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Sharbat Gula (en pashto: شربت گلا, nacida en 1972) es una mujer afgana de la etnia pashtun quien se vio obligada a huir de Afganistán rumbo a Pakistán hacia un campo de refugiados donde fue fotografiada por un fotógrafo de la National Geographic llamado Steve McCurry. La imagen se hizo famosa cuando fue publicada en la portada de la edición de junio de 1985 de la revista. La foto Sharbat Gula fue fotografiada cuando tenía 12 años por el fotógrafo Steve McCurry, en junio de 1984. Fue en el campamento de refugiados Nasir Bagh de Pakistán durante la guerra contra la invasión soviética. Su foto fue publicada en la portada de National Geographic en junio de 1985 y, debido a su expresivo rostro de ojos verdes, la portada se convirtió en una de las más famosas de la revista. Sin embargo, en aquel entonces nadie sabía el nombre de la chica, por lo que era conocida simplemente como la niña afgana. La foto volvió a la portada de la revista en una edición especial en noviembre de 2001. La niña adulta El mismo hombre que la fotografió, Steve McCurry realizó una búsqueda de la joven que duró 17 años. El fotógrafo realizó numerosos viajes a la zona hasta que, en enero de 2002, encontró a la niña convertida en una mujer de 30 años y pudo saber su nombre. Sharbat Gula vive en una aldea remota de Afganistán, es una mujer tradicional pastún, casada y madre de tres hijos más un cuarto que murió cuando era pequeño. Su marido, con quién se casó poco después de su famosa fotografía, se llama Rahmat Gul y sus tres hijos Robina, Zahida, y Alia. Ella volvió a Afganistán en 1992. Nadie la había vuelto a fotografiar hasta que se reencontró con McCurry y no sabía que su cara se había hecho famosa. La identidad de la mujer fue confirmada al 99,9% mediante una tecnología de reconocimiento facial del FBI y la comparación de los iris de ambas fotografías. Su historia fue contada en la edición de marzo de 2003 de la revista y en un documental para televisión titulado Niña desaparecida: misterio resuelto. La sociedad que publica la revista creó en su honor un fondo especial de ayuda al desarrollo y creación de oportunidades educativas para las niñas y mujeres afganas. El antes y el después:
Registrate y eliminá la publicidad! Descubren gel vaginal que previene el contagio de Sida en mujeres El estudio fue realizado con 3.099 mujeres y es el primero en sugerir que un gel microbicida aplicado tópicamente en la vagina o recto puede prevenir la infección de VIH hombre-mujer. Un gel vaginal experimental ha brindado prometedores resultados en la prevención del contagio de VIH/Sida en mujeres, indican pruebas clínicas llevadas a cabo en Africa y Estados Unidos, informaron el lunes los Institutos de Salud de Estados Unidos. El microbicida PRO 2000 fabricado por Lexington, de la Indevus Pharmaceuticals Inc. (Massachusetts, noreste), fue efectivo en un 30% en la prevención del VIH/Sida, dijo el gobierno. De acuerdo a lo establecido, un 33% de efectividad hubiera sido considerado algo significativo. "Pese a que se necesita más información para determinar si el PRO 2000 protege a las mujeres de una infección con VIH, los resultados de este estudio son alentadores", dijo en un comunicado el director de Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas, Anthony Fauci. El estudio fue realizado con 3.099 mujeres de seis ciudades de Africa y una de Estados Unidos, y es el primero en sugerir que un gel microbicida aplicado tópicamente en la vagina o recto puede prevenir la infección de VIH hombre-mujer, indican los institutos. Los resultados fueron presentados el lunes en una conferencia sobre Retrovirus e Infecciones Oportunistas en Montreal, Canadá. Las mujeres comprenden el 50% de las personas infectadas con VIH en todo el mundo, pero son casi el 60% en Africa subsahariana, indicaron los expertos. Fuente: http://www.cadena3.com.ar/post_ampliado.asp?post=23313
Registrate y eliminá la publicidad! El siguiente texto fue escrito por el Dr. Raúl Montenegro en 1993 en respuesta a una convocatoria del CISPREN. Montenegro es el fundador de la FUNAM (Fundación para la defensa del Ambiente) y docente de la Universidad Nacional de Córdoba. Recibió en 2004 un Premio Nobel Alternativo entregado por el parlamento de Suecia, convirtiéndose en el primer argentino en recibirlo. No encontré este texto en Internet así que lo transcribí del libro que cito al final. El texto es viejito, pero realmente vale la pena leerlo y ver cuanto NO han cambiado las cosas desde entonces. (Dr. Raúl Montenegro) La evolución reciente del hombre comenzó hace unos cuatro millones de años. Nuestra especie se conformó tal cual la conocemos hace 500.000 años. La primera revolución agrícola ocurrió hace 10.000 años. Durante todo este largo período crecieron moderadamente las poblaciones, en particular después de que se “inventaran” los cultivos, y las culturas se hicieron gradualmente más complicadas. Pero la primera revolución industrial quebró la historia. Mientras el origen del hombre actual se sitúa en África, en las tierras de Olduvai, los megacambios culturales y poblacionales se iniciaron en la Europa del siglo XVIII. Hasta ese momento, y con algunas excepciones lamentables, como la deforestación en la Europa de los siglos XI y XIII, lo que tomaban las sociedades de la naturaleza era reemplazado por esa misma naturaleza, y lo que el hombre devolvía como residuos no era demasiado tóxico. Aún éramos una humanidad digerible, pero con tendencias peligrosas. A la primera revolución industrial, marcada por las máquinas a vapor, le siguió la asociación de combustibles fósiles y motores a explosión para llegar, más recientemente, a la revolución informática. Se lanzó así una carrera despareja donde una parte de la humanidad accedía a “progresos” tecnológicos cada vez más sofisticados, y donde otra parte, mayoritaria, apenas sobrevivía al hambre, las enfermedades y la pobreza extrema. Mientras un ciudadano de Nueva York consume en promedio 270.000 kilocalorías por día en todo concepto (desde alimentos hasta transporte), un aldeano pobre del nordeste del Brasil o un “saheliano” de África apenas consumen 3.000 kilocalorías por día. Mientras hogares de la franja “privilegiada” se van llenando de computadoras personales, en las tierras resecas de Somalía tienen más chances de sobrevivir aquellos que manejan fusiles AK-47. Mientras algunos arquitectos trasnochadores diseñan edificios, puentes y pirámides de vidrio, los Yanomami del Amazonas mueren masacrados por buscadores de oro y malos funcionarios públicos. Este es el mosaico del siglo XX. Los 1.000 millones de habitantes más ricos del mundo consumen la mayoría de los recursos y generan la mayor cantidad de residuos. Los 1.000 millones de habitantes más pobres apenas sobreviven, y uno de cada diez de sus niños muere antes de los 5 años. El número de personas que padecen hambre crónica en todo el mundo aumentó de 460 millones en 1970 a 550 millones en 1990, y se prevé que alcance los 600-650 millones en el 2.000. La brecha continúa y se agrava. Tanto los menos que consumen escandalosamente, como los muchos que consumen poco contribuyen así, de distinto modo, a la crisis única del planeta. Los cambios negativos que sólo afectaban a localidades o regiones enteras se han transformado en problemas globales, como el cambio de clima, la desertificación o la merma en la capa estratosférica de ozono. El siglo XX muestra por lo tanto una Tierra social y ambiental despareja, con todos sus mecanismos de control casi desbordados. La esperanza ciega en la tecnología estalla cada tanto como la central nuclear de Chernobyl, y la cuna misma de la “civilización occidental” toma champagne mientras se apalean extranjeros en Berlín o se degüellan niños inocentes en Bosnia. El modelo iniciado en la Inglaterra del siglo XVIII prosigue frenético pero a elevados costos sociales, ecológicos y de futuro. Si hay algo que caracteriza a los últimos 50 años de este siglo es la creciente generalización de sus modelos de vida despilfarristas, poco sustentables y dañinos. Ya se trate de la ex-Unión Soviética, de los Estados Unidos o de Kenya, el modelo, a escala, se repite, copia y crece. Se cree erróneamente que la naturaleza es proveedora inagotable de bienes y que recibe mansamente todo tipo y cantidad de residuos. Las cifras de la realidad muestran que este modelo del use y descarte, tan falso como las botellas desechables, es efímero y perjudicial para la humanidad. La extracción excesiva está haciendo entrar en cortocircuito los ecosistemas. La basura atmosférica, dióxido de carbono más otros gases de invernadero, está cambiando drásticamente el clima de la Tierra. El modelo de progreso tradicional tiene una grave falla. Pero demasiada gente, atareada en perseguir dinero y prestigio, nuevos contratos y tarjetas de crédito, descuida su reparación. El agujero por lo tanto crece. Concluir que la suma de avances humanos neutraliza necesariamente sus efectos negativos es una falacia. Tal vez pueda ser parcialmente cierto para una parte de la humanidad. Tal vez. Pero la miseria, las guerras, el armamentismo, el tráfico de especies vivas y la generalización de la droga delatan esa falla. El discreto placer de las compras y de la publicidad nos han hecho olvidar, a nosotros, a esa “minoría” de 1.000 millones de seres humanos, que si el desarrollo no es sustentable el futuro está hipotecado. Muy tarde hemos aprendido (¿aprendido?) que ciertos avances crudos, como la energía nuclear o la ingeniería genética, desprovistos de contexto y de límites, son la más salvaje forma de retroceso. A siete años del siglo XXI seguimos sobreviviendo, unos más, otros menos. Los creadores de fantasías continúan imaginando puentes sobre el océano Atlántico, colonias terrestres en Marte y al Amazonas transformado en un gigantesco lago para turistas. Otros seres humanos, más realistas, miden con temor las señales de crisis aguda. Más grave aquí, menos grave allá. Pero grave en promedio e ineludible. Esta es la marca del siglo XXI. Cada segundo se agregan 3 nuevos seres humanos, 97 millones cada año. En China y la India hay 600 millones de bicicletas inofensivas, y en todo el mundo una cantidad similar de automóviles tóxicos. En los próximos 30 años se perderán de 15.000 a 50.000 especies vivas por año, esto es, de 40 a 50 especies por día. Lo trágico es que las sociedades humanas, para poder seguir viviendo, necesitaron y necesitarán de una organización ecológica mínima, con océanos más limpios, bosques más extensos y tierras protegidas, todos objetivos prolijamente ignorados en los últimos 50 años. Claro está que se están produciendo cambios importantes y ejemplos altamente satisfactorios de desarrollo sustentable en muchas poblaciones y regiones de la Tierra. La convención de Washington sobre tráfico de especies vivas y el Protocolo de Montreal para proteger la capa de ozono son buenos casos de avance. Pero la realidad grande, la realidad mayor, sólo muestra avances cosméticos. Una cosmética que disimula la explotación atroz del hombre por el hombre mismo, con millones de niños trabajando de sol a sol. Una explotación humana de la naturaleza y una destrucción inadmisible de futuros que no nos pertenecen. Este es el camino nada nuevo, nada original, que se seguirá transitando el 1 de enero del año 2.000. ¿Existen posibilidades de cambio? Teóricamente sí. Muchos de esos cambios, como los que se despliegan hoy para reducir el smog de la ciudad de Córdoba o la putrefacción del lago San Roque, serán el resultado de situaciones límite. Otros cambios serán el fruto de nuevos sistemas educativos y de nuevos líderes, menos ciegos y arcaicos que los actuales. Lo que no cambiará, lamentablemente, es el mosaico social y ambiental de la Tierra. Ningún indicio anuncia cambios drásticos. Muy por el contrario, es previsible un agravamiento de los conflictos por recursos cada vez más escasos, ya se trate de agua, suelo, techo o alimentos. Las armas se seguirán fabricando y usando, y los Chernobyl se multiplicarán. La Tierra se hará cada vez más pequeña en su viaje hacia los 10.500 millones de habitantes del año 2.110. Pero a medida que las crisis se escalonen, y crezca la conciencia de que algo funciona mal en lo alegres estilos de vida del siglo XX, las explosiones de esperanza y soluciones se multiplicarán. Las próximas batallas, las más feroces y decisivas, se librarán entre seres humanos de costumbres sencillas y seres humanos devoradores de riquezas, ecosistemas y futuro. Lamentablemente, hoy casi todos somos, de una u otra forma, parte activa de este grupo de devoradores. Pero no nos damos cuenta. Y esto es tremendamente importante. Algún día, por ahora lejano, las mayorías comprenderemos que la ignorancia es una de las tantas formas de sabiduría, y que unos minutos bajo el cielo azul y con la cara al viento valen más que mil años de compras en un Shopping center. Ese día habremos quebrado la historia. Fuentes: http://www.funam.org.ar/entregapremio.htm http://es.wikipedia.org/wiki/Raúl_Montenegro Texto extraído de: Dr. Montenegro, R. et al., (2006). Biología evolutiva, Argentina, Editorial Brujas, ISBN 987-43-3181-X (pág 290 a 293) Y recordá que:
Libro Libre en el Día de la Primavera El movimiento Libro Libre Argentina -apoyado por escritores, editoriales y artistas- convoca a todos los interesados a participar de la segunda liberación de libros el próximo 21 de septiembre. La iniciativa -que consiste en liberar (dejar) un libro en lugares públicos tales como colectivos, parques, cabinas telefónicas, centros comerciales y demás sitios similares- se desarrollará con el propósito de fomentar la lectura y crear una biblioteca itinerante. "Muchos de nosotros tenemos uno o varios libros a los que cada tanto volvemos para consultar o releer. Pero también tenemos libros que nos dejaron una huella. Y es este último tipo de libro el que sugerimos dejar libre para que sea encontrado por alguien que tal vez deje de ser quien es después de leerlo", explicaron desde el movimiento. Libro Libre Argentina recomienda que antes de liberar un libro se escriba en la primera hoja una dedicatoria donde se aclare que el libro pertenece al movimiento y que quien lo encuentre debe volver a liberarlo luego de su lectura. También se sugiere escribir la dirección de correo electrónico de cada lector como único medio de reconocimiento "buscando con esto crear a futuro un extenso grupo de lectura comentada." Texto de ejemplo: Difundamos la cultura! Fuente Página de bookcrossing Latinoamérica Página de bookcrossing Grupo en facebook Evento en facebook
La Nasa examina el video Detectan objeto no identificado detrás del Discovery, según Nasa 13:20 Los astronautas observaron un objeto rectangular de 30 a 45 centímetros de largo en órbita en el espacio detrás del transbordador, y un promontorio sobre el alerón de estabilización, según anunció la Nasa. Los astronautas del Discovery detectaron un objeto no identificado en órbita en el espacio detrás del transbordador, y un promontorio sobre el alerón de estabilización, anunció la Nasa. "Después de un control de los reactores de dirección, rutinario en vísperas de un aterrizaje, la tripulación dijo haber detectado un objeto rectangular de 30 a 45 cm de largo que se alejaba del transbordador, detrás de la parte posterior del ala derecha", informó la agencia espacial estadounidense en un comunicado. "Poco después, la tripulación describió lo que calificaron de promontorio en el lado izquierdo del alerón del timón del Discovery. Expertos en Tierra examinan las imágenes y el video del objeto y del promontorio, mientras la tripulación sigue ordenando la cabina" y se prepara para aterrizar como estaba previsto mañana" en Florida (sudeste), añadió la Nasa. Si las condiciones meteorológicas lo permiten, el Discovery tocará suelo terrestre el sábado a las 15H14 GMT en la pista del Centro Espacial Kennedy de Cabo Cañaveral, para poner fin a una misión de 14 días, cuya meta principal fue la de trasladar e instalar el módulo presurizado del laboratorio japonés Kibo en la Estación Espacial Internacional (ISS). Los astronautas también instalaron un módulo logístico presurizado de experimentación y almacenamiento de Kibo, que había sido trasladado hasta la ISS en marzo por el transbordador Endeavour. Fuente
La nota es un poco larga y vieja (del 2004), pero completamente vigente ante una discusión que lamentablemente parece crecer cada día más intentando acercarnos un poquito más al oscurantismo que tanto conviene a las religiones. Esta es la nota: Así nos crearon ¿Somos los seres vivos producto de la evolución o de una intervención divina? Las nuevas corrientes creacionistas dicen que la Teoría de la Evolución es una patraña que debería retirarse de las escuelas. La cruzada contra Darwin va viento en popa. Amparadas por unos supuestos argumentos científicos, las nuevas generaciones de creacionistas intentan dinamitar los cimientos de la Teoría de la Evolución para imponer lo que han bautizado como ciencia de la creación, que explica las adaptaciones y la diversidad de los organismos terrestres mediante una intervención de un Creador sabio. Principalmente en Estados Unidos y Australia, aunque también en Brasil, Italia, Turquía y otros países desarrollados, los antievolucionistas tratan de sembrar en la opinión pública dudas sobre la validez científica de la evolución, de hacer creer que la creación divina es una teoría alternativa a la planteada por Darwin y que, por consiguiente, debe ser explicada en las clases de ciencias e incluida en los libros de texto; y de pleitear en los tribunales para que el Gobierno imponga a los maestros de ciencias de las escuelas públicas la enseñanza de los nuevos postulados creacionistas. El analfabetismo alcanza la universidad En los últimos años, el movimiento creacionista ha librado campañas tan agresivas contra la evolución que a las universidades de EE UU les preocupa el creciente analfabetismo científico que impera en el país: cada año aumenta el número de estudiantes que cree que “la comunidad científica está dividida sobre la evolución” y que la “evolución es una teoría sin verificar”. Desde la comunidad científica se advierte que la ciencia de la creación es, en realidad, una pseudociencia, que la evidencia científica de la evolución es sólida como el granito y que los antievolucionistas desprecian y manipulan los métodos científicos y los debates entre investigadores para defender sus principios religiosos y aspiraciones políticas. “El ascenso del creacionismo no es más que, pura y simplemente, política; representa un punto –y no mucho menos la principal preocupación– de la resurgente derecha evangélica”, advirtió el recientemente fallecido Stephen Jay Gould en Dientes de gallina y dedos de caballo (1984). Los estadounidenses están a favor del creacionismo Pero el aviso de los científicos queda ensordecido ante la propaganda de los creacionistas que, sin duda alguna, han logrado sembrar la confusión en quienes no tienen claro qué dice y qué representa la teoría de la evolución. La mayoría de la gente cree en algún mito o superstición en torno a la aparición de la vida. Así lo constata una encuesta realizada en 2001 por The Gallup, una organización que desde hace 70 años estudia la naturaleza y el comportamiento humanos. En ella puede leerse que casi la mitad de los estadounidenses cree en el creacionismo. El 45 por 100 de los encuestados piensa que Dios creó el ser humano hace no más de 10.000 años, una idea muy próxima a las tesis creacionistas. Y aunque casi la otra mitad acepta que nuestra especie es el resultado de un proceso evolutivo que se dilató durante millones de años, el 37 por 100 de las personas de este grupo está convencido de que el dedo divino intervino en algún momento. La encuesta también dejó claro que hay más estadounidenses que creen en Satanás que en la evolución. Ciertamente, diabólico. Hay una gran cantidad de pruebas que atestiguan que el planeta azul ha tenido una dilatada existencia, y que todas las criaturas, incluidos los humanos, han aparecido de formas más primitivas en el curso de la historia terrestre. Esto significa que todas las especies proceden de otras especies y, por tanto, que todas ellas albergan antepasados comunes en un pasado lejano. Para los científicos, el hilo conductor que une las formas de vida, actuales o fósiles, es la evolución. La manera en que opera este maravilloso proceso de cambio en el tiempo la explicó hace 146 años Charles Darwin en su obra El origen de las especies. Según el padre de la teoría de la evolución, en cualquier población de individuos existen variaciones entre cada uno de ellos, y algunas de estas diferencias pueden ser heredadas. La interacción de estas variaciones personales con el ambiente juegan un papel trascendental para determinar cuáles serán los individuos que sobrevivirán y se reproducirán, y cuáles no lo harán. Si esto ocurre, algunas variaciones capacitan a ciertos individuos a vivir más y a dejar mayor descendencia que otros. Darwin llamó a estas variaciones favorables y argumentó que las variaciones hereditarias positivas tendían a ser más frecuentes de una generación a otra. Este proceso por el que la naturaleza elige los supervivientes lo denominó selección natural. Es el motor de la evolución. Dado un tiempo suficiente, la selección natural puede producir una acumulación de cambios que hagan diferenciar dos organismos entre sí, hasta convertirse en especies diferentes e incompatibles desde el plano reproductivo. Como no podía ser de otra manera, el Origen de las especies irrumpió en el mundo teológico como un arado en un termitero, pues ponía en solfa la historia de los orígenes de la vida que relata el Génesis de la Biblia. La obra darwinista, al interponer la selección natural a la Mente Creadora, fue tachada de “una enorme impostura” y “una tentativa para destronar a Dios”. La Iglesia considera la Biblia como alegórica La Iglesia católica no puso sus miras en la delación, sino que estableció organizaciones científico-religiosas para combatir estas ideas. Los protestantes siguieron sus pasos y la Sociedad para la Promoción de los Conocimientos Cristianos editó un libro en el que se declaraba la evolución “abiertamente opuesta a la doctrina fundamental de la Creación”. Cuando Darwin publicó en 1871 su Origen del Hombre, estalló otra vez la batahola. Hasta el crítico del Times condenó el libro como “una hipótesis completamente insostenible”. Sin embargo, la Iglesia, desbordada por las evidencias científicas a favor de la teoría de la evolución, empezó a admitir gradualmente que el darwinismo quizá no era incompatible con la creencia religiosa. En la encíclica Humani Generis, publicada en 1950, Pío XII admitía de mala gana la evolución como hipótesis legítima que consideraba tentativamente apoyada y potencialmente incierta. Pero casi medio siglo después, en 1996, el papa Juan Pablo II emitió un comunicado en el que invitaba a los cristianos a que consideraran el proceso evolutivo como un hecho efectivamente probado. A pesar de que la mayor parte de la jerarquía católica considera la Biblia como alegórica, existen diversas sectas protestantes y algunas católicas que mantienen un creacionismo tan pretendidamente científico como literalista, esto es, admiten al pie de la letra relatos como el de Adán y Eva, el Arca de Noé y el Diluvio Universal. Se trata de una creencia que hoy en día es marginal entre las principales religiones occidentales, y de una doctrina que, como ya señaló Gould en su obra de 2000 Ciencia versus religión, “sólo está bien desarrollada en el contexto distintivamente norteamericano del pluralismo de la Iglesia protestante. Ésta se ha diversificado en un rango de sectas único por su riqueza, que abarca toda la gama de formas concebidas de adoración y credo”. Con el pastel de manzana y el Tío Sam En palabras de este eminente paleontólogo, la controversia del creacionismo es tan estadounidense como el pastel de manzana y el Tío Sam. De hecho, ha sido en este país donde se ha atacado con más fiereza el darwinismo. Primero lo intentaron con la Biblia y versiones de ésta, como la que publicó en 1909 Cyrus Scofield para popularizar la idea del doctor inglés Thomas Chalmers de que existe una gran brecha temporal entre los versículos 1 y 2 del primer capítulo del Génesis, dejando así todo el tiempo necesario que requerían las ciencias de la Tierra entre un primer acto de creación y destrucción, y una segunda creación. Hoy, el grupo creacionista Tierra Vieja incluye en sus postulados esta trasnochada “solución creativa”. Otras facciones antievolucionistas optaron por ridiculizar a Darwin con argumentos aparentemente sólidos de la geología y la paleontología. El primero en intentarlo fue George McCreay Price, adventista del Séptimo Día, pero fue tachado de ignorante por la comunidad científica. Aún así, el movimiento fundamentalista se movilizó con gran éxito, sobre todo después de obtener el respaldo político del candidato presidencial y charlatán preeminente William Jenning Bryan. A su amparo, los antievolucionistas lograron en los primeros años de la década de 1920 que 37 estados aprobaran decretos para prohibir la enseñanza de la evolución en las escuelas públicas. Ésto dio lugar en 1925 al famoso Juicio del mono en Tennessee, que condenó a un profesor llamado John Thomas Scopes por enseñar la teoría de la evolución. La condena fue revocada, pero no porque los científicos lograran desacreditar a los antievolucionistas, sino sobre la base de un tecnicismo que impidió, como hubiesen deseado los liberales norteamericanos, poner a prueba la inconstitucionalidad de la Ley de Tennessee, que declaraba que era un crimen enseñar “que el hombre descendía de un orden inferior de los animales”. Nacen las asociaciones antievolucionistas A pesar de todo, la derrota en el juicio de Scopes empujó a los creacionistas a cambiar de estrategia. Su nuevo objetivo estaba ahora en difundir sus postulados en los medios de comunicación y crear sus propios institutos bíblicos para exponer al público las tesis creacionistas. De este modo, nacieron numerosas asociaciones antievolucionistas a lo largo y ancho del país que estudiaban las pruebas científicas sobre los orígenes utilizando a la vez la ciencia y la revelación. En un alarde de pirueta mental, los creacionistas empezaron a presentar la creación como una teoría científica alternativa a la evolución. Se aferraron a ella como a una tabla de salvación, sobre todo después de la abolición de las leyes antievolucionistas que, dicho sea de paso, violaban flagrantemente la Primera Enmienda de la Constitución estadounidense, aprobada en 1791, que señala que “el Congreso no deberá promulgar ninguna ley que esté encaminada a imponer una religión o que prohíba profesar libremente una religión.” A la cabeza del incipiente creacionismo científico se situaron el profesor de ingeniería hidráulica Henry M. Morris y el bioquímico Duane Gish, fundadores en 1970 del Institute for Creation Research (ICR), de San Diego. Sus miembros se hacen llamar creacionistas de Tierra Joven y son los que han lanzado campañas para integrarse en las juntas escolares, para presionar a los tribunales con el fin de incorporar la ciencia creacionista en las escuelas públicas de estados como Luisiana, Arkansas y Ohio; y para difamar a los darwinistas. Cómo hicieron el ridículo en los tribunales En las dos décadas pasadas, los creacionistas de Tierra Joven lograron ciertos éxitos, pero también sufrieron importantes descalabros en varios pleitos destacados, como el caso de 1982 conocido como McLean et al vs. Arkansas Board of Education, donde premios Nobel, evolucionistas, filósofos y teólogos prestigiosos dejaron en evidencia el sesgo acientífico de sus tesis creacionistas y la imposibilidad de equiparar en los colegios la ciencia de la creación con la teoría de la evolución. Los antidarwinistas también tuvieron que morderse la lengua en el caso Edwards vs. Aguillard de Louisiana, en 1987, cuando la Corte Suprema declaró que era inconstitucional ordenar la enseñanza de la ciencia antievolucionista en las clases de ciencia. A pesar de los reveses, los creacionistas que creen lo que pone en la Biblia al pie de la letra no han tirado la toalla y siguen sembrado la confusión desde sus instituciones de investigación, museos, páginas de internet, libros y panfletos. Su eslogan favorito es insistir en que “la teoría de la evolución es incorrecta” y que “tienen pruebas científicas para rebatirla”. Mienten descaradamente cuando dicen que la teoría de Darwin está en crisis en la comunidad científica, pero aún así recogen sus frutos envenenados. De hecho, el presidente Reagan se hizo eco de esta propaganda ante un grupo de evangélicos de Dallas cuando manifestó, al referirse a la evolución que “bueno, es una teoría. Es sólo una teoría científica y en los últimos años ha sido puesta en tela de juicio en el mundo de la ciencia; esto es, la comunidad científica ya no piensa que sea tan infalible.” Incluso, el reelegido presidente George W. Bush y miembros de peso del Gobierno como John Ashcroft –secretario de Justicia– y Tom Delay –líder de los congresistas republicanos– se jactan abiertamente de ser creacionistas. Constituye la teoría más documentada de la ciencia Es cierto que la evolución es una teoría, la más documentada de toda la ciencia. Aunque ha pasado más de un siglo desde la publicación del Origen de las especies, el concepto original de Darwin constituye todavía el marco global de compromiso del proceso evolutivo. Todo lo que se ha descubierto desde entonces ha confirmado y reforzado lo correcto de la teoría darwiniana. “Los avances de la genética y de la biología molecular han proporcionado un cuerpo sólido a las nociones vagas de herencia y variabilidad con que él y sus contemporáneos tenían que contentarse. Actualmente, hablamos en términos de replicación y de mutaciones del ADN, y comprendemos los mecanismos que hay implicados. El resultado es lo que a veces se denomina la teoría de la evolución sintética o neodarwiniana”, explica el premio Nobel de medicina Christian de Duve en su libro La vida en evolución. La mayoría de los científicos está en completa sintonía con los hechos y mecanismos básicos de la evolución, como por ejemplo que la vida terrestre lleva evolucionando desde hace unos 3.500 millones de años y que sigue haciéndolo en la actualidad, que la selección natural es un mecanismo central con que opera el cambio evolutivo a lo largo de múltiples generaciones, que todas las especies están emparentadas porque descienden de antepasados comunes desde las primeras formas de vida y que el hombre es una especie única descendiente de una larga serie de primates bípedos. Como sucede en cualquier otro campo de la ciencia, los científicos debaten la teoría darwiniana para profundizar en los mecanismos y los procesos evolutivos que han diversificado la vida terrestre. Por ejemplo, mientras que ningún biólogo cuestiona la importancia de la selección natural, muchos dudan de su ubicuidad. En efecto, hay evolucionistas que argumentan que existen cantidades sustanciales de cambio genético que pueden no estar sometidas a la selección natural y que pueden extenderse al azar a través de las poblaciones. Otros expertos dudan de la ligazón que Darwin estableció entre la selección natural y el cambio imperceptible, a través de todos los grados intermedios. Éstos arguyen que la mayor parte de los sucesos evolutivos pueden acontecer mucho más deprisa de lo que suponía el padre de la evolución. Ahora bien, ningún científico duda de que la evolución por selección natural darwiniana no sucedió o de que no es un mecanismo clave y actual de la evolución viviente. Pero estos necesarios, saludables y no menos apasionantes debates científicos son pervertidos y caricaturizados por los creacionistas. Ésta es su táctica favorita, tergiversar lo que dicen y publican los científicos serios para que parezca que la teoría de la evolución tiene los pies de barro. Sobran los ejemplos de esta vil manipulación: hace unos años, Stephen Jay Gould y Niles Eldredge observaron que las grandes líneas evolutivas a menudo aparecen súbitamente en el registro fósil y propusieron que el cambio evolutivo a gran escala se desenvuelve posiblemente de forma gradual en unas épocas geológicas, mientras que lo hace más rápidamente en otras. Este modelo, que se conoce como equilibrio puntuado, contrastaba con la hipótesis de que la evolución era un proceso gradual y lento. Pues bien, a pesar de que Gould y Eldredge no cuestionaron los principios básicos constatados de la evolución darwiniana, los creacionistas no tardaron en difundir un panfleto con el siguiente titular: “Científicos de Harvard afirman que la evolución es una patraña”. Unas biomoléculas que juegan a crear vida Y hace poco, los antievolucionistas pusieron el grito en el cielo porque en la serie de televisión Evolution no se hacía mención de la investigación de Stuart Kauffman, bioquímico de la Universidad de Pennsylvania que investiga cómo los sistemas biológicos complejos se pueden autoorganizar a partir de componentes sencillos. Algunos creacionistas sugieren que este don molecular representa una alternativa a la selección natural, con lo que dan a entender que Kauffman cree que la selección natural no es válida y que, por ende, probablemente está en sintonía con los antievolucionistas. Nada más lejos de la realidad, puesto que el trabajo de este investigador muestra que es altamente probable que las primeras formas de vida –organismos autorreplicantes– surgieran por cuenta propia de la que se conoce como sopa primordial. Pero este dato anticreacionista no tienen ningún interés en divulgarlo los conspiradores de Darwin. Al frente de los críticos a Evolution se halla Michael J. Behe, bioquímico de la Universidad de Pennsylvania y uno de los principales ideólogos de una nueva e influyente estirpe creacionista bautizada como diseño inteligente (DI). La vanguardia de este movimiento se atrinchera en el Centro para la Renovación de la Ciencia y la Cultura del Instituto Discovery, en Seattle. El núcleo ideológico de esta corriente neocreacionista está integrado por biólogos, bioquímicos, químicos, físicos, filósofos e historiadores de diferentes creencias religiosas: católicos, protestantes, judíos, ortodoxos, agnósticos... No les gusta que les llamen creacionistas, nunca ponen la Biblia como respuesta y a su Diseñador divino no le llaman Dios. La novedad en su estrategia antievolucionista está en argumentar en lenguaje científico por qué los procesos de la naturaleza no pueden explicarse en términos evolutivos y sí, si se introduce la figura de un diseñador inteligente que, dicho de paso, podría ser incluso de origen extraterrestre. Para ello, no escatiman medios económicos y se desenvuelven en el mundo mediático con una soltura inquietante. Sus elaboradas argumentaciones científicas, que en realidad no lo son, difícilmente pueden ser rebatidas por los no duchos en evolución, bilogía y matemáticas. De hecho, el pasado mes de septiembre, los científicos no daban crédito al comprobar que uno de los miembros de ID, Stephen Meyer, había colado uno de sus artículos antievolucionistas en la revista Proceedings of the Biological Society of Washington. Los biólogos serios advierten que el diseño inteligente no es más que un movimiento sociopolítico de cristianos conservadores cuyos representantes ignoran o malinterpretan, a veces intencionadamente, la ciencia de la evolución. La prueba concluyente está en la coagulación Sus argumentaciones antievolucionistas han sido sistemáticamente rebatidas, pero los ID hacen oídos sordos y denuncian la intransigencia de la ciencia oficial. Por ejemplo, uno de sus pilares antievolucionistas se centra en la idea de la complejidad irreductible de los sistemas naturales propuesta por Behe. Según éste, existen sistemas altamente complejos a nivel molecular, como el flagelo de las bacterias y el mecanismo de coagulación sanguínea, que es imposible que hayan evolucionado por su cuenta, lo que en sí son evidencia de diseño. Y William A. Dembski, matemático de la Universidad de Baylor y defensor del diseño inteligente, invoca que la biodiversidad no se explica por el azar evolutivo –la evolución, para empezar, no es un proceso enteramente aleatorio, según los científicos– y sostiene que “la acción de la inteligencia creadora deja tras de sí una seña o evidencia característica que se puede filtrar y detectar”. Estas ideas están siendo escuchadas en varios círculos políticos y educativos de al menos 37 estados de EE UU. El panorama no resulta nada alentador. Enrique M. Coperías Fuente Y acá un par de imagenes de la evolución del hombre: