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MaxSpinoza

Usuario (Argentina)

Primer post: 16 may 2011Último post: 5 ene 2012
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E.E.M. (Lectura de un pupitre)
ArteporAnónimo5/16/2011

Hola, Gente de Taringa! Aceptando el consejo de un taringuero posteo un cuento/texto corto para las pupilas perezosas, el mismo está basado en un hecho real. Saludos. E.E.M. (Lectura de un pupitre) Sabrina. Valeria. Bon Jovi. Laura. Revolution. Romald. B.O.D. Romi (tachado). Letras R y Z. Todos vamos a morir. (contabilidad de un partido de truco: 9 buenas. 4 malas). Erika (consecutivamente). Tigre. No puedo poder parar. Mariela. María (bis). (corazón). Te amo (hasta el hartazgo). (líneas abstractas en toda dirección). Leti y Pablito. San Lorenzo. Mely. Estudiar da frutos, que estudien los árboles. Yo. Ariel. Anores. T.Q.M. Jesús te ama. V y P. Bombón. Ese es color q´ quisieras. Estoy estup. S.O.S. Lafe. Preguntale cuando deja la novia. Basta!!! Fotty. Bob Marley. Belén. Nacho. 1833, 1982. Mata moko. Chaca. Tati. 0=-2. Analía. M.S. Si alguno gusta de leer cuentos más convencionales pueden ver mis otros Post.

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La Casa (fragmento / sobre la política y su ausencia)
ArteporAnónimo1/5/2012

hola, amigos de Taringa! me permito ofrecerles un fragmento de mi novela (inédita) La Casa. en este caso el tema versa sobre la política (o la falta de ella) en un año bisagra como lo fue 1999 para la Argentina. espero que les guste, los comentarios serán bienvenidos. La Casa, 1999.La política en la casa y en La Casa era despreciada al igual que en todo el territorio nacional. Sobre todo en los menores de entre treinta y treinta y cinco años. Y no era para menos. El saqueo del estado, la corrupción sonriente, la falta de empleo y la frivolización de todas las dialécticas conocidas daban en el blanco contra el interés en políticas constructivas. La política, el sistema político y los políticos no solo provocaban rechazo sino que además eran considerados el problema en sí, el cáncer a extirpar. Los actores y escenarios políticos, para colmo, se repetían como pesadillas recurrentes y esgrimían con fastidio viejas y cínicas recetas que habían escuchado todas las abuelas. Por eso en la mesa de la casa (que era redonda y de madera) las charlas sobre política tenían una rara mezcla de bronca y melancolía, de jacobinos y panglosianos.Así las cosas en 1999.Juan Rozas era un tosco escéptico. Decía ser de izquierda pero rehusaba todo encasillamiento. A veces se definía levemente ácrata y a veces, en sus palabras, Todo le chupaba un huevo. Silvia Kazynsky, la más politizada de la casa, quería ser peronista. Siempre deseó y buscó ese peronismo mitológico de izquierda en los barrios y en la facultad de sociales. En su adolescencia democrática leyó a Cooke y a Fanon y escuchó a Silvio Rodríguez y a Pablo Milanes. Llamó Victoria a su hija porque era menos obvio que Eva y porque era el nombre de una de las hijas de Rodolfo Walsh. Y cuando el bolsillo se lo permitía compraba un ejemplar de Página/12 que leía con deleite. Pero en 1999 estas costumbres eran caricaturizadas por la cultura dominante y, por lo tanto, una generación estaba desencantada.Vicky Kazynsky decía que ella era anarquista como el tío Rayen. Entre los asiduos de la casa El Flaco José era el único que militaba activamente. Claro que la militancia, en 1999, podía significar juntar gente para elecciones, hacerle los mandados a un intendente o concejal o encargarse de la distribución de bolsones de mercadería que cada tanto la intendencia repartía en los barrios del conurbano bonaerense. Era un puntero ocasional, sin compromisos, y honesto, lo cual no era poco, sino una excepción, una falla del sistema. Eso sí, se sumaba con entusiasmo a los piquetes, de los que siempre participaba. Salvo el primigenio de Cutral Có, se podía decir que había estado en todos los piquetes de la provincia de Buenos Aires. El Flaco era peronista por herencia, pero sin dejar de lado su sujeto cartesiano. Adoraba a Eva Perón y miraba bajando las cejas todas las sonrisas de El General. Rayen Kazynsky se definía anarquista. Admirador de Severino Di Giovanni y con una enorme afinidad con los movimientos armados de los años setenta, a tal punto que, inspirado en su lectura sobre el Operativo Pindapoy en La Voluntad, solía amasar la idea de un secuestro y enjuiciamiento simbólico para sacudir a sus pares. Según su visión José Alfredo Martínez de Hoz era el candidato ideal para tales propósitos.Nacho Catalano era peronista. Mariana Catalano no. Él, sin decirlo, era de centro derecha. Ella, sin decirlo también, era de centro izquierda. Nacho admiraba a Eva Perón y al Che Guevara. Mariana los cuestionaba. Él tenía sutiles tendencias conservadoras de una familia de padres militares y madres amas de casa. Ella tenía sutiles tendencias liberales de una familia de psicólogos y diplomáticos. A Nacho le gustaba hablar de política. A Mariana no.El resto iba y venía de la rabia a la indignación, y de allí al descreimiento, ése que se parece mucho a la victimización o a la auto compasión. Y, de hecho, para esos sentimientos el escenario era el correcto. Todos venían masticando un menjunje añejo que en algún momento deberían escupir. No se puede masticar eternamente, las mandíbulas empiezan a doler y cada uno hace lo que puede al respecto. Y en esos tiempos el dolor se comenzaba a intolerar. link: http://www.youtube.com/watch?v=KCSEwfqs-VM

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Soliloquio de un Desocupado (fragmento)
ArteporAnónimo12/22/2011

Hola, aquí comparto un pequeño fragmento de mi novela La Casa. es de un capítulo llamado Soliloquio de un Desocupado. espero les guste, son las reflexiones de un hombre que se encuentra sin trabajo, simplemente eso. saludos. Soliloquio de El Flaco José. La Casa, 1999.Un desocupado es alguien que mira muchas horas de televisión. Un desocupado tiene la barba crecida y no le gusta mirarse en el espejo.Un desocupado pasa mucho tiempo con sus hijos (pero esto es una ventaja, en realidad).Un desocupado siente que sus manos se vuelven suaves y eso no le gusta un carajo.Un desocupado se encuentra tarde o temprano con el terrible momento en que lo único que puede hacer es esperar, y esa, lo sabe, es la posibilidad de la pobreza.Un desocupado llega a extrañar con cariño trabajos infames y compañeros desestimados. Un desocupado conoce siempre el pronóstico del tiempo del Servicio Meteorológico Nacional.Un desocupado piensa en los ojos de sus hijos (porque un desocupado los tiene, porque si no los tuviese sería un desempleado, que es más elegante y menos comprometido). Un desocupado piensa en el suicidio, pero lo descarta enseguida. Por supuesto que para llegar ahí ya a pasado por la sorpresa hilarante, la tenacidad, la espera, la desesperación, la rabia, el arrepentimiento, el dolor del arrepentimiento, la esperanza, la desesperanza, la humillación, la sed de dios, el hambre de hombres y el fino hilo de la locura. Entonces sí, se descarta el suicidio (no sin antes pensarlo dos veces).Un desocupado piensa en su mujer que va a trabajar.Un desocupado piensa en un conejo.Un desocupado puede volverse un tipo celoso y de ahí dar un salto al casillero de los paranoicos y luego perder un turno y ser un pobre tipo al que lo dejó la mujer.Un desocupado, entonces, lleva los chicos al colegio, limpia la casa, lava la ropa, busca a los chicos, prepara la leche, hace las compras y se encarga de la cena para que cuando regrese su mujer la casa esté confortable. Esto a veces le parece justo y a veces lo hace sentirse un cretino. Un desocupado sufre doble si se pelea con su mujer. Un desocupado se vuelve a hacer la paja como si tuviese dieciséis.Un desocupado, si permanece mucho tiempo desocupado, comienza a simpatizar con la derecha. Si era un tipo de izquierda esto se hace evidente, si era apolítico está entregado como un cordero al león y si el tipo ya tenía tendencia a la intolerancia tenemos un fiero posible asesino. Un desocupado suele ser un buen tipo, pero detesta ese adjetivo. Un desocupado se siente en el borde del abismo.Un desocupado tiene aversión por las fiestas y reuniones familiares, siendo los cumpleaños y las navidades su fechas más lacerantes.Un desocupado sufre y disfruta amortiguado en la neurosis.-¿En qué pensás, flaco? ¡Te me colgaste de una rama!-, le dijo Juan Rozas.-¡Eh! En nada, Juancito. En pavadas que se le ocurren a uno.

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