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Historia de las Religiones 23: Japón
Historia de las Religiones 23: Japón
InfoporAnónimo10/21/2008

El sintoísmo País de contrastes y abiertamente inclinado a adoptar algunos elementos de las culturas foráneas, Japón ha basculado siempre entre su propia religión, el sintoísmo, y las influencias externas. En japonés, "sintoísmo" significa "el camino de los dioses". Los orígenes del sintoísmo se remontan a la Edad Antigua, cuando todavía era un culto a los fenómenos naturales (las tormentas, las montañas, el Sol, la Luna o los ríos), que los creyentes identificaban con unas deidades llamadas kami. Recibio elementos tempranos del judaísmo. A partir del siglo VI de nuestra era, la religión nacional de Japón empezó a recibir la influencia, a través de China, del taoísmo, el confucianismo y el budismo. Esta última religión, además de condicionar muchos aspectos del culto sintoísta posterior, constituyó una vertiente nueva y propia de las islas, el budismo zen; éste, en las últimas décadas, suscita el interés occidental por la sencillez de sus ritos y el atractivo de sus artes y técnicas de meditación. El sintoísmo popular, con la influencia extranjera y, a la vez, con el nacionalismo japonés, se convirtió en la religión del Estado y, pese a esta condición, tras la segunda guerra mundial ha mantenido su estatus en la mayoría de japoneses que, aunque no crean en los kami, siguen dedicándoles ofrendas. El camino espiritual El sintoísmo a menudo se entiende como la "vía" que permite a la sociedad japonesa unirse en valores y actitudes, y en la que los mitos y las prácticas religiosas son elementos unificadores. El sintoísmo no tiene ni un creador ni una colección de textos religiosos ni un cuerpo fijo o consensuado de doctrina. La palabra "shinto" significa "el camino de los dioses o espíritus". Esta creencia se remonta a una concepción animística del mundo, asociada con el culto tribal de las deidades del clan. El sintoísmo, o shintoísmo, es una religión primitiva y popular de Japón, llamada así en el siglo VIII para distinguirla del budismo, del que posteriormente incorporó muchos rasgos. Surgió del culto a la naturaleza de las religiones populares, y esto se refleja en ceremonias que invocan a los poderes misteriosos (espíritus o deidades) de la naturaleza (kami) para recibir un trato benevolente y protección. La naturaleza está habitada por una cohorte infinita de esas deidades o espíritus, y la vida humana se halla íntimamente vinculada a sus pensamientos y acciones. Por tanto, la religión sintoísta es una combinación de adoración a la naturaleza y culto ancestral, y en la mayoría de casos el mito-naturaleza es inseparable de la naturaleza relativa a la deidad ancestral y de su adoración. Los mitos fundamentales del sintoísmo japonés están recogidos en el Kojiki (escrito en el 712) y el Nihongi (escrito en el 720). Describen la creación del cosmos, a partir del caos, en forma oval que después se separó. Durante la subsiguiente época mitológica de los dioses, se formaron el mundo y sus kamis. Una sucesión de siete generaciones de divinidades fue el resultado del matrimonio de un kami Izanagi masculino y un kami Izanami femenino, y juntos crearon el mundo terrestre con el agua, las montañas y otros elementos naturales. En este contexto, la muerte quedaba marginada como mal que obstaculiza la vida y era alejada mediante ritos de purificación. También crearon las islas japonesas como rasgo especial. De Izanagi e Izanami desciende la diosa solar Amaterasu, que dio origen al linaje imperial de Japón. Los mitos sintoístas fundamentales resumen así el origen divino de Japón, de sus emperadores y de sus súbditos, y realzan el significado de las divinidades o kamis, que son la base de la tierra japonesa y de sus habitantes. Resurgimiento del sintoísmo clásico En los primeros siglos del primer milenio, antes de la muerte de Jesucristo, el budismo se extendió por todo el Japón y absorbió las creencias locales. De este modo, los "espíritus" fueron considerados como "budas" e incorporados al budismo. Sin embargo, a finales del siglo XIX y principios del XX, los estudiosos en la materia redescubrieron los textos antiguos y empezó el renacer del sintoísmo clásico. El país miró hacia su pasado mítico para construir una nación fuerte y orgullosa Santuarios y culto Los santuarios sintoístas japoneses son de diferentes tamaños y figuras. En el nivel más bajo están los santuarios de los hogares, que con frecuencia son "estanterías del dios" (kamidama), en las que se depositan los kamis. Se disponen en las habitaciones de muchas casas y en otros lugares, por ejemplo, las tiendas. En esta misma línea existen santuarios "portátiles" llamados mikoshi, que se guardan en los templos y se sacan cuando se realizan procesiones. Los santuarios sintoístas más grandes suelen contar en su recinto con un arco de entrada o torii donde se lavan las manos y se enjuaga la boca, una sala en la que los sacerdotes dirigen el culto y una sala kami hacia la que se dirige éste y en la que están colocados los símbolos del kami, como una espada o un espejo. Los grandes santuarios, como el dedicado a la diosa Amaterasu en Ise, tienen renombre a nivel nacional. A medida que el sintoísmo se aproximaba al budismo, los santuarios se vieron influidos por elementos budistas, pero después de la restauración Meiji de 1868, estuvieron controlados por el gobierno japonés. Tras el derrumbamiento de 1945, los santuarios recuperaron el control. La tradición todavía ocupa un lugar significativo en la vida japonesa. El culto sinto (o matsuri) se practica tanto en el ámbito público (templos) como en el privado y gira en torno a los hechos de la vida cotidiana, la familia o la comunidad. El culto sintoísta se resume en la palabra matsuri (festividades). El matsuri implica servir al kami o a la autoridad, lo cual supone una actitud de respeto y obediencia. En público, el matsuri se expresa en forma de festividad en la que el kami es recibido como un invitado al que se reverencia con actos de agradecimiento. Existe un ritual muy elaborado para entrar en un templo. El camino hacia un templo sintoísta está marcado por un torii. Simbólicamente, separa el lugar sagrado que rodea al templo del mundo exterior profano. A menudo, los torii están bastante alejados del templo. En las proximidades del templo, antes de la entrada, hay un estanque u otro tipo de balsa sobre la que se erige un puente sagrado. Éste, al igual que el torii, separa el mundo sagrado del templo del mundo profano exterior. Muchos templos sintoístas eran áreas sagradas a cuyo alrededor se distribuían objetos sagrados, como árboles, estanques o piedras y en la actualidad, en la mayoría de los casos, se han convertido en bosques a lo largo de todo el territorio japonés. Los templos acogen a uno o más kamis o divinidades. Son visitados durante todo el año y especialmente atraen a numerosos seguidores los días festivos. Como acto religioso también destacan las peregrinaciones para pedir algún favor a las deidades. Dioses y ritos del sintoísmo Amaterasu: Deidad japonesa femenina que representa al Sol. El emperador de Japón era considerado su descenciente directo. Se la puede identificar con el buda celestial Vairocana. Ema: Tablilla de madera donde se escriben peticiones y oraciones a los kami. Se utilizan en los santuarios sintoístas. Haiden: Especie de plataforma de los templos sintoístas en la que se presentan las ofrendas a los kami. Hatsumode: Celebración sintoísta de Año Nuevo. Hinamatsuri: Celebración sintoísta conocida como el Día de los Jóvenes. Se celebra en marzo. Honden: Edificio central de los templos sintoístas, en el que se encuentra el objeto sagrado que se venera en el lugar, objeto que suele simbolizar a un kami. De pie ante el honden, los fieles depositan monedas o arroz envuelto en un papel en la caja de las ofrendas. Inari: Deidad o kami sintoísta que simboliza el arroz. Es la más venerada en los templos, aunque ahora se le considera patrón de los negocios en general, no tan sólo de los agrícolas. Ise: Santuario sintoísta al que los fieles han acudido en peregrinación durante siglos. Tales peregrinaciones tenían mucho de fiesta profana, como lo prueba la fama de que gozaban las tabernas y burdeles de Ise. Kami: Nombre con que se designa a las innumerables deidades que pueblan la naturaleza. En este culto está la base del sintoísmo popular. Kasuga: Nombre que se da a los santuarios sintoístas de cierta importancia. Konkokyo: Rama del sintoísmo fundada en 1859 por Bunjiro Kawate, tras varias revelaciones divinas. Este movimiento difiere del sintoísmo por afirmar la existencia de un mediador (en concreto el propio Kawate) entre Dios (Konko) y la humanidad. Tiene medio millón de seguidores. Meiji: Imperio japonés del siglo XIX en el que el ritual sintoísta se convirtió en una imposición estatal. Michizane, Sugawara: Sabio del siglo X d.C. En muchos altares sintoístas es venerado como un kami. Omotokyo: También conocida como "el Gran Origen", es una secta del sintoísmo fundada por una mujer llamada Nao Deguchi, que provenía de las filas del movimiento konkokyo. Su pacifismo le ha causado problemas con los diversos gobiernos de Japón y cierta afinidad con algunas organizaciones cristianas. Su doctrina se basa en el principio panteísta de que todas las criaturas están animadas por el alma de Dios. Ritos de estado: Tradición del imperio Meiji que ha perdurado e incluye una serie de celebraciones nacionales basadas en ritos sintoístas: el Día de la Cultura, el Día de los Adultos, los Festivales de la Agricultura, el Día de la Fundación del Estado y el discutido Cumpleaños del Emperador. Sakaki: Árbol endémico de Japón, cuyas ramas son utilizadas en las ofrendas sintoístas. Seicho no ie: Conocida también como "Casa del Crecimiento", es una rama del sintoísmo fundada en 1893 por un antiguo miembro de Omotokyo llamado Masaharu Taniguchi. Su mensaje entre nacionalista japonés y new age ha atraído a muchos seguidores a lo largo del siglo XX, contando en la actualidad con tres millones de fieles. Sekai kyuseyko: Secta del sintoísmo fundada en 1934 por Mokichi Okada, antiguo fiel de Omotokyo, que basa su actividad en las curaciones, a medio camino entre las prácticas rituales y la medicina tradicional, llamadas jorei. Su millón de seguidores se encuentra en Japón y algunos otros países, como Thailandia y Brasil. Sekai mahikari bunmei kyodan: Rama del sintoísmo fundada en 1959 por Yoshikazu Okada. Se basa en el okiyome, un ritual curativo para iniciados que consigue expulsar, a través de la Luz Verdadera, a los espíritus de vidas anteriores, que son los que causan la enfermedad. Creen, por tanto, en la reencarnación e incorporan conceptos del budismo y de la Biblia. Shichigochan: Festividad sintoísta del Día de los Niños. Se celebra en noviembre. Shimenawa: Cuerda gruesa hecha de paja de arroz utilizada en algunos ritos de purificación, llamados suygo, que se celebran en cascadas naturales. Sintoísmo político: Legitimación de los gobernantes japoneses mediante ritos solemnes por sacerdotes. Con la adaptación de algunos aspectos del sintoísmo popular, acabó creando el llamado sintoísmo de estado, que desapareció al comenzar la segunda guerra mundial. Sintoísmo popular: Corriente tradicional del sintoísmo, basada en el culto a los kami y en diversas formas de religiosidad personal que difieren ligeramente según la región. Tiene algunas caracteristicas judaicas. Tamashiro: Altar portátil donde se coloca a los muertos en los ritos funerarios sintoístas, en los cuales el difunto es considerado un kami más. Torii: Puerta ceremonial de los templos sintoístas. Su forma suele tener connotaciones simbólicas y recuerda a la caligrafía japonesa. Su función es establecer la división entre el mundo terrenal y ordinario y el recinto sagrado. Yasukuni: Altar sintoísta de Tokio en el que se ha rendido y rinde culto a los muertos por la patria. Es un centro con una clara connotación militar. El mito japonés de la creación del mundo La creación como drama En la mitología japonesa, dos fuentes principales hablan del origen del mundo. Se trata del Kojiki, escrito en el año 712, y el Nihongi, finalizado en el 720. Ambas obras fueron concebidas bajo los auspicios del emperador Temmu y responden a la voluntad política de dar un origen mítico a la dinastía. El hecho de que los dos textos se hayan conservado escritos responde precisamente a esa voluntad histórica, ya que el emperador y las clases gobernantes pretendían hacer coincidir el origen del mundo con el origen de la historia, y para ello era esencial que sus antepasados (convertidos en divinidades) estuviesen presentes en él. El fragmento que narra el principio de la creación es bastante críptico en ambos relatos, ya que no sólo se citan los nombres de los dioses sin especificar cómo se produjo su nacimiento, sino que algunas de las divinidades que aparecen no vuelven a mencionarse ni una sola vez. Tras la separación entre el cielo y la tierra, surgieron una serie de dioses, entre ellos, las denominadas cinco Divinidades Celestiales y las Siete Generaciones de la Era de los Dioses. Asimismo se hacen referencias a la Alta Planicie Celestial, la Augusta Columna Celestial y la Estrella Polar. Esta última simboliza el Gran Uno, que puede identificarse tanto con el principio primigenio como con la figura del emperador y sus antepasados. La explicación de la formación del mundo que ofrece el Nihongi está muy influida por la concepción china y es más esclarecedora, en primer lugar, porque utiliza una sencilla imagen (un huevo), y, en segundo lugar, porque se percibe un cierto afán ordenador, ya que hace referencia a los principios femenino y masculino (la dualidad yin/yang): "Cuando el cielo y la tierra no estaban todavía divididos, yin y yang tampoco estaban separados, su masa caótica era como un huevo de gallina, indeterminado e ilimitado, y contenía un germen. Lo puro y claro se extendió de forma tenue y se convirtió en el cielo: lo pesado y turbio se depositó y se convirtió en la tierra. Al unirse lo tenue y maravilloso, la concentración fue fácil; al fortalecerse lo pesado y turbio, la solidificación resultó difícil. Por eso surgió primero el cielo y luego se formó la tierra. A continuación generaron entre ambos a los seres divinos." La Pareja Creadora El siguiente pasaje se inicia con la presentación de las dos divinidades primigenias que dieron paso a la creación: Izanagi (dios masculino) e Izanami (su hermana menor), dos de los últimos miembros de las anteriormente citadas Siete Generaciones de la Era de los Dioses. Antes de unirse conyugalmente (según les habían ordenado las divinidades celestes) debían dar una vuelta de carácter ritual alrededor de la Augusta Columna Celestial (vínculo entre el cielo y la tierra), situada en el centro de la Sala de Ocho Brazas (en la concepción japonesa del universo, el número ocho representa la totalidad; esta sala es, por tanto, una representación del mundo a pequeña escala, un microcosmos). Él por la izquierda y ella por la derecha, cuando vuelven a encontrarse se emparejan y de su unión nace un primer hijo malogrado (Hiruko, el niño-sanguijuela), que es abandonado a su merced en un bote en medio del océano (se convertirá en la divinidad protectora de los pescadores). De sus relaciones posteriores surgieron varias islas (entre ellas, el conjunto llamado Gran País de las Ocho Islas, nombre mítico por el que es conocido Japón), numerosas divinidades y los mares, los ríos, las montañas, los árboles y las hierbas de todo el universo. Cuando Izanami estaba a punto de dar a luz un nuevo dios, murió quemada, ya que este último y póstumo vástago es Kagutsuchi (el dios del fuego). Como su alumbramiento supuso la destrucción de su procreadora, este principio-dios tiene un poder devastador. De ahí que su padre, Izanagi, abatido por la pérdida de su esposa, lo degollara con su espada de diez palmos de largo. De las ocho gotas de sangre del infanticidio divino surgieron otras tantas divinidades (llamadas dioses nacidos por la espada y relacionadas todas con partes de la montaña: rocas, hierbas, guijarros, árboles, etc.). Una de las propiedades de los seres divinos es su capacidad de metamorfosearse, por ello Kagutsuchi se transforma: de los pedazos de su cuerpo surgen otras deidades relacionadas con el fuego, pero en su vertiente "domesticada" y no peligrosa. El periplo de Izanagi Tras la descripción del origen de los componentes celestiales y terrenales del universo, el siguiente pasaje de las narraciones míticas explica el mundo de los muertos. Izanagi, que no se resigna a la soledad y considera que debe continuar su labor creadora con la desaparecida Izanami, parte hacia el País de las Tinieblas. Como en el caso de Orfeo y Eurídice, Izanami le dice a su esposo que intentará llevarlo de regreso al mundo de los vivos, pero que él deberá respetar el tabú y no mirarla. Izanagi no cumple su promesa y la ira de los habitantes del reino de la muerte se cierne sobre él. Perseguido por maléficas mujeres, intenta huir utilizando distintos elementos: su peine (cuyos dientes se convierten en rayos de luz cegadora), piedras (o melocotones, según una de las versiones del Nihongi; en el Japón moderno, todavía se cree que este fruto posee el atributo mágico de ahuyentar a los demonios) y un espejo. La fuga finaliza cuando Izanagi logra interponer entre él y sus perseguidoras una roca, que se conocerá como el Gran Dios que Cierra la Puerta a las Tinieblas y que marcará la frontera que separa el mundo de los vivos del de los muertos. Cuando regresó a la tierra, el dios tuvo que purificarse, ya que cualquier contacto con la muerte implica suciedad. Arrojó sus ropas y su bastón a un lado y después limpió las distintas partes de su cuerpo: todos estos gestos dieron lugar a diversas deidades. De este modo, Izanagi realizó el último acto de creación en solitario. La religión imperial japonesa Un origen divino del imperio Los japoneses siempre fueron susceptibles a las fuerzas impresionantes de la naturaleza, sensibles a los diversos aspectos de la vida humana y siempre estuvieron dispuestos a aceptar las influencias extranjeras. Los rasgos naturales y el clima de la tierra habitada por un pueblo ejercen una gran influencia sobre su actividad formadora de mitos. Pero la manera como reaccionan ante estas condiciones externas está determinada por su temperamento, el conjunto de ideas tradicionales y las influencias ajenas a las que han estado expuestos. La mitología, base de la nación japonesa Los mitos cosmológicos son los cimientos de la tierra y la cultura japonesas, y también de la familia que gobernaba el imperio. Las antiguas leyendas sobre el origen y la llegada de los primeros habitantes a su morada actual también alimentaban el mismo origen. El resultado de una batalla pacificadora entre los primeros habitantes y los enviados de los dioses, que debían anular el caos reinante entre los nativos y actuaron como conquistadores, fue que los enviados celestiales se instalaron en la región de Yamato, que se convirtió en la sede de la residencia imperial hasta finales del siglo VII. El clan principal de japoneses, representados por los descendientes de esos conquistadores, se denomina desde entonces Yamato. Los Yamato siempre han creído que descendieron del cielo y rinden culto a la diosa solar como antecesora de la familia reinante, si no de todo el pueblo. También procuraron imbuir esta creencia en el pueblo subyugado, y en parte lograron impresionarlo con ésta y otras ideas asociadas. Estas leyendas y creencias, junto con las prácticas religiosas, formaron la religión original del clan Yamato, conocida como sintoísmo. En el siglo VIII se había atribuido origen divino a la familia imperial japonesa; se creía que el emperador descendía de la diosa solar, y con el tiempo este argumento se convirtió en la base del sintoísmo estatal y de la lealtad y obediencia al emperador. En 1868, durante el período de la restauración Meiji, los altares sintoístas fueron purificados, es decir, se liberaron de las influencias budistas y se impuso el sistema de estado sintoísta. Las escuelas enseñaban que la familia imperial era de origen divino y se insistía en la total sumisión a la voluntad del emperador. Se abogaba por una estructura nacional basada en el culto al emperador, por la que la nación japonesa se consideraba que era querida por los dioses y que el emperador japonés era, en cierto sentido, el gobernador del universo. Por tanto, la línea de emperadores japoneses es considerada la continuación de los kami, y como tal no puede ser rota. Irónicamente, Hirohito renunció a la divinidad de los emperadores japoneses en 1945, al final de la segunda guerra mundial, pero aun así la línea imperial japonesa todavía goza de gran respeto, aunque ya no se le rinde culto. Antes de eso, el emperador era a la vez gobernador y sumo sacerdote de la nación, y la actitud de reverencia a su persona se vio fortalecida por las tradiciones confucianas de lealtad y jerarquía. La divina línea imperial japonesa En Japón, el emperador fue considerado como descendiente directo de la divinidad Sol, Amaterasu, hasta que Hirohito, con la proclamación imperial de 1946, renunció a este tratamiento. La rígida genealogía histórica de los emperadores dioses se inicia en el año 539 coincidiendo con la introducción del budismo coreano en Japón. Los emperadores anteriores son puramente legendarios o los años de su dinastía no están históricamente del todo comprobados. Del emperador Jinmu, solo se sabe el año en el que comenzo a reinar, pero no en que que año termino. 660-? Jimmu ?-? Suizei ?-? Annei ?-? Itoku ?-? Kosho ?-? Koan ?-? Korei ?-? Kogen ?-? Kaika ?-? Sujin ?-? Suinin ?-? Keiko ?-? Seimu ?-? Chuai ?-? Ojin ?-? Nintoku ?-? Richu ?-? Hansho ?-? Ingyo ?-? Anko ?-? Yuriaku ?-? Seinei ?-? Kenso ?-? Ninken ?-? Buretsu ?-? Keitai ?-? Ankan ?-? Senka 539-571 Kimmei 573-585 Bidatsu 585-587 Yomei 587-592 Sushun 592-628 Suiko 629-641 Jomei 642-645 Kogyoku 645-654 Kotuko 655-661 Saimei 662-671 Tenji 671-672 Kobun 673-686 Temmu 686-697 Jito 697-707 Mommu 707-715 Gemmei 715-724 Gensho 724-749 Shomu 749-758 Koken 758-764 Junnin 764-770 Shotoku 770-781 Konin 781-806 Kammu 806-809 Heizei 809-823 Saga 823-833 Junna 833-850 Nimmyo 850-858 Montoku 858-876 Seiwa 876-884 Yozei 884-887 Koko 887-897 Uda 897-930 Daigo 930-946 Suzaku 946-967 Murakami 967-969 Reizei 969-984 Enyu 984-986 Kazan 986-1011 Ichijo 1011-1016 Sanjo 1016-1036 Go-Ichijo 1036-1045 Go-Suzako 1045-1068 Go-Reizei 1068-1072 Go-Sanyo 1072-1086 Shirakawa 1086-1107 Horikawa 1107-1123 Toba 1123-1141 Sutoku 1141-1155 Konoe 1155-1158 Goshirakawa 1158-1165 Nijo 1165-1168 Rokujo 1168-1180 Takakura 1180-1183 Antoku 1183-1198 Go-Toba 1198-1210 Tsuchimikado 1210-1221 Juntoku 1221 Chukyo 1221-1232 Goshirakawa 1232-1242 Shijo 1242-1246 Go-Saga 1246-1259 Go-Fukakusa 1259-1274 Kameyama 1274-1287 Go-Uda 1287-1298 Fushimi 1298-1301 Go-Fushimi 1301-1308 Go-Nijo 1308-1318 Hanazono 1318-1331 Go Daigo Período de las Dos Cortes. 1331-1339 Go Daigo 1339-1368 Go-Murakami 1368-1383 Chokei 1383-1393 Go-Kameyama 1331-1333 Kogon 1336-1348 Komyo 1348-1351 Sujo 1352-1371 Go-Kogon 1371-1382 Go-Enyu 1382-1392 Go-Komatsu 1392-1412 Go-Komatsu 1412-1428 Shoko 1428-1464 Go-Hanazono 1464-1500 Go-Tsuchimikado 1500-1526 Go-Kashiwabara 1526-1557 Go-Nara 1557-1586 Ogimachi 1586-1611 Go-Yozei 1611-1629 Go-Mizunoo 1629-1643 Meisho 1643-1654 Go-Komyo 1654-1663 Go-Sai 1663-1687 Reigen 1687-1709 Higashiyama 1709-1735 Nakamikado 1735-1747 Sakuramachi 1747-1762 Momozono 1762-1770 Go-Sakuramachi 1770-1779 Go-Momozono 1779-1817 Kokaku 1817-1846 Ninko 1846-1866 Komei 1867-1912 Meiji 1912-1926 Taisho 1926-1989 Hirohito SHALOM

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Historia de las Religiones 1: Introduccion
InfoporAnónimo10/17/2008

El concepto de trascendencia en la historia de la humanidad Las religiones han sido y son una de las dimensiones propias de muchos hombres y mujeres, al mismo tiempo que uno de los ingredientes fundamentales en la configuración de los grupos de seres humanos y de las sociedades en el tiempo pasado y en el mundo actual. Constituyen un conjunto de creencias, preceptos y ritos para los fieles que las practican, pero además las religiones toman una atribución cultural por su influencia en pensamiento y el arte, por los fundamentos religiosos de muchas estructuras, costumbres y usos sociales en los tiempos modernos, así como por influir en la conducta individual y colectiva derivados de sus respectivas concepciones del hombre y del mundo. Esta visión da al fenómeno religioso un papel de suma importancia en el conocimiento de las sociedades en el tiempo y de su continuidad en elementos de la cultura actual. Ahora bien, en el mundo actual se nota, mucho más que en otras épocas históricas, a un pluralismo que influey también en las creencias. Al mismot iempo se da una progresiva secularización de la sociedad y un aumento del pluralismo religioso. Así es como la realidad contemporánea incluye un gran surtido de creencias religiosas y no religiosas y un no menor pluralismo religioso que sugiere, además, cambios en el papel e importancia de las distintas religiones. Este conocimiento de los atributos fundamentales de las grandes religiones enmarca la expresión religiosa en su realidad histórica específica, con sus confrontaciones positivas y negativas, tanto en la construcción de las sociedades en las que surgen y se desarrollan, como en las relaciones entre los pueblos. También aborda las claves culturales que configuran las manifestaciones de la religión, y los condicionamientos religiosos que han influido en los hechos políticos, sociales y culturales de cada civilización. Hagamos un poco de ciencia ficción y supongamos que un investigador galáctico desciende al planeta Tierra en el que se ha extinguido la raza humana: a través de las ruinas se dispone a estudiar la conducta del hombre comparándola con la de los demás seres vivos. Deduce que el Homo sapiens sapiens, como todas las demás especies vivas, nació, creció, se reprodujo y murió; que, como casi todas las especies animales, aunque con una tecnología más evolucionada, construía sus cubículos; como muchas de ellas tenía una organización gregaria y jerárquica y sólo como algunas pocas fabricaba instrumentos, investigaba el funcionamiento de la naturaleza y diseñaba estrategias de preservación personal y de utilización de los recursos en favor del clan. Aparentemente fue el único que se planteó algo tan inconsistente e intangible como la trascendencia. El hombre no sólo buscaba comida y comía; no sólo buscaba pareja y se apareaba, y establecía una vivienda elaborada como cubículo y se refugiaba en ella; no sólo establecía relaciones de dominio y sumisión entre los suyos y los animales y plantas de su entorno; y, en el ámbito de estas relaciones, no sólo comerciaba y guerreaba. En la Tierra desierta quedan ciudades, mercados, comercios y edificios bancarios, entre otras innumerables huellas del paso y la acción del hombre en el planeta. Quedan lugares de encuentro y discusión, cines, teatros, salas de fiestas y cosos deportivos con taquilla en la entrada. Pero también quedan edificios singulares, aparentemente sin sentido, como lugares de encuentro social y sin taquilla en la entrada, aunque con muros (a veces defensivos) y puertas: son los templos. ¿Por qué, para qué el hombre erigió esos edificios no utilitarios y carísimos, de arquitectura casi siempre pionera con relación al tiempo en que fueron construidos? ¿Sólo para demostrar el poder de la clase clerical que los mandó construir? ¿Qué se encuentra en el interior de esos templos, sino espacios libres y, en todo caso, artes decorativas, y a veces altares y muebles obviamente pensados para que un humano se prosterne con menos incomodidad? ¿Para qué tanto dispendio y fastuosidad si en todo lo demás, excepto en la poesía, el Homo sapiens era una de las especies más depredadoras, asoladoras y utilitaristas? Las cuestiones que se planteará el antropólogo galáctico serán sorprendentes y, sin duda, la respuesta que dará, si no conoce la trascendencia (cosa difícil puesto que realiza sus investigaciones en las estrellas), será la perplejidad más impenetrable. ¿Era el hombre tan goloso, tan voraz de vida que no le bastaba con aquella de la que gozaba, sino que pretendía otra después de la muerte; o esa vida le resultaba tan penosa que sólo le quedaba como consuelo el refugio en la esperanza de una vida posterior mejor y llena de placeres? ¿Tan orgulloso era que pretendía la inmortalidad, a pesar de la fragilidad de su estructura corporal y de la limitación de su capacidad cognitiva? ¿Tan infantil, a pesar de tan inteligente, que pretendía comprar a los dioses unos atributos exclusivamente sobrenaturales, arrebatar para sí una esencia metafísica? ¿Y para ello rezaba, se mortificaba, peregrinaba, se reunía en multitudes orantes, cumplía mandamientos, daba limosnas, se ejercitaba en la donación desinteresada a los demás? ¿Eran realmente desinteresadas las conductas éticas de los seres humanos, regidas por ideas religiosas convertidas en principios de vida? Volvamos a nuestro siglo XXI: en el planeta Tierra y a la altura de nuestros conocimientos, el fenómeno de la trascendencia es en apariencia exclusivo de la humanidad. Y tan difícil de definir que se ha dicho que cualquier explicación del fenómeno religioso está necesariamente viciado por las ideas preconcebidas de quien intenta realizarla. Se puede describir sin riesgo, quizás, como una realidad social que liga ("re-liga", éste es el origen de la palabra "religión" a cada una de las personas íntimamente con el entorno social donde surge un determinado sistema de creencias; casi siempre da sentido a un sistema cultural tan amplio como se quiera y que implica a diversos conjuntos de grupos humanos étnica y geográficamente afines. Un fenómeno, además, capaz de propagarse y de ser utilizado como instrumento de cohesión política interna así como de expansión externa, de cariz netamente imperial. Ésta es la historia del hombre en su inquietante dimensión espiritual, la aventura del robo del fuego sagrado, la manzana comida del árbol de la ciencia del bien y del mal, el osado aldabonazo propinado a las puertas del Olimpo, del cielo, del Paraíso, en suma, del que aparentemente fue expulsado en los tiempos primeros y al que siempre tercamente pretendió regresar. La teoría de la creación del mundo como una ordenación del caos: Una mente ordenadora del caos Mitos, leyendas, tradiciones, novelas, dioses, héroes, combates sangrientos, diluvios, terremotos; víctimas y sacrificios, monstruos y gigantes, abismos subterráneos, cultos en cavernas, oráculos indescifrables; fragmentos de poemas, estatuas mutiladas, templos de los que sólo queda una parte de los cimientos... A seis mil, cuatro mil años de distancia, con documentos mal transmitidos y la mayoría de los edificios arruinados, ¿qué nos queda de la Antigüedad? Quedamos nosotros, por supuesto, pero cargados con un bagaje cultural consciente o inconsciente que nos impone, año tras año, acciones tan dispares como encender hogueras en el solsticio de verano o encerrarnos en familia e intercambiarnos regalos en el de invierno. O celebrar locos carnavales justo antes del inicio de la primavera, tomar dulces con licor después de un funeral familiar o llevar flores a las tumbas. Al profundizar en el porqué de estos y otros rituales, podemos llegar por una intrincada escalera-laberinto hasta la percepción de antiguas sabidurías que, ante todo, se preguntaban de dónde y por qué había surgido el mundo habitable, y hacia dónde se dirigía la vida humana, que aparentemente terminaba siempre en la muerte individual. Paradójicamente, todo parecía un caos ordenado. Si las tempestades asolaban la región, al año siguiente las cosechas eran más abundantes; si en el cielo nocturno las estrellas se mostraban en total desorden, la cadencia de los días y las estaciones era exacta año tras año; si el fuego lo destruía todo en un momento, bien administrado era fuente de calor y de vida... Orden en el desorden. Ése debía de ser el secreto del principio de todo. Ordenación del caos: eso debía ser, necesariamente, la creación del mundo. SHALOM

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Los celtas: arte y pueblo
Los celtas: arte y pueblo
InfoporAnónimo10/24/2008

Introducción Dominaba la mayor parte del oeste y centro de Europa durante el I milenio a.C. y que transmitió su idioma, costumbre y religión a los otros pueblos de la zona. Los antiguos griegos y romanos reconocieron la unidad cultural de un pueblo cuyo territorio se extendía desde el este de Europa hasta el norte del continente. Su nombre genérico aparece en documentos romanos como celtae (derivado de keltoi, la denominación que Heródoto y otros escritores griegos dieron a este pueblo), galatae o galli. Los celtas hablaban una lengua indoeuropea (ver Lenguas celtas), de la misma familia que las de sus vecinos itálicos, helénicos y germanos. Los topónimos celtas, junto con los nombres de las tribus, las personas y dioses, nos permiten pensar en su presencia en un extenso territorio europeo, desde la actual España hasta el mar del Norte y desde las islas Británicas hasta el bajo Danubio. Historia más antigua Los celtas normalmente son asociados con la edad del hierro en Europa. Sus orígenes están situados durante la cultura de los Campos de Urnas, de finales de la edad del bronce (un grupo de culturas caracterizadas por la cremación de los restos mortales e inhumación de las cenizas en recipientes de cerámica), que estaban muy dispersos por todo el este y centro de Europa durante el periodo comprendido entre el año 1300 a.C. y el 800 a.C. Las primeras pruebas arqueológicas relacionadas con los celtas los sitúan en lo que ahora se conoce como Francia y Alemania occidental, al final de la edad del bronce, hacia el 1200 a.C. Al principio de la edad del hierro, son asociados con la cultura de Hallstatt (siglo VIII-primera mitad del siglo V a.C.), que recibió el nombre de una localización arqueológica situada en la alta Austria. El último periodo Hallstatt (siglo VI-primera mitad del siglo V a.C.) a veces es conocido como la edad de los príncipes, debido a los enterramientos espectaculares (como los de Hochdorf) y las impresionantes colinas fortificadas (tales como la de Heuneburg). Ambas situaciones muestran un periodo de riqueza, que hizo posible esos ricos enterramientos y también la construcción más elaborada de edificios defensivos. Entre los siglos V y I a.C., la influencia celta se extendió desde la península Ibérica hasta las orillas del mar Negro. Esta última fase de la edad del hierro recibió la denominación de La Tène, nombre de una población en Suiza. En los siglos IV y III a.C., la inestabilidad afectó al mundo celta, quizá a causa de la presión de otros pueblos desde el norte. Tuvieron lugar migraciones y las tribus celtas invadieron el mundo grecorromano: el norte de Italia, Macedonia y Tesalia. Saquearon Roma en el año 390, y Delfos en el 279 a.C. Algunos, los gálatas, llegaron a Asia Menor, instalándose en la región que pasó a llamarse Galacia. Los celtas del norte de Italia fueron conquistados por los romanos en el siglo II a.C.; la Galia transalpina (la mayor parte del sur de Francia) fue dominada por Julio César en el siglo I a.C., y la mayor parte de Britania quedó bajo poder romano en el siglo I d.C. En el continente, los celtas acabaron por ser asimilados por el Imperio de Roma y perdieron su cultura propia. En Britania, sin embargo, la lengua celta y la cultura sobrevivieron mejor. En la época medieval y moderna la tradición celta y las lenguas sobrevivieron en Bretaña (en el oeste de Francia), Gales, las Highlands escocesas e Irlanda. Sociedad Celta La sociedad celta tenía una base rural centrada en la agricultura y el pastoreo. Cuando la acumulación de riquezas o la competencia por los recursos era fuerte, las fortificaciones en colinas eran ocupadas de forma permanente. Éstas comprendían una zona cerrada en lo alto de la colina, defendidas por fosos y murallas. El interior estaba ocupado por chozas y había zonas destinadas al trabajo de los artesanos. El grano se almacenaba en pozos cubiertos con arcilla. Cada fortificación podía dominar la zona que la rodeaba. Buen ejemplo de estas ciudades fortificadas, a las cuales Julio César llamó oppida lo encontramos en Manching, en el sur de Alemania: las calles estaban trazadas hacia el exterior y los edificios situados en filas y con zonas específicas reservadas para cada actividad. En la península Ibérica estas fortificaciones se conocen como castros y hay buenos ejemplos en Galicia (España) y en el norte de Portugal. La unidad social celta era la tribu. En ella, la sociedad estaba estratificada en nobleza o familias dirigentes de cada tribu, agricultores libres que también eran guerreros, artesanos, trabajadores manuales y otras personas no libres, y los esclavos. También existía una clase instruida que incluía a los druidas. En los primeros tiempos, las tribus eran dirigidas por los reyes, lo cual parece que persistió en Gran Bretaña hasta la conquista de Roma. En las partes de la Europa celta más abierta a las influencias del mundo clásico, los magistrados electos sustituirían a los reyes. Los escritores romanos como Julio César, y griegos como Estrabón y Diodoro describen el estilo de vida de los celtas. A pesar de su brutalidad o sus tendencias románticas, estos relatos sugieren que a los celtas les gustaban las celebraciones y la bebida, contar historias y presumir de hazañas atrevidas. César, por ejemplo, afirma que los hombres de la clase guerrera estaban muy orgullosos de la lucha, que eran expertos aurigas y que para parecer más terroríficos en la batalla, se pintaban el cuerpo con woad, un tinte vegetal azul. Los celtas también sobresalían en la metalurgia y prodigaban sus habilidades artísticas en objetos tales como las armaduras y los arneses para sus caballos (ver Arte celta). El comercio era importante; los bienes lujosos y el vino eran importados a cambio de perros, caballos, pieles, sal y esclavos. Religión celta Las tribus celtas compartían vínculos religiosos comunes. Cuando imperaba la monarquía, el rey tenía un papel sagrado, desempeñando un papel activo en los ritos sacros. Existían dioses panceltas, así como divinidades relacionadas con tribus particulares o con lugares sagrados dentro de su territorio. Los objetos rituales (tales como el caldero de Gundestrup, una gran caldera de plata con decoración en relieve que fue recuperada en un pantano de Jutlandia, en Dinamarca) proporcionan algunas ideas sobre la mitología celta. Fragmentos narrativos de la antigua mitología también pueden encontrarse en la literatura medieval de Irlanda y Gales. Los druidas eran los sacerdotes de la sociedad celta. Su nombre probablemente significaba `verdadero adivino´ y sus funciones incluían la adivinación, la ejecución de sacrificios y la dirección de rituales en festivales religiosos. Los emplazamientos religiosos celtas incluían los recintos de los santuarios, pero a veces también poseían estructuras más elaboradas. Los pozos quizá estuvieran relacionados con la adoración de la tierra y los sacrificios humanos y de animales, así como con la ceremonia de forjar espadas y otras ofrendas, que eran arrojadas en ellos. Algunos emplazamientos naturales también tenían un significado religioso. El acebo y el muérdago se consideraban sagrados, así como las arboledas y los robles. Los animales eran venerados como tótems de la tribu y se buscaba la adivinación en el vuelo de los pájaros o en las entrañas de los animales sacrificados. Arte Celta El periodo central del mismo se extendió entre los siglos V y IX, pero sus límites fluctuaron hasta la baja edad media, donde se perduran algunos elementos de su estilo artístico bastante definidos. Este estilo presenta una gran variedad de formas, entre las que sobresalen los ámbitos de la metalistería, la construcción en piedra y los manuscritos miniados. Los celtas se constituyen como una imprecisa unión de pueblos que habitaban en la Europa templada durante la edad del hierro. Los escritores griegos utilizaron el término keltoi para describir a estas tribus bárbaras desde el siglo VI a.C, aunque se pueden detectar mucho antes algunos indicios de la existencia de una lengua común. La génesis del arte celta es bastante más imprecisa. Algunos investigadores han tomado como punto de partida la cultura de Hallstatt (c. 750 a.C-450 a.C). Esta denominación está basada en el descubrimiento de una necrópolis en Austria, pero la mayoría de los autores relacionan su inicio con el desarrollo del estilo de La Tène, que toma su nombre de un emplazamiento arqueológico descubierto en Suiza, en el lago Neuch"tel, en el siglo XIX. La cultura de La Tené Los historiadores han subdividido la cultura celta de La Tène en diferentes categorías debido a su duración de más de cuatro siglos. En la actualidad el sistema más aceptado es el ideado en la década de 1940 por el erudito clásico Paul Jacobsthal. Este autor identificó cuatro tendencias principales: el estilo primitivo, el estilo de Waldalgesheim, el estilo plástico y el estilo de las espadas de Hungría. De todos modos, estas clasificaciones deben ser empleadas con precaución, ya que los diferentes estilos coinciden en el tiempo y, además, varían claramente según las diferentes zonas geográficas en las que tiene lugar su desarrollo. El denominado estilo primitivo, que surge a partir del año 450 a.C., se definió a partir de los descubrimientos realizados en los enterramientos de los jefes de Alemania y Francia. En Reinheim y Rodenbach, se encontraron suntuosos torques y brazaletes de oro inspirados en modelos griegos y etruscos, mientras que en las tumbas de Kleinspergle y Basse-Yutz se descubrieron admirables jarros de bronce. Los motivos clásicos y orientales son frecuentes, especialmente los dibujos de hojas de acanto, capullos de loto y palmetas. El estilo de Waldalgesheim (c. 350 a.C.), denominado de esta forma por la necrópolis cercana a Bonn, muestra el periodo de expansión celta en Grecia e Italia. Dentro de este estilo deben destacarse los avances experimentados en los diferentes objetos de joyería y utensilios de combate. La influencia clásica se mantiene, pero las herencias artísticas se tratan con personalidad propia. Este estilo se denomina también estilo vegetal debido al predominio de los diseños de zarcillos y plantas. Con la llegada del estilo plástico a partir del 290 a.C., los artistas hicieron mayor hincapié en las cualidades tridimensionales de sus composiciones. Se concedió, además, una mayor importancia a las formas humanas y animales. Como sugiere su nombre, el estilo de las espadas de Hungría, desarrollado a partir del año 190 a.C., responde a las decoraciones grabadas en algunas espadas y en sus vainas. En contraste con el llamativo estilo plástico de tendencia figurativa, los diseños de estas armas presentan siempre un carácter plano, lineal y abstracto. Jacobsthal señaló a Hungría como el centro de este nuevo fenómeno, pero ciertos hallazgos posteriores y de mayor importancia realizados en otros lugares han hecho que la denominación estilo de las espadas sea la más aceptada. Aunque el origen de la cultura de La Tène es todavía objeto de múltiples discusiones, existe un acuerdo general sobre sus tres principales componentes: el arte clásico de la cuenca mediterránea, el estilo geométrico originario de la región de Hallstatt y, en menor medida, ciertas composiciones orientales. Estas últimas parecen haberse filtrado a través de la zona Escitia y de la península de Anatolia. Debido al origen geográfico de estas fuentes artísticas, el punto focal más primitivo del arte celta estuvo localizado en la Europa central antes que en la Europa occidental. Aún así, algunos aspectos de su evolución artística se filtraron finalmente a otras áreas geográficas, como la península Ibérica y a las Islas Británicas. Sin embargo, a medida que el Imperio romano extendió su poder a través de Europa, el eje de la creatividad celta comenzó a desplazarse. Mientras que las tradiciones centrales y orientales degeneraron en una forma de clasicismo provinciano, el arte celta más puro sobrevivió en los límites occidentales del continente. La contribución del cristianismo En las Islas Británicas, esta herencia cultural recibió un nuevo estímulo con la irrupción del cristianismo. El proceso de conversión se había iniciado durante la ocupación romana con la supuesta muerte de san Albano, primer mártir británico, aproximadamente en el 304. Las misiones cristianas más importantes tuvieron lugar en los siglos V y VI, pero las figuras pioneras de san Patricio, san Columba y san Ninian fueron decisivas. La estructura de la iglesia celta fue diferente a la que se desarrolló en el continente. El sistema diocesano de la segunda fue eclipsado por una red de comunidades monásticas independientes. Entre las más importantes destacan las fundaciones de Iona en Escocia, y Durrow, Clonmacnois y Kells en Irlanda. Se fundaron rápidamente talleres donde realizar los manuscritos miniados, además de otros objetos litúrgicos necesarios para llevar a cabo su labor evangélica. Los artesanos monásticos utilizaron los estilos originales celtas que se habían desarrollado en los siglos anteriores, creando de esta forma una combinación única entre el arte pagano y el cristiano. En el Sínodo de Whitby del año 664, la iglesia celta aceptó la liturgia romana y se sometió gradualmente al control del papado. Irónicamente, esto sólo sirvió para incrementar la influencia de sus obras artísticas. Roma, reconociendo la alta calidad de los scriptoria (talleres de los amanuenses monásticos) irlandeses y del reino de Northumbria, envió libros y códices manuscritos para que se copiaran en dichos lugares. Éstos, a su vez, fueron utilizados por grupos de misioneros que salieron de Gran Bretaña para llevar a cabo nuevas conversiones en las antiguas tierras celtas de las actuales Francia, Alemania y Suiza. La longevidad del arte celta se debe en gran medida a la versatilidad de sus diseños. Los artistas emplearon un repertorio limitado de motivos decorativos, fundamentalmente nudos, entrelazos, espirales y formas en espiga, pero llevaron a cabo una adaptación del uso de los mismos en una enorme variedad de objetos, desde las espadas y las monturas de los caballos a los manuscritos y relicarios cristianos. Armamento y armaduras Muchos de los hallazgos del periodo de la cultura de La Tène proceden de fuentes diversas: desde objetos de ajuar funerario hasta ofrendas depositadas en lagos, ríos y pantanos. Las armaduras ceremoniales fueron realizadas particularmente como ofrendas votivas. Entre los ejemplos más espectaculares encontrados destacan dos cascos procedentes de la antigua Galia, el primero de la cueva de Agris y el segundo del río Sena en Amfreville. Están datados en el siglo IV a.C., y tienen la forma de un casco de jinete de visera corta. Ambos están originalmente chapados con pan de oro y presentan decoración de volutas, incrustaciones de coral y vidrio coloreado. En las armas se logró más fácilmente un equilibrio entre los aspectos funcional y representativo. En la batalla, los celtas utilizaron espadas largas y pesadas. Por ello, si el guerrero quería obtener eficacia, necesitaba una empuñadura sólida, donde a menudo se concentraban los motivos decorativos. El pomo podía estar recubierto con pan de oro o con incrustaciones de materiales preciosos, como ámbar y marfil. En ejemplos más tardíos, la empuñadura tenía un pomo antropomórfico. Con frecuencia, las vainas se adornaron también con hermosos motivos grabados, generalmente zarcillos sinusoidales o pares de curvas que se asemejan a figuras de dragones. Para los príncipes guerreros su caballería era muy importante, y por ello prodigaron una atención especial a la decoración de los carros de combate y los arneses de sus monturas. Los artistas celtas demostraron en ellos su gusto por la decoración esmaltada polícroma, utilizando a menudo la técnica del esmalte campeado, de la cual se cree fueron pioneros. En las colinas Polden de Somerset se descubrió una excelente serie de aparejos de montura, aunque el descubrimiento aislado más impresionante fue un casco para poni realizado en Torrs (Escocia), que perteneció al novelista Walter Scott. Espejos y Joyeria Los objetos domésticos y la joyería eran más usuales en los enterramientos femeninos. Los espejos, que derivan de modelos etruscos y fueron muy populares en la Gran Bretaña romana, se encuentran entre los objetos encontrados más hermosos. Existen aproximadamente tres docenas de ejemplos del periodo de la ocupación, la mayoría de ellos muestran complejos motivos de cestería. Se añadieron también algunos dibujos grabados en los fondos y en los mangos de objetos mucho más modestos, como los que se han encontrado en numerosos lugares de Gran Bretaña. La joyería celta adoptó una enorme variedad de diseños. Los broches y las fíbulas, desarrollados a partir de fuentes clásicas, fueron las formas más simples. Los pasadores eran bastante largos y sus cabezas se decoraban con abalorios o con vidrio y esmalte. Sin embargo, los broches estaban mucho más decorados. El modelo principal fue la fíbula, una antigua forma de broche o hebilla parecido a un imperdible de seguridad, conocido desde los tiempos micénicos. Desde el siglo V en adelante, los artistas celtas empezaron a transformar esta forma básica, decorando su extremo con representaciones festivas de dragones, pájaros y máscaras humanas. Los Torques Los torques fueron una especie de aros que los guerreros y nobles celtas llevaban en el cuello. Algunos, como este torque de oro de Waldalgesheim, en Rhineland, son un aro simple con florones decorados. Existen variedades más robustas, realizadas con dos o más trenzas de metal retorcido, con florones anillados, o de un único conducto de metal hueco. Realizados en bronce y oro, los torques representaban un nivel social alto y tuvieron valor en sí mismos. La mayoría de ellos han sido encontrados en enterramientos. El ornamento personal más apreciado, sin embargo, fue el torque o collar pesado, con una labor de trenzado de cobre y oro, y generalmente rematado por una especie de anillo. El torque tuvo un origen oriental y en un principio se asoció únicamente con las mujeres. Algunos de los ejemplos más destacados se han descubierto en las tumbas de dos princesas, en Reinheim cerca de Sarrebruck y en Waldalgesheim (ambas de mediados del siglo IV a.C.). Los torques ofrecen un espacio amplio donde disponer una gran variedad de decoraciones, sobre todo a base de formas vegetales como los dibujos de volutas dispuestos en bandas. Algunos artistas se deleitaron con la representación de cabezas humanas y de animales en los extremos, creando así una especie de confrontación en la garganta del que los llevara. Los torques fueron un símbolo de las clases altas, y quizás tuvieron también un significado religioso. Los dioses celtas se representan luciéndolos o sosteniéndolos, y en muchas ocasiones se utilizaron como ofrendas votivas. Canteria La contribución artística de los celtas puede parecer limitada en algunas áreas, si se compara con sus logros en el ámbito de la metalistería. Sin embargo, este punto de vista se ve alterado en parte si tenemos en cuenta que el número de obras artísticas que han llegado hasta nosotros es escaso. Los vestigios de monumentos en piedra de la cultura de La Tène, aunque escasos, sugieren que los celtas pudieron ser también muy competentes en este campo. Muchas de las piezas conservadas tienen una fuerte asociación ritual. En los emplazamientos de culto se levantaron monolitos impresionantes, coronados por severas cabezas con forma de máscara. A menudo se ubicaban en lugares siniestros. Como los estudiosos clásicos anotaron con aversión, los celtas decapitaban a sus enemigos y enseñaban sus cráneos en altares construidos especialmente. Dos de los más importantes ejemplos se encuentran en Roquepertuse y Entremont, al sur de la Galia, donde algunas esculturas de estos horrorosos trofeos se colocaron junto a los espeluznantes originales humanos. Durante su largo proceso de conversión, los celtas cristianos buscaron adaptar más que destruir los monumentos paganos. Se supone que el mismo san Patricio aprobó la costumbre de esculpir cruces sobre los monolitos paganos. Entonces, cuando los conversos empezaron a levantar sus propios monumentos, esta práctica asumió una mayor dimensión artística. De este modo, hubo un periodo de transición entre los sencillos motivos grabados y las tallas más complejas en bajorrelieve, hasta que finalmente se esculpieron las mismas piedras adoptando la forma de cruces. En Irlanda y en los lugares más lejanos de Gran Bretaña, donde las legiones romanas no llegaron, el repertorio estilístico de estos primeros monumentos fue el del estilo de La Tène. Las cruces presentan los mismos motivos de espiral, entrelazo y trabajos de nudos que los trabajadores del metal habían utilizado durante generaciones. Finalmente, estos motivos fueron reemplazados en las grandes cruces de los siglos IX y X, donde aparecen escenas bíblicas La Miniatura Los amanuenses de los monasterios crearon en los siglos VII y VIII magníficos evangeliarios. miniatura de estos códices está considerada a menudo como la más hermosa del arte celta de la era cristiana. Sin embargo, debido a las coincidencias entre las escuelas de los celtas irlandeses y de los anglosajones de Northumbria, algunos estudiosos opinan que el término hiberno-sajón es más acertado que el de celta. Otros prefieren describir todos los manuscritos de Gran Bretaña e Irlanda como insulares, en oposición a los continentales. De hecho, la característica principal de los tres evangelios insulares más relevantes, el Libro de Durrow (c. 675), los Evangelios de Lindisfarne (c. 698-721, Museo Británico, Londres) y el Libro de Kells (mediados del siglo VIII, biblioteca del Trinity College, Dublín), es que en todos ellos aparecen elementos de diferentes culturas fusionados con éxito. Se aprecian las influencias de la escultura bizantina, los manuscritos coptos, los mosaicos romanos y los textiles persas. Por otra parte, las características celtas se observan a la perfección tanto en las páginas iniciales, donde la decoración se prodiga en las letras mayúsculas e iniciales del manuscrito, como en las decoraciones que se extienden a lo largo de páginas enteras. En ellos se interpreta la evolución final del arte celta iniciado en la primitiva cultura de La Tène. El arte celta no desapareció totalmente tras la invasión de los normandos y vikingos. Su estilo resurge en ocasiones, e incluso en este siglo se han rescatado algunos de sus rasgos estilísticos. Historia más reciente Cuando el Imperio romano se derrumbó hacia el siglo V d.C., los reinos reconocidos como celtas surgieron en las partes romanizadas de Britania. A la vez, los germanos invasores se asentaron en la zona oriental de Britania. Mientras, los invasores gaélicos de Irlanda se asentaron en el oeste de Escocia. Simultáneamente los britanos del suroeste de Inglaterra se asentaron en Bretaña. El cristianismo había llegado a Britania en tiempos del dominio romano. En el siglo V, Irlanda fue convertida por san Patricio y otros misioneros. Después, el cristianismo se estableció en Escocia, principalmente a través de la fundación de Iona por san Columba. Por lo tanto, la fe cristiana fue llevada a las tribus británicas del noroeste escocés, cuyos miembros eran conocidos como pictos, y a los británicos de Northumbria. La cultura del mundo celta experimentó un gran florecimiento en los siglos VII y VIII, en el cual la Iglesia jugó un papel central patrocinando las artes, la escultura y la ilustración de manuscritos. La literatura vernácula también fue cultivada de forma más extensa que en otros lugares de Europa. Los eruditos celtas destacaban como misioneros y profesores en el continente. Las zonas celtas de las islas Británicas sufrieron ataques de los pueblos escandinavos durante los siglos IX y X, y admitieron a los que se instalaron. Los reyes gaélicos de los escoceses surgieron como señores de las tierras de los pictos y dominaron a los británicos que permanecían en el suroeste escocés y a los ingleses en el sureste. La frontera galesa-inglesa se estabilizó, mientras Cornualles perdió su independencia política. En Irlanda, se realizó un proceso similar para crear una monarquía nacional. Habían surgido las cuatro naciones actuales: tres celtas y una germánica. La conquista normanda de Inglaterra en el 1066 llevó a la de Gales y hacia el siglo XII a la de Irlanda y Escocia. Como resultado, la lengua y la cultura céltica dejaron de ser usadas en los círculos jurídicos, y gradualmente se convirtieron en lenguas de uso popular. Un proceso similar tuvo lugar en Bretaña. El clima social que se había desarrollado en lo que actualmente son Gran Bretaña y Francia había dado oportunidad para que los elementos celtas mejoraran, pero se frustraban por la intolerancia cultural o religiosa. Los resultados de esta ambivalencia quizá se vean en la contribución celta a la vida y cultura británica, en manifestaciones del folclore celta, en el florecimiento de las comunidades celtas emigradas y en las sociedades de ultramar SHALOM

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Historia de las Religiones 13: Cristianismo
InfoporAnónimo10/18/2008

Jesús de Nazaret y sus discípulos Cuando Jesús inició su ministerio público, Palestina era un pequeño territorio oriental sometido al Imperio Romano. Roma nombraba los gobernadores, dictaba las leyes, establecía los tribunales y cobraba los tributos. La clase dirigente judía estaba escindida en dos bandos, los saduceos y los fariseos, que mantenían concepciones políticas y religiosas enfrentadas. Los saduceos, descendientes de Sadoc, sacerdote del Templo de Jerusalén en tiempos de Salomón, se cuidaban del culto y los sacrificios y, en el plano político, procuraban abrir vías de entendimiento y colaboración con la potencia ocupante. Los fariseos, los grandes mentores religiosos del pueblo, se atenían al cumplimiento escrupuloso de los preceptos de la ley mosaica y se dedicaban al estudio y la interpretación de las Escrituras. Tenía también importancia la corriente espiritual de los esenios, cultivadores de la vida ascética en sus apartados monasterios. Observaban con rigor los ritos y los preceptos sobre la pureza y rechazaban el sacerdocio de Jerusalén. Gozaba asimismo de gran simpatía entre la población el movimiento nacionalista y violento de los zelotas. A este heterogéneo y en parte contradictorio auditorio dirigió Jesús su mensaje, y entre todos sus componentes encontró seguidores: fariseos, miembros del alto tribunal del Sanedrín, pescadores, las clases humildes, ricos y funcionarios del Imperio, mujeres cercanas a la corte real, y en fin, hombres y mujeres santos y también pecadores. Jesús de Nazaret En la historia de la humanidad no existe un personaje que haya inspirado tanto amor y tantas polémicas. Si por él murieron muchos, otros tantos por él mataron. ¿Dios y hombre? ¿Quién fue Jesús de Nazaret? La tesis propugnada por algunos racionalistas radicales en el siglo XIX, negando la existencia de Jesús de Nazaret y afirmando que se trataba de un personaje mitológico, es hoy día unánimemente rechazada por los investigadores. La existencia real de Jesús de Nazaret es aceptada por toda la crítica histórica. Menciona a Jesús, con declarada simpatía, el historiador judío Flavio Josefo, quien hacia el año 95 le describía como "varón sabio" que contó con numerosos seguidores y a quien Pilato condenó a morir en la cruz. Más conciso, pero sin duda auténtico, es otro texto del mismo autor, en el que habla de Santiago el Menor, "hermano de Jesús, el llamado Cristo". El historiador Suetonio alude a "un tal Khrestos" (fácil corrupción de Khristos, Cristo), ejecutado bajo el reinado de Tiberio por orden de Poncio Pilato. Tácito menciona a algunos "cristianos, así llamados por ser seguidores de Cristo, condenado a muerte por Poncio Pilato". Plinio el Joven, en una carta a Trajano, informa sobre "cristianos que cantan himnos a Cristo como a un dios". Biografía de Jesús según los Evangelios Fuera de estas breves alusiones, la únicas fuentes escritas de que se dispone sobre la vida y las actividades de Jesús son los Evangelios y algunas cartas de Pablo. Las noticias cronológicamente más antiguas son las aportadas por las dos cartas de Pablo a los cristianos de Tesalónica, hacia el año 50, y el Evangelio de Marcos, escrito hacia el 65 pero con documentación extraída probablemente del hoy perdido evangelio arameo de Mateo, redactado hacia el año 50, es decir, apenas 20 años después de los acontecimientos narrados. Debe advertirse que los evangelistas no pretendieron escribir una biografía de Jesús en el sentido de la historiografía moderna. Los evangelios configuran un género literario particular en el que los datos biográficos no son invenciones, pero tampoco son expuestos siguiendo una rigurosa secuencia histórica, sino que están ordenados y agrupados con la mirada puesta en su principal objetivo, transmitir el mensaje de Jesús. Por ello, la exactitud cronológica de los episodios o sus circunstancias geográficas pasa a un segundo plano. Con esta aclaración, el dato más seguro acerca de la biografía de Jesús es la fecha de su muerte, que puede situarse, con bastante probabilidad, en el viernes 7 de abril del año 30. Admitiendo como hipótesis más probable que su actividad pública se extendió a lo largo de 2 o 3 años, como dice el Evangelio de Juan (y no de un año tan sólo, como se deduce de los Evangelios sinópticos), Jesús habría iniciado su ministerio hacia el año 27 o el 28. Siempre según estos cálculos, y de la mano de la información de Lucas de que cuando Jesús comenzó su actividad pública "tenía unos 30 años", puede fijarse su nacimiento entre los años 7 y 4 antes de nuestra era, bajo el reinado de Herodes el Grande en Palestina, durante el imperio de Augusto. Los "Evangelios de la infancia" hablan de su nacimiento en Belén de Judá y de su niñez y juventud en Nazaret de Galilea. Su doctrina, sus curaciones de enfermos, expulsiones de malos espíritus y otros prodigios despertaron la admiración del pueblo, que le seguía a todas partes, pero también la suspicaz curiosidad y, al cabo de poco, la abierta hostilidad de los dirigentes políticos y religiosos. Algunas de sus enseñanzas eran inadmisibles para la ortodoxia judía. Aunque Jesús nunca se aplicó el título de Mesías, su afirmación de que era mayor que Abraham era blasfema para la mentalidad hebrea, y el sanedrín le condenó a muerte. Dado que sólo las autoridades romanas tenían competencia para pronunciar y ejecutar sentencias capitales, los sacerdotes le llevaron ante el gobernador de Roma, Poncio Pilato, pero cambiando el contenido de la acusación. Las autoridades civiles se habrían desentendido, con seguridad, en un proceso de carácter religioso. Por tanto, la denuncia acusaba a Jesús de alborotar al pueblo, proclamarse "rey de los judíos", es decir, de rebelarse contra el emperador y, además, de prohibir pagar tributos al César. Eran delitos de alta traición. El gobernador le condenó a morir en la cruz. El perfil humano de Jesús La figura de Jesús ha sido contemplada en el curso de la historia desde numerosas y, a menudo, contradictorias perspectivas que le presentan unas veces como un hombre manso y piadoso, que se somete a los designios de Dios y soporta sin quejas los sufrimientos, y otras como un gran profeta, como taumaturgo dotado de poderes curativos preternaturales o como un revolucionario radical que proclama la subversión del orden establecido para liberar a los hombres de las cadenas de la esclavitud económica y social. Una lectura atenta de los Evangelios descubre en su conducta -y en su prolongación en las parábolas- una personalidad riquísima y compleja, con una inabarcable gama de matices. Es patente, ya desde el primer momento, su inequívoca inclinación hacia los pobres, los niños, los desamparados, los pecadores, las capas más humildes y despreciadas de la sociedad. Es muy compasivo y parece incapaz de negarse a socorrer a quienes acuden a él en busca de ayuda. Se conmueve cuando piensa en que la muchedumbre que le sigue carece de alimentos o en la suerte de sus discípulos cuando él muera, ya que se quedarán desvalidos y desorientados como ovejas sin pastor. No tiene ningún apego a los bienes materiales. "Las zorras tienen madrigueras y las aves nidos, pero yo no tengo donde reclinar la cabeza." Sin embargo, no ofrece la imagen de rigor y austeridad de Juan Bautista. Se comporta como una persona sociable, acepta la invitación a una boda en Caná, come en compañía de publicanos y pecadores, pero también se sienta a la mesa de fariseos de buena posición, o del acaudalado Zaqueo, hasta el punto de ser acusado de llevar una vida regalada; tiene un elevado sentido de la amistad; llora con desconsuelo la muerte de Lázaro, y al traidor Judas le dirige una reproche dolorido: "Amigo, ¿con un beso me entregas?". Es notable la sensación de seguridad que se desprende de sus actos. Despertaba la admiración del pueblo porque enseñaba con autoridad, y no como los escribas. Se enfrentó con ánimo firme y sereno a los poderes militares, políticos y religiosos. No vaciló en presentar su propia doctrina no sólo contra las tradiciones y las enseñanzas de los doctores y maestros, sino también contra los preceptos de la ley mosaica. Vivió también instantes de turbación, que le llevaron a suplicar a Dios en Getsemaní que le ahorrara el suplicio de la muerte. Pero a continuación recobra el autodominio y acepta con serenidad su destino. Es en las horas de agonía en la cruz donde se revela el insondable abismo de sus vivencias definitivas, desde el angustiado lamento: "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?", hasta la entrega final confiada: "En tus manos pongo mi espíritu. Y dicho esto, murió". El Nuevo Testamento y los apócrifos Jesús impartió sus enseñanzas por medio de la palabra hablada y también de manera oral transmitieron su mensaje los discípulos. Es probable que como segundo paso, tal vez unos diez años después de la desaparición del Maestro, surgieran colecciones de sus sentencias y parábolas más memorables. Estas "memorias" de los testigos presenciales, bastante numerosas según el testimonio del prólogo del Evangelio de Lucas, han sido la base de la consignación escrita de un "Evangelio de Mateo", originariamente redactado en hebreo (o arameo), hacia el año 50, y hoy perdido. Tal vez de este Evangelio se hicieron varias traducciones griegas (también hoy perdidas) que, junto con algunos otros datos y tradiciones no escritas aportadas por los testigos de la primera obra, sirvieron para la redacción de los Evangelios de Mateo, Marcos y Lucas. Se les llama "Evangelios sinópticos" porque tienen muchas secciones parecidas de modo que, puestos en tres columnas, pueden apreciarse claramente sus coincidencias y divergencias. Este proceso de consignación escrita, que garantizaba la conservación para el futuro de la doctrina, era también, a la vez, un proceso de eliminación. En efecto, de toda aquella enorme masa de información sobre las cosas que hizo Jesús, sólo han llegado hasta nosotros las consignadas en los escritos canónicos. El resto se ha perdido. Los libros canónicos El primero de los evangelios, por orden cronológico, es el Marcos, el más breve, espontáneo y colorista de los tres. Puede situarse su fecha de redacción final hacia el año 64. El Evangelio de Mateo, en griego, debió ser redactado antes del año 70, ya que ignora la destrucción de Jerusalén por Tito. Sus destinatarios son judíos. Por eso, su genealogía de Jesús se remonta sólo hasta Abraham. El Evangelio de Lucas exhibe un buen estilo literario. No es posterior al año 80 y está dirigido a los gentiles: su genealogía de Jesús alcanza hasta el primer hombre, Adán. La fecha de redacción del Evangelio de Juan puede fijarse en torno a los años 96-98. Aunque es el más tardío de los cuatro, sorprende por la mayor exactitud en muchas de sus informaciones cronológicas y topográficas. Es el que presenta un carácter semita más acusado. Las "cartas" configuran el segundo grupo de escritos neotestamentarios. En el sentido moderno de carta, es decir, la misiva que una persona concreta envía a otra sobre asuntos privados, en el Nuevo Testamento sólo hay una: la de Pablo a su amigo Filemón. Las restantes son más bien exposiciones doctrinales a las que sus autores han dado forma epistolar, dirigida a unos destinatarios concretos mencionados al principio y al final del escrito. Las cartas representan más de una tercera parte de todo el Nuevo Testamento. Se distribuyen en dos grupos: cartas paulinas y cartas católicas. Las primeras, así llamadas por haber sido dictadas por el apóstol Pablo, o atribuidas a él, forman un conjunto doctrinal que ha ejercido una influencia determinante en los conceptos del cristianismo. Se llaman "cartas católicas" los documentos que mencionan el nombre del autor, pero no el de los destinatarios. Son escritos dirigidos a toda la cristiandad, es decir, de alcance universal, católico. El Libro de los Hechos de los Apóstoles se inscribe en un género literario muy cultivado durante el helenismo. Pueden citarse a este propósito los Hechos de Alejandro y los Hechos de Aníbal. Escrito con toda seguridad por Lucas, autor del Evangelio de su nombre, narra, en el mejor estilo griego de todo el Nuevo Testamento, la historia de las primeras comunidades cristianas y la expansión universal del mensaje cristiano, con particular dedicación a las actividades de Pablo. Cierra la lista de los libros sagrados del Nuevo Testamento el Apocalipsis de Juan. Pretende describir, a través de revelaciones divinas, las cosas arcanas del pasado, el presente y el futuro. El lenguaje presenta elevadas dosis de simbolismos que dificultan la comprensión del texto. Los escritos apócrifos del Nuevo Testamento "Apócrifo" significa literalmente "oculto", destinado sólo a los iniciados. Fueron muchas las obras de este género escritas entre los siglos II-I a.C. y I d.C. Sus autores intentaban dar peso y autoridad a sus doctrinas atribuyéndoselas a personajes célebres de la Antigüedad (Adán, Henoc, Abraham, Jacob, David, Elías, Isaías, Job) o del Nuevo Testamento (Jesús, María, los apóstoles). Es abundante el material de escritos apócrifos neotestamentarios que ha llegado hasta nosotros. Merecen especial atención, por la influencia doctrinal que ejercieron, los Hechos de Andrés, el Evangelio de los ebionitas, el Evangelio de los egipcios, el Evangelio de Felipe, los Hechos de Felipe, el Evangelio de los hebreos, el Evangelio de Marción, el Evangelio de los nazarenos, los Hechos de Pablo y Tecla, las Cartas de Pablo y Séneca, el Apocalipsis de Pedro, el Evangelio de Pedro, los Hechos de Pedro (con el conocido episodio de "Quo vadis", el Protoevangelio de Santiago, el Evangelio de Tomás, todos ellos del siglo II. Se remontan al siglo III los Hechos de Tomás y al siglo IV, La asunción de María y el Evangelio de la infancia de Tomás. Pasión, resurrección y ascensión de Jesucristo La fe cristiana "Él es imagen de Dios invisible, Primogénito de toda la creación, por Él fueron creadas todas las cosas en los cielos y en la Tierra, las visibles y las invisibles. [...] Existe con anterioridad a todo, y todo tiene en Él su consistencia" (Carta a los colosenses 1,15-17). El elemento específico de la fe cristiana no consiste en aceptar como verdaderos los enunciados teológicos elaborados a lo largo del tiempo mediante deducciones lógicas, basadas principalmente en las categorías de la filosofía griega, y promulgados como "dogmas" por los papas o los concilios. El contenido esencial de la fe no es una doctrina, un catecismo, sino una persona. Ser cristiano significa creer en Jesucristo, en lo que es, en lo que significa. No existe, por tanto, en contra de las tesis defendidas por numerosos partidarios de la "teología liberal" o el modernismo, una dicotomía o incluso una contradicción entre el Jesús de la historia y el Cristo de la fe, entre lo que Jesús predica y el Cristo predicado por la Iglesia. Los primeros anunciadores de la buena nueva extraían su mensaje de los hechos, las enseñanzas y los milagros de Jesús de Nazaret, cuya existencia habían compartido. Pero transmitían este mensaje desde una perspectiva suprahistórica, la de la resurrección, es decir, desde una comprensión de fe que proyectaba una luz interior nueva sobre los acontecimientos externos de la biografía del Jesús terreno. La pasión y muerte de Jesús Las enseñanzas de Jesús habían despertado desde muy pronto primero la extrañeza y luego la abierta oposición de los grupos dominantes de la comunidad judía, los saduceos y los fariseos. Los duros enfrentamientos verbales de Jesús con ellos tuvieron un desenlace desastroso a primera vista. Jesús fue condenado a morir en la cruz y sus partidarios -los que habían depositado en él todas sus esperanzas, los que habían creído que sería él quien traería la salvación de Israel (Lucas 24,21)- huyeron despavoridos en todas las direcciones. La noticia de la resurrección La noticia, en aquellas primeras horas de la mañana del domingo, de que Jesús había resucitado provocó una conmoción profunda y una radical transformación anímica en sus seguidores. Si Dios le ha resucitado, es que está con él, testifica a su favor, confirma que su mensaje es verdadero. De ahí la insistencia de los cuatro evangelistas y de los primeros escritos del apóstol Pablo en la realidad histórica de la resurrección, los relatos pormenorizados, la profusión de detalles con que narran los encuentros de los discípulos con Jesús resucitado, el encantador episodio de Lucas sobre la conversación de los dos discípulos, camino de Emaús, con un "desconocido", o la viva descripción de la obstinada incredulidad de Tomás aportada por el cuarto evangelista. La resurrección es el inconmovible fundamento sobre el que se levanta la estructura de la fe cristiana. Pues, como dice el apóstol Pablo: "Si Cristo no ha resucitado, vana es nuestra predicación y vana es también vuesta fe... ¡Pero Cristo ha resucitado!". Desde este excepcional acontecimiento volvían ahora los discípulos a repensar cuanto habían vivido con Jesús, meditaban bajo esta nueva luz sus enseñanzas. "Entonces comprendieron lo que Jesús había querido decir..." Ahora comprendían que la pasión y muerte de Jesús no era el fin catastrófico de todas las esperanzas depositadas en él, sino que advertían que "era necesario que Cristo padeciera y muriera", porque esta pasión y muerte son la expiación de los pecados de los hombres. Jesús es el Redentor. Su sangre derramada es el sello del establecimiento de la nueva alianza, que sustituye a la antigua y señala el inicio de una nueva época en las relaciones de Dios con los hombres. Jesús es el Mesías, el ungido esperado durante siglos que viene a liberar a Israel no de la tiranía de los poderes terrenos (en su circunstancia histórica concreta del poder de los romanos), sino de la esclavitud del pecado para que, purificados, puedan acercarse de nuevo, como hijos confiados, a Dios. Jesús es el Kyrios, es el Señor, el Principio, el Primogénito entre los muertos para ser el primero en todo. La ascensión a los cielos es la confirmación de que vuelve al Padre, de donde salió, y la prueba de que vive, en la eternidad, junto al trono de Dios. Sobre este conjunto de ideas, extraídas de la vida y resurrección, formuladas en los primeros momentos con las categorías mentales del Antiguo Testamento y luego lentamente desarrolladas mediante reflexiones conceptuales guiadas por la fe, se construyen las enseñanzas de la Iglesia sobre su fundador, Jesús de Nazaret. El "pléroma" Para los cristianos, la fe en la resurrección del "Señor" y el seguimiento de sus enseñanzas conducen al pléroma, la plenitud, la perfección total que alcanzarán todos los seres de la creación cuando, al final de los tiempos, lleguen a la consumación definitiva. Para los cristianos, el pléroma es Jesús mismo, en quien están centradas todas las fuerzas divinas y desde quien se derraman al resto de la humanidad. Expansión del cristianismo primitivo A lo largo de la segunda mitad del primer siglo de nuestra era acontece, en el seno del Imperio romano, lo que nos es permitido llamar "revolución cristiana". Sucede a partir del foco de Jerusalén, pero no sería explicable sin tener en cuenta las comunidades judías que, desde la cuarta diáspora, se encontraban diseminadas por todo el imperio. Entre los años 25 y 30 Bajo el emperador romano Tiberio, había aparecido a orillas del Jordán un último profeta, Juan Bautista, que predicaba la inminente llegada del Mesías. Su trágica desaparición coincidió con las primeras predicaciones de Jesús, que a su vez también fue recibido como profeta. Jesús también fue ajusticiado y, según sus seguidores, resucitó al tercer día de su muerte en la cruz. En invierno de 36 ó 37 Ya existe una comunidad de seguidores de Jesús (considerados como sectarios por el judaísmo oficial), presidida por Pedro, heredero de Jesús. Uno de los seguidores, llamado Esteban, es ajusticiado públicamente. Una parte de la comunidad huye de Jerusalén. El judío, y a la vez ciudadano romano, Saulo de Tarso, mientras se encuentra persiguiendo celosamente a esos seguidores huidos cerca de Damasco, se convierte, se une a ellos y pasa a ser su principal ideólogo. Cambia su nombre, latinizándolo, por el de Pablo, y empieza a ser perseguido él también. Hacia el año 39, Pablo huye de Damasco y se presenta ante la comunidad de Jerusalén. Viajero incansable, se desplaza después a Siria y la Cilicia y hacia el año 43 llega a Antioquía. En el mismo año 43, Agripa I, una especie de virrey del emperador para la región mediterránea oriental, ordena la decapitación de otro de los primeros discípulos, Santiago ("el Menor". En los años 45-49 Pablo realiza su primer viaje de anuncio del evangelio de Jesús entre los judíos dispersos por el imperio. En el año 49 se celebra la primera asamblea general de los cristianos en Jerusalén. Entre 50 y 52 Pablo realiza su segundo viaje apostólico y escribe las dos cartas a los cristianos de Tesalónica. En la ya provincia romana de Judea, entre tanto, los ánimos se van encendiendo; Agripa murió en 44 y ahora un mero procurador, Antonio Félix, debe hacer frente a la resistencia armada contra Roma por parte de los judíos. Entre 54 y 58 Pablo desarrolla un tercer viaje de predicación, con una estacia de dos años en Éfeso, y regresa a Jerusalén. Incansable en su actividad intelectual, escribe a los cristianos de Corinto, Galacia, Filipo de Macedonia y Roma. En Jerusalén es arrestado y llevado a Cesarea, donde permanece preso durante dos años. Desde la cárcel escribe a los colosenses. En 60 Pablo, preso, apela al César utilizando el privilegio que le otorga su condición de ciudadano romano. Entre 60 y 61 es llevado a Roma y aquí permanece otros dos años bajo arresto domiciliario. Dos años que aprovecha para escribir de nuevo a los colosenses, a los efesios, a Filemón y a los hebreos en general. Se le atribuyen también las cartas enviadas a Timoteo y Tito, aunque es posible que éstas daten de fechas bastante posteriores (años 80 a 100) y se deban a otro autor. En julio de 64 Acontece un gran incendio en la Roma de Nerón y se desata la persecución contra los seguidores de Jesús, que ahora ya reciben el nombre de cristianos. Pedro, el heredero de Jesús, está también en Roma. Pedro y Pablo son ajusticiados en Roma hacia los años 64 a 67. Pedro clavado en una cruz como los esclavos judíos, y Pablo decapitado como los ciudadanos romanos. En 67 Vespasiano reconquista Galilea, ocupa el litoral marítimo y el valle del Jordán y somete a los judíos; los que pueden escapar, se hacen fuertes en Jerusalén. En 70 Tito conquista Jerusalén y destruye e incendia el templo. Judea pasa a ser gobernada militarmente por un legado. El cristianismo, entre tanto, se ha difundido por todo el imperio, primero en las comunidades hebreas dispersas y a partir de aquí en núcleos que acogen a fieles de cualquier procedencia, desde Alejandría a las Galias y desde Hispania hasta la región del Ponto. Los apóstoles de Jesucristo La fe cristiana Testigos y enviados de Jesús Tomando la palabra, Pedro dijo: "Ya ves que nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido. ¿Qué recompensa recibiremos?". Jesús les contestó: "Os aseguro que vosotros, los que me habéis seguido, cuando el Hijo del hombre se siente en su trono de gloria, os sentaréis también vosotros en doce tronos para juzgar a las doce tribus de Israel" (Mateo 19,28). Los Evangelios narran que Jesús eligió de entre sus seguidores a "doce", a los que introdujo en el círculo más íntimo de su vida, les hizo partícipes directos de sus enseñanzas y les confió la tarea de transmitir sus enseñanzas a todas las naciones de la tierra. Éste es el significado de la palabra apóstol: enviado, mensajero, portador autorizado de un mensaje, de acuerdo con el principio rabínico: "El enviado de una persona es como esa persona". Los elegidos fueron: el pescador Simón, a quien más adelante Jesús le añadió el nombre de "Cefas" (Piedra, Pedro); su hermano, y también pescador, Andrés; los también pescadores Santiago (el Mayor) y su hermano Juan, hijos del Zebedeo, cuyo carácter impetuoso les valió que Jesús les calificara de Boanerges (hijos del trueno); Felipe de Betsaida, hombre al parecer bien relacionado con los paganos, pues un grupo de éstos solicitaron su intervención para conseguir una entrevista con el Maestro; Bartolomé (a quien a veces se identifica con Natanael); el recaudador de impuestos Mateo, hijo de Alfeo, también llamado Leví, probablemente originario de Cafarnaúm, autor al parecer de una colección de sentencias de Jesús en arameo (o hebreo) hoy perdidas; Tomás, llamado Dídimo (gemelo), célebre por su obstinada negativa a creer en la resurrección de Jesús; Santiago (el Menor), tal vez oriundo de Nazaret, a quien el Evangelio de Marcos llama "hermano del Señor" y que desempeñó en Jerusalén una importante labor mediadora entre los cristianos judaizantes y los helenistas; Pablo le menciona como "una de las columnas" de la comunidad jerosolimitana; se le atribuye la carta transmitida bajo su nombre; Santiago, hijo de Alfeo, a menudo erróneamente identificado con Santiago el Menor; Judas Tadeo; Simón el Zelota, así llamado por haber pertenecido a este grupo de nacionalistas militantes; finalmente, Judas Iscariote, el que traicionó a Jesús. A ellos debe añadirse Matías, elegido por "los once" para sustituir al traidor Judas. Son escasos los datos seguros de las biografías de cada uno de ellos. El primero en morir fue Judas Iscariote. Arrepentido de su traición y desdeñosamente tratado por los sacerdotes, tomó la desesperada decisión de ahorcarse en las afueras de Jerusalén, en el "campo del alfarero" o "campo de la sangre". El siguiente fue Santiago el Mayor, ejecutado entre los años 41 y 44 por orden de Herodes Agripa. Simón Pedro ejerció su ministerio en Jerusalén, Antioquía, Asia Menor y Roma, donde murió crucificado, durante la persecución de Nerón, hacia el año 64 o 67. Figuran bajo su nombre dos cartas católicas, si bien la segunda es con seguridad pseudoepigráfica. Juan formó parte del grupo más íntimo de Jesús. Según una leyenda no comprobada, después del concilio de Jerusalén se trasladó a Éfeso con María. Esta misma leyenda le presenta desterrado por Domiciano a la isla de Patmos, donde escribió el Apocalipsis. Se le atribuye también el Evangelio de su nombre y tres cartas. Se ignora la fecha y el lugar de su muerte. Los datos sobre las actividades y el género de martirio de los restantes apóstoles proceden de leyendas y escritos tardíos de escaso rigor histórico. Pablo constituye un caso excepcional. No formó parte de "los doce" pero él reclamó enérgicamente para sí este título. Nacido en Tarso de Cilicia, ciudadano romano por derecho de nacimiento y educado en el rigor del fariseísmo, tras su conversión llevó a cabo una enorme labor evangelizadora por toda la cuenca mediterránea. Escribió numerosas cartas que son la verdadera urdimbre de gran parte de la vida espiritual del cristianismo. Pudo afirmar con razón que "había trabajado más que ningún otro apóstol". Murió decapitado en Roma, hacia el año 64 o 67. La liturgia ha unido indisolublemente el nombre de este "apóstol de los gentiles" al de Pedro, "apóstol de los judíos". El ministerio apostólico La tarea principal de los apóstoles fue la oración y el anuncio de la "buena nueva" (del evangelio), es decir, la proclamación fiel del mensaje de Jesús. Los escritos sagrados les presentan como un grupo colegiado ("los doce", en el que se asigna a Pedro un papel especial: "Tú eres Pedro (piedra) y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia" (Mateo 16,19). "He rogado por ti para que tu fe no desfallezca. Y tú, cuando hayas vuelto, confirma a tus hermanos" (Lucas 22,32). Como oyentes y testigos directos de la doctrina de Jesús, se constituyen en garantes de su transmisión auténtica. Se saben asimismo revestidos de una especial autoridad en cuanto que han sido enviados por Jesús del mismo modo que Jesús ha sido enviado por el Padre. Han recibido el Espíritu Santo y el poder de "atar y desatar", de perdonar los pecados. Es esta conciencia de la autoridad recibida de Jesús la que les permite remitir a las comunidades de Antioquía, Siria y Cilicia las graves decisiones tomadas en el concilio de Jerusalén con esta solemne introducción: "Hemos decidido el Espíritu Santo y nosotros..." (Hechos de los Apóstoles 15,28). Para poder cumplir el mandato de anunciar la buena nueva a todas las naciones de la tierra "hasta el fin de los tiempos", eligieron sucesores a quienes confiaron, con igual autoridad, la prosecución del ministerio de la palabra. En ellos se inicia, pues, la sucesión apostólica. La cadena ininterrumpida de sus sucesores se convierte en criterio de la verdadera doctrina. A ellos ha de volver incesantemente su mirada la Iglesia para cerciorarse de que no se producen desviaciones doctrinales. La Iglesia es apostólica porque se mantiene fiel a la tradición recibida de los apóstoles (tradición apostólica). El cristianismo en su entorno político Jesús de Nazaret (hacia 4 a.C.-hacia 33 d.C.) Fundador de una corriente mesiánica en la Palestina del siglo I y figura central del cristianismo. Sus discípulos le consideraron el Mesías (Cristós en griego), el salvador enviado por Dios. Los evangelios conservan el testimonio de sus estrechas relaciones con Juan, llamado el Bautista. Ambos se mostraron cercanos al movimiento de los esenios. Su movimiento fue juzgado potencialmente subversivo y fue tratado como rebelde y condenado a la crucifixión. Murió sin dejar obra escrita. Sus discípulos fundaron la Iglesia cristiana, comunidad de los seguidores de Cristo. Tiberio (42 a.C.-37 d.C.) Emperador romano entre los años 14 y 37 de nuestra era, durante su mandato se desarrolló la actividad de Jesús de Nazaret. Era hijo de Lidia e hijastro del emperador Augusto, a quien sucedió. Profundamente conservador por naturaleza, continuó la política de Agusto y se limitó a consolidar las conquistas de él. A pesar de la eficacia de su administración y política exterior, en política interior su reinado fue un desastre saturado de sospechas de asesinatos y abusos; implantó su sede en la isla de Capri, desde la que instauró un régimen de terror. Poncio Pilato Procurador romano en Judea de quien se conservan pocos documentos que prueben fehacientemente su existencia real (a finales del siglo XX se descubrió en Alejandría, sepultada en el mar, una inscripción con su nombre). Aparentemente estuvo en su cargo entre los años 26 y 36, siendo Tibero emperador de Roma, quien le mantuvo en su cargo a pesar de haber provocado las iras de los judíos por haberse apropiado del tesoro del templo. Según los evangelios, juzgó y condenó a Jesús de Nazaret. Habiendo caído finalmente en desgracia, fue enviado a Roma. Aparece muy tarde en numerosas y pintorescas leyendas de los apócrifos cristianos. Cayo Aurelio Valerio Diocleciano (245-316) Emperador romano. Nacido en una humilde familia de Dalmacia, ascendió en el escalafón del ejército hasta llegar a ser el mayor de los emperadores militares del siglo III. Abdicó en 305. Se conserva en la memoria de los cristianos como el más encarnizado perseguidor de los seguidores de Jesús. Constantino I el Grande (hacia 285-337) Emperador romano. Gracias a sus victorias sobre Majencio en Roma y sobre Licinio, emperador de Oriente, se conviritió en emperador único en 324. Al creer que su victoria sobre Majencio (en 312) había sido obra del Dios cristiano, promovió por primera vez el cristianismo en el Imperio. Sin embargo, los investigadores creen que su conversión solo se debio a razones políticas. Estableció su capital en Constantinopla, en una enclave estratégico de Bizancio, y por tanto la ciudad fue cristiana desde su fundación. Después de su muerte, el Imperio Romano fue de nuevo dividido entre sus hijos. Dámaso I, Papa (muerto en 384) Español de origen, fue elegido en un tiempo de enfrentamiento entre los cristianos, de modo que recurrió al emperador Teodosio para hacer valer sus derechos. El cisma se resolvió por la intervención del emperador. Encargó a su secretario, san Jerónimo, la revisión de la antigua traducción latina de la Biblia. El cristianismo primitivo El impulso de un espíritu comunitario "Todos los creyentes lo tenían todo en común. Vendían sus posesiones y sus bienes y lo repartían entre todos, según las necesidades de cada uno" (Hechos de los Apóstoles 2,44-45). Tras haber presenciado la ascensión de Jesús al cielo desde un monte de Galilea, el pequeño grupo de discípulos -unos 120 en total según los Hechos de los Apóstoles- se volvió a Jerusalén, a la espera de los acontecimientos, según las últimas instrucciones del Señor. Debieron ser días idílicos de intenso gozo y exaltación para aquella comunidad, embebida en el recuerdo de Jesús resucitado. Libres de preocupaciones materiales, se dedicaban a la oración, tal vez con la esperanza puesta en el cumplimiento a corto plazo ("antes de que pase esta generación" de la nueva venida -en gloria- de Jesús. La efusión del Espíritu el día de Pentecostés fue la señal de partida de la actividad evangelizadora de los apóstoles. En su primer discurso, Pedro logró la conversión de 3 000 personas. Y en el segundo, tras la curación milagrosa de un tullido en el templo, se les unieron, contando sólo los hombres, otros 5 000. Este movimiento masivo de conversiones, unido al enorme prestigio de que los seguidores de Jesús gozaban a los ojos del pueblo, alarmó a las autoridades religiosas judías. En un primer momento, tras una reunión de urgencia, les prohibieron hablar más a nadie "en este nombre". Al verse desobedecidos, pasaron de las amenazas a los hechos y ordenaron flagelar a Pedro y Juan. Pero fue un devastador discurso del diácono Esteban, asegurando que veía a Jesús a la diestra de Dios, el que colmó la paciencia de los judíos. Lapidaron a Esteban y desencadenaron la primera gran persecución contra los cristianos. Fue también el principio de la evangelización a gran escala por toda la ecumene. Cuando los perseguidos, en su mayor parte helenistas (de hecho los apóstoles se quedaron en Jerusalén), retornaron a sus lugares de origen, llevaron a todas partes la noticia de Jesús. Evolución interna de la comunidad de Jerusalén Varios indicios señalan que los discípulos fueron tomando conciencia lentamente de la significación trascendental de la persona y el mensaje de Jesús. Reconocían, por supuesto, que era el Mesías esperado, el Hijo de Dios, el Señor. Pero, al parecer, entendían su actividad como la prolongación, el punto culminante de la religión judía. Seguían yendo al templo, como el resto de sus compatriotas, para hacer sus oraciones y consideraban obligatorio el cumplimiento de la ley de Moisés, incluidos los preceptos sobre alimentos lícitos y prohibidos. Echaron en cara a Pedro que hubiera entrado en la casa de un pagano, el centurión Cornelio, porque constituía una impureza legal. Hubo incluso un grupo muy influyente, el de los "judaizantes", que intentaron imponer a todos los convertidos al cristianismo, incluidos los procedentes del paganismo, el rito de la circuncisión para su integración en la comunidad. Fue el apóstol Pablo, un helenista, quien advirtió el enorme peligro de vaciamiento de la realidad de Jesús que esta actitud entrañaba, ya que si la salvación viene como consecuencia del cumplimiento de la ley, de nada habría servido la muerte de Jesús. Jesús no sería el Redentor. De ahí la enérgica afirmación paulina: "La justificación no viene por las obras de la ley, sino por la fe en Jesús". El cristianismo no es una prolongación ni un perfeccionamiento del judaísmo. Es su superación radical. Carisma y ministerio El creciente número de conversiones hizo necesario un primer intento de organización. Los apóstoles decidieron descargar el peso de las necesidades materiales de la comunidad (el "servicio de las mesas", es decir, la atención y el cuidado de los pobres) en algunos hombres elegidos, a los que impusieron las manos, confiriéndoles con este gesto autoridad y legitimidad para el desempeño de sus funciones. Ellos, por su parte, liberados de estas tareas, podían dedicarse a la oración y el "servicio de la palabra", es decir, al anuncio del mensaje de Jesús. Además de estos servidores de las mesas, los Hechos mencionan, como miembros con autoridad en la comunidad, a los "presbíteros", que toman parte, al lado de los apóstoles, en las decisiones del concilio de Jerusalén (Hechos 15,5). Junto a los apóstoles, diáconos y presbíteros con autoridad para tomar decisiones doctrinales, figuran también en la comunidad jerosolimitana los "profetas" (Hechos 15,32). De donde se sigue que, desde el primer momento, en las comunidades cristianas coexistían pacíficamente el ministerio y el carisma. La comunidad de Jerusalén tuvo una existencia corta y accidentada. Surgieron fricciones entre los hebreos y los griegos; estos últimos se quejaban del trato de favor dispensado a las viudas de los primeros. La situación económica se deterioró y se hizo necesario organizar colectas en las restantes comunidades para acudir en su ayuda. En el año 70 la comunidad cristiana se trasladó a Pella, al otro lado del Jordán. La nueva terminología cristiana La persona de Jesús y sus palabras, su misión redentora aportaban realidades hasta entonces desconocidas para las que era necesario forjar nuevos términos o dotar de nuevo contenido los antiguos. Otro tanto exigían las nuevas tareas a las que se enfrentaban las comunidades cristianas. Abba: Fórmula de plegaria empleada por Jesús. Es un diminutivo del arameo ab (padre), propio del lenguaje infantil, equivalente a "papá". No figura en el Antiguo Testamento ni en la literatura judía posterior. Refleja una relación singular de Jesús con Dios, su Padre. A imitación de Jesús, también sus seguidores pueden, por inspiración del Espíritu Santo, formular esta misma invocación. Alfa y Omega: Son la primera y última letras del alfabeto griego. La expresión se utiliza para indicar totalidad, una realidad que abarca el principio y el fin. Se aplica a Dios y a Jesús porque son "el primero y el último", el principio y fin de todas las cosas. Alianza: En el Antiguo Testamento indica la relación especial de Dios con Israel, materializada en un pacto entre Yahvé y el pueblo hebreo en el monte Sinaí, en virtud del cual Israel adora exclusivamente a Yahvé y Él le ama y protege como a su pueblo predilecto. No es un pacto entre iguales. Es Dios quien asume siempre la iniciativa. En el cristianismo, aquella relación especial de la alianza antigua es sustituida por una "alianza nueva y eterna" entre Dios y la humanidad, nacida en virtud de la sangre de Cristo. Anciano: El término no se refiere a la edad de las personas, sino a su posición social o su autoridad. Originariamente, los ancianos eran los jefes de familia o clan que, juntos, formaban una especie de consejo de una tribu o de una población. En las monarquías y en las culturas urbanas su función equivalía a la de consejeros o concejales. En el Nuevo Testamento figuran al lado de los apóstoles, deliberan y toman decisiones con ellos. Véase también Presbítero. Anticristo: Los orígenes de este concepto se remontan a las ideologías dualistas que admiten la existencia de un principio del bien y otro del mal, en constante pugna, que librarán, al final de los tiempos, una batalla decisiva. El Anticristo es el gran adversario de Cristo que, en la etapa última de la historia, desarrollará una actividad funesta contra los cristianos. Algunos comentaristas creen que se trata de un personaje concreto, dotado de poderes sobrehumanos, que actuará bajo inspiración diabólica. Otros lo interpretan como el conjunto de doctrinas y sistemas contrarios a las enseñanzas del cristianismo. Apóstol: Vocablo griego que significa "enviado". Es el nombre que, según Lucas, dio Jesús a los doce que eligió, de entre sus discípulos, para ser testigos y proclamadores de su vida, muerte y resurrección. Los Hechos de los Apóstoles aplican esta denominación exclusivamente a los doce. Más tarde, con este término se designaba un círculo más amplio de anunciadores del evangelio. Carisma: El carisma es un don gratuito, sobrenatural, que el Espíritu concede a unas determinadas personas para el bien de la comunidad. Los hay de varias clases: singular capacidad didáctica, fe destacada, don de curaciones, de milagros, de profecía, de discernimiento de espíritus, de lenguas. En las primeras comunidades cristianas fueron tan abundantes que se ha hablado de una Iglesia carismática contrapuesta a la ministerial. Sin embargo, el mismo Pablo advierte: "Hay diversidad de carismas, pero un mismo Espíritu, diversidad de ministerios, pero un mismo Señor" (1 Corintios 12,4-5). Conversión: La conversión es el tema central de la predicación de Juan Bautista y la primera exhortación que formula Jesús a sus oyentes según el Evangelio de Marcos. Implica dos ideas: la de cambio de conducta, invirtiendo la dirección errónea por la que se avanzaba para, dando media vuelta, caminar por el sendero recto; y la de cambio de mentalidad, abandono de las ideas equivocadas que se profesaban para abrir la mente al pensamiento correcto. Cordero: Juan Bautista llamó a Jesús "cordero de Dios". Según muchos exegetas, la expresión alude al cordero que era sacrificado y comido en familia por los judíos en la fiesta de Pascua. En apoyo a esta interpretación puede aducirse la sentencia de Pablo: "Ha sido inmolado Cristo, nuestro cordero pascual" (1 Corintios 5,7). Diácono: Término griego que significa servidor. La primera vez que aparece en el Nuevo Testamento se refiere a los siete "servidores de las mesas" elegidos por los apóstoles. La expresión debe entenderse en sentido amplio, es decir, como personas puestas al frente de las necesidades materiales y las obras de caridad prestadas por la comunidad. De hecho, sus funciones incluían también el servicio de la palabra (por ejemplo, el discurso apologético del diácono Esteban o la labor evangelizadora del diácono Felipe). Por tanto, en aquella decisión apostólica podría verse el origen de la institución del diaconado actual. Eucaristía: El significado literal de este término griego es "acción de gracias". Designa las comidas que celebraban los cristianos en memoria de la última cena de Jesús con sus discípulos. Los relatos y ritos que las acompañaban tendían a subrayar la idea de que Jesús sigue estando presente entre los suyos. Evangelio: En sus orígenes, este vocablo griego se refería a la recompensa (las albricias) que se daba a los mensajeros portadores de felices noticias. Más tarde pasó a designar la noticia misma, por ejemplo, la coronación de un soberano. En el primitivo cristianismo se refería a la noticia de la venida de Dios en la persona de Jesús y a los cuatro libros (de Mateo, Marcos, Lucas y Juan) que la consignan por escrito. Hoy se admite que ninguno de estos libros se debe a la pluma de un testigo ocular, sino que son el resultado de diversas tradiciones orales y escritas, de recorrido muy complejo, con diferencias de unas a otras según las diversas comunidades, recopiladas, en su estadio actual, desde distintas perspectivas, para varios auditorios y con diversas finalidades. Se explicarían así tanto las coincidencias entre ellos (en definitiva, se refieren a un mismo acontecimiento) como las diferencias. Iglesia: Voz procedente del latín ecclesia, que a su vez vierte el concepto griego de ekklesia y éste el hebreo de qahal. Su significado básico es convocatoria de una asamblea y, en sentido pasivo, la asamblea convocada. En el primitivo cristianismo designaba las comunidades locales y, en una segunda etapa, el conjunto de todas ellas, es decir, la Iglesia universal. Hijo de Dios: El concepto de "hijos de dioses" era frecuente en las antiguas religiones orientales. También en la mitología griega abundaban los héroes, semidioses y dioses nacidos de otros dioses o de la unión de dioses con seres humanos. Hubo soberanos, entre ellos los emperadores de Roma, que se hacían venerar como hijos de un dios. En los Evangelios sinópticos Jesús nunca se califica a sí mismo como "Hijo de Dios", pero sí en el Evangelio de Juan. Después de la resurrección, la primitiva comunidad cristiana asumió que Jesús era el Hijo de Dios en sentido propio, es decir, que es igual a Dios y actúa como tal. Hijo del hombre: En arameo, la expresión equivale a miembro de la raza humana, ser humano. Pablo aplica el concepto a Cristo como el hombre celestial, salvador, contrapuesto al hombre (Adán) terreno, pecador. "Por un hombre (Adán) entró el pecado en el mundo y por un hombre (Cristo) vino la salvación." En los Evangelios, la idea de que Jesús es hombre implica dos aspectos: es el hombre (Siervo) doliente de que habla Isaías y es también el Hijo del hombre glorioso que viene en las nubes. Justificación: Dios es justo y hace llegar su justicia hasta los hombres justificándolos, en el sentido de que, después de que éstos se habían hecho pecadores, injustos, les otorga una gracia justificante que, admitida por ellos, les hace justos, los libera del pecado. La justificación es el modo como el hombre admite, se apropia, hace suya esta gracia que le torna justo. Para el judaísmo, sobre todo en la vertiente legalista cultivada por los fariseos, el hombre la conseguía mediante las obras de la Ley. Para los cristianos, y en particular para Pablo, el hombre hace suya esta justicia y se justifica por medio de la fe en Jesucristo. De esta fe fluyen a continuación, como lógica consecuencia, obras justas. Logos: Término griego que encierra muchos significados: palabra, razón, discurso, tratado. En la filosofía helenística es el elemento racional y racionalizador del cosmos. Penetra todo el universo, le da vida, movimiento y orden. En el judaísmo helenístico es el vínculo universal, el primogénito de Dios, la más antigua de las criaturas, el demiurgo, el instrumento del que Dios se sirve para llevar a cabo la creación. En el neoplatonismo es la primera emanación de Dios. En el prólogo del Evangelio de Juan, el Logos es eterno, como Dios, es la Palabra de Dios. Para muchos autores, este Logos joánico no tiene origen helenístico, sino semita. Véase Palabra. Maran atha: Expresión aramea que significa "nuestro Señor ha venido". También puede leerse marana tha, "¡Señor nuestro, ven!". En la primera hipótesis, su contexto se sitúa en la liturgia eucarística ("nuestro Señor ha venido y está aquí con nosotros". En la segunda, se inscribe en la espera de la venida de Jesús. Mesías: Término arameo que significa "ungido". En la historia antigua, entre los ritos y solemnidades con que los grandes personajes (soberanos, vasallos de elevado rango, sacerdotes...) accedían a su cargo o dignidad figuraba la unción con aceite. En la literatura paleotestamentaria, la expresión Mesías de Dios se refiere siempre, a partir del s. I a.C., a un futuro salvador. El Nuevo Testamento utiliza casi siempre su equivalente griego, Cristo. Obispo: Del griego epískopos, "inspector", "vigilante". Un texto de los Hechos de los Apóstoles lo entiende en el sentido de personas que se mantienen "vigilantes" para pastorear a la Iglesia del Señor. En la literatura neotestamentaria no se definen con claridad ni su estado ni sus funciones. Puede admitirse que en los primeros momentos las comunidades cristianas estuvieran regidas por un consejo de ancianos (véase Presbítero) y que en una segunda etapa (hacia el 61-63, fecha probable de la redacción de la primera Carta a Timoteo y la Carta a Tito) hubiera ya uno solo como dirigente de cada comunidad. En los últimos años del siglo I o en los primeros años del siglo II estaba ya generalizado el establecimiento de un obispo al frente y como responsable de cada una de las iglesias locales. Palabra: Para la mentalidad semita, la palabra no es la simple expresión fonética de una cosa o de una idea, sino que se identifica con la realidad significada. Una vez pronunciada es irrevocable. Las bendiciones y maldiciones, tras ser formuladas, permanecen por siempre. Las palabras encierran un poder mágico. La Palabra de Dios tiene el mismo poder que Dios. Dios crea con una palabra. En el Nuevo Testamento, Cristo es la Palabra de Dios. Véase Logos. Paráclito: En el griego profano significa defensor de una causa y también intercesor. En el Nuevo Testamento, y en particular en los escritos joánicos, equivale a abogado o testigo de la defensa ante un tribunal. No es un término específico del Espíritu Santo, porque también Jesús es paráclito, pues actúa como abogado de sus discípulos ante el Padre. El Espíritu Santo es "otro paráclito". Parusía: Vocablo griego que significa "presencia" en el sentido de que alguien viene y está, por tanto, presente. En la literatura profana se aplica a la visita y presencia de príncipes, reyes o emperadores en una ciudad e implica, por ello, un evento festivo, solemnizado con un prolijo ritual. En el Nuevo Testamento alude a la venida de Jesús en gloria y majestad al final de los tiempos. Presbítero: Voz griega que significa "anciano". De los textos que incluyen este término en el Nuevo Testamento se desprende que los presbíteros desempeñaron una función especial en las primitivas comunidades cristianas. Según los Hechos, actúan al lado de los apóstoles. En la Carta de Santiago, son los encargados de la unción de los enfermos. No se sabe con certeza si estos presbíteros tenían el rango de obispos. Véase Anciano, Obispo. Sóter: Salvador. La figura de un salvador que acudirá en socorro de la humanidad o de una parte de ella (de los adeptos, los iniciados) estuvo muy difundida en el espacio religioso de la Edad Antigua. Del ámbito religioso pasó al político y en muchos países, entre ellos el Imperio Romano, los soberanos reclamaron este título. Para los cristianos hay un solo Salvador, un solo nombre en el que poder ser salvados, el de Jesús, que ha llevado a cabo la salvación de todo el género humano con el derramamiento de su sangre. Las Iglesias cristianas Las tres Iglesias cristianas (católica, ortodoxa y protestante) y sus ramas menores (copta de Egipto, nestoriana o caldea, siro-malabar o "cristianos de Santo Tomás", maronita, jacobita y armenia) constituyen el fenómeno religioso de mayor difusión geográfica y social de la Edad Contemporánea. Durante los primeros 1 500 años de su historia, y tras la desaparición, a consecuencia de las invasiones islámicas, de las florecientes comunidades cristianas de Oriente Medio y África Septentrional, estuvieron prácticamente reducidas al ámbito europeo. Pero a partir del siglo XVI, y al compás de los descubrimientos y la colonización, primero de España y Portugal y, más adelante, de Holanda, Gran Bretaña y Francia, católicos y protestantes iniciaron una vertiginosa expansión que ha desembocado en su sólido establecimiento en los cinco continentes. Las Iglesias cristianas están presentes y ejercen su influencia tanto en los países más ricos y avanzados del planeta como en los más pobres y atrasados, y cuentan entre sus filas con seguidores de todos los estratos económicos y de todos los niveles culturales. Cada una de las tres grandes confesiones ha tenido su particular trayecto y está marcada por unos rasgos peculiares que las distinguen entre sí. Los grandes cismas de Oriente Una antigua herida El cisma -o separación- de las Iglesias de Oriente y Occidente es una de las mayores catástrofes que se han abatido sobre la cristiandad. En su génesis y consumación intervinieron numerosos factores, no sólo de índole religiosa, sino también política. La unión de las Iglesias es la mayor causa pendiente del cristianismo actual. El proceso que culmina con la separación y la mutua excomunión de las Iglesias de Oriente y Occidente es la cristalización de una larga serie de controversias de índole doctrinal y litúrgica, en la que no faltaron las ambiciones personales y rivalidades políticas, alimentadas por el cesaropapismo de los emperadores de Oriente y por algunas decisiones tomadas por los obispos de Roma, no en su calidad de papas, sino como soberanos de los Estados Pontificios. A todo ello se ha de sumar la declarada animadversión entre los griegos y los latinos. En un intento de simplificar la sucesión de los acontecimientos, muchas veces confusos, podrían señalarse los siguientes factores: El primado del patriarcado de Constantinopla El canon 3 del concilio I de Constantinopla (381) reclamaba para la sede episcopal de esta ciudad el primado de honor, después del obispo de Roma, aduciendo que Constantinopla era la nueva Roma, pues a ella se había trasladado la capitalidad del Imperio Romano. Los papas no admitieron nunca esta pretensión, en la que se producía una desviación de gravísimas consecuencias desde la fundamentación dogmática a la argumentación política. Roma no ostentaba el primado en la Iglesia por ser la capital del Imperio, sino por haber sido la sede episcopal del apóstol Pedro. Constantinopla no había sido sede de ningún apóstol y, en este sentido, gozaban de mejor posición Jerusalén, Antioquía y Alejandría. La iconoclastia El primer enfrentamiento doctrinal, de matiz litúrgico, se produjo a propósito de la licitud del culto a las imágenes (iconos) de Cristo, María y los santos. En esta controversia se entremezclaban aspectos psicológicos, culturales y políticos. La sensibilidad y la mentalidad semita (judíos, sirios y musulmanes) no admiten representaciones sensibles de realidades trascendentes ni reproducciones muertas de seres vivos. El emperador León III (717-741), primer desencadenante de la iconoclastia, era de origen sirio. Por otra parte, el imperio bizantino sentía en sus fronteras la constante amenaza del poder emergente islámico. El culto a las imágenes, prohibido en el islam, podía constituir un motivo -o un pretexto- para enfrentamientos armados en los que Bizancio tenía muy poco que ganar. Por lo que respecta al aspecto estrictamente religioso, al decreto imperial (730) que obligaba a destruir las imágenes, respondió el sínodo de Roma (731), bajo Gregorio III, con la amenaza de excomunión contra quienes obedecieran aquella orden. La réplica oriental fue dura: el sínodo de Constantinopla (754) declaró que el culto a las imágenes es idolatría. En el concilio II de Nicea (758), los padres conciliares proclamaron la licitud de la veneración de las imágenes. Las aguas parecían calmarse, pero sólo en la superficie. La controversia del Filioque Mayor densidad dogmática entrañaba la controversia del Filioque. El credo niceno-constantinopolitano había declarado que el Espíritu Santo procede del Padre. El concilio III de Toledo (589) añadió la frase Filioque ("y del Hijo". El añadido, admitido sin dificultad por la mayoría de las Iglesias occidentales, fue incorporado al símbolo de la fe a lo largo de los siglos VII y VIII. Focio (867) lo rechazó como herético, afirmando que el Espíritu Santo procede únicamente del Padre. El cisma de Focio Focio, secretario de Estado y hombre de vastísima cultura, fue elegido patriarca de Constantinopla en controvertidas circunstancias. Fueron muchos los que rechazaron la legitimidad de su nombramiento y el papa Nicolás I le declaró privado de toda dignidad eclesiástica. Focio replicó de forma fulminante. Lanzó gravísimas acusaciones contra las costumbres y las doctrinas de los latinos (entre ellas la cuestión del Filioque) y en un sínodo (867) tomó la inaudita decisión de excomulgar al Papa como hereje. Jugaba a su favor el clima antilatino de la corte, avivado por la decisión del papa Nicolás I de mantener bajo la jurisdicción de Roma el territorio de Bulgaria, que había sido evangelizado por misioneros griegos de rito bizantino. De todas formas, aquel mismo año, coincidiendo con la entronización de un nuevo soberano, Focio fue depuesto y se restableció la comunión con Occidente. La escisión definitiva con Miguel Cerulario El patriarca Miguel Cerulario, hombre dotado de una férrea voluntad, se propuso hacer realidad la vieja aspiración de elevar la sede bizantina a patriarcado de Oriente, en pie de igualdad con el Papa, patriarca romano de Occidente. Para conseguir su propósito desencadenó una ofensiva en la que se acumulaban diversas acusaciones contra los latinos, como que comulgaban con pan ácimo, suprimían los aleluyas en Cuaresma o permitían que los sacerdotes se rasuraran la barba. La respuesta latina no fue menos virulenta. Tachaban, por ejemplo, de adulterio el matrimonio de los sacerdotes orientales. Los legados del Papa enviados a Constantinopla fueron vejados por Cerulario, que llegó a prohibirles celebrar la misa. En aquel ambiente de crispación, los legados depositaron en el altar de Santa Sofía, en presencia del clero y del pueblo, una bula de excomunión (16 de julio de 1054) contra el patriarca de Constantinopla. Pocos días más tarde, el 24 de julio, un edicto sinodal constantinopolitano excomulgaba a los latinos. Se había consumado la ruptura. El saqueo de Constantinopla por los cruzados francos (1202) ahondó aún más el foso entre Oriente y Occidente. Dada la tensa hostilidad mutua, fueron efímeros los resultados de los intentos de unión llevados a cabo en el concilio de Lyon (1274) y de Ferrara-Florencia (1439), más debidos a la angustiosa situación de Constantinopla frente al poder musulmán y a su desesperada necesidad de la ayuda militar del Occidente cristiano que a un verdadero deseo de comunión religiosa. SHALOM

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Historia de las Religiones 19: Norteamerica
Historia de las Religiones 19: Norteamerica
InfoporAnónimo10/20/2008

La religión en las tribus de Norteamérica El hilo de la vida Cuando el jefe Seattle escribía en su carta al presidente de los Estados Unidos de América "Hombre blanco: no tejemos la vida; somos tan sólo uno de sus hilos. Si deshaces el tejido te deshaces a ti mismo", estaba ofreciendo una aproximación muy lúcida al concepto principal de las religiones nativas de Norteamérica: la espiritualidad sencilla y en armonía con la naturaleza. Como otras culturas, los indios nortemericanos no entienden la religión como los occidentales. Para nosotros, este término está lleno de implicaciones abstractas, pues refiere un culto a algo que está fuera del plano material o terreno. En cambio ellos tienen una concepción mucho más tangible, ya que identifican el mundo que conocen (tierra, nubes, lagos, plantas, animales) con lo sagrado. Por ello, por ejemplo, el dios principal de los sioux-oglalas (Dakota del Sur) es descendiente de un búfalo, es decir, del animal que durante siglos les ha proporcionado sustento. Como ocurre con sus parientes lejanos de Latinoamérica, creen que el paso entre el mundo del más allá y el del más acá no es tan abrupto. De ahí la importancia de los chamanes, que son los principales intermediarios entre dos mundos que no están claramente separados como en otras religiones, sino unidos por vínculos materiales. De norte a sur encontramos indios yuma, navajos, cherokees, apaches, shoshoni, winnebago, arapahoes, cheyennes, dakotas, pies negros, aleutianos y esquimales, entre muchos otros grupos étnico-culturales. Sabemos que todos estos grupos fueron masacrados por el hombre blanco y confinados en pequeñas reservas. Aun así, el ingente número de pueblos dispersos que forman la población indígena hace que no podamos centrarnos en ninguna tribu concreta. Haremos un repaso general de los rasgos comunes que presentan sus cultos, poniendo, eso sí, ejemplos concretos de cada cultura. Los hombres sagrados y sus visiones Uno de los rasgos comunes es la necesidad de un proceso de iniciación para lo místico. Determinados conceptos sagrados otorgan mucho poder y sería peligroso que cualquiera accediera a ellos, por lo que sólo unos pocos elegidos (los hechiceros) pueden iniciarse en el uso de la magia y el contacto con los espíritus. Por ejemplo, los wicasa-wakan ("hombres sagrados", es decir, chamanes sioux) acceden al conocimento del mundo de los espíritus a través de una visión. A partir de ella, adquieren poder sobre la realidad y pueden interceder ante los dioses para ganar batallas, curar enfermedades o hacer que llueva, entre muchas otras cosas. Otro detalle común a muchas de estas culturas es la concepción de la muerte como una transición. Los ritos que la envuelven provienen de la creencia de que la condición humana tiene diversas implicaciones espirituales más allá de la vida que conocemos. Es decir, que la muerte no es más que el tránsito hacia un nuevo tipo de vida, diferente según las personas. Esto emparienta esta religión con las más antiguas creencias de Egipto o con el budismo. La religión de estos pueblos se transmite de forma oral y se suele dar gran importancia a los lugares: muchos enclaves son sagrados, por lo que las ceremonias deben celebrarse siempre en ellos, ya que así lo designaron los dioses. Esto da la medida de lo trágico que debió de ser para muchas de estas tribus verse desplazadas por la civilización estadounidense y canadiense a lugares que no eran aquellos en los que siempre habían vivido. Especialmente conflictivas fueron pérdidas como la Torre del Diablo, en Wyoming, o el Monte Graham, en Arizona. Ética y religión Un gran número de los mandamientos de estas religiones tienen algo de simple ética comunal: la generosidad y la solidaridad son valoradas por encima de muchas otras cosas. Los indígenas de la Costa del Noroeste (nutkas, yakimas) tienen la obligación religioso-política de compartir riquezas. Esta especie de comunismo primitivo los emparienta curiosamente con los indígenas del sur de Chile (justo en el otro extremo del larguísimo continente). La participación en las ceremonias y en la comunidad suele ser más importante que la creencia en sí. La doctrina es menos importante que el comportamiento de los fieles. Ejemplo de ello es el caso de los indios pueblo (Nuevo México), cuyo calendario ritual rige el trabajo comunal, y los beneficios se reparten a partes iguales entre todos los miembros de la tribu. La importancia de la entrada en la edad adulta es otro rasgo común a estas culturas, como ocurre también en muchos pueblos africanos. Los niños son informados muy pronto de sus obligaciones familiares y con la comunidad, y en el paso al estado adulto deben superar una serie de pruebas, a veces crueles. Se ha producido un cierto sincretismo debido al afán cristianizador de los misioneros que han convivido con los nativos durante los últimos doscientos años. Pero por tratarse de una conversión forzada, el sincretismo suele ser un disfraz que los nativos dan al hecho de seguir con sus antiguas creencias. Cuando se prohibió la danza del Sol, muchos nativos dijeron creer en un Dios único, en principio el de los cristianos, pero lo que estaban haciendo era mantener el culto al Sol bajo la apariencia del nuevo dios impuesto. No obstante, no todos lo pueblos nativos son politeístas; hay culturas, como la iroquesa, que antes de la llegada de los misioneros ya tenían la concepción de un dios principal, omnipotente, creador y perfecto. Dos ejemplos de cómo se ha combinado la tradición con la renovación religiosa en Norteamérica son la Iglesia Nativa Americana y el Movimiento de la Danza de los Espíritus. Ambas han conseguido unificar tribus distintas en un mismo culto. La primera surgió en Nuevo México y, combinando ritos de los pueblos mesoamericanos con conceptos del cristianismo, se ha extendido de costa a costa de Estados Unidos. La Danza de los Espíritus fue prohibida por el gobierno en 1890, pero ha resurgido recientemente y es una reacción que podríamos llamar "indiocentrista" a las religiones oficiales impuestas de Norteamérica. En la actualidad, por tanto, la recuperación del orgullo indio en Norteamérica, y la exigencia de respeto hacia las antiguas tradiciones significan un reequilibrio entre la tradición y la modernidad. Fauna sagrada entre los indios norteamericanos Los indios norteamericanos, desde Alaska hasta la frontera con México, identifican lo religioso con la naturaleza. La armonía con parajes, plantas y animales fue la clave del sentimiento trascendente del indígena de esta vasta zona del Nuevo Continente. Según la mitología de los indios nez percé, por ejemplo, antes de la llegada del hombre había existido un pueblo animal. Como ejemplo muy conocido, el búfalo ha pasado a la mitología popular entre los indios como el animal sagrado por excelencia. Pero son muchos más los que se incluyen en las diversas leyendas de creación y mitos de las tribus norteamericanas. Águila: Según los nez percé, primer animal alado que compareció en el escrutinio del pueblo animal. Es la reina de las aves y su vuelo majestuoso no puede ser igualado. Alce: Animal sagrado para los sioux, que valoraban especialmente su carne. Según los nez percé, el alce fue el pimer animal que se sometió a la prueba para determinar qué criaturas volarían, cuáles se arrastrarían, cuáles andarían y cuáles nadarían. Antílope: Según los gros ventres, el antílope forma una tríada de animales sagrados, junto con el bisonte y el alce: los tres eran las presas favoritas de la deidad cazadora Cuerpo Chamuscado. Arrendajo: Animal que suele estar presente en las diversas mitologías indias. Desempeña un papel divertido: viene a ser el bufón, como a veces lo es también el coyote, eterno cazador cazado. Búfalo (o Bisonte): Animal sagrado y centro del culto ceremonial de los sioux, kiowas y assininboin, pueblos que dependían de su carne para el sustento y de su gruesa piel para soportar los duros inviernos. La danza del sol está muy relacionada con su culto. Búho: Según las leyendas hidatsa, pueblo del Missouri, el búho es un aliado del mítico guerrero Collar de Cuervo, a quien asesoraba con su clarividencia sobre el pasado, el presente y el futuro. En la mitología assininboin existe también un hombre-búho. Según los esquimales, fue el búho quien tiñó de un negro intenso, con grasa de ballena, las plumas de su amigo el cuervo. Carnero: Animal de las Montañas Rocosas, cuya piel era muy apreciada por los indios pueblo y assininboin. Ciervo: Animal sagrado para los sioux. Su piel se utilizaba para vestir a las mujeres y en las celebraciones. El gamo cumplía una función similar. Coyote: Según los sioux, uno de los hijos de Iya y, por tanto, enemigo del género humano. Según los mandan de Missouri, animal sagrado en que se convirtió el Hombre Único cuando su misión creadora estuvo cumplida. Según los nez percé, animal que suplió su carencia de cualidades físicas con la astucia, y por ello es muy admirado. Cuervo: En la mitología de los esquimales, único animal que puede acompañar a los muertos hasta la Aurora Boreal. Según los mandan, será un cuervo blanco quien anuncie el fin del mundo a los hombres. Grulla: Según los indígenas del área de Vancouver, se trata de doncellas que se convirtieron en pájaro y, llévandose los moluscos que formaban parte de su dieta, huyeron de la zona donde habían vivido, pero regresan todos los años. Iya: Según las leyendas sioux, espíritu maléfico que adoptaba la forma de un gigante y luchaba contra los héroes sioux enviándoles a sus dos hijos: el coyote y el árbol de las serpientes. Fue vencido por el Chico de Piedra. Lobo: Según los assininboin, animal sagrado, símbolo del ardor guerrero. El héroe de este pueblo se llamaba Lobo Hambriento. Entre los kiowas es conocida la historia del Muchacho Lobo, un personaje que fue recogido por una manada de lobos, que le ayudaron a vengarse de quien lo había abandonado. Oso: Entre los sioux, el Gran Oso era un maléfico aliado de Iya en su lucha contra los seres humanos. Para los nez percé, rey de los animales que andan y muy temido por el hombre. Entre los shasta es también el señor de los animales. Perro: Como en el mundo ocidental, fiel compañero del hombre. Según los couer d'alene, Perro era amigo de Lobo, hasta que fue a robar a los humanos la chispa del fuego y nunca volvió con Lobo: prefirió las comodidades humanas y se olvidó de su misión. Polla de agua: Según las leyendas de los mandan, animal primigenio que poblaba los lagos en los que el Hombre Único fabricó el barro del que saldrían el resto de animales. Rana: Según la mitología mandan, la Abuela Rana fue el primer animal que se dio cuenta de que el Hombre Único estaba superpoblando la Tierra de animales. Para compensarlo, propuso el crear el concepto de muerte. El resto de animales aceptaron, pero ella fue la primera en morir. Salmón: Es un animal muy importante para las tribus del área de Vancouver, ya que era la base de su sustento y el rey de los animales acuáticos. Serpiente: Según casi todas las mitologías indígenas, animal perverso. En una leyenda de los cowlitz, el Hombre de Misterio las ahogó, erradicándolas de los lugares sagrados. Según los sia, de Nuevo México, la serpiente es paradigma de astucia, pues consigue engañar incluso al coyote. Wayinkan: En la mitología sioux, animal mitológico cuyo nombre significa "pájaro del trueno". Era considerado una divinidad que al pasar por el cielo ensordecía a los demás animales. Zorro: Por su inteligencia, desempeña un papel similar al del coyote. Para los pit river, el zorro y su ayudante el coyote fueron los creadores del mundo. El mito de la creación para los comanches de Texas La leyenda de La-Que-Ama-Mucho-A-Su-Pueblo La aportación personal a la acción creadora de la Divinidad es una pauta común en las más diversas religiones a lo largo de la historia. El faraón egipcio ejercía los rituales matutinos para restablecer el orden creador; Adán y Eva tenían que abstenerse de comer del árbol de la ciencia como aportación ecológica al equilibrio de la creación; Jesucristo, con su muerte y resurrección, restableció este orden; a través de sucesivas purificaciones y reencarnaciones, la ascesis budista permite que la persona se integre en el universo. Son ejemplos de cómo la humanidad ha entendido que cada uno debe realizar su aportación personal, su sacrificio, al acto creador iniciado por la Divinidad. Entre los indios comanches de Texas, esta aportación personal se reflejaba en la leyenda de una flor llamada, entre otros nombres, Wolf Flower, y también Conejo. La leyenda permanece viva en la actualidad, conservada en forma de cuento para niños, como tantas otras leyendas antiquísimas. El pueblo comanche no conocía la idea de un solo Dios o un solo Gran Espíritu. Ellos adoraban a muchos espíritus, cada uno de los cuales representaba una acción. Por ejemplo, invocaban al espíritu del ciervo para obtener la agilidad, al espíritu del águila para conseguir fuerza, al importante espíritu del búfalo para obtener buena caza. Según la leyenda, en un invierno de los tiempos pretéritos, la lluvia no cayó en las praderas de Texas. La sequía fue tan grande que ahuyentó la caza y sembró el hambre. La muerte abatió a los hombres y diezmó las tribus del pueblo comanche. Entre los pocos hambrientos que quedaron vivos se encontraba la huérfana Muy-Sola, a quien en tiempo de prosperidad sus padres habían confeccionado un muñeco de piel de ante, con los rasgos del rostro pintados con jugo de bayas y plumas azules de guerrero coronando su cabeza. La niña quería mucho a su muñeco. Un día, a la hora de la puesta del sol, el sacerdote de la tribu, que había subido al monte para consultar a los espíritus, regresó y dijo: "El pueblo se ha vuelto egoísta; durante años lo ha obtenido todo de la tierra sin devolver nada. Los grandes espíritus dicen que el pueblo ha de ofrecer un sacrificio. Cada uno de nosotros ha de quemar lo más valioso que podamos ofrecer. Las cenizas de la ofrenda serán desparramadas en el Hogar de los Vientos. Cuando el sacrificio se haya consumado, se acabarán la sequía y el hambre, y la muerte ya no os amenazará". Los hombres pensaron que sus más apreciados arcos con sus correspondientes flechas no agradarían a los espíritus; lo mismo pensaron las mujeres acerca de sus hermosas mantas teñidas a mano. Sólo Muy-Sola comprendió que debía quemar su muñeco: "Tú eres lo más valioso que tengo. Es a ti a quien quieren los grandes espíritus". Y así, cuando la hoguera del consejo se extinguía y la gente se había recogido en sus tipis para dormir, la pequeña Muy-Sola tomó su muñeco y una tea de la hoguera y subió al monte para ofrecer su sacrificio. Pensó en su abuela y su abuelo, en su mamá y su papá, a quienes el hambre había devorado; pensó en lo que quedaba de su gente y, antes de que pudiera arrepentirse, prendió fuego al muñeco. Se quedó mirando la pequeña hoguera hasta que las llamas se apagaron y las cenizas se enfriaron; entonces las tomó en sus manos y las esparció por el Hogar de los Vientos, por el norte y el este, el sur y el oeste. Y se durmió hasta el amanecer. Cuando despertó, el suelo se hallaba cubierto de flores azules como las plumas prendidas del cabello de su muñeco allí donde habían caído las cenizas. Y cuando el pueblo salió de sus tiendas, entendió el fenómeno como un milagro que simbolizaba el perdón de los grandes espíritus. Entonces empezó a caer una lluvia tibia y el suelo reseco volvió a cobrar vida. La gente comprendió que por encima del egoísmo reinante entre las tribus, el sacrificio de la pequeña les había salvado de la extinción. A partir de entonces, Muy-Sola recibió el nombre de La-Que-Ama-Mucho-A-Su-Pueblo. Otras leyendas de creación entre los indios de Norteamérica La identificación con la naturaleza por parte de los indios norteamericanos, como en todas las civilizaciones antiguas, influye en sus leyendas de creación. En ellas se advierte hasta qué punto fueron sensibles al entorno natural en el que vivieron. Según los indios mandan, el mundo era sólo plantas, agua y arena hasta que el Hombre Único mezcló arena con agua y del barro fue dando forma a los diversos animales que hoy la pueblan. Para los esquimales, el cielo proviene de las disputas de una familia celestial: ante la mirada de sus padres, el hermano hizo enfadar a la hermana, que le persiguió con un tizón encendido: él se convirtió en la luna y ella en el sol. Los indios pit river tienen un leyenda según la cual hombres y mujeres fueron creados por Coyote y Lobo a partir de las virutas que salieron raspando con un cuchillo unos palos de madera. Por último, para los shasta, existe un creador llamado Chareya o el Anciano de lo Alto, que descendió sobre la tierra desierta y plantó los primeros árboles. Luego sopló sobre las hojas caídas y se convirtieron en pájaros. Rompiendo ramas, hizo al resto de animales. La religión en el México antiguo Los antecesores de los mayas y los aztecas Las culturas olmeca, teotihuacana y tolteca poseyeron una religiosidad cuyos elementos rituales y artísticos impusieron una visión del mundo común a casi toda la Mesoamérica precolombina. En lengua náhuatl, olmeca significa "habitante del país del caucho", porque su origen se encuentra en las regiones mexicanas de Tabasco y Veracruz, en una gran llanura que cruzan caudalosos ríos. La cultura olmeca se desarrolló entre 1200 a.C. y 400 d.C., y resulta difícil obtener muchos datos sobre ella. Muchos detalles nos han llegado a través de los mayas, sobre los que ejercieron una gran influencia. Uno de los pocos complejos arqueológicos que nos dan bastante información sobre los olmecas es el enclave de La Venta, al sur de Veracruz, que incluye la más importante pirámide de esta cultura que se conserva, además de los mosaicos con cabezas de jaguar y las enigmáticas esculturas. Además de las de La Venta, en otros enclaves se han encontrado cabezas gigantes coronadas con extraños cascos, que probablemente representaban a dioses, aunque es difícil decirlo con seguridad. Las estelas halladas en Tres Zapotes entroncan el rito calendárico olmeca con el maya, ya que sus jeroglíficos incluyen la fecha más antigua que existe en los calendarios mesoamericanos. También son destacables los altares en forma de boca de jaguar y los sostenidos por atlantes, detalle mitológico que la cultura teotihuacana reprodujo algún tiempo después. Se antoja evidente que la divinidad principal de los olmecas debía ser representada por un jaguar, animal muy común en casi todos los panteones precolombinos. Aparte de los altares, la figura de este felino aparece en los sarcófagos, las máscaras y las esculturas gigantes. Una de las piezas conservadas parece representar a un jaguar copulando con una mujer, lo que tal vez sea un mito explicativo de la naturaleza antropomorfa del dios jaguar. Otros animales (serpientes, águilas) también están presentes en el arte olmeca, lo cual sugiere que el elemento antropomorfo de sus dioses fue un precedente adaptado posteriormente por teotihuacanos, mayas y aztecas. No en vano, varios estudiosos han denominado a la olmeca la cultura madre de Mesoamérica. Teotihuacán: la morada de los dioses No debe extrañar el título de este apartado: en náhuatl la palabra Teotihuacán significa literalmente "Casa de los dioses", aunque en la actualidad se la conoce como la ciudad de las pirámides y es uno de los enclaves arqueológicos más visitados de Centroamérica. Era una ciudad-estado de gran posperidad y cargada de elementos míticos: como muchos rincones de la ciudad, la pirámide del Sol está construida teniendo en cuenta detalles astronómicos y mágicos. Recientemente se ha desbubierto debajo de su base una cueva antiquísima que era lugar de peregrinación y contiene varias tumbas. No por casualidad se construyó la ciudad posterior sobre este santuario. En México siempre se han venerado las cuevas como lugares sagrados: en ellos se establecía un punto de encuentro entre lo terreno y lo sobrenatural. Algunos antropólogos relacionan estos lugares con la figura materna: según un texto contenido en códices náhuatl, la Luna nació en la cueva de Teotihuacán. Los constructores de Teotihuacán se plantearon su diseño como una imagen del cosmos, de igual modo que los aztecas consideraban Tenochtitlán el centro del universo. Las pirámides estaban comunicadas por una avenida principal, llamada la calle de los Muertos. La disposición de la pirámide del Sol es cuando menos curiosa: está erigida en un punto que guarda una perfecta armonía con los movimientos celestes, y en algunos de sus rincones sagrados se podía observar con exactitud la puesta de sol o los movimientos de las Pléyades. El carácter de eje del mundo no es la única aportación teotihuacana a las culturas posteriores: también lo es su reorganización del panteón mesoamericano y la importancia del juego de pelota, así como las estatuas de Quetzalcóatl, divinidad estrella de los mayas y aztecas y que, como veremos enseguida, era el centro de la leyenda tolteca. Los toltecas: la leyenda del hombre-dios Tras la decadencia de Teotihuacán, varias poblaciones se unieron para crear la gran Tula o Tollán, otra ciudad-estado de los refinados toltecas: un pueblo que, según la leyenda, vivió feliz durante un tiempo en Tollán, gobernado por Quetzalcóatl. Este personaje era el héroe y no debe confundirse con el dios: más bien era su representante o personificación. Quetzalcóatl -la serpiente emplumada- dictaba las leyes y edificó una pirámide y cuatro templos que señalaban a los cuatro puntos cardinales. También instauró las autoinmolaciones, aunque no permitía los sacrificios humanos. El equilibrio tolteca fue roto, siempre según las leyendas conservadas en varios códices, por la aparición del malvado Tezcatlipoca, que pretendía introducir en el reino tolteca los sacrificios humanos que la serpiente emplumada no permitía. Tezcatlipoca causó con sus malas artes la ruina del soberano, que tuvo que huir de Tollán, aunque otras versiones dicen que se autoinmoló quemándose. La leyenda también afirma que tal vez un día la serpiente emplumada vuelva y restaure su reino. La identificación hombre-dios de Quetzalcóatl es una característica básica de la cultura tolteca, pero ejerció gran influencia en la civilización azteca. En esta figura se aúnan el poder cosmogónico y creador del dios con el poder político y de liderazgo del soberano. El arquetipo de la serpiente emplumada ha llegado hasta nosotros como algo inmutable dentro del cambiante mundo de las religiones mesoamericanas. La religión de los pueblos aztecas Un culto apasionado y dual La civilización que floreció durante más de dos siglos alrededor de la fastuosa ciudad de Tenochtitlán, considerada el centro del mundo por sus habitantes, se caracterizó por un culto que exaltaba por igual la crueldad y la belleza. El conocimiento que tenemos de la religión azteca es un complejo mosaico formado por las piezas que sobrevivieron al violento giro histórico que supuso la conquista española (1521) del imperio cuya rutilante capital era Tenochtitlán, que en aquella época tenía más de 300 000 habitantes. El término azteca fue popularizado por los investigadores del siglo XIX, especialmente Humboldt y Prescott, pero es históricamente incorrecto, ya que hace referencia a los ancestros de los moradores de Tenochtitlán. Para hablar de la civilización que floreció alrededor de esta ciudad-estado desde 1300 hasta la llegada de Hernán Cortés, sería más adecuado hablar de civilización mexica o incluso de cultura tenochta (por su localización geográfica), o bien, siguiendo patrones lingüísticos, náhuatl. Sin embargo, para entendernos mejor, utilizaremos el término azteca que, aun siendo inexacto, es el más universal. En cualquier caso, tengamos en cuenta que la cultura llamada azteca es una mezcla de elementos de los pueblos que confluyeron en Tenochtitlán durante ese período, especialmente los procedentes de los chichimecas (en concreto, el grupo llamado mexica) y, en menor medida, los de pueblos como los acolhuas, chalcas o tepanecas. Además, incorpora la herencia religiosa y ritual de civilizaciones anteriores. No olvidemos que Tenochtitlán estaba a menos de cincuenta kilómetros de la otra gran tlatocayotl ("ciudad-estado" en náhuatl) de la zona, Teotihuacán. De esta cultura anterior parecen provenir detalles importantes de la religiosidad azteca, por ejemplo, la concepción astrológica y los calendarios. O la distribución (en cuatro elementos siempre organizados en torno a un quinto) de épocas, estructuras sagradas y representaciones de dioses. Los aztecas consideraban que había habido cuatro épocas anteriores, y las llamaban "soles". La quinta -en la que ellos vivían- era la última y debía acabar con un terrible terremoto, del mismo modo que las otras habían finalizado con grandes catástrofes (lluvias de fuego, huracanes...). Cada vez que acababa una era, quedaba una sola pareja mixta que daba inicio a una nueva progenie. Los dioses, evidentemente, también intervenían en el principio y final de cada etapa, por lo cual era muy importante rendirles el culto adecuado. Los sacrificios humanos que se ofrecían en los ritos aztecas no eran más que una versión humana de los que hacían entre sí los dioses para dar nueva vida al universo. Cosmología, cosmogonía y divinidades aztecas La concepción del cosmos en esta cultura es egocéntrica. Todo gira en torno al imperio azteca. Tenochtitlán es el centro del mundo y también del cielo. El mundo es una masa cuadrada de tierra rodeada de agua y los cielos están divididos en trece niveles, en los que moran los diversos dioses. Del mismo modo, bajo tierra existen nueve niveles, el más profundo de los cuales es el que alberga a los muertos. En cualquier caso, este cosmos tan ordenado no contradice la creencia muy arraigada entre los aztecas de que el universo es dinámico. La inestabilidad es una constante en la visión mítica de los mexica. Los dioses se aman, se reproducen y se matan entre sí, provocando con ello enormes cambios en la realidad. Por ello, para poder controlar o provocar esos cambios, los aztecas creían firmemente en la guerra y los sacrificios rituales, que posibilitaban vida nueva, cosechas provechosas y progreso. La crueldad del rito azteca no es más que una lógica natural que se impone: la vida nace de la muerte. Las diversas deidades del panteón tenochta eran representadas de modo antropomórfico. Incluso las que son un animal o un objeto inanimado (por ejemplo, Xtol era un perro e Itzli, un cuchillo ceremonial) tienen brazos, piernas, torso y cabeza que humanizan su aspecto. Los dioses eran invisibles, pero los aztecas podían verlos en sueños y visiones. La lista de deidades del legado azteca sobrepasa las seis decenas, aunque con dioses preponderantes: en el ámbito de la creación cósmica, la deidad determinante era el andrógino Ometeotl, creador del universo. Por debajo de él son importantes sus hijos Tezcatlipoca, muy invocado por los chamanes, y Xiuhtecuhtli (dios del fuego). Por lo que respecta a la guerra, destacan Tomatiuh (divinidad solar) y Mictlantecuhtli, el dios de la muerte, pero sobre todo Huitzilopochtli. Este protector de los aztecas era el que recibía mayor número de sacrificios humanos. Las víctimas solían ser esclavos o guerreros enemigos capturados (en los últimos tiempos, soldados españoles). Después de varios días de preparación ritual y tras un largo suplicio entre el frenesí de diversos instrumentos de percusión, se sacrificaba al prisionero y su corazón era ofrendado al terrible dios, que lo exigía para que su ira fuera aplacada. También había deidades relacionadas con la fertilidad. La más destacable era Tlaloc, diosa de la lluvia, que ocupaba un lugar tan prominente en el panteón como Huitzilopochtli. Templos y chamanes La importancia de lo religioso en el mundo azteca era tal que, desde que nacía hasta que moría, el individuo cumplimentaba estrictamente todas sus actividades relacionadas con el culto. Pero, además, cualquiera de sus otras labores cotidianas estaba bajo la influencia de las prácticas rituales. En el ámbito sociopolítico, el culto contribuía a mantener la estructura jerárquica que regía la sociedad tenochta: los nobles disfrutaban de sus privilegios por voluntad divina. El templo azteca, llamado teocalli, poseía espacios no sólo para las ceremonias, sino también para dormitorios, escuelas sacerdotales, piscinas sagradas, jardines e instalaciones para el juego de pelota. Cada dios ejercía una relación tutelar con determinados grupos sociales. Pero el vínculo entre deidad y pueblo estaba muy reforzado por la función de un intermediario: el chamán, llamado en náhuatl teomama. No hay que confundirlo con el sacerdote (teopixqui). Sus funciones y características eran distintas. Los sacerdotes, poseedores de gran poder político, se recluían en una especie de monasterios, practicando la abstinencia sexual, y sólo se socializaban durante las ofrendas y sacrificios. Los chamanes tenían un contacto más directo con la población. Eran considerados hombres-dioses y su poder mágico era ilimitado: accedían a los dioses en visiones y comunicaban sus mandamientos al pueblo, por lo cual eran los encargados de guiar a los aztecas en las diversas migraciones que llevaban a cabo. Además de sacerdotes y chamanes, existían adivinos, llamados tonalpohualli, que aplicaban el complicado ritualismo del calendario. Las ceremonias podían ser fijas (según el calendario normal de 365 días) o bien movibles: éstas dependían de un ciclo adivinatorio de 260 días y otros ciclos que determinaban la existencia de la buena o la mala suerte para el individuo y la comunidad. Los sacrificios humanos y las ofrendas a las diosas de la fertilidad se regían estrictamente por los diversos ciclos. El mundo religioso azteca Amamaxtli: Indumentaria de los sacerdotes para las grandes celebraciones. Amoxcalli: Literalmente, "Casa de libros", lugar donde se cuidaban los libros nahuas. Calpulco: Residencia particular de los dioses comunales, o del calpulli. Calpulli: Núcleo social unido por parentesco, profesión, religiosidad o vivienda. Cihuacóatl: Deidad serpentiforme que representaba a la Madre Tierra. Copal: Árbol resinoso del que se extraía el copalli o incienso para las festividades religiosas. Cuauhnochtli.: Nombre dado a los corazones todavía palpitantes que eran arrancados en los sacrificios humanos a Huitzilopochtli. Cuauhtli: Águila. Representa al Sol y a la guerra. Huehuetlatolli: Literalmente, "Palabras de los ancianos", era un código de conducta que los ancianos recitaban a los jóvenes. Huey miccailhuitl: Gran fiesta de los muertos en la que se sacrificaban en la hoguera prisioneros de guerra y se colocaba la imagen del dios Xocotl en lo alto de un palo engrasado al que debían ascender lo guerreros. Huitzilopochtli: Dios de la guerra que exigía sacrificios cruentos para sobrevivir y que era la más importante deidad azteca. Itzli: Cuchillo ceremonial de obsidiana. Izcalli: Literalmente, "Crecimiento", último mes del calendario azteca; en él se ofrecían sacrificios de niños al dios Tlaloc. Malinalco: Gran santuario de las órdenes guerreras aztecas, construido en el Cerro de los Ãdolos, a 110 km de Ciudad de México. Mictlan: Espacio del mundo interior al que estaban destinados quienes tenían una muerte normal. Motzontecomaitotia: Danza ritual y bélica de los guerreros aztecas con las cabezas de sus enemigos. Náhuatl: Lengua hablada por los toltecas y los aztecas. Nemotemi: Nombre de los cinco días inútiles con que se completaba el calendario. Los niños que nacían en estos días solían ser sacrificados. Panquetzalitzli: Mes del calendario en que se celebraba el nacimiento de Huitzilopochtli, cuya imagen amasada en maíz era comida por todos los asistentes al rito. Peyotl: Cactus de propiedades alucinógenas usado en ceremonias rituales, magia y curanderismo. Quecholli: Mes dedicado a honrar a los dioses del infierno, especialmente a Mixcóatl, en cuyo honor se celebraban cacerías y se forjaban armas en los templos. Quetzal: Pájaro bellísimo, hierofánico y mágico de los aztecas y de los mayas (los mayas lo llamaban Kuk). Quetzalcóatl: Serpiente emplumada que era a la vez un personaje histórico y dios del viento, de la vida y del amanecer. Tamoanchan: Región mítica donde viven los muertos, en concreto los que, por su categoría, pueden volver algún día a la Tierra. Temicamatl: Libro que contenía los códigos de interpretación de los sueños. Teoatl: Agua divina con la que se nutrían el Sol y la Tierra. No era otra cosa que la sangre derramada por los guerreos y los sacrificados. Tlacatlaolli: Comida ceremonial hecha de maíz y carne humana ofrendada en sacrificio. Tonalamatl: Códice sagrado donde estaba escrito el destino. Xochiquetzal: Diosa del amor, las flores y el acto sexual. La religión en los pueblos mayas Las pirámides de América Diversas culturas precolombinas cuentan con pirámides escalonadas, pero tal vez las más famosas son las construidas por los mayas. Antiguas maravillas arquitectónicas pobladas por el recuerdo de un culto religioso singular y una precisión astronómica no igualada en su época. Vestigios de un pueblo cuyos signos de identidad están muy presentes en parte de la población mexicana y guatemalteca. Se acostumbra dividir la historia de la civilización maya (que no la de su cultura, ya que ésta pervive aún en los estados mexicanos de Chiapas y Tabasco, Yucatán, toda Guatemala, Belice y parte de Honduras y El Salvador) en varios períodos, que trataremos brevemente en función de sus particularidades religiosas. Poco sabemos del período preclásico (2000 a.C.-1 d.C.), aparte de la influencia político-social y, por tanto, religiosa de los olmecas. El período protoclásico (1 d.C.-250 d.C.) ofrece ya rasgos significativos de la civilización maya: su iconografía religiosa (la luna, el día, felinos, serpientes y saurios) todavía está basada en la cultura olmeca, pero presenta elementos de transición hacia la cultura de las estelas, que predomina en el siguiente período. Las estelas mayas Típicas del período clásico (250 d.C.-1000 d.C.), se trata de columnas de piedra en que diversas figuras hábilmente talladas representan a los gobernantes, los dioses, las genealogías y los acontecimientos. Profecías y ritos se expresaban en complejos jeroglíficos contenidos en estas estelas, y muchos aún no han sido descifrados. En ellas, los gobernantes se presentaban divinizados y rodeados de símbolos míticos. Estas esculturas se encontraban en complejos arquitectónicos que incluían las famosas pirámides en torno a las cuales se construían plazas. Algunos de estos núcleos centrales donde habitaban los jerarcas políticos y religiosos eran enormes, como el de Tikal, que abarcaba más de cuatro kilómetros cuadrados. Estos centros podían ser mayores o menores y se situaban a una distancia siempre igual (29 km), lo cual da una idea del valor ritual de ciertos elementos geográficos. La presencia de obsidiana verde en algunas de las estelas demuestra la posterior influencia teotihuacana (esa piedra no se encontraba en la zona maya) en el período clásico de la cultura maya, especialmente en la iconografía. De hecho, el famoso dios maya Kukulkán (la serpiente emplumada) no era más que un trasunto del teotihuacano Quetzalcóatl. La importancia de la astronomía en la cultura y la religión mayas es un dato importante; se sabe que tenían dos calendarios: uno solar de 360 días y otro ritual de 260. El cómputo de los días empezaba en un momento mítico, en el 8238 a.C. La historia del universo empieza cuando Itzam Na, dios de la creación, crea a los dioses de la Luna, la Tierra, los sacrificios, la lluvia, el Sol, el cocodrilo de tierra, el viento, el jaguar, el maíz, la muerte, la serpiente, el joven y el amor. Itzam Na procede entonces a la creación de los mundos terrenales, que concluye en el 353 a.C. para dar inicio a la civilización maya. El mundo terrestre acabará, según profetizan estas estelas, en el año 2012. La sociedad maya, como la azteca y la inca, estaba fuertemente jerarquizada. El jefe supremo tenía poderes de gobernante, sumo sacerdote y caudillo militar. Por debajo de su autoridad y hasta llegar a los esclavos, había hasta cinco castas más: en las dos de mayor poder se repartían los sacerdotes, que se ocupaban de los ritos cotidianos y de las ceremonias más extraordinarias, como los sacrificios y las autoinmolaciones. El hallazgo de la tumba del rey Pacal en Palenque da algunas pistas sobre la ritualidad de los mayas, especialmente en el tránsito después de la muerte: su esqueleto se hallaba en un ataúd, en cuya tapa estaba el árbol cósmico, que debía mostrarle el camino hacia el mundo de los muertos. El árbol simboliza también los tres niveles del cosmos vertical de los mayas, cielo-tierra-infierno. La religiosidad maya pasó por una serie de crisis, cuyos motivos desconocemos. La actividad ritual disminuyó en varias ocasiones, lo cual se traducía en un descenso en la construcción de templos o la dedicación de estelas. No obstante, a cada crisis solía seguirle una época de esplendor, lo cual sugiere una relación inestable y compulsiva de los mayas con sus ritos y divinidades. En los últimos 200 años del período clásico, la crisis parece más profunda y muchos templos empiezan a ser abandonados. La decadencia económica y la invasión de los toltecas pudieron tener algo que ver con esta debacle cultural que hizo que, cuando los españoles llegaron a las zonas mayas en las postrimerías del llamado período posclásico, la mayor parte de sus edificios y ciudades habían sido devorados por la selva. El Popol Vuh y otros textos del legado maya Pese a la cremación que los conquistadores llevaron a cabo en un intento de eliminar de raíz la cultura anterior, sobrevivieron algunos textos míticos mayas. Muchos de ellos se transmitieron de forma oral, salvaguardados por la memoria de los indígenas hasta que fueron transcritos a códices muchos años después de la desaparición de la civilización maya. El Popol Vuh está escrito en dialecto quiché y sus primeros fragmentos recuerdan notablemente el Génesis. Al estilo de los cantares de gesta medievales, el Popol Vuh pudo ser memorizado por un indígena cuando los códices originales fueron destruidos, para después ser reescrito en Chichicastenango. El Popol Vuh es un libro fundacional, mágico, ritual, ejemplarizador y místico. Muchos lectores modernos se han sorprendido de la vigencia de sus enseñanzas y la belleza de sus pasajes, que alternan el tono épico y el poético para hablarnos de la epopeya del hombre, hecho de pasta de maíz (planta sagrada de los mayas), y su relación con los dioses. Tan importante como el Popol Vuh, aunque tal vez menos divulgado, es el libro de Chilam Balam, un texto de clara raigambre cosmogónica maya al que se dio un barniz cristiano para evitar su quema. El mundo religioso maya Sobre la base de una creación del mundo debida a un dios único (Hunab cu), los mayas desarrollaron un intrincado panteón -del que no estaba excluido el funesto planeta Venus- que guarda estrecha relación con el de los otros pueblos de Centroamérica. Ah kin: Dios del Sol sometido -al igual que IX chel, diosa de la Luna- al imperio del dios de la Tierra, Ah raxa lac. Ah puch: Dios de la muerte. Ah raxa lac: Dios de la Tierra; literalmente, "Señor del verde plato". Ajtijes: Personas elegidas que eran educadas para ejercer las funciones del sacerdocio, la guerra y el gobierno. Akbal: Dios de la noche, representado por un jaguar. El Sol, durante la noche, desciende al inframundo en la forma de este animal, cuya piel moteada es un símil del cielo nocturno poblado de estrellas y también un símbolo de poder de quienes lo utilizan como vestimenta. Alom: Diosa Madre; literalmente, "La que engendra a los hijos". Bacabs: Cuatro dioses tutelares que sostienen la Tierra sobre sus hombros a la manera del coloso Atlas griego. Balche: Pócima alucinógena utilizada con fines rituales. Bolon ti cu: Éste es el nombre que reciben las divinidades de la Maldad: los nueve dioses del inframundo que se encuentran en lucha permante con los trece Oxlahun ti cu. Chac mool: Ãdolo de piedra antropomorfizado que sostiene con ambas manos sobre el vientre una patena para las ofrendas ceremoniales. Chacs: Dioses de la lluvia, la tempestad y las aguas. Asumen cuatro representaciones en función del punto cardinal y el color que simbolizan. Chichén-Itzá: Importante enclave ceremonial en Yucatán, centro de peregrinaciones, ritos y sacrificios, con numerosos elementos toltecas. Chija tzanja: Chamán, especie de sacerdote con poderes mágicos de manipulación entre lo sagrado y lo profano. Copán: Conjunto arqueológico situado en la actual Honduras, cuyas estelas, glifos calendáricos, templos, subterráneos y estadios para el juego de pelota son importantísimos en el estudio de la cultura maya. Ec chuan: Dios de la guerra. Estela: Monolito escultórico de piedra con escritura maya, que tenía grabados en sus frontispicios la historia de pueblos y gobernantes con dibujos antropomorfos y glifos. Hunab cu: Dios único, padre de Itzam na, que proporciona al hombre el sustento diario. Itzam na: Dios supremo de los mayas, ubicuo de la tierra y el agua. Está representado por una iguana y tiene todo tipo de poderes sobre los hombres, ya que controla el Sol, la Luna y la lluvia. Se le considera el inventor de la escritura y los libros. Es el dios que da el nombre a los sitios en su calidad de autor de la división de las tierras. Iun kax: Dios del maíz y de los trabajos agrícolas. Se le representa como un joven con las piernas cruzadas. IX cacau: Deidad femenina protectora de la planta del cacao. IX canil: Deidad femenina benefactora de la floración del maíz. IX chel: Diosa de la Luna. IX tah: Diosa de los suicidas. Kukulkán: (en quiché, Gucumatz). Héroe guerrero histórico divinizado. Equivale al Quetzalcóatl del panteón azteca. Oxlahun ti cu: Las trece deidades del cielo, cuyas moradas están superpuestas en forma de pirámide ascendente. Pok-tac-pok: Juego ritual de la pelota. Tikal: Centro arqueológico situado en la actual Guatemala, cuyos centenares de edificios llegaron a albergar en sus tiempos de esplendor a más de cien mil personas. Tzolkin: Calendario mágico de los mayas. Tenía 260 días. Voc: Águila. Mensajero de los dioses del cielo. Xibalba: Ser maligno. Aparición nefasta en un sueño, un trance hipnótico o producida por alguna planta alucinógena. Zaqui-nin-ac: El gran jabalí blanco, varón de la pareja creadora de los mayas, que aparece acompañado de Zaqui-Nimá-Tziís, gran pisote blanca. También se les llama el Viejo y la Vieja. Son similares a los Manco Cápac y Mama Ocllo de la cultura incaica. SHALOM

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Terminos de la historia de las religiones: Antes de Cristo
Terminos de la historia de las religiones: Antes de Cristo
InfoporAnónimo10/22/2008

Glosario fundamental de la religión prehistórica Ashdown: Localidad británica, en Berkshire, donde se conserva un enorme complejo megalítico con más de ochocientos megalitos situados en un paralelogramo de 250 por 500 metros de lado. Bachler, Emil: Estudioso suizo que investigó las cuevas de Drachenloch y Wildenmannlisloch, donde se hallaban enterramientos de huesos de oso. Ello demuestra que, al igual que algunas culturas de cazadores árticos, el ser humano daba sepultura ritual a los animales que le servían de sustento, probablemente para garantizar su regreso a la vida para continuar el ciclo. Carnac: Enclave bretón donde se halla uno de los alineamientos más famosos de la cultura megalítica. Childe, Gordon: Teórico que postuló una religión megalítica general extendida en Europa gracias a los colonizadores mediterráneos. Chu-ku-tien: Yacimiento arqueológico en China, donde se han encontrado cráneos y mandíbulas inferiores enterrados por razones desconocidas. Es el enclave funerario más antiguo conocido y se remonta a entre trescientos y cuatrocientos mil años. Crómlech: Monumento funerario megalítico similar al dolmen. Consistía en un círculo de piedras, a menudo con un dolmen en el centro. Culto a los cráneos: Tipo de enterramiento frecuente en el Neolítico, al menos en Oriente Próximo. Las cabezas tenían los rasgos faciales sobremodelados con arcilla u otras sustancias, y se enterraban acompañadas de estatuillas, armas y otros objetos. El culto debe probablemente su origen a la creencia ancestral de que el alma está localizada en el cráneo. Diosa Madre: Deidad principal y común a casi todas las culturas neolíticas. Se la representaba en figurillas de arcilla o en pinturas que adornaban los sepulcros. Ello hace pensar en la existencia de una relación entre el culto a los muertos y el culto a la fecundidad, dado el carácter cíclico de la sociedad agrícola del Neolítico. Dolmen: En la cultura megalítica europea de las zonas preceltas, cámara funeraria sencilla compuesta por varias piedras verticales sin tallar y una piedra enorme como techo. Gran Diosa: Divinidad femenina y protectora de los muertos, similar a la Diosa Madre neolítica, que prolifera en casi todas las culturas megalíticas en Europa. Hacilar: Cultura neolítica de Anatolia en la que los muertos eran enterrados en subterráneos adornados con pinturas y esculturas de dioses, especialmente de la Diosa Madre. Hal Saflieni: Gran necrópolis del período megalítico, situada en Turquía, que contiene más de 7 000 osamentas inhumadas en cámaras talladas en la roca y acompañadas de figuras femeninas recostadas, probablemente representaciones de la Gran Diosa. Hematites: Mineral rojizo que se usaba en enterramientos, principalmente en África. (Véase Ocre rojo.) Jericó: Probablemente la ciudad más antigua de la historia (6850-6770 a.C.), es un paradigma de las costumbres funerarias neolíticas: los sepulcros estaban situados bajo el pavimento de las viviendas, y en ellos las partes inferiores del difunto eran tratadas con yeso y se colocaban conchas en los ojos. Los Millares: Necrópolis megalítica situada en las inmediaciones de Almería, donde hay más de cien sepulcros con restos de pinturas y cubiertos por túmulos. Menhir: Gran piedra vertical característica de la cultura megalítica europea. El más alto conservado, de 20 metros, es el de Locmariaquer. Meuli, Karl: Investigador que postula el origen no religioso de los enterramientos de osos en los Alpes. Según su teoría, el cazador prehistórico pretendía garantizar de forma mágica el retorno del oso, pero en ello no intervenía deidad alguna. Musteriense: Período prehistórico (70000-50000 antes de nuestra era) a partir del cual es posible afirmar con seguridad arqueológica la existencia de verdaderas sepulturas. Natufiense: Período mesolítico cuyo nombre procede de Wadi en Natuf, lugar donde se hicieron las primeras excavaciones que pusieron al descubierto esta población. Sus tumbas eran de dos tipos: enterramiento del cuerpo entero, encorvado, e inhumación tan sólo del cráneo. Ocre rojo: Polvo con el que se rociaban los cadáveres que se enterraban hace cientos de miles de años. Fue una práctica común tanto en Asia como en Europa, América, Australia y África. Se cree que el rojo era símbolo de vida y que el polvo de este color garantizaba al difunto la resurrección o la encarnación en el otro mundo. Piggot, Stuart: Estudioso que sitúa el origen de la cultura megalítica en el Egeo, desde donde se extendió a casi toda Europa. Reichel-Dolmatoff, C: Antropólogo que buscó las claves de las costumbres funerarias de la Prehistoria observando los enterramientos y ritos funerarios de los indígenas kogis de la Sierra de Santa Marta, en Colombia. Schmidt, Wilhelm: Teórico del fundamento religioso de los enterramientos paleolíticos de osos en los Alpes. Según su teoría, obedecen a la creencia de los cazadores prehistóricos en algún tipo de señor de los animales. Se contrapone así a la tesis de Karl Meuli. Sepulcro de corredor: Tipo de estructura funeraria megalítica procedente del dolmen, al que se añadía un pasillo de losas como vestíbulo. Es característico de Europa occidental y Suecia. Stonehenge: Enclave próximo a la ciudad de Salisbury donde se encontró el crómlech más célebre de la cultura megalítica. Está rodeado de varios túmulos funerarios. Tell Halaf: Cultura neolítica que conocía el cobre y enterraba a sus difuntos acompañados de figurillas de arcilla, especialmente del toro sagrado y la Diosa Madre. Toro salvaje: Deidad común a muchas culturas neolíticas, que la representaban en esculturas o pinturas que se han hallado en tumbas. Representa la virilidad. Su presencia puede cumplir el mismo objetivo que la Diosa Madre. Túmulo: Monumento funerario, probablemente correspondiente a la última época de la cultura megalítica, que incluía cámaras y objetos en bronce y hierro. El más conocido es el de New Grange, cuyas piedras tienen labrados numerosos dibujos simbólicos. Las ciencias divinas de los magos mesopotámicos A-ki-til: Fiesta ritual del Nuevo Año que celebraban los sumerios. Su denominación significa literalmente "fuerza que hace revivir el mundo". En ella se conmemoraba la efímera comunión entre los dioses y los hombres. El soberano sumerio encarnaba el papel del dios Dumuzi. Akitu: Versión acadia del A-ki-til, sustituyendo a Dumuzi por Tammuz. An: Deidad sumeria que se identifica con el cielo. En principio era la divinidad soberana, pero por su estatus de dios ocioso quedaba relegado respecto de otros dioses del panteón mesopotámico. Fue engendrado por Nammu. Anunaki: Los siete jueces del infierno babilónico. Apsu: Deidad babilónica masculina que representa el agua dulce. Aruru: Diosa sumeria a quien se atribuye la creación del ser huamano, aunque otras versiones se decantan por la acción combinada de Enki (que insufla vida) y Nammu (que proporciona el corazón). Dumuzi: En la mitología sumeria, pastor que se casó con la diosa Inanna. Tras marchar su esposa a conquistar la tierra de los muertos, usurpó su poder. Cuando Inanna volvió lo arrojó al infierno. Ea: En la mitología babilónica, señor de las aguas que mató a Apsu y engendró con su esposa Damkina a Marduk. Enki: Señor de la tierra y dios de los cimientos en Sumer. Al principio fue considerado erróneamente por los estudiosos dios de las aguas porque la concepción sumeria de la Tierra (que descansaba sobre un inmenso océano) permitió la confusión. Enlil: Dios sumerio. Considerado Señor de la Atmósfera y llamado también "Gran Monte", nació de la unión e identificación entre las divinidades An y Ki. Enuma Elis:. Poema cosmogónico babilónico en el que se narran la creación del mundo y las peripecias y dramas de los diversos dioses sumerios, acadios y babilónicos. Epopeya de Gilgames:. Famoso texto babilónico en estilo bíblico que narra las vicisitudes del héroe y rey de Uruk Gilgamesh en su búsqueda de una inmortalidad que finalmente no consigue. Ello es interpretado por los estudiosos como una tendencia mesopotámica al pesismismo antropológico y religioso, una visión más existencial de lo habitual en las religiones del mundo antiguo. Ereshkigal: En la mitología babilónica, hermana mayor de Inanna. Era la reina del inframundo y de la muerte y su mirada mataba. Retuvo a su hermana en el infierno cuando ésta intentó usurpar su poder y sólo la liberó a cambio de quedarse con Dumuzi. Gilgamesh: (Véase Epopeya de Gilgamesh). Hammurabi: Soberano amorreo de Babilonia que inauguró una dinastía y restableció la unidad en Mesopotamia durante un siglo. Afirma haber sido engendrado por la diosa Sin (Luna). Inanna: Importante diosa babilónica, correspondiente a la estrella Venus y símbolo del amor. Más tarde fue llamada Ishtar y con posterioridad Astarté. Para expresar la plenitud de sus poderes, se la representaba hermafrodita. Ishtar: Nombre acadio (y más conocido) de la diosa Inanna. Ki: Diosa sumeria de la Tierra, engendrada por Nammu junto a An para formar la primera pareja de dioses creadores. Kingu: Dios guerrero creado por Tiamat para vengar la muerte de su esposo Apsu. Fue vencido por Marduk, que también acabó con la vida de Tiamat, con cuyo cráneo formó la bóveda celeste. Marduk: Versión babilónica del dios sumerio Enlil. Vencedor de los dioses de las aguas, a partir de sus despojos configuró el cielo y la tierra. Nammu: Diosa sumeria considerada madre del cielo y de la tierra y también abuela de todos los dioses. Se la identificaba con un pictograma con las aguas primordiales. De ello se deduce la teoría acuática de los sumerios sobre el origen del mundo. Nam-tar: Acto de determinación de ciertos decretos que los sumerios atribuían al juicio divino. Se lleva a cabo durante el A-ki-til o Año Nuevo. Nanna-suen: Diosa babilónica de la Luna. Nergal: Esposo infernal de Ereshkigal y, por tanto, rey del mundo de los muertos. Nidama: Diosa que reveló el enclave celeste de las estrellas benéficas al rey sumerio Gudea en un tablero, lo cual posibilitó el importante papel que tienen los templos y zigurats en la cultura mesopotámica. Ningursag: Diosa sumeria. Compañera de Enki, engendró con él varias hijas para después repudiarlo. Enki enfermó a causa del rechazo de su esposa, y ella, compadecida, acabó por curarlo con su "mirada de vida". Shamash: Nombre babilónico del dios del Sol. Junto a Ishtar y Marduk constituía el triunvirato de dioses más adorados en el período babilónico a partir del reinado de Hammurabi. Sin: Nombre que se daba en Babilonia (a partir de Hammurabi) a la diosa de la Luna. Tammuz: Versión babilónica del sumerio Dumuzi. Se le rindió culto durante mucho tiempo; su mito corresponde al del dios joven que muere y resucita cada año, siendo metáfora del eterno retorno, al estilo del egipcio Osiris. Tiamat: Divinidad femenina babilónica que representa al agua salada. Fue vencida por Marduk, quien hizo de su cráneo la bóveda celeste y de sus ojos, el Tigris y el Éufrates. Tiara de cuernos: Emblema sumerio, común a otras civilizaciones del Próximo Oriente, cuyo probable origen neolítico es el simbolismo religioso del toro. Ut-Napishtim: Superviviente del diluvio universal. Impuso a Gilgamesh una serie de pruebas de las que no pudo salir victorioso, por lo que no consiguió la inmortalidad. Utu: Dios babilónico del Sol. Zagmuk: Nombre babilónico dado al Akitu acadio y al A-ki-til sumerio. Zigurat: Torre escalonada de base cuadrangular, común a todas las culturas mesopotámicas y desde la que los magos contemplaban las estrellas y descifraban su influencia. El más conocido es el de Ur. Zisudra: Único hombre -inmortal- que se salvó del diluvio en la cultura sumeria. En la versión acadia es llamado Ut-Napishtim. Costumbres hebreas Bar Mitzvá: Ceremonia de la mayoría de edad (trece años) de los niños menores. La de las niñas se llama Bat Mitzvá. Guefilte Fish: Pescado (preferiblemente carpa) que se come, deshuesado, picado y mezclado con matzá, en el Shabbat. Januccá: Fiesta de las luminarias, que conmemora la reconstrucción del templo de Jerusalén por los nacabeos. Jaróset: Mezcla de frutas y especias que se come en el Séder del Pesaj. Kaddish.:Oración por los muertos. Kiddush: Oración sobre el vino que se recita en las vísperas. Matzá: Pan ázimo que se come durante los ocho días de Pésaj. Mazel Tov!: ¡Enhorabuena! Menorá: Candelabro de siete brazos. Minián: Quórum, número mínimo necesario (diez varones mayores de trece años) para empezar un servicio religioso. Pesaj: Pascua judía que conmemora el éxodo. Purim: Fiesta carnavalesca que conmemora la salvación de los judíos de Persia, que se explica en el libro de Ester. Rosh Hashaná: Fiesta de Año Nuevo (otoño). Séder: Cena de la primera noche del Pesaj. Shabbat: Sábado, día de descanso y de oración. Shavuot: Festividad conmemorativa de la entrega de los diez mandamientos a Moisés. Shminí Atseret: Octavo día de la fiesta de Succot. Shofar: Cuerno de carnero que se toca en la sinagoga, en los servicios religiosos de Año Nuevo y cuando acaba el Yom Kippur. Simjat Torá: Festividad del noveno día de Succot. Succot: Fiesta de la cosecha y que conmemora también la travesía del desierto. En ella se construye una succa o cabaña. Taled: Humeral litúrgico que se utiliza durante la oración. Yármulke: Gorro litúrgico que deben llevar los hombres en lugares sagrados y durante los servicios religiosos Yom Kippur: Día de ayuno y perdón, que se celebra el décimo día de Año Nuevo. Los dioses demiúrgicos y los conceptos fundamentales de la teología egipcia Amón: gran dios de Tebas, el Uno, inaccesible, "el escondido". Amón y Amonet: pareja de dioses del poder oculto en Hermópolis. Anubis: dios perro funerario. Atón: dios demiurgo de Ra, "ser y no ser". ba: esencia de la divinidad, alma de los vivos que sobrevive a la muerte. Bastet: diosa madre, benévola y terrible. corazón: sede del pensamiento y de los deseos. Faraón: rey dios. Hathor: diosa madre, benévola y terrible. He y Hehet: pareja de dioses del espacio infinito en Hermópolis. Horus: dios halcón, inaccesible, faraón en vida, "lo alejado", hijo póstumo de Osiris e Isis. Isis: diosa madre, esposa de Osiris, asociada a la constelación de Virgo. ka: principio de la energía vital. Ke y Keket: pareja de dioses de las tinieblas en Hermópolis. Kheperu: conjunto de formas demiúrgicas de manifestación del Uno. Khum: dios carnero. Maat: diosa hija de Ra, el orden necesario del universo. Nun y Nunet: pareja de dioses del agua inicial en Hermópolis. Osiris: dios de los muertos, faraón difunto, asociado a la constelación de Orión. Ouab: estado de pureza necesario para los servidores del dios. Ptah, Apis: gran dios de Menfis. Ptah Tatenen: la tierra que emerge tras la inundación del Nilo. Ra: dios Sol, gran dios de Heliópolis ("ciudad del Sol". sekhem: poder creador. Sobek: dios cocodrilo. Toth: dios de Hermópolis. Los dioses del Olimpo griego Afrodita: El mito más conocido sobre su nacimiento cuenta que nació en el mar, de la espuma (en griego, afrós) generada por los genitales de Cronos, que su hijo Zeus le cortó y arrojó al mar. Viola el orden patriarcal olímpico con su amante Ares. Apolo: Hijo de Leto y Zeus y hermano de Artemisa. Sus atributos más comunes son la lira y el arco. La lira representa tanto la música como la poesía. Es la armonía musical, en contraposición a la música desenfrenada del culto dionisíaco. Se le representa siempre joven y hermoso, y es símbolo de la pureza y la luminosidad. Durante mucho tiempo fue la "autoridad" que regía las grandes decisiones políticas de Grecia a través de sus oráculos en Delfos o Delos, donde también tenía la función de médico purificador. Ares: Hijo de Zeus y Hera. Representa la fuerza bruta de la guerra. Artemisa: Diosa-virgen, hermana de Apolo. Es la diosa cazadora. Su esfera de acción es la naturaleza silvestre, los estanques y las regiones pantanosas. No se encuentra en las ciudades. Iba acompañada de las ninfas. Como su hermano, lleva el arco y las flechas. Atenea: Según el mito, nació de la cabeza de Zeus por ser sabia y prudente. Es la diosa de la ciudad y también de la guerra; sus atributos son la égida y el yelmo. Deméter: Diosa dispensadora de los cereales, que brinda y al mismo tiempo quita a los mortales, provocando épocas de fertilidad o de hambruna. Su esfera de acción es la tierra cultivada. Regenta los alimentos y acoge en su seno a los muertos y a las semillas, anudando entre ellos la vida y la muerte. También protege la semilla humana, la descendencia y, por lo tanto, a los recién nacidos (diosa-madre). Dioniso: Hijo de Zeus y Semele, mujer mortal. Es uno de los dioses griegos más antiguos (ya se menciona en Creta) y en cierto modo representa la antítesis de Apolo. En su culto se celebra la eterna renovación de la vegetación representada por la vid. Su séquito es muy peculiar: le acompañan ante todo mujeres, las ménades o bacantes, conocidas como "enloquecidas". Pero también están presentes silenos y sátiros (figuras masculinas con rasgos de caballo y cabra). Hebe: Hija de Zeus y de Hera. En la familia divina, desempeña el papel de criada y de hija de la casa. Esposa del héroe Heracles (Hércules), es la personificación de la juventud de los dioses. Hécate: Diosa de la magia, asociada a Artemisa. Su estatua se levanta en las encrucijadas en forma de mujer de triple rostro. A su pie se depositaban ofrendas. Hefesto: Hijo de Hera. Es el dios forjador, herrero y artesano por excelencia. Es el creador de artificios; así, para vengarse de Hera, fabrica un trono en el que la diosa se queda atrapada. Habita en las profundidades de la tierra, donde tiene su taller. Hera: Hermana y esposa de Zeus. Era la protectora de la casa y el matrimonio. Las bodas se celebraban invocando su nombre. Hera no representa a la madre de familia, sino a la mujer en cierta medida ultrajada (por Zeus), que intenta defender su territorio mediante la intriga y la venganza. Hermes: Hijo de Zeus y la ninfa Maya. Es el dios de los pastores y los viajeros, protector de los caminos y las encrucijadas (de viajeros, ladrones y vagabundos), y conductor de las almas de los muertos a los infiernos. Es el mensajero de Zeus, pero también actúa como mensajero entre los dioses, y entre los dioses y los hombres. Se le representa con alas en el casco y en los pies. Hestia: Hermana de Zeus, hija primogénita de Cronos y Rea. Diosa del hogar doméstico y, por extensión, del hogar de la ciudad, como indica su nombre (en griego, "hestia" significa "hogar". Poseidón: Hermano de Zeus. En el reparto del mundo le tocó el dominio de los mares. Por ello es el señor de las tormentas que sacuden la tierra. Era protector de los pescadores y se le representaba llevando un harpón. Zeus: Último hijo de Rea y Cronos, a quien destronó. Es el dios soberano del Olimpo. Sus atributos iconográficos son el rayo y el cetro. Los dioses de los mares nordicos Aesires: Nombre de los dioses hijos de Borr (Buri). Asgard: Morada de los dioses, guardada por el gigante Gangler; albergaba también los palacios de Odín y de los héroes muertos (el Valhalla). Balder: Hijo de Odín y Frigga, dios de la primavera, famoso por su belleza y amable carácter. Berserk: Guerrero que recibe la furia asesina de Odín en la batalla. Hermod señalaba a los combatientes elegidos con la lanza Gungnir, y éstos veían su fuerza multiplicada, como es parodiado sutilmente en la película Eric el Vikingo, de Terry Jones. Bifrost: El arco iris que servía de puente entre Asgard (morada de los dioses) y Midgard (la Tierra). Bragi: Dios de la música, tañedor del arpa. Brock: Herrero enano que, para demostrar que era más hábil que Dvalin, fabricó el anillo Draupnir, el jabalí Gullinbursti y el martillo Mjolnir. Dvalin: Herrero enano que, a instancias de Loki, fabricó el barco Skidbladnir, la lanza Gungnir y un hilo de oro mágico para dar una nueva cabellera a Sif. Frei: Uno de los Vanir, dios de la fertilidad, poseedor del jabalí dorado Gullin-bursti y del barco Skidbladnir, que navegaba tanto por los aires como por el agua y podía doblarse hasta que cupiera en un bolsillo. Freya: Hermana de Frei, también Vanir, diosa benevolente y cazadora. Frigga: Diosa de las nubes, esposa de Odín, equivalente a la romana Juno. Es la única, aparte de Odín, que podía sentarse en el trono Hlidskialf, desde el que se contemplaba toda la Tierra. Ginnungagap: La sima primordial en el centro del universo, rodeada por Niflheim, Muspellsheim, Gladsheim y Vanaheim. Gladsheim: Literalmente, "morada de los dioses". Erigida sobre las ramas de Yggdrasil, acogía a Asgard, Valhalla y las demás moradas de los Aesires. Gungnir: Lanza mágica de Odín, irrompible e infalible, en cuya punta estaba el anillo Draupnir, emblema de la fertilidad. Era tan sagrada que no podía romperse un juramento hecho sobre ella. Una de las señales del Ragnarok era que su asta se rajaría. Gylfi: Rey de Suecia que, según se cuenta en el Edda joven, viajó en sueños hasta las puertas de Asgard, donde el guardián Gangler le explicó la historia de los dioses. Gylfi fue el impulsor del culto a Odín en Escandinavia. Heimdall: Vigilante que con su cuerno toca siempre una nota suave, excepto en el Ragnarok. Hvergelmir: Manantial inagotable de agua hirviente de Niflheim. De él partían hacia la sima doce corrientes, llamadas Elivagar. Idun: Diosa de la juventud, una de las Aesires. Jötuns: Gigantes del hielo. Loki: Dios maligno y experto en las artes de la mentira, máximo rival de Thor y Odín. Mjolnir: Martillo con que Thor llamaba a la tempestad; fue forjado por el enano Brock, aunque Loki hizo que quedara corto de mango. Muspellsheim: Reino del fuego elemental, situado frente a Niflheim, al otro lado de la sima. Niflheim: Reino de la niebla, origen del frío y la oscuridad. De su centro brotaba el manantial Hvergelmir. Odín: También llamado Wotan, dios tuerto que reinaba sobre el viento, y era guía de los líderes de los hombres y rey del panteón vikingo. Tenía el trono más alto de Asgard, llamado Hlidskialf. También representa la sabiduría. Sif: Esposa de Thor, cuya cabellera dorada y más hermosa que el sol fue robada por Loki. Thor, enfurecido, obligó al dios ladrón a reparar el daño, cosa que Loki hizo con la ayuda de Dvalin. Surtur: Gigante del fuego, gran enemigo de los Aesires y Vanires. Habitaba en el Muspellsheim. Thor: Hijo de Odín y Jörd, dios del rayo, el trueno y la tempestad, principal campeón de los Aesires en su lucha contra el diablo Surtur y sus criaturas malignas. Tyr: Hijo de Odín y Frigga; era dios de la guerra y la justicia, como la griega Atenea. Fue el único que se enfrentó al lobo Fenris, y permitió que le devorara la mano izquierda por haber roto su juramento, cuando los Aesires ataron a la bestia. Valhalla: El paraíso escandinavo. A él iban los guerreros que se habían destacado y muerto en combate. En el Valhalla los héroes peleaban entre sí para prepararse para la llegada de Ragnarok, momento en que formarían el ejército de Odín; entre los combates celebraban banquetes en una mesa presidida por Odín y atendida por las valkirias. Vanaheim: Hogar de los Vanas o Vanires, situado frente a la sima Ginnungagap. Vanires: Dioses del océano y la fertilidad. Pelearon con los Aesires y se intercambiaron rehenes: Frei, Freya y su padre. Volla: Sirvienta preferida de Frigga y representación de la abundancia. Yggdrasil: Fresno que alberga el mundo de los dioses (Asgard), de los hombres (Midgard) y de los demonios. Ymir: Primero de los gigantes y el mayor de ellos. Cuando Odín, Vili y Ve lo mataron, su sangre causó un diluvio que exterminó su estirpe. De su carne fue creado Midgard; de su sudor, el océano; de su calavera, los cielos; de sus sesos, las nubes; con sus cejas se construyó una valla que rodeaba el mundo, y sus huesos y dientes formaron montañas y precipicios. Los bosques y las hierbas nacieron de su pelo. Nombres sagrados en las tierras celtas, la cuna de Europa Angus Og: Dios irlandés del amor, hijo de Dagda y de Boanna (el río Boyne). Balor: Personaje legendario tuerto y rey de los fomori. Belenos: Dios sanador, identificado frecuentemente con el griego Apolo. Tenía dedicados varios templos en Aquitania. Beltine: Celebración en la que se invocaba al dios Belenos para favorecer la caza, la ganadería, el matrimonio y, en ocasiones, la guerra. Brigit: Diosa de la curación, la artesanía y la poesía. Cernunnos: Dios del reino de los muertos, que solía ser representado con cornamenta de ciervo y capa de piel. En su honor se celebraba el Samhain, fiesta precursora del actual Halloween o de la noche de Todos los Santos. Cúchulainn: Campeón celta, hijo del dios Lugh, que defendió en solitario el Ulster contra la invasión de un ejército del resto de Irlanda, según se cuenta en el Táin Bo Cuailgne. Su nombre significa "perro de Cullan", ya que en su juventud mató al perro guardián de un herrero llamado Cullan y se ofreció a suplirlo hasta que crecieron los cachorros. Dagda: Rey de los Tuatha De Dannan (pueblo de Dana). Dana: Nombre irlandés de la diosa celta Brigit. Danaanosd: Pueblo que llegó a Irlanda desde el cielo y, que como los fir bolgs, inició la historia de los hombres en la isla. Deirdre de los Pesares: Heroína de una de las leyendas del Táin Bo Cuailgne. Esta historia parece que sirvió de base a la leyenda fianna de Dermot y Grainné, y a la de Tristán e Isolda. Epona: Poderosa diosa yegua de los galos. Los irlandeses la llamaban Macha y los británicos Morrigan. Fergus: Héroe céltico irlandés, compañero del mítico Cúchulainn. Filidh: Sacerdotes de menor categoría que los druidas, que en la Galia eran llamados Vates. Fir Bolg: Pueblo mítico que, según las leyendas celtas, fueron el grupo dominante entre los primeros pobladores de Irlanda. Geise: Maldición o tabú, instaurada por los druidas, que, en caso de no ser respetada, acarreaba graves consecuencias al infractor. Gundestrup: Caldero celta, uno de los restos arqueológicos más importantes porque está decorado con representaciones de varios personajes mitológicos célticos. Imbolc: Fiesta de la primavera dedicada a Brigit, que incluía ritos de fertilidad. Lyr: Deidad irlandesa relacionada con el mar. Su hijo Mannanan desempeña oficialmente el papel de Señor de los océanos. Lugh: Divinidad principal que, como el Wotan germánico, era tuerto, empuñaba una lanza y tenía dos cuervos. Se le dedicaba el Lugnasad o fiesta de verano. Naisis: Hijo de Usna. Amante de Deirdre de los Pesares. Ogham: Alfabeto sagrado de carácter iniciático que sólo conocían los druidas, utilizado en diversas fórmulas mágicas y advocaciones. Era llamado el alfabeto del bosque. Rama Roja: Hermandad irlandesa de guerreros liderada por el rey Conn de Ulster, a la que pertenecía el héroe Cúchulainn. Shi: Correspondencia en el ámbito divino del mundo real. Tain Bo Cualigne: Literalmente, "el toro pardo de Quelgny". Gigantesca epopeya irlandesa, con numerosas historias intercaladas o añadidas, sobre la guerra entre el Ulster y el resto de Irlanda, por Donn Cualigne, un toro mágico propiedad del rey Conn. Taranis: Uno de los dioses galos de la guerra. Tir Na N'og: Paraíso situado más allá del mar, donde los dioses convivían en armonía con los muertos, que gozaban de la vida eterna sin envejecer jamás. También se le llamaba el Mundo Occidental. Transmigración: Creencia común a varias culturas, entre ellas la druídica, según la cual las almas de los difuntos van a parar a otros cuerpos. Tuatha de Dannan: Nombre que se daba en Irlanda al colectivo de los dioses, aunque estrictamente sólo se refiriera a una tribu de ellos. Tutatis: Dios tutelar de las tribus galas, a veces con connotaciones guerreras Las creencias hindúes Brahma: El objetivo principal de las reencarnaciones es conseguir la purificación a lo largo de las sucesivas vidas. La purificación permite al hombre liberarse del ciclo y formar parte de la realidad última eterna: el Brahma, que a su vez es el origen de toda la creación. Karma: Cuando muere una persona, su alma renace en otro cuerpo, sea éste humano o animal. La forma y condición particular, placentera o no, de renacimiento es el resultado del karma, ley por la cual las consecuencias de las acciones dentro de una vida se tienen en cuenta para la siguiente, e influyen en el carácter de quien ha sido reencarnado. Moksha: El proceso de reencarnación finaliza cuando el hindú alcanza la meta espiritual última, el moksha, que es la liberación definitiva del ciclo samsara, la liberación de todas las ataduras terrenales y el retorno al descanso eterno de la divinidad. Samsara: Proceso de nacimiento y renacimiento que se repite vida tras vida en las sucesivas reencarnaciones. Supone un ciclo de vida ininterrumpido: nacimiento-muerte-renacimiento. El sistema de castas hindu Brahmanes: son los sacerdotes y representan la cúspide de la escala social. Kshatriyas: son los guerreros. Shudra: son los siervos y los trabajadores. Vaishyas: son los comerciantes y granjeros. Conceptos básicos del hinduismo Arjuna: Personaje del Bhagavad Gita, al que se considera reencarnación del dios guerrero Indra. Ante la disyuntiva de cumplir con su deber o de incumplirlo para salvar la vida de sus primos, mantiene un diálogo ético, filosófico y religioso con Krishna. Asana: Postura del yoga. En descubrimientos arqueológicos de la civilización del valle del Indo (antes de 2000 a.C.) se han hallado sellos con figuras de asanas. Atman: Alma. En el hinduismo se presupone que el atman vive varias veces en distintos cuerpos, hasta que se completa el ciclo de la moksha. Avatara: Manifestación visible de una deidad, en forma de animal o humana. Bhakti: Originalmente, "sendero de la devoción" dentro de la religión hinduista. Posteriormente (a partir de la Edad Media), movimiento de religiosidad más ascética y personal, probablemente influido por el sufismo y el islam. Brahma kumaris: Nuevo movimiento religioso de carácter dualista, integrado principalmente por mujeres. Casta: Sistema de división sociorreligiosa característica del hinduismo. Es una palabra portuguesa que adapta el concepto hindi original: varna (color). Cada varna se divide en varios grupos, llamados jatis. Civilización del Indo: Cultura muy anterior (2400-1800 a.C.) al desarrollo del hinduismo, pero que incluye numerosos aspectos de sus prácticas religiosas, entre ellos el yoga. Las dos ciudades principales de esta poco conocida civilización fueron Mohenjodaro y Harappa. Darshan: Audiencia con un gurú, especialmente en el movimiento Sathya Sai Baba. Dharma: Ley social. Se puede identificar también con el concepto de ética y centra gran parte del diálogo del Bhagavad Gita. Es a la vez un dios del panteón hindú. Intocable: En el sistema de castas establecido por el hinduismo, la más baja. Sin embargo, el propio Shiva apareció en la Tierra como un hombre sucio y desnudo, perteneciente a esta casta. ISKON: Siglas de Nuevo Movimiento Religioso, más conocido como Hare Krishna. Practican el yoga bhakti y la estructura de su congregación es sectaria. Kalki: Encarnación semihumana del dios Visnú como un héroe que, montando a lomos de un caballo blanco, derrotó a los bárbaros. Kama: Dios del amor; su esposa es Rati, diosa de la voluptuosidad. Krishna: Deidad variopinta de la mitología que ha ido adquiriendo importancia con el paso del tiempo. En los Puranas aparece como un niño, en las epopeyas como un hombre adulto y en los textos antiguos -como el Rig-Veda- ni siquiera se le menciona. Se le supone una encarnación de Visnú y parece el vínculo más claro entre los dioses y los hombres. Linga: Culto fálico que se tributa al dios Siva, cuyo falo fue cercenado por los sabios a cuyas esposas había ultrajado. Maha mantra: Verso o estrofa principal que se suele repetir en un cántico hindú. Maya: Generalmente traducido como "ilusión", su significado se relaciona con el poder creador y transformador de un dios védico. El hinduismo considera que el mundo es maya, emanación de una energía divina, atractiva y misteriosa a la vez. Narasimbha: Encarnación del dios Visnú, llamado también Hombre-león. Narasimbha derrota a los demonios y rescata de sus entrañas al hijo del diablo, devorado por adorar a Visnú. Puja: Culto que rinden los hindúes a determinadas deidades. Puede celebrarse en el templo, pero también en casa, especialmente en la cocina. Prahapati: Nombre con que en ocasiones se designa al dios creador Brahma. Sai Baba: Fundador del Sathya Sai Baba, movimiento derivado del hinduismo cuyo objetivo fundamental es apartar a sus fieles del materialismo. Sankirtana: Servicio religioso multidisciplinar (culto, cocina, pedagogía, jardinería) que ofrecen los Hare Krishna. Sannyasins: Hombres santos y vagabundos que han renunciado al mundo. A diferencia de las demás castas no son quemados al morir, sino inhumados. Shiv baba: Según Brahma kumaris, alma suprema que contiene todos los atributos de amor, pureza, beatitud, poder y paz. Soma: Deidad de la mitología. Tiene su origen en la cultura védica, de la que, junto a Indra y Agni, es uno de los tres puntales. Recibe el nombre de la bebida de efectos alucinógenos que usaban los sacerdotes védicos para alcanzar el éxtasis en las ceremonias. Tamil: Etnia melanohindú cuyos cultos en el sur de la India y en Sri Lanka presentan un hinduismo influido por el sustrato cultural de aquellos lugares y se transforma en una forma de religiosidad muy apasionada y personal. Trimurti: Trinidad hindú compuesta por Brahma, Visnú y Siva. Veda: Conocimiento sagrado. Vitra: Gran Sacerdote de los demonios que aparace como rival de los dioses en los Brahmanas. Yogui Bajan: Antiguo oficial de aduanas y agente de la Interpol, fundador del Nuevo Movimiento Religioso Fundación 3HO, de tendencia sij. Yudhistira: Personaje que aparece en el Mahabharata. Se trata de un rey que es la reencarnación natural del dios Dharma y, por tanto, simboliza la ley social. El panteón romano Júpiter: Venerado como dios soberano, era el dios del rayo fulminante y de los auspicios, y fue asimilado al Zeus griego. En el Capitolio recibía el apelativo de Júpiter Óptimo Máximo como dios protector de Roma. Los generales victoriosos acudían a este templo para rendir tributo al dios soberano que les había ayudado a obtener la victoria. En Roma, cualquier plegaria debía ir precedida de una invocación a Júpiter y a Jano. Juno: Diosa protectora de las madres y los niños, a veces se la invocaba como diosa de la guerra. Fue asimilada a la Hera griega. Minerva: Antigua diosa romana de origen etrusco, completa la tríada sentada a la derecha de Júpiter. Era la diosa de los artesanos y artistas y, ocasionalmente, de la guerra. Fue asimilada a la diosa griega Palas Atenea. Apolo: Fue introducido como dios griego y mantuvo su nombre. Se le asimiló en su cualidad de dios médico, y con Augusto se le reconoció también su naturaleza profética. Ceres: Antigua diosa que, tempranamente, fue asimilada a Deméter. Era la diosa de la agricultura, la dispensadora del grano. En el culto público fue asociada a otras dos divinidades, formando la tríada Ceres-Liber-Libera. Diana: Diosa latina, que fue asimilada a la griega Artemisa en las funciones de diosa cazadora, protectora de las mujeres gestantes y, como la antigua Gran Diosa Madre, diosa lunar. Hércules: Para los romanos era una divinidad de origen griego. Se le veneraba como protector del comercio a larga distancia y como dios de la victoria. Jano: Dios genuinamente romano que no tenía parangón con ningún dios griego. También se le conocía como Jano bifronte, ya que se le representa con dos caras, una mirando al pasado y la otra, al futuro. Era el dios de todos los comienzos. En tiempos de paz su pequeño santuario permanecía cerrado, y se abría en tiempos de guerra. Lares: Protectores de los romanos, eran concebidos como ancestros divinos y se oponían a los Manes. Su zona de influencia solía ser rural y sus estatuillas eran colocadas tanto en las propiedades como en los cruces de caminos. Manes (Manes di): Dioses infernales que más tarde aparecen como los dioses protectores de los difuntos. Marte: Antigua e importante divinidad romana, no era el dios de la guerra (pues ése era el dominio de Júpiter), sino del combate. Fue asimilado al dios griego Ares. Mercurio: Antiguo dios romano del comercio (merx, mercancía), por lo que se constituyó en patrón de los comerciantes. Fue asimilado al Hermes griego. Neptuno: Dios latino, patrón de todas las aguas por su asimilación al dios griego. Poseidón: también patrón de las corrientes marinas. Saturno: fue tempranamente asimilado al dios griego del tiempo, Cronos. En su nombre se celebraban unas fiestas muy populares, llamadas Saturnalia. Venus: Antigua diosa romana que desempeñaba un papel tutelar en la religión oficial. Fue asimilada a Afrodita, diosa griega del amor. Vesta: Diosa romana antiquísima. Era la diosa del hogar de Roma. En su templo, unas sacerdotisas vírgenes consagradas (las conocidas vestales) se encargaban de mantener encendido el fuego de la ciudad. Vulcano: tras ser asimilado al dios Hefesto, sólo mantuvo sus funciones como dios del fuego destructor y de los incendios. SHALOM

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Alegato inédito de Borges contra el antisemitismo en 1932
Alegato inédito de Borges contra el antisemitismo en 1932
OfftopicporAnónimo10/13/2008

Alegato inédito contra el antisemitismo en agosto de 1932. "Ciertos desagradecidos católicos —léase personas afiliadas a la Iglesia de Roma, que es una secta disidente israelita servida por un personal italiano, que atiende al público los días feriados y domingos— quieren introducir en esta plaza una tenebrosa doctrina, de confesado origen alemán, rutenio, ruso, polonés, valaco y moldavo. Basta la sola enunciación de ese rosario lóbrego para que el alarmado argentino pueda apreciar toda la gravedad del complot. Por cierto que se trata de un producto más deletéreo y mucho menos gratuito que el dumping. Se trata —soltemos de una vez la palabra obscena— del Antisemitismo. Quienes recomiendan su empleo, suelen culpar a los judíos, a todos, de la crucifixión de Jesús. Olvidan que su propia fe ha declarado que la cruz operó nuestra redención. Olvidan que inculpar a los judíos equivale a inculpar a los vertebrados, o aun a los mamíferos. Olvidan que cuando Jesucristo quiso ser hombre, prefirió ser judío y que no eligió ser francés ni siquiera porteño. Ni vivir en el año 1932 después de Jesucristo para suscribirse por un año a Le Roseau d''Or. Olvidan que Jesús, ciertamente, no fue un judío converso. La basílica de Luján, para El, hubiera sido tan indescifrable espectáculo como un calentador a gas o un antisemita. Borrajeo con evidente prisa esta nota. En ella no quiero omitir, sin embargo, que instigar o Dios me parece una tristísima actividad y que hay proyectos edilicios mejores que la delicada reconstrucción, balazo a balazo, de nuestra Semana de Enero —aunque nos quieran sobornar con la vista de la enrojecida calle Junín, hecha una sola llama". Jorge Luis Borges. Publicado por Dr. Guido Maisuls en sábado, junio 30, 2007. Jorge Luis Borges y el Golem "Si (como el griego afirma en el Cratilo) el nombre es arquetipo de la cosa, en las letras de rosa está la rosa y todo el Nilo en la palabra Nilo. Y, hecho de consonantes y vocales, habrá un terrible Nombre, que la esencia cifre de Dios y que la Omnipotencia guarde en letras y sílabas cabales. Adán y las estrellas lo supieron en el Jardín. La herrumbre del pecado (dicen los cabalistas) lo ha borrado y las generaciones lo perdieron. Los artificios y el candor del hombre no tienen fin. Sabemos que hubo un día en que el pueblo de Dios buscaba el Nombre en las vigilias de la judería. No a la manera de otras que una vaga sombra insinúan en la vaga historia, aún está verde y viva la memoria de Judá León, que era rabino en Praga. Sediento de saber lo que Dios sabe, Judá León se dio a permutaciones de letras y a complejas variaciones y al fin pronunció el Nombre que es la Clave, la Puerta, el Eco, el Huésped y el Palacio, sobre un muñeco que con torpes manos labró, para enseñarle los arcanos de la Letras, del Tiempo y del Espacio. El simulacro alzó los soñolientos párpados y vio formas y colores que no entendió, perdidos en rumores y ensayó temerosos movimientos. Gradualmente se vio (como nosotros) aprisionado en esta red sonora de Antes, Después, Ayer, Mientras, Ahora, Derecha, Izquierda, Yo, Tú, Aquellos, Otros. (El cabalista que ofició de numen a la vasta criatura apodó Golem; estas verdades las refiere Scholem en un docto lugar de su volumen.) El rabí le explicaba el universo: Esto es mi pie; esto el tuyo; esto la soga y logró, al cabo de años, que el perverso barriera bien o mal la sinagoga. Tal vez hubo un error en la grafía o en la articulación del Sacro Nombre; a pesar de tan alta hechicería, no aprendió a hablar el aprendiz de hombre. Sus ojos, menos de hombre que de perro y harto menos de perro que de cosa, seguían al rabí por la dudosa penumbra de las piezas del encierro. Algo anormal y tosco hubo en el Golem, ya que a su paso el gato del rabino se escondía. (Ese gato no está en Scholem pero, a través del tiempo, lo adivino.) Elevando a su Dios manos filiales, las devociones de su Dios copiaba o, estúpido y sonriente, se ahuecaba en cóncavas zalemas orientales. El rabí lo miraba con ternura y con algún horror. ¿Cómo (se dijo) pude engendrar este penoso hijo y la inacción dejé, que es la cordura? ¿Por qué di en agregar a la infinita serie un símbolo más? ¿Por qué a la vana madeja que en lo eterno se devana, di otra causa, otro efecto y otra cuita? En la hora de la angustia y de luz vaga, en su Golem los ojos detenía. ¿Quién nos dirá las cosas que sentía Dios, al mirar a su rabino en Praga?". Jorge Luis Borges. Publicado por Dr. Guido Maisuls en viernes, agosto 03, 2007. Escrito de Borges en Israel en 1969 "Temí que en Israel acecharía con dulzura insidiosa la nostalgia que las diásporas seculares acumularon como un triste tesoro en las ciudades del infiel, en las juderías, en los ocasos de la estepa, en los sueños, la nostalgia de aquellos que te anhelaron, Jerusalén, junto a las aguas de Babilonia, ¿Qué otra cosa eras, Israel, sino esa nostalgia, sino esa voluntad de salvar, entre las inconstantes formas del tiempo, tu viejo libro mágico, tus liturgias, tu soledad con Dios? No así. La más antigua de las naciones es también la más joven. No has tentado a los nombres con jardines, con el oro y su tedio sino con el rigor, tierra última. Israel les ha dicho sin palabras: olvidarás quién eres. Olvidarás al otro que dejaste. Olvidarás quién fuiste en las tierras que te dieron sus tardes y sus mañanas y a las que no darás tu nostalgia. Olvidarás la lengua de tus padres y aprenderás la lengua del Paraíso. Serás un israelí, serás un soldado. Edificarás la patria con ciénagas: la levantarás con desiertos. Trabajará contigo tu hermano, cuya cara no has visto nunca. Una sola cosa te prometemos:tu puesto en la batalla". Jorge Luis Borges. “Mas alla de las aventuras de la sangre, mas alla del casi infinito y ciertamente incalculable azar de los tálamos, toda persona occidental es griega y judia” Jorge Luís Borges. SHALOM

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