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Registrate y eliminá la publicidad! Un pequeño breviario de similitudes notorias entre las medidas eclesiales de la iglesia romana y las llevadas a cabo por los nazis, casi en espejo. -------------------------------------------------------------------------------- MEDIDA ECLESIAL: Prohibición de matrimonio y de relaciones sexuales, entre judíos y cristianos (Sínodo de Elvira, año 306) MEDIDA NAZI Ley para proteger la sangre y el honor germánicos. (15 de setiembre de 1935 RGBI I, 1146) -------------------------------------------------------------------------------- MEDIDA ECLESIAL Prohibición que cristianos y judíos coman juntos (Sínodo de Elvira, 306) MEDIDA NAZI Se prohibe a los judíos acceder al vagón restaurante (Ministro de Transportes al Ministro del Interior, 30 de diciembre de 1939, Nü Doc: NG 3995) -------------------------------------------------------------------------------- MEDIDA ECLESIAL: No se permite a judíos ejercer cargos públicos (Sínodo de Clermont, 535) MEDIDA NAZI Ley para restablecer el funcionariado profesional. (7 de abril de 1933. RGBI, I, 175) -------------------------------------------------------------------------------- MEDIDA ECLESIAL No se permite a judíos tener esclavos, doncellas o siervos cristianos (III Sínodo de Orléans, 538) MEDIDA NAZI: Ley para la defensa de la sangre alemana y el matrimonio alemán, 15 de setiembre de 1935 (RGBI, I, 1146) -------------------------------------------------------------------------------- MEDIDA ECLESIAL: No se permite a los judíos salir a la calle en Semana Santa (III Sínodo de Orléans, 538) MEDIDA NAZI: Ordenanza policial para autorizar a las autoridades locales para expulsar de las calles a los judíos en determinadas festividades (fiestas nazis) 28 de noviembre de 1938 (RGBI, I, 1676). -------------------------------------------------------------------------------- MEDIDA ECLESIAL: Quema del Talmud y de otros escritos judíos (II Sínodo de Toledo, 681) MEDIDA NAZI: Quema de libros en la Alemania nazi. -------------------------------------------------------------------------------- MEDIDA ECLESIAL: Se prohibe a los cristianos acudir a la consulta de médicos judíos (Sínodo Trullano, 692) MEDIDA NAZI: Disposición cuarta a la ley sobre ciudadanos del Imperio, del 25 de julio de 1938 (RGBI, I, 969) -------------------------------------------------------------------------------- MEDIDA ECLESIAL: No se permite a cristianos habitar en casa de judíos (Sínodo de Narbona, 1050) MEDIDA NAZI: Disposición de Göring del 28 de diciembre de 1938 para concentrar a los judíos en determinadas casas (Bormann a Rosenberg, 17 de enero de 1939, Nü, Doc.: PS-69) -------------------------------------------------------------------------------- MEDIDA ECLESIAL: Los judíos deben pagar el diezmo eclesiástico igual que los cristianos (Sínodo de Gerona, 1078). Prohibición de trabajar el domingo (Sínodo de Szábolcs, 1092) MEDIDA NAZI: La "donación social" compensatoria del 24 de diciembre de 1940, según la cual los judíos, como compensación de las donaciones al partido impuestas a los nazis, deben pagar un impuesto especial sobre los ingresos (RGBI, 1, 1666) -------------------------------------------------------------------------------- MEDIDA ECLESIAL: Los judíos no pueden acusar a cristianos ni testificar contra ellos (III Lateranense, 1179, canon 26) MEDIDA NAZI: Propuesta de la cancillería del Partido para prohibir que los judíos entablen acciones civiles, 9 de setiembre de 1942 (Bormann al Ministerio de Justicia, 9 de setiembre de 1942, Nü, Doc: NG-151) -------------------------------------------------------------------------------- MEDIDA ECLESIAL: Se prohibe a los judíos heredar de sus hermanos en la fe que se hayan pasado al cristianismo (III Lateranense, 1179) MEDIDA NAZI Autorización del Ministerio de Justicia para declarar nulos los testamentos que ofendan los "sanos sentimientos del pueblo", 31 de julio de 1938 (RGBI, I, 973) -------------------------------------------------------------------------------- MEDIDA ECLESIAL: Los judíos deben llevar un distintivo en la vestimenta (IV Lateranense, 1215). Sirvió de modelo un decreto del califa Omar I (634- 644) según el cual los cristianos tenían que llevar cinturón asul y los judíos cinturón amarillo MEDIDA NAZI; Disposición del 1º de setiembre de 1941 (RGBI, I, 973) -------------------------------------------------------------------------------- MEDIDA ECLESIAL: Prohibición de construir sinagogas (Concilio de Oxford, 1222) MEDIDA NAZI: Destrucción de sinagogas en todo el Reichstag el 10 de noviembre de 1938 (Heydrich a Göring, 11 de noviembre de 1938, Nü.Doc: PS - 359) -------------------------------------------------------------------------------- MEDIDA ECLESIAL: Se prohibe a los cristianos asistir a fiestas de judíos (Sínodo de Viena, 1267) Los judíos no pueden disputar sobre la fe católica con gente sencilla (Sínodo de Viena, 1267) MEDIDA NAZI: Prohibición de relaciones amistosas con judíos, 24 de octubre de 1941 (disposición Gestapo L-15) -------------------------------------------------------------------------------- MEDIDA ECLESIAL: Los judíos solo pueden habitar en el bario judío (Sínodo de Breslau, 1267) MEDIDA NAZI: Orden de Heydrich del 21 de setiembre de 1939 (PS-3363) -------------------------------------------------------------------------------- MEDIDA ECLESIAL: Los cristianos no pueden vender ni arrendar solares ni tierras a judíos (Sínodo de Ofen, 1279) MEDIDA NAZI: Disposición del 3 de diciembre de 1938 que prevé la venta forzosa de solares y tierras de judíos (RGBI, I, 1) -------------------------------------------------------------------------------- MEDIDA ECLESIAL: El paso de un cristiano al judaísmo o la vuelta de un judío bautizado a su religión primitiva, debe ser tratado como herejía probada (Sínodo de Maguncia 1310) MEDIDA NAZI: El paso de un cristiano a la religión judía expone a éste al peligro de ser tratado como judío: sentencia de la Audiencia territorial de Königsberg, sala 4ª Civil del 26.6.1942 (En: Die judenfrage, Vertrauliche Beilage) 1º de noviembre de 1942, pg.s 82 y 82 -------------------------------------------------------------------------------- MEDIDA ECLESIAL: Quedan prohibidos la venta o arriendo de objetos eclesiásticos a judíos (Sínodo de Lavaur, 1368) Los judíos no pueden actuar como agentes en contratos entre cristianos, sobre todo como gestores de matrimonios (Concilio de Basilea, 1434, sesión XIX) MEDIDA NAZI: Ley del 6 de julio de 1938 sobre disolución de agencias inmobiliarias y de bienes raíces así como agencias matrimoniales judías, abiertas a lo no judíos (RGBI, I, 823) -------------------------------------------------------------------------------- MEDIDA ECLESIAL: Los judíos no pueden conseguir grados académicos (Concilio de Basilea, 1434, sesión XIX) MEDIDA NAZI; Ley de sobresaturación de las escuelas e institutos superiores alemanes del 25 de abril de 1933 (RGBI, I, 225) <a href='http://b.t.net.ar/www/delivery/ck.php?n=a2afc290&cb=INSERT_RANDOM_NUMBER_HERE' target='_blank'><img src='http://b.t.net.ar/www/delivery/avw.php?zoneid=58&cb=INSERT_RANDOM_NUMBER_HERE&n=a2afc290' border='0' alt='' /></a>

Registrate y eliminá la publicidad! Los gauchos judíos es el nombre que se les dio a los inmigrantes judíos que se instalaron en regiones fértiles de la Argentina, fundando "colonias agrícolas" similares a los kibutzim existentes en Israel. Las primeras ocho familias judías llegaron en la Argentina en octubre de 1888. En agosto de 1889, comenzó la inmigración judía a la Argentina a través de la Jewish Colonization Association del Barón Mauricio de Hirsch que compro tierras donde miles de judíos provenientes de Rusia, Rumanía y otros lugares de Europa oriental comenzaron paulatinamente a vivir, trabajar y desarrollarse. La mayoría de estos inmigrantes eran de Podolia y de Bessarabia, en Rusia imperial escapando del "Pogrom de Weser" A comienzos del siglo XX, la Provincia de Entre Ríos llegó a tener cerca de 170 colonias judías; la actividad productiva se centraba en productos de granja, la industria quesera y lechera, la cría de ganado y los cultivos agrícolas. Una de las primeras colonias judías fue Moïseville (hoy la Ciudad de Moisés Ville) en la Provincia de Santa Fe. Otra de las colonias es Colonia Lapin situada en la Provincia de Buenos Aires. En el país comenzaron a desarrollarse las cooperativas agrícolas, que dieron gran impulso a las colonias judías, que adelantaban dinero a los colonos, les proporcionaban semillas, herramientas y artículos a precios convenientes. Estos vendían en común los productos de la tierra. Con el producto de sus ganancias mantenían hospitales, bibliotecas, cementerios y centros culturales tanto para su comunidad así como para la población toda. También se instalaron colonias en la Provincia de Santiago del Estero y la Provincia de La Pampa. El dramaturgo Peretz Hirshbein participó en este movimiento. El novelista, periodista y profesor universitario Alberto Gerchunoff describe en su novela Los gauchos judíos, la visión de la utopía agraria de los colonos judíos en los campos argentinos. Esta singular experiencia agrícola se desarrolla en esa tierra utópica, ese otro lugar donde era posible empezar una vida nueva. Para ellos, las pampas argentinas eran ese otro lugar, era como la Tierra Prometida. De niño Gerchunoff había escuchado de boca de su padre un judío de tradición rabínica antes de inmigrar acerca de esa nueva tierra de promesas, cuando éste le anticipa que iban a ser agricultores y trabajarían la tierra "como los antiguos judíos de la Biblia". Entre las muchas novelas y ensayos que escribió sobre la vida de los judíos en Latinoamérica se destaca Los gauchos judíos (1910), compuesta en homenaje al Centenario de la Revolución de Mayo, donde recoge estampas y relatos de la inmigración judía en la Argentina inspirados en sus recuerdos de niñez y adolescencia. SHALOM <a href='http://b.t.net.ar/www/delivery/ck.php?n=a2afc290&cb=INSERT_RANDOM_NUMBER_HERE' target='_blank'><img src='http://b.t.net.ar/www/delivery/avw.php?zoneid=58&cb=INSERT_RANDOM_NUMBER_HERE&n=a2afc290' border='0' alt='' /></a>

Antisemitismo, agitación política, social y económica o de cualquier otro tipo en contra de los judíos. El término designa la forma de hablar y el comportamiento despectivo hacia el pueblo judío en general, independientemente de la religión. Hasta aquí la definición del diccionario. Pero el antisemitismo engloba mucho más que un simple párrafo en un diccionario, es una historia de intolerancia y sangre que se remonta a los albores mismos de la civilización. No se puede hablar de una causa única para el antisemitismo, pues éste obedeció a muchos motivos que van desde el temor a lo diferente hasta las diferencias religiosas, pasando por motivaciones económicas y profesionales. Pero en verdad, ¿cuándo nace el antisemitismo? PARTE I: DESDE LOS ORIGENES HASTA ROMA “He aquí que el pueblo de los hijos de Israel es numeroso y más fuerte que nosotros. Seamos sagaces para con él por si se multiplica, pues será que cuando acontezca una guerra se agregará también él a nuestros enemigos y luchará contra nosotros...” (Éxodo 1:9-10) Estas frases del Faraón engloban una de las primeras causales del antisemitismo: el miedo. Pero ¿miedo a qué?. En el Egipto de la época del Éxodo todavía estaba vivo el recuerdo de los invasores hiksos, los reyes pastores que durante 200 años ocuparon el trono del reino (hay historiadores que afirman que el Faraón que invitó a los judíos a establecerse en Goshén era miembro de la dinastía de los hiksos), y el monarca temía que los judíos se transformaran en una quinta columna dentro de su imperio y que le abriera las puertas a una nueva invasión del odiado enemigo. Las consecuencias de este temor son bien conocidas por todos aquellos familiarizados con los textos bíblicos. Tras la conquista de la tierra de Canaan, la vida del pueblo judío se desarrolló igual a la de todos los pueblos de la región, con sus avances y retrocesos, con sus conquistas y el ser conquistados, con sus jueces que enfrentaban a enemigos externos y con sus monarcas conquistadores o comerciantes, hasta la desaparición de los dos reinos, el de Israel y el de Judá. No se puede decir que en la conducta de los pueblos que destruyeron estos dos estados existiera un factor antisemita. Tanto los asirios como los babilonios, mientras existieron como imperios, se dedicaron a conquistar la mayor cantidad posible de territorio y llevar cautivas a las poblaciones de los países conquistados. Prueba de ello es que los judíos en Babilonia se desarrollaron como una comunidad fuerte que duró... ¡hasta la independencia del Estado de Israel en 1948! Si bien hubo dos episodios relatados en la Biblia que involucran a consejeros judíos del rey de Babilonia, no se pueden achacar al antisemitismo, sino a intrigas palaciegas. Recién en tiempos del Imperio Persa encontramos un caso de antisemitismo evidente: “Y dijo Aman al rey Asuero: ‘Hay un pueblo esparcido y repartido entre los pueblos de todas las provincias de tu reino, cuyas leyes son diferentes a las de todos los pueblos...’” (Ester 3:8) Esta vez se trata del pueblo que se mantiene aislado, que no se asimila, que es fiel a sus costumbres. Es el odio a lo diferente que surge de las palabras de Aman. También el fin de la historia es conocido. Aman es destruido y los judíos a los que quiso eliminar se salvaron. Pero lo que encontramos de nuevo en este episodio es que, a diferencia del Faraón, que sólo mató a los varones judíos y dejó vivir a las niñas, el propósito de Aman era eliminar a todos los judíos, hombres mujeres y niños (el primer intento de “Solución final”) Durante el gobierno de Alejandro Magno los judíos disfrutaron de paz y prosperidad en la Tierra de Israel rindiendo culto al Creador en el Templo de Jerusalén. Pero a la muerte de Alejandro, el Imperio fue repartido entre sus generales, quedando la Tierra de Israel en manos de los descendientes de Seleuco, quienes gobernaban el Imperio Greco-sirio. Sabemos a través de los libros de historia que había dos cosas que los griegos amaban: la filosofía y la cultura física. La Torá, base de la religión judía, les llamó poderosamente la atención, pero no como fundamento de una fe, sino como obra filosófica de alto contenido moral. Era interesante estudiarla, pero de ahí a cumplirla... leyes “bárbaras” como la circuncisión, que atentaban contra la integridad de la “obra más maravillosa de la creación” el cuerpo humano debían ser suprimidas. Y aquí aparece el factor religioso en el antisemitismo. Muchos años de dura lucha necesitaron los judíos para derrotar a quienes querían imponerles una cultura a la que eran ajenos, hasta que por fin el Imperio Greco Sirio es derrotado y los judíos viven en libertad en su tierra. Mientras tanto una nueva potencia asomaba en el horizonte: ROMA PARTE II: DESDE ROMA HASTA EL SURGIMIENTO DEL ISLAM Mientras los imperios fundados por los sucesores de Alejandro se iban debilitando, una nueva potencia surgía: ROMA. Y poco a poco su dominio se fue extendiendo. También Judea cayó bajo el dominio romano. Si bien a partir del Siglo I e.c. los romanos llevaron a cabo masacres contra el pueblo judío, debe entenderse que estas no fueron motivadas por un especial sentimiento antijudío, sino por la gran cantidad de revueltas que estallaban continuamente en Judea. Incluso mientras los habitantes de la región eran perseguidos, los judíos de otras regiones del Imperio prosperaban y vivían en paz, o al menos, en una paz relativa. Hubo lugares en que la rivalidad comercial generó sentimientos antijudíos. Tal es el caso de Alejandría, donde los competidores comerciales de los hebreos, los griegos, comenzaron una serie de agresiones que terminaron provocando una revuelta en el año 116 e.c. (Aquí tenemos otra causal de antisemitismo: los intereses comerciales) Tras el aplastamiento de la rebelión de Bar Kojbá en el año 135 e.c. la situación de los judíos en el Imperio se hizo más precaria, lo que provocó que muchos, especialmente los que habitaban en las regiones orientales, emigraran hacia el Imperio Parto, que se había apoderado de la antigua Persia y mantenía un enfrentamiento constante con Roma. El hecho que muchos judíos buscaran refugio ahí, hizo que los que quedaran en el Imperio Romano fueran considerados sospechosos, siendo sometidos a una constante vigilancia. En el Siglo II un judío originario de la ciudad de Tarsis (Tarso), funda una nueva secta derivada del judaísmo. Como las prácticas de sus adherentes estaban en conflicto con las costumbres de la sociedad romana, comenzó una oleada de persecuciones en las que no sólo los seguidores de la nueva secta alimentaron a las fieras en el Circo, sino también los judíos, a quienes se consideraba instigadores de la nueva fe. En el año 312 e.c. el emperador Constantino, quien veía como el Imperio se iba disgregando y como las creencias orientales iban desplazando a los viejos dioses de Roma, decidió buscar un nuevo factor que reunificara al Imperio y fortaleciera la autoridad imperial, para ello fijó su atención en esa secta derivada del judaísmo, y tras reunir a un consejo integrado por filósofos y políticos, decidió convertir a esa secta en religión del estado, basada en el culto de Jesús de Nazaret, un judío crucificado en la época de la Gran Revuelta que perteneciera a la secta de los esenios. Pero quedaba un problema, Roma, la que sería cabeza de la nueva fe no podía quedar como ejecutora de Jesús, por lo tanto se hizo recaer sobre los judíos la culpa de la muerte de éste. Y aquí surge un estigma que marcó a sangre y fuego al pueblo judío durante más de dos mil años: LA ACUSACION DE DEICIDIO (asesinato de dios). Inmediatamente la iglesia se abocó a la tarea de convertir a los judíos, mientras el emperador emitía un edicto por el cual el que persiguiera a los judíos se haría acreedor a la Gracia Divina. Los últimos lazos que unían al judaísmo con el cristianismo fueron cortados por el Concilio de Nicea. El día de descanso semanal fue cambiado del sábado al domingo, se abolió la circuncisión, la Pascua fue trasladada al primer domingo que seguía a la luna llena del mes de la primavera. Durante el reinado de Constantino II la brecha se ensanchó aun más. Fueron prohibidos los casamientos mixtos, a los judíos se les prohibió tener esclavos cristianos y las leyes contra los conversos al judaísmo se hicieron más severas. Tras un breve respiro bajo el reinado de Juliano llamado El Apóstata, el status de los judíos del imperio fue empeorando. Se les prohibió desempeñar cargos públicos, formar parte del ejército y construir nuevas sinagogas. Numerosas acusaciones se fueron tejiendo contra los judíos (aunque muchas de estas eran creaciones de comerciantes cristianos, quienes se veían afectados por la competencia de los judíos) Poco a poco el Imperio Romano de Occidente se iba desintegrando y caía bajo los golpes de los bárbaros venidos del otro lado de los Alpes, y sólo subsistía el Imperio Romano de Oriente o Bizantino, mientras en los desiertos de Arabia surgía una nueva fuerza EL ISLAM. PARTE III: COMIENZOS DE LA EDAD MEDIA Con la Edad Media comienza una época singular en la historia del judaísmo en la que se van forjando las acusaciones que, con el correr del tiempo, se transformaron en la muletilla de todos los antisemitas. A comienzos de este período, como ya dijimos antes, mientras el Imperio Romano de Occidente desaparecía del mapa bajo los golpes de las espadas de los pueblos germánicos y el Imperio Romano de Oriente trataba de mantener unidos los jirones de territorio que le quedaban y de defenderse del embate de los partos, en los desiertos de Arabia comenzaba a gestarse una nueva fuerza que aun hoy sigue siendo un factor de poder: EL ISLAM. No voy a entrar a profundizar en los orígenes de esta religión, no es el objeto de estos artículos, pero si voy a hablar de los hechos históricos relacionados con nuestro tema: el antisemitismo. La Península Arábiga estaba habitada en los tiempos de Mahoma por tribus nómadas de beduinos. Pueblos belicosos y muy celosos de su libertad. Entre estas tribus o clanes había varias de origen judío que se contaban entre las más poderosas. En un comienzo, para congraciarse con ellos, Mahoma intentó demostrar su buena voluntad prometiendo la reconstrucción de Jerusalén y la independencia para los judíos si aceptaban la nueva religión por él creada. Pero los judíos se negaron, por lo que el mensaje de Mahoma se hizo furibundamente antijudío. Esas tribus beduinas que se negaron a aceptar la nueva fe fueron masacradas sin piedad y borradas definitivamente del mapa, al tiempo que en el Corán (libro santo del Islam) comienzan a aparecer ataques contra los judíos. Los seguidores de Mahoma se lanzan a una guerra de conquista: La Península Arábiga, el Norte de África, los territorios bizantinos del Medio Oriente (incluida la Tierra de Israel, que desde el Siglo II era conocida como Filistia, y a la cual los árabes rebautizaron Al Philistin, cuya forma europeizada es Palestina). El Califa Omar, para simbolizar su desprecio hacia los judíos, ordena construir una mezquita en el sitio donde en una época se encontrara el Sanctasanctorum del Templo de Salomón. Mientras el Islam se expandía por todo Oriente por un lado, y por el otro llegaba a España, vía África, la suerte de los judíos en Europa dependía de la buena o mala voluntad de los gobernantes bárbaros y de la menor o mayor influencia de la Iglesia en las nuevas naciones. En el Imperio de Carlomagno las actividades comerciales del los judíos fueron fomentadas y estos contaron con la protección imperial, al igual que en los reinos germánicos posteriores. Al mismo tiempo los judíos se dedicaban a la agricultura y las artesanías, mientras que desarrollaban una cultura que perduraría a través de los siglos. Esto duró hasta el siglo XI. Es entonces cuando se desata una tormenta que marcará para siempre la existencia del pueblo judío en Europa. Instigados por el Papa Urbano II en el Concilio de Clermont, los príncipes y nobles de Europa se lanzan a la conquista de Jerusalén, en esa época en manos musulmanas. Pero en su trayecto hacia Israel los Cruzados(llamados así por las cruces rojas pegadas a sus ropas), alentados por las prédicas de clérigos fanáticos comenzaron a masacrar a las comunidades judías que hallaban a su paso. Se calcula que en todo el período que duraron las Cruzadas desaparecieron más de 250 comunidades y los muertos sumaron más de 100.000. Es a partir de ese momento que la situación de los judíos va empeorando y comienzan a surgir las primeras acusaciones de crimen ritual. La primera vez fue en Inglaterra en 1144. Un grupo de monjes acusó a los judíos de la ciudad de Norwich de haber torturado y asesinado a un niño cristiano, William, para usar su sangre en la elaboración de matzot. Los judíos de la ciudad fueron asesinados. Poco a poco toda Europa dio crédito a esta patraña, y, a pesar de una Bula Papal que desvirtuaba esta acusación, miles de judíos pagaron con su vida su fidelidad a la fe de sus mayores. Así que acá encontramos un nuevo motivo de odio hacia el judío, la acusación de Crimen Ritual. Poco a poco la situación de los judíos en Europa fue empeorando. Ya no se les permitía ejercer como artesanos, se les cobraban impuestos especiales exorbitantes y estaban sometidos a las furias desatadas de las masas. El golpe de gracia contra los judíos europeos les fue asestado por los Concilio Letranenses que fueron aplicando toda una serie de leyes antijudías que estrangularían a este pueblo y, eventualmente los forzaría a la conversión. El peor de estos Concilios fue el cuarto, convocado por el Papa Inocencio III en 1215. Se prohibió a los judíos poseer tierras, se los obligó a ganarse la vida como prestamistas, cobrando el interés... ¡Que les fijaba la Iglesia y del cual tenían que pagar un diezmo a la misma! (aquí surge la imagen del judío usurero, tan difundida). Los judíos se ven obligados a vivir en barrios especiales (ghettos) y deben llevar una señal sobre sus ropas (no hay nada nuevo bajo el sol). En varias ciudades se aplican leyes especiales que, en algunos casos son absurdas. Por ejemplo en algunas de ellas se establece un impuesto a los entierros judíos o, si el cementerio está al otro lado del río, se debe pagar un derecho de paso por cada integrante del cortejo... ¡incluido el muerto!. En otras ciudades se establecía una cantidad máxima de judíos que podían vivir en el lugar, por lo que si una pareja quería tener hijos tenía que esperar la muerte de alguien. Muchos nobles, empobrecidos por sus numerosas guerras, estaban endeudados con los prestamistas judíos (entre ellos se encontraban grandes personajes del clero) y, para deshacerse de esas deudas no encontraban mejor forma que incitar al populacho contra los “infieles asesinos de Cristo”, y, mientras las turbas pillaban y asesinaban, los nobles hacían desaparecer los comprobantes de sus deudas. PARTE IV: MEDIADOS DE LA EDAD MEDIA Tras las Cruzadas y los Concilios Letranenses, la situación de los judíos en Europa fue empeorando. A la degradación económica y social se agregó la humillación permanente. En muchas iglesias medievales era común encontrar imágenes que representaban a la Sinagoga como una mujer anciana vencida con su corona caída, frente a la imagen de la Iglesia, representada como una mujer joven y triunfante. En más de una iglesia alemana de la época se encuentran relieves que representan a la “marrana de los judíos”, la imagen de una cerda con inscripciones alusivas contra los judíos. En los tribunales los judíos estaban obligados a prestar juramento según una fórmula humillante, el “more judaico”. En Tortosa era costumbre que el Conde de la ciudad abofeteara en público una vez al año al rabino de la comunidad. Los judíos fueron aislados en barrios separados por muros del resto de la ciudad (el ghetto). En el siglo XIII comenzaron las conocidas disputas religiosas, en las que representantes del clero cristiano (generalmente judíos renegados) trataban de demostrar la falsedad de los escritos religiosos judíos, mientras que los representantes de las comunidades judías defendían a estos escritos. Las más famosas de estas disputas fueron: la de París de 1240, en la que el renegado Nicolás Donin asumió la tarea de demostrar que el Talmud contenía ataques contra el cristianismo. Por el lado judío participaron Rabí Iejiel de París y Rabí moisés de Coucy. A pesar de todos los esfuerzos de los dos sabios, el Talmud fue declarado un libro impío y fue quemado públicamente en la hoguera en París en 1242 (según las crónicas se quemaron cuarenta y cuatro carros llenos de manuscritos del Talmud, que fueron requisados en todos los hogares y academias talmúdicas de Francia). La otra disputa fue la de Barcelona en 1263, en presencia del Rey Jaime I de Aragón. Por el lado de la Iglesia estaba el renegado Pablo Cristiani y por el lado judío Rabí Moisés ben Najmán (Najmanides). Debido a que al sabio judío el rey le garantizó plena libertad de palabra, logró refutar los argumentos de Cristiani con respecto a la abolición de la ley judía con el nacimiento de Jesús. Pero el clero distorsionó los resultados del debate y cuando Najmanides publicó la verdad de lo ocurrido, se vio obligado a exiliarse. En Inglaterra la situación de los judíos tras las Cruzadas fue empeorando, hasta que, luego de haberlos estrangulado económicamente, el Rey Eduardo I (1272-1307) expulsó a los judíos de su reino, confiscando para la corona sus propiedades. Luis IX de Francia (1226-1270), quien era fanáticamente piadoso, aplicó con toda su fuerza los edictos de los Concilios Letranenses. Felipe el Hermoso, su sucesor, exprimió hasta la última moneda de los judíos y luego, en 1306, los expulsó, confiscando los bienes que les quedaban. Pero Luis X les permitió retornar por doce años, ya que eran parte importante de la economía del país, pero al paso de la llamada “Cruzada de los Pastores” se llevaron a cabo cruentas matanzas y, ante la acusación de que los judíos envenenaban los pozos y los ríos, en 1322, fueron expulsados y por muchos años no hubo más judíos en Francia.. En Alemania los judíos fueron declarados “servi camerae”o sea propiedad del emperador, y como tales estaban bajo su relativa protección, aunque el mismo emperador en muchas ocasiones actuaba contra los judíos. El caso más famoso es el del aprisionamiento de Rabí Meir de Rotenburg por parte del Emperador Rodolfo de Habsburgo, quien exigió el pago de un rescate a la comunidad judía para liberar al sabio, pero éste se negó a que se pagara el rescate y murió en prisión. El monarca aun quiso lucrar con el cadáver y recién 14 años después de la muerte de Rabí Meir y previo pago de un rescate, pudo recibir sepultura judía. Las falsas acusaciones contra los judíos se fueron extendiendo por Alemania. En 1298 un noble bávaro, Rindfleish, inició en Roettingen una serie de matanzas alegando que los judíos habían profanado una ostia consagrada. Durante seis meses las pandillas de Rindfleish arrasaron 140 comunidades en Bavaria y Austria, asesinando a más de 100.000 judíos. En 1336 una banda autodenominada “matadores de judíos”, pero conocida popularmente como “Armleder” (brazo de cuero) por el brazalete de cuero que lucían en su brazo sembró el terror a través de Alsacia y Austria, hasta que tras dos años de desmanes y masacres, su líder fue arrestado y ejecutado por el emperador. En 1348 un barco proveniente de oriente trajo una plaga que arrasó Europa: la Peste Negra (peste bubónica), que en menos de dos años se llevó a más de la cuarta parte de la población europea. Es entonces cuando surge una nueva acusación contra los judíos, que por lo elaborada, hasta llega a caer en el ridículo. Según esta acusación, algunos médicos judíos de Córdoba, España, habían elaborado un veneno poderosísimo, el cual fue entregado a los leprosos para que lo arrojaran a las fuentes y pozos de agua, provocando de esta manera la plaga. Esta patraña costó la vida a cientos de miles de almas judías en toda Europa y la expulsión de los sobrevivientes del Imperio Alemán. PARTE V: FINALES DE LA EDAD MEDIA Por supuesto que no en toda Europa ocurría esto. Había un remanso de paz para los judíos: ESPAÑA Mientras la suerte de los judíos en Europa Central estaba sujeta a una serie de persecuciones, España parecía un remanso de paz. Sin embargo, a medida que los reinos cristianos fueron avanzando sobre los moros, también el poder del clero se fue fortaleciendo. En Navarra y los otros reinos cristianos de la península fueron aplicadas las restricciones eclesiásticas contra los judíos que estaban vigentes en el resto de Europa, la única excepción era Castilla. Durante el reinado de Pedro "El Cruel" de Castilla la situación de los judíos seguía siendo buena. Muchos judíos desempeñaban cargos importantes en la corte, como el tesorero real Shmuel HaLevy Abulafia, quien colaboró en el saneamiento de la economía del reino. Es a este funcionario que se debe la construcción de la célebre Sinagoga del Tránsito en Toledo, capital del reino, que posteriormente fue convertida en iglesia. Pero en 1366 Enrique de Trastámara, medio hermano de Pedro, se levanta en armas para apoderarse del trono, y en su avance hacia la capital las comunidades judías de Segovia, Burgos, Ávila y Toledo, que se habían mantenido fieles a Don Pedro, fueron sometidas al pillaje, las sinagogas fueron destruidas y pesados gravámenes fueron impuestos sobre los judíos. De ahí en más las cosas fueron empeorando para los judíos españoles. En 1391, por incitación de Ferrando Martines, Archidiácono de Sevilla, las turbas se lanzaron contra la judería, asesinando a 4000 personas. Sólo aquellos que aceptaron el bautismo fueron peonados. Y este estallido se fue extendiendo, Toledo, Valencia, Córdoba, Gerona, Barcelona. Los excesos anti judíos pasaron las fronteras de Castilla hasta Aragón y la isla de Mallorca. Sólo en Granada, aun bajo el gobierno musulmán, y en Portugal, a través de la intervención de las autoridades civiles, se evitó la tragedia. Se calcula en setenta mil el número de muertos en tres meses. Pero en esta ocasión se dio un fenómeno inédito. Muchos de los judíos de la península ocupaban posiciones descollantes y estaban emparentados de uno u otro modo con la nobleza, por lo que aceptaron, aunque en forma aparente, el bautismo. Surgieron así los Anusim (forzados) a quienes se conoce más popularmente como Marranos. A comienzos del siglo XV Vicente Ferrer, un fraile dominico, comenzó a recorrer las ciudades de Castilla, irrumpiendo en las sinagogas en medio de los servicios religiosos, con una cruz en la mano y, tras expulsar a los fieles, las consagraba como iglesias. Por fin en el año 1478 se estableció el Tribunal de la Inquisición. Contra lo que muchos creen, este tribunal no tenía jurisdicción alguna sobre los judíos profesantes, sino que sólo la tenía sobre aquellos individuos que, habiendo recibido el bautismo (no importaba si voluntaria o forzadamente), caían en lo que la iglesia catalogaba de herejía. Los primeros inquisidores fueron nombrados en 1480 y el primer Auto de Fe se celebró en Sevilla el 6 de febrero de 1481 (se calcula que sólo en dicha ciudad antes de que terminara ese año fueron quemados 3.000 marranos). El 2 de enero de 1492 los reyes Fernando e Isabel de España entran en la ciudad de Granada, último baluarte moro en la península, poniendo fin a la Reconquista. Tres meses más tarde, en el Patio de los Leones de la Alhambra, el 31 de marzo de 1492, los Reyes Católicos firman el infame Edicto de Expulsión, por el cual todos los judíos practicantes del reino debían partir en un plazo de cuatro meses. Todo aquel judío que tras ese plazo fuera encontrado en el reino debía optar entre la conversión o la muerte. Se calcula que 200.000 judíos abandonaron el país donde sus antepasados habían residido desde la época de Salomón. Algunos de los exiliados encontraron asilo provisorio en Portugal (en octubre de 1497 debieron abandonar el país). Otros fueron a Italia, África del Norte y Turquía (en este último país fueron bien recibidos por el Sultán, llegando muchos de ellos a ocupar altos cargos en la corte turca, como Don José Nasí, Duque de Naxos y Doña Gracia Mendes, llamada La Señora, quienes usaron su influencia ante el Sultán para ayudar a sus hermanos perseguidos, al tiempo que ampararon a sabios y estudiosos, llegando a fundar casas de estudio en las ciudades de Safed y Tiberíades, en Israel). Otros se dirigieron al Nuevo Mundo, pensando que así podrían esquivar a la Inquisición y por último varios se dirigieron a Holanda, donde fundaron comunidades prósperas y a Europa Oriental, principalmente Polonia, donde fueron acogidos favorablemente gracias a las leyes que en 1334 emitiera el Rey Casimiro el Grande (1333-1370). Pero la vida pacífica de los judíos polacos se vio alterada por la rebelión de los cosacos liderados por Bogdan Chmielnicki (1595-1657), quien entre los años 1648/49 se levantó en armas contra los reyes polacos con el apoyo de los tártaros de Crimea, arrastrando tras sí a los campesinos ucranianos de Polonia y masacrando a todas las comunidades judías que encontraba a su paso. Tras una breve tregua la guerra volvió a estallar en 1654. Para colmo de males, los suecos invadieron Polonia por el norte y, si bien no trataron cruelmente a los judíos, les impusieron pesados tributos. El hecho de que los judíos se sometieran a esto sin resistencia hizo que los polacos los consideraran traidores y atacaran a las comunidades judías con mas saña que los cosacos. Esto produjo la ruina de la comunidad judía de Polonia, muchos de cuyos miembros emigraron hacia otros países. Durante todo el Renacimiento la situación de los judíos se mantuvo sin cambios. Pero nuevos tiempos se avecinaban en el horizonte de la historia de la humanidad con el advenimiento de la Revolución Francesa. ISIDORO WINICKI NAHARIYA-ISRAEL ijw26@hotmail.com SHALOM <a href='http://b.t.net.ar/www/delivery/ck.php?n=a2afc290&cb=INSERT_RANDOM_NUMBER_HERE' target='_blank'><img src='http://b.t.net.ar/www/delivery/avw.php?zoneid=58&cb=INSERT_RANDOM_NUMBER_HERE&n=a2afc290' border='0' alt='' /></a>
Registrate y eliminá la publicidad! La terminología cristiana Abba: Fórmula de plegaria empleada por Jesús. Es un diminutivo del arameo ab (padre), propio del lenguaje infantil, equivalente a "papá". No figura en el Antiguo Testamento ni en la literatura judía posterior. Refleja una relación singular de Jesús con Dios, su Padre. A imitación de Jesús, también sus seguidores pueden, por inspiración del Espíritu Santo, formular esta misma invocación. Alfa y Omega: Son la primera y última letras del alfabeto griego. La expresión se utiliza para indicar totalidad, una realidad que abarca el principio y el fin. Se aplica a Dios y a Jesús porque son "el primero y el último", el principio y fin de todas las cosas. Alianza: En el Antiguo Testamento indica la relación especial de Dios con Israel, materializada en un pacto entre Yahvé y el pueblo hebreo en el monte Sinaí, en virtud del cual Israel adora exclusivamente a Yahvé y Él le ama y protege como a su pueblo predilecto. No es un pacto entre iguales. Es Dios quien asume siempre la iniciativa. En el cristianismo, aquella relación especial de la alianza antigua es sustituida por una "alianza nueva y eterna" entre Dios y la humanidad, nacida en virtud de la sangre de Cristo. Anciano: El término no se refiere a la edad de las personas, sino a su posición social o su autoridad. Originariamente, los ancianos eran los jefes de familia o clan que, juntos, formaban una especie de consejo de una tribu o de una población. En las monarquías y en las culturas urbanas su función equivalía a la de consejeros o concejales. En el Nuevo Testamento figuran al lado de los apóstoles, deliberan y toman decisiones con ellos. Véase también Presbítero. Anticristo: Los orígenes de este concepto se remontan a las ideologías dualistas que admiten la existencia de un principio del bien y otro del mal, en constante pugna, que librarán, al final de los tiempos, una batalla decisiva. El Anticristo es el gran adversario de Cristo que, en la etapa última de la historia, desarrollará una actividad funesta contra los cristianos. Algunos comentaristas creen que se trata de un personaje concreto, dotado de poderes sobrehumanos, que actuará bajo inspiración diabólica. Otros lo interpretan como el conjunto de doctrinas y sistemas contrarios a las enseñanzas del cristianismo. Apóstol: Vocablo griego que significa "enviado". Es el nombre que, según Lucas, dio Jesús a los doce que eligió, de entre sus discípulos, para ser testigos y proclamadores de su vida, muerte y resurrección. Los Hechos de los Apóstoles aplican esta denominación exclusivamente a los doce. Más tarde, con este término se designaba un círculo más amplio de anunciadores del evangelio. Carisma: El carisma es un don gratuito, sobrenatural, que el Espíritu concede a unas determinadas personas para el bien de la comunidad. Los hay de varias clases: singular capacidad didáctica, fe destacada, don de curaciones, de milagros, de profecía, de discernimiento de espíritus, de lenguas. En las primeras comunidades cristianas fueron tan abundantes que se ha hablado de una Iglesia carismática contrapuesta a la ministerial. Sin embargo, el mismo Pablo advierte: "Hay diversidad de carismas, pero un mismo Espíritu, diversidad de ministerios, pero un mismo Señor" (1 Corintios 12,4-5). Conversión: La conversión es el tema central de la predicación de Juan Bautista y la primera exhortación que formula Jesús a sus oyentes según el Evangelio de Marcos. Implica dos ideas: la de cambio de conducta, invirtiendo la dirección errónea por la que se avanzaba para, dando media vuelta, caminar por el sendero recto; y la de cambio de mentalidad, abandono de las ideas equivocadas que se profesaban para abrir la mente al pensamiento correcto. Cordero: Juan Bautista llamó a Jesús "cordero de Dios". Según muchos exegetas, la expresión alude al cordero que era sacrificado y comido en familia por los judíos en la fiesta de Pascua. En apoyo a esta interpretación puede aducirse la sentencia de Pablo: "Ha sido inmolado Cristo, nuestro cordero pascual" (1 Corintios 5,7). Diácono: Término griego que significa servidor. La primera vez que aparece en el Nuevo Testamento se refiere a los siete "servidores de las mesas" elegidos por los apóstoles. La expresión debe entenderse en sentido amplio, es decir, como personas puestas al frente de las necesidades materiales y las obras de caridad prestadas por la comunidad. De hecho, sus funciones incluían también el servicio de la palabra (por ejemplo, el discurso apologético del diácono Esteban o la labor evangelizadora del diácono Felipe). Por tanto, en aquella decisión apostólica podría verse el origen de la institución del diaconado actual. Eucaristía: El significado literal de este término griego es "acción de gracias". Designa las comidas que celebraban los cristianos en memoria de la última cena de Jesús con sus discípulos. Los relatos y ritos que las acompañaban tendían a subrayar la idea de que Jesús sigue estando presente entre los suyos. Evangelio: En sus orígenes, este vocablo griego se refería a la recompensa (las albricias) que se daba a los mensajeros portadores de felices noticias. Más tarde pasó a designar la noticia misma, por ejemplo, la coronación de un soberano. En el primitivo cristianismo se refería a la noticia de la venida de Dios en la persona de Jesús y a los cuatro libros (de Mateo, Marcos, Lucas y Juan) que la consignan por escrito. Hoy se admite que ninguno de estos libros se debe a la pluma de un testigo ocular, sino que son el resultado de diversas tradiciones orales y escritas, de recorrido muy complejo, con diferencias de unas a otras según las diversas comunidades, recopiladas, en su estadio actual, desde distintas perspectivas, para varios auditorios y con diversas finalidades. Se explicarían así tanto las coincidencias entre ellos (en definitiva, se refieren a un mismo acontecimiento) como las diferencias. Iglesia: Voz procedente del latín ecclesia, que a su vez vierte el concepto griego de ekklesia y éste el hebreo de qahal. Su significado básico es convocatoria de una asamblea y, en sentido pasivo, la asamblea convocada. En el primitivo cristianismo designaba las comunidades locales y, en una segunda etapa, el conjunto de todas ellas, es decir, la Iglesia universal. Hijo de Dios: El concepto de "hijos de dioses" era frecuente en las antiguas religiones orientales. También en la mitología griega abundaban los héroes, semidioses y dioses nacidos de otros dioses o de la unión de dioses con seres humanos. Hubo soberanos, entre ellos los emperadores de Roma, que se hacían venerar como hijos de un dios. En los Evangelios sinópticos Jesús nunca se califica a sí mismo como "Hijo de Dios", pero sí en el Evangelio de Juan. Después de la resurrección, la primitiva comunidad cristiana asumió que Jesús era el Hijo de Dios en sentido propio, es decir, que es igual a Dios y actúa como tal. Hijo del hombre: En arameo, la expresión equivale a miembro de la raza humana, ser humano. Pablo aplica el concepto a Cristo como el hombre celestial, salvador, contrapuesto al hombre (Adán) terreno, pecador. "Por un hombre (Adán) entró el pecado en el mundo y por un hombre (Cristo) vino la salvación." En los Evangelios, la idea de que Jesús es hombre implica dos aspectos: es el hombre (Siervo) doliente de que habla Isaías y es también el Hijo del hombre glorioso que viene en las nubes. Justificación: Dios es justo y hace llegar su justicia hasta los hombres justificándolos, en el sentido de que, después de que éstos se habían hecho pecadores, injustos, les otorga una gracia justificante que, admitida por ellos, les hace justos, los libera del pecado. La justificación es el modo como el hombre admite, se apropia, hace suya esta gracia que le torna justo. Para el judaísmo, sobre todo en la vertiente legalista cultivada por los fariseos, el hombre la conseguía mediante las obras de la Ley. Para los cristianos, y en particular para Pablo, el hombre hace suya esta justicia y se justifica por medio de la fe en Jesucristo. De esta fe fluyen a continuación, como lógica consecuencia, obras justas. Logos: Término griego que encierra muchos significados: palabra, razón, discurso, tratado. En la filosofía helenística es el elemento racional y racionalizador del cosmos. Penetra todo el universo, le da vida, movimiento y orden. En el judaísmo helenístico es el vínculo universal, el primogénito de Dios, la más antigua de las criaturas, el demiurgo, el instrumento del que Dios se sirve para llevar a cabo la creación. En el neoplatonismo es la primera emanación de Dios. En el prólogo del Evangelio de Juan, el Logos es eterno, como Dios, es la Palabra de Dios. Para muchos autores, este Logos joánico no tiene origen helenístico, sino semita. Véase Palabra. Maran atha: Expresión aramea que significa "nuestro Señor ha venido". También puede leerse marana tha, "¡Señor nuestro, ven!". En la primera hipótesis, su contexto se sitúa en la liturgia eucarística ("nuestro Señor ha venido y está aquí con nosotros". En la segunda, se inscribe en la espera de la venida de Jesús. Mesías: Término arameo que significa "ungido". En la historia antigua, entre los ritos y solemnidades con que los grandes personajes (soberanos, vasallos de elevado rango, sacerdotes...) accedían a su cargo o dignidad figuraba la unción con aceite. En la literatura paleotestamentaria, la expresión Mesías de Dios se refiere siempre, a partir del s. I a.C., a un futuro salvador. El Nuevo Testamento utiliza casi siempre su equivalente griego, Cristo. Obispo: Del griego epískopos, "inspector", "vigilante". Un texto de los Hechos de los Apóstoles lo entiende en el sentido de personas que se mantienen "vigilantes" para pastorear a la Iglesia del Señor. En la literatura neotestamentaria no se definen con claridad ni su estado ni sus funciones. Puede admitirse que en los primeros momentos las comunidades cristianas estuvieran regidas por un consejo de ancianos (véase Presbítero) y que en una segunda etapa (hacia el 61-63, fecha probable de la redacción de la primera Carta a Timoteo y la Carta a Tito) hubiera ya uno solo como dirigente de cada comunidad. En los últimos años del siglo I o en los primeros años del siglo II estaba ya generalizado el establecimiento de un obispo al frente y como responsable de cada una de las iglesias locales. Palabra: Para la mentalidad semita, la palabra no es la simple expresión fonética de una cosa o de una idea, sino que se identifica con la realidad significada. Una vez pronunciada es irrevocable. Las bendiciones y maldiciones, tras ser formuladas, permanecen por siempre. Las palabras encierran un poder mágico. La Palabra de Dios tiene el mismo poder que Dios. Dios crea con una palabra. En el Nuevo Testamento, Cristo es la Palabra de Dios. Véase Logos. Paráclito: En el griego profano significa defensor de una causa y también intercesor. En el Nuevo Testamento, y en particular en los escritos joánicos, equivale a abogado o testigo de la defensa ante un tribunal. No es un término específico del Espíritu Santo, porque también Jesús es paráclito, pues actúa como abogado de sus discípulos ante el Padre. El Espíritu Santo es "otro paráclito". Parusía: Vocablo griego que significa "presencia" en el sentido de que alguien viene y está, por tanto, presente. En la literatura profana se aplica a la visita y presencia de príncipes, reyes o emperadores en una ciudad e implica, por ello, un evento festivo, solemnizado con un prolijo ritual. En el Nuevo Testamento alude a la venida de Jesús en gloria y majestad al final de los tiempos. Presbítero: Voz griega que significa "anciano". De los textos que incluyen este término en el Nuevo Testamento se desprende que los presbíteros desempeñaron una función especial en las primitivas comunidades cristianas. Según los Hechos, actúan al lado de los apóstoles. En la Carta de Santiago, son los encargados de la unción de los enfermos. No se sabe con certeza si estos presbíteros tenían el rango de obispos. Véase Anciano, Obispo. Sóter: Salvador. La figura de un salvador que acudirá en socorro de la humanidad o de una parte de ella (de los adeptos, los iniciados) estuvo muy difundida en el espacio religioso de la Edad Antigua. Del ámbito religioso pasó al político y en muchos países, entre ellos el Imperio Romano, los soberanos reclamaron este título. Para los cristianos hay un solo Salvador, un solo nombre en el que poder ser salvados, el de Jesús, que ha llevado a cabo la salvación de todo el género humano con el derramamiento de su sangre. Glosario coránico Agradecimiento: El agradecimiento es del hombre para con Dios, no de los hombres entre sí. Alá: Dios. Aleya: Versículo del Corán, considerado como signo de la omnipotencia de Alá. Alquibla: Dirección de la Caaba en La Meca, adonde debe orientarse el musulmán durante la azalá. Amonestación: Recuerdo que se hace de una enseñanza religiosa para su consideración. La "Amonestación" es el propio Corán. Asociación o sinteísmo: Pecado enorme que consiste en equiparar a Dios con otro u otros entes. El asociador o sinteísta es diferente del idólatra y del politeísta. Auxiliares: Los primeros convertidos de Medina al Islam, que dieron asilo al Profeta y a sus compañeros. Azalá: Oración institucional obligatoria, diferente de la invocación. Azaque: Impuesto-limosna legal sobre los bienes, diferente de la limosna espontánea. El Camino: El camino que conduce a la Verdad, el camino por excelencia. Corán: Escritura revelada por Dios a Mahoma con encargo de que la comunicara a los hombres. Otros nombres: "Escritura", "Amonestación", "Criterio". Creador: Alá es el único Dios, el creador del hombre. Éste le adora, se somete absolutamente a su voluntad y vive en su presencia. Criterio: Norma que permite distinguir la verdad de la falsedad, el bien del mal, lo permitido de lo prohibido, a los creyentes de los que no lo son, y facilita la salvación. Desagradecer: El desagradecido a los beneficios divinos pasa a ser infiel. Desmentir: Decir a los enviados de Dios que mienten, tachar los signos de Dios de mentira. Dios (Allah): El único Dios real. Alá es el vocablo árabe para designar a Dios y lo emplean tanto los musulmanes como los árabes cristianos. Dirección: Lo que lleva rectamente hacia la verdadera religión. La Torah y el Evangelio son direcciones, el Corán es "La Dirección". Edén: El paraíso o morada de los bienaventurados. Emigrados: Seguidores de Mahoma que emigraron de La Meca a Medina antes o después que él. Enviado: El Corán no ofrece una clara distinción entre "enviado" y "profeta", aunque los distingue. Para la tradición poscoránica, enviado es el receptor de la revelación divina que ha recibido el encargo de transmitirla a toda la humanidad o a una parte de ella. "El Enviado" es Mahoma. Para la tradición, es "profeta" quien recibe una revelación de Dios y predica, amonesta; la predicción del futuro le es extraña. "El Profeta" es Mahoma. Escritura: Las Escrituras, en general, son todas las Escrituras reveladas por Dios. Las Escrituras mencionadas en el Corán son: la Escritura Matriz, el propio Corán, la Torah (de Moisés), el Evangelio (de Jesús), los Salmos (de David), las Hojas (de Abraham y de Moisés). Evangelio: Escritura de los cristianos contemporáneos del Profeta. El Fuego: El fuego del infierno. Gabriel: Ángel encargado de la revelación de Dios a Mahoma. Llamado también "el Espíritu", "el Espíritu Santo", así como "el Espíritu digno de confianza". Gehena: Infierno. Gente de la Escritura: Depositarios de una Escritura; en particular, los judíos y los cristianos. Hanif: Monoteísta inflexible preislámico -no judío ni cristiano-, cuyo prototipo sería Abraham. Individualidad disidente en un medio pagano, buscador de Dios. Hijos de Israel: Antepasados bíblicos de los judíos. Cuando en el Corán se habla de los "judíos", se refiere a los contemporáneos de Mahoma. Hipócritas: Es un concepto religioso. Eran medineses (y medinesas), musulmanes de palabra, infieles de corazón, observantes remisos, indignos de confianza, intrigantes, oportunistas. Su jefe era Abd Allah ibn Ubayy. Las Hojas: Libros (hoy considerados aprócrifos) que contendrían las revelaciones comunicadas a Abraham y Moisés. La Hora: El día de la Resurrección. Iblis: Nombre personal del Demonio. En la sura 24 y en otras aleyas, Iblis es un ángel o un genio. Ignorar: Suele tener una acepción moral -ignorar la ley de Dios- y alguna vez, intelectual. Infiel: Aquel que, conscientemente, no acepta la revelación divina. Su postura, pues, no es pasiva, sino activa y, por tanto, es diferente de "pagano". Invocación: Oración individual y libre; por tanto, diferente de "azalá". Islam: Sumisión incondicional a la voluntad de Dios. De aquí la religión predicada por Mahoma, la "Religión". El Jardín: El paraíso terrenal; el paraíso o morada de los bienaventurados. Judíos: Véase "Hijos de Israel". Letras enigmáticas: Son letras recitadas como si fueran del alfabeto al comienzo de 29 suras; están aisladas o formando grupos de hasta cinco, en combinaciones variadas, cuya significación, si es que la tienen, no ha sido aún resuelta satisfactoriamente. Podría tratarse de abreviaciones de palabras, frases o ideas de las suras; de nombres de propietarios de colecciones de suras; de símbolos mágicos, místicos, o de simples valores numéricos. Lo oculto: Los misterios metafísicos. Pagano: Quien no ha recibido la revelación divina; es, por tanto, diferente de "infiel". Véase también "ignorar". Peregrinación: La peregrinación mayor a La Meca es de carácter colectivo y obligatorio, y se celebra en los días prescritos. La peregrinación menor es de carácter individual y potestativo, y puede realizarse en cualquier época del año. Con frecuencia, ambas peregrinaciones fueron confundidas ya en vida del Profeta. Profeta: Véase "enviado". Saber: Muchas veces tiene más una acepción moral que intelectual. Véase "ignorar". Sakina: Término de difícil traducción, en su origen significa "presencia divina". Los comentaristas musulmanes lo interpretan como "tranquilidad del alma". Servir: Cuando se dice "Servid a Señor", suele significar "Dad adoración al Señor". Siervo: Suele sugerir la idea de "siervo del Señor", "hombre"; alguna vez también "esclavo". Signo: En sentido amplio, evocación; en sentido estricto, prueba irrebatible (un fenómeno natural, un prodigio, una "aleya" de la omnipotencia de Dios). Sura (en español también llamada "azora": Capítulo del Corán. El Ungido: Sobrenombre, de significado impreciso, de Jesús. En la aleya 45 de la sura 3 parece entenderse como nombre propio, pero no tiene forma de tal. Nombres ilustres de la fundación del Islam Abd al-Muttalib: Abuelo de Mahoma, a quien acogió a la muerte de Amina. Abd Allah: Padre de Mahoma: estaba de viaje cuando éste nació y murió lejos sin llegar a conocerle. Abd Allah ibn Ubayy: Jefe de los adversarios políticos de Mahoma, que, aunque pocos en número y sin formar un partido definido, se hicieron fuertes entre los años 625 y 627. Abu Bakr: Amigo de Mahoma, tercer converso del Islam y sucesor del Profeta como primer califa. Ordenó la primera recopilación de los textos coránicos. Abu Lahab: Enemigo de Mahoma, se resistió, con su esposa, al ministerio del Profeta. Abu Talib: Tío de Mahoma, a la muerte de Abd al-Muttalib, se hizo cargo de su educación. Aisa: Hija de Abu Bakr y segunda esposa de Mahoma. Alí: Hijo de Abu Talib, primo de Mahoma, quien se hizo cargo de él a la muerte de su tío. Segundo converso del Islam. Amina: Madre de Mahoma; al nacer éste, le confió a un ama, según la costumbre de la época. Las relaciones colactáneas eran consideradas entre los árabes como verdaderos vínculos familiares. Murió cuando Mahoma tenía siete años. Bahira: Monje cristiano que presintió milagrosamente el porvenir del joven Mahoma cuando se encontró con él por vez primera. Coraixíes: Árabes sedentarios cuya tribu constituía la población de La Meca y a la cual pertenecía Mahoma. Hafsa: Hija de Umar y una de las esposas de Mahoma. A la muerte de su padre, recibió la custodia del texto coránico. Halima: Nodriza de Mahoma. Jadicha: Viuda rica protectora del joven Mahoma, con quien contrajo un temprano matrimonio. Primera conversa del Islam. Musaylima: Profeta árabe contrario a los musulmanes. Sachab: Profetisa cristiana enfrentada a los musulmanes después de la muerte de Mahoma. Umar: Consejero de Abu Bakr y su sucesor como califa. Utman: Sucesor de Umar. Ordenó reunir de nuevo y establecer los textos del Corán. Waraqa ibn Nawfal: Primo de Jadicha y cristiano, que poseía libros en hebreo y conocía esta lengua. Afirmó que la criatura que Mahoma había divisado era el Ángel de la Revelación. Yasir: Primer mártir del Islam. Su hijo apostató después de haber sido sometido a tortura. Zayd ibn Tabit: Joven familiar de Mahoma, a la muerte de éste recibió el encargo de reunir por escrito todos los textos coránicos. Lo hizo de nuevo bajo el califato de Utman. Expansión y conflictos de la Reforma Academia de Ginebra: Fundada en 1559 y dirigida por Théodore de Bèze, fue la principal escuela protestante de Europa. Andreas Karlstadt: Colaborador de Lutero que abolió los votos monásticos, el celibato sacerdotal y el culto a las imágenes. Defendió que la misa católica no era el sacrificio de Jesús sino una conmemoración de él. Lutero se deshizo de él cuando comprobó su excesivo radicalismo. Contrarreforma: Movimiento católico de recuperación. En su dimensión política de enfrentamiento a la Europa Central, la Contrarreforma tuvo sus principales bastiones en España e Italia. Tuvo su momento álgido en el concilio de Trento. Enrique VIII de Inglaterra: Tomó la iniciativa de una Reforma resueltamente hostil al luteranismo. Excomulgado el 11 de julio de 1533 por su divorcio de Catalina de Aragón y su matrimonio con Ana Bolena, tomó una serie de decisiones que abocaron en enero de 1534 a la confirmación del cisma anglicano. Erasmo de Rotterdam: (Desiderius Erasmus Roterodamus, 1469-1536). Filólogo, filósofo y teólogo no especulativo y humanista, fue un personaje que por un lado fustigó las instituciones y el sistema filosófico de los eclesiásticos de su época -con lo que preparó el camino del protestantismo- y por otro se enfrentó ideológicamente con Martín Lutero, con quien a pesar de todo le unían lazos de profundo respeto. Federico I de Dinamarca: Una vez destronado Cristián II, hizo del luteranismo la religión oficial. Su victoria sobre el pretendiente católico determinó, en 1537, el paso de Noruega al protestantismo. Gustavo I Vasa: Rey sueco; al liberar Suecia de la dominación danesa en 1523, secularizó los bienes del clero y organizó a partir de 1529 una Iglesia luterana estatal estrechamente sujeta a la monarquía nacional. Humanismo: Movimiento intelectual que a partir del estudio de los textos antiguos propugnaba, en el Renacimiento, el cultivo de las facultades del hombre para acercar a éste a un ideal que creía realizado en la antigüedad grecorromana. En el siglo XVI, el humanismo de Erasmo de Rotterdam había introducido en el estudio filológico de la Sagrada Escritura y la crítica de las creencias y las instituciones religiosas del cristianismo. Johannes Tetzel: Fraile dominico alemán que en tiempo de Lutero recorría Sajonia predicando la indulgencia concedida por el papa León X para financiar la reconstrucción de San Pedro. Juan Calvino: Francés (Jean Cauvin). Reformador más estricto que Lutero, en 1536 publicó la Institución de la religión cristiana, una obra que defendía que el Evangelio es la única fuente de la verdad. Su autoridad se extendió a Ginebra. Exiliado, reconstruyó en Estrasburgo una Iglesia de refugiados franceses y combatió todo entendimiento tanto con los luteranos como con Roma, lo que no le impidió denunciar a Miguel Servet ante la Inquisición Católica. Reforma: Movimiento religioso del siglo XVI, por el que una gran parte de Europa se sustrajo a la obediencia del Papa, lo que dio origen a las diversas Iglesias protestantes. Thomas Cromwell: Consejero de Enrique VIII de Inglaterra. El 11 de febrero de 1531 consiguió que el parlamento votara la subordinación de la Iglesia a la Corona. Thomas Münzer: Colaborador de Lutero que intentó crear comunidades sin culto ni sacerdotes. En 1524 alentó la guerra de los campesinos, lo que le valió el enfrentamiento con el propio Lutero. Tomás Moro: Consejero de Enrique VIII de Inglaterra. Permaneció en el catolocismo romano y luchó contra la herejía. Ulrico Zuinglio: Discípulo de Lutero, implantó la Reforma en Zurich y Berna entre 1525 y 1528. Rechazando los sacramentos, simplificaba radicalmente la liturgia. También enfrentado con Lutero, un intento de unión fracasó en 1529 en el llamado "coloquio de Marburgo". Datos del judaísmo contemporáneo Asquenaze: En la Edad Media, decíase de los judíos que habitaban Europa Central y Oriental. Su lengua era el yiddish y su legado se ha mantenido en algunas zonas de Europa (aunque mucho menos tras el Holocausto), América (EE.UU. y también el Cono Sur) y el moderno Estado de Israel. Hoy en día son un 70 % de los judíos del mundo y el yiddish se ha ido recuperando como lengua escrita, sobre todo desde la entrega del premio Nobel de Literatura en 1978 al escritor polaco-estadounidense Isaac Bashevis Singer, gran divulgador de la tradición jasídica. Balfour: Declaración promovida en 1917 por el científico Chaim Weizmann, en la que el gobierno británico apoyaba oficialmente la pretensión sionista de establecer una patria judía en Palestina, que en aquel entonces formaba parte del tambaleante imperio turco. Dos años después se adhirió a ella el presidente de Estados Unidos, Woodrow Wilson. Buber, Martin: Filósofo y teólogo judío de origen austriaco. Gran estudioso de la Biblia y exponente del sionismo, aunque lo invistió de un cariz marcadamente filantrópico: sus nociones de cooperación y fraternidad provienen de la tradición jasídica. Cohen, Hermann: Filósofo y teólogo alemán del siglo XIX. Eminentemente neokantiano, consideraba el judaísmo una religión afín a la razón y era contrario al sionismo. Su pensamiento ha ejercido una gran influencia en el mundo hebreo contemporáneo. Eliezer, Israel ben: (véase Jasídico). Gurion, David Ben: Líder político que en 1948 proclamó el Estado de Israel, con el beneplácito de la ONU, en la ciudad de Tel Aviv. Herzl, Theodor: (véase Sionismo). Intifada: Movimiento de liberación islámico surgido en las zonas ocupadas por Israel desde la guerra de los Seis Días (1967). Jasídico: Movimiento fundado en Polonia, en el siglo XVII, por Israel ben Eliezer, llamado por sus seguidores Baal Shem Tov ("Buen Maestro de Renombre". Sus tesis contrarias a la rigidez intelectual de la tradición rabínica atrajeron a gran cantidad de fieles, especialmente entre los hebreos de clase humilde. La sencilla piedad y la alegría de vivir defendidas por los jasidim (jasídicos) se extendieron por toda Europa Oriental y aunque su influencia decreció en el siglo XX, ha llegado hasta nuestros días, especialmente entre los judíos de origen ruso, bielorruso, polaco, húngaro y ucraniano que emigraron a Estados Unidos. Judaísmo liberal: Tendencia nacida en el siglo XIX y desarrollada especialmente en el XX. Se contrapone al judaísmo unitario y al conservador. Se trata de una discreta observancia de las leyes de la Torah por parte de muchos individuos, que la adaptan a un pensamiento no categórico y personal. Probablemente procede del carácter ecléctico del siglo que ha dado conocidos intelectuales hebreos de muy distinta orientación ideológica: agnósticos, socialistas y, en algunos casos, hasta ateos. Judaísmo ortodoxo: Tendencia surgida en el siglo XIX que pretende conjugar el respeto sagrado a la Torah con un modo de vida justo, pero adaptado a la vida moderna. Por ejemplo, los judíos pueden llevar las mismas ropas que los no judíos, pues son sus creencias las que los diferencian, no su aspecto físico, y también pueden llevar una vida secular mientras no se aparten de las normas, que son inmutables. En el siglo XX, paradójicamente, se llama ortodoxos a los judíos que visten de forma explícitamente hebraica (de negro, con filacterias y sombrero, el pelo de las sienes crecido) y acuden al Muro de las Lamentaciones a leer y comentar fragmentos de la Torah; es decir, se identifica con el judaísmo ultraconservador. Judaísmo reformado: Nacido al mismo tiempo que el judaísmo ortodoxo (siglo XIX), abandona la concepción mística de que los judíos son el pueblo elegido. De modo pragmático, los reformistas son conscientes de que el pueblo de Israel ya no tiene Estado y de que son tan sólo una opción religiosa minoritaria en muchos países, por lo que hay que adaptarse: el judaísmo es un producto de la historia y puede -y debe- cambiar con los tiempos. Ejerce una clara influencia en el judaísmo no dogmático y liberal del siglo XX. Kibbutz: (plural, kibbutzim). Pequeñas explotaciones agrícolas en régimen de cooperativa, de clara inspiración socialista, que se fundaron en el nuevo Estado de Israel y que aún hoy están vigentes. Muro de las Lamentaciones: Originalmente, parte del muro de Jerusalén en época romana. Hoy se ha convertido en un símbolo de la nueva Sión y a él acuden los hebreos a conmemorar desde fiestas sacras hasta acciones militares, como ocurrió al acabar la guerra de los Seis Días. Rebbe: (a veces, abreviado Reb). Título de respeto que se da al rabino que lidera un grupo jasídico. También se aplicaba a los maestros de escuela primaria en Europa Oriental antes del Holocausto. Rosenzweig, Franz: Filósofo y teólogo alemán, discípulo de Hermann Cohen y traductor de la Biblia. Escribió su obra máxima, La estrella de la redención, en las trincheras durante la primera guerra mundial. Sefardíes o sefarditas: Originalmente, tras la diáspora medieval, nombre que se dio a los judíos que habitaban España, Portugal y algunas áreas del Mediterráneo. Hablaban ladino y hoy en día apenas quedan unos pocos descendientes (especialmente en Bulgaria y Turquía). De hecho, la última gran comunidad sefardí fue aniquilada en Tesalónica durante la segunda guerra mundial. Sionismo: (del antiguo nombre de Israel, Sión). Originalmente, movimiento ideológico y político fundado por el periodista austriaco Theodor Herzl. El sionismo es un movimiento de emancipación que nació como respuesta al antisemitismo y las falsas promesas de las naciones; su principal objetivo era crear un estado judío en Palestina. Herzl murió en 1904, siete años después del Primer Congreso Sionista en Basilea y casi medio siglo antes de que fuera cumplido su sueño. Universidad hebrea de Israel: Institución fundada en la década de 1950 por judíos procedentes de la diáspora. A su cargo ha estado, y sigue estándolo, gran parte del renacer de la cultura hebraica, del retorno del hebreo como lengua hablada y de la conservación de la historia y tradiciones sefardíes y askenazíes. Datos y obras sobre el Holocausto Antisemitismo: Desde tiempos inmemoriales, doctrina hostil a los judíos. La Alemania nazi fue la que llevó más lejos el antisemitismo, pero en todos los países de Europa se produjeron brotes de violencia por esta causa. Son hitos históricos en este sentido la expulsión de los judíos de España por los Reyes Católicos en el siglo XV, el "caso Dreyfus" en Francia en el XIX, y el fascismo internacional de la primera mitad del siglo XX. Auschwitz: (en polaco, Oswiecim). Campo de exterminio nazi, tal vez el más tristemente famoso de la historia del Holocausto. Situado cerca de Cracovia, se han conservado parte de sus instalaciones (cámaras de gas, hornos crematorios, etc.) para que sirvan de ejemplo de los horrores que la humanidad debe evitar. Baeck, Leo: Rabino, filósofo y teólogo, en 1905 publicó su obra fundamental, Esencia del judaísmo. Años más tarde, fue líder de los judíos alemanes durante la persecución nazi. Sobrevivió a las penalidades del campo de concentración de Theresiendstadt, donde escribió varias obras, como Este pueblo: Israel, el significado de la existencia judía, que recupera la tradición teológico-filosófica de Hermann Cohen, de quien fue discípulo. Belzec: Campo de exterminio nazi situado cerca de la frontera entre Polonia y Ucrania. En él, como en casi todos los campos de exterminio, fueron eliminados tanto judíos como eslavos, gitanos, homosexuales, comunistas y enfermos mentales. Bergen-Belsen: Campo de exterminio nazi situado en el norte de Alemania. Buchenwald: Campo de concentración nazi situado cerca de Leipzig. Dachau: Campo de concentración nazi situado en el sur de Alemania. Diáspora: Dispersión del pueblo judío por todo el mundo, a lo largo de los siglos. Su última manifestación, provocada de modo abrupto y trágico por el Holocausto en Alemania y Europa Oriental, llevó a muchos al Estado de Israel, creado en 1948. Frank, Anna: Judía holandesa que murió durante la ocupación nazi, a los 16 años y tras haber escrito un conmovedor diario que expresa, desde el inocente punto de vista de una adolescente, la barbarie nazi. El Diario de Anna Frank han tenido millones de lectores. Ghetto de Varsovia: En 1943, Hitler envió a sus tropas para ocupar la capital polaca, esperando no encontrar resistencia. Sin embargo, con métodos improvisados y apenas armados, los hombres y mujeres del ghetto judío de Varsovia resistieron heroicamente a los ejércitos alemanes durante un mes, lo cual se convirtió en un símbolo de lucha para la futura Israel. Judaísmo del Holocausto y la Redención: Según Jacob Neusner, tendencia unificadora de los judíos del siglo XX. Por encima de ideologías o variantes doctrinales, están unidos por la experiencia (en carne propia o en la de familiares) del Holocausto nazi y por la Redención, que sería la creación del Estado de Israel. Kaddish: Oración hebrea en homenaje a los muertos. Kristalnacht: En alemán, "noche de los cristales", momento en que se llevó a cabo (noviembre de 1938) la quema de sinagogas, tiendas y casas de judíos alemanes. Levi, Primo: Escritor judeo-italiano interesado en los campos nazis y autor de la conocida novela La tregua. Madjanek: Campo de exterminio nazi situado cerca de la frontera entre Polonia y Ucrania. La mayoría de sus víctimas reposan en el cementerio judío de Lublin, junto al cual se erigió la Izba Pamieci (en polaco, Cámara de la memoria), un complejo arquitectónico diseñado por Stanislaw Machnik que recuerda a las víctimas del Holocausto. Mauthausen: Campo de concentración nazi situado entre Austria y la República Checa. Psicoanálisis: Escuela de psicología y psiquiatría fundada por Sigmund Freud. Muchos de sus continuadores han sido hebreos y algunos de ellos, como Eugene Heimler, Viktor Frankl o Bruno Bettelheim, fueron supervivientes de los campos nazis, lo cual les hizo desarrollar sus estudios teniendo en cuenta su experiencia en situaciones límite. El psicoanálisis ha sido también una vía de escape para muchos pacientes que conocieron el horror. Schindler, Oskar: Nombrado por Israel "persona justa" en la década de 1950, Schindler fue un empresario alemán que trasladó sus fábricas a Cracovia y consiguió salvar a cientos de trabajadores judíos de los campos de exterminio. Su figura se hizo célebre a raíz de una excelente película del director de origen judío Steven Spielberg. Singer, Isaac Bashevis: Escritor polaco que obtuvo el premio Nobel de Literatura en 1978 escribiendo en yiddish, cuando esta lengua estaba prácticamente muerta. Emigrado a Estados Unidos en 1935, conoció en los años siguientes a muchos judíos que huían del Holocausto. Muchas de sus obras hablan del tema con gran lucidez. Su novela póstuma, Sombras sobre el Hudson, es básica para comprender las distintas posturas (sionismo, ortodoxia, comunismo, ultracapitalismo, agnosticismo y ateísmo) que los judíos han adoptado tras el Holocausto: uno de los personajes de la novela, Anna Makaver, afirma: "-¡Oh, no soporto que me hablen de Dios! Después de lo ocurrido en Europa, me indigna que se pronuncie esa palabra, porque si Dios realmente existe y permitió todo aquello, es aún peor que si no existiera." Las obras de Singer son importantes para entender la cultura judaica, tanto la anterior al Holocausto (sus cuentos y leyendas de inspiración jasídica) como la posterior. Treblinka: Campo de exterminio nazi situado cerca de la frontera entre Polonia y Bielorrusia. En él la resistencia moral judía fue tan enconada que se ha convertido en uno de los símbolos de la lucha por la dignidad del pueblo hebreo. Sobibor: Campo de exterminio nazi situado cerca de la frontera entre Polonia y Ucrania. Wiesel, Elie: Escritor que popularizó el concepto de Holocausto (que significaba "sacrificio u ofrenda con fuego" referido a la muerte de seis millones de judíos durante la persecución nazi. Él mismo fue superviviente de un campo de exterminio. Yad Va-Shem: Instituto de estudios del Holocausto, fundado en 1957 en Jerusalén, con el objeto de recopilar todo lo concerniente a tan trágico hecho de la historia del pueblo judío. SHALOM <a href='http://b.t.net.ar/www/delivery/ck.php?n=a2afc290&cb=INSERT_RANDOM_NUMBER_HERE' target='_blank'><img src='http://b.t.net.ar/www/delivery/avw.php?zoneid=58&cb=INSERT_RANDOM_NUMBER_HERE&n=a2afc290' border='0' alt='' /></a>

La Reforma de Lutero Contra la decadencia de la Iglesia romana "Entonces empecé a entender la justicia de Dios como la justicia por la que el justo vive gracias al don de Dios, y vive por la fe. La justicia de Dios... ha de entenderse en sentido pasivo, es decir, en el sentido de que es Dios quien nos justifica, en su misericordia, por la fe" (Lutero, en una "charla de sobremesa" del año 1523). En los últimos años del siglo XV, la necesidad de una reforma de la Iglesia "en la cabeza y los miembros" se había convertido en un clamor generalizado. El papado se hallaba sumido en un profundo descrédito. Los pontífices se mostraban más interesados en la defensa de sus intereses como soberanos que en el desempeño de su alta misión de guías espirituales. El traslado de la corte pontificia de Roma a Aviñón (1309-1376) ofreció a la cristiandad el espectáculo de los papas dependiendo de los deseos y las conveniencias de los monarcas franceses. Durante el posterior "Cisma de Occidente" (1378-1417) pudo verse a los pretendientes a papas pugnar entre sí y disputarse el favor de los príncipes y los reyes. La confusión era tal que ni las personas más piadosas sabían quién era el verdadero pontífice. La situación permitió hacer germinar la idea de que también sin papas puede funcionar la Iglesia y de que, en todo caso, la autoridad suprema reside en los concilios ("conciliarismo". Junto a sus innegables méritos como mecenas de la cultura, los papas renacentistas iniciaron un profundo proceso de "mundanización" de la curia romana. El descrédito había alcanzado también al alto clero. Obispos y abades rivalizaban por acaparar el mayor número posible de diócesis, canonjías, monacatos o fundaciones piadosas para apoderarse de sus rentas, prebendas y beneficios. Las diócesis alemanas, con sus pingües ingresos, estaban reservadas a los segundones de la alta aristocracia, que a veces ni siquiera abrigaban la intención de recibir las sagradas órdenes. Todavía a mediados del siglo XVI, el cardenal Alejandro Farnesio, sobrino de Paulo III, acumulaba diez obispados, 26 monasterios y otros 133 beneficios entre parroquias, capellanías y canonjías. Los prelados no residían en los lugares donde debían ejercer su labor de cura de almas. Delegaban estas funciones a vicarios mal instruidos y míseramente pagados. Este afán de acaparación fue el detonante que hizo estallar la revolución reformista. Todos estos abusos eran conocidos, y también denunciados, desde antiguo. Pero en la segunda mitad del siglo XV se había añadido un factor nuevo que hacía que la situación fuera insostenible: había emergido el hombre renacentista. Los círculos ilustrados -los creadores del "humanismo cristiano", entre los que destacan Petrarca (1304-1374), Ficino (1433-1499), Pico de la Mirándola (1463-1494), Tomás Moro (1478-1555) y Erasmo de Rotterdam (1466-1536) entre otros muchos- no se contentaban ya con las viejas respuestas y pedían a la Iglesia soluciones nuevas que ésta fue incapaz de dar. Aquellos hombres toleraban mucho peor los abusos, las lacras y la ignorancia del clero, y adoptaban actitudes rebeldes allí donde las generaciones anteriores se habían mostrado profundamente dolidas, pero siempre obedientes y resignadas. Sin las aportaciones de estos círculos humanistas no puede explicarse el éxito y la expansión fulminante del movimiento reformista. La Reforma de Martín Lutero Martín Lutero nació en Eisleben, en 1483, en el seno de una familia de mineros del cobre. En 1505 ingresó en el convento de los agustinos de Erfurt, donde estudió una teología marcada por el nominalismo. Fue un monje ejemplar, completamente dedicado al estudio, la enseñanza y la predicación. En 1510 hizo un viaje a Roma, de donde regresó con una impresión muy negativa y convencido de que la Iglesia necesitaba una urgente y profunda reforma. El estudio de la Carta a los romanos del apóstol Pablo y de las obras de san Agustín sobre el pecado y la gracia divina llevó a Lutero al descubrimiento del enunciado central de toda la Reforma: el hombre no se salva por sus obras, sino por la fe que Dios le concede y a través de la cual le justifica. En esta doctrina teológica no tienen cabida las indulgencias. Reaccionó, por tanto, indignado ante la predicación de la indulgencia plenaria llevada a cabo en las diócesis de Magdeburgo y Maguncia a partir de 1514. Fue una indulgencia particularmente nefasta en su origen y en su ejecución. En su origen, porque la curia romana había concedido al arzobispo de Magdeburgo la sede de Maguncia a cambio de 10 000 ducados y la mitad de los ingresos obtenidos por la venta de la indulgencia. Y en su ejecución, por la burda manera con que el dominico Tetzel incitaba a los fieles a comprar indulgencias en favor de las almas de los difuntos: "Apenas suena en el cepillo el dinero, el alma del difunto vuela al cielo". Tal vez pertenezca a la leyenda el episodio que describe a Lutero clavando, en la puerta de la iglesia del castillo de Wittenberg, el 31 de octubre de 1517, las 95 tesis que había redactado en latín contra ellas. A partir de esa fecha inició una enorme labor en defensa de su doctrina de la verdadera Iglesia. En el año 1520, en su escrito A la nobleza alemana, proclamó el sacerdocio universal de todos los bautizados y el principio de que la Escritura se entiende por sí misma y no necesita ser interpretada por el magisterio. En La cautividad babilónica de la Iglesia sólo admite los sacramentos del bautismo y la cena (y deja en duda el de la penitencia). En La libertad del cristiano afirma que "el cristiano es un hombre libre respecto a todas las cosas y no está sometido a nadie". El 3 de enero de 1521 fue excomulgado. Para salvarle del poder del emperador Carlos V, el príncipe Federico el Sabio le ocultó en el castillo de Wartburg, donde entre 1521 y 1523 inició la traducción de la Biblia al alemán. Lutero y el movimiento humanista Inicialmente, las ideas de Lutero contaron con el favor de los humanistas que, además, le consideraban uno de los suyos por su conocimiento de las lenguas antiguas. Pero a medida que el reformador insistía en la salvación por la sola gracia o la sola fe, sin intervención de la voluntad humana, se fue enajenando las simpatías de muchos de ellos. Erasmo advirtió claramente cuál era la víctima principal de los ataques de Lutero: no el papado o las indulgencias, sino la libertad del hombre que, para el pensador holandés, es la que le permite ser socio de Dios. Para Lutero, en cambio, "el libre albedrío después del pecado es pura palabrería, y si el hombre hace lo que de él depende, peca gravemente" (Assertio). Erasmo objetó que sin libertad para elegir entre el bien y el mal no hay ética cristiana. Lutero, en su escrito de réplica Sobre el libre albedrío, tachó a Erasmo de "ateo, despreciador de la Escritura, destructor del cristianismo, hipócrita, blasfemo y escéptico". La ruptura entre ambas doctrinas era inevitable. El protestantismo en Europa Central Contra el poder de la jerarquía oficial En el último tercio del siglo XV y a lo largo de todo el XVI, la efervescencia reformista se expandió por una Europa ya impregnada de humanismo y sedienta de coherencia entre la fe y las costumbres. Las ideas de Lutero se extendieron como una llamarada por toda Europa. Fueron numerosos los factores que contribuyeron a su difusión en un espacio de tiempo muy corto. Entre ellos ocupan un lugar destacado la excelente preparación doctrinal, la gran energía y la entrega incondicional de algunos de sus promotores. No todos fueron seguidores de Lutero y simples repetidores de sus enseñanzas. De hecho, los reformadores defendieron con frecuencia posturas enfrentadas, mantuvieron numerosas controversias, a menudo muy enconadas, y no faltaron las enemistades y los odios mortales entre sí. Pero a todos ellos les unía el mismo sentimiento de irreductible rebeldía contra las estructuras de la jerarquía oficial de la Iglesia instalada en el poder y compartían la misma pasión por imponer drásticas reformas. Los hombres de Lutero Lutero contó desde el primer momento con el apoyo de un buen número de seguidores y colaboradores leales. Destacaron entre ellos Nicolás de Amsdorf (1483-1565), que le ayudó a traducir la Biblia al alemán. Fue consagrado obispo evangélico de Nuremberg por el propio Lutero y era tan ardiente partidario de la justificación por la sola fe que llegó a sustentar la tesis de que las buenas obras son dañinas para el alma. El humanista Justus Jonas (1493-1555) puso sus conocimientos de jurista al servicio de las iglesias reformadas para la redacción de las ordenaciones eclesiásticas. También él colaboró con Lutero en la traducción de la Biblia, estuvo a su lado en el lecho de muerte y pronunció su oración fúnebre en Eisleben. Jorge Burckhard (1484-1545), llamado Espalatino por su lugar de nacimiento (Splat, cerca de Nuremberg), estuvo al servicio de la corte del príncipe elector de Sajonia Federico el Sabio. Trabó amistad con Lutero desde fechas muy tempranas y le prestó una ayuda inestimable al conseguir que el elector le ofreciera un refugio seguro en el castillo de Wartburg cuando, ya excomulgado y declarado hereje, estaba expuesto al castigo del emperador. La personalidad más destacada del círculo de seguidores de Lutero fue, sin duda, Philipp Schwarzerd (1497-1560), más conocido como Melanchthon, traducción de su apellido ("negro" del alemán al griego. Iniciado en las lenguas antiguas y los estudios teológicos por su tío, el hebraísta Juan Reuchlin, abrazó las ideas de Lutero en 1517. Sus Loci communes rerum theologicarum, publicados en 1521, le han valido la fama de teólogo de la Reforma protestante. Su gran formación humanista y el gran aprecio que siempre profesó a Erasmo le convirtieron en el lazo de conexión (a punto de romperse a causa de la áspera controversia entre este último y Lutero) entre los círculos humanistas y las ideas de la Reforma. Melanchthon aceptaba la tesis luterana sobre la incapacidad de la inteligencia humana de llegar al conocimiento de Dios y sobre la carencia de libertad de la voluntad, pero se oponía a renunciar a la existencia de una ética filosófica. Entendía que también después de la caída puede la naturaleza conocer la ley natural y la voluntad hacer obras naturalmente buenas, aunque de nada sirven para la justificación. En la dieta de Augsburgo de 1530, celebrada con el propósito de restablecer la unidad de la fe y de reagrupar a todas las fuerzas cristianas contra el peligro turco, Melanchthon elaboró una "confesión" protestante en la que su deseo de paz y armonía le inducía a calificar de "pequeñas diferencias" lo que en realidad eran graves diferencias dogmáticas. Aunque la dieta no alcanzó sus objetivos, Melanchthon siguió buscando, hasta el final de sus días, fórmulas de compromiso aceptables para católicos y protestantes. Esta postura ha sido valorada de diversas maneras. Para algunos, vacía totalmente de contenido las ideas de Lutero sobre la justificación; para otros, ofrece una síntesis fecunda -de signo ético neoaristotélico- entre la Reforma y la cultura humanista. Zuinglio y la reforma suiza Ulrico Zuinglio (1484-1531) estudió en Viena y Basilea, donde existían florecientes centros humanistas. Su proceso de ruptura con Roma se inscribe en la rebelión generalizada contra la Iglesia jerárquica, pero -como él mismo se encargó de subrayar- no dependía de Lutero. "Antes de que nadie hubiera oído entre nosotros el nombre de Lutero, comencé yo, en 1516, a predicar el evangelio de Cristo." "El principio básico de su concepción teológica es que no hay otra autoridad doctrinal que la de la Escritura, que no es ya privilegio de sacerdotes, sino bien común". Rechazaba todo lo que no está explícitamente contenido en la Biblia: el papado, la misa, la invocación de los santos, el celibato sacerdotal... El consejo del cantón de Zurich aceptó e impuso, en 1525, las tesis de Zuinglio. Desde Zurich, la reforma de Zuinglio se propagó a varios cantones, entre otros Sank Gallen, Basilea -en éste en competencia con los seguidores de Lutero- y Berna. Otros (Lucerna, Uri, Schwyz, Unterwalden, Zug, Glaris, Friburgo, Solothurn y Appenzell) se mantuvieron fieles a Roma. Muy pronto, de las discusiones teológicas se pasó a los enfrentamientos armados. En 1531, un ejército zuriqués encabezado por Zuinglio, que había sido capellán castrense de tropas suizas, fue derrotado en Kappel por los católicos. Zuinglio encontró la muerte en el combate. Como consecuencia de la derrota, los zuinglianos firmaron la paz con los católicos y, a continuación, entraron en negociaciones doctrinales con los calvinistas, que culminaron con la unión de ambos movimientos en 1549. El protestantismo en el Norte y Occidente de Europa De Calvino a Servet El protestantismo de Europa Occidental está profundamente marcado por la obra y la personalidad de Juan Calvino (Jean Cauvin, 1509-1564). Su ruptura con la Iglesia se produjo hacia 1533, según él de forma imprevista y por intervención divina. En 1536, Calvino publicó su obra Institutiones doctrinae christianae, que le acreditaba como el más sistemático de los teólogos reformistas. Aquel mismo año se trasladó a Ginebra, donde con firme voluntad logró imponer su propia reforma. Implantó una severísima disciplina en la ciudad, que no excluía la pena de muerte para quienes se oponían a sus ideas (p. ej., contra el médico español Miguel Servet, condenado a la hoguera por negar la Trinidad). Ginebra se convirtió en la Roma del protestantismo. Muerto Lutero (1546), Calvino fue la figura más destacada y el líder indiscutible del movimiento reformista. Juan Calvino Las teorías de Calvino crean una Iglesia de tipo democrático y presbiteriano. Existen en ella cuatro oficios: pastores o predicadores, maestros, presbíteros y diáconos. Se rechaza la figura del obispo. La comunidad es la guardiana de la ortodoxia y la tutora de la ley. Sólo se admiten dos sacramentos: la cena y el bautismo que, por lo demás, no producen ningún efecto en quienes no están predestinados. El calvinismo comparte (aunque con distintas interpretaciones) los dos grandes principios luteranos: que la justificación nos viene de fuera y que la Escritura, principio único de la fe y de las creencias, se explica por sí misma. El movimiento calvinista se difundió rápidamente por Francia, a pesar de la oposición de los monarcas franceses (que, por otra parte, apoyaban a los reformistas en las tierras del imperio). Las cuestiones religiosas dividieron a las poderosas familias aristocráticas (los Borbones a favor de la reforma, los Guisa en contra). Los enfrentamientos armados fueron numerosos y a veces muy sangrientos. Las guerras de religión se prolongaron desde 1562 hasta finales del siglo XVI. El conflicto se decantó a favor de Roma cuando el hugonote Enrique IV de Navarra, pretendiente al trono de Francia, abandonó la reforma ("París bien vale una misa" y fue aceptado también por los católicos. En el edicto de Nantes (1598) se concedía a los calvinistas libertad de culto, pero Luis XIV lo revocó en 1683. Crisis religiosas o políticas Las doctrinas calvinistas se difundieron en Escocia gracias, sobre todo, a la predicación de Juan Knox, formado en Ginebra bajo la dirección personal de Calvino. La expansión de la reforma por los restantes países europeos estuvo protagonizada por personajes de menor talla teológica, y las razones religiosas estuvieron con mucha frecuencia entreveradas de ambiciones políticas. En los Países Bajos, el calvinismo se alió en las provincias del norte con el sentimiento antiespañol liderado por la familia de los Orange. En Suecia, los protestantes proclamaron (1523) al rey luterano Gustavo I para separarse religiosamente de Roma y políticamente de Dinamarca. Finlandia abrazó el luteranismo de su influyente vecina, Suecia. En Dinamarca, la imposición del luteranismo (entre 1533 y 1559) tuvo como objetivo poner fin al predominio del alto clero y de la nobleza. Siguieron este mismo destino Noruega e Islandia, pertenecientes a la corona danesa. En Prusia, el Gran Maestre de la Orden Teutónica abrazó, a principios de la década de 1520, las ideas reformistas, secularizó los territorios de la orden y se apoderó de ellos con el título de duque de Brandeburgo-Prusia. Polonia, bajo el reinado de Segismundo I (1506-1548), se mantuvo firmemente católica. También en Italia y España surgieron brotes protestantes en el entorno de los círculos humanistas, pero la Inquisición cortó de raíz estos movimientos con la celebración de los sangrientos autos de fe de Valladolid (1558-1559) y Sevilla (entre 1559 y 1564). Expansión y conflictos de la Reforma A finales del siglo XV, parecía que la reforma religiosa y moral reclamada por las Iglesias cristianas ya la habían iniciado los predicadores y los reformadores de las órdenes religiosas. Pero Roma no renunciaba a su política de poder, y el descontento popular era profundo. Por otra parte, resultaba cada vez más insoportable el pulso político entre la Europa Central y la Mediterránea. El conflicto religioso que desencadenó Martín Lutero encontró terreno abonado para los enfrentamientos no sólo teológicos, sino -y quizá principalmente- políticos. Aquí y en el mapa adjunto se pretende ofrecer unos nombres clave para la comprensión del gran estallido del cisma que marcará al cristianismo durante los cinclo siglos posteriores. Academia de Ginebra: Fundada en 1559 y dirigida por Théodore de Bèze, fue la principal escuela protestante de Europa. Andreas Karlstadt: Colaborador de Lutero que abolió los votos monásticos, el celibato sacerdotal y el culto a las imágenes. Defendió que la misa católica no era el sacrificio de Jesús sino una conmemoración de él. Lutero se deshizo de él cuando comprobó su excesivo radicalismo. Contrarreforma: Movimiento católico de recuperación. En su dimensión política de enfrentamiento a la Europa Central, la Contrarreforma tuvo sus principales bastiones en España e Italia. Tuvo su momento álgido en el concilio de Trento. Enrique VIII de Inglaterra: Tomó la iniciativa de una Reforma resueltamente hostil al luteranismo. Excomulgado el 11 de julio de 1533 por su divorcio de Catalina de Aragón y su matrimonio con Ana Bolena, tomó una serie de decisiones que abocaron en enero de 1534 a la confirmación del cisma anglicano. Erasmo de Rotterdam: (Desiderius Erasmus Roterodamus, 1469-1536). Filólogo, filósofo y teólogo no especulativo y humanista, fue un personaje que por un lado fustigó las instituciones y el sistema filosófico de los eclesiásticos de su época -con lo que preparó el camino del protestantismo- y por otro se enfrentó ideológicamente con Martín Lutero, con quien a pesar de todo le unían lazos de profundo respeto. Federico I de Dinamarca: Una vez destronado Cristián II, hizo del luteranismo la religión oficial. Su victoria sobre el pretendiente católico determinó, en 1537, el paso de Noruega al protestantismo. Gustavo I Vasa: Rey sueco; al liberar Suecia de la dominación danesa en 1523, secularizó los bienes del clero y organizó a partir de 1529 una Iglesia luterana estatal estrechamente sujeta a la monarquía nacional. Humanismo: Movimiento intelectual que a partir del estudio de los textos antiguos propugnaba, en el Renacimiento, el cultivo de las facultades del hombre para acercar a éste a un ideal que creía realizado en la antigüedad grecorromana. En el siglo XVI, el humanismo de Erasmo de Rotterdam había introducido en el estudio filológico de la Sagrada Escritura y la crítica de las creencias y las instituciones religiosas del cristianismo. Johannes Tetzel: Fraile dominico alemán que en tiempo de Lutero recorría Sajonia predicando la indulgencia concedida por el papa León X para financiar la reconstrucción de San Pedro. Juan Calvino: Francés (Jean Cauvin). Reformador más estricto que Lutero, en 1536 publicó la Institución de la religión cristiana, una obra que defendía que el Evangelio es la única fuente de la verdad. Su autoridad se extendió a Ginebra. Exiliado, reconstruyó en Estrasburgo una Iglesia de refugiados franceses y combatió todo entendimiento tanto con los luteranos como con Roma, lo que no le impidió denunciar a Miguel Servet ante la Inquisición Católica. Reforma: Movimiento religioso del siglo XVI, por el que una gran parte de Europa se sustrajo a la obediencia del Papa, lo que dio origen a las diversas Iglesias protestantes. Thomas Cromwell: Consejero de Enrique VIII de Inglaterra. El 11 de febrero de 1531 consiguió que el parlamento votara la subordinación de la Iglesia a la Corona. Thomas Münzer: Colaborador de Lutero que intentó crear comunidades sin culto ni sacerdotes. En 1524 alentó la guerra de los campesinos, lo que le valió el enfrentamiento con el propio Lutero. Tomás Moro: Consejero de Enrique VIII de Inglaterra. Permaneció en el catolocismo romano y luchó contra la herejía. Ulrico Zuinglio: Discípulo de Lutero, implantó la Reforma en Zurich y Berna entre 1525 y 1528. Rechazando los sacramentos, simplificaba radicalmente la liturgia. También enfrentado con Lutero, un intento de unión fracasó en 1529 en el llamado "coloquio de Marburgo". Las Iglesias del cristianismo reformado Una tempestad de ideas El principio reformista que proclama como única autoridad doctrinal legítima la Sagrada Escritura libremente interpretada por cada creyente estaba llamado a desatar un torrente de opiniones encontradas y enconadas controversias, y así ocurrió. Hubo una primera etapa agitada por efervescentes discusiones doctrinales no sólo con los teólogos católicos, sino también dentro del movimiento reformista, polémicas de todos contra todos: de Lutero contra Zuinglio, contra Melanchthon, contra Agrícola, contra Osiander y Calvino; de Calvino contra Arminio y contra Miguel Servet; de Knox contra los calvinistas holandeses; de Flacio Ilírico y Amsdorf contra Pfeffinger. Surgieron numerosos grupos, sectas y comunidades de los más diversos géneros. Hubo grupos anárquicos que asaltaban las iglesias y destruían las imágenes, sectas de exaltados o iluminados, agitadores que, invocando las proclamas de Lutero, provocaban insurrecciones sociales. Hubo también comunidades de severa moral, como los anabaptistas, una vez superada su primera fase revolucionaria y destructora, y sus sucesores, los menonitas. De todo aquel tumultuoso torbellino de ideas, con el paso del tiempo sedimentaron dos Iglesias que descuellan por la gran personalidad de sus fundadores, por el rigor y la solidez del edificio teológico que consiguieron levantar y por el considerable número de sus seguidores: la Iglesia luterana y la calvinista. Su historia externa tiene algunos puntos comunes. Tras una etapa inicial de rápida expansión numérica y geográfica por toda Europa en la primera mitad del siglo XVI, siguió un período de asentamiento e incluso de retroceso bajo los efectos de la Contrarreforma católica. Sin embargo, hubo una importante circunstancia divergente en esta trayectoria. Mientras que el luteranismo conseguía implantarse como religión mayoritaria en muchos países nórdicos y contaba con la protección de las autoridades civiles, el calvinismo era (a excepción de en Escocia y los Países Bajos) una confesión minoritaria, en situación de asedio y sometida (sobre todo en Francia) a sangrientas persecuciones. Asentamiento de las doctrinas En su historia interna, superada la virulencia de las discusiones de la primera hora, en ambas confesiones se inició un proceso de cristalización, clarificación y sistematización de la doctrina, muchas veces expuesta de forma fragmentaria y hasta contradictoria, en escritos surgidos al compás de los acontecimientos o dictados por urgentes necesidades del momento. La escisión de la Iglesia de Inglaterra presenta una génesis peculiar. En ella las controversias doctrinales tuvieron una importancia secundaria. De hecho, el principal impulsor de la rebelión contra la Iglesia romana, el rey Enrique VIII, había sido honrado por el papa León X con el título de "defensor de la fe" por sus escritos contra Lutero. Pero la negativa del papa Clemente VII a concederle el divorcio de su esposa, Catalina de Aragón, llevó al monarca a negar la autoridad del pontífice. En el año 1534, el parlamento inglés aprobó el Acta de Supremacía que proclamaba al rey la autoridad suprema de la Iglesia de Inglaterra. La Iglesia anglicana, así nacida, se subdividió en dos ramas, la episcopaliana (que admite la figura del obispo) y la presbiteriana (que la niega). Como reacción a las costumbres relajadas de la Iglesia anglicana oficial surgió la comunidad metodista, que tiene numerosas afinidades con el movimiento pietista. La Alta Iglesia anglicana mantiene muchos puntos de contacto doctrinales con el catolicismo. El embate racionalista En los siglos XVIII y XIX, las confesiones protestantes tuvieron que hacer frente, al igual que el catolicismo, a los asaltos que la Ilustración lanzó contra ellas en nombre de la razón. La idea de una religión y unas verdades reveladas parecía inconciliable con el talante racionalista del Siglo de las Luces. Una de las respuestas a estos embates fue la "teología liberal", que intentaba explicar "razonablemente" los contenidos del cristianismo al precio de vaciarlos de contenido. En aquel gélido clima espiritual surgió, como reacción, el movimiento pietista, que cultiva una religiosidad íntimamente sentida y profundamente personal. Fundado por el párroco de Frankfurt Felipe Spencer, alcanzó con Friedrich Schleiermacher (1768-1834) su máxima formulación filosófica y teológica. Schleiermacher, considerado por algunos el verdadero "padre de la teología protestante moderna", se propuso exponer el cristianismo desde una perspectiva asequible a la mentalidad culta de su tiempo (Discurso sobre la religión dirigido a los espíritus cultivados que la desprecian). Para Schleiermacher, la religión se fundamenta en el sentimiento y la intuición y no depende de los dogmas. Pero no en el sentimiento entendido como emoción psicológica, sino como vivencia profunda, que incluye también un género de sensibilidad que abre el espíritu y la mente a otras dimensiones, a las que no se puede acceder por la vía de la racionalidad. El pietismo cristalizó en numerosas agrupaciones de fieles que cultivan en sus reuniones una viva religiosidad y practican una elevada moral cristiana en el ámbito personal y familiar. Así surgieron, entre otras, la Iglesia baptista, la congregacionalista, los cuáqueros, los hermanos moravos y los metodistas. Este nuevo fenómeno nacido en el seno del protestantismo ha tenido importantes repercusiones sociales a través de movimientos de ayuda a grupos necesitados y ha contribuido a mantener lazos de unión entre las masas proletarias y urbanas crecientemente descristianizadas y el mundo de la religión. Uno de los frutos más destacados de este movimiento ha sido la evangelización de países que, al compás de la colonización y la expansión europea y norteamericana, fueron penetrando en el círculo de visión occidental. Numerosas sociedades misioneras financiadas por los movimientos pietistas contribuyeron poderosamente, a lo largo de los siglos XIX y XX, a difundir el cristianismo por todos los continentes. La teología protestante hasta hoy La multiplicidad de credos y formulaciones doctrinales dentro de un protestantismo que comprende grupos religiosos tan dispares como los luteranos, los reformados, los anglicanos, los metodistas, los congregacionalistas y otros, hace muy difícil sistematizar su pensamiento en un esquema común. Sin embargo, pueden presentarse algunos de sus aspectos peculiares y específicos, sobre todo comparándolos con las interpretaciones cristianas frente a las cuales se plantearon. La revelación y la gracia: Ya desde la Reforma, la teología protestante ha defendido siempre la trascendencia de la revelación salvífica de Dios en Jesucristo, en la que el hombre puede participar exclusivamente por la gracia de Dios. La palabra: La revelación salvadora se realiza por la palabra, entidad real que partiendo de Dios llega con fuerza irresistible al hombre. Esta palabra no es una mera información sobre verdades, ni siquiera es en exclusiva el contenido material de la Biblia, sino que se trata de un contacto vital, una situación de la persona abierta al Espíritu. El Espíritu y la fe: La palabra de Dios recibida bajo el influjo personal e individual del Espíritu Santo engendra la fe en la persona; es decir, la confianza que le transforma, le perdona los pecados y le asegura la justicia y la bienaventuranza eterna. La justificación por la fe: La fe que el creyente ha recibido como don espiritual no corre riesgo alguno ni está expuesta a inestabilidades irreparables, sino que está asegurada por toda la eternidad puesto que, como regalo gratuito de Dios y no como merecimiento humano, es absolutamente independiente de la conducta de la persona. Pesimismo existencial: A pesar de la justificación por la fe, el hombre será culpable ante Dios y no tiene posibilidd alguna de reparar su culpa. Su naturaleza seguirá inclinada a no amar a Dios y al prójimo y, aunque en orden a la salvación sus pecados dejarán de serle imputados, él seguirá siendo esencialmente pecador. Jesucristo y los santos: El pecado de la persona acentúa el carácter exclusivo de Jesucristo como salvador y redentor de la humanidad. Los santos son ejemplos estimulantes de la fe, así como la Virgen María, que, por ser madre de Cristo sin concurso humano, es signo de la acción trascendente y solitaria de Dios en la salvación del hombre. Los teólogos protestantes contemporáneos También como reacción a la teología liberal imperante durante el siglo XIX en el panorama cultural (sobre todo en el espacio germanoparlante), la teología protestante dio en el siglo XX una pléyade de brillantes pensadores que abrieron nuevas y luminosas perspectivas para la comprensión del cristianismo en el momento actual. Entre los nombres que mayores aportaciones han proporcionado a este proceso de renovación y revitalización de la teología pueden mencionarse los siguientes: Rudolf Bultmann (1884-1976): Exegeta y teólogo luterano alemán. Intentó una aproximación a los enunciados del cristianismo enmarcándolos en sus relaciones con el mundo en que se originó, es decir, un mundo de religión judía influenciado por la espiritualidad griega y modelado con las categorías de la filosofía helenista y algunos elementos de las religiones de Oriente Próximo. La gran aportación de Bultmann es la idea de la desmitologización: el mensaje del Nuevo Testamento está envuelto en un lenguaje mítico, de acuerdo con la mentalidad que tenían sus destinatorios, los cristianos, en aquella época. Para descubrir su verdadero significado es preciso desmitificarlo, traducirlo a nuestras categorías existenciales. Kark Barth (1886-1968): Teólogo calvinista suizo. La base de su espléndido edificio doctrinal es la afirmación de la trascendencia de la palabra de Dios. Es esta palabra la que crea la fe. "Todo lo humano es espacio vacío... Sólo queda la pura fe." En las primeras etapas de su exposición teológica, Barth aplicaba a la religión lo que Pablo dice de la ley y las obras. La religión, entendida como intento de apoderarse de Dios, es el pecado fundamental. En su segunda etapa matizó este punto de vista. Cristo ha salvado toda la realidad del hombre pecador, incluida la religión. Por eso es verdadera la religión cristiana. Paul Tillich (1886-1965): Teólogo protestante alemán. Su credo religioso insistía en la trascendencia, pero mostraba al mismo tiempo un gran respeto por las conquistas culturales humanas, y por ello se definía a sí mismo como teólogo de frontera. Dedicó al estudio de las interrelaciones entre la cultura y la teología una de las obras más significativas sobre este tema (Teología de la cultura y otros ensayos). En ella afirma que la religión no es un ámbito más de la realidad humana, sino una dimensión esencial de la misma. Pero esta dimensión trascendental sólo se hace palpable al hombre cuando adquiere formas concretas en símbolos en los que se expresan las vivencias y se manifiesta la irrupción de lo sacro en la historia. El símbolo básico del cristianismo es Jesús en cuanto Cristo. Oscar Cullmann (1902-): Historiador, exegeta y teólogo luterano francés. Es uno de los más destacados exponentes de la teología de la historia: la historia es una historia de salvación, de una salvación que se desliza en el tiempo y tiene su centro en Cristo. Cullmann ha analizado las relaciones socioculturales del cristianismo primitivo con el helenismo (en el que se configuró conceptualmente, pero con el que está siempre en pugna), el judaísmo y el gnosticismo. Sus teorías implican un claro acercamiento a las posiciones católicas, pero no una aceptación y mucho menos una identificación con ellas. Dietrich Bonhoeffer (1906-1945): Teólogo luterano alemán. En las cartas que escribió en la cárcel, donde fue recluido por su oposición al nazismo y de donde sólo salió para ser ejecutado, lleva adelante, de una manera radical, las ideas de su maestro, Karl Barth, y de Bultmann. Siguiendo la línea de pensamiento del primero, se pregunta si no habría que hablar de la religión en los mismos términos con que Pablo se refiere a la circuncisión: como rito del pasado definitivamente superado. La humanidad se encaminaría, por tanto, a una era "no religiosa". En sintonía con Bultmann, declara que no sólo es mítico el lenguaje del evangelio, sino también sus conceptos. Por tanto, la tarea del exegeta y del teólogo consistiría en interpretar este mensaje (y a Dios mismo) con categorías ajenas a la religión. La Iglesia cristiana, una historia de dogmas y divisiones 49 Primer concilio en Jerusalén, bajo la presidencia de Pedro Siglo IV Cisma bizantino o de Oriente, generado en apariencia por cuestiones dogmáticas, pero en realidad por las rivalidades políticas entre las capitales de Constantinopla y Roma, y las antipatías entre griegos y latinos Concilio de Nicea (año 325). Se acepta el Credo, también llamado Símbolo de los apóstoles Concilio de Constantinopla (año 381), convocado por Dámaso I para combatir las numerosas herejías que seguían proliferando en Oriente 1215 Concilio de Letrán. Contra la herejía de los albigenses 1274 Concilio de Lión: se intentó la reunificación de las Iglesias romana y griega 1378-1417 Gran cisma de Occidente. División en el seno de la Iglesia cristiana romana con motivo de la elección de Urbano VI como Papa 1414 Concilio de Constanza: para poner término al cisma de Occidente Siglo XVI Cisma protestante Concilio de Trento (1545-1563), contra la Reforma impulsada por el protestantismo 1869-1870 Concilio Vaticano I; contra el modernismo; definió la infalibilidad del Papa 1965-1968 Concilio Vaticano II, para la puesta al día del papel de la Iglesia católica en el mundo contemporáneo. SHALOM <a href='http://b.t.net.ar/www/delivery/ck.php?n=a2afc290&cb=INSERT_RANDOM_NUMBER_HERE' target='_blank'><img src='http://b.t.net.ar/www/delivery/avw.php?zoneid=58&cb=INSERT_RANDOM_NUMBER_HERE&n=a2afc290' border='0' alt='' /></a>

Registrate y eliminá la publicidad! Cielo e infierno en Occidente (El jardín del Edén, La Morada de los ángeles, Los vikingos, El Islam, El río de la muerte) Los conceptos opuestos de Cielo e Infierno han subyugado al hombre desde los tiempos más remotos. Todas las culturas del universo comparten la expectativa de una paz y una felicidad eternas para quienes han llevado una vida recta. y también asignan eternos sufrimientos para los obradores de la maldad. Actualmente las descripciones clásicas del Cielo y del Infierno tienen el peligro de caer en el tópico. Sin embargo, todo el mundo interpreta debidamente el convencionalismo de los niños alados, arpas y aureolas, así como la imagen del Infierno subterráneo. La creencia en la vida del más allá es un hecho universal, pero nadie, naturalmente, sabe aun con exactitud lo que ello comporta. Frecuentemente, lo que el hombre imagina más allá del sepulcro está relacionado con los deseos terrenales. Los pueblos del desierto esperan deliciosas fuentes; los guerreros vikingos, la compañía de los héroes. El jardín del Edén La palabra paraíso es de origen persa y después pasó a los griegos. Literalmente significa «tierra de los bienaventurados». Designaba los jardines de palacio de los reyes persas, encerrados tras muros, y fue utilizado más tarde para aludir al Paraíso Terrenal o Jardín del Edén. Finalmente, los escritores del Nuevo Testamento lo aplicaron al Cielo, morada eterna de los cristianos bienaventurados. En casi todas las religiones y mitologías se halla situado en algún lugar del firmamento. La religión védica del Indostán lo entendía como un reino de luz situado en los confines del cielo. Este Paraíso ofrecía la plena satisfacción de los deleites terrenos, «con música, cumplimiento de los deseos sexuales y ausencia de dolores y preocupaciones». Morada de los ángeles El hinduismo tiene también su Paraíso por encima de las nubes, mientras el budismo muestra en el suyo diversos grados y lo sitúa en un cielo vago y no astronómico, más allá de la atmósfera. El cristianismo se inspiró abundantemente en las religiones hebrea y griega. Del judaísmo procede esa región del cielo donde habitan Dios y sus ángeles. Del helenismo tomó la idea del viaje espiritual. La idea de los siete cielos -siendo el séptimo y último la máxima felicidad- también es griega. El Elíseo era la morada de los bienaventurados en la mitología de los griegos. De ahí proceden los Campos Elíseos de los poetas que Homero coloca en el «confín del mundo». Otros griegos eran más precisos y los situaban hacia el Atlántico, en una «fértil tierra que tres veces al año producía frutos dulces como la miel». Los vikingos La imagen escandinava del Valhalla, versión vikinga del Cielo, era menos placentera y así lo expresa Wagner en sus grandiosas óperas. En la mitología nórdica, el Valhalla era la mansión de los muertos. Se decía que el imponente palacio de Asgard tenía 450 puertas, tan enormes que podían entrar por cada una un frente de 800 guerreros muertos en combate. En su interior el dios Odín celebraba festines con los héroes que las Valkirias, sus servidoras, conducían al Valhalla. Estas cabalgaban radiantes en medio de las batallas y seleccionaban entre los muertos aquellos guerreros dignos de cenar con Odín. Pero la paz de los valientes era exigua, pues cuando los muertos llegaban al Valhalla debían reanudar diariamente la lucha. Cuantos caían en la lid eran resucitados para el banquete de la noche, con el dios de las batallas. El Islam La más joven de las grandes religiones, es también la más sencilla: adora al único y supremo Dios, y le invoca con el nombre de Alá. La palabra «islam» significa «sumisión» a la voluntad de Dios. La palabra «muslim» o musulmán significa «el que se somete». La religión islámica afirma que Dios es Alá y Mahoma el profeta por quien Alá se ha comunicado. Mahoma redactó los primeros capítulos del Corán, la «Biblia islámica», aunque no le sabe si el libro quedó terminado en vida del profeta. El Corán describe con vivos colores las delicias del Cielo. Ofrece jardines, fuentes, vino y hermosas vírgenes. Aquellos que son admitidos en él pueden beber el vino que les estuvo prohibido en la Tierra y mofarse incluso de los sufrimientos de los no creyentes. Amenaza del fuego El Infierno responde a diversas concepciones según las culturas, pero el judaísmo y el cristianismo lo presentan como terrible medio disuasorio para el pecador impenitente. Supone la amenaza de condena eterna, especialmente entre llamas, y se han descrito con viveza sus castigos como medio saludable contra la inmoralidad, el crimen y en definitiva para la salvación del cristiano. Los primeros cristianos aceptaron desde el principio la realidad del Infierno y en especial la existencia del tormento del fuego. Ello explica la difusión de las enseñanzas El Apocalipsis de Pedro en el siglo II, que dice así: «Algunos condenados estaban colgados de la lengua: eran aquellos que habían blasfemado contra la justicia, y tenían bajo sus pies un fuego cuyas llamas les atormentaban... Y en otro lugar había piedras más afiladas que espadas, calentadas como ascuas de fuego, sobre las que hombres y mujeres cubiertos de harapos eran arrastrados con gran tormento... Junto a ellos había unas muchachas sin más vestido que las sombras, las cuales eran cruelmente castigadas y sus carnes desgarradas en pedazos. Son aquellas jóvenes que no supieron conservar su virginidad hasta el momento de ser otorgadas en matrimonio.» Homero escribió con pesimismo una espantosa oscuridad a la que todos o casi todos los muertos debían ir. Era la morada del Hades, el dios de la muerte, que gobernaba, tal como se describe en La Ilíada, «odiosas estancias de podredumbre que llenan de horror a los propios dioses». Los griegos sentían tal horror de la muerte que incluso procuraban no nombrarla. El río de la muerte La Estigia, una laguna o río de la Arcadía, se convirtió en el río principal de ultratumba. Los muertos la cruzaban en la harca de Caronte, que cobraba por el pasaje una moneda, depositada por los parientes en la boca o en la mano del difunto. La descripción del Islam no es menos tenebrosa: el Infierno estaba «cubierto de fuego, barrido por vientos pestilentes e inundado de agua hirviendo». Cielo e infierno en Oriente (Yang y el Yin, El Tao, El Budismo) El Yang y el Yin Miles de años antes de Cristo, la antigua filosofía china desarrolló una armoniosa concepción del orden natural. Existían muchos cielos diferentes a donde se dirigían los muertos para gozar en amable compañía. Los más importantes eran las Islas de los Bienaventurados, en los mares orientales, y el Paraíso de Occidente, situado donde se alzan las montañas del Turquestán. El universo se componía de dos elementos relativos, el Yang y el Yin. El Yang era lo positivo o masculino, y estaba representado por el calor, la actividad, la dureza, la claridad, la creación y la estabilidad. El Yin era lo negativo o femenino, y estaba representado por la humedad, el fría, lo pasivo, lo blando, lo misterioso, lo confuso y lo variable. La eterna cópula de ambos principios dio origen al Cielo y a la Tierra; en aquél predominaba Yang y en ésta Yin. Mientras el dualismo de las demás filosofías -lo bueno y lo malo- se halla en eterno conflicto, el Yang y el Yin están invariablemente de acuerdo. El Tao El taoísmo constituye el fundamento de la filosofía china. Es una «senda» o un «camino» y en la comprensión del Tao está el auténtico sentido de la vida. La unidad del Cielo y de la Tierra sólo es posible cuando el Tao sigue su curso natural. En un principio el taoísmo parecía pulsar resortes ocultos y mágicos y transportaba a las mentes a una tierra de ensueño. Budismo Los budistas se apartan de la general creencia en el Paraíso. Ellos, y todos los seres vivos, están sujetos a innumerables ciclos de nacimiento, muerte y resurrección. El budismo, religión de los discípulos de Gautama Buddha, se esparció por el norte de la India en el siglo VI antes de J. C. y pretende enseñar al hombre la forma de librarse del sufrimiento de la vida. Sólo cuando el hombre se sobrepone a las ansias y deseos materiales puede alcanzar el Nirvana, estado en que se alcanza la paz absoluta. No obstante, en la China primitiva, en el Japón y en el Tíbet, existía una rama del budismo que creía en el «Gran Paraíso Occidental». Un antiguo texto que ha llegada hasta nosotros lo describe como «un lugar inundado de luz y brillantes joyas de valor incalculable... Buda se sienta en su trono de flor de loto, como sobre una montaña de oro, en medio de todas las excelencias y rodeado de sus santos». El libro de los vigilantes La rebelión de los satanes La figura o la idea del diablo y el nombre de Lucifer o de Satanás se hallan con frecuencia inseparablemente unidos. Y asociamos su maldecida esencia a la fracasada rebelión que protagonizó contra Dios y que le convirtió para siempre en un ángel caído. También se nos ha enseñado que fue este mismo diablo llamado Satanás el que tentó con éxito, bajo la forma de una serpiente, a nuestra madre Eva en Edén, precipitando su inmediata expulsión -y la de su seducido partenaire- del cuestionable paraíso en el que vivían. No bien habitaba ya el diablo en aquel maravilloso jardín, la rebelión angélica de la que fue protagonista debió de tener lugar en algún momento anterior a la creación del hombre por Dios al séptimo día de su inspirada semana. ¿Pero en cuál de esos seis días previos pudo haberse desarrollado tan insólita contienda? El Génesis guarda silencio al respecto. Ahora bien, este mismo libro relata en otro pasaje un episodio extraordinario que se desarrolló en los albores de aquella humanidad aún recién creada -aunque ya hubieran transcurrido seis generaciones longevas desde el destierro del paraíso-, atañente asimismo a una rebeldía y posterior caída de los ángeles del cielo. Génesis, 6, 1-8 «Cuando comenzaron a multiplicarse los hombres sobre la tierra y tuvieron hijas, viendo los hijos de Dios que las hijas de los hombres eran hermosas, tomaron de entre ellas por mujeres las que bien quisieron. Y dijo Yahvé: «No permanecerá por siempre mi espíritu en el hombre, porque no es más que carne. Ciento veinte años serán sus días». Existían entonces los gigantes en la tierra, y también después, cuando los hijos de Dios se unieron con las hijas de los hombres y les engendraron hijos. Estos son los héroes famosos muy de antiguo. Viendo Yahvé cuánto había crecido la maldad del hombre sobre la tierra y que su corazón no tramaba sino aviesos designios todo el día, se arrepintió de haber hecho al hombre en la tierra, doliéndose grandemente en su corazón, y dijo: «Voy a exterminar al hombre que creé de sobre la haz de la tierra; y con el hombre, a los ganados, reptiles y hasta las aves del cielo, pues me pesa de haberlos hecho». Pero Noé halló gracia a los ojos de Yahvé. En este pasaje tan condensado del primer libro de la Biblia se relatan una serie de hechos que, por sí solos, apenas tienen sentido para el lector piadoso que se aproxima a ellos con un vano intento de reflexionar sobre la fe en que sustenta su piedad. Para situarnos en el contexto temporal, nos hallamos ante sucesos antediluvianos, en el sentido más exacto del término, y es precisamente a partir del final de la cita cuando da comienzo la historia archiconocida de Noé y el relato del diluvio universal. Los acontecimientos narrados como de pasada y brevemente en el pasaje genesíaco -o genético- evidencian, entre otras cosas, el abismo existente entre la concepción del hombre predicada en el libro introductorio del Antiguo Testamento, de corte animalesco y de índole creacionista pero des-afiliada, y el sentido absolutista y transcendente que Jesús nos ofrece en el Nuevo, donde al hombre se le atribuye la cualidad espiritual de «hijo de Dios». No así en el relato que estoy comentando, donde los hijos de Dios no son exclusivamente sino los seres celestiales, los ángeles -caídos o no-, o los vigilantes que, desde las alturas, desde las altas bóvedas extraterrenas, tienen la tarea de custodiar el desarrollo de su creación, de uno más entre el resto de los animales que pueblan la tierra, de manera no menos prosaica y alejada de lo espiritual que si estuviéramos hablando de una especie de inmenso zoo planetario. No es de extrañar, no obstante, si tenemos en cuenta que el significado que actualmente damos a la palabra «espíritu» (el de Yahvé que permanecía en el hombre en los días de Edén) se aleja bastante del sentido que podría tener originariamente en hebreo, donde la palabra «ruakh», o espíritu del que el hombre estaría investido, se traduciría por «aliento» o por «viento», en sinonimia con la originaria acepción del pneuma griego. Y son esos superiores «hijos de Dios» (tampoco se habla de «hijas de Dios») los que copulan -con o sin su consentimiento (eso no importa)- con las hijas de los hombres en una actuación que más parece una violación en masa que una entente cordiale. Pero no acaba ahí la tropelía. Después de consumada una acción cuya autoría el Génesis atribuye a la voluntad voluptuosa de los hijos de Dios, a Yahvé no se le ocurre otra cosa que impartir su justicia condenando al hombre con una frase lapidaria que limitará los días de su vida a 120 años. De estas uniones antinaturales nacerán posteriormente (aunque, enigmáticamente, se afirma que anteriormente ya «existían entonces los gigantes en la tierra») unos engendros, los gigantes llamados «nefilim», a quienes el texto bíblico reconoce como los héroes de la antigüedad, tal vez refiriéndose a los semidioses del mundo mitológico griego. Así de escuetamente termina la única referencia del Génesis a esos extraños seres que debieron de poblar la tierra en los albores de la humanidad, a tenor del recuerdo conservado de ellos en tantas dispersas culturas. Y sin solución explicativa de continuidad, serán nuevamente los pecados del hombre los que desencadenen la ira de Dios (de Yahvé) desbordada (al parecer, también el dios veterotestamentario pecaba siquiera capitalmente), cuyo descontrol emotivo casi destruye todo rastro de vida sobre la tierra mediante el «universal» diluvio del que aún hoy, miles de años después, se conserva memoria atávica en las cuatro partes del globo. Que de un relato tan interesante como éste, en el que los mismísimos ángeles guardianes son representados adoleciendo de veleidades comportamentales propias de los más bajos instintos carnales que se alejan irremediablemente de cualquier desapegada espiritualidad, se nos ofrezca noticia tan cicatera, nos hace sospechar de su carácter más cercano al mito que a una contrastada realidad pre-histórica. Sin embargo, afortunadamente, el texto presentado se revelará como una simple anécdota bibliográfica teniendo en cuenta la existencia de otros auténticos libros donde el argumento marginal se transforma en tema central. Pero antes de adentrarnos a analizar qué dicen al respecto esos otros textos, veamos las variaciones que nos ofrece el judío Flavio Josefo en su obra «Antigüedades Judías» (Ediciones Akal, S.A., 1997), Libro I, después de hablar, en un pasaje no menos interesante sobre la descendencia de Set, de la humanidad posterior a Adán. Flavio Josefo 67 Descendientes de Set. [...] «Y, siendo todos ellos de buena condición, habitaron tranquilos y felices las mismas tierras, sin que hasta el momento de la muerte les aconteciera nada desagradable, e inventaron la ciencia relativa a los cuerpos celestes y a su regulación. Y con el fin de que no escaparan a los hombres estos descubrimientos ni se perdieran antes de ser conocidos, al advertirles Adán que tendría lugar la desaparición de todo rastro de vida, en un caso por efecto del fuego y en otro por la fuerza y la abundancia de agua, levantaron dos columnas, una de adobe y otra de piedras, y en ambas escribieron los descubrimientos, para que, incluso desaparecida la de adobe por el diluvio, permaneciera la de piedra y permitiera a los hombres conocer el texto de la inscripción, además de señalar que habían erigido también otra columna de adobe. Y permanece hasta el día de hoy en la región de Siris». [¿Puede estar refiriéndose Flavio Josefo al mencionar esa columna de piedras a la Gran Pirámide y a la tradición que habla de antiguos conocimientos celosamente escondidos detrás de sus muros? Lamentablemente, nada sabemos sobre esa región de Siris donde se hallaría ubicada y donde aún se mantendría erguida en tiempos del historiador judío]. 72 Degeneración posterior. [...] «Y estos durante siete generaciones permanecieron fieles a la idea de que Dios es el señor del Universo y haciendo todo con miras a la virtud, pero luego, con el paso del tiempo, abandonando los comportamientos patrios cambiaron a peor, no ofreciendo ya a Dios los honores debidos ni manteniendo una relación justa con los hombres [no se sabe si Flavio Josefo está hablando de los primeros hombres o de los ángeles], sino que el celo que antes sentían por la virtud lo duplicaron entonces por el vicio, según mostraban en todo lo que hacían. De ahí vino que obligaran a Dios a enfrentarse con ellos. En efecto [aquí se halla la relación causal a que me refiero], muchos ángeles de Dios copularon con sus mujeres y engendraron hijos soberbios y desdeñosos de todo lo bello, por confiar en su capacidad. Y es que estos, según la tradición cuenta, cometieron iguales desmanes que los atribuidos a los gigantes por los griegos. Noé, en cambio, molesto con sus fechorías y disgustado con sus decisiones, trataba de persuadirlos a que cambiaran a mejor sus determinaciones y acciones, pero al ver que no le hacían caso y que, por el contrario, estaban poderosamente dominados por el placer de los vicios, abandonó el país con sus mujeres, sus hijos y las esposas de estos, por temor a que lo mataran». Nuevamente nos encontramos con breves alusiones a unos hechos que, seguramente distorsionados por el paso de los milenios transcurridos, o prácticamente casi olvidados, resultaron tan trascendentales para la historia de la humanidad que, precisamente a pesar de la lejanía del tiempo en que sucedieron, aún conservaban suficiente relevancia en el consciente colectivo de los pueblos de la antigüedad para pervivir entre sus tradiciones religiosas con una significancia de verdad tautológica que nuestros modernos hagiógrafos han categorizado como mito. Pero el mito y los mitologemas no son sino eufemismos lingüísticos inventados por los racionalismos para desvirtualizar de contenido material los hechos reales, que adornados con la forma poética de lenguajes extinguidos, cuya semántica completa no alcanza nuestra comprensión, recogieron los aedos antiguos para que fueran conservados y transmitidos a las generaciones venideras. El Libro de los Vigilantes de Henoc Existe, no obstante, un libro, el del Henoc etiópico, que es en realidad un conjunto de libros refundidos por mano anónima, y que puede encontrarse en castellano en el Volumen IV dedicado al ciclo de Henoc, de la obra APÓCRIFOS DEL ANTIGUO TESTAMENTO, publicado en 1984 por Ediciones Cristiandad, extraordinariamente interesante, siquiera fuera por lo sugerente de uno de los libros de que se compone, el «Libro de los Vigilantes». Nótese en primer término que este título de «vigilantes» atribuido a los ángeles o entidades más cercanas al Dios celestial, por cuanto eran los «hijos de los cielos», no es exclusivo de Henoc, y debía de estar arraigado en la tradición judía, no bien también lo recoge el profeta y visionario Daniel en 4-14 («Esta sentencia es decreto de los vigilantes, es resolución de los santos, para que sepan los vivientes que el Altísimo es dueño del reino de los hombres y lo da a quien le place, y puede poner sobre él al más bajo de los hombres») y en 4-20 («En cuanto a lo que ha visto el rey: un vigilante, un santo que bajaba del cielo y decía: Abatid el árbol, destruidlo, pero el tocón y sus raíces dejadlos en tierra, con ataduras de hierro y bronce, entre la hierba del campo, y sea bañado del rocío del cielo y comparta la suerte de las bestias del campo hasta que hayan pasado por él siete tiempos»). En cuanto al término «vigilante» del Libro de Henoc, es un epíteto traducido así tradicionalmente del etiópico «teguhan», constantes (servidores); en otros pasajes, la expresión literal es «los que no duermen». En cuanto al texto arameo de los fragmentos hallados en Qumran del Libro de los Vigilantes, la traducción halla sentido en la raíz aramaica que significa «despertar», «estar en vela, vigilante», para designar a unos seres superiores que habitaban el cielo [son notas tomadas de la obra ya citada]. Es en el Libro de los Vigilantes de Henoc donde se detalla más extensamente el relato de una rebelión celestial tradicionalmente estimada como espiritual mediatizada por caracteres sospechosamente físicos. Este parece ser el relato de los ángeles caídos que tuvo lugar durante la sexta generación humana desde la creación de Adán. Pero entonces, ¿quién (o quiénes) era la serpiente antigua, el diablo o Satanás que tentó a Eva y provocó la expulsión del Edén de nuestros primeros padres? ¿No se nos ha enseñado que Satanás fue un ángel, el ángel caído por antonomasia? ¿Cuándo aconteció realmente la rebelión contra Dios (o contra un comandante en jefe celeste)? Según Henoc, que era el séptimo patriarca después de Adán, cierto número de ángeles o de vigilantes celestiales (¿vigilantes de qué?; ¿de la evolución del hombre?) se juramentaron bajo anatema «en aquellos días, cuando se multiplicaron los hijos de los hombres...» para tomar por mujeres a las hijas de los hombres, que eran hermosas y deseables. Al parecer, iba a ser una acción que tenían expresamente prohibida. Y Semyaza, el líder de los rebeldes, no queriendo asumir solo la culpa, hizo jurar el complot a todos los que estaban de acuerdo con desobedecer la orden de no mantener contacto con el hombre, ese -digo yo- animal inferior: «Temo que no queráis que tal acción llegue a ejecutarse y sea yo solo quien pague por tamaño pecado». Cuenta Henoc que «eran doscientos los que bajaron en los días de Yared sobre la cima del monte Hermón» [Yared fue el sexto después de Adán. Según la cronología del Génesis, nació el año 460 de la Creación y murió en el año 1422; durante El pecado de aquellos seres fue que «tomaron mujeres; cada uno se escogió la suya y comenzaron a convivir y a unirse con ellas, enseñándoles ensalmos y conjuros y adiestrándolas en recoger raíces y plantas [...] Azazel enseñó a los hombres a fabricar espadas, cuchillos, escudos, petos, los metales y sus técnicas, brazaletes y adornos; cómo alcoholar los ojos y embellecer las cejas, y de entre las piedras, las que son preciosas y selectas, todos los colorantes y la metalurgia. Hubo gran impiedad y mucha fornicación, y se corrompieron sus costumbres. Amezarak adiestró a los encantadores y a los que arrancan raíces; Armaros, cómo anular los encantamientos; Baraquiel a los astrólogos; Kokabiel, los signos; Tamiel enseñó astrología; Asradel, el ciclo lunar. Pero los hombres clamaron en su ruina y llegó su voz al cielo». Los ángeles caídos, por tanto, lo son por un doble pecado: por haber fornicado con las hijas de los hombres, y por haber revelado al hombre ciertos conocimientos que, para mantenerlo en un estado de ingenuo primitivismo, tenía vedados. Aquella ancestral «revelación» devino en divina «rebelión». Da la impresión de que incumplieron su cometido de «vigilar» desde fuera (desde arriba) y que actuaron de consuno tomando parte activa en el desarrollo civilizador del hombre. Su pecado no fue otro que hacer de civilizadores, enseñando al hombre a sembrar, a hacer uso de los minerales y a transformarlos, a observar y medir el cielo y los astros, dando un impulso ajeno y artificial detonador de un nuevo estadio en la evolución natural humana (¿del homo sapiens al homo sapiens sapiens?), a impulsos de unos deseos físicos incontenibles (a juzgar por el paso que dieron a sabiendas de las consecuencias catastróficas de su acción), que solucionan definitoriamente y sin ambages el tan traído y llevado «sexo de los ángeles». En el resumen de los hechos que hace el Génesis la concupiscencia angélica no tiene otras consecuencias que el engendro de los nefilim. Como los hombres de Cortés o de Pizarro, la licenciosidad de su empuje civilizador no conllevó causas penales asociadas. Sin embargo, para el autor del Libro de los Vigilantes, su deshonesta acción fue la causa de su caída y de su castigo eterno. Lo cual no se puede entender sin considerar a esos seres angélicos como auténticos seres carnales, quizá cercanos a las esferas celestes, pero desde luego bien alejados de los círculos celestiales. Y tampoco se comprende el castigo sino como consecuencia de una transgresión de un orden natural que se ha alterado peligrosamente con consecuencias imprevisibles, al haber desoído instrucciones precisas de alguna suerte de entidad de alto mando en un momento de despiste o de ausencia temporal incomprensible en la definición de un Dios ubicuo y omnisciente. «Semyaza, a quien tú has dado poder para regir a los que están junto con él, ha enseñado conjuros. Han ido a las hijas de los hombres, yaciendo con ellas: con esas mujeres han cometido impureza, y les han revelado estos pecados. Las mujeres han parido gigantes, por lo que toda la tierra está llena de sangre e iniquidad [...] Y dijo también el Señor a Rafael: Encadena a Azazel [el texto habla indistintamente de Semyaza o de Azazel como líder de la conjuración] de manos y pies y arrójalo a la tiniebla; hiende el desierto que hay en Dudael y arrójalo allí. Echa sobre él piedras ásperas y agudas y cúbrelo de tiniebla; permanezca allí eternamente; cubre su rostro, que no vea la luz, y en el gran día del juicio sea enviado al fuego». En realidad, ¿no ha sido así en la mayoría de las culturas que conocemos? Quiero decir: los mitos de la prehistoria de los pueblos hablan de seres extraños a la propia cultura que fueron quienes enseñaron al hombre los secretos de la naturaleza, pasando por el conocimiento de la siembra, de la domesticación de los animales o de la ciencia de los calendarios. En ningún caso se nos habla de que fuera el propio hombre el que descubriera de tal o cual modo las artes prácticas tan útiles para el desarrollo de los pueblos. Las viejas tradiciones sobre el impulso civilizador son siempre ajenas, vienen de fuera del entorno tribal. Como prototipo arcaico mostrativo, la mitología preindoeuropea de la cultura vasca atribuye a los basajaunak («los señores del bosque», criaturas de ética ambigua y de aspecto parecido al hombre) el conocimiento de ciertos secretos de la naturaleza que guardan celosamente al objeto de que no sean robados por el hombre, lo cual no obstante sucederá finalmente mediante el uso de ciertas tretas y engaños atribuidos en el mito a la recurrida personificación de Sanmartin o Martintxiki (después de todo, los basajaunak tampoco eran tan listos). Pero volviendo al tema que nos ocupa, ¿fue aquélla la caída real angélica? Antes he apuntado que Satanás ya formaba parte del escenario de la creación del hombre, y su intervención fue decisiva para que el ser humano alcanzara la consciencia de sí mismo separándose así cualitativamente del resto de los animales con los que convivía asilvestradamente. ¿Es posible que ya hubiera habido una rebelión anterior a la que tuvo lugar en tiempos -según nos cuenta Henoc- de Yared? ¿O son las manos de los amanuenses que recogen las tradiciones quienes confunden los tiempos en que se produjo? Henoc llama a los ángeles caídos los satanes, nombre genérico que alguna tradición posterior personalizaría en Satanás; sin embargo, se afirma que «[...] el tercero se llama Gadreel: éste enseñó todos los golpes mortales a los hijos de los hombres; él sedujo a Eva Eva Eva [...]». Y continúa explicando cómo ha pervertido al hombre especialmente la enseñanza de la escritura (don también superior): «El cuarto se llama Penemué: éste mostró a los hijos de los hombres lo amargo y lo dulce, y todos los arcanos de su sabiduría. Él enseñó a los hombres la escritura con tinta y papel, a causa de lo cual son muchos los que se extravían desde siempre y hasta siempre, hasta este día. Pues los hombres no fueron creados para semejante cosa: con pluma y tinta fortificar su fe». El Libro de los muertos El llamado Libro de los muertos o Fórmulas del salir durante el día para los antiguos egipcios, de época tolemaica, es un compendio de fórmulas mágicas, o de grimorios, que posiblemente tampoco tuvieran sentido para los contemporáneos de la fecha en que se elaboró el mismo como una especie de recopilación de los no menos relevantes Textos de las pirámides. Pero de su farragosa lectura tal vez podamos rescatar alusiones que guardan directa relación con el tema que estamos tratando, siquiera intuitivamente. Porque en el trasfondo de esas fórmulas pretendidamente mágicas, utilizadas para velar al difunto en su viaje al más allá, se pueden esconder -como en tantas otras ocasiones- velados relatos de hechos que realmente pudieron tener lugar en un remoto pasado, y cuya preservación para el conocimiento de las generaciones futuras, o bien precisa ser transmitido inconscientemente por quien no lo entiende, asumiéndolo como algo sagrado, y digno, por tanto, de ser guardado, o bien es irremisiblemente transformado por reglas inadvertidas del lenguaje que evoluciona socialmente en el transcurso de largos períodos de tiempo. A través de la traducción que del Libro de los muertos según el papiro de Turín proporciona Boris de Rachewiltz (versión castellanizada por Ediciones Destino, 1989), resulta difícil no apercibirse de las similitudes escénicas que guardan sus páginas con el relato bíblico. «Yo soy uno de aquellos dioses -dice la primera de las fórmulas-, los Jueces que efectúan la justificación de Osiris contra sus adversarios en el día en el que son pesadas las Palabras [...] Yo soy uno de los dioses concebidos por Nut que destrozan a los adversarios del Ser con el corazón inmóvil (Osiris), que encarcelan a los Sebau para él». Diccionario: SEBAU: los «Hijos de la Rebelión», personificación de las potencias de las tinieblas que combatieron contra las de la Luz, resultando vencidas. Veamos otros ejemplos mostrativos de dicho paralelismo: · «Entro y salgo de la cisterna de las llamas aniquilando a los Sebau, los rebeldes en Jem». · [Título]:«Fórmula para pasar sobre el dorso del Apep que es el Mal». Diccionario: APEP: El dragón maléfico, símbolo de las tinieblas demoníacas y del mal que diariamente se opone a la circulación de la Luz [...] Pictográficamente está representado bajo forma de una serpiente jorobada de la que surgen cuchillos. · «Es el inicio de Ra cuando surge en Het-nen-nesut como el Ser que se ha dado forma, cuando Shu ha levantado al cielo quedándose en la altura de Jemenu [lit.: la Ciudad de los Ocho]. Él ha destruido a los Hijos de la Rebelión a la altura de Jemenu». · «Yo soy ese gran gato que se encontraba en el lago del árbol Persea en Heliópolis la noche de la batalla en la que ocurrió la derrota de los Sebau y el día del exterminio de los adversarios del Señor del Universo [...] Respecto a aquél que está en la cuenca de Persea en Heliópolis es aquel que ha a los Hijos de la Rebelión y a cuanto han hecho. Y respecto a la noche de la batalla es cuando llegaron al oriente del cielo y hubo batalla en el cielo y sobre la tierra hasta sus más alejadas fronteras». · «Y los Sebau que han sido derrotados y destruidos son los aliados de Set cuando renovaron el asalto [...] Y respecto al juicio de quienes no están ya es la parálisis de las fuerzas de los Hijos de la Rebelión». · «[...] y ellos han sido entregados al Gran Aniquilador que vive en el Valle de las Tinieblas para que no puedan escapar jamás de la vigilancia de Gueb». · «Yo soy Set, jefe de los rebeldes [...]» [...] Set, Satanás, Azazel, Semyaza... ¿Son todos estos nombres apelativos culturales que adjetivan a un mismo personaje o entidad sobrehumana protagonista de una historia antigua inevitablemente distorsionada? ¿Se entabló alguna vez en un espacio adimensional una batalla espiritual entre el Bien y el Mal, en cuyo caso entenderíamos que se habría desarrollado de forma simbólica o incorpórea con desenlace incruento, o pudo, por el contrario, tener realidad física en los cielos corpóreos una especie de guerra de las galaxias en la que los actores que hacían de malos interpretaban una primera versión prototípica de Darth Vader? ¿Qué papel desempeñaron en medio de una humanidad surgente cuando, tras la derrota sufrida, fueron confinados, el líder de la sedición y sus huestes, en el planeta Tierra? Tal vez sea un disparate pretender atribuir connotaciones de película de ciencia ficción a lenguajes que, por su propia idiosincrasia religiosa, no pueden ser accesibles sino tras de una elevada ascesis que logre quebrar la impenetrabilidad de una simbología que se escapa al común de los mortales, pero, no habiéndome desapegado aún enteramente de mis prosaicas ligaduras materiales, me resulta arduo no ver en este pasaje del capítulo 12 del Apocalipsis una descripción expresiva de un acontecimiento ocularmente «visible» y espiritualmente ininteligible: «[...] 7Y se trabó una batalla en el cielo: Miguel y sus ángeles iniciaron el combate contra el dragón. 8Y el dragón peleó y con él sus ángeles, y no pudieron resistir, y no se halló ya para ellos lugar en el cielo. 9Y fue precipitado el dragón grande, la serpiente antigua, que se llama diablo y Satanás, el que seduce a todo el mundo; fue precipitado a la tierra, y sus ángeles fueron con él precipitados». El testamento numismático de Nostradamus Este último mensaje, precisamente, es el que transmite abiertamente Nostradamus en la Carta a su hijo César fechada el 1 de marzo de 1555, escrita a modo de prefacio de sus Centurias. «Considerando también -dice el de Salon- la sentencia del verdadero Salvador, no deis cosas santas a los perros ni arrojéis perlas a los cerdos, no sea que las pisoteen y volviéndose os despedacen. Esta ha sido la causa de haber retirado mi lengua al pueblo, y la pluma del papel [...] pues todo ha sido escrito en forma nebulosa». Nostradamus habla también del futuro, de los «últimos tiempos» que tendrá que padecer esta generación humana. Él afirma sin rodeos que, al igual que otros profetas, visionarios de esos tiempos de angustia, también conoce lo que acontecerá mañana. Pero reconoce que ha escondido su lenguaje, es decir, lo ha cifrado o codificado. Daniel Ruzo («El Testamento auténtico de Nostradamus») cree poseer la clave que permitiría descodificar ese lenguaje y encontrar la pluma que Nostradamus retiró del papel. Según este intérprete, la llave de un inicial desvelamiento se encontraría en el Testamento que el autor de las Centurias redactó ante Notario el 17 de junio de 1566, el cual permite deducir, según su teoría, que «sólo» hay (¡repárese en la cifra!) 1080 cuartetas realmente significativas, no siendo las restantes sino meros peones de una maniobra de despiste y ocultación. Sea o no acertada esta interpretación, que, de cualquier modo, tampoco ofrece la resolución del mensaje final, sí es cierto que en la lectura del testamento de referencia se percibe cierto «tufillo» críptico subyacente a la ceremoniosa escritura notarial, y cuya sola relación detallada del dinero contante con que se pretende hacer frente al legado establecido llama nuestra atención por la coincidencia casual que guarda con las cifras que hemos venido subrayando. Baste esta breve muestra, con la que comienza el recuento, para convenir conmigo en que aquí hay algo más que dinero contante: Dinero contante de Nostradamus: 36 Nobles rosa Nobles rosa Nobles rosa 101 Ducados Simples 79 Angelotes 180 126 Dobles Ducados ¿Alguien puede creer aún en tanta casualidad? «Desde luego que sí -contestarán muchos-. Porque en esta disertación sesgada ni siquiera se nos ha evidenciado una casualidad que resulte asombrosa». No voy a ser yo quien les sustraiga a estos su razón. Mientras no se demuestre de manera contundente la existencia de un código circulante a través de la historia de la humanidad, que sea, además, reproducible en laboratorio, y que explicite un mensaje, no sólo inteligible, sino también creíble y comprobable experiencialmente, no dejaremos de ser gozosos miembros de una manada de perros, o de una piara de cerdos (según nos convenga), sumergidos en la felicidad que proporciona la ignorancia de un saber del que los dioses consideran que no debemos ser partícipes. No fuera a suceder, si no, como en los tiempos de los antiguos que nos describe el durmiente Henoc (el que hacía el número 7 de nuestros primeros padres), y volviera así a reproducirse el error que cometieron los rebeldes Vigilantes celestiales que contravinieron las órdenes de un Jefe aún más celestial en grado y poder, y que, juramentándose, tomaron para sí mujeres y se contaminaron con ellas, y les enseñaron toda suerte de hechicerías y encantamientos, les instruyeron en toda clase de plantas, y quedaron embarazadas y dieron a luz a los terribles gigantes que habitaron la tierra en aquella época; y también enseñaron a los hombres a hacer espadas, les dieron a conocer los metales de la tierra y el arte de trabajarlos, y toda clase de pesadas piedras, y las constelaciones y el movimiento de los astros... Por todo ello, por desobedecer las órdenes expresas de mantener al ser humano sumido en la feliz ignorancia animal, fueron juzgados y sentenciados a permanecer eternamente encadenados en las profundidades del abismo. Acceder al conocimiento siempre ha resultado peligroso. Tanto para el que lo recibe como para el que lo proporciona. Quizá desde aquel instante los ángeles custodios o los Vigilantes de Henoc con vocación por la enseñanza se hayan vuelto más cautelosos a la hora de transmitir al ser humano unos conocimientos que, desprendidos de todo límite de accesibilidad, a Ellos mismos les volvería otra vez a costar bien caro. Por mi parte, creo que no me queda más remedio que continuar intentando con ingenuo anhelo rozar con los dedos el aroma que exhala la presencia del espíritu dominador del espacio y del tiempo, allá en sus celestes bóvedas mensurables, resignándome a no poseer la varita angélica traductora del Templo divino, confraternizando, entre tanto, con la manada de ignorantes menos felices por ser conscientes de la existencia de un saber que se nos niega a sabiendas, y debiendo con-tentarme con la sugerencia que Edgar Cayce, otro de nuestros visionarios nacido en Kentucky en 1877, famoso por sus «lecturas» realizadas en estado de trance, hace en una de ellas: «[...] Esta es la interpretación. Que los períodos, vistos desde el lado material, vayan a acabarse, no tiene importancia para el alma, pero ¡cumple con tu deber hoy! Cada día trae su afán. Estos cambios de la Tierra sucederán, pues el tiempo, y los tiempos, y los medios tiempos están concluyendo, y empiezan los períodos de los ajustes. Pues, ¿qué ha dicho Él? Los justos heredarán la Tierra. ¿Tienes tú una heredad en la Tierra, hermano mío?» (núm. 294-185, 30 de junio de 1936). Los adoradores del ángel, también llamados Yezidas ¿Quienes son los Yezidas? Primera Nota: ¿Es verdad que son "los adoradores del diablo" ? Tal vez como escribió R. Guénon en su crítica al libro "Aventuras en Arabia" (1) ¿Son una "pequeña religión" que puede "ser usada por intereses y fuerzas por ellos desconocidas" ? ¿Son realmente "satanistas avant la lettre" que deslumbran a occidentales con afición por el ocultismo ? ¿Por qué impactaron en el espíritu de esa rara amalgama de taumaturgo y mixtificador que fue Gurdieff ? La presente nota y otras subsiguientes intentarán responder a estos interrogantes primarios (pues se descuenta que se presentarán otros más complejos) y permitirán al público de lengua castellana interesado en la historia de las religiones, ir conociendo a ésta muy antigua cuyo objetivo es igual a toda otra creencia o tradición religiosa: religar al ser humano con la divinidad. ¿Qué significa la palabra yezida? El origen primigenio es el vocablo sánscrito yazata o yezad que indicaría a las deidades menores en el hiduísmo y también designa a los himnos y cantos religiosos que en paleo y medio iranio pasaron a significar ángel, con lo cual yezidas vendrían a ser "angelicales" o por extensión "adoradores del Angel" términos sinónimos son yezidis, yazidis, dasni y dasna´i .(2) La religión yezida primigenia era el mithraísmo (adoración al dios sol) que fue evolucionando por ejemplo , rechazando la crueldad de los sacrificios masivos de animales (la famosas hecatombes donde sacrificaban a 100 caballos y 100 toros) y abandonado el carácter machista del mithraísmo (el suyo lo fue muy sui generis) se anticiparon a las reformas de Zarathustra, pero no aceptaron nunca el dualismo (bien vs. mal) EL Sheij Adi bin Musafir ,no siendo de origen yezida marcó una profunda diferencia entre el yezidismo original. el Pir Dr. M. Othman apunta "Un velo cayó sobre las formas originales del yezidismo". Precisamente, el mote peyorativo e insultante surgió de una pésima interpretación de la teoría del Sheij Adi bin Musafir respecto al arrepentimiento y redención de Satán (en el peor de los casos el yezidismo sería un "satanismo sin Satán" Seguramente motivada en intereses económicos pues al ser considerados lo peor entre los kafires (infieles) sus propiedades podían ser saqueadas y ellos esclavizados, como generalmente ocurrió (hubo rechazos de estas pretensiones a través de la huída a lugares de difícil acceso (el macizo Sinyar) y hasta el choque armado este heroísmo, les permitió sobrevivir. Sin embargo, presionado por Inglaterra y Francia el Sultán Abdul Madjid promulgó el Hatti Sheriff (Decreto Imperial) de 1.849, dentro de esa vasta serie de reformas iniciadas por el sultán Selim III, con la abolición del cuerpo de jenízaros, que se denomina como proceso de Tanzimat (o reforma del Imperio Otomano). Catón, el viejo: El defensor de Roma Marco Porcio Catón ha pasado a la historia como uno de los personajes más relevantes de la Roma republicana. Su pensamiento reaccionario y su carácter insobornable ante las influencias extranjeras dieron forma a los conceptos patrióticos que marcaron el ánimo de la potencia más poderosa del mundo antiguo. Un personaje que hoy recordamos por su integridad y sapiencia... Nació en el seno de una humilde familia en el año 234 a. de C., en Tusculum, localidad donde vivió sus primeros años. El apellido Porcio venía a resaltar que su clan había cuidado cerdos en épocas pretéritas, mientras que lo de Catón hacía referencia a que en su linaje abundaban gentes muy astutas. El joven Marco, que se dedicó a la agricultura, no era muy agraciado ya que su aspecto mostraba a un hombre de pelo rojizo, cara asimétrica cubierta por cicatrices y boca desdentada, y manos ásperas como el pedernal. En fin, que no era Adonis, pero ni falta que le hacía: su inteligencia brillaba con energía propia y la suerte quiso que un viejo senador asqueado de la vida social y política que vivía en Roma fuera a establecerse en una villa contigua a las tierras que cultivaba nuestro personaje. Los dos vecinos entablaron amistad y pronto, el veterano patricio se percató de que era algo más que un campesino analfabeto. En efecto, Catón tenía amplias inquietudes intelectuales y leía los textos clásicos a escondidas de sus parientes. El senador jubilado supo ver en los ojos del muchacho que un dechado de virtudes se escondía en el interior de su alma y lo animó a ser letrado en Roma. El joven no descartó el sabio consejo y viajó a la capital con la esperanza de doctorarse en leyes. Lejos del fracaso, ganó una docena de pleitos y su fama creció como la espuma. Al poco tenía su propio equipo de abogados, lo que le permitió alcanzar méritos suficientes para alcanzar el cargo de edil -a los treinta años- tras ganar las consiguientes elecciones. Al año siguiente fue elegido pretor, cargo que ejerció en Sicilia, y tres años más tarde alcanzó la gloria con su elección consular. Catón en Hispania La situación en la recién conquistada provincia occidental era anárquica y muy comprometida para la república, dado que decenas de tribus ibéricas hostigaban constantemente a las mal pertrechadas legiones romanas. Así pues, la solución al problema pasaba por una acción de escarmiento que doblegara el ánimo aborigen, lo que dejaría el camino allanado para la explotación comercial de la Península Ibérica. En el verano del año 195 a. de C., 25 naves cargadas de legionarios llegaban al puerto de Rhode -la actual Rosas (Girona)-. Con presteza, las columnas romanas desembarcaron dirigiéndose a Emporion -Ampurias-, donde se entrenaron a conciencia para la misión que debían asumir en aquel terreno tan hostil. Algunas tribus como los ilergetas, por entonces muy debilitados, quisieron negociar alianzas ventajosas. Sin embargo, Catón, decidido a dar un golpe definitivo, escuchó con oídos tapados las propuestas nativas tomando algunos rehenes para impedir cualquier ataque por la espalda. A las pocas semanas, el ejército romano estuvo dispuesto para enfrentarse a los rebeldes. La batalla se libró cerca de la misma Emporion con resultado favorable para los latinos, quienes además aprovecharon la estación veraniega para llenar los almacenes de aprovisionamiento. Con el excedente se enviaron naves a Roma que llevaron no sólo el preciado grano, sino un claro mensaje de Catón: "La guerra se alimentará de sí misma". Con esta sentencia, el cónsul confirmaba que su permanencia en Hispania no sería gravosa para Roma y que, mientras durase, se abastecería del propio terreno enemigo. Mientras tanto, los turdetanos de la Ulterior se habían levantado en armas contra Roma. Su abundante riqueza les permitió contratar a miles de mercenarios celtíberos con los que pretendían expulsar a los romanos del valle del Guadalquivir. Catón acudió con su ejército y convenció a los celtíberos para que retornaran a sus tierras. Esta acción impidió una guerra generalizada en el sur peninsular, si bien es cierto que el ejército romano atravesó la Celtiberia en una demostración de fuerza hacia las tribus del interior. Al concluir el año y, en consecuencia, su mandato, el cónsul regresó a Roma para rendir cuentas sobre su expedición a Hispania con un resultado óptimo. La rapiña incautada fue impresionante: 25.000 libras de plata, 1.400 de oro, 123.000 denarios y 540.000 monedas de plata. El Senado, conmovido por tanto brillo, no tuvo ninguna duda a la hora de otorgarle el triunfo sobre aquella gesta. Contra Grecia El ilustre político fue muy longevo, pero a lo largo de sus 85 años de vida hizo gala de un espíritu reaccionario a prueba de influencias helenísticas. De hecho odiaba todo lo que evocara a Grecia. Consideraba que los aires orientales minarían los cimientos de Roma tarde o temprano. Catón fue el primero que escribió en latín para oponerse a los que lo hacían en griego. En aquel tiempo, las corrientes culturales helenas invadían Roma, hasta el punto de que muchas familias patricias, incluida la de los Escipiones, se dejaron llevar por el influjo estético e intelectual llegado de Oriente. Estos círculos influenciados por lo helenístico promulgaban un refinamiento de la sociedad, una admiración por la belleza y una apuesta clara por la filosofía vital de los grandes intelectuales nacidos en aquella tierra virginal para las formas democráticas y civilizadas. Daba la impresión de que frente a un griego, un romano parecía un bárbaro, y Catón se rebeló ante ello. Por ese motivo, sus textos se publicaron en latín, lo que le valió ganar el privilegio de ser considerado "padre de las letras latinas". Poco se ha conservado de su legado escrito. Únicamente se conoce un tratado de agricultura y algunos párrafos de sus obras, aunque se sabe que generó una extensa obra literaria que abarcaba discursos, ensayos y, sobre todo, una enciclopedia histórica sobre los orígenes de Roma. La sabiduría de Catón abarcaba ámbitos que iban desde la medicina a la agricultura, pasando por la estrategia militar. Era todo un erudito al servicio de la Roma más enraizada en las tradiciones ancestrales, un defensor de las costumbres netamente romanas y detractor de las tendencias extranjeras que pudieran contaminar su amada ciudad. Catón mantuvo una forma de vida austera; nunca acumuló más riqueza que la necesaria para vivir modestamente, lo que favoreció sus continuas victorias en las urnas. Es cierto que no gozaba de mucha simpatía entre la clase política y la plebe, pero todos le reconocían como un romano íntegro, incorruptible, alguien al que no se podía sobornar con dinero o argumentos banales. Por no hablar de su oratoria, que era seca, contundente y cargada de una ironía que en ocasiones rozaba el sarcasmo. Era el dedo acusador de los desmanes cometidos por una población que se empezaba a dedicar a la molicie, víctimas de la abundancia llegada desde las provincias conquistadas. Catón, posiblemente, fue de los primeros en percatarse del hipotético futuro que le esperaba a Roma de seguir las cosas por el camino que se había iniciado. Advirtió, con encendidos reproches, que la ciudad eterna y el universo creado por ella debían prevalecer por encima de injustificados cultos a valores superficiales e inocuos. Por ejemplo, criticó con severidad en el año 184 a. de C. que no se pidieran cuentas a los Escipiones sobre su actuación en tierras de Oriente. Éste asunto acabó con la carrera política de Escipión, "el africano", un héroe admirado y respetado por la ciudadanía romana desde su victoria sobre Aníbal, lo que sin embargo no fue óbice para que afirmara de forma airada que Roma estaba por encima de sus héroes. Como digo, Catón fue alguien odioso que acumuló cientos de enemigos, aunque nadie le rechistó públicamente, porque, en el fondo, todos intuían que tenía razón. No en vano, uno de sus apelativos más populares fue el de "censor", nombramiento que obtuvo en el año 184 a. de C., y desde el que ejerció una presión total sobre la inmoralidad que se vivía en la ciudad. El triunfo sobre Cartago en la segunda guerra púnica no fue suficiente para él, por ver en la potencia africana a un irreconciliable enemigo. Durante años animó al Senado para que emprendiera una guerra definitiva sobre Cartago. El propio Catón visitó ésta urbe comprobando horrorizado su resurgimiento. Finalmente estalló la Tercera y definitiva Guerra Púnica justo antes de la muerte de uno de sus mayores instigadores. Catón falleció complacido al saber que las legiones marchaban sobre Cartago para destruirla hasta los cimientos. Ésa fue, seguramente, su última sonrisa en este mundo. SHALOM <a href='http://b.t.net.ar/www/delivery/ck.php?n=a2afc290&cb=INSERT_RANDOM_NUMBER_HERE' target='_blank'><img src='http://b.t.net.ar/www/delivery/avw.php?zoneid=58&cb=INSERT_RANDOM_NUMBER_HERE&n=a2afc290' border='0' alt='' /></a>
Registrate y eliminá la publicidad! MEDIDA ECLESIAL: Prohibición de matrimonio y de relaciones sexuales, entre judíos y cristianos (Sínodo de Elvira, año 306) MEDIDA NAZI Ley para proteger la sangre y el honor germánicos. (15 de setiembre de 1935 RGBI I, 1146) -------------------------------------------------------------- MEDIDA ECLESIAL Prohibición que cristianos y judíos coman juntos (Sínodo de Elvira, 306) MEDIDA NAZI Se prohibe a los judíos acceder al vagón restaurante (Ministro de Transportes al Ministro del Interior, 30 de diciembre de 1939, Nü Doc: NG 3995) -------------------------------------------------------------- MEDIDA ECLESIAL: No se permite a judíos ejercer cargos públicos (Sínodo de Clermont, 535) MEDIDA NAZI Ley para restablecer el funcionariado profesional. (7 de abril de 1933. RGBI, I, 175) -------------------------------------------------------------- MEDIDA ECLESIAL No se permite a judíos tener esclavos, doncellas o siervos cristianos (III Sínodo de Orléans, 538) MEDIDA NAZI: Ley para la defensa de la sangre alemana y el matrimonio alemán, 15 de setiembre de 1935 (RGBI, I, 1146) -------------------------------------------------------------- MEDIDA ECLESIAL: No se permite a los judíos salir a la calle en Semana Santa (III Sínodo de Orléans, 538) MEDIDA NAZI: Ordenanza policial para autorizar a las autoridades locales para expulsar de las calles a los judíos en determinadas festividades (fiestas nazis) 28 de noviembre de 1938 (RGBI, I, 1676). -------------------------------------------------------------- MEDIDA ECLESIAL: Quema del Talmud y de otros escritos judíos (II Sínodo de Toledo, 681) MEDIDA NAZI: Quema de libros en la Alemania nazi. -------------------------------------------------------------- MEDIDA ECLESIAL: Se prohibe a los cristianos acudir a la consulta de médicos judíos (Sínodo Trullano, 692) MEDIDA NAZI: Disposición cuarta a la ley sobre ciudadanos del Imperio, del 25 de julio de 1938 (RGBI, I, 969) -------------------------------------------------------------- MEDIDA ECLESIAL: No se permite a cristianos habitar en casa de judíos (Sínodo de Narbona, 1050) MEDIDA NAZI: Disposición de Göring del 28 de diciembre de 1938 para concentrar a los judíos en determinadas casas (Bormann a Rosenberg, 17 de enero de 1939, Nü, Doc.: PS-69) -------------------------------------------------------------- MEDIDA ECLESIAL: Los judíos deben pagar el diezmo eclesiástico igual que los cristianos (Sínodo de Gerona, 1078). Prohibición de trabajar el domingo (Sínodo de Szábolcs, 1092) MEDIDA NAZI: La "donación social" compensatoria del 24 de diciembre de 1940, según la cual los judíos, como compensación de las donaciones al partido impuestas a los nazis, deben pagar un impuesto especial sobre los ingresos (RGBI, 1, 1666) -------------------------------------------------------------- MEDIDA ECLESIAL: Los judíos no pueden acusar a cristianos ni testificar contra ellos (III Lateranense, 1179, canon 26) MEDIDA NAZI: Propuesta de la cancillería del Partido para prohibir que los judíos entablen acciones civiles, 9 de setiembre de 1942 (Bormann al Ministerio de Justicia, 9 de setiembre de 1942, Nü, Doc: NG-151) -------------------------------------------------------------- MEDIDA ECLESIAL: Se prohibe a los judíos heredar de sus hermanos en la fe que se hayan pasado al cristianismo (III Lateranense, 1179) MEDIDA NAZI Autorización del Ministerio de Justicia para declarar nulos los testamentos que ofendan los "sanos sentimientos del pueblo", 31 de julio de 1938 (RGBI, I, 973) -------------------------------------------------------------- MEDIDA ECLESIAL: Los judíos deben llevar un distintivo en la vestimenta (IV Lateranense, 1215). Sirvió de modelo un decreto del califa Omar I (634- 644) según el cual los cristianos tenían que llevar cinturón asul y los judíos cinturón amarillo MEDIDA NAZI; Disposición del 1º de setiembre de 1941 (RGBI, I, 973) -------------------------------------------------------------- MEDIDA ECLESIAL: Prohibición de construir sinagogas (Concilio de Oxford, 1222) MEDIDA NAZI: Destrucción de sinagogas en todo el Reichstag el 10 de noviembre de 1938 (Heydrich a Göring, 11 de noviembre de 1938, Nü.Doc: PS - 359) -------------------------------------------------------------- MEDIDA ECLESIAL: Se prohibe a los cristianos asistir a fiestas de judíos (Sínodo de Viena, 1267) Los judíos no pueden disputar sobre la fe católica con gente sencilla (Sínodo de Viena, 1267) MEDIDA NAZI: Prohibición de relaciones amistosas con judíos, 24 de octubre de 1941 (disposición Gestapo L-15) -------------------------------------------------------------- MEDIDA ECLESIAL: Los judíos solo pueden habitar en el bario judío (Sínodo de Breslau, 1267) MEDIDA NAZI: Orden de Heydrich del 21 de setiembre de 1939 (PS-3363) -------------------------------------------------------------- MEDIDA ECLESIAL: Los cristianos no pueden vender ni arrendar solares ni tierras a judíos (Sínodo de Ofen, 1279) MEDIDA NAZI: Disposición del 3 de diciembre de 1938 que prevé la venta forzosa de solares y tierras de judíos (RGBI, I, 1) -------------------------------------------------------------- MEDIDA ECLESIAL: El paso de un cristiano al judaísmo o la vuelta de un judío bautizado a su religión primitiva, debe ser tratado como herejía probada (Sínodo de Maguncia 1310) MEDIDA NAZI: El paso de un cristiano a la religión judía expone a éste al peligro de ser tratado como judío: sentencia de la Audiencia territorial de Königsberg, sala 4ª Civil del 26.6.1942 (En: Die judenfrage, Vertrauliche Beilage) 1º de noviembre de 1942, pg.s 82 y 82 -------------------------------------------------------------- MEDIDA ECLESIAL: Quedan prohibidos la venta o arriendo de objetos eclesiásticos a judíos (Sínodo de Lavaur, 1368) Los judíos no pueden actuar como agentes en contratos entre cristianos, sobre todo como gestores de matrimonios (Concilio de Basilea, 1434, sesión XIX) MEDIDA NAZI: Ley del 6 de julio de 1938 sobre disolución de agencias inmobiliarias y de bienes raíces así como agencias matrimoniales judías, abiertas a lo no judíos (RGBI, I, 823) -------------------------------------------------------------- MEDIDA ECLESIAL: Los judíos no pueden conseguir grados académicos (Concilio de Basilea, 1434, sesión XIX) MEDIDA NAZI; Ley de sobresaturación de las escuelas e institutos superiores alemanes del 25 de abril de 1933 (RGBI, I, 225) (Videre "Die Vermichtung der europäischen Juden. Die Gesammgeschichte des Holocaust", HILBERG, Raul. Berlin 1982, pág. 15 y ss. ) SHALOM <a href='http://b.t.net.ar/www/delivery/ck.php?n=a2afc290&cb=INSERT_RANDOM_NUMBER_HERE' target='_blank'><img src='http://b.t.net.ar/www/delivery/avw.php?zoneid=58&cb=INSERT_RANDOM_NUMBER_HERE&n=a2afc290' border='0' alt='' /></a>
Registrate y eliminá la publicidad! La religión en los pueblos indoeuropeos Los distintos pueblos indoeuropeos, que en sucesivas oleadas colonizaron Europa y se impusieron a la población autóctona, tenían un bagaje cultural y religioso común que fue adaptándose al lugar que ocuparon. Así, algunos dioses del viaje se convirtieron en dioses marinos, otros cambiaron de sexo, y en general se pasó de la concepción igualitaria mediterránea a una visión de claro predominio masculino, típicamente indoeuropea. De este modo, en buena parte de los panteones de estas culturas se da una jerarquía cuyo punto más alto es un dios padre celeste, como Odín. En la mayor parte de los cultos europeos no existían templos, sino unos límites imaginarios o lugares especiales, como cuevas, claros del bosque o acantilados. Poco se sabe de las creencias preindoeuropeas: la figura central de su panteón era una Diosa Madre de la que quizá sea una herencia la Mari vasca. Los iberos veneraban a una divinidad principal, llamada Endovéllico, y los etruscos, pueblo no indoeuropeo, tenían un panteón similar al de los romanos y griegos. A partir de las conquistas de Alejandro Magno y del imperio romano, se introdujeron diversos cultos de origen oriental. El más relevante fue el culto a Mitra, proveniente de Persia, de carácter iniciático y secreto, y cuyo ritual más conocido era el sacrificio de un toro y la aspersión de su sangre. Otro culto relevante fue el órfico, centrado en el mítico cantor Orfeo. La religión en la antigua región escandinava Dioses guerreros y cruelesHacia el III milenio antes de nuestra era, sucesivas oleadas de pueblos germánicos, procedentes de Europa central, colonizaron la región escandinava, llevando consigo el culto a la personificación de diversas fuerzas de la naturaleza, común a la mayoría de las religiones indoeuropeas. Estas migraciones coincidieron con un progresivo cambio climático que trajo inviernos más largos y gélidos. Los Aesires eran dioses guerreros, moradores en Asgard, descendientes de un primer dios, Buri, según parece carente de atributos, que fue engendrado por la vaca primordial Audumla cuando lamía un bloque de sal. El dios mayor era Odín (o Wotan), llamado "padre de los dioses" y dotado de poder sobre todos ellos. Suya era la sabiduría, encarnada en dos cuervos, Hugin y Munin, que siempre le acompañaban. Aconsejaba a los reyes, a veces disfrazándose de mendigo e introduciéndose en las cortes reales y, armado de la imparable lanza Gungnir, era también un temible guerrero. Dioses guerreros El segundo Aesir en importancia era Thor, hijo de Odín y campeón, señor de la tempestad y la batalla furiosa; él imbuía en los guerreros (berserks) la furia asesina en combate. Poseía un martillo mágico, llamado Mjolnir ("el aplastador", que siempre volvía a la mano que lo había lanzado. Tyr, hermano o hermanastro de Thor, era el dios de la espada, la batalla juiciosa y la justicia; Tyr y Thor se complementaban de la misma manera que los griegos Ares y Atenea. Evidentemente, los vikingos no sólo creían en los dioses guerreros, pero en esta sociedad las armas eran empuñadas por la clase gobernante, puesto que estos dioses se convirtieron en los más importantes para el pueblo. Las numerosas historias de Thor, en las que recorre el mundo matando gigantes con su martillo, junto con las historias que escribieron testigos extranjeros, confirman esta teoría. El Valhalla y el reino de Hel: la importancia de morir en batalla Si un hombre moría en combate, iba al Valhalla, donde los muertos luchaban de día y al anochecer sus heridas se cerraban; entonces se reunían en un gran banquete presidido por Odín y atendido por las valkirias. Las mujeres o los hombres que fallecían de muerte natural iban al submundo, donde reinaba Hel. Éste era un lugar muy oscuro, donde las almas de los muertos flotaban por doquier como sombras sin cuerpo. Por supuesto, los vikingos preferían la muerte en batalla. Los agricultores adoraban a Frei y Freya, dioses de la fertilidad. Los comerciantes y marinos invocaban a Njord (la antigua diosa Nertus) cuando necesitaban vientos favorables en sus viajes. Y otras profesiones tenían a otros dioses menores por patronos. Los nórdicos creían en la existencia de numerosos dioses de distinta importancia. Aparte de los Aesires, existían los Vanires, dioses de origen misterioso aliados de los primeros, si bien se habían combatido y cambiado rehenes, como Frei y Freya: esto sugiere que los Vanires eran deidades agrícolas, posiblemente anteriores al culto Aesir. Hay otras divinidades sin una filiación clara, como Loki, dios cuyo poder residía en la mentira y que siempre acompañaba a los Aesires. También poseían numerosos diosecillos y genios, como los enanos, elfos, gnomos y koboldos. Era normal que cada casa tuviera su correspondiente enano o ninfa tutelar, a los que se podían ofrecer sacrificios para recibir su ayuda u obtener una suerte favorable. Cosmogonía de la religión vikinga Los vikingos creían que el universo era un gran fresno llamado Yggdrasil. Bajo el fresno, entre las raíces (en el submundo de Hel), vivían las Nornas, tres mujeres ancianas (como las Moiras griegas) que tejían los hilos de la vida en un gran tapiz para el que se empleaban los hilos de todas las vidas. Cuando una persona moría, cortaban su hilo. Los hombres vivían en el medio de Yggdrasil, en un lugar llamado Midgard, formado por Odín y sus hermanos a partir del cadáver del gigante Ymir. Los malignos gigantes del hielo, los Jötuns, vivían en Utgard, en el otro extremo del fresno. Querían invadir Midgard, y estaba escrito que llegaría el día (Ragnarok) en que ellos, junto a los grandes demonios (Hel, Surtur, Loki, el lobo Fenris, la serpiente Iörmungadr...), combatirían y darían muerte a los dioses, cuando las crías de Fenris hubieran devorado el Sol y la Luna y el invierno eterno se cerniera sobre la Tierra. Pero hasta entonces, los Aesires protegían Midgard de los Jötuns y las tramas del infame Loki. Los dioses vivían en Asgard, en la copa del árbol. Por desgracia, no existen muchos testimonios escritos originales sobre los vikingos, ya que la escritura fue casi desconocida hasta la llegada del cristianismo. Algunas de las fuentes son las antiguas piedras rúnicas, donde se describe superficialmente a los Aesires, y algunos de sus rituales. Otra fuente de información son las historias de Islandia y los textos de los mercaderes árabes originarios de Oriente Medio. Una tercera fuente, mucho menos fiable, fueron las historias escritas por monjes, a menudo posteriores a la era vikinga, con las que los cristianos intentaban desterrar el culto a los Aesires. Además, existen restos arqueológicos que ofrecen alguna información más sobre el culto a los Aesires; en su mayor parte se trata de tumbas halladas en aldeas vikingas. En la actualidad, en las excavaciones de las tumbas, los arqueólogos pueden encontrarse con numerosas sorpresas: desde restos de caballos hasta pequeñas joyas, como un amuleto con la conocida representación del martillo de Thor. Eso indica el alto grado de convicción en la existencia de una vida después de la muerte en el culto Aesir. Sin embargo, es probable que estas tumbas correspondan al período en que el cristianismo empezó a desplazar el culto pagano vikingo. Esto significaría que los vikingos ofrecían sacrificios en honor a los muertos, a quienes por otra parte ofrecían comida, y a quienes amortajaban con joyas y símbolos tanto paganos como cristianos, quizás porque querían asegurarse de que el difunto llegara a un sitio de descanso, ya fuera el Valhalla o el mismo cielo. Los dioses de los mares Marineros muy expertos, navegantes incansables, temidos por doquier, los pobladores del Norte, procedentes del frío, entendieron la divinidad a la medida de la propia fuerza, de la propia brutalidad. Entre ellos, los conceptos del Mal y de la muerte se fueron asociando al frío, a la oscuridad de los largos inviernos y al propio Norte, la morada de los hielos oscuros. El Bien, sin embargo, era para ellos las fuerzas contra las que combatían para conquistarlas: la luz del sol, lo cálido, las tierras feraces. Aesires: Nombre de los dioses hijos de Borr (Buri). Asgard: Morada de los dioses, guardada por el gigante Gangler; albergaba también los palacios de Odín y de los héroes muertos (el Valhalla). Balder: Hijo de Odín y Frigga, dios de la primavera, famoso por su belleza y amable carácter. Berserk: Guerrero que recibe la furia asesina de Odín en la batalla. Hermod señalaba a los combatientes elegidos con la lanza Gungnir, y éstos veían su fuerza multiplicada, como es parodiado sutilmente en la película Eric el Vikingo, de Terry Jones. Bifrost: El arco iris que servía de puente entre Asgard (morada de los dioses) y Midgard (la Tierra). Bragi: Dios de la música, tañedor del arpa. Brock: Herrero enano que, para demostrar que era más hábil que Dvalin, fabricó el anillo Draupnir, el jabalí Gullinbursti y el martillo Mjolnir. Dvalin: Herrero enano que, a instancias de Loki, fabricó el barco Skidbladnir, la lanza Gungnir y un hilo de oro mágico para dar una nueva cabellera a Sif. Frei: Uno de los Vanir, dios de la fertilidad, poseedor del jabalí dorado Gullin-bursti y del barco Skidbladnir, que navegaba tanto por los aires como por el agua y podía doblarse hasta que cupiera en un bolsillo. Freya: Hermana de Frei, también Vanir, diosa benevolente y cazadora. Frigga: Diosa de las nubes, esposa de Odín, equivalente a la romana Juno. Es la única, aparte de Odín, que podía sentarse en el trono Hlidskialf, desde el que se contemplaba toda la Tierra. Ginnungagap: La sima primordial en el centro del universo, rodeada por Niflheim, Muspellsheim, Gladsheim y Vanaheim. Gladsheim: Literalmente, "morada de los dioses". Erigida sobre las ramas de Yggdrasil, acogía a Asgard, Valhalla y las demás moradas de los Aesires. Gungnir: Lanza mágica de Odín, irrompible e infalible, en cuya punta estaba el anillo Draupnir, emblema de la fertilidad. Era tan sagrada que no podía romperse un juramento hecho sobre ella. Una de las señales del Ragnarok era que su asta se rajaría. Gylfi: Rey de Suecia que, según se cuenta en el Edda joven, viajó en sueños hasta las puertas de Asgard, donde el guardián Gangler le explicó la historia de los dioses. Gylfi fue el impulsor del culto a Odín en Escandinavia. Heimdall: Vigilante que con su cuerno toca siempre una nota suave, excepto en el Ragnarok. Hvergelmir: Manantial inagotable de agua hirviente de Niflheim. De él partían hacia la sima doce corrientes, llamadas Elivagar. Idun: Diosa de la juventud, una de las Aesires. Jötuns: Gigantes del hielo. Loki: Dios maligno y experto en las artes de la mentira, máximo rival de Thor y Odín. Mjolnir: Martillo con que Thor llamaba a la tempestad; fue forjado por el enano Brock, aunque Loki hizo que quedara corto de mango. Muspellsheim: Reino del fuego elemental, situado frente a Niflheim, al otro lado de la sima. Niflheim: Reino de la niebla, origen del frío y la oscuridad. De su centro brotaba el manantial Hvergelmir. Odín: También llamado Wotan, dios tuerto que reinaba sobre el viento, y era guía de los líderes de los hombres y rey del panteón vikingo. Tenía el trono más alto de Asgard, llamado Hlidskialf. También representa la sabiduría. Sif: Esposa de Thor, cuya cabellera dorada y más hermosa que el sol fue robada por Loki. Thor, enfurecido, obligó al dios ladrón a reparar el daño, cosa que Loki hizo con la ayuda de Dvalin. Surtur: Gigante del fuego, gran enemigo de los Aesires y Vanires. Habitaba en el Muspellsheim. Thor: Hijo de Odín y Jörd, dios del rayo, el trueno y la tempestad, principal campeón de los Aesires en su lucha contra el diablo Surtur y sus criaturas malignas. Tyr: Hijo de Odín y Frigga; era dios de la guerra y la justicia, como la griega Atenea. Fue el único que se enfrentó al lobo Fenris, y permitió que le devorara la mano izquierda por haber roto su juramento, cuando los Aesires ataron a la bestia. Valhalla: El paraíso escandinavo. A él iban los guerreros que se habían destacado y muerto en combate. En el Valhalla los héroes peleaban entre sí para prepararse para la llegada de Ragnarok, momento en que formarían el ejército de Odín; entre los combates celebraban banquetes en una mesa presidida por Odín y atendida por las valkirias. Vanaheim: Hogar de los Vanas o Vanires, situado frente a la sima Ginnungagap. Vanires: Dioses del océano y la fertilidad. Pelearon con los Aesires y se intercambiaron rehenes: Frei, Freya y su padre. Volla: Sirvienta preferida de Frigga y representación de la abundancia. Yggdrasil: Fresno que alberga el mundo de los dioses (Asgard), de los hombres (Midgard) y de los demonios. Ymir: Primero de los gigantes y el mayor de ellos. Cuando Odín, Vili y Ve lo mataron, su sangre causó un diluvio que exterminó su estirpe. De su carne fue creado Midgard; de su sudor, el océano; de su calavera, los cielos; de sus sesos, las nubes; con sus cejas se construyó una valla que rodeaba el mundo, y sus huesos y dientes formaron montañas y precipicios. Los bosques y las hierbas nacieron de su pelo. La religión de los celtas Un culto a las rocas y a los árboles Los celtas eran el pueblo dominante en Europa poco antes de que fueran desplazados por los romanos y germánicos. Practicaban una religión de la que se sabe poco, aunque su mundo de héroes, druidas y magos ha inspirado leyendas posteriores, como los mitos artúricos. Es obligado recurrir a los autores griegos (Posidonio) y romanos (Julio César, Lucano) para conocer los mitos célticos. Estas crónicas rara vez son imparciales y en ellas se presentaba interesadamente a los celtas como unos salvajes, amantes de los sacrificios humanos. Otra fuente son los mitos conservados en forma de texto (el Mabinogion o el Toro de Quelgny, por ejemplo) que se recogieron en época cristana: los monjes, aun adaptando algunas historias para cristianizarlas, conservaron una tradición que de otro modo se hubiera perdido. El bosque, lugar de ritos Los celtas no construyeron templos hasta la romanización. Los druidas, sacerdotes de esta cultura, consagraban para el culto elementos de la naturaleza, especialmente árboles centenarios, bosques, cuevas o manantiales. El culto se basaba en la interrelación del shi, o elemento divino, con el mundo humano. El shi era fiel reflejo de este mundo, pero mejorado y mucho más agradable. Entre las plantas, eran consideradas sagradas el roble, el tejo, la encina, el avellano y el muérdago, además de todos los árboles que daban nombre a las letras del alfabeto ogham, que también es llamado el "alfabeto del bosque". De los manantiales, los restos arqueológicos indican que los que brotaban en el interior de las cuevas o que parecían surgir "de la nada" (las bocas exteriores de ríos subterráneos, por ejemplo) gozaban de una especial reverencia, y en ellos se celebraban los ritos más solemnes. Animales sagrados o de especial significado para el mundo céltico eran el ciervo, símbolo del bosque; el oso, que representaba la fuerza, el poder y la realeza; el jabalí, que suele aparecer asociado a los guerreros y el combate; y el salmón, que representaba el tiempo y la sabiduría que conlleva; en las leyendas fianna se cuenta que el animal más viejo de Irlanda es un salmón que, cocinado, dará a quien lo coma el conocimiento de todas las cosas pasadas y futuras. Asimismo, los celtas también tenían en gran estima la palabra; es el caso de las geise (tabú que de no ser respetado acarreaba terribles consecuencias). El año celta, basado en meses lunares (de los cuales, la primera quincena era de buen augurio y la segunda, funesta), se dividía a su vez en dos grandes períodos que se iniciaban con dos festividades principales: Beltine (en mayo), la fiesta de los fuegos, de Belenos y propicia para la guerra, la caza, el matrimonio y el ganado; y la noche de Samhain (origen del actual Halloween y Noche de Difuntos), que marcaba el fin del verano y estaba consagrada a Cernunnos, dios cazador de los bosques, que también era el dios de la muerte y señor del otro mundo. Habitualmente se le considera emparentado con el griego Caronte y el etrusco Charun. A su vez, estas estaciones se dividían en dos períodos iguales, marcados por dos fiestas intermedias: la de la cosecha (Lughnasadh, en verano), consagrada a Lugh, y el Imbolc (primavera), la fiesta de la fertilidad, dedicada a Brigid. El panteón celta Lugh, el dios solar, era una de las deidades más importantes del panteón celta. Grandes ciudades llevaban su nombre (por ejemplo, Lyon, antiguamente Lugdunum) y era el padre de grandes héroes, como el irlandés Cúchulainn. Además enseñó a los hombres el trabajo manual y las artes. Cernunnos rivaliza en importancia con el astuto y hábil Lugh. Era el dios de la caza y se le representaba con cuernos de ciervo, gruesa capa y arco de cazador. Por los escritos de César conocemos a Tutatis, nombre que proviene de "tuata", que significa tribu en gaélico. Es de señalar la ausencia (excepto en Irlanda, con Mannanan) de una deidad marina; quizá se deba a que el origen de los celtas se hallaba en tierra firme. Por las sagas irlandesas tenemos noticia de los fomori, seres deformes y demoníacos, cuyo rey tuerto, Balor, podía matar con la sola mirada de su único ojo. Hay que tener en cuenta que las atribuciones de las divinidades celtas no eran exactas ni constantes: no siempre se representa al mismo dios del mismo modo. Los símbolos físicos que distinguen a los dioses cambian de una zona a otra: los cuernos adornan a menudo tanto a Lugh (por ejemplo, en el caldero de Gundestrup) como a Cernunnos. Además, el hecho de que las imágenes suelan carecer de inscripciones dificulta su identificación con las divinidades que aparecen en las fuentes escritas. Del dios herrero tan sólo conservamos el nombre, pero no el aspecto: en Irlanda Goibnhiu y en Gales Gofannon. En el más allá celta, el Tir Na N'og (perífrasis gaélica que significa "tierra de los siempre jóvenes", los muertos conviven con los dioses. Es un mundo parecido al terrenal, aunque más hermoso, y en él todos se mantienen eternamente jóvenes. Está más allá del mar, pero a veces es posible acceder a él a través de las puertas mágicas que se abren en los túmulos funerarios (brugh) y otros lugares señalados. Aunque los dioses y los habitantes del otro mundo (Shi) pueden cruzarlas a voluntad, sólo los magos más cualificados de entre los humanos son capaces de hacer lo mismo. La cultura y los ritos celtas han pervivido en diversos enclaves europeos (Gales, Escocia, Irlanda, Bretaña, Cornualles, Galicia, Asturias), y tanto su música de gaitas y violines como sus leyendas literarias siguen gozando de gran popularidad. Nombres sagrados en la cuna de Europa De Parsifal a los mitos del Grial, caballeros de la Mesa Redonda y santos, señores feudales y embaucadores que terminaron (o no) en las hogueras. Europa se asienta sobre una nebulosa de mitos y montañas vestidas de bosques entre los cuales se vislumbran monasterios cristianos con un cultura en ocasiones heredada de los druidas celtas. Angus Og: Dios irlandés del amor, hijo de Dagda y de Boanna (el río Boyne). Balor: Personaje legendario tuerto y rey de los fomori. Belenos: Dios sanador, identificado frecuentemente con el griego Apolo. Tenía dedicados varios templos en Aquitania. Beltine: Celebración en la que se invocaba al dios Belenos para favorecer la caza, la ganadería, el matrimonio y, en ocasiones, la guerra. Brigit: Diosa de la curación, la artesanía y la poesía. Cernunnos: Dios del reino de los muertos, que solía ser representado con cornamenta de ciervo y capa de piel. En su honor se celebraba el Samhain, fiesta precursora del actual Halloween o de la noche de Todos los Santos. Cúchulainn: Campeón celta, hijo del dios Lugh, que defendió en solitario el Ulster contra la invasión de un ejército del resto de Irlanda, según se cuenta en el Táin Bo Cuailgne. Su nombre significa "perro de Cullan", ya que en su juventud mató al perro guardián de un herrero llamado Cullan y se ofreció a suplirlo hasta que crecieron los cachorros. Dagda: Rey de los Tuatha De Dannan (pueblo de Dana). Dana: Nombre irlandés de la diosa celta Brigit. Danaanosd: Pueblo que llegó a Irlanda desde el cielo y, que como los fir bolgs, inició la historia de los hombres en la isla. Deirdre de los Pesares: Heroína de una de las leyendas del Táin Bo Cuailgne. Esta historia parece que sirvió de base a la leyenda fianna de Dermot y Grainné, y a la de Tristán e Isolda. Epona: Poderosa diosa yegua de los galos. Los irlandeses la llamaban Macha y los británicos Morrigan. Fergus: Héroe céltico irlandés, compañero del mítico Cúchulainn. Filidh: Sacerdotes de menor categoría que los druidas, que en la Galia eran llamados Vates. Fir Bolg: Pueblo mítico que, según las leyendas celtas, fueron el grupo dominante entre los primeros pobladores de Irlanda. Geise: Maldición o tabú, instaurada por los druidas, que, en caso de no ser respetada, acarreaba graves consecuencias al infractor. Gundestrup: Caldero celta, uno de los restos arqueológicos más importantes porque está decorado con representaciones de varios personajes mitológicos célticos. Imbolc: Fiesta de la primavera dedicada a Brigit, que incluía ritos de fertilidad. Lyr: Deidad irlandesa relacionada con el mar. Su hijo Mannanan desempeña oficialmente el papel de Señor de los océanos. Lugh: Divinidad principal que, como el Wotan germánico, era tuerto, empuñaba una lanza y tenía dos cuervos. Se le dedicaba el Lugnasad o fiesta de verano. Naisis: Hijo de Usna. Amante de Deirdre de los Pesares. Ogham: Alfabeto sagrado de carácter iniciático que sólo conocían los druidas, utilizado en diversas fórmulas mágicas y advocaciones. Era llamado el alfabeto del bosque. Rama Roja: Hermandad irlandesa de guerreros liderada por el rey Conn de Ulster, a la que pertenecía el héroe Cúchulainn. Shi: Correspondencia en el ámbito divino del mundo real. Tain Bo Cualigne: Literalmente, "el toro pardo de Quelgny". Gigantesca epopeya irlandesa, con numerosas historias intercaladas o añadidas, sobre la guerra entre el Ulster y el resto de Irlanda, por Donn Cualigne, un toro mágico propiedad del rey Conn. Taranis: Uno de los dioses galos de la guerra. Tir Na N'og: Paraíso situado más allá del mar, donde los dioses convivían en armonía con los muertos, que gozaban de la vida eterna sin envejecer jamás. También se le llamaba el Mundo Occidental. Transmigración: Creencia común a varias culturas, entre ellas la druídica, según la cual las almas de los difuntos van a parar a otros cuerpos. Tuatha de Dannan: Nombre que se daba en Irlanda al colectivo de los dioses, aunque estrictamente sólo se refiriera a una tribu de ellos. Tutatis: Dios tutelar de las tribus galas, a veces con connotaciones guerreras. Los druidas de los pueblos celtas Acerca de la sabiduría entre los celtas En su origen "druida" significaba "aquel que conoce el roble". Esta perífrasis en la que se relaciona el conocimiento natural con la sabiduría misma, indica hasta qué punto aquel árbol sagrado estaba arraigado en el modo de vida y en la religión celta. Los testimonios más antiguos que se conservan sobre los druidas se remontan al siglo III antes de nuestra era y corresponden al escritor griego Posidonio; el relato más detallado, sin embargo, se encuentra en las obras de uno de los enemigos más encarnizados del pueblo celta, Julio César. Según el emperador romano, había en la Galia dos tipos de hombres a los que se tributaban honores: los nobles y los druidas. Los druidas se encargaban de los sacrificios públicos y privados, y muchos jóvenes acudían a ellos para ser instruidos. Juzgaban las querellas privadas y públicas y dictaban sentencias. A quien no acatara la sentencia, se le prohibía asistir a los sacrificios, que era la pena más grave. Entre los druidas se elegía el gran druida, la máxima autoridad, y a su muerte se elegía a otro. Cuando dos de ellos reunían los mismos méritos la elección se realizaba en una asamblea y, a veces, incluso recurriendo a las armas. Ogham: el alfabeto sagrado Los druidas iniciaban su formación en la infancia. Ejercían de consejeros de los jefes y tenían conocimientos de medicina, magia y escritura, basada en el alfabeto oghámico, que sólo ellos conocían y que era sagrado. También estaban instruidos en el arte de la poesía, que compartín con los bardos y los filidh, sacerdotes de menor rango, pero que eran muy respetados en la sociedad celta. En la Galia, los filidh eran llamados vates. Los druidas estaban exentos de pagar tributos y de las actividades guerreras, por lo que muchas familias enviaban a sus hijos a las escuelas druídicas para que fueran druidas: los privilegios que conseguían no eran pocos. Estudiaban astronomía, filosofía natural, derecho, literatura y mitología, y algunos tardaban veinte años en completar su formación. El dogma principal de la doctrina druídica afirmaba que el alma era inmortal y por tanto, tras la muerte, pasaba de un cuerpo a otro. La reencarnación es una creencia inusual en las culturas europeas, lo cual indica la peculiaridad de la religión céltica. La guerra también estaba relacionada con su actividad, ya que, aunque no participaban directamente en la lucha caía bajo su responsabilidad preparar a los guerreros para la batalla, probando en ellos una especie de frenesí bélico. Los druidas ofrecían sacrificios humanos para curar a los enfermos graves y para proteger a los que arriesgaban su vida en el campo de batalla. Por lo general, los sacrificados eran delincuentes, pero alguna vez se elegían víctimas inocentes para dotar de mayor eficacia al rito. Los emperadores romanos Tiberio y Claudio prohibieron los sacrificios humanos y, según la leyenda, san Patricio -patrón de Irlanda- acabó con ellos en la isla. También se dice que el santo prohibió los ritos que incluían ofrendas a los demonios o el intercambio sexual entre los reyes y la diosa de la soberanía, práctica que, aunque desapareció de los rituales, perduró en la tradición literaria. De los bosques a los templos En el período más antiguo de la civilización celta, los ritos druídicos se celebraban en los claros del bosque. Como sabemos, la naturaleza era un elemento crucial en la localización y celebración de sus rituales: el roble sagrado, los ríos (y especialmente sus nacimientos) y los acantilados. En Irlanda quedan muchos restos (sobre todo dólmenes y otras piedras sagradas) en estos agrestes lugares, llamados cliffs, donde los druidas solían reunirse frente al mar y junto a vertiginosos acantilados. Basta con visitar los enclaves de las islas Aran (al oeste de Irlanda) para advertir la influencia de estos cultos antiguos: los lugareños todavía hablan el gaélico, lo cual parece un milagro lingüístico, que la revitalización de la cultura celta en la vecina ciudad de Galway está haciendo cada día más creíble. Los edificios sagrados (templos) se usaron sólo a partir de la influencia romana. En la Galia, los druidas fueron eliminados bajo el gobierno de Tiberio -entre el 14 y el 37 antes de nuestra era- y probablemente poco después en Bretaña. En Irlanda perdieron sus funciones sacerdotales tras la llegada del cristianismo, pero sobrevivieron como poetas (en gaélico filid), historiadores (senchaidi) y jueces (brithemain). Muchos estudiosos afirman que los brahmanes hindúes en el este y los druidas célticos en el oeste son los últimos supervivientes del antiguo sacerdocio indoeuropeo. En cuanto a las fuentes en que nos hemos basado a lo largo de los años para conocer la cultura druídica, ya hemos nombrado a Julio César, que tal vez es la máxima autoridad. Pero también es importante la descripción de estos sacerdotes a cargo del filósofo estoico Posidonio. Muchos de los datos que él aporta fueron confirmados siglos más tarde por las sagas medievales irlandesas. Una de estas sagas también ha confirmado el realismo con que César describía en sus textos una asamblea anual de estos sacerdotes para elegir al gran druida. Otro autor clásico que les dedicó diversos pasajes fue Diodoro, quien describió a los druidas como filósofos y teólogos, en contra de la opinión de Tácito, que los acusaba de crueldad y de impulsar los sacrificios humanos. La diversidad de opiniones manifiesta cómo la sabiduría druídica se aplicaba a tantos campos que puede parecer un precedente del Renacimiento italiano. Como muchos aspectos de la cultura celta (leyenda, música, elementos mágicos, runas), la actividad de los druidas, muchos siglos después de su desaparición, ha perdurado en muchas personas interesadas en lo místico y se ha convertido en tema recurrente de muchos tipos de literatura, desde fascinantes sagas épicas hasta ensayos de divulgación de la magia blanca, pasando por estudios críticos de historia y antropología. Algunos aspectos de las religiones celta y escandinava Deidad principal Cultura céltica: Lugh Cultura vikinga: Odín/Wotan Paraíso en el más allá Cultura céltica: Tir Na N'og Cultura vikinga: Valhalla Diosa de la fertilidad Cultura céltica: Brigit Cultura vikinga: Freya y Frei (hermanos) Animales sagrados Cultura céltica: Ciervo, jabalí, oso, salmón Cultura vikinga: Cuervo, vaca, caballo Arma mágica Cultura céltica: Excalibur, en gaélico Caladwyclh (espada de Artús) Cultura vikinga: Gungnir (lanza de Odín) y Mjolnir (martillo de Thor) Dios del infierno Cultura céltica: Cernunnos Cultura vikinga: Hel Criaturas silvanas (del bosque) Cultura céltica: Ninfas, trasgos, duendes Cultura vikinga: Enanos, elfos, gnomos, koboldos, ninfas Culto a los muertos Cultura céltica: Monumentos megalíticos y puertas (brugh) al otro mundo Cultura vikinga: Tumbas con restos de animales, joyas y enseres Dios maléfico Cultura céltica: Balor Cultura vikinga: Loki Herrero de los dioses Cultura céltica: Goffannon Cultura vikinga: Dvalin Árbol mágico Cultura céltica: Roble Cultura vikinga: Fresno Aguas sagradas Cultura céltica: Manantiales y ríos subterráneos Cultura vikinga: El mar (cuna de los Aesires) Actividad sagrada Cultura céltica: La caza Cultura vikinga: La guerra SHALOM <a href='http://b.t.net.ar/www/delivery/ck.php?n=a2afc290&cb=INSERT_RANDOM_NUMBER_HERE' target='_blank'><img src='http://b.t.net.ar/www/delivery/avw.php?zoneid=58&cb=INSERT_RANDOM_NUMBER_HERE&n=a2afc290' border='0' alt='' /></a>

Registrate y eliminá la publicidad! Tengu, en japonés: 天狗; Tengu "perro(?) divino", es un duende dentro de los elementos del folclore y mitología japonesa que suelen tener forma humanoide. También es la palabra con la que se denomina al espíritu "cuervo". Habitan en los árboles, generalmente pinos y cedros, de las zonas montañosas. Algunas fuentes opinan que los Tengu son descendientes de Susano Wo no Mikoto, el dios de la tormenta hermano de Amaterasu, la diosa Sol. Sus características son su cara color rojo, y su prolongada nariz. En algunos rubros populares, se relaciona a esta entidad con el concepto de extranjeros en Japón. La función principal de los tengu es salvar a los guerreros de catástrofes, o ayudarlos en los combates. Otra función que realizan es iniciar y transmitir las artes marciales a las personas. Se les considera fundadores de escuelas de esgrima y de Jujitsu, y reivindican el origen divino de las artes marciales. El templo de Takao al oeste de Tokio es uno de los templos con más tengus de Japón. En Japón, hay una leyenda de un "ninja", quién era un agente o espía en los viejos días, mientras que trabaja para su señor, va al "Tengu" en la montaña para conseguir de él capacidades supernaturales. Un "Tengu" quién vive en una montaña y tiene la figura de un "yamabushi", monje japonés. Él tiene una nariz pronunciada y capacidades supernaturales. El "Tengu" le da un "tora-no-maki" (una voluta del "tora" después de darle energías adicionales. Este "manuscrito del tora" se mira pues como un libro muy importante para que sea provechoso para cualquier crisis. Aunque no hay conocimiento de que una voluta verdadera de un Torah judío fue encontrada siempre en un sitio histórico japonés, aparece este "manuscrito del tora" que es una derivación del Torah judío. Los japoneses utilizan esta palabra a veces en sus vidas actuales. Clases de Tengu: O Tengu (Tengu humanoide) Karasu Tengu (Tengu ornitoide) Koppa Tengu Kurama Tengu SHALOM <a href='http://b.t.net.ar/www/delivery/ck.php?n=a2afc290&cb=INSERT_RANDOM_NUMBER_HERE' target='_blank'><img src='http://b.t.net.ar/www/delivery/avw.php?zoneid=58&cb=INSERT_RANDOM_NUMBER_HERE&n=a2afc290' border='0' alt='' /></a>

Registrate y eliminá la publicidad! Las formas de religión en el África Negra En ninguna lengua de las que se hablan en el África no musulmana ni cristianizada existe una palabra para designar el concepto "religión". Este hecho da una idea de cuán diferente puede llegar a ser el concepto de lo ultraterreno y del sentido de la vida para estas culturas, que no tienen mayores preocupaciones de tipo cosmogónico. Lo religioso se concentra en un modo de vivir entre los demás, formando parte de una comunidad. Los diversos cultos africanos están tan fragmentados como sus etnias: hay rasgos religiosos comunes en los grupos mayores (por ejemplo, la cultura yoruba en África occidental o la bantú en África oriental), pero también encontramos características propias en las numerosas tribus de cada zona. Existieron grandes imperios religiosos (Songay, Malí), pero la ausencia de textos o de doctrinas unitarias impide una contemplación unitaria del fenómeno religioso africano. Debe destacarse la influencia de otros credos, que en algunos casos consiguieron desplazar las creencias nativas: el islam y el cristianismo se propagaron por gran parte del continente. Una relación cotidiana La presencia de dioses en las religiones africanas a menudo no tiene mayor sentido que justificar la existencia de fuerzas cósmicas que rigen el universo, pero en general apenas incide en la vida en común: los dioses viven apartados de los hombres, y éstos sólo se acuerdan de ellos en las grandes ocasiones, pero tienen alguien en quien confiar en su vida cotidiana: los antepasados. La carencia de un lenguaje escrito tuvo como consecuencia probable la despreocupación de los africanos por lo teórico: la tradición oral está mucho más apegada a lo que los seres humanos conocen, por lo que las formas de religión de esta parte del mundo no son aficionadas a la reflexión abstracta o a las doctrinas rígidas. Si no existe un texto, difícilmente puede asentarse una doctrina; por ello, en el África Negra las creencias evolucionan con el mundo que rodea a quienes las profesan: las relaciones entre los miembros de la tribu, la naturaleza, los fenómenos naturales... Pero todos estos cultos tienen un denominador común, una creencia que engloba el presente, el pasado e incluso el futuro del grupo: el culto a los antepasados. La vida después de la muerte no es un tema que el africano primitivo tenga muy claro: en sus creencias no hay cielo ni infierno. En la mayoría de aquellas culturas existe la creencia de que, al morir, cada uno se reunirá con sus antepasados en algún lugar, pero esta idea no conlleva implicaciones éticas o morales en el comportamiento cotidiano: el premio y el castigo no existen. La mayor parte de reglas que se obsevan en estas sociedades tienen sentido en el marco de la comunidad; es lo que los occidentales llamaríamos un "manual de buenas costumbres". El culto a los antepasados equipara a los hombres y a las mujeres ya fallecidos con otras fuerzas cósmicas. Al contrario que en otras religiones, los dioses tienen menos poder que las almas de los difuntos y, salvo excepciones, no lo utilizan para influir en el mundo. En cambio, los ancestros sí velan por la tribu a la que pertenecieron. Al igual que en algunos cultos melanesios, en África los antepasados cuidan de sus descendientes por tradición pero también por interés propio: si algún cataclismo asolara a la tribu y ésta desapareciese -junto con su culto-, el antepasado perdería lo que le arraiga a la tierra, y se convertiría en un espíritu maligno y errante. Mientras el ancestro sigue conectado a su tribu, todo va bien para ambas partes: los descendientes le rinden culto y él los cuida y protege de las enfermedades y problemas de todo tipo. No como un dios inaccesible y lejano, sino como un ser que está presente en muchos aspectos de la vida del individuo. Algunos de los miembros de la tribu se ponen en contacto con los antepasados a través de un oráculo y de los sueños. Incluso se dice que, en lugares solitarios, un espíritu puede aparecerse para advertir o aconsejar a su descendiente. Antepasados y muertos vivientes Hay que tener en cuenta que diversas culturas distinguen claramente entre antepasados y muertos vivientes. Los primeros son los miembros de la tribu que murieron hace mucho tiempo (por lo menos dos o tres generaciones atrás) y cuidan de sus descendientes. Por el contrario, el término muerto viviente alude a los muertos recientes: padres, abuelos. En el segundo caso, los difuntos pueden no tener todos los poderes ni la lucidez necesarios para usarlos de forma correcta, por lo que es mejor no recurrir a ellos: los muertos vivientes son utilizados de forma egoísta por personas con aviesas intenciones, los hechiceros y las brujas. En casi toda África oriental y central el culto a los ancestros (y en algunos casos, a los muertos vivientes) es básico: en bantú se les llama muzimu y desempeñan un papel fundamental, ya que inciden desde el núcleo familiar en toda la tribu. Sin embargo, se discrepa sobre su valor religioso: según algunos antropólogos los antepasados no son fuente de un verdadero culto religioso, sino únicamente receptores del respeto y afecto de sus descendientes, de manera similar a como se entiende en la cultura cristiana, que honra a sus familiares difuntos por Todos los Santos poniendo flores en sus tumbas. Por el contrario, otros antropólogos sostienen que se practica un verdadero culto: los antepasados son realmente adorados y se les considera seres sobrenaturales que pueden incidir en cualquier aspecto de la vida. Sin entrar en la polémica, lo que sí está claro es que los antepasados son el elemento más importante de las creencias aborígenes del África Negra, tengan o no estatus divino. Los dioses tienen otras cosas en que pensar No obstante, existe el concepto de divinidad, si bien es muy diferente del de otras culturas. Para empezar, comprobamos que casi todas las tribus, en particular las del grupo bantú, tienen la idea de un dios central o creador, generalmente llamado Mulungu (con todas sus variantes lingüísticas, como Mungu, Murungu). Ya antes de los contactos con el islam y el cristianismo se atribuían a este dios características antropomorfas y poderes ilimitados sobre la naturaleza. Se le identifica con determinados fenómenos que adquieren de este modo cualidades míticas: el sol es su ojo; la lluvia, su saliva; el trueno, su voz, etc. Algunas culturas dicen que vive en grandes montañas, como el Kilimanjaro o el monte Kenia. Se le rinde culto, pero con menor frecuencia que a los antepasados. Por ejemplo, los kikuyus de Kenia afirman que no se debe molestar al dios por nimiedades, y los ashantis (África occidental) sólo celebran ceremonias en momentos de gran apuro. Esto equipara la noción de un dios creador que se ha desentendido del mundo con la que tienen (recordemos) las tribus de indígenas no andinas de Sudamérica. Aparte de espíritus menores (malignos o de antepasados) algunas tribus, como los basogas (Uganda), consideran que hay unos espíritus superiores, los babubale, que tienen categoría de dios y hasta se les dedican templos. No es habitual, pero en algunas culturas, como la yoruba (Nigeria) y otras, tienen incluso un panteón: alrededor del dios supremo yoruba, Olorun, existen unas divinidades secundarias, llamadas orisha, que están encargadas de diversos ámbitos. Algunos orisha son descendientes de Olorun, pero a su vez ancestros de los hombres actuales, por lo que han servido para perpetuar una serie de dinastías políticas, al estilo de los faraones egipcios o los sapa-incas de los Andes. La religiosidad del África Negra Una ética en honor al grupo La religiosidad del África Negra no se basa en abstracciones o visiones individuales, sino en elementos que hermanan a los hombres y mujeres en unidades comunitarias. La familia, el clan, la tribu o el grupo étnico son lo más importante, y la mayoría de detalles religiosos están orientados a preservar esta armonía, por lo que quienes puedan perjudicarla (brujas, hechiceros) suelen ser marginados de inmediato. En la mayoría de culturas africanas, los antepasados y algunos dioses que dieron el "soplo" a la vida humana son entendidos como expresiones tangibles (al menos en oráculos, sueños y revelaciones) de las fuerzas cósmicas. Pero su función suele ser más pragmática: ayudar a la comunidad en todas sus actividades. El componente social de estas ideas está muy claro. No responden a las grandes preguntas filosófico-religiosas de rigor ("quiénes somos, de dónde venimos, adónde vamos", sino que son un referente, una tabla a la que agarrarse en el naufragio de las penalidades de la vida. Todos los componentes de la tribu respetan, veneran, temen y se sienten seguros con estas fuerzas porque garantizan la armonía social. Pero algunos pretenden utilizar el poder cósmico para sus propios fines. Son los llamados brujas y hechiceros. Brujas y hechiceros: ¿delincuentes o chivos expiatorios? Empecemos por diferenciar ambos conceptos. La diferente denominación no obedece únicamente al sexo, aunque en África la mayoría de brujas son mujeres y la mayoría de hechiceros, hombres. La diferencia es bastante compleja: en principio, las brujas están imbuidas de un poder maligno que raras veces pueden controlar y que las impulsa a actuar mal y a perjudicar a los demás. Por el contrario, los hechiceros son conscientes de que quieren hacer el mal, y son ellos quienes se ponen en contacto con las fuerzas malignas mediante ritos y conjuros. De todos modos, tan peligrosa puede ser para la comunidad la acción de unos como la de otros. Es conveniente descubrir a los hechiceros, para castigarlos o expulsarlos de la comunidad. Por lo que respecta a las brujas, a veces basta con exorcizarlas, aunque se han dado casos de lapidamiento. A las brujas se les atribuyen poderes como el del vuelo o la metamorfosis, transformándose en monos o elefantes. Puesto que no son conscientes de su verdadera personalidad, pueden llevar una doble vida sin saberlo: mujer normal durante el día y bruja por la noche. Al amparo de las sombras, estas mujeres chupan la sangre a los incautos, celebran aquelarres, devoran las almas y matan a los niños. La creencia en la existencia de estos seres maléficos suele deberse a razones sociológicas. Witte considera a brujas y hechiceros meras válvulas de escape de las tensiones sociales. Cuando alguien tiene un problema, ya sea de salud, económico, de relación, o afectivo, busca un culpable, porque se niega a admitir que se deba a la mala suerte. En estas situaciones es cuando es más fácil atribuir a alguien conocido malas intenciones, por envidia, manía u otras razones. De ahí a demonizar al rival, sólo hay un paso. El hecho de que los africanos crean en este tipo de personajes asociales y malignos se nos antoja primitivo, pero esto no es más que paternalismo y sentimiento de superioridad: en las sociedades industrializadas otros focos de demonización social tienen consecuencias tan trágicas como los destierros o muertes de brujas y hechiceros. Y si hablamos de fanatismo o superstición primitivos, no olvidemos que en nuestras ciudades, los "hinchas" de muchos equipos de fútbol insultan, atacan e incluso llegan a matar a personas cuyo único delito es pertenecer a otro equipo y, por tanto, a otro clan. Otro tipo de exclusión social o de justificación de la violencia. No sólo las brujas y hechiceros son marginados. También hay casos de exclusión por razones que parecen peregrinas. Es conocido (especialmente para los amantes de la música) el caso del cantante y compositor Salif Keita: descendiente de una familia real en Malí y, por tanto, heredero de poderes políticos sobre decenas de tribus, fue rechazado por su padre desde que nació. El motivo es que era albino, y el blanco es un color que da mala suerte en las culturas de la zona. Keita emigró a Francia y triunfó en el mundo de la música étnica y ello le ha permitido volver cargado de honores a su país, pero el trauma de su infancia no podrá borrarlo de su memoria mientras viva; de hecho, algunas de sus canciones hablan de él. La tierra como fuerza cósmica común El apego de los africanos a su tierra es comprobable también en algunos detalles del culto a fuerzas superiores: la diosa que se correspondería a la Pachamama andina. Entre los yorubas, las divinidades femeninas se relacionan claramente con la tierra y las masculinas, con el cielo. Esta misma cultura llama a la madre tierra Iyanla ("gran madre", pero son muchas las tribus de otras zonas que veneran a figuras similares. El culto a los antepasados y el culto a la tierra están íntimamente relacionados porque ambos participan de lo que perpetúa la existencia de las tribus: la fecundidad. Por ejemplo, los ibos (África occidental) llaman a los antepasados "el antiguo pueblo de nuestra tierra". Y muchas tribus, a la hora de hablar de jefes o caudillos, distinguen claramente entre el "jefe político" y el "jefe de tierra". El primero puede haber conquistado un territorio, pero hay leyes que no puede imponer a los vencidos, pues de ellos es la tierra que habitan, la tierra que habitaron sus antepasados (objetos primordiales de la religiosidad) y que les pertenece porque están arraigados en sus parajes. No es de extrañar, por tanto, que los nativos que abandonan sus poblaciones para vivir en las grandes ciudades africanas (Nairobi, Lagos, Ciudad del Cabo) acaben abandonando sus creencias y siendo asimilados por las doctrinas cristiana y musulmana. La noción de Dios en el África negra El investigador John Mbiti publicó en Londres, en 1970, su obra Concepts of God in Africa. En ella incluye una lista de diversas tribus de África central y oriental con los nombres que utilizan para designar el concepto de ser creador y todopoderoso. He aquí algunos ejemplos en los que puede observarse que el nombre Mulungu, y sus similares, es el más repetido porque las lenguas de estas zonas tienen un léxico común para aspectos muy básicos, como ocurre con las diversas ramas de lenguas indoeuropeas. Pueblo: Abaluyia País: Kenia Nombre: Wele Pueblo: Akamba País: Kenia Nombre: Mulungu Pueblo: Ankore País: Uganda Nombre: Ruhanga Pueblo: Baganda País: Uganda Nombre: Katonda Pueblo: Banyarwanda País: Ruanda Nombre: Imana Pueblo: Banyoro País: Uganda Nombre: Ruhanga Pueblo: Barundi País: Burundi Nombre: Imana Pueblo: Bemba País: Zambia Nombre: Mulungun Pueblo: Chaga País: Tanzania Nombre: Ruwa Pueblo: Gogo País: Tanzania Nombre: Mulungu Pueblo: Ila País: Zambia Nombre: Leza Pueblo: Kikuyu País: Kenia Nombre: Murungu Pueblo: Meru País: Kenia Nombre: Murungu Pueblo: Shona País: Zimbabwe Nombre: Mwari Pueblo: Sukuma-Nyamwezi País: Tanzania Nombre: Mulungu Pueblo: Swahili País: Kenia, Tanzania Nombre: Mungu Pueblo: Yao País: Malawi, Mozambique Nombre: Mulungu La santería y el vudú Un modo de preservar las antiguas tradiciones El práctico exterminio de los indígenas de Centroamérica (debido en gran parte a las enfermedades que contrajeron con la llegada de los conquistadores) y su sustitución por hombres y mujeres africanos, más dotados físicamente para el trabajo duro que les encomendaban, ha marcado el cariz cultural y, por tanto, religioso de la población de países como Cuba, Haití y Puerto Rico. La santería es un claro ejemplo de sincretismo religioso: muchos de los santos, en principio católicos, a los que se da culto en Cuba esconden dioses de la mitología yoruba, etnia de origen nigeriano a la que pertenecen gran parte de los negros que pueblan la isla caribeña. Por ejemplo, la famosa virgen de la Caridad del Cobre (tema central de un conocido bolero, que exalta más las connotaciones sexuales que el respeto por la divinidad) tiene un color oscuro en su piel y unos rasgos inequívocamente mulatos. Del mismo modo, Shango, el dios del trueno, se convierte en santa Bárbara, patrona de la artillería, como el poderoso Orunmila se disfraza de san Francisco, la diosa Orunbala pasa a ser Nuestra Señora de la Merced o Elegba es san Pedro. Uno de los cultos más curiosos es el que se da a Babalú-Aye o san Lázaro. En la iglesia del Rincón, a unos veinte kilómetros de La Habana, se celebran romerías que han aumentado su número de devotos al agudizarse los problemas económicos. En este culto, los fieles identifican sin problema ambas divinidades en una sola, como si se tratase de un sólo dios con dos caras; en una de las canciones que se cantan durante la peregrinación, el texto es explícito: "Ay San Lázaro Bendito, Mi viejo Babalú-Aye, "Yo te debo, yo te cumplo" Los fieles piden a la divinidad afro-cubano-católica salud y mejoras económicas, y ofrendan flores, limosnas y velas encendidas. A lo largo del camino, los devotos se arrastran por el lodo y el polvo, cargan pesadas piedras y enormes cruces, y recorren penosamente durante horas el trayecto que lleva al santo/divinidad, que originalmente protegía contra la lepra, la sífilis y la viruela, y ahora se ha "especializado", siguiendo el signo de los tiempos, en la prevención del sida. La santería cubana o el panteón yoruba en América Los dioses menores de la santería son llamados orishas, exactamente igual que los del panteón yoruba y transmiten su poder mágico, llamado ache, a los sacerdotes o santeros. Sus ritos incluyen la adivinación y las danzas al ritmo de tambores, entonando salmodias, como reflejó en algunos poemas el escritor cubano Nicolás Guillén. Una característica típicamente africana de la santería es que es un tipo de religión popular, destinada principalmente a solucionar los problemas cotidianos de la gente, que los consulta con el santero. Éste desempeña un papel complejo que incluye los de gurú, astrólogo, asistente social, brujo y consejero. La supersitición se funde con la religiosidad; por ejemplo, los santeros saludan a la gente con una reverencia mientras apoyan las palmas, cruzadas, sobre los propios hombros: jamás dan la mano porque creen que los espíritus malignos o benéficos pueden pasar de un cuerpo a otro con el contacto físico. En otros países con etnia de origen yoruba, como Trinidad, ocurre más o menos lo mismo: divinidades africanas con máscara cristiana. Por otra parte, muchos de los ritos de la santería han sido exportados a varias zonas de Estados Unidos, debido a la emigración de numerosos grupos anticastristas. El sincretismo está muy arraigado en otros países latinoamericanos (por ejemplo, el culto Winti de Surinam, de formas protestantes pero cuyo fondo es claramente africano o el culto Macumba de Brasil), pero el caso cubano es el que despierta más interés por su riqueza ritual. El vudú haitiano: Loa, zombis y posesiones El influjo de las religiones de varias zonas de África (Benín, Nigeria, Zaire) converge en los ritos y la cosmogonía de los habitantes de Haití, quienes, no obstante, dan un rostro católico al culto. Sin embargo, es fácil ver que su concepto de dios es mucho más africano que cristiano: una divinidad que está por encima de todo y a la que, salvo en casos excepcionales, no hay que molestar con los problemas humanos. Lo cotidiano se confía a dioses menores (típicos de las religiones del África Negra) y a espíritus que se comunican con sus fieles y, en ocasiones, poseen a los que participan en determinados ritos. Estas celebraciones se acompañan de velas encendidas, sacrificio de animales domésticos y danzas al frenético ritmo de los instrumentos de percusión. Su origen se remonta a la dominación francesa de la isla, que aportó los elementos católicos. La teología principal y los detalles mágicos fueron aportados por la población negra que fue llevada a la isla, de las etnias fon, yoruba y kongo principalmente. De hecho, la palabra vudú proviene de la palabra fon, espíritu (vodun). Como en el caso de la santería, los dioses del vudú están por debajo de una divinidad central y lejana, y son identificables con santos cristianos. Son llamados Loa y se les ofrecen celebraciones en pequeños templos, donde el sacerdote (houngan) o la sacerdotisa (mambo) dirigen las plegarias y danzas, y actúan también como consejeros: los fieles les piden ayuda, curación (tienen conocimientos de medicina tradicional) y protección contra la brujería. En ocasiones, algunos devotos entran en trance y son poseídos por los Loa, lo cual aprovechan para dar consejo (inspirado sobrenaturalmente) o curar. A veces un Loa maléfico, los llamados Petro Loa, se cuela en el rito y posee al devoto, de forma bastante más violenta que los benéficos, llamados Rada Loa. Tal vez el aspecto más célebre de los cultos vudú sea el zombi popularizado por la literatura cinematográfica del terror. De los zombis se dice que son cadáveres resucitados por los sacerdotes y utilizados para las labores agrícolas como autómatas sin voluntad. Una versión más racionalista del fenómeno sostiene que en realidad se trata de personas vivas a las que el sacerdote ha administrado unas sustancias sobre la piel. Este veneno las paraliza y les da aspecto de zombis. Pese a las prohibiciones de la Iglesia católica durante siglos, el vudú ha pervivido y cree en él un ochenta por ciento de la población actual de Haití. Tal vez por ello la Iglesia se ha resignado a convivir con él y ha cesado la persecución. Los cultos de la "Vuelta a África" Marihuana, cabellos sucios y anudados en largas trencillas, rechazo de los cánones socialmente correctos, una música ingenua e hipnótica, viejas creencias africanas a las que se han adosado vagas nociones cristianas. Una cultura propia que en el fondo seduce por su inocencia. Quienes conocen de oídas los movimientos afrocentristas y de "Vuelta a África" que han proliferado en el siglo XX suelen mezclar erróneamente conceptos como el zionismo y el rastafarismo. Tal vez una de las razones sea el modo en que Bob Marley (gran divulgador popular de estas culturas) hacía referencia a ambos movimientos en sus canciones. Pero no deben confundirse. Para empezar, el zionismo es un culto radicado en el África Negra, mientras que el rastafarismo nació y se ha desarrollado en las Antillas. Pero hay otras diferencias que veremos a continuación. El zionismo: un culto cristiano en el corazón de África Reciben este nombre varios grupos religiosos con una base doctrinal común, aunque con algunas diferencias rituales y formales, que surgieron a finales del siglo XIX en Sudáfrica y que se han ido extendiendo hacia el norte, hasta llegar a Nigeria. El nombre zionista proviene del origen blanco de estos cultos. En 1896 se fundó en Chicago la Iglesia Católica Apostólica de Zión, un movimiento baptista que vaticinaba la segunda venida de Jesucristo como inminente. Misioneros de esta congregación fueron enviados a Sudáfrica en la década siguiente, y sus seguidores africanos, influidos también por misioneros pentecostales, decidieron escindirse y crear una congregación nueva, con influencias de ambas tendencias cristianas y algunos elementos aborígenes. Así nació la Iglesia Apostólica de Zión, que pronto fue extendiendo su influencia hacia el norte admitiendo variaciones -debidas, probablemente, al sustrato religioso de las poblaciones convertidas-, por lo cual recibe distintos nombres según la latitud geográfica: en Ghana se le llama Espiritualismo y en Nigeria, Aladura, por poner dos ejemplos. Su doctrina tiene una base cristiana, pero ha desarrollado rasgos distintivos propios. Por ejemplo, los distintos grupos son regidos por un sacerdote al que se suele llamar mesías y cuyo cargo es hereditario. El mesías no tiene por qué ser necesariamente un varón. Por otro lado, cada movimiento zionista suele tener su origen en un profeta que tiene una visión o sueño revelador y que establece un lugar para el culto, que es denominado Nueva Jerusalén, Moriah o, simplemente, Zión. Otra característica es la prohibición de algunos alimentos, cerveza, tabaco y medicinas occidentales. En los lugares convertidos, se acostumbra repudiar las costumbres religiosas del grupo asimilado, aunque también se adaptan sincréticamente al rito zionista para facilitar la conversión. Los mesías tienen revelaciones directamente del Espíritu Santo, que ilumina su papel de guía y les otorga poderes. Muchos grupos zionistas admiten la poligamia. Un rasgo muy importante y diferenciador de los zionistas es la abundancia de elementos netamente africanos en sus ritos: las ceremonias son acompañadas por danzas, percusión y cánticos tribales. Los ritos de purificación y exorcismo parecen tener también un origen subsahariano. No así la tendencia a bautizar y rebautizar a los fieles, que proviene del origen baptista de estas creencias. El rastafarismo no es sólo marihuana y reggae Rastafarista o rastafari (o incluso ras tafari) es la denominación que suele darse a quien lleva dreadlocks (trencitas), se deja barba y consume grandes cantidades de marihuana. Pero tras este fenómeno social, presente en casi todo el mundo, hay una religión. Los primeros rastafaris aparecieron en Jamaica a principios del siglo XX, aunque no divulgaron oficialmente su doctrina hasta la década de 1950. El culto proviene de varias fuentes: grupos, profetas y movimientos de Vuelta a África y de rechazo a la cultura europeo-cristiana (llamada genéricamente Babilonia), impuesta a los esclavos que fueron llevados a las Antillas. También el líder político-religioso Marcus Garvey influyó en el culto. Su doctrina se basa en la idea de que los negros son israelitas reencarnados que para purgar los pecados que cometieron siglos atrás han sido -y son- explotados por la malvada raza blanca. Están esperando regresar a África (la canción Exodus, de Bob Marley es muy ilustrativa en este sentido), para alcanzar la redención y cambiar el orden de las cosas: ellos dominarán a los blancos. El dios de los rastafaris es denominado Jah (abreviatura de Jehová), pero también rinden culto a un personaje histórico, el emperador de Etiopía Haile Selassie I, que fue para ellos paladín de la raza negra y tiene carácter divino en su doctrina. De hecho, el nombre de esta religión proviene de Ras ("príncipe" Tafari, apelativo que daban al emperador. A partir de mediados del siglo XX, pusieron menos énfasis en el concepto de éxodo y prestaron mayor atención, por un lado, a la lucha de liberación socio-política del pueblo negro (de ahí su éxito en parte de la población de Estados Unidos) y, por otro, a un cierto misticismo, que busca referentes, a partes iguales, en el Antiguo Testamento y en las diversas tradiciones religiosas del África Negra. Los rastafaris suelen ser vegetarianos y se caracterizan por su aspecto físico (el pelo sin peinar ni cortar, recogido en trenzas naturales o gorros de colores chillones, típicamente africanos) y sus costumbres contemplativas, favorecidas por el consumo de marihuana. Este último aspecto es tema recurrente en muchas canciones de los estilos musicales antillanos de raigambre afroamericana: ska, reggae y raggamuffin. El primero de ellos floreció en la década de 1960 y era un movimiento eminentemente lúdico. El segundo ha ejercido una gran influencia en la evolución de la música popular de todo el mundo desde la década de 1970. El raggamuffin es una mezcla de reggae y hip-hop de claras tendencias políticas, procedente de los barrios más pobres de Kingston y otras ciudades jamaicanas. Las letras de Bob Marley han contribuido a popularizar algunos de los conceptos del movimiento rastafari, que ha ganado adeptos en todas las latitudes. SHALOM