Gothika05
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Cuando Randall Zook vio a Bessie Mae Berger de 97 años y a sus dos 'niños' Larry y Charlie Wilkerson de 60 y 62 años respectivamente viviendo en un viejo Chevrolet Suburban del año 1973, quedó profundamente asombrado por la historia de esta mujer. Bessie pasó su juventud en el norte de California y trabajó empaquetando galletas para la National Biscuit hasta los 60 años. Tuvo 11 hijos, de los cuales le viven ocho y solo tiene contacto con Larry y Charlie. Tras perder su casa se vio obligada a dormir encorvada y envuelta en mantas en la parte delantera de la camioneta. Los dos hijos se acurrucan detrás junto a una caja de herramientas, una lata de gasolina, montones de ropa, cajas con alimentos y otros enseres. Suelen aparcar cerca de la Biblioteca del distrito de Venice en Los Ángeles. Para Bessie la noche es la parte más incomoda de su vida, para tratar de conciliar el sueño, utilizan una manta azul fina sujetada al parabrisas con imanes para bloquear la luz de las farolas. Su rutina diaria comienza tras la dura noche a las 7 de la mañana cuando conducen a un supermercado. Allí, se lavan en un baño situado en la trastienda. Tras un frugal desayuno buscan un lugar discreto donde pasar el día. A menudo van al parking de la playa de Venice donde pueden entrar gratuitamente con su pase de estacionamiento para discapacitados. Una vez a la semana se trasladan a Hollywood a darse una ducha gratuita en un centro de acogida donde a veces sirven comida caliente. La semana pasada cenaron espaguetis. En uno de estos viajes se encontraron con el actor Kevin Nealon en una gasolinera. El humorista quiso ayudarles y les compro unas pizzas, pago la gasolina y les presentó a Jamie Masada el dueño del Laugh Factory un 'club de la comedia', prometiéndoles que organizaría un show para recaudar fondos para ayudarles, cosa que hizo días mas tarde. link: http://www.youtube.com/watch?v=zwUGeP9ykyM La historia de Bessie Mae Berger apareció publicada en Los Angeles Times el 16 de octubre de 2009, movilizando las conciencias de cientos de lectores que hicieron donaciones a la familia, también las autoridades de la ciudad, del condado de Los Ángeles y ONGs, intensificaron esfuerzos para ayudarles, encontrándoles una vivienda. Ahora escucha a Bessie Mae con su débil voz contándonos su historia: link: http://www.youtube.com/watch?v=xAbLWKmJVZc&feature Pero esta historia tiene un final muy triste, Bessie Mae murió solo unos meses después. El 20 de enero de 2010 falleció en el hospital Sherman Oaks después de sufrir una apoplejía y un ataque al corazón, descanse en paz. Fuente
Los incidentes del Parque Indoamericano sacaron a relucir las expresiones más viscerales contra pobres, villeros y extranjeros. En el deporte, al que se toma como expresión cultural de una sociedad, sobran los ejemplos que demuestran cómo las grandes alegrías las escribieron también exponentes de los sectores más acusados y relegados. Muchos de los grandes ídolos del deporte argentino nacieron en la pobreza. Extranjeros fueron quienes entre 1870 y 1930 trajeron al país las primeras actividades deportivas. Se calcula que cerca de 4 millones fueron los inmigrantes de aquellos años. Algunos de ellos fundaron colegios y clubes en ese lapso. Sin embargo, el primer partido de cricket internacional se jugó antes: el 8 de diciembre de 1864. Fue entre un equipo local y otro de oficiales del barco inglés Bombay, en la zona del Planetario. Tres años después, pero el 20 de junio, se disputó de manera oficial el primer encuentro de fútbol en nuestro país. Lo organizó el Buenos Aires Foot-Ball Club. En el 84 se dio origen al Buenos Aires English High School, por parte de Alejandro Watson Hutton. De ahí partió el mítico Alumni. La historia, completísima, la cuenta Víctor Lupo en “Historia política del deporte argentino” (Corregidor). Indígenas eran los que practicaban antes que nadie en estas tierras una actividad similar al fútbol. Los guaraníes sorprendían porque lanzaban una especie de pelota no con la mano sino con la parte superior del pie descalzo. Lo comentaba un sacerdote español de las misiones jesuíticas del Alto Paraná en el Siglo XVIII. Lo recuerdan Eduardo Galeano en “El fútbol a sol y sombra” (Editorial Siglo XXI) y Ezequiel Fernández Moores en “Breve historia del deporte argentino” (El Ateneo). Pobres son muchos de los grandes ídolos que tuvo el deporte argentino. Pobre murió Omar Orestes Corbatta, ídolo de Racing, y pobre vive René Houseman, uno de los personajes más emblemáticos de nuestro fútbol. Ni para comer tenían en sus comienzos Carlos Monzón y José María Gatica, protagonistas de las páginas deportivas más importantes. Ni hablar de Diego Maradona o, más acá en el tiempo, de Carlos Tevez, que de Fuerte Apache nunca se fue pero que anda dando vueltas en el fútbol inglés, donde lo aplauden a rabiar y lo respetan mucho más. Vale la pena tener en cuenta estos datos ahora que afloró el espíritu racista de unos cuantos en medio de una pelea de pobres contra pobres en Villa Soldati y mientras hay voces que culpan a los extranjeros de nuestros males. Los de afuera Si tomamos al fútbol como ejemplo de la manifestación cultural que significa el deporte en general, no habría que olvidar que muchas de las máximas alegrías vinieron de otras tierras o desde nuestra propia pobreza. Paraguayo era Arsenio Érico, el máximo goleador argentino con 293 tantos en 332 partidos en Primera. Fue uno de los grandes ídolos de Independiente, cuya hinchada es una de las más racistas. “Paraguayos y bolivianos”, cantan despectivamente esos buenos muchachos a sus pares de Boca cada vez que sus equipos se enfrentan por el torneo de la AFA. A la Asociación del Fútbol Argentino no parece demasiado importarle este tema. River también se cultivó de extranjeros. En 1961 llegó a tener una delantera completamente formada por hombres de otros países: Domingo Pérez (uruguayo), Delem (brasileño), Moacir (brasileño), Pepillo (español) y Roberto Frojuelo (brasileño). Años después también tuvo a un boliviano como Milton Melgar o un paraguayo como Celso Ayala. Sin embargo, uruguayos fueron dos de sus ídolos históricos. Walter Gómez (77 goles en 140 partidos) y Enzo Francescoli (115 en 197). Muchos de los mejores gritos de gol de Boca ante River vienen de Brasil: Paulo Valentim le hizo 10 en ocho partidos. 8 se los hizo a Amadeo Carrizo, con quien mantenía un clásico aparte. Paraguay también hizo aportes: Roberto Cabañas se metió a los hinchas en el bolsillo: hizo 16 goles en 60 partidos en los años 90 pero supo, como pocos, jugar para la tribuna. Sus declaraciones en contra de los “Millonarios” lo convirtieron en referente. El Boca de Bianchi, ganador como pocos, se apoyó en extranjeros. Colombianos eran el arquero Óscar Córdoba y “El Patrón” Jorge Bermúdez. No hay club que no haya tenido algún extranjero en sus filas. Vélez conquistó el país, Sudamérica después y el mundo más tarde con el paraguayo José Luis Chilavert como emblema de arquero-goleador: 36 anotaciones en 270 partidos por torneos locales. Hizo otros 12 en encuentros internacionales jugando para el mismo equipo. El recordadísimo Ferro de los 80 tuvo a uno de sus baluartes en otro hombre de Paraguay: Adolfino Cañete marcó 23 goles en 185 encuentros disputados desde 1980 a 1983. La historia de Estudiantes, el último campeón de nuestro fútbol, también se construyó con extranjeros. Importantes fueron los aportes en los años 80 del uruguayo Luis Málvarez o del arquero paraguayo Jorge Battaglia, entre otros. “Negro Villero” “Negro villero”, le gritaban en los estadios a José Luis Rodríguez, “el Puma”, uno de los goleadores más destacados del fútbol argentino en los 80. Era morocho y de contextura grande. Jugaba en Deportivo Español, donde hizo 53 goles entre 1985 y 1992, cuando el equipo del Bajo Flores estaba en Primera. La leyenda cuenta que, para que entrene, los dirigentes debían ir a buscarlo a la villa de la zona, donde hoy se desarrolla el conflicto por el Parque Indoamericano. También hizo goles para Rosario Central y Racing: 18 y 2, respectivamente. Y jugó en el Betis, de España, y en el Deportivo Cuenca, en Ecuador, entre otros. Muchos de los grandes ídolos deportivos argentinos provienen de hogares pobres. Algunos levantaron cabeza y otros murieron como empezaron. Pero los pobres de la popular o los ricos de la platea siempre se empeñaron en denostar a los rivales de origen humilde con un típico “negro de mierda”, tan nuestro. Omar Orestes Corbatta fue un ídolo de Racing que tocó la gloria pero nunca pudo salir de la pobreza. Murió triste y solo, después de sobrevivir en una habitación de mala muerte en el estadio. En Racing hizo 72 goles y en Boca, 7. “Ustedes los periodistas hacen así: te suben cuando estás subiendo, te bajan cuando estás bajando. ¿Para qué mierda querés que te suban cuando te vas para arriba?, ¿qué necesidad hay de que te aplasten cuando te estás cayendo”, le dijo en una monumental entrevista al periodista Rodolfo Braceli. Falleció vencido por el alcohol el 6 de noviembre del ’91. José María Gatica era un “negrito del interior” que venía de la pobreza extrema de Villa Mercedes, en la provincia de San Luis, donde nació el 25 de mayo de 1925. Fue uno de los máximos referentes de nuestro boxeo. Su vida es el ejemplo más cabal del deportista que lo tuvo todo –fama, dinero, mujeres- y se queda sin nada. Su apoyo al gobierno peronista tuvo un costo muy fuerte para él. Tenía sólo 38 años cuando, en la indigencia, lo atropelló un colectivo a la salida de la cancha de Independiente, donde vendía muñequitos. Con Carlos Monzón, lo mismo: infancia pobre, juventud rica, adultez violenta y cárcel, tras el asesinato de su mujer, Alicia Muñíz. En una salida transitoria, y manejando un auto, perdió la vida el 8 de enero del ’95. Braian Toledo es atleta. Su futuro como lanzador de jabalina es tremendo. Tiene récords nacionales e internacionales y lo reconocen en todo el mundo. Pasó hambre y no lo olvida. Oriundo de Marcos Paz, provincia de Buenos Aires, es la gran apuesta del deporte argentino. Lo que logró fue superando los mayores obstáculos económicos. El deporte argentino se escribió y se escribe también desde la pobreza. Muchos de aquellos ídolos por los que hinchamos a través de las pantallas del televisor nuevo se forjaron en lugares muy similares a los que hoy son foco de conflicto. No es un dato menor. Habría que tenerlo en cuenta antes de emitir juicios poco solidarios. Fuente
En Colonia Urquiza, cerca de La Plata, vive la mayor comunidad nipona de nuestro país. Mantienen vivas sus tradiciones con templos y escuelas y producen el 80 % de las flores que se venden en Argentina Los primeros nipones llegaron a Colonia Urquiza en 1961 y apostaron a la floricultura. Niegan que Escobar sea la capital de la flor || El objetivo de los alumnos es aprender bien castellano y japonés para obtener una beca para viajar a estudiar en Japón. El paisaje es un campo de 700 hectáreas minado de invernaderos. Los más alejados parecen iglús. Una tranquera, la casa adelante y los invernaderos, siempre los invernaderos. Es la hora de la siesta y no anda un alma, no vuela una mosca. La avenida principal, la 186, resultaría angosta en cualquier ciudad, no en Colonia Urquiza: el lugar donde vive la mayor comunidad de japoneses del país y donde se producen el 80 por ciento de las flores que se venden en Argentina. Para llegar desde La Plata hay que atravesar toda la ciudad, unos 20 kilómetros hacia el oeste. Es tan alejado del centro de la capital provincial que el platense medio toma como referencia el hospital neuropsiquiátrico de Melchor Romero –“el loquero”–, lo que ellos consideran “el fin del mundo”. Colonia Urquiza vendría a ser, entonces, “el culo del mundo”. No hay baches ni pastos altos. Las calles están numeradas en carteles de madera y las palomas arrullan en concierto. Los primeros nipones llegaron en 1961 y hoy son más de 300 familias, que ya van por la tercera generación. Lo curioso es que entre la mayoría de ellos existe algún tipo de parentesco: primos, cuñados, sobrinos, nietos, etcétera. El club de la Asociación Japonesa y la escuela Nigonho Gakko, de idioma y cultura nipones, son áreas casi exclusivas para los asiáticos. Paraguayos, bolivianos y unos pocos argentinos completan la población. Un almacén-carnicería y mercería, un ciber-locutorio-librería, un pool con olor a empanadas fritas, birras, reguetón, fonola y canchita de fútbol en el patio son sitios poco usados por los orientales. El punto de encuentro entre unos y otros es la escuela primaria 57, la salita de primeros auxilios y los supermercados Asahi y Hatanaka. Como el Señor Miyagui. Cada tanto aparece un caminito de tierra a los costados. Al fondo de uno de esos, en el 482, vive el sensei Hiroshi Yazuhara: uno de los maestros más viejos de la Colonia. Nació en la isla de Tokio y llegó a esta zona a los 17 años. Vino con sus padres y un hermano, en 1965, cuando los asiáticos no eran más de cien. Es floricultor, como la mayoría de los japoneses. –Mi hijo de 32 años, el mayor, se encargará del negocio. El otro está en Buenos Aires y se dedicó a estudiar. No le interesa el negocio familiar. Yazuhara habla pausado. Medita antes de cada frase y se pasa los dedos por su barbita candado, como lo hacía el señor Miyagui en Karate Kid. Tiene 62 años y en la Colonia lo conocen todos. Hoy da clases, una vez por semana, en el Centro de Estudios Japoneses de la Universidad de La Plata. –Cuando llegamos eran casi todas familias italianas que estaban de la época de Perón. Japón todavía estaba mal por la guerra. El gobierno argentino quería poblar la zona y que produjéramos verduras frescas. Lo hicimos al principio, pero con el negocio de las flores nos fue mejor. No se equivocaron los orientales cuando apostaron al cultivo de rosas, claveles, crisantemos, fresias, gerberas y lilium. Tienen toda una estructura armada: las siembran, las cosechan, las empaquetan y las venden en el mercado o en florerías. De fondo se escucha el motor de una bomba de agua. La red de agua corriente y las cloacas son promesas incumplidas por intendentes platenses de uno y otro partido. –Estamos acostumbrados a que todo llegue tarde. La luz vino en el ’75 o ’76. El teléfono en el ’89 y el arreglo de los caminos nunca. Siempre fuimos los japoneses los que pagamos obras de asfalto y mantenimiento, entonces la municipalidad se hacía la desentendida. Segunda generación. Sobre la avenida y la esquina 482, frente al boliche de la fonola, está el club de la Asociación Japonesa. En la puerta, sentados a la sombra, conversan Keizo Shimoyama, el presidente; Kimio Sakaguchi, el secretario, y Kazutoshi Ichikawa, el tesorero. Ninguno de los tres llega al metro setenta. Se presentan y saludan con un apretón de manos. –Irashaimase –dice Kimio, que lleva puesta una remera del Festival de Jesús María 2006. “Significa ‘bienvenido’ en japonés”, aclara y se ríe en un gesto de dientes para afuera y ojos cerrados. Los tres vinieron a la Argentina de niños y –obviamente– se dedican a la floricultura. Con el rostro lampiño y sin transpirar una gota a pesar del calor húmedo, Keizo dice a su modo: “Nosotros debería ser capital de la flor. Escobar es todo maceta. Hoy están muy lejos de nosotros”. Los tres coinciden con el presidente y lo discuten en japonés, mirándose a los ojos, como para que no queden dudas. Kazutoshi, el tesorero, es el que menos habla pero el que mejor maneja el castellano. Mas morocho que sus compañeros de comisión sirve Sprite en vasos térmicos. Su intervención en la charla es para enumerar, con los dedos, las actividades deportivas del club: fútbol, atletismo, ping-pong, béisbol y crocket “para los viejos”. El día en la colonia empieza a las siete. Y en verano, como amanece más temprano, lo hacen con la salida del sol. Los empleados de los japoneses son bolivianos o paraguayos: “Argentino no quiere trabajar la tierra”, dice Keizo. A 200 metros del club están los invernaderos de Keizo. Invita a recorrerlos. En la parte de adelante del terreno está el chalet donde vive con su mujer y sus dos hijos. Al fondo los invernaderos. En esos habitáculos de grueso nylon transparente se vive otro clima. El aire se respira caliente y perfumado. En una tarde típica de enero se superan los 50 grados allí adentro. Un tipo apenas más alto que una planta de rosas recorre los surcos. Cada tanto se agacha y arranca los pastitos. Keizo pertenece a la segunda generación de japoneses de la colonia. El cultivo lo aprendió de sus padres. Y el negocio es una herencia familiar. Con 56 años sus costumbres se mezclan entre el arroz y la carne. Toma mate –mucho tereré–, es hincha de Boca y se define “mejor asador que un criollo”. El arroz es sagrado en sus comidas. Los ancianos lo comen con palitos y prefieren el pescado y las verduras de sus huertas antes que un asado. “Si fuera por mis hijos comeríamos carne todos los días pero mi padre no quiere saber nada”, cuenta Kazutoshi, el único de los tres que tiene vivo al papá. Muchas de las casas tienen conexión a Internet y Direct TV. De esta manera pueden escuchar radio y ver canales japoneses como la señal NHK. Kazutoshi dice que a los viejos no les gusta mirar otra cosa. Entre ellos y con los más viejos hablan en japonés. Con sus hijos lo hacen en castellano, salvo cuando se enojan y los retan en su lengua para no perder tiempo pensando en lo que van a decir. La escuelita. E n un edificio vecino al club, con portón de rejas y lleno de ventanas de aluminio está la escuela japonesa Nihongo Gakko. Allí siete maestras les enseñan a 93 chicos el idioma y las costumbres de la cultura nipona. Los alumnos tienen entre 6 y 17 años y, desde el 2002, se les permite la entrada a otros niños que quieren aprender el idioma y no son hijos o descendientes de japoneses. Las primeras siete familias que llegaron a la Colonia, en 1962, tuvieron en claro la importancia de preservar el idioma y las costumbres con las nuevas generaciones. La familia Ishihara prestaba su casa y un grupo de mujeres se dedicaba a la enseñanza de historia, geografía, música y, por supuesto, el japonés. Los chicos llegaban a caballo, en bicicleta o a pie. En 1969 Nihongo Gakko se fundó de manera oficial. Pasaron 20 años para inaugurar el edificio actual. El objetivo de los alumnos es aprender a hablar y escribir bien y así lograr una beca para viajar a Japón. Varios de ellos quieren conocer a sus parientes y a otros les atrae la idea de vivir en el país de sus abuelos. Por eso en Nihongo Gakko no dejan nada librado al azar y les enseñan a usar los palitos para comer arroz. Tercera generación. En el documento figura como Florencia Takahashi. En su casa la llaman Ichico: Primera Hija. Los compañeros de la escuela le dicen Taka. Lleva remera violeta, jeans ajustados, zapatillas All Stars y reproductor de MP3 en el bolsillo. Con una cara redonda y blanca como la luna, a los 16 años representa a la tercera generación de japoneses de Colonia Urquiza. Estudia en un colegio secundario de la localidad de El Pato, en Berazategui. Hija de floricultores, su papá nació acá y su mamá en Paraguay. Tiene dos hermanos: Ichiro –Primer Hijo–, de 9, y Aiko –Niña Amorosa–, de 15. No sale a bailar a boliches, prefiere las fiestas de la juventud que se hacen en la colonia cada 15 días. –¿Qué es lo que más te atrae de la cultura japonesa? –Me gusta el dorama: son telenovelas de allá que duran 15 minutos. También el animé. Todo eso lo bajo de Internet. –¿Qué música llevás en el MP3? -Reguetón, cumbia y algo de enka: vendría a ser como el folklore japonés. Mis amigas escuchan pop japonés, es bastante tranqui. Con los cachetes colorados de vergüenza, dice que todavía no tiene novio y aclara que cuando se enamore no le va a importar si es argentino o hijo de japoneses: “Hay quienes no se quieren poner de novio con alguien que no sea de descendencia japonesa para no mezclarse”. Cuando termine la secundaria los anhelos de Florencia son viajar a Japón (tiene tíos, un abuelo y primos) y estudiar algo relacionado con la matemática. Todos sus amigos planean una carrera universitaria. Con jóvenes como ella las tradiciones en la colonia están aseguradas. Lo que no está del todo definido es quiénes trabajarán la tierra y venderán las flores en el futuro. • Más info sobre Japón en Argentina: • Asociación Japonesa en la Argentina: www.ajanikkai.com.ar • Centro de Estudios japoneses de La Plata: www.japon-hoy.com.ar/entrevistas/centroestudios • Asociación Japonesa de La Plata: www.ajlp.com.ar • Asociación Japonesa de Córdoba: http://www.ajc.org.ar/mod_historia Fuente
Hoy, 23 de noviembre se conmemora el Día Nacional de la Defensa Civil en toda la República Argentina. Gran parte de nuestra sociedad no sabe que es la Defensa Civil, su función y su objetivo, mucho menos porqué se conmemora el Día Nacional de la Defensa Civil. Cuando determinados acontecimientos, por su magnitud o imprevisión, desbordan la capacidad básica de autodefensa de una población, se pone en marcha un cuerpo social preparado especialmente para cada ocasión en particular. Este cuerpo es el de Defensa Civil, un organismo de protección de la población, creado para ayudar a disminuir los daños causados por catástrofes naturales, accidentes de gran escala, desastres provocados por el hombre, catástrofes naturales, enfrentamientos bélicos, o cualquier otro tipo de evento adverso. Defensa Civil es un servicio de la comunidad, creado para asistir a sus habitantes y a cualquiera de sus organizaciones sociales, públicas, privadas, estatales, no gubernamentales, o de cualquier índole. Se rige por los principios de la solidaridad social. Los servicios de la Defensa Civil son funciones especializadas que están comprendidas dentro de todo esquema de prevención y defensa de una comunidad. Estos servicios se desarrollan fundamentalmente en ocasión de las emergencias y se aplican en función de planes y procedimientos operativos ya establecidos de antemano. Hoy, en este día, es válido extender el reconocimiento a todas las personas que trabajan en silencio para aliviar el sufrimiento ajeno, una práctica tan valorable como necesaria y, más aun, indispensable. Pero a todo esto, ¿Por qué se conmemora el Día Nacional de la Defensa Civil?: Un 23 de noviembre del año 1977 ocurría una de las mayores catástrofes sufridas en nuestro país: El Terremoto de Causete en la Provincia de San Juan. Este día es un homenaje a un servicio comunitario de asistencia netamente altruista y solidaria, cuyas acciones y esfuerzos están designadas a preservar tanto vidas y bienes materiales, como el patrimonio nacional, sin distingo de edades, credos o razas y acudir al socorro. Fuente: http://www.defensacivil.com.ar/
Las llamas que destruyeron el Parlamento alemán en 1933 fueron el pretexto perfecto que Adolf Hitler y Hermman Goering necesitaron para alarmar a la población y así facilitar la llegada de los nazis al poder. El atentado fue atribuido a comunistas que, aparentemente, intentaban desatar una revolución en Berlín. Sin embargo, algunos historiadores sostienen que fueron los propios nazis quienes instigaron el fuego. El incendio del Reichstag allanó el camino de Hitler y los nazis al poder absoluto. La noche del 27 de febrero de 1933 fue un punto de inflexión para la historia de Alemania. Ese día, el Reichstag, edificio del Parlamento alemán, fue víctima de un incendio intencional. El hecho tendría consecuencias radicales, ya que esto le permitió a Hitler obtener lo que buscaba hacía tiempo: quedarse con todo el poder. Un año después sería ejecutado el holandés Marinus van der Luve, comunista acusado de ser el único autor del terrible incendio. Su motivo, según dijeron los nazis, era comenzar una revolución; sin embargo, muchos historiadores todavía no se ponen de acuerdo sobre si Luve fue realmente el autor del hecho o si éste fue instigado por los secuaces de Hitler, ya que los nazis fueron, al fin de cuentas, los grandes beneficiados luego del atentado. HITLER, EN BUSCA DEL TOTALITARISMO Las causas que llevan a los investigadores a dudar sobre la autoría del holandés son varias. Las sospechas sobre la “versión oficial" surgen cuando uno sigue la línea de sucesos que, luego del incidente, terminó coronando al partido de Hitler hacia el poder absoluto. Con la destrucción del Parlamento los nazis lograron todo, y los comunistas nada. El mismo año del atentado, Hitler había sido nombrado canciller luego de las elecciones parlamentarias del '32. Su ambición para quedarse con el poder lo llevó rápidamente a tomar una serie de medidas destinadas a aumentar la participación de su partido en el gobierno. Así, presionó al presidente de Alemania -el octogenario Paul von Hindenburg- para que convocara nuevas elecciones, las cuales se fijaron para el 5 de marzo. Hitler necesitaba tener la mayoría de representantes en el Parlamento (en ese momento sólo controlaba al 32%) para poder acceder a la “Ley Habilitante”, una especie de superpoder que le otorgaba la Constitución al Canciller dándole el poder de decretar lo que quisiese sin consultar al Reichstag. Esa Ley Habilitante le daría a Hitler todo el poder que necesitaba para instalar un sistema totalitario. Una semana antes de las elecciones, en un hecho que los propios nazis tomaron como una “coincidencia”, el Reichstag fue devorado por las llamas. EL COMIENZO DEL TERROR Adolf Hitler y Hermman Goering llegaron rápidamente al lugar. Allí la policía encontró a Marinus van der Luve, lo que llevó a Goering a gritar que los comunistas estaban planeando una revolución, inyectándole miedo a la población. Aprovechando el estado de pánico, al día siguiente Hitler incitó al marchito presidente a efectivizar el “Decreto del incendio del Reichstag”, mediante el cual se suprimieron varias garantías constitucionales, tales como el derecho a la libertad de expresión, de prensa, y el derecho individual, entre otros. A su vez, le permitió a los oficiales nazis confiscar bienes o registrar domicilios a su antojo. Ese decreto fue el inicio de la maquinaria nazi, y una herida mortal para la democracia alemana. Cientos de comunistas fueron perseguidos y apresados, al mismo tiempo que el partido nazi convencía a la población que eso era necesario para evitar una insurrección; dicho de otra manera, Joseph Goebbels había activado el oscuro aparato de propaganda nazi. El 5 de marzo de 1933, como había sido planeado, se llevaron a cabo las últimas elecciones democráticas. Hitler obtuvo el 44% de las bancas, lo que significaba que después de tanta propaganda todavía no conseguía el porcentaje que necesitaba para acceder a la Ley Habilitante. Pero, como era de esperarse, no se quedó quieto y utilizó el Decreto del Incendio para apresar a todos los diputados opositores comunistas. Así, Hitler eliminó a la competencia, obtuvo el porcentaje que necesitaba, y se quedó con el poder absoluto. EL FINAL DE LA DEMOCRACIA ALEMANA El 23 de marzo se aprobó la Ley Habilitante de 1933. Ahora Hitler, como canciller, detentaba todos los poderes del Legislativo, más la capacidad de decretar todas las leyes que quisiera. De esta manera, el futuro dictador dejó de depender del Parlamento y se libró de cualquier contrapeso que pudiese llegar a impedir su avance de poder. Vemos que fue muy clara la forma en la cual Hitler y sus seguidores se beneficiaron con el incendio del Reichstag. Empero, los defensores del sistema nazi aluden que ese “beneficio” no implica que ellos mismos hayan sido los que ocasionaron el siniestro, sobre todo porque el holandés se declaró culpable del hecho. Pero varias investigaciones recientes determinaron que semejante incendio no pudo ser provocado por una sola persona; otros -rotundos opositores de la “version oficial”- aseguran que los propios nazis fueron los que prepararon el fuego, para luego obligar a Luve a “prender la mecha”. También descubrieron una lista con los nombres de los partidarios comunistas que debían ser detenidos, lista que fue redactada y entregada a la policía horas antes del incendio. Todo lleva a pensar que el incendio del Parlamento fue una maniobra nazi, pero hoy en día las evidencias no son tan determinantes como para llegar a una conclusion definitiva. Lo que sí dejaron muy en claro las llamas del Reichstag fue que ese hecho significó el preludio del terror nazi en el mundo.
Desde el 16 de julio de 1945, fecha en la que la primera bomba atómica fue detonada en el Test Range Alamogordo de Nuevo México, hasta el año 1963, el gobierno de los EE.UU. desarrolló una vasta campaña de ensayos nucleares en el océano Pacífico y en la atmósfera terrestre. La mayoría de estos últimos fueron efectuados en el Emplazamiento de Pruebas de Nevada -NTS, Nevada Test Site-, ubicado a escasos 100 Km. de la ciudad de Las Vegas, donde llegó a convertirse en una atracción turística la observación de los hongos atómicos. A esas pruebas, debido al desconocimiento que aún existía sobre el efecto de la radiación en las personas, acudían cientos de espectadores y se enviaba material del ejército y tropas a puntos cercanos a la explosión para observar después en ellos las consecuencias que, posteriormente, se comprobó fueron dramáticas. Algunos de esos ensayos, fueron los siguientes: 1946. Operación Crossroads. Fueron los primeros, casi al término de la II Guerra Mundial, y su objetivo era comprobar los efectos de las armas nucleares en barcos, para lo que se repartieron cerca de 90 en los alrededores. Llevadas a cabo en el atolón Bikini, constó de dos detonaciones, cada una con una potencia de 23 Kilotones. La primera correspondió a la bomba llamada Able, a una altura de 158 metros, y la segunda, Baker, a 27 m. por debajo de la superficie del mar. El lanzamiento de una tercera, Charlie, fue cancelado por el nivel de radiación que provocó la segunda. 1951. Operación Greenhouse. Espectadores sentados cómodamente en una zona VIP habilitada para la observación cerca del atolón Enewetak. 1951. Operación Buster-Jangle. Explosión de la bomba Dog. Fue el primer ejercicio de campo de los Estados Unidos que se llevó a cabo en tierra; las tropas que se ven están a sólo 9,6 Km. del punto de explosión. 1952. Operación Tumbler-Snaper, durante la cual se desarrollaron maniobras militares en las que participaron marines y paracaidistas que saltaron en zonas cercanas al lugar de la explosión 1953. Operación Upshot-Knothole. Fotógrafos captando imágenes de la explosión de la bomba Grable. 1957. Operación Plumbbob. Cinco oficiales voluntarios observan como detona a 4.500 metros sobre sus cabezas un misil aire-aire AIR-2 Genie armado con una cabeza nuclear de 2 Kilotones El fotógrafo que captó esta imagen, George Yoshitake, cuenta cómo le "invitaron" a hacer este trabajo: dijo:Una tarde estaba en Lookout Mountain, aquí, en Hollywood, cuando recibí una llamada de [mi jefe] Woody Mark. Me dijo, "George, te necesito aquí mañana para una prueba especial". Llegué allí esa noche y dijo: "Mañana vas a salir con otros cinco muchachos y vas a estar al pie de la zona cero". Yo le dije, "¿En la zona cero?", y él me contestó, "Sí, pero la bomba detonará a 15.000 pies por encima de ti". Yo dije, "Bueno, ¿y qué tipo de equipo de protección voy a tener?" y él me dijo "Ninguno". Recuerdo que tenía una gorra de béisbol, así que me la llevé. (...) Sólo podía obtener una única exposición. Los otros cinco hombres eran científicos que se ofrecieron para estar allí. Yo no era un voluntario. 1962. Operación Sunbeam. Explosión de la bomba Small Boy. Durante estas pruebas también se ensayó el funcionamiento de una minibomba nuclear portátil a la que se denominó Davy Crockett. El 17 de julio de 1962 el disparo de prueba Little Feller I de la Operación Sunbeam fue la última detonación de pruebas atmosféricas en el NTS. Desde 1963, con la firma del Tratado de prohibición parcial de ensayos nucleares, cuyo principal fin era detener la expansión de la contaminación a la atmósfera que ocasionan tales explosiones, las pruebas pasaron a ser subterráneas y tuvieron continuidad hasta el 23 de septiembre de 1992. EE.UU. realizó 1.030 pruebas con bombas nucleares, de las cuales, 210 detonaron en la atmósfera, 815 bajo el suelo y 5 en el mar. link: http://www.videos-star.com/watch.php?video=3Er7tx9xOo0&feature El 24 de septiembre de 1996, se firmó el Tratado de Prohibición Completa de los Ensayos Nucleares, que prohíbe la realización de ensayos nucleares en y por los países firmantes. Fuente
Por Juan Forn Todos los fans de Sumo darían la vida por oír a Pettinato hablando de la banda y, a la vez, le niegan terminantemente ese derecho. Lo curioso es que el 90 por ciento de esa gente se hizo fan de Sumo después de la muerte de Luca: nunca los vieron tocar en vivo y tampoco tienen idea de quién era Pettinato antes de entrar en Sumo (y qué significaba el Expreso Imaginario para los pendejos rockeros de entonces). Saben, eso sí, en qué se convirtió Pettinato después. Y desde ahí juzgan, como se juzga siempre en el rock: con la “pureza” del fanático (“es un sentimiento, loco, no me pidas que piense”). Para aclarar de entrada, no soy un sumólogo. Para seguir aclarando, creo lo mismo que muchos: que el único Sumo que moría por ser una estrella (de rock, de tele, de lo que fuese) era Pettinato. Pero creo también que el Petti cumplía una función esencial en la banda y que sólo una parte de esa función era ser el bocón. Por eso siempre esperé que se decidiera alguna vez a terminar su libro sobre Sumo (que publicó parcialmente en 1993 con el título La jungla del poder). Parecía poco probable que, a esta altura de su estrellato, Pettinato pudiera sacarse el personaje de encima y ser verdaderamente sincero. Sin embargo, el libro que acaba de sacar sobre Sumo logra transmitir mucha de la sinceridad salvaje que hizo de la banda esa entidad irrepetible dentro del rock de acá. “Esta no es la historia verdadera de Sumo”, dice en el prólogo. “Es MI historia dentro de la banda. Porque yo estuve ahí. Y mis oídos se hartaron de escuchar a tanta gente diciendo que tal cosa no fue así. O explicándome cómo era Luca en realidad.” En otro momento del libro, Pettinato frena la acción en mitad de una frase y se dirige al lector: “Vos, sí, vos, ¿qué hubieses hecho, aparte de preguntar cuando me ves por la calle si lo podríamos haber salvado? ¿Qué hubieses hecho? ¿Querés que deje un espacio en blanco en este libro para que lo escribas?”. Y en un tercer momento, ya cerca del final, menciona al pasar su primera aparición con Divididos en Obras, después de años de no subir a un escenario, “de superar mi brutal paranoia, mi tendencia a pensar que los fans me iban a bajar a piedrazos, esa paranoia televisiva que te convierte en un ridículo outsider de tu verdadera y profunda vocación”. Esa es la única mención en todo el libro a la vida post-Sumo de Pettinato. Incluso en los fragmentos cancheros en los cuales transcribe literalmente las charlas que grabó con Daffunchio y Mollo y Superman Troglio para este libro, Pettinato nos ahorra el personaje que es en la actualidad. También evita con éxito los clichés repetidos hasta el cansancio por los periodistas de rock que han escrito sobre Sumo y sobre Luca. Recordemos que Pettinato hizo realidad el sueño imposible de todo periodista de rock: entrar en una banda, lograr por una vez ver las cosas no desde afuera sino desde adentro (imaginen por un instante a Mariano Clos, o alguno de los gansos de Fox Sports, sin la corbatita y con pantalones cortos y botines, jugando para la Selección; imaginen cómo cambiaría por completo su discurso si pudieran alguna vez hablar desde ahí). La ironía mayor es que el único miembro de la banda que valoraba ese “saber” de Pettinato como periodista de rock era Luca. Y ésa, precisamente, era la función del Petti en la banda: ser el empático mental de Prodan (“el maldito idiota pseudointelectual”, prefiere decir Pettinato), así como Da-ffunchio y Arnedo eran los empáticos musicales de Luca, los que se entendían con él no a través de la palabra sino con un instrumento en la mano, o simplemente tarareando juntos una melodía. De ahí vienen los mejores momentos del libro: cuando se le alinean los planetas, cuando logra que el lector esté con él en la sala donde ensayaban los Sumo, en el sótano de aquella casona de Hurlingham o en las sierras cordobesas (“Agachábamos la cabeza y tocábamos sin mirarnos, a lo sumo mirábamos de reojo hacia la ventana, rogando que cualquier cosa que pudiese interrumpirnos fuese neutralizada de inmediato, y que la música se formase sola, hasta que el Pelado se acercaba al micrófono y cantaba algo que lo unía todo. Tal vez Sumo fue eso: el mejor sistema jamás creado para liberar el inconsciente. Eramos una banda que vivía y se alimentaba de perder la conciencia. Queríamos hacer como hacían los demás, queríamos ser profesionales, pero no podíamos”). O cuando dice: “Es extraño pensar que casi todos esos temas que el público consideró híper urbanos se hicieron en medio de las sierras o de un jardín inglés de Hurlingham. La ciudad era como un hospital para los Sumo. Estábamos siempre como sentados contra una pared, mirando de reojo a los demás como hacen los pacientes en los pasillos de un hospital, preguntándose ¿y éste qué tendrá? ¿de qué van a operarlo?”. O cuando Luca, en pleno 1982, cocinaba fideos para todos y gritaba desde la cocina: “¡Las Malvinas son... italianas!” O cuando estaban escuchando el doble en vivo de Van Der Graaf y Prodan dijo: “Yo estaba ahí ese día, se oye un grito mío en el disco, mirá”. Y, en efecto, al rato se oía un aullido desde la audiencia que para todos los Sumo fue inmediatamente reconocible. El núcleo duro del libro de Pettinato es el vínculo irrepetible que logró darle Luca a la banda (“El buscaba una familia que no le rompiera las pelotas, una familia propia pero a la que sólo él decidiera cuándo pertenecer y cuándo no”) y el karma simultáneo de girar como satélites en torno de un planeta que se estaba autodestruyendo (“Lo importante era parecerse a Luca, aunque eso implicara bancarse a todos los pesados del mundo, los densos sin futuro, los a punto de morir que nos querían conocer”). Hay dos o tres escenas más bien impresionantes de los últimos tiempos del grupo (que, para entonces, se parecía según Pettinato a “un nene en una hamaca de plaza, empujado con rabia por un padre sin trabajo”). En una de ellas se ve a Luca acostado, profundamente dormido, llevar la mano debajo de la cama, manotear una de sus botellas de ginebra y beber sin despertarse. En otra, Pettinato cuenta cómo trataron de acomodar el cadáver de Luca cuando llegaron a la casa de la calle Alsina donde murió. A él le tocó alzarlo de la cabeza y dice que “la cabeza de Luca pesaba como un trueno”. Pero mi momento favorito en el libro es la historia (que quizá muchos conozcan pero yo ignoraba) sobre “Mañana en el Abasto”: Mollo había armado una batería con delay en uno de los palillos, sumaron una guitarra y el bajo de Arnedo y quedó algo climático, aéreo, como de Brian Eno, que les encantó a todos. Entonces Luca le agregó la voz. Y todos lo quisieron matar: había arruinado el tema con esa letra infantiloide, que además estaba cantada fuera de tono, desafinada. Hasta que Mollo se lo hizo escuchar a Spinetta y el Flaco dijo: “Qué letra más impresionante, y qué bien cantada que está”. Así se dieron cuenta los Sumo del pedazo de tema que tenían grabado, del regalo de despedida que Luca les dejaba antes de irse a su cielo con diamantes. Fuente
Partiendo de la premisa de que prácticamente toda guerra es fruto de la incompetencia política y/o diplomática (al no haber podido evitarla), la Historia también se encuentra repleta de torpes acciones militares, más o menos conocidas. Hoy traigo algunos ejemplos tragicómicos de estas acciones, desde el respeto debido a aquellos que dieron su vida cumpliendo (o padeciendo) estas torpes, inútiles y desgraciadas órdenes militares. 1. Corto un cable que me molesta… y dejo incomunicados a dos continentes (entre otras cosas) Cartel japonés de propaganda Guerra ruso-japonesa A finales de 1904, la flota del Zar Nicolás II inició una de las campañas militares de tintes más chuscos que jamás haya emprendido una flota naval. Los barcos del Zar partieron de los puertos del Báltico rumbo al Pacífico (rodeando África) para castigar a los japoneses durante la Guerra ruso-japonesa. El primer incidente sucedió en aguas británicas del Mar del Norte, al disparar sobre botes pesqueros a los que los rusos confundieron con ¡lanchas torpederas japonesas!, con el consiguiente ridículo internacional. A su paso por el norte de África, uno de los barcos rusos se enredó con un cable submarino, y se vieron obligados a cortarlo, sin saber que se trataba de un cable de comunicaciones entre África y Europa, dejando ambos continentes incomunicados entre sí durante cuatro días (más rechifla internacional) Barco de guerra ruso de la clase Borodino que participó en la expedición Por el camino, los rusos dispararon más de 300 obuses a un mercante sueco, un pesquero alemán y una goleta francesa, al confundirlos (otra vez) con buques japoneses. Además, las enfermedades iban diezmando las tripulaciones durante la singladura. Por este motivo, desde uno de los barcos se hizo un disparo para honrar a los muertos e… ¡impactó en otro barco ruso! Durante unas prácticas de tiro en alta mar utilizaron como blanco un buque destinado al desguace, comprado por el camino en un puerto africano. Pues bien, el blanco quedó intacto… pero hundieron el buque ruso encargado de arrastrarlo. Para terminar, cuando los barcos del Zar alcanzaron por fin las aguas niponas, fueron fácilmente derrotados por los japoneses en la Batalla de Tsushima (mayo de 1905), donde la flota rusa fue destruida o capturada en casi su totalidad, mientras los japoneses sufrían escasos daños. 2. Uno de los peores militares de la Historia Los expertos coinciden en señalar al nordista Ambrose E. Burnside como uno de los peores militares de la Historia. De hecho, el propio Abraham Lincoln dijo de él: dijo:“Sólo Burnside es capaz de transformar una victoria cierta en una derrota espectacular” Durante la Guerra de Secesión Americana, su incompetencia le llevó a sufrir una inútil carnicería en la Batalla de Antietam. Y es que se empeñó en tomar un puente “estratégico”... para descubrir después que el río solo tenía unos pocos centímetros de profundidad. En la Batalla de Fredericksburg lanzó a sus tropas a un avance suicida al descubierto… y fueron aniquiladas. El cráter de Petersburg (fotografía tomada en 1865) Pero su mayor fracaso y derrota llegaría en 1864, en Petersburg, durante la popularmente denominada “Batalla del cráter”. Las tropas de la Unión y las Confederadas se enfrentaban en la guerra de trincheras de Petersburg. Burnside se acordó entonces de un plan sugerido por un regimiento de mineros del carbón: cavar una mina bajo las trincheras de la Confederación y detonar los explosivos para lograr después un avance sorpresa. Así se hizo, y cuando estalló, envió a sus tropas hacia el enorme cráter resultante de la explosión. Pero la falta de previsión hizo que todos ellos quedasen allí atrapados y fuesen tiroteados a placer por los soldados sudistas desde lo alto del cráter. Tras esta batalla, Burnside fue (por fin) relevado del mando. 3. ¡OOOPS!... lo siento En Honolulu, el 12 de diciembre del 1794, la balandra mercante americana Lady Washington disparó 13 salvas de cañonazos para saludar a la goleta inglesa Jackal. La Jackal devolvió el saludo… matando instantáneamente al capitán del otro buque y a varios miembros de su tripulación. Uno de sus cañones había sido cargado con munición real... Fuente
Generalmente sabemos que los Estados Unidos sólo ha sufrido dos ataques dentro de su territorio. El primero fue el bombardeo a Pearl Harbor y el otro fue el ataque terrorista del 11 de septiembre del 2001 sobre las Torres Gemelas y el Pentágono. Pues bien, la historia nos cuenta que hubo otro ataque sobre suelo continental norteamericano que pasó desapercibido, o al menos no tuvo tanta repercusión en la prensa. Nobuo Fujita La mañana del 9 de septiembre de 1942 el sargento Nobuo Fujita de la armada imperial japonesa tomó su espada de samurái y con ella subió a su aeroplano. Lo extraordinario de este suceso, es que estaba listo para despegar frente a la costa oeste de los Estados Unidos desde un submarino portaaviones que se encontraba en mar territorial norteamericano sin ser detectado. Este fue el único bombardeo aéreo que se ha llevado a cabo en los Estados Unidos continental. En la Segunda Guerra Mundial, la empresa japonesa Mitsubishi construyó para su ejército 9 submarinos portaaviones I-25 que llevaban a bordo el hidroavión Yokosuka E14Y -que se armaba y desmontaba en una hora- para misiones de reconocimiento y espionaje. En éste conflicto fueron utilizados principalmente para monitorear el Canal de Panamá y Australia, pero luego de varias misiones exitosas, decidieron enviar un submarino hasta la costa oeste en territorio americano. Ahora querían dar un claro mensaje a los Estados Unidos, y ese mensaje era que podían llegar hasta su país. Despegue del hidroavión E14Y desde el submarino japonés El 9 de septiembre de 1942 el submarino emergió a unos 80 kms de las costas de Oregón y los japoneses armaron la aeronave. La misión era arriesgada, ya que se trataba de volar un hidroavión que iba cargado con dos bombas incendiarias de 340 libras, soltarlas en las costas norteamericanas y volver a aterrizar sobre la pista del submarino. El submarino japonés I-25 en la Segunda Guerra Mundial El piloto Fujita despegó en la aeronave y logró adentrarse casi 100 km en el continente hasta los bosques de Oregón, donde dejó caer las bombas. La noche anterior había llovido por lo cual el efecto incendiario fue mínimo y pudo ser contrarrestado enseguida por el servicio forestal de Estados Unidos. En cuanto regresó el piloto Fujita al submarino, éste se sumergió enseguida en el océano para no ser detectado. El I-25 permaneció escondido en el lecho del mar durante tres semanas y volvió a la superficie la noche del 29 de septiembre para que el piloto atacara de nuevo. En la oscuridad de la noche, Fujita utilizó el faro de Cabo Blanco de la costa de Oregón para guiarse. Este segundo bombardeo tampoco dejó víctimas mortales porque fue realizado sobre el parque nacional Emily. Cuando el piloto estuvo de vuelta, el submarino empezó su retirada antes de ser detectado por la armada americana, pero en su trayecto de regreso, aprovechó para atacar al carguero SS Camden y al buque cisterna SS Larry Doheny. En estos dos ataques murieron siete soldados norteamericanos. El 11 de octubre, antes de llegar a su país, el submarino japonés también se dio el lujo de disparar y hundir al submarino soviético L-16. Es decir, cumplieron una campaña perfecta y obviamente, en Japón los recibieron como héroes y la tripulación fue condecorada. Sitio de los bombardeos y de los buques americanos hundidos Pero a pesar de ser una historia de guerra, esta anécdota tiene su lado anecdótico y final feliz, ya que en 1964, casi 20 años después, Nobuo Fujita fue invitado por el alcalde de Brookings, Oregón, a una visita de buena voluntad a la ciudad que años antes había bombardeado. Muchos allegados le dijeron que no fuera, que seguramente sería una trampa para apresarle y juzgarlo por crímenes de guerra. A pesar de todas las advertencias, Nobuo Fujita decidió viajar no sin antes guardar en su equipaje la espada de samurai que lo había acompañado años antes, para practicarse el harakiri en caso de ser recibido de manera hostil. Fujita se quedó asombrado del recibimiento tan cálido del que fue objeto, ya que lo declararon huésped ilustre y fue invitado de honor a muchos actos conmemorativos. La única forma de agradecimiento que se le ocurrió a Nobuo Fujita, fue entregar su espada de samurai de 400 años de antigüedad y que había pertenecido a sus ancestros, a la Biblioteca de Brookings, donde se la conserva hasta ahora. Nobuo Fujita donando su espada de Samurai Fujita regresó tres veces más a Brookings en 1990, 1992 y 1995. En uno de estos viajes plantó un árbol, un retoño de secuoya, en señal de paz y amistad justo en el lugar donde cayó una de sus bombas y fue nombrado ciudadano honorario. Nobio Fujita vivió hasta el último de sus días profundamente avergonzado de sus ataques a los Estados Unidos; murió en 1997 al edad de 85 años. Sus hijos cumplieron el deseo del padre de dividir sus cenizas entre esta ciudad americana que lo acogió como ciudadano y su Japón natal. Aquí podemos darnos cuenta que después de una guerra, si pueden aflorar la nobleza y valores de los pueblos, extendiendo la mano al soldado enemigo que bombardeó su territorio y demostrar que el perdón si existe. Fujita también demostró que existe el arrepentimiento. Fuente
En un diminuto pueblo del oeste de Escocia llamado Milton, abrazado por las verdes tierras del condado de Dumbarton, existe un misterioso puente de estilo victoriano que ha suscitado el interés de científicos, charlatanes y parapsicólogos oportunistas. Desde los años 60, decenas de perros han sido seducidos por una inexplicable y voluntariosa actitud suicida que les llevó a saltar al vacío desde lo más alto. Tras años de teorías adscritas a la ignorancia, varios científicos han dado con la causa de tan misteriosos saltos. Te invito a conocerla. Imagen del Overtoun Bridge en Milton En 1859, un burgués terrateniente llamado James White, adquirió unos terrenos a las afueras del pueblo para construir una pequeña mansión de retiro espiritual. Acaudalado en riquezas e influencias logró contratar a uno de los mejores arquitectos de la época para el diseño de lo que sería la mejor villa de la comarca. Para acceder a la villa había que salvar el cauce del río Clyde, por lo que un puente de diseño acorde a la mansión y que anticipara su elegancia victoriana era más necesario. Así nació el ‘Overtoun Bridge‘ El puente es una construcción muy sobria, de tres ojos flanqueados por torreones clásicos y de estilo victoriano. Viene rematado con anchísimos petos ciegos de piedra y de más de un metro de altura que impiden vislumbrar el cauce del río a los animales sueltos, pero también anulan la percepción de altura a los mismos. El origen de los primeros saltos suicidas caninos se remonta a principio de los años 60, cuando varios testimonios informaban sobre el repentino y enigmático ademán de algunos perros conforme alcanzaban el centro mismo del puente. Sin mediar provocación o suceso los canes tomaban carrerilla y saltaban por encima de las barandas sin detenerse en ellas para observar el otro lado. Acababan estampados en alguna roca de la escorrentía. Algunos sobrevivían malheridos por la amortiguación del agua para volver raudos al centro del puente e increíblemente saltar de nuevo. No fue hasta que las experiencias similares se amontonaban en el pequeño anecdotario lugareño cuando las primeras investigaciones informales fueron encargadas. Detalle de la parte superior del puente con los petos de piedra Las cifras de ‘kamikazes caninos’ (muertos) oscilan entre 80 y 100 ejemplares en los últimos 50 años, con periodos críticos de más de cinco canes al trimestre y cientos de saltos con final feliz. Algunos de los perros trepaban hasta lo alto de los petos antes de saltar al vacío, borrachos de misterio, y ante el asombro de sus dueños. Pero ¿Por qué saltaban? Varias teorías han alimentado el misterio para engordar la leyenda del suicidio. Fuerzas sobrenaturales y extraños magnetismos o campos de energía que emanaban desde las grandes piedras importadas confundían el hipersensible mecanismo orientativo de los perros, forzándoles a resolver el calvario extrasensorial. En 1994, Kevin Moy, un lugareño perturbado influido por las historias de falsos encantamientos, lanzó su bebé desde el puente para purgar su supuesta posesión demoníaca. Increíble. La mitología Celta resolvió también el misterio, a su manera, acudiendo a la etimología del topónimo. La comarca ‘Overtoun‘ significa en gales ‘Espacio fino’, el lugar donde el cielo y la tierra están terriblemente cerca. Supuestamente esto debería inquietar mas a los bajitos bichos de cuatro patas que a los erguidos ‘magufos’. Pero no fue hasta que el empirismo científico y estadístico se apropió del lugar para desnudar los misterios y construir una teoría razonable y desmentida por los que todavía quieren fomentar el turismo del encantamiento. La sociedad escocesa para la prevención de la crueldad animal, envió a varios veterinarios y científicos que investigaran el tema. Llegaron a la conclusión que el aislamiento visual que producía los altos muros pétreos del puente debería fomentar y poner en alerta los otros sentidos mejor desarrollados del perro: oído y olfato. Tras estudiar y descartar el origen de sonidos de alta frecuencia de los postes de luz cercanos, centraron sus estudios en el olfato de los animales. El Dr. Arenas, encargado de la investigación, constató que no todas las razas de perros sufrían la llamada del suicidio. Eran los ‘cazadores’ de hocico grande: Labradores, Collies, y Golden Retrievers los que saltaban. Había que buscar un olor desconcertante ¿alguna planta? ¿agua putrefacta? No. tenía que ser un animal. Hilando fino y amparado por los hechos acaecidos, constató que los supuestos suicidios comenzaron durante los mismos años en los que se produjo la invasión de visón americano en la zona. El visón tiene en el ano unas glándulas que segregan una sustancia extremadamente olorosa que vuelve loco a los perros y que sirve para marcar su territorio. La zona del puente, hábitat de los visones, es un cauce muy cerrado y carente de corrientes lo que hace que la sustancia se conserve mejor y atraigan sobremanera y de repente a los canes que cruzan. link: http://www.videos-star.com/watch.php?video=Ysvn2JDzVw8&feature Extracto del documental “The Dog Suicide Bridge” Para constatar la teoría el Dr. David Sands ha realizado un experimento que pueden ver en el siguiente vídeo (minuto 2,50). Varios canes de hocico grande exponen su olfato a animales de la zona: visones, ratones y ardillas. Los resultados y sus reacciones son sorprendentes Misterio resuelto. Gracias ciencia. Fuente