SaintJeremy
Usuario (Argentina)
Bueno gente parece que vamos a trollear a los moderadores, esta vez con Guyana !! Guyana,cuyo nombre oficial es República Cooperativa de Guyana, es un país situado al norte de América del Sur, miembro de la UNASUR. Limita al norte con el océano Atlántico, al este con Surinam, al oeste con Venezuela y al sur con Brasil. También suele denominársele Guayana Británica, su nombre antiguo cuando era una colonia británica. Las dos terceras partes del occidente del país son reclamadas por Venezuela, zona llamada por ésta como Guayana Esequiba; también su otro vecino, Surinam, reclama para sí una parte del territorio oriental. Los primeros habitantes de Guyana fueron los arahuacos, que la denominaron así 'Tierra de agua' (en su idioma)[cita requerida] por tener terrenos húmedos y costas tupidas de manglares y pantanos. Los arahuacos fueron desalojados por los caribes, que dominaron gran parte de la región y luego se desplazaron hacia las islas del mar Caribe, que tomó su nombre de ellos. Los arahuacos y los caribes eran nómadas organizados en familias de 15 ó 20 integrantes, y vivían de la caza y de la pesca. A la llegada de los europeos a Guyana había 500.000 habitantes. Hoy quedan cerca de 45.000 originarios, divididos en nueve grupos étnicos; de los cuales sólo siete mantienen su identidad y su cultura tradicionales. Impulsados por la leyenda de El Dorado, los neerlandeses crearon en el año 1616 el primer fuerte de Guyana, que entonces comprendía tres colonias: Demerara, Berbice y Essequibo. En 1796, la colonia neerlandesa fue tomada por los ingleses, que antes habían comenzado una introducción masiva de esclavos. En 1763, el africano Cuffy (actual héroe nacional), encabezó una rebelión que fue reprimida sangrientamente. Los esclavos que escapaban de las plantaciones se iban a vivir a las selvas, con los indígenas. El mestizaje racial y cultural dio origen a los denominados cimarrones. A estos grupos se sumaron los chinos, javaneses e indios, traídos por los ingleses como mano de obra barata. Los ideales independentistas lograron canalizarse a partir de 1950 con el Partido Popular Progresista (PPP); un programa de independencia nacional y de mejoras sociales, y a largo plazo, de transformación socialista de la sociedad. El mismo fue llevado a cabo por Cheddi Jagan por tres períodos sucesivos al cargo de primer ministro (1953-1961). Tras años de gran violencia callejera, Gran Bretaña reconoció la independencia de Guyana el 26 de mayo de 1966, en el seno de la Mancomunidad de Naciones. Para ese entonces el PPP estaba dividido: la mayoría de los afro-guyaneses se había agrupado en el Congreso Nacional del Pueblo (CNP), mientras los indo-guyaneses seguían fieles a Jagan. Forbes Burnham, líder del CNP, asumió el gobierno, apoyado por otras minorías étnicas. El conflicto étnico y los intereses estadounidenses influyeron en la división del PPP. Estados Unidos veía en la independencia guyanesa y en el socialismo de Jagan una amenaza a su hegemonía en el Caribe. Burnham llegó al gobierno con la aceptación de los Estados Unidos, pero su política no se condicionó a la de éstos: se pronunció por el no alineamiento y proclamó en 1970 la República Cooperativa de Guyana. La bauxita, la industria maderera y el azúcar fueron nacionalizados a partir de 1970. En 1976 el Estado controlaba el 75% de la producción del país. Al mismo tiempo, impulsó la integración a través del CARICOM (Comunidad del Caribe), el SELA y la Flota Mercante del Caribe. En 1976 Cheddi Jagan proclamó la necesidad de «lograr una unidad nacional anti-imperialista», en momentos de tensiones fronterizas con Brasil. Representantes del PPP regresaron al parlamento, del que se habían retirado en protesta por fraudes electorales. Luego, Burnham anunció la creación de una Milicia Popular para defender la revolución. Las elecciones se postergaron por un referéndum que encomendó al parlamento la redacción de un texto constitucional, motivo de la retirada del PPP de las actividades legislativas por segunda vez. En 1980 Burnham fue electo presidente. Según observadores internacionales, dichos comicios habrían sido fraudulentos. Ese año Burnham solicitó ayuda del FMI y autorizó a empresas trasnacionales explotar el petróleo y el uranio. En 1980, Walter Rodney, fundador de la Alianza del Pueblo Trabajador (WPA), murió al explotar una bomba en su automóvil. Nunca se identificó a los responsables. Venezuela mantiene su reclamo con Guyana. El gobierno venezolano reclama la región del Esequibo (unos 159.500 mil km², de su propio territorio, despojado por el imperio inglés, y que actualmente administra Guyana), Venezuela alegando que esas tierras le fueron ilegalmente arrebatadas por el imperialismo británico en el siglo XIX. En 1983 ambos países recurrieron a las Naciones Unidas. En 1985 se reanudaron las conversaciones para resolver la disputa. La negociación giró en torno a la posibilidad de que Venezuela obtuviera una salida al Atlántico. En 1984, con el aumento de las dificultades financieras y la crisis con los sindicatos, Burnham gestionó con el FMI un préstamo de 150 millones de dólares. Las condiciones del FMI según Burnham eran inaceptables. La invasión de Granada por EE.UU. y la condena de Guyana a esta acción, empeoraron las relaciones entre ambos países. Guyana buscó un acercamiento a los países socialistas. Burnham murió en 1985 y fue reemplazado por Desmond Hoyte. El PNC ganó las elecciones generales de ese año, pero la oposición denunció un supuesto fraude. En 1986, cinco de los seis partidos de oposición formaron la Coalición Patriótica por la Democracia y obtuvieron la totalidad de las bancas. Hoyte anunció en 1987 que su gobierno volvería al socialismo cooperativo. Mapa de las máximas aspiraciones británicas sobre el territorio venezolano, en 1896. Luego de que en diciembre de 1991 el gobierno declarara el estado de emergencia, el parlamento se reunió para posponer las elecciones previstas. El estado de emergencia se extendió hasta junio de 1992. En octubre, Cheddi Jagan (54%) derrotó a Desmond Hoyte (41%), en las elecciones generales. En 1993, Jagan permitió el despliegue de tropas estadounidenses para entrenamiento militar en las selvas de su país, y admitió la colaboración militar de EE. UU. para combatir el narcotráfico y desarrollar el saneamiento en el interior. Asimismo, el presidente buscó modificar el plan de ajuste iniciado por Hoyte, en acuerdo con el FMI. Propuso la economía de mercado para solucionar la pobreza del 80% de la población, cuya tasa de emigración era mayor que el índice de crecimiento demográfico. El primer aniversario de su mandato se vio empañado por una huelga en la empresa nacional de electricidad, ante el incumplimiento del compromiso de aumentar un 300% los salarios estatales. En 1996, el gobierno consiguió la condonación de 500 millones de dólares de su deuda externa, casi la cuarta parte del total. Ante la muerte de Jagan en 1997, su esposa Janet asumió el cargo de primera ministro interina. En las elecciones de diciembre fue electa presidenta con el 55,3% de los votos contra un 40,6% del CNP de Hoyte. Sam Hinds fue designado primer ministro. Tras 20 meses de gestión, Janet Jagan, de 79 años, renunció por motivos de salud y fue sustituida por su Ministro de Economía, Bharrat Jagdeo. El Congreso Nacional Popular criticó el procedimiento de transmisión de poderes. En marzo de 2000 el presidente venezolano Hugo Chávez reiteró las demandas de su país sobre la región de Esequibo, y denunció a una compañía estadounidense que planeaba construir una rampa de lanzamiento de cohetes en el área bajo disputa. El permiso otorgado por Guyana a una petrolera canadiense para la explotación de las aguas territoriales generó un conflicto con Surinam. Tras conversaciones mediadas por el primer ministro de Jamaica, Percival James Patterson, se abrió una posibilidad de solución al conflicto y se acordó la realización de reuniones entre ambas partes para decidir el futuro de la región. En marzo de 2001 se llevaron a cabo las elecciones generales previstas en 1997, con observadores internacionales que constataron un desarrollo casi normal, a pesar de las irregularidades por la falta de nombres de votantes en los registros. Los comicios dieron la reelección a Jagdeo. Edificio del Parlamento Guyanés, Georgetown Según un informe publicado en octubre de 2003 por la Organización Mundial de Comercio (OMC), la economía del país depende en gran medida de recursos naturales tales como azúcar, oro, bauxita y arroz. La producción de estos recursos ha crecido a un ritmo muy lento en los últimos años, a pesar de las importantes medidas que adoptó Guyana para liberalizar sus regímenes de comercio e inversión en los últimos 15 años. En enero de 2004 los países acreedores del Club de París acordaron reducir en 95 millones de dólares la deuda de Guyana, en el marco de la iniciativa sobre la deuda de los países pobres muy endeudados (PPTE), diseñada por el FMI y el Banco Mundial. Los acreedores también se comprometieron a otorgar un alivio de deuda adicional de 33 millones de dólares. Ante la presión de los líderes opositores –que pedían investigar una posible conexión entre el ministro del interior y los escuadrones de la muerte sospechosos de la ejecución de cientos de supuestos criminales–, el titular del ministerio, Ronald Gajraj, dimitió en mayo de 2004 para hacer posible las actuaciones judiciales. En junio, la ONU formó un tribunal que debería dirimir un viejo pleito sobre límites marítimos entre Guyana y Surinam. Las investigaciones sobre los crímenes de los escuadrones de la muerte no lograron establecer ninguna conexión entre aquellos y Gajraj, por lo que, en abril de 2005, éste reasumió como ministro del Interior. En medio de una ola de crímenes dirigidos contra objetivos previamente elegidos, en abril de 2006 fue asesinado –junto a dos familiares– el ministro de agricultura, Satyadeow Sawh. Desde enero, ya eran 50 los asesinatos; la policía los atribuyó a grupos ligados al tráfico de drogas y el contrabando de armas. En marzo de 2007, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) condonó la deuda de Guyana, que rondaba los mil millones de dólares. El gobierno y el BID consideraron el hecho como histórica oportunidad para un nuevo comienzo.
En Gran Bretaña, ha tenido lugar una iniciativa innovadora: como se estima que poseen mas de 10 millones de fumadores, se ha pensado en que este mal hábito podría contribuir al medio ambiente. Dado que las colillas de los cigarrillos son el componente Nº1 de la basura humana y una de las razones por la que no se pueda fumar en bares y edificios públicos, se ha forzado a los fumadores a hacerlo en espacios abiertos, aumentando la contaminación con los restos de sus cigarrillos. Las colillas normales, compuestas de monoacetato (un material sintético), tardan alrededor de 15 años en degradarse, por eso se pensó en reemplazarlos por filtros biodegradables con un contenido de semillas de flores silvestres, que brotarán y florecerán cuando el filtro se degrade, en el plazo de un mes. Según el estado del tiempo y la meteorología, durante ese plazo se produciría la degradación del filtro, el brote de la semilla y su floración, con lo cual, el porcentaje de contaminación sería “0" al final del proceso. Diferentes empresas ya han adoptado la idea y incluso la empresa "Green Butts" comercializa solo los filtros para los que prefieran el tabaco de liar (enrollar uno mismo). La especie floral elegida en este caso, por ser especie endémica, ha sido la flor copo de nieve (snowdrop flower), un arbusto caducifolio que puede llegar a los 4-5 metros de altura, que genera flores blancas de entre 4 y 11 centímetros. Se cree que, de extenderse esta tendencia, se adoptará una especie endémica de la región de comercialización de los filtros y cigarrillos. Esto no hará mas saludable el fumar, pero al menos reducirá el impacto ambiental haciendo que los restos dejados por los fumadores ayude a sumar belleza a los espacios al aire libre. Imaginen si lo aplicamos a nivel global! tomando en cuentoa que actualmente hay 2,000 MILLONES de fumadores, es decir, casi la TERCERA PARTE DE LA POBLACIÓN MUNDIAL.
RICKY NOT DEAD Este post se lo dedico a la memoria de Ricky, no soy católico ni nada, no creo que este en el cielo, solamente se lo quiero dedicar a el y a nadie más. Este post quiere reflejar más la persona que el músico. Disfruten. Primero la descripcion de Wikipedia: Manuel Ricardo Espinosa, más conocido como Ricky Espinosa (Buenos Aires, Argentina, 31 de diciembre de 1966 – ibídem, 30 de mayo de 2002) fue un cantante y guitarrista argentino, primero fue guitarrista de Flema pero después del rearme de la banda pasó a ser voz y líder de la banda, creando luego una banda paralela llamada Flemita y editando material también en formato solista. Comienzos Ricky Espinosa nació en el barrio de Gerli, zona sur del Gran Buenos Aires. Poco se conoce de sus primeros años, que probablemente fueron como los de cualquier chico de barrio. En febrero de 1981 aprendió a tocar la guitarra y poco después formó su primer grupo, que tocaba canciones de V8 y de Pappo. Con el tiempo su música se fue haciendo más pesada y a mediados de los ochenta el grupo había tomado el nombre de "overkill" y paso de heavy metal a simplemente punk-rock. A Ricky se le atribuye el haber promovido la escena underpunk en argentina con su banda paralela flemita en la que en sus discos hacia covers y promovia a bandas de la escena under en argentina. Muerte Hubo muchos rumores sobre lo que realmente sucedió la noche de la muerte de Ricky Espinosa, pero lo declarado por la banda fue que se produjo cuando Ricardo Espinosa y Luichi llegaron de grabar las voces para el último álbum, "5 de copas". Volvían en el remís privado de Ricky, tomando alcohol fino con jugo en polvo y festejando la finalización de la grabación. Llegaron a la casa de Luichi, situada en un quinto piso de un monoblock de Avellaneda, donde siguieron bebiendo y jugaron PlayStation. Repentinamente, Ricky corrió el televisor que obstaculizaba una ventana, y saltó al vacío. Murió en la ambulancia, camino al hospital. No pudieron hacer un velatorio decente porque los dueños de la casa fúnebre vieron la multitud de punks que se juntaba y decidieron suspenderlo. Tuvieron que velarlo en el patio de la casa del hermano donde también asistió el guitarra y voz de El Otro Yo, Cristian Aldana y el cantante Niko Villano de Villanos. Hoy yacen sus restos en el pabellón verde llamado Juan XIII, en el Cementerio del barrio de Avellaneda, y todos los 30 de mayo, una multitud se junta a rendrle homenaje. Una nota de Pagina 12: Si el placer es un pecado, Ricky Espinosa tiene bien ganado su lugar en el infierno, aunque sus demonios internos no lo hayan dejado disfrutar del todo sus 33 años de vida. Y su final es una confirmación más de todo ese dolor del que daba cuenta en cada entrevista: en la madrugada de ayer, Espinosa murió tras haberse arrojado desde un quinto piso. El cantante y líder de Flema, eterno mito del under punk, fue uno de los rockeros más descontrolados, graciosos, nihilistas y entrañables que existieron en la Argentina. Su muerte no sorprendió a sus amigos, que sabían que podía llegar en cualquier momento. ¿Qué les habrá dicho a ellos, qué habrán tenido que ver? No resulta muy difícil de imaginar. “Intenté suicidarme seis veces... Ni para eso sirvo”, le había dicho en noviembre del año pasado al Suplemento No de este diario. Hay decenas de anécdotas, entre hilarantes y revulsivas, que pueden ayudar a formarse una idea de qué clase de tipo era ese morocho, bajito y simpático personaje que cantaba en Flema. Por ejemplo, una de antes de formar la banda, en su Avellaneda de toda la vida: el día de la primavera de 1985 se subió al escenario que la Municipalidad había montado en la plaza Alsina (para un acto que se haría más tarde) y decidió cantar a capella. Los estudiantes que estaban en el lugar, algo averiados, se murieron de risa, así que Ricky se bajó los pantalones y se puso a bailar (costumbre que luego patentó en Flema). Obviamente, se lo llevaron preso, pero todos los que lo habían visto armaron un piquete en la puerta de la comisaría... ¡y lograron que saliera! Esa tarde, Ricky marchó dos cuadras en andas de sus fans espontáneos, de nuevo hasta la plaza. Flema no fue un invento de Ricky –se acopló como guitarrista a la banda que recién se formaba–, pero fue su obra y su elemento. El grupo de “punk anarcoquilombero”, según su propio líder, surgió en 1987. Al año siguiente, dos de sus canciones aparecieron en el hoy legendario compilado Invasión 88. “Aunque nunca cobré un peso, fue una suerte entrar, porque nos dio un gran empuje. Gracias a ese disco me hicieron la primera nota en la revista Pelo. Ahí empezó la leyenda del descontrol, porque yo tenía ganas de hacer pis, me daba vergüenza pedir ir al baño y me eché un cloro por el balcón. Esas cosas me perjudicaron a nivel personal, pero beneficiaron a la banda como promoción extremista”, recordó más tarde. A Flema le costó mucho grabar su primer disco, aunque luego lograron completar otros siete. Según trascendió, el grupo en pleno estaba festejando haber completado el octavo, Cinco de copas, y en medio de un partido de PlayStation el cantante decidió arrojarse por la ventana de la casa de Luichi, el guitarrista. Ricky también tenía una banda paralela, Flemita, y sacó un disco como solista, Vida Espinosa. Aquella vez de su improvisado show exhibicionista no fue la única en que tuvo problemas con la policía. En diciembre de 1999, un taxista lo acusó de intento de robo, pero fue sobreseído. “Seré cualquier cosa, pero no soy un chorro”, respondió Ricky. Hace pocos días fue detenido por posesión de marihuana y pasó la noche adentro. Sus allegados dicen que desde entonces le provocaba terror ir a la cárcel. “Si yo soy así/ no es por culpa de las drogas/ Si yo soy así/ no es por culpa del alcohol”, cantaba Ricky en su canción más conocida, “Si yo soy así”, un verdadero himno para los fans de Flema. Los shows eran bacanales de transpiración, escupitajos y punk rock bien sucio: la banda no ensayaba para no perder la espontaneidad. Cuando Flema cumplió catorce años, la fiesta incluyó una torta de crema que su líder comió después de que sus seguidores le escupieran encima. Así vivió Ricky, y dijo cosas como ésta, respecto del suicidio de Kurt Cobain: “Lo que hizo es una estupidez, un mal ejemplo, lo que quieras... pero fue digno. Si no tenés ganas de vivir más, no vivas más y punto”. A Ricky también se le acabaron las ganas. Una nota de Clarin: Ricky Espinosa y la trampa biográfica (Foto: Fabián García, Resakka, quien generosamente abrió su archivo para la ocasión) Al escribir sobre la vida de una persona, uno está obligado a utilizar ―al menos tangencialmente― los rudimentos del género “biografía”. Tiene que tomar en préstamo su desesperación cronológica (tal cosa sucedió en tal fecha), la sordidez metonímica de sus proposiciones: un puñado de acciones deben hablar por toda una existencia. Acaso se trata de su condición epistemológica, acaso nadie puede escapar de esa restricción. ―La condición epistemológica de la biografía es una mierda ―imagino que podría haber dicho, haciendo alarde de su capacidad de síntesis, uno que conocí. 0227sep.jpg Cinco o seis años atrás, un desconocido llamó por teléfono para hacerme algunas preguntas sobre el músico Ricky Espinosa. Esta persona estaba escribiendo un libro, un artículo o un texto cualquiera, no recuerdo, sobre su vida y obra. Desesperación cronológica, sordidez metonímica. YO: ¿Qué querés saber? EXTRAÑO AL TELÉFONO: Quería que me contara alguna anécdota sobre Ricky. YO: ¿Qué clase de anécdota? EXTRAÑO AL TELÉFONO: No sé, alguna que lo pinte de cuerpo entero. Le conté la anécdota. Creo que no le gustó. Hasta donde sé, no la usó en su libro, artículo o lo que fuera que estuviera escribiendo. Sencillamente no encajaba. Fue como cuando se estrenó la película La caída (The untergang, 2004), de Oliver Hirschbiegel, y no faltaron quienes se quejaron enérgicamente porque Adolf Hitler había sido retratado como si, de hecho, hubiese sido un ser humano. Tampoco había puesto muchas fichas en el proyecto literario del extraño al teléfono. Pensé en esa expresión de Frank Zappa, eso de que el periodismo musical consiste en gente que no sabe escribir entrevistando a gente que no sabe hablar para gente que no sabe leer. Y lo asocié con esa idea de que la biografía es un género literario menor, bastardo. La biografía ―en este sentido, y también en muchos otros― es hija indeseable de una copulada fugaz entre un libro de divulgación histórica y una revista de chimentos. A veces, cuando se agrega el apellido “crítica”, la biografía cree haber alcanzado cierta respetabilidad social; pero basta con escuchar el chismorroteo de las señoras en la feria para descubrir que sigue siendo la malmirada del pueblo. Entró a los estantes de las librerías, pero continúa siendo una chirusa que funciona mejor en los kioscos de revistas baratas. El escritor escocés Irvine Welsh cerró Acid house, su libro de cuentos de 1994, con una novela corta llamada Un listillo. Allí, su protagonista, un guardaparques aburrido, se confiesa asiduo lector de biografías: Jim Morrison, Brian Wilson, Ernest Hemingway, Elvis Presley… “Realmente, no puedo decir que haya disfrutado con ninguna, con la posible excepción de la de Kirk Douglas”. Su jefe lo felicita por leer biografías, pues, dice, un lector nunca se aburre. “Excelente. Alguna gente se llena la cabeza con teorías políticas y sociales: eso sólo puede causar resentimiento e insatisfacción con la suerte que a uno le ha tocado”. La moraleja sería que las biografías en general están en el penúltimo peldaño de la escala evolutiva literaria; el último peldaño lo ocupan las biografías de músicos de rock. Así que ya me imaginaba la biografía que planeaba el extraño al teléfono: nació, se emborrachó, se drogó, se vomitó encima y se cayó muerto. Ricky Espinosa había nacido en 1966 y falleció en 2002. Era el cantante de Flema, banda punk del suburbio sur del conurbano bonaerense con una bien ganada fama de forajidos, ineptos musicales y drogones reventados. Fue sencillo convertir cada acto en destino, cada acción en consecuencia. Espinosa cantaba: “Tan feliz soy acá, que tengo que despegar/ Qué lindo amor, me voy a suicidar”. Y una noche se tiró (o se cayó, o quién sabe qué) del balcón de un edificio. Coreaba “me voy a suicidar” y se suicidó. Uno más uno igual dos. Nunca falla. De eso se trata la hipocresía de la cronología, según escribió un tal Jeffrey Cartwright: “La estúpida pretensión de que una cosa sigue a la otra, como si un sábado un hombre debiera ahorcarse porque el viernes estaba melancólico, cuando quizás su melancolía no tuvo nada que ver con el suicidio, quizás se ahorcó por pura extravagancia”. El extraño al teléfono quería que le contara alguna aventura donde no faltaran drogas, alcohol, preferentemente vómitos y patrulleros, todas aquellas anécdotas que ―como un letrero vial― señalan hacia un mismo punto de llegada. Tengo varias de ésas, más de las que quisiera tener, pero le conté otra cosa: las tardes en Gerli, Avellaneda. Pues Ricky Espinosa era el cantante de Flema, banda punk emblemática del suburbio donde nací y crecí, pero también era un amigo, un buen pibe, un tipo al que de veras llegué a apreciar. Vivía con los padres, en una casa de pasillo-al-fondo, y dormía en lo que hubiese sido un pequeño living o recibidor. Yo llevaba unas palmeritas que compraba en la confitería La Nouvelle, antes de tomarme el tren en la estación de Lomas de Zamora; después bajaba en Gerli y caminaba hasta la casa. La madre preparaba café y pasábamos la tarde comiendo palmeritas, tomando café, escuchando música, hablando sobre la vida y su azarosa injusticia. Eso era todo. A veces, cuando veo pintadas callejeras de “Ricky no murió” o su cara grabada vía esténcil, cuando escucho anécdotas que lo tienen haciendo líos y macanas, convertido en epítome de la autodestrucción y de la falta de méritos, recuerdo aquellas tardes y sonrío. Pienso en Jeffrey Cartwright y digo que sí que se murió, que está más muerto que un clavo. Luego pienso en qué escasa porción de nuestras vidas dedicamos a ser lo que otras personas creen que somos. Antes que ser ese eterno perdulario revoltoso que parecía en sus canciones o en las entrevistas ―la imagen que entregó al mundo, la única imagen con la que alguien como él podía hacerse notar, con la que podía poner un pie en ese mundo al que se disponía tirar abajo―, Espinosa podía definirse por su curiosa habilidad para simplificar en pocas palabras cualquier situación infinitamente compleja. A veces rozaba la genialidad cuando lo hacía, otras veces resultaba enervante y cansador. Invariablemente, “mierda” solía ser su término preferido para hacer estas síntesis. En 1998 o 1999 escribí, en la revista Madhouse, un texto sobre la casa de mi abuela, que estaba en Sarandí, cerca de Gerli, todo en Avellaneda. Hablaba de lo lindo que era ser chico e ir a su casa, de los vecinos viejos, de sentarse a tomar mate con bizcochitos en la vereda; de los barquitos de papel de diario, de los helados, de lo feliz que puede ser la vida desde los ojos de un chico de suburbio; de cuánto deseaba dejar de ser la persona que era en 1998 o 1999, de cuánto deseaba ser de nuevo chiquito y feliz. Espinosa llamó por teléfono y dijo que había compuesto una canción en base a ese texto. ―¿Cómo se llama? ―le pregunté. ―“Todo es una mierda”. Esa era su capacidad de síntesis. Lo tomabas o lo dejabas. Y los pibes punk del suburbio sur lo tomaban, lo festejaban, lo convertían en pintada en la pared, inscripción en la remera o en el pupitre. ―¿Me vas a pagar? ¿Voy a cobrar regalías? ¿Seré rico? ―No. Pero cuando me muera te voy a heredar mi talento. ―Mejor heredame tus ojos, que los míos son miopes y no dan para más. ―¿Para qué los querés? Vos tenés ojos celestes porque sos blanquito, rubio y lindo, yo tengo ojos de negro feo de mierda. Y así. Supongo que hay cosas de las que no se habla, aristas de la persona empírica que no deben revelarse a fin de que se construya el personaje biográfico. No hay que romper la suma de uno más uno igual dos, donde las causas van acompañadas de consecuencias, donde las flechas viales señalan un destino necesario: donde una persona se suicida porque es borracha, porque es drogona y porque canta “me voy a suicidar”. Ahí está el truco de la biografía: ir de adelante hacia atrás, pero escribir de atrás hacia delante. El sociólogo Robert Nisbet observó: “La historia ―alguien lo dijo muy bien― revela sus secretos sólo a quienes comienzan por el presente. Para mencionar las palabras de Alfred North Whitehead, el presente es tierra sagrada”. <br Y esta tierra sagrada es un sembradío de hechos consumados: la tarea del biógrafo es elegirlos y explicar cómo se consumaron. Hacer que todos los momentos que conforman una vida confluyan en un único momento: “El acto célebre del héroe”, como dijo el tal Jeffrey Cartwright. El presente ―el sembradío de hechos consumados― coincide siempre con el lugar de enunciación. Los textos científicos abundan en expresiones como “según el estado actual de las investigaciones” o “según el estado actual de nuestro conocimiento”, y es justamente la clase de aseveración que la biografía elude: cada texto se asume como definitivo y final. Cada biografía asume que presente, lugar de enunciación y conocimiento acabado son una misma instancia; que vida e historia son una misma cosa, y que por ende no existe distancia entre enunciación y enunciado (si uno quiere mirar así el texto). El mejor ejemplo es la advertencia que Domingo Faustino Sarmiento colocó al comienzo de Facundo. Civilización y barbarie en las pampas argentinas, su libro de 1845, donde explicaba que los sucesos habían tenido lugar en distintas y remotas provincias, en diversas épocas; que algunos datos habían sido registrados a la ligera, que provenían de reminiscencias propias o de recuerdos de testigos oculares; y que por todo esto no sería extraño que el lector argentino “eche de menos algo que él conoce, o disienta en cuanto a algún nombre propio, una fecha, cambiados o puestos fuera de lugar”. Sin embargo, Sarmiento aclaraba: “En los acontecimientos notables a que me refiero, y que sirven de base a las explicaciones que doy, hay una exactitud intachable, de que responderán los documentos públicos que sobre ellos existen”. Toda biografía parte de la misma premisa: la exactitud intachable, sostenida en esa tierra sagrada que es el presente. Toda biografía, en cualquier sentido de esa premisa, es una mierda. Una completa, absoluta mierda. Algunos videos, entrevistas y cosas: link: http://www.youtube.com/watch?v=w4By1FJM3zk link: http://www.youtube.com/watch?v=RzPCjly51qg&NR=1 link: http://www.youtube.com/watch?v=Ei5f_lxjzl4&feature=related Una entrevista escrita: “Intenté suicidarme seis veces. Ni para eso sirvo...” Nada que tenga que ver con la definición clásica del músico de rock –el conflictuado, el descontrolado, el difícil, etc., etc.– corresponde aquí al protagonista. En remise por el sur del Gran Buenos Aires, en su casa de Gerli, en donde se pueda, Ricky dirá que no sabe lo que hará al día siguiente, que no tiene amigos, tampoco proyecto alguno y que, tal vez, sí sea una estrella. Aunque... “no es culpa mía”, aclara. TEXTOS. SANTIAGO RIAL UNGARO FOTOS. TAMARA PINCO No es fácil encontrar y entrevistar a Ricky “Flema” Espinosa. Sin embargo, mucho puede decirse sobre él: estrella del punk rock local, poeta maldito, performer suicida (capaz de atreverse a tocar “Honky Town Woman” de los Rolling Stones soportando impasible los botellazos del público punk) y cultor del glitter rock más rastrero e impactante, Ricky Espinosa es, a su pesar, un mito. Y, como tal, tiene una parte oscura e incomprensible. El mito gira alrededor del reviente y de su radical nihilismo. Realmente da la impresión de que a Ricky no le interesa nada. Pero entre el vendaval que generan Flema, Flemita y sus proyectos solistas, lo que hace que Espinosa se distinga entre tantos clichés (sexo, drogas, punkrock & roll y “no future” son los pilares de su obra) es su interés por documentar, con una honestidad verdaderamente brutal, su propia vida. Una vida auténticamente decadente: una vida espinosa, juego de palabras que le dio título a su único disco solista. Y si su actitud es autodestructiva, sucede en forma consciente. El público de Flema, el que corea la letra de “Si yo soy así” (“Si yo soy así no es por culpa de la droga/ Si yo soy así no es por culpa del alcohol”) debería saberlo mejor que nadie. “Sonriendo me hundo un poco más”, canta Ricky en uno de sus últimos discos. El reviente es entonces una excusa para ocultar un vacío aún más monstruoso. Y de tanto atacarse a sí mismo, el personaje hace imposible cualquier juicio. ¿Qué crítica se le puede hacer al grupo si el mismo Ricky supo aparecer, en la portada de Si el placer es un pecado, bienvenidos al infierno, con una remera que dice “Flema es una mierda”? Si Flema hubiera tenido un manager dispuesto a canalizar y amplificar las peripecias de Ricky, ya lo habrían convertido en un negocio, y no sólo por su carisma personal. La leyenda se sostiene con canciones: “Surfeando en el Riachuelo”, “No quiero ir a la guerra”, “Extremista”, “Más feliz que la mierda”, “Nunca seré policía”, “Metamorfosis adolescente”, “Una droga más” o “No pasa nada” dan cuenta de su raro talento para componer himnos punks. Claro que, desde un punto de vista convencional (desde casi cualquier punto de vista), el suyo es un talento desperdiciado o, por lo menos, desquiciado. Para empezar, a los 18 años se le rompieron un par de tendones en un incidente del que no quiere dar detalles. Por ese entonces, en Avellaneda, Ricky Espinosa era famoso por sus payasadas y por su habilidad como guitarrista. Ahora, con 34 años (casi 15 con Flema) es a la vez rolinga, punkrocker y metalero. Con ese prontuario, sus ambiciones se limitan a sobrevivir: cada show es una catarsis de saliva, electricidad y pogo y cada disco es un documental del sucio realismo que lo rodea. Ni más ni menos. Y aunque el grupo tenga el dudoso honor de haber ganado durante varios años seguidos las encuestas como “lo peor” del año, no hay ninguna intención de que eso cambie. Se entiende, entonces, el hecho de que no sea fácil hacerle una nota a Ricky. Pero, nobleza obliga, el autor de Caretofobia I y el reciente Caretofobia II, lo advierte de antemano: “No te puedo decir qué voy a hacer mañana. Es al pedo, porque apenas sé lo que voy a hacer dentro de un rato.” Después de varios intentos y charlas telefónicas, finalmente Ricky devuelve el llamado: dice que está en Lanús, en el Complejo Musical La Viga, sala con estudio de grabación y flemático centro de operaciones. “Escuchemos unos temas”, propone... y se va. “Hacele una nota al productor”, sugiere cuando vuelve junto a Pablo Podestá, el mártir que grabó todos los discos del grupo. Desde su visión, el líder de Flema y Flemita “es un profesional”. “Sabe lo que quiere hacer y lo que no quiere hacer. Lo mejor de todo es la polenta que tiene para llevar adelante su proyecto. Pero a veces es difícil grabar a Flema, porque tal vez no saben lo que quieren hacer: los demás integrantes también son como él.” Desde la consola, la letra de “Viejo y Cansado” es bastante elocuente: “No sirvo para vivir. No sirvo para morir. No sirvo para ser hombre. No sirvo para ser mujer. No sirvo para una mierda.” Minutos después, cuando se le pide una copia del disco, Ricky dirá lacónicamente que no tiene doble casetera. Luego, al comentarle la opinión de Podestá, la reacción será despectiva: “No, yo no tengo ningún proyecto: Flema es una realidad día a día. Estaba en mi casa y quería hacer un disco. Me tomé el bondi y vine a grabar. Eso fue todo.” La actitud de indiferencia de Espinosa se corresponde con su total desinterés por la prensa: charla por teléfono, busca una birra, invita a hablar a todos los que andan por ahí (“todos pueden participar”, añade socarronamente) y, por último, ante el reclamo de atención por parte del cronista, Ricky, con cara de niño tentado, dirá: “Yo te dije que vengas, pero no te dije que íbamos a hacer la entrevista.” Más tarde, en el grabador se escuchará una banda ensayando, chistes irreproducibles, carcajadas estruendosas, anécdotas (“la primera nota que mi hicieron fue en la casa de Gamexane; me había tomado 5 birras y terminé meando por la ventana”), voces de gente que entra y que sale y alguna que otra declaración de principios estéticos del estilo “no me gusta ensayar porque termina sonando muy robotizado. Las mejores tomas siempre son las primeras.” ¿Y la nota? “Esto es la nota”, dice Ricky, manager de Flema. BARDEAR O ZARPAR EN EL LADO SALVAJE La escena transcurre en algún lugar del conurbano. Ricky va a visitar a un amigo, y la ¿entrevista? continúa en un remise. Ahora Ricky explica cuál es la diferencia entre los verbos bardear y zarpar, incluidos ambos en la letra de “Hoy yo puedo volar”, uno de los mejores temas de Caretofobia II: “Bardear es algo que hacés para vos. Cuando te zarpás estás bardeando a los demás”. Con la complicada intención de “bardear” pero no “zarparse”, Ricky pide discreción al cronista: estamos en uno de esos barrios en los que la policía no entra y conoce los códigos. Nadie va a poder acusarlo nunca de buchón. Pero también hay otra razón: Ricky está de novio desde hace años, aunque tampoco quiere hablar sobre su musa. “Ella no quiere que nadie la conozca: además, es puro cholulismo”. Pero aunque el lado sentimental de Ricky quede de manifiesto en algunas canciones de amor de marcado sentimentalismo ramonero, el fuerte de Ricky es su conocimiento del lado salvaje de la realidad. “Yo escribo sobre el reviente porque es lo que mejor conozco”, dice este lector empedernido de Bukowski que supo leerse entera la Biblia, Antiguo y Nuevo Testamento. “Empecé por el Apocalipsis, como buen metalero, y después me la leí entera.” Ricky Espinosa tiene su propios valores. Inmerso en sus conflictos, el autor de Caretofobia sólo puede vanagloriarse de su sinceridad que, aunque a menudo desemboque en lo patético, también le da a Flema una adrenalina que muchas bandas de rock envidiarían. De gira con Ricky, su confesión inicial sobre la amistad (“yo no tengo amigos porque ni siquiera soy amigo de mí mismo”) resulta, por lo menos, dudosa. La gente lo quiere y vive a los cachetazos (“no me molesta jugar de manos”, dirá al pasar luego de haber intercambiado un par de sopapos con un amigo) y a los abrazos, haciendo reír a muchos... y llorar a otros. Y aunque también debe haber algunos que lo odien, Ricky se hace querer. Y se ríe a carcajadas, varias por minuto. Por lo menos, los integrantes de Flema son amigos. En un monoblock de Gerli está ahora junto a Fernando Rossi, integrante de Flema y autor de “Siempre estoy dado vuelta”, otro hit paradigmático de la banda. En la videocasetera se ven imágenes del último cumpleaños del grupo (los caóticos festejos por los 14 años de Flema en Cemento fueron una verdadera bacanal punk) y, periodísticamente, la situación se repite: Ricky quiere que Fernando también opine sobre Flema. Con el video de fondo, el bajista opina: “Yo creo que ya llegamos a un nivel en el que mucho no vamos a poder mejorar. Podemos mantener el nivel o bajarlo. No voy a tocar de un día para el otro como Billy Sheenan. Podemos mejorar un poco como banda. Sinceramente, creo que Flema no se caracteriza mucho por el laburo de la banda. Nosotros tocamos juntos porque nos llevamos bien. Y no nos importa nada.” El prestigio de Flema como banda legendaria se lo debe, en parte, a la permanencia del grupo (de hecho su segundo disco, Nunca nos fuimos, es de 1995). Como también pasa con otros grupos locales, a esta altura lo importante de Flema es simplemente que exista, que siga vivo a pesar de todas las adversidades. E incluso a pesar de sí mismos: “Hace 15 años que tocamos. Si no tuviera 5 discos editados, sería un tarado”, resume Ricky. “En realidad, en Flema, ideas tenemos todos. Lo que yo tengo es ímpetu para llevarlas adelante. Tal vez cuando esté fisurado haga un disco de grandes éxitos. Pero cuando lo haga lo voy a hacer de alma. O quizás no.” Al margen de los chistes y las evasivas, de golpe se le escapa una declaración de principios trunca: “No tengo un proyecto, por eso no puedo fracasar. Si no te prometo nada, no te puedo defraudar. Yo no tengo ningún compromiso, ni siquiera conmigo mismo.” Sin productor y sin manager, Flema convive con su propia leyenda que, a veces, le termina jugando en contra: “La otra vez me preguntaron si me costaba mucho actuar de Ricky. ¡Cómo me va a costar si yo soy así desde que me levanto! No me siento esclavo de mi personaje porque yo no me considero un personaje. Siempre fui así: cuando laburaba en la fábrica de lápices laburaba cantando. Mientras todos estaban a las puteadas yo cantaba el himno, cualquier cosa. Y era el más famoso de toda la fábrica. Sí siento que a veces me discriminan: hace poco tuve una reunión con una productora que quería editar los próximos cuatro discos de Flema. Y bueno, yo estaba dispuesto a cumplir con mi palabra (de última tocar es lo que más me gusta hacer en el mundo), pero les aclaré que si ellos no me pagaban lo que me estaban diciendo, les iba a romper toda la oficina. Y al final no se hizo nada. Se ve que sabían que no iban a cumplir su palabra... Y que yo sí iba a cumplir la mía”, dice y estalla en carcajadas. RICKY HORROR SHOW Finalmente llegamos a la casa de Ricky, en Gerli. En la parecita de la casa de sus padres en donde sigue viviendo aún hoy, las pintadas confirman su condición: “Mientras Ricky siga flemando el punk seguirá sonando” o un simple “Ricky: gracias por existir” dan cuenta del cariño de la gente. También hay algunos insultos, que Espinosa señala con orgullo: “Mirá lo que me escribió éste: Ricky puto, aguante Fun People. ¡Qué hijo de puta!”. Ya en su cuarto, las paredes muestran sus metamorfosis. Empezó a pintarse en 1987, y ya a principios de los 90 su imagen se anticipaba al look monstruoso de Marilyn Manson. Desde entonces, las polleras y el maquillaje han sido una de las marcas del glamoroso y horroroso cantante de Flema. “Siempre fui ambiguo. El primer día que salí en pollera al escenario fue la primera vez que me tiraron un corpiño. La gente también es ambigua. Ya lo dijo Freud: detrás de todo machazo hay un terrible puto. O por lo menos yo lo entendí así.” Aunque sea “Volando bajo” (título de una de las canciones incluidas en Invasión 99), Ricky ha sabido ingeniárselas para despegarse del asfalto, para subir... y volar. Claro que, se sabe, bajar es lo peor. De subidas vertiginosas hacia los paraísos artificiales y bajadas en caída libre hacia el infierno de la decadencia, están hechas esas canciones con las que su público se siente tan identificado y el resto horrorizado. Una vez más, lo mejor es que, en ausencia de la música, las letras hablen por sí solas. Por ejemplo, en “Hoy yo puedo volar”: “Otra vez me zarpé, y esto ya no es novedad. Me enrosqué y bardeé. Y esto es zarpar, no bardear. Pero hoy yo puedo volar. Esto que te estoy diciendo. No es un argumento para destacar. Y aunque no me arrepiento. No soy un ejemplo para imitar.” Cada tanto, Ricky Flema se anima a dejar de lado su faceta más bufonesca para hablar con claridad y sencillez a su público: él no es un ejemplo ni pide ser tomado como tal. “Además, a la gente le parece más fácil imitar lo malo en vez de imitar lo bueno. Es deprimente que me vengan a decir que empezaron a curtir después de haber escuchado ‘Más feliz que la mierda’. Sí, yo pasé eso, pero no quiero que la gente lo haga. Al contrario, tal vez mi mensaje sería que no hagan lo mismo que hice yo”, murmura al borde del arrepentimiento. En la solapa de su campera de cuero, este punk rocker stone y metalero tiene un prendedor de El Otro Yo, grupo cuyo líder es casi la antítesis del nihilismo de Flema. ¿Los opuestos se atraen? “Con Cristian nos queremos como personas, además de que me gusta la música del grupo. Yo lo veo sincero, aunque no esté de acuerdo con su opinión sobre las drogas o lo que dijo de la cumbia. Y él debe ver lo mismo en mí. Lo que sí, no creo que El Otro Yo sea un grupo optimista, o que haya tantas diferencias. ¿’No me importa morir’ es optimista? O ‘Alegría’, con eso de que ‘los niños cantan en el funeral’. ¿Qué tiene de alegre eso?”. Pesado entre la pesada del Rock & Roll, Ricky también siente respeto por otro predicador, más polémico aún: Ricardo Iorio. “Lo conocí y es igual a lo que canta: ‘Venga mi amigo Espinosa, vamos a comer un asado.’ Me pareció un buen tipo.” Lo mismo deberán ver las miles de personas que compraron los discos de Flema y Flemita. Y aunque el nihilismo de Ricky puede llegar a resultar recalcitrante, es una realidad y un síntoma. Son muchos, cada vez más, los que se sienten condenados de antemano por el círculo vicioso de la ignorancia, la pobreza, el desempleo y que encuentran en la épica de la autodestrucción una forma de, por momentos, escapar un instante de la cruda realidad. Y aunque Ricky sea una persona bastante productiva (además de sus proyectos paralelos tiene escrito un guión semiautobiográfico, titulado El Alta –No hay futuro–, numerosos escritos que piensa compilar en un libro de dichos y poemas que piensa titular Si fuese alto y rubio y sería skinhead, y un fanzine que salió dos veces en 5 años), la palabra nihilismo aparece una y otra vez, a veces como una condena y otras como excusa. “Lamentablemente, yo ya no tengo esperanza. Sigo por inercia. Estaría rebueno tener esperanza. Lo que nunca perdí es la inocencia. Yo me puedo ver reflejado en Boom Boom Kid o en María Fernanda de El Otro Yo. Pero lo único que tengo es esperanza de que me sigan cagando.” Inútil preguntarle por qué sigue vivo: “La letra de ‘Viejo y cansado’ habla de eso: ya intenté suicidarme 6 veces. No sirvo ni para eso.” De alguna manera u otra, yerba mala nunca muere: “Y sí, tal vez tenga un uno por ciento de esperanza. Tal vez sea un llamado de atención. De última estoy vivo y hago cagar de risa a todo el mundo desde hace años.” Ese negro sentido del humor y el rock angustiado y vital de Flema lo han convertido, entonces, en un mito: aunque cueste creerlo, la gente que lo escupe (que lo viene escupiendo desde hace décadas) y que consume sus shows, sus discos, sus remeras y sus entrevistas lo fueron convirtiendo en una estrella auténtica. Previsiblemente, en ningún momento de la charla Ricky se hará cargo de su condición. Inclusive, uno de sus amigos le dará la razón, aclarando que “en el barrio, estrella se le dice al músico creído. Ricky canta lo que siente. Para él es normal, pero para los demás es extraordinario.” ¿Será su radical caretofobia lo que lo hace extraordinario? ¿Puede ser tan mal ejemplo una persona sincera? Lo cierto es que mucho se puede decir de Ricky Espinosa. Y aunque sea difícil hacerle una entrevista, es una persona accesible que, entre zarpes y bardos, acumuló unas cuantas experiencias extraordinarias: “Una vez hablé con una estrella”, recuerda y se pone serio, casi solemne. “Era relindo. Ningún idioma ni nada. Tal vez para alguien eso sea algo superficial, pero para mí eso fue una de las cosas más importantes que me pasó en mi vida.” Y entre toda la podredumbre, queda un espacio para la ternura. Y, a veces, para la lucidez. Como buena estrella de punkrock del tercer mundo, Ricky, atento a su seguridad, va de acá para allá con su remisero particular. Y desde allí, ante la insistencia sobre su estrellato, reflexiona y casi termina aceptándolo: “Si yo soy una estrella, no es por culpa mía. A lo sumo me eligieron. Por eso el país anda como anda.” Y, por una vez, no se ríe. Ahora si, unas de las que para mi son las canciones que mas lo representan, tal vez no sean las mejores: Viejo Y Cansado: link: http://www.youtube.com/watch?v=dqR_gKhZJC0 Metamorfosis Adolescente: link: http://www.youtube.com/watch?v=3QZ0t1ngKFA&feature=related Si Yo Soy Asi: link: http://www.youtube.com/watch?v=mFlRWXIFPG4&feature=related Vahos del Ayer: link: http://www.youtube.com/watch?v=G1Yc48usL3g&feature=related Mi conclusion: Ricky fue una gran persona. Quizás no era muy culto o inteligente, hablaba boludeces, cantaba maly podrian agregarle miles de defectos, PERO no se puede negar que fue un gran hombre. Nunca se vendió, siempre dijo lo que pensó y se convirtió en el idolo de la juventud argentina hace mas de 20 años y sigue siendolo, o por lo menos el mio. Nota: No me importa que el post este desprolijo o feo. Es para el y asi lo hubiera preferido. Sin mas, me despido.
Aca les dejo un par de imagenes graciosas sobre los navegadores web. Notaran que soy un fanboy (?) del mozilla, no lo mencionen. Eso fue todo gente. Saludos.
Está bien tener tu propia banda y empezar a hacer covers, pero el problema está en subirlo a las redes sociales. Hay cosas que es mejor que queden entre amigos. 1- The final coun*** - Europe link: http://www.youtube.com/watch?feature=player_embedded&v=0o2ufv_c0xI sto de mostrar los talentos en las escuelas no es bueno, a veces hay que estar 100% seguro de lo que vas a hacer antes de subirte al escenario. Atención al bajista que se roba el show. 2- Sweet child o' mine - Guns N' Roses link: http://www.youtube.com/watch?v=D6vm-kb-SX8&feature=player_embedded Angus Young anduvo con unos problemas de sobrepeso, pero eso no le impide hacer este gran cover. 3- Smells like teen spirit - Nirvana (este me gusto bastante) link: http://www.youtube.com/watch?v=f8jg5pjvwjw#t=77 Este es uno de los riffs principales que uno aprende ni bien tiene una guitarra, junto con Smoke on the water. A algunos les cuesta un poco más. De cualquier manera la cantante le pone mucha onda. 4- Smoke on the water - Deep Purple link: http://www.youtube.com/watch?v=WqWUjwtXasA&feature=player_embedded Hay que vencer el miedo al escenario, pero no saberte la letra de Smoke on the water es como no saber tu nombre. Atención al solo de guitarra que tira el cantante en el minuto 4. 5- Eye of the tiger - Survivor link: http://www.youtube.com/watch?v=giRb50JKook&feature=player_embedded No vale reírse de la cara del cantante. 6- RHCP - By the way link: http://www.youtube.com/watch?v=-r5t_wFXkMs&feature=player_embedded Convengamos que es bastante difícil tener la onda de Anthony y moverse como él, bueno lo intentó. 7- Rock n' roll - Led Zeppelin link: http://www.youtube.com/watch?v=ReGZCI3cxks&feature=player_embedded Solo pude concentrarme en el batero y reírme mucho. 8- Baby - Justin Bieber link: http://www.youtube.com/watch?v=0PkwqkZYc-o&feature=player_embedded Este es uno de los más conocidos, pero no lo podía dejar pasar. Sobre todo por la maldad de la gente "El Justin Bieber mexicano" y los incansables chistes con su bigote de púber. 9- Pink Floyd - Comfortably numb link: http://www.youtube.com/watch?v=Jj7pDNDuoJ0&feature=player_embedded El problema de estás personas es que ya están grandes. ¿No tienen hijos, hermanos, papás que les digan "Chicos, creo que no va más la banda"? 10- Medley de grandes temas link: http://www.youtube.com/watch?v=dQ8qRR9N-Pc&feature=player_embedded Lo increíble de esto es que se animaron a hacer varios temas sin guitarrista, lo cual dificulta todo. Pero la gente que baila atrás de ellos, vale por TODO lo mal que tocan. Iron Maiden - The Trooper Pantera - Walk Metallica - One Disturbed - Down with the Sickness Korn - Twist Avenged Sevenfold - Bat Country