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ant12fantomas

Usuario (Honduras)

Primer post: 28 dic 2012Último post: 27 feb 2015
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Feliz Dia De La Mujer
FemmeporAnónimo1/25/2013

Para hacer sentir especial a una mujer no necesitas tanto lujo, solo algunas frases de amor que salgan del corazón. Para darte una idea de las felicitaciones para el Día de la Mujer, selecciona las frases bonitas que resultan perfectas para las mujeres de tu vida. Estas frases cortas son perfectas para dedicar a las mujeres en el Día Internacional de la Mujer. “Por más defectos que tengan, los hombres no pueden vivir sin las mujeres…” “Mujeres, hechas para ser amadas pero no comprendidas.” “La mujer tiene solo un camino para superar al hombre: ser cada día más mujer.” “La mujer perfecta solo existe en la imaginación.” “El hombre domina al mundo, la mujer domina al hombre.” “De una mujer nacemos y con una mujer deseamos morir.” “Las mujeres… Entenderlas sería nuestra felicidad, tenerlas a nuestro lado lo es.” “No hay hombre más hombre que ama apasionadamente a una mujer.” “Pensaba que entender la física era difícil, luego intenté conocer a la mujer.” “La mujer es lo máximo que le puede pasar a un hombre.” “Nunca trates de comprender a las mujeres porque ellas son para amarlas y quererlas.” “Las mujeres son tan fáciles de entender, solo basta tener un poco de inteligencia.” “Las mujeres son como los vinos: cuanto más años, mejor calidad.” “Muchos hombres critican a las mujeres, sin embargo, no saben vivir sin ellas.” “La lágrima de una mujer es la perdición del hombre.” “La fuerza hidráulica más poderosa es la lágrima de una mujer.” “En los ojos de una bella mujer hay más de un misterio, hay dos: el dulce misterio de ella y el gran misterio de Dios.” “Las batallas contra las mujeres son las únicas que se ganan huyendo.” “En resumen, las amo a todas, porque cada mujer es tan digna de ser amada como el amor que por ellas siento.” “La mujer es la pieza fundamental para el hombre.” Esta es la razón por la que debes dedicar estas frases bonitas a aquellas que hacen que tu vida tenga sentido. Este 8 de marzo únete a la celebración del Día de la Mujer compartiendo frases cortas, pero significativas sobre las mujeres. ¡Feliz Día de la Mujer!

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ven y lee unos cuentos y leyendas de mi pais
ParanormalporAnónimo12/28/2012

Cuentos y Leyendas de Honduras El blasfemo Jorge Montenegro: redaccion@laprensa.hn Es típico de muchos trabajadores y oficinistas dedicarle culto al dios Baco cada sábado. San Pedro Sula-Honduras Se llamaba Salvador y aunque era un hombre dedicado de lleno a su trabajo en una pequeña imprenta que tenía en San Pedro Sula, los fines de semana se reunía con sus amigotes a disfrutar de las bebidas alcohólicas. Es típico de muchos trabajadores y oficinistas dedicarle culto al dios Baco cada sábado, contar anécdotas amorosas, hablar de negocios y de futuros proyectos fabulosos porque se sienten superiores cuando están bolos. Salvador era uno de ellos. —Ustedes no saben lo que tengo en mente. No habrá una imprenta más grande que la mía en toda la zona norte. Las mejores imprentas las fabrican en Alemania y un día de estos van a preguntar por mí y yo voy a estar en Alemania en mis negociaciones. —Eso si Dios lo quiere, Salvador —dijo uno de sus amigos—. Acordate de que uno propone y Dios dispone. Salvador se tomó un trago y riéndose a carcajadas respondió: —Mira, Ovidio, no seás tan ignorante. ¿Cuál Dios? Mira cómo estás. ¿Por qué no te ayuda tu Dios? Ja, ja. —Eso es lo malo tuyo, Salvador. Apenas te cala el guaro comenzás a blasfemar. Cuando Salvador comenzaba a decir incoherencias, los amigos se iban retirando poco a poco hasta dejarlo solo. —Me gusta platicar con Salvador. Es un hombre muy inteligente, pero cuando comienza con sus herejías mejor me retiro. No sé por qué anda en esa onda apenas se emborracha. Además solo habla de grandezas, de grandes empresas y no tiene nada. Los cines son los que lo ayudan porque él les imprime los programas. Una mañana llegó a la pequeña imprenta un señor alto, delgado, acompañado por una señora también delgada. —Pues vea, señor Salvador —dijo la mujer—, queremos que nos imprima este pequeño libro que escribió mi esposo. Hemos pensado regalarlo en la iglesia a la que asistimos. Salvador miró el material, leyó algunas hojas y les dijo: —Calculo por lo que aquí está escrito que les van a salir unas ochenta páginas. Les daré los costos apuntados para que hagan sus cálculos. —Muy bien —dijo el hombre delgado—, regresaremos en dos días. Cuando los clientes abandonaron la imprenta, Salvador hizo sus reflexiones: —No sé por qué hay gente que gasta su dinero en esas creencias absurdas. A ver, a ver qué dicen estas páginas. Cómo conocer a Dios. Ja, ja. Esto sí que está chistoso. Bueno, yo pongo la imprenta, ellos ponen el pisto y asunto terminado. Me da pesar que haya gente tan tonta que cree en esas cosas de Dios. Es totalmente absurdo, pero este pistillo no lo voy a dejar escapar. Dos días más tarde, los clientes regresaron. La señora llevaba la voz cantante. —Nos parece bien el precio, don Salvador. Espero que haya leído ese pequeño libro que nos servirá para salvar almas. Le venimos a dejar la mitad del dinero para que comience la impresión. Decíamos que Salvador era un hombre trabajador y en poco tiempo terminó de imprimir el libro religioso. Les entregó paquetes a sus clientes que, satisfechos, acabaron de pagarle el valor de los pequeños libros. —Quédese con estos cinco libros para que se los regale a sus amigos —dijo el señor delgado—. Posiblemente haya almas que se salven. Salvador agradeció la entrega y fue hasta la puerta principal a despedir a sus clientes. —Cuídese —dijo la señora— acérquese a Dios. Ah... y lo felicito. Hizo un excelente trabajo. El sábado, como de costumbre, Salvador se fue a un expendio de aguardiente, donde se reunía con sus amigos para departir unas cuantas horas. Al calor de los tragos comenzó a decir: —Pues para colmo de males acabo de imprimir un librito que se llama Cómo conocer a Dios. Lo he leído de principio a fin y les voy a regalar estos ejemplares a ustedes, que también son supersticiosos y creen en esa cosa que ustedes llaman Dios. Ja, ja. Los amigos agradecieron el regalo y lo hojearon. —Deberías leer de nuevo este librito que vos imprimiste. Tal vez así se te quitan esos malos pensamientos. —Ja, ja. ¿No te digo? Mejor tomate otro trago conmigo y no hablemos más del tema. Llegó la nueva semana. Salvador se dedicó a imprimir los programas de los cinemas sampedranos y todo marchó normal. De nuevo al llegar el sábado se fue al estanco para reunirse con sus amigos. Estaban en octubre y el cielo nublado presagiaba una tormenta. Pidieron aguardiente y comenzaron sus acostumbradas pláticas. A alguien se le ocurrió hablar del pequeño libro. —Mira, Salvador, ni sabes el gran tesoro que nos has regalado. Ese libro de Dios me está haciendo reflexionar. Los estoy acompañando y no me he tomado ni un trago. Salvador levantó su vaso lleno de aguardiente, lanzó una carcajada y gritó: —Cuál Dios, ja, ja, cuál Dios. Aquí delante de ustedes le voy a hacer un reto. Si Dios existe, que impida que me tome este trago. ¿Dónde está su Dios? No había terminado de reírse cuando una luz fuerte iluminó el estanco y el cuerpo de Salvador cayó fulminado. Afuera se escuchó el estruendo de un trueno y comenzó a caer una terrible tormenta como jamas se había visto en San Pedro Sula. El blasfemo había recibido su castigo. Lo extraño es que ninguno de los presentes resultó herido. Todos cayeron de rodillas dando gracias a Dios por no haberlos tocado. Luego abandonaron en silencio aquel lugar y nunca más regresaron a beber aguardiente. Aún existen personas en la Ciudad del Adelantado que recuerdan ese suceso que dejó una gran lección para todos. Nunca se debe dudar y mucho menos retar al creador de los cielos y la Tierra. El entierro de un niño La tumba de aquel niño de cinco años. San Pedro Sula, Honduras Hace muchos años, en la capital de la república, como en pueblos y aldeas de nuestro país, se acostumbraba colocar palmas sobre los ataúdes de los niños cuando estos entregaban sus almas al Creador. Recuerdo bien que en una aldea de San Marcos de Colón asistí a la vela de un pequeño de cinco años de edad que había fallecido al caerse de un árbol donde jugaba con sus hermanitos. Era hijo de un buen amigo que también ya no está en este mundo. Los padrinos del niño llegaron a la casa del duelo con unas palmas artísticamente decoradas y las colocaron sobre el pequeño ataúd después de una breve ceremonia religiosa. Al contrario de lo que yo había pensado, ahí no había lagrimas. El dolor estaba ausente en ese solemne momento de la llegada de los padrinos con las palmas, que fueron bendecidas por una rezadora en el nombre de Dios, del hijo y del Espíritu Santo. —Es un angelito que ya está en el cielo con mi Diosito. Dios se lo llevó y solo Él sabe por qué. Los comentarios de los ahí presentes eran hermosos. Todos se abrazaban con cariño y se saludaban en la medida en que iban llegando al velorio. Afuera había una luminaria alimentada con leña de roble y de ocote para pasar la noche jugando naipe, contando chistes o las pasadas graciosas de algún vecino. Al día siguiente llegó un conjunto de cuerdas pagado por los padrinos, quienes tuvieron el privilegio de cargar al muertecito al panteón. Fue entonces cuando comenzó la música, pero no era música triste, sino la más alegre que se sabían los del conjunto. Llegamos al cementerio casi a las cuatro de la tarde. Ahí entonaron cantos alegres deseándole suerte al muertecito cuando llegara al cielo. Aquello fue conmovedor porque el campesino hondureño sabe ver la realidad con más tranquilidad que los que se la pican de sabios. Más o menos a las seis de la tarde regresamos a la casa del niño. Los padrinos llevaban las palmas y al llegar habían sido escogidas dos niñas para que bailaran con las palmas en el sitio donde había sido velado el pequeño. El conjunto de cuerdas comenzó a tocar una música especial. Los violines iban marcando al baile de las dos muchachitas, que alegremente danzaban con las palmas, acercándose a los presentes. Todos aplaudían con entusiasmo porque según su creencia en ese momento le estaban abriendo las puertas del cielo al niño fallecido, quien era recibido por los ángeles. Cuando las niñitas terminaron de bailar con las palmas en alto, dejaron en libertad a los presentes para que también bailaran en aquella amplia casa de adobe. El conjunto de cuerdas hizo sonar sus instrumentos y empezó el baile. No podían faltar de nuevo las tacitas de café, la luminaria con leña de ocote y roble, los chistes, los tragos de aguardiente y la alegría. Así acompañamos a aquellas humildes personas que tienen una filosofía sobre la muerte totalmente diferente a lo que pensamos los de la ciudad. La muerte de aquel niño no les causó tristeza. Allí había un derroche de bendiciones y alegría. En la madrugada, el padre del niño fallecido anunció con su voz fuerte: —Estimados vecinos y amigos que nos acompañan, especialmente a usted, don Jorge, con quien mantengo una amistad de años. Quiero agradecerles que nos acompañen en la muerte de mi pequeño hijo. Estamos contentos porque mi Señor se lo llevó y no va a sufrir aquí en la Tierra. Él lo necesitaba en el cielo. Ahora vamos a devolver las palmas al cementerio porque estamos seguros de que el alma de mi muchachito está con los angelitos. Una gran cantidad de gente se unió a los padrinos, que llevaban las palmas hasta depositarlas en la tumba de aquel niño de cinco años que les había dejado gratos recuerdos a todos. La rezadora cantó una especie de alabanza dando gracias a Dios y luego cada quien se fue a su casa. Años más tarde encontré a mi amigo en San Marcos de Colón. —Mire, don Jorge: mi Diosito es lindo con nosotros porque nos mandó este otro niño. A ver, mijito, saluda al amigo. Abracé al niño. Tenía un parecido extraordinario con el que habíamos visto en el ataúd. Mi amigo comentó: —Dicen los vecinos que es mi mismito niño que regresó. Esa costumbre de bailar con las palmas del muertecito se está perdiendo en muchos lugares, pero aún se pueden ver esos entierros con música en ciertos pueblos de Olancho y de la zona sur. Olvidaba contarles que otra costumbre que se está extinguiendo es la de colocar una palma sobre el féretro de una adolescente o una mujer mayor en señal de que murieron señoritas sin conocer hombre alguno. La pequeña bruja A doña Rosa, madre de Gertrudis, una vecina le dijo que la muchacha y sus amigos jugaban con la tabla güija. Esta es una historia real que sucedió en una ciudad de nuestro país, en la actualidad muchos jóvenes hombres y mujeres se han vuelto taciturnos y andan en la onda de los emus, personajes casi silenciosos que visten de negro, se alisan el pelo, no usan maquillaje, aunque algunas muchachas utilizan sombras grises. Así era Gertrudis Solórzano, niña de 15 años de edad, tenía desconcertados a sus padres que poco a poco vieron el cambio en ella, se apartaba de los demás apenas hablaba, comía y generalmente se encerraba en su habitación. Salía de su casa vestida de negro y usaba sandalias del mismo color, solo se le oía susurrar cuando llegaban otros jóvenes emus, la gente los miraba con curiosidad pero para ellos eran indiferentes aquellas miradas. Gertrudis era buena alumna en su colegio, sacaba buenas notas, pero a partir de haberse asociado a ese grupo de taciturnos había bajado su rendimiento estudiantil. A doña Rosa, madre de Gertrudis, una vecina le dijo que la muchacha y sus amigos jugaban con la tabla güija y que la reprendiera ya que aquel era un juego peligroso por la presencia de espíritus demoniacos. Doña Rosa le llamó la atención a su hija y esta contestó que se trataba de un inocente juego pero que quien le había llegado con el chisme la iba a pagar muy caro. Dos días después doña Rosa se enteró que su vecina se encontraba en el hospital víctima de un terrible ataque de nervios, decían sus familiares que todo había sucedido de repente, que ella gritaba aterrorizada en la casa señalando las paredes y diciendo que de ellas salían fantasmas, desde ese momento doña Rosa comenzó a sentir miedo ante la presencia de su hija oraba en silencio para que en su casa no fuera a ocurrir algo tenebroso. Había en la colonia donde vivía Gertrudis un hombre de 52 años que llamaba la atención de las mujeres que se vestía elegantemente como todo un caballero, era de ojos verdes, bien plantado y de buen físico se llamaba Antonio, Gertrudis jamás había visto con tanto interés a aquel hombre como aquella tarde de octubre al verlo pasar suspiró profundamente, que se va a fijar en mí si soy una niña. Tiempo después la muchacha se mezcló con otras gentes que se dedicaban a las ciencias ocultas, había entre ellos niños y niñas de doce años en adelante, y muchachos de 20 a 25 años, además de consultar la Güija encendían velas y decían oraciones diabólicas con las que sentenciaban a alguien a conseguir favores, Gertrudis se metió en aquel mundo de sombras y cuando estaba segura de tener contacto con los demonios puso sus ojos en Antonio, este hombre tiene que ser mío aunque sea yo una niña, ni sabe lo que le espera. La joven estaba parada en la esquina esperando que por ahí pasara Antonio, no tuvo que esperar mucho tiempo, él apareció por la calle elegantemente vestido llevando un maletín en su mano derecha. Al pasar frente a la joven la quedó mirando fijamente y le preguntó ¿Tú eres la hija de doña Rosa, verdad..? ...caramba ...como has crecido y que bonita te ves, se agachó para darle un beso en la mejilla y ella lo hizo en la boca. De ahí en adelante aquel hombre se volvió loco por aquella niña, se miraban a escondidas y sabían disimular muy bien, lo que Gertrudis no sabía es que Antonio tenía una novia con la que se iba a casar, era una hermosoa y atractiva mujer que trabajaba en la misma oficina donde él laboraba. Una tarde cuando Gertrudis pasaba por el parque vio a Toño con la mujer y casi se muere cuando los vio besarse apasionadamente, dos días después le reclamó a Toño. ¿Por qué me estaban engañando..? ...el con una sonrisa le respondió... Tú eres una niña, no nos podemos casar, en cambio con la mujer que me viste tengo tres años de estar con ella y próximamente nos vamos a casar, lo nuestro sucedió porque tú me lo pediste... ¿no te acuerdas que me suplicaste cuando te dije que eras una niña?...así que hasta aquí llegamos, por ti puedo ir a la cárcel, ella dijo: No es necesario, yo no diré nada, las sombras se encargaran. Antonio se encogió de hombros sin comprender aquellas palabras. La noche del 20 de octubre Gertrudis se fue al solar de su casa, se sentó en una silla debajo de un frondoso árbol, encendió una vela roja que tenía el nombre de Antonio con seis alfileres rojos y verdes, dijo unas oraciones tenebrosas mientras soltaba sus cabellos y abría sus piernas. Todo eso fue visto por su madre que de inmediato entró en su cuarto y comenzó a orar y a reprender a los demonios. Al siguiente día corrió la noticia de que Antonio fue encontrado muerto antes de entrar en su casa, tenía golpes por todas partes, solo Gertrudis sabía lo que le había pasado. Tres meses más tarde cuando Gertrudis abandonaba a sus amigos después de consultar a la tabla Güija llegó a su casa, se acostó y apagó la luz, repentinamente sintió que alguien se sentaba sobre su cama, trató de moverse, de gritar y no pudo, unos ojos como brazas brillaron en la oscuridad, era el fantasma de Antonio, pequeña bruja te vengo a cobrar mi muerte con tu locura, así que no te inquietes... jajajajaja. Gertrudis amaneció como si hubiera estado amarrada con una cuerda, se levantó y con lágrimas contó a su mamá todas las cosas oscuras que había hecho. Cuando doña Rosa le dio la bendición a Gertrudis enloqueció y comenzó a morderlo todo, los vecinos ayudaron a doña Rosa y aquella aprendiz de bruja fue llevada al manicomio. Han pasado cinco años, doña Rosa cuenta con tristeza la historia de su difunta hija, de su suicidio en el manicomio, no sabía hasta donde había llegado, ignoraba que estaba en contacto con las ciencias ocultas, que este sea un aviso para todas las madres. El collar de Lobo Juanita de Ruiz era una señora amante de los animales. Juanita de Ruiz era una señora amante de los animales. Vivía en Jesús de Otoro. Aunque no era vecina de ese lugar, había llegado con su compañero y otras personas que esperaban encontrar oro en el río que pasa por esa comunidad. Descubrieron que las pequeñas playas del río se llenaban de arena negra y al ponerla a secar y colocarle un imán se dieron cuenta de que el río arrastraba hierro de algún lugar. A raíz de lo que habían descubierto, viajaron a la capital y regresaron muy bien equipados. Estaban seguros de que encontrarían oro en las montañas cerca de Otoro. En el pueblo les contaron la leyenda de un norteamericano que había ingresado en una de las montañas en busca de un gallo de oro que en ciertas noches de luna cantaba sobre las ramas de los pinos. Le habían dicho al gringo que quien atrapara al gallo sería dueño de una inmensa fortuna que yacía escondida en la selva. Los campesinos le aseguraron a Filiberto Ruiz que si él y sus amigos lograban ver y atrapar al gallo de oro, se harían inmensamente ricos. Cuando Filiberto preguntó por el norteamericano le dijeron que aquel hombre jamás regresó de la montaña. Juanita tenía cinco perros, entre ellos uno de la raza pastor alemán que más que perro parecía un lobo; de ahí el origen del nombre que le pusieron. El perro lucía un collar de cuero con adornos de metal que brillaban en la oscuridad. La gente del pueblo le tenía miedo y comenzaban a decir que aquel animal estaba encantado. La señora gozaba con las ocurrencias de los campesinos que llegaban a trabajar en la propiedad de su marido. Todos los días por la mañana, don Filiberto y sus amigos colaban grandes cantidades de arena esperando encontrar el precioso metal que los había impulsado a trasladarse a ese lugar. Un día, Juanita comentó entre risas, mientras les servía la cena: —Muchachos, ¿y qué tal si de verdad existe ese gallo de oroy ustedes lo encuentran? Ya me imagino la cara que pondrían al encontrar un gran tesoro. Todos se rieron de la ocurrencia. Acababan de cenar y se fueron al amplio corredor de la casa. Comenzaba a caer la noche cuando inesperadamente escucharon a lo lejos, en dirección de la montaña, el canto de un gallo. —Es él —dijo un campesino—, es el gallo de oro. Teníamos tiempos de no escucharlo. Hubo un gran silencio. Minutos después se escuchó de nuevo el canto del gallo, esta vez con más fuerza. Todos sintieron que un frío intenso les recorría el cuerpo. —Pensé que estaban mintiendo —dijo don Filiberto—, pero es verdad. Todos acabamos de escuchar el canto del gallo. Mañana nos vamos a la montaña —prosiguió—. Alistémonos todos desde ahora. Además nos vamos a llevar a Lobo. Es un buen perro. Fue así que don Fili y sus tres amigos emprendieron la marcha a la montaña donde cantaba el gallo de oro. Llevaron al fiel perro. Se fueron en la madrugada y llegaron a los altos pinos en el otro lado del río: era la entrada del supuesto tesoro. Eran aproximadamente las nueve de la mañana cuando el perro ladró frenéticamente como si mirara algo desconocido. Los hombres comenzaron a buscar. Creyeron que se trataba de un venado o de otro animal, así que reanudaron la marcha. Llegaron a un sitio húmedo y sombrío. La espesa vegetación cubría la luz del sol y todo se miraba oscuro. El perro volvió a ladrar. Entretanto, doña Juanita les contó a los peones del viaje de su esposo y sus amigos en busca del tesoro. Uno de los más viejos dijo: —Prepárese, doña Juanita. Quién sabe si esa gente va a regresar. Ya les habíamos advertido a él y a sus amigos que todos los que han llegado a ese lugar donde canta el gallo nunca regresan. La señora pensó que aquellas eran puras supersticiones y no le hizo caso. Se fue a darles de comer a las gallinas, mientras los mozos desgranaban mazorcas de maíz. Llegó la noche y don Filiberto no regresó. Luego se hizo de madrugada y fue pasando el tiempo. Nadie tenía noticias de aquellos hombres. En la oscura y espesa selva, los exploradores vieron un brillo intenso y el perro comenzó a ladrar furiosamente. Los hombres se adelantaron: enfrente tenían al gallo de oro. El perro pegó un salto y luego solo se escucharon gritos aterradores repetidos por el eco de la montaña. Doña Juanita creyó escuchar algo en la oscuridad de la noche. —Lobo... ¿sos vos, Lobo? Abrió la puerta y el enorme perro cayó al suelo en medio de la casa, mortalmente herido. Doña Juanita llamó a los mozos, que llegaron de inmediato, encendieron candiles y alumbraron al perro con focos de mano. En medio del ensangrentado collar de Lobo encontraron dos plumas de oro y se dieron cuenta de que algo terrible había sucedido. Los hombres nunca más regresaron a Jesús de Otoro. Doña Juanita volvió a la capital llevando en su corazón el recuerdo de su esposo. Cuentan los viajeros que aún en esta época que estamos viviendo, los cazadores evitan entrar en la montaña y no pasan ni por la orilla del río. Los que se han atrevido a pasar por el lugar dicen que han escuchado disparos y gritos aterradores. Existe un gran misterio en esas montañas de Otoro, pero nadie se atreve a desafiar a la montaña donde supuestamente canta un gallo de oro. La carga de leña la chica recogía la leña a los dos días. Las costumbres de los hondureños a veces resultan divertidas cuando ha pasado el tiempo. Actualmente para enamorar a una cipota se le lanzan los piropos más rebuscados: “Adiós, mamayita linda, usted es la felicidad del pueblo”. “Qué chulada la que va pasando”. “Si así es la muerte, que me lleve”. Antes era muy difícil ver a la mujer que uno amaba. Había un respeto tremendo en los hogares, no se permitía que las hijas se miraran con sus novios o admiradores fuera de la casa. No existía el libertinaje de nuestros días. Los enamorados se las ingeniaban para comunicarse. Ahí fue cuando surgió el famoso papelito. Se le pagaba a la criada para que llevara el papelito a la muchacha y luego se esperaba la respuesta. Cuando se recibía al novio en la casa se sentaba alejado de su novia. Los papás estaban presentes y mantenían una estricta vigilancia. Así pasaban las horas y si los viejos se cansaban o les pegaba sueño, se iban al dormitorio. Si el tiempo corría y el novio no se iba, la mamá de la muchacha salía de su habitación con una nica en la mano llena de orines y la colocaba en medio de la sala, señal de que era hora de irse sin apretones de mano ni abrazos. Simplemente buenas noches. Recuerdo que en el Mercado Los Dolores había un señor que colocaba una mesa y una silla en la acera y anunciaba: —Se hacen cartas de amor. Esos que están enamorados y se les traba la jeta para hablarle a la muchacha ya no tienen por qué preocuparse. Aquí le hacemos sus cartitas de amor. Era famoso aquel escribiente que tenía una letra especial y andaba con un bote de perfume para colocar dos gotitas en la carta con el fin de impresionar a la novia o al novio. Escribía con canuto y tinta elaborada con anilina y cobraba diez centavos por cada misiva. Pronto aparecieron a la venta unos pequeños libros que contenían modelos de cartas de amor: “Desde el momento que tomo la pluma con mano temblorosa es porque estoy pensando en usted...”. Cada librito costaba sesenta centavos. Pero regresemos en el tiempo y veamos qué sucedía con las viejas costumbres de los enamorados. Ahí es donde entraba la famosa carga de leña. Cuando en el pueblo había un enamorado que no le había hablado nunca a la cipota, se iba al monte y cortaba una hermosa carga de leña debidamente escogida para agradar, pasaba por la casa de su adorado tormento y tiraba en el solar la ya famosa carga. Allí la dejaba esperando que la respuesta no se hiciera esperar. Se iba con el corazón palpitante de emoción y tejiendo sueños con la lejanía de las montañas. El supuesto novio esperaba pacientemente y pasaba de lejos mirando el patio de la casa para ver si habían metido la leña. Si pasaba una semana y la leña seguía en el patio, era señal inequívoca de que el muchacho no le agradaba a la joven de la casa ni a sus papás. Si la leña no estaba en el patio, a los dos días o al día siguiente de que el admirador la había colocado ahí, podía visitar a la muchacha porque había sido aceptado. Claro que esta costumbre generaba problemas cuando en la casa vivían dos o tres hermanas. Ellas y sus padres se preguntaban para quién era la carga de leña, pero de todos modos las muchachas se encargaban de investigar a quién iba dirigida aquella carga. Luego les correspondía a los padres analizar el comportamiento del joven pretendiente. Si era honrado y trabajador, no tenía vicios y era responsable, no importaba la condición económica: bastaban el buen comportamiento y el cariño. Si la leña se quedaba en el patio, el pretendiente pasaba recogiéndola en señal de que había comprendido el mensaje, pero si lo aceptaban metiendo la leña y utilizándola en el fogón, significaba dejar otra carguita de leña para obtener la aprobación de sus futuros suegros. Sabiendo que era aceptado cuando metían la carga, el joven se presentaba respetuosamente y se le daba la llegada con alegría. No se perdía mucho tiempo en noviazgos largos. Bastaban el cariño, el deseo de formar una familia con la bendición de Dios y tener unos hijos que fueran una ayuda en las faenas del campo. En aquellos tiempos todavía existía el rubor, ese colorcito rosado que agarraba la cara de la novia o la del novio en el momento de la aceptación. Sentían un calorcito en el rostro que constituía otra señal de cariño y respeto. ¿Ya ven que es bonito viajar por el país para conocer las viejas costumbres de los enamorados? La muerta Doña Laura no era de esas mujeres que dejan cabos sueltos... En los primeros días de enero de 1962, una familia de apellido Laínez alquiló una casa ubicada en el barrio El Centro de la ciudad de Comayagua. Don Rubén, doña Laura y sus hijos Antonio y Raúl se encargaron de colocar las cosas en su lugar. En el cuarto de los muchachos pusieron una mesa redonda en la que ordenaron sus libros de estudio. Tenían planes de vivir en esa casa unos seis meses para luego trasladarse a la ciudad capital. Todo marchaba bien, los muchachos iban al colegio y por las tardes se reunían con sus padres a la hora de la cena para hablar de sus problemas y buscar las soluciones. Una mañana, cuando doña Laura estaba barriendo la pequeña sala de la casa, escuchó el ruido de varios objetos que se caían en la habitación de sus hijos; se trataba de dos libros y una vela que mantenían sobre la mesa por si se producía un apagón. La señora recogió las cosas y las puso en su lugar. Después siguió con sus labores domésticas. Mientras barría la casa pensaba que aquellos objetos no se habían caído ellos solos porque estaban en medio de la mesa. Doña Laura estaba sumida en sus pensamientos cuando de nuevo escuchó que algo se caía en el cuarto de los muchachos. Se puso nerviosa, pero tuvo el valor de ir a ver lo que había sucedido. De los dos libros, solo uno estaba en el suelo. Era el mismo que ella había colocado debajo del otro. Hizo la señal de la cruz, colocó el libro en su lugar, abandonó la habitación y cerró con llave. Con los nervios de punta continuó barriendo y nuevamente escuchó que varios objetos se caían al suelo. Miró el reloj. Las manecillas marcaban las diez de la mañana. Para no asustar a sus hijos con lo que había sucedido esa mañana, la señora guardó silencio. Los días pasaron y no sucedió nada. Doña Laura no era de esas mujeres que dejan cabos sueltos, de manera que comenzó a indagar entre los vecinos con el fin de saber quién había habitado aquella casa antes de su familia. Un señor llamado Adán Pereira le contó que ahí vivieron varias familias y que la última que vivió en ella estaba compuesta por dos mujeres y un niño. Se decía que una de ellas recibía la visita de muchas personas, pues se dedicaba a la lectura de la baraja española. Con aquellos datos, doña Laura sabía a qué tenía que enfrentarse. Al regresar a su hogar lo primero que hizo fue ir a la habitación de sus hijos a orar intensamente. Presentía en su corazón que algo iba a pasar. La familia estaba desayunando, los muchachos se hallaban listos para ir al colegio y el padre de familia afilaba un machete después del desayuno. La señora comenzó a arreglar su casa. Era una familia de bien, organizada, todo lo hacían rápido para ganar tiempo y así marchaban las cosas. Esa mañana, los muchachos regresaron porque habían olvidado unos cuadernos. Uno de ellos le dijo a su mamá que estaban sucediendo cosas extrañas en esa habitación. Los objetos que estaban en un lugar aparecían en otro al día siguiente. —Sé que no son alucinaciones, mamá. Quería estar seguro antes de decírtelo. Cuando los jóvenes se fueron de nuevo, la señora llamó a su esposo y le contó lo que había sucedido con los libros de las personas que habían vivido en la casa, del descubrimiento de uno de sus hijos y lo que podían esperar. Don Rubén, que así se llamaba el señor, manifestó que lo más correcto era abandonar la casa y trasladarse a la capital, arreglar el traslado de sus hijos y evitar males mayores. Ambos estuvieron de acuerdo con aquella decisión. Cuando llegó la noche y todos se habían acostado, doña Laura escuchó ruidos en la sala y se levantó. Caminó a la sala silenciosamente, vio un resplandor verdoso junto al televisor y, revestida de valor por sus intensas oraciones, preguntó: —¿Por qué andas penando en esta casa? Dímelo en el nombre de Dios. La luz se elevó del suelo y una voz de mujer, hueca, cavernosa, dijo: —En vida me dediqué a cosas desagradables a los ojos de Dios. Oren para que mi alma sea liberada. Debajo de estos ladrillos está mi liberación. Por favor, señora, quémenlo todo. Doña Laura no pudo soportar aquella presencia y se desmayó. Su esposo y sus hijos la encontraron en la sala, la sentaron en el sofá y ella comenzó a narrar lo sucedido. Sus hijos levantaron los ladrillos del piso y encontraron botes de chile molido con fotografías de hombres y mujeres, hechizo que supuestamente se hace para separar matrimonios. En otros botes había puros con cintas de colores y alfileres y seis barajas españolas atadas con cintas rojas y azules. Oraron con fe en el solar de la casa y les prendieron fuego a los embrujos que encontraron. Mientras lo hacían, una ráfaga de viento fuerte salió del interior de la casa. Dos días después, aquella familia abandonó Comayagua. Pocas personas los conocieron por el corto tiempo que ahí vivieron. La historia es real y nos fue contada por el esposo de doña Laura con el permiso de ella y de sus hijos. Los nombres de los protagonistas han sido cambiados. foto Normas de uso: Esta es la opinión de los internautas, no de LAPRENSA.HN. No está permitido publicar comentarios contrarios a las leyes hondureñas o injuriantes. Reservado el derecho a eliminar los comentarios que consideremos fuera de tema. El hereje La gente vivía con pánico. Se comentaba que alguien había sido sorprendido por la presencia de un horrible espectro que hacía un ruido infernal. Antes de que llegara el inolvidable misionero Subirana, en cierto lugar del pantano, donde se produce la famosa lluvia de peces, se comentaba con miedo que un fantasma estaba sembrando el terror entre los vecinos de la villa de Santiago, en Yoro. Las gentes vivían con un pánico extremo. Casi todos los días se comentaba que alguien había sido sorprendido por la presencia de un horrible espectro que hacía un ruido infernal y enigmáticamente se alejaba. Acompañada por dos de sus hijos, Fernando y Camilo, doña Crecencia regresaba a su hogar después de visitar a su comadre, doña Altagracia, que se encontraba muy enferma. —¿Cómo ve a su comadre, mamá? —Pues, mijo, para serte franca la he visto muy grave. Casi no habla y sus miradas están como extraviadas. Creo que esta vez no me reconoció. Lo malo es que los doctores que la han visto no han dicho la verdad de lo que ella está padeciendo. —Yo miré que han quitado muebles y todas las cosas de la casa; como que se estuvieran preparando para la muerte de la señora. —Así es, hijo mío, ya lo tienen todo listo porque según doña Mina solo están esperando que se muera. Cuando caminaban por la calle principal del pueblo, el reloj marcó las once de la noche. Como ya sabían que acechaba un fantasma, madre e hijos llevaban un crucifijo en las manos. De pronto escucharon que el viento silbó con fuerza entre las ramas de los árboles y los perros comenzaron a aullar. Las gallinas se alborotaron y unos gatos salieron corriendo sobre las tejas de las casas cercanas. Una voz cavernosa se escuchó sobre los árboles: “¿Quién es el mortal que se atreve a desafiarme? Ja, ja, ja”. Instintivamente, las tres personas levantaron los crucifijos de plata, que brillaron intensamente. Entonces se escuchó un ruido infernal entre los árboles cercanos como si sobre ellos caminara algo gigantesco. —Apretemos el paso, hijos. Esto no es nada bueno. —Recemos el Padrenuestro, mamá. Yo comienzo. Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Con los pelos de punta, la quijada pesada y las piernas en un solo temblor, doña Crecencia y sus hijos le dieron gracias a Dios cuando llegaron a casa. Estaban muertos de miedo. El padre Subirana llegó al lugar. Los vecinos se le acercaron y comenzaron a narrarle las cosas terribles que estaban sucediendo. Uno de los ancianos comenzó a decirle a Subirana: —Vea, padrecito, lo que está sucediendo aquí es tremendo. A veces escuchamos una voz cavernosa entre los ocotes y sopla el viento con fuerza de huracán. Todos aquí nos recogemos desde las cinco de la tarde por miedo de que nos salga el fantasma. Hace poco falleció una señora llamada Altagracia. Todos fuimos al entierro a las tres de la tarde. Tuvimos que salir corriendo después de enterrarla porque nos atacó el viento. Todos sabíamos que estaba a punto de presentarse ese fantasma que tanto daño nos está causando. Una señora le dijo al padre Subirana que había un lugar especial donde aparecía el fantasma con más frecuencia. —Ya nadie pasa por ahí por miedo, padrecito... El padre Subirana trató de calmar a los vecinos, les dijo que rezaran con él mientras se encaminaba al siniestro lugar donde el espectro hacía acto de presencia. El sacerdote alzó los brazos al cielo y exclamó: —Espíritu de maldad, te invoco en el nombre de Dios. De pronto, una voz cavernosa le preguntó al padre: —¿Quién eres? Inmediatamente, Subirana le respondió: —¿Eres de esta vida o de la otra? —Soy de la otra. Subirana hizo la señal de la cruz y preguntó: —¿Por qué aterrorizas a estas buenas personas? ¿Cuáles son tus penas? —Fui en vida un hombre hereje. Estaba casado con una santa mujer que no tenía otro pecado para mí que ser católica. Le había prohibido que rezara y que fuera a misa, pero en mi ausencia hacía lo contrario y en uno de tantos días, cuando regresé, ella no estaba en la casa; andaba en la iglesia. Mi cólera fue terrible. La castigué severamente por no hacerme caso y, no bastándome, osé pegarle con unas riendas y le puse freno en la boca y la herí con las espuelas. Desde aquel día no volvió a comer y se entristeció. No pudo sobrevivir. Arrepentido cuando ella murió, tomé un persogo y en ese barranco me ahorqué. Dios no me recibe en su seno y vago como espíritu de Satanás. Un sollozo prolongado terminó con aquella confesión. El misionero dirigió la mirada al cielo y exclamó con voz fuerte: —Te conjuro en nombre de mi padre y te mando que te marches de este lugar, que lleves una piedra atada a la cintura y vivas errante en el corazón de la montaña. Varios indios cuentan que vieron a un hombre misterioso huyendo por las selvas de la montaña del Pijol con una piedra amarrada a la cintura. Así, el padre Subirana decretó el castigo para aquel hereje que provocó la muerte de su esposa y luego se suicidó. Juntos hasta la muerte En el pueblo de Jutiquile, Olancho, sucedieron cosas muy extrañas en los años 50, según nos relató el profesor Iván R. Vivió en el pueblo una joven llamada Antonia. No era bonita, pero por su modo de ser conquistaba el corazón de cualquier hombre. Se celebraban para una Navidad lo que en nuestros pueblos llaman Los Peregrinos y que en México se conoce como Las Posadas. Le tocó el turno de recibir a los peregrinos a la madre de Antonia, doña Severa Gómez, persona muy entregada al catolicismo y vivo ejemplo de bondad y espiritualidad, dones de los que también estaba revestida su hija. Entre los asistentes estaba Rubén, hijo de una familia católica, muy trabajador y honesto, que recibía orientación espiritual en el hogar. El muchacho conoció a Toña cuando habían terminado los rezos y repartían mistela, tamalitos con frijoles, tortilla frita tostada y pedacitos de pastel. Los jóvenes, al verse, sintieron mutua atracción y acordaron verse al día siguiente en la quebrada que pasaba por el pueblo, donde las mujeres lavaban la ropa. Siguiendo las viejas costumbres, ella llegó a lavar ropa con otras mujeres. Rubén agarraba pequeñas piedras y las tiraba al agua, muy cerca del sitio donde Toña estaba lavando. Cuando el joven se disponía a lanzarle otra piedrecita a Toña sintió que una mano fuerte lo agarraba del hombro derecho y una voz recia lo amenazó: —Cuidadito con mi hija Toña. El día que te vea cerca de ella, te mato. Era la voz de Anselmo, el padre de la muchacha que, aunque no vivía con ella, la mantenía vigilada y la celaba terriblemente. El muchacho se levantó apenado. —Vea, don Anselmo: Toñita me gusta y no es justo que usted me venga a amenazar si nos acabamos de conocer. Bien sabe quién soy yo; no soy vago ni vicioso. El viejo se arregló el bigote con la mano derecha y dijo: —Sé quién sos y a qué familia perteneces. No quiero mancharme las manos con vos. He jurado que aquel que se le acerque a mi hija la muerte lo espera detrás de la puerta, así que ya lo sabes. Cuidadito con engatusarme a mi hija. Acto seguido, el viejo abandonó el lugar montado en un caballo negro que tenía. Sabiendo que no tenía mucho tiempo, Rubén le salió al paso a la muchacha cuando terminó de lavar. —Toñita, estoy enamorado de usted, aunque no me lo crea, pero su papá me acaba de amenazar. Dice que me va a matar si me le acerco. La joven colocó la canasta con la ropa sobre una piedra. Se cubrió el rostro con las manos y comenzó a llorar. Lo que el viejo no calculó era que aquella acción había sellado un pacto de amor entre su hija y Rubén. En la orilla de la quebrada, Rubén le dijo a Toña: —Desde este momento nos vamos a jurar amor hasta la muerte. El que se muera primero va a venir por el otro. Lo vamos a sellar con un beso. Después del juramento se besaron apasionadamente y cerraron los ojos. En ese instante sintieron un aleteo a su alrededor. Aquella fue la última vez que se vieron. El malvado Anselmo regresó a su hogar después de abandonar a su mujer y a su hija durante un año, doña Severa lo recibió no solo porque era el padre de su hija, sino porque aún sentía amor por el hombre. Casi inmediatamente, la vigilancia de Antonia fue extrema. La seguía a escondidas, se le aparecía en cualquier lugar. Todo eso lo sabía Rubén porque él también miraba de lejos al amor de su vida. La ausencia, las amenazas de muerte y el amor frustrado fueron enfermando al muchacho. Ella se había acostumbrado a verlo de lejos y disimuladamene le mandaba besos en el aire. Una mañana, Rubén ya no se pudo levantar. Sus papás le hicieron medicinas de monte y su estado de ánimo seguía siendo el mismo. Dejó de comer y fue adelgazando poco a poco. Pidió en su lecho de muerte que le llevaran a Toñita para despedirse. Un grupo de vecinos fue a solicitar el permiso de Anselmo para llevar a la muchacha, él se negó y los corrió a todos. —¡Váyanse de aquí, malditos, que mi hija no va a ver a ningún desgraciado! Extrañamente, Antonia sonreía, no hablaba de Rubén y se dedicaba a las labores de su hogar, pero su padre la vigilaba, así que sin perder el tiempo le preguntó por qué solo pasaba sonriendo. Ella, sin perder la sonrisa, le dijo: —¿Sabe algo, papá? El día que Rubén se muera va a venir a traerme y usted no lo podrá detener. El viejo la miró y lanzó una carcajada. —Vos estás quedando loca, pero de aquí no salís. Cuenta el profesor Iván R. que Rubén se murió y ese mismo día a las once y media de la noche Anselmo se despertó, escuchó ruidos en el cuarto de su hija, se levantó con la pistola en la mano, abrió la puerta de una patada y lo que vio lo dejó helado: ahí estaba el fantasma de Rubén llevando de la mano a Toña. Ambos desaparecieron en una luz blanca ante los asombrados ojos del viejo. Durante varios años, el espectro de los novios aparecía sobre las calles de aquel pueblo y por último se escuchaba la voz del viejo Anselmo pidiéndole perdón a la hija. —Aunque parezca increíble —dijo el profesor Iván—, fui de los pocos que vieron a esa pareja de fantasmas agarrados de la mano. Así como lo juraron, estuvieron juntos hasta la muerte. El ayudante La joven Maribel se dedica a la compra y venta de joyas, con frecuencia viaja entre Tegucigalpa y San Pedro Sula, a veces la acompañan sus dos hermanos, otras viaja sola en su turismo. Hola Maribel, a tiempo llega, tengo una clienta que me estaba preguntando por las joyas de plata y oro que usted me trae; pero siéntese, ya la atiendo. Don Fredy, vendedor de joyas de la ciudad de San Pedro Sula, era de los principales compradores de la joven vendedora. Minutos después, don Fredy quedaba asombrado de las maravillas que le mostraba: “No sé cómo se las ingenia para que le hagan esas cosas tan maravillosas Maribel, esta vez las compro todas”. La joven comerciante era muy conocida y querida por sus clientes, a veces se quedaba en Siguatepeque, otras en Comayagua y así se ganaba la vida honestamente. Era el año de 1998, debido al mal tiempo que imperaba se quedó a dormir en un hotel de Siguatepeque, fue a visitar a ciertas amistades y luego regresó al hotel para pasar lo noche, en esa ocasión la acompañaban sus dos hermanos. “Ya ven muchachos que hoy no nos fue tan mal, lástima por el mal tiempo, es peligroso bajar esa cuesta hacia Comayagua, porque a esta hora circulan rastras y camiones y ha habido muchos accidentes”, dijo la vendedora. Una semana después, Maribel viajó de nuevo a San Pedro Sula, no tenía que ir a regatear con sus clientes, la mercadería que llevaba era de encargo. Llegó a la ciudad de los zorzales, visitó a sus clientes, entregó las joyas y decidió regresar a Tegucigalpa a las tres de la tarde, calculando que estaría llegando a las seis y media o siete de la noche. Había neblina en el trayecto del Lago de Yojoa desde Taulabé hacia el cerro de las Caleras, por fortuna era temprano y se podía ver con claridad la carretera. Se aproximaba a Siguatepeque cuando Maribel tuvo que hacer una difícil maniobra con el timón, se le ponchó una llanta delantera del vehículo, había un hombre en la orilla de la carretera que corrió a auxiliar a la muchacha: “Disculpe... está bien.... no le pasó nada...?” “por suerte no...pero me llevé un gran susto, respondió ella. “Vale más que venía despacio señorita, saque la gata y los fierros le ayudaré a cambiar la llanta”, le indicó el individuo. El desconocido cambió la llanta, aseguró bien los tornillos: “Listo señorita, ¿se fija que soy buen ayudante...? ella sonrió agradecida, metió la mano en su cartera y, “...no, ...no señorita, guarde su dinero que un favor a cualquier persona se le hace, mejor invíteme a un café en el comedor Suyapa que queda ahí adelante...”, aclaró el desconocido. “Está bien... súbase...”. Llegaron al comedor, se tomaron el café y conversaron. “A propósito, ¿cuál es su nombre...?, preguntó ñs mujer. “Me llamo Raúl, vivo en una casa que está cerca de donde se le ponchó la llanta, estaba esperando a un amigo porque mañana tenemos que cortar unas naranjas para venderlas en la orilla de la carretera”, contestó el desconocido. “¿Y usted qué hace...cómo se llama...?, interrogó el hombre. “Mi nombre es Maribel y me dedico a la compra y venta de cosas, viajo una o dos veces por semana a San Pedro Sula, a veces me tardo hasta un mes en viajar y regularmente me acompañan mis hermanos, esta vez les dije que viajaría sola”, declaró la comerciante. ¿Pero se da cuenta que es bueno andar acompañado?, señaló el hombre. “Bueno, Raúl tengo que irme porque se me va hace tarde, muchas gracias por todo”. “Al contrario, gracias a usted por el cafecito”, expresó Raúl. Una semana después, Maribel viajaba con sus dos hermanos a San Pedro Sula, les había contado del incidente en la carretera y de la amabilidad de aquel inesperado ayudante. Al regreso de San Pedro Sula y cerca del comedor Suyapa vio a Raúl y estacionó el vehículo: “Hola, Raúl... le presento a mis dos hermanos... veo que hoy si tiene naranjas a la venta... así que le vamos a comprar”. Conversaron un rato con Raúl, luego se despidieron de él con mucha alegría. “Mmmm, me parece que le gustas a tu ayudante, Maribel, casi te comía con los ojos, jejejeje”, bromeó uno de los hermanos. “Uy vos, no seas mal pensado, si apenas acabo de conocerlo, aunque a decir verdad es un hombre joven y no es feo”. Los hermanos se rieron y contando chistes regresaron a Tegucigalpa. “Saben qué...la próxima vez que vaya a San Pedro Sula le voy a llevar un regalito a Raúl por lo bien que se portó conmigo”, dijo la muchacha. “Mmm, es lo que yo digo, a esta le gustó el ayudante, jajaja”, todos se rieron de la ocurrencia. Quince días más tarde pasó Maribel por el comedor Suyapa y siguió mirando hacia los lados de la carretera buscando a Raúl, pero no lo vio. “A lo mejor lo encuentro al regreso, uno tiene que ser agradecido con la gente”. Esa vez estuvo tres días en San Pedro. Partió temprano, aproximadamente a las nueve de la mañana tomó rumbo hacia la capital, iba alegre porque los negocios marchaban bien. “No sé si le quedará la camisa que le llevo a Raúl, pero calculadamente ese es el número”. Llegó al lugar adonde Raúl vendía naranjas y no lo encontró, se estacionó esperando verlo y pensó... “a lo mejor está en el comedor tomando café, si no lo encuentro ahí, le voy a dejar la camisa”. Llegó al comedor, saludó a los comensales y buscó a Raúl, luego se acercó a una muchacha y le preguntó por él, le dio la descripción. “¿Qué le pasa?, preguntó Maribel, La muchacha se sostuvo en una mesa y dijo: “Raúl era mi hermano, murió atropellado ahí donde usted dice que le ayudó a cambiar la llanta, el falleció hace dos años”. Cuando Maribel llegó a la capital mandó a oficiar misas por el eterno descanso del alma de aquel que inesperadamente fue su ayudante en la carretera. Increíble historia pero...¡cierta..! Espero que les haya gustado pontro sera la parte 2

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ven y lee unos cuentos y leyendas de mi pais parte 2
ParanormalporAnónimo12/30/2012

El ambicioso L as sagradas escrituras dicen que el amor y el dinero es causa de toda clase de cosas perjudiciales, la corrupción impera en muchos países envueltos en el narcotráfico y otra clase de negocios ilícitos, las autoridades civiles y militares, diputados y demás funcionarios participan en esas cosas terribles por el amor al dinero. Vivió en una comunidad hondureña un hombre de nombre Adolfo, llegó al lugar no se sabe de dónde, compró un pequeño terreno, el que fue ampliando robándose las tierras y rodeándose de matones, poco a poco la gente se vio afectada con el robo de ganado. Las personas que iban a verlo para reclamarle lo del robo de ganado eran amenazadas por don Adolfo. “Ustedes se han equivocado conmigo, soy un hombre honesto que no se mete con nadie, otros son los ladrones y a mí me echan el ‘clavo’, la próxima vez que vengan a reclamarme cosas en las que no he tenido nada que ver los voy a agarrar a tiros, ¿entendido?” ...Humillaba a la gente constantemente, fue acaparando tierras y compró camiones para robarse la leña, frutas, ganado, y todo lo que encontraba a su paso. La gente temerosa del pueblo comenzó a murmurar. “Ese tal don Adolfo está endemoniado, me alargo si no practica la brujería, usted cree que no… esos hombres que hacen grandes capitales de la noche a la mañana y que se rodean de matones, seguramente tienen tratos con Satanás, pero ya verá usted que no le dura mucho esa riqueza. Es dinero maldito el que consiguen robando, asaltando y haciendo mil cosas que no son agradables a Dios. Pero Dios no los castiga, es el mismísimo diablo el que se encarga de cobrarles”. A oídos de don Adolfo llegó la noticia de una familia que tenía mucho ganado en un pueblo cercano, reunió a sus hombres y les dijo: “Esta noche vamos a salir de cacería, por lo menos en estos dos camiones vamos a meter las reses que quepan, a mí déjenme lo demás, que ya tengo todo planeado, le vamos a hacer una visita a don Ángel y a su familia, nunca sabrán quién llegó a visitarlos jajajajajaja”. Con la pistola en la mano don Adolfo recibió el aplauso y la gritería de los maleantes que estaban bajo sus órdenes. A las 11 de la noche partieron los hombres encabezados por su jefe, que viajaba en un carro de paila seguido de dos camiones, dos horas más tarde llegaron a la próspera hacienda de don Ángel. Con lazos en sus manos se dieron a la tarea de meter el ganado en los camiones, entretanto don Adolfo y dos hombres más se habían encapuchado, el viejo malvado penetró en el dormitorio; don Ángel se levantó, pero en el acto fue atacado a balazos. Aquella operación les tomó media hora aproximadamente, luego los maleantes le metieron fuego a la hacienda y huyeron. Lo que no sabía Adolfo es que habían dejado con vida a la madre de don Ángel, una señora que se encontraba en una letrina fuera de la casa y lo había visto todo. Con sus 96 años de edad se mantenía fuerte y sana, al ver la propiedad en llamas, sin ganado y con un reguero de muertos, lanzó una maldición: “Que el ejército de estos muertos haga lo que tiene que hacer”. En ese momento un relámpago cruzó el cielo y los animales silvestres se alborotaron. La luz de las llamas del terrible incendio iluminó la silueta de la anciana cuando abandonaba el lugar apoyada en un bastón. El ambicioso Adolfo disfrutaba con sus compinches por el exitoso asalto y asesinato; había fiesta con mujeres y aguardiente, la celebración siguió durante la noche. Entre los árboles se movía una fuerza invisible que doblada las ramas, insectos y aves nocturnas volaron con rumbo desconocido; el ruido no llegaba a la hacienda del festejo, la música y los gritos de los peones lo impedía. Dos hombres montaron en sus caballos para abandonar la fiesta, no habían recorrido ni un kilómetro cuando escucharon que un fuerte ruido provenía de las montañas, claramente escucharon el crujir de las ramas y la caída de algunos árboles montaña abajo. El pánico se apoderó de aquellos hombres que regresaron a todo galope, le contaron a don Adolfo lo que ocurría: “Hay algo en las montañas que viene avanzando lentamente hacia acá, hay que desalojar la hacienda, es algo malo, se siente... y… está muy cerca”. El viejo lanzó una carcajada y dijo en voz alta: “¡Váyanse cobardes, no los necesito en este lugar!” Los hombres se fueron en dirección contraria a la que llevaban primero, y sus caballos estaban asustados por un poder invisible. Galoparon velozmente, atrás se escuchó como si un ejército avanzara cubriendo varios kilómetros en la montaña. La presencia sobrenatural llegó a la hacienda como un alud, la gente comenzó a gritar tratando de escapar inútilmente, un verdadero ejército de muertos cabalgaba sobre caballos espectrales, los dirigía don Ángel, el hacendado asesinado. Cuando don Adolfo vio el fantasma de Ángel trató de escapar, pero de un certero machetazo su cabeza salió volando por el aire hasta caer en el suelo. Los dos hombres que huían vieron que la hacienda estaba en llamas, escucharon gritos pidiendo auxilio, luego aquel ejército invisible para ellos abandonó el lugar, hasta que todo quedó en silencio. Las palabras de la vieja se cumplieron: “Que el ejército de los muertos haga lo que tenga que hacer”. Enterrado vivo Diego del Carmen abrazó desde niño la religión católica, motivado por su madre doña Estela. Todos los días lo llevaba a la iglesia de la Virgen Inmaculada Concepción y por las noches le rezaba una novena a cualquiera de los santos de su devoción, aunque era fiel devota de las ánimas benditas. Creció, pues, el niño muy rezador y de adulto se convirtió en devoto del ánima sola, una figura que aparece encadenada en las estampas que venden en librerías y mercados. Antes de dormirse le encendía una vela todas las noches al ánima sola tal como le había enseñado su difunta madre. Contrajo nupcias con Patricia Cervantes en la iglesia del Calvario. Nacieron cinco hijos: dos mujeres y tres varones. Diego era agente vendedor de uno de los almacenes más fuertes de los años 50, viajaba por todo el país y con su modesto salario logró educar a todos sus hijos. Las dos mujeres estudiaron Medicina, uno de los varones se hizo abogado, otro ingeniero y el último puso un taller de mecánica; nunca fue bueno en los estudios, pero tenía gran inteligencia para reparar automóviles. A sus 75 años de edad, Diego se sentía cansado. A pesar de los años transcurridos seguía con su fe en el ánima sola. Una mañana, su esposa Patricia amaneció enferma, con tos persistente. Casi no podía hablar y mucho menos levantarse. Las dos hijas doctoras se dieron cuenta de que su mamá tenía una pulmonía terrible. Fue atendida inmediatamente. A pesar de los medicamentos y las atenciones, Dios había decidido otra cosa. La señora falleció a las seis de la tarde. Una mañana, mientras el viejo Diego regaba las plantas del jardín sintió una opresión en el pecho, se llevó las manos al corazón, se recostó en un árbol y tomó aire. Fue sintiéndose mejor. A ninguno de sus hijos y mucho menos a las doctoras les dijo nada; siguió regando las plantas y entró en la casa. Le pidió a la trabajadora que le sirviera una taza de café y se tranquilizó. Al llegar la noche se despidió de sus hijos y se fue a la cama, pero antes encendió la candela que dedicaba todas las noches al ánima sola. Dijo sus oraciones, dejó lustrados los zapatos; los colocó debajo de la cama, se acostó y se durmió. Su vida transcurría con sus amigos y la gente que lo conocía. Al siguiente día, todo era normal. Sus hijos varones que vivían con él se habían ido a sus trabajos. Miró el reloj: las agujas marcaban las ocho de la mañana. Se arregló bien después del desayuno y se fue al parque central de la ciudad capital, donde se encontraba con sus viejos amigos y compañeros de la escuela. Así pasaba la vida don Diego, querido por su familia, por sus amigos y la gente que bien lo conocía. Los fines de semana se reunían todos en casa: las doctoras, el ingeniero, el mecánico y el abogado tenían la costumbre de estar con sus pequeños hijos y don Diego. Aquel fin de semana hicieron una barbacoa y mientras don Diego movía las brasas en la parrilla tuvo un desmayo. De inmediato lo llevaron a la cama y pocos minutos después sus hijas lo declararon muerto. La noticia de la muerte de don Diego corrió como el viento. Vecinos y amigos acudieron a la funeraria donde se llevaría a cabo la vela y luego a su entierro en el cementerio general de Comayagüela. Curiosamente, una nietecita del difunto llamada Clelia, de apenas ocho años de edad, les dijo a sus papás: —El abuelo no está muerto. Papá, no lo entierren. Sus palabras fueron tomadas como de una niña que amaba entrañablemente al abuelo y al verlo en el ataúd le daba la impresión de que estaba vivo. Decenas de personas que acudieron al velorio resaltaron las bondades del difunto don Diego. Así pasó la noche y llegó el siguiente día. Se habían hecho los arreglos para el sepelio y aproximadamente a las diez de la mañana partieron con el supuesto cadáver al cementerio. Al echar la última palada de tierra, el llanto de sus hijos fue tremendo. No quedó nadie en el cementerio. Cuando todos se habían ido, el muerto despertó dentro del ataúd. Don Diego, al ver que estaba enterrado vivo, según contó él mismo, solo pudo decir: —¡Ánimas benditas del purgatorio, ayúdenme! Ocurrió algo muy extraño: podía respirar sin dificultad a pesar de estar sepultado. Sintió que alguien sacaba la tierra, cuando lo sacaron de la fosa y una mano invisible abrió la tapa del ataúd. De inmediato se dio cuenta de que estaba sano y salvo dentro del camposanto. Para no alarmar a sus familiares pidió prestado un teléfono. Nadie podría sospechar que aquel hombre acababa de salir de su tumba. Su hija Mercedes dijo: —Cuando escuché la voz de mi papá por teléfono casi me desmayo. Él comenzó a explicármelo todo. Quedé petrificada. Aun así, con mis dudas le comuniqué a mis hermanos. Todos estaban asustados. Nos fuimos al parque Ferrera, como él había dicho. Ahí lo encontramos con el saco del traje entre las piernas, platicando con unos niños. No podíamos creerlo: allí estaba papá vivito y coleando; fue algo impresionante. Aquel suceso no escapó a la prensa. Se dio a conocer la noticia y se dijo que posiblemente unos ladrones lo habían sacado de la tumba para robarle y que con esa mala acción de los delincuentes le habían salvado la vida. Don Diego contó su historia. Aseguró que no hubo tales ladrones. Dijo que fue un milagro, que las ánimas benditas del purgatorio lo habían ayudado. —Lo que sí sé es que estuve enterrado vivo —afirmó. Los anillos de Lupe Lupe era una mujer de unos 53 años, había llegado a la ciudad de Nacaome, en el departamento de Valle, con procedencia de la hermana república de El Salvador, se dedicaba a las ventas entre los dos países, traía mercadería salvadoreña y llevaba hondureña a su país de origen. Se trataba de una hermosa mujer, de porte elegante, que llamaba la atención de los hombres Ella contaba a sus amistades de Nacaome que había estado casada tres veces, que no deseaba nunca más el matrimonio, que prefería gozar de la vida de soltera con cualquier hombre que le gustara. “Para mí amarrar a un hombre es lo más fácil”, decía, “conozco los ingredientes para hacerlo, jajajaja”. Había algo que identificaba a Lupe, tenía anillos en cada dedo de sus manos, todos eran de oro y algunos tenían brillantes, comentaba que toda su riqueza la andaba en sus manos, sus amistades se reían y le preguntaban si no sentía miedo de que alguien se los robara, ella sonreía. “Los ladrones tendrán que pensarlo muy bien”, decía la mujer, “ya lo han intentado pero no voy a decirles lo que les pasó”. Sus clientes, hombres y mujeres, le encargaban ropa, artículos para el hogar, cadenas de oro y plata, dijes, lociones, cremas y otras cosas; ella jamás dejaba de llevar los encargos a las casas. Sus anillos llamaban la atención de todo el mundo, las mujeres quedaban fascinadas al verlos. Lupe llevaba 10 anillos en sus dedos. Lucía -que era una joven de 18 años, hija de doña Leticia, una de sus clientas- le preguntó a la salvadoreña si vendía sus anillos, sonriendo respondió Lupe: “Eres una niña muy bella, algún día podrás comprar tus propios anillos, estos representan mi vida, mi fortuna, mi suerte”. Dicen que las apariencias engañan y en el caso de la joven Lucía nadie sospechaba que había mucha maldad en su corazón. Lucía comenzó a anotar las visitas de Lupe, los días, las horas, qué casas visitaban, calculaba las cantidades de dinero que ganaba y por qué calles caminaba antes de viajar a El Salvador. “¡La tengo!, hoy sí sé cada paso que da esa mujer, esos anillos tendrán que ser míos; nadie, ni mi mamá sospechará de mí jamás”. Después de haber memorizado los datos que había anotado en su cuaderno, procedió a quemarlo en el fogón de su casa, así nadie sabría que estaba tras los pasos de Lupe. Aquellos valiosos anillos se habían convertido en una obsesión para la joven, soñaba con ellos, se miraba las manos y le parecía que los andaba puestos. Con paciencia fue planeando cada movimiento, solo era cuestión de esperar. “Buenos días Lucía”, dijo Lupe, “¿está doña Leticia?, “ya la llamo, pero pase adelante por favor”. La hermosa mujer le dijo: “Sé que te gustan mucho mis anillos, no haces más que verme las manos”. Lucía se sonrojó y respondió: “Así es doña Lupe, pero ya me dijo usted que trabajando arduamente puedo llegar a tener mis propios anillos, ¿verdad?” “Así es Lucía, así es, las cosas deben hacerse honradamente, jamás hay que pensar en conseguir lo que se quiere actuando con maldad, nunca le hagas caso a los deseos”. Lucía llamó a su mamá y se despidió de Lupe. La joven asustada por las palabras de Lupe salió de su casa, le temblaban las manos y las piernas. “Me descubrió, sé que esa maldita me descubrió”, pensaba, “antes de que hable tengo que matarla y robarle los anillos, así dirán que fue un robo y que por eso la mataron”. Sabía todos los movimientos de la salvadoreña, así que no le fue difícil esperarla en una calle solitaria. Agazapada detrás de un cerco de piedras, Lucía esperaba pacientemente a su víctima; sintió que se acercaba, y al tenerla a su alcance disparó con una pistola calibre 22, seis veces, hasta que Lupe se desplomó sin vida. Cuando la joven intentaba saltar el cerco para apoderarse de los anillos, vio que varias personas corrían hacia esa dirección, habían escuchado los disparos. Conocedora del lugar, le fue fácil esconderse y huir rápidamente, iba furiosa por no haber robado los anillos. El cadáver de Lupe fue trasladado a San Miguel, en El Salvador; sintieron mucho la muerte de aquella hermosa dama. Cuarenta días después, una tormenta eléctrica sorprendió a los vecinos, las ráfagas de viento eran aterradoras, los perros comenzaron a ladrar, todos los animales del lugar estaban asustados. Los vecinos escucharon gritos aterradores que eran apagados por el estruendo de los rayos; “querías mis anillos Lucy, los he traído para que te los pongas jajajajajajajaja” Extrañamente nadie en la casa de Lucía se despertó. Cuentan los vecinos que al día siguiente encontraron el cadáver de la joven; tenía anillos clavados en los ojos, la lengua y el rostro, y una expresión de terror. La misma noche del entierro de Lucía comenzaron a ver el fantasma de Lupe que caminaba por las calles de la ciudad, la reconocían por los anillos que brillaban en sus huesudos dedos.Un grupo de vecinos fue a levantar el alma de la muerta en el mismo sitio donde había sido asesinada. Solo así pudieron evitar que el fantasma volviera a caminar por las calles de la ciudad. La muerta del callejón Jacinta se dedicaba a las malas artes, era buscada por decenas de personas que llegaban al pueblo donde ella vivía muy cerca de Naco en la zona norte del país, ahí se podían ver motocicletas, bicicletas, vehículos viejos y modernos carros de lujo. La gente que la visitaba comentaba: “¡Esa doña sí es buena!, a mí se me habían perdido unas joyas y me dijo dónde encontrarlas”. “A mí esposo le robaron el carro y ella le dijo dónde estaba y quién lo tenía”. “Ese mi marido era mujeriego de primera, pero ahí está quietecito gracias a doña Jacinta”. La fama de la señora se fue extendiendo poco a poco y se afirma que de otros países acudían a consultarla. Testimonio Una señora llamada Lucinda llegó a buscar a Jacinta y le explicó que quería amansar a su marido, pues era un déspota, infiel, tacaño y golpeador. “Me pasa las mujeres por enfrente y no le basta eso sino que me ha obligado muchas veces a darles de comer a sus amantes”. La bruja anotó el nombre del hombre, luego preparó unos polvos y le dijo: “Bastará que le pongás de estos polvos en la comida, no tienen ningún sabor y no lo va a notar, ya vas a ver el cambio, si vos te querés vengar llevando hombres a tu casa ni va a protestar, bueno eso lo dejo a tu elección”. Lucinda dejó en manos de Jacinta una buena remuneración, le dio las gracias y abandonó el lugar, se trataba de una mujer de mucho dinero y al no soportar las cosas terribles de su marido, por medio de una trabajadora se dio cuenta de la existencia de Jacinta, y a lo que se dedicaba; fue así que desesperada llegó a visitarla. Al regresar a su hogar estuvo esperando al esposo, quien como era su costumbre llegó tarde exigiendo comida: “Dame de hartar mujer que vengo con un filo perro, pero apurate si no querés que te reviente el pico como el otro día”. La mujer, que ya tenía la comida preparada, le sirvió inmediatamente, había seguido las instrucciones de Jacinta. Una señora llamada Lucinda llegó a buscar a Jacinta y le explicó que quería amansar a su marido, era un déspota, infiel, tacaño y golpeador. Al siguiente día el viejo óscar, que así se llamaba el hombre, abrazó a su mujer y antes de irse a sus negocios le dio un beso en la boca, algo que no había sucedió en más de cinco años.“Voy a regresar temprano amor, así que no te preocupés por mí”. Lucinda se rio cuando vio que su marido se alejaba. “Está funcionando, ya va a ver este viejo desgraciado, me las va a pagar todas una por una, ni sabe la que le espera jajajajajajaja”. Don óscar llegó ese día a las cuatro de la tarde, cuando generalmente llegaba a las 12 de la noche o en horas de la madrugada, él mismo estaba sorprendido. Cuenta la historia Una semana más tarde, en el cambio que tuvo don óscar, la mujer, que era una joven atractiva, sacó las garras y comenzó por servirle la comida helada al viejo, ya no lo esperaba así llegara tarde o temprano, pero lo que dejó con la boca abierta a todo el mundo fue cuando la mujer comenzó a salir con el mejor amigo de su esposo, descaradamente se besaba con él, ¡delante de don óscar! “Te acordás que una vez te dije que me las ibas a pagar todas?, ahora estoy haciendo lo mismo que vos hacías y todavía me falta”. El viejo miraba las cosas y no decía nada, así pasaron tres años, su mujer se acostaba con el hombre que le gustaba, y él, su esposo, continuaba en silencio. La misma trabajadora que le había dado la dirección de Jacinta a su patrona sintió compasión por don óscar, le contó lo sucedido, aunque él no creía una sola palabra, pues su mente estaba dominada por la presencia de malos espíritus que lo dominaban y los cuales habían entrado a su cuerpo a través de las comidas. La mujer siguió burlándose de él, gastaba el dinero a manos llenas manteniendo a los hombres que le gustaban. Don óscar ordenó a cuatro de sus hombres que lo acompañaran y no le dijo una sola palabra a su mujer que ese día iría de viaje. Jacinta estaba sola en su casa, acababa de despachar a decenas de personas que habían llegado desde horas de la madrugada a buscarla, la tarde caía y el sol comenzaba a ocultarse, de pronto don óscar y sus hombres aparecieron detrás de la mujer disparando sus armas hasta vaciarlas. Jacinta se desplomó sin vida y sus asesinos partieron rápidamente del lugar sin que nadie los identificara. Desde ese momento don óscar sintió que era él de nuevo, llegó a su casa sin decir nada, su mujer estaba bebiendo con otro hombre, al verlo se estremeció, sintió que algo pasaba en su cuerpo y en su mente, salió de su casa con el hombre y regresó a medianoche no era la misma. Estacionó el vehículo, y al bajarse caminó por un callejón para llegar a su casa; cuando avanzaba, apareció en medio del callejón una figura espectral, era la vieja Jacinta. “Por tu culpa estoy muerta, así que vine a traerte para que me acompañés al mismísimo infierno”. Cuentan que Lucinda gritó con todas sus fuerzas. Don óscar salió con pistola en mano y pudo ver con claridad al espectro de la mujer que había asesinado, se quedó de una pieza y la pistola cayó de su mano, de nuevo el fantasma habló. “Te doy dos años más de vida… también vas a vivir en el infierno”. Acto seguido desapareció. En el ambiente quedó un intenso olor a azufre. Cuentan los hombres que estuvieron cerca de don óscar, que una noche escucharon sus gritos en la casona, acudieron a ver lo que pasaba, y en el suelo solo encontraron el sombrero, él había desaparecido. El mandado Bartolo Benítez se levantó temprano, como de costumbre, y asistió a la misa de la mañana, en la iglesia de San Sebastián, en la ciudad de Comayagüela. La iglesia estaba iluminada por las velas. Buen número de personas comenzó a llegar y ocupar las viejas bancas de madera. El sacerdote llegó, hizo la señal de la cruz y comenzó los actos religiosos. Bartolo se arrodilló y comenzó a rezar. Al salir de la iglesia se encontró con Marina Alvarado, una joven que siempre le había llamado la atención. La saludó cortésmente y se ofreció a acompañarla a su casa. Ella aceptó. Caminaron por las polvorientas calles de la antañona ciudad y Bartolo le preguntó: —¿Y qué hay de cierto que ya se dejó con Heriberto? Ella se sonrojó y respondió: —Así es, Bartolo, él me dejó por otra. Han pasado tres años y aquí donde me ve es la primera vez que vengo a la iglesia. Hasta la fe había perdido por ese hombre. Al principio no hallaba qué hacer conmigo. Me llevaba a todas partes, me compraba cosas y fuimos felices un tiempo. Todo fue que conociera a Reina, la hija de don Ramón, para que todo comenzara a fallar. Y usted ¿ya se casó? El hombre sonrió. —No, no, no me he casado todavía, aunque ganas no me han faltado. Estoy igual que usted. ¿Se acuerda de Mirtala, la de Cundo? Anduve con ella un tiempo. De repente apareció por ahí un chofer que la engatusó y se la llevó. Me han contado que le ha ido muy mal, pero así es la vida. Siguieron platicando y llegaron a la casa de Marina y se despidieron con un apretón de manos. Hicieron una cita para verse en el parque el sábado por la tarde. Bartolo llegó a su casa, lanzó un suspiro y pensó: —¡Qué bonita está la Marina! Me parece que está más bonita que antes. Me imagino lo que debe hacer sufrido por Heriberto. Tan buena pareja que hacían; jamás me imagine que él la traicionaría con la hija de don Moncho. Que Dios me perdone, pero esa tal Reina sí es fea; no sé qué le habrá visto mi amigo, aunque pensándolo bien dicen que en esa familia les ha gustado mucho la brujería. A lo mejor le dieron alguna babosada para que dejara a Marina por Reina. Mmm. Quién sabe lo que habrá sucedido. Siempre me ha gustado Marina. Nunca le dije nada por respeto a mi amigo. Hoy que la vi quizás pueda llegar a algo bonito con esa mujer. Llego el sábado y por la tarde los dos se encontraron. —Caramba, Marinita, qué bella que anda, parece una princesa. Ella sonrió. —Usted es el que está choco. Ja, ja, ja. —No, Marinita, aunque fuera choco, como usted dice, siempre estaría admirando su belleza. Perdone la pregunta. ¿Qué ha sabido de Heriberto? Ella miró hacia la lejanía y respondió: —Supe de él pasado el primer año que se había ido a vivir con Reina a Santa Bárbara; de ahí no volví a saber nada, como que se lo tragó la tierra. Ya ve, así han pasado tres largos años. Ya lo superé y no me hace falta. No pienso en él, ya no hay nada, ni siquiera resentimientos. Bartolo sonrió y dijo: —La historia suya se parece a la mía. Al principio me dolió mucho, pero me fui acostumbrando a la situación y ya no hay nada. Anduvieron dando vueltas por el parque y finalmente él se atrevió a agarrarla de una mano. Ella no protestó y cuando menos lo esperabanse estaban besando. Así comenzó una bonita relación entre Bartolo y Marina. Los familiares de ella conocían al hombre y sabían que era una persona recta y sin vicios. Un mes después unieron sus vidas por los sagrados lazos del matrimonio, ya que ambos estaban solteros. Dios premió aquella hermosa relación con un hijo, al que bautizaron y llamaron Miguel en memoria del padre de Bartolo, que llevaba ese nombre. Una tarde aproximadamente a las seis, el joven Miguel se despedía de sus amigos del campo de fútbol después de jugar un partido amistoso con los muchachos del barrio vecino. Un hombre que había visto el encuentro se le acercó a Miguel y le dijo: —Veo que era un gran delantero. Así me hubiera gustado tener un hijo, pero tú eres el hijo de doña Marina, ¿verdad? El muchacho asintió con un movimiento de cabeza. —Pues qué bueno —dijo el hombre—. ¿Me puedes hacer el mandado de llevármele esta carta a tu mamá? Dile que se la manda un amigo. El joven tomó la carta y se despidió. Llegó alegre a su casa y saludó a sus padres. Contó el encuentro con el extraño y le entregó la carta a su mamá. Bartolo estaba intrigado. Se acercó a su esposa mientras ella abría el sobre. Cuando iban leyendo sus rostros se pusieron rígidos y pálidos. La carta había sido enviada por Heriberto. Entre otras cosas decía: “Dile a Bartolo que escarben donde hay una piedra blanca detrás de la casa. Es un regalo que le hago deseándoles que siempre sean felices”, pero el susto fue grande, pues sabían que Heriberto había muerto hacia 10 años. Bartolo encontró gran cantidad de pepitas de oro en un pequeño baúl, también monedas de plata y oro. En vida, Heriberto se dedicaba a comercializar el precioso metal. Como es la costumbre de los hondureños, se mandaron a oficiar varias misas en la vieja iglesia de San Sebastián en memoria de Heriberto, quien equivocó su camino al abandonar a una buena mujer. Lo anterior nos fue narrado por la misma doña Marina en la ciudad de Comayagua. En busca de las tinieblas Los enamorados frustrados suelen caminar en busca de las tinieblas para conseguir los favores de un hombre o de una mujer, compran amuletos, oraciones, brebajes, spray y todo lo que les facilite la atracción de la persona amada. De estas cosas se aprovechan los farsantes que alquilan un espacio en cualquier radioemisora y se presentan como profesoras, maestros y escogidos. Leen el horóscopo que ellos mismos inventan, sugestionan a los oyentes de tal manera que muchos caen en sus trampas y les dan el poco dinero que ganan. Carlos estaba obsesionado con una mujer casada. En más de una ocasión la había enamorado, pero ella siempre lo rechazaba. —Soy una mujer casada. Respéteme porque ni sabe en qué problema se va a meter con mi esposo. él es un hombre muy delicado y si se da cuenta de que usted me molesta, quién sabe. él, como todo hombre tunante, le contestaba con bromas. —Eso de que sea casada no me importa. De todos modos no soy celoso. Pero aquella obsesión lo estaba matando. —Esa mujer tiene que ser mía, nunca se me ha escapado una mujer aquí en Comayagua —decía.Carlos comenzó a investigar si había alguien capaz de hacerle una brujería a la mujer que tanto anhelaba. Anduvo por el mercado y encontró a una señora que vendía amuletos y todas esas cosas que utilizaban los curanderos y brujos. Ella le dio una información. —Mire, don Carlos, aquí vienen muchas personas que se dedican a esas cosas. Me han contado que el mejor es un señor que vive cerca de Marcala, por aquí tengo el nombre apuntado, se lo voy a pasar a este papelito por si le interesa. Carlos le dio las gracias a la vendedora y pensó: —Angelita no se me va a escapar. Si ese brujo es bueno, la voy a ver rendida a mis pies.Un fin de semana partió a Marcala en busca del famoso señor. En una pequeña aldea detuvo su vehículo para preguntar dónde vivía el hombre que buscaba. —Allí no entra el carro, señor. Tiene que irse a pie. Siga este camino. Va a encontrar una casa de material. Ahí es. No hay pérdida porque es la única casa que existe en esa zona. Carlos le dio las gracias a su informante, dejó el carro estacionado junto a una vivienda y emprendió el camino en busca del hombre que supuestamente le ayudaría a conquistar el corazón de Angelita. Regresó el mismo día a Comayagua. Llevaba unos polvos supuestamente mágicos para conquistar a la mujer de sus sueños. Un día, cuando ella salía de un establecimiento comercial, él se le acercó sigilosamente por la espalda y le regó los polvos. Sin que ella se diera cuenta se quedó escondido en una esquina. Solo era cuestión de esperar. A los siete días, según las instrucciones del brujo, la mujer caería fácilmente en sus redes. Solo era de hablarle. Como conocía los lugares que frecuentaba Angelita, salió de su casa a buscarla. Estaba seguro de que todo marcharía bien, según lo aseguró el brujo de Marcala. Primero fue al mercado y anduvo preguntando si había llegado o si la habían visto. Nadie le dio información, a pesar de que ese era el lugar que visitaba primero. —¿Dónde se habrá metido Angelita? Je, je. A estas alturas debe estar muriéndose por verme. A lo mejor es ella la que me anda buscando por otro lado. Fue a buscarla a una tienda, luego por los alrededores del mercado. Sabía dónde vivía ella, pero le tenía miedo al esposo; se decía que era un hombre muy agresivo. Toda la mañana buscó a la bella Angelita con resultados negativos. Se trasladó al parque y se sentó en una banca. Escuchó las campanas que invitaban al rezo, miró para todos lados con la esperanza de ver a la mujer de la que estaba perdidamente enamorado. Estuvo platicando con varios amigos que llegaron al parque y cuando cayó la tarde todos se despidieron. —Este fue un día malo para mí porque no pude ver a Angelita. A lo mejor no está en la ciudad. Ya veremos mañana. Con esos pensamientos regresó a su casa y se puso a leer un libro. Eran las 10:00 pm cuando le pareció escuchar unos pasos afuera. Se quedó en suspenso esperando que tocaran la puerta, pero no sucedió nada, de manera que siguió leyendo su libro. A las 11:30 pm escuchó de nuevo los pasos y los toques de la puerta. Preguntó quién era y nadie le contestó, así que decidió abrir la puerta. Ahí estaba Angelita vestida de blanco y con una corona de flores en la cabeza. —Ayer me enterraron, Carlos. Me dio un ataque al corazón, pero como querías verme aquí estoy. Ja, ja. Cuentan que Carlos estuvo en tratamiento psiquiátrico hasta que volvió a la normalidad. Aquella fue una macabra experiencia que jamás olvidó. Les decía a sus amigos y a los extraños que nunca anduvieran en busca de las tinieblas para conquistar el corazón de una mujer. Estado de coma Teresa Blandir caminaba muy tranquila de regreso a su casa en la zona sur. Vivía en una aldea cerca del Rebalse, en la jurisdicción de Pespire; llevaba los víveres que necesitaban en la casa. Detrás de unos árboles la esperaban tres individuos. Ahí viene Teresa. Estén como listos y pónganse los pasamontañas, así no sabrá quiénes la violaron, je, je. —A esa cipota le llevo hambre desde hace tiempo. Además de ser tan bonita se carga un cuerpazo. —Vos, ponete allá por si quiere escapar. Aquí la vamos a topar nosotros. —Sh, cállense, que ya viene cerca. Pero la joven tuvo un presentimiento y regresó rápidamente. —Nos vio, corramos detrás de ella. Los tres delincuentes corrieron detrás de la muchacha, que parecía volar. Corrió por la orilla de un barranco. Abajo pasaba el río grande de Choluteca. Las recientes lluvias habían aumentado su caudal y la corriente era rápida. —Agárrenla —gritó uno de los hombres—, no la dejen escapar. Teresa abandonó los víveres para correr más rápido. De pronto, la tierra cedió bajo sus pies y se precipitó al río, perdiéndose entre las rojizas aguas. Unos hombres que pescaban en la otra orilla la vieron caer y también miraron a los encapuchados. Entre los pescadores se encontraba Emilio, 22 años, experto nadador, que se lanzó a las fuertes aguas y más tarde logró sacar a Teresa. Estaba inconsciente, pero viva. Vecinos que pasaban por el lugar identificaron a la muchacha y se llevaron a su casa. Luego la trasladaron a una clínica privada de Tegucigalpa. El médico les dijo a los padres de Teresa que había recibido un golpe en la cabeza y que solo un milagro pudo haberla salvado, pero que su estado era crítico. Se encontraba en coma. Los asaltantes comentaban la situación. Eran hijos de personas adineradas y se habían convertido en delincuentes. —Pues nadie sabe adónde se llevaron a Teresa. El papá y los hermanos ya regresaron, pero no le han dicho nada a nadie. —Creo —dijo uno de ellos— que la mandaron fuera del país por miedo, pero al regresar nada cambiará. Tenemos que buscarla para hacer lo que le íbamos a hacer. Entretanto, la madre de Teresa no se separaba de ella. Finalmente se tomó la determinación de pagarle a una persona que estuviera con Teresa y la madre regresó al pueblo para atender sus negocios. Transcurrieron dos meses y todos se fueron olvidando de Teresa. La persona que la cuidaba se la llevó de la clínica y ya no se supo más de ella. Andrés, Tomás y Rogelio eran los tres amigos que se daban a la tarea de perseguir y violar a las muchachas de aquel lugar. Andrés había viajado a Houston, Texas, donde sus padres lo mandaron a estudiar, Tomás se fue a vivir a México y Rogelio viajó a Chile. Mientras Andrés se encontraba en el baño fue sorprendido por una mujer que con una fuerza extraordinaria le tapó la boca y lo ahogó. Entretanto, en México, Tomas se divertía en la plaza Garibaldi, sitio al que acuden mariachis y conjuntos típicos del hermano país. En medio de la diversión encontró a un grupo de mujeres mariachis. Vio a una hermosa joven que se le pareció a alguien que él conocía. Mientras tocaban una ranchera, ella se le acercó y con una fuerza extraordinaria le dio un golpe en la cabeza con el violín. El hombre se alejó del grupo tambaleándose. Los presentes creyeron que andaba borracho y al verlo caer nunca pensaron que estaba muerto. Rogelio trató inútilmente de comunicarse con sus amigos. Se encontraba muy a gusto en Chile. En pocos días había entablado amistad con jóvenes de varias nacionalidades. Insistió en comunicarse con Andrés y Tomas, pero fue inútil. Ese mismo día viajó a la playa, anduvo con unos amigos y luego se fue a caminar solo por la arena. La playa no estaba muy concurrida, descubrió a la lejos a una joven y se fue acercando poco a poco. Al tenerla frente a frente lanzó un grito y huyó al mar en el preciso instante que una ola gigantesca venía sobre la arena. Horas después fue encontrado ahogado. Misteriosamente, los tres amigos que abusaban de las mujeres murieron el mismo día, a la misma hora, en los países adonde habían sido enviados por sus padres. También ese mismo día se produjo una sorpresa para los padres, hermanos y familiares de Teresa: ella abrió los ojos después de estar en coma más de dos meses. Se levantó de su lecho de enferma y dijo: —Tengo sed, quiero agua. Cuando estuvo de vuelta en su hogar les contó a sus padres que había soñado que una mujer había matado a Andrés, Tomás y Rogelio. Con el tiempo, después de que Teresa se casó, su esposo se la llevó a vivir a La Ceiba, ya que él era originario de ese puerto. Él tenía amplios conocimientos sobre cosas misteriosas y pensó que su esposa había viajado en otra dimensión a los lugares donde estaban los hombres que habían intentado violarla. Hubo un desprendimiento tridimensional que realmente no tiene explicación. Teresa falleció sin haberse enterado de que había viajado en el tiempo y el espacio. Extraña historia, ¿verdad? El paso de la muerte La gente viajaba en pequeñas caravanas en busca de mejores oportunidades en Tegucigalpa. Unos llevaban productos para vender; otros, la ilusión de conseguir un buen trabajo. Aquella situación llamó la atención de dos individuos que comenzaron a asaltar a los viajeros, especialmente a las mujeres. Al comenzar la cuesta de Neteapa hay un río cristalino. La orilla está cubierta permanentemente de monte y era ahí donde los facinerosos se escondían. Una tarde asaltaron a una joven que era acompañada por tres de sus tías. No conformes con llevarse las cosas de las cuatro mujeres, golpearon a la muchacha porque se les opuso. Llevaron a Lila adonde don Paco, su padre. El hombre atendió a su hija y no hizo ningún comentario, aunque en su mente aparecieron las ideas más siniestras de venganza. Fue así que decidieron cobrar los daños físicos y mentales de su hija y una tarde partió a Neteapa. Al aproximarse a la famosa cuesta llamada también “La cuesta de los tres gritos” dejó escondido el caballo. Llevaba una pistola de calibre largo, un afilado machete y un puñal. Poco a poco se fue deslizando entre los árboles con el propósito de encontrar a los delincuentes. Al bajar al río escuchó las risas de los hombres, se agazapó en unos matorrales y siguió caminando sin hacer ruido hasta que logró tenerlos muy cerca. Sacó su pistola y comenzó a disparar. Los delincuentes quedaron tendidos sobre unas piedras. Acto seguido los agarró a machetazos. Cuando don Paco iba de regreso adonde estaba su caballo, este comenzó a relinchar asustado. Lo agarró de las riendas para calmarlo y no pudo escapar de la mordida de una serpiente cascabel. Como pudo llegó a Danlí y murió antes de alcanzar la puerta de su casa. Tres días después encontraron los cuerpos de los asaltantes en estado de putrefacción. Lila y su familia dedujeron que don Paco los había matado y que en el mismo lugar había sido mordido por la cascabel. —A estos seguro que papá los mató con tan mala suerte que apareció la culebra y lo picó. Yo sabía que papá algo estaba tramando. Cuando se quedaba callado era señal de que había algo que nadie podría adivinar. Que en paz descanse; vamos a celebrar varias misas en su memoria. Eran aproximadamente las cinco de la tarde cuando un grupo de danlidenses regresaba de la capital. Al pasar por un pequeño puente de madera sobre el río, donde comenzaba la cuesta, se quedaron petrificados al oír los gritos de unos hombres. Se escucharon con claridad en el mismo sitio donde habían encontrado los cuerpos de los delincuentes. Los del grupo dijeron que ni cuenta se dieron de a qué horas llegaron a las mesas del sitio donde funcionaba un comedor. Desde ese día comenzaron las apariciones, con resultados dramáticos. Un señor de apellido Oyuela se adelantó a la caravana para demostrarles a todos que era puro cuento lo de los fantasmas en aquel paso de la muerte, como bautizaron al lugar. Cuando los miembros de la caravana llegaron al puente de madera encontraron muerto al señor Oyuela. Supuestamente había fallecido de un ataque al corazón, pero ¿quién se lo causó? ¿Qué vio en aquellos matorrales? Otro caso fue el de doña Eugenia, mujer laboriosa que vivía en Arenales. Pasó por el lugar sola. No se sabe qué vio, pero los viajeros la encontraron caminando y hablando sola por el camino. Había enloquecido. Los extraños sucesos en el paso de la muerte obligaron a los viajeros a pasar por el lugar en grupos grandes y de día, jamás por la tarde o la noche. Adrián, originario de la aldea Villa Santa, cerca de Danlí, les comunicó a sus amigos que él iría solo al lugar de las apariciones para saber qué estaba sucediendo realmente. Los demás ignoraban que Adrián era hijo de un viejo que conocía mucho de ciencias ocultas. —Penan no por sus crímenes, sino porque algo valioso dejaron oculto —le habría dicho el papá. Adrián llegó a Neteapa. De una alforja sacó un pequeño bote y roció la tierra con su contenido, escuchó ruido en los matorrales y preguntó: —¿Dónde esconden lo que los atormenta? Hubo un crujido de ranas y una voz hueca respondió: —Antes de llegar al final de la cuesta hay una piedra grande. Ahí hay mucho dinero, el esqueleto de un niño que matamos. ¡Ayúdanos! Una hora más tarde, Adrián sacó el tesoro, envolvió los huesos del niño y los enterró en un cementerio. Las campanas de la iglesia de Danlí repicaron con tristeza aquella tarde; nadie sabía por qué. En ella se celebró a puertas cerradas un rito religioso y desde aquel día desapareció el terror en el paso de la muerte. Quizás resulte extraño que siempre que se encuentra un tesoro hay que rogar por las almas de quienes lo escondieron. Eso es así. Nuestras costumbres y tradiciones jamás cambiarán ni con el paso del tiempo. La venganza de doña Gloria En la ciudad de Choluteca, en el sur de nuestro país, vivía una señora llamada Gloria, propietaria de un floreciente negocio. Se había casado con un hombre más joven que ella y él le ayudaba en todo lo que podía para que el local fuera siempre fructífero. Durante tres años, la relación de aquel matrimonio fue muy buena. Los vecinos los ponían de ejemplo. —Ya ven que para el amor no hay nada imposible —decían algunos—, doña Gloria y José se llevan de maravilla a pesar de la diferencia de edades. Sin embargo, había personas maliciosas que decían que José se había casado con la señora por puro interés económico, que era un aprovechado, etcétera. José era originario de Tegucigalpa y había conocido a doña Gloria en el balneario de Cedeño. Ambos se encontraron en una champa donde vendían pescado frito, entablaron una conversación y a él le encantó la forma de ser de la señora, le preguntó dónde vivía y sorpresivamente él llegó un fin de semana a visitarla. Fue amor a primera vista. La señora estaba feliz; le parecía imposible que aquel joven atractivo se hubiera fijado en ella. Así se dieron las cosas y al cabo de un año de haberse conocido decidieron casarse. Celebraron con gran alegría la llegada de su tercer aniversario de bodas. La fiesta fue extraordinaria, hubo música ejecutada por un conocido grupo y desde El Salvador llegaron invitados especiales que eran amigos de doña Gloria. Como dicen que el diablo jamás duerme, en la fiesta él conoció a una prima de su esposa que tenía varios años de haberse trasladado a vivir a San Miguel, casi en la frontera con Honduras. Se llamaba Irma. Era una joven agradable, de hermoso cuerpo, que llamaba la atención de los hombres. En más de una oportunidad platicaron a solas en la fiesta. De inmediato, ella mostró interés en el esposo de su prima Gloria y antes de despedirse lo sorprendió con un beso en la boca. Esa acción cambiaría definitivamente la felicidad que reinaba en aquel admirado matrimonio. Irma viajaba desde San Miguel a Choluteca y con la complicidad de una amiga se miraba a solas con José. La amiga les prestaba su casa. Pero en esta vida todo se sabe. Sin andar haciendo averiguaciones, doña Gloria recibió noticias de que José andaba con otra mujer. Fue algo terrible para la noble señora. No podía quedarse callada ante aquella situación y una noche aprovechó las circunstancias para reclamarle a su esposo. Durante la discusión, José lo negó todo. Le dijo que eran chismes callejeros y que no debería hacerles caso. Como siempre, hay un “yo lo vi”. Con el correr de los días, a doña Gloria le dijeron dónde estaba la casa en que su marido se miraba con la otra mujer. Pagó para que lo vigilaran y le avisaran cuando se vieran nuevamente. Así fue. Se trasladó a un sitio escondido y enorme fue su sorpresa al ver a su prima y su esposo saliendo de aquella casa. Los celos y la furia incontenible la obligaron a dejar su escondite para enfrentarse a la pareja. No se pudo contener. Agarró del pelo a su prima, la hizo morder el polvo y la agarró a patadas hasta que la mujer huyó. José se quedó paralizado. Jamás pensó que sería descubierto y mucho menos que doña Gloria sería capaz de aquello. Antes de que Gloria lo agrediera, José agarró un palo que había en el suelo y le dio varios golpes en la cabeza hasta matarla. Inmediatamente se fue a su casa, donde una hora después le notificaron que su esposa había sido asesinada en un pasaje solitario. El hombre fingió un gran dolor y fue asistido por sus amistades y vecinos. Dos semanas después apareció Irma, que llegó de El Salvador y se reunió con su amante. Sabía que José había quedado en posesión de mucho dinero. Una mañana, cuando Irma se levantó de la cama, la cama de su prima Gloria, vio que José se había ido al trabajo. Se bañó, se arregló y se perfumó. De pronto le pareció escuchar una voz a su espalda que le dijo: —Te gustan mis lociones, ¿verdad? Aquello ocurrió muy rápidamente. Volteó y no vio a nadie. Se fue a la cocina, escuchó pasos y vio que la puerta estaba abierta hacia el solar. Agarró un cuchillo y preguntó: —¿Quién anda ahí? Al salir al patio vio que alguien se escondía detrás de un árbol. Con el cuchillo en la mano se dirigió hacia ese lugar. Por la tarde, José llegó con una bolsa llena de víveres. —Ya llegué, amorcito —dijo. Nadie le respondió. Colocó los víveres en la mesa y se fue a buscar a Irma. La buscó en todos los cuartos y no la encontró; llegó a la cocina y nada. Al ver que la puerta estaba abierta se fue al solar, se paró frente al árbol y unas gotas de sangre le cayeron desde arriba. Cuando José alzó la vista vio el cadáver de Irma colgado de una rama, con un puñal clavado en el corazón. Cuando intentó huir, no pudo hacerlo. Recibió el primer leñazo en la cabeza y siguieron otros hasta que se desplomó sin vida. Una vecina que había conocido muy bien a doña Gloria vio a la muerta con un palo en sus manos. Luego se esfumó en el aire. La Policía dijo que había sido un asalto seguido de dos asesinatos, pero solo la vecina conoció la verdad de aquella macabra historia. El burlón Había un anciano, Emilio, que vendía periódicos en una esquina del barrio La Plazuela de Tegucigalpa. Llegaba a las seis de la mañana y se retiraba a las dos de la tarde después de vender todos los diarios. Una tarde de abril comenzó un verdadero calvario para el anciano. En él había puesto los ojos Napoleón Serpas, un tipo que escogía a sus víctimas para convertirlas en blanco de sus burlas: —Ajá, viejito tonto. Vos sos el que ensuciás la acera con esos periódicos. Un día de estos te voy a echar la policía para que te quite de aquí, ja, ja, ja. A partir de aquel momento, Napoleón Serpas se convirtió en una tortura para don Emilio. Pasaba en su carro y le gritaba, riéndose a carcajadas: —Hey, viejo idiota, ¿por qué no te has muerto? A veces se ausentaba del lugar y aparecía sorpresivamente gritando desde su automóvil en marcha. —No le compren periódicos a ese viejo que no se baña, es un viejo juco, ja, ja, ja. Los demás vendedores le decían a don Emilio que denunciara a aquel pícaro que lo molestaba tanto. Él se encogía de hombros y únicamente decía: —El que ríe por último ríe mejor. Doña Juana, amiga del vendedor de periódicos, sorprendió al burlón cuando se dirigía a pie hacia el pobre señor: llevaba algo en la mano para asustarlo. Ella le salió al paso y le dijo: —Ya basta, señor. No se eche maldiciones haciéndole la vida imposible a ese anciano. Usted también va para viejo y se puede arrepentir. Napoleón, al verse sorprendido, respondió: —Y a usted quién le regó maíz, vieja loca, si los dos son unos viejos feos y podridos. Se rio y acto seguido salió corriendo, entró en su automóvil y arrancó velozmente. Aquel burlón no solo se extasiaba haciéndole la vida imposible al anciano, sino que agarraba de encargo a algunos compañeros de trabajo. —Ajá, Miriam. Je, je. Y ese vestido tan feo dónde lo compraste. Parece de payaso, ja, ja, ja. La aludida comentó con sus amigas: —Odio a ese hombre. No le digo nada a mi esposo sobre esas burlas que me hace porque puede venir aquí y es capaz de matarlo. —Eso es lo que se merece —dijo otra—. Un hombre de esos no merece estar vivo. Aunque lo amenazaran y le dijeran de qué se iba a morir, él insistía en sus tremendas burlas y se llevaba de encuentro a quien se le antojaba. Una mañana se levantó pensando en una maldad. —Voy a conseguir un alacrán para tirárselo al vendedor de periódicos. ¡Qué brinco va a pegar! Don Emilio acomodó sus periódicos en su pequeño puesto para ofrecérselos a sus clientes. Ignoraba la maldad que aquel burlón estaba preparando para él. A la diez de la mañana apareció Napoleón en su carro, se detuvo frente al puesto de periódicos y lanzó el alacrán. Por fortuna, el animal cayó sobre una mesita sin causarle daño al vendedor. Este al darse cuenta de la mala acción del burlón le gritó: —Si ese es tu deseo, vas a morir de viejo. Al escuchar al anciano, antes de salir disparado en su auto le gritó: —No entiendo lo que me decís, viejo loco —se carcajeó. Los demás vendedores también le lanzaron maldiciones al ver el alacrán que le había tirado el anciano. Llegó el 3 de mayo, Día de la Cruz, cuando invariablemente llovía a cántaros en todo el territorio nacional. Don Emilio pidió permiso para vender los periódicos dentro del mercado San Miguel y le fue concedido por el administrador. En esos días de lluvia, el burlón pasó varias veces por el puesto de periódicos y lo miró vacío, así que desistió de ir de nuevo a molestar al viejito. Un compañero de trabajo le dijo: —Dime, Napo, ¿qué te pasa? ¿Te estás desvelando que te miro como envejecido? —No vos, no me pasa nada. Tal vez es cansancio. Era el 5 de mayo. Después de burlarse de todo el mundo, Napoleón regresó a su casa. Vivía solo. Se fue al baño, se dio una ducha y salió muy tranquilo. Al verse en el espejo descubrió que tenía canas. —Eh, pero de dónde me han salido canas si apenas tengo 32 años. Hum. Se me está arrugando la cara. Creo que debo de estar enfermo. No es normal esto que me está pasando. Al día siguiente, cuando preparaba el desayuno, notó, al quebrar unos huevos, que sus manos estaban llenas de pequeñas manchas cafés, señal de envejecimiento. Inmediatamente fue a verse en el espejo y quedó espantado. Su rostro era el de un hombre de unos 90 años de edad. Se vistió rápidamente, trató de ponerse los zapatos y no pudo, comenzó a toser y se desmayó. En ese momento, un alacrán se le paró en el rostro. Cuentan que los vecinos de Napoleón avisaron a la policía sobre el hedor que emanaba de uno de los cuartos. Al abrir descubrieron el cadáver putrefacto de un ancianito. Un alacrán negro corrió a refugiarse debajo de la cama de Napoleón. Nunca se supo nada sobre esa muerte. Dijeron que aquel anciano era el papá de él. La noticia salió por los periódicos y don Emilio, al ver la primera plana, comentó: —Creo que este hombre es el que deseaba mi muerte. Nadie tiene la última palabra. Solo sé que al que anda en cosas malas, malas cosas le suceden. La perra de la cueva Allá va la perra y se robó la carne... ¡maldita! —don Remberto señaló la loma por donde corría el animal de pelaje amarillo, que llevaba un trozo de carne en el pico—. Condenada perra; acabo de comprar una libra de carne y esa desgraciada como que me estaba vigiando. Solo la puse en la mesa de la cocina y en segundos se la llevó, pero por esta que un día la voy a matar. Los habitantes de la aldea Germania y sus alrededores eran víctimas de la voracidad de aquel animal. Todos la miraban correr con lo que se robaba, pero nunca la miraban entrar en las casas. Gerardo Mendoza era un joven aficionado a la cacería y al igual que sus vecinos esperaba el momento oportuno para pegarle un balazo al animal. Un día lo llamaron varios vecinos. Don Remberto llevaba la voz cantante. —Nos hemos reunido aquí solicitando su presencia para pedirle que nos haga el favor de eliminar a esa perra que tanto daño nos está causando. Sabemos que usted es un experto tirador. Gerardo aceptó el reto de sus vecinos y decidió estar alerta para matar al animal. Fue así que desde ese momento comenzó a investigar de dónde procedía el animal que sorprendía a sus vecinos robándoles los alimentos. Se puso en contacto con otro experto cazador, Ovidio, quien aceptó el reto. Comenzaron a investigar en el vecindario si alguien había criado a la perra y no encontraron ninguna respuesta. Llegaron a un lugar llamado Santa Rosa. Ahí les dijeron que la perra pasaba siempre por el pueblo y agarraba por un cerro que conectaba con Loarque. Subieron al cerro y buscaron huellas. Llegaron a una planada desde donde miraban el aeropuerto y parte de la capital. —Lo único que podemos hacer —dijo Gerardo— es esperar en el pueblo a que pase el animal para matarlo. De regreso a Santa Rosa entraron en una casa pidiendo que les regalaran un vaso de agua. Una joven hermosa les sirvió el agua y les preguntó: —¿Es verdad que andaban buscando una perra? Ambos asistieron con un movimiento de cabeza, Ovidio le dijo: —La buscamos para matarla. Ya no la aguantamos en Germania; roba comida todos los días y nadie la mira entrar a las casas, pero sí la ven salir. Eso es lo más extraño. Nos vamos a venir una semana a este lugar porque nos han asegurado que por aquí pasa cuando se roba las cosas. Vamos a traer nuestros riflotes. Hoy solo andamos investigando. La muchacha mostró preocupación: —Pobre animal, pero no hay de otra: tienen que matarla. Comenzó a oscurecer aquel primero de abril. La gente había colocado trampas para atrapar al dañino animal. Alguien sugirió que buscaran a una persona entendida en conjuros y magia para investigar si la presencia de aquella perra era sobrenatural. Gerardo mantuvo la vigilancia necesaria en la zona de Santa Rosa. Le habían informado que la perra se escondía en una cueva. Con instrucciones del joven Gerardo, el señor Remberto reunió a seis hombres, quienes se trasladaron a la zona de la cueva para esperar la entrada o salida del animal. Más tarde recibieron noticias de que, en una aldea cercana, la perra había atacado a un hombre que la descubrió en la cocina robando comida. Pensaron que posiblemente buscaría el refugio de su cueva sabiendo que había mucha gente persiguiéndola. —Mucho ojo, muchachos —dijo Gerardo—. Aseguran que el animal subió a la montaña, pero sé que bajará para esconderse en esa cueva. Minutos más tarde, cuando la oscuridad reinaba en el lugar, comenzaron a caer pequeñas piedras de una zona rocosa que rodeaba la cueva. Todos alistaron sus armas de fuego, listos para disparar. Las piedras siguieron cayendo, anunciando la proximidad del animal. Todos vieron caer una sombra y comenzaron a disparar. —¡Muere, perra maldita, muere…! Cuando pensaron que habían acribillado a la perra, sucedió algo que los dejó sin respiración: el animal, que aparentemente estaba muerto, se levantó poco a poco. Sus ojos brillaban como brasas en la noche. Emitió un rugido parecido al de un león y cuando se irguió los cazadores vieron que su tamaño era de aproximadamente dos metros y medio. Subió lentamente por las rocas y rugió hasta desaparecer en la montaña cercana. Lo más extraño es que no se trataba de la figura de un perro, sino de una forma humana monstruosa que dejó en el aire un fuerte olor a azufre. Al alertar a los vecinos se formó un grupo de oración y, al siguiente día, un sacerdote fue a bendecir la cueva para que aquel ser diabólico no regresara jamás. Hasta hoy, ese suceso sobrenatural se sigue comentando. Unos dicen que era un monstruo traído del espacio; otros, que se trataba de un hombre al que maldijo el padre Subirana para que vagara por todos los cerros de Honduras. Todo quedó en conjeturas, a pesar de que varios hombres fueron testigos de lo que allí sucedió. he unas imagenes de mi bello pais proximamente la parte 3

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10 misterios sin resolver
10 misterios sin resolver
ParanormalporAnónimo2/27/2015

que tal linces y maquinolas que beben manaos la fuente de la juventud intergalactica que ayuda a combatir contra las trabas y demas cosas que te quieres coger como la vieja gorda de tu vecina hoy les traigo los siguientes misterios sin resolver 10-Alien Bebe encontrado por un granjero mexicano a TV mexicana reveló una historia casi increíble que en mayo de 2007, un bebé alienígena "fue encontrado con vida por un granjero en México. Luego de este avistamiento el Granjero se ahogo en una Zanja del susto ¿Es un extraterrestre real o sólo una broma elaborada para explicar la misteriosa muerte? Las pruebas revelaron que aunque tiene algunas articulaciones similares a los humanos, su esqueleto tiene características de un lagarto, también los dientes no tienen raíces como seres humanos. Los científicos dijeron con que la criatura era muy intelligent.De acuerdo el informe de Bild.com no son frecuentes los avistamientos de OVNIs y los informes de los círculos de las cosechas en el área donde se encontró a la criatura. Tal vez fue dejado Accidentalmente por los "Aliens". 9 Montañistas Mueren por un "poder" Desconocido Nueve personas murieron misteriosamente después de huir de su tienda de campaña por la noche en temperaturas bajo cero, mientras acampaba en una montaña de 02 de febrero 1959! Seis fueron encontrados muertos, debido a la hipotermia, mientras que uno murió a causa de los daños cráneo importante. Otras dos personas murieron a causa de fracturas en el pecho debido a una fuerza desconocida extrema! Incluso una mujer le habían arrancado la lengua! Altas dosis de contaminación radiactiva Fueron encontradas en los cuerpos de las victimas, aunque la fuente sigue siendo desconocida. Sus cuerpos fueron encontrados en la nieve, rodeado sólo por sus propias huellas, se concluyó que había dejado su tienda, que estaba desgarrada por dentro, por mano de los montañistas. -8 La imagen de dos aliens encontradas en una pared de Canada De acuerdo con los medios de comunicación en el extranjero dos imágenes exóticas inexplicable apareció sobre un trozo de pared en alguna ciudad del Sur de Canadá. En esta imagen las formas de los Aliens es muy clara. Caron, una residencia en el lugar, en primer lugar, vio el acontecimiento misterioso y me sentí muy extraño, y luego se dio cuenta de que las imágenes eran muy parecidos a los extranjeros de pie. 7 Misteriosos Autos Flotantes hallados en Google Compartir vía mail 6 0 8 10 de los Mayores Misterios del Mundo Bueno muchachos aca les traigo algo que encontre en... bua donde va a ser.. xD en INTERNET... es un TOP10 de los misterios mas misteriosos que misteriosamente ocurrieron en el MUNDO ! sean o no sean reales... ahi van -10 Alien Bebe encontrado por un granjero mexicano 10 de los Mayores Misterios del Mundo La TV mexicana reveló una historia casi increíble que en mayo de 2007, un bebé alienígena "fue encontrado con vida por un granjero en México. Luego de este avistamiento el Granjero se ahogo en una Zanja del susto ¿Es un extraterrestre real o sólo una broma elaborada para explicar la misteriosa muerte? Las pruebas revelaron que aunque tiene algunas articulaciones similares a los humanos, su esqueleto tiene características de un lagarto, también los dientes no tienen raíces como seres humanos. Los científicos dijeron con que la criatura era muy intelligent.De acuerdo el informe de Bild.com no son frecuentes los avistamientos de OVNIs y los informes de los círculos de las cosechas en el área donde se encontró a la criatura. Tal vez fue dejado Accidentalmente por los "Aliens". -9 Montañistas Mueren por un "poder" Desconocido susto Nueve personas murieron misteriosamente después de huir de su tienda de campaña por la noche en temperaturas bajo cero, mientras acampaba en una montaña de 02 de febrero 1959! Seis fueron encontrados muertos, debido a la hipotermia, mientras que uno murió a causa de los daños cráneo importante. Otras dos personas murieron a causa de fracturas en el pecho debido a una fuerza desconocida extrema! Incluso una mujer le habían arrancado la lengua! Altas dosis de contaminación radiactiva Fueron encontradas en los cuerpos de las victimas, aunque la fuente sigue siendo desconocida. Sus cuerpos fueron encontrados en la nieve, rodeado sólo por sus propias huellas, se concluyó que había dejado su tienda, que estaba desgarrada por dentro, por mano de los montañistas. -8 La imagen de dos aliens encontradas en una pared de Canada(no me resulta taaaan misterioso xD) Fantasmas De acuerdo con los medios de comunicación en el extranjero dos imágenes exóticas inexplicable apareció sobre un trozo de pared en alguna ciudad del Sur de Canadá. En esta imagen las formas de los Aliens es muy clara. Caron, una residencia en el lugar, en primer lugar, vio el acontecimiento misterioso y me sentí muy extraño, y luego se dio cuenta de que las imágenes eran muy parecidos a los extranjeros de pie. -7 Misteriosos Autos Flotantes hallados en Google Earth sangre En enero de 2006, el primer "coche flotante" fue Encontrado en Google Earth al Sur de Australia occidental en Bicton. (Noviembre 7 de 2004) Y el segundo "vehículo flotante" se ha visto en el servicio de Google de imágenes de satélite, Aun MÀS al sur en Australia Occidental (Tambien en Noviembre 7 de 2004) (para que les doy la fecha ? por que en las fotos Actuales... esos AUTOS NO APARECEN asi que les dejo esa fecha para que en la time line la pongan y no me vengan con... HDP ! no hay una mierda GIL entre otros insultos u.u) La imagen del coche misterioso fue identificado en Google Earth por el sitio web del Flyin 'Globe. El coche está aparcado cerca de algunas viviendas y un aparcamiento y parece estar flotando, proyectando una sombra sobre el suelo. Coordenadas: Auto 1: 32º 00' 43. 14" S - 115º 47' 10. 13" E Auto 2: 32º 06' 41. 66" S - 115º 45' 52. 15" E 6 Astronauta Tallado en una Catedral construida hace mas de 1100 años atras Dentro de la espléndida catedral Ieronimus, construida por Episcope de Salamanca en 1102 dC, entre las fascinantes tallas de animales míticos y santos, nos encontramos con un astronauta de la NASA ... Tal vez entraron en algún portal del tiempo, mientras que la Luna era explorada, y asustados los constructores medievales de España, Estamparon esta imagen desconocida en la Catedral. Pero probablemente, sólo una adición moderna hecha por el travieso equipo de restauración. 5 Pie Grande hallado en Polonia Un Polaco saco fotos "accidentalmente" de " el mounstro PIE GRANDE" mientras subia una montaña. Los medios de comunicacion Alemanes declararon que... O es un DESCUBRIMIENTO TRASENDENTAL o una ARRIESGADA BROMA. En el informe, Kowalski, el testigo, dijo que el monstruo se escondio detrás de una roca al darse cuenta que estaba expuesto frente a otra criatura (Kowalski) y luego salio CORRIENDO 4 Una serpiente Gigante o tan solo un Sencillo Photoshop ? EL Daily Telegraph de Londres saludó a los lectores por la mañana con las fotos de lo que parecía ser una gigantesca serpiente que se deslizaba bajo un río tropical, que segun afirmaron era en algún lugar de la isla del sudeste asiático de Borneo ", Esto provoco una gran preocupación entre las comunidades locales." Pero en su contra su Rival... The Guardian se abstuvo de este salto en la historia - y en su lugar declaró que es una farsa y que parecía como si hubiera sido "dibujado por un niño pre-escolar con su primera punta de fieltro verde." en el Articulo No mencionan Ni que tomaron la foto, Ni dónde Ni cuándo fue tomada. 3 La niña Que llora SANGRE Una niña india de 14 años de edad, Twinkle Dwivedi, ha sido victima de espontaneos sangrados que se repiten hasta 50 veces al día y dan lugar a la pérdida de litros de sangre rapidamente. Su extraña enfermedad, que causa sangrado de los ojos, nariz, cuero cabelludo, el cuello y las plantas de sus pies sin un corte o lesión, ha desconcertado a los mejores médicos Durante los últimos tres años El Dr. George Buchanan, un hematólogo experto de los EE.UU., examinó Twinkle en un hospital de Mumbai, pero no pudo explicar la extraña condición. "Nunca he visto un caso de alguien que sangra espontáneamente de su cuero cabelludo o las palmas, o siquiera leer sobre esto en alguna historia médica," dijo el Dr. Buchanan. "No parece físicamente posible que la sangre se filtre a través de la piel intacta." Él se sorprendió al no encontrar signos de cortes, moretones o enrojecimiento, "Noo veía señales de cortes o moretones en ninguna parte de su cuerpo", dijo. El misterioso caso de sangrado de Twinkle será objeto de un documental, "La chica que llora sangre" 2 Las lágrimas que cubrieron el Muro de los Lamentos en Jerusalén En julio de 2002, lágrimas como el agua Cubrieron las Piedras del famoso Muro de los Lamentos en Jerusalén. Algunos peregrinos dijeron que encontraron el agua derramada por una piedra y las marcas de agua hacen la forma de un rectángulo. Un grupo de arqueólogos que afirmaba que eran la secreción de las plantas, pero luego de algunas investigaciones resulto que era agua. Sin embargo, no puede dar las respuestas a por qué no había las mismas marcas en otras piedras y por qué estas marcas se mantubieron en el rectángulo. 1! Barcos Fantasmas en las costas de Singapur ! Según el Daily Mail de Gran Bretaña, la más enorme y misteriosa "flota fantasma" se presentó frente a la costa de Singapur. El número de barcos es mayor que la suma de los buques de EE.UU. y la marina británica. Sin embargo, no había personas ni carga en los barcos. Algunos dijeron o afirmaron que se quedaron aquí por compañías navieras en quiebra en la crisis económica mundial. COMENTEN !!!

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La Verdadera Historia de dragon ball z
HumorporAnónimo1/28/2013

Dragon Ball Z es la segunda serie basada en la popular manga "Dragon Ball" creado por Akira Toriyama, es muy importante amigo lector que sepa el lado oscuro del creador y la serie misma. La compañía creadora de este y otros dibujos animados es BIK STUDIO SHUEISMA ANIMATION que esta asociada con Satanás, ya que sus creadores, entre ellos Toriyama, hacen pacto con el diablo en una colonia llamada Milk situada al sur de la China; esta colonia se caracteriza por que sus habitantes son brujos, hechiceros y espiritistas. Es una colonia gobernada por el mismo Satanás, es aquí donde estos creadores van a pedir la "bendición" de Satanás a cambio de que sus vidas le pertenezcan al diablo. El significado oculto de Dragon Ball es "LA BESTIA EN VENIDA", y tanto los nombres de los personajes y los actos de ellos dicen muy claramente las intenciones del verdadero autor de esta manga: Satanás; a continuación algunos significados por demás llamativos: · KAKAROTO (nombre verdadero de Gokuu) cuyo significado oculto es "POSESION MALIGNA". · SAIYAJIN: es como se les llama a los POSEÍDOS POR DEMONIOS en algunas ciudades orientales. · OXSATAN: quiere decir "MI SATANAS" Gokuu pelea por medio de algunas técnicas las que tienen su significado, nombraremos algunas: · EL KAME HAME HA: Esta es una palabra clave o invocación que los brujos y espiritistas chinos utilizan en los ritos diabólicos, para sentir la presencia de Satanás en sus vidas y recibir poder del mal. · EL KAYO KEN: Es una poderosa fuerza maligna que el diablo da a los hechiceros o espiritistas cuando quieren ascender más. También los amigos de Gokuu tienen que ver con algo diabólico: · PICORO: Quiere decir "REY MALIGNO DE OTRO MUNDO", este personaje dice que el Infierno es un lugar espléndido. · TEN SHINHAN: Es el nombre de un demonio de quien los brujos y hechiceros dicen que está en todo lugar y que los protege de día y de noche, es por eso que este personaje tiene tres ojos y según ellos su tercer ojo todo lo ve. Según la serie, en Hame Kusein (LUGAR TORMENTOSO) se encuentran las siete esferas del dragón. El dragón se llama SHEN LON, el que tiene poder y concede todo tipo de deseo y petición si se reúne las siete esferas del dragón (Léase: Siete poderes de Satanás). SHEN LON es una palabra que se utiliza en los ritos a Satanás para llamar su presencia, por que quiere decir "ETERNO Y PODEROSOS SATANAS". Si eres un poco inteligente notarás la verdadera intención del dibujo animado. ¿Te gustaría ser siervo de Satanás o estar implicado en actitudes demoniacas? Ten mucho cuidado con lo que ves y apruebas.

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