VivaMex
Usuario (Argentina)
PUCH E IBAÑEZ, ASESINOS A SANGRE FRIA se dice que eran homosexuales Ibáñez es inteligente y se las arregla para tener muchas mujeres que lo buscan en el bar, le dejan mensajes. Robledo está solo, pero no lo lamenta.Se siente más fuerte que Ibáñez.Entre tanto, sus padres se preocupan por la suerte del joven. Le prohíben salir de noche, le piden cuentas de su vida.Otra vez Carlos necesita conformarlos.Toma un curso de radio y televisión y frecuenta la antigua barra del bar "La Perla", pero no tiene mucho que decir. Ellos le parecen tontos y lo grita: "Ustedes son unos giles". Para vengarse, sus amigos lo llaman Colorado, un apodo que en la infancia lo enfurecía. Sólo frente a Ibáñez se siente bien. Ibáñez no es un mequetrefe, piensa Robledo. En el reencuentro, Jorge Antonio lo invita a su casa: "Ya te dije que mi viejo es macanudo.En casa tengo un par de revólveres. Podemos practicar tiro al blanco". Eso lo fascina. Destrozar esos cartones inmóviles le recordará los años del potrero, cuando jugaba a los cow-boys. "¡Muerto!", gritaba él y el otro caía al suelo. Lo que más furia le daba era que le gritaran " ¡El Colorado está muerto!". Eso lo ponía furioso. Empiezan a tirar. Robledo tiene en las manos la misma seguridad para el revólver que para el piano. Agilidad, dice Ibáñez, que no sabe lo del piano. Un día trazan el primer plan.Se trata de una joyería de menor importancia. Como para probar. Todo va bien y reparten las joyas y los relojes. No entienden demasiado y sacan cosas de poco valor.Detalles para corregir, piensa Robledo. Carlos ha cumplido los 17 años y roba una moto.Con ella alborota a todo el barrio, ya que la arregla en la vereda de su casa y pone el acelerador a fondo para irritar a los vecinos que protestan. E14 de febrero de 1969 ingresa en la Escuela de Artes y Oficios José Manuel Estrada, ubicada en la zona de Los Hornos, partido de La Plata. Ha sido acusado por el robo de la moto. Allí permanece 20 días y en un par de charlas con el director, Eloy Malaundes, le confiesa que no se entiende con su padre. Cuando sale, Robledo Puch vuelve al piano. Estudia con la profesora Virgilia Dávalos, quien lo recuerda como un chico "tímido y correcto". Otra vez Ibáñez.Con él empieza a visitar los boliches de la avenida del Libertador. Conoce a mucha gente y aunque su cara aniñada--los ojos azules y grandes, los labios carnosos y el pelo que le achica la frente--no lo hace muy atractivo, consigue algunas mujeres. Los dos amigos se tienen cada vez más confianza. Concretan varios golpes, casi todos en la calle, Robledo no sabe todavía que Ibáñez actúa por su cuenta, como un experimentado profesional; roba coches (prefiere los Torino, por los que le pagan 400 mil pesos) y su familia parece conocer sus andanzas. Robledo, que era un chico callado, se está envalentonando.Se jacta de su audacia y dice que espera un gran futuro. Ibañez asiente. Brindan y pagan copas. Las mujeres empiezan a preferir su compañía. Carlos Eduardo quiere irse de su casa. Un día lo intenta, pero no llega lejos. Su padre lo alcanza a las pocas cuadras, baja del auto y lo abofetea como a un chico. Un rayo de rencor habrá atravesado los ojos del muchacho. Aída, la madre de Carlos, está agotada. Decide hacer un viaje a Europa. Visitará Alemania, donde vivió la guerra. Viaja en barco porque quiere descanso. José, el padre, sale al interior para cumplir con su trabajo. E1 10 de enero de 1970 Carlos Eduardo abandona la vacía casa de sus padres. Dentro de nueve días cumplirá 19 años y quiere festejarlo. "A los veinte años no se puede andar sin coche y sin plata", suele decir Carlos Eduardo.Para él, la vida es simple. A medias con Ibáñez compran un Fiat 600 que generalmente conduce Robledo. Carlos Eduardo maneja a toda velocidad e interviene en picadas en las que se muerde de rabia por no tener un coche más potente. Una noche, mientras toman una copa, se ponen de acuerdo. Ibáñez sabe que habrá peligro: se juramentan y Robledo será el ejecutor de quien se cruce en el camino. Por fin, la noche del 9 de mayo llegan a la calle Ricardo Gutiérrez al 1500, en Olivos. Por la pared de una estación de servicio saltan al techo del baño de una casa de venta de respuestos para autos. Entran por una claraboya. El encargado y su mujer duermen en camas separadas. A un lado descansa una hija del joven matrimonio. No se despiertan. Bianchi no despertará jamás: Robledo le pega dos balazos. La mujer se sobresalta y Robledo gatilla dos veces más. Una bala da en el pecho de la mujer que cae hacia atrás. Carlos Eduardo se lanza sobre el placard y comienza a buscar. A su espalda oye gemidos débiles. La mujer se desangra pero no puede moverse porque Ibáñez ha caído sobre ella.Robledo los mira; no abarca la tragedia en su totalidad. Hay un muerto y una violación, pero para él los hechos no tienen dimensión ni nombres comunes. "Había que sobrevivir"', diría más tarde.Cuando salen, lbáñez está manchado de sangre pero no cambian una palabra. Robledo se detiene un momento y sonríe. Ha visto la vidriera de los accesorios. Recoge una palanca de cambios y dos instrumentos de medición "Son para el 600", dice, y los mete junto a los 350 mil pesos que halló en el placard. Parte II - El sueño eterno Robledo aparece en los mismos lugares de siempre. Se nota un cambio en él. Está exultante, se convierte en el centro de las reuniones. Habla de autos y de carreras. Anda solo. Ibáñez ha creído mejor separarse. Nadie debe sospechar y los muertos no hablan. Pero la mujer de Bianchi no murió la noche del 3 de mayo. Cuando los dos hombres salieron, ella fue arrastrándose hasta la estación de servicio de la esquina para pedir auxilio. Estaba bañada en sangre y hablaba de un hombre de pelo largo. El 15 de mayo --doce días después del primer golpe importante--, Ibáñez y Robledo visitan "Enamour", una boite de Olivos. En el fondo hay un jardín que da al río. La noche es fresca cuando los dos hombres fuerzan una ventana y entran. Revisan minuciosamente y reúnen casi dos millones de pesos.Cuando se retiran, Robledo ve una puerta cerrada y la entorna para mirar adentro. Dos hombres --Pedro Mastronardi y Manuel Godoy--duermen el último sueño. Carlos Eduardo dispara varias veces sobre esos cuerpos. No hay un gemido. Cuando le preguntaron por qué los había matado, respondió: "Qué quería ¿que los despertara?" Desde entonces los amigos entran definitivamente en el vértigo. El dinero vuela de sus bolsillos en un desenfreno baladí. No quieren ser hombres distinguidos, como los criminales de guante blanco.Están matando y lo saben. Tal vez intuyen que ese vértigo los aniquilará. Han escapado siempre, pero una simple circunstancia, un error mínimo puede perderlos.Deciden apostarlo todo; también la vida de quienes se crucen a su paso. Robledo e Ibáñez gastan horas y horas frente a las barras de los boliches, también gastan todo el dinero. Un día, ambos conocen a Héctor Somoza, un chico de 17 años que trabaja en la panadería de su madre. Robledo lo ha visto antes, han conversado, han ido juntos a los balnearios el verano anterior. Inician a Somoza. De la misma manera que Ibáñez inició antes a Robledo. Roban algunas motos y Somoza, un día, aparece con un revólver.Pero Ibáñez no simpatiza demasiado con el nuevo socio. No le tiene confianza. Somoza vive con su madre y una hermana en Olivos. Trabaja todo el día en la panaderia, es un chico formal que está cansado. Hay discusiones; Ibáñez sale con la suya en poco tiempo.La visita del 24 de mayo al supermercado "Tanty" no tendrá como huésped a Somoza. Sin embargo, éste presta su revólver a Robledo.No están seguros de que el techo se abra con facilidad. Robledo lleva una barreta y cuerda de nylon para descender. Jorge se queda de campana y Carlos trabaja. Siempre es así. Por fin, el material cede. Dos chicos sin experiencia profesional han destrozado otra vez la seguridad de un comercio. Entran. En plena oscuridad tratan de no derribar las montañas de latas de conserva para no despertar al sereno Juan Scattone. Pero éste se despierta y avanza. Robledo se agazapa y gatilla dos veces. Scattone se derrumba. En las cajas hay cinco millones de pesos.Destapan una botella de whisky y brindan en la oscuridad. Revisan al muerto y encuentran la llave de la puerta del personal. Salen repletos de billetes y montan en la motocicleta que habían dejado muy cerca. Les esperan 20 días de pacífica juerga. A una mujer le quedan 20 días de vida. Ibáñez quiere probar a Virginia Rodríguez, una adolescente de 16 años que frecuenta las boites de Olivos. Robledo para en un hotel de Constitución y no tiene tanto interés por las mujeres. A Ibáñez se le antojaban seguido, como ahora la Rodríguez. La noche del 13 de junio. Ibáñez va a buscarlo al hotel para dar un paseo. No tienen coche y eso deprime a Robledo Puch, Ibáñez le pide que lo espere en una pizzería. Minutos más tarde vuelve con un Dodge Polara. Lo estaciona y entra en la pizzería; en voz baja le dice a Robledo: "Metele que le tuve que hacer la boleta al sereno". Es la única vez que Ibáñez dispara por su cuenta. Espera un premio: Virginia Rodríguez. Se lo dice a Robledo, le pide que se la consiga. Esa noche la encuentran y Carlos baja con el revólver. Virginia sube. Toman la ruta Panamericana. Ibañez, que maneja el auto estaciona a un costado del camino. Pasa al asiento trasero y desnuda a la muchacha que se resiste. Robledo mira, pero su compañero lo echa. Se sienta en un costado y espera. Cuando los ve bajar del auto se acerca. "Andate", dice Ibáñez a la chica. Ella corre."Tirale", ordena a Robledo. Este dispara cinco veces. Más de lo necesario. Carlos se acerca y la revisa. Encuentra mil doscientos pesos en la cartera de la muchacha. Se van, pero apenas han recorrido un par de kilómetros a toda velocidad cuando chocan contra un cartel indicador.El auto no funciona y lo dejan abandonado. La policía no hallará nunca ese Dodge Polara amarillo. Ibáñez y Robledo toman el ómnibus 215. Robledo está cansado de andar en ómnibus. Ha chocado el 600 y lo ha tenido que vender por la mitad de lo que costó.Reúne el dinero y compra un Dodge GTX. Está feliz con esa máquina arrolladora. Se siente invencible en los semáforos.Pero a Ibáñez se le siguen antojando mujeres. Es como un juego. Eligen y toman lo que está al alcance de la mano. Cada vez es más fácil.El 24 de junio esperan a Ana María Dinardo, una aspirante a modelo de 23 años, que ha ido a visitar a su novio que trabaja en la boite "Katoa". Cuando sale, la encaran. Según cuenta Robledo, bastó que le mostraran una billetera con 250 mil pesos para que ella subiera al auto. Toman por la Panamericana, hasta el mismo lugar donde once días antes dejaron el cadáver de Virginia. Ibáñez pasa al asiento trasero, pero la muchacha le cuenta que está indispuesta. Sugiere una cita. Ibáñez vive sus cosas muy rápido y la desviste. Ella --que al parecer practicaba Karate--, se defiende. Jorge Antonio se cansa y la deja vestirse, pero se queda con la ropa interior de la chica. Le dice que se vaya.Ella alcanza a caminar unos pasos y Robledo le mete siete balazos en la espalda. Luego se acerca y le saca cinco mil pesos y un encendedor. Antes de subir al auto Robledo se detiene, mira el cadáver, toma puntería y le destroza una mano de un balazo. Ibáñez observa a su amigo, quizá con un estremecimiento de temor. Vuelven. Para Ibáñez sería la última aventura. Parte III - Adiós al amigo Los trascendidos de la investigación no aclaran el destino de Jorge Antonio Ibáñez, muerto el 5 de agosto en un accidente de auto. Viaja junto a Robledo y se estrellan. Ibáñez muere, pero surge la sospecha de que Robledo haya ultimado a su amigo y simulado el accidente. Este es el caso del que menos noticias han trascendido. Héctor Somoza tendría su oportunidad. Somoza consigue dos revólveres y el 15 de noviembre ambos se introducen en el supermercado "Rolón", de Boulogne. El método clásico: Robledo abre el techo y bajan con la ayuda de una manguera de plástico. En medio de la oscuridad comienzan a buscar el dinero.El tiempo pasa y no hay rastros de la recaudación. Furioso, Robledo abre una y otra puerta en busca de las cajas dc seguridad. Es inútil; al único que encuentra es al sereno Raúl Delbene, que duerme en una pieza.Este se levanta cuando escucha que alguien abre la puerta. No alcanza a preguntar nada: Robledo lo mata de un balazo. Siguen revisando pero no hay dinero. Indignado, Somoza patea cuanto halla a su paso. Robledo toma un teléfono y le dice a su cómplice: "Se lo regalo a tu vieja". Al día siguiente, la madre de Héctor recibe el insólito obsequio."Deberías ser tan bueno como Carlos", le dice a su hijo. Somoza está apurado por hacerse de unos pesos. Su incorporación a los "negocios graneles" ha resultado un fracaso. En una rápida inspección del lugar, deciden dar el próximo golpe dos días más tarde, el 17 de noviembre, en la agencia de automotores Pasquet, de Libertador al 1900, Carlos y Héctor encuentran sólo 90 mil pesos.Robledo empieza a sospechar que su nuevo compañero le trae mala suerte. Esa noche, el sereno Juan Carlos Rosas dormía junto a una fosa del taller.Robledo se acercó a él por detrás de un coche. Tomó puntería y sostuvo su brazo derecho con la otra mano: Rosas no alcanzó a despertar. Una semana más tarde, el 25 de noviembre, Robledo y Somoza entran en la concesionaria de automotores Puigmarti y Cía de Santa Fe 999, en Martínez. Allí, Carlos Eduardo había ido tiempo atrás con su madre a comprar un coche.Lo pagó al contado y vio el lugar donde estaba empotrada la caja de caudales. Nunca lo olvidó. Ahora armados de sendos revólveres, los dos jóvenes entran al salón y sorprenden al sereno, Bienvenido Serapio Ferrini. Somoza lo golpea con su arma y lo llevan al primer piso. Allí Robledo le pega dos balazos. Más tarde, al ser reconstruidos los hechos, intentó atribuir este asesinato a su compañero, pero luego confesó su culpabilidad. Este es el golpe más arduo de cuantos ha practicado Somoza. Están cinco horas en el lugar. Con un soplete, abren la caja y encuentran un millón de pesos. Escapan en un Chevy que luego abandonan. Había sido el primer éxito de Héctor Somoza. Era también el último. Manuel Acevedo es un trabajador sacrificado. Tiene varias casas alquiladas que le dan una buena renta, de la que podría disfrutar a los 58 años. Pero él prefiere trabajar. Se emplea de sereno en la ferretería Masseiro Hnos., de Carupá. No pasa la Nochebuena ni la Navidad con su esposa, sus tres hijas y sus yernos, por cuidarle los intereses al patrón. Para eso le pagan, dice, y espera a jubilarse para dejar su sueldo de 53 mil pesos por mes. Lo iba a dejar mucho antes. La noche del 3 de febrero de 1972. Cuando Robledo y Somoza entran al negocio, Acevedo podría estar pensando en la renta de sus casas, edificadas a lo largo de casi una cuadra en la calle Castiglione, de Tigre. Le sorprendió recibir dos balazos, pero no alcanzó a pensar mucho. Robledo no lo dejó. Había llegado con Somoza en una moto, que estacionaron en el lugar. Ahora se dedican a trabajar en la caja fuerte. Un rato cada uno, quemándose las manos con el soplete. Hasta que a Somoza se le ocurre hacer la broma. Justo cuando la caja iba a saltar. Héctor no comprende por qué su compañero le dispara. Muere enseguida. Robledo utiliza el soplete para quemarle la cara y las manos para que no queden huellas. Un error lo perderá: olvida quitar la cédula que Somoza guardaba en un bolsillo. Apurado, huye en la moto. Era su último escape. Ese día, el subcomisario Felipe Antonio D'Adamo lo detiene frente a su casa y le pone las esposas. Cinco días más tarde, el 8 de febrero, los diarios informan la detención de uno de los mayores criminales de la historia. En adelante, el caso de este hombre que asesinó a once personas y del que se sospecha haya aniquilado por lo menos a tres más, ocuparía dos páginas por día en Crónica y una página en La Razón. Los canales de televisión se lanzan a la caza de parientes y amigos. La revista Así agota varias ediciones.Los redactores de la sección policial de Crónica exprimen su imaginación bautizando a Carlos Eduardo Robledo Puch: Bestia humana (el día 8); Fiera humana (al día siguiente), Muñeco maldito, El verdugo de los serenos, El Unisex, El gato rojo, El tuerca maldito (el 10), Carita de Angel, El Chacal (el 11) Ese día, el diario de Héctor Ricardo García sugiere que Robledo es homosexual, por lo que "sumaría a sus tareas criminales otra no menos deleznable", escribe el redactor.Crónica improvisa, conjetura relaciones entre el acusado y la familia Ibáñez, se queja del silencio de los testigos, del mutismo del juez Sasson. Durante las primeras reconstrucciones, el público pide la muerte de Robledo, intenta lincharlo. Crónica sublima el hecho y titula: "El pueblo intentó linchar al monstruo".La Razón compite con su colega buscando reportajes, opiniones, otros impactos. Se crea tal confusión que a cinco días de detenido Robledo, es difícil averiguar cuántos son, realmente, los crímenes que ha cometido. Los médicos policiales revisan al acusado y existe la impresión de que su desequilibrio no le servirá para eludir la condena a cadena perpetua. Los especialistas esbozan explicaciones contradictorias.Ninguna de ellas sirve para determinar las causas que llevaron a un joven de 20 años a aniquilar por la espalda a quienes se cruzaban en su ansioso camino hacia el éxito. No sirven porque Robledo Puch no es un objeto sobre el que los profesionales de la medicina puedan improvisar teorías tejidas a la distancia. El es un ser humano, y no es posible diagnosticar desde un consultorio la enfermedad de un hombre que espera sentencia en un calabozo. Para elucubrar un psicodiagnóstico aceptable, es necesario convivir con el paciente. Practicar, por ejemplo, los test de Rorschach, de Murray, de Bender, de Phillipson o de Weiss. Eso lo ordenará seguramente el juez Víctor Sasson mientras algunos profesionales siguen desmenuzando las lacras de Robledo, de toda la sociedad. Este criminal ha pasado a ser un apetitoso elemento de consumo. ¿Cuál es la enfermedad de Robledo? ¿Cuál la de quienes lo rodean? ¿Qué sentido tendría aplicar la pena de muerte a un enfermo? Nunca un caso criminal conmovió tanto a la sociedad argentina.Durante varios días toda actividad política, deportiva, artístíca, pasó a segundo plano ante una evidencia: en Buenos Aires, un muchacho puede por si solo quebrar todas las barreras de seguridad, matar y robar sin que la justicia lo alcance hasta que la tragedia haya abrazado a muchos.La sociedad argentina no acepta la pena capital. Lo que parecería común en Estados Unidos, causa sorpresa y estupor aquí. La policía, que ha dedicado sus mayores esfuerzos a la detención de guerrilleros, a los que denomina "delincuentes políticos", da la impresión de ser vulnerable frente a quien ni siquiera es un profesional, sino un psicópata. Muchos han querido cuestionar, a través de Robledo Puch, a toda una sociedad. Otros piensan que se trata de un caso aislado, de un hombre desesperado. Sea como fuere, Robledo Puch desnuda la apetencia arribista de algunos jóvenes cuyos únicos valores son los símbolos del éxito: "Un joven de 20 años no puede vivir sin plata y sin coche", ha dicho el acusado.El tuvo lo que buscaba: dinero, autos, vértigo; para ello tuvo que matar una y otra vez, entrar en un torbellino que lo envolvió hasta devorarlo. Cuando mató al primer hombre, Robledo Puch ya se había aniquilado a sí mismo...
AdBlock Plus y el resto de extensiones que permiten bloquear la publicidad de las webs están ganando adeptos a toda velocidad. Aunque el porcentaje de internautas que hacen uso de ellas es todavía modesto, no me cabe la menor duda de que, si las cosas no cambian drásticamente, en unos años se convertirán en un problema de primer orden que amenazará la supervivencia económica de muchos sitios. Las páginas de temática tecnológica, dado el perfil de sus usuarios, son las que están perdiendo más dinero por el camino, aunque la lógica invita a pensar que a medio plazo hasta las ciénagas dedicadas al famoseo y el chismorreo sufrirán en sus carnes las consecuencias. Pese a la gravedad de la situación, se pueden contar con los dedos de una mano los sitios de cierta importancia que han optado por explicar a sus visitantes el perjuicio que les causan cuando bloquean sus banners publicitarios. De ahí que me haya llamado mucho la atención la vía que han escogido en Reddit para hacer llegar su mensaje a la que gente los sigue: mediante una imagen que aparece de vez en cuando en el espacio donde normalmente va la publicidad y en la que agradecen al visitante por no activar AdBlock Plus. Ya la había visto en alguna que otra ocasión, pero no ha sido hasta hace un ratito que me he decidido a capturarla para que la veáis: Lo que desconozco es si esta imagen aparece a todos los usuarios o sólo a los que, como yo, tenemos instalado AdBlock Plus pero lo desactivamos en los sitios que visitamos con más frecuencia, en los que nos sentimos cómodos, en los que realmente nos gustan. Es, al fin y al cabo, un sacrificio insignificante a cambio de poder disfrutar de la información que nos ofrecen. Y es que, no lo olvidemos, el mismo derecho que tenemos, como internautas, de utilizar las extensiones que consideremos oportunas, lo tienen los editores de las páginas que visitamos de impedir el paso a quienes no acepten visualizar los anuncios con los que se financian. Sólo me he encontrado con un sitio que haya adoptado esta decisión tan drástica y creo que equivocada, pero si el uso y abuso de los bloqueadores sigue aumentando, puede que de aquí a unos años muchos portales importantes sigan ese mismo camino. El problema se sigue planteando porque, aunque de momento no es relevante, acabará por instalar un bloqueador de publicidad en cada navegador. Este problema no es nuevo para las empresas publicitarias, que como mucho, conseguirían declarar “ilegales” a estas extensiones, aunque no tendría mucho sentido. Hay quien incluso piensa ya en otras soluciones, como cobrar un canon a todas las conexiones de internet y repartirlo entre los creadores de páginas. Que sirva este ejemplo para ilustrar los tiempos que corren. Opiniones: Yo creo que el problema viene de todas las páginas que meten publicidad molesta (tanto los grandes medios periódicos digitales plagados de banners con los pequeños portales con el popup de los matematicos que timan al casino). Si no fuera por esta gente que vive en el pasado no se daría tanta importancia a estas extensiones. Últimamente llevo el adblock desactivado, ya que las páginas y foros que visito apenas tienen publi (2 o 3 huecos bien colocados) y en algunos casos hasta me llega a interesar. ___ ¿Considerar a Adblock ilegal? Pero esto no tiene ninguna base legal: cómo va a ser ilegal añadir una funcionalidad libre en un software libre. De momento no existe ninguna ley que advierta que ver la publicidad es una obligación de los televidentes, readiooyentes o internautas. Salvando las distancias, es como si prohibieran el hacer zapping en la TV cuando pasan los anuncios. De todos modos, el funcionamiento de Adblock es bloquear las URLs de aquellos ISP que proveen la publicidad. Y eso no puede controlarse ni penalizarse: nadie puede obligarte a ver determinados contenidos. Yo sí uso Adblock. ____ A mi me parece que si se da a conocer esta extensión y su uso se generaliza, podría entre en peligro una gran economía como es la de la publicidad en Internet que mueve millones y entre otros muchos hacer caer o afectar gravemente a gigantes como Google que prácticamente basan su modelo de negocio en la publicidad. Tampoco creo que se pudiera hacer ilegal y aunque se diera el caso, no por ello se dejaría de usar por los usuarios como pasa con la piratería, etc. Si esta extensión se populariza, la solución me parece que tendría que venir por implementar otras alternativas para rentabilizar nuestro trabajo, pero desde luego podría significar el fin de lo GRATIS en INTERNET, porque la gran mayoría de servicios ofrecidos son gratis a cambio de tener la publicidad. Si no hay publicidad todos sería de pagado, imagino. __ Veo que hay muchos usando el adblock, la verdad no estoy de acuerdo ya que mi fuente de ingresos es la publicidad y creo que puede ser un gran problema si este complemento se populariza a un no veo los efectos aunque si me preocupa. Imaginen que su negocio o empresa deja de recibir ganancias ¿como pagaran el alquiler? ¿la materia prima?, ummm se que no podemos obligar a nadie pero la publicidad mantiene esta web y las redes sociales ¡no solo en el gigante google¡ piensen en un “facebook” que te cobra cada mes para sustentar sus millones de visitas y la cantidad de datos que debe almacenar. Ahora piensen en esto google comparte algo de sus ingresos con los webmaster que crean las diferentes webs a través de publicidad en cambio face es una web única que necesita de esta. Irónicamente estos gigantes no se dejaran así de fácil y mi preocupación es tonta la verdad. Para terminar debo confesar que no doy click en la publicidad y este complemento es muy bueno ahora mismo lo estoy usando la verdadera razon es que no me gusta darle dinero a la competencia y una cosa mas aterradora son los banners con sonido y los anuncios eróticos que mooxar y IW ofrecen “empresas publicitarias pequeñas y rebuscadoras”, bueno solo espero que las cosas no cambien y que en la publicidad dejen de colocarse estupideces.

Se define como “conservador” a la hora del sexo. Pero ojo: que la hinchada femenina no deje de alentarlo. En el último minuto Toti Pasman (42) clavará un comentario que festejarán como si de un gol en un superclásico se tratara. Un secreto que guardan los tímidos, como confiesa que fue en su adolescencia. ¿La clave para la satisfacción de una mujer? “Ser gauchito”, asegura con la misma contundencia que da sus opiniones sobre jugadores, técnicos y equipos. En un descanso de su ardua rutina laboral en radio (Wake up de 7 a 9 horas por FM Delta 90.3 y en La Red AM 910) y televisión (en cable en A24 y en aire con América Noticias y El Show del Fútbol), el periodista se atrevió al Cuestionario Sexy de Ciudad.com: habló de la chica que fue su maestra en su primera vez, la que se robó su corazón y la que se convirtió en su enfermera privada. Y también la conquista en tiempos de tweets y likes, el levante menos pensado entre góndolas y changuitos y ¡la elección que lo coronó como el periodista deportivo más sexy de todo un Mundial! 1) ¿Cómo fue tu primer beso? ¿Cómo recordás tu primer noviazgo? -Fue bailando un lento en Pinamar a los 14 años. De adolescente era muy tímido y me solté de grande. Fue algo que surgió. En esa época estaba la chica que te ponía un espacio mientras bailabas y estaba la que te abrazaba y ésa era su forma de darte el pie. El beso se dio después de bailar varios lentos con la misma chica y de ver que nos gustábamos. Fue un amor de verano. "La primera vez fue con una chica que me gustaba. La conocí en un boliche, salimos y fue mi primer encuentro con el sexo. Ella tenía experiencia y eso hizo que todo mucho más fácil. Ella fue la que me llevó y fue una fenómena. Me enseñó las cosas que tenía que aprender y estuvo bueno. Creo que fui buen alumno. ¡Soy de aprender rápido!". Mi primera novia oficial, más allá de algún amorío que tuve, fue con la mamá de Cande, mi primera hija. Cuando era adolescente tenía éxito con las minas, pero estaba enfocado en el deporte, competía en tenis y jugaba mucho al fútbol. Competía en todos los torneos y además mi viejo me tenía cagando (risas). De los 15 a los 17 años estaba con el freno de mano puesto. Me encantaba salir con mis amigos, pero no era el pibe que siempre estaba de novio. Esa locura me agarró de más grande. En esa época no había WhatsApp ni Facebook y había que poner unos huevos tremendos para llamar por teléfono a lo de la mina y que te atiendan los viejos. 2) ¿Cómo fue tu primera relación sexual? -Tendría 17 años y fue con una chica que me gustaba. La conocí en un boliche, salimos y fue mi primer encuentro con el sexo. Ella tenía experiencia y eso hizo que todo fuera mucho más fácil. Ella fue la que me llevó, una fenómena. Me enseñó las cosas que tenía que aprender y estuvo bueno. Creo que fui buen alumno. ¡Soy de aprender rápido! (risas). En mi familia nunca me hablaron de sexo, por ejemplo. Mi viejo era ingeniero, chapado a la antigua, llegaba de laburar, se tomaba su whiskicito y a las 9 teníamos que estar sentados en la mesa. Jamás se tocó el tema. Ahora tengo una hija de 18 años y Benja, mi hijo de 2 años y medio, y trató de hacer justamente lo contrario. Con mi hija trató de estar cerca y de hablar de todo. Cuando ella tuvo su primera clase de educación sexual en el secundario, vino, me contó todo y me quede tranquilo de que la tenía clarísima. Trato de ayudarla en lo que pueda. 3) ¿Qué actitudes te ponen de buen humor a la hora del sexo y cuáles son las que te deserotizan? -Me pone bien cuando tu pareja es cariñosa, cuando piensa en vos, si te mima. Pequeñas cosas como si te prepara la comida que te gusta. No soy muy exigente, pero me seduce que mi pareja esté atenta a las cosas que me gustan. Disfruto del ritual de cocinar, de tomar un rico vino, me gusta preparar un buen asado. Lo que me saca las ganas son las discusiones, cuando hay mala onda y empezás a discutir con la otra persona por pelotudeces. En esos momentos me pongo de muy mal humor y optó por ponerme en la otra punta de la cama y chau. No me engancho, me doy vuelta en la cama y hasta mañana, no me cuelgo en la pelea. Me ha pasado, sobre todo cuando era más chico, de resolver las diferencias en la cama “con el látigo”, como suele decirse. En este momento de mi vida, me dedico a mis dos hijos y a mi laburo. Cuando algo no me gusta, cierro la puerta y digo "chau". No me engancho en la locura del otro, más allá de que yo tengo mi locura. "Me pasó que estar en la cola de un supermercado y que una mina en una góndola me sonría. Son cosas que te das cuenta, no hace falta mucho más para saber cuando hay onda con una mina". 4) ¿Cómo hacés para conocer a alguien? ¿El Whatsapp, Facebook o Twitter son aliados para el levante? -Por las redes sociales tuve oportunidades de chicas que te empiezan a seguir, pero no es una vía que utilice. Me gusta conocerla en persona más que por Twitter o Instagram, aunque tampoco me niego a esa posibilidad. No estoy en una etapa de mi vida salidora, pero me ha pasado de que se dé en lugares insólitos, donde menos lo esperaba, como pegar onda con alguien en la cola de un supermercado. Un amigo siempre me decía, cuando salíamos de más chicos, que había que encontrar la mirada cómplice. Me pasó de estar en la cola de un súper y que una mina en una góndola me sonría. Son cosas que te das cuenta, no hace falta mucho más para saber cuando hay onda con una mina. 5) ¿Fuiste infiel? ¿Te tocó ser el engañado? -He sido infiel y obviamente que no está bueno. Cuando me tocó ser infiel no lo pasé bien, pero creo que las cosas pasan por algo. Tampoco soy un infiel serial, pero creo que si uno no quiere comprometerse al 100% con una persona, por algo es. Calculo que sí me han sido infieles, como bien dice la frase que "de los cuernos nadie se salva". Seguro lo habré sido, pero no me enteré. No soy de los que revisan el teléfono de la otra persona, por ejemplo. Cuando noto desinterés del otro lado, me abro y punto. No me doy mucha máquina. Somos grandes y si no querés estar conmigo, andá con otro que yo me busco a otra o me quedo solo. No me hago mucha historia. Tengo amigos y una familia espectacular, pero hoy por hoy no me vuelvo loco por una calentura. "¡Cuando era chico me encantaba Mónica Gonzaga! De las argentinas, Isabel Macedo me parece muy mona. No solamente las morochas me van. Ojo que las rubias también me gustan mucho como por ejemplo Evangelina Anderson". 6) ¿Quién era tu amor en la adolescencia y qué famosa te parece sexy ahora? -¡Cuando era chico me encantaba Mónica Gonzaga! De ahora me parece interesante Penélope Cruz, que es muy linda. De las argentinas, Isabel Macedo me parece muy mona. No solamente las morochas me van. Ojo que las rubias también me gustan mucho, como por ejemplo Evangelina Anderson. 7) ¿Alguna vez te avanzó un hombre? -Tengo mucho éxito con los chicos por las redes sociales, por ejemplo. Una anécdota que me pasó una vez fue llegando a Estados Unidos: hice el check-in en el hotel y cuando llegué al cuarto, después de dejar las valijas, a los 2 minutos me tiraron una tarjetita debajo de la puerta. Me dije “uy, soy un ganador ¡y recién acabo de entrar!”. La leí, estaba escrita en inglés, decía algo así como que era muy dulce y estaba firmada por un pibe. ¡Me quería matar! También en el Mundial de Alemania 2006 la comunidad gay argentina me eligió el periodista deportivo más atractivo. Segundo quedó mi amigo Martín Liberman y yo lo jodía diciéndole que “la tenía adentro” (risas). Otra que me contó un amigo es que había una gigantografía mía en un boliche que se llama África, al que va mucha gente gay. 8) ¿Cuál es tu ropa de batalla y cuál la que preferís en ella? -Yo soy simple, sólo boxer y nada más en la intimidad. En ella puede ser lindo un juego de lencería o un shortcito. Incluso se puede ver sexy con un pullover o con cualquier cosa que le quede bien. Tuve mi época de comprarle lencería o ropa en general a mi pareja y soy muy bueno, siempre la pego. ¿Disfraces? Me ha tocado que se disfrace mi pareja del momento, pero en realidad soy bastante conservador en el sexo. Me gusta tener relaciones en la cama y a dormir, nada demasiado estrambótico. El disfraz de enfermerita es un clásico, pero fue algo que surgió de la otra parte, más que algo mío. "Para mí un orgasmo es comparable a gritar un gol, o sea es algo muy lindo. En una época me gustaba dar muchas primicias en el laburo y eso lo sentía como si fueran orgasmos. La mejor recomendación que le puedo dar a un hombre para satisfacer a una mujer es que sea gauchito". 9) ¿Qué es lo que más te elogian en la intimidad? -Una de las cosas que más me elogian es que soy un buen besador. Físicamente les gusta mi cola y también mis piernas. Y en general lo que más me elogian son mis ojos. 10) ¿Cómo es un buen orgasmo? ¿Cuál es tu consejo para el hombre que quiere hacerle pasar un buen momento a su chica? -Para mí un orgasmo es comparable a gritar un gol. O sea, es algo muy lindo. En una época me gustaba dar muchas primicias en el laburo y eso lo sentía como si fueran un orgasmo (risas). La mejor recomendación que le puedo dar a un hombre para satisfacer a una mujer es que sea gauchito.

Eran ya alrededor de la 1 de la madrugada, y hacia como 40 minutos que nos habiamos ido a dormir todos en la casa yo estaba encerrada en mi habitacion, pero lejos de dormir, estaba conectada en internet de forma clandestina.... debido a las restricciones de mi papa para conectarme en el dia, asi que estaba bien atenta a cualquier ruido y que no se dieran cuenta. Pero empece a escuchar ruidos de la cama de mis padres pense que alguien se habia levantado, asi que sali rapido de mi habitacion y me dirigi a la de ellos para revisar la situacion, la puerta estaba totalmente abierta, asi que entrè, y de imediato mi mama se sento en la cama y me dijo "que haces, quien te dijo que podias venir" lo unico que se me ocurrio fue decir "que me estaba lavando las manos en el patio" hice voz de estar medio dormida y me fui hacia mi pieza. Ya no segui oyendo ruidos. A pesar de que estaba todo a oscuras, mis ojos ya se habian acostumbrado a esa poca luz y pude ver claramente a mi madre y mi padre desnudos en en la cama y en pleno acto, fue algo que cada vez que me acuerdo me produce un sentimiento extraño, ahora cada vez que salen, y dicen que van a hacer compras, miro fijamente a mi mama, y le noto una lijera expresion que siempre hace cuando dice mentiras, obviamente se que se van a un motel, no se si es que soy medio distraida o que, pero nuca habia pensado que mis padres aun tenian sexo, osea, la idea de sexo y mis padres nisiguiera llego a ocupar mi mente. Por cierto, creo que cuando fui a interumpir les dañe la noche, pero los siguientes dias estuvieron "llendo a hacer compras" desde las 5 de la tarde hasta casi las 9 de la noche... Bueno, me gustaria que compartieran sus experiencias sobre este tipo de situacion, porque si bien es incomodo encontrar a alguien en pleno acto, con los papas suele ser un poco mas incomodo, asi que que piensan de esto, que hicieron, que dijeron sus padres, cambio en algo la relacion o la percepcion que tiene de ellos y viceversa, en fin lo que se les ocurra... Por mi parte, mi mama no esta del todo segura que si me di cuenta, yo actuo de lo mas normal, aunque a veces noto que me llama a preguntarme "algo", obvio se de que se trata, su tono de voz y la actitud la delatan, asi que nunca respondo al llamado, pero definitivamente ya mi percepcion sobre ambos no es la misma, y me molesta que nisiquiera hayan cerrado la habitacion, me siento bien de haber por fin podido contar esto, pues ni a la psicologa se lo pude decir
Me encontré en internet una buena reflexión de por qué debemos repudiar al feminismo ya que hombres y mujeres NO somos iguales No veo por qué se quejan de los puestos de trabajo, hay una cosa clara que ustedes deben entender: Las mujeres y los hombres NO son iguales. Son pocos los puestos de trabajo que las mujeres pueden (o quieren) ocupar, la gran mayoría de actividades en las ciudades son de mano de obra que una mujer NO quiere hacer (realmente NO puede debido a sus limitaciones físicas). Por ejemplo, en una construcción de un edificio puede haber UN Ingeniero civil (que puede ser hombre o mujer), UNO o DOS Arquitectos (que pueden ser hombre o mujer), UNO que otro oficinista que puede ser hombre o mujer Y ADEMÁS como 80 trabajadores de obras, albañiles y carpinteros que sólo son hombres. Es complicado para un encargado de recursos humanos contratar a una mujer para cargar cemento, bloques de ladrillos e instalar varillas y perfiles de hierro, simplemente NO PUEDEN, una bolsa de cemento de 50 kilos es demasiado para una mujer mientras que un hombre regular puede cargar dos de esas y caminar por todo el lugar hasta el sitio donde se prepara la mezcla, luego volver con el galón de cemento preparado y usarlo en un muro. Eso sin mencionar el tema de la seguridad, regularmente en un día común de trabajo se presentan cerca de 7 accidentes de trabajo menores y semanalmente uno o dos accidentes graves, que un hombre sea golpeado por una guaya o un ladrillo o que le caiga cemento en el rostro no es problema, pero que le ocurra lo mismo a una mujer la historia es completamente distinta. En una ciudad en fase de progreso donde hay al menos 40 edificios en construcción puede haber alrededor de 3200 trabajadores albañiles varones... si a eso le sumanos remodelaciones menores se suman unos 800 trabajadores más (va por 4000) y si además añadimos puestos de trabajo fuertes como Construcción de Autopistas, Minería a Cielo Abierto y Minería Subterránea, Construcción y mantenimiento de maquinaria industrial, Centrales energéticas, Dragas Fluviales, Construcción de embarcaciones y todo tipo de mano de obra con soldadura, metales fundidos en altas temperaturas, Tala de bosques, recolección y tratamiento de basuras y alcantarillas y otros empleos peligrosos que se me escapan, el número de puestos de trabajo aumenta por varios millones en todo el mundo... Son lugares donde las mujeres NO QUIEREN ESTAR Y son precisamente los trabajos que hacen progresar al mundo y por eso es como lo conocemos ahora. Son empleos para hombres donde los riesgos son altos y la fuerza bruta que se necesita es bastante pero ellos nunca se quejan por accidentes menores ni porque las "bolsas pesan mucho" ni porque "esto está demasiado duro" o porque "eso está muy caliente y si me cae en el rostro perderé mi belleza". Siempre les digo a las feministas: si quieres igualdad, SÉ IGUAL, deja de andar armando tropeles, deja de andar reclamando cosas que a lo mejor ni te mereces y ponte a trabajar hombro a hombro con los hombres. Métete a construir edificios, métete a trabajar en las calderas de metalurgia, métete en las minas a explotar dinamita y tirar pico y pala para sacar los minerales de la tierra, SUDA, ENSÚCIATE LAS MANOS, RÁSPATE LOS CODOS Y LAS RODILLAS, HASTE DOLORES EN LA ESPALDA CARGANDO Y EMPUJANDO, dejen de vivir como reinas caprichosas que todo se lo regalan y sigue pataleando!!! Esas viejas feminazis son la cosa más absurda, ridícula y tonta del mundo... lo único que hacen es salir a las calles mostrando las tetas y haciendo desorden, nadie las toma en serio... a veces la gente las mira de lejos y sienten lástima por ellas.

Desayuno argentino La gastronomía argentina se caracteriza por grandes aportes europeos. Su historia y sus importantes oleadas de inmigración del Viejo Mundo, han hecho que muchas costumbres estén a tono con Europa. Además, otro factor importante es que este país resulta ser uno de los mayores productores agropecuarios del planeta; por ello, trigo y lácteos de primera son parte cotidiana de la dieta. El desayuno típico argentino se caracteriza por su alto consumo de carbohidratos, en especial las masas dulces conocidas como "facturas" y "medialunas", éstas últimas similares a los croissants franceses. Todo acompañadas de mate, la bebida nacional del país, servida en un envase que puede ser metálico, aunque en sus inicios se hacía con una calabaza; para sorber se usa una especie de pitillo llamado bombilla. También disfrutan del café, en especial un capuccino o latte para acompañar los panes, y de generosas cantidades de dulce de leche, uno de sus ingredientes bandera. El mate cocido El mate cocido es una infusión típica que se prepara hirviendo yerba mate en agua, luego se cuela, y se sirve en tazas. Su sabor amargo es similar al del mate normal pero más suave. Ya sea cocido, o en infusión como un té, el mate es una bebida icónica de la Argentina. Puede endulzarse con azúcar u otro edulcorante y agregársele leche a la bebida obtenida.
Noches al límite: boliches donde hay sexo libre y vale todo Es frecuente ver gente teniendo relaciones. Están casi todos en el Centro y se promocionan en las redes sociales. ¿Cuándo es que algo como tener sexo en un boliche se vuelve normal? ¿Cuándo fue que los reservados –que existieron siempre– se transformaron en otra cosa: túneles para tener sexo, zonas oscuras y liberadas, fuera del alcance de los patovicas? Son preguntas de difícil respuesta, pero para la mayoría de los que iban a la Fiesta Alternativa –o simplemente “la alterna”–, todos los viernes en Rivadavia al 1900, lo que pasaba en el segundo piso de ese viejo edificio del barrio de Congreso era normal. Un código conocido, una forma de pertenencia e incluso una experiencia posible que era percibida como un valor agregado de ese tipo de fiestas. Era visto como normal que dos personas fueran a la zona de los sillones, al lado del baño, para tener sexo. Que incluso aprovecharan las columnas del lugar para apoyarse ahí y que practicaran sexo oral. Que no hubiera demasiada conciencia sobre ser visto por otros y mucho menos de que esas relaciones fueran practicadas sin preservativo. Lo que sí suena hoy como sorpresivo para todos los habitués es que alguien rompió ese código. Alguien (una persona o un grupo de amigos) pasó una frontera y rompió los límites del lugar. Esa es la explicación que encuentran a lo que pasó en la madrugada del sábado pasado con Camila, la chica que denunció haber sido violada por 4 personas dentro del boliche LeCliq. Y también los otros testimonios que se presentaron en la fiscalía (ver Abusada...) van en esa dirección: un grupo de amigos que rompió los códigos. “En otros boliches no te permiten esto, los patovicas te sacan. Pero en estas fiestas no había seguridad. El boliche era conocido por eso, porque uno va y hace lo que quiere”, dice Macarena, una de las chicas que declaró en la fiscalía. Algo que Andrés Bonicalzi, abogado de AVIVI (Ayuda a Víctimas de Violación), que define como “libertad sexual tanto de prácticas como de género”. “Yo nunca tendría sexo en un lugar público, no es algo que me interesa, pero no por eso me voy a hacer la distraída, porque al lado de los baños había gente que tenía sexo. No hay manera de que los dueños puedan negar lo que es evidente”, dice Romina, que iba habitualmente a las fiestas. Su testimonio coincide con el de otros habitués y con el de las chicas que hicieron la denuncia. La convocatoria para esas fiestas se hace por Facebook. O sea que puede entrar cualquiera, pero solo si está en las listas en la puerta de entrada. Las mujeres entran gratis antes de las 2 de la mañana. Los viernes suelen ir grupos ligados a la cultura dark, que escuchan Nü Metal o rock gótico. Pero según los testimonios que recogió Clarín en la semana, estas “tribus urbanas” no parecen tener mucho que ver con este tipo de hechos. Incluso, perciben que este presunto delito los obligará a buscar otro lugar, que acepte y respete sus códigos. El viernes pasado la fiesta Alterna no abrió y la mayoría de ellos fue a Requiem, en Avenida de Mayo al 900. En el grupo de Facebook hubo denuncias sobre lo que pasaba en el lugar. Pero la polémica llevó incluso a que el dueño de la Fiesta Alternativa denunciara otros lugares no habilitados “Les recomiendo a los medios que se peguen una vuelta por estos locales este viernes”, y nombró a fiestas en Alsina al 900 o Piedras al 100 También otros testimonios hablan de excesos en boliches fuera de la Capital Federal, como Pinar de Rocha, en Ramos Mejía, o El Bosque, en Quilmes. En boliches gay, como Amérika o Glam, los dos en Palermo, hay túneles y zonas oscuras en las cuales se puede tener sexo. “El que entra ahí sabe lo que pasa. Hay manos en zonas prohibidas, sexo oral, todo a la vista”, dicen los que van ahí. Un denominador común de todos estos lugares es que cuentan con la habilitación del Gobierno de la Ciudad. Pero están habilitados como boliches bailables, y según dicen los organismos oficiales, el control sólo se hace sobre las normas de seguridad e higiene. Lo que pasa entre las personas termina siendo un pacto entre dos, aunque la responsabilidad por la seguridad de los que van a bailar siempre es de los dueños. Eso es lo que investigará la justicia.

Oscar Wilde escribió que los hombres se diferencian entre sí por detalles accesorios: la ropa, los modales, el tono de voz, los gestos, el aspecto, la religión y otras cosas por el estilo. Pero, se podría agregar, son las pequeñas diferencias las que unen o separan a los hombres, en provincias y en grandes ciudades. Por citar un ejemplo de provincia, Carlos Daniel Ervitti, productor agropecuario de 56 años que vive a unos 20 kilómetros de la estación bonaerense de Egaña, arriesga: "Lo que más diferencia y aleja a los argentinos es el aporteñamiento de los pueblerinos". Descendiente de vascos-navarros y tamberos, Ervitti vive hace décadas en el campo con Elsa Fernández, su mujer, y su hijo Iñaki, y pertenece a la cuarta generación de campesinos. "Soy buen recibidor de amigos. A veces, como durante la gran inundación, a mediados de la década del 80, no tuvimos más remedio que montar en la camioneta y andar por encima del terraplén porque no había caminos accesibles y las 4 x 4 no existían. Vivo feliz aquí, con mi familia y diez perros, y prefiero luchar con la naturaleza y no contra la naturaleza humana, como hacen los que viven en las grandes ciudades", afirma, mientras se cala la boina negra. "Acá todos sabemos el valor de las grandes cosas, aunque ignoramos el precio de muchas otras", agrega. Por su parte, el economista porteño Mario Torres, de 57 años, tiene algunas críticas sobre los que viven en la provincia: "Se ríen de nosotros y dicen que andamos como locos, pero ellos se olvidan de que somos los de la Capital los que producimos gran parte del PBI mientras ellos duermen la siesta o ven crecer el cereal tomando mate. Nos critican, pero nos copian en muchos aspectos. Hasta incorporan palabras y gestos porteños. Son chusmas, porque tienen más tiempo que nosotros, y aunque los capitalinos vivamos protegidos por el anonimato que nos da la ciudad, ellos -los provincianos- quieren saber todo sobre el otro de una manera enfermiza. Cuando dos provincianos se juntan en un boliche, después de hablar del tiempo y de las cosechas, se dedican a sacarle el cuero a un tercero". Nada que ver con lo que piensa el productor rural Coco Bordagaray: el hombre asume con humildad que los provincianos son más discretos que los porteños. "Cuando viene uno de la Capital, enseguida nos pregunta el valor de la tierra y cuánto nos dio la cosecha... miden todo por la rentabilidad. Se olvidan de que tenemos años malos y gobiernos que nos han dado la espalda durante mucho tiempo. Aprendemos de la soledad. Somos gente simple y creemos todavía en el valor de la gauchada, disfrutamos de la amistad y sabemos reírnos de nosotros mismos", refiere Bordagaray, que hace muchos años vive solo en el campo, en la zona bonaerense de Iraola, y, ya de 84 años, no lo tientan las luces de las grandes ciudades. Otro productor, Carlos Bustos, tiene 52 años y está afincado en la ciudad de Buenos Aires, pero cada tanto va al campo y vuelve. Comenta que esa lucha sempiterna entre provincianos y porteños se da, sobre todo, en pequeños detalles: "Estaba esperando en la ruta a que pasara el colectivo que me llevaría al pueblo. Como el sol estaba bravo, tenía puesto un sombrero de paja. En eso vi que entraba una camioneta en un campo cerca de donde yo estaba parado, pero luego siguió viaje. Al rato volvió, su conductor se ofreció a llevarme. Subí y empezamos a conversar. Me preguntó de dónde era yo y qué hacía. Al confirmarle que era vecino de él, me confesó sonriente que al verme con ese sombrero pensó que yo era uno de esos porteños tilingos y que casi no me había levantado por ese motivo". INTERCAMBIO CULTURAL Los autores del ensayo El arte del insulto, los españoles Luque, Pamies y Manjón, consignan en la página 185 de este libro: "Da igual que muchas ideologías reivindiquen la grandeza del trabajo agrícola; agrícola ya era insulto en latín. Ya en la Edad Media se quejaba Huarte de San Juan de este lugar común: Es el vulgo tan ignorante que toma por argumento en contrario el nacer en lugares pequeños, comentando que esa idea había sido utilizada incluso contra el propio Cristo". Sobre el intercambio cultural hace su aporte Oscar Etchemendi, comprador de hacienda de la zona de Tandil: "Quizás exista hoy una mayor influencia cultural porteña en los pueblos. Hay ejemplos: la música folklórica fue desplazada por el reggaeton, las danzas árabes y el tecnotango. Con la ropa pasa algo parecido: los chicos andan aquí en la provincia uniformados e influidos por la moda capitalina. Suelen andar con caps, bermudas, zapatillas o sandalias. Creo que tratan de diferenciarse, pero se uniforman. En la provincia también cambió el estilo edilicio; cualquier pueblo de provincia cuenta con su barrio cerrado, y las viejas casas chorizo tienden a desaparecer. Ya quedan pocos boliches para ir a comer una picada con los amigos, están en vías de extinción". Más testimonios: "La gente en la provincia es más educada y vive mucho más distendida que los porteños", confirma la docente platense Gloria Pujol. "Si uno vive en un pueblo le parecerá habitual al estar en un restaurante que la persona que ingresa salude cortésmente y hasta diga buen provecho. Todos se saludan en el pueblo. El rico y el pobre van al mismo sitio, sólo el auto y la casa los diferencian. Y somos privilegiados por poder dejar jugar solos en la calle a los chicos", cuenta. Cuando Jean Jaures estuvo de visita en 1911 como jefe del Partido Socialista francés, visitó una estancia y quedó horrorizado con el trato que daba el hombre de campo a los animales. Esto escribía sobre la crueldad del provinciano: "Tiernos terneros ultrajados en su sexo y sometidos luego al suplicio de los hierros candentes; briosos corceles aturdidos por los golpes feroces de los gladiadores impíos; hacienda inocente sometida a los tirones de potentes lazos y a la presión brutal de la bota gaucha. Y para exaltar toda esta crueldad al más alto grado, durante el viaje por el campo, el conductor de nuestro automóvil se complacía en dar por muertos todos los perros que le ladraban al paso". No obstante las críticas hacia los hombres de provincia, los argentinos fueron gobernados por numerosos provincianos a lo largo de la historia: el tucumano Nicolás Avellaneda, el correntino Arturo Frondizi, el cordobés Pedro Eugenio Aramburu, el salteño José Félix Uriburu, el catamarqueño Ramón Castillo, el entrerriano Agustín P. Justo, el cordobés José Figueroa Alcorta, el sanjuanino Domingo F. Sarmiento y, sin ir más lejos, el bonaerense Juan D. Perón y el santacruceño Néstor Kirchner. .
EL SALAME ESTE SE LEVANTABA A LAS PACIENTES!! Mundos íntimos. Mi residencia médica: curar entre momentos de violencia y sexo Corrían los años 90 y el autor iniciaba sus prácticas en el Gran Buenos Aires. Su formación se vio cruzada por un clima de fin de mundo. Pacientes con necesidades infinitas, drogas y peleas –incluso con armas de fuego– generaban un clima denso, muy diferente al que se asocia con un espacio de salud. Una realidad que hoy aún persiste en varias zonas. Escuchamos tres disparos afuera de la sala de Urgencias. –Son ellos o vos, pibe, me decía el cirujano interno (y subcomisario médico de la Bonaerense) mientras deslizaba la corredera de una Glock y miraba mi cara de terror. –Si vas a seguir viniendo después de esto, acordate: ellos o vos. Los dos estábamos a cubierto en un box de la guardia del Hospital Municipal Diego Thompson de San Martín, año 95, resistiendo con dientes apretados el embate del grupo familiar de un delincuente cosido a plomo que murió en una camilla de la sala, a poco de llegar. Otro médico cerró a tiempo el portón delantero (donde se había empezado a concentrar el grupo de familiares y amigos del chorro), justo antes que empezaran los golpes a la puerta, las patadas y los insultos. Los disparos trajeron el pánico. Hubo que cerrar entonces el portón trasero de la sala de guardia, que conectaba al patio del hospital, y con el restante equipo de médicos, enfermeras y pacientes permanecimos encerrados durante varias horas, escuchando corridas, detonaciones e intentos de derribar las puertas. Cada uno encontró su lugar para ocultarse. La jefa de practicantes lloraba sin consuelo. Los pacientes, en su mayoría borrachos y ancianos conectados a pies de suero, miraban sin dar crédito a su mala suerte. Se hizo de noche. El incidente terminó en un gran susto y nada más. El cirujano nunca tuvo que usar su arma pero sus palabras perduraron en mi cabeza. “Ellos o vos”. No entendí del todo la oscura implicancia de esa expresión en boca de alguien que trabajaba de curar. Era mi primer día en Urgencias. Yo tenía veintiún años, la aspiración de convertirme en médico y la necesidad de empezar mis prácticas voluntarias, no rentadas, en la guardia de algún hospital. A ese hospital “de campaña” caímos cinco estudiantes de medicina con la idea de acercarnos a la experiencia del trabajo de campo. Aún no sabíamos aplicar una inyección, no sabíamos de ampollas, ni sondas ni sueros. En todo el año que siguió aprendimos a los golpes, tuvimos contacto permanente con el sufrimiento ajeno, con la miseria del alma y del bolsillo, conocimos la impotencia ante la muerte misma. Pero también la solidaridad, el compromiso y el deslumbramiento por el saber de los que nos preceden. Practiqué ahí durante diez meses más y luego me dediqué por entero a los libros. Por fin, pocos años después, llegó la graduación en la Facultad. El concurso de Residencia me dejó el amplio panorama del conurbano como destino de mi especialización médica y elegí el mismo hospital municipal de mis primeras prácticas, por aquello de mejor infierno conocido. Regresé con la frente en alto y los pasos firmes que, pensé, me permitía el título en la mano. Pronto tuve que aprender a usar zapatos más cómodos. Y a bajar la cabeza. Ningún otro trabajo civil tiene tan acentuado el carácter verticalista (a la manera militar) que una residencia médica. Los residentes de primer año (los soldaditos vírgenes) obedecen a fe ciega a los de segundo (agentes de segundo orden), y estos a los de tercer año (oficiales casi consagrados), y así continúa la pirámide ascendente de poder hasta el jefe de servicio. El régimen de trabajo y horarios es poco menos, o poco más, que perverso. Guardias extenuantes de 24 horas que se continúan con las jornadas habituales de ocho a cuatro. Responsabilidades por encima de lo aconsejable (para el joven médico pero, sobre todo, para los pacientes que dependen de su criterio) y humillaciones que sonrojarían al sargento Hartman de Nacido para matar. La profesión, tan temprano, empezaba a incomodarme. Elegí especializarme en Pediatría. Fue determinante el contexto temporal: se aproximaba el fin de siglo. La experiencia neoliberal pudría cada vez más los cimientos de nuestra comunidad y empezaban a rodar sus elementos más susceptibles. Los veías llegar derrotados a la guardia, hombres desocupados, madres que cargaban bebés azules, con los pies cansados después de kilómetros de marcha ante la falta de dinero para un colectivo, parias sin hogar que se juntaban en el hall en busca de techo y alimentos de sobra del hospital. También atendíamos, y no pocas veces, al lumpenaje de la zona, refugiado en los barrios inaccesibles que proliferaban en el Partido. Nuestro trabajo tomó así una función paradójica: componíamos los mismos elementos que luego descomponían la sociedad. Que nos asaltaban o secuestraban a la salida misma del hospital. Nuestro ánimo se alteró y cerró sus filas: “Ellos o vos”. El nuevo siglo arrancó. La presión aumentaba para todos. La provincia declaraba la emergencia económica, los insumos desaparecían, el comedor sólo ofrecía sopa y pan, y debíamos suspender seguido el arduo trabajo para manifestarnos a los gritos y cacerolazos frente a la Municipalidad por la recuperación de nuestros sueldos. El personal para atención raleaba por las licencias psiquiátricas que producía el burn-out, el síndrome de «cabeza quemada». Los pacientes se impacientaban y dirigían su odio hacia vos. En la puerta de guardia te comías rosarios de puteadas, escupitajos y algún sopapo. Empecé a escribir en los tiempos muertos, un vicio de mi adolescencia, más por una necesidad vital de purgar mi cabeza que por un ansia de expresión creativa. El país entero se caía junto con nosotros. Y sin embargo, estirabas cada día la cabeza, buscando aire: el sexo, nunca tanto como en esa época. Era sexo por inercia, sexo por ansiedad, sexo por desesperación. A pesar de la malaria económica, mi rango profesional ascendía, y con él, mi poder sobre residentes inferiores, sobre practicantes encandiladas, sobre instrumentadoras o enfermeras, sobre la chica del kiosco. El víper fue reemplazado en el cinto por la increíble novedad de los teléfonos portátiles. Éramos cowboys de guardapolvo y pecho inflado que recorríamos los pasillos atestados, cowboys agotados y pobres, y aún así sexualmente hiperactivos. Entonces llegó Alejandra. Su presencia me tomó por sorpresa en la sala de internación cuando fui asignado a la atención de su bebé, una ratita prematura que se entibiaba dentro de una incubadora. Era una princesa de la villa 9 de Julio, una princesa real, elegida por concurso entre las jóvenes más bellas del barrio. No cumplía los veinte todavía, tenía un físico deslumbrante y unos ojos verde agua que contrastaban con el pelo azabache y la piel trigueña. Y era pícara. Muy. –Por fin uno jovencito– dijo cuando me acerqué a revisar al bebé, y las demás madres hacinadas en la modesta sala de internación rieron. Casi me sonrojé y escapé del comentario con seriedad profesional. Los comentarios siguieron a diario, siempre para aguijonearme. –¿Sabe que soñé con usted ayer, doctor? ¡Las cosas que hacíamos! Fue suficiente para que la chica empezara a ser parte de mis fantasías secretas. Ahora deseaba llegar cada día a la sala y recibir alguno de sus sucios arpones verbales. Nunca pasé de una sonrisa con ella. Un día, al acercarme a mi evaluación diaria, encontré a un inspector de la Primera que la interrogaba. Supe después en el despacho de médicos, por propia boca del policía, que el papá del niño era un peligroso delincuente prófugo. Supe acercarme entonces a Alejandra con más cuidado. Cuando el prematuro estuvo de alta, mandé al residente inferior a preparar el papeleo en la sala y despedir a la joven mamá. La observé de lejos, se retiraba sola con su bebé envuelto en una frazada. En el medio el país explotó con el calor de diciembre. Año 2001. El presidente huía en helicóptero y el avión iba en picada con cinco pilotos sucesivos que no podían detener el desastre. Me harté de la medicina y de los pacientes. No quería estar más cerca del sufrimiento de los demás, me alcanzaba con el mío. Había caído finalmente en el burn out tan temido. Las guardias se me hacían eternas y abracé una adicción a medicamentos que me mantenían el ánimo y el ojo abierto durante las horas difíciles. Escribía entre atención y atención el borrador de una novela parecida a mi propia vida. En ese tren de pesares reapareció Alejandra. Tocó a la puerta del servicio para convidarme una barra de chocolate, en agradecimiento. Y a mí, que no me importaba más nada, se me erizaron los pelos de la nuca, erupcionaron los colmillos de lobo feroz. Cogimos esa vez en la dependencia abandonada a la que tan buen uso le dábamos los residentes. Fue un descenso a lo abisal, el descenso feliz a un lugar donde podía olvidarlo todo. Lo seguimos haciendo en adelante, nunca fuera del hospital, a escondidas, en baños y apartados clandestinos y oscuros. Alejandra era una droga. Pero el hospital es un ecosistema peligroso. Todo circula, las paredes (y las enfermeras sobre todo) hablan. Recordé al novio prófugo y empecé a estar paranoico, a mirar a uno y otro lado en los pasillos repletos de gente. Creía ver sombras acechantes todo el tiempo. Y aparecieron ellos. Las sombras tomaron forma en dos muchachos de gorrita y aspecto amenazante. Eran amigos de mi chica tóxica, uno tenía una herida de bala en la pierna y el otro en el brazo. Venían del saqueo a un supermercado. Tuve que curarlos luego de mi horario laboral, y varias veces más. El sexo con Alejandra tenía algo de transacción con esa nueva función mía de atender a sus amigos delincuentes. “Ellos o vos”. De repente fui ellos en ese tiempo. El tiempo se aceleró, el consumo de pastillas aumentó. Estaba atado a muchas cosas y adopté un carácter apático y cínico con mis colegas. Una noche de guardia apareció el comisario inspector. –El marido de la piba, ¿se acuerda?, el prófugo –me dijo de la nada– cayó abatido en la Rana. Me puso una mano en el hombro, me guiñó el ojo y sonrió con una mueca. –Igual aléjese de la piba. Trae esa gente, esos pendejos que venden merca acá adentro también. Quedé paralizado, ni siquiera asentí y lo vi perderse. No quise cruzarme más con Alejandra. Esquivaba rápido los corredores y permanecía dentro del servicio. El tiempo de la residencia terminaba de todos modos, y me dejé absorber sin resistirme por el sector privado. Ahí no había más guita, sí menos riesgo. “Ellos o vos”. Pero, ¿quiénes son ellos después de todo? ¿Los chorros, los pacientes, el sistema de salud? Porque asumir eso supone que yo sea parte de “ellos” para cualquier otro. Una guerra de todos contra todos. Dejé el hospital con el título de especialista en Pediatría. Poco después, mientras caminaba por la Plaza San Martín, volví a ver a Alejandra. Iba en el asiento acompañante de un auto. Me pareció que ella miraba hacia la Plaza pero no hubo un gesto. Parecía ciega con sus ojos clarísimos, parecía perdida en el torbellino de su vida, del cual yo me alejaba despacio, como flotando hacia la luz, después del abismo. -------- Martín Doria. Médico y escritor, nació en Barranquilla, Colombia, en 1973 de padres argentinos y vino a vivir a Buenos Aires en su adolescencia. Es pediatra emergentólogo y especialista en Medicina Social y Comunitaria. Asegura que las esquirlas de su vida en urgencias pueblan su novela “Postales de Río” premiada en el Festival Internacional de Novela Negra Azabache. Es autor también de “La extranjera”, que ganó el Premio Manuel Zapata Olivella en Colombia. Le gusta el cine (estudió Guión y Dirección de Fotografía), dibujar y tocar la guitarra. Vive en Buenos Aires, tiene dos hijos y ningún perro. Sigue trabajando en urgencias, más allá de la General Paz. ___ Alejandra Romero Hace 15 horas Soy médica pediatra. Me da asco la nota... ___ mariano tennenbaum Hace 11 horas Soy médico. Este tipo es claramente un mentiroso o tiene muchísima imaginación. ___ Máximo Simonelli Hace 12 horas también soy Médico y conozco muy bien ese Hospital, mi padre trabajó en él durante casi 40 años, y hasta incluso hice practicas y una rotación en la Maternidad... la marginalidad y las situaciones de violencia que se viven en ese y en casi todos los hospitales son ciertas y muchas. Pero desapruebo absolutamente el lenguaje crudo y vulgar utilizado y el intento burdo de "ventilar" situaciones que son una mezcla de folklore y mito urbano, como el naturalizar el sexo con pacientes dentro del Hospital. Creo que nuestro rol social esta demasiado derroido como para que se publiquen este tipo de notas. No soy ningún moralista, pero Dr. Doria, es usted una vergüenza para la profesión. ___ Carmen VehrHace 11 horas El relato me gustó, pero favor díganme en donde trabaja este médico, para no llevar a esa guardia a nuestros hijitos, nietitos, bisnietitos...
Que los estudiantes de medicina que realizan sus últimas guardias de práctica antes de recibirse realicen fiestas para celebrarlo no es extraño. Tan habituales son esas fiestas, que cuando las programan contratan a otros estudiantes para que trabajen mientras ellos celebran. La madrugada del 30 de abril fue una de esas noches, pero ninguna persona fue contratada para cubrirlos. La Emergencia del Hospital de Clínicas estaba casi al tope de pacientes. Según pudo saber El Observador, un interno de los 10 que estaban de guardia llevó en una camilla el cuerpo de una persona que había fallecido hacía menos de 15 minutos y lo sumó a los festejos en el cuarto de internos, donde otros ocho alumnos bailaban, fumaban y tomaban alcohol con luces sicodélicas que ambientaban el lugar. Por la mañana, la dirección del hospital recibió una denuncia que derivó en una investigación de la Facultad de Medicina y que tendrá su resolución la semana próxima. De Emergencia a un festejo Sobre la una de la madrugada, los médicos y los internos que estaban en una de sus últimas guardias en el hospital universitario, se retiraron al cuarto médico a cenar. Junto a ese cuarto está el de los propios internos, que es utilizado para descansar mientras no tienen que atender pacientes. Pero allí lo menos que hubo fue descanso. Los estudiantes corrían por los pasillos de la Emergencia, entre pacientes y acompañantes, y entraban y salían del área de enfermería gritando insultos, según relataron testigos del hecho. Las horas pasaban, y solo uno de los 10 internos se preocupó de atender a los pacientes. Sobre la hora 4, uno de esos pacientes murió. Era un hombre mayor que estaba en la Emergencia hacía varios días y al cuidado de un familiar. Testigos relataron a El Observador que una vez que el hombre murió, su familiar se despidió y aceptó que comenzaran los trámites para trasladarlo a la morgue. Los médicos colocaron el cuerpo en la camilla y lo dejaron en un corredor, tan solo unos minutos. Uno de los internos vio el cuerpo y aprovechó que no había nadie supervisando para llevárselo. De esa forma, el cadáver llegó al cuarto de internos donde se realizaba el festejo por el fin de cursos, dentro del hospital. Los nueve internos que participaron del episodio están siendo investigados por la Facultad de Medicina, y el abogado del hospital es quien está recabando los detalles de lo ocurrido. Repercusiones El Sindicato Médico del Uruguay (SMU) y la Asociación de los Estudiantes de Medicina (AEM) repudiaron la actitud de los alumnos, aunque no resolverán ninguna medida hasta que no haya una definición por parte de la facultad. La dirigente de AEM Sofia Kohn dijo a El Observador que a nivel del gremio de estudiantes repudian “a priori cualquier tipo de acción cometida por cualquier y en cualquier situación, que comprometa la dignidad en la atención y la humanización”. Por su parte, el presidente del SMU, Julio Trostchansky señaló que lo ocurrido “lleva implícita la condena y la penalización” del gremio de los médicos, así como la “búsqueda de mecanismos de implementación de prevención”. “Respetamos el proceso de la investigación pero condenamos cualquier tipo de actividad que esté fuera del marco ético”, dijo a El Observador. La Unión de Trabajadores del Hospital de Clínicas emitió un comunicado en el que, al igual que médicos y estudiantes, expresa su “repudio” y aclara que “ningún funcionario no docente está implicado”, en el episodio. “Queremos expresar toda nuestra solidaridad con la familia del paciente fallecido y nuestro compromiso con los usuarios y defensa de los valores éticos que siempre nos ha caracterizado”, agregan. Aunque el decano de la Facultad de Medicina, Fernando Tomasina, prefirió no dar detalles sobre lo ocurrido ni referirse al hecho directamente, publicó una carta en la página web de la facultad en la que manifestó su “profundo dolor” y “enojo”. “Nuestra institución históricamente apeló a la excelencia profesional, la rigurosidad científica, sin descuidar en ningún momento los valores éticos y el compromiso social que deben guiar nuestra práctica profesional”, sostuvo. El director del Clínicas, Víctor Tonto tampoco quiso dar detalles pero lo definió con una expresión popular: “La capacidad de asombro, no tiene límites”. @GallinaBelieber