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Usuario (Argentina)

Apenas quedan 13 lenguas de las 35 que se hablaban en el país Algunas desaparecieron tan rápido como la tierra comenzó a llenarse de conquistadores. Otras languidecieron durante cientos de años hasta morir en pleno siglo XX. Hoy, de las 35 lenguas que se hablaban en el país antes de la llegada del hombre blanco sólo quedan 13, la mayoría a punto de extinguirse. No es algo nuevo ni autóctono. Cada catorce días una lengua desaparece en todo el mundo y se calcula que para el año 2.100 habrán desaparecido la mitad de las siete mil lenguas que hoy existen. Estos datos fueron elaborados por un grupo de lingüistas norteamericanos del instituto Living Tongues quienes junto a National Geographic crearon el proyecto Enduring Voices (Voces Duraderas) para rescatar esas lenguas que están a punto de desaparecer. En Argentina , por ejemplo, encontraron que todavía subsisten cuatro personas que hablan tehuelche y otras cinco que pueden hacerlo en puelche , dos lenguas que se creían desaparecidas. “Nosotros comenzamos con este proyecto para documentar algunas de las lenguas que más peligro corren en el mundo y también para ayudar a las comunidades en la revitalización de su lenguaje”, explica David Harrison. Además de trazar un mapa con las zonas donde más peligro corren las lenguas autóctonas, el equipo busca documentar y grabar las voces de cada comunidad . Argentina está en la lista de los próximos viajes. La zona figura como nivel “alto” de amenaza. Dos de esas lenguas son el vilela –de la que quedan sólo 20 personas que pueden hablarla– y el tapieté. Pedro Barcia, titular de la Academia Argentina de Letras señala algunas de las causas que empujan la desaparición de una lengua. “Son varios factores como el avance hegemónico de lenguas fuertes como el español o el inglés, las migraciones internas que hacen que los nativos abandonen gradualmente su lengua, por la ausencia de maestros bilingües y también porque las nuevas generaciones prefieren hablar una lengua de integración con un ámbito social mayor”. Barcia agrega que los esfuerzos en nuestro país por revitalizar estas lenguas son “muy precarios, la asistencia económica e intelectual es mayor de los organismos internacionales”. Gregory Anderson, miembro de Enduring Voices, señala que además de un interés “obvio” como lingüista también hay un “componente de derechos humanos” que motiva el proyecto. El cacán, la lengua de los diaguitas, se perdió hace más 200 años. Del tonocoté de nativos del Gran Chaco sólo quedaron registradas dos palabras, gasta (pueblo) y gualamba (grande). Charrúa, abippón, chané, ona, alacaluf, allentiac, yagán. Todas fueron lenguas que algunas se hablaron en el país. Hoy ya no queda nadie que pueda pronunciarlas. Fuente clarin.com

El acuerdo K con Monsanto Revelador informe sobre semilla transgénica Clarín y La Nacíón apoyan el uso de glifosato en la Argentina… Magnetto oculta los casos de cáncer y llegó a manipular informes científicos contra el uso del químico”. Este fue el título de una extensa nota del diario K Tiempo Argentino de marzo del año pasado. Ironía de la historia: poco más de un mes atrás, Cristina Fernández en persona anunció la aprobación del uso sin precedentes del químico que maldecía Tiempo Argentino. Fue cuando habilitó el uso, también irrestricto, de una semilla de soja transgénica resistente a la fumigación masiva con glifosato. El herbicida y la soja respectiva son comercializadas por Monsanto, uno de los mayores monopolios capitalistas del planeta. La reciente habilitación presidencial implica un negocio multimillonario, sólo comparable al de los monopolios mineros como la Barrick. La aprobación oficial de la soja transgénica habilita a Monsanto a cobrar regalías sobre el 75% de la producción de soja, la que, hasta ahora, se efectuaban con las semillas que los productores guardaban por su cuenta luego de la cosecha. Es una “privatización” que sólo puede compararse con los grandes latrocinios del menemismo. Con la bendición gubernamental, ahora Monsanto está instalando tres plantas en Córdoba para la producción de semillas transgénicas, lo cual ha provocado una enorme movilización en el barrio Malvinas Argentinas, aledaño a la capital mediterránea. Ya a mediados de junio, miles de manifestantes habían marchado por el centro de Córdoba con las consignas “Paren de Fumigar. Fuera Monsanto de Córdoba”. Punta del iceberg Esta historia toma una nueva dimensión a la luz de un estudio anunciado días atrás con títulos catástrofe en la prensa europea. La información da cuenta de la investigación sobre una semilla producida por Monsanto y recoge los resultados producidos por su suministro a un grupo de ratas de laboratorio. Los animalitos desarrollaron tumores del tamaño de pelotitas de ping-pong y complicaciones hepáticas y renales. La investigación fue conducida por el biólogo francés Giles-Eric Séralini, de la Universidad de Caen, y fueron publicados por la revista Food and Chemical Toxicology. Séralini fue presentado años atrás por otro diario K (Página/12, 21/6/09) como un referente europeo en el estudio de agrotóxicos, quien “confirmó los efectos letales del herbicida en células humanas de embriones, placenta y cordón umbilical. Alertó sobre las consecuencias sanitarias y ambientales, y exigió la realización de estudios públicos sobre transgénicos y agrotóxicos”. Las semillas transgénicas secretan una toxina que liquida a los insectos que atacan la planta. Su consumo a largo plazo por los seres humanos es, al menos, desconocido. Por eso mismo, al menor indicio de efectos dañinos, lo que corresponde es vetar el uso de los OGM estudiados hasta lograr un completo y riguroso seguimiento de la cuestión por un comité científico idóneo. El escándalo provocado por la investigación de marras se explica porque las autoridades europeas procedieron al revés: impugnaron ciertos defectos en el trabajo del biólogo Séralini para avalar la continuidad de la comercialización de la mentada semilla, en lugar de declarar una inmediata moratoria en la autorización de su uso. La larga mano de Monsanto, como se ve, no se anda con chiquitas. El asunto no termina aquí y no sólo porque el uso generalizado de las semillas transgénicas implica un círculo vicioso mediante el cual la planta respectiva se hace cada vez más resistente al herbicida, de modo que herbicidas más fuertes y de mayor ingeniería genética se implican mutuamente. Las semillas modificadas acaban, además, desplazando por la polinización a las semillas naturales originales y plantean su eventual desaparición. Se trata de un ataque en regla a la biodiversidad, que puede concluir en una catástrofe por la combinación del uso creciente de productos químicos cada vez más agresivos con la flora y la fauna, las toxinas fabricadas por las propias plantas y la contaminación genética. Por casa, cómo andamos Argentina es el país con el más irrestricto y difundido uso de transgénicos, desde su aprobación inicial durante la gestión del ahora filo K Felipe Solá en los noventa y mediante un proceso totalmente fraudulento, que en su momento denunció el propio Horacio Verbitsky. El lobby sojero tampoco se anda acá con chiquitas: el director del Conicet, Andrés Carrasco, fue desplazado de su cargo luego de conocerse sus investigaciones sobre el desastre sanitario y ambiental provocado por el glifosato. Otros estudios, como los del médico Alejandro Oliva y los del doctor Jorge Kaczewer -según informó Tiempo Argentino en la nota mencionada-, advierten sobre el crecimiento de los casos de cáncer, de las enfermedades neurológicas y de problemas reproductivos, posiblemente relacionados con el uso intensivo de agroquímicos. El Conicet, mientras tanto, privilegia como “innovación” la asociación con las empresas privadas de “biotecnología”. La semilla de maíz genéticamente modificada que fabricará Monsanto en Córdoba fue denunciada como “una verdadera amenaza a la salud humana y al ambiente general de nuestro país”, según indica el informe del doctor Medardo Avila Vázquez, coordinador de la Red Universitaria de Ambiente y Salud (1): “el maíz es el alimento que permitió a los humanos progresar a través de 15.000 años en América, su semilla es convertida ahora, a través de biotecnología, en un asesino serial capaz de resistir la lluvia combinada de venenos en fumigaciones aéreas o terrestres sistemáticas, que matarán todas las plantas cercanas al cultivo menos al nuevo mutante; y será también una usina permanente de toxinas insecticidas, cuyas consecuencias ambientales en nuestro delicado equilibrio ecológico-sanitario -recordar epidemia de dengue 2009- son por lo menos imprudentes y alarmantes”. El veneno de la política “nacional y popular” parece algo más que una metáfora. Pablo Rieznik po.org.ar
La educación superior bajo ataque Durante mucho tiempo hubo sólo unas cuantas universidades en el mundo. El cuerpo estudiantil total en estas instituciones era muy reducido. Este pequeño grupo de estudiantes provenía en gran medida de las clases altas. Asistir a la universidad confería gran prestigio y reflejaba un gran privilegio. El panorama comenzó a cambiar radicalmente después de 1945. El número de universidades comenzó a expandirse considerablemente, y el porcentaje de personas en el rango de edad que asistía a las universidades comenzó a crecer. Es más, esto no fue meramente una expansión en aquellos países que ya tenían universidades notables. En un gran número de países que no habían tenido instituciones o no tenían ninguna antes de 1945 se impulsó la educación universitaria. La educación superior se hizo mundial. La presión para expandirse vino de arriba y de abajo. Desde arriba, los gobiernos sintieron una importante necesidad de contar con graduados universitarios que garantizaran su posibilidad de competir en las tecnologías más complejas requeridas en la explosiva expansión de la economía-mundo. Y desde abajo, grandes cantidades de los estratos medios y aun de los estratos más bajos de las poblaciones del mundo insistieron en que debían tener acceso a la educación superior para mejorar considerablemente sus perspectivas económicas y sociales. La expansión de las universidades, que fue notable en tamaño, fue posible por la enorme expansión ascendente de la economía-mundo después de 1945, la más grande en la historia del moderno sistema-mundo. Hubo mucho dinero disponible para las universidades y estaban felices de poder utilizarlo. Por supuesto, esto cambió en alguna medida los sistemas universitarios. Las universidades individuales se hicieron más grandes y comenzaron a perder la cualidad de intimidad que proporcionaban las estructuras más pequeñas. La composición de clase del cuerpo estudiantil, y luego la del profesorado, evolucionó. En muchos países la expansión no sólo significó una reducción en el monopolio de personas de los niveles más altos, como estudiantes, profesores y administradores, sino que con frecuencia significó que los grupos minoritarios y las mujeres comenzaran a tener un acceso más vasto, que antes se les había negado total o, por lo menos, parcialmente. Este retrato rosa comenzó a tener dificultades alrededor de la década de 1970. Por un lado, la economía-mundo entró en un prolongado estancamiento. Y poco a poco, la cantidad de dinero que recibían las universidades, en gran proporción de los estados, comenzó a disminuir. Al mismo tiempo, los costos de la educación universitaria comenzaron a crecer, y las presiones de abajo para que la expansión fuera continua crecieron con mayor fuerza aún. Desde entonces la historia es la de dos curvas que van en direcciones opuestas –menos dinero y mayores gastos. Para el momento en que arribamos al siglo 21, esta situación se tornó dificultosa. ¿Cómo se las arreglaban las universidades? Una forma importante fue lo que ha llegado a llamarse privatización. Casi todas las universidades anteriores a 1945, e incluso antes de 1970, eran instituciones del Estado. La única excepción significativa era Estados Unidos, que contaba con un gran número de instituciones no estatales, la mayoría de las cuales evolucionaron a partir de instituciones de base religiosa. Pero aun en estas instituciones privadas estadunidenses, las universidades se manejaban con estructuras no lucrativas. Lo que la privatización comenzó a significar por todo el mundo fueron varias cosas: una, comenzó a haber instituciones de educación superior que se establecieron como negocios con fines de lucro; dos, las instituciones públicas comenzaron a buscar y a obtener dinero de donantes corporativos, que comenzaron a entrometerse en la gobernanza interna de las universidades; y tres, las universidades comenzaron a buscar patentes para los trabajos en que los investigadores de la universidad habían descubierto o inventado algo, y como tal entraron a ser operadores en la economía, es decir, se volvieron parte del negocio. En una situación en que el dinero era escaso, o al menos parecía escaso, las universidades comenzaron a transformarse a sí mismas en instituciones parecidas a negocios. Esto puede entenderse en dos formas importantes: los más altos puestos administrativos en las universidades y sus facultades, que tradicionalmente ocupaban los académicos, comenzaron a ser ocupados por personas cuya formación era la administración y no la vida universitaria y aunque ellos conseguían el dinero, también comenzaron a fijar los criterios para asignarlo. Comenzó a haber evaluaciones de universidades completas y de departamentos dentro de las universidades en términos de sus productos, en relación con el dinero invertido. Esto podía medirse en cuántos estudiantes deseaban emprender estudios particulares, o en qué tan reconocida era la producción de investigación de ciertas universidades o departamentos. La vida intelectual comenzó a ser juzgada con criterios seudomercantiles. Aun el reclutamiento de los estudiantes se midió en términos de cuánto dinero entraba mediante los métodos alternos de reclutamiento. Por si esto fuera poco, las universidades comenzaron a sufrir los ataques de una corriente de extrema derecha antintelectual que veía las universidades como instituciones laicas y anti-religiosas. La universidad como institución crítica –crítica de los grupos dominantes y de las ideologías dominantes– siempre ha enfrentado la renuencia y la represión de los estados y las elites. Pero sus poderes de supervivencia siempre estuvieron basados en su relativa autonomía financiera basada en el costo real de operación. Esto era la universidad de ayer, no la de hoy ni la de mañana. Uno puede describir esto simplemente como otro ejemplo más del caos global en el que estamos viviendo. Excepto que se suponía que las universidades jugaran el papel de ser un locus importante (por supuesto no el único) de análisis de las realidades de nuestro sistema-mundo. Son estos análisis los que pueden hacer posible navegar en la caótica transición hacia un nuevo orden mundial, que esperamos sea mejor. Al momento, los disturbios al interior parecen no ser más fáciles de resolver que los disturbios en la economía-mundo. Y se le presta mucho menos atención. Immanuel Wallerstein Fuente: www.jornada.unam.mx/2012/03/10/index.php?section=opinion&article=022a1mun Traducción: Ramón Vera Herrera
La decadencia de EE.UU. en perspectiva (II parte) El camino imperial Noam Chomsky En los años de consciente, auto-infligida decadencia en el país, las “pérdidas” siguieron aumentando en otros sitios. En la última década, por primera vez en 500 años, Suramérica ha emprendido pasos exitosos para liberarse de la dominación occidental, otra pérdida seria. La región ha progresado hacia la integración, y ha comenzado a encarar algunos de los terribles problemas internos de sociedades gobernadas por elites en su mayor parte europeizadas, pequeñas islas de extrema riqueza en un mar de miseria. También se han librado de todas las bases de EE.UU. y de controles del FMI. Una organización recientemente formada, CELAC, incluye a todos los países del hemisferio con la excepción de EE.UU. y Canadá. Si realmente funciona, será otro paso en la decadencia de EE.UU., en este caso en lo que siempre ha considerado como su “patio trasero”. Incluso más seria sería la pérdida de los países de MENA –Medio Oriente/Norte de África– que han sido considerados por los planificadores desde los años cuarenta como “una estupenda fuente de poder estratégico, y una de las mayores preseas materiales en la historia del mundo”. El control de las reservas energéticas de MENA generaría “un sustancial control del mundo”, en las palabras del influyente consejero de Roosevelt, A.A. Berle. Sin duda, si las proyecciones de un siglo de independencia energética de EE.UU. basada en recursos energéticos norteamericanos resultaran ser realistas, la importancia de controlar MENA disminuiría en algo, aunque probablemente no en mucho: la preocupación principal ha sido siempre el control más que el acceso. Sin embargo, las probables consecuencias para el equilibrio del planeta son tan ominosas que la discusión puede ser en gran parte un ejercicio académico. La Primavera Árabe, otro evento de importancia histórica, puede presagiar por lo menos una “pérdida” parcial de MENA. EE.UU. y sus aliados han hecho lo posible por impedir ese resultado – hasta ahora con considerable éxito. Su política hacia las revueltas populares se ha ajustado de cerca a las líneas directivas estándar: apoyar a las fuerzas más sensibles a la influencia y el control de EE.UU. Los dictadores preferidos son apoyados mientras puedan mantener el control (como en los principales Estados petroleros). Cuando ya no es posible, son descartados y se trata de restaurar el antiguo régimen en la mayor medida posible (como en Túnez y en Egipto). El patrón general es familiar: Somoza, Marcos, Duvalier, Mobutu, Suharto, y muchos otros. En un caso, Libia, las tradicionales tres potencias imperiales intervinieron mediante la fuerza a fin de participar en una rebelión para derrocar a un dictador mercurial y poco fiable, abriendo el camino, como se espera, a un control más eficiente de los ricos recursos de Libia (primordialmente el petróleo, pero también el agua, de particular interés para las corporaciones francesas), a una posible base para el Comando África de EE.UU. (limitado hasta ahora a Alemania) y a la inversión de la creciente penetración china. En lo que respecta a la política, ha habido pocas sorpresas. Crucialmente, es importante reducir la amenaza de una democracia que funcione, en la cual la opinión popular pueda influencia significativamente la política. Esto, de nuevo, es rutina, y es bastante comprensible. Una mirada a los estudios de opinión pública realizados por agencias de sondeo en los países de MENA explica fácilmente el temor occidental a una auténtica democracia, en la cual la opinión pública influencie significativamente la política. Israel y el Partido Republicano Consideraciones semejantes se trasfieren directamente a la segunda preocupación importante planteada en la edición de Foreign Affairs citada en la primera parte de este artículo: el conflicto Israel-Palestina. Será difícil mostrar con más claridad el temor a la democracia que en este caso. En enero de 2006, hubo una elección en Palestina, calificada de libre e imparcial por monitores internacionales. La reacción instantánea de EE.UU. (y claro está de Israel), y Europa lo siguió cortésmente, fue imponer duras sanciones a los palestinos por haber votado de manera equivocada. No es ninguna innovación. Está perfectamente de acuerdo con el principio general y nada sorprendente reconocido por los expertos dominantes: EE.UU. apoya la democracia si, y solo si, el resultado está de acuerdo con sus objetivos estratégicos y económicos, la conclusión lastimera del neo-reaganita Thomas Carothers, el más cuidadoso y respetado analista experto de las iniciativas de “promoción de la democracia”. De un modo más general, durante 35 años EE.UU. ha encabezado el campo negacionista sobre Israel-Palestina, bloqueando un consenso internacional que pide una solución política en términos demasiado conocidos como para que requieran repetición. El mantra occidental es que Israel busca negociaciones sin condiciones previas, a lo que se niegan los palestinos. Lo contrario es más exacto. EE.UU. e Israel exigen precondiciones estrictas que, además, han sido elaboradas para asegurar que las negociaciones conduzcan a una capitulación palestina sobre temas cruciales, o a ninguna parte. La primera condición previa es que las negociaciones deben ser supervisadas por Washington, lo que tiene tanto sentido como exigir que Irán supervise la negociación de conflictos entre suníes y chiíes en Iraq. Las negociaciones serias tendrían que tener lugar bajo los auspicios de alguna parte neutral, preferiblemente una que goce de un cierto respeto internacional, tal vez Brasil. Las negociaciones tratarían de resolver los conflictos entre los dos antagonistas: EE.UU./Israel por una parte, y la mayor parte del mundo por la otra. La segunda condición previa es que Israel debe tener libertad para expandir sus asentamientos ilegales en Cisjordania. Teóricamente, EE.UU. se opone a esas acciones, pero con un ligerísimo tirón de orejas, mientras sigue suministrando apoyo económico, diplomático y militar. Cuando EE.UU. tiene algunas objeciones limitadas, impide con gran facilidad las acciones, como en el caso del proyecto E-1 para vincular Gran Jerusalén con la ciudad de Ma’aleh Adumim, dividiendo prácticamente en dos Cisjordania, una altísima prioridad para los planificadores israelíes (de todo el espectro), pero provocando algunas objeciones en Washington, por lo que Israel ha tenido que recurrir a medidas tortuosas para mermar el proyecto. El fingimiento de oposición llegó al nivel de farsa en febrero pasado cuando Obama vetó una resolución del Consejo de Seguridad que pedía la implementación de política oficial de EE.UU. (agregando también la observación no polémica de que los propios asentamientos son ilegales, a diferencia de su expansión). Desde entonces se ha hablado poco de la terminación de la expansión de asentamientos, que continúa, con una provocación premeditada. Por lo tanto, mientras representantes israelíes y palestinos se preparaban para reunirse en Jordania en enero de 2011, Israel anunció nuevas construcciones en Pisgat Ze’ev y Har Homa, áreas de Cisjordania que considera que se encuentran dentro del área considerablemente expandida de Jerusalén, anexada, cubierta de asentamientos y construida como capital de Israel, todo en violación de órdenes directas del Consejo de Seguridad. Otras acciones incluyen el mayor plan de separar los enclaves que le puedan quedar a la administración palestina del centro cultural, comercial y político de la vida palestina en la antigua Jerusalén. Es comprensible que los derechos palestinos deban ser marginados en la política y el discurso estadounidense. Los palestinos carecen de riqueza y de poder. No ofrecen prácticamente nada a los intereses políticos de EE.UU.; de hecho, tienen valor negativo, son una molestia que moviliza a “la calle árabe”. Israel, al contrario, es un valioso aliado. Es una sociedad rica, con una industria de alta tecnología sofisticada, en gran parte militarizada. Durante décadas, ha sido un altamente apreciado aliado militar y estratégico, en particular desde 1967, cuando hizo un gran servicio a EE.UU. y a su aliado saudí al destruir el “virus” nasserista, estableciendo la “relación especial” con Washington en la forma que ha persistido desde entonces. También es un centro creciente para inversiones de alta tecnología de EE.UU. De hecho, las industrias de alta tecnología, y particularmente militares, en los dos países están estrechamente vinculadas. Aparte de semejantes consideraciones elementales de política de gran potencia, hay factores culturales que no deben ser ignorados. El sionismo cristiano en Gran Bretaña y en EE.UU. precedió de largo al sionismo judío, y ha sido un significativo fenómeno elitista con claras implicaciones políticas (incluida la Declaración Balfour, que se basó en él). Cuando el general Allenby conquistó Jerusalén durante la Primera Guerra Mundial, fue aclamado en la prensa estadounidense como Ricardo Corazón de León, quien había finalmente vencido en las Cruzadas y expulsado a los paganos de Tierra Santa. El siguiente paso fue que el Pueblo Elegido volviera a la tierra que le fuera prometida por el Señor. Articulando un punto de vista común de la elite, el secretario del Interior del presidente Franklin Roosevelt, Harold Ickes, describió la colonización judía de Palestina como un logro “sin igual en la historia de la raza humana”. Semejantes doctrinas encuentran fácilmente su lugar dentro de las doctrinas providencialistas que habían sido un fuerte elemento en la cultura popular y de la elite desde los orígenes del país: la creencia en que Dios tiene un plan para el mundo y que EE.UU. lo está realizando bajo guía divina, como es articulado por una larga lista de personajes destacados. Por otra parte, el cristianismo evangélico es una importante fuerza popular en EE.UU. Más hacia los extremos, el cristianismo evangélico del Fin de los Tiempos también tiene un enorme alcance popular, vigorizado por el establecimiento de Israel en 1948, revitalizado aún más por la conquista del resto de Palestina en 1967 – todas señales de que se acercan el Fin de los Tiempos y la Segunda Venida. Estas fuerzas se han vuelto particularmente significativas desde los años de Reagan, ya que los republicanos han abandonado la pretensión de ser un partido político en el sentido tradicional, mientras se dedican en virtual formación uniforme a servir a un ínfimo porcentaje de súper ricos y al sector corporativo. Sin embargo, el pequeño electorado que es servido primordialmente por el partido reconstruido no puede proveer votos, de modo que se han vuelto a otra parte. La única alternativa es movilizar tendencias que siempre han estado presentes, aunque raramente como una fuerza política organizada: primordialmente nativistas que tiemblan de miedo y odio, y elementos religiosos que son extremistas según estándares internacionales, pero no en EE.UU. Un resultado es la reverencia por supuestas profecías bíblicas, de ahí no solo el apoyo a Israel y sus conquistas y expansión, sino un amor apasionado por Israel, otra parte fundamental del catequismo que debe ser entonado por candidatos republicanos – y demócratas, de nuevo, no demasiado lejos. Dejando de lado estos factores, no hay que olvidar que la “Anglosfera” – Gran Bretaña y sus retoños – consiste de sociedades de colonos, que surgieron de las cenizas de poblaciones indígenas, reprimidas o virtualmente exterminadas. Las prácticas del pasado deben haber sido básicamente, en el caso de EE.UU., incluso ordenadas por la Divina Providencia. Por lo tanto a menudo existe una simpatía intuitiva por los hijos de Israel cuando siguen un camino semejante. Pero primordialmente prevalecen los intereses geoestratégicos y económicos, y la política no está grabada en piedra. La “amenaza” iraní y el tema nuclear Finalmente consideremos el tercero de los principales temas encarados en los periódicos del establishment citados anteriormente, la “amenaza de Irán”. Entre las elites y la clase política es considerada generalmente como la amenaza primordial para el orden mundial – aunque no entre las poblaciones. En Europa, los sondeos muestran que se considera a Israel como la principal amenaza para la paz. En los países del MENA, este estatus es compartido con EE.UU., hasta el punto que en Egipto, en vísperas del levantamiento de la Plaza Tahrir, un 80% pensaba que la región sería más segura si Irán tuviera armas nucleares. Los mismos sondeos establecieron que solo un 10% considera que Irán constituye una amenaza – a diferencia de los dictadores gobernantes, quienes tienen sus propias preocupaciones. En EE.UU., antes de las masivas campañas propagandísticas de los últimos años, una mayoría de la población estaba de acuerdo con la mayor parte del mundo en que, como firmante del Tratado de No Proliferación Nuclear, Irán tiene derecho a enriquecer uranio. E incluso ahora, una gran mayoría está a favor de medios pacíficos para tratar con Irán. Incluso existe una fuerte oposición a una participación militar si Irán e Israel estuvieran en guerra. Solo un cuarto considera que Irán sea de alguna manera una preocupación importante para EE.UU. Pero no es poco usual que haya una brecha, a menudo un abismo, que divide a la opinión pública y la política. ¿Por qué, exactamente, se considera a Irán como una amenaza tan colosal? La pregunta es poco discutida, pero no es difícil encontrar una respuesta seria – aunque no, como de costumbre, en los pronunciamientos febriles. La respuesta mejor documentada es provista por el Pentágono y los servicios de inteligencia en sus informes regulares al Congreso sobre la seguridad global. Informan que Irán no plantea una amenaza militar. Sus gastos militares son muy bajos incluso según los estándares de la región, minúsculos, claro está, en comparación con EE.UU. Irán tiene poca capacidad para desplegar fuerza. Sus doctrinas estratégicas son defensivas, diseñadas para disuadir una invasión durante suficiente tiempo para quela diplomacia solucione los problemas. Si Irán desarrollara una capacidad de armas nucleares, informan, formaría parte de su estrategia de disuasión. Ningún analista serio cree que los clérigos gobernantes estén ansiosos de ver que su país y sus posesiones sean vaporizados, la consecuencia inmediata de que llegaran incluso cerca de iniciar una guerra nuclear. Y es apenas necesario mencionar las razones por las cuales cualquier dirigencia iraní estaría preocupada por la disuasión, bajo las circunstancias existentes. No cabe duda de que el régimen es una seria amenaza para gran parte de su propia población – y desgraciadamente, no se puede decir que sea un caso único desde ese punto de vista. Pero la amenaza primordial para EE.UU. e Israel es que Irán pueda estorbar su libre ejercicio de violencia. Otra amenaza es que los iraníes buscan evidentemente extender su influencia a los vecinos Iraq y Afganistán, y también más lejos. Esos actos “ilegítimos” son llamados “desestabilizadores” (o algo peor). Al contrario, la imposición por la fuerza de la influencia sobre la mitad del mundo contribuye a la “estabilidad” y al orden, de acuerdo con la doctrina tradicional de quién es el dueño del mundo. Tiene mucho sentido el intento de impedir que Irán se sume a los Estados con armas nucleares, incluidos los tres que se han negado a firmar el Tratado de No Proliferación –Israel, India y Pakistán– todos los cuales han recibido ayuda de EE.UU. para el desarrollo de armas nucleares y siguen recibiendo esa ayuda. No es imposible acercarse a ese objetivo por medios diplomáticos pacíficos. Una actitud, que goza de abrumador apoyo internacional, es emprender pasos significativos hacia el establecimiento de una zona libre de armas nucleares en Medio Oriente, incluidos Irán e Israel (aplicado también a fuerzas de EE.UU. desplegadas en el área); mejor todavía si se extiende al Sur de Asia. El apoyo para tales esfuerzos es tan fuerte que el gobierno de Obama se ha visto obligado a aceptar formalmente, pero con reservas, que: crucialmente, el programa nuclear de Israel no debe ser colocado bajo los auspicios del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), y que no se debe pedir a ningún Estado (lo que quiere decir EE.UU.) que divulgue información sobre “instalaciones y actividades nucleares de Israel, incluida información relacionada con anteriores transferencias nucleares a Israel”. Obama también acepta la posición de Israel de que toda propuesta semejante debe estar condicionada a un acuerdo de paz exhaustivo, que EE.UU. e Israel pueden seguir retardando indefinidamente. Este estudio no se aproxima en nada a ser algo exhaustivo, sobra decir. Entre tópicos importantes que no son considerados es el cambio en la política militar de EE.UU. hacia la región Asia-Pacífico, con las nuevas adiciones al inmenso sistema de bases militares que tiene lugar ahora mismo, en la Isla Jeju frente de Corea del Sur y en el Noroeste de Australia, todos elementos de la política de “contención de China”. Estrechamente relacionado está el tema de las bases de EE.UU. en Okinawa, a las que se ha opuesto acremente la población durante muchos años, y una continua crisis en las relaciones EE.UU.-Tokio-Okinawa. Revelando lo poco que han cambiado las presunciones fundamentales, analistas estratégicos estadounidenses describen el resultado de los programas militares de China como un “clásico ‘dilema de seguridad’ por lo cual programas militares y estrategias nacionales consideradas defensivas por sus planificadores son vistos como amenazadores por el otro lado”, como escribe Paul Godwin del Foreign Policy Research Institute. El dilema de la seguridad aparece respecto al control de los mares frente a las costas de China. EE.UU. considera su política de control de esas aguas como “defensiva”, mientras China la ve como amenazante. Ni siquiera es imaginable un debate parecido respecto a las aguas costeras de EE.UU. Este “clásico dilema de seguridad” tiene sentido, de nuevo, sobre la base de la presunción de que EE.UU. tiene derecho a controlar la mayor parte del mundo, y que la seguridad de EE.UU. requiere algo que se acerca al control absoluto del globo. Mientras los principios de la dominación imperial han experimentado poco cambio, la capacidad de implementarlos ha disminuido considerablemente a medida que el poder se ha distribuido más ampliamente en un mundo que se diversifica. Las consecuencias son muchas. Es, sin embargo, muy importante recordar que –por desgracia– ninguna disipa las dos oscuras nubes que se ciernen sobre toda consideración de orden global: la guerra nuclear y la catástrofe medioambiental, que amenazan ambas la decente supervivencia de la especie. Al contrario, ambas amenazas con siniestras, y aumentan. …………. Noam Chomsky es profesor emérito del Departamento de Lingüística y Filosofía del MIT. Es autor de numerosas obras políticas que son éxitos de ventas. Sus últimos libros son Making the Future: Occupations, Intervention, Empire, and Resistance, The Essential Chomsky (editado por Anthony Arnove), una colección de sus escritos de los años cincuenta hasta la actualidad, Gaza in Crisis, con Ilan Pappé, y Hopes and Prospects. Copyright 2012 Noam Chomsky Fuente: http://www.tomdispatch.com/post/175503/tomgram%3A_noam_chomsky%2C_imperial_hegemony_and_its_discontents/#more
La crisis estructural: los imponderables de mediano plazo He expresado previamente por qué pienso que el sistema-mundo capitalista está en una crisis estructural y por qué esto conduce a una lucha política a escala mundial por ver cuál de dos alternativas prevalecerá: una que tenga por resultado un sistema no capitalista, que retenga todos los peores rasgos del capitalismo (las jerarquías, la explotación y la polarización), u otra que siente las bases para un sistema basado en una relativa democratización y un relativo igualitarismo, un tipo de sistema que aún no ha existido. Sin embargo, hay tres imponderables en el proceso de una transición sistémica. Éstos son tres fenómenos cuyas raíces yacen en los desarrollos históricos del sistema-mundo moderno y que podrían "explotar" en algún sentido en los próximos 20 o 40 años, en una forma en extremo destructiva, con consecuencias muy inciertas para la lucha política a escala mundial. Estos tres imponderables son el cambio climático, las pandemias y la guerra nuclear. No son imponderables en cuanto a los peligros que entrañan para toda la humanidad. Son imponderables en cuanto al momento en que podría ocurrir cualquiera de tales desastres. Es extenso nuestro conocimiento acerca de ellos, pero hay tantas incertidumbres y diferencias de puntos de vista entre quienes han estudiado seriamente estos asuntos que no creo que podamos estar seguros qué es lo que ocurrirá exactamente. Discutamos uno por uno. El cambio climático parece una realidad incuestionable, excepto para quienes rechazan esta realidad por razones políticas o ideológicas. Es más, todo lo que ha estado ocasionando el cambio climático de hecho se está acelerando en vez de amainar en velocidad. Las diferencias políticas entre los Estados más ricos y menos ricos en cuanto a lo que debería hacerse acerca del cambio climático parecen hacer inconseguible cualquier acuerdo que pudiera mitigar los riesgos. No obstante, la complejidad ecológica de la Tierra es tan grande y estos cambios son tan extensos, que no sabemos qué clase de reajustes habrán de ocurrir. Parece claro que los niveles del agua subirán, ya están subiendo, y esto amenaza con inundar vastas extensiones. También es claro que las temperaturas promedio en varias partes del mundo cambiarán, ya están cambiando. Pero esto puede también tener el resultado de que ocurra un cambio en la localización de la producción agrícola y las fuentes de energía a zonas diferentes, de forma tal que podrían "compensar", en algún sentido, el agudo daño de otras zonas. Lo mismo es cierto de las pandemias. Los enormes "avances" de la medicina mundial en los últimos 100 años o algo así, que parecen haber logrado controlar muchas enfermedades, han creado simultáneamente una situación en la que el enemigo más antiguo de la humanidad, los gérmenes, han encontrado nuevos modos de volverse resistentes y de crear nuevas clases de afecciones que nuestras fuerzas médicas hallan extremadamente difícil combatir. Por otra parte, pareciera que estamos comenzando a aprender que los gérmenes pueden ser, en ocasiones, el mejor amigo de la humanidad. Una vez más nuestro conocimiento parecía enorme, pero una vez hecho y dicho lo necesario resulta que es lastimosamente pequeño. En esta carrera contra el tiempo, ¿qué tan rápido habremos de aprender? ¿Y qué tanto debemos desaprender para poder sobrevivir? Por último está la guerra nuclear. He argumentado que habrá una proliferación atómica significativa en las décadas venideras. No veo esto como un peligro en términos de alguna guerra interestatal. De hecho, es casi lo contrario. Las armas nucleares son, en esencia, defensivas y, por tanto, reducen, no incrementan, la probabilidad de guerras interestatales. No obstante, hay varios imponderables. Las motivaciones de los actores no estatales no son necesariamente las mismas. Y hay algunos, sin duda, a los que les gustaría apropiarse de esos armamentos (o de armas químicas o biológicas) y usarlas. Además, como muchos Estados tienen limitada capacidad para proteger tales armamentos de que se los apropie o los compre alguien, esto puede facilitar que los actores no estatales los adquieran. A final de cuentas, el uso real de tales armamentos yace necesariamente en las manos de algunos individuos. Y no podemos descartar nunca la posibilidad de que surja algún agente estatal "perverso", un Doctor insólito de ficción. Es perfectamente posible que el mundo supere la transición global hacia un nuevo sistema mundo, o a sistemas, sin que ninguna de estas catástrofes ocurran. Pero también es posible que no lo logre. Y si no supera la transición es también posible que el nuevo sistema-mundo tome toda clase de medidas que reduzcan (o incluso eliminen) la probabilidad de que alguna de estas catástrofes ocurran. Es obvio que no podemos simplemente sentarnos a ver qué va a pasar. Necesitamos emprender cualquier medida que podamos –en el inmediato presente– para minimizar la posibilidad de "explosión" de cualquiera de estos tres imponderables. Sin embargo, mientras nos encontremos en el moderno sistema-mundo es limitado lo que podemos lograr en lo político. Es por eso que les llamamos imponderables. No podemos estar seguros de que, de hecho, ocurrirán y cuál será el efecto que tendrán en la transición. Permítanme clarificar lo que digo. Ninguna de estas peligrosas ocurrencias habrá de ponerle fin al proceso de transición estructural. Pero afectará seriamente el balance de las fuerzas políticas que luchan. Uno de los modos importantes en que puede reaccionar la gente ante estos peligros es irse para dentro con modos mucho muy proteccionistas y xenófobos, lo que fortalecerá la mano de aquellos que buscan crear un sistema opresivo (aun si éste es uno no capitalista). Ya vemos esta tendencia casi en todas partes. Esto significa que quienes busquen un sistema relativamente democrático y relativamente igualitario tienen que tornarse más claros acerca de lo que ocurre y trabajar más duro desarrollando estrategias políticas que contrarresten esta tendencia. Immanuel Wallerstein Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2013/01/26/index.php?section=opinion&article=026a1mun Traducción: Ramón Vera Herrera
¿Cómo evaluaría Al Qaeda sus logros?Immanuel WallersteinMe imagino una conversación el 11 de septiembre de 2011, en la cual los líderes máximos de Al Qaeda evalúan sus logros diez años después de sus ataques sobre suelo estadunidense. Pienso que estarían muy optimistas por todo lo que han logrado.Para entender esto, debemos considerar lo que pensaban que debían lograr los ataques del 11 de septiembre. En ese momento, Osama Bin Laden expresó con claridad lo que eran sus objetivos de largo plazo. Dijo que deseaba borrar ochenta años de humillaciones del mundo islámico. ¿Ochenta años? Bin Laden se refería a la abolición del califato en 1924 (no son exactamente ochenta años) por Mustafá Kemal Ataturk. El objetivo jurado de Bin Laden era la recreación de un califato que abarcara todo el mundo musulmán –suponemos que a cargo de un directo descendiente de Mahoma, que gobernara obedeciendo la sharia.¿Qué fue lo que se interpuso en su objetivo? Tres obstáculos principales. El primero fue Estados Unidos, que utilizó su poder para sojuzgar al mundo islámico. El segundo y el tercero fueron los gobiernos de Arabia Saudita y Pakistán, a los cuales Bin Laden consideraba pilares del respaldo de Estados Unidos dentro del mundo islámico, y cuyos gobiernos él denunciaba como no-islámicos.¿Y cómo impulsaría su objetivo el ataque del 11 de septiembre? Sigamos su razonamiento. El directo y espectacular ataque sobre Estados Unidos, en su propio suelo, intentaba exponer el hecho de que Estados Unidos era un tigre de papel e instalar entre los estadunidenses temores profundos acerca de su seguridad física y su futuro colectivo. Apenas la semana pasada, Al Qaeda criticó públicamente al presidente Ahmadinejad, de Irán, por sugerir que el 11 de septiembre había obra de estadunidenses, y no de Al Qaeda.Bin Laden confiaba en que los estadunidenses quedarían inmersos en una guerra interminable –una que no podrían ganar, aun si no perdían, en el sentido militar, en algún corto plazo. Bin Laden esperaba que el desgaste continuado de esta guerra interminable acabaría por extenuar a Estados Unidos, al costarle cara (material y geopolíticamente). Si ésta era la intención de Bin Laden, es difícil argumentar en 2011 que los últimos diez años probaron que estaba equivocado.Pero, ¿por qué entonces el intento de acabar con los gobiernos paquistaní y saudita? ¿Y cómo? El análisis de Bin Laden era que, en virtud de la ambigüedad del discurso de ambos gobiernos –que él consideraba corruptos además de no-islámicos– éstos podían sobrevivir y aun florecer. Ambos gobiernos buscaron mantener el respaldo tanto de las élites materialistas y occidentalizantes, como de las fuerzas populares, fuertemente islámicas, mediante el uso de dos lenguajes –uno para el mundo occidental y otro hacia el interior-Está claro que la estrategia de Bin Laden fue exponer la duplicidad de estos gobiernos forzándolos a optar entre sus dos retóricas. Para lograr lo que quería, contó con que Estados Unidos –como resultado del 11 de septiembre– los presionaría. Es decir, Estados Unidos se volvería un agente que forzaría a los regímenes saudita y paquistaní a ponerl fin a su ambigüedad.En 2011, está claro que esto es exactamente lo que ha ocurrido en Pakistán. Y conforme la situación militar se torna más y más difícil para Estados Unidos en Afganistán, Washington se vuelve más y más impaciente con el hecho de que el régimen paquistaní –o por lo menos esa parte poderosa de éste que es la agencia de inteligencia, conocida como ISI– respalda con claridad a varios grupos que combaten activamente a Estados Unidos en ese país: los talibanes, la red Haqqani y aun la misma Al Qaeda.El congreso estadunidense se ha vuelto muy impaciente, y quiere cortar la ayuda a Pakistán. El nuevo secretario de Defensa, Leon E. Panetta, está pujando para que haya acciones militares directas de Estados Unidos dentro de Pakistán. Y aun el almirante Michael Mullen, jefe saliente del Estado Mayor Conjunto estadunidense, que todavía había insistido en actuar con gran prudencia vis-à-vis los paquistaníes (lo que reflejaba la renuencia al interior de las fuerzas armadas estadunidenses de involucrarse militarmente en otra área geográfica más), parece que terminó por perder la paciencia y ahora critica abiertamente al gobierno paquistaní. ¿La respuesta paquistaní? El ministro del Interior, Rehman Malik, también criticó abiertamente los ataques unilaterales de Estados Unidos a los militantes islamistas en Pakistán. Exigió que Estados Unidos respete nuestra soberanía. Los paquistaníes han llamado a sus aliados cercanos a que los respalden. Obtuvieron un apoyo abierto a la defensa de su soberanía del viceprimer ministro chino. Y el jefe de la agencia ISI voló a Arabia Saudita para afirmar la resistencia conjunta paquistaní-saudita contra la presión estadunidense.Al Qaeda puede estar satisfecha por el hecho de que fue el asesinato cumplido de su líder a manos del grupo Navy Seals estadunidense lo que precipitó esta confrontación abierta de los líderes paquistaníes y estadunidenses, porque exhibió ante la opinión pública la división interna en el gobierno paquistaní entre quienes se coludieron para esconder a Bin Laden (y que como tal no fueron informados por Estados Unidos del ataque que iba a ocurrir) y quienes estaban coludidos con Estados Unidos y señalaron el paradero de éste. Tras ocurrir el operativo estadunidense, la opinión pública ha sido casi unánime en su condena al ataque.Hoy todo mundo concuerda en que la alianza paquistaní-estadunidense es frágil en extremo. Sin duda Al Qaeda se congratula. ¿Ha logrado también socavar Al Qaeda al régimen saudita? No lo ha logrado tanto. El gobierno saudita ha logrado continuar con la ambigüedad hasta cierto punto, pero sólo porque ha tomado mayor distancia de Estados Unidos en sus múltiples acciones dentro del mundo árabe. Está claro que el régimen saudita ha estado preocupado de que se pueda replicar el tipo de quiebre en las relaciones que ha ocurrido en Pakistán.Los sauditas están manejando esto con una combinación de gran firmeza en el interior del país, algunas concesiones adicionales a las elites (sólo hay que ver el nuevo anuncio de que se permitirá que las mujeres voten), la intervención directa cuando es necesario sostener a los gobiernos de los vecinos estados del Golfo (vean el reciente envío de tropas para ayudar al gobierno de Bahrein), y una ayuda diplomática y económica a los palestinos. ¿Será esto suficiente? El problema particular más grande para el régimen es la minoría chiíta, oprimida y contenciosa, que fortuitamente se localiza donde se asientan los más grandes depósitos de petróleo. Además, Al Qaeda no va a ayudar al régimen saudita a lidiar inteligentemente con las quejas chiítas.¿Cuál es el balance de todo esto? Es cierto que las fuerzas especiales estadunidenses asesinan con frecuencia a líderes de Al Qaeda. De hecho, perdieron al mismo Bin Laden. Pero eso no parece haberlos frenado. Al Qaeda se ha vuelto una franquicia islámica y parece haber todo el tiempo nuevos grupos que desean asumir el nombre, aun si actúan en la práctica de forma autónoma. Geopolíticamente, está claro que Estados Unidos está más débil hoy que en 2001. El régimen paquistaní está luchando por su vida. Y los sauditas están muy preocupados.No hay califato todavía, pero los líderes de Al Qaeda son pacientes de un modo impaciente. En lo operacional son impacientes. En lo estratégico son muy pacientes.Traducción: Ramón Vera Herrera© Immanuel Wallerstein
Sobre la muerte de Bin Laden (segunda parte) Hay mucho más que decir Noam Chomsky Tras el asesinato de bin Laden recibí tal aluvión de peticiones para comentar que fui incapaz de atenderlos individualmente, así que el 4 de mayo y más tarde envié un primer mensaje a modo de respuesta, que no era para que se publicase, y así poder escribir más adelante con mayor detalle y profundidad. Pero se publicó en Internet, y por tanto circuló. Se puede encontrar ahora, vuelto a publicar en Internet, en http://www.rebelion.org/noticia.php?id=128035&titular=mi-reacci%F3n-ante-la-muerte-de-osama-bin-laden-. A esto le siguió un aluvión de reacciones desde todas las partes del mundo. Por supuesto que no es una muestra científica, pero no obstante, las tendencias pueden tener cierto interés. Abrumadoramente, aquellas del “tercer mundo” eran del tipo de “gracias por decir lo que pensamos”. Había similares procedentes de EEUU, pero muchas otras eran furiosas, casi histéricas con frecuencia, con apenas relación con el contenido real de la carta que se publicó en Internet. Eso fue cierto en particular con algunas de las respuestas publicadas, en internet o no, sobre las cuales me han informado. He recibido unas pocas peticiones para comentar varias de éstas. Francamente me parecen superfluas. Si hay algún interés, encontraré algún momento para hacerlo. La carta original termina con el siguiente comentario: “Hay mucho más que decir, pero incluso los hechos más obvios y elementales deberían darnos mucho que pensar.” Aquí rellenaré algunas de las lagunas, dejando sin cambios el resto del original en todo lo esencial. Noam Chomsky El 1 de mayo, de 2011, mataron a Osama bin Laden en su apenas protegido complejo residencial, en una misión de asalto de 79 Navy Seals, que entraron en helicóptero en Pakistán. Después de que el gobierno nos diera muchas historias escabrosas y las retirase, los informes oficiales dejaban cada vez más claro que la operación fue un asesinato planeado, violando de manera múltiple normas elementales del derecho internacional, empezando por la invasión en sí misma. No parece que haya habido intento alguno de aprehender a la víctima desarmada, como presumiblemente podrían haber hecho 79 comandos que no encontraron oposición – excepto según informan ellos mismos, por parte de su esposa, también desarmada, a quien dispararon en defensa propia cuando ella se “abalanzó” sobre ellos (según la Casa Blanca). Una plausible reconstrucción de los sucesos nos la ofrece el veterano corresponsal de Oriente Medio Yochi Dreazen y sus colegas de The Atlantic (http://www.theatlantic.com/politics/archive/2011/05/goal-was-never-to-capture-bin-laden/238330/). Dreazen, antiguo corresponsal militar para el Wall Street Journal, es el principal corresponsal del National Journal Group para el que cubre asuntos militares y de seguridad nacional. Según su investigación, los planes de la Casa Blanca no parecían haber considerado la opción de capturar a Osama bin Laden vivo: “La administración le había dejado claro a los militares del comando clandestino de Operaciones Especiales Conjuntas que querían a bin Laden muerto, según un alto funcionario de EEUU con conocimiento de las discusiones. Un funcionario militar de alto rango que informó del asalto dijo que los SEAL sabían que su misión no era traerle vivo.” Los autores añadieron: “Para muchos del Pentágono y de la Agencia Central de Inteligencia que se habían pasado casi una década buscando a bin Laden, matar al combatiente era un acto de venganza justo y necesario.” Además, “Capturar a bin Laden vivo le habría traído a la administración un conjunto de retos legales y políticos un tanto irritantes.” Mejor, por tanto, asesinarle, lanzar su cuerpo al mar sin una autopsia que se considerada esencial después de un homicidio, ya sea éste justificado o no, - un acto que predeciblemente provocó tanto ira como escepticismo en buena parte del mundo musulmán. Como señala la información de The Atlantic, “la abierta decisión de matar a bin Laden fue la ilustración más clara hasta la fecha de un aspecto poco señalado de la política anti-terrorista de Obama. La administración Bush capturó a miles de combatientes sospechosos y los mandó a campos de detención en Afganistán, Irak y la Bahía de Guantánamo. La administración Obama, en cambio, se ha centrado en eliminar terroristas de manera individual más que intentar capturarlos vivos.” Eso es una diferencia significativa entre Bush y Obama. Los autores citaron al ex-canciller de Alemania Occidental, Helmut Schmidt, quien “dijo a la televisión alemana que el asalto fue ‘una violación bastante clara del derecho internacional’ y que bin Laden debería haber sido detenido y llevado a juicio,” comparando a Schmidt con el Fiscal General de EEUU Eric Holder, quien “defendió la decisión de matar a bin Laden aunque no supusiera una amenaza inmediata para los Navy SEALs, diciéndole el martes al Comité de la Cámara que el asalto había sido ‘legal, legítimo y apropiado como quiera que se viera’.” Deshacerse del cadáver sin hacerle una autopsia también fue criticado por los aliados. El muy reputado abogado británico Geoffrey Robertson, que apoyó la intervención y se opuso a la ejecución en gran parte por cuestiones pragmáticas, describió sin embargo la aseveración de Obama de que “se había hecho justicia” como una “absurdez” que debería haber sido obvia para un antiguo profesor de derecho constitucional (http://www.thedailybeast.com/blogs-and-stories/2011-05-03/osama-bin-laden-death-why-he-should-have-been-captured-not-killed/). La ley de Paquistán “requiere que una investigación judicial tras una muerte violenta, y la ley internacional en materia de derechos humanos insiste en que el ‘derecho a la vida’ comporta una investigación dondequiera que una muerte violenta tenga lugar como consecuencia de acciones atribuibles al gobierno o a la policía. EEUU está por tanto bajo el deber de realizar una investigación que satisfaga al mundo sobre las verdaderas circunstancias de este homicidio.” Robertson añade que “La ley permite disparar a los criminales en defensa propia si ellos (o sus cómplices) se resisten a ser arrestados de manera que pongan en peligro a aquellos que se esfuerzan en aprehenderlos. De ser posible, se les debería dar la oportunidad de rendirse, pero incluso si no saliesen con las manos en alto, deben ser apresados vivos si se puede conseguir sin riesgo. Por tanto la forma exacta en la que se ‘disparó a la cabeza’ de bin Laden (especialmente si se le disparó en la nuca, a modo de ejecución) requiere una explicación. ¿Por qué un precipitado ‘entierro en el mar’ sin una autopsia, tal y como la ley exige?” Robertson atribuye el asesinato a “la obsesiva creencia americana en la pena capital –única entre las naciones avanzadas- reflejado en el regocijo por la manera en la que falleció bin Laden.” Por ejemplo, el columnista de The Nation Eric Alterman escribe que “matar a bin Laden fue una tarea justa y necesaria.” Robertson nos suele recordar que “No siempre fue así. Cuando llegó el momento de considerar el destino de hombres mucho más impregnados de maldad que Osama bin Laden –por ejemplo los líderes nazis – el gobierno británico quería ahorcarlos a las seis horas de haberlos capturado. El Presidente Truman se opuso, citando el dictamen del juez Robert Jackson de que la ejecución sumaria ‘no caería bien en la conciencia americana ni sería recordada con orgullo por nuestros hijos… el único camino es determinar la inocencia o culpabilidad del acusado tras una audiencia tan desapasionada como fuera posible y dejando un registro claro con nuestras razones y motivos’.” Los redactores del Daily Beast comentan que “la alegría es comprensible, pero para mucha gente de fuera, resulta poco atractivo. Respalda lo que cada vez más parece un asesinato a sangre fría mientras la Casa Blanca se ve ahora forzada a admitir que Osama bin Laden estaba desarmado cuando recibió dos disparos en la cabeza.” En sociedades que profesan un cierto respecto por la ley, a los sospechosos se les aprehende y se les conduce a un juicio justo. Subrayo “sospechosos”. En abril de 2002, el jefe del FBI, Robert Mueller, en lo que el Washington Post describió como “su comentario público más detallado sobre el origen de los ataques,” tan solo pudo decir que “los investigadores creían en la idea de que los ataques del 11-S al World Trade Center y al Pentágono, venían de los líderes de al Qaeda en Afganistán, el plan de verdad se hizo en Alemania, y la financiación vino a través de los Emiratos Árabes Unidos desde fuentes en Afganistán… Creemos que los cerebros estaban en Afganistán, en los altos líderes de al Qaeda.” Lo que el FBI creía y pensaba en 2002 no lo sabía 8 meses antes, cuando Washington rechazó tentativas ofertas de los talibanes (como de serias, no lo sabemos) para extraditar a bin Laden si se les ofrecían pruebas. De manera que no es cierto, tal y como el Presidente Obama afirmó en su discurso de la Casa Blanca, que “Rápidamente nos enteramos de que los ataques del 11-S fueron obra de al Qaeda.” Nunca ha habido razones para dudar de lo que el FBI creía a mediados de 2002, pero ello nos sitúa muy lejos de la prueba de culpabilidad que se exige en las sociedades civilizadas –y cualquiera que pudiera ser la prueba, no justifica el asesinato de un sospechoso que podría, parece ser, haber sido fácilmente aprehendido y llevado a juicio. Lo mismo se puede decir para las pruebas que se han presentado desde entonces. Así la Comisión del 11-S proporcionó una gran cantidad de pruebas circunstanciales del papel de bin Laden en el 11-S, basándose fundamentalmente en lo que los prisioneros de Guantánamo habían dicho en sus confesiones. Es dudoso que algo de esto se hubiera podido sostener ante un tribunal independiente, teniendo en cuenta las formas en la que se obtuvieron las confesiones. Pero en cualquier caso, las conclusiones de una investigación autorizada por el Congreso, por muy convincentes que uno las pueda encontrar, quedan muy por debajo de la sentencia de un tribunal creíble, que es lo que hace cambiar la categoría de un acusado de sospechoso a culpable. Se ha hablado mucho de la “confesión” de bin Laden, pero eso era una fanfarronería, no una confesión, con tanta credibilidad como mi “confesión” de que gané la maratón de Boston. La fanfarronería nos dice bastante de su carácter, pero nada sobre su responsabilidad por lo que él considera como un gran logro, cuyos puntos le gustaría apuntarse. Y muy claramente de nuevo, todo esto de manera independiente al juicio que uno pueda tener sobre su responsabilidad, la cual parecía clara inmediatamente, incluso antes de la investigación del FBI, y todavía lo parece. Merece la pena añadir que la responsabilidad de bin Laden fue reconocida, y condenada, en buena parte del mundo musulmán. Un ejemplo significativo es el distinguido clérigo libanés Sheikh Fadlallah, por lo general muy respetado por los grupos de Hezbolá y Shia, fuera de Líbano también. Él también había sido objetivo de asesinato: de un camión bomba fuera de una mezquita, en una operación organizada por la CIA en 1985. Él escapó, pero otros 80 murieron, la mayoría mujeres y niñas, al salir de la mezquita –uno de esos innumerables crímenes que no entran en los anales del terror por culpa de la falacia de “la agencia equivocada.” Sheikh Fadlallah condenó con dureza los ataques del 11-S, como hicieron otros líderes del mundo musulmán, incluso dentro del movimiento yihadista. Entre otros el jefe de Hezbolá, Sayyid Hassan Nasrallah, condenó con dureza a bin Laden y la ideología yihadista. Uno de los mayores especialistas en el movimiento yihadista, Fawaz Gerges, señala que por aquel entonces el movimiento se podría haber escindido y EEUU podría haber aprovechado la oportunidad en vez de movilizar al movimiento, particularmente con el ataque a Irak, una bendición para bin Laden, que condujo a un súbito incremento del terror, tal y como las agencias de inteligencia habían anticipado. Esta conclusión se confirmó por el antiguo jefe de la agencia doméstica de inteligencia británica, el MI5, en las audiencias de Chilcot que investigaban el trasfondo para la guerra. Confirmando otros análisis, ella testificó que ambas inteligencias, la británica y la estadounidense, eran conscientes de que Saddam no suponía una seria amenaza y que la invasión probablemente aumentaría el terror; y que las invasiones de Irak y Afganistán habían radicalizado a partes de una generación de musulmanes que habían visto las acciones militares como un “ataque al islam.” Como suele ser el caso, la seguridad no fue una gran prioridad cuando el estado tomaba una acción. Podría ser instructivo preguntarnos a nosotros mismos si comandos iraquíes hubiesen aterrizado en el complejo residencial de George W. Bush, le hubiesen asesinado, y hubiesen lanzado su cuerpo al Atlántico (tras los oportunos ritos funerarios, por supuesto). No hay duda de que él no es un “sospechoso” sino “el que decidió” dar las ordenes para invadir Irak, -es decir, el que cometió “el supremo crimen internacional, que difiere solo de otros crímenes de guerra en que contiene en sí mismo el mal acumulado del conjunto” (citando al Tribunal de Núremberg) por el cual se ahorcó a los criminales nazis: en Irak, los cientos de miles de muertos, millones de refugiados, la destrucción de gran parte del país, y el encarnizado conflicto sectario que ahora se ha propagado al resto de la región. Tampoco cabe ninguna duda, de que estos crímenes excedieron con creces cualquiera de las cosas que se le atribuyen a bin Laden. Decir que todo esto está fuera de toda duda, que lo está, no implica que no se niegue. La existencia de gente que dice que la Tierra es plana no cambia el hecho de que, sin lugar a dudas, la Tierra no es plana. Similarmente, no hay duda de que Hitler y Stalin fueron responsables de crímenes horrendos, aunque sus partidarios lo nieguen. De nuevo, todo esto debería ser demasiado obvio para comentarlo, y lo sería, excepto en una atmósfera de histeria tan extrema que bloquease el pensamiento racional. Similarmente, no hay duda de que Bush y sus socios cometieron el “supremo crimen internacional”, el crimen de agresión, al menos si nos tomamos al Tribunal de Núremberg en serio. El crimen de agresión fue definido con suficiente claridad por el juez Robert Jackson, fiscal jefe de los EEUU en Núremberg, y reiterado en una resolución oficial de la Asamblea General. Un “agresor”, Jackson propuso al tribunal en su discurso de apertura, es un estado que es el primero en cometer tales acciones como “la invasión armada, mediando declaración de guerra o no, del territorio de otro estado…” Nadie, ni siquiera el más extremo partidario de la agresión, niega que Bush y sus socios hayan hecho precisamente eso. Haríamos bien en recordar las elocuentes palabras de Jackson en Núremberg sobre el principio de universalidad: "Si ciertas contravenciones de tratados son constitutivas de delito, lo son tanto si lo hace EEUU como si lo hace Alemania, y no estamos preparados para crear una legislación penal que juzgue conductas delictivas de otros que no estemos dispuestos a invocar contra nosotros mismos”. Y en otra parte: “"No debemos olvidar que la vara con la que juzgamos hoy a estos acusados es la vara con la cual la historia nos juzgará mañana. Pasar a estos acusados un cáliz envenenado es poner este cáliz en nuestros propios labios. También está claro que las intenciones alegadas son irrelevantes. Los fascistas japoneses aparentemente creían que arrasando China estaban trabajando para convertirla en un “paraíso terrenal.” No sabemos si Hitler creía estar defendiendo a Alemania del “terror salvaje” de los polacos, o se apoderó de Checoslovaquia para proteger a su población del conflicto étnico y otorgarles el beneficio de una cultura superior, o estaba salvando la gloria de de la civilización griega de los bárbaros del Este y del Oeste, como sus acólitos proclamaban (Martin Heidegger). Incluso es concebible que Bush y compañía creyesen que estaban protegiendo al mundo de las armas de destrucción masiva de Saddam Hussein. Todo eso es irrelevante, aunque fervientes partidarios de todos ellos puedan intentar convencerse a sí mismos de lo contrario. Nos quedan dos opciones. O Bush y sus socios son culpables del “supremo crimen internacional” incluyendo todos los males que se desprenden del mismo, crímenes que van más allá de lo que se le atribuye a bin Laden; o sino declaramos que los procesos de Núremberg eran una farsa y que los aliados fueron culpables de un crimen judicial. Y repito, esto es totalmente independiente de la cuestión sobre la culpabilidad de los acusados: ya sea la comprobada por el tribunal de Núremberg en el caso de los criminales nazis, o la presumiblemente asumida desde el principio en el caso de bin Laden. Unos pocos días antes del asesinato de bin Laden, Orlando Bosh murió plácidamente en Florida, donde residía junto con su cómplice terrorista Luís Posada Carriles, y muchos otro más. Bosh, tras ser acusado por el FBI de docenas de crímenes terroristas, se le otorgó un perdón presidencial gracias a Bush y en contra de las objeciones del Departamento de Justicia, que llegó a la conclusión “inexorable de que sería perjudicial para el interés público de EEUU ofrecerle un refugio seguro a Bosh.” La coincidencia de las muertes en el tiempo nos trae a la memoria la doctrina de Bush II, que “ya se ha convertido en una regla de facto en las relaciones internacionales,” según el célebre especialista en relaciones internacionales de Harvard Graham Allison. La doctrina “revoca la soberanía de los estados que son un santuario para los terroristas,” escribe Allison, refiriéndose a la declaración de Bush II de que “aquellos que dan cobijo a los terroristas son tan culpables como los mismos terroristas,” dirigida a los talibanes. Tales estados, han perdido su soberanía y pueden convertirse en objetivo de las bombas y del terror; por ejemplo, el estado que le dio cobijo a Bosh y a su socio – por no mencionar otros candidatos más significativos. Cuando Bush soltó esa nueva “regla de facto de relaciones internacionales” nadie pareció darse cuenta de que estaba llamando a la invasión y destrucción de EEUU y asesinar a sus criminales presidentes. Nada de esto es problemático, por supuesto, si rechazamos el principio de universalidad del juez Jackson, y adoptamos a cambio el principio de que EEUU se ha auto-inmunizado contra el derecho internacional y las convenciones –algo que por cierto, el gobierno frecuentemente ya ha dejado muy claro, un hecho importante, que sin embargo ha sido muy poco comprendido. También merece la pena recapacitar sobre el nombre dado a la operación: Operación Gerónimo. La mentalidad imperial está tan arraigada que pocos parecen capaces de percibir que la Casa Blanca está glorificando a bin Laden llamándole “Gerónimo” –el líder de la valerosa resistencia frente a los invasores que buscaban confinar su pueblo al destino de “esa infortunada raza de americanos nativos, a quienes estamos exterminando con tanta pérfida y despiadada crueldad, en uno de los atroces pecados de esta nación, por los cuales creo que Dios algún día nos pedirá cuentas,” según las palabras del gran estratega John Quincy Adams, el arquitecto intelectual del destino manifiesto, mucho después de que sus propias contribuciones a estos pecados se quedaran en el pasado. Algunos, no sorprendentemente, pueden comprenderlo. Lo que quedó de esa infortunada raza protestó enérgicamente. La elección de los nombres es una reminiscencia de la facilidad con la que bautizamos nuestras armas asesinas según las víctimas de nuestros crímenes: Apache, Blackhawk, Tomahawk,… Podríamos reaccionar de manera diferente si la Luftwaffe llamara a sus aviones de combate “Judío” o “Gitano”. Los ejemplos mencionados caerían bajo la categoría del “excepcionalismo americano,” si no fuera por el hecho de que la fácil supresión de los propios crímenes es algo prácticamente ubicuo entre los estados poderosos, al menos entre los que no son derrotados y forzados a reconocer la realidad. Otros ejemplos actuales son demasiado numerosos como para ser mencionados. Por coger tan solo uno, de gran significancia en la actualidad, consideremos las armas de terror de Obama (aviones no tripulados) en Pakistán. Supongamos que durante los años 80, cuando estaban ocupando Afganistán, los rusos hubiesen llevado a cabo operaciones de asesinato en Pakistán contra aquellos que estaban financiando, armando y entrenando insurgentes –de manera bastante orgullosa y sin tapujos. Por ejemplo, contra el jefe de la base de la CIA en Islamabad, quien explicó que “amaba” el “noble propósito” de su misión: “matar soldados soviéticos… no liberar Afganistán.” No hay necesidad de imaginar la reacción, pero hay una diferencia crucial: entonces eran ellos, y ahora somos nosotros. ¿Cuáles son las consecuencias más probables de la muerte de bin Laden? Para el mundo árabe, significará probablemente poco. Su presencia se ha ido difuminando en el tiempo, y desde hace pocos meses fue eclipsado por la Primavera Árabe. Su significancia en el mundo árabe fue captada por el titular del New York Times en un artículo de opinión del especialista en Oriente Medio y al Qaeda Gilles Kepel; “Bin Laden ya estaba muerto.” Kepel escribe que a poca gente del mundo árabe le va a importar. Ese titular se podría haber sacado mucho antes, si EEUU no hubiera movilizado al movimiento yihadista con los ataques contra Afganistán e Irak, tal y como sugirieron las agencias de inteligencia y los entendidos. En cuanto al movimiento yihadista, dentro del cual bin Laden era un símbolo dudosamente venerado, parece ser que no jugaba un papel mucho más importante que esta “red de redes,” como los analistas la llaman, que lleva la mayoría de sus operaciones de manera independiente. Las consecuencias más inmediatas y significativas probablemente sucedan en Pakistán. Se habla mucho sobre el enojo de Washington por el hecho de que Pakistán no entregase a bin Laden. Mucho menos se habla sobre la furia en Pakistán por el hecho de que EEUU invadiera su territorio para cometer un asesinato político. El fervor anti-americano ya había alcanzado cotas muy altas, y estos sucesos probablemente lo incrementen aún más. Pakistán es el país más peligroso del mundo, y también el que ve crecer su poder nuclear a mayor velocidad, con un gigantesco arsenal. Y se mantiene unido por una institución estable, el ejército. Uno de los destacados especialistas en Pakistán y su ejército, Anatol Lieven, escribe que “si alguna vez EEUU pusiera a los soldados pakistaníes en una posición en la que ellos sintieran que es una cuestión de honor y patriotismo luchar contra EEUU, muchos lo harían muy gustosamente.” Y si Pakistán colapsara, un “resultado absolutamente inevitable sería el trasvase de un gran número de ex-soldados muy bien entrenados, incluyendo ingenieros y expertos en explosivos, hacia grupos extremistas.” La principal amenaza que él ve es la fuga de material fisible hacia manos yihadistas, una eventualidad horrorosa. El ejército paquistaní ya ha sido empujado hasta el límite por los ataques de EEUU la soberanía paquistaní. Un factor son los ataques con aviones no tripulados en Pakistán que Obama intensificó inmediatamente después de matar a bin Laden, arrojando sal en la herida. Pero hay más, incluyendo la exigencia de que el ejército paquistaní colaborase en la guerra estadounidense contra los talibanes afganos, a la que una abrumadora mayoría de paquistaníes, incluido el ejército, consideran una guerra justa de resistencia contra un ejército invasor, según Lieven. La operación de bin Laden podría haber sido la chispa que provocó un gran incendio, con funestas consecuencias, particularmente si la fuerza invasora había sido compelida a abrirse camino hasta la salida, como se anticipó. Quizás el asesinato fue percibido como un “acto de venganza,” según concluye Robertson. Cualquiera que fuera el motivo, difícilmente habría podido ser la seguridad. Al igual que en el caso del “supremo crimen internacional” en Irak, el asesinato de bin Laden muestra que la seguridad usualmente no es una alta prioridad cuando el estado actúa, contrariamente a la doctrina comúnmente aceptada. Hay mucho más que decir, pero incluso los hechos más obvios y elementales deberían darnos mucho que pensar. Fuente: http://www.zcommunications.org/there-is-much-more-to-say-by-noam-chomsky

La trampa de Bin Laden: uno caído, falta el otro En octubre de 2001, justo después del 11 de septiembre, escribí lo siguiente: “Los regímenes (de Pakistán y Arabia Saudita) están basados en una coalición de respaldo que proviene de las elites modernizantes pro occidentales y de un establishment islamita, de base popular, extremadamente conservador. Los regímenes han mantenido su estabilidad porque han sido capaces de hacer malabarismos con esta combinación. Y han logrado hacer esto debido a la ambivalencia de sus políticas y sus pronunciamientos públicos”. Estados Unidos dice ahora, basta de ambigüedades. Estados Unidos puede prevalecer, sin duda. Pero en el proceso, los regímenes en Pakistán y Arabia Saudita pueden descubrir que su base popular se ha erosionado irremediablemente... Consideremos que tal vez esto es el plan de Bin Laden. Su propia misión suicida puede haber sido conducir a Estados Unidos a esta trampa. Creo que Bin Laden ya logró en Pakistán lo que intentó. El fin de las ambigüedades ha significado que Pakistán ya no colabore geopolíticamente en los intereses de Estados Unidos. ¡Muy por el contrario! Ha tomado sus distancias, y emprende políticas en Afganistán y en otras partes, a las que Estados Unidos se opone fuertemente. Uno caído, falta el otro. ¿Qué está pasando en Arabia Saudita? No hay duda de que, recientemente, Arabia Saudita actúa con algo más de independencia respecto del gobierno de Estados Unidos que en los pasados 70 años, más o menos. Pero no ha roto definitivamente con Estados Unidos, como Pakistán ya hizo ahora. ¿Lo hará en el futuro cercano? Yo pienso que podría. Consideren los múltiples dilemas internos del régimen. La riqueza de 10 por ciento más alto entre los sauditas ha conducido a un incremento marcado en las exigencias de que el Estado se modernice –lo más visible son las cuestiones relacionadas con las mujeres (el derecho al empleo, el derecho a manejar automóviles). Pero la demanda de más derechos para las mujeres es la punta del iceberg de un llamado más amplio a disminuir las restricciones de la ortodoxia wahhabi. Conforme el rey se mueve de un modo constante pero animoso con cautela en pos de cumplir estas demandas, antagoniza con el establishment religioso más aún. Y empieza a existir bastante desasosiego. Además, la elite modernizante tiene aún otras quejas. El gobierno saudita es en esencia una gerontocracia, encabezada por gente entre sus 70 y 80 años. En el curioso sistema de sucesión, el régimen saudita se parece bastante al viejo régimen soviético en la URSS. Hay algo semejante a un voto real en la sucesión, pero es un voto que compete a algo así como unas 12 personas. La probabilidad de que el poder real pueda pasar a personas en sus 50 o 60 años es extremadamente estrecha, si no es que imposible. Noten sin embargo que estos jóvenes, incluso dentro de la familia real, han crecido considerablemente en número y están muy impacientes. ¿Podría esto conducir a una seria división entre la elite más elevada? Es muy posible. El régimen saudita opera una suerte de Estado benefactor para el resto de su ciudadanía. Sin embargo, la brecha en el ingreso y la riqueza crece, al igual que en todas partes del mundo. Y los pequeños incrementos en la redistribución, de tiempo en tiempo, pueden meramente acicatear el apetito de más exigencias en vez de calmar a los estratos más bajos. Los estratos medios y más bajos pueden aun (¡sorpresa, sorpresa!) hacerle eco a los llamados de la primavera árabe en pos de democracia. Y luego está la minoría chiíta. Se dice que son sólo 10 por ciento o algo así de la población, pero es probable que sea mayor, y lo más importante es que está estratégicamente localizada al sureste del país donde se localizan las mayores reservas de crudo. ¿Por qué tendrían que ser estos chiítas los únicos chiítas en países dominados por los sunitas en Medio Oriente que no reivindicaran su identidad? El régimen de Arabia Saudita ha intentado jugar un papel importante en la geopolítica de la región. No les gustan las políticas de Irán ni sus aspiraciones. No les gusta la intransigencia de Bashar Assad en Siria. Pero han sido, una vez dicho y hecho todo, bastante moderados a la hora de abordar estos puntos en la práctica. Temen las consecuencias de jugadas dramáticas. Y consideran que las políticas estadunidenses están demasiado gobernadas por sus necesidades internas, y por su interminable compromiso con Israel. Al respecto de Israel, los sauditas han sido, también, muy razonables. No piensan que su sensatez haya sido lo suficientemente recompensada –ni por Israel ni por Estados Unidos. Y pueden estar listos ahora a ayudar al movimiento Hamas de modos mucho más abiertos. No perciben nada razonable en las políticas del gobierno israelí, ni ven perspectivas de que estas políticas cambien pronto. Todo esto no añade a la estabilidad política de un régimen. Ciertamente no le añade nada a uno para mantener las ambigüedades que le han permitido ser un aliado incólume inquebrantable de Estados Unidos en la región. ¿Uno caído, y falta el otro? IMMANUEL WALLERSTEIN Traducción: Ramón Vera Herrera © Immanuel Wallerstein
Murió Eric Hobsbawm, el hombre que fundió rigor y pasión para estudiar el siglo XX El historiador marxista, que murió este lunes a los 95 años, deja como legado más de veinte obras -entre ellos "Historia del siglo XX. 1914-1991" y "Guerra y paz en el siglo XXI" que se han convertido en una bitácora ineludible de la última centuria. Marxista desde su juventud y considerado uno de los pensadores más influyentes de Europa, el historiador murió esta mañana en el Royal Free Hospital de Londres tras una larga enfermedad, según explicó su hija Julia al periódico inglés The Guardian. "La injusticia social necesita ser denunciada y combatida [...] El mundo no se va a arreglar por sí solo", aseguró en una de sus últimas intervenciones el hombre que no se conformó nunca con la solemnidad del discurso erudito y decidió explicitar sus deseos y expectativas a la par de sus rigurosas formulaciones sobre las sociedades contemporáneas. Hobsbawm había nacido en el seno de una familia judía en Alejandría, Egipto, en 1917, y creció entre Viena y Berlín, hasta que se trasladó con sus padres a Londres en 1933, el año en que Adolf Hitler subió al poder en Alemania, y se especializó en la modernidad que inaugura la Revolución Francesa, es decir, los siglos XIX y XX, a los que dedicó numerosos títulos. Estudió en la Escuela de Gramática de Marylebone y en el Kings College, Cambridge, antes de ser nombrado profesor de la Universidad de Birkbeck en 1947, y fue el inicio de una larga relación con esta universidad, de la que acabó siendo rector. Su vida política estuvo atravesada por sus ideas marxistas y por su pertenencia al Partido Comunista, en cuyas filas siguió tras la invasión soviética en Hungría en 1956, al contrario que otros prestigiosos historiadores marxistas británicos, como Rodney Hilton, Christopher Hill o Edward Palmer Thompson. "Cualquiera que vio el ascenso de Hitler de primera mano no podría haber evitado el ser moldeado por esto políticamente. Ese chico está todavía dentro de mí, siempre lo estará", aseguró Hobsbawm alguna vez. Y aunque sus detractores le critican su renuencia a reconocer los defectos de la Unión Soviética, la obra de Hobsbawn resulta inobjetable a los ojos de cualquier erudito y es lectura obligada en las clases de historia en las universidades del mundo entero. "Pertenezco a la generación para quienes la revolución bolchevique representó una esperanza para el mundo", confiesa de hecho en su autobiografía "Años interesantes. Una vida en el siglo XX", que se puede pensar como ensayo sobre su tiempo antes que un repaso fragmentario por los acontecimientos de su vida personal. Hobsbawm es el autor de cuatro volúmenes (desde "La era de la revolución" a "La era de los Extremos" que abarcan la historia de Europa los siglos XIX y XX, desde la Revolución Francesa hasta la caída de la URSS, una obra que está reconocida como uno de los trabajos definitivos sobre este período. Además, como historiador dedicó buena parte de su obra a temas tan diferentes como la historia del trabajo y del movimiento obrero, los orígenes de la revolución industrial, la crisis del siglo XVII, la historia de su país, Reino Unido, desde la revolución industrial y el surgimiento del Imperio colonial e incluso la historia de la música jazz, de la que era un gran aficionado. Políglota y cosmopolita, Hobsbawm vivió en primer plano la escalada del nazismo, estuvo en el mítico IX Congreso Internacional de Ciencias Históricas de París, fue fundador de la revista Past and Present, visitó Rusia tras la muerte de Stalin, estuvo en París durante el mayo francés, fue intérprete del Che Guevara y durante muchos años fue crítico de jazz bajo el seudónimo de Francis Newton. La corriente historiográfica de la historia social que el ensayista fundó con sus compañeros de Cambridge obró como una respuesta a los métodos del positivismo del siglo XIX, que creía en una historia objetiva y comprobable. A partir de Hobsbawm y sus congéneres, los héroes ya no fueron los reyes o los jefes de Estados, sino la sociedad: incluso en uno de sus primeros trabajos, el historiador fue a trabajar con obreros en Inglaterra y tradujo esa experiencia en elogiosos comentarios hacia los trabajadores como sujetos trascendentes de la historia. Una de los aportes más importantes del ensayista fue la de la duración de los siglos: estaba convencido de que los cortes de los períodos en la historia no los marcan los años, sino los procesos sociales y económicos. Como correlato de esa idea, en "Historia del Siglo XX", que ha sido traducida a 40 idiomas y se puede considerar como su obra más celebrada, Hobsbawm argumenta que el siglo XX empezó cuando terminó la Primera Guerra Mundial, en 1917, y terminó con la caída del Muro de Berlín, en 1989. Por su interés en las revoluciones y la adaptación de la sociedad al capitalismo de Occidente, Hobsbawm viajó a Latinoamérica en varias oportunidades, principalmente a Colombia y a la Argentina. Hace un tiempo confesó en una entrevista que se sentía más cómodo en Sudamérica porque allí se seguía utilizando el viejo lenguaje de la política que él conoció -revolución, socialismo, comunismo y marxismo- y a tono con este ideario explicitó su deseo de ser recordado como "alguien que no solo mantiene la bandera volando, sino que demostró que al agitarla se puede lograr algo". La familia de Hobsbawm publicó un comunicado en el que destaca que "lo echarán mucho de menos no solo su mujer de los últimos 50 años, Marlene, sus tres hijos, siete nietos y un bisnieto, sino también sus miles de lectores y estudiantes en todo el mundo". Fuente: Telam.com.ar

PREGUNTAS PARA ENTENDER LA MINERIA DEL SIGLO XXI Primera parte: cuestiones generales ¿Qué entendemos por minería metálica a gran escala y a cielo abierto? ¿Qué entendemos por una mina? ¿Cuáles son las principales amenazas para la Naturaleza? ¿Cuáles son los impactos sociales y económicos para las comunidades que se encuentran cerca de la mina? ¿Qué tipo de impactos sociales y ambientales causa la fase de exploración? ¿Cómo afecta la minería de gran escala a las mujeres? ¿Qué impactos específicos enfrentan los pueblos indígenas ? ¿Cuáles son los posibles atropellos a los Derechos Humanos? ¿Cuáles son las dimensiones de una mina a cielo abierto ¿Qué cantidades de minerales se extraen del subsuelo en las megaexplotaciones mineras? Primera parte: cuestiones generales ¿Qué entendemos por minería metálica a gran escala y a cielo abierto? En términos generales, la minería es una actividad a través de la cual se extraen los minerales de la tierra, pueden ser éstos metales o no metales. La minería metálica es aquella que extrae metales, por ejemplo cobre, oro, plata, platino, etc. Se habla de minería a gran escala cuando se remueve enormes cantidades de material, es decir decenas de miles e incluso hasta centenas de miles de toneladas al día. Entre las técnicas de extracción de metales a gran escala, se identifican dos importantes: la minería subterránea (o de socavón) y la minería a cielo abierto. Esta última es común en la actualidad, por ser generalmente más barata. La minería metálica a cielo abierto está orientada a remover y procesar diversos materiales del subsuelo -vegetación, tierra fértil, subsuelo no suficientemente mineralizado, o material mineralizado (la “mena”, ver pregunta 2)- excavando huecos gigantescos con el fin de acceder a los metales. En general, la mena no contiene el metal en forma pura, sino que se encuentra en una mezcla que puede contener varios metales. Una vez la roca extraída, se la trata químicamente para eliminar lo grueso de las impurezas (es lo que se llama “etapa de beneficio”). Posteriormente viene una fase mucho más compleja de purificación y refinamiento. Sin embargo, Ecuador no tiene la capacidad industrial para refinar y purificar el metal extraído de la mena, por lo que estas etapas se harán en el extranjero. Por ello, los metales serán exportados como materia prima, a la China, la India u otros países de Europa y América del Norte. Una vez purificados, los metales serán transformados en diversos productos terminados que, en gran medida, serán usados por sociedades de estos mismos países. En Ecuador, como sucede en muchos países del mundo, la minería industrial, dejará ríos muertos, cordilleras deforestadas, comunidades en conflicto, enfermedades, violaciones de Derechos Humanos y de Derechos de la Naturaleza, ejércitos de desempleados, así como campesinos e indígenas sin tierras. Trataremos más en profundidad sobre estos aspectos en las preguntas siguientes. ¿Qué entendemos por una mina? Es bueno diferenciar la mina de la mena. Se llama mena a las rocas suficientemente mineralizadas, es decir las que contienen el metal en cantidades suficientemente altas como para que sea rentable procesarlas. Una mina es el conjunto de instalaciones necesarias para extraer un mineral de un yacimiento lo que puede incluir varias instalaciones: un cráter o varios cráteres en el caso de una mina a cielo abierto; túneles en el caso de una mina subterránea, vehículos o bandas de transporte de roca y despeje del terreno, 3 escombros en los cuales se deposita la roca que no contiene el mineral buscado en cantidades suficientes, plantas de trituración en las cuales se muele la mena para transformarla en pequeños granos, planta de tratamiento químico de la mena y pilas en el caso de uso del proceso de lixiviación, una o varias “piscina de relave” (o “diques de desechos”, o “diques de cola”), términos que designan a los basureros que contienen los desechos de tratamiento contaminados, Instalaciones de almacenamiento del mineral tratado, campamento minero, vías de transporte internas a la mina. dispositivo de bombeo del agua, y eventualmente, represa hidroeléctrica. ¿Cuáles son las principales amenazas para la Naturaleza? Los principales impactos ambientales generados por la minería son ampliamente conocidos. La minería a gran escala tiene impactos nocivos tanto sobre el suelo, las aguas y el aire. Destacamos a continuación los siguientes impactos que han sido identificados en muchas minas metálicas a gran escala alrededor del mundo, particularmente a cielo abierto: Contaminación a gran escala de las aguas de superficie y subterráneas con sustancias tóxicas, incluyendo: el arsénico, plomo, cadmio, cromo, cianuro y mercurio, e incluso sustancias radiactivas (ver pregunta 13), con impactos catastróficos en la fauna, la flora y la salud humana.5 Drenaje ácido de roca: un proceso que acidifica las aguas subterráneas y de superficie y que favorece la contaminación del agua con metales pesados, incluso siglos después de terminada la explotación de la mina (ver pregunta 13). Deforestación masiva y sequías por efecto de la desertificación y el agotamiento de las fuentes de agua. Destrucción del hábitat de especies de animales y plantas en peligro de extinción, e incluso de ecosistemas enteros. Impactos nocivos a áreas protegidas. Contaminación del aire debido al polvo y el ruido generados por las explosiones recurrentes producidas en la excavación, el ruido de los molinos y el constante tráfico vehicular, con impactos considerables en la flora y la fauna. Emisiones de gases de efecto invernadero. Contaminación de los suelos. Es preciso tomar en cuenta que además de los impactos directos de la actividad minera, se producen igualmente impactos indirectos, los cuales pueden ser también muy graves. Entre los impactos indirectos, el ejemplo más claro es la deforestación y degradación del suelo y de la calidad del agua debido a la sobre-explotación y contaminación de estos recursos, provocada por la llegada de nuevos trabajadores y moradores atraídos por la mina. Este aumento de la población provoca además la expansión de la frontera agrícola-ganadera en regiones vecinas, lo cual provoca pérdidas de biodiversidad. Otro ejemplo de impacto indirecto resulta de la producción de energía destinada a abastecer las minas. La minería a gran escala requiere grandes cantidades de energía eléctrica para su funcionamiento. En el Ecuador, el proyecto de cobre Mirador, de la empresa ECSA, prevé consumir por lo menos 30,6 megavatios de energía, lo que corresponde al consumo de una ciudad como Bahía de Caráquez. Esta producción de energía implica la construcción de represas hidroeléctricas, centrales térmicas e incluso de centrales nucleares, la cuales producen a su vez impactos socio-ambientales considerables. Es indispensable precisar que los impactos de la minería -sea ésta a pequeña o gran escala- no solo se sienten en las inmediaciones de las minas, sino que se evidencian a cientos de kilómetros de distancia de las áreas mineras. Por ejemplo, las minas en las montañas descargan su contaminación en los ríos aledaños a las minas, y envenenan a los organismos acuáticos en toda la trayectoria de los ríos, hasta llegar al mar. Si las aguas tóxicas son utilizadas para el riego, como lo es en la costa ecuatoriana por los bananeros, por ejemplo, las plantas absorben elementos tóxicos como arsénico y plomo y los transfiere a las frutas. Una vez que el río desemboca en el mar, los metales pesados y otras sustancias tóxicas son absorbidas por los mariscos y otros organismos (incluyendo las aves). Estos impactos catastróficos ya se han observado en el Ecuador, a raíz de la actividad minera artesanal y de pequeña escala. ¿Cuáles son los impactos sociales y económicos para las comunidades que se encuentran cerca de la mina? En la mayoría de los casos alrededor del mundo, se emprende nuevas explotaciones mineras en regiones remotas, poco pobladas, como es el caso de los proyectos mineros vigentes en el Ecuador. A parte de los mencionados impactos ambientales reconocidos en muchos estudios, la minería descompone social y culturalmente a las comunidades. Además, aumenta la pobreza en las zonas de incidencia, a la vez que genera nuevos y graves conflictos sociales. Incluso ha llevado a la paramilitarización de ciertas regiones, con el consiguiente incremento de la violencia, debido a la contratación de personal armado, so pretexto de garantizar la “seguridad” en el área de la mina. Las actividades mineras provocan más movimiento económico. Este hecho podría parecer positivo, sin embargo, este movimiento tiene varias consecuencias negativas. Primeramente, esto implica en general una inmigración masiva de personas de otras provincias e incluso de otros países en busca de trabajo que no siempre se encuentra. Este incremento de la población requiere mayor oferta de servicios públicos como el agua potable, alcantarillado, salud, energía eléctrica, seguridad, etc. ¿Tendrán los gobiernos seccionales y locales la capacidad de proveer estos servicios a los nuevos pobladores? Por otra parte, el crecimiento demográfico implica un aumento drástico del costo de la vida en la comunidad, es decir, la alimentación, los arriendos, el valor de la propiedad, los servicios básicos. El nuevo grupo humano, que viene de fuera, generalmente no tiene vínculos sociales o culturales con el resto de la comunidad. Comúnmente son hombres jóvenes y solteros, lo que alienta varios problemas que han sido identificados por numerosos estudios serios sobre los impactos sociales de la minería: delincuencia, prostitución, drogadicción y alcoholismo, inseguridad y violencia en general, además de fuertes desequilibrios sociales y culturales, tal como sucede en las zonas petroleras. Para asegurar el acceso a sus concesiones y minimizar los riesgos de conflictos con los pobladores locales, las empresas mineras compran grandes superficies de tierra alrededor de su sitio de actividad. Al perder sus territorios, la mayor parte de la población se queda sin posibilidad de desarrollar sus actividades agrícolas, con el consiguiente impacto negativo en su soberanía alimentaria y en su vida en general. Algunos moradores logran, o también se ven obligados, a vender su mano de obra a las mineras u otras empresas establecidas a raíz de la actividad minera. Pero no todos encontrarán empleos suficientes y de calidad. Estos cambios sociales, sumados a los impactos ambientales (ver pregunta 4) implican la destrucción de la estructura comunitaria campesina e indígena, lo que causa migraciones masivas hacia las ciudades, con el consecuente crecimiento de la miseria urbana. ¿Serán éstos los costos que hay que pagar para conseguir el desarrollo? Entre otros impactos, se puede deplorar un aumento de la corrupción en la gran mayoría de las regiones en las cuales se despliega la minería a gran escala. La compra de dirigentes locales, regionales y nacionales es una práctica común y corriente ejercida por las mineras. En muchos casos, la contaminación del medio ambiente causada por las actividades mineras perjudica a otros sectores económicos, como los mariscos contaminados con metales pesados procedentes de los ríos en Esmeraldas y el de los bananos contaminados por el agua de regadío producto de las actividades mineras en los Andes, ya mencionados más arriba. Además implica la pérdida de actividades tradicionales y/o sustentables, como el turismo ecológico y comunitario y la agricultura orgánica. La sequía y la contaminación de las fuentes de agua, como es obvio, afecta a la economía agrícola de miles de familias campesinas que dependen de la lluvia para su producción. ¿Qué tipo de impactos sociales y ambientales causa la fase de exploración? Cabe recordar que un proyecto minero inicia con la fase de exploración, cuyo objetivo es identificar yacimientos rentables. Solamente en caso de que se descubra un yacimiento rentable durante esta etapa, se dará paso a la apertura de una mina a gran escala. Los impactos sociales de la exploración son muy similares a los impactos de la explotación, particularmente en el ámbito social, como el incremento de la delincuencia y la violencia, el tráfico de tierras, etc. Sin embargo, la fase de exploración se caracteriza por provocar la división en las comunidades e incluso en las familias. La empresas mineras llegan ofreciendo “el oro y el moro”, exaltan los supuestos beneficios que los pobladores obtendrán con la llegada de la minera, ofrecen trabajo, dinero, viviendas, puestos de salud, y restan importancia a cualquier tipo de impacto. Muchas empresas han llegado a ofrecer que luego de que la minera se vaya, el medio ambiente será más puro y el agua más limpia de lo que era cuando ésta llegó a la comunidad. Todo esto provoca confusión entre los vecinos. Se dividen en grupos a favor de la minería y grupos que la rechazan, según quienes reciban dinero o un trabajo para algún miembro de la familia. Quienes se oponen, en muchos casos sufren violaciones de sus derechos comunitarios y humanos. En cuanto a los impactos ambientales, a pesar de ser de menor magnitud que los de la fase de extracción de minerales, también existen. Por ejemplo, el riesgo de contaminación de las quebradas, los ríos y otras fuentes de agua es alto, las aguas subterráneas que afloran de los pozos de exploración pueden contener metales pesados como el plomo y el arsénico, los cuales son tóxicos para la fauna, la flora y afectan la salud de los usuarios del agua. Además, son muy comunes las contaminaciones por derrames de combustibles, aceites y químicos usados en los equipos de perforación. También se contaminan suelos y agua con la basura que producen los trabajos de exploración. El caso de Junín en la zona de Íntag, en el cantón Cotacachi, provincia de Imbabura, es un triste ejemplo de estos tipos de contaminación. Por ejemplo, de algunos pozos sigue brotando agua contaminada con metales pesados años después del cese de la exploración. A estas contaminaciones se suman los impactos importantes en la fauna y la flora causadas por la deforestación. Además los animales y las personas sufren la contaminación por ruido, provocada por la construcción de vías de acceso a los pozos de perforación, generalmente numerosos y diseminados en una gran superficie de terreno. ¿Cómo afecta la minería de gran escala a las mujeres? Los impactos de las áreas mineras son mucho más complejos para las mujeres. En general, las mineras se instalan en territorios en donde se practican las economías agropastorales, e incluso de pequeña minería. Estas comunidades adjudican un papel menor al dinero como fuente de seguridad económica de la familia. La gran mayoría de los pobladores consume los alimentos que se producen en su chacra y fruto de la crianza de sus animales. La llegada de la minera trastorna violentamente la dinámica económica local, los puestos de trabajo que ofrece la minería son atribuidos en su gran mayoría a hombres jóvenes, los cuales 8 se vuelven los únicos proveedores de dinero del hogar. Los pobladores se vuelven totalmente dependientes de los salarios de la empresa y descuidan el trabajo en sus tierras, si todavía las conservan, y otras formas de supervivencia no monetaria. En la mayoría de los casos las mujeres asumen todo el trabajo que los hombres dejan de hacer por trabajar en la minera y enfrentan solas el cuidado de los niños, los animales, la producción de la tierra, etc. Cuando han perdido sus propiedades, se ven abocadas a migrar a las poblaciones aledañas en busca de trabajo, abandonando a sus niños al cuidado de los abuelos. Las mujeres sufren mayores impactos en términos de salud psicológica y física. La llegada de hombres jóvenes en búsqueda de trabajo y la pérdida de soberanía económica empuja a muchas mujeres a prostituirse. Aumentan los casos de violación y los riesgos de contagio por enfermedades sexualmente transmisibles. La violencia hacia las mujeres aumenta drásticamente por el gran aumento de consumo de alcohol y drogas. A nivel político, las mujeres son en general excluidas de los procesos de negociación que se suelen emprender entre la comunidad y las empresas mineras y sus demandas son en general ignoradas o minimizadas. Tradicionalmente las mujeres salvaguardan la cohesión social de la comunidad, razón por la cual son en muchos casos las más férreas opositoras a la entrada de las empresas. Por otra parte, la contaminación del medio ambiente causada por la explotación minera puede provocar abortos espontáneos, causar malformaciones u otras patologías graves en los niños, lo que implica una carga mayor para las mujeres, quienes tradicionalmente se encargan de su cuidado. Finalmente, las pocas mujeres que consiguen trabajos en las minas están expuestas a la discriminación laboral y sufren constantemente de acoso sexual. ¿Qué impactos específicos enfrentan los pueblos indígenas? Además de las consecuencias socio-ambientales mencionadas en las preguntas precedentes, cabe destacar que la llegada de proyectos mineros a territorios de pueblos y nacionalidades indígenas implica consecuencias específicas para estos grupos. El modo de vida de los pueblos autóctonos y la riqueza de su cosmovisión, íntimamente ligados a la Naturaleza, se ven irreversiblemente atropellados por la destrucción y la contaminación del medio ambiente provocados por la minería. En muchos casos, la actividad minera implica además la destrucción de los lugares de culto, sitios sagrados, lugares de encuentro, entre otros. En algunos casos, la estructura comunitaria de la política y la economía indígena se ven destrozadas por el dinero que las empresas ofrecen a sus dirigentes o a ciertos miembros de la comunidad. Tal vez el impacto más profundo es el giro de una economía comunitaria, basada en un vínculo directo y orgánico con la Naturaleza, hacia una economía capitalista, de consumo, dependiente del dinero. Adicionalmente, la identidad de los pueblos y nacionalidades es irrespetada por quienes promueven la minería, gobernantes, empresarios, actores transnacionales, que descalifican constantemente en la práctica y en el discurso, la cosmovisión indígena.9 Por último, son numerosos los casos en los cuales los derechos de los indígenas -garantizados tanto a nivel nacional como internacional- han sido violados. En ciertos casos extremos, la explotación minera industrial a llevado hasta la desaparición de pueblos indígenas enteros. ¿Cuáles son los posibles atropellos a los Derechos Humanos? Basta mirar lo que sucede en la región andina. Por ejemplo, cerca del 70% de los desplazamientos forzados ocurridos en Colombia entre 1995 y 2002 se produjeron en áreas mineras. En regiones mineras, se expropian territorios pertenecientes a comunidades enteras para permitir el acceso a los yacimientos. Ciertas comunidades desaparecen completamente si tienen la mala suerte de encontrarse dentro del área de influencia de un proyecto minero. En el caso del Ecuador, ya se observó este tipo de práctica en San Marcos, en el sitio del proyecto de cobre Mirador de la empresa ECSA en la cordillera del Cóndor. En el caso del proyecto Junín en Íntag, por lo menos cuatro comunidades tendrían que ser reubicadas si se da la explotación. Para desalojar a los moradores o reprimir los actos de resistencia, las empresas contratan empresas de guardianía privada, agentes de seguridad y paramilitares, pero en muchos casos es el mismo Estado el que pone la fuerza pública al servicio de las mineras privadas. En las zonas mineras del Perú, país al que se pretende poner como ejemplo de apertura minera, las violaciones a los Derechos Humanos se han multiplicado en forma exponencial; la masacre que se dio en Bagua, en junio del 2009, es apenas uno de los episodios más difundidos de una larga cadena de represión y violación sistemática de los Derechos Humanos. En Perú los conflictos mineros y petroleros, sobre todo los primeros, superan más del 80% de todos los conflictos sociales registrados. En otras partes del mundo, se han registrado asesinatos de líderes comunitarios e indígenas implicados en la resistencia a la actividad minera. En Ecuador algunos de los casos más graves de violación a los Derechos Humanos ocurridos en los últimos años están relacionados con empresas mineras transnacionales. Esta realidad fue reconocida en 2008 por la Asamblea Constituyente al otorgar la amnistía a cientos de personas criminalizadas por las empresas mineras. Es preocupante ver que, aún cuando todavía no existe ningún proyecto industrial en fase de explotación, la represión estatal en contra de dirigentes indígenas y comunitarios ha sido feroz. Actualmente, más del 90% de los acusados de terrorismo y sabotaje provienen de movimientos sociales opuestos a la minería a gran escala. ¿Cuáles son las dimensiones de una mina a cielo abierto? La minería a cielo abierto implica una desfiguración violenta del paisaje. Requiere excavar uno o varios agujeros enormes en la tierra para extraer los metales de sus entrañas. ¿Por qué a cielo abierto? Porque hoy ya no se encuentran yacimientos de metales muy concentrados en vetas como solía ser el caso en los viejos tiempos, sino yacimientos en los cuales los metales se encuentran difundidos en pequeñas concentraciones, en enormes extensiones del subsuelo. Los tajos excavados pueden ser realmente enormes: la mina de cobre de Bigham Canyon, en los Estados Unidos tiene un diámetro de 4 kilómetros y más de un kilómetro de profundidad, y es fácilmente visible desde el espacio.10 En la actualidad, muchas minas industriales de oro y cobre del mundo son a cielo abierto: para explotar este tipo de yacimientos, la minería a cielo abierto es a menudo más barata y más eficiente que la minería en túneles. ¿Qué cantidades de minerales se extraen del subsuelo en las megaexplotaciones mineras? Para darse cuenta del gigantismo del modelo minero industrial actual, cabe citar el ejemplo de Canadá, el líder mundial del sector minero. En este país, la industria minera genera 60 veces más desechos que todas las ciudades del país reunidas. A escala mundial, la producción de una tonelada de cobre puro implica un promedio de 500 toneladas de desechos (tierra estéril, escombros y otros desechos mineros). En el caso del oro, las proporciones son todavía más espeluznantes: la producción de una onza de oro (lo que representa una cantidad a penas más grande que un anillo) implica un promedio de 20 a 60 toneladas de desechos sólidos, mientras que en ciertas minas de oro, esta cifra puede subir hasta más de 400 toneladas. En el Ecuador, los proyectos vigentes son fieles a este gigantismo. Para producir un total de 208.800 toneladas de concentrado de cobre, el proyecto minero a cielo abierto Mirador de la empresa ECSA (de capitales chinos) en la Cordillera del Cóndor producirá al menos 326 millones de toneladas de desechos durante la vida de la mina. Esta cantidad representa un volumen correspondiente a más de 4 Panecillos! Según estimaciones realizadas por expertos japoneses, la explotación a cielo abierto del yacimiento de Junín en Íntag necesitaría 600 hectáreas solo para las escombreras y 200 hectáreas para las piscinas de relaves. Cabe mencionar que son estimaciones bastante tímidas, ya que se basaban en un yacimiento cuatro veces menor al que se descubrió ulteriormente. Por otra parte, pese a que no implica una desfiguración tan grande del paisaje, la minería subterránea no se queda atrás y también puede remover grandes cantidades de roca, comparables con las mencionadas anteriormente Carlos Zorrilla William Sacher Alberto Acosta Edición y colaboración: Michelle Báez El presente documento es un resumen especial de algunos de los impactos relacionados a la minería metálica a gran escala. Existen muchos otros tipos de impactos económicos, ambientales, culturales y sociales que merecen ser tratados con más profundidad. Para mayor información contáctese con la DECOIN: decointag@gmail.com www.decoin.org Y visite el sitio www.infomineria.or