hagan de este planeta un lugar muy complicado para que florezca la vida tal y como la conocemos, pero a día de hoy lo único que sabemos es la masa mínima del planeta —1,3 masas terrestres— y su órbita, nada más. Bien podría ser un vergel repleto de proximianos o una roca pelada. Por eso el primer paso es saber si Proxima b tiene una atmósfera. Si la respuesta es negativa, ya sabemos qué esperar, pero si no es así, bueno, una atmósfera es una condición necesaria, aunque no suficiente, para que haya vida. Flujo de Proxima b a 10 micras (infrarrojo medio) en función de la separación con la estrella. En colores los espacios de búsqueda de varios instrumentos. Proxima b fue detectado por el método de la velocidad radial, pero para estudiar una posible atmósfera necesitamos que el planeta transite o que sea visible directamente. El primer caso sería ideal porque nos daría la posibilidad de estudiar su atmósfera fácilmente. Desgraciadamente la naturaleza no ha querido ayudarnos en este aspecto y, visto desde la Tierra, Proxima b no pasa por delante del disco de su estrella. Solo nos queda resolverlo directamente, una tarea que en el caso de cualquier otra estrella sería muy compleja o directamente imposible, pero que en este caso es factible gracias a la cercanía de Proxima. Aún así Proxima b solo se separa de su estrella 7,5 millones de kilómetros (0,05 UA), lo que se traduce en una separación angular de 35 milisegundos de arco para los terrícolas. Simulación del espectro de reflexión (izquierda) y de emisión (derecha) de Proxima b suponiendo que tenga una atmósfera de 1 bar de presión y formada por nitrógeno, dióxido de carbono, además de un océano global. Esta separación está en el límite de lo observable incluso para los telescopios terrestres de nueva generación y los telescopios espaciales con coronógrafo —uséase, el WFIRST, si es que finalmente no se cancela su instrumento con coronógrafo—. No tanto por la resolución espacial, sino por la resolución espectral. O sea, el tipo de información podemos extraer a partir de la luz procedente del planeta. Por otro lado, el máximo contraste entre el planeta y su estrella se da en la región del infrarrojo medio (unas 10 micras), una región difícil de observar desde la superficie terrestre por culpa de nuestra atmósfera. En estas longitudes de onda Proxima b llega a alcanzar una cienmilésima del brillo de su estrella, mientras que en el visible es de solo una diezmillonésima. Además es en esta zona del espectro donde se aprecian las líneas de compuestos biomarcadores como el agua, dióxido de carbono, metano y ozono. Espectro infrarrojo simulado de Proxima b suponiendo que: 1) no tenga atmósfera; 2) un planeta océano; 3) y 4): con una atmósfera similar a la Tierra. Una forma de saber si Proxima b tiene atmósfera es usar interferometría de anulación con telescopios espaciales, una técnica que, como su nombre indica, permite anular la luz de la estrella, permitiendo analizar el planeta directamente. La hipotética atmósfera de Proxima b sería claramente visible con cuatro telescopios espaciales de 75 centímetros de diámetro, cada uno separados un mínimo de 40 metros. A mayor distancia entre los telescopios, mayor resolución, pero la reducción de datos también resulta más complicado. Con esta disposición mínima se podría obtener un espectro de media resolución (R = 40) con solo un día de observación. Como comparación, el futuro telescopio E-ELT necesitaría mucho más tiempo —unas 60 noches de tiempo de observación— y solo previa mejora a sus instrumentos principales. Además únicamente podría analizar el infrarrojo cercano. El James Webb, que sí podrá ver en el infrarrojo medio, no tendrá la resolución suficiente para estudiar la atmósfera de Proxima b salvo que se lance un ocultador externo (starshade). Diferentes objetos vistos por un interferómetro espacial (izquierda). Señal de un planeta observado por un interferómetro espacial (derecha). Este pequeño interferómetro espacial sería capaz de detectar en la atmósfera de Proxima b la presencia de dióxido de carbono, agua e incluso ozono. Eso sí, pese a sus reducidas dimensiones el interferómetro usaría una serie de tecnologías que todavía no están demostradas. Con una separación mínima de 40 metros, los cuatro telescopios deberían volar en formación. Una lástima que la NASA cancelase la misión SIM Lite, un interferómetro espacial formado por dos telescopios de 50 centímetros separados 4 metros. Este observatorio habría permitido ensayar técnicas relacionadas con la interferometría espacial y es posible que ahora estuviésemos más cerca de aprobar una misión de este tipo. El principal inconveniente de esta misión para estudiar Proxima b es que no tendría muchas aplicaciones más allá de estudiar el sistema estelar más cercano y encima tampoco sería excepcionalmente barata. A cambio podríamos averiguar si Proxima b tiene una atmósfera y estudiarla dentro de pocos años. Misión SIM Lite. Fuente: https://danielmarin.naukas.com/2018/08/13/estudiando-la-posible-atmosfera-de-proxima-b-con-un-interferometro-espacial/ Letra chica: aunque comentar es lo que se prefiere, los comentarios que desvirtúen serán borrados.

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El día en que nuestro mundo se convirtió en planeta
Ciencia EducacionporAnónimo9/22/2018

Cuatro décadas desde la primera imagen de la Tierra y la Luna juntas en el espacio. Pasará a la historia como la sonda que cruzó fronteras que nadie antes había cruzado, el primero de nuestros enviados a las estrellas, ofreciendo los primeros datos desde más allá de la burbuja que nos aísla del medio interestelar y transportando en su interior un mensaje por si hipotéticas civilizaciones extraterrestres, o puede que nosotros mismos en un futuro increíblemente lejano, pudiera encontrarla. Pero hace 41 años, justo cuando estaba escribiendo las primas páginas de su leyenda, nos ofreció el primer regalo a la Humanidad, el primero de muchos que vendrían con el tiempo. La Voyager 1 mirando a casa. Fotografiar a la Tierra y La Luna desde el espacio era algo que ya se había logrado con anterioridad, pero en todos esos casos era desde la vecindad de uno de ellos. No existían desde la distancia, una lo suficientemente grande como para apreciar a ambos como lo que son, dos mundos viajando juntos en la oscuridad. Y entonces llegó la Voyager 1, cuyas miradas apuntaban hacia el exterior, hacia Júpiter, Saturno y más allá, pero que tuvo un momento para mirar atrás, tal como haría casi 20 años después, ya desde más allá de la órbita de Neptuno, para lograr su famosa fotografía en familia del Sistema Solar. El retrato del Sistema Solar, cortesía de la Voyager 1. El 18 de Septiembre de 1977, una joven Voyager 1, que llevaba sólo 11 días de vuelo, miró hacia la Tierra y la Luna, que se encontraban ya a 11,6 millones de kilómetros de distancia. Lo suficiente para captar a ambas en una sola y única toma, brillado en la oscuridad como dos hermosas joyas, una blanca y azulada, otra más apagada, de tonos grises y marrones. Llegarían otras de diversas viajeras interplanetarias, mejores y más nítidas, pero esta fue la primera, y ese día el primero en que vimos nuestro mundo convertido en un planeta. Pequeño, delicado, hermoso... todas esas cosas que sólo una visión desde la distancia y en perspectiva puede ofrecer. 13 años después, y ya desde 6000 millones de kilómetros de distancia, la Voyager 1 miraría una última vez a la Tierra, ahora convertida en un pálido punto azul. GIF El inicio del viaje. Letra chica: aunque comentar es lo que se prefiere, los comentarios que desvirtúen serán borrados.

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