DFTArg
Usuario (Argentina)
Seguramente, dentro de tus actividades de apostolado, te han preguntado por qué eres católico. Te ha tocado defender a la Iglesia, incluso de otros católicos, que no están muy convencidos de estar en el lugar correcto. Muchas veces ese esfuerzo por “convencer” y por dar argumentos para creer, se convierte en una pelea proselitista, en donde pareciera ser que el objetivo es hacer que más personas formen parte de nuestro grupo, y que al mismo tiempo, dejen de irse a otros grupos, como si se tratara de una competencia de quien tiene más gente en sus reuniones. Creo firmemente que el mejor argumento para defender tu fe, es tu propia vida. Por eso es importante que recuerdes y tengas presente el por qué eres católico y lo que implica serlo. Te cuento un poco por qué yo soy católico: Porque somos la Iglesia fundada por Jesús Desde los días de Jesús hasta nuestros tiempos, existe una sucesión apostólica ininterrumpida. Es decir, los primeros discípulos formaron a sus propios discípulos y estos a otros de forma ininterrumpida hasta nuestros días. Por eso somos la Iglesia católica, apostólica, romana; porque heredamos la enseñanza de los apóstoles de forma directa. No solo se trata de una “marca registrada” que desacredita a todo lo demás como si se tratara de copias pirateadas de menor calidad, sino que defendemos con orgullo y amor, el ser la Iglesia que Jesús fundó sobre Pedro, para dar testimonio a todo el mundo de su amor y continuar su tarea. Somos sus enviados directos, representantes de su amor y misericordia. Porque son ridículos los requisitos para entrar al grupo Básicamente el perfil de ingreso y requisitos para entrar al grupo consisten en que no hay requisitos. En efecto, la ausencia de todo lo que teóricamente se espera de un creyente es justamente aquello que el Señor prefiere al momento de escoger a sus predilectos. La creencia popular, que bordea la línea del prejuicio colectivo, hace creer a la sociedad que para ser católico hay que tener una vida intachable, inmaculada, sin falta ni error. Por eso es común escuchar expresiones del tipo:«primero voy a ordenar mi vida y luego me acercaré a Dios» o bien nos dicen a nosotros, los que hacemos apostolado tú que estás más cerca de Dios, pide por mi», ¡cómo si hubiera algo que les impidiera tener acceso a Dios y a su amor! Sin duda que esa es nuestra aspiración e ideal, luchamos a diario por alcanzar la santidad y seguir los pasos de Jesús, pero Él mismo nos dejó claros quienes eran sus favoritos y expresó decenas de veces con sus actos sobre qué personas tenía puesta su mirada, deteniéndose a hablarles, enseñarles, sanarlos y acompañarlos. Son los frágiles, los débiles, aquellos marginados de los grupos importantes, los que pecan una y otra vez, los confundidos, los que tienen fe pero no forman parte del grupo de los sabios. Todos aquellos que aparentemente quedan fuera, justamente son los que cumplen con todo lo necesario para entrar al grupo. Por la gracia sobrenatural de los sacramentos Aunque Dios no necesita de ver, tocar y sentir; nosotros sí. Somos por naturaleza, seres “sacramentales”, es decir, necesitamos visibilizar aquello que es inmaterial; no porque nos falte fe, sino porque nos ayuda a comprender los misterios y a vivirlos. Los sacramentos son eso, una expresión visible a través del servicio de la Iglesia, de una gracia invisible que Dios nos quiere dar y que ha dejado como regalo para la humanidad. En este sentido, Dios ha dispuesto y ordenado que vivamos sacramentalmente, que practiquemos los sacramentos y que los administremos como Iglesia. Por eso bautizamos, confirmamos; por eso nos acercamos al sacramento de la reconciliación, por eso recibimos su Cuerpo y su Sangre en la Eucaristía. Pero esto no es solo una representación simbólica. Es Dios real y vivo actuando de forma sobrenatural en las vidas de cada uno de nosotros. Los Sacramentos infunden en quienes los viven, una gracia especial, que nos capacita, fortalece y anima a perseverar en nuestra vida cristiana. Es Dios mismo quien se relaciona con nosotros de forma tangible. Insisto en que no es un signo o una representación, nosotros no hacemos como si Dios se acercará a nosotros, realmente se acerca, a tal punto que podemos masticarlo, que forma parte de nosotros mismos, que entra en nuestra vida de forma real. ¿Dónde más vas a poder recibir a Jesús de esta forma? Porque es un lugar para los heridos, cansados y erráticos Como ha predicado el Papa Francisco más de una vez, la Iglesia tiene que ser un hospital de campaña y ciertamente lo es. Un lugar donde podemos acoger a aquellos que el camino ha herido, aquellos que vienen sufrientes porque la vida los ha tratado con dureza, un lugar que sabe acompañar a quienes les toca experimentar la enfermedad, la pobreza y el abandono. No pienses solo en el clero y las cosas que ocurren dentro de la Misa. La Iglesia Católica es mucho más que Misas. Somos la organización mundial más grande en cuanto a ayuda a personas desfavorecidas; sean pobres, enfermos, perseguidos, refugiados, niños, jóvenes, adultos mayores. Solo piensa en una situación que afecte la dignidad de las personas y ahí encontrarás una institución dependiente de la Iglesia que se hace cargo. Pero no solo para casos extremos. Las comunidades y grupos son espacios de acogida, de encuentro amoroso y abrazo acogedor para todos aquellos que vienen cansados y abatidos. Porque creer en Jesús es una forma de creer humanizante Nada de cosas astronómicas. Nada de cosas imaginarias e intangibles. Nada de cosas mitológicas y fantasiosas. Nuestro Dios se hizo hombre y de esta forma convirtió todo lo humano en una experiencia espiritual. No hay que mirar lejos para encontrar a Dios. Como dice San Pablo, sea que comamos, bebamos o cualquier cosa que hagamos, podemos hacerla para gloria de Dios (cf 1 Corintios 10, 31), por lo tanto toda la experiencia humana, incluidas las alegrías y el dolor, son al mismo tiempo experiencias espirituales, que el mismo Dios ha vivido y que ha llenado de profundidad y significado. Nuestra cotidianidad está llena de la presencia de Dios para poder tener una relación con Él, solo basta desearlo y disponerse. Todos los aspectos de nuestra vida son un espacio para el encuentro con Dios, y si bien se nos invita a participar de celebraciones litúrgicas y actividades explícitamente espirituales, cocinar, estudiar, trabajar e incluso descansar, son oportunidades que Dios mismo nos ha dado para dejarse encontrar y llenarnos de sí. Porque experimentamos el perdón de Dios de forma real, no solo simbólica Pedir perdón de por sí es un acto valiente y noble de parte de quien ha ofendido y dañado. Pero muchas veces nos cuesta sentir que somos realmente perdonados; de hecho nos cuesta sentirlo cuando le pedimos perdón a alguien de carne y hueso, mucho más complejo aún cuando nos relacionamos con Dios. Gracias al sacramento de la reconciliación, tenemos la certeza de ser perdonados por Dios. Esto es único de la Iglesia católica y es un regalo del cual disfrutamos de forma gratuita. Jesús dejó a sus apóstoles el poder para perdonar los pecados. De ahí la importancia de la sucesión apostólica, pues ese atributo de los apóstoles no se ha perdido, sino que nos acompaña hasta el día de hoy, en donde recibimos la misericordia de Dios y literalmente nuestros pecados nos son perdonados. Porque es distinto enfrentar la vida comunitariamente No estás solo. Y es incomprensible que un cristiano experimente el abandono y la soledad si forma parte de una comunidad. Nuestra fe no es una fe individualista, no perseguimos solamente el ser mejores para superarnos a nosotros mismos o el ayudar a otros para satisfacer nuestras propias necesidades de reconocimiento. Por lo tanto, aunque irse de retiro, encontrarse profundamente con uno mismo y revisar la propia vida, son cosas importantes; solo cobran valor cuando vivimos esas experiencias junto a otros. El ser “católicos” es un adjetivo, somos universales, es decir, todo el mundo es nuestro hermano. No solo responde a que compartimos la misma liturgia en Chile, Perú, Inglaterra o Japón, sino que sabemos que tenemos hermanos espirituales en todos lados. Donde sea que vayas, encontrarás un católico. No estás solo. Porque nunca más estoy solo, todo el cielo está conmigo La vida no se acaba con la muerte física. Ángeles, santos, tus familiares y amigos difuntos, todos ellos son Iglesia también y los católicos hemos seguido las instrucciones de Dios al respecto y nos relacionamos con ellos. No hay momento del día ni lugar en el planeta en que estés sin la compañía espiritual de otros hermanos nuestros, de ángeles enviados por Dios y del mismo Dios Trinidad. Lamentablemente otras denominaciones religiosas no saben como resolver esto y han creado un abismo que los separa del cielo, convirtiéndolo en una dimensión paralela, que nunca toma contacto con aquellos que aún estamos en el mundo. Nosotros en cambio, experimentamos la comunión de los santos que nos acoge y trae el cielo a nuestro alcance para abrazarnos y darnos un adelanto de aquello que Dios Padre tiene preparado para nosotros. Porque ser lo imperfecto y frágil del grupo es lo más hermoso Jesús usa la imagen de la vid y los sarmientos, es decir del árbol y sus frutos. Nos gustaría ser esas uvas seleccionadas, de finas cepas con las que se hace el mejor vino, en cambio, muchas veces somos esas uvas caídas al suelo, pisoteadas, otras veces medio amargas o pasadas de tiempo y convertidas en pasas. Somos la “santa” Iglesia católica pero no por nuestros méritos, sino porque quien la fundó, Jesús, es Santo. Él, conociendo nuestra imperfección y fragilidad humana, nos amó y nos ama y nos escogió como su esposa, como el amor por quien entrega su vida. Si bien experimentamos como institución constantemente el dolor de las caídas, los errores y el pecado, y sabemos a conciencia que aquellas cosas que vivimos individualmente se proyectan también en forma macro a toda la Iglesia, tenemos la certeza de que esa imperfección, no nos aleja de Dios ni nos hace incompatibles con Él. Al contrario, no pretendemos ser una organización perfectamente peinada y de ropa siempre impecablemente planchada, mas, nos vemos a nosotros mismos como una obra hecha con amor por Dios, que acoge esta imperfección humana para amarla. Esto, alivia la carga, pues sabiendo que no lo podemos todo por nosotros mismos, podemos recibir de mucho mejor forma el llamado amoroso de Dios. Porque la experiencia de miles de años nos ayuda a comprender mejor la voluntad de Dios Muchas veces se critica a la Iglesia de rígida, anacrónica y que eso la convierte en una institución que no está acorde a los cambios sociales. No obstante, la Iglesia si va evolucionando, va discerniendo los signos de los tiempos, va volviendo a revisar las Escrituras y las enseñanzas de Jesús, de los profetas y de los Santos. Es por eso que podemos leer enseñanzas de santos y otros personajes reconocidos de la historia de la Iglesia, que con el pasar del tiempo se han ido reinterpretando. Esto no aplica para los Dogmas, pero sí para la vida de los cristianos y la práctica de la fe. Años de errar y acertar, de rezar y discernir comunitariamente, de volver a estudiar los textos Sagrados, nos permiten comprender de mejor manera la voluntad de Dios y ayudar a otros a acercarse a Él. Lo que creemos no es solo una lista de cosas que se le ocurrieron caprichosamente a un puñado de hombres en el primer siglo, sino que es fruto de una historia de amor; es por eso que lo que creemos, celebramos y vivimos, responde a un proceso. Ser Católicos es ser parte de una historia de amor que aún no termina de escribirse. ME GUSTARÍA SABER QUÉ OTRAS RAZONES TENES VOS PARA SER CATÓLICO. NO DUDES EN DEJARLA EN LOS COMENTARIOS. ¿Es verdad que Jesús resucitó? 6 claves que lo demuestran La iglesia surgida del Concilio de Nicea - Parte 1 La iglesia surgida del Concilio de Nicea - Parte 2 La iglesia surgida del Concilio de Nicea - Parte 3 La iglesia surgida del Concilio de Nicea - Parte 4 26 de abril: San Isidoro de Sevilla - Pasá a conocerlo ¿Hay salvación para no católicos, pagános y herejes? Versículos de emergencia para cuando estés necesitado 27 de abril: Santa Zita - Pasá a conocerla !Felicidades! ¡El aborto ha sido un éxito! ¿Qué más se sabe de la muerte de Poncio Pilato? 15 mártires que supieron cargar la Cruz con Cristo 10 mensajes de la Virgen María que todo católico debe conocer ¿Por qué mayo es el mes de María? No creo en la Iglesia, pero sí en Jesús. ¿Qué tan coherente es esta frase? 10 formas de oración que no pueden faltar en tu vida ¿Por qué los católicos hacen la Señal de la Cruz? A 100 años de Fátima: una historia de tres corazones valientes 10 hábitos que harán que tu oración sea poderosa
Familiarizarnos con la Biblia es tremendamente importante para los que hacemos apostolado, pero no solo porque tengamos que usarla como un recurso para preparar nuestras actividades o encontrar lindos versículos que darán nombre a nuestros encuentros o serán el lema inspirador de alguna de las actividades que realizamos, sino porque es Dios mismo hablándonos de su amor quien está entre esas líneas. Cómo acercarse a ella, cómo usarla en la oración y cómo profundizar en su estudio, no siempre es cosa fácil, por eso hemos querido compartir contigo esta galería en donde buscamos motivarte a su lectura pero sobre todo a que puedas abrir tu corazón para recibir a Dios que habita en su Palabra. Cuéntame cómo y cuándo usas tu Biblia y si te animas, envíame una foto, para saber cómo la tienes adornada, cómo la cuidas, qué versión utilizas y si la usas tanto que la pobre apenas se mantiene en su lugar 😉 No es solo información... Dios nos habla a través de ella Si te has dado el tiempo de mirar programas en esos canales que dan documentales, seguro has visto cosas tituladas algo así como: "los misterios de la Biblia" o los "secretos de la Biblia". Aunque puede que los tenga, es mejor idea mirar a la Biblia como un texto escrito por amor, para acompañar a la humanidad de parte de Dios, no para contarnos hechos históricos y con la intención de tener un lenguaje oculto e indescifrable. Si quieres información, para eso están los libros de historia, y de hecho hay muchos y muy buenos. No la veas solo como un instrumento apologético Seguro te ha pasado que intentas defender la fe desde la Palabra de Dios y para eso te preparas, marcas los textos controversiales, buscas argumentos dentro de la misma Biblia para contra argumentar los que te dan. Claro que la Biblia contiene todo lo necesario para defenderse por sí misma, está llena de verdad y si la estudiamos seriamente, vamos a encontrar elementos para defender nuestra fe, pero es mejor que te acerques a ella no solo para buscar buenas e ingeniosas respuestas para un debate, sino para encontrar la voz de Dios, tan necesaria para nuestras vidas. Está escrita en clave de amor No te quedes solo con los acontecimientos históricamente bélicos en donde una nación se ponía en guerra contra la otra. Tampoco te quedes con los castigos de parte de Dios para aquellos que no hicieron su voluntad. Jesús nos ha venido a explicar las escrituras con su propia vida. La Palabra de Dios fue escrita para decirnos que Él nos ama y nos quiere a su lado. Quizás el lenguaje no siempre nos ayuda tanto a comprender esa idea, pero con el corazón abierto y acercándote a ella con ternura, encontrás pasajes como:"Con cuerdas de ternura, con lazos de amor los agraria; fui para ellos como quien alza a un niño hasta sus mejillas o se inclina hasta él para darle de comer" (Oseas 11, 4). Se lee como una carta de amor, no como un libro de historia Si te ha tocado recibir una carta escrita a mano por quien amas, esas que se escribe uno cuando el amor de la juventud te hace explotar de pasión; seguro que la leías con una actitud diferente a como leías el periódico. Muchos de los acontecimientos que se relatan en la Biblia no son históricos, sino que están escritos en un lenguaje metafórico para darnos a entender una idea. Muchas de las historias que aparecen ahí tienen como objetivo tocar nuestros corazones para que nos acerquemos a Dios y el Papa Benedicto XVI lo tenía muy claro cuando nos dijo que:"en primer lugar, es preciso leer la Biblia no como un libro histórico o literario cualquiera, por importantes, hermosos o relevantes que sean sus contenidos y su autor. La Biblia hay que leerla como Palabra de Dios, es decir, entablando una conversación con Dios, que me habla y me llama a través de su Palabra. Hay que llamar a esta puerta, como afirmaba San Agustín, "he llamado a la puerta de la Palabra para encontrar finalmente lo que el Señor me quiere decir", con alma orante, con espíritu humilde, con disposición del corazón, con apertura de la mente". Es el relato más apasionante de la historia... por eso lo contamos a todo el mundo Imagina nada más que Dios se pone a crear todo por amor. Luego desarrolla un plan magistral, en donde el único objetivo es que a aquellos a los que creó para que fueran libres, libremente regresen a él y descubran porqué han sido creados. Todo eso, explicado a través de un pueblo escogido, matizado con incontables prodigios y asombrosos sucesos. Y de final para el infarto, el mismo Dios baja a la tierra para decirnos que nos ama y nos quiere de regreso. Y además la historia no se queda corta de signos milagrosos, prodigios y cosas solo dignas de Dios. ¿Acaso no te apasiona una historia así?. Por eso, porque es una buena noticia, los cristianos amamos la Palabra de Dios. Su estudio sí o sí debe ser espiritual, no solo teórico Es importante estudiarla y conocerla, pues nuestra fe tiene sus cimientos en ella, pero el que sea estudiada teóricamente no le quita lo espiritual. La Lectio Divina es una metodología que a muchos ayuda a poder acercarse a la Biblia de forma orante y sencilla. Son 4 pasos: Lectura, Meditación, Oración y Contemplación y te compartimos el sitio web "Lectionautas" en donde hay mucha información sobre como realizarla, hay muchas ayudas y Lectio Divina hechas para ayudarnos a entrar en el método. Así como este método, hay muchos más, pero la CELAM (Conferencia Latinoamericana de Obispos) nos propone esta. No es un conjunto de buenas frases Gracias a las populares tarjetas del tipo "pan de la Palabra" o "pan de vida", algunos han tomado el hábito de acercarse a la Biblia solo como una buena frase para poner bajo una foto en nuestras redes sociales, aunque algunos más "espirituales" lo toman una especie de predicción sobre el futuro o como una instrucción de parte de Dios para aplicarla en la vida. De hecho hay quienes abren la Biblia azarosamente esperando encontrar alguna respuesta arbitrariamente poniendo el dedo sobre el primer versículo que ven. Dios nos quiere hablar a través de su Palabra, pero no quiere que la usemos al azar. Imagina como sería que hoy Dios te muestre el siguiente versículo: "Entonces Judas, arrojando en el templo las monedas, se retiró, luego fue y se ahorcó" (Mateo 27, 5). ¿Qué haces después de ese versículo? Mejor nos acercamos a ella sin el azar ni con versículos aislados. Si deseas saber que quiere decirte Dios hoy, revisa el Evangelio del Día, que son las lecturas que se utilizan en misa hoy en todo el mundo. Familiarízate con ella... es para ti Cuenta un relato que dos Obispos iban sentados en un avión de viaje a una reunión. Uno de ellos tenía una Biblia espectacular, bordes dorados, las tapas de cuero con motivos en relieve, una edición de verdad de lujo y muy bien cuidada, se notaba que para él era un tesoro. El otro tenía una Biblia Latinoamericana, muy a mal traer, con las hojas todas dobladas en las esquinas, las tapas con un poco de cinta adhesiva para mantenerlas en su lugar; estaba llena de marcadores, subrayada, con papeles saliendo de ella por todas partes... Realmente era lo que podemos llamar: "una Biblia de combate". El de la Biblia de lujo, mirando con desprecio y sorpresa le dice: "Monseñor, ¿Cómo puede tratar así a la Sagrada Bíblia, acaso no le da vergüenza?" A lo que el otro responde: "Vergüenza me daría usar la Biblia como un adorno, seguro cuando el Señor inspiró a los autores, lo hizo para que la leyéramos, eso es lo que hago a diario y muchas veces." ¿Cómo está tu Biblia? ¿Es sólo un adorno en el velador o su lectura forma parte de tu vida? El vicio de los que hacemos apostolado: usarla como una herramienta Aquellos que hacemos apostolado, como tú y como yo, sin darnos cuenta, en ocasiones caemos en un hábito que, aunque no está mal, tampoco está para nada bien: tomamos la Biblia solo cuando tenemos que preparar algo, la usamos como una herramienta para nuestro apostolado y nada más. Nos pasa sin querer, pero al estar sumergidos en muchas actividades pastorales, estamos siempre con la Biblia en la mochila, toda marcada y subrayada, pero todo lo que tenemos destacado son los textos que vamos a usar en nuestra próxima charla o reflexión en nuestra comunidad y de lo que menos hay, son aquellos textos en los que Dios nos ha hablado al corazón en nuestra oración íntima. La Palabra de Dios también es para nosotros, no solo para que se la expliquemos a aquellos a quienes servimos. Léela también para ti. Debemos intepretarla con ayuda Es buena idea acercarse a ella con todas las ganas posibles, pero al mismo tiempo con prudencia, pues su interpretación no siempre es cosa fácil. De hecho el que sea interpretada de forma arbitraria, es lo que condice a errores en la fe. El Papa Benedicto XVI, un experto en asuntos relacionados a la Biblia nos dice que: "La Sagrada Escritura nos introduce en la comunión con la familia de Dios. Por ello, no se puede leer a ráfagas y a ventoleras. No basta con una lectura individual, menos aún con una búsqueda y sensibilidad fundamentalista. Hay que dejarse ayudar por los grandes maestros de la Palabra de Dios que tienen experiencia de la fe, que han penetrado en el sentido de la Sagrada Escritura, y por los miembros de nuestras propias comunidades. Por supuesto, que es precisa una lectura personal de la Biblia. Pero lectura personal no significa hacerlo fuera de la comunión de la Iglesia". Es una buena idea recordar que fue escrita por hombres en un contexto Lo primero es que no debes olvidar que lo que nosotros leemos son "traducciones de la Biblia", habiendo unas más fieles que otras, por lo tanto, aunque el mensaje es el mismo, el lenguaje puede cambiar. Por eso es bueno tener más de una traducción e ir comparando. Considerando que es una traducción, es importante saber de qué lengua se tradujo y así comprender un poco del contexto en que fue escrita. Muchos libros fueron escritos en hebrero, otros tantos en griego, algunos en arameo. Comprendiendo eso, es más fácil acercarse a aquellos pasajes que hablan del rol de la mujer o del culto y celebraciones religiosas. Todo lo que está escrito, aunque inspirado por Dios, también está bajo las costumbres y cultura de la época, por lo tanto averiguar sobre ese contexto, es importante para no equivocarse en la interpretación. Recuerda siempre el mensaje principal que contiene: Dios te ama Sobre la Biblia, hay una cosa que no debes olvidar nunca: el tema principal de toda la Sagrada Escritura es que Dios te ama, te quiere a su lado, hace todo lo posible porque experimentes ese amor y luego, tu misma salgas a contarle a todo el mundo sobre cómo tu corazón es renovado por su misericordia. Te invitamos a que guardes en tu corazón esta declaración de amor de parte de Dios para ti: "Y es que tú vales mucho para mi, eres valioso y yo te amo" (Isaías 43, 4a). 10 citas biblicas para dejar tus problemas en las manos de Dios 10 sencillas razones por las que soy católico ¿Sí te digo que tu vida cambia en este post? ¿Me crees? 10 mensajes de la Virgen María que todos deberían conocer ¡Felicidades! ¡El aborto ha sido un éxito! Te devuelvo las ganas de vivir Las cosas buenas que hace la Iglesia y los hipócritas nunca te lo recuerdan HACE CLICK AQUÍ SI QUERES REVISAR MIS OTROS APORTES

Todos nos hemos hecho alguna vez esa pregunta. Y quizás no todos tengamos la respuesta clara. Es probable que en ocasiones dudemos. Si eres de los que se hace preguntas y quiere seguir investigando sobre la existencia de Dios, aquí tienes un vídeo con algunas respuestas (y muchas otras preguntas). ¿Puede la ciencia demostrar la existencia de Dios? La ciencia no puede demostrar la existencia de Dios porque la ciencia, en el sentido moderno de la palabra, vale sólo para las cosas perceptibles por los sentidos, puesto que sólo sobre éstas pueden ejercitarse los instrumentos de investigación y de verificación de que se sirven las ciencias experimentales. Pretender probar en un laboratorio la existencia de Dios equivaldría a reducirlo al rango de los seres de nuestro mundo, lo cual supondría un error metodológico de partida. ¿Puede la ciencia demostrar la no existencia de Dios? No. En absoluto. Por la misma razón que no puede demostrar su existencia, porque el método científico no puede responder a la pregunta por la existencia de un Ser que, si existe, excede completamente los límites de la ciencia. La ciencia debe reconocer sus límites: no puede ni afirmar ni negar la existencia de Dios. Hay quien piensa que la ciencia, a medida que se va desarrollando, va destruyendo poco a poco la necesidad de creer en Dios, hasta que llegará un momento en que ya podremos explicarlo todo por nosotros mismos, y quedará en evidencia la inexistencia de Dios. Se trata de una concepción cientificista, y, hay que decirlo, bastante simplista, pues cuanto más avanza la ciencia en su conocimiento de las cosas, más se confirma la exigencia de que exista una Inteligencia superior que las ha creado y ordenado. ¿Puede la ciencia aportar algo a la fe? Si, sin duda. Dios ha dotado al hombre de inteligencia para que se pregunte por las cosas, para que busque, y encuentre. De manera que, aunque las ciencias experimentales no puedan demostrar la existencia de Dios, los científicos pueden descubrir en el mundo las razones para afirmar la existencia de un Ser que lo supera. Muchos científicos han hecho este descubrimiento, y en sus investigaciones han encontrado múltiples argumentos para afirmar que la existencia de Dios es razonable. Así lo expresaba Pierre-Paul Grassé, famoso zoólogo francés: “Si yo he vuelto a la fe ha sido a través de la ciencia, a través de un proceso científico (…). El azar no puede ser una explicación. Es materialmente imposible. Esta opinión la comparten también los físicos: por falta de tiempo y por no haber suficientes combinaciones posibles. Una suma de azares no crea una ley; una suma de azares no crea la adaptación (…)”. ¿Cuál es la relación entre fe y ciencia? No puede haber nunca desacuerdo entre fe y ciencia. Todo tiene su origen en Dios, y Dios no puede negarse a sí mismo, ni lo verdadero puede contradecir jamás a lo verdadero. Como señala Juan Pablo II en su encíclica Fides et ratio, “No hay motivo de competitividad alguna entre la razón y la fe: una está dentro de la otra y cada una tiene su propio espacio de realización”. “En Dios está el origen de cada cosa, en El se encuentra la plenitud del misterio, y ésta es su gloria; al hombre le corresponde la misión de investigar con su razón la verdad, y en esto consiste su grandeza”. ¿Qué le aporta la fe a la ciencia? La fe protege a la razón de toda tentación de desconfianza en sus propias capacidades, la estimula a abrirse a horizontes cada vez más amplios, mantiene viva en ella la búsqueda de los fundamentos y, cuando la propia razón se aplica a la esfera sobrenatural de la relación entre Dios y el hombre, enriquece su trabajo. Benedicto XVI propone que para salir de la situación de relativismo en relación con el alcance del conocimiento de la razón, hay que ampliar el concepto de razón y de su uso. Para lograrlo, es preciso que la razón y la fe se reencuentren de un modo nuevo, superando la limitación que la razón se impone a sí misma de reducirse a lo que se puede verificar con la experimentación, y se vuelva a abrir su horizonte en toda su amplitud. ¿Cómo hay que interpretar el relato bíblico de la creación? ¿Tiene alguna relevancia para nuestra vida? La primera página de la Biblia nos dice que “en el principio, Dios creó el cielo y la tierra” (Gn 1,1), y a continuación nos ofrece el conocido relato de la creación en seis días. Obviamente, no se pueden interpretar estos primeros capítulos del Génesis de forma literal, pues nos podría ocurrir lo que a Einstein, que perdió la fe a los nueve años cuando comenzó a leer libros de divulgación científica, porque había contradicción entre ellos y el primer capítulo del Génesis. Pero tampoco podemos pensar que se trata de un mito o de una pura ficción alegórica. Los primeros capítulos del Génesis nos quieren transmitir una verdad, y lo hacen a través de un relato. La verdad que nos quieren transmitir es una interpretación de la historia humana recurriendo al origen. Y es que la cuestión de nuestro origen es tan importante para toda la vida humana que Dios nos ha querido revelar todo lo que es necesario conocer a este respecto. Del capítulo 1 del Génesis podemos sacar tres conclusiones importantísimas: que todo lo que existe es obra de Dios; que sólo Él es creador y que todo lo que existe es bueno y depende de Él(1). Esto es lo que nos enseña la Biblia sobre el origen del Universo. La Biblia no nos enseña Física ni Astronomía, la Biblia nos enseña lo que no podemos averiguar por nosotros mismos y necesitamos saber para el sentido y la orientación de nuestra vida y de nuestro obrar. Como decía Galileo, la Biblia nos enseña “no cómo van los cielos, sino cómo se va al Cielo”. (1)Ibid., 290. ¿En qué consiste tener fe para un cristiano? Los cristianos no creemos simplemente una serie de proposiciones teóricas acerca de Dios, sino que creemos en Alguien real, vivo, personal, con quien nos relacionamos y nos comprometemos.La fe es un encuentro personal del hombre con Dios en Cristo. La fe no puede ser algo puramente intelectual, porque Dios no es una idea, ni una teoría, sino Alguien que se dirige al corazón del hombre esperando una respuesta, y esa respuesta debe brotar, también, desde el corazón. Pero la fe tampoco se puede reducir al nivel meramente afectivo, sino que implica la entrega de todo nuestro ser a Aquel que nos ha creado y nos ama. En una palabra, es un acto de confianza absoluta. La fe consiste en decir sí a Dios y decir sí al proyecto de Dios. La fe consiste en decir sí a la invitación de Dios, confiarse a Él, comprometerse con Él, dejarse amar por Él y corresponder a ese amor. Confiar en Dios implica estar dispuesto a dejarse transformar y a cambiar de vida, dejando que sea Él quien conduzca nuestra vida. La fe consiste en una disponibilidad total, y en la confianza inquebrantable en Dios, que nunca defrauda, porque es fiel (1 Cor 1,9). ¿Podemos elegir nosotros mismos tener o no tener fe? La acogida y adhesión personal a Jesucristo es posible sólo gracias a un don. Ningún hombre puede llegar a tener fe con sus solas fuerzas naturales, por mucho que se esfuerce. No basta con “querer creer”: hay que recibir el don de lo alto. Por eso hay quienes quisieran creer y no pueden. La fe es un don absolutamente gratuito, una virtud sobrenatural infundida por Dios (Catecismo de la Iglesia Católica, 153). Por tanto, no puede haber fe allí donde no ha habido una llamada particular de Dios, una atracción que ha resonado en el alma del creyente y lo ha impulsado a acoger la palabra divina. Por eso dice el profeta Jeremías: “Me has seducido, Yahveh, y me dejé seducir; me has agarrado, y me has podido” (Jer 20,7).o” (Jer 20,7). Entonces, si la fe es un don de Dios, ¿quiere esto decir que la fe se nos impone? La acción de Dios no se impone al hombre, sino que requiere una adhesión libre y consciente. La fe es indisolublemente gracia y respuesta libre del hombre. La fe es, pues, un acto libre, un compromiso libremente asumido, la adhesión voluntaria y libre de todo nuestro ser al Dios vivo que se manifiesta en nuestro corazón. Dios llama a los hombres a servirle en espíritu y en verdad, por lo que quedan vinculados por su conciencia, pero se trata de una invitación, nunca de una coacción. Cristo invitó a la fe y a la conversión, pero no forzó jamás a nadie. “Dio testimonio de la verdad, pero no quiso imponerla por la fuerza a los que le contradecían. Pues su reino… crece por el amor con que Cristo, exaltado en la cruz, atrae a los hombres hacia Él” (Concilio Vaticano II, Declaración Dignitatis humanae, 11). Los que reciben la llamada de Dios pueden aceptarla o rechazarla; pueden abrir su corazón o cerrarlo. Dios respeta nuestra libertad hasta tal punto que se arriesga a ser rechazado y despreciado por el hombre. El que quiera vivir de espaldas a Dios puede hacerlo, aunque haría bien en tener en cuenta que es una decisión que tiene consecuencias eternas, pues el rechazo a Dios no puede ser indiferente, sino que es siempre culpable (Jn 3,18; 8,24; Lc 8,10; Mt 13,11; 2 Ts 1,8-2; 2,10-12; Rm 10,16; 1 Tim 1,19). Y es importante destacar que nadie pierde la fe sin culpa propia, ya que Dios no abandona a nadie, si no es Él abandonado primero. ¿Puede una persona razonable y sensata tener fe? La acogida de la fe no es un acto irracional, un abandono irresponsable y ciego. Ciertamente, el contenido objetivo de la fe no es algo evidente ni demostrable, pues si fuera objeto de una demostración racional no sería un acto libre. Pero eso no quiere decir que en el acto de fe se prescinda por completo de la razón. “El creyente tiene, por lo menos, que haber conocido por sí mismo lo bastante para comprender de qué se trata” (Josef Pieper, Las virtudes fundamentales, Rialp, Madrid 1997, p. 306). Si la Palabra de Dios nos resultara total y completamente incomprensible no podríamos ni creer ni dejar de creer en ella. ¿Cómo podríamos creer en Cristo y en su mensaje, si no fuésemos capaces de entender absolutamente nada? No se puede tener fe en algo que carece de sentido. Por eso dice San Agustín que sin previo saber no hay fe alguna, y que nadie puede creer a Dios si no entiende alguna cosa. Y Santo Tomás afirma que “el hombre no podría asentir por la fe a ninguna proposición, si no la entendiese de alguna manera”. 10 citas biblicas para dejar tus problemas en las manos de Dios 10 sencillas razones por las que soy católico ¿Sí te digo que tu vida cambia en este post? ¿Me crees? 10 mensajes de la Virgen María que todos deberían conocer ¡Felicidades! ¡El aborto ha sido un éxito! Te devuelvo las ganas de vivir Las cosas buenas que hace la Iglesia y los hipócritas nunca te lo recuerdan ¿Cómo rezar el rosario? Guía visual, paso por paso HACE CLICK AQUÍ SI QUERES REVISAR MIS OTROS APORTES

Si existe Dios y dicen que es bueno y todopoderoso… ¿por qué no impide el mal en el mundo?, ¿por qué sufrimos? Nos encontramos ante el problema del mal, nunca completamente resuelto. Pero si quieres investigar un poco más, si no te vale cualquier respuesta, con este vídeo puedes seguir buscando. ¿Ha creado Dios el mal y el sufrimiento? Dios es Bueno, inmensa e infinitamente Bueno. En cuanto Bueno, creó cosas buenas. Entonces, ¿dónde está el mal y de dónde proviene? ¿Cómo encaja el mal dentro de un universo creado y ordenado por Dios? Quizá, antes de preguntarnos por el origen del mal, deberíamos preguntarnos por su naturaleza, es decir, ¿qué es el mal? Esto es lo que hace san Agustín, y llega a la conclusión de que el mal no es. El mal, explica, es la ausencia de bien. Y si el mal no es, ya no es preciso discurrir sobre la procedencia de algo que no es. Si Dios no ha creado el mal, ¿de dónde procede? Lo primero que hay que hacer es distinguir entre el mal moral y el mal físico, es decir, entre el mal causado por nosotros mismos y el mal cuya causa está en la naturaleza. De manera que el origen del mal moral está en nuestra libertad, o, mejor dicho, en el mal uso que hacemos de nuestra libertad, y es, por tanto, responsabilidad nuestra. Aquí podemos hablar del terrorismo, de las guerras, del hambre en el mundo; y también del egoísmo, de la envidia, del odio, de la incomprensión, y de un larguísimo etcétera. El origen inmediato del mal físico es la naturaleza. A veces de ciertos fenómenos naturales se deriva destrucción y sufrimiento. Dichos fenómenos naturales se derivan de las leyes físicas y son necesarios para que el universo físico mantenga su equilibrio. En sí mismos no podemos decir que sean malos. Sin duda alguna, el mal más profundo es el que tiene su origen en el corazón del hombre. La prueba más evidente está en el hecho de que se puede sufrir y ser feliz. Sin embargo, no se puede ser malo y auténticamente feliz. La enfermedad, la muerte, las desgracias espantosas causadas por catástrofes naturales son, ciertamente, una fuente inagotable de sufrimientos. Pero el mal que tiene su origen en el odio, en la envidia, en la crueldad, ese mal que sale del corazón es lo que ahoga la vida del ser humano y lo que se hace más insoportable. ¿Podemos sacar algún bien del sufrimiento? Hay quien sostiene que el mal y el sufrimiento son necesarios para que podamos madurar y para que podamos apreciar las cosas buenas de la vida. ¿Puede una persona que nunca ha sufrido alcanzar la madurez psíquica y emocional? El famoso escritor inglés C.S. Lewis sostiene en alguna de sus obras que el sufrimiento es como el cincel que utiliza Dios para irnos moldeando, para hacernos mejores (CS Lewis, El problema del dolor, Rialp, Madrid 1999). En todos los tiempos y en todas las culturas encontramos proverbios que destacan el valor educativo del sufrimiento. Ciertamente, cuando alguien es capaz de enfrentarse al sufrimiento y de superarse, midiéndose con la dificultad, puede obtener algún beneficio de la prueba a la que se ha visto sometido.En este sentido se han pronunciado muchos hombres ilustres: “Hay cosas que no se ven como es debido hasta que las miran unos ojos que han llorado” (Luis Veuillot). “El hombre es un aprendiz, el dolor es su maestro, y nadie se conoce hasta que ha sufrido” (Alfred de Musset). “El hombre se mide cuando se mide con el obstáculo” (Sain-Exupéry). Son frases bonitas, y tienen un punto de razón. Pero hay que reconocer que no producen ningún consuelo a quien se encuentra sumido en el sufrimiento. En todo caso, pueden ayudar a quien se ha enfrentado a la dificultad, al fracaso, al dolor, y lo ha superado. Ahora podríamos preguntarnos, ¿por qué no creó Dios un mundo sin pecado? La respuesta a esta pregunta es que eso fue, precisamente, lo que Dios hizo: en el principio, Dios creó un mundo sin pecado, tal como nos cuenta el Génesis. Pero el hombre utilizó su libertad para el mal, para el pecado. Entonces, podemos seguir preguntando, ¿por qué creó Dios un mundo en el que iba a entrar el pecado con tan desastrosas consecuencias? ¿Por qué no creó Dios un hombre sin libertad para pecar? Preguntar por qué Dios no creó seres humanos sin libertad para pecar es como preguntar por qué no creó los círculos cuadrados. Un mundo sin libertad sería un mundo sin seres humanos. La libertad es algo que pertenece a nuestra esencia. No puede haber seres humanos sin libertad. Si Dios hubiera creado un mundo sin libertad, ese sería un mundo sin odio, pero también sin amor; un mundo sin pecado, y también sin virtud; un mundo sin sufrimiento, pero también un mundo sin alegría. Dios nos ha dado una voluntad libre para que podamos amar, a Él y a los demás hombres, porque sin libertad no puede haber amor, sólo puede haber necesidad. El amor, para ser tal, tiene que ser voluntario. Claro que, al crearnos libres Dios corría el riesgo de que el hombre utilizara su libertad no para amarle, sino para apartarse de Él; no para hacer el bien, sino para hacer el mal. En ese sentido, podemos decir que el pecado es el precio del amor. Desde el momento en que Dios decide crear al ser humano, racional y libre, estaba asumiendo la posibilidad de que el hombre pecara. ¿Por qué? Porque, Dios es de tal modo bueno y poderoso que puede sacar bien del mismo mal. ¿Cómo puede Dios sacar bien incluso del mal? Ofreciéndonos su ayuda para obtener bienes superiores de todo el mal que padecemos (aunque no por esto el mal se convierte en un bien) . Ahora bien, esto no equivale a concebir la Providencia de Dios no como un plan que está colgando sobre nuestras cabezas, como un destino inexorable. La Providencia divina es una presencia, una compañía ofrecida al hombre. Presupone, por lo tanto, la entrega del hombre, su confianza y abandono en las suaves manos de Dios. Claro, que el hombre puede admitir esa compañía, esa ayuda de Dios en su vida, o puede rechazarla. Dios no nos coacciona, no nos fuerza. Dios nos ofrece su ayuda, pero no nos la impone. Dios actúa con suma delicadeza: actúa amándonos, inspirándonos, hablándonos al oído, suscitándonos ideas y sentimientos, inclinando nuestra voluntad, atrayéndonos hacia sí. A veces Dios interviene en nuestra vida de forma misteriosa y nos cuesta reconocer el modo en que nos ha ido guiando. Otras veces podemos reconocer su intervención a través de las personas que va poniendo en nuestro camino, de los talentos que recibimos, a través de los acontecimientos que nos van sucediendo, de las inquietudes que despierta en nosotros. De ello nos ofrece algunos ejemplos la Biblia, en la historia de José, de Moisés y de Tobías. Y también podemos encontrar ejemplos impresionantes en la vida de grandes santos, como San Ignacio de Loyola, que resultó herido en el asedio de Pamplona y su forzado reposo le permitió leer una serie de libros de espiritualidad que provocaron en él un cambio radical de vida. Un caso similar es el de San Francisco de Asís, que fue hecho prisionero y encarcelado en Perusa a la edad de veinte años, lo cual le permitió revisar toda su vida, hasta entonces vacía y superficial, y convertirse en uno de los santos más grandes de la historia de la Iglesia. Una herida de bala y una estancia obligada en la cárcel son, indudablemente, un mal. Pero Dios estaba allí para ayudar a estos dos hombres a aprovechar esos momentos de dolor y conducirles a la obtención de un bien superior. Entonces, ¿qué implica creer en la Providencia divina? Creer en la Providencia equivale a vivir siempre confiado en Dios, sabiendo que estamos en sus manos, que nada ocurre sin que Él lo permita y que, siendo como es el Sumo Bien, todo va a redundar en beneficio nuestro. Creer en la Providencia equivale a creer que el amor de Dios no se deja vencer por el mal, sino que, “vence con el bien al mal” (Rom 12,21). Así, cuando una persona cae enferma, los médicos tratarán de hallar la causa de dicha enfermedad, que podrá ser un virus, una bacteria, el mal funcionamiento de un órgano, o lo que sea. Pero lo que no se les ocurrirá decir es que Dios es el causante de la enfermedad. Cuando alguien se mata en un accidente de coche, la causa puede haber sido un fallo mecánico, un perro que se cruzó en la carretera o una placa de hielo. Lo que no podemos pensar es que Dios puso ahí esa placa de hielo o ese perro para que el coche se estrellara, ni que estuvo manipulando el motor la noche anterior. De la misma manera, ante una desgracia cualquiera, un cristiano no puede pensar que Dios es la causa de ese sufrimiento. Lo que el cristiano debe saber y sentir es que si Dios ha permitido ese dolor o esa desgracia, es porque va a sacar de ahí un bien superior. De manera que el significado de la Providencia de Dios en el mundo se manifiesta verdaderamente cuando promueve y extrae el bien de todas las formas de mal existentes en el mundo y en el hombre. Este es el contenido fundamental del mensaje salvador de Cristo: Entonces, ¿cuál debe ser la actitud del cristiano ante el dolor y el sufrimiento? El cristiano tiene la obligación de esforzarse por construir un mundo mejor, en el que reinen la justicia y el amor. La confianza absoluta que debemos tener en Dios no nos dispensa nunca de obrar. La afirmación bíblica de la Providencia universal de Dios no puede degenerar en fatalismo ni en apatía, pues la Biblia afirma reiteradamente que Dios ha creado a los hombres libres y que tenemos el deber de usar bien esa libertad. Por eso, en la visión cristiana, la historia es obra conjunta de la Providencia de Dios y de la libertad del hombre: Dios crea el mundo y actúa en él mediante su Providencia; y el hombre con su inteligencia y su libertad debe colaborar con Dios en la perfección del mundo. El cristiano no puede desentenderse de las realidades mundanas, no puede quedarse “pasmado mirando al cielo”, porque tiene un compromiso en la perfección del mundo. Pero, seguimos preguntando ¿qué hace Dios ante la realidad del sufrimiento? Si miramos a Dios buscando una respuesta ante tanto sufrimiento nos encontraremos con que la respuesta de Dios es Jesucristo en la cruz. Esa es la respuesta desconcertante de Dios. En la cruz nos encontramos con Cristo desfigurado, roto de dolor, desgarrado, rechazado por todos, maldecido por los hombres: pero sin dejar de amarlos. En la cruz encontramos a Dios que hace suyo nuestro dolor y no nos deja solos en la noche oscura del sufrimiento. Si el misterio del mal es indescifrable, el del amor de Dios lo es más todavía. Desde la cruz Cristo nos revela la locura de su amor y nos invita a volver a la casa del Padre, y sabemos que el Padre está esperándonos con los brazos abiertos. Cristo no ha venido a suprimir el sufrimiento, ni a explicarlo: lo que ha hecho ha sido darle un sentido nuevo. Asumiendo el dolor y el sufrimiento, compartiéndolo con los hombres, lo ha convertido en misterio de salvación. La fe en el sacrificio de Cristo en la cruz es la única respuesta válida al problema del mal. Mejor dicho, no es la respuesta sino la “buena noticia”: el amor triunfa sobre el mal. Cristo ha venido al mundo para salvarnos, para librarnos del pecado. Cristo puede hacernos superar nuestras miserias, nuestros egoísmos, nuestras envidias, en definitiva, puede hacer que los hombres dejemos de hacernos el mal unos a otros. El cristianismo, por tanto, no puede suprimir el dolor ni el sufrimiento en esta vida, sólo puede, mirando a la cruz, llenarlo de sentido. ¿Resignación? o ¿Esperanza? Por otra parte, sabemos que los sufrimientos de esta vida se acabarán y que en el mundo futuro que Dios nos tiene prometido, “pondrá su morada entre ellos y ellos serán su pueblo y él, Dios-con-ellos, será su Dios. Y enjugará toda lágrima de sus ojos, y no habrá ya muerte ni habrá llanto, ni gritos ni fatigas, porque el mundo viejo ha pasado” (Ap 21,3-4). Ahora bien, todo esto no nos puede llevar a una actitud de mera resignación. En el Evangelio no encontramos ni resignación ni conformismo. El Evangelio enseña que el mal puede ser vencido con el bien y, por tanto, no levanta la bandera de la resignación sino la bandera de la esperanza. Como decía Martín Descalzo que “no hay que confundir resignación con aceptación serena de la realidad, siempre que se entienda que la realidad no es una piedra para sentarse en ella a llorar, sino un trampolín en el que hay que apoyar bien los pies para saltar constantemente hacia otra realidad mejor. La resignación pasiva es un suicidio diario. La aceptación cristiana es el esfuerzo diario por levantarse tras un tropezón” (Martín Descalzo, Razones para el amor. Atenas, Madrid 1996. La actitud del cristiano ante el dolor y el sufrimiento debe consistir en luchar por superarlo y, cuando no es posible, asociarlo al sufrimiento de Cristo en la cruz y vivirlo como una experiencia salvífica y de plenitud. 10 citas biblicas para dejar tus problemas en las manos de Dios 10 sencillas razones por las que soy católico ¿Sí te digo que tu vida cambia en este post? ¿Me crees? 10 mensajes de la Virgen María que todos deberían conocer ¡Felicidades! ¡El aborto ha sido un éxito! Te devuelvo las ganas de vivir Las cosas buenas que hace la Iglesia y los hipócritas nunca te lo recuerdan HACE CLICK AQUÍ SI QUERES REVISAR MIS OTROS APORTES

Hay personas que no se toman su día libre, sus vacaciones, tal vez una siesta y una pausa para tomar un café con un sentimiento de alivio. Esas personas están siempre buscando una oportunidad para atacar, derribar, esclavizar o conquistar. ¿Quiénes son estas personas? Por si no lo adivinaron: ¡son los demonios! San Pedro compara al demonio con el rugir de un león que busca la oportunidad para devorar a su presa, es decir, ¡para devorarnos a nosotros! El demonio puede atacar a cualquier hora y en cualquier lugar. Es astuto, muy inteligente y despiadado. Sin embargo, hay un área en específico en la que él es más propenso a atacarnos: ¡nuestra vida de oración! San Ignacio nos recuerda que el demonio ataca cuando nos encontramos en un estado de desolación. Con eso nos referimos a la falta de fe, esperanza y caridad, a un sentimiento de tristeza y desánimo que lleva a la depresión, tibieza y al letargo. Nuestra visión sobrenatural se nubla y oscurece. Es como si se estuviese en una nube negra o dentro de un túnel oscuro que parece no tener salida. Éste es el estado de las almas al que apunta el demonio y les lanza sus dardos mortales. ¿De qué maneras puede el maligno (Santo Tomás), el león rugiente (San Pedro), el perro atado furioso (San Agustín), el enemigo mortal de nuestra salvación (San Ignacio), el mentiroso y asesino del comienzo (Jesús en Jn 8), el demonio atacar nuestra vida de oración? ¡Veamos! Procrastinación. Te puede tentar de la siguiente manera: "No hay apuro; pospón tu oración para mañana. Dios entiende; Él conoce tus pensamientos y sentimientos. Dios no tiene prisa, tampoco tú la deberías tener". Hacer menos oración. Bueno, si el demonio no puede vencerte haciendo que pospongas tu oración para mañana, entonces hará que ores menos. En lugar de asistir a una Hora Santa, haz una visita de 30 minutos; deja de asistir a Misa diario. Sólo es necesario que asistas los Domingos. ¿El Rosario? En lugar de rezar todo el rosario, el demonio hará que solamente reces una o dos décadas. Distracciones en tu oración. Otra táctica del demonio es hacer que pierdas la concentración. En lugar de enfocarte en Dios, terminas enfocándote en algún asunto irrelevante como qué cocinar luego, quién está jugando tal o cual deporte, qué planes hay para el fin de semana. Pierde el tiempo. El demonio no da tregua en sus ataques a la persona que se ha comprometido a una vida seria de oración. Como nos recuerda la Palabra de Dios: "Si decides seguir al Señor, prepárate para la batalla". El demonio te puede tentar de la siguiente manera: Estás malgastando tu tiempo al orar. Mejor has lo imposible para ayudar a tu vecino. ¿Recuerdas a Jesús con Marta y María? El demonio promueve el activismo al punto de convencernos de que nuestro trabajo es mucho más importante que nuestra vida de oración y conversación con el Señor. Recuerda que Jesús vino en defensa de María cuando estaba sentada a sus pies y le escuchaba atentamente – ¡éste es un verdadero modelo de contemplación! Aún eres la misma persona. Estás orando más que antes, pero en realidad no eres mejor que antes y muchas personas te han dicho esto. Por lo tanto, mejor abandona tu vida de oración y vuelve a la vida normal, cómoda y fácil que la mayoría de tus amigos y socios llevan. Sentimientos El demonio puede tentarte de esta manera. Puede engañarte haciéndote creer que tus oraciones no van a ningún lugar por la sencilla razón de que no experimentas emociones ni sentimientos fuertes cuando oras. Antes experimentaste esos sentimientos y emociones en ese primer retiro carismático, pero las emociones cesaron y la oración es más tranquila y pacífica. Cualquier buen director espiritual o texto sobre la teología de la oración indicará que la ésta no depende siempre de emociones sino de la confianza en Dios. Dios se muestra callado y no responde a mi oración Puede suceder que hayas orado durante mucho tiempo por una intención en específico, quizás hayas ofrecido novenas y Misas, pero esa intención no ha sido respondida. El demonio puede convencerte de no orar, o de que la oración es un ejercicio inútil, una pérdida de tiempo. Para algunos, el demonio describe a Dios como una especie de Santa Claus en el cielo o como un genio listo para salir de la lámpara si la frotamos lo suficientemente fuerte. Si no me contesta, Dios no existe. Desastres y ausencia de Dios. Tal vez algunos desastres se han presentado en tu vida: pérdidas económicas, desafíos financieros, o incluso la muerte de un ser querido. ¿Cómo puede un Dios tan bueno permitir que esto suceda? Un buen Dios no permitiría esto, si en realidad Él es bueno. Nuestra salvación puede ser el libro de Job: "Desnudo salí del seno de mi madre, desnudo allá volveré. Yavé me lo dio, Yavé me lo ha quitado, ¡que su nombre sea bendito!" (Job 1,21) Tentaciones en contra de la castidad. Ha sucedido incluso en la vida de los santos – Santa Catalina de Siena, Santa Margarita María, San Antonio del desierto – ser atacados frecuentemente contra la virtud de la pureza. El demonio usa muchas y diversas maneras de tentación para disminuir la vida de oración e incluso extinguirla. El Desespero. Tal vez el ataque más fatal del enemigo es convencernos de ceder ante la desesperación. Éste fue el caso de Judas Iscariote. Si se hubiese arrepentido, tal vez alrededor de todo el mundo tendríamos iglesias con el nombre: "San Judas el penitente". Pedro se arrepintió y fue perdonado y se convirtió en santo. Después de que caemos en pecado, el demonio nos acusa y condena y nos lleva a la muerte y a la desesperación. El Espíritu Santo nos consuela y nos llena de ánimo con la confianza y esperanza en la infinita misericordia de Dios. JESÚS EN TI CONFIO. En conclusión, debemos aferrarnos a la oración como si fuese un chaleco salvavidas, el aire que nos mantiene vivos, el ancla o nuestra salvación. S ¡El demonio nos tienta a abandonarla o a orar menos, entonces deberíamos seguir el consejo Ignaciano de “agere contra” para hacer exactamente lo contrario e intentar orar más y mejor; así ganaremos la batalla. “La Tentación del Señor” Eric Armusik (1973-) Pensilvana, USA 10 citas biblicas para dejar tus problemas en las manos de Dios 10 sencillas razones por las que soy católico ¿Sí te digo que tu vida cambia en este post? ¿Me crees? 10 mensajes de la Virgen María que todos deberían conocer ¡Felicidades! ¡El aborto ha sido un éxito! Te devuelvo las ganas de vivir Las cosas buenas que hace la Iglesia y los hipócritas nunca te lo recuerdan HACE CLICK AQUÍ SI QUERES REVISAR MIS OTROS APORTES

¿Habría algo que corregirle o añadirle al video de hoy? Por un lado, el argumento es claro: nos plantea una necesaria distinción para poder abordar mejor la Resurrección de Cristo como hecho “razonable”, es decir, digno de ser creído en cuanto racionalmente verosímil, y no caer así en la trampa de quienes lo tildan de creencia “irracional” fruto de pura autosugestión y fantasía, en cuanto carente de pruebas científicas. En ese sentido, es cierto que se trata de un evento que por su misma condición histórica (o mejor dicho, meta-histórica, pues en su mismo acontecer la trasciende), no puede ser enmarcado en el ámbito de lo “demostrable” científicamente, como si pudiese ser juzgado según pruebas experimentales, lo cual sería no solo inútil, sino ridículo. No se le pueden pedir peras al olmo, como se dice, de la misma manera que no se puede esperar que haya pruebas científicas de que los muertos resucitan; sin embargo, cabe decir que, en lo que respecta a la ciencia actual, los avances en nuestra comprensión de lo que es la materia, o mejor dicho, en nuestra incomprensión ante su enorme misterio, nos llevan más bien a acoger como posibles hechos de este tipo. Como nos lo recordaba el P. Manuel Carreira SJ (astrofísico) refiriéndose a la materia estudiada en sus dimensiones microscópicas (campo denominado “mecánica cuántica”): «Ni partículas ni ondas son estrictamente localizables: más bien se comportan como distorsiones, más o menos concentradas, del “vacío físico”, con posibilidad de ser detectadas fuera del lugar ocupado según la mecánica clásica. Esta falta de localización estricta se expresa en el Principio de Indeterminación de Heisenberg, y da lugar a fenómenos como el de difracción de electrones o átomos enteros, y al “efecto túnel”, importante como explicación de la radioactividad y base de dispositivos electrónicos de utilidad industrial y científica. En estos casos tenemos que admitir que una partícula está en varios lugares simultáneamente (difracción) o que pasa de un lugar a otro sin pasar por el medio y sin perder energía o emplear tiempo medible en su paso (efecto túnel).. » Tan difícil se ha vuelto para los científicos explicar el comportamiento de la flexible, indeterminada y misteriosa materia como fue para los discípulos narrar el comportamiento del cuerpo glorioso de Cristo resucitado, que presenciaron en diversas ocasiones. Una cosa es cierta, como decía el papa Benedicto XVI, la incongruencia de los hechos no disminuye ni desacredita la atendibilidad de lo que sucede (o sucedió; por el contrario, en no pocos casos la refuerza, pues como arguye el papa: «La dialéctica que forma parte de la esencia del Resucitado es presentada en los relatos realmente con poca habilidad, y precisamente por eso dejan ver que son verídicos. Si se hubiera tenido que inventar la resurrección, se hubiera concentrado toda la insistencia en la plena corporeidad, en la posibilidad de reconocerlo inmediatamente y, además, se habría ideado tal vez un poder particular como signo distintivo del Resucitado. Pero en el aspecto contradictorio de lo experimentado, que caracteriza todos los textos, en el misterioso conjunto de alteridad e identidad, se refleja un nuevo modo del encuentro, que apologéticamente parece bastante desconcertante, pero que justo por eso se revela también mayormente como descripción auténtica de la experiencia que se ha tenido» (Ver Jesús de Nazaret, Tomo II) En realidad, en un tiempo como el de los discípulos los Evangelios parecen estar narrados solo para escandalizar y generar confusión, lo cual no sale muy a cuenta si se quiere convencer a alguien. Basta mencionar que, en un contexto fuertemente monoteísta, un hombre se proclama Dios y muere (Dios ha muerto como sentenció dos mil años tarde Nietzche); que resucita antes del final de los tiempos, siendo las primeras testigos de tal evento mujeres (algo escandaloso, visto que eran consideradas como testigos sin relevancia); que la Resurrección como decíamos antes viene contada de forma incongruente por los diversos testigos (Jesús es reconocible y luego no lo es, tiene corporeidad y luego atraviesa las puertas como un fantasma, etc.); los discípulos se describen a sí mismos como incrédulos, muertos de miedo, reunidos con las puertas cerradas para protegerse. En fin, todo parece escrito por alguien a quien solo le interesa decir cómo ocurrieron las cosas sin mucho maquillaje. Por último, añadiría que otro gran signo que nos ha dejado el Señor para sostener nuestra fe, y que constituye todavía un gran desafío para la ciencia, es la Sábana Santa de Turín. ¿Qué decir entonces ante todo esto? Que tenemos razones para creer, que la fe no niega ni la razón ni los hechos, sino que apoyándose en ellos los lleva a su plenitud en un asentimiento que se abre a una realidad nueva, una realidad que, al ser donada, no puede ser fruto de nuestros cálculos y razonamientos; una realidad tan sencilla y grande que para abrazarla solo pide una razonable humildad y confianza. Me gustaría saber qué piensas tú sobre este tema 🙂 10 citas biblicas para dejar tus problemas en las manos de Dios 10 sencillas razones por las que soy católico ¿Sí te digo que tu vida cambia en este post? ¿Me crees? 10 mensajes de la Virgen María que todos deberían conocer ¡Felicidades! ¡El aborto ha sido un éxito! Te devuelvo las ganas de vivir Las cosas buenas que hace la Iglesia y los hipócritas nunca te lo recuerdan HACE CLICK AQUÍ SI QUERES REVISAR MIS OTROS APORTES

¿Es un tirano? ¿Es bondadoso? ¿Es un juez castigador? ¿Cómo es realmente Dios? Nuestra historia, nuestra educación y nuestra cultura nos ha podido influir en la imagen que tenemos de Dios. De Él no podemos saberlo todo, pero si quieres saber algo más, te ofrecemos este vídeo. ¿Podemos decir algo sobre Dios desde la razón? Claro que podemos. Porque Dios ha dejado huellas de sí mismo en todo lo que existe – el esplendor y la belleza de la naturaleza, la impresionante complejidad de los fenómenos biológicos, el sentido de lo justo que todos llevamos dentro, la nostalgia de perfección que hay en el fondo de nuestro corazón – y el hombre es naturalmente capaz de descubrir esas huellas y, por ese camino, llegar a Dios. Es sorprendente pensar que cada vez más nos servimos más de nuestras capacidades para hacernos dueños de la naturaleza y para lograr avances tecnológicos asombrosos, pero ya no nos atrevemos a servirnos de esas mismas capacidades para llegar a Dios.¿Cómo es posible que la inteligencia humana sea capaz de tantísimos progresos técnicos y científicos y no sea capaz de resolver los enigmas que rodean su propia vida? ¿Qué le ocurre al ser humano, que es un misterio para sí mismo? ¿Cómo puede una persona “pasar” por la vida sin interrogarse por la cuestión de su origen y de su fin, del sentido de su vida? Aquellos que ahogan dentro de sí estas cuestiones y renuncian a comprenderse a sí mismos, se autocondenan a vivir una vida menos humana, menos auténtica, más absurda. Quien quiera responder a estas cuestiones no tiene más remedio que comenzar formulando la pregunta sobre Dios: ¿existe Dios? ¿Podemos mostrar racionalmente que Dios existe? Creemos que sí, que es posible construir un razonamiento que, basándose en la comprobación de un determinado aspecto de la realidad, (como el devenir, el orden, etc.), conduce a la afirmación de la existencia de Dios como única explicación posible. La más evidente de estas vías o “pruebas” es la del orden. La premisa mayor es que donde hay un orden, tiene que haber una mente ordenadora. La premisa menor es la existencia de un orden en todo el universo. La conclusión es que tiene que haber un ordenador universal. ¿Por qué tenemos que aceptar la premisa mayor, que donde hay orden tiene que haber un ordenador? Porque es algo evidente, y todo el mundo admite este principio en la práctica. Por ejemplo, supongamos que llegamos a una isla desierta y encontramos “S.O.S.” escrito en la arena de la playa. Nadie pensaría que el viento o las olas lo han escrito por pura casualidad. Todos pensaríamos que en la isla hay alguien lo suficientemente inteligente como para haber escrito ese mensaje. De la misma manera, si encontráramos en la isla una cabaña de piedra, con ventanas, puertas y una chimenea, no se nos ocurriría pensar que las piedras habían quedado colocadas de esa manera a consecuencia de un huracán. Todos pensamos inmediatamente en una mente ordenadora cuando vemos un orden. ¿Es posible el orden sin el ordenador? Quizás haya una probabilidad entre dos trillones de que las olas escriban en la arena “S.O.S.” por casualidad. ¿Quién se queda tranquilo con una explicación semejante? Alguien dijo alguna vez que, aunque sentáramos a un millón de monos con un millón de máquinas de escribir durante un millón de años, estadísticamente sería imposible que ninguno de ellos escribiera, por casualidad, El Quijote (P. CARREIRA S.J., Manuel. Hacia la vida inteligente, en Tellemar, Ávila 1991, p. 410). Si El Quijote no puede ser fruto de la casualidad, entonces, ¿cómo podemos explicar el orden del universo basándonos en el azar? No hay más que mirar a nuestro alrededor y comprobar la maravillosa complejidad de la naturaleza para comprender que todo eso no ha podido venir a la existencia por puro azar. Cuanto más avanza la Biología en el descubrimiento de los mecanismos que explican la organización, el funcionamiento y la evolución de los seres vivos, más nos conduce a la afirmación de que esos mecanismos son tan asombrosos y están tan bien dispuestos que han tenido que ser pensados por Alguien. ¿Qué nos dice el corazón sobre la existencia de Dios? Las pruebas de la existencia de Dios de tipo filosófico son, ciertamente, muy interesantes, pero resultan bastante laboriosas y demasiado frías. Es más fácil llegar a Dios con el corazón que con la razón exclusivamente. De hecho, en la mayoría de los casos lo que conduce a afirmar la existencia de Dios son reflexiones de tipo existencial, intuitivo. La realidad misma de la vida cotidiana nos hace experimentar muchas cosas que no entendemos: la muerte, el dolor, el sufrimiento inocente de un ser querido, son experiencias que producen un desgarro en nuestro corazón y reclaman algún tipo de explicación. También el amor, la belleza, la alegría, el anhelo insaciable de felicidad… nos llevan a sentir a Dios. ¿Puede haber más de un Dios? Si Dios existe, tiene que ser único. La razón nos dice claramente que Dios es infinitamente perfecto. Dios tiene todas las perfecciones en grado sumo e ilimitado. Si no fuera así, podría recibir más perfecciones, pero entonces dependería de aquel que se las diera, y por tal motivo no sería Dios. Por otro lado, si hubiera varios dioses el uno no tendría las perfecciones de los otros, y así ninguno sería Dios. En otras palabras, es imposible que existan dos dioses infinitos, o varios a la vez con la pretensión de ser dioses. Esta afirmación tiene consecuencias muy serias. Si Dios es Dios, principio de todo, el absoluto total, tenemos que aceptar y asumir que de Él lo recibimos absolutamente todo, y que independientemente de Él no hay nada. Por todo ello Dios no puede ser nunca, para el hombre, una realidad más, ni tan siquiera una realidad superior a las demás realidades. Dios es el centro de la realidad, y, por eso, sólo en Dios podemos encontrar la respuesta a todos los enigmas de la condición humana. Dios es la respuesta a la pregunta sobre el fundamento y el sentido último del hombre y del mundo, porque todo viene de Dios y es de Dios ¿Qué sabemos los cristianos acerca de Dios? Los cristianos creemos en un solo Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo. Este es el misterio central del cristianismo, el misterio que ilumina y da sentido a todos los demás misterios. Por eso, lo primero que tiene que hacer un cristiano es descubrir que tiene un Padre que le ha creado y que le ama; un Hermano, Cristo, que ha dado su vida por él; y un Amigo, el Espíritu Santo, que le vivifica y le proporciona la ayuda que necesita para hacer las cosas bien. ¿Por qué dicen los cristianos que Dios es Amor? Porque sabemos que Dios no es un ser solitario, sino que es una Trinidad de personas. Es algo difícil de entender pero, aunque no podamos llegar a descifrarlo por completo, sí podemos comprender lo importante que es este Misterio. Alguno puede pensar que el que Dios sea una Trinidad de Personas es algo irrelevante; pero nadie piensa que la idea de que Dios es Amor sea irrelevante. Y sin embargo, si Dios no fuese una Trinidad, Dios no sería Amor, porque se necesita más de una persona para un amor que no sea un amor egoísta, un amor de sí mismo. Si en Dios sólo hubiera una persona, sólo podría ser amor egoísta. En el mejor de los casos, podría ser un amante de las personas humanas, pero no el Amor en sí mismo. Y en ese caso, dependería de los seres humanos, puesto que sin ellos no podría dejar de ser amor egoísta. Sólo la Trinidad permite a Dios ser Amor en su misma esencia. El Padre ama al Hijo, no se ama a sí mismo; el Hijo ama al Padre, no se ama a sí mismo; el Espíritu es el amor entre el Padre y el Hijo, un Amor de tal categoría que es Persona. Esta idea la expresa con su habitual sagacidad G.K. Chesterton: “Pues bien, la pretendida aridez del dogma es el único camino lógico de establecer ese hermoso sentimiento. Porque si hay un ser sin principio, que existía antes de que existieran las cosas, ¿qué pudo amar antes del principio, si no había nada que pudiera ser amado? Si a través de toda aquella inconcebible eternidad, Él estaba solo, ¿qué significa decir que Dios es amor? La única justificación de tal misterio es la concepción mística de que en su propia naturaleza había algo análogo a la propia expresión, algo que engendra y conserva lo que ha engendrado. Sin esta idea, es completamente ilógico complicar la última esencia del concepto deidad con una idea como amor” (CHESTERTON, G.K., El hombre eterno, Porrúa, México 1998, p. 236). ¿Qué nos aporta, en nuestra vida, saber que Dios es Trinidad? Con relación a nuestra vida y a la historia, creer en Dios Amor significa tener la certeza de que ninguno de nosotros es un número ante Dios, que uno por uno somos conocidos y amados con amor infinito por el Padre, fuente de todo amor; por el Hijo, que se hizo hombre por amor nuestro; en el Espíritu Santo, que hace presente el amor de Dios en nuestros corazones. Esto es fundamental. Podemos incluso afirmar que no se puede ser cristiano si no se experimenta de algún modo el amor personal de Dios manifestado en Cristo. Los cristianos sabemos que le importamos a Dios personalmente, que no somos uno más entre miles y miles de millones de seres humanos creados a voleo por un Dios distraído y ausente. Dios se interesa por todos y cada uno de nosotros y nos ama con un amor intenso, personal, apasionado. Y que nadie piense que estamos exagerando el amor de Dios porque no es así. Dios nos ama, nos quiere muchísimo más de lo que nos queremos a nosotros mismos. Esto debería hacernos reconocer nuestra propia valía personal. La baja autoestima no es cristiana. Cuando caigamos en la tentación de preguntarnos: ¿quién me quiere? ¿A quién le importo? Debemos responder inmediatamente: ¡A Dios! Siempre estamos presentes en su pensamiento, jamás se olvida de nosotros. Esta es la verdad, y conviene no olvidarla nunca: Dios me ama. Su amor me abraza y me envuelve como los brazos hambrientos de un enamorado. Y, si pierdo su amor, será únicamente porque voluntariamente le rechazo, nunca porque Él deje de quererme (TRESE, Leo J., Dios necesita de ti, Palabra, Madrid 1984, pp. 17-25). Pero, aparte del Misterio de la Trinidad, ¿hay alguna otra manera de comprobar que Dios es Amor? Los cristianos no creemos en un Dios juez, que mira desde lo alto de los cielos y castiga, ni en un Dios indiferente a sus criaturas. Los cristianos creemos en un Dios que, por amor, se ha hecho hombre, se ha hecho niño, y nos ha mostrado la ternura y debilidad del amor infinito. Creemos en un Dios que, por amor, ha sufrido el dolor y la vergüenza de la cruz. Creemos en un Dios que, por amor, ha enviado a su Hijo y a su Espíritu para liberarnos de todas nuestra miserias y para guiarnos hacia la felicidad infinita. Dios es Amor: nos ama con amor personal porque es Amor Personal. ¿Qué quiere decir que Dios es Padre? Cuando los cristianos llamamos a Dios “Padre” nos estamos refiriendo a tres cosas: en primer lugar, en la Trinidad Dios es el Padre de su Hijo, su Verbo eterno. Dios Padre engendra a su Hijo desde toda la eternidad; y el Hijo es igual al Padre, de su misma Naturaleza, es la Imagen perfecta del Padre. En segundo lugar, Dios es nuestro Padre porque nos ha creado a su imagen. Dios ha creado todas las cosas y ama todas las cosas que ha creado. Pero el hombre no es una criatura más, sino que es la más perfecta, pues es imagen de Dios. En el libro del Génesis se nos cuenta cómo Dios va creando todas las cosas: dice “hágase”, y las cosas comienzan a existir. Sin embargo, a la hora de crear al hombre, el autor del Génesis nos cuenta que Dios coge barro y moldea con sus propias manos el cuerpo del hombre, para luego infundirle el alma con su aliento. Obviamente, este relato no hay que tomarlo al pie de la letra, pero podemos deducir de él que la creación del hombre es mucho más personal, más íntima y amorosa que la del resto de las cosas. El hombre es la criatura preferida de Dios. En tercer lugar, los cristianos somos hijos adoptivos de Dios por el Bautismo. El Bautismo nos incorpora a Cristo y nos hace partícipes de su naturaleza divina. El Bautismo nos hace criaturas nuevas y nos permite tener una relación con Dios absolutamente distinta: ya no somos meras criaturas, ahora somos de su familia, “somos de su linaje” (Hch 17,28), sus hijos adoptivos y, por tanto, podemos heredar su vida y participar de su felicidad eterna. Pero, ¿dónde podemos buscar a Dios? En realidad, nadie puede reprocharle a Dios que no puede ser conocido porque está demasiado lejos de nosotros o porque no se ha molestado en ajustarse a nuestras medidas humanas y a nuestra razón. Porque Dios ha salido a nuestro encuentro y nos ha hablado, se ha mostrado a sí mismo: se ha revelado. Dios se ha acercado tanto a nosotros que ha asumido nuestra propia naturaleza: se ha hecho hombre. Dios se ha hecho hombre para que no andemos dando tumbos buscándole, para que podamos conocerle sin error, para proponernos una relación de amistad. El camino seguro hacia Dios es Jesucristo. Jesucristo afirma de sí mismo que es Dios. ¿Es un loco, o es verdad lo que dice? Jesucristo ha tenido tal influencia en la historia, ha cambiado tantas cosas y tantas vidas, su figura es tan grande, que no se puede pasar de largo ante Él. No se puede ignorar a Cristo. Hay que tomarlo en cuenta. El gran reto que tienen los ateos no es Dios, sino esa afirmación reiterada y garantizada por tantas pruebas que ofrece el mismo Jesucristo. Y este desafío es aún mayor para los agnósticos, pues ya no pueden refugiarse en la incapacidad de la razón humana para plantear el tema de Dios: Dios se ha hecho hombre, y para llegar a Él sólo tienen que estudiar la historia de Jesús e interpretar el hecho cristiano a la luz de los datos científicos que poseemos”. A pesar de todo, para llegar a afirmar que Jesús de Nazaret es Dios no basta con estudiar historia, sino que hace falta fe. Por lo tanto, la dificultad persiste. Pero lo cierto es que Cristo es absolutamente original, es único e irrepetible, y no se le puede ignorar. 10 citas biblicas para dejar tus problemas en las manos de Dios 10 sencillas razones por las que soy católico ¿Sí te digo que tu vida cambia en este post? ¿Me crees? 10 mensajes de la Virgen María que todos deberían conocer ¡Felicidades! ¡El aborto ha sido un éxito! Te devuelvo las ganas de vivir Las cosas buenas que hace la Iglesia y los hipócritas nunca te lo recuerdan HACE CLICK AQUÍ SI QUERES REVISAR MIS OTROS APORTES
Recientemente fue puesto en el tapete la reflexión sobre el destino de las personas que se quitan la vida, tras ser estrenada la serie de Netflix “13 Reasons Why” y popularizarse el juego suicida denominado “La Ballena Azul”. Pero, ¿qué dice la Iglesia Católica al respecto? ¿Cuál es el destino de los suicidas según el Magisterio? El Catecismo de la Iglesia Católica señala que el suicidio es un acto grave y en el numeral 2283 indica claramente que “no se debe desesperar de la salvación eterna de aquellas personas que se han dado muerte. Dios puede haberles facilitado por caminos que Él solo conoce la ocasión de un arrepentimiento salvador. La Iglesia ora por las personas que han atentado contra su vida”. El P. Guillermo Leguía, profesor de teología moral de la Facultad de Teología Pontificia y Civil de Lima (Perú) explica que no es correcto decir que si una persona se suicida se va al infierno. En declaraciones a ACI Prensa, el sacerdote peruano indica que “sí es correcto decir que el acto de suicidarse es un acto que está mal, pero nadie puede hacer un juicio sobre los elementos que ocurren en el corazón de la persona que hacen que ese acto que está mal le sea plenamente imputable”. “Nadie puede conocer o saber si el suicidio hace que la persona se vaya al infierno. Además la Iglesia no enseña eso”, precisa. Para Mons. Fernando Chomali, Arzobispo de Concepción (Chile), experto en bioética y miembro de la Pontificia Academia para la Vida, en el caso de un suicida es necesario considerar los aspectos psicológicos y psiquiátricos, así como el hecho de que para todas las personas “la misericordia de Dios es muy grande”. “Pienso que hay personas que llegan a un alto nivel de desesperación por la enfermedad; y puede ser que la eutanasia o el homicidio terminen siendo una ‘respuesta’ a la gran soledad que siente la persona”, comentó a ACI Prensa. El P. Leguía dijo también sobre este caso que “es importante distinguir entre el acto que la Iglesia enseña que está mal (suicidio) y el pecador a la que la Iglesia siempre ama con un corazón infinito y con una misericordia infinita. Y bueno, saber que a veces hay un conjunto de actos que aunque están mal no son plenamente imputables al actor”. Un caso emblemático sobre el suicidio es el de Brittany Maynard, quien se quitó la vida el 1 de noviembre de 2014 por padecer de cáncer terminal y cuyo drama es usado para promover la eutanasia. Sobre ese caso, el P. Leguía dijo que la mujer pudo haber estado “condicionada y sobrepasada por la experiencia del dolor, de la angustia”, lo que la llevó a “sucumbir” ante “tribulaciones y emociones mal manejadas que indudablemente aminoran la responsabilidad y la libertad”. Sin embargo, añadió, “eso no significa que el acto no sea un acto libre, pero sí pueden haber atenuantes para su plena atribución y responsabilidad”. De otro lado, Mons. Fernando Chomali, que publicó el 5 de noviembre de 2014 una carta pastoral sobre la eutanasia que en países como Chile el gobierno pretende aprobar, dijo que es importante pensar “seriamente lo que puede significar una sociedad donde cada uno puede disponer de su cuerpo como si fuera una propiedad personal. La verdad es que el cuerpo no nos pertenece ya que tiene además una dimensión social y por supuesto otra sagrada que hay que considerar”. Tras afirmar que ante casos como el de Brittany es importante el “apoyo espiritual, humano y psicológico” para que las personas no se suiciden, el Prelado afirmó que “es un camino peligroso el que emprende la sociedad al ser permisivo con la eutanasia”. “La Iglesia Católica le dice no a la eutanasia y al encarnizamiento terapéutico, y le dice sí a los cuidados paliativos; y sobre todo sí a mucho amor y mucho acompañamiento”, concluyó.

Alguna vez escuché que existe la misma probabilidad de que haya vida inteligente en el universo que meter cada una de las letras con que fue escrito el Quijote en una licuadora y que salgan en orden, reproduciendo a la perfección la obra de Cervantes. No sé si la comparación es muy exacta, pero refleja un poco el contenido de este video. El «fine tuning» es la teoría que indica que las constantes por las que es posible la vida inteligente en el Universo son tan precisas que debieron ser perfectamente ajustadas. En nuestra experiencia cotidiana, cuando vemos signos de diseño, pensamos que alguien lo debe haber diseñado. Si visitamos los Moáis en Isla de Pascua, nos damos cuenta de que alguien los esculpió y puso en ese lugar. Si vemos Machu Pichu, la Muralla China, el Monte Rushmore o alguna publicidad en las calles, nos damos cuenta que no pueden ser «formaciones naturales», sino que alguien las tiene que haber diseñado y construido. Lo mismo se puede decir del Universo, porque es tan complejo que es más lógico pensar que Alguien lo diseñó a que sencillamente surgió por azar. Ok, es bastante razonable pensar que existe un «Gran Arquitecto del Universo». Pero, ¿qué sabemos de este Arquitecto? Sabemos que posee algunos poderes especiales para poder crear materia de la nada. Uno se puede dar cuenta de que es un científico extraordinario porque domina a la perfección la física, la química y la matemática. Tiene además una creatividad incomparable. De su mano salieron las obras de arte más hermosas que se pueden observar. Sabe todo sobre biología y genética porque hizo surgir la vida y le permitió desarrollarse hasta que existió el ser humano. Y a este le pudo transmitir algunas de sus características propias, como su inteligencia y su libertad. Ok, ya sabemos algunas cosas sobre este Arquitecto, pero algunas cosas se nos escapan. 10 citas biblicas para dejar tus problemas en las manos de Dios 10 sencillas razones por las que soy católico ¿Sí te digo que tu vida cambia en este post? ¿Me crees? 10 mensajes de la Virgen María que todos deberían conocer ¡Felicidades! ¡El aborto ha sido un éxito! Te devuelvo las ganas de vivir Las cosas buenas que hace la Iglesia y los hipócritas nunca te lo recuerdan ¿Cómo es Dios? - 10 respuestas a tus preguntas ¿Existe Dios? - 10 respuestas a tus preguntas ¿Por qué existe el mal y el sufrimiento? - 10 respuestas a tus preguntas ¿Cómo rezar el rosario? Guía visual, paso por paso HACE CLICK AQUÍ SI QUERES REVISAR MIS OTROS APORTES

Cuando vi el título de este vídeo «Mi vida, campaña vocacional» pensé que sería otra campaña sobre la vocación religiosa. No es que la vocación religiosa no sea importante (al contrario, necesitamos muchas más) pero los que estamos llamados a ser simples laicos corremos el riesgo de perder de vista el sentido de diferente, la vocación profesional en medio del mundo. De eso trata este video. También los laicos estamos llamados a la santidad. A veces nos hablan de santos que fueron al otro lado del mundo a predicar el Evangelio, que arriesgaron su vida cuidando a enfermos contagiosos y despreciados por la sociedad o que murieron mártires. Nos conmueve su testimonio, queremos seguir su ejemplo heroico… y al día siguiente, muy de mañana, suena el despertador y tenemos que ir al trabajo, o al instituto, o a la universidad. Estamos cansados. El profesor está especialmente aburrido hoy, los clientes preguntan tonterías y hay un compañero que no terminó esa parte del trabajo que necesitábamos para hoy. Al final del día, nos preguntamos qué ha sido de todos esos ideales heroicos, si muchas veces nuestro día a día está repleto de rutina y aburrimiento. Quizás algún día Dios nos llame a la vida heroica de estos santos, pero de momento el panorama no tiene mucho que ver. Todos tenemos unos dones, regalo de Dios. Dones para el trabajo manual, para el estudio, para la originalidad, para hacer reír… Con nuestros talentos naturales podemos (¡debemos!) hacer un gran servicio a la Iglesia y a nuestros hermanos, a través del apostolado y de la vida parroquial, pero también en medio del mundo, de los que no creen o no practican su fe, de nuestros compañeros y vecinos, de nuestra rutina. Los estudiantes nos preparamos para ello, y llega el momento en el que tenemos que elegir una carrera. En nuestro tiempo libre, a veces fantaseamos con todo lo que haremos cuando hayamos terminado “la carrera de nuestros sueños”. Necesitamos médicos comprometidos de verdad con el bienestar de los pacientes, empresarios que se preocupen de unos negocios más justos y no exploten a los trabajadores, científicos que busquen la cura contra el cáncer y no la fama o el dinero… En medio del idealismo, criticamos nuestro mundo y soñamos con otro mejor, más honrado y cristiano. 10 citas biblicas para dejar tus problemas en las manos de Dios 10 sencillas razones por las que soy católico ¿Sí te digo que tu vida cambia en este post? ¿Me crees? 10 mensajes de la Virgen María que todos deberían conocer ¡Felicidades! ¡El aborto ha sido un éxito! Te devuelvo las ganas de vivir Las cosas buenas que hace la Iglesia y los hipócritas nunca te lo recuerdan ¿Cómo es Dios? - 10 respuestas a tus preguntas ¿Existe Dios? - 10 respuestas a tus preguntas ¿Por qué existe el mal y el sufrimiento? - 10 respuestas a tus preguntas ¿Cómo rezar el rosario? Guía visual, paso por paso HACE CLICK AQUÍ SI QUERES REVISAR MIS OTROS APORTES