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Primer post: 25 abr 2013Último post: 25 nov 2017
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Un paseo por el clientelismo de La Matanza en el colectivo..
InfoporAnónimo10/28/2013

Un paseo por el clientelismo de La Matanza en el colectivo 678 El escolar 678 recorre las escuelas entre los monoblocks de la Tablada y la villa Puerta de Hierro LA NACION se subió a un micro que lleva gratis a votar a los vecinos de La Matanza; la boleta del Frente para la Victoria, incluida en el boleto "Muchacho... ¿a dónde vota?", gritan desde arriba del colectivo. Son las 9.15 en Ciudad Evita. "Eh Don... voto en la escuela 150", responde un adolescente, al final de una larga fila. La jefa del micro, un bus último modelo de la empresa Almafuerte, recita de corrido nueve escuelas, casi todas las del barrio, menos la 150. "No te preocupes, en un ratito pasa otro bondi", lo consuela. Igualmente, Giselle tiene éxito: otras seis personas se suben al interno 35. El Partido Justicialista volvió a poner toda su estructura a disposición del kirchnerismo en La Matanza. Para cualquier manual de política, los 909.806 votos del partido más grande de la provincia de Buenos Aires son clave. Micros para llevar a la gente a votar, miles de carteles con la cara de Cristina Kirchner y fiscales para ponerle el cuerpo a los votos, incluso en una elección sin sobresaltos. Doce minutos. Eso es lo que demoran los colectivos que circulan frente a la Escuela n°18, en Ciudad Evita. Son las 9.27 en Cristianía y Crovara. Otro bus, esta vez un escolar, patente TAT 678, frena en la parada que habitualmente utiliza la línea 91. El "escolar 678" no tiene el recorrido de un colectivo de línea, pero tiene más usuarios que cualquier otro. Como si se tratara de un evento especial, sobre el vidrio parabrisas se puede leer un cartel escrito a mano: "Escuelas 164, 168, 152, 21, 508, 186, 171, 151". El bus Almafuerte, interno 306. Ayer no hizo su recorrido habitual, que llega hasta Liniers. En la fila ya son nueve, ocho, siete... suben. Nadie paga. "Ey, maestro", avisa una joven sentada al lado de la máquina que, en un recorrido normal, expende boletos. Extiende la mano y frena el paso de este cronista: le entrega la boleta del Frente para la Victoria que encabeza Martín Insaurralde con la imagen de Néstor Kirchner. Todos los asientos están ocupados. El colectivo recorre los lugares más poblados del barrio. En media hora pasea por los monoblocks de Tablada, por avenida Cristianía y bordea la villa Puerta de Hierro. Una gigantografía del intendente Fernando Espinoza anuncia: "200.000 puesto de trabajo". En plena campaña, el funcionario había sido claro: "La Matanza es San Pablo, la capital de la industria". Entre escuela y escuela, dos hombres de sesenta años hablan de sus hijos, como un día cualquiera. Un joven toca timbre y baja. Como los colectivos de línea, los micros que recorren las escuelas también tienen una terminal: la unidad básica de "Tilo" Chamorro. LA NACION pudo observar cómo los colectivos paraban en la esquina de Juan Domingo Perón y La Mulita. Los internos 35 y 306 de Almafuerte, el TAT 678, otros de color rojo y negro, también los típicos "escolares" anaranjados, algunos con la inscripción "Subcomando 22 de enero", una agrupación peronista de La Matanza. Jorge Luis Borges En la escuela n° 168 de Ciudad Evita votaban unas 4500 personas "Ey pibe... ¿Por qué le sacás fotos al número de mesa?", preguntan LA NACION. Son las 8.44. En la escuela n° 168 Jorge Luis Borges de Villegas había más fiscales que votantes. "Este es un lugar complicado. Acá vota gente del barrio El Tambo y otros pesados de la zona", apunta Gustavo, uno de los pocos representantes de la oposición en el colegio. "¿En qué mesa votás loco?", vuelve a interrumpir un fiscal. De fondo, otra discusión. Un fiscal opositor discute con una presidenta de mesa. El problema es el tiempo para revisar el cuarto oscuro de la mesa 989. "Ya decidimos que vamos a entrar una vez por hora", dice la autoridad, y mira al resto de los fiscales. Los opositores están indignados: sospechan que en ese tiempo pueden desaparecer sus boletas. En la escuela n° 168 Jorge Luis Borges votaban más de 4500 personas. Tito, el asador Choripán improvisado frente a la escuela n° 268 Jorge Luis Borges Votar en la Escuela n° 150 de González Catán puede convertirse en un tour privado. "Eh Don... Venga, pase, deme su documento", avisan desde la puerta del colegio. Dos jóvenes vigilan la entrada, pero no son gendarmes. "Vaya a la cocina y le van a decir en qué mesa vota", indica el más joven, menos de 25 años, camiseta de River Plate. En el domingo electoral, la cocina no sólo cumple función de preparar viandas. "Es la mesa dos- tres-cero-seis. Al fondo a la izquierda", señala el joven, mientras consulta el padrón con una computadora portátil entre ollas y termos. Detrás, sobre la amplia mesada de la cocina, decenas de fajos de boletas del Frente para la Victoria encimadas como un dominó. La puerta de la escuela n° 150 sigue ocupada. "Nosotros acá le damos un servicio a la gente. No está mal lo que hacemos, ¿eh?", justifica el joven, que se balancea sobre la reja de entrada, ante la consulta de LA NACION. No quiere identificarse. Tampoco quiere que este cronista tome fotografías. "Esto es un desastre. Se hacen dueños de la escuela. ¿Sabés de qué viven estos? Son todos de las cooperativas que maneja el Gobierno", dice un fiscal del Frente Progresista. González Catán es una de las ciudades más pobres de La Matanza. Sus 165.002 habitantes no tienen cloacas. El kirchnerismo llegó al 70% de los votos cuando Cristina Kirchner fue reelecta en 2011. En las internas abiertas de agosto, se acortó la brecha con la oposición. Lo mismo sucedió en este comicio, aún con una ventaja mínima: la lista de diputado del kirchnerismo superó por dos puntos a Sergio Massa. "Esta es la capital del choripán", grita un asador. Parrilla improvisada en medio de la vereda. El humo es una brújula entre escuela y escuela. En el barrio Independencia, calles de tierra, el "chori" cuesta 8 pesos. Un Ford Falcon aminora la marcha, lo saluda a los gritos y le pregunta si ya votó. Tito, el asador, se ríe: "Acá no hacemos política. Acá hacemos plata".

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No hay cepo al gasto, hay cepo al ahorro
No hay cepo al gasto, hay cepo al ahorro
InfoporAnónimo10/4/2013

No hay cepo al gasto, hay cepo al ahorro Por TOMAS BULAT Del reportaje a la Presidente emitido el domingo, una de las declaraciones más importantes fue que no hay cepo cambiario. Y dio como ejemplo la cantidad de turistas argentinos que se encontró en la 5ª Avenida de Nueva York y en Moscú. Para ser sincero, tiene toda la razón, el Gobierno no puso ningún tipo de cepo para gastar dólares en el exterior. No solo no puso ningún cepo, sino que subsidia el gasto de dólares en el exterior. La clase media/media alta viaja al exterior aprovechando que compra los pasajes a dólar oficial más un 20% y lo financia con tarjeta a 12 o 18 cuotas sin intereses. No solo eso, estando de viaje puede comprar ropa, teléfonos, artículos electrónicos o cualquier objeto que en el país son carísimos. Ese dólar barato no solo es para los que viajan. Para aquellos que soñaron con tener un auto importado y hasta hoy no podían pagarlo, gracias al no cepo pueden darse el gusto. Comprar un auto alemán, francés o italiano a tipo de cambio oficial, es una oferta difícil de rechazar. También es cierto que una empresa puede importar una máquina gastando esos dólares a $ 5,78. Cepo al ahorro Lo cierto es que hay un cepo al ahorro. No se pueden comprar dólares para ahorrar. El modelo es consistente en ambos puntos. Fomenta el consumo y no el ahorro. Tanto sea en pesos como en dólares. Si uno desea comprar algo en pesos, tiene 12, 18 o 24 cuotas sin intereses. Por lo que a medida que pasa el tiempo la inflación se va comiendo el valor de las cuotas y así es como conviene gastar. Pero si quisiera ahorrar en pesos, un plazo fijo paga 17/18%, que no alcanza a cubrir la inflación. Por lo tanto, tampoco alienta el ahorro en pesos. El problema no es el cepo al dólar, el problema es el cepo al ahorro. Inflación y dólar Todo lo que se había tenido como rumbo y como orgullo de logro económico desde el 2003: superávit fiscal, superávit comercial, tipo de cambio competitivo, dejó de existir desde el 2011. En este 2013 se incrementó el déficit fiscal, también el déficit energético que se consume el ya menguado superávit comercial y finalmente el retraso cambiario continúa creciendo frente a las monedas de nuestros países vecinos. Es claro que los pilares que construyeron los mejores años de la recuperación económica ya no existen más, como tampoco el crecimiento económico. Este cambio en el modelo económico tuvo sus consecuencias políticas en agosto. He leído que muchos piensan que el cepo cambiario ha sido uno de los grandes detonantes del mal humor social y yo no estoy seguro de eso. Creo que la inflación y el retraso cambiario son los más importantes que explican la baja elección del gobierno. Los datos centrales de la elección de agosto fueron dos: n El primero, la derrota del gobierno en casi todas las provincias de la Cordillera, como muestra de lo que sufren las economías regionales el retraso cambiario. Productores de vino, frutas, olivos, limones, tabaco o azúcar están pasando por momentos muy duros sin rentabilidad en su trabajo. Es un sector que no puede defenderse del crecimiento de costos en dólares que le ocasiona la inflación vigente. n El segundo, es que el FpV sacó menor porcentaje de votos en el segundo cordón del Conurbano Bonaerense que en el primero. Es decir que la clase media del primer cordón le fue más fiel al gobierno que la clase más baja. Esto es porque la clase media tiene el subsidio al gasto en dólares, mientras que los pobres tienen el cepo al ahorro y están merced a la inflación. Este dato también se extiende a la Ciudad de Buenos Aires, donde Filmus alcanzó un 8% más de votos que en el 2009. El subsidio a la clase media del gasto en dólares trajo su beneficio político, que se lo llevaron la inflación de los pobres y el retraso cambiario de las economías regionales. No salís, no entrás En el mismo reportaje la Presidente explicó que antes del cepo se podían llevar al exterior u$s 2 millones por mes por persona, lo cual era un disparate. Lo cierto es que mientras se dejaban salir los dólares, las reservas del BCRA subían, en tanto que desde que existe el cepo, las reservas solo bajan. Es posible pensar que no debía ser tan malo dejar salir los dólares, porque la contrapartida era que también entraban. Desde que se puso el cepo salen menos dólares eso es verdad pero el problema es que no entra ni uno más. Es que si no te dejan salir, no volvés a entrar. Sería bueno entender que el problema no es por qué salen los dólares de la Argentina, sino por qué ya no entran.

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Saqueos de la década ganada
Saqueos de la década ganada
InfoporAnónimo12/9/2013

Saqueos de la década ganada En Córdoba no sólo se cuestionó el mito kirchnerista de la inclusión, sino que se reveló la fisura del tejido social ¡En un Audi está robando el hijo de puta! ¡En un Audi!", le comentaba un cordobés a otro, desde lo alto de un edificio en el barrio de Nueva Córdoba, mientras filmaba con su celular los saqueos ocurridos durante la huelga policial. "Que quede una cosa en claro. Esto no es hambre, acá no hubo gente desesperada que se llevaba comida. Acá vinieron a buscar televisores LCD", afirmaba, mirando a cámara con gesto severo, un conductor de informativo televisivo en Buenos Aires. Frases de este estilo se multiplicaron a lo largo de las jornadas de saqueos en Córdoba, en los medios, en las redes de Internet, en los debates políticos (¡los saqueadores subían a sus páginas de Facebook las fotos de lo robado!, ¡se jactaban impunemente del botín conseguido!). Algunos, más proclives a ver conspiraciones, enfatizaron en lo organizados que estaban los saqueadores, con su logística de motos, autos, comunicaciones y lugares donde almacenar lo robado. Para los más cercanos al gobierno, preocupados por rechazar cualquier comparación entre estos hechos y la gran crisis social de 2001, el solo hecho de que los saqueadores llevasen electrodomésticos en vez de fideos era en sí mismos una prueba de que las cosas son diferentes. El mensaje que se podía leer entrelíneas era que, a diferencia de lo ocurrido en otros momentos de la historia reciente, lo que hay ahora son casi "saqueos de la abundancia", algo así como reclamos sociales "de segunda generación". Un subproducto de la recuperación económica, que elevó las expectativas de la población, que una vez cubiertas sus necesidades de trabajo y alimentación, ahora demanda acceso al consumo y a mejores servicios. La realidad, claro, es que estas interpretaciones equivocan totalmente el punto. Primero, porque el hecho de que alguien robe un televisor no es, en absoluto, una prueba de que tiene sus necesidades básicas satisfechas. El saqueador hace lo que haría cualquier persona: actuando con perfecta lógica económica, prioriza lo más valioso y fácil de transportar, ya sea con el fin de venderlo o de disfrutar de ese bien. Y segundo, porque como ya han observado los sociólogos, los sectores pobres de hoy se distinguen por haber abrazado al consumo como valor y como señal de identidad. Lo cual no es una señal positiva, sino muchas veces un síntoma de resignación: ante la certeza de que ciertas metas tradicionales de la movilidad social (mejorar su casa, mudarse a un mejor barrio, ingresar al sector formal de la economía) son inalcanzables, maximiza su bienestar presente, dándose gustos relativamente caros. Es así como, para incomprensión de la clase media, los habitantes de barrios marginales invierten un alto porcentaje de su ingreso en vestir ropa deportiva de primera marca o se comunican con celulares de alta gama. Pero ninguna de estas conductas implican un abandono de la situación de marginalidad. De todas formas, incluso cuando estos saqueos parezcan menos "desesperados" que los de 2001 no implica un motivo de despreocupación, sino más bien lo contrario. A fin de cuentas, de las crisis económicas siempre es posible recuperarse, pero de las rupturas del tejido social no es tan fácil salir. Sin esperanza en la movilidad social ascendente, los saqueadores toman al pie de la letra la promesa K del "consumo para todos". Los saqueos son apenas un síntoma, la punta visible de un iceberg. "Esto es inédito. Ni en el estallido de 2001 ni en el 89 con la hiperinflación vimos saqueos a casas particulares. Esto implica volver a un estado de naturaleza donde desaparecen el Estado y la ley y en el cual volvemos a una situación de todos contra todos", se alarma Sergio Berensztein, director de la consultora Poliarquía. Y su análisis apunta directo al centro del problema. Porque, aunque hubo ladrones profesionales, lo que sin dudas ha quedado en evidencia es que los saqueos fueron masivos, y que a los grupos organizados que iniciaron los disturbios le siguió el resto de la población civil. Las imágenes de mujeres y niños llevándose lo que pudieran de los mismos supermercados donde cotidianamente realizan sus compras dieron la pauta de la gravedad del fenómeno. Así lo describió Oscar Vera Barros, concejal cordobés, en el diario La Voz: "Hemos visto en televisión cuando un periodista, al observar a un señor llevándose (robando) una mesa sin mayor valor económico, le preguntó si necesitaba esa mesa, a lo que el hombre respondió sin mucha convicción ‘Y... sí'. El periodista le repreguntó si no le parecía mal lo que estaba haciendo, a lo que la respuesta fue: ‘Bueno, todos lo están haciendo, pero si quiere, la dejó'. Y la dejó. Eso muestra que muchos de los saqueadores estaban haciendo lo que los demás hacían y que, al parecer, hay que ser estúpido para no aprovechar la situación". Y su conclusión es que es un grave error pretender reducir lo ocurrido a un mero disturbio causado por la huelga policial. Lo realmente grave, insiste, es constatar que desaparecieron los "frenos inhibitorios". Ahí es donde reside el problema de cuya dimensión recién se están notificando los analistas políticos: la naturalización del robo, la ruptura del "contrato social" en la Argentina (ese contrato que establece que, más allá de si hay o no hay un policía vigilando, no se debe robar simplemente porque está mal). "Decir, como dicen los gobiernos, que estos saqueos no son un problema político sino delincuencial es demostrar una vez más su tontería. El problema político que tienen, que tiene todo su sistema, es la caída de la vigencia de su discurso básico: el respeto por la propiedad. Si lo único que hay entre los bienes ajenos y su apropiación son las balas de la policía, están al horno: no hay suficiente policía, no hay balas suficientes", observó con acierto Martín Caparros en el diario madrileño El País. Lo que los saqueadores de Córdoba han puesto en cuestión, en definitiva, es algo que trasciende largamente a la eficiencia de la gestión policial en Córdoba. Lo que hoy aparece cuestionado es uno de los grandes mitos del "relato" kirchnerista: el de la distribución de la renta y la "inclusión social" como gran logro tras una década de gobierno. Los disturbios muestran que no sólo persiste la pobreza sino que, además, hay una situación de marginalidad entendida desde el punto de vista cultural: una gran porción de la población ya no comparte los valores tradicionales según los cuales el consumo es el reflejo del esfuerzo personal, fruto del trabajo y el ahorro, en una sociedad que permite la movilidad social ascendente. Esto es lo que no logran entender quienes se aferran a las teorías conspirativas, con el argumento de que hoy la estadística de desempleo es un lujo si se la compara con el 2001. "Los indicadores imaginarios que aluden al descenso de la pobreza sucumben cuando aparece la impunidad para cargarse un supermercado", comenta el siempre filoso Jorge Asís, para quien lo que ha quedado en evidencia es un rasgo de inocultable rencor social. "El excluido que lega la ‘década ganada' no contiene los rasgos poéticos de resignación que signa la miseria haitiana. El excluido marginal de hoy está peor que el de 2001. Se encuentra culturalmente excitado por el relato de la ‘inclusión social'". Ya el año pasado, cuando el epicentro de los disturbios fue Bariloche y el gobierno repetía los mismos argumentos que se esgrimen ahora, el filósofo Tomás Abraham respondía con sarcasmo a los intelectuales K: aseguraba que para ellos los saqueos eran producidos por "un universo de incluidos que no saben que lo son". Mientras tanto, los comunicadores continúan su debate sobre si las imágenes de saqueadores con LCD son producto del hambre o de la conspiración. Y se les escapa lo obvio: que no es condición indispensable tener hambre para convertirse en saqueador, una vez que se han roto las redes de contención en el tejido social. A su modo, los miles de argentinos que vaciaron los supermercados y locales de electrodomésticos (y que luego, con indisimulado orgullo, mostraban en Facebook los artículos robados) están demostrando es que se tomaron en serio, en el sentido más literal posible, la promesa kirchnerista de que habrá consumo "para todos".

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El ajuste populista en marcha
El ajuste populista en marcha
InfoporAnónimo1/25/2014

El ajuste populista en marcha Al final de cuentas, los pronósticos sobre el destino del “modelo” y la economía K, formulados por numerosos economistas y observadores políticos, no resultaron tan desacertados. Por Daniel V. González Ya es harto evidente la existencia de serios desajustes y diversas tensiones macroeconómicas que resulta complicado ordenar sin algunos sacudones como el que estamos viviendo. Todo indica que el gobierno no tenía razón y que estuvieron acertados los que advertían sobre el rumbo emprendido hace ya varios años. Repasemos algunos hechos para encontrar el sentido secuencial de lo que está pasando ahora. Ayer el dólar libre quebró la barrera de los 13 pesos y el oficial llegó a 8.30, cerrando a 7.79. El dato nuevo es que el gobierno ha decidido acentuar el ritmo de devaluación del peso. Para que podamos tener una idea más ajustada de las magnitudes, recordemos, por ejemplo, que el dólar oficial tenía un precio de $4.97 hace exactamente un año. Esto significa un aumento del 57% en ese período de tiempo. En los días que han transcurrido de este año, el aumento es del 19%. Desde que asumió este equipo económico el 20 de noviembre pasado, el incremento del precio de la divisa extranjera ha sido del 29%. Las señales entonces son inequívocas acerca de la intención del gobierno de sancionar un fuerte incremento del tipo de cambio pese a que a lo largo de estos años ha estado sosteniendo con firmeza la inexistencia de un retraso cambiario. Un mundo feliz Hasta 2008 los políticos kirchneristas y los teóricos y publicistas del modelo se jactaban de varios parámetros decisivos. Los superávit gemelos, que significaban la concurrencia del superávit fiscal y el superávit comercial. Claro que no se trataba de una determinación de la política económica sino de las especiales condiciones del mercado mundial que había catapultado los precios de nuestros productos de exportación, lo que permitía al estado –vía retenciones- acomodar las cuentas públicas con ingresos extraordinarios. Pero además, todos los teóricos del modelo consideraban al tipo de cambio alto, llamado eufemísticamente “competitivo”, como uno de los pilares esenciales del programa económico en marcha. Como se sabe, un tipo de cambio elevado encarece los productos importados y favorece nuestras exportaciones, todo ello muy a tono con la política proteccionista que forma parte del ideario Nac&Pop. Pero el tipo de cambio alto tampoco fue una decisión del gobierno sino que fue la consecuencia del estallido de la convertibilidad, a fines del 2001. Con lo cual, este gobierno heredó un tipo de cambio alto y una situación internacional altamente favorable, con precios de los alimentos que se triplicaron, lo que significó altos ingresos para el país y para el estado. Por supuesto que, desde el oficialismo, todo fue adjudicado al “modelo” implementado pero en realidad, las variables esenciales estuvieron acomodadas por factores exógenos a la política económica. El fin del comienzo La crisis con el campo significó un cambio de escenario. Ya se anunciaba la ambición del gobierno de redoblar la presión impositiva, algo que luego ocurrió. Pero además, la crisis de comienzos de 2008 llevó a la derrota electoral de 2009 y ella a un reforzamiento de los estímulos económicos sostenidos en la expansión del gasto público a fines de recuperar los votos perdidos. La estrategia fue exitosa pues el kirchnerismo triunfó con gran amplitud en los comicios presidenciales de 2011 pero se abrió la puerta a numerosos problemas que recién ahora están saliendo a luz. Y en todos está el ADN populista: el direccionamiento de la economía hacia el gasto con fines electorales. Subsidios al transporte, a la energía, planes sociales, subsidios directos a los necesitados y toda una gama de gastos pretendidamente redistribucionistas que con el tiempo fueron generando las condiciones para que la inflación se descontrolara como hacía largos años no ocurría. Y tras la inflación y los ajustes que sobrevienen, es dudoso que la situación de los más pobres resulte mejor, a la postre. Pero el gobierno estaba preparado para dar una respuesta en el nivel que más le interesa: el del discurso. A la inflación creciente, se la combatió con una intervención en el INDEC. Los índices de precios comenzaron a inventarse. Pero, claro, eso no alteraba la realidad de las cosas. Los precios continuaban subiendo, las demandas salariales reflejaban ese aumento. La espiral inflacionaria se alimentaba cada día. Pero el tipo de cambio permanecía quieto, clavado. Hubo quienes comenzaban a advertirlo, por supuesto. Los exportadores, por ejemplo. Especialmente los que no contaban con precios de venta privilegiados como el campo. Apareció Cristiano Ratazzi, de la FIAT y anunció que se avecinaban problemas con el tipo de cambio. Más dramático fue el caso de Nucete, un empresario exportador de aceitunas de La Rioja, quien directamente anunció que con el dólar vigente, debía cesar en sus exportaciones. Incluso el economista oficialista Aldo Ferrer, antes de partir a su destino diplomático parisino, advertía diariamente sobre la necesidad de que el tipo de cambio recuperara competitividad. Pero el gobierno no se daba por enterado. Y el coro de periodistas y medios sostenidos por el presupuesto contribuía a explicar al país que el nivel del tipo de cambio era el correcto, que toda demanda de devaluación era producto de la ambición empresaria, siempre desmedida. El público (o sea, el mercado) percibió claramente lo que pasaba: el dólar era el producto más barato del mercado. Con gran racionalidad, la gente comenzó a comprar y a ahorrar dólares. Entonces llegó el cepo cambiario. La presidenta bromeaba. Se reía del abuelito amarrete que no podía comprar 10 dólares para regalar a sus nietos, se reía del amigo de Máximo Kirchner que aconsejaba comprar dólares a 4.65. Moreno pensó que todo se iba a calmar con un par de amenazas a operadores de la City. Aníbal Fernández anunció que el lunes por la mañana el dólar abriría a 5.10. Tanta estupidez de unos y otros ahora queda en evidencia. El principio del fin Con la puesta en evidencia de los problemas, el discurso K ha comenzado a dispersarse. Son habituales las diferencias de criterio entre miembros del gabinete nacional. El Jefe de Gabinete adjudica la suba del precio del dólar al libre juego de la oferta y la demanda, según anunció con cierta amargura por haber tenido que resignarse a la vigencia de las leyes del mercado. Pero resulta inevitable que, en los próximos días el discurso vaya unificándose en torno a una explicación que exima de responsabilidad al gobierno y vuelque las culpas hacia un difuso “golpe de mercado”, explicación que refleja toda la impotencia y la inepcia del elenco gobernante. Hacía más de diez años que los empresarios no actuaban como ayer: se consultan entre ellos, estaban pegados a la computadora buscando información de último momento, se negaban a dar precios de los productos que venden, algunos hasta estudian la posibilidad de cerrar “por balance” durante un par de días hasta que todo se vaya aclarando. Es preciso entender que la economía no ha llegado a ningún lugar inesperado sino al puerto correcto a donde la lleva siempre el populismo: una situación de crisis de la que no se hace responsable. El populismo descree de la existencia de leyes económicas inexorables. Cree en la supremacía de la política sobre la economía pero da a este lema un sentido chabacano y elemental pues piensa que de él se deduce que puede hacerse cualquier cosa, violar cualquier ley económica, administrar los recursos de cualquier modo pues la voluntad política luego puede arreglar todos los problemas y limitaciones que pueda plantear la economía. Pues bien, ahí están los resultados. Hasta ayer el gobierno cuestionaba a quienes demandaban un ajuste cambiario. Argumentaba que provocaría inflación y transferencia de ingresos en contra de los más pobres. Y es, efectivamente, así. Pero resulta inevitable. No hay opciones buenas en una situación como la actual. El ajuste ha llegado. Pero que se note lo menos posible. Quizá sea obedeciendo esta consigna que hace un par de días la presidenta reapareció para informar sobre la creación de un nuevo subsidio. Esta vez para quienes no trabajan ni estudian. Con una mano, se entrega un subsidio, con la otra se promueve la inflación que perjudica a todos y, además, termina bajando el nivel de actividad económica. El populismo ha comenzado a mostrar su rostro más ominoso. Pero este tramo final recién empieza.

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La última batalla cultural del kirchnerismo
La última batalla cultural del kirchnerismo
InfoporAnónimo2/12/2014

La última batalla cultural del kirchnerismo La última batalla cultural. El "relato K" escribe el episodio de cómo el gobierno fue víctima de un sabotaje que disparó la inflación. Lo curioso es que ambos bandos creen estar perdiendo. En el ranking de discusiones y análisis inútiles, figura bien arriba el debate sobre qué tan efectivo puede ser el nuevo control de precios con la muchachada de "La Cámpora" haciendo de policía antiinflacionaria. A fin de cuentas, como afirma un análisis de la consultora Economía & Regiones, "seguimos haciendo lo que hace 4.000 años se sabe que no da resultado". Y cita el libro "Cómo no combatir la inflación", de Robert L. Schuettinger y Eamonn F. Butler, que afirma: "La recopilación histórica muestra una secuencia uniforme de fracasos reiterados. En realidad no existe un solo caso en la historia en el que el control de precios haya detenido la inflación o superado el problema de la escasez de productos". Sin embargo, reconocen los autores, la abundante evidencia sobre la falta de resultado de este método no impide que, de vez en cuando, haya países que sigan recurriendo al viejo remedio. Lo cual plantea la interrogante de cuál será el motivo de fondo para probar un remedio fracasado. ¿Será que, en el fondo, el objetivo final de esa medida no es realmente el freno a la suba de precios, sino ganar una nueva batalla cultural, la de echarle la culpa a otro? Si hasta la propia Cristina Kirchner ha reconocido públicamente -el año pasado, cuando se lanzó la primera versión del congelamiento- que no le tenía mucha fe a este tipo de metodología para impedir los aumentos. De hecho, hace mucho tiempo que el gobierno no niega que haya inflación, sino que más bien da la sensación de que su prioridad es imponer la idea de que no sólo no es responsable sino que hasta es víctima de conspiraciones y la ambición de las grandes empresas. Una vez más, la pelea de fondo pasa por saber quién gana "el relato". Lo cual, por supuesto, no podrá impedir que el precio de la botella de aceite siga su curso ascendente, pero influirá a la hora de que la gente elija hacia quién dirigir su enojo. Es, todavía, una batalla con final abierto, a la que Cristina Kirchner le asigna una importancia prioritaria. A diferencia de otros episodios donde ganó ampliamente el favor de la opinión pública (como la estatización de YPF, hábilmente ligada a valores afectivos, y que contó con un abrumador 85 por ciento de aprobación), la disputa por los precios está lejos de tener un ganador. "SÓLO EN ARGENTINA" Lo curioso es que, en esta nueva batalla cultural, ambos bandos creen estar perdiendo, y por eso la lucha se hace más encarnizada. Desde el lado de los economistas, sobre todo los más proclives a la ortodoxia, resulta insólito que en un país con la memoria histórica de décadas de inflación -incluyendo episodios de "hiper"- exista todavía espacio para las teorías conspirativas y que haya gente dispuesta a creer que si la yerba aumenta es por culpa de la ambición desmedida del supermercadista chino de la otra cuadra. Así, se puede leer artículos que tratan, de manera didáctica, la visión monetarista de la inflación. Como el de Roberto Cachanosky, que explica que lo que hace el Banco Central al aumentar cada año un 40 por ciento más de pesos que el año anterior equivale a pretender implantar las barras de hielo como moneda de un país. "Si la barra de hielo pesaba cinco kilos, el que la recibe al final tiene una barra de hielo de 1 kilo y puede comprar menos que el que la recibió primero con los cinco kilos", explica Cachanosky. Y en su analogía monetaria explica que, de la misma manera que la gente trataría de sacarse de encima el hielo lo antes posible, lo mismo ocurre con los billetes: "Los primeros en recibir esos pesos todavía no sufrieron el impacto de la inflación, pero a medida que esos pesos van circulando los últimos en recibirlos pierden poder de compra". En cambio, desde las filas de los ideólogos K, se nota una preocupación por cómo los liberales han logrado imponer la idea de que la inflación es la consecuencia natural y automática de la emisión de moneda, una creencia que consideran en vías de extinción en todos los países del mundo. Han sido bien expresivos sobre este punto los principales funcionarios, que han llegado a lamentarse por el hecho de que "solamente en Argentina se mantiene esa idea de que la expansión de la cantidad de dinero genera inflación". Y dejó en claro que la batalla cultural consiste en hacer entender que si hay inflación no es porque el gobierno ponga demasiados pesos en manos de los consumidores (en la jerga económica "exceso de demanda" ) sino por problemas en la oferta. O sea, que si los precios aumentan es porque la producción de bienes no aumenta al mismo ritmo que la demanda, y eso ocurre porque los empresarios prefieren producir menos y ganar más por cada unidad, antes que aumentar el volumen y tener márgenes bajos. Desde la visión ortodoxa, el argumento de que no hay una relación directa entre emisión e inflacion es casi como cuestionar la ley de la gravedad. Tanto que se asombran de que la Argentina "solamente en Argentina" un funcionario pueda hacer un planteo de ese tipo. "Hay tanta evidencia de que el aumento en la cantidad de dinero genera inflación en el largo plazo, que es uno de los hechos estilizados de la economía, como que el aumento del precio de un bien induce a una reducción en la demanda del mismo", escribió en un artículo Martín González Eiras, investigador del Conicet, que no duda en calificar como "ridícula" la definición de la presidenta del Central. El mismo planteo kirchneristafue luego defendido por Axel Kicillof, en el Congreso. Astutamente, eligió rebatir el argumento "ortodoxo" señalando que en los países del"primer mundo" los gobernantes están dándole a "la maquinita" con entusiasmo, sin que nadie tema que eso puede ser inflacionario. "Para los que piensan que la emisión es la causa exclusiva del incremento de precios, les recuerdo que vivimos en un laboratorio de expansión monetaria. Estados Unidos cuadruplicó su base monetaria, la Unión Europea la duplicó y el Banco de Inglaterra la cuadruplicó. ¿Y en esos países hay riesgo de inflación? No, hay riesgo de deflación", provocó el viceministro. Nuevamente, desde la vereda de enfrente se contraatacó con munición gruesa. Como Lucas Llach, docente de la Universidad Di Tella y el más notorio de los bloggers de economía, quien acusó a Kicillof de no entender el concepto de la demanda de dinero. En otras palabras, acusó a Kicillof de no darse cuenta de la diferencia entre emitir un dólar y un peso. Así, explica que, a diferencia de lo que ocurre en la Argentina, donde la gente no quiere guardar pesos, lo que ocurrió en Estados Unidos fue "un pánico generalizado que hizo que el público y los bancos prefirieran cash más que otros activos. En otras palabras: aumentó mucho la demanda por base monetaria, de modo que abastecerla no fue inflacionario. Bancos y personas estaban ansiosos por recibir esas inyecciones monetarias". En la misma línea, Nicolás Dujovne, ex economista jefe del Banco Galicia, señaló lo desatinado de comparar la situación de los dos países: "Los americanos emitieron para suavizar el ciclo económico y evitar una depresión. Para los argentinos, aplicar esa receta sería como darle cafeína a un insomne". LA CAJERA Y EL TAXISTA Todos los días se disputa un nuevo round de esa pelea, y a cada rato surgen evidencias de cómo cada parte cree estar perdiendo. Así, por ejemplo, el economista Eduardo Levy Yeyati se lamenta en un artículo sobre cómo la cajera del supermercado, al ver militantes con pechera monitoreando precios en las góndolas, expresó: "Ojalá encuentren muchos precios altos y los hagan mierda a esos hijos de puta". Levy considera esa anécdota como el reflejo de "la victoria cultural (o la derrota cultural, según se mire) de un relato que logró imponer cuentos folclóricos como verdades económicas". Y se pregunta cómo fue que esa creencia de que los comerciantes provocan la inflación terminó por transformarse en el sentido común. "¿Se trata de una conciencia "ganada" en la década pasada, o de una creencia ancestral y latente que la retórica del gobierno sólo legitimó y liberó de prejuicios? ", interroga Levy, preocupado por cómo esta convicción conlleva a considerar que siempre la culpa es del otro y, por lo tanto, lleva a "una complacencia paralizante". Tal vez lo consuele el hecho de saber que, en la vereda de enfrente, hay un profundo lamento por cómo "la ortodoxia" ha logrado que la noción que iguala la emisión monetaria con la inflación hay triunfado hasta transformarse en un concepto casi intuitivo El economista y periodista Alfredo Zaiat, se lamentó en un reciente artículo en Página 12 sobre cómo esas ideas se han "diseminado con notable éxito sobre el sentido común". "La emisión de dinero es igual a inflación, consigna sencilla para repetir en el supermercado, en un viaje en taxi, en diálogos en el subte, reuniones sociales y en todo medio de comunicación al alcance. No es habitual el desafío a esos postulados presentados como ideas sagradas. Será motivo de descenso al infierno para los diablos que intentan profanarlas", se escandaliza Zaiat. Este economista ha ganado influencia en los círculos K, al punto que la propia Cristina Kirchner recomendó en un acto público la lectura de su libro "Economía a contramano" y, en alguna ocasión, repitió cifras y conceptos leídas en sus notas, por ejemplo para desmentir que exista retraso cambiario. Tal vez Zaiat pudiera aprovechar esa influencia para explicarle su argumento a la propia Cristina, quien también en más de una oportunidad ha dado muestras de estar, ella misma, ganada por la idea de que la inflación puede ser causada por la emisión monetaria (ver recuadro). EL PELIGRO DE GANAR De todas formas, con su reconocida cintura para cambiar de discurso y defender con vehemencia lo que antes cuestionaba, ahora la presidenta elevó a la categoría de prioridad máxima del "relato" la noción de que los precios no son remarcados por el gobierno ni los trabajadores, sino por los empresarios. ¿Quién va ganando esta pulseada? De acuerdo con los sondeos, hay algo así como un empate, pero con mal pronóstico para la visión oficial. Un mayoritario 40,7 por ciento cree que hay culpas compartidas por el gobierno y los empresarios, mientras un 35,3 por ciento responsabiliza sólo al gobierno y un 17 por ciento sólo a las empresas, según una encuesta de la consultora Management &Fit. Lo cierto es que hay varios elementos que juegan en contra del gobierno para esta nueva batalla cultural. Uno es la situación internacional: era más fácil argumentar que la inflación era culpa de los especuladores en los años '70 y '80, cuando la inflación era un mal presente en todos los países de la región. En cambio ahora, cuando sólo Argentina y Venezuela tienen aumentos de precio por encima del 20 por ciento, el argumento conspirativo se dificulta. ¿Qué es lo que hace que un empresario argentino sea más perverso que un chileno, brasileño o colombiano? Pero, en todo caso, suponiendo que el gobierno gane su batalla, lo interesante es ver qué ocurrirá después. Después que todos los supermercados son sancionados, después que los empresarios sufran la sanción moral y hasta puedan ver sus compañías intervenidas o estatizadas, pero la inflación siga tan firme como antes... ¿seguirá teniendo validez la visión conspirativa, o el argumento se volverá en contra en un efecto boomerang? Es el gran riesgo de gobernar para el "relato". Aun las batallas culturales ganadas, a la larga, pueden ser victorias pírricas.

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El mito de las reformas en Alemania
InfoporAnónimo9/15/2013

El mito de las reformas en Alemania La buena situación del país es consecuencia de las fortalezas tradicionales de la industria y de las relaciones laborales en las empresas. No tiene nada que ver con la Agenda 2010 que se lanzó a principios de siglo Por HOLM-DETLEV KOHLER Un fantasma recorre Europa: Alemania va bien porque hizo las reformas estructurales necesarias a tiempo y ahora toca a los países en crisis hacer lo mismo. Así vende Angela Merkel la Agenda 2010 de los años 2003-05, llenando de orgullo a su antecesor socialdemócrata Gerhard Schröder, que se siente ahora como auténtico artífice del milagro del empleo alemán.El presente artículo pretende desmitificar este discurso tan imponente en dos pasos. Primero aclaramos los verdaderos efectos de las reformas para después analizar las auténticas fortalezas de la economía alemana. Durante dos décadas, Alemania figuraba en la opinión pública como el paciente enfermo de Europa, con altos gastos sociales y costes laborales, un mercado laboral muy rígido y estructuras corporativistas con una amplia participación de los agentes sociales en la gestión pública. Frente a esta situación alarmante el gobierno de Schröder aprobó a finales de 2002 la famosa Agenda 2010, también conocida como reformas Hartz en alusión al presidente de la comisión de expertos Peter Hartz, amigo de Schröder y jefe de personal de la multinacional Volkswagen, condenado en 2007 a dos años de cárcel por varios delitos de corrupción y sobornos al comité de empresa en forma de viajes de lujo a Brasil con prostíbulo incluido a cargo de la empresa. Las cuatro leyes Hartz consistieron en la creación de Agencias de Servicios Personales en las Oficinas de Empleo (Hartz I); el fomento del autoempleo y los mini-empleos' con sueldos inferiores a 400€ al mes carentes de contribuciones sociales (Hartz II). Las oficinas de empleo se convirtieron en job-centers para sus clientes (parados) (Hartz III). Por último, el sistema de prestaciones por desempleo sufrió una importante reestructuración, reduciéndose los beneficios contributivos y fusionándose el sistema de subsidios para desempleados de larga duración con otras ayudas sociales no contributivas para personas sin ingresos (Hartz IV). ¿Cuáles han sido los resultados de la Agenda 2010? El efecto más inmediato y profundo ha sido la dualización del mercado de trabajo con un amplio sector de mini-empleos y empleos subcontratados (más de siete millones de personas) con grandes dificultades de inserción en el mercado laboral regular. Cada vez más personas quedan atrapadas entre empleos por 1€/hora, mini-salarios subvencionados y la vuelta al paro, mientras en el otro mercado laboral la carencia de profesionales cualificados atrae a los nuevos inmigrantes bien preparados y se ha convertido en un serio problema para una economía que gozaba antes del mejor sistema de formación profesional del mundo. Se calcula un porcentaje mayor del 20% de los asalariados alemanes pertenecientes a la categoría de trabajadores pobres, un altísimo valor en el marco europeo y una brecha salarial y social desconocida en la Alemania de la post-guerra. Más desigualdad y más pobreza en medio de una economía boyante es el efecto principal de las famosas reformas. La amplia gama de medidas de flexibilidad interna facilita la vida a las empresas durante las crisis Otros efectos han sido una gestión cara y caótica en los nuevos job-centers con personal no preparado y desbordado por las nuevas demandas; una inseguridad jurídica que ha generado miles de demandas judiciales, más de 50 decretos correctores de errores y dos sentencias del Tribunal Constitucional en contra de artículos de las leyes reformistas. Gran parte de las medidas introducidas han sido abandonadas por defectos jurídicos o por disfuncionalidades prácticas. Así, las famosas reformas estructurales del Gobierno alemán han tenido efectos socioeconómicos, administrativos y jurídicos nefastos y representan la mayor chapuza jamás aprobada por un parlamento de la República Federal de Alemania. ¿De dónde viene entonces la relativa buena marcha actual de Alemania? Realmente, la economía alemana contradice las certidumbres más firmemente establecidas de la ciencia económica: no es una economía de servicios, sino industrial. El sector servicios se articula alrededor de un fuerte núcleo industrial; no es, tampoco, una economía de nuevas tecnologías, sino de sectores de intensidad tecnológica media; no es una economía con un mercado liberalizado, antes bien, este se encuentra densamente regulado; además, se trata de una economía con altos costes salariales e impuestos relativamente altos, con sindicatos influyentes y mucha intervención pública. Alemania tampoco deslocalizó las partes más intensivas de mano de obra a países de bajo coste, sino que ha mantenido sectores industriales integrales en su territorio. El fundamento de la fortaleza económica alemana sigue descansando sobre sectores industriales tradicionales' como el de la construcción de vehículos y de maquinaria, la química, la electrotécnica, la tecnología médica, los aparatos ópticos y la protección del medioambiente; todos ellos articulados alrededor de una amplia variedad de grandes y medianas empresas fuertemente orientadas al liderazgo en el mercado global. Esta fortaleza resiste incluso a las malas políticas económicas de los gobiernos y ha permitido a las empresas alemanas reorientar sus estrategias de exportación hacia los mercados emergentes, con China a la cabeza. El 'milagro' es obra de los empresarios y los sindicatos alemanes; no de sus políticos y banqueros La fortaleza alemana tiene su fundamento último en unas relaciones laborales cooperativas y en la participación activa de los sindicatos en la gestión de las empresas. Fueron, de hecho, los sindicatos los que convencieron a las empresas a renunciar a la flexibilidad externa o ajuste vía despidos y negociaron una amplia gama de medidas de flexibilidad interna con cálculos anuales de horas de trabajo, sistemas variables de jornada laboral y la exitosa solución del Kurzarbeit. El trabajo corto facilita a las empresas la puesta en práctica de reducciones temporales del tiempo de trabajo para capear los temporales sin deshacerse de su capital humano, mientras las oficinas de empleo subvencionan programas de formación continua y reciclaje profesional, además del 60% del salario de las horas no trabajadas. La negociación colectiva de estas medidas ha sido responsable de salvar alrededor de tres millones de puestos de trabajo desde 2008 y ha sido esta mano de obra retenida por las empresas la que ha permitido la recuperación acelerada de la economía alemana. Simplificando, un empresario alemán aprovecha los momentos de coyuntura económica expansiva para invertir en nuevos equipamientos y tecnologías, que le permiten mejorar la productividad de su empresa y la competitividad de sus productos, y pacta con los sindicatos medidas de reducción de jornada y de formación continua en tiempos de crisis, que le permiten retener mano de obra cualificada. Mientras, un empresario español contrata en épocas boyantes mano de obra barata a través de contratos temporales, lo que no le permite mejorar ni en productividad ni en competitividad, y después opta por el despido masivo y se aprovecha de la crisis para exprimir a los empleados restantes. Por eso, la productividad aumenta en Alemania en tiempos de crecimiento y desciende durante las crisis. Justo lo contrario que en España, donde los pocos trabajadores que quedan deben trabajar mucho más que antes. En la década anterior a la crisis, los costes laborales nominales por unidad producida crecieron en España un 30% (igual que en Grecia y Portugal). En Alemania el aumento fue de un 1,8%. La tasa de inflación fue en España constantemente superior a la media europea; en Alemania fue inferior, lo que implica una ganancia relativa en competitividad. En fin, mientras España se emborrachaba de una burbuja con dinero fácil, Alemania sufría la modernización constante de su base productiva y la costosa incorporación de la economía del este. El milagro alemán es, por lo tanto, consecuencia de las fortalezas tradicionales de la industria y de las relaciones laborales alemanas y no tiene nada que ver con las supuestas reformas de principios del siglo. Realmente, el único acierto de los recientes gobiernos alemanes ha sido la introducción de un paquete de estímulos económicos al inicio de la crisis y el aumento de la cobertura del Kurzarbeit. En resumen, el resto de Europa puede aprender mucho de los empresarios alemanes y bastante de sus sindicatos, pero nada de sus políticos y banqueros. Holm-Detlev Köhler es profesor titular de Sociología de la Universidad de Oviedo.

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Una breve historia de los planes sociales
Una breve historia de los planes sociales
InfoporAnónimo1/13/2014

Una breve historia de los planes sociales Por Laura Vales Los primeros planes de empleo se crearon en 1996, con los levantamientos de Cutral-Có y Plaza Huincul, en Neuquén, tras la privatización de YPF. Fue la respuesta del menemismo a los crecientes niveles de conflicto social. Mientras reprimía a los desocupados y los acusaba de “asociarse para delinquir” (en una de esas puebladas una bala policial mató a Teresa Rodríguez), el Gobierno creó el Programa Trabajar I, un subsidio que tenía una duración de entre 3 y 6 meses. Al año siguiente el entonces gobernador Eduardo Duhalde lanzó en la provincia el Plan Barrios Bonaerenses. El resto de los gobernadores siguieron pasos similares. Eran programas que se distribuían a través de los intendentes y punteros del PJ. Funcionaban con la lógica de la escasez, la de los pocos recursos para hacer frente a muchas necesidades. En 1996, cuando en el país ya había más de dos millones de desocupados, se otorgaron 118 mil planes. Accedía a ellos el que conocía a un puntero o tenía cercanía con la estructura del Estado. Quienes quedaban fuera de este circuito, ya sea por carecer de contactos o por rechazar el clientelismo, podían esperar sentados. De esta tensión entre los desocupados sin filiación política y el aparato PJ, y de la decisión de algunos militantes de izquierda de organizar a los desocupados, nacieron las agrupaciones piqueteras del conurbano. Sus integrantes se vinculaban para cortar rutas y presionar por subsidios y alimentos, con protestas que expresaron además reclamos de fondo: no sólo planes, sino trabajo genuino, salud pública y educación. Con el gobierno de Fernando de la Rúa hubo un doble cimbronazo en la historia de los planes de empleo. El primero fue que la cantidad de subsidios bajó drásticamente. “Su mayor volumen se había alcanzado en octubre del ‘97 con los 206 mil Trabajar, pero ese número no volvería a repetirse sino hasta mayo del 2002”, dice la socióloga Maristella Svampa. “El recorte profundizó la protesta social, ya que dejó sin recursos no sólo a los piqueteros, sino también a la estructura de punteros del PJ.” Bajo la gestión de la Alianza, el ciclo de protestas que se había abierto en el ‘97 tuvo un crescendo en el que no pocas veces confluirían piqueteros con intendentes peronistas. Eso se vio, por ejemplo, en las fuertes movilizaciones de La Matanza del año 1999. Una segunda novedad se agregó poco después. En competencia con el peronismo, la Alianza resolvió no distribuir los subsidios exclusivamente a través de los intendentes, sino también de manera directa a los vecinos que se organizaran e inscribieran una ONG. El gran salto llegaría luego del estallido del 19 y 20 de diciembre del 2001. De la mano de las grandes movilizaciones de los meses previos, y apoyado en el clima favorable que había generado en la opinión pública la propuesta del Frente Nacional contra la Pobreza –que plebiscitó la creación de un seguro de empleo y formación para todos los desocupados– los programas de empleo se universalizaron. Fue un completo cambio de lógica. El plan Jefas y Jefes de Hogar, esbozado en enero del 2002 durante la fugaz presidencia de Adolfo Rodríguez Saá y creado finalmente por Eduardo Duhalde, se extendió a dos millones de beneficiarios con un criterio de asignación universal. Para conseguirlo, ya no fue necesario pertenecer a determinado partido u organización –al menos no en teoría– sino reunir tres condiciones: no tener trabajo, ser jefe de hogar y tener chicos en edad escolar. La idea de la tarjeta de débito se discutió con fuerza en esos días del lanzamiento. Fue una propuesta de los bancos y las empresas de tarjetas de crédito, en sintonía con una postura histórica del Banco Mundial. Los principales argumentos de oposición planteados entonces fue que la medida beneficiaría a los supermercados en detrimento de la economía local, las despensas de barrio o la producción de los propios desocupados. Y que en esos niveles de pobreza, donde los ingresos son cero, es necesario contarcon algo de efectivo si se quisiera viajar al hipermercado o ir al hospital. En lo que va del año, una última novedad se agregó a esta secuencia. Tras la asunción de Kirchner, el Gobierno tomó un reclamo planteado desde las organizaciones para impulsar emprendimientos productivos. Con ese fin, se están otorgando subsidios e iniciando algunos proyectos de autoconstrucción de viviendas. En esas cuestiones, vinculadas a la búsqueda de empleo genuino, desarrollando emprendimientos (panaderías, talleres, redes de salud) están centrados los movimientos piqueteros en estos días. Al mismo tiempo, empiezan a presionar al sector privado para que se dé trabajo genuino. Este último camino es el que se expresó en las recientes protestas en los subtes, en las estaciones ferroviarias y en los bloqueos al polo petroquímico de Dock Sud, pero en el que hasta ahora no han obtenido mayores respuestas.

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¿Por qué la línea D no llega hasta Puente Saavedra?
¿Por qué la línea D no llega hasta Puente Saavedra?
InfoporAnónimo4/27/2014

¿Por qué la línea D no llega hasta Puente Saavedra? Apenas 20 cuadras separan a la actual terminal de la línea D del importante centro de transbordo de Puente Saavedra. ¿Hubo intenciones serias de llevar el Subte hasta allí? ¿Cuáles son las alternativas que SBASE estudió para acercar la línea a la General Paz? La extensión de la línea D hasta el límite con la Provincia de Buenos Aires es un tema recurrente en los foros de discusión sobre transportes. Alimenta la curiosidad de los usuarios, aficionados y todos aquellos que se interesen por las problemáticas de la movilidad urbana. La pregunta es siempre la misma: ¿Por qué la línea D no llega hasta Puente Saavedra? Distintas respuestas se han esbozado y los proyectos analizados nunca se han conocido demasiado en detalle. Apenas 20 cuadras separan a la actual -y por ahora, definitiva- cabecera de la línea D de Puente Saavedra. La línea verde es la que más se acerca a los límites de la Ciudad. Teniendo un centro de transbordo de primer orden tan cerca, ¿por qué no se la extendió? Días atrás, en una entrevista que este medio realizara al Ing. Alejandro Nazar Anchorena, ex presidente de Subterráneos de Buenos Aires entre 1996 y 2002 durante los gobiernos de Fernando de la Rúa, Enrique Olivera y Aníbal Ibarra, se daba a conocer la versión oficial respecto del frustrado proyecto. SBASE evaluó varias alternativas para alcanzar la General Paz. Una de ellas es la que mencionaba el Ing. Nazar en la entrevista antedicha: "Recordemos que el anteproyecto que se licitó en 1988 y que era de los años 70 preveía que la estación Monroe, que luego se trasladó a Congreso de Tucumán, fuese una estación semiterminal de un proyecto que llegaba a la General Paz. Allí se disponía de una manzana en la calle San Isidro donde construir en forma barata una cochera y conectarse con el Ferrocarril Belgrano en Aristóbulo del Valle. Era posible utilizar como cocheras intermedias en una primera etapa las estaciones Manuela Pedraza o Ruiz Huidobro. Por su parte, con toda lógica, Metrovías exigía el taller y la cochera contractuales." El proyecto que menciona el ex presidente de la empresa estatal contemplaba la construcción de tres estaciones adicionales (Manuela Pedraza, Ruiz Huidobro y Puente Saavedra). Otra de las alternativas estudiadas en la década del 90 consistía en la construcción de dos estaciones (Crisólogo Larralde y General Paz), proyecto que finalmente no prosperó y convirtió al túnel subsiguiente a la estación Congreso de Tucumán en la cochera Manuela Pedraza. Proyecto evaluado por Metrovías hacia fines de los 90 que incluía la construcción de dos estaciones adicionales (Crisólogo Larralde y General Paz), incluyendo una cochera bajo la Avenida San Isidro Labrador. Pero, recuerda el Ingeniero, "El proyecto se derrumbó cuando apreciamos el aluvión de usuarios que trajo Congreso de Tucumán, que superó todo lo previsto. Allí debimos aceptar la realidad y esta era que, si bien las nuevas estaciones absorbían el nuevo volumen de pasajeros, esto no era así con las viejas estaciones de la CHADOPyF, que son el verdadero cuello de botella de la línea. Con profunda pena hubo que darle la diestra a Metrovías y terminar allí la línea." Otra de las alternativas que habían sido estudiadas por SBASE a inicios de los 90 y que no llegó a madurar demasiado fue la construcción de un Premetro entre la planificada terminal Monroe y la Avenida General Paz. En su edición del 16 de octubre de 1993, el diario Clarín anunciaba en una entrevista realizada al entonces presidente de Subterráneos, Jorge Andrade, las intenciones de la compañía de construir un tranvía que uniera el límite con la Provincia y la cabecera de la línea D. El plan involucraba también la construcción de un Premetro en Puerto Madero y respondía a la generalización del proyecto puesto en marcha en 1987 con la construcción del Premetro E2. Eran tiempos difíciles para la estatal, que enfrentaba sus últimos meses como operadora de la red. El plan que SBASE presentaba a fines de 1993 contemplaba las líneas F, H e I, la extensión de la línea D hasta Monroe y la construcción de dos Premetros: uno entre Monroe y General Paz y otro entre Retiro y Puerto Madero. (Clarín, 16/10/1993. p. 43) El enorme volumen de pasajeros aportado por la extensión completada a inicios de 2000 superó las previsiones elaboradas por SBASE y obligó a dejar de lado el proyecto previsto. Extender la línea 2 kilómetros hubiese conducido a un nivel de saturación que no hubiera podido ser corregido con la adición de formaciones, mejoras en la señalización y aumento de la frecuencia dado que las limitaciones pertenecen al orden de la infraestructura del tramo original del recorrido, construido e inaugurado por la CHADOPyF entre 1937 y 1940. Las limitaciones que presentan las estaciones antiguas constituyen un impedimento para que el Subte alcance uno de los centros de transbordo más importantes de la región metropolitana, de acuerdo con las evaluaciones de la INTRUPUBA (Investigación del Transporte Urbano de Buenos Aires). La investigación realizada entre 2006 y 2007 por encargo de la Secretaría de Transporte de la Nación ubicó a Puente Saavedra dentro de la categoría de centros "extraordinarios", condición que comparte con otros puntos de primer orden como Retiro, Constitución, Once, Liniers y Pompeya, entre otros. Allí, en cercanías del límite entre la Ciudad y el municipio de Vicente López, se encuentra la estación Aristóbulo del Valle del Ferrocarril Belgrano Norte y circulan más de 20 líneas de colectivo que terminan o pasan por la zona.

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El modelo noruego
El modelo noruego
InfoporAnónimo5/3/2014

El modelo noruego Para poder ver el video, activar los subtitulos en español La crisis financiera global ha puesto de rodillas a las economías de casi todos los países del planeta, menos a la de Noruega. Con esa desobediencia excéntrica tan característica del país como los fiordos de su escarpado territorio, Noruega ha prosperado haciendo la suya. Mientras los otros derrochaban, Noruega ahorraba. Cuando los otros buscaban limitar el papel del gobierno, Noruega fortalecía su Estado benefactor, que proporciona cobertura desde el nacimiento hasta la muerte. Y en medio de la peor crisis mundial desde la Gran Depresión, el crecimiento de la economía noruega se ubicó el año pasado apenas por debajo del 3%. El gobierno goza de un superávit presupuestario del 11% y su balance contable no registra deudas. En contraste, se espera que Estados Unidos registre este año un déficit fiscal igual al 12,9% de su PBI y que su deuda total trepe a los 11 billones de dólares. Noruega es un país relativamente chico, con una población de 4,6 millones de habitantes y todas las ventajas de ser un importante exportador de petróleo. En 2008, cuando el precio del barril alcanzaba precios récord, los ingresos por petróleo superaron los US$ 68.000 millones. Aunque los precios se han derrumbado, el gobierno no está preocupado. Eso se debe a que Noruega no cayó en la trampa que condenó a muchos países ricos en recursos energéticos. En vez de dilapidar sus ganancias, Noruega aprobó una ley que garantiza que los ingresos por petróleo vayan directamente al fondo soberano, dinero estatal que se usa para hacer inversiones en otras partes del mundo. Actualmente, ese fondo está cerca de convertirse en el más grande del mundo. La relativa frugalidad de Noruega está en franco contraste con Gran Bretaña, que gastó sus ingresos petroleros del Mar del Norte durante los años del boom económico. "En Estados Unidos y Gran Bretaña no existe el sentimiento de culpa", dijo Anders Salund, experto en Escandinavia del Instituto Peterson de Economía Internacional, de Washington. "Por el contrario, en Noruega existe un sentido de la virtud. El que ha recibido mucho tiene una responsabilidad." El economista noruego Eirik Wekre describe de esta manera lo que sienten los noruegos: "No podemos gastar este dinero ahora. Sería como robarles a las generaciones futuras". Wekre, que pagó su casa y su auto en efectivo, atribuye este consenso generalizado a la iconoclasia noruega. "El hombre más fuerte es el que se para solo en el mundo", dijo, citando al dramaturgo noruego Henrik Ibsen. Noruega • Población: 4.600.000 habitantes • PBI: US$ 250.000 millones • Ingresos: US$ 52.000 per cápita • Gobierno: monarquía constitucional • Religión: cristianos (91%)

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"Armando", el comercio más antiguo de la línea D
InfoporAnónimo4/30/2014

"Armando", el comercio más antiguo de la línea D Ininterrumpidamente desde 1938 en el andén central de Tribunales está "Armando", un comercio que elabora placas de bronce para profesionales. Es el comercio más antiguo de la línea D y uno de los más viejos de todo el Subte. La línea D de subte se inauguró en 1937, durante el gobierno del general Agustín P. Justo, en plena “Década Infame”. La traza contaba sólo con 1,7 kilómetro, de Catedral a Tribunales. Para ese entonces, cuando nadie imaginaba que el túnel se extendería y llegaría décadas más tarde hasta Belgrano, la estación Tribunales ya contaba con unos pequeños puestos comerciales; 76 años más tarde, uno de ellos se mantiene firme. Se trata del local “Armando”, que hace los grabados en chapas de bronce a los abogados, escribanos, médicos y demás profesionales de la zona más transitada del Centro porteño. “Carteles, letreros, placas homenajes. Todo el rubro. Hemos tenido como clientes a De la Rúa, a Alfonsín, a miembros de la Corte Suprema”, cuenta orgulloso Gerardo Cartalá, hoy dueño del local, mientras chapea con un cliente que se acerca, curioso por la nota: “Es que soy toda una institución acá, viste. El negocio más viejo de toda la línea y uno de los más antiguos de todo el subterráneo”. ¿Cómo empezó la historia? “En el 38 lo fundó un hombre llamado Armando Marcicovetere, que era el patrón de mi papá, Enrique Cartalá. Mi viejo empezó a laburar a los 9 años, como cadete, y ya a los 21 era el dueño. Después seguimos todo con mi hermano Oscar, que laburaba en el taller, pero acá se termina la generación. Mis hijos están estudiando y se venderá el fondo de comercio, no lo sé”, intenta imaginar Gerardo, que tiene 53 años, de los cuales 35 los pasó bajo tierra. En la parada Tribunales, en medio de esa maraña conformada por trajeados con maletín y mujeres con vestidos ajustados y tacos altos más propios de la noche que de oficinas, está el local “Armando”. Se lo ve desde todos los costados porque tiene dos entradas. Entre vagón y vagón están los que se quedan pegados al vidrio viendo los cientos de letreros de bronce, acero o aluminio. Luce brilloso el del “Ministerio Público de la Nación” y una chapa de la “Estancia El Recuerdo”. “Están los que vienen y me piden placas con inscripciones extrañas. Algunas simpáticas y otras muy raras. Una vez un hombre vino a hacer su placa de difunto. El quería hacer su propio epitafio. Puso su nombre y apellido, pero no las fechas”, relata Gerardo con seriedad, sin reír. Un tarjetero amigo suyo, con el codo en el mostrador, no aguanta la carcajada. “Increíble“, se dicen. Entre los dos recuerdan cómo evolucionó el trabajo. “Al principio se hacía todo a mano, la chapa se pintaba con un material como la brea, la letra se dibujaba sobre la chapa negra con una pluma; donde marcabas se salía la brea y así te quedaba la letra. Esto iba luego al ácido. Después se comenzó con el pantógrafo. Más tarde llegó el láser. Ahora hasta se utiliza la computadora”, explica el oficio que, a su criterio, está destinado a morir. Al menos no por ahora. “Armando” sigue firme desde 1938.

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