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La mayoría de la Europa Católica había adoptado el calendario gregoriano en 1582. Algunos países protestantes habían tardado bastante más, pero habían acabado haciendo el cambio. Sin embargo, en Rusia, la oposición de la Iglesia Ortodoxa había conseguido que en 1918 el país aún siguiera el desfasado calendario juliano. Las cosas cambiarían con la llegada de Lenin al poder, quien en su empeño por crear una nueva sociedad, una de sus primeras medidas fue la de abolir el calendario juliano y decretar la adopción del gregoriano “con el objetivo de instalar a Rusia en el mismo sistema de medida del tiempo que casi la totalidad de naciones avanzadas ya usaban”. Sin embargo, en aquel tiempo, Rusia estaba inmersa en la guerra civil que enfrentaba a bolcheviques y el denominado “Movimiento Blanco”, que agrupaba a partidarios del Zar y a otros grupos contrarrevolucionarios, por lo que su decreto sólo fue aplicado en la parte del país bajo control bolchevique. Mientras, la Rusia “blanca” continuaba siguiendo el anterior calendario, llegándose a dar la situación de que si un territorio cambiaba de manos, cambiaba de fecha. Como sucedió en otros países cuando hicieron esta misma transición, para corregir el desfase producido por el paso de los años, los días que van del 1 al 13 de febrero nunca existieron para los bolcheviques, y al 31 de enero le siguió el 14 de febrero. A finales de la década de los 30, acabada la guerra y establecido el régimen comunista, ya hace mucho, los soviéticos volvieron a poner los ojos en el calendario y se comienzan a discutir otras maneras de organizar la semana productiva que pudieran mejorar la productividad del país. Yuri Larin fue el primero en proponer la idea de una semana de trabajo continua, sin fines de semana. Fue en mayo de 1929 durante la celebración del Quinto Congreso de los Trabajadores, Soldados y Campesinos Soviéticos. La idea parece que pasó bastante desapercibida, por lo que no aparece ni mencionada en el discurso de clausura de dicho congreso. Sin embargo, en junio de ese mismo año, Larin consigue el apoyo de Stalin para su idea y las cosas cambian. Inmediatamente, se dan órdenes expresas para que la prensa comience a ensalzar la idea y en unos días el Consejo Económico Supremo pide a sus expertos que propongan un plan para la implantación de la semana productiva continua en tan sólo dos semanas. Las cosas se mueven deprisa y a mediados del mismo mes de junio, Larin, muy probablemente hinchando la cifra, ya afirma que el 15% de la industria ya estaba funcionando en modo continuo. Una vez el gran líder se había pronunciado en favor del nuevo sistema, a la semana continua no paraban de lloverle partidarios. A finales de agosto es el Consejo de Ministros el que declaraba esencial que se prepare la transición al nuevo sistema en empresas e instituciones durante el año económico 1929-1930. La duración de la semana continua aún no se especifica. No queda claro, pero parece ser que el primer día de aplicación de la nueva semana fue el 1 de octubre, a comienzos del nuevo año económico. En un primer momento, se fija su duración en 5 días. Aunque más tarde, se especifica una semana de 6 días para la construcción y para otros trabajos de carácter estacional. Mientras que para las fábricas que paraban su producción una vez al mes, se adopta una semana continua de 6 o incluso 7 días. Los días de la semana pierden su nombre y cada día es asignado un color o un número romano (del I al V). A cada trabajador se le asigna un color o número, el color de su día de descanso. Con el nuevo calendario soviético, que tenía que ser eterno, el año quedaba dividido en 72 semanas de 5 días. Tres de las cuales tenían alguno de los cinco días de fiesta nacionales intercalados. Estos días de fiesta, que fueron cambiando a lo largo del tiempo, en 1929 eran el 22 de enero (aniversario de El Domingo Sangriento y día de Lenin), 1 y 2 de mayo (día internacional de los trabajadores) y el 7 y 8 de noviembre (conmemoración de la Revolución de Octubre). Estos días, no formaban parte de ninguna semana, sino que quedaban fuera del sistema de colores y eran, en teoría, festivos para todos los trabajadores. Calendario Soviético del 1931 con las semanas de 5 días y días numerados del I al V Según algunas fuentes, el nuevo calendario no sólo modificaría la duración de las semanas, sino que también racionalizaría la duración de los meses, que pasaron a ser todos de 30 días o lo que es lo mismo, tener 6 semanas de 5 días. Los 5 días que faltaban para llegar a los 365, serían los anteriores 5 festivos nacionales, que se consideraría que no pertenecían a ningún mes, sino que se situaban intercalados entre ellos. Sin embargo, no queda del todo claro hasta qué punto se llegó a aplicar, si es que se llegó, esta modificación de la duración de los meses. Por ejemplo, el periódico oficial del partido, el Pravda, siguió usando las fechas del calendario gregoriano. Existen ejemplares con fecha del 31 de junio, julio, agosto, octubre y diciembre, pero en todo este tiempo no hay ningún ejemplar de ningún 30 de febrero. Incluso, pese al ferviente ateísmo del régimen, el Pravda sigue usando “Resurrección” y “Sabbath” para referirse a sábado y domingo. También parece que la mayoría de los calendarios de bolsillo conservados de esta época siguen mostrando los irregulares meses del calendario gregoriano y, además, organizados en filas o columnas de 7 días, que comienzan por el domingo. Se conserva alguno que muestra las semanas de 5 días y los días etiquetados con los números del I al V, pero son los menos. Este nuevo sistema tenía como objetivo incrementar la productividad y hacer un uso más eficiente de los recursos, al permitir que las fábricas permanecieran abiertas y funcionando todos los días del año. En un día de trabajo cualquiera, el 100% maquinaría de la fábrica podía estar funcionando, con sólo un 80% de su plantilla. Pero, aparte de ser un intento de aumentar la producción industrial, la adopción de un nuevo calendario carente de connotaciones religiosas era un paso más de la estrategia de acoso y persecución de la religión por parte del gobierno. Por un lado, la substitución de las festividades tradicionales ortodoxas por otras de carácter patriótico o ideológico dificultaba la preparación y celebración de las festividades antiguas. Por otro, la adopción de una semana de laboral de 5 días, en la que el día de descanso no tenía por qué coincidir con el domingo, hacía más difícil guardar y asistir a los oficios religiosos del “día del Señor” o de cualquier otra festividad que tradicionalmente se celebrara en domingo. “Año 25 de la Revolución Socialista. Diciembre 1937. 12, sexto día de la semana de seis días” En cuanto al descanso de los trabajadores, si comparamos esta nueva semana de 5 días con sólo un día de descanso con la de 5 días laborales y un fin de semana de 2 días. En un período de 35 días, es decir, 5 semanas de 7 días o 7 de 5 días, con la semana actual se trabajan sólo 25 días, mientras que con la “soviética”, 28. Viendo estos números se puede considerar que la implantación de la nueva semana implicaba una reducción del número de días de descanso de los trabajadores. Sin embargo, hay que tener en cuenta que los fines de semana de 2 días eran un lujo que en aquel tiempo sólo se podían permitir algunas industrias y en algunos países. Por ejemplo, en Estados Unidos, Henry Ford comenzó en 1926 a cerrar sus fábricas los sábados y los domingos, aunque, la implantación generalizada en todo el país de los fines de semana de 2 días no llegaría hasta 1940. Sin embargo, la situación de la Unión Soviética era muy distinta. En aquel tiempo, era un país que se estaba industrializando y antes de la reforma del calendario sólo había un único día de descanso a la semana, por lo que con la nueva semana de sólo 5 días los trabajadores ganaban ligeramente en cuando a días de descanso. En la comparación anterior, en 35 días, pasarían de 30 días de trabajo a sólo 28. Pero no todo eran ventajas, el hecho de que el día de descanso no fuera el mismo para todos hizo que, en las parejas en las que el marido “era” de un color y la mujer de otro, la vida familiar se resintiera. Lo mismo sucedió con la vida social, al resultar mucho más difícil mantener el contacto con las amistades de otro color. Pero, aparte de estos problemas, la productividad tampoco subió todo lo esperado. Con el nuevo ritmo de trabajo, la maquinaría se estropeaba más a menudo. La máquinas no estaban preparadas para funcionar de manera continua, 24 horas al día, los 5 días de la nueva semana, y, además, al no haber paradas semanales se dificultaba llevar a cabo su correcto mantenimiento. Tampoco ayudaba que el nuevo sistema obligara a que las máquinas tuvieran que ser manejadas por obreros menos familiarizados con su funcionamiento particular. Sólo en los primeros meses, parece que ya existían más de 50 implementaciones distintas de la semana continua en toda la Unión Soviética. La más larga de ellas de 37 días, 30 días seguidos de trabajo y luego 7 días de descanso. Pero aunque no existía unanimidad, la implantación de la nueva semana no se detenía. Si los planes no fallaban en abril de 1930 el 43% de los trabajadores de la industria tenía que seguirla, y en octubre el porcentaje tenía que llegar hasta el 67%. Mientras nuevas empresas adoptaban la nueva semana, durante mayo de 1930 comienzan a aparecer las primeras empresas la abandonan y deciden volver a la antigua semana de producción interrumpida. Pese a ello, es durante el mes de octubre de este año cuando se alcanza el mayor nivel de implantación de la semana continua y llega al 72.9% de toda la industria. Un número que muy probablemente estuviera inflado por los políticos y por las propias empresas, ya que muchas decían adoptar la nueva semana, pero en realidad continuaban con la anterior. Durante este tiempo, la semana continua también se aplicó en el comercio o entre el funcionariado, aunque no se hicieron públicas cifras de su adopción. La impopularidad de la nueva semana entre los trabajadores unida al resto de problemas llevan a que Stalin en junio de 1931 condene la semana continua tal y como se estaba implantando, y ordena una adopción temporal de la semana de 6 días interrumpida. No se cumplen por tanto los planes según los cuales durante ese el año económico, el 1930-1931, todos los sectores industriales, a excepción del textil, tendrían que estar trabajando de forma continua. Con la nueva semana se recupera el día de descanso semanal común para todos los trabajadores. Se hace coincidir el primer día de cada mes con el primer día de la semana, de manera que los días 6, 12, 18, 24 y 30 de cada mes son de descanso. El último día de los meses que tenían 31 era siempre un día de trabajo extra en la industria que junto con los cinco primeros días del mes siguiente hacía que acabaran trabajando 6 días seguidos. Más afortunados eran algunos funcionarios y trabajadores comerciales para los que los 31 eran siempre festivos. Finalmente, en noviembre se decreta el abandono definitivo de la semana continua, quedando restringido su uso a empresas que producían de manera continua, como fundiciones, hospitales y otras instituciones sociales y culturales. El 1 de diciembre de 1931 es considerado el día en que se abandona la continua y se vuelve a una forma de semana interrumpida. Unos años después, en 1935, tan sólo el 25.8% de los trabajadores sigue alguna forma de semana continua. Y el 27 de junio 1940, se elimina el único vestigio de las reformas que aún quedaba en el calendario. Se abandona la semana de 6 días y se vuelve la de 7 días, con el domingo como día de descanso común para todos los trabajadores
"La Naranja Mecánica", 40 años después Uno, dos, ultraviolento... Según el diccionario, utopía es la proyección humana de un mundo idealizado que se presenta como alternativo al realmente existente, íntimamente relacionado con el deseo de dar un sentido a la vida y alcanzar la felicidad a través de un mundo mejor, justo y más solidario. Según Anthony Burgess y Stanley Kubrick, esta fantasía ocurre de manera opuesta. La Naranja Mecánica se ha convertido a lo largo del tiempo en una película de culto que mereció todo tipo de análisis, tanto desde el cine mismo, la política y la cultura como hasta de la propia medicina y psicología. Filmada en 1971, La Naranja Mecánica fue, junto a THX 1138, de George Lucas, y la saga El Planeta de los Simios, uno de los films que tomó el legado del género "distopía o antiutopía" iniciado por Fritz Lang, en 1926, con Metrópolis, en donde la realidad transcurre de manera idealizada en un mundo futurista perverso y oscuro, donde las consecuencias de la manipulación y el adoctrinamiento colectivo llevados a cabo por un Estado policíaco y totalitario llevan al control absoluto, condicionamiento o exterminio de la población bajo una fachada de benevolencia. Entrado en los años '80, esta distopía se encarnaría en el género "cyberpunk", con películas como Alien, Mad Max, Blade Runner, Terminator, 1984, Brazil y Robocop, donde la peculiaridad es la presencia de la tecnología, tanto de manera exacerbada o rudimentaria, condicionando la vida del hombre en un futuro sombrío. Años más tarde, sería comparada, en 1996, con la película Trainspoting, que algunos críticos de cine llegaron a señalar como La Naranja Mecánica de los '90". La Naranja Mecánica también se destacó por ser un film que contrasta con la línea que la ciencia ficción venía llevando desde los años '50 y '60, donde el futuro se expresaba de manera próspera y ociosa para la sociedad, sin la existencia de clases sociales y donde los límites territoriales eran barridos por la exploración del cosmos, en una década signada por la competencia en la carrera espacial-armamentística entre los Estados Unidos y la Unión Soviética. Otra curiosidad fue su banda sonora, enteramente producida por Wendy Carlos con rústicos sintetizadores "Mog", convirtiéndola en el primer film en utilizar música electrónica. La misma era una reinterpretación de piezas de música clásica en escenas violentas, cuestión que el espectador comprendiera la condición psicológica de los protagonistas e hiciera esta asociación cada vez que las escuchara. Basada en la novela de Anthony Burgess de 1962, la película narra la historia de un grupo de jóvenes desclasados, en la ciudad de Londres de 1995, liderados por un adolescente de 17 años llamado Alex, para quien su mayor placer es la violencia hacia mendigos, parias, mujeres y ancianos, como también el sexo desenfrenado y la música de Beethoven. Cabe aclarar que parte de esta historia se basó en un hecho de violación y violencia que el mismo escritor vivió en 1944 con su esposa embarazada, cuando fueron asaltados por un grupo de soldados norteamericanos en Londres. Utilizando un dialecto llamado "Nadsat", este grupo de lúmpenes irá descargando su ira por una ciudad oscura y desolada. En un principio, esta violencia no tendrá un fin determinado, ni se apuntará a grupo social específico, sino que sólo alimentará el morbo de estos chicos marginales. Pero, posteriormente, aparecerá la violencia del Estado, en especial sobre la vida de Alex, de tres maneras: el asistencialismo, la represión y, finalmente, la cooptación. Todas con un fin específico, en este caso: la reinserción de los marginales a la vida social de un régimen determinado. La aparición de un asistente social neurótico, quien de manera coercitiva trata de convencer a Alex sobre las consecuencias de no tener una buena conducta social frente a sus padres y la sociedad misma, cumplirá un rol de policía hogareño que vigila a nuestro protagonista esperando no un cambio en su conducta, sino más que nada la acentuación de esta misma. Los reiterados hechos de vandalismo por parte de Alex tendrán como respuesta la represión del Estado; en primer lugar, por medio de la cárcel y, en segundo lugar, a través de la reeducación de este joven con un particular tratamiento llamado "Ludovico", una copia artística de las técnicas de condicionamiento clásico iniciadas por el psicólogo y fisiólogo conductista ruso Iván Pávlov. Por medio de una exposición forzada de imágenes violentas bajo efectos de las drogas, este tratamiento buscará crear en Alex una sensación cercana a la muerte que lo indisponga a cometer actos de delito y violencia, transformándolo en un ser incapaz de tomar decisiones. Como consecuencia de esto, Alex no sólo termina inhibiendo su instinto violento, sino también la posibilidad de sentir el placer mismo, ya no sólo por medio de la violencia, sino ante estímulos más nobles como una mujer semidesnuda o la misma Novena Sinfonía, causándole todo tipo de sensaciones que lo llevan a la náusea. A cambio de esta reeducación, Alex recibe su libertad, condicionada por este tratamiento, que sin ir más lejos, no lo termina de alejar de su pasado violento, sino al contrario: si antes la incapacidad de discernir entre el bien y el mal lo llevaban a cometer actos de violencia, ahora esa incapacidad, impuesta, de cometerlos lo inhiben para defenderse de la violencia misma. El ingreso de los amigos de Alex a la policía y el ofrecimiento a él mismo, posterior a un intento de suicidio, de un puesto bien remunerado en el gobierno, así como un gigantesco equipo de música con la Novena Sinfonía a cambio de hacer campaña en las elecciones por el partido gobernante son las escenas finales que muestran al Estado cooptando la voluntad de estos chicos. En el primer caso, para utilizar la violencia de estos como agentes de policía y ,en el segundo, para esconder su fracaso por transformar a un psicópata en un ser útil a la sociedad y al régimen social imperante. La película -por su crítica nihilista hacia el Estado y la sociedad y la relación del mismo con la juventud y la violencia- fue una importante influencia para diferentes movimientos juveniles como el Punk de fines de los '70 y, en parte, del movimiento Skinhead. La apelación de la violencia como provocación fue la manera con la que estas "tribus urbanas" buscaban recordarle al mundo lo detestable que era vivir en el mismo, con altos índices de desocupación, falta de perspectivas sociales y, en particular, por una continua represión a la juventud. Pero, más que nada, el film nos termina sugiriendo una idea exacerbada de cuáles son las perspectivas que podría tener una juventud "estatizada", la cual es castigada o premiada según su fidelidad hacia los valores que el Estado burgués, a través de su propaganda, la iglesia, la cárcel y hasta la misma educación que buscan regimentarla y transformarla así en un sumiso y servil sirviente de los intereses de los explotadores. Algo que La Cámpora debería tener muy en cuenta. Agustín Carucha Punk Fuente: http://po.org.ar/articulo/po1169001/naranja-mecanica-40-anos-despues
Domingo, 5 de septiembre de 2004 HALLAZGOS Baúl, querido, el pueblo está contigo Secretario General del gremio de los panaderos, Pedro Conde fue elegido por Perón como “agregado obrero” para la flamante embajada argentina en Moscú. Pero su desembarco en lo que imaginaba la utopía realizada le mostró en muy poco tiempo una realidad siniestra: policía secreta, mendigos apaleados, rumores de desapariciones, pasajes de ida a Siberia. En medio de ese desasosiego, conoció a dos de los chicos que La Pasionaria había llevado a la URSS durante la Guerra Civil y, años después, soñaban con huir. Dispuesto a ayudarlos, el enviado argentino intentó sacarlos escondidos en sus baúles diplomáticos. Pero el plan fracasó estrepitosamente. Radar rescata ¿Por qué huyen en baúles?, el olvidado libro en el que Conde cuenta sus escalofriantes peripecias en tierra de Stalin. Por Ina Godoy Cabezón, algo calvo, panadero y provinciano, Pedro Conde Magdaleno era grandote y con pinta de boxeador. Le quedaba bien la gomina, el saco cruzado de funcionario peronista , el faso clavado en la comisura. Era sindicalista, de familia vagamente socialista, justicialista de escudito en la solapa y llegó a secretario general de su gremio. Cosas de la vida, se dejó seducir por una de esas ideas que sólo el General tenía: arruinarles el apetito a los “cajetillas” del Palacio San Martín creando una agregaduría sindical en cada embajada. Conde fue de los primeros en agarrar viaje, hacer el curso y prepararse a ver mundo. En 1947 lo mandaron en el equipo que iba a abrir la embajada argentina en la URSS . Y así fue que el panadero de provincias se transformó en uno de los poquísimos argentinos que tuvo la experiencia de ser arrestado por la KGB. El cargo era ayudar a un enemigo del pueblo a escapar del país. La pena era de muerte. Para hacer esta película habría que conseguir algo de blanco y negro, resucitar a Elías Alippi y clonar a Olinda Bozán, que supo hacer sus comedias peronistas y daba bien el tono. Estas condiciones son necesarias para que quede en claro que Conde fue un idealista de esa época de teléfonos blancos y no un insano, como parecería en colores posmodernos. El panadero buenazo llegó curioso a la Rusia de Stalin, descubrió el totalitarismo y la miseria del país de posguerra y se quiso llevar a un par de exiliados españoles en un baúl. Tuñón y Cepeda, dos de los niños republicanos que se llevó La Pasionaria a Moscú en 1939, ya no aguantaban más y querían huir. Cepeda no pasó del aeropuerto, Tuñón despegó pero no aguantó la asfixia del baúl y se perdió pidiendo socorro. todos contra conde : los artículos publicados en clarín y en el día (de montevideo) llevaron al partido comunista argentino a publicar en orientación, su publicación oficial, esta "caja de sorpresas" en la que se parodiaba a conde como un vocero del gran capital. a eso se sumó una campaña difamatoria del diario comunista la hora. En el hogar obrero Por suerte, los rusos no fusilaron al argentino: simplemente lo echaron del país. En los sótanos de la Lubyanka quedó la causa secreta 837 y en el polvo de las librerías de viejo, un mamotreto notable, ¿Por qué huyen en baúles? Los asilados españoles en la URSS , la versión de Conde que le publicó la ignota Editorial Ñandubay con fotos y todo (poco se sabe de la editorial, pero su pie de imprenta afirma que el libro fue producido en los talleres del Servicio Penitenciario en 1951). El libro de los baúles es una mezcla de biografía, manifiesto peronista y relato de viaje coronado por un manifiesto antiestalinista que ya lo quisiera Reader’s Digest. Conde cuenta que era de familia obrera, que se mudó de Madariaga a la Capital a los 15, empezó de panadero y nunca perdió “la conciencia de mi clase” que le dio su familia, muy influida por las ideas gremiales socialistas . Pero llegó el ‘45, llegó el coronel carismático y llegó una nueva afiliación para el ya encumbrado dirigente del gremio de panaderos. Corporativista como era, Perón decidió rápidamente que si las embajadas tenían agregados culturales, militares y comerciales, también debían tener agregados obreros. Conde se anotó y ya en 1947 egresó del curso que le hacía doler las muelas al Palacio San Martín. Como era de los más importantes que se habían presentado –secretario general de su gremio, nada menos–, una asamblea de 10.000 trabajadores lo eligió para ocupar el cargo en la embajada argentina en Rusia, que Perón reabría treinta años después de la Revolución. Su misión era la de experimentar la realidad laboral de otros países. Conde tenía 34 años y llegó junto a su esposa Alicia y sus tres hijos a lo que pensaba como una utopía, una dictadura de su clase que imaginaba difusamente parecida a ese primer peronismo paternalista. Pobre Conde : su primer minuto, en el puerto de Odessa, fue un golpe que ni Bertrand Russell hubiera resistido. Los argentinos –embajador, secretarios, agregados, familiares– se bajaban en el puerto hambriento de un país destruido por la guerra y en medio de las ya clásicas purgas. Conde vio consternado –y, no deja de remarcar en su libro, sus circunstanciales y cajetillas colegas se alegraron de que lo viera y no dejaron de gastarlo– cómo Odessa estaba infectada de mendigos que la policía corría a palos, de prisioneros alemanes adolescentes y en andrajos. Conde enumera los zapatos que eran trapos o pedazos de cubierta cortados a cuchillo y atados con piolines, las nubes de chiquilines sucios y descalzos, las familias sentadas entre los escombros comiendo papas crudas, el contraste con los uniformes impecables y los autos relucientes de los oficiales y funcionarios. En la fiesta de recepción que ofrecen los soviéticos a los argentinos en el hotel local, Conde se asoma a la ventana y ve policías apaleando mujeres que ruegan por los canapés que él, sus colegas y sus anfitriones se están comiendo. El flamante diplomático venía de una Argentina bien comida en la que los trenes todavía eran limpios y corrían en horario. En su libro, cuenta su viaje en el expreso a Moscú como una novela de picaresca, con baños inmundos, pueblos miserables entrevistos en las paradas, comida escasa y guardas que bajan a patadas a los vendedores desesperados por colocar una papa ennegrecida, una col arrugada. En la embajada argentina instalada precariamente en unas habitaciones del Gran Hotel de Moscú, sobre la Plaza Roja, Conde se entera de que nadie quería que cumpliera su misión: los soviéticos ni en sueños querían un argentino visitando fábricas, hablando con los obreros, preguntando sobre condiciones de trabajo y derechos sindicales, y, peor aún, tal vez hablando de cómo eran las cosas en el extranjero. El panadero decidió hacer las cosas por su cuenta. El pueblo en la plaza Conde cuenta la escena que vio desde su ventana en el desfile del Primero de Mayo de 1947 en la Plaza Roja, uno de los puntos altos del calendario soviético. “A unos 50 metros y frente al Gran Hotel donde nos hospedamos, está ubicado el museo de Lenin, a continuación sigue la Plaza Roja. Sobre la derecha y al pie de los muros del Kremlin se levanta el mausoleo que guarda los restos del líder. Mi ventana quedaba frente a dicho mausoleo, sobre el que se levantaba un elevado palco montado para que Stalin presenciase el desfile. Por casualidad pude presenciarlo, ya que no estaba permitido ese día andar por la calle y, además, las puertas y las ventanas debían ser clausuradas. Me notificaron como a los demás de que debía hacerlo y no me quedó otro recurso que espiar a través de las cortinas. He presenciado un hermoso desfile desde el punto de vista visual. Una gran representación circense perfectamente planeada y matemáticamente ejecutada, pero en ningún momento la concentración de masas sin ‘teatro’ que esperaba encontrar. Luego soltaron al pueblo, pero para ese momento el palco oficial ya estaba vacío.” Conde ya había visto demasiada miseria como para creerse a los felices estudiantes de punta en blanco, saludables y sonrientes, que cruzaban la plaza vivando al padrecito Stalin. Para subrayar los contrastes, su libro trae fotos de Stalin subido a la tarima y de Perón “mezclado con su pueblo”. La lista de Conde comenzó a sumar contradicciones que lo dejaban cada vez más furioso. Por ejemplo, las famosas cartillas de racionamiento, que regulaban el consumo y que “eran el título que autorizaba al individuo a vestir, comer y rozarse con gente de tal o cual categoría y mediante el cual la URSS regula el trabajo de su pueblo por el conducto sensible de su estómago”. En su libro, el panadero reproduce y explica estos documentos con cálculos muy concretos: el sueldo de un médico (entre 600 y 1000 rublos) apenas alcanzaba para comprar un par de zapatos (entre 1000 y 2000). El alquiler de una habitación de cuatro por cuatro costaba de 200 a 500 rublos y un kilo de carne, entre 30 y 100. El sueldo mínimo de un jubilado arañaba los 70 rublos mensuales. El gran escape Para realizar sus visitas furtivas por las fábricas de Moscú o traducir documentos a los que lograba acceder, Conde estableció relaciones con algunos españoles que habían sido evacuados de chicos a la URSS para escapar de la Guerra Civil, bajo custodia del Partido Comunista Español liderado por Dolores Ibárruri, La Pasionaria. El futuro de estos niños destinados a encontrar la luz afuera de su país y lejos de sus familias se oscureció el 21 de junio de 1941 con el ataque alemán a la Unión Soviética. Ese día el regreso de los refugiados a España cobró categoría de sueño. El bueno de Conde , ya con toda la vena y mostrando un romanticismo insospechado, se enterneció con sus nuevos amigos, con las chicas españolas que andaban con sus colegas solteros, en harapos pero con los labios pintados. Y especialmente se hizo amigo de Pedro Cepeda y José Antonio Tuñón, que lo tuvieron noches enteras escuchando historias de hambre y trabajos forzados. Tuñón y Cepeda fueron los que le explicaron qué era la KGB –por entonces llamada NKVD– y cómo eran los mecanismos de la represión de Stalin. También le contaron que a poco de empezada la guerra les hicieron firmar un papel supuestamente rutinario, pero que era una renuncia a la ciudadanía española y una declaración de lealtad a la URSS , lo que los hacía fusilables si intentaban irse. Conde se enfureció y decidió sacar a sus amigos de Moscú. Enseguida pensó en los inviolables baúles diplomáticos argentinos. El diplomático panadero iba a romper todas las reglas de su nuevo oficio y además planeaba transformar a Cepeda y Tuñón en testigos y voceros que denunciaran al mundo lo que pasaba en la URSS . Conde planeó todos los detalles: “Realizamos varios ensayos que dieron óptimos resultados. No se oían ruidos interiores por más que los tirásemos o sacudiéramos. El lugar de la cabeza estaba rodeado de almohadillas para amortiguar los golpes. Quisimos poner bolsa de oxígeno, pero luego de estar varias horas encerrados en la pruebas, ellos mismos dijeron que no era necesario”. Para la conspiración, Conde reclutó a un colega, Antonio Bazán. Finalmente, le pusieron fecha al viaje. Sería el 2 de enero de 1948, partiendo por avión desde Moscú. El 15 de diciembre, Conde mandó un telegrama a Perón y otro al canciller pidiendo la “urgente evacuación” de su familia de vuelta a Buenos Aires. El 1º de enero, con los chicos ya dormidos, le contó a su mujer en qué lío la estaba metiendo. “Fue una determinación suya que me dejó aturdida”, escribió Alicia en un diario que Conde reproduce en su libro. “Antes de que yo pudiera hablar me adelantó que su resolución no admitía discusiones y que si me lo comunicaba era por cumplir con el deber de lealtad. Intentaba en vano convencerlo de que desistiera, cuando llamaron a la puerta. Era Tuñón, que ya venía para esconderse”. Horas más tarde estaban los cuatro en el aeropuerto: Pedro Conde con José Antonio Tuñón en un baúl, y Antonio Bazán con Pedro Cepeda en otro. Se suponía que todo estaba fríamente calculado, pero desde el primer momento comenzó una mala suerte incontenible: “Al despachar el equipaje, comenzó la odisea. Bazán, que por ausentarse definitivamente del país no llevaba rublos, entregó dólares para pagar y no se los aceptaron. No hubo manera de hacerles entender que si volvíamos por dinero ruso perdíamos el avión. Ante ese inconveniente anormal, optamos porque yo saliera en ese avión con el baúl donde iba Tuñón, mientras Bazán postergaba su viaje”. El avión despegó a las 9.30 de la mañana, con dos horas de retraso y con Tuñón acumulando tiempo de encierro en el baúl. “Cada minuto de vuelo que pasaba, más cerca me sentía del éxito”, escribió Conde . “Por momentos cerraba los ojos simulando dormir, para disimular la tensión nerviosa que me producía la lentitud con que giraban las agujas del reloj. Esos bellos pensamientos fueron interrumpidos por un rítmico golpecito que me volvió a la realidad a las 12.15. Eran tenues golpes que venían del baúl donde seocultaba Tuñón. No puedo describir mi estado en ese instante. La azafata, que había oído, corrió a la cabina de los pilotos sin decir palabra. Comprendí que me habían descubierto.” La tripulación no volvió a salir de la cabina; el avión dio media vuelta y volvió hacia Moscú. Ya jugado, Conde abrió el baúl diplomático y encontró a Tuñón en un estado límite, “con los ojos desorbitados y fijos, que parecían los de un muerto. La cara amoratada, las manos quietas y crispadas me impresionaron. Si no fuera por un leve movimiento en su boca abierta, de la que salía una baba espumosa, habría creído que acababa de morir”. Rumbo a la Estación Finlandia El avión aterrizó dos horas más tarde en un aeropuerto militar de algún punto de la Rusia europea. Fue la última vez que Conde y Tuñón se vieron. Al español se lo tragó la maquinaria local, al argentino lo encerraron en un galpón bajo custodia. Un documento encontrado en los archivos de la KGB, firmado por la tripulación del vuelo, formaliza la historia inverosímil: “Nosotros, los abajo firmantes, hemos suscrito este acta acerca de que en el avión GBF (siglas de Flota Aérea Estatal, lo que después fue Aeroflot) nº 1003 que realiza vuelos según el rumbo Moscú-Kiev-Lvov-Praga, en la maleta que pertenece al agregado de la embajada argentina, señor Pedro Conde , fue encontrado Tuñón, José Antonio, nacido en 1916, español, no argentino, a quien el señor Pedro Conde trataba de esta manera de trasladar ilegalmente al extranjero”. El agregado obrero argentino estuvo secuestrado en el galpón, helándose y esperando la peor de las muertes, por cinco días. “Una noche fui sacado de mis cavilaciones cerca de las dos de la madrugada por furiosos ladridos de una gran jauría que, unidos a escalofriantes y desgarradores alaridos humanos, oí junto al galpón. Luego gemidos de agonía. Después, silencio. Mi mente reconstruyó una escena horrible: Tuñón arrojado a los perros lobos que guardan la frontera soviética”. El argentino ya sabía lo suficiente de la Rusia de esa época como para contar cuántos rublos podía valer su vida. En el Gran Hotel de Moscú Alicia Conde contaba las horas y se angustiaba cada vez más. El 3 de enero, al día siguiente de la partida de su marido, anota en su diario que “el telegrama que Pedro prometió mandar en cuanto tocara tierra no llega. A Dios encomiendo a cada instante su suerte y la del otro muchacho. Bazán tiene todo para salir mañana con el contrabando y mandó a Cepeda a cambiar el pasaje. Al anochecer vuelve Bazán alarmado: ‘Algo grave pasa’ –me dice–. ‘Cepeda ha desaparecido, fue a retirar el boleto con mi pasaporte y me lo acaban de entregar en la portería, diciendo que alguien lo había dejado ahí’.” Cepeda había sido secuestrado en el mismo aeropuerto y nunca más fue visto por sus amigos argentinos. Al quinto día y sin explicaciones, Conde es sacado de su galpón y metido en un avión que poco después aterriza en Moscú. “Pasado el mediodía”, escribe Alicia, “nuestro encargado de Negocios, el Dr. Leopoldo Bravo, decide dirigirse personalmente al Ministerio de Asuntos Exteriores de la URSS , para pedir explicaciones por la desaparición de Pedro. A las 17, mientras esperaba angustiada el resultado de la gestión, entra Pedro cerrando la puerta tras sí. Está demacrado, desconocido casi. Me abraza sin decirme nada. Yo tampoco le pregunto. Comprendo que lo haría sufrir en este momento y me conformo pensando que lo importante es verlo de nuevo a mi lado”. Conde y Bazán pasan quince días de papeleos y trámites para lograr permisos de salida. El 21 de enero, pasada la medianoche, salen de la Estación Finlandia rumbo a Helsinki. El trámite había sido rápido porque los rusos tampoco querían más por el barrio al agregado obrero que no iban a fusilar, pero seguía siendo molesto. Los Conde y Bazán, cuenta ladiarista Alicia, dormían como extenuados por una tormenta cuando a las 4.40 de la mañana sonaron fuertes golpes en las puertas de sus camarotes. Era nuevamente la KGB, esta vez tropas del Directorio de Seguridad de Fronteras, que venían a revisar equipajes. En la oscuridad, los argentinos entrevieron las aguas del Golfo que marcaban el límite con Finlandia. Los diplomáticos chapearon pero se encontraron con que sus credenciales oficiales no impresionaban a los uniformes de galones verdes: querían ver todos los papeles, incluidos los diplomáticos. Conde tembló, porque llevaba en una valija sus pilas de documentos sobre lo que había visto en Rusia, buena parte escritos en ruso. “¿Por qué no intentás, mientras yo los entretengo en el otro camarote, sacar de la valija el paquete con los documentos y esconderlos?”, cuenta Alicia que le dijo Conde . “Con el fin de cumplir el deseo de Pedro tomé la canasta de las provisiones y le dije al guardia que mientras revisaban nuestro camarote, me permitiera entrar al de Bazán, ya revisado, para dar de comer a los niños. Rápidamente escondí el paquete entre la ropa de una valija revisada. Nadie advirtió la maniobra”. Semanas después, los Conde desembarcan en Buenos Aires llorando a mares, como todavía recuerda Pedrito, uno de los hijos del panadero, que entonces tenía 11 años. Conde retoma la actividad sindical, informa a Perón de lo ocurrido y se pone a trabajar en su libro que quería, “documentando estos hechos ante la opinión pública, llevar a la práctica la segunda parte del plan de los baúles. Con ello espero conseguir que los que puedan reclamen a la URSS la liberación de estos refugiados. Ése es el objetivo final del trágico y pintoresco asunto de los baúles”. En sus últimas páginas, el argentino se pregunta por todos los españoles que desaparecieron a raíz de su fracasado intento. Hubo que esperar más de medio siglo para enterarse del final de la historia. Con el muro caído y los archivos abiertos, entre fines de 2003 y principios de 2004 se publicó en España el destino final de Tuñón y Cepeda. Un velo en la historia Los españoles no habían sido despedazados por los perros siberianos que tanto asustaron a su amigo argentino, y tampoco habían sido fusilados. Pasaron seis meses de régimen riguroso en los sótanos de la Lubyanka hasta que se decidió qué hacer con ellos. Un tribunal los condenó sumariamente a 25 años de trabajos forzados y pronto estaban en un vagón de ganado rumbo a los campos de Intá, en Siberia. Tras siete años de ejemplar comportamiento, en agosto de 1955 la comisión central de revisión de las causas –montada después de la muerte de Stalin y el discurso secreto de Kruschov denunciando sus crímenes– aceptó rebajar la medida de castigo hasta un plazo ya cumplido y entonces fueron liberados. Tuñón viajó a México, donde vivían su hermano y el resto de su familia. Cepeda se quedó en Rusia hasta 1966, cuando finalmente regresó a España. En los últimos años del franquismo fue uno de los líderes de la Unión General de Trabajadores y en enero de 1984, con 61 años, murió en una operación de cataratas que se complicó por un infarto y varias úlceras, todas secuelas de su experiencia en Siberia. Pedro Conde Magdaleno siguió de gremialista y agregado obrero hasta 1955. La Revolución Libertadora lo encontró en Lima y, cuenta su hijo, cuando se enteró de las noticias caminó hasta la estatua de San Martín y le tapó la cara con un paño negro. Las agregadurías sindicales dejaron de existir y los Conde volvieron definitivamente a un país donde el panadero era un paria. La familia se mudó a General Rodríguez y Conde se transformó en colectivero. En sus años finales volvió a las panaderías y murió cuando estaba creando una sociedad de fomento. Nunca supo que sus amigos estaban vivos. http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/radar/9-1644-2004-09-05.html
Domingo, 7 de marzo de 2010 INTERNET > LAS CIBERGUERRAS DETRAS DEL CONFLICTO ENTRE EL BUSCADOR Y PEKIN Google vs. China A principios de año, Google denunció un ataque cuya procedencia podía rastrearse hasta China, y la noticia hizo público un escenario nuevo que asoma con el siglo: el de la ciberguerra. ¿Qué hay debajo? Radar consultó a expertos y hackers para tirar de la punta de una madeja en la que está en juego la privacidad de los usuarios, una guerra fría virtual, nociones nuevas de lo que significa un ataque, el rol de las corporaciones en la seguridad de los Estados y la incorporación de Silicon Valley al complejo militar-industrial. Por Pola Oloixarac A mediados de enero, Google declaró que había sufrido un violento ataque cibernético, en el que propiedad intelectual de la compañía había sido robada. No era la única víctima; a pesar de que el hackeo a Google fue datado en diciembre, se lo vinculó con una ola de ataques (los Aurora) que habría comenzado en abril de 2009, afectando a un total de 34 titanes de tecnología de EE.UU. (Microsoft, Intel, etc.). En un golpe sumamente exitoso, los atacantes desconocidos habían penetrado la seguridad de computadoras pertenecientes a “personas clave” de cada empresa, robando el preciado código fuente de sus productos. Los ojos del gigante herido apuntaban a China, y Google pidió explicaciones al gobierno de Pekín por los ataques; ante la falta de respuesta, declaró que cerraría sus oficinas en China si no le permitían trabajar sin ejercer la censura en ese territorio. Si bien Google venía aplicando desde 2006 los filtros de censura que impone el régimen chino (cinco años de cortejos al mercado de Internet de crecimiento más explosivo le había labrado un segundo puesto lejano de Baidu, el principal buscador chino), ahora adoptaba un discurso de política exterior que incluía en su agenda la defensa de los derechos humanos: los atacantes no sólo habrían robado el código fuente, sino también habrían robado mails de activistas, configurando el fantasma de un agresor nacional (aunque el código fuente es una galletita más bien tentadora para una compañía de la competencia, como Baidu; y los mails de los opositores sólo interesan al gobierno). Pero si bien el CEO de Baidu renunció a los pocos días alegando “motivos personales” (lo que podría haber zanjado el asunto como un caso de espionaje industrial muy difícil de probar), y tampoco hay pruebas de que los ataques provinieran de China, la escalada mediática ya se enfocaba en el flamante rol de Google para enfrentarse a una nación autoritaria, en un despliegue de política exterior que incluía una coreografía de Hillary Clinton negociando la deuda en China para reactivar la economía de EE.UU. ¿Es Google el emisario del bien y la libertad, como expresa su lema empresarial Don’t do evil? ¿O existe una trama secreta conspiratoria, de la que pende la información (el destino) de los millones de usuarios de los servicios de Google? Algunos creen que Google es tan idealista (y le sobra tanto el dinero) como para darse el lujo de luchar por la libertad en China, otros creen que éste es el inicio de una nueva cortina de hierro digital. Pero ¿puede realmente ser alguna de las dos? ¿Sueñan las corporaciones con problemas morales? Heredero directo de las visiones de William Gibson y la crítica al liberalismo de Carl Schmitt, el escenario donde las corporaciones ocupan progresivamente el rol político de las naciones, hasta opacarlas a un lugar meramente administrativo, es la profecía posmoderna de la reorganización del mundo; así, la pregonada debacle de los estados-nación encontraría en la literatura cyberpunk su desarrollo esperado. Luego de declarar su súbito compromiso por resistir la censura en China, Google hizo otro anuncio: trabajaría en conjunto con la NSA para investigar los ataques. La NSA es la agencia de Inteligencia que nació para no existir (el rumor es que las siglas corresponden a No Such Agency); su misión es el espionaje electrónico. La NSA está a la vanguardia de la cooperación silente del gobierno con compañías y de construir relaciones porosas con ellas. Según pasan los años y las tecnologías (y con ambos, las guerras sucesivas), corporaciones como General Motors, Boeing, Lockheed Martin se beneficiaron asociándose a la estructura de la defensa norteamericana, colaborando como socios del gobierno, de acuerdo a la dinámica del complejo militar-industrial: una coalición informal y cambiante de grupos con intereses en el mantenimiento de altos niveles de armamento, para la preservación de mercados coloniales y con una visión militar-estratégica de los asuntos internos. En el nuevo escenario de la ciberguerra, un prócer por escribirse es Michael McConnell: ex jefe de la NSA, ahora a cargo de la consultora privada Booz Hamilton, fue asesor de Bush y hace unos días declaró en The Washington Post: “Tenemos que reestructurar Internet para hacer rastreable quién lo hizo, por qué, desde dónde y cuál fue el resultado. La tecnología para esto ya existe, y está disponible en fuentes públicas y privadas, sólo tenemos que tener la voluntad para incluirlas en nuestros sistemas”. McConnell se refiere, naturalmente, a la voluntad política, y como ha demostrado la caída de las Torres Gemelas, no hay nada mejor que un ataque para construir la voluntad política que permita vulnerar las libertades individuales en pos de la seguridad nacional. “Google tiene a los 10 mejores cerebros en seguridad del mundo. No necesita a la NSA para investigar un ataque. En todo caso, el trato no puede venir por ese lado”, comentó a Radar un hacker consultado. La idea de una colaboración de Google con la NSA (o mejor dicho, que esto se inscriba en el guión público de la política exterior) no sería tan llamativa si Google no dispusiera del mayor arsenal de información sobre personas del mundo, y si la NSA no se dedicara a espiar. En el frente psicológico de las multitudes internautas, con una juventud nativa-digital dedicada a la transmisión de sus yoes en sus íntimos detalles, esto es paralelo al declive de la privacidad como derecho, para volverse un commodity: un bien con muchísima demanda, pero sin valor especial. El descubrimiento fundamental de Google, la base de su modelo de negocios, no es matemático sino psicológico: Google descubrió que a la gente no le importa que sus mails sean leídos y que se contenido sea “realzado” con publicidad. A las cuentas de mail, Google ha sumado un producto (Dashboard) que registra todos tus movimientos en la web cuando estás logueado en g-mail; ha enriquecido sus perfiles con geolocación (que envían automáticamente publicidad de acuerdo a lo que escribiste y a donde estás), y recientemente ha integrado Buzz, un agregador de otras redes sociales que permite dibujar el grafo de todas las personas que conocés, la frecuencia y los temas de los que hablan. El asunto ha puesto en alerta a muchos expertos, que diseñan maneras de protegerse ante esta ampliación de la política de espionaje interno de Estados Unidos al resto de los usuarios que quedan del lado de Occidente. “Si las mismas herramientas que sirvieron para monetizar la web se convirtieron en un paraíso de la vigilancia, la NSA tendría acceso a una base de datos constantemente actualizada para poder buscar terroristas y otros enemigos de la paz mundial”, comentó Gera, un experto en seguridad informática. Revival de la guerra fria El año pasado, un espía digital que trabaja para fuerzas aliadas, al que llamaremos Jay, recibió un llamado de uno de sus clientes chinos. Le pidieron que viajara a Las Vegas, a encontrarse con un militar norteamericano en el lobby de un hotel. Jay tenía que darle este mensaje: “Hemos perdido el control de un botnet, alguien lo secuestró y no sabemos quién es. Sólo sepan que si reciben un ataque de estas características, no fuimos nosotros”. Un botnet es una red de máquinas tomadas, que pueden lanzar ataques simultáneos; es la forma cibernética de un ejército distribuido de agentes en el que es imposible detectar quién los comanda. En la presente etapa de la ciberguerra, están quienes afirman que existe una cortina de hierro que divide a los países donde existe la libertad de aquellos donde no. Unos usan Google, los otros no. Regímenes autoritarios como el iraní foguean esta interpretación: recientemente, dieron de baja el servicio de G-mail para neutralizar la discusión política (que se daba en G-mail). Pero abonar esta fantasía implica desconocer la escena de China. “Es caótica. Está el gobierno, pero hay muchas facciones dentro del gobierno, y cada una tiene capacidades especiales y montan sus propias operaciones. También hay rumores de que los chinos “alquilan” sus botnets a terceros; luego, los entrepreneurs de tecnología son miembros del Partido, pero lo más probable es que, si hubo un ataque realmente, nadie esté en control. Luego hay muchísima gente brillante que, naturalmente, entrena sus capacidades violando el mal software norteamericano, y gente que hackea por diversión y que se dedica a colección de vulnerabilidades no reveladas para usarlas en cualquier momento”, comentó Jay a Radar. La naturaleza de las armas en cuestión hace que sea muy fácil construir una red de agentes (botnet), y quien encuentre una falla de seguridad podrá hacerse del control de ese robot. Hasta ahora, los reportes señalaron lugares y descubrimientos que no salen de lo usual: que se trataba de una falla de Internet Explorer y que el ataque había pasado por el ámbito universitario. “Pero es un clásico de los ataques pasar por la universidad: son públicas, y es imposible seguir la pista de quién estaba sentado en ese momento en ese lugar”, comenta Gera. Por su parte, los medios chinos dieron una amplia cobertura al establecimiento, desde el año pasado, de un cibercomando operando dentro del ejército norteamericano. Un experto consultado por el gobierno chino expresaba su preocupación acerca de cierta forma naciente de ciberimperialismo: “Estados Unidos planea imponer su agenda global a expensas de la inseguridad de todo el resto de los países”. El nuevo espiritu del ciberimperialismo En El nuevo espíritu del capitalismo, Boltanski y Chiappello analizan la nueva cultura de negocios que surgió en los últimos 40 años; el modo en que las compañías de tecnología se apropiaron de un discurso libertario para crear culturas de empresas que enfatizan la creatividad, la libertad individual y otros valores propios de las comunas artísticas para combinarlo con el modelo informático de trabajo, centrado en proyectos, y cómo ese nuevo contrato suponía una lavada de cara del capitalismo, esencial para atraer jóvenes trabajadores a la nueva economía del conocimiento. Esa lavada de cara tiene en Google un brillante exponente, con oficinas diagramadas para ser una Disneylandia nerd y un departamento de relaciones públicas con un fuerte discurso idealista. Si el Estado es la suma (y los dividendos) de sus corporaciones, el escenario post-industrial y el crecimiento de la grandes compañías nacidas en el mundo de la información prefiguran una avanzada de corporaciones de Silicon Valley que pasan a integrarse al nuevo complejo industrial militar. Una de las cualidades de la ciberguerra, y que la hace fascinante no sólo como objeto teórico sino como oportunidad para el pillaje, es la dificultad para definir qué es un acto de guerra. Los actos transcurren en la invisibilidad, entre la conspiración y formas más o menos veniales (civiles, comerciales) como el robo, el espionaje y la violación secreta de código ajeno. Cuando la infraestructura de telecomunicaciones, la digitalización, el procesamiento y el análisis de la información están en manos privadas, lo que se da es una privatización de facto del campo de batalla. Sin combates físicos, la guerra es la política por otros medios (a saber: psicológicos, periodísticos) donde la escalada de presupuestos y discurso equivale a la movilización de tropas. La noticia del ataque tuvo el impacto esperado: titulares por todo el mundo glosan la nueva batalla de la libertad digital contra la opresión y la censura. En tiempo de palomas, la maquinaria de guerra encuentra en el bombardeo de paquetes de datos lo que los halcones quisieron buscar entre los hierros retorcidos de las Torres Gemelas: el enemigo existe, es público, y este marco mediático es un llamado a la movilización para un nuevo tipo de guerra, donde un nuevo tipo de compañías reclama su lugar en un complejo militar industrial que debe ser renovado. Ya en su búsqueda de un cyberzar, Obama había tentado al CEO de Google, Eric Schmidt, y sus otros cuatro candidatos representan las compañías con las cuales redibujar la cara de la defensa nacional. Para el resto de los usuarios del mundo, un pacto de esta naturaleza implica quedar dentro del acuerdo doméstico que Google establezca con su país (que es, además, el que determina que su definición de privacidad es legal, para poder operar y hacer dinero). Porque aunque Google declare (y acaso profese) las mejores intenciones para luchar por la libertad en China, lo que está en liza –a partir de un ataque cibernético del que no hay pruebas– es que éste sea el fin de Internet libre y abierta como la conocemos

Matrimonio entre gente rara Estoy completamente a favor de permitir el matrimonio entre católicos. Me parece una injusticia y un error tratar de impedírselo. El catolicismo no es una enfermedad. Los católicos, pese a que a muchos no les gusten o les parezcan extraños, son personas normales y deben poseer los mismos derechos que los demás, como si fueran, por ejemplo, informáticos u homosexuales. Soy consciente de que muchos comportamientos y rasgos de carácter de las personas católicas, como su actitud casi enfermiza hacia el sexo, pueden parecernos extraños a los demás. Sé que incluso, a veces, podrían esgrimirse argumentos de salubridad pública, como su peligroso y deliberado rechazo a los preservativos. Sé también que muchas de sus costumbres, como la exhibición pública de imágenes de torturados, pueden incomodar a algunos. Pero esto, además de ser más una imagen mediática que una realidad, no es razón para impedirles el ejercicio del matrimonio. Algunos podrían argumentar que un matrimonio entre católicos no es un matrimonio real, porque para ellos es un ritual y un precepto religioso ante su dios, en lugar de una unión entre dos personas. También, dado que los hijos fuera del matrimonio están gravemente condenados por la Iglesia, algunos podrían considerar que permitir que los católicos se casen incrementará el número de matrimonios por “el qué dirán” o por la simple búsqueda de sexo (prohibido por su religión fuera del matrimonio), incrementando con ello la violencia en el hogar y las familias desestructuradas. Pero hay que recordar que esto no es algo que ocurra sólo en las familias católicas y que, dado que no podemos meternos en la cabeza de los demás, no debemos juzgar sus motivaciones. Por otro lado, el decir que eso no es matrimonio y que debería ser llamado de otra forma no es más que una manera un tanto ruin de desviar el debate a cuestiones semánticas que no vienen al caso: aunque sea entre católicos, un matrimonio es un matrimonio, y una familia es una familia. Y con esta alusión a la familia paso a otro tema candente sobre el que mi opinión, espero, no resulte demasiado radical: también estoy a favor de permitir que los católicos adopten hijos. Algunos se escandalizarán ante una afirmación de este tipo. Es probable que alguno responda con exclamaciones del tipo “¿Católicos adoptando hijos? ¡Esos niños podrían hacerse católicos!”. Veo ese tipo de críticas y respondo: si bien es cierto que los hijos de católicos tienen mucha mayor probabilidad de convertirse a su vez en católicos (al contrario que, por ejemplo, ocurre en la informática o la homosexualidad), ya he argumentado antes que los católicos son personas como los demás. Pese a las opiniones de algunos y a los indicios, no hay pruebas evidentes de que unos padres católicos estén peor preparados para educar a un hijo, ni de que el ambiente religiosamente sesgado de un hogar católico sea una influencia negativa para el niño. Además, los tribunales de adopción juzgan cada caso individualmente, y es precisamente su labor determinar la idoneidad de los padres. En definitiva, y pese a las opiniones de algunos sectores, creo que debería permitírseles también a los católicos tanto el matrimonio como la adopción. Exactamente igual que a los informáticos y a los homosexuales. Este apoyo al matrimonio entre católicos circula por Internet y gana adhesiones que se cuentan de a cientos.
¿De dónde provienen las ideas correctas? - Mao Tse-tung ¿De dónde provienen las ideas correctas? ¿Caen del cielo? No. ¿Son innatas de los cerebros? No. Sólo pueden provenir de la práctica social, de las tres clases de práctica: la lucha por la producción, la lucha de clases y los experimentos científicos. La existencia social de la gente determina sus pensamientos. Una vez dominadas por las masas, las ideas correctas características de la clase avanzada se convertirán en una fuerza material para transformar la sociedad y el mundo. En la práctica social, la gente se enfrenta con toda clase de luchas y extrae ricas experiencias de sus éxitos y fracasos. Innumerables fenómenos de la realidad objetiva se reflejan en los cerebros de las gentes por medio de los órganos de sus cinco sentidos, la vista, el oído, el olfato, el gusto y el tacto. Al comienzo, el conocimiento es puramente sensitivo. Al acumularse cuantitativamente este conocimiento sensitivo se producirá un salto y se convertirá en conocimiento racional, en ideas. Este es el proceso del conocimiento. Es la primera etapa del proceso del conocimiento en su conjunto, la etapa que conduce de la materia objetiva a la conciencia subjetiva, de la existencia a las ideas. En esta etapa, todavía no se ha comprobado si la conciencia y las ideas (incluyendo teorías, políticas, planes y resoluciones) reflejan correctamente las leyes de la realidad objetiva, todavía no se puede determinar si son justas. Luego se presenta la segunda etapa del proceso del conocimiento, la etapa que conduce de la conciencia a la materia, de las ideas a la existencia, esto es, aplicar a la práctica social el conocimiento obtenido en la primera etapa, para ver si esas teorías, políticas, planes y resoluciones pueden alcanzar las consecuencias esperadas. Hablando en general, los que resultan bien son adecuados, y los que resultan mal son erróneos, especialmente en la lucha de la humanidad contra la naturaleza. En las luchas sociales, las fuerzas que representan a la clase avanzada a veces padecen algún fracaso, más no a causa de que sus ideas sean incorrectas, sino de que en la correlación de las fuerzas en lucha, las fuerzas avanzadas aún no son tan poderosas por el momento como las reaccionarias, y por consiguiente fracasan temporalmente, pero alcanzan los éxitos previstos tarde o temprano. Después de las pruebas de la práctica, el conocimiento de la gente realizará otro salto, que es más importante aún que el anterior. Porque sólo mediante el segundo salto puede probarse lo acertado o erróneo del primer salto del conocimiento, esto es, de las ideas, teorías, políticas, planes y resoluciones formadas durante el curso de la reflexión de la realidad objetiva. No hay otro método para comprobar la verdad. La única finalidad del proletariado en su conocimiento del mundo es transformarlo. A menudo sólo se puede lograr un conocimiento correcto después de muchas reiteraciones del proceso que conduce de la materia a la conciencia y de la conciencia a la materia, es decir, de la práctica al conocimiento y del conocimiento a la práctica. Esta es la teoría marxista del conocimiento, es la teoría materialista dialéctica del conocimiento. Muchos de nuestros camaradas todavía no comprenden esta teoría del conocimiento. Cuando se les pregunta de dónde extraen sus ideas, opiniones, políticas, métodos, planes, conclusiones, elocuentes discursos y largos artículos, consideran extraña la pregunta y no pueden replicar. Encuentran incomprensibles los frecuentes fenómenos de salto en la vida cotidiana en que la materia puede transformarse en conciencia y la conciencia en materia. Por eso, es preciso educar a nuestros camaradas en la teoría materialista dialéctica del conocimiento para que orienten correctamente sus pensamientos, sepan investigar y estudiar bien, realicen el balance de sus experiencias, superen las dificultades, cometan menos errores, trabajen bien y luchen esforzadamente para convertir a China en una gran potencia socialista y ayudar a las grandes masas de los pueblos oprimidos y explotados del mundo, cumpliendo así los grandes deberes internacionalistas que habremos de asumir. * Fragmento de “Decisiones del Comité Central del Partido Comunista de China sobre algunos problemas en el actual trabajo rural” (proyecto). Tomado de www.marxist.org Fuente: http://www.razonyrevolucion.org/ryr/index.php?option=com_content&view=article&id=675:ide-donde-provienen-las-ideas-correctas-mao-tse-tung&catid=132:el-aromo-no-53-qa-seguir-pagandoq&Itemid=120
Registrate y eliminá la publicidad! La Chispa Adecuada Conservo desde mi resentida adolescencia un rechazo visceral hacia el concepto de premiación que desde aquellos tiempos hasta hoy se ha ido imponiendo y diversificando en los distintos estamentos de la cultura: se premian libros y escritores, músicos y discos, actores y autores, films y telenovelas. La aceptación de los premios coloca habitualmente a los premiados en cierto lugar que resulta cómplice de la burocracia y el poder que manipulan todas las manifestaciones estéticas en Occidente. Las fuentes de premiación, se trate de grandes editoriales, de importantes diarios, de intendencias o de organismos de bien público, siempre resultan sospechosas. En ocasiones, sin embargo, ciertas elecciones del sujeto premiado iluminan una escritura disidente o una filmografía desechada. Resulta por lo menos curiosa la conversión en objeto de culto de la figura de un tipo como Diego Capusotto quien desde ese rincón ignoto que ocupa todos los lunes a las 23 en el canal siete consiguió despertar el interés de todos los medios de comunicación, como si se tratara de una estrella de la farándula de la misma dimensión de los grandes mamotretos consagrados. El premio Clarín, otorgado por un numeroso y heterogéneo jurado, fue el rito definitivo que confirmó el impacto que el actor estaba generando más allá de cualquier reconocimiento de sus pares. La televisión de nuestros días se encuentra tan carente de inteligencias creativas, de experimentaciones humorísticas, de voces inauditas, de búsquedas infrecuentes, que la falta de figuras o modelos con los que compararse o competir dejan a Capusotto en un lugar de soledad y aislamiento de difícil medición. Cuando le hice una entrevista para este mismo medio, no hace mucho tiempo y en una pequeña charla que sostuvimos paralela a la misma, descubrí dos hechos bastante poco frecuentes entre los integrantes de ese salón VIP que es la fama: la inteligencia de Capusotto se alimentó desde las propias calles que transitó y también de las fuentes de creatividad más resplandecientes que surgieron en la década del 80, tales como Batato Barea, Alejandro Urdapilleta o Yito Audivert. Ciertas corrientes energéticas luminosas y legendarias que atravesaban las mentes más sensibles de aquella época están vibrando hoy en el alma de sus proyectos. Porque si hay algo que poseen sus inventivas que las diferencian esencialmente del resto de la programación televisiva, es justamente que tienen alma. Su humor nunca deja de plantear la decadencia de ciertas propuestas iniciales que caracterizaron al rock, de ciertos clichés que se fueron consolidando sin que nadie lo advirtiera, de cierto fraude epistemológico que sus personajes consiguen decodificar. Al mismo tiempo sus personificaciones ingenuas y exageradas redimen toda culpa o diluyen toda agresiva señalización de traiciones o pecados. Por otra parte, en esa charla, comprobé que el tipo es poseedor de una de las mayores virtudes que puede poseer una persona: es bondadoso. La bondad se caracteriza por un reconocimiento de los dolores que aquejan, o por una percepción de las necesidades que afligen a las personas con las que te encuentras. Y también por un gesto de generosidad que te compromete con quien sufre la aflicción. Antes de despedirse me dijo una frase que en muchas ocasiones esperé escuchar de aquellos que yo consideraba mis amigos pero que, sin embargo, jamás la escuché: "Enrique, si andás mal, si necesitas algo, contá conmigo". Estoy casi convencido de que la pegajosa melaza del éxito, de la que es difícil desprenderse, no afectará la espontaneidad de sus ideaciones futuras. Para el sistema, el éxito consiste en cesar con la investigación de lo que no se sabe, para ahondar y repetir sin cesar el formato aclamado por el público. Es cierto que en los espectadores y lectores suele funcionar un mecanismo infantil de querer volver a ver siempre el mismo gesto o releer el mismo texto que los ha conmocionado. En esa reiteración demagógica y pueril se ha basado la trayectoria de muchos humoristas y creativos. Un creador no tiene por qué ser cómplice de esa puerilidad. Por el contrario, siempre ha de cantar la letra de una canción que ningún espectador podrá entonar junto a él.
¿Qué es la revolución? ¿La revolución es un proceso de toma de los lugares de poder? ¿La creación de “otro mundo”? ¿La transformación radical de la sociedad? ¿Otra cosa? John Holloway es uno de los pensadores que con la idea de su libro “Cambiar el mundo sin tomar el poder” vino a aportar oxígeno y polémicas a estos debates tan antiguos y tan nuevos. En Bilbao, España, brindó una conferencia presentado por Raúl Zibechi, donde aseguró que la principal enfermedad de la izquierda es pasar todo el tiempo quejándose del capitalismo y de la sociedad, deprimiendo a los que la escuchan, y sin concebir salidas. Sus propuestas: en lugar de una puñalada al sistema, Holloway entiende que la revolución implica millones de dignidades diciendo: No. Raúl Zibechi fue el encargado de la presentación de la charla de John Holloway el último 5 de mayo, en el marco de Periferiak, un gran encuentro organizado en Bilbao con conferencias, debates, proyecciones. Zibechi ya había realizado sus propias presentaciones ´(“Genealogía de la revuelta” y “La mirada horizontal. Clase, capitalismo y poder”). En este caso le tocó introcuir al público a quien llamó “un mestizo”: -Me resulta un poco difícil presentar a John. Estaba pensando que, quizás, una forma de hacerlo es considerarlo como un pensador, un ser humano mestizo. Y me parece que el tema del mestizaje, cultural, teórico, político es una de las cosas fecundas que a veces nos suceden. Algunos de los pensadores, poetas, cineastas, pintores más interesantes que hemos conocido en el siglo pasado tenían esta condición de mestizaje. Fernand Braudel, uno de los más importantes historiadores, francés, decía de sí mismo que había un historiador Braudel anterior y otro posterior a su estadía en Brasil. Creo en el mestizaje como una forma de superar el eurocentrismo, en el pensamiento, en la vida, en los sentimientos. Podría decirlo de Guattari, de Matisse, de Rimbaud o de otros. John es irlandés, pero no vive en Irlanda, vive en México, pero es irlandés, es mejicano; tiene una formación marxista heterodoxa, pero ahora es no sé qué, medio zapatista, medio... me parece que es al hecho de vivir en México, de estar en América Latina, cerca del resto de América Latina y de las cosas que suceden, me parece que ha producido una anomalía teórica creativa, desconcertante, estimulante y que más que el mestizaje nos pueda permitir, como le pasará a Picasso, pueda abrirnos las puertas a algo inédito, a algo nuevo, algo que no es repetitivo sino que es necesariamente creativo. Yo, del primer texto que leí de John, hace algo más de 15 años, “La rosa roja de Nissan”, editado en Uruguay, que me pareció muy buen texto de un pensador marxista heterodoxo, no clásico, a los últimos textos, "Cambiar el mundo sin tomar el poder” o a los posteriores que hemos ido intercambiando, publicados básicamente en Argentina, me parece que hay un proceso, una vuelta que tiene que ver con este mestizaje, que no se de qué otra manera llamarlo, lo digo en positivo: la apertura a formas y a mundos de pensar y de sentir nuevas y diferentes. Y en ese sentido estar aquí con John, siento una gran alegría y la apertura a algo que es fecundamente desconcertante. Sin más, John. A partir de allí el propio Holloway comenzó su exposición. -Me toca a mí ahora supongo. Decidí no presentar una conferencia normal sino, más bien, venir con ustedes a hablar de mis preocupaciones actuales. Por eso preparé esta hoja, estas tesis que son quince. Pero lo que quiero hacer es discutir estos puntos presentándolos hoy de una forma más general y empezando con la discusión y continuarla mañana. Obviamente es siempre un poco difícil - para mí lo es- hablar en un lugar nuevo, con gente nueva porque obviamente vengo a hablar de mis preocupaciones, pero no sé si estas son las de ustedes; hace una hora me puse nervioso pensando que mis preocupaciones no iban a coincidir con las suyas. Luego pensé que no, que finalmente, si tenemos algo en común, y creo que lo tenemos: es la rabia, es el “no”, es el grito, es el grito en contra de lo que estamos viviendo todos los días, lo que vivimos personalmente y también lo que leemos en los periódicos o vemos en televisión, es un grito de “no”; no puede ser que el Mundo sea así; y este “no” muchas veces son “noes” particulares, a veces un “no” en contra de la destrucción del medio ambiente o puede ser un “no” en contra de las condiciones de nuestro trabajo, puede ser un “no” en contra de la mercantilización progresiva de la vida en esta sociedad, pero también tenemos la sensación de que estos “noes” no están aislados sino que hay una relación entre todos estos “noes” particulares, de que en realidad lo que compartimos es un no a esta sociedad, es un grito de rabia en contra de esta sociedad tal como es; este grito de rabia implica al mismo tiempo el deseo de crear otra forma de sociedad. El deseo de querer un mundo distinto, y yo creo que, probablemente, a lo mejor no es así, todos aquí compartimos ese grito, esa rabia, ese rechazo esta negación del mundo como eso que nos une; a lo mejor tenemos ideas de cómo debería ser, con diferentes ideas de cómo cambiar el mundo. Pero lo que sí compartimos es el deseo de crear otro mundo y si es así lo que compartimos es un deseo revolucionario, el deseo por la revolución, en el sentido de un cambio radical del mundo; en ese sentido lo que nos une es que todos somos revolucionarios; todos somos revolucionarios pero probablemente no nos gusta decirlo, posiblemente no nos gusta decirlo porque ahora parece que hablar de revolución es algo absurdo, de algo pasado de moda, porque no vemos cómo y vamos reduciendo nuestras expectativas o nuestras esperanzas y nos enfocamos en luchas particulares y dejamos por una lado la cuestión general de la revolución, como cambiar el mundo. El problema es que así, poco a poco, se puede ir restringiendo el mundo, se puede ir cerrando el mundo y peleamos una pelea tras otra, y perdemos muchas veces, o tal vez ganamos, pero poco a poco nos vamos cansando por que vamos perdiendo la perspectiva de la posibilidad de un cambio radical de la sociedad. Tal vez decimos todavía, con los altermundistas, “otro mundo es posible”, pero muchas veces no lo creemos, o no vemos cómo. Entonces, para mí es muy importante plantear otra vez la cuestión de la revolución, para abrir, no solo para pensar cómo cambiar el mundo, sino también, al mismo tiempo obviamente, para abrir nuestras perspectivas, para abrir las posibilidades de pensamiento en torno al mundo actual. El primer punto, pues, es que la revolución es más urgente que nunca, obvio. Obvio porque la verdad es que pienso que decir que la revolución es urgente no es nada radical; uno no necesita ni siquiera ser de izquierda para decir que el capitalismo es una catástrofe, yo creo que todos sabemos que el capitalismo es una catástrofe, que todos los días nos conduce a un mundo de injusticia, un mundo de explotación, un mundo que destruye la humanidad en todos los sentidos; todos sabemos que el capitalismo está destruyendo las condiciones ambientales de la supervivencia de la humanidad, todos sabemos que si no cambiamos la sociedad de forma radical es muy posible que la humanidad no vaya a sobrevivir mucho tiempo. Uno no tiene que ser radical para decir esto: es algo que en realidad se dice en los periódicos casi todos los días. Entonces, decir que la revolución es urgente es bastante obvio; el problema es cómo podemos pensar en la revolución después del fracaso de las revoluciones del siglo XX, del fracaso de los movimientos latinoamericanos y africanos, pero también del fracaso de la URSS de la revolución china, etcétera; cómo ahora podemos hablar de revolución. Dos comentarios al respecto: primero, para mí, cuando hablamos de revolución hablamos de la transformación radical de la sociedad; esto quiere decir que estamos hablando de la abolición del capitalismo: vivimos en una sociedad capitalista, no vivimos en el postmodernismo, no vivimos simplemente en el neoliberalismo, el neoliberalismo es simplemente una fase del capitalismo; el problema con el mundo actual es la utilización del hacer humano de cierta forma, es decir, la subordinación del hacer humano a la producción del valor y de la plusvalía; la subordinación de lo que hacemos al dominio del dinero. El problema de la revolución es cómo abolir el capitalismo, es importante decir esto porque tal vez lo que está pasando los últimos años es que el término capitalismo tiende a desaparecer del vocabulario radical: Virno casi no habla del capitalismo; Negri cada vez menos habla del capitalismo; prefieren usar otros términos. El otro punto que quería subrayar es que cuando digo que los que nos une es el grito, pero también es un punto teórico, en el sentido de que hay que empezar con el “no”, hay que empezar con la negación, con el rechazo, con el grito; la teoría es necesariamente una teoría negativa, “en contra de”, no es una teoría que empiece con una paradigma, tratando de describir o analizar en mundo como es; la teoría debe empezar desde donde estamos, y nosotros estamos “en contra de”, estamos aquí porque estamos diciendo “no”; esto es importante porque la positividad tiende a cerrar, y el “no” abre, la teoría negativa, con el tiempo, abre. Tenemos que superar la principal enfermedad de la izquierda. La principal enfermedad de la izquierda es pasar todo el tiempo quejándose del capitalismo o de la sociedad actual, finalmente, terminamos deprimiéndonos, terminamos deprimiéndonos de tal forma que somos incapaces de hacer las cosas; el problema no es criticar el capitalismo porque todos sabemos que es una catástrofe, el problema es cómo salir de este capitalismo terrible, cómo podemos concebir, otra vez, la cuestión de la revolución, y la única forma que encuentro es en término de grietas, de reconocimiento, creación, expansión y confluencia de grietas en el tejido de la dominación capitalista; por grietas lo que quiero decir, básicamente, el capitalismo es un sistema de dominación, de mando ajeno, un sistema donde lo que nosotros hacemos está bajo el mando de otros, del mando del dinero. Pero muchas veces decimos “no”, aquí no vamos a subordinar lo que hacemos, nuestras vidas a los requerimientos del capital, aquí vamos a hacer las cosas de otra forma, vamos a hacer no lo que nos mandan sino lo que nosotros consideramos necesario o deseable: por una grieta en el tejido de la dominación capitalista; debemos pensar en el capitalismo como en un tejido y la negación, el rechazo, consiste en una grieta en el tejido de la dominación. Eso quiere decir, creo, que la única forma de concebir la revolución es como intersticial, una revolución que se da en diferentes lugares, huecos del capitalismo. En la teoría clásica de la revolución se decía que la transición del feudalismo al capitalismo fue una revolución intersticial, pero que no podría ser lo mismo en la transición del capitalismo al comunismo, que este debía ser un proceso total; pero si uno lo piensa es absurdo, es absurdo porque es muy difícil imaginar una transformación total del capitalismo en todo el mundo al mismo tiempo; la idea de una revolución total surge de la idea absurda finalmente, de que cada estado constituye su propia sociedad, la idea era que conquistando un estado se hacia la revolución, en lugar de ver que, en realidad, cada estado es un punto de autoridad o de mando dentro de una sociedad global; así la conquista de un estado no implica la abolición del capitalismo, lo que implica es el intento de cambiar el mundo dentro de un área del capitalismo, dentro de un espacio del capitalismo. Este es el punto cuatro. Aun si uno piensa en términos de revolución como conquista del poder estatal, todavía la única forma de pensar en la abolición del capitalismo es pensando en una revolución intersticial. Queremos cambiar el mundo. Obvio. Segundo, este proceso no puede ser un cambio global. Tiene que ser un proceso intersticial, que toca ciertos momentos, ciertos espacios; el problema es cómo concebir estos espacios, cómo concebir estos intersticios; aquí tenemos una respuesta muy clásica y muy obvia: la forma de cambiar el mundo es conquistando un estado tras otro, la forma de cambiar la sociedad es conquistando el estado; es este el concepto de revolución que está en crisis y es por esta crisis que estamos aquí, es esta crisis la que abre la discusión, ya que somos parte de esta crisis. Si uno piensa en esta idea, cambiar el mundo mediante la conquista del estado es lo que ha fracasado en el s. XX. La experiencia histórica nos hace reflexionar si no hay algo falso en esta idea, porque no se puede explicar el fracaso por causas particulares; tras tantos fracasos hay que preguntarse si no hay algo equivocado en esta idea de conquista del poder estatal: el estado no es cualquier forma de organización, es una forma de organización, desarrollada a través de los siglos, para exprimir a la gente; es una organización caracterizada por su separación respecto a la sociedad; en el mejor de los casos, el estado dice “ustedes no se preocupen, nosotros resolveremos sus problemas; nosotros actuaremos en el beneficio de la sociedad”, esto quiere decir que está destruyendo la sociedad; si los padres actúan en beneficio de sus niños, están destruyendo a los niños. La idea del estado como forma de organización es incompatible con la idea de la autodeterminación; y si pensamos en la sociedad que queremos como una sociedad autodeterminante está claro que no tiene mucho sentido pensar que la podamos crear a través de instituciones diseñadas explícitamente para excluir tal posibilidad. Lo que ha pasado en el siglo XX, básicamente, es que los revolucionarios eran personas comprometidas con la idea de la transformación social, pero trataron de hacerlo a través de un instrumento, la forma de organización, que no se prestaba para la creación de una sociedad autodeterminante, la sociedad comunista, si quieren. Por eso está surgiendo la idea en los últimos años de que no se puede transformar la sociedad, no se puede hacer la revolución a través del estado; pero eso no quiere decir que no se pueda hacer la revolución, lo que quiere decir es que debemos encontrar otra forma de hacer la revolución, pero tenemos que separar la idea de revolución de la idea de conquista del estado. Una de las aportaciones principales de los zapatistas, desde un principio, es su voluntad de cambiar el mundo, de crear un mundo nuevo, pero sin ocupar o tomar el poder del estado , lanzando así un terrible desafío teórico y práctico. La única respuesta que encuentro es pensando en esos espacios, esas grietas, esos intersticios, no en términos estatales; debemos crear espacios o momentos anticapitalistas, o relaciones que van más allá del capitalismo, esto no tiene que ver nada con el estado. Estas grietas tal vez se pueden concebir de tres formas: en términos espaciales, uno puede pensar en la selva Lacandona, en Chiapas, en una fábrica tomada en Argentina, o un café alternativo, en esos lugares la gente está diciendo “aquí no domina el capital, aquí y ahora vamos a crear otras relaciones sociales, aquí vamos a hacer las cosas de otra forma”. Pueden ser espacios, pero también momentos, o tiempos en que la gente dice “no”: durante este fin de semana no vamos a obedecer. O incluso se pueden pensar desde las actividades particulares, como en una lucha en contra de que el capital domine el agua, el agua debe ser manejada en base a otros principios, a otras relaciones sociales; el agua, o la educación, o la salud, o lo que sea. Si uno empieza a pensar en estas grietas y estas formas de grieta, a ver el mundo, uno ve que el mundo está lleno de grietas; no es simplemente un mundo de dominación, un mundo horrible, es también un mundo lleno de luchas y grietas, espacios o momentos en los que la gente no acepta el mando del capital; y , a veces, estas grietas son enormes –como si pensamos en Lacandona y en la mitad de Chiapas, en los movimientos bolivianos el año pasado, en los disturbios de Francia- a veces son cosas muy grandes, son miles, millones de personas que están diciendo “no, no aceptamos el dominio del capital”; pero otras veces son más pequeñas, son grupos de personas como nosotros que comparten un tiempo en el que no aceptamos el dominio del capital, quizás luego debamos ir a trabajar, pero ahora no; uno puede decir, pensando a largo plazo, bueno, al fin y al cabo todo se absorbe, el dominación del capital se restablece, pero yo creo que no: hay que ver el mundo como ocupado por miles de espacios llenos de gente que dice no a la dominación del capital; si alguien quiere contemplar la tarea de cambiar el mundo, debe empezar desde ahí. Muchas veces estas grietas son tan chiquitas, tan aparentemente apolíticas que la gente misma no reconoce lo que está haciendo como una rebeldía; obviamente el efecto del capital es que la resistencia al capital es apolitizable, es una expresión misma del poder, así las grietas, resistencias, los rechazos se hacen invisibles, por eso la rebeldía abierta sorprende, porqué parece que surge de la nada, pero no es cierto, nace de grietas, de rebeldías que ya estaban presentes. Por eso la importancia del movimiento feminista y su insistencia en la cuestión de la visibilidad y de la invisibilidad de las mujeres en la Historia; por eso también la importancia del pasamontañas zapatista: ellos dicen que se ponen el pasamontañas para que nosotros les veamos, nos hacemos invisibles para hacernos visibles, porque nuestra rebelión es la de los sin rostro. Así que un primer paso es reconocer las grietas, que muchas veces no son visibles, no son movimientos constituidos, el gran desafío es salir a la calle, ir al supermercado, el gran desafío es la gente y su rebeldía. La cosa más profunda, más difícil que dicen los zapatistas, es cuando dicen que son gente común, nada especial; no dicen que son indígenas comunes, indígenas chiapanecos exóticos, no dicen que son gente común: debemos deshacernos de la idea de que nosotros somos excepcionales, que somos una elite y empezar con el intento de ver lo invisible, de reconocer lo que no se ve, de ver las grietas que no vemos. Comenzaron las preguntas y comentarios: - Mi vida cada vez está más monetarizada y mercantilizada; ocurre que, yo soy feminista, ahora que el capital ha conseguido que pensemos que el dinero es lo más importante, ahora no disponemos de tiempo; hay un espacio no monetarizado que es el trabajo, normalmente realizado por las mujeres, un trabajo comunitario, de la asistencia, del cuidado de otras personas y reivindicamos dinero por cuidar o servicios públicos para internar a quien requiera cuidados, porque claro, necesitamos trabajar. El dinero es el centro de la sociedad, hay un proceso invisible que cada vez afirma más este hecho. Pero hay cosas que no se pueden comprar, cosas comunitarias, que no sabemos valorar más allá del dinero. Pienso en tus grietas, pero pienso en estas cosas que estamos dejando desaparecer. Contestó Holloway: -No es difícil convencernos de lo terrible del capitalismo. El reto teórico y práctico es buscar una salida donde a lo mejor no existe. Es como el cuento de Poe en donde las paredes se cierran sobre nosotros y parece que no hay ninguna salida, pero algunos pensamos que sí, que hay que hacer algo, y pegamos a las paredes, con desesperación, buscando una grieta, una debilidad, mirando por dónde escapar; sabemos que esas grietas son pequeñas, invisibles, que, a veces, imaginamos esas grietas, porque la búsqueda de la invisiblidad invita a la creación de grietas. Cuando decimos que otro mundo es posible, la verdad es que igual ya no hay salida, igual no hay nada que pueda salvar ahora a la humanidad, pero debemos encontrar una forma. Es cierto lo que dices, pero la mercantilización no es total, el dominio del dinero es fuerte, pero no total. Lo que nos interesa es cómo visualizar, como entender las debilidades del capitalismo, la fragilidad del capitalismo. Es una teoría de fragilidad del capitalismo, de la crisis del capitalismo; el problema es entender el capitalismo desde el punto de vista de su crisis, de su debilidad, por eso es importante una inversión de perspectiva: sabemos de lo terrible del capitalismo, pero como ver las grietas en ese terrible sistema, como ver que las luchas no son en vano, sino que hay posibilidades reales todavía de crear otro tipo de sociedad. No es cuestión de hablar del capitalismo, de imperio, el problema es el contrario, como entender la fragilidad, las fracturas, del capital, como entender nuestra fuerza. -El director de Arteleku (espacio gubernamental vasco) consideró que nuestros cuerpos están dominados por entero y, aun creyendo en las grietas, se le hace difícil verlas. Dijo Holloway: -La dominación del capital implica que todos seamos esquizofrénicos, que todos seamos auto-antagónicos, contradictorios. Si criticamos el capitalismo, hay dos posibilidades: o asumimos que somos sujetos enteros y especiales porque podemos criticar el capitalismo y ellos no, lo que es básicamente una posición vanguardista; o podemos decir que estamos criticando el capitalismo porque la experiencia misma de vivir en el capitalismo nos obliga a tener una reacción en contra del capitalismo. Claro que estamos dominados en cuerpo y mente por el capital, pero no totalmente. -Son grietas en nuestras vidas, postuló otra persona. -Las grietas –retomó Holloway- son profundamente personales, pero también las colectivizamos. Es lo que pasa en las revueltas. No hay pureza, no hay sujeto puro, todos estamos atravesados por el capitalismo. Creo que un grito en contra del capitalismo sólo tiene sentido si es un grito en contra de nosotros mismos y esto es así si es un grito en contra de la sociedad que nosotros estamos creando: el capitalismo existe porqué nosotros lo estamos creando. La muerte del capitalismo no será efecto de una cuchillada al corazón, sino de la picadura de un millón de abejas, y nosotros somos esas abejas. Estas picaduras son las multiplicidad de rechazos, de grietas. Este millón de picaduras de abeja deben ser entendidas como dignidades. El “no” es el punto de partida, pero un “no” que arde, que arde en la creación, si no, no tiene sentido. Como dignidad -la palabra favorita de los zapatistas- entiendo negación y creación: no aceptamos el dominio del capital, vamos a hacer lo que consideremos necesario y deseable; contraponemos a la dominación o al trabajo enajenado, asalariado, mandado por otros, un proceso de creación o de hacer; o abrimos la categoría del trabajo –un punto central del marxismo-, es decir, la categoría del trabajo, en realidad, oculta un antagonismo entre el trabajo enajenado, abstracto, y el hacer potencialmente autodeterminante, creativo, por otro lado; la grieta es pues un espacio de creación, no sólo creación artística, sino en términos del hacer autodeterminante; la creación es una grieta y no hay que rechazar simplemente el trabajo, porqué, entonces ¿qué? Estamos rompiendo relaciones sociales base de nuestra existencia material, la única forma de hacerlo es proponiendo otra forma de hacer, contraponiendo creación, un hacer digno, al trabajo enajenado; es un punto central de los movimientos piqueteros, de los zapatistas. No es simplemente rechazo, es más que eso, debemos pensar en estas grietas en términos de dignidades, de creación, de una sociabilidad alternativa. Hablar de grietas no es hablar de espacios autónomos. Porque para mí el concepto de un espacio autónomo implica cierta estabilidad y hablar de grietas es hablar de un proceso en cambio permanente, que se mueve sin cesar; la grieta corre, se extiende porque en general el proceso del estado y del capital es un proceso de llenar las grietas, de absorber las grietas, así que sólo el movimiento más rápido que el del capital puede ayudarnos; es un movimiento constante en contra de la institucionalización; hablar de grietas no es hablar de un movimiento constante. Un ejemplo sería hablar del movimiento zapatista y La Otra Campaña: lo que hacen con la Sexta declaración es que, de repente, tras años de consolidación de sus estructuras dicen que es importante pero no suficiente, porque nos debemos mover, nos debemos transformar; no es suficiente un espacio autónomo, hay que moverse, abrir grietas para no morir. Otro punto que me parece fundamental es la cuestión del tiempo. Si uno piensa en la revolución como una cuchillada al corazón, la revolución siempre está en el futuro, la cuestión es crear el movimiento para la revolución futura, y no, la revolución son un millón de picaduras de abeja, y el tiempo mismo se transforma porque no tiene entonces sentido hablar de la revolución en el futuro, la revolución es, necesariamente, aquí y ahora; aquí y ahora no en el sentido de que vaya a haber un levantamiento la semana próxima, sino en el sentido de que el desafío de la revolución es cómo romper las relaciones sociales del capitalismo aquí y ahora, es un proceso de ruptura. Hay otro punto, dividido en el 12 y 13. El problema es la pregunta de si estamos locos: ¿por qué estamos pensando en estos temas?, ¿por qué no aceptamos?, ¿por qué no nos conformamos?, ¿estamos locos o qué? Yo creo que el problema es más agudo ahora que hace cuarenta o cincuenta años, porque el movimiento revolucionario de hace cincuenta años tenía un pretexto, cierta certidumbre, un contexto que daba seguridad a la gente y nosotros no los tenemos; seguro que nos hemos preguntado más de una vez si no estamos locos. Me parece que no, que no estamos locos. O que si lo estamos, no somos ,los únicos, porqué nuestra posición –no existe el movimiento obrero, no existen los partidos revolucionarios, no de forma significativa- entonces qué estamos haciendo; me parece que intentamos ubicarnos, en términos de multitud, imperio o lo que sea, pero más que en esos, nos tenemos que ubicar en términos de crisis del trabajo abstracto, asalariado, enajenado; lo que quiero decir con esto: si uno lee a Marx ( y para mí Marx sigue siendo la figura central si queremos analizar las posibilidades de transformar la realidad), obviamente habla de lucha de clases, pero me parece que habla de dos niveles distintos de lucha de clases; por un lado, habla del antagonismo entre el trabajo asalariado y el potencial de un trabajo desenajenado, en el centro del capitalismo hay un antagonismo entre el hacer y el trabajo asalariado impuesto por la sociedad capitalista. Este trabajo abstracto que domina el hacer útil se desarrolla plenamente como trabajo asalariado, así también hay una contradicción entre el trabajo asalariado y el capital. Así hay dos conceptos de lucha de clases: la lucha en contra del trabajo asalariado y la lucha del trabajo asalariado en contra del capital; la literatura marxista se centra en el segundo concepto, esto corresponde a un periodo de lucha dominada por el trabajo asalariado, una lucha que se encuentra en los sindicatos y partidos revolucionarios clásicos, este es el concepto de lucha que ha entrado en crisis en los últimos años. Me parece que lo que está surgiendo actualmente es otro nivel de lucha de clases: la lucha contra el trabajo mismo, la lucha del hacer contra el trabajo asalariado; y cómo parte de esto implica un desencadenamiento de una creatividad, una multiplicidad de creatividades, implica también un reconocimiento de lo que está pasando. Esta reconceptualización de la revolución parte de este proceso de crisis. El punto 14 es que hay problemas en torno a lo que he dicho y ustedes serán más conscientes de ello que yo. Así, el punto 15 dice: Preguntando caminamos. publicada 17/05/2006
Registrate y eliminá la publicidad! Los capitalistas Sionistas sí que saben hacer negocios con los capitalistas y políticos estadounidenses por María Linares La fuerza del puño judío proviene del guante de acero americano que le recubre, y de los dólares que le cobijan. (Yeshayahou Leibowist, “Israël et Judaïsme”, p. 253) La verdad es que todas las guerras del Oriente Medio y del Oriente Próximo son guerras de colonización y de exterminio. Los capitalistas sionistas y estadounidenses han ocupado esas regiones por sus intereses económicos y geopolíticos. En nombre de esos intereses se ha confinado en la franja de Gaza y en Cisjordania al pueblo palestino. Se le ha bombardeado sin misericordia. Se le ha cerrado la ayuda internacional de alimentos y asistencia médica. Hoy 27, el Estado Terrorista de Israel ha comenzado a bombardear, por aire, la franja de Gaza. El jefe del Gobierno de Hamás en Gaza, Ismail Haniye, acusó a Israel de haber cometido su “más horrible y fea masacre al matar al menos 225 personas. Desde la creación arbitraria del Estado Sionista-Terrorista de Israel en 1948 en los territorios de Palestina, la política de los Estados Unidos se centró en torno a un compromiso con el Estado sionista, que convirtió al imperio estadounidense en el gran benefactor del Estado Militarista de Israel. Aunque Gran Bretaña y la Sociedad de las Naciones fueron los dos principales artífices de la consolidación de los primeros pasos del Sionismo, dando un carácter legal a la decisión de los sionistas de crear un “Hogar judío en Palestina” y organizando en esa tierra árabe un movimiento de radicación judía masiva, con el fin de echar las bases subrepticiamente planificadas del Estado israelí. Igualmente, Estados Unidos desempeñó un papel fundamental, a favor del Sionismo, en las Naciones Unidas. Se trataba para el imperio estadounidense de contribuir a la creación de un Estado artificial para enquistarlo en el seno de la comunidad árabe Palestina y en detrimento de los países de Oriente, imponiéndolo, como punta de lanza, en el corazón de la nación árabe. El poder de los sionistas en los Estados Unidos era tal ya en 1942 que en el Hotel Baltimore, de Nueva York, una convención maximalista decidió que era necesario pasar del “Hogar en Palestina” (prometido por Balfour: la colonización lenta por adquisición de terrenos, bajo protectorado británico o americano) a la creación de un “Estado judío soberano. La declaración final de Balfour (en 1917) no habla para nada de toda Palestina, sino solamente del establecimiento en Palestina de un “Hogar nacional para el pueblo judío”. De hecho todo el mundo decía “hogar” como si se tratara de un centro espiritual y cultural. Pero, en realidad la elite sionista pensaba en la fundación de un “Estado”. Como el propio Herzl, David LLoyd George escribió en su libro: The Truth about the Peace treaties (La verdad acerca de los tratados de Paz): “No debería existir ninguna duda sobre lo que los miembros del Gabinete tenían en aquella época en su cabeza Palestina, llegaría a ser un Estado independiente”. Es significativo que el General Smuts, miembro del Gabinete de guerra, declaraba en Johannesburg, el 3 de noviembre de 1915: “En el transcurso de las generaciones venideras, veréis levantarse allí (en Palestina) una vez más un gran Estado judío”. (En: The Truth about the Peace treaties). ESTADOS UNIDOS, GRAN BENAFACTOR DEL ESTADO SIONISTA DE ISRAEL El 14 de mayo, Ben Gurión proclamo en Tel-Aviv ‘la independencia’: “El Estado judío en Palestina se llamará: Israel”. El Estado de Israel fue admitido en las Naciones Unidas gracias a las presiones vergonzosas del “lobby sionista”. El poder del lobby sionista ha doblegado a muchos presidentes estadounidenses. El presidente Kennedy, por ejemplo, en 1958, recibió la advertencia del presidente de la Conferencia de Presidentes de Asociaciones judías, Klutznik, quien le dijo crudamente: “Si dice lo que debe decir, puede contar conmigo. De lo contrario no seré yo el único que le vuelva la espalda”. Lo que debía decir, lo resume así Klutznik: la actitud de Eisenhower en el asunto de Suez era mala mientras que en el 48 Truman estaba en el buen camino Kennedy siguió este consejo en 1960, cuando fue designado por la convención demócrata como candidato. Después de sus declaraciones en Nueva York, ante las personalidades judías, recibió 500.000 dólares para su campaña, nombró a Klutznik como consejero, y contó con el 80% del voto judío. Durante su primer encuentro con Ben Gurión, en el hotel Waldorf Astoria de Nueva York, en la primavera de 1961, John F. Kennedy le dijo: “Sé que he sido elegido gracias a los votos de los judíos americanos. Les debo mi elección, Dígame que debo hacer por el pueblo judío”. Es así que tanto Kennedy, Bill Clinton como James Carter y el resto de los presidentes estadounidenses de las últimas cinco décadas, salieron del corazón del Council on Foreing Relations (CFR), de la Comisión Trilateral y del Bilderberg Group, columnas vertebrales del poder sionista. El Council on Foreign Relations (CFR) conforma una poderosa organización centralizadora del capitalismo trasnacional a nivel mundial, de muy bajo perfil público, y de alta efectividad, integrada por unos 3.600 miembros del más alto nivel, prestigio e influencia en sus respectivas disciplinas y ámbitos de poder, tanto en Estados Unidos como en Europa. El CFR reúne a los más altos directivos de instituciones financieras, a grandes empresas industriales y medios de comunicación social, a investigadores y académicos, a oficiales militares de máxima jerarquía, a políticos, funcionarios públicos, decanos y centros de estudios. En el CFR se concentra todo el poder mediático del sionismo: CNN, CBS, NBC, The New York Times, The Daily Telegraph, Le Figaró, The Economist, The Economist, The Wall Street Journal, Le Monde, The Washington Post, Time, Newsweek, US News & World Report, Business Week, RTVE, etc., todos en manos de redes empresariales que integran el CFR. También son miembros integrantes del CFR las grandes universidades y facultades como Harvard, Massachusetts Institute of Technology (MIT), Columbia, Johns Hopkins, Princenton, Yale, Stanford y Chicago, donde egresan la mayoría de los profesionales que cubren 150 puestos clave de la administración estadounidense, incluyendo los cargos más relevantes en sus fuerzas armadas. La Comisión Trilateral, fundada por iniciativa de David Rockfeller en julio de 1973, consolida la alianza entre el poder de las trasnacionales, el de las finanzas y el de la política, gracias a una red de influencias cuyas ramificaciones se extienden a los principales sectores de la sociedad estadounidense y mundial. El Bilderberg Group fue concebido en 1954 bajo la dirección de grandes grupos económicos e ideólogos del imperialismo, entre ellos, la banca Rotschild, el magnate petrolero Rockefeller y el experto guerrerista Kissinger. Es uno de los grupos rectores de las finanzas, el comercio, la política y las relaciones internacionales. Constituye algo así como el cerebro del G8. El grupo elite lo conforman directivos de France Telecom; la Banca Morgan; Coca Cola; The Wall Street Journal; Danone; AOL Time Warner; Bundesbank; Banco Mundial. Unilever; Wolkswagen; Royal Ducht Shell; PepsiCo; Daimler Chrysler AG; Citibank. En nombre de esa comunión los Estados Unidos han utilizado el dinero del pueblo estadounidense para subvencionar el desarrollo económico y militar del Estado Sionista de Israel y para rescatarlo durante los periodos de crisis financieras. Con la asistencia militar estadounidense, Israel se ha convertido en uno de los Estados más fortalecidos militarmente. Además, los gobiernos estadounidenses han dado a Israel un amplio apoyo diplomático, protegiéndolo de algunas de las consecuencias condenatorias emanadas de los organismos internacionales por sus acciones criminales. El hecho más obvio de la condición privilegiada del Estado Sionista de Israel, que confiere el imperialismo estadounidense, es la asistencia económica militar. En el 2005, la misma ascendía a 154.000 millones de dólares, el grueso de la cual comprendía ayudas económicas directas más que prestamos. Y esta ayuda directa se da en general bajo condiciones excepcionalmente favorables. Durante la administración Kennedy se concretó el primer compromiso tangible de Estados Unidos con la seguridad militar de Israel. En diciembre de 1962, Kennedy le dijo a la ministra israelí de Asuntos Exteriores Golda Meir lo siguiente: “creo que está bastante claro que, en caso de una invasión, Estados Unidos acudiría en apoyo de Israel. Tenemos esa capacidad y está aumentando”. Kennedy poco más tarde autorizó la primera gran venta de armamento estadounidense a Israel en 1963. Sin embargo, el auténtico giro en cuanto a la ayuda estadounidense tuvo lugar durante y después de la Guerra de los Seis Días en junio de 1967. Tras aproximarse a una media de 63 millones de dólares anuales de 1949 a 1965 -de los cuales más del 95 por ciento era asistencia económica y ayuda alimentaría-, la ayuda media se elevó a 102 millones de dólares de 1966 a 1970. Posteriormente, en 1971, el apoyo se disparó a 634,5 millones de dólares –de esta suma el 85% era asistencia militar- y se multiplicó por más de cinco después de la Guerra del Yon Kipur en 1973. Según estos datos, en el año 1976, el Estado Sionista de Israel se convirtió en el mayor receptor anual de ayuda exterior estadounidense del mundo, una posición que ha mantenido desde entonces. Desde 1974, parte o toda la ayuda militar estadounidense a Israel ha sido en forma de préstamos sin la obligación de devolverlos. El Estado Sionista recibe ahora unos 3.000 millones de dólares de ayuda exterior directa cada año, una cantidad que es aproximadamente 1/6 del presupuesto de Estados Unidos para asistencia exterior directa y equivale a cerca del 2% del PIB de Israel. En años recientes, aproximadamente el 75% de la asistencia estadounidense ha sido de tipo militar. En términos per cápita, este nivel de asistencia exterior directa equivale a un subsidio directo de más 500 dólares al año por cada israelí. En comparación, el receptor número dos de ayuda exterior de Estados Unidos, Egipto, recibe sólo 20 dólares por persona, y países empobrecidos, como Pakistán y Haití, reciben aproximadamente 5 dólares y 27 dólares por persona respectivamente. La ayuda que recibe Israel de Estados Unidos, la obtiene bajo términos más favorables que la mayoría de los otros receptores de asistencia estadounidense. La mayor parte de los países que reciben ayuda en dinero de Estados Unidos es en plazos trimestrales, pero desde 1982 los proyectos de ley anuales sobre ayuda exterior han incluido una cláusula especial en la que se específica que Israel recibirá su asignación completa en los primeros 30 días del año fiscal. Esto es igual a que una persona recibiera su salario anual completo el 1 de enero y por lo tanto pudiera ganar intereses sobre la porción no gastada hasta que ésta sea usada. La transferencia anticipada de los fondos de Financiación Militar Extranjera (FMF por sus siglas en inglés) ha permitido a Israel ganar unos 660 millones de dólares en intereses extra a fecha de 2004. Increíblemente, el Estado Sionista de Israel es el único receptor de ayuda económica estadounidense que no tiene que dar cuentas de cómo la gasta. La ayuda a otros países es asignada a proyectos específicos, pero Israel recibe una transferencia directa de efectivo de una sola vez. Otra forma de apoyo de Estado Unidos son las garantías de préstamo, que permiten a Israel pedir dinero prestado a bancos comerciales a interés más bajos, ahorrando así millones de dólares en pagos de intereses. Israel solicitó y recibió aproximadamente 10.000 millones de dólares en garantías de crédito de Estados Unidos a comienzos de la década de 1990 para financiar los costos de asentar a los judíos soviéticos que emigraban a Israel. Además de las ayudas subvencionadas por el gobierno y las garantías de crédito, se estima que recibe unos 2.000 millones de dólares anualmente en donaciones privadas de ciudadanos estadounidenses, aproximadamente la mitad en pagos directos y la otra mitad mediante la compra de bonos del Estado de Israel. Hay grupos como los Amigos de las Fuerzas de Defensa Israelíes que recaudan fondos en Estados Unidos para “sostener programas e instalaciones sociales, educativas y recreativas para los y las jóvenes soldados de Israel que defienden la patria judía” (Mearsheimer y Walt, The Israel and U. S. Foreign Policy). Según estos autores en una cena en Nueva York, comenzando el primer quinquenio de este siglo, recaudaron unos 18 millones de dólares en contribuciones, que no son gravables según la ley de Estados Unidos. Otras donaciones privadas de ciudadanos estadounidenses han ayudado también a subvencionar la colonización de los Territorios Ocupados. AYUDA MILITAR La máxima ayuda de los Estados Unidos está dirigida a la asistencia militar, con el fin de preservar la supremacía israelí en el Medio Oriente. El Estado Sionista Israelí no sólo recibe armamento de fabricación estadounidense de última generación, sino que también ha pasado a estar vinculado a las instituciones de defensa e inteligencia de Estados Unidos mediante una serie de diversos acuerdos formales e informales. Según el servicio de Investigación del Congreso, “la ayuda militar estadounidense ha contribuido a transformar las fuerzas armadas israelíes en uno de los ejércitos tecnológicamente más sofisticados del mundo”. Además de la ayuda económica y militar ya descrita, Estados Unidos ha proporcionado al Estado Sionista de Israel casi 3000 millones de dólares para desarrollar armas como los aviones Lavi, los tanques Merkava y los misiles Arrow. Los lazos militares entre Estados Unidos e Israel dieron un salto cualitativo en la década de 1980, como parte del esfuerzo de la administración de Reagan para construir un “consenso estratégico” antisoviético en Oriente Medio. Otro interés estratégico que tiene Estados Unidos tiene que ver con los recursos energéticos localizados en el golfo Pérsico. No cabe ninguna duda de que Estados Unidos tiene un gran interés estratégico en los recursos energéticos localizados en el golfo Pérsico. La importancia del petróleo de Medio Oriente llevó a Estados Unidos a establecer una estrecha alianza con Arabia Saudí después de la Segunda Guerra Mundial. También fue una de las razones por las cuales Washington mantuvo al sha de Irán durante muchos años como gobernante tiránico de los persas. Tras la caída del sha en 1979, ese mismo interés de mantener el dominio en la región y en consecuencia el flujo constante de los suministros de petróleo hizo que la administración de Reagan provocará la Guerra Irán-Irak (1980-1988). Estados Unidos dio un amplio apoyo a Irak. EL LOBBY SIONISTA El “lobby sionista” tiene como objetivo permanente designar una amplia y dispar coalición de individuos y organizaciones que trabajan activamente para conformar la política exterior estadounidense e imprimirle una dirección claramente pro-sionista. Dicho de otra manera, el “lobby sionista” es una gigantesca operación de presión económica y política que opera simultáneamente en todos los estamentos del poder institucional estadounidense: Casa Blanca, Congreso, Pentágono, Departamento de Estado, CIA, y Agencias de inteligencia. Es fácil identificar a los grupos que son claramente del “lobby” –por ejemplo, la Organización Sionista de Estados Unidos (ZOA, por su siglas en inglés) – así como a los individuos que son miembros clave, como Malcolm Hoenlein, “vicepresidente ejecutivo” de la Conferencia de Presidentes de las Organizaciones Judías Más Importantes de Estados Unidos. A través del “lobby sionista”, el Estado Terrorista de Israel impulsa abiertamente la intervención militar en todo el territorio del Oriente Medio y Oriente Próximo para eliminar “la amenaza árabe a Israel”, sosteniendo que Israel y Turquía son los únicos verdaderos Estados-naciones de la región y han estado pronosticando la desintegración de algunos Estados árabes desde la primera guerra del golfo. Su “Biblia” operacional se condensa en un documento del año 1996 titulado “Un cambio nítido: una nueva estrategia para asegurar el territorio nacional”, escrito por el Instituto Judío para Asuntos de la Seguridad Nacional (JINSA) para aconsejar al entonces primer ministro entrante israelí Benjamín Netanyahu. El dinero para la financiación de las estructuras operativas del “lobby sionista” proviene de las mega-corporaciones: petroleras, armamentistas, tecnológicas, financieras, que hacen negocios tanto con el Complejo Industrial como con Wall Street y también proviene de fundaciones conservadoras que utilizan las fortunas legadas a tal fin por magnates ya fallecidos. El “lobby sionista” cuenta con un núcleo que consta de organizaciones cuyo propósito declarado consiste en presionar al gobierno estadounidense a aportar ayuda material a Israel y a respaldar las medidas políticas de su gobierno, además de constar de individuos influyentes para los cuales estos objetivos también constituyen una prioridad fundamental. Los judíos estadounidenses han formado un conglomerado impresionante de organizaciones cívicas cuyos programas se centran en la misión de beneficiar a Israel, en muchos casos mediante una decidida influencia en la política exterior estadounidense. Las organizaciones clave son el AIPAC (Comité Estadounidense de Asuntos Públicos de Israel), el Congreso Judío estadounidense, la ADL, el Centro de Acción Religiosa del Judaísmo Reformista, Estadounidenses por un Israel Seguro, Amigos Estadounidenses del Likud, Mercaz-USA, Hadassah y muchos más. Entre las muchas organizaciones judías que incluyen la política exterior como parte central de su programa encontramos el AIPAC, que es la organización sionista más conocida. Desde su creación el AIPAC ha tenido raíces explícitamente sionistas: su fundador I. L. Kenen, era el director del Consejo Sionista Estadounidense en 1951. Organización que fue denominada en 1959 AIPAC. A medida que la ayuda exterior estadounidense dedicada al Estado Sionista comenzó a exceder las aportaciones particulares, las organizaciones pro-sionistas se concentraron más en las actividades políticas propiamente dichas, tendentes a preservar o a incrementar el apoyo del gobierno estadounidense. Morrys Amitay, quien sustituyó a Kenen como director ejecutivo del AIPAC en 1975 expresó: “el nombre de lo que está en juego, si uno desea ayudar a Israel, no es otra que la acción política”. Con Amitay y su sucesor, Tom Dine, el AIPAC se transformó. Dejó de ser una operación de carácter detrás de los telones y de bajo presupuesto para ser una gran organización, con una masa en la base, con un personal de más 150 empleados y un presupuesto anual (recaudado solamente entre los aportes particulares) que pasó de unos 300.000 dólares en 1973 a una estimación de 40 o tal vez 60 millones hoy en día. El recién electo presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, también se ha aliado completamente con la AIPAC y la agenda israelí de dominación del Oriente Próximo. Se ha rodeado de consejeros partidarios de Israel por encima de todo. Ha demostrado su devoción pública por el “pueblo elegido”. Ha prometido lealtad total a Israel, y ha dejado claro que si el Estado Terrorista de Israel decide empezar otra guerra, tendrán el pleno apoyo del ejército de los Estados Unidos. La elección de Rahm Israel Emmanuel como jefe de gabinete de la Casa Blanca, es una señal de que la única cosa diferente de la nueva administración serán las caras. Rahm es un fuerte defensor del AIPAC, y viene de una familia terrorista. Su padre fue miembro del Irgun, una organización terrorista judía que usó la violencia para expulsar a los británicos y los palestinos de Palestina, para crear el Estado judío. Durante la guerra del Golfo de 1991, Rahm Israel Emmanuel sirvió como voluntario en el ejército de Israel. Fue miembro del Consejo de Administración de Freddie Mac. Barack Obama se ha rodeado de partidarios sionistas. Una de sus estrellas es Robert Rubin, el mafioso banquero que fue secretario del Tesoro en la administración Clinton. Joseph Biden, el Vicepresidente, fue un defensor clave de la guerra de Bosnia, y votó a favor de la guerra de Irak. Se ha proclamado sionista. EL RESCATE FINANCIERO Y EL LOBBY JUDÍO, OTRO GRAN NEGOCIO Mediante el “rescate financiero”, el lobby sionista bancario hizo lo que sabe hacer muy bien, multiplicar los panes. Ya no con dinero especulativo proveniente del sector privado, sino con los recursos públicos puestos al servicio de un nuevo ciclo de rentabilidad capitalista. Pero la nueva administración gubernamental estadounidense encabezada por el electo presidente, Barack Obama, ya desató un guerra intestina en el lobby sionista por el control millonario de los fondos destinados a los “rescates”, cuya suma (hoy es de 1.5 billones), aumentando constantemente. La guerra es por el control de los dos máximos niveles de decisión mundial del capitalismo financiero: La Reserva Federal y el Tesoro de lo Estados Unidos. Según los medios especializados de Wall Street, se está perfilando un combate a cuchillo entre los grupos sionistas que controlan la Reserva Federal, actualmente conducida por Ben Bernanke, y el lobby que controlará el Tesoro durante la gestión de Obama. Estos dos organismos son clave en el diseño y ejecución de los “rescates” así como del manejo de los fondos y de la designación de los bancos privados que intervienen en el macronegocio. De acuerdo con el diario insignia del lobby sionista, The Street Journal, la Reserva Federal de Estados Unidos (Fed) evalúa la posibilidad de emitir deuda por primera vez en su historia, una función del gobierno que ahora está en manos del Tesoro. La emisión de bonos –señala el Journal- podría ayudar a la Fed a gestionar los billones de dólares en nuevos préstamos que ha contraído al concederle una nueva fuente de financiamiento a las empresas. Hay que recordar que el Sistema de Reserva Federal es un consorcio público-privado (presentado como estatal) compuesto por una Junta de Gobernadores, el Comité Central de Mercado Abierto, 12 Bancos de Reserva Federal regionales y una red de bancos privados. Los integrantes de la Junta y su presidente (el llamado titular de la Reserva Federal) son designados por el Presidente de los Estados Unidos y confirmados por el Senado, pero su función en la práctica está orientada a servir a los intereses privados que controlan la Reserva Federal. El actual presidente de la Junta de gobernadores (Reserva Federal) es Ben Bernanke, que antes de ser designado por el Presidente de los Estados Unidos (baby Bush) contó con el consenso de la red bancaria privada sionista, la que se vale del Sistema de Reserva Federal como una herramienta para regular y controlar la actividad monetaria y financiera mundial. Bernanke continuará presidiendo la Reserva Federal durante la gestión de Obama. Los primeros escarceos entre la Reserva y el Tesoro surgen porque la “trilogía” del lobby sionista que controlará la política financiera de Obama, compuesta por Timothy Geithner, Lawrence y Summers y Robert Rubin, tiene sus propios programas. En síntesis, el “lobby sionista” no solamente está en la Casa Blanca sino que abarca todos los niveles de las operaciones del capitalismo trasnacional, cuyo diseño estratégico está en la cabeza de los grandes “directores” y “ejecutivos” de bancos y consorcios multinacionales que se asientan en el Consenso de Washington y se reparten el planeta como si fuera un pastel. Esta estructura de poder capitalista, esencialmente concentrado y centralizado, es decir, imperialista se concreta mediante una red infinita de asociaciones y vasos comunicantes entre el capital financiero, industrial y de servicios que convierte a los países y gobiernos inscritos en el Consenso de Washington en gerencias de enclave. %%%%%%%%%%%%%%%%%%%%%%%%%%%%%%%%%%%%%%%%%%%%%%%%%%% Finkelstein,Norman (2002). La industria del holocausto. Siglo veintiuno de España Editores. Garaudy, Roger (2006). Los mitos fundacionales del Estado de Israel. Fundación para la Investigación y la Cultura, Bogotá Colombia. IAR Noticias. (2008). Bush-Paulson, los actuales controladores del paquete millonario de los “rescates”. Trikki, Hussein (1977). El sionismo al desnudo. Afrodisio Aguado, S.A. Madrid. Mearsheimer, John & Walt, Stephen (2007). El lobby Israelí y la política exterior de Estados Unidos. Santillana Ediciones Generales, Madrid.
Registrate y eliminá la publicidad! Un Padrenuestro ¡diferente! PADRE NUESTRO QUE ESTÁS EN EL CIELO desde donde ejerces contra tus criaturas la más feroz y despiadada tiranía, condenando a esas criaturas al miedo, al trabajo, al dolor, a la enfermedad, a la decrepitud, y -más tarde- al infierno de la soledad eterna OLVIDADO SEA TU NOMBRE por todos aquellos que ansiamos escapar a tu sádico odio y horrenda violencia, y construir en nuestra amada tierra, y mediante las manos y la mente de nuestro digno cuerpo, el reino de la libertad, la igualdad, la fraternidad, cuyo único nombre es: anarquía NADA QUEREMOS SABER DE TU REINO que es el reino de la obediencia, la amenaza y el terror infinitos NO SE HAGA MÁS TU VOLUNTAD que es una voluntad de poder y dominio, a la que tus esbirros apodan "justicia divina", y a la cual se acogen tus fariseos para justificar el empleo de la ley y la fuerza represiva contra los rebeldes NI EN EL CIELO donde te deleitas en la contemplación de ti mismo y alimentas tu inmensa soberbia escuchando los coros y alabanzas de tus lacayos y las súplicas de tus hijos afligidos NI EN LA TIERRA adonde nosotros mismos nos podremos organizar en cuanto nos deshagamos de tus sacerdotes, que sólo sirven para embrutecer al pueblo y dar cobertura ideológica a quienes nos dominan NO NOS DES NUESTRO PAN DE CADA DÍA nosotros mismos lo tomaremos, pues es el fruto de nuestra inteligencia, nuestro esfuerzo y nuestra tierra, y nada tenemos que pedirte ni agradecerte, pues nada es tuyo, nada haces, todo lo hacemos nosotros NO PERDONES NUESTRAS DEUDAS porque nada tienes que perdonarnos, toda vez que nuestros miedos, nuestros vicios y debilidades, son el resultado de esa naturaleza que es obra tuya, y nada te debemos, pues todo lo que tenemos lo hemos pagado ya con siglos de sangre, sudor y lágrimas COMO TAMPOCO NOSOTROS NADA TENEMOS QUE PERDONAR A NADIE pues hemos aprendido que en este mundo no hay buenos ni malos, no hay inocentes ni culpables, y que no tenemos otra alternativa que amar en lugar de juzgar DÉJANOS CAER EN LA TENTACIÓN DE AMAR A NUESTRA TIERRA y construir un paraíso de todos y para todos, aquí mismo y ahora mismo Y LÍBRANOS DEL MAL librándonos de ti. AMÉN ¡Viva la anarquía! FUENTE: http://www.nodo50.org/tierraylibertad/8articulo.html