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Usuario (Argentina)
La Argentina Negativa Tropiezos. En 2008, en Barrio Norte cacerolearon a favor del campo Sociólogos, historiadores y psicólogos explican la fascinación local por el fracaso. Individualismo, globalización y eterna adolescencia Por Luz Laici La frase volvió a escucharse en las últimas semanas. “Ojalá se vaya esta yegua.” No hace falta especificar demasiado: el uso ofensivo del animal refiere a la presidenta Cristina Fernández. El disparador esta vez fue el conflicto entre el gobierno y el presidente del Banco Central, Martín Redrado, fogoneado por una oposición política y ciertos sectores de la sociedad que parecieran regodearse con el camino al fracaso. Para (casi) todos. “Ojalá se vaya esta yegua.” el uso ofensivo del animal refiere a la presidenta Cristina Fernández. Ya pasó tiempo atrás: la mayoría de los argentinos festejó el bombardeo del ’55, acompañó el golpe del ’76 con gritos de gol incluidos, entregó oro y comida porque “las Malvinas son argentinas”, aplaudió la presión económica que llevó a la entrega anticipada del gobierno de Raúl Alfonsín, festejó las privatizaciones de Carlos Menem, marchó en diciembre de 2001 hacia Plaza de Mayo y caceroleó en Barrio Norte por la pobre Sociedad Rural. ¿Casualidad o puro masoquismo local? Festejó el bombardeo del ’55 El golpe del ’76 se Aplaudió la presión económica que llevó a la entrega anticipada del gobierno de Raúl Alfonsín, festejó las privatizaciones de Carlos Menem/b] “Golpe blando”, sentencia el teólogo Rubén Dri. Y explica:“Como lo describió el politólogo norteamericano Gene Sharpe, esos procesos destituyentes se caracterizan por la deslegitimación, el calentamiento de la calle, las fracturas políticas. La defensa de las instituciones y su calidad constituyen muletillas de quienes no pierden oportunidad, porque toda ocasión es buena para un brindis, para desgastar al gobierno y su capacidad de llevar adelante la gestión para la que fue elegido. En ese caso, se apuesta al conflicto respondiendo a los intereses personales y no a los colectivos. Hoy en día, (Julio) Cobos y Redrado son los exponentes máximos de quienes hacen de la traición y la hipocresía una virtud. Como lo insinuaron Grondona y Biolcati en amigable conversación, Cobos está allí esperando que la manzana le caiga en las manos, mientras la oposición sacude el manzano con todas sus fuerzas”. Ni siquiera en tiempos como el 2010 que, en la mayoría de las previsiones, se avizoraba con recuperación económica, superávit fiscal y comercial y redistribución del ingreso con la asignación universal por hijo a la cabeza, los argentinos nos entregamos al disfrute de las buenas perspectivas. Una idiosincracia que, para el historiador Pacho O’Donnell, tiene su raíz histórica en “la base del dilema sarmientito, de civilización o barbarie, donde la civilización era el ideal europeo y la barbarie, las provincias, los gauchos, los federales, los caudillos, las tradiciones criollas, lo propio. Esa cuestión, el construirnos al revés, hace que sintamos lo ajeno como mejor de lo propio y nos autodenigremos”. El psicoanalista Enrique Carpintero, en cambio, lo ilustra de otro modo: “Sin ir tan lejos en el tiempo, en los ’90 el afianzamiento de la globalización capitalista generó una cultura basada en el individualismo que no encontró alternativa de cambio. Es conocido el ego de los argentinos en el mundo pero no debemos entender el fracaso de nuestra estabilidad como sociedad sólo por cuestiones internas sino ante la complejidad de un mundo globalizado. En griego, individualismo se llama idiocia, lo cual nos lleva a que uno de los problemas sea la importancia que tuvo la subjetividad del idiota al que sólo le interesa el mezquino interés privado. El idiota, hoy en día, desconoce al otro y los valores de solidaridad, y eso hace que amenace con llevar la catástrofe a todo el mundo. Es aquí donde encontramos el fracaso de una cultura globalizada que no responde a nuestras necesidades e intereses”. La historia de los países tiene sus particularidades. Y la nuestra no es la excepción: crisis cíclicas, festejadas por amplios sectores sociales y un alto grado de desacople en las consecuencias. ¿Ausencia de culpa o autocrítica nula? “Abundante clase media”, ironiza Dri. “Un abanico social que, en general, no se hizo ni se hace cargo de sus actos –continúa–, porque la culpa la tiene el otro, como canta Larralde.” Crisis cíclicas festejadas. “No bien el único proyecto de país se redujo a que nadie te joda, un horizonte descomprometido y genocida se abrió paso en la sociedad argentina”, analiza el historiador Alejandro Horowicz. Y agrega: “El responsable final de las conjuras es el gobierno nacional mientras todos buscan seguir siendo indefinidamente adolescentes, carentes de la menor responsabilidad. El 2001 mitigó durante una fracción de segundo histórico esa pobrísima perspectiva, pero no bien el 3 a 1 se estabilizó, cada cual volvió a sus asuntos. Con la reaparición del conflicto social –la resolución 125 trajo a la superficie los sedimentos más miserables y constitutivos de una sociedad que no repensó nada– los temores revivieron movilizados por el nuevo horizonte de crisis. Y una vez más quedó claro que los responsables de la dictadura terrorista no eran sólo tres comandantes militares, sino la compacta mayoría que, implícita o explícitamente, militó bajo las banderas del ‘por algo será’”. Una elección, al menos, curiosa si se tiene en cuenta que la desdicha, lejos de ser ajena, resulta compartida. Y deshilacha todo intento de integración social. “Pero el establishment nunca reconoce las políticas que buscan mejorar la situación social”, comenta Jorge Elbaum, profesor de Sociología y Comunicación Política. Y remata: “Aunque también implica un déficit político y comunicacional de quienes buscan transformar la realidad, como sucedió en los primeros años del kirchnerismo, porque entienden al pesimismo como una ‘esencia’, algo inserto en la sociedad. Y esto no es así: el sabotaje político es simplemente enarbolado por aquellos que perderían el tren de su proyecto. Como sucede con el neoliberalismo y los conservadores hoy, que sienten que está en juego su propia supervivencia futura y cuando se trata de proyectos en conflicto, el fracaso del otro suele verse como triunfo propio” Y eso que estamos en el año del Bicentenario. ¿Habremos madurado? Fuente
Feroz interna subacuática entre los socios Pro dijo:Macri quedó con el agua hasta el cuello: la ciudad colapsó por las inundaciones y está en guerra con De Narváez. Sospechas de sobreprecios y denuncia ambiental en la obra del Maldonado. Por Carlos Romero Es un hecho: a Mauricio Macri, como dice la canción, la lluvia no lo estimula. Todo lo contario. Desde que la última tormenta rebalsó por las calles a oscuras de una Capital Federal cruzada por gomones, canoas y una tripulación de vecinos furiosos, al jefe de gobierno porteño le cuesta hacer pie. Y esto dicho en más de un sentido. En lo inmediato, porque su gestión en materia hídrica fue tildada de ineficaz por todo el arco opositor y quedó salpicada de sospechas que llegan hasta su caballito de batalla en la lucha contra las inundaciones recurrentes: la muy publicitada y costosa megaobra del Arroyo Maldonado, que la ciudad sigue ejecutando a pesar de que al cierre de este artículo pesaba sobre ella una medida cautelar por varias irregularidades administrativas y presuntos sobreprecios millonarios (ver recuadro). Al mismo tiempo, la temporada de lluvias que viene aguando el febrero macrista también sacó a la superficie los problemas que el líder del Pro tiene en la conducción de su propia tropa. Asuntos internos que día a día le complican el armado de cara a las elecciones de 2011. En especial, desde que su ex socio Francisco de Narváez abandonó el Pro-peronismo y dejó a Macri solo y con marea alta. Fuente

Papel Prensa: ¿Por qué secuestraron a todos? Julio Saguier, presidente del directorio de La Nación y de Papel Prensa, a través de Adrián Ventura, brindó el domingo pasado una mentirosa versión sobre algunos hechos clave que permitieron a Clarín y La Nación quedarse con el control de la única planta industrial de papel de diarios. Aquello fue en complicidad con la dictadura militar. Sin embargo, Ventura da una versión que pretende revestir de legalidad el traspaso de las acciones de Papel Prensa que, en su mayoría, pertenecían a David Graiver, muerto en un accidente de aviación en México el 6 de agosto de 1976. El embajador argentino en Washington, Héctor Timerman, dio inmediata respuesta a una falsedad no menor de Ventura, quien relató en qué condiciones el abogado de David Graiver, Miguel de Anchorena, habría firmado la conformidad de la viuda de Graiver, Lidia Papaleo. El gran argumento de Saguier y Ventura es que Anchorena “firmó”. Para tomar dimensión de la hipocresía de ese argumento, cabe consignar que Anchorena y no menos de una decena de personas fueron detenidas ilegalmente y llevadas a Puesto Vasco, un campo de concentración manejado directamente por el entonces jefe de la Bonaerense, Ramón Camps. Allí fueron torturados, al punto tal que Jorge Rubinstein –muy cercano a David Graiver– murió mientras le aplicaban la picana eléctrica. Anchorena le contó a su familia que todo el tiempo les pasaban himnos y canciones nazis. ¿Saguier y Ventura no se preguntaron por qué secuestraron a todas las personas cercanas a David Graiver? A ver, no fueron detenidos y acusados de algo sino que fueron “chupados”. Se habla todavía de la relación de Graiver con los Montoneros y con eso se pretende justificar una supuesta relación financiera. No hubo ninguna revelación sobre ese supuesto vínculo. Además, ¿eso justificaría que todavía sea necesario mantener oculto que Papel Prensa fue el fruto de un botín de guerra? ¿No será que ese tema es tabú para La Nación? Si les falta información pueden hablar con Claudio Escribano, periodista clave de La Nación de esos años, quien no dudó en ser escriba de los peores momentos de ese maridaje entre empresarios periodísticos y dictadores. Comisión de verdad. Dado que la Secretaría de Comercio Interior abrió un período de 90 días para que se conozca la verdad sobre el origen societario de Papel Prensa, nada mejor que refutar la versión de La Nación con datos bibliográficos de fuentes diversas. En primer lugar, vale la pena aclarar que así como la Junta Militar, encabezada por el dictador Jorge Videla, abría una negociación para integrar a los grandes empresarios, Camps persiguió a un grupo de personas con el propósito de destruir lo que consideraba “el sionismo internacional”, y que no sólo incluía a la familia Graiver sino al director del diario La Opinión y a varios de sus principales ejecutivos o editores (incluso al director de La Opinión de Trenque Lauquen, Juan Nazar). Camps contaba con el respaldo del entonces gobernador militar, general Ibérico Saint Jean, y de su ministro de gobierno, Jaime Smart, un representante de la derecha judicial acusado de haber participado en los tormentos a quienes fueron detenidos en el llamado Puesto Vasco, donde Camps personalmente se ocupó de las torturas. Smart hoy está procesado y detenido por los delitos cometidos. La Nación, en su editorial del 16 de julio de 2008 decía: “....Confiemos en que sin más la Justicia disponga el cese de la actual situación del doctor Smart, de quien no se conoce una sola imputación concreta en su contra en condiciones de prosperar...”. Puesto Vasco. Ante todo, cabe aclarar que Camps llevó a un campo de concentración a decenas de personas que consideraban claves para que se consumara el robo de las acciones de Papel Prensa, convertidas en botín de guerra. A continuación, tomado del archivo de la Comisión Nacional de Desaparición de Personas, por orden alfabético, van algunos de los nombres claves que Saguier y Ventura deberían tomar en cuenta para no mentir con tanto descaro. Se trata de personas vinculadas a David Graiver o al diario La Opinión que fueron perseguidas para saquearlas, eliminarlas o silenciarlas. Saguier, en la actualidad, se beneficia de aquellos hechos que quiere desconocer. Encabeza la lista Miguel Anchorena, quien “firmó en conformidad” según ellos. Anchorena, Miguel; Casasbellas, Ramiro; Graiver, Isidoro Miguel; Graiver, Juan; Ianover, Rafael; Jara, Luis Enrique; Natraj de Madanes, Matilde (esposa de Manuel Madanes); Nazar, Juan Ramón; Papaleo de Graiver, Lidia L.; Papaleo, Osvaldo; Rubinstein, Jorge; Timerman, Jacobo. Nunca más. Saguier y Ventura deberían consultar el Nunca Más, publicado por Eudeba. Allí se describió hace 25 años lo que era Puesto Vasco, el lugar donde pasaron la familia Graiver, Anchorena, Jacobo Timerman, Jara y Casasbellas entre otros. (Estos dos últimos eran periodistas de mucha trayectoria y que quedaron en la conducción periodística de La Opinión cuando fue manejado por los servicios de Inteligencia del Ejército) “Puesto Vasco –sito en calle Pilcomayo 69 de la localidad de Don Bosco– funcionó entre el 7 de marzo de 1977 y el 18 de octubre de 1977. Sobre sus particulares características Ramón Camps manifestó durante la instrucción de la causa 44/85 que “Puesto Vasco” –que dependía de la Brigada de Investigaciones de Quilmes– era utilizado para el alojamiento de “subversivos sujetos a la autoridad militar”. Si bien este centro clandestino era de capacidad reducida recibía la visita frecuente de altos jefes militares y policiales –entre ellos el propio Camps–, hecho que indica que las tareas de inteligencia que allí se realizaban revestían una particular importancia”. Cabe aclarar que así como los Mitre y Magnetto-Herrera de Noble pudieron beneficiarse con Papel Prensa, el diario La Opinión pasó a ser controlado por la dictadura a través de encarcelar y demonizar a Timerman y poner como mascarones a algunos de los periodistas que lo acompañaban. Los cerrojos de la prensa. Saguier, a través de Ventura, quiere resaltar que la dictadura de Videla había puesto un veedor militar para quedarse con la empresa. Destacan que la acción decidida de estos empresarios ilustres permitió que Papel Prensa quedara, mayoritariamente, en manos de ellos (Clarín, La Nación y La Razón) Al respecto, deberían consultar el libro de Julio Ramos, Los cerrojos de La Prensa. No se trata del libro de un extremista, como gustaban llamar entonces en las páginas del diario de los Mitre a cualquiera que no fuera furioso defensor del régimen. Ramos fue alguien que esta entente de militares y empresarios dejó fuera del negocio de Papel Prensa, pese a que no se oponía a la dictadura. A propósito, llama la atención que el diario Perfil esté tan preocupado por estos días en contar las historias de maltrato que recibió Claudio Ramos de parte de Julio, su padre, justo cuando se menean estas cosas. La cita es un poco extensa pero esclarecedora. “El derrumbe del grupo Graiver ya era evidente semanas antes de la muerte o desaparición de David, hecho que contribuye en forma decisiva a precipitarlo. El desorden era total, situación que se puso de manifiesto el 3 de noviembre del '76. Ese día, Papel Prensa convocó a una asamblea extraordinaria a fin de regularizar las transferencias accionarias. Al mismo tiempo llovía sobre los Graiver todo tipo de presiones y sugerencias para que se deshicieran de sus empresas. Entre los mensajes que se recibieron en esos días, uno llegó a Miguel de Anchorena. Era el encargado de la sucesión de David Graiver. Anchorena recibió una comunicación de Francisco Manrique, vinculado a la familia desde que David colaborara con él en Bienestar Social (dictadura de Alejandro Lanusse, nota de EA), en las que se le transmitía el interés del gobierno para que el paquete accionario de Papel Prensa fuera vendido a los diarios Clarín, La Nación y La Razón. La planta sería inaugurada durante el mismo gobierno de Videla, el 27 de septiembre de 1978 con la asistencia del propio Videla y Ernestina Laura Herrera de Noble. En diciembre del ’76 fue la misma Junta Militar la que dispuso que el Estado aceptara la transferencia del grupo Graiver a Clarín, La Nación y La Razón. Entre otras condiciones, se estableció que estos diarios debían ofrecer expresamente a sus colegas de la Capital y el interior hasta 49% de las acciones adquiridas, en las mismas condiciones de precio y plazo. Eso de 49% obviamente no se cumplió, aunque los diarios del interior tuvieron una malograda oportunidad con la otra empresa, tiempo después en crisis, Papel del Tucumán. Las vinculaciones Montoneros-Graiver-Papel Prensa habían estallado ante la opinión pública a comienzos del año 1977, cuando los miembros de esta familia fueron detenidos. El gobierno intentó entonces sustraer a la empresa, de la cual –recuérdese– era socio el Estado, mediante una intervención, que corrió por cuenta del capitán de navío Alberto D’Agostino, designado “veedor interventor”. Lo que sigue es de una importancia central: El capitán D’Agostino denuncia, por ejemplo, que todo el capital aplicado por los diarios a la compra del paquete accionario de los Graiver procedió de dos préstamos bancarios. El primero correspondió al Banco Español del Río de la Plata y fue de un monto total de $ 2.400.000 dividido en partes iguales entre los tres diarios. El plazo era de 180 días renovables y la tasa de 110% anual. Las garantías fueron sorprendentemente a sola firma sin aval. Por una suma similar, el otro crédito correspondió al Banco Holandés Unido de Ginebra. El plazo era de 60 meses amortizable en cinco cuotas semestrales iguales consecutivas con el primer vencimiento a los 36 meses. D’Agostino comentó también que el 11 de octubre compartió en la planta de Papel Prensa un almuerzo con Héctor Magnetto, de Clarín, y con Bartolomé Mitre, de La Nación. Durante la comida Magnetto deslizó que, en realidad, la que había solicitado el crédito al Banco Holandés fue una papelera internacional con la que trabajaba el diario. ¿Existía en algún lado una papelera extranjera que pidiera un préstamo para que sus clientes formasen una empresa que les permitiera producir papel por sí mismos y dejar de ser sus clientes? La pregunta se la hizo, con toda legitimidad, el propio D’Agostino y se respondió que lo más probable era que la generosa papelera fuera socia del proyecto. Además D’Agostino denunció en su informe –también esto es muy importante porque muestra la total complicidad del gobierno militar con los tres diarios– que las acciones de clase “A” no fueron integradas por los diarios con fondos propios. Pagaron mediante diferimientos impositivos. Es decir, cada 100 pesos aportados sólo 25 eran fondos propios. Simplemente, pidieron que el gobierno subsidiara a los diarios, es decir, que no les hiciera pagar su aporte, como vimos antes y les facilitara créditos blandos. El gobierno militar surgido en 1976 fue proclive a hacer un negocio así con los diarios convocados. El poder da la sombra. La versión tan prolija que cuenta Saguier a través de Ventura no se compadece con el escatológico testimonio del entonces coronel Camps, quien –como se aclaró más arriba– comandaba Puesto Vasco personalmente y era jefe de la policía provincial. El libro El poder en la sombra, que publicó en pleno menemismo y presentó en La Feria del Libro de Palermo como un escritor más es elocuente. “Una parte importante del capital de los Graiver había sido invertida en medios de comunicación, a pesar de que el buen olfato financiero de los dirigentes del grupo sabía perfectamente que ese ramo no era seguro ni rentable. Este interés por influir en la opinión pública, demostrado por un holding que exteriormente parecía apolítico, y las grandes sumas invertidas en ese sector económico, fueron una de las pautas que nos indicaron que detrás de los negocios había intenciones de otro tipo. Los Graiver trataron de dominar todo el sector periodístico comprando las acciones de Papel Prensa, industria madre destinada a abastecer a la mayor parte de los diarios argentinos”. Hubo algo que tenía muy molesto a Camps y a Smart: que el abogado Miguel de Anchorena fuera abogado suyo. Por eso, en ese texto surgido de las sesiones de picana y de asesinatos seriales, dice: “Las vinculaciones y ramificaciones del imperio espurio que formó el grupo Graiver exceden la capacidad de asombro del investigador más escéptico. Personas aparentemente intachables, de supuestos antecedentes valiosos, profesionales, empresarios, personas de orígenes sociales distintos, aparecen salpicadas, cuando no inmersas, en el lodazal de la corrupción, de mentiras y de fraudes que fue el modus operandi de David Graiver y su grupo”. Sebrelli. Por último, conviene leer un libro de un brillante intelectual que pasó de la izquierda bohemia a la adulación de los apellidos ilustres y sus costumbres. Juan José Sebrilli, en La saga de los Anchorena, menciona al Anchorena que fue secuestrado por Camps en Puesto Vasco y a quien Saguier, a través de Ventura, trata de mostrar como una pieza que dio conformidad a la enorme saga de mentiras que, tanto antes como ahora, quieren construir los Saguier-Magnetto-Herrera Noble para ocultar su complicidad con la dictadura y los privilegios que mantienen por aquellos negociados. “Hubo Anchorenas en el consulado y en el cabildo durante la colonia, y después de la Revolución de Mayo, en el Ejército del Norte, en el Congreso de Tucumán, en el Directorio. Hubo Anchorenas con Rosas y, a su caída, con Urquiza. Hubo Anchorenas en el gobierno de Buenos Aires separado de la Confederación. Hubo Anchorenas con Mitre, y después con casi todos los gobiernos, incluyendo los de Yrigoyen y Perón. Hubo Anchorenas también en las dictaduras militares de Onganía y Videla. Hubo Anchorenas en las presidencias de todas las grandes instituciones: Jockey Club, Sociedad Rural, Sociedad de Beneficencia, Teatro Colón; hubo Anchorenas en las comisiones directivas de las principales sociedades anónimas, bancarias y financieras. Miguel Anchorena fue uno de los pocos argentinos que perteneció al Jockey Club de París. Un Anchorena se unió con la familia propietaria del diario La Prensa y una Anchorena es accionista de La Nación”. Fuente

En la última emisión decidieron someter a Jesica Cirio a esa parodia llamada "juicios" Cuando no hay material para poner al aire, cualquier cosa sirve: en "Impacto 9" la entrevistada fue Jesica Cirio, una de las conductoras del ciclo, que volvió a hablar del mito urbano que la involucra, la muerte del ex presidente de Boca, Pedro Pompilio. "Impacto 9" es el periodístico de Canal 9 que Chiche Gelblung maneja desde las sombras, desde que emigró a la pantalla de El trece. En la última emisión decidieron someter a Jesica Cirio a esa parodia llamada "juicios", que no es otra cosa que una entrevista hecha y derecha. ] Las preguntas comenzaron girando en torno a la profesión de Cirio, la forma en que había hecho su dinero ("trabajando", contestó la modelo) y por qué sus colegas la odian tanto. Pero a falta de mejor tema, decidieron reflotar el mito urbano que dice que Pedro Pompilio dio su último suspiro en vida, mientras compartía una noche de sexo con Jesica. "No puedo creer como alguien puede inventar semejante mentira", volvió a insistir la co-conductora del programa, ahora en el rol de entrevistada. Y contó que comenzó a preocuparse cuando su padre la llamó para preguntarle qué había de cierto en el rumor. Roberto Menna, como un pichón de Gelblung, mantuvo su cara de poker en todo momento. Con preguntas picantes y acotaciones obsecuentes ("Chiche Gelblung fue el primer valiente que se animó a preguntarte sobre el tema Pompilio", dijo en un momento del "juicio", trató de darle un marco de seriedad al tema. Pero también debió hacer lo imposible para no ponerse colorado en cámara, ya que fue muy obvio que la entrevista a la co-conductora del programa fue un manotazo de ahogado ante la falta de algo mejor para poner en pantalla. fuente ¿Culpable o inocente?
Franchin y el administrador "K": "el poder del amor" A mediados de enero, en Punta del Este, ya sabía que iba a ser el CEO de la empresa más grande de la Argentina, después de que su familia ingresara como accionista a YPF en la operación de compra más compleja, costosa y misteriosa del mercado empresario de los últimos años. Sebastián Eskenazi (45) no entendía, sin embargo, por qué los fotógrafos lo perseguían cada vez que salía a hacer compras o emprendía una caminata con su novia oficial, Analía Franchín (38), la pelirroja ex modelo y ex pareja de Guillermo Coppola que se popularizó como panelista de “Intrusos” y “Bendita TV”. Él, justamente, que siempre había mantenido el bajo perfil y se preciaba de ser una cara prácticamente desconocida para la prensa –a excepción de algunos contados periodistas de Economía–. Menos entendía su padre, Enrique Eskenazi (81) –actual vicepresidente de YPF–, cuando vio a Sebastián y a Analía en la tapa de la cholula revista “Pronto”. Noticias: Diría que está en una situación “políticamente incorrecta”… Suena prejuicioso, pero el vínculo con la farándula no suele ser un buen marketing para un empresario petrolero de primera línea. Sebastián Eskenazi: … (risas). Para mí, hay algunas cosas que están antes que los negocios. Con Analía nos conocemos hace bastante tiempo, ya convivo hace más de un año y se lleva bárbaro con mis hijos. Los afectos representan una parte fundamental de mi vida y no estoy dispuesto a resignar mis asuntos personales. Principalmente, porque no creo que eso afecte mi capacidad para ejercer como empresario. Al contrario, trabajé muy duro para que se concretara la compra de YPF, que es la apuesta más importante de nuestro Grupo en toda su historia. Y la verdad es que muchas veces en el último año de negociaciones pensé que no se hacía y también me pregunté en qué nos estábamos metiendo. Creo que será algo muy importante para el país. Igual, me molesta aparecer en los medios, Analía está acostumbrada... Fuente El casamiento secreto de Analía Franchín La panelista más polémica de la televisión habría dado el sí con el poderoso empresario Sebastián Eskenazi. Analía Franchín le contó a Santiago del Moro que ya está casada con el empresario Sebastián Eskenazi. La confesión ocurrió en el programa radial que Franchin y del Moro conducen en FM POP. A los que busquen un registro en alguna iglesia paqueta de la zona norte de esta ciudad, le decimos que no se maten, porque tal como reconoció la prpia Franchín, el casamiento fue un tanto especial y no convencional, es mas la compañera de Del Moro en la POP avisó que el casamiento por iglesia será recién cuando cumpla 50 años. Analia y Sebatián se conocieron en una reunión en la chacra de Jorge Rodriguez. Recordemos que Sebastián Eskenazi es CEO de YPF. Fuente Nueva comunidad de Espectaculos: INFILTRADOS http://taringa.net/comunidades/infiltrados/ LOS ESPERO AHI
Tres conceptos son necesarios para comprender el kichnerismo: reconstrucción del estado capitalista, régimen neo-populista y gobierno de centroizquierda. Estas nociones clarifican el ciclo actual y contribuyen a gestar un proyecto superador desde la izquierda. Capitalismo serio con burguesías subsidiadas El Kirchnerismo emergió bajo los efectos de la rebelión del 2001 y se abocó a restaurar el estado cuestionado por esa sublevación. Recompuso un organismo desarticulado por la extinción de la moneda, la paralización de las fuerzas represivas y la conversión de escuelas en comedores sociales. Actuó en un marco signado por la evaporación de los contratos y la pulverización del sistema político. Entre el 2003 y el 2007 Kirchner restableció el funcionamiento de la estructura estatal que garantiza los privilegios de las clases dominantes. Pero consumó esa reconstitución ampliando la asistencia a los empobrecidos, promoviendo avances democráticos y aceptando mejoras sociales. La emergencia quedó superada en un contexto de altos precios de las exportaciones y repunte cíclico de la rentabilidad. El gobierno reforzó entonces su política económica neo-desarrollista, priorizando el consumo y favoreciendo a los sectores agro-industriales en desmedro de los financistas. El oficialismo busca gestar desde ese momento un “capitalismo serio” supervisado por el estado. Espera generar un círculo virtuoso de bienestar y equidad, contrapuesto al “anarco-capitalismo” neoliberal. Pero no aclara dónde se ha logrado implantar ese modelo. En los países europeos prevalece el ajuste para socorrer a los bancos y en las economías asiáticas se exprime brutalmente a la fuerza trabajo. Todas las variantes de capitalismo regulado se basan en la competencia, el beneficio y la explotación, es decir en tres rasgos antagónicos con la igualdad. La idealización oficial del intervencionismo incluye otra expectativa: asegurar la continuidad del crecimiento con incentivos al consumo. Pero también el capitalismo estatista necesita sostener la demanda con rentabilidad e inversión. No puede auto-propulsarse sólo con mejoras del poder adquisitivo. La ingenuidad keynesiana suele omitir ese condicionamiento o el predominio de empresarios que exigen ganancias y auxilios del estado para reducir costos. Este patrón de lucro suele desmentir todas las fantasías socialdemócratas sobre el comportamiento benevolente de los capitalistas. El kirchnerismo también apuesta a recrear la burguesía nacional como protagonista de la acumulación. Pero los grupos concentrados fugan capital en lugar de invertir, engrosan sus patrimonios con subvenciones estatales y mantienen su rentabilidad con remarcaciones de precios. Este comportamiento ha conducido a la reaparición de la inflación y el bache fiscal. También recobran visibilidad las tensiones derivadas del mono-cultivo sojero, el extractivismo mega-minero, la pérdida del auto-abastecimiento petrolero y el estancamiento de la reindustrialización. Estos problemas son consecuencias del propio modelo y no meros resabios de los 90 . El gobierno espera corregir estos desequilibrios gestando un funcionariado con suficiente habilidad y poder para disciplinar a las grandes empresas. Pero las firmas foráneas mantienen las mismas prerrogativas de la década pasada y la vieja burguesía nacional ha decrecido, en comparación con los segmentos exportadores más internacionalizados. Los reguladores kirchneristas no han logrado contrapesar ninguna de esas tendencias. Subsiste la histórica carencia de una burocracia eficiente y reaparece un “capitalismo de amigos” rodeado de coimas. Comparaciones con el primer peronismo El régimen político kirchnerista se asienta en el liderazgo presidencial, la gravitación de mecanismos delegativos y la influencia de organismos para-institucionales. Preserva todas las normas constitucionales vigentes desde 1983, pero con mayor apego a las tradiciones populistas que a los basamentos republicanos. En ambas modalidades persiste la subordinación de la soberanía popular a los controles que ejercen las clases dominantes a través de su poder económico, judicial o mediático. Se puede votar periódicamente, pero no desafiar los privilegios sociales de los acaudalados . Pero el molde político informal de la última década sintoniza con mecanismos de gestión gubernamental más afianzados y presenta varias semejanzas con lo ocurrido durante el primer peronismo. El kirchnerismo se forjó en un contexto económico favorable e introdujo mejoras sociales, con la intención industrialista de revitalizar la autonomía nacional. Al igual que en los años 40 se consolidó en un fuerte choque con la oposición, que ha fortalecido la autoridad presidencial. El protagonismo actual de Cristina es arrollador. Ejerce su arbitraje tironeada por grupos capitalistas concentrados que exigen ajuste y movimientos sociales que reclaman con acciones directas. CFK recurre a la misma oscilación que Perón para lidiar con esta encrucijada . Pero el kirchnerismo desenvuelve modalidades neo-populistas mucho más atenuadas que las vigentes durante el peronismo clásico. No busca la centralidad de la industria sino su rehabilitación, en una economía recentrada en torno a la exportación de bienes primarios. No confronta con Estados Unidos, sino que intenta recuperar la independencia tradicional de la política exterior que diluyó el menemismo. No apuesta al comando argentino de la zona, sino a una coordinación subordinada a la estrategia brasileña. El viejo nacionalismo ha quedado amoldado a un proyecto más acotado de regionalismo consensuado. Esta moderación obedece ante todo a una diferencia de origen con el justicialismo. Perón nunca enfrentó la catástrofe económico-social o el descreimiento político que irrumpieron en el 2001. Tampoco rige en la actualidad la virulenta oposición militar-golpista, que radicalizaba todas las confrontaciones con el peronismo. Pero la principal diferencia entre ambos procesos es la relación con la clase trabajadora. En los años 50 la masa obrera obtuvo logros económico-sociales inéditos para un país latinoamericano. Estas conquistas coronaron una intensa industrialización por sustitución de importaciones, que facilitó la enorme gravitación del proletariado y su posterior integración como la “columna vertebral” del justicialismo. El kirchnerismo surgió, por el contrario, en un escenario signado por la regresión industrial y la fractura de los trabajadores en segmentos formales y precarizados. Esta división persiste al cabo de una década de regulación neo-desarrollista, puesto que la recuperación significativa del empleo y los salarios se limitó al sector registrado. Ya no rigen los avances sociales generalizados que cohesionaban a la clase obrera. Se recompuso el nivel de vida de los “incluidos” y se estabilizó el empobrecimiento de los “excluidos”. También la clase media quedó subdividida en sectores recuperados y sumergidos. La expectativa de ascenso social se ha evaporado ante la magnitud de las desigualdades. Esa segmentación sepultó la vieja escuela pública y disolvió los servicios compartidos de salud. El kirchnerismo se amolda a esta fractura y busca desembarazarse de la incidencia t que mantuvo tradicionalmente el movimiento obrero dentro del peronismo. Intenta congraciarse con los capitalistas para estabilizar un régimen desligado de las demandas sociales. Es cierto que favoreció inicialmente la reconstitución de los sindicatos, pero con el propósito de debilitar a los piqueteros. Cuando los gremios recuperaron su peso, el oficialismo se embarcó en una política de fractura de las centrales sindicales . Estos choques con los sindicatos no son novedosos y han signado la historia del peronismo, desde la liquidación del laborismo hasta las pugnas con el vandorismo. Las confrontaciones siempre incluyeron disputas por la conducción y los privilegios, entre burocracias estatales, partidarias y sindicales. Pero la tensión actual tiene un trasfondo más definido. El neo-populismo kirchnerista pretende eliminar la obstrucciones a la estabilización hegemónica, que impuso la insurgencia obrera durante el peronismo clásico. Esta meta requiere a su vez un tipo de gobierno muy diferente a ese modelo justicialista. Democratización y regimentación El gobierno kirchnerista presenta un perfil de centroizquierda. Se asemeja a otras administraciones sudamericanas que contemporizan con los movimientos sociales, sin modificar las transformaciones regresivas que introdujo el neoliberalismo. Comparte con Lula-Dilma Rousseff o Tabaré Vásquez-Pepe Mujica una ubicación política igualmente distanciada de la derecha represiva, librecambista y pro-norteamericana (Piñera, Calderón-Peña, Uribe-Santos) y del antiimperialismo radical (Chávez, Evo). En muchos planos los presidentes de centroizquierda se asemejan a los viejos gobiernos socialdemócratas por sus agendas amoldadas al entorno capitalista y por sus políticas disuasivas de las demandas populares. El kirchnerismo se aleja del nacionalismo burgués clásico (Perón) y de sus derivaciones reaccionarias (Isabel) o neoliberales (Menem). Retoma el proyecto de la renovación que encabezó Cafiero a mitad de los 80, cuando se buscó introducir dentro del peronismo los parámetros del período alfonsinista. Para construir su nueva identidad el gobierno atenuó la simbología tradicional del justicialismo. Se conmemora más el fallecimiento de Evita o la victoria de Cámpora que el 17 de octubre. No hay muchas citas del General y la melodía de la marcha peronista ha quedado ensombrecida por el cancionero latinoamericano. Se ha congelado, además, el papel del PJ a favor de un proyecto transversal. Pero el nacimiento de la nueva criatura se demora y en las situaciones críticas reaparece la frenética búsqueda de respaldo justicialista. Últimamente Cristina ha ensayado con más decisión la construcción de una fuerza socialmente alejada de la clase obrera y basada en segmentos de la clase media, el funcionariado joven y los sectores empobrecidos. Logró una significativa aproximación de la intelectualidad progresista, que estaba enemistada con el peronismo desde la traumática experiencia de los 70. La peculiar combinación de neopopulismo y centro-izquierdismo en curso se expresa en el contradictorio aliento oficial de la democratización y la regimentación de la vida política. Los ecos de la insurgencia del 2001 se verifican en el primer terreno y la recomposición del poder estatal se corrobora en el segundo campo. El mismo gobierno que facilita el ensanchamiento de ciertos derechos democráticos, acota la ampliación de esas conquistas. Este doble movimiento se verifica especialmente en la esfera de los derechos humanos. Kirchner reabrió los juicios a los genocidas, anuló los indultos y facilitó el encarcelamiento de los principales criminales de la dictadura (Videla, Menéndez, Astiz, Acosta). Revirtió décadas de impunidad y permitió que ya existan 378 represores condenados. El año pasado se aceleraron los mega-juicios (ESMA, La Perla. Tucumán) y comenzó la indagación de los cómplices civiles de la dictadura (como Blaquier). Se han recuperado muchos nietos y se instaló una gran difusión escolar y mediática de lo ocurrido con los desaparecidos. Estos avances democratizadores se extendieron a otros campos con la introducción de nuevos derechos (matrimonio igualitario, voto a los 16 años, libre acceso al historial clínico, identidad de género, muerte digna), mientras crece la demanda por legalizar el aborto. La iglesia no ha podido frenar esas conquistas. Pero esta secuencia de libertades no se proyecta a ningún terreno que pueda afectar la marcha de los negocios, los compromisos externos o las alianzas con políticos reaccionarios. Por eso se introdujo la ley anti-terrorista exigida por el Departamento de Estado, que brinda a los jueces un instrumento para criminalizar la protesta social. Se intentó también un proyecto X de espionaje de la militancia y persisten 5000 procesamientos de luchadores sociales. Lo más preocupante es la veintena de víctimas fatales registradas en protestas populares durante los últimos tres años. En los casos más traumáticos (Mariano Ferreira, Parque Indoamericano, aborígenes QOM, campesinos del MOCASE, gatillo fácil en Bariloche, activistas de Jujuy y Rosario, el gobierno deslindó responsabilidades y descargó culpas sobre las patotas, los gendarmes o los funcionarios menores. Pero es evidente que nadie puede actuar en ese tipo de situaciones sin alguna protección oficial. El propio Poder Ejecutivo montó, además, absurdas denuncias contra dirigentes de izquierda (por “quemar los trenes”), propició la represión de los críticos de la mega-minería y encubre causas inconvenientes (responsables políticos del asesinato de Kosteki-Santillán). La misma dualidad se observa en torno a la ley de medios, a partir de la ruptura que generó el conflicto agro-sojero en la alianza del gobierno con los grandes grupos de la comunicación. Allí apareció el respaldo oficial a un proyecto de democratizador de los medios, que habían propiciado en soledad varias organizaciones sociales. Como la ley aprobada afecta principalmente al grupo Clarín (recorte de licencias, exigencia de desinversión, control estatal del papel prensa), la poderosa corporación resiste con furiosas campañas y obstrucciones en la justicia. Ha logrado bloquear desde hace tres años la implementación de la nueva norma. Pero el principal efecto de esta confrontación es el conocimiento logrado por la población de la manipulación informativa. Este aprendizaje es decisivo en una época signada por el dominio televisivo de la actividad política. Se ha podido notar que los principales comunicadores no actúan con independencia, profesionalidad u objetividad. Aprovechan su condición de personajes conocidos (más que los diputados) e influyentes (más que los ministros), para construir realidades virtuales divorciadas de los acontecimientos reales. Se ha tornado más visible como moldean un sentido común distorsionado, fijando la agenda pública al servicio de sus empleadores privados. El kirchnerismo sólo buscó contrapesar el pasaje de Clarín a la oposición con la multiplicación de voces oficialistas. Por eso reparte la publicidad oficial entre seis grupos privados afines que forjan sus futuros emporios. Para facilitar este objetivo el gobierno también obstaculiza la aplicación de la ley. Congeló el otorgamiento de licencias de los medios comunitarios y paralizó el plan técnico requerido para ampliar la variedad de fuentes informativas. Pero su disputa con los grandes medios ha creado un escenario que objetivamente favorece la democratización del derecho básico a la información. Otro terreno semejante de confrontación y consiguiente esclarecimiento popular se avecina en torno a la justicia. Durante mucho tiempo el oficialismo utilizó la protección de los tribunales (causas Oyarbide, manejo de Ciccone, enriquecimientos de altos funcionarios). Pero con el escandaloso favoritismo de la Cámara Civil y Comercial hacia Clarín, el amparo al predio robado por la Sociedad Rural en Palermo y el encubrimiento del negocio de la trata (crimen de Marita Verón) se ha desatado un fuerte conflicto, que abre caminos para una democratización del poder judicial. Entre paros y cacerolazos El marco económico que facilitó el surgimiento del kirchnerismo ya no es tan favorable. El estancamiento del PBI, el freno en la creación de empleo y la aceleración de la inflación ilustran más los límites del modelo que las adversidades internacionales. En el 2013 habrá una recuperación, pero sin la intensidad del rebote que sucedió al bajón del 2009. Es improbable el retorno al intenso crecimiento que hubo en el período de superávit fiscal, alto tipo de cambio y estabilidad de precios. El intervencionismo neo-desarrollista persiste, pero con iniciativas poco efectivas y muy tardías. La expropiación parcial de YPF se concretó con la depredación del subsuelo ya consumada y la pesificación de la economía comenzó con los dólares ya fugados. El gobierno mantiene la prioridad de impulsar el consumo, pero sin revertir la parálisis de la inversión. Multiplica, además, el gasto público sin introducir la reforma impositiva requerida para solventar esas erogaciones. Estas contradicciones explican la reaparición de tendencias al ajuste, que el oficialismo presenta como simples correctivos de sintonía fina. Las jubilaciones continúan postergadas y resurge el propósito de fijar estrictos techos a los aumentos salariales. Perón transitó por un camino semejante en 1955 (Congreso de la Productividad) y en 1973 (Pacto Social). Es evidente que cualquier medida en esa dirección acentuaría la enorme desigualdad social que afloró en los connatos de saqueo de Navidad. Estas tensiones nunca se aproximaron a la explosión de hambruna de 1989 o el 2001 y esta vez fueron nítidamente incentivadas por los punteros de la oposición justicialista. Pero con simples denuncias de conspiración, el gobierno cierra los ojos ante la realidad de los marginados que sufren el hacinamiento, la precarización del empleo y el tormento del transporte, mientras receptan una obscena publicidad que convoca al hiperconsumo. El oficialismo sabe que su capacidad para lidiar con las tensiones en aumento depende de la autoridad presidencial. Por eso buscó durante el 2012 afianzar esa preeminencia con numerosas campañas. Reactivó especialmente la demanda por Malvinas con mayor sostén latinoamericano, retomando un problema de interés nacional. Pero difunde verdades a medias. Su acertada denuncia del colonialismo no se extendió a los florecientes negocios mineros y petroleros de las compañías inglesas, que operan dentro del territorio argentino. CFK utiliza el enorme activo electoral que obtuvo al demoler a sus adversarios de la oposición derechista. Consiguió una diferencia de votos que supera los récords de Perón. El kirchnerismo logró el reconocimiento simultáneo de varios sectores sociales. Aprobación de los industriales por los subsidios, de las clases medias por el consumo, de los obreros por la recuperación de los salarios, de los ruralistas por la reconciliación con agro-sojeros y del progresismo por los derechos democráticos. También recepta la sensación colectiva de desahogo, que sucedió al fin de la pesadilla vivida durante el colapso de la convertibilidad. Pero este sólido respaldo no estabilizó al kirchnerismo, que enfrentó en el año pasado numerosos momentos de debilidad y desorientación. Contrapesó ese deterioro con la masiva conmemoración del 9 D y el acto de retorno de la Fragata, mientras continúa construyendo su base de sustentación. Ese cimiento se nutre de funcionarios (La Campora), movimientos sociales (Evita, Tupac Amaru), núcleos intelectuales (Carta Abierta), estructuras de comunicación (6- 7- 8), agrupaciones sectoriales (Gelbard-empresarios) y aliados políticos (Nuevo Encuentro). En las elecciones del 2013 el gobierno testeará las posibilidades de intentar la re-reelección o en su defecto designar un sucesor, reproduciendo los mecanismos utilizados por Lula con Dilma. Las internas primarias y obligatorias le sirvieron en el 2011 para retomar el control de los aparatos y las candidaturas. Ahora probará qué grado de independencia consiguió del Justicialismo o con qué nivel de resignación debe aceptar la futura jefatura de Scioli. Pero en los últimos meses se ha verificado también el resurgimiento de la derecha, que logró reunir el 8 N una multitud comparable a las marchas de Blumberg y los agro-sojeros. Reaparecieron las demandas conservadoras con cuestionamientos al control de cambios y a la restricción de las importaciones, junto a exigencias de corte del gasto social y críticas a la relación oficial con Fidel y Chávez. Con la humilde petición de “ser escuchados” los manifestantes exhibieron un programa neoliberal, que los ubica en las antípodas de la actitud adoptada por la clase media en el 2001. Ya no golpean las puertas de los bancos, ni se solidarizan con los desamparados. Los caceroleros tienen dificultades de representación política, pero demuestran gran capacidad para impulsar la agenda derechista. Afortunadamente irrumpió un contrapeso a esos planteos con el paro del 20 N. La primera huelga general bajo el kirchnerismo contó con el apoyo espontáneo de los trabajadores. El gobierno atribuyó el éxito de la medida a la disuasión creada por los piquetes, pero no explicó por qué razón esos cortes lograron tanta efectividad. El secreto simplemente radicó en la escasa concurrencia laboral que generó la voluntad de protestar. El malhumor social contra el impuesto al salario se verificó también en la alta incidencia lograda por el paro en los gremios que boicotearon la medida. La clase trabajadora volvió a recuperar protagonismo y comienzan a insinuarse parecidos con la época de Ubaldini frente a Alfonsín o la UOM frente a Isabel. El gobierno ha quedado afectado por su propia estrategia de atomizar las centrales gremiales. Al debilitar la autoridad de los burócratas, facilita el renacimiento del sindicalismo combativo que actúa en las bases. Pero este nuevo polo de resistencia social puede frustrarse si continúa el vaciamiento que generan Moyano y Michelli al sumar caceroleros, ruralistas y hombres de la partidocracia a las movilizaciones de protesta. La escasa concurrencia que tuvo el acto del 19 D ilustra cómo ese cambalache destruye la credibilidad de los reclamos populares. Viejas y nuevas decepciones Los intelectuales kirchneristas provenientes del peronismo tradicional consideran que los logros del gobierno superan todo lo conocido, luego de “rescatar al país de una crisis terminal”. Divorcian este resultado del contexto internacional favorable, de la cirugía que introdujo el colapso económico y de las conquistas que impuso la rebelión del 2001. Simplemente atribuyen al peronismo un don natural para reconstruir a la Argentina de sus periódicos descalabros . Con esa generalización evitan definir qué tipo de peronismo prevalece en la actualidad. Esa identidad incluye a Evita e Isabel, a John William Cooke y López Rega o a Cámpora y Menem. Suelen presentar estas diferencias como simples matices de un movimiento que imaginan equivalente a la condición nacional. Ocultan las experiencias justicialistas de terrorismo estatal (1974-75) y neoliberalismo (década del 90) y resaltan la ingobernabilidad imperante en los mandatos de la UCR. La preeminencia del peronismo genera creencias de inexorabilidad semejantes a las vigentes en otros países de prolongada gestión unipartidaria (Suecia entre 1937 y 1976, Japón desde 1945 hasta los 90, México durante siete décadas). Lo único cierto es que el peronismo acumula una experiencia de simbiosis con el estado, que facilita su reciclaje. Pero las expectativas de eternización omiten la profunda mutación registrada en la relación de ese movimiento con los trabajadores. La devoción de los años 50 y el entusiasmo de los 70 se diluyeron con las frustraciones creadas por Isabel y Menem. El kirchnerismo intuye esta fractura y busca desembarazarse de esas impresentables herencias. Por el contrario las cúpulas del PJ y la CGT consideran oportuno retomar las fuentes e impugnan la “traición del gobierno a la doctrina peronista”. Pero en el mejor de los casos, esa invocación suscita indiferencia. Para el grueso de la población rememora la corrupción de Barrionuevo, las barras bravas del Momo Venegas, los remedios truchos de Zanola y la buena vida del criminal Pedraza. La mayoría de los intelectuales kirchneristas comparten el distanciamiento oficial de la estructura justicialista y reivindican el nuevo sustento progresista del oficialismo. Ponderan ante todo la reconstrucción del estado con políticas que limitan los excesos del mercado . Pero ocultan quiénes han sido los principales beneficiarios de ese intervencionismo. Basta revisar los niveles de rentabilidad que tuvieron las grandes empresas en la última década para conocer a esos ganadores. La propia presidenta reconoció, por ejemplo, que las utilidades remitidas al exterior han superado en el último decenio los promedios del período precedente. Para algunos teóricos, el carácter populista de la gestión actual constituye uno de sus grandes méritos. Rechazan la connotación peyorativa de ese término y lo identifican con el sostén de un liderazgo, que canaliza demandas mayoritarias por vías informales . Pero con esta rehabilitación se justifica también el control ejercido desde arriba, para contener la radicalización de los oprimidos. Fue exactamente lo que hizo Kirchner al principio de su mandato con el manejo de los planes sociales. Las caracterizaciones elogiosas del populismo incluyen numerosas indefiniciones, para presentarlo como modalidad política abierta a cualquier desemboque. Con ese pragmático criterio se ajusta la evaluación del gobierno a lo requerido por cada coyuntura, soslayando contradicciones y capitulaciones. Las nuevas teorías ya no ponderan genéricamente el protagonismo del pueblo. Resaltan más bien la capacidad del populismo para articular las demandas de actores sociales diferenciados. Pero la naturaleza clasista de esos conglomerados continúa omitida. Ricos y pobres, acaudalados y marginados, explotadores y explotados son colocados en un mismo campo de intereses convergentes. Cristina es vista - al igual que Perón en el pasado- como la síntesis de ese empalme poli-clasista. Pero olvidan que si esa comunión permitiera disolver los antagonismos sociales, CFK gobernaría sin los arbitrajes que erosionan su gestión. El progresismo K también supone que las contradicciones del proyecto en curso serán manejables, si el gobierno refuerza su transversalidad pos-peronista . Pero esta evolución socialdemócrata también extingue los resabios contestatarios de la tradición nacionalista y empuja al kirchnerismo hacia la órbita de partidos convencionales que el progresismo cuestiona. Muchos militantes esperan evitar ese resultado “profundizando el modelo”, con medidas igualitarias de redistribución del ingreso . Pero olvidan que esa inequidad es intrínsecamente recreada por la acumulación capitalista y que el kirchnerismo se amolda a esa exigencia, adoptando medidas pro-empresariales a costa de los ingresos populares. La ley de ART diseñada por la UIA, la reapertura del canje exigida por los fondos buitres, el congelamiento de jubilaciones demandado por los acreedores o la devastación del subsuelo impuesto por las compañías mineras son las evidencias más recientes de ese curso. Estas medidas son frecuentemente presentadas como el precio a pagar en la “batalla contra las corporaciones”. Pero se acepta delegar en el gobierno la potestad para establecer quién es el enemigo o el aliado de cada momento. Clarín, Techint y Cirigliano son los adversarios de esta coyuntura, mientras otros grupos se enriquecen a todo vapor. El progresismo K sigue la hoja de ruta que diseña el Ejecutivo. Por esta razón es crítico de ciertas corporaciones y benevolente con otras, mientras la desigualdad se perpetúa al compás de la reproducción capitalista. SIGUE EN http://www.rebelion.org/noticia.php?id=162376&titular=anatom%EDa-del-kirchnerismo-
Marina Kabat TES - CEICS ¿Cacerolas de teflón y gente bien vestida o trabajadores con reclamos obreros? No deje de leer en este artículo lo que nadie más le va a contar sobre la composición social de los cacerolazos. El 8 de noviembre algunos culparon a Cristina de enfrentar a los argentinos. Tomado literalmente, el cargo no es correcto. Simplemente, “los argentinos” ya estaban divididos antes del desembarco K. No existen “argentinos” a secas, sino obreros y empresarios. Por ello, no se puede acusar a Cristina de enfrentar a quienes, de por sí la vida los enfrenta. Pero bien vale la acusación para el caso de la clase obrera. El 2001 salieron a la calle distintos sectores del proletariado ocupado y desocupado, gran parte de él nucleado en torno del movimiento piquetero (desocupados, pero también empleados públicos y otros trabajadores) o en el movimiento de asambleas populares (donde confluían nuevos obreros, que no se consideran tales: trabajadores de servicios- profesionales asalariados, con sectores de pequeña burguesía en vías de proletarización y pauperización). La consigna “piquete y cacerola, la lucha es una sola”, expresaba la unidad del conjunto. Esta alianza, a través de su lucha, logró todo aquello que puede considerarse positivo post 2001 -el congelamiento de tarifas, subsidios a desocupados, etc.-, y que el kirchnerismo se arroga como si fueran dones, que los dioses decidieron obsequiar a los mortales. Para reinar, el kirchnerismo debía dividir esa alianza. A su vez, necesitaba comenzar a realizar el ajuste, pero sin perder base social. Néstor se apoyó inicialmente en la clase obrera ocupada, alianza forjada al calor de la reapertura de paritarias (lo que no es un dato menor, no solo por comparación con el menemismo, recuérdese que, por ejemplo, Alfonsín recién reabrió la negociación colectiva hacia el final de su mandato, en 1988). Pero, en los últimos años, el kirchnerismo comienza a enfrentarse con los obreros en blanco, en especial con aquellos de mejores salarios, mientras que refuerza su alianza con la sobrepoblación relativa (aquellos sin empleo productivo para el capital). Cristina descarga paulatinamente el ajuste sobre los trabajadores más acomodados a quienes les pide que no sean egoístas y se dejen quitar parte de sus salarios en pos de la inclusión social. El progresismo del gobierno no alcanza para que proponga que la burguesía, quien necesita y explota a esta población, sea quien la mantenga. Como esta alternativa está ausente, los trabajadores mejor pagos se ven acorralados entre la opción de dejarse esquilmar en nombre de la justicia social o sumarse a las cohortes que reclaman la eliminación de los subsidios (a los obreros y no a las grandes empresas como General Motors). El gobierno, consciente de que promueve esta falsa antinomia, tras el cacerolazo del 8N sale a decir “seguiremos con la asignación universal por hijo, con la entrega de netbook y todas las demás medidas inclusivas que impulsa el Ejecutivo nacional”, con lo que busca enfrentar a los desocupados con los obreros que salieron a cacerolear. Sí, leyó bien: obreros que salieron a cacerolear... Barrios, clase y cacerola ¿qué nos dice la geografía porteña? De acuerdo a La Nación, los barrios donde se produjeron más protestas el 8N, sin contar el centro, son Balvanera, Caballito, Recoleta, Villa Urquiza, Flores, Boedo, Monserrat, Chacarita y Belgrano . Según la lectura K, se trataría de barrios “chetos”. Una mirada menos superficial muestra otra cosa: es cierto que Belgrano, Villa Urquiza y Recoleta se destacan por tener una mayor proporción de patrones dentro de la población ocupada que el promedio de los barrios porteños (10.53%, 8.21% y 8.02%, respectivamente) . A su vez, Recoleta y Belgrano son los barrios de la ciudad con mayor presencia de cuentapropistas en términos porcentuales (22,11% y 22%, respectivamente). Pero, aún representando los patrones o cuentapropistas, en estos barrios -un porcentaje mayor que en otrosiguen siendo tan solo una porción minoritaria de la población que en ellos reside. El único de los barrios caceroleros que cuenta con un número de obreros y empleados inferior al promedio de la ciudad es Belgrano, que igualmente registra un 65,12% de obreros y empleados. Los demás, se ubican en el promedio o lo superan. Ésta es la situación de 5 de 9 de los barrios más movilizados: Balvanera (73,51% de obreros o empleados), Boedo (72,02%), Caballito (70,42%), Chacarita (70,19%), Flores (69,79%). Es decir, la estructura social de los barrios más movilizados habilita a pensar que, si bien es probable una participación de sectores burgueses o pequeño burgueses (patrones y cuentapropistas), también es importante la participación obrera, dado que, con la única excepción de Belgrano, el porcentaje de obreros y empleados entre la población ocupada de las estos barrios es equivalente al promedio de la ciudad o superior a él. Estos datos resultan coherentes con una encuesta realizada por el CEICS a los caceroleros en Plaza de Mayo, Boedo, Paternal, Caballito y en plazas del conurbano, donde encontramos que el 55% de las personas eran empleados, 23% independientes sin empleados, 5% empleadores y 7% desocupados. Cerca de la mitad (el 46%) pagaba el impuesto a las ganancias. Dentro de los empleados, el 83% estaba en blanco y solo el 17% en negro. A su vez, cuando se les preguntaba cuáles eran los perjuicios para su vida cotidiana que les ocasionaba el gobierno, el 38% señaló cuestiones vinculadas con condiciones de vida obrera (principalmente quejas contra la inflación y el impuesto a las ganancias sobre sus salarios). Es paradójico que, cuándo se les pregunta qué cambios concretos quisieran ver, mayoritariamente aluden a aspectos de la política republicana, mientras que sus propias acciones bordean el margen de dicha política, cuando reclaman su derecho a manifestarse e incidir con sus acciones en los actos de gobierno sin tener que esperar a las próximas elecciones. Otro elemento a destacar es que los barrios en donde se produjeron protestas coinciden con aquellos que se movilizaron el 19 de diciembre del 2001. Siete de los nueve barrios que se manifestaron contra Cristina, protagonizaron también los cacerolazos del 2001 (Belgrano, Recoleta, Balvanera, Flores y Caballito, Boedo y Monserrat) . Como se ve, el panorama es muy distinto a las llamadas cacerolas de teflón del 2008. El PTS, equivocadamente, sostuvo que “el núcleo duro de quienes se movilizaron este jueves fue el mismo sector social que en 2008 apoyó a la Mesa de Enlace agropecuaria.” (La verdad obrera, 14/9/2012). En ese año, en Capital las protestas se limitaron a Plaza de Mayo, Devoto y Caballito con un muy exiguo número de participantes, entre los que primaban los rentistas agrarios o los hijos de chacareros asentados en la ciudad para cursar agronomía. En las manifestaciones el tamaño sí importa, porque da cuenta de la base social de la protesta. Movilizaciones acotadas, como las del 2008, pueden ser protagonizadas por la burguesía y la pequeña burguesía sin una participación importante de la clase obrera, no es el caso de las manifestaciones de este año. Se estima que el 8 de noviembre hubo más de 500 mil manifestantes en toda la ciudad. Sólo para la zona de Plazo de Mayo, la metropolitana calculaba 500 mil caceroleros, mientras que el gobierno nacional reconocía la asistencia de 150 mil (La Nación y Clarín 9/11/12). En cambio, en el 2008, para los cacerolazos más importantes las estimaciones de asistentes a Plaza de Mayo se limitaban a un máximo de 100 mil y un mínimo de 4 mil el 25/3/2008 y de 15 mil personas el 16/6/2008. Una disparidad similar se registra en los barrios, mientras que en Devoto el 8N hubo 30 mil personas (La Nación, 9/11/12) el 16 de junio de 2008, hubo solo 1.500 personas frente a la quinta presidencial. Igualmente, en el 2008 el número de cacerolas en Belgrano y Caballito fue ínfimo: 500 personas en Cabildo y Juramento y apenas 300 en Acoyte y Rivadavia el 16/6/08.4 Ante semejantes diferencias en las convocatorias, el PTS debiera revisar las afirmaciones que vierte sin ningún tipo de asidero en datos que la avalen. ¿Un desocupado y yo, ambos obreros? En la antigua Grecia una porción de la población vivía del trabajo realizado por los esclavos. La clase dominante, incluidos artistas y filósofos, vivía del trabajo de los esclavos, sea que los explotara directamente o no. Todo el trabajo era apropiado por los esclavistas. La explotación era fácilmente visible. El esclavo era un patrimonio de su amo, quien no lo dejaba morir de hambre para no desvalorizarlo. A su vez, no existían esclavos desocupados. En cambio, hoy la burguesía en su conjunto vive del trabajo de los obreros. Como paga un salario, pareciera que no se apropia de nada que no le correspondiera y, sin embargo, lo hace. El salario nunca equivale al valor creado por el trabajador. El empresario invierte y siempre obtiene una ganancia. No es magia. Si ha comprado hilo o acero éste valdrá lo mismo, a la hora de venderlo. Si el valor se acrecienta es por las transformaciones que ha sufrido el producto, obra del trabajo humano. El empresario no compra una cantidad de trabajo, sino que bajo la forma de salario alquila la capacidad para trabajar, alquila fuerza de trabajo. Si esa capacidad rinde más de lo que paga por ella -y un patrón siempre se asegura de que así sea- se transforma en su ganancia. Por eso, ese trabajo añadido, que agrega más valor al producto o servicio que se comercializa, nunca es pagado en su totalidad al obrero. En trabajos intelectuales, donde los insumos que aporta la patronal son menores, esto es más visible: en cualquier estudio, con una semana de trabajo, un traductor se paga el sueldo y trabajará gratis el resto del mes. Lo mismo puede decirse de un programador o un diseñador gráfico, entre otros. Al igual que en la antigüedad, la relación de explotación es de clase a clase. Pertenecen a la burguesía, porque viven del trabajo ajeno, el hijo del burgués que dilapida dinero de papi en Punta, su esposa y su amante, lo mismo que otros personajes que viven del trabajo de ajeno. A la inversa, el hijo o la mujer del trabajador son obreros también, como lo son los desocupados. La burguesía necesita mantener siempre inactiva una parte de los trabajadores, para que haya oferta abundante y el precio de la mercancía que venden no se eleve demasiado, para que usted trague saliva al cruzarse los lunes con las filas de los desocupados y piense dos veces lo que había planeado decirle al jefe. Necesita desocupados para tener pasantes, becarios y trabajadores gratuitos y para que usted los mire con desconfianza y se empeñe más en su empleo. Los necesita para recoger cartón que será el insumo de grandes papeleras o coser ropa barata en talleres clandestinos. Para levantar cosechas dos meses de sol a sol y casi perecer de hambre el resto del año. Para todo esto también necesita que crea que ellos y usted no son lo mismo. Es más, necesita que esté íntimamente convencido de que ellos viven a costa suya, que ellos, y solo ellos, roban los frutos de su trabajo y usted olvide esas ráfagas de lucidez y bronca, cuando se detiene a pensar en todo el trabajo que realiza que no se refleja en su sueldo. La clase media no va al paraíso El desarrollo de la conciencia de la clase obrera se enfrenta con dos grandes obstáculos ideológicos: uno, la idea que acabamos de discutir de que un desocupado no es obrero, y dos, que ciertos sectores mejores pagos o más instruidos de la clase obrera, constituyen un grupo social aparte. Es decir, el mito de la clase media. En el pasado, podían encontrarse amplias capas de población que, sin poder prescindir de realizar un trabajo, no se veían forzadas a vender su fuerza de trabajo para subsistir: se trata de la pequeña burguesía. Pero ésta, en la Argentina, desde la década del '70 que viene experimentando un proceso de proletarización y pauperización y la mayoría de lo que comúnmente se denomina clase media hoy no constituye un grupo verdaderamente diferenciado del proletariado, ¿cuántos médicos tienen consultorio, trabajan realmente por su cuenta y no cobrando migajas de las grandes prepagas, sueldos insuficientes o haciendo residencias gratuitas en hospitales? Si no me cree, lea el artículo de Nicolás Viñas en esta misma edición. ¿Y qué me dice de los contadores, un empleado bancario por ejemplo? Se los exprime más cada día, ahora los amenazan con extender el horario de atención al público (ver nota sobre el 20N). Con un piso salarial por sobre los 7000 pesos, el gremio bancario es uno de los más afectados por el impuesto a las ganancias. No sorprende, entonces, que los trabajadores del sector hayan adherido al paro del 20N y que, previamente, hayan sido parte de esa gente bien vestida que, al salir de la oficina, se puso a cacerolear, adelantando el horario previsto por la convocatoria de la protesta. Con 20 mil trabajadores del sector concentrados en microcentro, deben haber aportado un número no menor de manifestantes a los cacerolazos. ¿Qué es de la vida de un abogado? Las viejas profesiones liberales ya no garantizan independencia económica, buen pasar ni una vida tranquila, ajena al frenético ritmo laboral de los obreros. Hoy esos profesionales siguen yugando aún en la vejez: “soy abogada jubilada y tengo que trabajar” decía una cacerolera consultada por 6-7-8. Esos profesionales, como usted quizás, ya son obreros sólo que no se han dado cuenta aún. ¿En los diarios leyó otra cosa? ¿Hay estudios que firman que la clase media no para de crecer? Bien, no es por contradecirlo, ¿pero usted vio cómo realizan sus estimaciones esos “estudios”? El Banco Mundial, por ejemplo, afirma que la clase media argentina se habría duplicado en la última década, llegando a 18,6 millones de personas. Según el organismo, pertenecen a la clase media quienes tienen un ingreso per cápita entre 10 y 50 dólares (al tipo de cambio de la Paridad del Poder Adquisitivo-PPA, un indicador que establece cuántos pesos se necesitan para comprar lo mismo que se compra en los EEUU). Este índice varía con la inflación anual de cada país. El Banco Mundial para el caso argentino se basa en las cuestionables cifras del INDEC. En función de ello, para el Banco Mundial en 2010 el ingreso necesario para ser clase media en Argentina sería de 560,7 por mes por persona. Todos los jubilados con una mínima de 895 pesos en 2010 cumplían con el requisito, lo mismo empleados solteros con el salario mínimo vital y móvil. Del mismo modo, cartoneros, empleadas domésticas, solteros sin hijos, pertenecería a la clase media. A la vez, una familia tipo donde dos adultos cobran el salario mínimo, también pertenece a la clase media. Es decir, hasta los obreros más pobres, son clase media para el BM.5 El problema central es que las clases sociales no se definen por los ingresos de personas o familias, sino por el hecho de poseer o no medios de producción. En el capitalismo, esto se expresa entre quienes sólo tienen para vender su fuerza de trabajo (clase obrera), aquellos que venden el producto de su trabajo (pequeña burguesía) y los dueños de los medios de producción que venden mercancías producidas por los obreros, apropiándose de plusvalía (burguesía). Cristina, a la izquierda del FIT El gobierno supo leer la composición de clase de los cacerolazos mejor que la izquierda. La participación de obreros ya había sido registrada por el gobierno en septiembre. Así, a reclamos y movilizaciones obreras, respondió, pese a sus discursos, con concesiones. El kirchnerismo parece haber advertido que el recorte de las asignaciones familiares y la no modificación del mínimo no imponible del impuesto a las ganancias, anunciados el mismo 13S, había echado combustible a la protesta, por lo que dio marcha atrás con parte de estas medidas. A inicios de septiembre se esperaba una inminente suba de los topes fijados para el cobro de asignaciones familiares. Si estos no se actualizaban, ningún empleado a jornada completa hubiera percibido la asignación familiar íntegra. Esto surge de un salario mínimo pautado para septiembre en 2670 pesos, cuando con ingresos superiores a 2600 pesos (brutos) las asignaciones familiares ya sufrían recortes. Sin embargo, los cambios anunciados, en vez de mejorar la situación, la empeoraban para la mayoría de la gente. Las escalas se elevaron, pero menos que la inflación, por lo que trabajadores que cobraban asignaciones íntegras, con el aumento salarial de las últimas paritarias, pasaron a cobrarla con recortes. Más grave aún, al pasar a computar los ingresos del grupo familiar se amplía la cantidad de personas que no cobra asignación. El tope se pauta en 14.000 pesos para el grupo familiar sin que ninguno pueda percibir más de 7000 pesos de ingresos brutos. Con lo cual, salvo el raro caso que ambos cónyuges cobren exactamente 7000 pesos brutos cada uno, en realidad el tope familiar es mucho más bajo. Un matrimonio con un salario bruto de 7.000 pesos y otro de 2.760 (salario mínimo) que antes cobraba la asignación completa 270 pesos ahora pasa a no cobrar nada. Un matrimonio en el cual los dos miembros cobran el salario mínimo, antes cobraba la asignación integra que era 270 pesos y ahora ascendería a la siguiente grupo que solo cobra, con aumento y todo, 160 pesos. A su vez, este anunció implicaba que este año no habrá elevación del piso no imponible para tributar impuesto a las ganancias (que se toma como cifra máxima de ingreso individual para poder percibir asignaciones). Tras el cacerolazo y las críticas, el gobierno anunció cambios al sistema que fueron publicados por los diarios el 16/9. El ANSES habría informado el 15 que “el grupo familiar seguirá cobrando la suma de dinero correspondiente a la categoría a la que pertenecía antes del cambio, con los aumentos correspondientes a dicha categoría, o bien, será incluido en una nueva categoría mejor, por el aumento de los topes”. Con esto, se evitan los efectos que la nueva normativa iba tener sobre el sector más pauperizado de la clase obrera en blanco, y matrimonios donde los dos cobran salario mínimo seguirán percibiendo la asignación integra (y con aumento). Luego, exactamente en el medio del segundo cacerolazo y de la huelga anunciada por Moyano-Micheli, el 14 de noviembre, Cristina hizo una segunda concesión y anunció que no se cobraría impuesto a las ganancias sobre el aguinaldo. Las acciones del gobierno muestran que ha reconocido el componente obrero de las movilizaciones, pero, paradójicamente, intenta presentarlo como una prueba de que allí se convocaban los privilegiados, “los incluidos”. Basta sino ver cómo la movilera de 6-7-8, el 8N sistemáticamente increpaba a sus entrevistados, preguntándoles si tenían trabajo, como diciendo, entonces “¿de qué te quejás?” . Facilitando el trabajo al enemigo La izquierda, en cambio, presencia la movilización de sectores obreros y mira para otro lado. Después del primer cacerolazo el PTS dijo: “Los cacerolazos y marchas que se realizaron este jueves 13 de septiembre no fueron expresión política de los intereses obreros y populares sino el de los sectores de las clases medias, en particular las más acomodadas” y que su núcleo lo conformaban los caceroleros del 2008 (La verdad obrera, 14/9/2012). Después del segundo cacerolazo, no sacó un balance, en la prensa solo escribió un artículo reseñando debates obreros sobre el 8N, pero que llevó significativamente como título la frase “Ahora hablamos los del bombo, no los de las cacerolas”. El PO salió a criticar la frase, “bien entendido, esto significa que los huelguistas tendrían que salir a pelear contra los caceroleros. Más revolucionario sería aprovechar un ascenso obrero para producir una delimitación entre los caceroleros, con el objetivo de ligar a sus sectores más golpeados con la clase obrera” (PO 29/11/12). Pero en la misma crítica se asume que los caceroleros no pertenecen a la clase obrera, afirmación que va en línea de anteriores declaraciones del PO. El mismo Altamira dijo “la protesta contra el régimen actual se manifiesta en todas las clases sociales -incluso las menos necesitadas”. Con lo que su visión se acerca a la del PTS, en relación a ver como protagonistas de los cacerolazos a sectores “medios altos”. De esta manera, facilitan en el terreno ideológico la división de la clase obrera que el gobierno promueve. En vez de favorecer una acción unitaria de la clase obrera se desconoce al sector mejor pago y vinculado con los servicios, por un lado, y se abandona (PO) o directamente nunca se encara la organización de la población sobrante (PTS). En base a prejuicios, en virtud de los cuales pareciera que es necesario vestir overol azul para ser obrero, se arroja a los brazos de la política burguesa a estos sectores (hacia el kirchenerismo a la población sobrante, a la oposición patronal los sectores obreros que salieron a cacerolear). Una política revolucionaria exige retomar la organización de la sobrepoblación relativa, y embarcarse en la organización de sectores de los obreros ocupados hasta ahora relativamente descuidados, como los trabajadores de servicios. La unificación partidaria permitiría encarar este desafío, de lo contrario, se seguirán superponiendo esfuerzos en ciertas fracciones de la clase obrera, y desarrollando allí una competencia estéril, mientras que se libra a su suerte a otros sectores de la clase obrera, como ha ocurrido con la sobrepoblación relativa tras el reflujo del movimiento piquetero. NOTAS: Ver https://maps.google.com/maps/ms?msa=0&msid=203685373763311309766.0004cde902e849a9a8d83&ie=UTF8&t=m &ll=-34.588845,-58.442116&spn=0.098924,0.219727&z=12&source=embed; y www.lanacion.com.ar/1524600-el-mapa-del-cacerolazo. En base a datos del censo 2001, sobre la población ocupada. Las categorías censales no son directamente asimilables a clases sociales, (por ejemplo, puede figurar como empleado un gerente general que, en realidad es un burgués, o como cuentapropista, desde un cartonero a un obrero a quien su patrón le exige figurar como monotributista) pero pueden ser tomados como indicadores aproximados de la estructura social. Los barrios movilizados en el 2001, según Clarín, La Nación y Página 12, del 20/12/2001, habían sido: Belgrano, Recoleta, Villa Crespo, Balvanera, Flores, Almagro, Palermo, Caballito, Barracas, Boedo, Monserrat y Villa del Parque, siete de ellos estuvieron movilizados en el 8N. Los datos de las protestas de 2008, ver Sartelli Eduardo (dir): Patrones en la ruta, Ediciones ryr, Buenos Aires, 2008. Ver Informe de Sebastián Cominiello: www.razonyrevolucion.org/ryr/index.php?option=com_content&view=article&id=2175:cartoneros-empleados-domesticos-y-perceptores-deplanes-sociales-todos-son-clase-media-para-elbanco-mundial&catid=234:comunicados-ryr. Ver www.youtube.com/watch?v=gYRmN-K5t3s.

link: http://www.videos-star.com/watch.php?video=3vu24Bx40hk&feature=player_embedded Estoy a favor de la ley de medios, pero esto me dio mucha risa
No hay nada para festejar El análisis de las informaciones actuales del INDEC tiene las conocidas limitaciones derivadas del hecho de haber dinamitado la credibilidad de las cifras que proporciona. Pero, aún suponiendo que los datos son un fiel reflejo de la realidad, resta algo más que relevante. Se trata de si se aplica a las estadísticas el criterio coyuntural e inmediatista de otros ámbitos sin considerar en absoluto una ubicación temporal relevante. Ejemplifico. En la actualidad, para estas estadísticas, parece que el mundo empezó en 2003. Es cierto que en ese año, además de haber asumido el ex presidente Kirchner, se inició también una nueva manera de relevar información socioeconómica. Sin embargo, no se ha dicho que es imposible mirar el devenir previo y posterior a esa fecha así sea con ciertos recaudos. Es bueno hacer presente que lo mismo ocurría en los noventa cuando las series comenzaban en 1993. En ambos casos, supuestamente, hay razones “técnicas” para actuar de ese modo. Pero los ciudadanos tenemos derecho a rebelarnos contra ese espíritu que considera que lo que pasó antes de mí no existe o, al menos, no resulta de interés. En cuanto a la distribución del ingreso es bueno saber que el 10% más pobre absorbe, según el informe de ayer, apenas el 1,5% del ingreso total. Ese porcentaje es bastante parecido al registrado en el Gran Buenos Aires en 2006. La referencia al GBA se debe a que de esa área puede observarse cuáles eran los valores compatibles en distintos momentos del pasado. Así, por ejemplo, ese valor era algo mayor en mayo de 2003 y casi idéntico en octubre de 2002. También es llamativo que ese valor es más bajo que cualquiera de los datos observables en el GBA en la década del noventa, período respecto del cual nadie podría decir que se trataba del mejor momento para los trabajadores. Ni hablemos de la denostada década del 80, cuando (salvo en mayo de 1989) ese porcentaje superó bastante el 2%, que no es nada extraordinario pues estamos hablando del 10% (más pobre) de la población, pero que igualmente sirve para contrastar contra el actual 1,5%. De manera que, aún no cuestionando los resultados (que las universidades parecen no estar dispuestas a suscribir), hay mucha tela para cortar y no para festejar (aunque estemos de cumpleaños). * Director del CEPED investigador del Conicet. http://criticadigital.com/index.php?secc=nota&nid=37995
Actualmente Microsoft permite crear cuentas de e-mail de manera pública usando los dominios @hotmail.com, @live.com o hasta @live.com.mx pero anteriormente existían las cuentas con el dominio @msn.com que son más cortas y a muchas personas les gusta más, aunque existen otros servicios más avazados cómo gmail todavía hay quienes prefieren las cuentas de MSN sobre todo porque es más fácil de integrar con el Windows Live Messenger, cosa que es posible con cualquier tipo de cuenta pero que requiere de unos pasos adicionales, si estás decidido en abrir tu correo en MSN puedes registrar tu cuenta en esta página. Suerte. @MSN Lo Probe y funciona en español