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El doctor Mengele y los siete enanitos
InfoporAnónimo3/4/2009

Domingo, 10 de Abril de 2005 HALLAZGOS > LA INCREIBLE HISTORIA DE LOS HERMANOS OVITZ El doctor Mengele y los siete enanitos Cómo fue que los siete hermanos de la Compañía Teatral Liliput, una de las más celebradas en la Europa oriental de entre guerras, salvaron su vida en Auschwitz actuando y bailando para Mengele. Los siete hermanos recién desembarcados en Haifa (Israel), en 1949. La de la izquierda es Perla, la más longeva y la que contó la historia. Por Sergio Kiernan El 18 de mayo de 1944 el doctor Joseph Mengele fue feliz. Estaba en el laboratorio de Auschwitz cuando uno de sus asistentes le avisó que habían llegado más trenes. Los vagones de carga llenos de una humanidad doliente y lista para la esclavitud o la muerte eran rutina para Mengele, un trabajo de oficina, pero el asistente agregó un detalle que lo hizo bailar. Literalmente: elegante como siempre en su uniforme y delantal, con las botas de caballería relucientes, el médico dio unos pasitos de punta y taco y salió volando al patio de los rieles. Es que en el tren que llegaba de Hungría había enanos. Mengele amaba a los enanos. El mísero sádico no se merecía encontrarse entre sus prisioneros con un fenómeno probablemente único y ciertamente famoso en los escenarios húngaros: la Compañía Teatral Liliput, compuesta por los siete enanos Ovitz –hermanos y hermanas– y dieciséis personas de estatura normal, los Slomowitz y los Fischmann, empleados que los rapidísimos enanos declararon de inmediato como sus parientes “normales”. A Mengele se le hizo agua la boca con este grupo familiar y los testimonios coinciden en que se reía en voz alta. Fascinado ya freudianamente por todo lo anómalo –los siameses, los gemelos, los enanos– que era su material para crueles e inútiles experimentos, el médico ordenó que la compañía teatral fuera llevada a una de las barracas de prisioneros especiales. Así comienza una historia olvidada y surrealista de esa locura que fue el Holocausto, rescatada por los periodistas israelíes Yehuda Koren y Eilat Negev en su libro Eramos gigantes en nuestro corazón, que acaba de editar en inglés la editorial Carroll and Graf. Koren y Negev alcanzaron a entrevistar al último de los Ovitz, la bella Perla, que murió a fines de los ‘90, y a varios de los que los conocieron en Hungría e Israel, y se encontraron con un cuento difícil de calibrar: los enanos salvaron la vida porque eran unos mentirosos compulsivos y un cerrado grupo de manipuladores, que se limpiaron a Mengele. La historia de los enanos Ovitz comienza en Rozália, un pueblito de Maramures, al norte de Transilvania, que antes de la Primera Guerra Mundial pertenecía a Hungría y hoy descansa en Rumania. Es un país montañoso de bosques oscuros aptos para duendes y leyendas, con campesinos de pobreza inmemorial, judíos y un pueblo razonablemente grande, Sighet, donde nació el Premio Nobel Elie Wiesel, otro húngaro deportado a Auschwitz. En esa Rozália nació en 1868 Shimshon Eizik Ovitz, que pasó apenas los noventa centímetros de altura, para consternación de su muy ortodoxa familia, adscripta a la línea talmúdica que afirma que los defectos de nacimiento son la cuenta por los pecados de los padres. Shimshon, sin embargo, fue un hijo tratado con cariño que se dedicó a la animación de fiestas y, con los años, al espiritualismo, terminando como una especie de sabio consejero de almas perdidas. A los 18, por medio de una celestina profesional, el enano se casó con una mujer de estatura normal que murió joven, lo que hizo que prontamente se volviera a casar con otra “alta”. El activo Shimshon tuvo en total diez hijos, de los cuales siete resultaron enanos. Rozika, Franziska, Avram, Frieda, Micki, Erzsebet y Perla –”Piroska”– estaban afectados por un tipo de enanismo muy raro, la displasia seudoachandroplástica, que afecta a 1 niño en 60.000 y tiene la característica de dejarles piernas pequeñísimas y frágiles, pero una cabeza normalmente proporcionada y muchas veces de rasgos armoniosos. Shimshon enseñó a sus hijitos a tocar instrumentos, a cantar y contar historias, y a sonreír, siempre sonreír. Cuando eran adolescentes, fundó la Compañía Liliput y comenzó a recorrer Maramures con enorme éxito. Pronto tenían la mejor casa de la aldea, se compraron el auto más grande que encontraron para ampliar las giras y contrataron a los primeros Slomowitz y Fischmann como asistentes. Se hicieron famosos en el circuito local del vaudeville porque eran realmente talentosos, tenían buen oído para las melodías de moda y, como prácticamente todos los judíos húngaros, hablaban idish, rumano, alemán y húngaro. Hungría, una dictadura, se alió al triunfante Hitler hasta que los rusos hicieron picadillo sus ejércitos a principios de 1943. Para 1944, quedaba claro que era cosa de meses que Stalin acampara en Budapest y el gobierno buscaba desesperadamente abrirse del Eje y hacer la paz por separado. El 19 de marzo de 1944, el Führer ordenó invadir al aliado ladino que hasta se negaba a entregar a sus 800.000 judíos, e instaló un gobierno más afín, formado por nazis locales. La invasión pescó a los Ovitz de temporada en un teatro estatal en medio del campo, detalle que muestra cómo la farándula húngara ignoraba abiertamente las leyes antijudías de 1940: la Compañía Liliput era un éxito, sus enanos eran famosos y a nadie le importaba un pito que fueran judíos. Pero con la Wehrmacht llegó Adolf Eichmann, que rápidamente organizó la deportación de todo judío que no estuviera en Budapest, territorio al que no podía acceder para no quemar que el gobierno era títere. Los Ovitz llegaron a Auschwitz entre los 400.000 compatriotas arrestados y fueron parte del 20 por ciento que sobrevivió a los nazis. Mengele prontamente puso a los Ovitz a trabajar. Auschwitz realmente era un universo concentracionario e incluía una gran cantidad de artistas: los oficiales del campo recibían muchos visitantes que había que entretener. Los enanos y sus “parientes” de estatura normal no usaban el uniforme a rayas, comían mejor que el resto de los prisioneros –lo que no es mucho decir–, hacían comedia una vez por semana, en alemán y para jerarcas de visita, y también regularmente se sometían a dolorosas extracciones de sangre y fluido raquídeo. No se quejaban, muy conscientes de que la estaban sacando barata. Para diciembre de 1944 las cámaras de gas dejaron de funcionar. En enero, Mengele se escapó a Alemania, primera escala de una fuga que terminaría en una playa brasileña, y dejó en Auschwitz I y en Birkenau 50.000 hojas de apuntes “científicos” que prueban palmariamente que, científicamente hablando, era un cretino. Los Ovitz vieron entrar a los soviéticos al campo el 27 de enero de 1945 y pronto estaban de vuelta en Transilvania, donde se enteraron de que su familia había sido exterminada y su casa saqueada por los vecinos. Como eran previsores, habían enterrado sus joyas en el jardín, capital que les permitió reconstituir la Compañía Liliput y poner rumbo al oeste, parando sólo en la costa belga. Para 1949 estaban en Israel, volviendo a la fama. La vejez los encontró tranquilos, viviendo de sus dos cines en Haifa. Fuente: http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/radar/9-2155-2005-04-10.html

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Historias detras de las Tapas del Rock argentino
InfoporAnónimo3/13/2009

Domingo, 28 de Diciembre de 2008 La cuadratura del círculo Si el rock hecho en Argentina se destaca por sobre todas las demás formas que adoptó el rock’n’roll en Hispanoamérica, esa misma identidad se refleja en las tapas de esos discos. Ya desde el comienzo, artistas, ilustradores, fotógrafos, diseñadores y los mismos músicos se preocuparon por desplegar una identidad propia, signada por la ironía, las referencias y los guiños a la época y los avatares de este país tan extraño en el que les tocó componer y cantar. Por eso, el reciente A todo volumen, del periodista Sebastián Ramos con colaboración de Marcelo Morán, recopila apenas un centenar de las historias detrás de esas tapas que –muchas veces– dicen tanto como los discos que contenían. Por Martín Pérez Dicen que una imagen vale por mil palabras. Pero una imagen en la portada de un disco tiene un valor más preciso: vale por las ocho o diez canciones que contiene la placa. O al menos eso sucedía en las épocas de los vinilos, esos objetos incómodos para llevar, pero del tamaño exacto para sostener mientras sonaba la música en cuestión. Y tan recordado sigue siendo, que el heroico A todo volumen, entusiasta obra del periodista Sebastián Ramos junto al diseñador Marcelo Morán, que –tal como reza su subtítulo– recorre algunas historias de las tapas del rock argentino, reproduce aquel tamaño. A tal punto, que no les importa a Ramos y Morán llevar casi de prepo las tapas de los compact elegidos a esa proporción, aunque la reproducción termine sufriendo un poco en el camino. “Tuvimos cierta resistencia en un principio por parte del diseñador, pero lo convencimos”, confiesa con una sonrisa pícara Ramos, que terminó logrando un imposible, aún con ciertas imperfecciones a flor de piel: imaginar lo que sería toda una colección del rock argentino íntegramente en el formato que debe ser, aun en tiempos de la inminente desaparición de todo formato físico de semejante colección: el del vinilo. Uno de los primeros logros de esta historia –que no es historia con mayúscula porque no pretende ordenarlas todas en una sola, sino apenas si recorre algunas historias de las tapas más curiosas, más originales o simplemente más recordables– es la de ponerle a cada tapa un nombre propio, y en ese mismo movimiento recuperar ciertos otros nombres del olvido. Porque, además de los nombres más famosos de ese curioso arte de ponerle tapa a un disco de rock –de Juan Gatti a Rocambole, digamos, por nombrar a dos de los más heroicos responsables del arte del vinilo al compact, y confesos preferidos de los autores–, Ramos y Morán desempolvan más de una autoría perdida, con el simple mecanismo de poner una tapa memorable en el centro de la escena, y hacer hablar a sus responsables. “Lo que más nos terminó costando fue averiguar los créditos de aquellos discos históricos, porque nadie sabía bien quién los había hecho”, confirma Ramos, que pone como ejemplo los dibujos de las tapas de Pappo’s Blues, o el detalle descubierto con paciencia de arqueólogo, sobre la verdadera autora de la foto de estudio del disco debut de Todos Tus Muertos, nominalmente obra de Andy Cherniavsky, pero en realidad a cargo de Hilda Lizarazu, su ayudante en aquel momento. Fruto de un trabajo de poco menos de una década, A todo volumen comenzó como un juego, según les gusta decir a sus autores. “Nos colgábamos con Marcelo a escuchar música, y a redescubrir esas tapas”, recuerda Ramos. Si se le pide un punto de partida, termina mencionando un disco de Crucis, y uno de la Pesada del Rock. “El volumen tres, el de las calcomanías pegadas, que terminó fuera del libro”, precisa. Cada tapa devela una historia, y cada historia destapa algún personaje, como la fotógrafa Nora Lezano, o el artista Nessi Cohen, autor del arte de tapa de los discos de Don Cornelio. “Los primeros en descubrir cosas fuimos nosotros, porque yo no sabía la verdadera historia del luchador de sumo en la tapa del último disco del grupo de Luca, o pasé toda mi vida pensando que el dibujo en la portada del primer disco de Don Cornelio, uno de mis preferidos, era una figura femenina, y al hablar con Nessi descubrí que no se trataba de eso, sino de un pajarraco”. Paso a paso, sin embargo, el juego de A todo volumen termina demostrando algo que apenas si destaca Rocambole en una mini entrevista incluida en el libro: que el rock local logró crear una estética propia. Eso que se escucha en la música, al compararla con la de otros países de habla hispana intentando hacer su propia versión del rock anglosajón, se percibe también en las tapas. “Desde el primer disco de Almendra, con una tapa dibujada por Spinetta, se plantea otra forma de darle gráfica al rock”, explica Rocambole. “En ese sentido el rock nacional ha tenido desde sus orígenes una línea de pensamiento, que insistía en acompañar con una gráfica en particular que, además, expresaba lo que pasaba musicalmente con la cultura joven y las rebeldías del momento.” Con referentes mínimos –como la tapa del primer disco de V8, por ejemplo– o máximos –las de Las Manos Santas van a Misa de Las manos de Filippi o Versus de Illya Kuryaki, cuyos librillos del CD están llenos de citas–, todo tiene lugar en el caprichoso cambalache del rock nacional y del libro de Ramos y Morán, que apenas si se ordena detrás de un orden cronológico pero, como todo laberinto, sólo se sale de él por arriba, y desde ahí, claro, se puede ir recorriéndolo con conocimiento de causa. “Es que nunca tuvimos la idea de que fuese un trabajo enciclopédico, es apenas una mirada”, se excusa Ramos. Y detrás de esa excusa se encolumnan todos los nombres redescubiertos en cada una de las historias reconstruidas. Y entonces la mirada de Ramos y Morán funciona como punto de partida, y todos los caminos llevan al centro. A un vinilo que siempre es difícil de llevar, sí, pero cuando comienza a girar –y a sonar– queda claro que tiene el tamaño justo. Para perderse en cada una de las imágenes. Y descubrir, página tras página, portada a portada, una historia más de esa hermosa leyenda –y también presente– de algo llamado Rock argentino. A todo volumen Historias de tapas del rock argentino de Sebastián Ramos con la colaboración de Marcelo Morán 130 pesos Artaud Pescado Rabioso Artaud 1973 Talent/Microfón Diseño Juan Gatti/Luis Alberto Spinetta No seas cuadrado. No seas cuadrado. No seas cuadrado. La tapa del disco Artaud no era cuadrada. ¿Por qué? Por tipos como Artaud. La portada era, sí, verde y con brillos amarillos. Y era informe, con cuatro puntas no aptas para las bateas de los ’70. La idea, consensuada con el propio Spinetta, fue de Juan Gatti, el artista responsable de varias de las mejores tapas de los primeros años del rock argentino. Es su obra maestra para toda una generación, y recordada como una de las joyas del diseño de portada de todos los tiempos. “En ese momento la hicimos con Luis Alberto y quedó como un delirio, porque realmente estábamos volados, pero no por las drogas, sino como en estado de permanente alucinación. Hicimos esa tapa que no entraba en ningún stand y las tiendas de discos nos querían matar porque no sabían cómo exhibirlo, la gente no lo podía guardar. Fue un objeto muy incómodo y movilizador para la época.” La la la Spinetta/Páez La la la 1986 EMI-Odeón Fotografía Eduardo Martí Dirección de Arte Horacio Gallo “La tapa fue una idea de Luis: ‘¿Cómo hacemos para fusionar las dos caras en una?’, me preguntó”, cuenta el fotógrafo Eduardo Martí. “A partir de esa idea, y con la presencia de dos artistas que siempre pensaron que la poesía de sus obras trasciende lo estrictamente musical, lo hicimos de manera bastante rudimentaria, con los elementos de confort que teníamos al alcance de la mano, que no eran muchos, en una casa que alquilaba Fito por Belgrano R”, recuerda Martí. “Era la era analógica y la fotografía se hizo con una doble exposición. Primero lo senté a uno y le iluminé un lado de la cara. Después lo senté al otro y le iluminé el otro lado. Siempre sin correr el negativo. En esa época no existía la posibilidad de manipular las fotos y, en cierta forma, todo era más simple: en una misma placa, se disparó dos veces y listo. Eso sí, había que medir con exactitud para que todo coincidiera. Antes, lo que no pasaba delante de la cámara no existía en la toma.” Billy Bond y la Pesada del Rock and Roll Billy Bond y la Pesada del Rock and Roll Billy Bond y la Pesada del Rock and Roll 1971 Music Hall Foto José Luis Perotta “Yo fui un poco el catalizador de todos esos músicos y, de alguna forma, fui también su líder real”, cuenta Billy Bond refiriéndose a Luis Alberto Spinetta, Pappo, Vitico, David Lebón, Pajarito Zaguri, Black Amaya, Javier Martínez, Pomo, Luis Gambolini, toda una generación de músicos y amigos con los que grabó el primer álbum de La Pesada. “Eramos muy amigos y entre nosotros no había ningún tipo de competencia, ni musical ni de egos. En La Pesada no existían las rivalidades porque todo era muy limpio y todos tirábamos para el mismo lado. De ahí surgió la idea de reflejarlos a todos en mi cara para la tapa del primer disco: yo era algo así como la careta de esos músicos increíbles, era todos ellos juntos y al revés, porque esos músicos representaban también todo lo que yo era”, dice el creador del primer y último supergrupo del rock argentino. Rock de la mujer perdida Los Gatos Rock de la mujer perdida 1970 RCA Foto Oscar Bony Rock de la mujer perdida se llamaba originalmente Rock de la mujer podrida, pero según el propio Nebbia “a la compañía discográfica le pareció muy agresivo y le cambié el título. En ese momento me pareció que estaba bien, que la esencia era la misma”. Sigue Litto: “En la portada queríamos una mujer que respondiera a la bohemia del personaje al que se refiere la letra de la canción... y encontramos a esta chica que laburaba en una boutique de la Galería del Este, sobre avenida Santa Fe”. La primera fotografía que vieron Ciro Fogliatta y Bony para la tapa fue de un banco de imágenes, en la que la modelo, según el tecladista, “era el triple de gorda y con una ropa de lencería negra espectacular. No se podían conseguir los derechos, pero nos propusimos mantener ese espíritu. Es una tapa muy loca, porque quedó esa historia dando vueltas que aseguraba que la mina de la foto era yo, vestido de mujer. A mucha gente, si le decías que era soy yo, le tirabas la moral abajo. Los argentinos somos supermitómanos y ese tipo de cosas nos encantan”. Grasa de las capitales Seru Giran Grasa de las capitales 1979 Sazam Records Foto Rubén Andon Arte Rodolfo Bozzolo “La idea fue mía”, dice Charly García. “Estaba podrido de todas esas revistas tipo Gente, que eran tan caretas. Habíamos compuesto ese disco para ir al choque directamente. Las canciones eran más pesadas, más contestatarias. Había que salir de la grasa, de la mediocridad. Era una época en que el rock todavía estaba en contra de la música comercial: era nosotros contra el mundo. Y la revista Gente era el enemigo.” Cada uno eligió su personaje. Pedro Aznar, el oficinista nerd (“lo tomé prestado de una performance que hacía Miguel Zavaleta en su grupo Bubu”). David Lebón, el rugbier. Oscar Moro, el carnicero. Y García, el empleado de estación de servicio “con crítica a las petroleras que se llenan de dinero y manejan el mundo a su antojo”, remata Charly. Sí, en los ’80 también. El titular que aparece a la derecha de la tapa (“Descubrimos los dobles de Seru Giran”) también tiene destinatario: un comentario crítico escrito por el poeta y periodista Pipo Lernoud en el Expreso Imaginario sobre un show que Seru Giran ofreció en Obras. La frase incluida como titular también tiene su cuentito. Dice Charly: “Cuando estuve en Brasil, en la primera época de Seru, hubo toda una campaña en contra mío. Las notas eran del tipo: ‘Charly se olvidó de nosotros’. Hubo una que tituló con ‘Charly García, ¿ídolo o qué?’, y empapelaron la ciudad con el aviso de la revista... una grasada total”. La dicha en movimiento Los Twist La dicha en movimiento 1983 Interdisc Diseño Gráfico Rubén Vázquez “El nombre lo sacamos de un viejo libro que tenía Pipo: el manual de toxicología de la Policía Federal, donde buscamos la palabra cocaína y decía: Cocaína: Raviol. La dicha en movimiento”, cuenta Daniel Melingo. Veinte años después de aquel debut discográfico de Los Twist, una muestra sobre la cultura en los ’80 realizada por la Fundación Proa escogió la portada del álbum como icono gráfico de la época. “Ese amarillo lo saqué de una promoción de Pepsi que había en ese momento en un supermercado”, recuerda Nebur, seudónimo de Rubén Vázquez, un artista plástico que también trabajó con Los Abuelos de la Nada y Virus, entre otros. Pero el álbum tuvo, en su origen, una portada diferente. Dice Pipo: “La tapa era una foto de una fiesta, tipo un asalto, con un sofá, músicos con bonetes, serpentinas, copas de martini y algunas chicas. La fotografía la había hecho Mariano Galperín, amigo de la infancia de Fabián Couto, que en ese momento era nuestro manager. Pero una de las chicas que estaba en la tapa falleció a los pocos días, y decidimos no usar la foto”. Quedaron las serpentinas, sí, y un amarillo que vale más que mil fiestas. Todos tus muertos Todos Tus Muertos Todos tus muertos 1988 RCA Foto Cherniavsky/Lizarazu En 1988, bajo el ala de un sello grande, Todos Tus Muertos edita su álbum debut. ¿La tapa? Los cuatro integrantes del grupo en versión cadavérica (en irónica referencia a las portadas de los viejos discos de soul y al Let it be de Los Beatles). “Este disco fue el del famoso contrato con la RCA, que después lo rescindieron y nos dejaron en la calle. O, mejor dicho, volvimos a la calle. Ellos organizaron una sesión de fotos para la tapa, superprofesional, en el estudio de Andy Cherniavsky. Pero como ella tenía mucho trabajo, la que terminó sacándonos las fotos fue Hilda Lizarazu, que en esa época era su asistente”, recuerda Fidel. De izquierda a derecha, arriba: Christian y Fidel (las rastas lo delatan); abajo: Gamexane y Félix. Las fotos de los músicos con una radiografía de cráneo superpuesta. “Parece lo que quedó de Los Beatles después de un tiempo”, dice Félix. Baccarat por el mundo Sergio Pángaro Baccarat por el mundo 1999 Sony Foto López/Friedman Diseño Zona de Obras “La idea surgió de la identidad de Baccarat en ese momento”, dice Pángaro. “En esas fotos damos la imagen de ser gente viajada, ¿no?”. Y sí, la gente bien es así. O al menos luce así, como Pángaro, María Ezquiaga y Adriana Vázquez en las coloridas postales del primer disco de Baccarat. ¡Cuánto glamour! De todas formas, el gran despliegue de producción está más cercano a la gesta heroica en tiempo de crisis que a un despilfarro de dinero antojadizo de dos ricachones. Hubo más ganas que dinero”, cuenta Marcos López. “Pángaro me llamó y le dije que le hacía las fotos, pero que tenían que ser en una sola jornada, sin repetir nada. Conseguimos una combi, cargamos los equipos y nos lanzamos en una especie de raid por la ciudad. Con 500 pesos hicimos lo que en Los Angeles hubiese costado 50 mil dólares.” La Fragata Sarmiento, el Museo Aeronáutico, el bar del Hotel Plaza, el Jardín Japonés. Todo en menos de veinticuatro horas y sin ningún permiso previo. “Todavía no entiendo cómo no nos sacaron a patadas de esos lugares. Sergio es una persona muy optimista: si necesita un Cadillac rojo y yo le digo que tengo un Fiat 600 rojo, le da para adelante igual. Se ve a sí mismo como un dandy del subdesarrollo y por eso encaja en mi sentido del humor y mi estética”. La era de la boludez Divididos La era de la boludez 1993 Polygram Foto Alejandra Palacios Diseño Gráfico Ponieman/Murlender “Fue un gesto medio del negro Olmedo... ¡No toca botón!” Diego Arnedo es una persona introvertida, pero la imitación del capocómico le sale de lo más natural. Elogiado hasta el cansancio como el mejor bajista del rock argentino, el tipo nunca fue devoto de las luces y las marquesinas. “Me costó mucho entender por qué querían que fuera esa foto mía en la tapa. Era una buena fotografía y la actitud del gesto estaba bien, pero me costó resolver que mi foto iba a representar al grupo. Tardaron, pero finalmente me convencieron de que era una idea divertida”, dice acerca de la tapa de La era de la boludez, álbum icono de la década del ’90, que lo tiene como protagonista excluyente. Miami Babasónicos Miami 1999 Sony Diseño Gráfico Alejandro Ros “Miami es una marca, un icono de la cultura pop. Y también es la entrada a los Estados Unidos para Latinoamérica, un lugar infectado de antirrevolucionarios que quieren el capitalismo. En fin, Miami es como Babilonia, o tan babilónico como Retiro, Once o Pompeya... Con otro glamour, pero de última es lo mismo, es la capital de la cochambre. Constitución, Foz do Iguazú, Asunción del Paraguay... ¿no son iguales a Miami?”, Adrián Dargelos dixit. Una de las portadas más ingeniosas del rock de los años ’90 descoloca a cualquiera que la desafíe. La original idea de torcer la orientación del mapa de la Argentina y refundar la ciudad de Miami en la frontera tripartita argentino-paraguaya-brasileña logra un efecto visual y conceptual único. Una obra que, sostenida en imagen y discurso, marca una época: los años de frivolidad menemista y la búsqueda de la ironía como única arma para combatir lo que Dargelos define como “un proceso social donde todos los valores fueron tergiversados”. Rarezas y bonus tracks 1. El velado homenaje a Perón en la tapa del compilado Pidamos peras a Mandioca (1970). Según Billy Bond, tan velado que casi nadie lo pescó. 2. Un op-art involuntario: la supuesta silueta femenina que en realidad es un pajarraco en el debut de Don Cornelio y La Zona (1987), obra de Nessy Cohen. 3. No sólo los discos se pasan al revés: el ángel que dado vuelta es un diablo, en la tapa de Despedazado por mil partes (1996), de La Renga. 4. Tapa del debut de Cienfuegos (1995), basada en el envase del Contugesic, un remedio que sirve para tratar la abstinencia de heroína. Dos años después, los ingleses Spiritualized repitieron el truco y fueron aplaudidos por el mundo. 5. Para Buena suerte (1991), el debut de Los Rodríguez, Calamaro quiso dibujar la tapa. Pero sus dibujos (5) fueron rediseñados y firmados (6) por el estudio de Pedro Delgado, a cargo del arte de tapa. 6. Invisible a los ojos: el graffiti que Charly encontró en una calle de Nueva York y que usó para la tapa de Clics modernos (1983) esconde otro graffiti que para muchos es toda una revelación. FUENTE: http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/radar/subnotas/5015-855-2008-12-28.html

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Leyendas Urbanas
InfoporAnónimo3/15/2009

Domingo, 15 de Marzo de 2009 Si non è vero Chicas hermosas que hacen dedo y resultan espectros, sospechosos ingredientes en restaurantes y botellas, bebés cocinados en el horno, mascotas salvajes, mujeres que persiguen a músicos para atrapar el secreto de su magia: las leyendas urbanas que aparecieron a fines del siglo XIX han proliferado a lo largo del XX y estallado con Internet. Pero lo más curioso es el modo en que se repiten, con variaciones locales en los detalles, a lo largo y ancho de culturas disímiles e incluso incomunicadas. Por eso, Radar ofrece un racconto de las más comunes, las más exitosas, las más estrambóticas y las aportadas por nuestro país al imaginario mundial. Por Sergio Kiernan Una cosa que no hay que hacer en Moscú es comer comida georgiana. Es que los georgianos, se sabe, te sirven carne de rata y te dicen que es de pollo. Y una cosa que no hay que hacer en Berlín es comer en un restaurante turco: ratas por pollo. Y ni hablar de los restaurantes etíopes en Sudáfrica, los marroquíes en España o los chinos en la Argentina y Brasil: ratas, siempre ratas. Que es lo mismo que servían en Estados Unidos los restaurantes mexicanos, chinos y thai, dependiendo de la época. En tiempos más amables, se hablaba mal de un tal Zeus, que se transformaba en toro para abusar de doncellas distraídas. Los griegos andarían mirando mal a los toros, y en las noches largas contaban chismes sobre Leda y su cisne, sobre las malas costumbres de los gigantes y las cosas que comían esos rubios cómicos del Norte. Así fueron naciendo las leyendas, que uno cree que se extinguieron. Pero, como las brujas, las hay. Las leyendas hoy son urbanas, mitos de la modernidad y de las ciudades con escenarios nuevos y gran velocidad de circulación: los griegos tenían tiempo libre, pero no tenían Internet. Las leyendas urbanas son tan comunes y tan universales que se repiten de cultura en cultura, con los cambios locales necesarios y con la única condición de que en el país haya ciudades. En el campo, y en los países todavía agrarios, el folklore sigue carriles más tradicionales y se asume más legendario. Pero una leyenda urbana es “una de esas historias bizarras, caprichosas, 99 por ciento apócrifas pero creíbles, que resultan siempre demasiado buenas como para ser ciertas”, al decir de Jan Harold Brunvand, una de las máximas eminencias en el tema y autor de, nada menos, una enciclopedia de leyendas que coteja versiones a lo largo del tiempo y a lo ancho del planeta. La condición, entonces, es creérselas realmente y pasarlas como información veraz, aunque la fuente sea el marido de la prima segunda de la mujer del vecino, o el legendario amigo de un amigo. Las leyendas urbanas sirven para manejar ansiedades. Abundan en situaciones de viaje, en el cuidado de niños y en la adopción de mascotas. También traen de vuelta el viejo cuento de fantasmas, pero adaptado a la era de los medios masivos, y expresan el miedo de comer cosas que manufacturan desconocidos en grandes fábricas lejanas. Explotan en tiempos de crisis, de guerra o cambios sociales, y cada vez circulan a mayor velocidad. Según los folkloristas modernos, las leyendas urbanas empezaron orales, en el siglo XIX, saltaron a la prensa escrita a principios del 1900, proliferaron con el auge de la paranoia y estallaron con la creación de Internet. Que estas leyendas son estrictamente urbanas y modernas lo prueba su mismo sujeto. Por ejemplo, la Coca-Cola, bebida sobre la que se jura en cuanto idioma exista en este mundo que sirve para aflojar tornillos, sacar calcomanías y remover óxido. La Coca, dicen las leyendas, disuelve dientes, es anticonceptiva y puede crear un apetito insaciable por la otra coca, la que viene en polvo. Como otros infinitos alimentos industriales, en cada país se dice que alguien –el famoso amigo del amigo– abrió una lata o botella y encontró un ratón ahogado. La creación del turismo de masas disparó todo tipo de leyendas urbanas. Así, a partir de los años ‘60, cuando se inventó el turista japonés con cámara y sombrerito, en Japón se instaló la historia de la joven raptada en su luna de miel. La muchacha es secuestrada por un occidental, que la vende a un burdel asiático cuya ubicación varía de década en década, arrancando en Vietnam, pasando por Indonesia e instalado hoy en China. El desesperado novio la busca por años y finalmente la encuentra, desfigurada y monstruosa, en un circo freak de Filipinas. Los profesionales del turismo también crearon sus leyendas. Una de pilotos, difundida a partir de los años ‘50 desde Europa, es la del perrito muerto. En su versión clásica, la tripulación de un avión recién aterrizado descubre horrorizada que un perrito se murió durante el vuelo dentro de su jaulita de viaje. Conmovidos, consiguen un perrito igual o parecido y lo reemplazan. En la cinta de equipajes, la dueña recoge la jaula, la abre y de ella sale un perrito moviendo la cola. La mujer se desmaya, horrorizada. Es que ella volvía de un viaje en el que había muerto su perrito, al que traía para enterrar en casa. Y así como Leda, la griega legendaria, terminaba con su cisne, hoy circula la leyenda del viajero que terminó sin un riñón. La primera versión es de 1991 y norteamericana, pero el mito es parejo en cada meridiano: un hombre conoce a una chica en un bar de una ciudad en la que está de visita, por trabajo. Terminan en un hotel, muy borrachos, y él se despierta con resaca, desconcertado y dolorido. Al levantarse, descubre un largo tajo en el costado, con puntos frescos. El hombre llega a un hospital, donde le revelan que le sacaron un riñón, que el ladrón es un profesional y que su órgano ya debe estar en venta en el mercado negro. Lo cual es tan verosímil como que una griega haga sus cositas con un cisne. Y tan creíble como son las leyendas. Eso que tú haces La leyenda que atraviesa, de Troilo a Los Beatles, todo el siglo musical. Todo estilo musical genera de inmediato una tribu de seguidores, un grupo de iniciados en los misterios del género que resulta un terreno más que fértil para las leyendas urbanas. Una de las más comunes sirve para reforzar el sentido de pertenencia al grupo, mostrando cómo los que no son de la tribu se la pierden. En esta leyenda, una mujer –siempre una mujer–- se acerca al maestro para pedirle que defina su estilo de música. Atribuida a Fats Waller, Louis Armstrong, Miles Davis, Frank Zappa, Jerry Garcia, Elvis Presley, Mick Jagger, a todos y cada uno de Los Beatles y hasta a Ozzy Osbourne, la respuesta es siempre la misma: “Señora, si usted no se da cuenta, yo no se lo puedo explicar”. Curiosamente, al jazz y el rock en todas sus variantes hay que agregar el tango, ya que en Buenos Aires se contaba la misma situación entre Aníbal Troilo y una señora gorda. Ni zombies ni Godzillas La verdad sobre la leyenda exclusivamente neoyorquina: los cocodrilos albinos en las alcantarillas. Como todo el mundo parece saber, las cloacas de Nueva York están llenas de cocodrilos albinos. Probablemente la leyenda urbana más famosa, la de estos lagartos, es ejemplar para mostrar cómo se crea un mito moderno con los suficientes detalles como para hacerlo creíble. La cosa empieza después de la Segunda Guerra, cuando se pone de moda por primera vez veranear en Florida. Todavía rodeada de pantanos, Miami abunda en caimanes y en vendedores de simpáticas crías de veinte centímetros de largo. Según la leyenda, miles de estos bebés fueron traídos a Nueva York como souvenirs. El problema, claro, es que los cocodrilos crecen rápido y dejan de ser simpáticos. Sobre todo, en un departamento. Según el mito, miles de esas terminaron en el inodoro, con madres apretando el botón. Morfi y vinacho Algunas de las interminables leyendas urbanas alrededor de la comida. Un caso que salió en los diarios de Estados Unidos en 1985 acusaba a un cocinero seropositivo de haber tirado un frasco de su sangre en una olla de salsa, al ser despedido del restaurante. El mito Gilchrist La leyenda nacional y popular del efecto de tomar vino luego de comer sandía tiene un eco norteamericano en la idea de que tomar una gaseosa después de comer caramelos efervescentes te hace explotar el estómago. La historia surgió en 1974, cuando se lanzaron los Pop Rocks con un comercial en que unos chicos más grandes se lo convidaban a su hermanito de tres años. En menos de un año circulaba la leyenda de que el actor infantil, John Gilchrist, había muerto al hacer la combinación mortal. Los fabricantes del caramelo, General Foods, se cansaron de publicar avisos jurando que todo era falso, pero en 1980 retiró el producto del mercado. Curiosamente lo volvió a vender cuando Gilchrist volvió a aparecer en las pantallas en una serie. La dieta Dolly Mucho más famosa, Dolly Parton generó una leyenda urbana que circula por todo el mundo, aunque la distancia hizo que se perdiera la referencia a la famosa cantante norteamericana. Resulta que en 1980, Parton relanzó su carrera y apareció mucho más flaca de lo habitual en una película. Por razones incomprensibles, se armó una cadena de cartas explicando que la cantante había descubierto una dieta infalible y muy agradable, que consistía en comer cantidades libres de un alimento por día, pero sólo de uno, sin mezclar. Cada día, a lo largo de una semana, se comía hasta hartarse un alimento, para reanudar el ciclo en el octavo día. La mosca y la sopa La epidemia de sida de comienzos de los ‘80 energizó una variante paranoide de leyendas urbanas: la de la comida deliberadamente contaminada por cocineros enojados. Un caso que salió hasta en los diarios de Estados Unidos en 1985 acusaba a un cocinero seropositivo de haber tirado un frasco de su sangre en una olla de salsa, al ser despedido del restaurante. La noticia tuvo que ser desmentida y es apenas una variante particularmente prejuiciosa de una larga serie de acusaciones a minorías étnicas o empleados discutidores que, en el mundo de las leyendas, regularmente ponen raticida, vidrio molido o insectos en todo tipo de alimentos. La Triple K En la misma línea, una consistente leyenda urbana afirma que el Ku Klux Klan compra cadenas de restaurantes para poner en la comida sustancias que esterilizan sólo a los negros. A fines de los ‘90, la versión se había extendido a una marca de zapatillas y los jugos Tropical Fantasy. McDonald’s sigue desmintiendo, ya en todos los idiomas del orbe, que sus hamburguesas no contienen carne de gusano; o de canguro, en Australia. Acá, allá y en todas partes Las tres leyendas urbanas más difundidas del mundo: el mochilero fantasma, el animal ladrón y la mascota de las vacaciones. Subí que te llevo La versión más típica del mochilero fantasma arranca con una chica haciendo dedo en una ruta no muy transitada. El sujeto de la leyenda, un hombre también joven, viene en su auto –o moto, camión o hasta carro a caballo, en la versión mormona– y decide llevar a la chica. La pasajera, con o sin mochila, pide ir a un lugar específico que queda de camino y no muy lejos. Al rato, el conductor se da cuenta de que la chica tiene un vestido demasiado liviano y tiene frío, por lo que le ofrece su saco o campera. Los dos hablan y, en algunas variantes, la chica hace comentarios raros, proféticos y hasta religiosos. En algún momento, el conductor se distrae con algo en la ruta y cuando vuelve a mirar hacia adelante su pasajera no está. Y tampoco su saco. La segunda parte indica que el conductor sigue hasta el lugar donde la chica pidió ir y encuentra una casa. Golpea, es atendido por un matrimonio y pregunta si alguien conoce a una muchacha de tal o cual descripción. El matrimonio reacciona horrorizado y le muestra la foto de su hija adolescente, muerta hace tiempo en un accidente en esa misma ruta. La chica es, por supuesto, la mochilera. El conductor, consternado, pregunta dónde está enterrada y va al cementerio local. Al encontrar la tumba de la chica encuentra también su saco, colgado de la lápida. La pasajera fantasma es casi universal y, con fuertes variantes, presente en casi todos los países donde hay autos. Nunca des por muerto a un canguro que salta La leyenda del animal ladrón tiene, paradójicamente, un escenario rural, aunque sus protagonistas son gente de ciudad, generalmente hombres y faltos de respeto y de experiencia en su trato con la naturaleza. La versión más común en los países del norte de Europa, Rusia incluida, en Canadá y Estados Unidos, presenta como ladrón ingenioso a un ciervo, alce o un oso. En Africa, la leyenda circula con kudus o springboks, y en Australia, naturalmente, con canguros. En la versión del ciervo, un grupo de cazadores se encuentra con un magnífico ejemplar de gran ornamenta. Uno lo derriba de un tiro. El grupo se acerca a su presa y el cazador pone su rifle sobre la ornamenta para la foto. De pronto el ciervo, que está apenas herido, se levanta y se aleja a toda velocidad, llevándose el carísimo rifle. En la versión del oso, el cazador pone a su hijo de corta edad a caballito sobre su presa, que nuevamente se levanta y huye, llevándose al despavorido nene encima. La versión australiana cuenta que un grupo de viajeros extranjeros –generalmente ingleses– atropella a un canguro en medio del campo. Los turistas levantan el cuerpo, lo apoyan sobre un poste de alambrado y lo visten con chaleco, gorra y anteojos de sol, para la foto. Pero el animal está apenas atontado y repentinamente dispara a los saltos llevándose los accesorios y el chaleco con pasaportes, dinero y billeteras. El curioso episodio del perro en el inodoro La mascota del horror es una leyenda urbana sobre los peligros de viajar a países distintos. Con variaciones, el cuento se aplicó a alemanes en España, holandeses en Egipto, italianos en Tailandia, españoles en Indonesia, norteamericanos en México y, recientemente, a ucranianos en Pakistán. La leyenda siempre habla de un extranjero en un lugar solitario que encuentra un perrito solo e indefenso, o lo compra en un mercado abigarrado donde nadie habla su idioma. El turista decide llevarlo a casa, sea para salvarlo de su jaula o su abandono, o, en algunas variantes, para regalárselo a los hijos. El perrito es dulce y se porta bien, aunque es llamativamente silencioso para ser un perro. Un día, sus dueños vuelven a casa y encuentran que la mascota se cayó adentro del inodoro. Preocupados, lo llevan al veterinario, que les pregunta de dónde lo sacaron. Los dueños admiten que viene de México/España/Egipto/ Tailandia/Indonesia/Pakistán. Y el veterinario les explica que su mascota no es un perrito sino una rata de agua típica de esos rumbos. Una característica notable de esta leyenda es el detalle de a qué perro se parece la rata. Las versiones hablan de chihuahuas lampiños, de terriers de pelo liso y hasta de Yorkshire terriers, de rulos y ladradores. Argentina For Export Las dos leyendas que Argentina ofreció al mundo. La muchacha peronista La leyenda urbana más famosa originada en estas pampas es la del bebé al horno, un brillante ejemplo de ansiedades sociales, en este caso en el marco del primer peronismo. El mito fue publicado por primera vez en 1951 por la psicoanalista Marie Langer en su libro Maternidad y sexo, que recogió varias versiones circulantes en el país, y fue difundido en Folklore y psicoanálisis, del especialista Paulo de Carvalho Neto, publicado en Estados Unidos en 1968. Langer resumió las constantes del mito escribiendo que siempre se trata de un matrimonio joven que espera un hijo y contrata una doméstica. El niño nace sanito y sus primeras semanas de vida son felices y sin sobresaltos. Eventualmente, los padres se animan a salir un rato al cine, dejando al bebé durmiendo a cargo de la mucama, persona de confianza. Terminada la película, los padres primerizos vuelven rápido a casa. Al abrir la puerta se encuentran con el departamento –en algunas versiones, la casa– iluminada a pleno y a la mucama que los espera sonriente –en otras versiones, vistiendo el traje de novia de la señora– y les anuncia una sorpresa. Los padres entran al comedor, donde la mesa está servida, con un gran plato cubierto al centro. La mucama levanta la tapa y los padres ven a su bebé, asado y rodeado de papas al horno. La madre enloquece y nunca más pronuncia una palabra. En algunas versiones, el padre es un militar que busca su arma y mata a la mucama. En otras es un civil, que la golpea. La leyenda del bebé al horno se difundió mundialmente en los años ‘60, con variaciones locales de todo tipo. En Europa y Estados Unidos, la mucama es una extranjera, generalmente mexicana, turca o nordafricana. En versiones suecas, australianas, brasileñas y turcas, la asesina era la misma madre, que le servía al padre un bebé no querido. En la Polinesia se encontraron versiones donde el cocinero-asesino era un hermano mayor al que le encargaban cuidar al bebé. Tal vez la adaptación más insólita sea la de los años ‘70 en EE.UU.: en ese entonces se contaba el cuento culpando a una mucama hippy. Girondo por la RecoletaOtro aporte argentino al folklore mundial urbano es la Dama de Blanco, la historia de fantasmas de Recoleta que hasta mereció una película de la época de los teléfonos blancos. La leyenda está tan incorporada, que hasta el poeta Oliverio Girondo la contaba como una anécdota que le había pasado a él. El mito explica que un hombre joven sale relativamente tarde, en la década del ‘30, de una reunión en casa de amigos en Recoleta. Buscando el tranvía, ve en una esquina a una chica joven y bonita, vestida de blanco en un estilo anticuado, y nerviosa. El hombre se acerca, le pregunta en qué puede ayudarla y se ofrece a acompañarla. En ciertas versiones, la joven hasta acepta tomar un café en un bar abierto en Las Heras, en otras simplemente se deja acompañar a casa, sin café. El encuentro siempre termina igual: la pareja camina hasta la esquina de Junín y Vicente López, donde la muchacha se detiene en la ochava de ladrillos del cementerio y agradece que la hayan acompañado a casa. El joven, desconcertado, dice que todavía no están en casa, que él está dispuesto a ir hasta su puerta. Ella sonríe y explica que no hace falta. Luego gira y penetra, inmaterial, en el muro del cementerio. Un corolario de la leyenda es que el joven, tras una noche en blanco, vuelve al cementerio de día y lo recorre afanosamente. Finalmente encuentra a la dama de blanco en la forma de una escultura en mármol que marca la tumba de una mujer muerta muy joven. Y muerta hace muchos años. Como todos los cuentos de fantasmas, la Dama de Blanco tiene versiones en casi todas las lenguas y culturas. Pero pocas tienen tal alto grado de detalle y hasta de direcciones en la ciudad. FUENTE: http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/radar/9-5168-2009-03-15.html

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"Los otros" por Eduardo “Tato” Pavlovsky
"Los otros" por Eduardo “Tato” Pavlovsky
InfoporAnónimo3/19/2009

Los otros Por Eduardo “Tato” Pavlovsky El otro día salí de mi casa y me encontré con seis niños que me esperaban con las manos abiertas rogándome si les podía ofrecer un poco de comida (no de dinero). Los niños tendrían entre 3 y 8 años. Yo conocía a la madre, a la que había ayudado varias veces, y ella me dijo: “Doctor, por favor, tienen hambre, quieren comer algo”. Un tanto impresionado por la visión kafkiana de la cara famélica de los niños saqué 20 pesos y se los di, señalándoles una rotisería donde podrían conseguir el almuerzo del día. La verdad es que la alegría de los chicos fue enorme y partieron corriendo hacia el almacén. Salí de mi casa caminando hacia Libertador cuando vi otro chico que se acercaba para pedirme comida. Le conté que hacía unos minutos unos niños me habían pedido comida y que estarían comprando en la fiambrería de la esquina –con un pequeño dinero que les había dado– y que tal vez podía pedirles algo. Salió corriendo y casi un coche se lo lleva por delante, tal era la velocidad y distracción que imprimió a su carrera. Seguí caminando hacia Libertador, donde tomé un taxi hasta Rodríguez Peña y Santa Fe. Otros aires dije yo, otra ropa, otras mujeres. Me sentía en París. Cuando una señora con una beba en los brazos me agarró de un hombro y me dijo: “Don, me puede ayudar, hace un día que la nena no come. Vaya si quiere Ud. a la farmacia y cómpreme leche en polvo. Yo lo espero aquí. Para la nena es importante...”. No tuve cuerpo ni bolas para ir a la farmacia, le di 15 pesos, que era el vuelto que me quedaba. La señora, muy agradecida, me dijo –con sus ojos verdes humedecidos por un llanto que no parecía fingido– “que Dios lo ayude” y se fue caminando hacia la farmacia. La indigencia, la pobreza, pensé, es una fábrica de construcción de delincuencia. Hacía un rato había escuchado a un psiquiatra por TV decir que la delincuencia es congénita y que no hay tratamiento posible para ella. Sólo encerrarlos para toda la vida por su peligro, ante la mirada aprobatoria de los demás ignorantes que lo rodeaban. Me acordaba de que en las favelas de San Pablo los niños luchaban a favor de los narcotraficantes en contra de la policía, porque los narcos les daban comida. ¿Por qué iban a luchar en contra de quien los alimentaba? Pensaba –como lo he observado– que la delincuencia profesional toma a estos niños de la calle y los forma como especialistas del robo. Pensaba en los niños de las verjas que me pedían comida, en el niño que se me acercó después, en la joven señora que me pedía leche en polvo de la farmacia. Con qué valores se formarán –cuando no existe el continente afectivo que los proteja–, cuando no tienen ropa, cuando no comen bien, cuando no tienen estudios ni recursos sanitarios, cuando sacan la comida de las bolsas de la calle, cuando ven hoy más que nunca la desigualdad social llegando a límites insospechados. El 30 por ciento de los niños en nuestro país son pobres o indigentes. No querer ver que existe pobreza e indigencia es responsabilidad del Estado, es aceptar que las crisis las podemos sufrir la clase media y la clase alta –2/3 del país–. Pero ese sector del subdesarrollo de los recursos humanos más elementales no sufre las crisis ni las entiende. Sólo percibirá el menor suministro del limosneo o la menor calidad de la comida que arrojan en las bolsas los privilegiados de siempre. Pero siendo así –lo vemos así– no podemos dejar de percibir la desigualdad social cada vez más escalofriante. Me pregunto por qué el Estado no lo nombra y actúa en consecuencia. Tres generaciones de niños con daños neurológicos por falta de una educación adecuada y mal atendidos en los hospitales porque muchos no tienen dinero para viajar. Si no se ataca la pobreza como prioridad absoluta estamos matando literalmente a estas vidas sin futuro, sin alegría, sin esperanza, 1/3 del país. Vidas desahuciadas. Vidas desperdiciadas. Las corporaciones políticas parecen esquivar el gran problema. Pero esta gente –sólo ayudada por algunos movimientos sociales– queda de espaldas a la vida. Sin pertenencia de país. Sin arraigo. Todo esto nos pasa a nosotros y lo más terrible es que aún hoy hay recursos para sacarlos del infierno, del lugar de la promiscuidad, del hacinamiento, de la desnutrición y de la delincuencia. No debemos ser ahora indiferentes a la muerte de ocho niños por día en nuestro país de hambre. Es un crimen. En serio. Crimen que tiene responsables. * Psicoanalista. Autor, actor y director teatral. FUENTE: http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-121720-2009-03-18.html

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Entrevista a Noam Chomsky
InfoporAnónimo9/14/2009

Entrevista con Noam Chomsky realizada durante su visita a Venezuela (y II) "La integración es una condición previa para la independencia" Eva Golinger Venezolana de Televisión/Rebelión Eva Golinger (EG): Existen movimientos populares soberanos en América Latina, algunos identificados como socialistas, como aquí en Venezuela, y ahora tenemos una situación de expansión de presencia militar de EE.UU. como último recurso para retomar el control. Considerando este contexto y el nuevo gobierno de EE.UU., ¿cómo debemos ver y cuáles son los prospectos de la integración latinoamericana en la era Obama? Noam Chomsky (NC): No veo que la era Obama vaya a ser muy diferente de las anteriores. Es diferente desde el punto de vista retórico. Su presencia personal, buena retórica, y eso vende. Obama es un producto de la industria de relaciones públicas y publicidad. De hecho ganó un premio en 2008 de la industria de la publicidad por la mejor campaña publicitaria de ese año, superando a Apple Computers. Y están muy emocionados al respecto. Hay una nueva táctica de relaciones públicas y va a cambiar el clima de la industria. Y de hecho la industria de la publicidad describe abiertamente lo que hace en el ámbito político. Venden candidatos de la misma forma que venden pasta dental, y son muy francos al respecto, y dicen que este ha sido un gran triunfo, el mayor desde Reagan. Y su actitud hacia el mundo también es diferente. El gobierno de Bush era descarado y arrogante, mostrando desprecio por el mundo, como le dijeron abiertamente a las Naciones Unidas sobre el tema Irak, “si no se nos unen son irrelevantes”. A los europeos no les gusta escuchar eso, les gusta escuchar frases agradables como “los queremos”. De hecho la mejor descripción que conozco de la diferencia entre Bush y Obama se dio en 1962. Ese año, durante la crisis de los misiles, Kennedy tomaba decisiones que amenazaban con una guerra nuclear, que habría acabado con Europa, y EE.UU. habría estado seguro, y no se las informaba a los británicos, con quienes se supone tiene una relación especial. El gobierno de Kennedy no les informaba a los británicos lo que pensaba hacer, algo que quizá destruiría Gran Bretaña. Y un alto asesor de Kennedy, Dean Atchison, definió la relación especial, en secreto, no en público. Dijo que la relación especial entre EE.UU. y Gran Bretaña es que Gran Bretaña es nuestro lugarteniente, el término de moda es “socio”. Esa es la diferencia entre Bush y Obama. Para Bush, Rumsfeld y todos ellos, Europa es su lugarteniente: “cállate y haz lo que yo diga”. Para Obama, Europa es su socio: “te quiero, ahora cállate y yo hago lo que me dé la gana”. EG: Básicamente lo mismo, con métodos diferentes. NC: Y a los europeos les gusta, al Medio Oriente le gusta. El triunfo publicitario es impresionante. Por ejemplo, ahora está empezando el mes de Ramadán en el mundo islámico. Se ayuna todo el día y se come un banquete en la noche. Y la manera de romper el ayuno es empezar a comer dátiles. En Egipto los vendedores de dátiles han seleccionado sus mejores dátiles y los llaman los “dátiles Obama”, y Obama está abusando de ellos, pero no importa porque “eres nuestro socio y te queremos”. EG: ¿Qué tipo de estrategia de resistencia es posible para este tipo de seducción? NC: Lo primero es entender lo que está ocurriendo. Y lo segundo es ver que lo que está ocurriendo es simplemente una modificación táctica de políticas tradicionales, que a nivel mundial se remontan a los años cuarenta, y en cuanto a la historia de EE.UU. se remontan a los primeros colonos que llegaron al hemisferio. La política es constante pero las circunstancias cambian, por lo que las tácticas cambian. La integración es crucial. De hecho está ocurriendo un proceso doble de integración en Suramérica. Uno es la integración de países individuales. Tradicionalmente, desde la época de la conquista estuvieron separados, había muy poca interacción entre ellos. Las importaciones de artículos de lujo venían de Europa y la exportación de capital iba al país europeo de preferencia, ahora es EE.UU. en vez de Europa. Entonces una forma de integración es unir estos países, y Unasur es un ejemplo, otros ejemplos son el Banco del Sur, Mercosur. EG: El ALBA. NC: El ALBA es otro ejemplo. Son esfuerzos iniciales para integrar los países, y esa es una condición previa para la independencia; si están separados los van a atacar uno a uno, pero si están integrados habrá cierto tipo de defensa. La otra forma de integración que me parece más importante es la interna. Todas las estructuras latinoamericanas han sido típicamente pequeñas elites, muy europeizadas, mayormente blancas, que controlan la riqueza del país, la tierra, y no tienen responsabilidad con el resto de la población, empobrecidas, con la peor desigualdad del mundo, y son países ricos. Y el otro proceso de integración es involucrar a las grandes mayorías en la sociedad funcional, romper el yugo de las elites. Ocurrió aquí, ocurrió en Bolivia, y naturalmente hay gran resistencia y por supuesto está apoyada por EE.UU., y Europa también pero EE.UU. tiene mucho más influencia. Y este proceso dual de integración no es tolerable para las elites internas ni para las potencias imperiales extranjeras, por razones obvias. Por supuesto que hay resistencia, y a veces asume formas tradicionales, pero son más débiles, el control militar es más débil, ya no se puede simplemente invadir un país y derrocar el gobierno. A veces sí pueden, como hicieron EE.UU. y Francia, que invadieron Haití en 2004, expulsaron al presidente. EG : Y lo ha ocupado desde entonces. NC: Y lo ha ocupado. EG: Quería hacer unas preguntas más antes de terminar. Para hablar de Venezuela y esa resistencia interna a la agresión del imperio. Hablamos hace un par de años sobre dos temas específicos, la creación de una nueva forma de poder popular, la transferencia de poder del Estado a consejos comunales, que ahora se están desarrollando en especies de comunas que se van a integrar regionalmente en todo el país. Tenemos escuelas de formación en esta área de consejos comunales y poder popular, y paralelo a eso está el tema de la democratización de los medios, porque podemos construir resistencia y estrategias de integración pero siempre existe un componente de guerra psicológica, y el aparato imperial controla casi toda la opinión pública en el mundo. Una pregunta sería ¿cómo ve ese proceso que ocurre en Venezuela, de la transferencia de poder al pueblo y cómo se lograría la democratización de los medios? NC: Son preguntas interesantes. En Occidente, en EE.UU. y básicamente en el mundo occidental medios democráticos quiere decir que el Estado no controla el contenido, es decir que de Washington no pueden allanar las oficinas de CBS News y decirles lo que tienen que transmitir. Eso no existe, de hecho EE.UU. preserva la libertad de prensa, quizá mejor que nadie en ese sentido. Todas estas son sociedades capitalistas, por lo que hay una alta concentración de poder económico, lo que quiere decir que el poder económico puede apoderarse de los medios y convertirlos en agencias de propaganda del sistema corporativo, que a su vez controla el Estado. Entonces tenemos un sistema de Estado-corporación que está muy bien integrado. El caso de Obama, la razón principal por la que ganó las elecciones es porque tenía el apoyo de las instituciones financieras, a quienes les gustaba más que McCain, por eso financiaron su campaña. Pero estas instituciones estatales-corporativas están bien vinculadas y controlan los medios, que son llamados libres, porque el Estado no manda soldados a sus oficinas editoriales a decirles lo que tienen que publicar, pero es básicamente la misma gente. Entonces es democrático en un sentido y cuasi-totalitario en otro sentido. Y por esa razón el sistema doctrinario es extremadamente cerrado. EG: ¿En Estados Unidos? NC: Sí. De hecho en Europa no es muy diferente, con excepción quizá de Inglaterra, donde se puede criticar la guerra en Irak, pero no se puede criticar el bombardeo por parte de EE.UU. y Gran Bretaña sobre Serbia, eso es sagrado. Las decisiones son diferentes pero las estructuras son similares. Tienen diferencias, son países distintos. EE.UU. es el extremo entre los países industrializados, al punto de estar dominado por empresas, desde hace mucho tiempo. El ejemplo de la radio, cuando llegó la radio en los años veinte. La radio es pública y el gobierno controla el espectro radioeléctrico pero es propiedad pública. Cuando la radio llegó a los países europeos, en su mayoría era pública, luego se comercializó. En EE.UU. hubo un debate al respecto. Grupos defensores de derechos civiles, organizaciones eclesiásticas, universidades querían mantener la radio pública, bajo control público, pero perdieron durante el gobierno Roosevelt, que bajo el principio de libertad de expresión dijo que debía ser comercializada, y si uno piensa lo que significa libertad de expresión, es comprensible, libertad de expresión quiere decir que va a ser controlada sin intervención estatal por el poder privado. EG: Las corporaciones NC: En EE.UU. se hizo comercial inmediatamente, no había radio pública. Cuando llegó la televisión treinta años después, se hizo privada en gran medida. En EE.UU. ni siquiera estaba en la agenda, ni siquiera hubo un debate al respecto, porque el sistema se había extendido tanto. Existe un nivel mínimo de televisión pública, en su mayoría financiada por corporaciones. EG: Quiere decir que no se debatió si sería pública, automáticamente se hizo comercial. NC: No estaba en la agenda. En el caso de la radio, el movimiento sindical estaba desarrollándose en los años treinta, tenía gran influencia, y quería que fuese pública, pero para los años cincuenta el movimiento sindical estaba tan debilitado que no tuvo mucha influencia. El sistema estadounidense es el extremo, es extremadamente libre, se preserva la libertad de expresión mejor que en cualquier otro país. EG: Pero la gente no tiene acceso a ella. Las corporaciones son las que tienen acceso a ella. NC: Está controlada por las corporaciones, pero no hay intervención estatal, intervención estatal directa. El Estado no puede impedir que yo por ejemplo incite un golpe de Estado. A veces es extremo. En los años sesenta yo trabajaba en un laboratorio financiado 100% por el Pentágono y ese era el centro académico de resistencia contra la guerra, resistencia real, podíamos haber ido a la cárcel, y ellos no intervenían. Puedes decir lo que quieras… EG: No en televisión. NC: No se tenía acceso a la televisión. EG: Recientemente unas personas en la radio incitaron el asesinato del presidente Obama y fueron detenidos por el servicio secreto. NC: No se puede incitar al asesinato, o sea que hay ciertos límites, pero en general debemos considerar que es una sociedad extremadamente libre. A veces puedo hablar en televisión y radio y decir lo que estoy diciendo ahora, y no pasaría nada, pero por otro lado la concentración de poder y la coordinación de poder estatal y corporativo logran un control estatal-corporativo. Y la radio fue comprada hace treinta años por grandes sistemas corporativos y ahora es tan derechista que condenan al partido republicano por socialista. Es extrema derecha, y es un fenómeno interesante e importante y puede tener relevancia para el futuro. Llega a una gran audiencia de gente resentida, cuyas vidas están siendo destruidas. Durante el período neoliberal para la mayoría los salarios estuvieron estancados, más horas laborales, menos beneficios y alta concentración de riqueza. Ahora hay más desigualdad que nunca antes en la historia de EE.UU. Esta gente se siente agraviada y es la mayoría de la población, exigen respuestas, “¿qué nos está pasando? ¿Por qué nuestras vidas están destruidas?” Y los únicos que les están dando respuesta es la extrema derecha. Dicen “sus vidas están destruidas porque los liberales ricos son dueños de las corporaciones, controlan el gobierno, los medios y para ellos ustedes no importan. Somos la gente de paso, para los de la costa este y la costa oeste no somos importantes”. La estrategia es conocida, así era la propaganda nazi en sus inicios. Le llegaba al mismo tipo de gente, le daba respuesta a sus quejas, y ya sabemos lo que pasó, y eso podría pasar en EE.UU., así que no son temas triviales. EG: Claro que no. Ya como conclusión, y para seguir con ese tema del control corporativo de los medios, y para regresar a Venezuela y la situación de recrudecimiento de las agresiones. ¿Qué acciones podemos tomar para romper ese cerco informativo para que la gente en EE.UU. y países europeos puedan conocer la verdad sobre movimientos populares aquí en Venezuela y cómo podemos fortalecer nuestros lazos solidarios y también crear conciencia sobre la agresión contra América Latina por parte del gobierno de Obama? NC: Hay dos formas. La gente de EE.UU. debe entender la verdad sobre ellos mismos, lo que ellos llaman libertad de expresión. Es muy importante, la libertad de expresión es un logro pero hay que entender lo que significa. La libertad de expresión en la práctica significa control estatal-corporativo y eso hay que entenderlo. Segundo, en Venezuela debe lograrse la democratización de los medios de una manera que asigne una verdadera participación y control públicos del sistema mediático para que sea realmente democrático y auténtico y ello implica librar una lucha constante contra la concepción de libertad de expresión que en realidad es control corporativo. Debe ser en la práctica, debe implementarse, y debe ser ideológico, hacer entender que aunque la libertad de expresión es maravillosa y debe preservarse, tiene un significado específico en la práctica bajo circunstancias socioeconómicas particulares. Cuando todos los medios en EE.UU. son grandes corporaciones, parte de corporaciones más grandes con vínculos al gobierno, pueden ser muy libres, pues nunca van a llegar soldados a las oficinas, pero es una libertad que permite que se escuche una sola voz. Está en el sistema político. EE.UU. es conocido como una democracia estelar, en realidad es una democracia guiada, como en Irán. En Irán los candidatos son censurados por clérigos del gobierno, en EE.UU. son censurados por las corporaciones, no se puede optar por un cargo público si no se tiene un importante financiamiento del sector privado. EG: ¿En este contexto cómo podemos romper esa barrera? NC: Organizando activistas. En EE.UU. y el mundo occidental hay que lograr que se entienda en qué sistema estamos. Aquí se debe lograr primero una democratización legítima, sin influencia del gobierno, y transferir los medios a control público y la participación pública, sin importar si le gusta o no al gobierno, eso debe promoverse y desarrollarse. Y también está la constante batalla ideológica, saber que la libertad de expresión es un logro maravilloso, tiene un significado práctico específico dependiendo de la estructura de poder en la sociedad, que es muy difícil de inculcar. Porque parece, y puede ser verdad, que si el gobierno interfiere en los medios está violando la libertad de expresión, pero puede ser falso. Si los medios pasan a control popular es falso, incluso si viola la doctrina que dice que el poder privado debería poder controlar todo. EG: Se está pasando por ese proceso aquí en Venezuela, así como la transferencia de poder al pueblo, y esperando que en la era Obama, o mejor dicho, el siglo XXI, de alguna forma el mensaje de lo que está pasando en América Latina llegue al pueblo de EE.UU., y si Ud. pudiera dar un mensaje al pueblo de Venezuela. NC: El mismo gobierno de Obama es un gobierno demócrata típico, pero la campaña le dio ánimo a mucha gente y la mayoría estaba molesta con lo que estaba pasando y la campaña de Obama les dio ánimo, con ilusiones, pero les dio ánimo, y en parte pueden entender los procesos de cambio importantes en otros países, y esa es la base de los movimientos solidarios. Hay algo nuevo, hasta los años ochenta no había nada parecido a movimientos solidarios. En Francia por ejemplo, a nadie se le ocurría ir a Vietnam bajo dominio francés a convivir con la gente que trataba de derrocar el colonialismo francés. En EE.UU. en los años sesenta empezó el movimiento antibélico pero nadie decía que iba a vivir con aldeanos survietnamitas para ayudarlos o protegerlos. Pero en los ochenta sí estaba pasando, en la sociedad promedio conservadora estadounidense, incluso de congregaciones evangélicas, decenas de miles, iban a Centroamérica, y ahora van a todo el mundo. Eso fue un movimiento solidario masivo que puede entender mejor estos temas. Debe haber cooperación internacional en este sentido. La integración no es solo dentro de Suramérica, es Suramérica y el mundo, y estos temas se apoyan mutuamente y debe continuar. EG: En parte es por eso que estamos muy agradecidos de que nos visite, y aunque nos encantaría seguir hablando por horas sobre estos temas, tenemos que concluir, así que muchas gracias por conceder esta entrevista a Venezolana de Televisión, Noam Chomsky en su primera visita a Venezuela durante este período revolucionario, esperamos ansiosos las conclusiones de su visita en los próximos días. Muchas gracias. NC: Gracias. 14-09-2009 Entrevista a Noam Chomsky durante su primera visita a Venezuela (I) “Hablar de soberanía colombiana es un chiste” Eva Golinger Venezolana de Televisión Eva Golinger (EG): Bienvenido a Venezuela, Sr. Noam Chomsky. Estamos muy emocionados por su visita, especialmente durante un momento histórico en el que están ocurriendo muchos cambios en América Latina, potenciales cambios en la relación de EE.UU. con naciones latinoamericanas, y actualmente existen importantes tensiones y conflictos que causan gran preocupación a los latinoamericanos. En este contexto, y con el recrudecimiento de las agresiones en los últimos meses, con el golpe de Estado en Honduras, el aumento de la presencia militar en Colombia, con la ocupación de más de siete bases militares, además de un control territorial a nivel militar en Colombia, tenemos también la reactivación de la cuarta flota de la armada que ocurrió el año pasado pero está siendo usada ahora en este contexto. También el tono del discurso hacia Venezuela se ha hecho más fuerte, con acusaciones que ya se hacían y ahora continúan ahora más formales, acusando a Venezuela de permitir el narcotráfico, terrorismo, y ha habido un aumento del presupuesto militar del Pentágono, para el Comando Sur en esta región. La pregunta es, ¿es este algún tipo de fenómeno? Ahora con un presidente supuestamente progresista en la Casa Blanca vemos más ataques contra movimientos progresistas en América Latina. Noam Chomsky (NC): Y en el resto del mundo. Pero lo que ocurre en América Latina ha ocurrido por más tiempo. EE.UU. por mucho tiempo dio por sentado que podía controlar a América Latina, y de hecho este fue un principio básico de su política exterior desde sus orígenes como república, como una aspiración, que lograron concretar en el siglo XX. El Consejo de Seguridad Nacional, la mayor entidad de planificación, dice que si no podemos controlar América Latina, ¿cómo podemos el resto del mundo? Henry Kissinger, cuando el golpe de Pinochet, dijo “tenemos que deshacernos de Allende o no tendremos credibilidad en el resto del mundo”.. Esa es la clave para controlar el mundo, y por supuesto gran parte de la economía estadounidense estaba basada en inversiones, que eran una especie de saqueo, desde el siglo XIX. Todo esto ocurrió por mucho tiempo y de distintas maneras, intervención militar, golpes de Estado, agresiones, durante el gobierno de Kennedy, con agresión de Estado, el ejército instaurando Estados de seguridad al estilo neonazi. Luego llegó el período neoliberal, el control de los países por medios económicos, pero a finales de los noventa ya no era tan frecuente, Venezuela es un ejemplo, pero ocurría en muchos otros países. Lentamente los países latinoamericanos empezaron a escapar del largo período, desde la época de los conquistadores españoles y portugueses, de una u otra forma de colonización. Empezaron a librarse del FMI, pagar y reestructurar sus deudas, enfocarse en los problemas internos, y EE.UU. empezaba a perder control, y tenía que haber una respuesta, que se ha desplegado desde finales de los noventa, y que tiene dos frentes, uno militar, y el otro que denominan promoción de la democracia, que es un eufemismo de sometimiento. Uno es militar y el otro es el sometimiento, y Obama sencillamente les está dando continuidad. No está haciendo nada nuevo. Parece diferente a Bush, pero la razón es, si vemos la opinión pública, voceros del gobierno, ellos critican a Bush por no haber prestado atención a América Latina, y que la región sufrió por esto. De hecho es lo mejor que le ha pasado a América Latina, que EE.UU. dirija su atención a otras regiones. Pero Obama quiere remediar esa situación desde una perspectiva progresista liberal, prestando más atención a América Latina, lo que implica un retorno a políticas más tradicionales, la militarización y el sometimiento. Lo que tú mencionas es un ejemplo, pero viene de antes, de hace muchos años, por ejemplo el entrenamiento de militares latinoamericanos por los últimos diez o quince años ha aumentado en gran medida, quizá 50% más de lo que era en los años noventa. Y ahora la posición militar de EE.UU. en América Latina es relativamente mayor que durante la Guerra Fría. Por primera vez, hay más oficiales de entrenamiento militar que asesores económicos. La estrategia ha cambiado hacia un esfuerzo por reconstruir una estructura de intervención potencial, y también para la llamada promoción de la democracia. EG: Que hemos experimentado en gran medida aquí en Venezuela a través de la USAID, la National Endowment for Democracy con financiamiento a grupos opositores y ahora con participación en una campaña de contrainsurgencia al interior de las fuerzas revolucionarias que apoyan al gobierno, que intentan neutralizar. NC: Pero estas son políticas de larga data. EE.UU. de hecho inició una nueva fase del imperialismo hace un siglo, al convertirse en una potencia mundial, ya había sido una potencia regional, pero con la conquista de Filipinas, ese fue el momento crucial, por los años 1900, mató a cientos de miles de personas, estableció un control militar parcial, pero tenían que gobernar el país. ¿Cómo gobernar el país? Bueno, desarrollaron una nueva forma de colonialismo, con un Estado de vigilancia muy complejo, usando la última tecnología de la época para socavar movimientos políticos, para desintegrarlos, promover el faccionalismo. Crearon una fuerza militar-policial paralela que podía usar la fuerza cuando fuese necesario. Era muy minucioso y complejo, y de hecho ha regresado a los países de origen, los Estados de vigilancia el Occidente: EE.UU., Inglaterra, desde la Primera Guerra Mundial, basados en el modelo filipino. Y sigue hasta hoy. Filipinas es el único país en el este asiático que no ha participado en el rápido crecimiento económico de las últimas décadas, y aún tiene una fuerza militar terrorista, violaciones a derechos humanos, etc. Las técnicas son: primero, una fuerza militar internamente, si es necesaria, y segundo la colaboración de los líderes del Estado, por eso es que quieren infiltrar los movimientos revolucionarios, incitar la separación, socavar el poder de otros grupos y obtener beneficios de sus contactos con el poder imperial. Los británicos y los franceses hicieron cosas parecidas, pero esta vez se hizo con gran detalle, algo nuevo en la historia del imperialismo, y por supuesto se extendió a América Latina. Por eso es que después de cada intervención, por ejemplo Haití, República Dominicana, Nicaragua, donde sea, dejan el país en manos de la Guardia Nacional y en colaboración con líderes del Estado. Y la Guardia Nacional es una fuerza de terrorismo de Estado. La Guardia Nacional haitiana nunca luchó contra otro país. Su ejército lucha contra la población, lo mismo con Somoza. Esa capacidad se perdió en parte en los años noventa y ahora se reconstruye de otra manera. Pero es una tradición antigua. De hecho data de mucho antes. Vale recordar que EE.UU. es el único país del mundo que fue fundado como un imperio. George Washington lo describió como un imperio infante y por supuesto tuvieron que conquistar el territorio nacional, eso es imperialismo, no cruzaron mares, pero aparte de eso, es imperialismo estándar. Prácticamente exterminaron a la población, se robaron la mitad del territorio de México y en 1898 empezaron a expandirse a otras regiones, pero el proceso es el mismo. Y es importante saber que lo hacen con toda franqueza y con una creencia en el carácter divino de su misión. Es un país religioso y siempre ha actuado para cumplir la misión de la Divina Providencia. George Bush hablaba en esos términos. Obama no necesita usar las mismas palabras. Es sofisticado.. El mejor ejemplo, como todos saben, es la primera colonia en EE.UU.: Massachussets. Su carta fundacional es de 1629, establecieron su escudo en el que aparecía un indio apuntando su lanza hacia abajo y un pergamino saliendo de su boca, que decía “venid a ayudarnos”, así que los colonos que iban allá a quitarles sus tierras y exterminarlos estaban convencidos de que estaban respondiendo a ese llamado de auxilio, y esa actitud sigue en la actualidad.. Cada agresión, intento de sometimiento tiene la misma inspiración. Otros países imperialistas como Francia tienen actitudes similares pero está mucho más arraigada en la cultura y creencia estadounidenses. Hay un importante trasfondo religioso, todo se justifica. Lo más que puede pasar es que se cometan errores. EG: Eso es también como una guerra psicológica, una manipulación de la realidad, para dar esa impresión. NC : Es importante entender que es aceptado internamente. Por ejemplo, no se puede hacer un comentario crítico sobre cualquier acción de EE.UU. Obama, por ejemplo, es muy elogiado por ser uno de los principales críticos de la guerra en Irak. ¿Cuál fue su crítica? Dijo que era un error garrafal estratégico. Asumió la misma posición que asumió el estado mayor alemán después de Stalingrado. O la posición de los rusos sobre Afganistán a principios de los ochenta. Y no lo llamamos crítica cuando es de nuestros enemigos, lo llamamos servilismo al poder. Pero en nuestro caso, los liberales, progresistas lo llaman oposición principal. Y se puede ir más allá y estar aún dentro del marco doctrinal básico, y viene de esa autopercepción de nobleza, de la misión divina de civilizar el mundo, elevarlo a un mayor nivel, entonces el sometimiento y la militarización son considerados primordiales, y de hecho en el caso de América Latina la izquierda condena a Bush por no enfocarse en América Latina, por no cumplir con la misión civilizadora. No es sorpresa entonces las acciones de Obama. EG: Y es un proceso cuyo ritmo está aumentando rápidamente. NC: En parte por estas razones y en parte porque los problemas son más apremiantes. La llamada “marea rosa” es considerada un verdadero peligro. De hecho el gobierno de EE.UU. está apoyando gobiernos que hace cuarenta años habría derrocado. El gobierno de Brasil, por ejemplo. Las políticas de Lula no son tan diferentes de las políticas de Goulart a principios de los sesenta, cuando el gobierno de Kennedy inició un golpe militar e instaló el primer Estado de seguridad nacional estilo neonazi, y ahora es un país amigo, porque todo el espectro se ha desplazado tanto que ahora EE.UU. debe apoyar al tipo de gobierno que antes habría derrocado y por supuesto tratar de someter a los otros. EG: Hablemos de eso específicamente, porque está el tema del aumento de presencia militar estadounidense en Colombia, que ha causado tensión en la región. El gobierno de Colombia y el gobierno de EE.UU., Obama, sostienen que esto es un asunto bilateral, que esto no es una ocupación o el establecimiento de nuevas bases militares; es un acuerdo de cooperación en seguridad. Pero algunos de los detalles que sabemos, aparte de las tres bases que EE.UU. ya ha ocupado bajo el Plan Colombia, y más de una docena de estaciones de radar, es que definitivamente tendrán acceso a siete bases, una de las cuales, en Palanquero, les dará acceso aéreo a todo el hemisferio, que no tenían anteriormente, con gigantescos aviones militares de carga tipo C17, y más allá de eso, está el tema de lo que EE.UU. llama defensa interna en un país extranjero, con la que entrenan fuerzas armadas colombianas, equipos comando especiales, fuerzas especiales, la Policía Nacional colombiana, los entrenan, los comandan y los controlan, y ahora existe la posibilidad de una reubicación de la Escuela de las Américas, ahora llamada WHINSEC, en Colombia, para empezar el entrenamiento en otros países de la región. El próximo viernes 28 habrá una reunión de presidentes de Unasur en Argentina para tratar este tema, que muchos dicen que es una amenaza para la estabilidad regional. Pero hay naciones que mantienen la posición de que hay que respetar la soberanía colombiana. Con gobiernos apoyados por Washington como Brasil, y con el golpe en Honduras que ha sido visto como un ataque contra los países del ALBA, ¿es esta ocupación o ampliación de presencia militar en Colombia un intento de dividir e impedir un mayor progreso de la integración latinoamericana, primero mediante la promoción de estos conflictos entre naciones, aparte del conflicto entre Colombia como gobierno de derecha y Venezuela como gobierno de izquierda, con países como Brasil o Chile, que pueden asumir una posición más ambigua u neutral en cuanto al respeto de la soberanía colombiana, que se oponen a la expansión militar estadounidense pero sin llegar a condenarla. NC: Hablar de soberanía colombiana es un chiste. El Plan Colombia, creado por Clinton, es una intervención agresiva en los asuntos internos de Colombia, que ha tenido consecuencias. Hay un pretexto, y el pretexto es la guerra contra el narcotráfico, pero es solo un pretexto y no se puede tomar en serio. Y el establecimiento de las bases militares en Colombia es una reacción al hecho de que EE.UU. ha perdido su posición militar en otros países. Ecuador desactivó la base en Manta, que le daba a EE.UU. gran capacidad de vigilancia aérea en la región. Paraguay era una especie de base militar estadounidense, y eso ya se acabó. Tenían que reconstruirla en otra parte y Colombia es el único país donde podían hacerlo. El golpe en Honduras es parte de otro proceso. Centroamérica había sido tan devastada por las guerras contra el terrorismo de Reagan que no era parte de la tendencia de la llamada marea rosa, hacia la integración latinoamericana. Honduras estaba en el camino de la integración, y bueno ahora ya no, ellos creen, y en realidad se ha expandido en Centroamérica. Nicaragua es otro caso. Todo esto me parece que es un intento de recuperar la posición tradicional incluso antes, hace 10 ó 15 años el entrenamiento de oficiales ha aumentado rápidamente, y ha cambiado, ahora el entrenamiento es en tácticas de infantería. La idea es crear fuerzas paramilitares, no están entrenando policías de tránsito. El control de la “ayuda” oficial ha cambiado del Departamento de Estado, ahora está en manos del Pentágono, que es un cambio relevante. Cuando estaba bajo el Departamento de Estado tenía al menos en teoría supervisión del Congreso, que quiere decir que había condiciones que había que cumplir sobre derechos humanos por ejemplo, que no se implementaban mucho, pero eran una limitación a posibles abusos, pero bajo el control del Pentágono, no hay reglas, todo es válido. 29-08-2009 Fuente: http://www.rebelion.org/

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Setenta años del final de la Guerra Civil y del inicio del.
InfoporAnónimo4/4/2009

Setenta años del final de la Guerra Civil y del inicio del genocidio franquista Como casi todos los años, este 2009 es de rememoraciones y aniversarios. Entre los acontecimientos generalistas estamos ante los fastos informativos de los 200 años de Darwin, de aniversario de compositores como Haydn o Mendelssohn, etc. Para el mundo libertario los 200 años del nacimiento de Pierre-Joseph Proudhon o el centenario de la Semana Trágica y el fusilamiento de Ferrer se convierten en fechas claves. Pero en abril de este año también se cumplen 70 años desde el final de la Guerra Civil española. Con ese final comenzaba uno de los períodos más oscuros y crueles de la historia de España. Los anarquistas dieron no solo su tributo de sangre durante la Guerra Civil sino que también sus militantes cayeron víctimas de las más cruentas de las represiones. Y como no se plegaron ante lo que estaba suponiendo un verdadero genocidio para España, lucharon en todos los frentes contra el régimen liberticida de Franco. Setenta años de una derrota. Setenta años de una cuenta pendiente con la historia. Los esfuerzos para conseguir un mundo mejor y más justo, se vieron abortados por el capricho de los de siempre. Ilusiones yuguladas por los reaccionarios, por la Iglesia y por parte del Ejército, que comenzó a gobernar España como si de un cuartel se tratase. Tras los durísimos años de la dictadura, que no paró de asesinar hasta el último suspiro del genocida Franco, y otros tantos de régimen democrático, nadie ha reconocido el valor y la dedicación que los miles y miles de militantes antifranquistas desempeñaron durante aquellos años. Y en este caso tuviesen las ideas que tuviesen. Lejos de todo ello, a la propaganda negativa que el régimen franquista, junto con su brutal represión, ejerció contra todos aquellos que ponían en duda o cuestionaban las cosas, el régimen democrático, encabezado por la figura de Juan Carlos de Borbón, rey de España por obra y gracia de Franco, ha tendido al olvido y al menosprecio de tantos años de lucha. Cosa lógica por otra parte si consideramos que la legitimidad del actual régimen político procede de la ilegitimidad del régimen franquista, que surge como consecuencia de un golpe de Estado contra la República española. En los últimos tiempos se ha intentado poner parches a ese olvido. Y una vez más los parches los han colocado en el sitio equivocado. Esa tan cacareada Ley de Memoria no viene sino a ser un nuevo pacto de silencio o una ley de punto final. Lo primero que nos viene a demostrar es que de las leyes poco vamos a poder sacar. Porque los que legislan están dentro de este sistema, deudor del franquista. Y poco importa que a su frente se sitúe un gobierno de carácter conservador y derechista o uno progresista. Da igual. Es difícil que pongan en duda aquello que defienden. Tratan de recuperar memoria cuando ya no hay memorias que recordar. La cuestión no es solo desenterrar las fosas del oprobio. El verdadero quid de la cuestión se sitúa en desenterrar los ideales por los que lucharon los que están en las fosas, los ideales de los que fueron al exilio y allí quedaron postergados, los ideales de los que estuvieron durante décadas en la cárcel y hoy no tienen ni un mísero reconocimiento. Pero si vamos mucho mas allá, muchos de los que hoy pavonean sus riquezas y se les llena la boca de democracia, forjaron esa riqueza en la explotación de la mano de obra esclava que tomaron de los presos antifranquistas. Ya no solo el poder político, sino el poder económico están fundamentados en la derrota de la Guerra Civil. Habría que preguntarse hasta cuándo tendremos que soportar las impertinencias de una Iglesia católica, que apoyó sin ambages (salvo raras excepciones) un golpe militar y un sistema criminal. Por qué hay que soportar que los obispos digan que hay un grupo de gente que quieren desenterrar fantasmas del pasado, cuando ellos beatifican a multitud de sus curas y monjas fascistas. La Iglesia no puede esconder su cara mas oscura (¿la tuvo clara alguna vez?) pues incluso hay datos gráficos y testimonios escritos que sitúan dónde han estado y dónde siguen estando. Sin embargo el gobierno, jugando por una parte a un laicismo descafeinado y de salón, no hace más que engordar las arcas económicas de la Iglesia. Viendo la producción historiográfica o bibliográfica de la Guerra Civil, se demuestra lo poco que ha cambiado desde los tiempos del franquismo. Si bien existen estudios serios y documentados sobre ese pasado, se siguen manteniendo lugares comunes en determinada historiografía, por no hablar de las hagiografías que pretender justificar el crimen de la dictadura. Libros que proceden de las obras de Arrarás, Comín Colomer, Mauricio Carlavilla o García Venero. No es revisionismo. Es la perduración de una visión franquista de la historia que por mucho que se quiera ignorar, está extendida en algunos ámbitos. De una vez por todas debemos hablar claro. Lo sucedido en España a partir del 1 de abril de 1939 (en muchos sitios de España ya había comenzado en 1936) es un genocidio. Miles y miles de militantes antifranquistas de todos los colores políticos (republicanos, socialistas, comunistas, anarquistas, etc.) son fusilados sistemáticamente por una maquinaria represiva. Consejos de Guerra donde entraban 10 personas y salían 30 penas de muerte. Años y años de cárcel provocados por unas leyes arbitrarias por las cuales defender públicamente al movimiento libertario era acusado de "exaltación de la rebelión" y penas que podían llegar hasta los 14 años de reclusión. Manos de obra esclava en la construcción del Valle de los Caídos, en batallones de trabajadores, en Regiones Devastadas. Mano de obra esclava que hicieron millonarias a empresas y personas por esa brutal explotación-represión. Algunos quisieron olvidar todo lo sucedido. Otros se negaron a olvidar. Desde ese mismo 1 de abril de 1939 hubo gente que no se resignó. Los anarquistas son ejemplo ante la historia por este cometido. No agacharon la cabeza. Impulsaron la oposición al franquismo. Recordaron las conquistas logradas tras años y años de lucha. Y que no iban a permitir que nadie se las arrebatara. Conformaron la oposición en el exterior y también en el interior. Las partidas guerrilleras, los maquis, muchos de ellos anarquistas, lucharon hasta muy entrada la dictadura. Hoy se les sigue considerando bandidos y algunos impresentables de la política española los equiparan a vulgares terroristas. Cada vez que se produce un aniversario o un recordatorio tenemos que llevar la verdad por delante. Y con este 70 aniversario del final de la Guerra Civil tenemos que demostrar y denunciar lo que significó. Por una parte la derrota de la República. Por otra la yugulación del camino que había tomado el pueblo español hacia cotas de mayores libertades. El franquismo extermina toda una red de sindicatos, ateneos, casas del pueblo, escuelas racionalistas, etc. Todo queda fulminado. Mola y Franco lo advirtieron. Su régimen iba a ser de terror. Y el terror es lo que pusieron en práctica y lo inocularon. Un régimen de hambre. Hoy todavía hay quien lo defiende. Otros, sin defenderlo abiertamente, se niegan a condenarlo. Paseando por España ves con horror cómo todavía múltiples calles, plazas y placas conmemora la victoria de ese genocidio. Algunos, amparándose en la historia, dice que no hay que retirarlas, que sería negar la historia de España. Equivocación máxima, pues la historia no se la reivindica con las placas y calles que encumbran a los asesinos. Quien así piensa muy cercano está a la defensa del régimen franquista. Es un momento de presión popular. Un momento donde hay ya sensibilidad por lo que sucedió en el pasado, de ese pasado de dictadura. Los anarquistas siempre hemos estado en la calle con las causas justas. Y con esta razón de justicia histórica vamos a seguir estándolo. Para que nadie, llámese como se llame, pisotee la historia de lucha de los anarquistas en particular y del pueblo español en general (que era una lucha justa de la humanidad) contra el genocidio de la dictadura franquista y sus actuales adláteres. Fuente: http://www.nodo50.org/tierraylibertad/10articulo.html

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Nazismo y Ecologia
InfoporAnónimo6/28/2009

Domingo, 21 de Noviembre de 2004 ECOLOGIA: LA EXTRAñA RELACION ENTRE EL NAZISMO Y LA OLA VERDE Heil plantita El partido nazi tenía un ala verde. Himmler era vegetariano. Hess era ambientalista. Hitler recibía plantas de regalo y ordenaba que los soldados plantaran árboles. Y el Tercer Reich sancionó las primeras leyes ecologistas. ¿De dónde vino esa devoción nazi por el medio ambiente? Por Federico Kukso Hace tres años, un grupo de guardabosques alemanes de la aldea rural de Zernikow (a 110 kilómetros de Berlín) se puso las sierras eléctricas al hombro y comenzó a desguazar con saña 27 arbolitos hasta reducirlos a polvo y hollín. Ningún ecologista se alarmó ante el hecho ni levantó un dedo para detenerlos. Y bien que no lo hicieron. Los dorados alerces tumbados no habían hecho nada, pero si se los miraba desde el aire no tardaban en tomar en conjunto la forma del símbolo de la barbarie: una esvástica de tamaño descomunal (60 metros x 60 metros), que había sobrevivido a la derrota alemana en 1945 y fue olvidada en el bosque hasta su (re)descubrimiento, recién en 1992. No se trataba de una bizarra confesión ideológica por parte de la naturaleza sino de un regalo de un ardiente simpatizante y empresario nazi al Führer en su 49º cumpleaños. Hitler nunca lo confesó, pero ése fue el mejor obsequio que recibió aquel año. Al fin y al cabo, el dictador, además de ser un riguroso vegetariano anti-tabaco, y aunque muchos no lo sepan y suene tan disparatado como para creerlo, era un insolente ecologista que instigaba a su círculo de ministros a seguir sus pasos verdes y lo acompañaran en el culto de todo lo que crecía desde lo hondo de la tierra germana. Sangre y tierra Es difícil imaginar la escena: Hitler y su piara de delincuentes corriendo risueñamente como Hansel y Gretel por la selva negra y pagana de Baden-Wurtemburgo salvando plantitas y animales (considerados ciento por ciento teutones y dignos de toda idolatría) mientras abrían las puertas del infierno para millones de judíos, gitanos y otras “razas inferiores”. Sin embargo, así fue. El desarrollo capitalista y la industrialización desatada con voracidad en el siglo XIX habían teñido de gris cielos, ríos y pulmones europeos, e infligían una herida narcisista en el tejido cultural alemán. Desde los libros de Goethe hasta las sinfonías de Mahler, los alemanes veían en el bosque la deidad pagana perfecta para venerar y para emplazar como sinónimo de la identidad alemana. Los románticos del siglo XIX, como Schelling, Schlegel y Novalis, por ejemplo, no tardaron en combatir la idea fabril de la naturaleza como recurso (pasible de ser explotada y vaciada) con otro tipo de sensibilidad e imaginación técnica: la que proclamaba una suerte de matrimonio hombre-naturaleza con la armonía, la fertilidad, la mística, el amor a la “Tierra Original” o Urlandscahft. “El pueblo alemán tiene necesidad del bosque y, aun en el caso de que ya no tuviéramos la necesidad de la leña para calentar al hombre exterior, no por ello dejaría de resultar igual de necesario para calentar el hombre interior. Tenemos que proteger el bosque, no sólo para evitar que la estufa se enfríe en invierno sino para que el pulso del pueblo siga latiendo caliente, alegre y vital, para que Alemania siga siendo alemana”, escribió el historiador Wilhelm Heinrich Riehl (1823-1897). Es más: se entiende así cómo fue que por esas tierras apareciera por primera vez la palabra “ecología” para aludir a “la ciencia de las relaciones del organismo con el medio ambiente”. Su forjador fue el biólogo alemán Ernst Haeckel, uno de los máximos agentes de prensa de Charles Darwin, que en 1866 enlazó los términos griegos oikos (casa, hábitat) y logos (razón, discurso). Fueron años de saltos de gigantes, pero a Haeckel se le fue la mano: tuvo mucho que ver con la propagación del darwinismo social que, además de reclamar “el regreso a la naturaleza”, preconizaba la eugenesia y la pena de muerte como instrumentos de selección. No es casual que su libro El monismo (1897) -en el contexto del movimiento völkisch (una amalgama entre la raza y el ambiente o lo que se llama blood and soil)– esté prologado por el racista confeso George Vacher de Lapouge, quien sugiere sustituir la divisa “Libertad, Igualdad, Fraternidad” por la menos suave “Determinismo, Desigualdad, Selección”. Travestismo ecológico Pero de vuelta a Hitler y su furor verde: su ecologismo podría haber pasado como una paradójica curiosidad, un pliegue histórico, una nota al pie, si no fuera por el hecho de que fue precisamente durante los primeros dos años del Tercer Reich cuando se dictaron las primeras leyes ecologistas de la historia: mientras Alemania se aprestaba a fagocitar gran parte de Europa continental, se promulgaron la ley de protección de los animales (Reichs-Tierschutzgesetz, el 24 de noviembre de 1933), la ley de la caza (Reichs-Jagdgesetz, 3 de julio de 1934) y finalmente la ley de protección de la naturaleza (ReichsNaturschutzgesetz, el 1º de julio de 1935), que ordenaba la demarcación de “zonas naturales protegidas”. Todos estos edictos llevaron al pie de página las firmas de lo que el historiador Peter Staudenmaier llama “el ala verde del partido nazi” (Walther Darré, Fritz Todt, Alwin Seifert y Rudolf Hess), que contaba con un claro apoyo de Hitler y del también vegetariano Heinrich Himmler, a quienes, entre orden y orden de asesinato masivo, al parecer les quedaba un poco de tiempo para ordenar a sus soldados plantar árboles en las zonas que caían bajo la sombra de la esvástica. No era la primera vez que la ecología había sido travestida con la ropa de la derecha: en Estados Unidos, por ejemplo, conservadores y preservacionistas levantaron muros, y el 1º de marzo de 1872, con la firma del presidente norteamericano Ulysses S. Grant, vieron cómo el parque nacional de Yellowstone se convertía en la primera gran reserva natural protegida del mundo. La realidad era que la protección de las llamadas “bellezas naturales” se emprendía bajo el espaldarazo de las elites ilustradas dominantes con fines estéticos y didácticos. Los bosques de Wyoming, Montana e Idaho –con sus hormigas, ardillas y secuoyas gigantes– se habían privatizado. En su libro de 1994, El Nuevo Orden Ecológico (Tusquets), el filósofo Luc Ferry (ex ministro de Educación francés) transcribe en su totalidad la batería legislativa-ecologista nazi y, lo que es más importante aún, muestra cómo ideas loables como las de protección del ambiente (y todo lo que en él habita) pueden, en cierto contexto, ser siniestras. “Im neuen Reich darf es keine Tierquëlerei mehr geben” (“En el nuevo Reich no debe haber cabida para la crueldad con los animales”). El que lo dijo, para terror y asco de la historia, fue Adolf Hitler. http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/radar/9-1839-2004-11-21.html

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El viaje Antonio Escohotado por el sudeste asiático
InfoporAnónimo6/29/2009

Domingo, 4 de Enero de 2004 NOTA DE TAPA Tristes trópicos En el 2000, apremiado por una difícil encrucijada personal, Antonio Escohotado opta por huir hacia adelante y emprende un largo viaje por el sudeste asiático. Pasa un año en Tailandia, hace excursiones a Vietnam, a Birmania, a Singapur. Toma aviones decrépitos, es estafado por taxistas, busca y prueba todo tipo de drogas, frecuenta bares donde las mujeres destapan botellas con sus vaginas. Y a medida que se abre paso en ese territorio exótico, su antena, alerta y perspicaz, va capturando las escenas, los climas y las voces más singulares de un mundo que flirtea al mismo tiempo con el paraíso y el infierno. Todos esos hallazgos –más la conciencia de un hombre que, flamante padre, descubre la inexorable vejez– se despliegan en Sesenta semanas en el trópico, el libro de Escohotado que editorial Anagrama acaba de publicar en España y del que Radar anticipa los fragmentos que siguen. Por Antonio Escohotado BANGKOK 3.8.2000 Hay trece horas de avión por delante, desde el ascua de luz parisina que vamos dejando atrás hasta los paisajes ignorados de Tailandia. Llevo el corazón muy maltrecho. Hace medio año me separé de una mujer a quien había prometido no dejar nunca. Antes de confesarle que hice un hijo con otra huyo a la cara opuesta del mundo, para no asistir al dolor causado por la confesión en mi antigua casa, un dolor que me resulta insufrible, desmedido, monstruoso. Tengo razones para romper ese matrimonio, desde luego, pero nada cambiará que podía haberme sacrificado y no lo hice. Es algo que repite el ánimo cada mañana cuando despierto, percibiendo el atardecer avanzado de la vida como una navegación diametralmente distinta de la previa. Siempre recorrí el filo de la navaja, guardado por una alegría estoica que repartía suerte en los peores percances. La propia estima quedó enganchada al dar el último salto, y ahora toca seguir con pasiones que gobiernan mezquinamente, como el metabolismo. La cobertura profesional es un proyecto –”Causas de la pobreza y la riqueza en Oriente y Occidente”–, aceptado como año sabático por mi universidad y otra de Bangkok. Quizá no encuentre nada valioso en esta dirección, aunque a efectos académicos baste reunir datos. Hasta hace poco miraba todo por el filtro Aristóteles-Hegel. La zozobra personal coincide con el redescubrimiento de Hume, que propone una razón no hipotecada a arrogancias. Es arrogancia ver el designio como origen de realidades que cambian sin pausa, unidas a prosaicas ventajas comunes. Por ejemplo, se dice que acatamos un gobierno porque nuestros ancestros concertaron cierto pacto, lo cual complace al amor propio humano. Pero ¿qué les llevó a pactar, replica Hume, aparte de su propia conveniencia? Como la razón y el interés coinciden aquí, en situaciones catastróficas hará falta mucho gobierno, no así en otras. Imaginar que el Estado puede asumir funciones de redentor moral opone altruismo y egoísmo sin cordura, decretando filantropías forzosas que se resuelven en obediencia ciega a algún yo con nombre y apellidos. 4.8 Novedad y fijeza. Algunas cosas nuevas pasan desapercibidas, quizás por lo mismo que nuestra atención se concentra sobre objetos en movimiento. Los trozos inmóviles de un paisaje han de mirarse uno a uno antes de aparecer, y los trozos nuevos tener algo previsto o no nuevo para destacarse. El desafío de explicar esta ocurrencia me acomete en la gran cama doble del hotel en Bangkok, recién tragada una pastilla de somnífero con cerveza local y un buen chorro de tequila, a efectos de contrarrestar el jet lag. Pasados unos veinte minutos, el ánimo apenas atormenta. Si el paisaje es radicalmente nuevo conmueve en principio menos que acompañado por novedades de segundo orden, como cuando en un museo topamos con cuadros o esculturas ya familiares. La pagoda sólo ahora es tridimensional y tangible, aunque estaba esperando en la memoria. Lo mismo puede decirse del rostro asiático, y casi de cualquier otra cosa. En vez de raro el paisaje resulta entonces pintoresco, caricatura de lo propiamente extraño o nuevo. De ahí que ni el aeropuerto ni el largo recorrido hasta el centro de Bangkok ni el hotel hayan sido sino un tránsito de copias planas a originales cúbicos, de algunas reproducciones a sus objetos. Lo más próximo a una sorpresa –y de mal agüero– es ver hasta qué punto quienes trabajan en la calle llevan puestas máscaras, unas veces como las que usa el personal de quirófano y otras veces más aparatosas. La primera novedad real llega horas más tarde, cuando empieza a hacerse de noche y miro por la ventana de un séptimo piso. Entre aguacero y aguacero se perfilan pequeñas viviendas y grandes rascacielos aislados, no pocos de ellos inconclusos. Hijos de la crisis desatada en 1997, estas mastodónticas estructuras de metal y hormigón han quedado en esqueletos, faltos del revestimiento y los servicios internos que demandaba su cuerpo total. De la euforia inmobiliaria restan edificios como el Baiyoke Sky II, que desde su mirador de la planta 89 domina un enorme horizonte llano, cubierto todo él por obras humanas y espesa polución. Ni eso ni algunos hoteles lujosos afecta al hecho de que Bangkok sea una megalópolis de casitas renegridas. Calle a calle, el cableado de la luz y el teléfono cuelga en inextricables y cochambrosas madejas, sujetas por postes de hormigón a la altura de los entresuelos. El alcantarillado, que corre bajo las aceras, está presente a través de periódicos respiraderos, por donde rebosa al poco de caer una tromba de agua. Los cables se encofran y las aguas van por cañerías en el estrato que podemos llamar arriba, propio de inmuebles con más de quince o veinte pisos. Abajo, a pie de calle, la decoración recuerda Blade Runner, con minúsculos puestos protegidos de la lluvia y el sol por paraguas. La circulación peatonal se parece al entrar y salir de algún estadio. El tráfico rodado quiere adaptarse a la vida del arriba, pero las estrecheces del abajo lo condenan a convertirse en un ruidoso coágulo. Al fin algo imprevisto: una división vertical en vez de horizontal del territorio. Aunque no deje de haber barrios ricos y pobres, esa diferencia suele desarrollarse dentro de la misma manzana, comenzando por las hediondas aceras y terminando en el lujo de áticos ajardinados. La visión no tranquiliza a alguien que padece vértigo, pero el combinado de alcohol y benzodiacepina baja piadosamente el telón. 5.8 Encuentro hierba por procedimientos indirectos. Cerca del hotel –que es el aceptable Indra Palace– hay una sastrería para aficionados a la seda, y bastó echar una ojeada al escaparate para que un dependiente saliera y me invitase a entrar. Hablaba un inglés impecable, rondaría los veinticinco años y pensé que si me compraba un pantalón podría pedirle que lo llevase al hotel para la prueba definitiva, momento adecuado a efectos de entrarle con demandas de cáñamo. Los peligros aparejados a ser descubierto con alguna droga ilegal en Tailandia aguzan el ingenio y aflojan la cartera; en este caso, hasta el punto de comprar un pantalón de seda salvaje anormalmente caro y feo, negro para más señas, que al copiarse fielmente del mío cargó con unas pinzas ridículas, dado el apresto de la tela. La estratagema está a punto de naufragar dos horas después, cuando quien viene a traerme la prenda es un primo del primero, más joven aún y poco fluido en inglés. Le doy una buena propina y pregunto por “grass, marihuana”, a lo cual responde girando la cabeza mientras mira al techo, como si no entendiera. Una vez solo, estoy maldiciendo la torpeza de todo el asunto cuando llama por teléfono Johnnie, el sastre bilingüe. Algo más tarde estamos hablando relajadamente en la habitación. Su lacónico primo me había dado la primera clase asiática de modales; no asintió ni negó, se abstuvo de intervenir inmediatamente. Hijo de padre indio y madre thai, Johnnie fue enviado a California para estudiar ingeniería industrial, pero la ruina del negocio familiar –con la crisis del ‘97– le trajo de vuelta, y ahora trabaja como empleado en la tienda de otro indio. Su mediación me procuró una bolsa ni grande ni pequeña, capaz de colocar bastante pero de un material húmedo y con semillas a granel, francamente incómodo de manejo. Jamás había visto hierba tan aplastada y como mojada, que requiere deshebrarse para mezclarla con tabaco, y aun entonces tiende a apagar el pitillo sin pausa. Johnnie no quiere ni hablar de buscarme el famoso caballo blanco de estos lugares, alegando que “la clase de gente” relacionada con su uso es muy poco recomendable. Tampoco se aviene a encontrar lo que antes llamaban icey ahora llaman iabba, que es un poderoso estimulante (dexanfetamina) consumido por camioneros, peones y el tipo de infeliz que emplea crack en los Estados Unidos. Como alternativa sugiere una cocaína muy cara, propia de “gente más recomendable”. Nada podría interesarme menos. 6.8 Limitado así mi botiquín, pero repuesto del largo viaje, la terapia antimelancolía sugiere entregarse a masajes –reeditando las ya vetustas promesas de Emmanuelle Arsan–, mientras un sentimiento más parecido a la obligación propone echarle una ojeada a la ciudad. Conozco los alrededores del hotel, agobiantes en medida considerable por la combinación de mal olor variado, muchedumbres peatonales y conductores que intentan meterle a uno en sus sospechosos vehículos, desde triciclos con motor a limosinas. Para desbordar ese estrecho perímetro hacia alguna parte visito la Capilla del Buda Esmeralda, aunque todo tipo de templo –y especialmente los monoteístas– suela causarme fastidio e incluso ataques de alergia cutánea, como a los denostados Dracul de Transilvania. Este templo no es aparentemente monoteísta, y en realidad se dedica a un mortal tan frágil como el príncipe Sidharta, aterrado ante ciertas circunstancias –dolor, decrepitud, soledad– que otros dan por elemental lote de la vida. Ya en estado agónico, Hércules propuso abandonar con alegría un don que no pedimos, convirtiéndose en héroe del estoicismo. Sidharta Gautama, héroe del budismo, propuso el desapego mucho antes de acercarse al estado agónico, ya de joven. A Hércules apenas le erigieron santuarios, mientras al Buda siguen erigiéndole santuarios grandes y pequeños en cada casa, como al Crucificado. Por lo demás, la capilla del Buda Esmeralda –encuadrada dentro del complejo que llaman Grand Temple– merece visita, aunque sólo sea para comprobar hasta qué punto los amos orientales dispensan a su plebe obras de orfebrería y arquitectura, no tan lejanas al museísmo de repúblicas laicas. Allá en lo alto, como un pigmeo hecho todo de jade y sentado en un trono de oro, el Maestro corona una sala de grandes dimensiones donde ningún centímetro carece de lujosos adornos. Rodea su altar un ornamento parecido a las afiligranadas custodias de algunas catedrales europeas. El trabajo de tantos artesanos resulta especialmente apreciado por quienes hacen ofrendas, o rezan a iconos particulares con gesto de devoción intensa. Paredes, techos y suelos se adaptan al propósito de mostrar o aparentar que absolutamente todo está hecho de marfil, piedras y metales preciosos, cosa notable teniendo en cuenta que el templo celebra al más ascético de los mesías conocidos, un puro eremita. Para no mostrarse irrespetuoso con este faquir el visitante debe descalzarse y vestir con decencia, evitando manga o pantalón cortos y calzado por donde asome parte del pie (sandalias). La elección es descalzo o con zapato cerrado. Para el laico ambas opciones son insatisfactorias. Los pies se cuecen dentro de un zapato, o se abrasan –además de ensuciarse indeciblemente– si van al aire. Con los míos cocidos, buscando refugio para el pavoroso sol de poniente, el taxi que me trajo desde el hotel ofrece una atmósfera gélida y chorros de aire acondicionado dirigidos al pecho. Siendo él un devoto budista, pregunto si Buda es un hombre o un dios. Tras breve pausa responde que fue un hombre, y murió. Pregunto entonces por qué es tratado como si fuese un dios, y supongo que está pensando largamente su respuesta. Pero me equivoco, porque su siguiente alocución es proponer que visitemos otros templos, o la gran tienda gubernamental dedicada a vender joyas. 7.8 Tras recorrer un enclave de compraventa sacra toca visitar lugares de compraventa carnal, establecimientos que el credo budista define como “impropios” no sólo para el clérigo sino para el laico. Por otra parte, no puedo salir del hotel sin que se me pegue el taxista de ayer, que hoy mepresenta a su obeso tío como cicerone excepcional, provisto de un coche más amplio y presto a hacer precios mínimos para cualesquiera carreras. Como en otros lugares poco industrializados, aquí se patrimonializa hasta la relación más episódica. Hoy me dejo llevar por ese sujeto a cierto antro lleno de turistas borrachos, la mayoría italianos, donde unas infelices abren botellas de Coca-Cola con la vagina (sólo Dios sabe materialmente cómo) y lanzan pelotas de ping-pong usando el mismo órgano. Una se mete allí muchas cuchillas de afeitar unidas por un hilo, y otra usa su genital para dar chupadas a un cigarrillo, objeto que cierto parroquiano chillón apura luego con aparente deleite. Me abochorna colaborar en la existencia de pocilgas humanas, aunque sólo sea por haber pagado entrada. El nuevo taxista es sin duda un cetáceo maligno, pero desasosiega pensar que tengo por delante muchos meses de ser un supuesto ricacho a desplumar, gracias al cual prosperan lugares así e incluso crímenes tan abyectos como la corrupción de menores. De vuelta al hotel, veo que en un pequeño solar muy próximo se arremolinan adolescentes de ambos sexos. Ya es medianoche pasada, y pregunto a uno de los porteros qué pasa. Contesta que es “cine privado”. Viendo que no entiendo su explicación, añade: –Algunos comerciantes indios alquilan un televisor con video, junto a paquetes de tres películas. Veinte o treinta jóvenes se reparten el precio, y pasan la noche entretenidos. Durante el día muchos trabajan por aquí, en tiendas y oficinas. Como el evento está a unos pocos metros (y sigo a la vista de los porteros), me acerco hasta el sitio, donde un par de adolescentes con gesto de pocos amigos parecen cobrar algo parecido a una entrada. Al fondo del minúsculo solar se divisa un aparato rodeado por televidentes, unos pocos acomodados en sillas plegables y el resto de pie o sentado en el suelo. Deben estar al final de la primera película, o al comienzo de la segunda. Lo que ahora proyectan pertenece sin duda al género llamado de acción, con coches en llamas y grandes explosiones. 8.8 Nuevo encuentro con el sastre bilingüe. Al parecer, la obsesión antidroga corre pareja aquí con una enorme oferta, que añade a marihuana y a la heroína blanca (o “tailandesa”) cantidades no menos formidables de estimulantes anfetamínicos, cuyo comercio se persigue con especial rigor. La televisión retransmite semanalmente ejecuciones de traficantes, un espectáculo que las autoridades consideran “disuasorio”, aunque la pena capital por estos asuntos lleve medio siglo en vigor aquí. El gobierno inserta también anuncios televisivos y murales como el que dice “Las drogas nunca ayudaron a los afortunados”. Una parcialidad semejante conduce de inmediato a la parcialidad inversa –esto es, que las drogas ayudan a los desafortunados–, confirmando la observación hegeliana de que nada real cabe en un juicio remotamente parecido al de A es B. Y aunque este año en Asia puede hacerme cambiar de idea, Tailandia pasa por ser en el Sureste lo que Colombia es en Iberoamérica: un centro de refinado, empaquetado y exportación de drogas ilícitas al resto del planeta. A juzgar por las declaraciones gubernamentales, ni la policía ni el ejército tienen la menor implicación en el tráfico, y sólo unos pobres diablos dirigidos por extranjeros (ante todo birmanos y laosianos) se dedican a mover toneladas de heroína por estos andurriales. Al mismo tiempo, es conocido el nexo entre severidad legal y contaminación institucional en lo relativo a tráfico de drogas, y buena parte de los países que lo castigan con pena de muerte no sólo son productores sino exportadores. La severidad legislativa funciona como advertencia dirigida a foráneos y a toda suerte de meros aficionados, que mejor se abstendrán de intervenir. SAMUI 1.10 La hierba se terminó. Un profesor inglés de buceo, con quien contacto por casualidad, me habla de un vendedor a quien llamaré Tong, que atiende en Chaweng por las noches. Es una excelente ocasión para inspeccionar la vida golfa de esta isla. Más de una tarde, volviendo de pasar el día en la playa, al pararnos junto al cajero automático de la calle principal, hemos visto ya abierto –y concurrido– el bar llamado XTC (siglas anglosajonas de ecstasy o MDMA), desde el cual nos llamaban con alborozo jovencitas de vida alegre. Hoy no vamos en busca de plan, sino para restablecer parte de nuestro arsenal psicoactivo. Pero es una ocasión para ver si hay o no plan en Samui. Hacia las once de la noche el bar XTC hierve de mujeres, aunque ni tan jóvenes ni tan joviales como habíamos entrevisto. Contempladas de cerca, hay dos o tres muchachas pasables tras la barra –todas ellas recatadas camareras– y una docena larga de busconas sin el menor atributo venusino, a quienes sería difícil encontrar cliente en una whiskería de Tarancón. Previa copa, las escasísimas agraciadas ofrecen jugar partidas de tres en raya, empleando al efecto dos tablillas paralelas de madera con sus agujeros laterales. De modo que seguimos andando por la calle mayor, donde acabamos frente a un establecimiento de travestis dedicados a representar cabaret. No habiendo paredes ni por eso mismo entrada, mirábamos unos instantes desde la acerca cuando uno de ellos nos invitó a consumir o dejar de mirar. Lo tomamos muy a mal, y reanudamos la marcha. El centro del pueblo –que de aldea tailandesa no tiene una sola casa– es un sitio bastante simpático de música en directo, donde una banda desgrana temas de Jimmi Hendrix con ayuda de tantos decibelios como el propio Hendrix. Tocan bastante bien. Desde esa encrucijada parten dos estrechas callejas repletas de garitos y anglosajones achispados. Carteles anuncian en los bares partidos de la Premier League, el Calcio y hasta la Liga. Hay muchas más rameras –con la misma proporción de horrendas sobre vagamente admisibles–, freidurías dignas sólo de hambrientos terminales, algún restaurante con aspecto de atraco dinerario y estomacal por decoración moderna, bazares de ropa, relojes y artefactos electrónicos, un par de farmacias abiertas y muchas usureras casas de cambio, con el invariable cartel de no comission. Visto de cerca, el supuesto plan para solteros sin compromiso resulta todavía menos atractivo que en Bangkok; las damas no sólo no son agraciadas y vivaces, sino que destilan una mezcla de cansancio y rusticidad. Parecen trasplantadas desde aldeas perdidas a alguna barra, donde deben hablar inglés y confiar en otras posibilidades de las que, fundadamente, desconfían. Un kilómetro largo nos separaba del bar donde encontraríamos a nuestro buceador inglés y a Tong. Como en esas películas del Oeste donde la calle mayor es también la única, Chaweng termina más allá de cada lado en negruras sembradas de charcos. Hacemos nuestro kilómetro cada vez menos sensibles a estímulos, pero la paranoia cunde tan pronto como vemos a nuestro dealer. Imagínese un hombre en la treintena, rapado al cero, de expresión carcelaria, que nunca mira a los ojos y ni siquiera gasta la habitual sonrisa thai. Se encuentra nervioso porque está recién salido de un “grave problema” con la policía, y deduzco que nunca vacilará en pagar como soplón ese tipo de deuda. A pesar de ello, el submarinista le avala, y sólo quiero pequeñas muestras de cada cosa. Pido tanto hierba como heroína y iabba, comandas que acepta con un rictus avinagrado en la boca, apuntando la vista al suelo. Por lo menos habla un poco de inglés, y tras decir algo a uno de los camareros pregunta si no tendremos pastillas de XTC. “Las pagaría bien, porque producen erecciones indomables”. “Semejante disparate incrementa nuestra alarma, y mentimos diciendo que no tenemos ninguna. Poco después me hace signos el camarero, que en la cabina del disc jockey –a la vista de todos aunque aislados de oídos indiscretos–espeta: “Ten una bolsa de hierba, no hay iabba y mira este caballo blanco, son quince gramos y sólo valen 300 dólares; la hierba serán 10”. Le doy los diez, ruego que me entregue la hierba en los servicios y pido allí un gramo de caballo, uno solo, aunque sea pagando más en proporción. Serán entonces 30 dólares. Noto que me tiemblan las manos, por no mencionar las piernas. Vuelvo a la barra, y como algo me dice que todo es una trampa le endoso la pequeña bolsa de hierba a mi amigo, para no ir yo solo a la incalificable mazmorra local cuando reciba el narcótico. Poco después regresa el ayudante de Tong, que me hace pública entrega del gramo en un tubito de cristal con tapa de plástico, como los que contienen agujas de coser. La ordalía estaba a punto de terminar. Nos despedimos con el gesto más desenvuelto que pudimos, y aplazamos el suspiro de alivio hasta comprobar que no éramos seguidos. La paranoia es una alerta que suele resultar muy útil mientras no sobrepase cierta medida, y dispare agresiones con la excusa de protegerse. No fue nuestro caso, sino que volvimos como héroes. El realismo vino después, cuando trasladado a una papela el famoso caballo blanco tailandés resultó ser la mitad de un gramo. Me juré por lo bajo no volver a comprar, y mucho menos a Tong. Pero el fármaco dio de sí para largas charlas. 8.10 Mis amigos se fueron y llegó Beatriz con nuestra hija, que tiene año y medio. Aquí viviremos abiertamente nuestro amor. Honi ayuda mucho con la pequeña, cuyo torbellino de vitalidad bien podría absorber los cuidados de un regimiento entero. Cuando la prole no va siendo devorada por algún Saturno, devora a sus progenitores hasta sumirles en márgenes letales o de estricta supervivencia. Nuestra pequeña, la emperatriz Claudia, tiene tan poca idea del peligro –y tanta ansia de atención– que la madre y el resto del mundo inmediato le deben pleitesía. VIETNAM 9.11 Visitar Vietnam tres décadas y media después de haber pensado ir allí como guerrillero es lo más semejante a una peregrinación que permite el laicismo. De modo que hago los trámites del visado con entusiasmo, y salgo hacia mi destino tan pronto como la República Socialista emite el caro papelito. Gracias al despertador que me prestó una vecina amanecí a las 4.30, hora de diana para el monje budista, a fin de coger un vuelo de Samui a Bangkok que asegurase no perder el de Vietnam Airlines desde allí a Saigón (Ho Chi Minh City). No tuve tiempo ni para café y zumo de naranja. Bangkok Airways, filial doméstica de la Thai, es una compañía tacaña con sus refrigerios, que en ocasiones resultan nauseabundos sin exageración alguna. Como fue ése el caso, seguí en ayunas. Luego vino el largo trámite de inmigración: ir de un funcionario a otro, hacer cola ante una taquilla de peaje y volver al primer funcionario con algunos sellos y el resguardo de pago, listos para que él estampe la última acreditación en el pasaporte. Tan privado de alimento y nicotina estaba que ni reparé en algo muy engorroso, como que me cambiasen un visado de categoría 0 por otro de categoría B. Al entrar en la zona duty free vi que no había bar; lo único parecido eran carritos no muy distintos de los callejeros, con productos parejamente terribles. Quizá en otro piso podría conseguir un sándwich y fumar el largamente ansiado pitillo, pero los altavoces llaman a los pasajeros de mi vuelo. nuevo control y estoy en la sala de espera, donde pocos minutos después la compañía anuncia un retraso de tres horas. 10.11 El resto del trayecto resultó excelente. Vietnam Airlines es una compañía comparable a las mejores, con aviones nuevos, limpios, buena comida y una tripulación muy atenta. Ya en el aeropuerto, anticipaba un severo comisario en el mostrador de inmigración, si bien topé con un joven muy sonriente a pesar de sus galones, que viendo el pasaporte exclamó: –¡Spanish! ¡Real Madrid gutta, very gutta! Efectivamente, en toda esta zona del mundo no hay ese líquida, con lo cual Spain es Sapain, small es samall y así sucesivamente. El aeropuerto resulta convencional, con mamparas y moqueta gris hasta el control de equipajes. Un taxista, que está dando clases de inglés en una academia, me recluta gracias a su desenvoltura. Sugiere “un hotel de gran confort aunque barato, no los cien dólares del Hotel X” (cuya dirección acababa de darle). Antes de sopesar qué pretende estoy en el minúsculo Hotel Hanoi, metido en una calleja del distrito centro. Para poder pedir cuarenta dólares una recepcionista amabilísima que otorga la habitación llamada VIP, un humilde enclave con dormitorio, salita de estar, baño provisto de jacuzzi y balcón a la calle. No hubiera sido cortés aclararle que aquellas dependencias resultaban horrendas. Días después comprobé, por cierto, que el Hotel X no cobraba 100 dólares, sino 50. En descargo propio estaba la situación. De Samui a Saigón había tardado tanto como de París a Bangkok. Al salir del aeropuerto eran las siete de la tarde, noche cerrada, y las calles presentaban un bullicio inenarrable. Jamás he visto un despliegue parejo de bicicletas, motos y coches, enmarcado por minúsculas tiendas en todas las casas del recorrido. La tez de la gente era más clara que en Tailandia, con rasgos un poco menos hindúes y algo más chinos. Aquí y allá se veían ancianos con cayado, como calcos del viejo tío Ho (Chi Minh), dispersos entre una multitud abrumadoramente joven o niña. Nada extraño considerando que la franja intermedia de población –varones entre los 40 y los 70 años– fue diezmada por guerras, exilio y reeducación socialista. A falta de otra imagen, el abigarramiento de los pequeños comercios recuerda el interior de alguna iglesia barroca en Bahía, recubierto todo él por exvotos, reliquias y cromos. 11.11El absurdo menaje del departamento llamado VIP lo compensa el balcón, que permite tomar cerveza con cacahuetes o anacardos a cualquier hora, viendo a la gente pasar, trabajar y vivir en sus diminutas casas de dos pisos, adaptadas a la estatura del vietnamita. Unos cincuenta metros a la derecha, sobre la esquina con la calle Yersin –el colaborador de Pasteur y viajero, que desentrañó el misterio de la peste–, un gran cartel de Ricky Martin anuncia Pepsi. A lo largo de mi calle, más angosta, los saigoneses se sientan a la puerta de sus pequeñas tiendas en unas sillitas de plástico cuyas patas apenas levantan un palmo, tomando el aire húmedo mientras comen o pican en familia. Lo mismo da que el negocio sea recauchutar neumáticos, vender piezas de hule, libretas escolares o medicinas chinas. Al llegar la noche camino hasta lo más céntrico, desprendiéndome de la oferta incesante de cyclos (triciclos con tracción humana), girls, drugs y cualquier cosa imaginable, pues Ciudad Ho Chi Minh tiene tantos buscavidas y mendigos preguntando qué quiere uno como Tetuán o El Cairo. Ceno en la terraza del Hotel Rex –donde sirven un buen filet mignon con patatas fritas estupendas–, desde cuyo quinto piso se domina la plaza principal. Fiel a la regla de que la amabilidad obliga, el camarero logra endosarme un café no deseado, seguido por una copa no menos indeseada, merced a una nueva exhibición sobre fútbol ibérico. Cuando comento que Figo costó 10 millones de dólares, me corrige al punto: ¿no fueron 51? Por lo demás, su favorito indiscutible es Roberto Carlos; también el mío. En el mismo sitio, lleno de “narices largas” –como llaman a los occidentales–, encuentro a varias señoras españolas que rondarían lossesenta. Una resulta ser madre de toxicómano y, según dijo, rebatió mis opiniones en un programa de Telemadrid, años atrás. Como si viniesen de la peluquería tras lavar y marcar, portando el habitual traje camisero, ella y sus amigas me parecen el perfecto equivalente generacional de señores como yo, tan a menudo calvos y sin teñir, algunos ajamonados y otros amojamados, por lo general bastante menos seguros de nuestros gustos. Si nos apeteciese tanto ir de compras, tendríamos al menos una ocupación cotidiana respetable y absorbente, con valores tan claros como los suyos. Véanse, aunque sea de refilón, los culebrones asiáticos –indios, paquistaníes, chinos, malayos o tailandeses– y se comprobará que, a despecho de la diversidad cultural, son esas damas quienes dictan por toda la superficie de la Tierra sus recurrentes argumentos. 12.11 Comparados con sus espartanos compatriotas del norte, los vietnamitas meridionales tienen fama de corruptos y poco respetuosos con la propiedad ajena. No conviene transitar por zonas que ellos mismos llaman “inseguras”, es frecuente que sisen en el cambio, los taxistas dan siete vueltas para cobrar más la carrera, y resulta arriesgado contratar un servicio o comprar cualquier cosa sin pedir precio de antemano, pues la diferencia puede elevarase al cubo. Volvía esta tarde del museo sobre crímenes de guerra norteamericanos (cuyas terribles imágenes me expulsaron casi al instante), cuando un senecto y escuálido conductor de cyclo –pobre hombre, haciendo de borrico con mis años o más– fue alejándose de la ruta debida, sin duda para acabar en algún sitio “inseguro”. Le frené con un sonoro stop! y volví andando a mi observatorio en el balcón del Hotel Hanoi. Lógicamente, al recorrer las calles no hay una sensación de tranquilidad por la bolsa propia salvo en el perímetro más céntrico, lleno de policías. Por lo demás, el saigonés compensa su inclinación al abuso con industriosidad y agudeza, desplegando una iniciativa que le hace continuamente útil. Nada indica que hace unos pocos años le estuviese prohibido hablar siquiera con “extranjeros no pertenecientes a países comunistas”. 13.11Autorizado por mi compañera para hacer antropología de campo, pero inquieto por ser un ridículo viejo verde, pido al primer taxista que me lleve a una buena disco. Llego así a un sitio con aspecto de antiguo teatro, donde trato de arrastrarme tan sigilosamente como sea posible hasta la primera barra, sin mirar hacia ninguna parte antes de haber obtenido una caña y un bol con cacahuetes. Semejantes cosas me convierten en parroquiano respetable, y empiezo a recorrer con los ojos un sitio que puede considerarse fantástico, no tanto por la música como por su humana concurrencia. Un centenar de mujeres, muy jóvenes y guapas a primera vista, danzan con entusiasmo –o miran con la fijeza del búho desde barras o mesas– ante una cincuentena de varones, la mayoría empleados del lugar. La copa vale tres dólares. Una vez hecho a la estridencia y a la estroboscopia, el cliente percibe una disposición amistosa que se convierte muy gradualmente en amable. Ninguna de las gentiles azafatas habla inglés, con lo cual la comunicación se hace por gestos. Vistas más de cerca, varias son sorprendentemente bonitas, sin huella de amargura o mala vida en el rostro. De no ser por los rasgos asiáticos parecerían muchachas de cualquier disco europea, vestidas a esa moda, aunque dispuestas a departir con cualquier “nariz larga”. Al cabo de una hora o así soy invitado a una mesa donde tres damitas llevan rato secreteando entre maliciosas risas. Una de ellas sólo resulta bastante bien parecida, mientras las otras dos asombran por la lozanía y gracia de sus rasgos. La más joven lleva su pelo negro azabache a lo Juana de Arco, cortísimo; tiene ojos azules –quizá por ser nieta de algún marine– y puede competir en exótica belleza con cualquier mujer que hayavisto en mi vida. Al no entender palabra de inglés o de francés, suple los silencios haciendo una especie de risueño brindis antes de tomar cada sorbo de su copa, que contiene jarabe de zarzaparrilla con soda. Sus amigas lanzan grititos cómplices cuando lo hace, como si se tratara de una ceremonia precisa, cargada de significación. Me dispongo a pedir otra ronda, sumándome a un refresco que no veía desde la infancia, cuando ella lanza una parrafada ininteligible aunque hilarante en extremo para las otras dos. Es algo sobre muy mother y la hora, porque apunta con insistencia a su reloj. Colijo, quizás erróneamente, que es hora de retirarse cada cual a su sitio. Fuente: http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/radar/9-1165-2004-01-04.html

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Ríos de Sangre o la Historia de la Medicina
InfoporAnónimo3/16/2009

Sábado, 14 de Marzo de 2009 Ríos de sangre HISTORIA DE LA MEDICINA Sanguijuelas y lancetas fueron utilizadas por la medicina durante una cantidad de siglos incomprensiblemente larga. Sin la menor idea de cómo se generaba la sangre, ni de cuánta había en el organismo, se sometía a los pacientes al riesgo de morirse desangrados, bajo el pretexto de que las sangrías curaban todo tipo de enfermedades. Hay quienes sostienen que las sangrías mataron a más personas que las guerras e, incomprensiblemente también, tan tarde como en 1953 se siguieron usando. Por lo menos, en ese año, el mismísimo y siniestro Josef Stalin probó las mieles de este particular “método de curación” (y casi, casi, de asesinato). Por Raúl Alzogaray Una de las 56 firmas que aparecen al pie de la Declaración de la Independencia de los Estados Unidos es la de Benjamin Rush. Este hombre, que nació en Filadelfia en 1745, fue un médico y humanista que se opuso a la esclavitud y a la pena de muerte. Escribió el primer libro estadounidense sobre enfermedades mentales, fundó un dispensario para dar atención médica a los pobres y una sociedad para proteger a los negros libres. Algunos de sus contemporáneos lo consideraban el “Hipócrates de la Nación”; otros lo llamaban el “Príncipe de los Sangrados”. Este último apodo se debía a que Rush, como la mayoría de los médicos occidentales de su época, creía que todas las enfermedades se podían curar mediante sangrías (es decir, sacándoles sangre a los pacientes). Durante una epidemia de fiebre amarilla, Rush llegó a sangrar a más de cien enfermos por día, convencido de que ésa era la mejor manera de curarlos. Al principio les sacaba un cuarto litro de sangre a cada uno, pero creyó observar que cuanto más sacaba, más rápida era la recuperación, así que fue aumentando la cantidad hasta superar los dos litros (el cuerpo humano contiene unos cinco litros de sangre, Rush creía que contenía once). A través de la docencia, Rush transmitió a muchos estudiantes las supuestas bondades de la sangría. Cierta vez, un ex alumno le escribió para contarle que en cinco días le había sacado a un funcionario enfermo cuatro litros y medio de sangre. El hombre murió y el ex alumno de Rush se lamentaba, pensando que “de haberle extraído una cantidad aún mayor, quizás el desenlace hubiera sido afortunado”. En otra oportunidad, Rush demandó por difamación a un periodista que se burlaba de él y negaba los beneficios de la sangría. El periodista fue encontrado culpable y el 14 de diciembre de 1799 tuvo que pagarle a Rush un buen montón de dólares. Ese mismo día, el general George Washington, afectado por una neumonía, falleció a causa de las sangrías masivas que le aplicaron sus médicos. La costumbre de hacer sangrar a los enfermos para devolverles la salud fue una de las prácticas médicas más duraderas: la usaban los egipcios hace 2500 años y seguía ampliamente vigente a mediados del siglo XIX. ¿De dónde habrá salido la idea de que sacarle sangre a un enfermo es la mejor forma de curarlo? Quizás observando a la naturaleza. Si el cuerpo femenino sangra espontáneamente una vez por mes, parecía evidente que la pérdida de sangre debía proporcionar algún beneficio para la salud. En su Historia Natural (siglo I), el naturalista romano Plinio, el Viejo, ofreció otro ejemplo. Los hipopótamos, después de una comida abundante, buscan cañas rotas en las orillas de los ríos y se apoyan sobre ellas hasta herirse en los muslos. “Los hipopótamos son nuestros maestros en la práctica médica de la sangría”, afirmó Plinio, pensando que la pérdida de sangre evitaba que los animales se enfermaran. SI TE SOBRA SANGRE, SACATELA El libro Sobre la naturaleza del hombre (siglo III a.C), escrito por Hipócrates o alguno de sus seguidores, afirma que el cuerpo humano contiene cuatro líquidos (humores): sangre, flema, bilis amarilla y bilis negra. Si los cuatro se mantienen en equilibrio, el cuerpo permanece saludable; si el equilibrio se rompe, el cuerpo se enferma. Según los hipocráticos, en todas las enfermedades se podían reconocer tres etapas: a) la alteración del equilibrio de los líquidos del cuerpo, debida a causas internas o externas; b) la respuesta del organismo, en forma de fiebre u otros síntomas, y c) la crisis final, que terminaba con la recuperación del equilibrio o la muerte del paciente. Se creía, por ejemplo, que cuando alguien comía mucho, el cuerpo fabricaba más sangre que la necesaria. El exceso se acumulaba en las piernas y producía dolorosas hinchazones. Para curar esta situación, razonaban los hipocráticos, había que sacar la sangre sobrante. La doctrina de los humores, y con ella la práctica de la sangría, se transmitió de una cultura a otra. Los grandes médicos, desde el romano Galeno (siglo II) hasta el persa Avicena (siglo XI), la recomendaron para tratar todo tipo de enfermedades. A mediados del siglo XV, uno de los primeros textos médicos impresos por Gutenberg fue un Calendario de Sangrías. Teniendo en cuenta la disposición de los astros, esta obra indicaba las fechas más adecuadas para hacer sangrar a la gente. Durante el Renacimiento, las sangrías y otras “tareas sucias” quedaron en manos de los cirujanos (los médicos preferían dedicarse al trabajo intelectual). Cuando los cirujanos empezaron a escasear, los barberos fueron autorizados a aprender y ejercer la cirugía. Estos barberos, devenidos en noveles cirujanos, se tomaban su trabajo muy en serio y pronto crearon sus propios gremios. Anunciaban sus servicios colocando junto a la puerta de sus locales un cilindro con bandas blancas y rojas que representan las vendas y la sangre, respectivamente (hasta hace unas décadas era común ver este símbolo en las peluquerías de distintas partes del mundo). En los siglos XVI y XVII, los europeos usaban la sangría con la misma naturalidad con que hoy se toma un analgésico para el dolor de cabeza. Los ricos se hacían sangrar en forma periódica, creyendo que así eliminaban los líquidos nocivos que se acumulaban en sus cuerpos. Lejos de sospechar cómo se formaba o cuánta sangre había en una persona, los médicos sangraban repetidas veces a un mismo paciente. Un tratado publicado en 1557 afirmaba que “la sangre es como el agua de una buena fuente: cuanto más se saca, más queda”. Ni los niños ni los ancianos escapaban al tratamiento. CEREMONIA SANGRIENTA El primer paso de una buena sangría era cubrir al paciente con una gran servilleta para no mancharlo. A la luz de una vela sostenida por un asistente, el cirujano ligaba con una cinta el brazo del paciente y le daba un bastón para que lo mantuviera apretado. El corte se hacía con una lanceta, instrumento similar a un bisturí, pero con ambos bordes afilados. Sosteniendo la lanceta entre el pulgar y el índice, el cirujano hacía un corte longitudinal o en diagonal en una vena del brazo. No se recomendaba hacer cortes perpendiculares a las venas, porque se corría el riesgo de cortarlas en dos. La sangre era recogida en platillos que un segundo asistente iba retirando a medida que se llenaban. Por supuesto, el primer requisito para trabajar como asistente era no dejarse impresionar por la sangre. El cirujano siempre tenía a mano vendas, compresas y vinagre para reanimar a los que se desmayaban. Una vez terminado el procedimiento, se le daba al paciente un vaso de vino. EL DOCTOR SANGRADO La sangría era una práctica ampliamente aceptada y, sin embargo, generaba grandes discusiones entre los cirujanos. Unos decían que había que cortar las venas; otros pensaban que era mejor cortar las arterias. Algunos preferían realizar los cortes en los pies; otros, en los brazos. En el siglo XVII, el médico francés Guy Patin fue un fanático de la sangría. En una de sus cartas describió el caso de cierto señor Meulet: “Ha sufrido una fiebre continua, así que lo sangramos treinta y dos veces; ya se encuentra perfectamente bien, gracias a Dios”. Los actos de Patin eran consecuentes con su discurso. Cuando lo creyó necesario, les hizo sangrías a su esposa y a su suegro de 80 años. También sangró veinte veces a su hijo afiebrado y se sangró a sí mismo poco antes de morir. Muchos pacientes tenían menos suerte que el señor Meulet y fallecían. Otros se desmayaban y padecían dolorosas inflamaciones de los vasos sanguíneos. La aplicación abusiva de la sangría fue satirizada por los escritores de la época. En el segundo libro de su Historia de Gil Blas de Santillana (1715), el francés Alain-René Lesage describe al doctor Sangrado, personaje que va dejando a su paso un tendal de pacientes al borde de la muerte. PRENDIDAS COMO SANGUIJUELAS Hace doscientos años, la sangría era una práctica médica tan común que la lanceta se convirtió en un símbolo de la profesión. En 1823 se le dio ese nombre a una revista científica inglesa, publicación que aún existe y es una de las más respetadas en su área (The Lancet). Pero la lanceta no era la única herramienta disponible para hacer sangrías. Desde la antigüedad, los médicos contaron también con la ayuda de las sanguijuelas. Parientes cercanos de los gusanos de tierra, las sanguijuelas son unos animalitos alargados, de color verde oliva, que llegan a medir hasta 20 centímetros de largo. Cuando se aparean, las parejas se fecundan mutuamente, porque cada individuo tiene órganos sexuales femeninos y masculinos. Existen distintos tipos de sanguijuelas; algunos de estos tipos se alimentan de la sangre de mamíferos, peces, reptiles y otros animales. Las sanguijuelas chupadoras de sangre tienen tres mandíbulas con decenas de dientes que usan para cortar la piel de sus víctimas. La mordedura no produce dolor, porque la saliva contiene un anestésico. También posee un anticoagulante que asegura el fluir de la sangre a medida que es succionada. En la época de Hipócrates, el uso médico de las sanguijuelas ya era una costumbre milenaria. Un texto de medicina publicado en 1634 destacaba su utilidad para sangrar encías, la boca del útero y otros lugares de difícil acceso. En Europa, el uso de sanguijuelas alcanzó su apogeo en el siglo XIX. Hacia 1820, Francia era un gran exportador de estos bichos, pero pronto se convirtió en un importador masivo, llegando a comprar 41 millones en un solo año. Esta enorme demanda se debía a las entusiastas recomendaciones del cirujano militar Victor Broussais, que les ponía a sus pacientes hasta cincuenta sanguijuelas al mismo tiempo (entre todas extraían más de medio litro de sangre). Las sanguijuelas se colocaban dentro de un vaso que luego era apoyado boca abajo sobre la piel del paciente. En unos pocos minutos, los animalitos comían hasta hartarse. Había médicos que les cortaban la cola. De esa manera, nunca se llenaban, porque la sangre que ingerían salía por el extremo cortado, y seguían succionando durante mucho más tiempo. USOS Y DESUSOS La sangría y las sanguijuelas empezaron a caer en desuso durante la segunda mitad del siglo XIX. El descubrimiento de las verdaderas causas de las enfermedades y la aparición de las historias clínicas que describían los tratamientos y sus resultados revelaron que sacarle sangre a un enfermo no le producía beneficio alguno. También pusieron en evidencia que durante siglos se habían hecho correr inútiles ríos de sangre. Hoy, la sangría se usa sólo en situaciones muy específicas, para tratar enfermedades raras como la hematocromatosis (exceso de hierro en el organismo) y la eritrocitosis (exceso de glóbulos rojos). Pero las sanguijuelas nunca se dejaron de usar por completo. En la década del ’40, Inglaterra aún importaba unas pocas miles por año. A comienzos de marzo de 1953, la aplicación de sanguijuelas detrás de las orejas fue una de las medidas desesperadas que se tomaron para intentar salvar al hipertenso, arteriosclerótico, semiparalizado y comatoso (y siniestro) dictador ruso Josef Stalin (que murió esa misma semana). En junio de 2004, la Administración de Drogas y Alimentos de Estados Unidos (www.fda. gov/oc/spanish) aprobó el uso de sanguijuelas en ciertas intervenciones de cirugía plástica. A veces ocurren accidentes que implican la pérdida de los dedos y ocasionan graves daños en los vasos sanguíneos. La sangre se acumula en la zona afectada y los tejidos mueren. Este problema se puede evitar colocando sanguijuelas que se alimentan de la sangre acumulada. “Al principio, la idea de usar sanguijuelas les parece repulsiva [a los pacientes]”, declaró Rod J. Rohrich, presidente de la Sociedad Americana de Cirujanos Plásticos “pero al final lo aceptan, cuando comprenden que es una manera de salvarles la vida”. FUENTE: http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/futuro/13-2107-2009-03-16.html

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El Ateo - Publicación contra las jerarquías (Nro.1)
InfoporAnónimo3/11/2009

EL ATEO. Publicación contra las jerarquías - Nro.1- Agosto del 2006 ¡DESEARÍAMOS QUE DIOS ESTUVIESE VIVO PARA QUE LEA NUESTRO PERIÓDICO! EDITORIAL Nro. 01 He aquí el primer número de "El Ateo", publicación que surge desde el desprecio, el desprecio por cualquier religión y su dios (o diosa), el desprecio por el mandato de querernos hacer deambular de rodillas bajo un cielo amenzante y un infierno inminente, el desprecio a reducirnos a "creyentes". Si desde esta publicación vamos a bajar a cualquier deidad a piedrazos no es nuestra intención dejar el lugar vacante para que cualquier imbécil lo ocupe de nuevo, tampoco una idea o cualquier ideología o abstarcción. Tomaremos el lugar de dios como loc@s herdid@s, bailando, bebiendo, cantando, corriendo desnud@s, riendo, llorando. Algunas aclaraciones, que solo haremos por ser este el primer número: - Este número ha sido realizado por afinidades ateas que esperan tu participación en el proyecto, ya sea escribiendo para los posteriores números o difundiendo este periódico. - La sección "Humor" no son inventos nuestros, son las curiosidades que nos presentan las estúpidas religiones (mas allá de chistes ya viejos y conocidos como ese de dios, el del cielo y el infierno, etc, etc...) ¡Ni dios, ni maestro, ni patria, ni patrón! EL ATEO. <elateoyahoo.com.ar> -------------------------------------------------------------------------------- "¡Y pensar que medimos el tiempo empezando a contar desde el día fatal en que empieza destino tan degradante: desde el primer día del cristianismo!. ¿Por qué no ha de medirse a contar desde su último día?. Desde hoy por ejemplo...¡Transmutación de todos los valores!." Friedrich Nietzsche. (de "El Anticristo" -------------------------------------------------------------------------------- TRES CLAVOS QUE CUELGAN Y DECORAN TODAS NUESTRAS PAREDES. No lo vamos a seguir negando... tod@s odiamos a nuestro señor Jesucristo, ya no nos es soportable ni su expresión de culpa irreprimible ni su hermoso rostro coloreando nuestra ciudades. Llevamos más de dos mil años soportando su indiscreción en nuestra vida cotidiana y su estigma en los consejos de nuestras bieninetencionadas madres, y no creemos posible que la cruz gigantesca que los más talentosos artistas han pintado no lo haya aplastado definitivamente. Acéptalo, mujer, Jesucristo ha muerto; es más, nunca estuvo vivo, y la materia inerte es comida de gusanos, aunque en este caso nos atormenta con su misericorsiosa belicosidad. Los clavos con que lo colgaron como a una pobre vaca que sí alguna vez estuvo viva y que prende de las vigas de algún lejano frigorífico, y los palos con que no pudieron quebrarle las piernas deberían lucir birllantes y gloriosas en nuestros museos. Jesucristo ha muerto, y es hora de entregar su suave cadáver a las hienas y demases carroñeros. Así como ya el emblema de sus ojos piadosos debería ser crucificado, así deberíamos colgar a nuestro esquelético redentor, porque el cadáver se pudre en cada cruz que besan esas viejas hediondas a iglesia cada domingo, y la túnica con su olor a mártir hoy se convierte en diarios rotos manchados por cinco mil años de compasión extraterrestre. Y si es cierto que los muertos hablan, Jesucristo debe balbucear patrañas desde un ataúd pútrido que nos refleje de verdad quien es el que vive, y quien murió según mueren las leyendas, chupando los últimos restos de una gloria que hoy la ciencia diseca con ideal religiosidad. Cristo muere, y aún así mi madre me pide que bautice al niño. Óyeme, cadáver palpitante, tus huesos no son más que una costilla podrida con la que Adán le miente a toda una historia. Olvídate de tu trono y de tu dolor, porque estás desecho en materia podrida, y cualquiera de nosotros que estamos vivos tragamos cada día más vinagre del que tus imaginarios asesinos te sirvieron en copas de oro. deja de pretender que existes y encamínate rápidamente hacia tu funeral, puesto que todos aquí sabemos que estás muerto, y que tus pósters se destiñen triunfantemente en todas las ciudades del mundo. Baobabs. -------------------------------------------------------------------------------- SI DIOS EXISTE ES UN SÁDICO. Miles de niños hambrientos, con sus panzas hinchadas, mueren retorciéndose de dolor. Miles de niños mueren enfermos antes de cumplir un año de vida. Tumores, cáncer de todo tipo, muertes por ahogo o asfixia, porque ya nacen con venas pequeñas o arterias malformadas. Miles de niñas que son violadas por sus padres, tíos o abuelos. Curas pervertidos que violan a niños. Hospitales repletos de gente pobre que se muere esperando un turno para ser atendida. Niñas de 12 o 13 años pidiendo plata en las calles con su (ya condenado de antemano) hijo cargado al hombro. Niñas y adolescentes que son prostituídas a la fuerza, con complicidad de jueces y policías que, coima de por medio, dejan pasar esas atrocidades no sin antes ganar algún mísero centavo. Y miles de imbéciles y fracasados, de todas las clases sociales, que sacian sus enfermas obsesiones sexuales, con pobres criaturas que no pueden defenderse. Hambre, destrucción, perversión, sadismo, miseria, pobreza, tapados de piel y animales que se extinguen; enfermedades, locura colectiva, esposos golpeadores, y policías torturadores que, en democracia, siguen violando a gente en esa cueva del crimen, llamada comisaría. ¿Qué nos dice la religión ante todo esto?. Dios así lo quiere, por algo será, en otra vida estaremos mejor, hay que someterse para ser libres. ¡No! Me cago en Dios y en todo su orden. Si Dios existe es un sádico, que se masturba viendo cómo las criaturas creadas por él, sufren y se revuelcan de dolor día a día. Me cago en Dios y en sus curas, me cago en monjas y jueces, me cago en profetas y mesías, me cago en pastores, obispos, rabinos y sultanes. Me cago en Alá, Jehová, Dios, Buda o Juan de las pelotas. La religión está hecha para conformar a los pobres infelices que no soportan tanta desesperación, y para mantener el orden establecido, mientras curas, obispos, cardenales y monjas, luego de sus orgías, agarran su parte de la torta por garantizar que los hambrientos y desesperados no prendan fuego este mundo que apesta, por hacerles creer que en el cielo ese mismo Dios enfermo los amará. Mentira, ilusos, no existe Dios, no hay cielo ni infierno, sólo existe tu dolor y tu soledad más absoluta en este mundo decadente al que no le importás ni vos ni nadie. Pastores y rebaños, buenos corderitos de Dios que compran y venden agua “bendita”, no voy a parar hasta beber su agua “bendita” y al primer cura que se me cruce le voy a mear toda la cara, y a no decirme nada eh, porque mi meada será una meada bendita. Y si ustedes, buenos coderitos y pastores, no soportan el ácido sabor de mi orina, no se rebelen, yo fui creado por vuestro mismo Dios, el así lo quiso. Si Dios existe, hay que prenderlo fuego, a él y a todo su santo orden. ¡Muerte a Dios!. ¡A prender fuego el Vaticano! Elvio Lento -------------------------------------------------------------------------------- LA SALVACIÓN A NUESTRA CONDENA. Y el diablo libertario metió la cola y la salvación a nuestra condena llegó en forma de una mordida, un simple movimiento de mandibula, que él por un lado inconsciente pero por otro, conciente Adán, realizó atinándoselo a una simple manzana, símbolo de la debil autoridad de dios sobre su mejor creación, por medio de la cual, sabiendo sin saber, un simple pedazo de barro comenzó la erradicación del todopoderoso dictador que lo había limitado durante toda su existencia. Con este escrito justifico al pecador, porque si el dicador no dictase, el pecador no existiría, Adán habría mordido la manzana, pero sin remordimiento y le habría convidado a dios y al diablo y todos hubiéramos sido felices en nuestro paraíso terrenal por los siglos de los siglos. Amén. Iván Rojas. -------------------------------------------------------------------------------- Humor: EL SANTO PREPUCIO DE CRISTO. El Santo Prepucio de Cristo ha supuesto un dilema teológico que ha obsesionado a los padres y doctores de la iglesia durante siglos. Amén de haber protagonizado los trances y éxtasis de los grandes místicos de todos los tiempos. La explicación a esta trascendental reliquia ha de a de buscarse en el dogma -decretado por Santo Concilio- de que la naturaleza del hombre Jesús es a la vez divina. Pero Jesús, como judío que era, fue sometido a las circuncisión, y ese trozo de pellejo de su pene, por lógica, habría de ascender a los cielos de la misma forma que ascendió todo el cuerpo de Jesus resucitado. Pero, durante siglos, los grandes pensadores de la Iglesia se debanaron los sesos intentando dilucidar la respuesta al enigma: ¿se unió el prepucio de Cristo al resto del cuerpo tras la ascensión física de Jesús a los cielos? ¿acaso ascendió una vez operado el pene del Mesías y aguardó a la derecha del Padre a que se consumase la pasión de Cristo? ¿tal vez el Prepucio de Jesús -y la primera sangre derramada por el Hijo de Dios en su misión salvífica- encerraba en si mismo parte de la redención prometida? Mientras los grandes teóricos especulaban sobre tan inquietante dilema teológico, las místicas del medievo protagonizaban insólitos éxtasis en los que el Santo Prepucio se manifestaba en toda su gloria. Sor Agnes Blannbekin, por ejemplo, una monjita mística muerta en Viena en 1715, vivía unos espectaculares trances en los que se le aparecía el Divino Prepucio, comulgando con él como lo que es: la carne y sangre de Cristo (no olvidemos que en el sacramento de la comunión precisamente comemos la carne y sangre del Mesías). Y, según describía en sus extasis místicos, el Santo pellejillo se materializaba en su boca, con un sabor dulce y carnoso, llenándola de una gran sensación de gozo. Otras muchas místicas protagonizaron comuniones prepuciales parecidad, e incluso se escribieron tratados monograficos sobre el tema, como el célebre El sagrado prepucio de Cristo, publicado en 1907 por el erudíto A. V. Müller. Como no podía ser menos, los traficantes de reliquias dirigieron su atención ante tan estimulante fetiche, y por obra del Espiritu Santo, comenzaron a venerarse Divinos Prepucios en diferentes catedrales, basílicas, monasterios, iglesias, ermitas y capillas del mundo. Hoy en dia se puede rendir pleitesía a un prepucio de Cristo en la basílica laterana de Roma, pero también en Charroux, o en Ambres. También se profesa devoción a un Santo pellejo en París, y a otro en Brujas. Existe otro Santo Prepucio en Bolonia, otro en Besanson, uno más en Nancy, y otro en Mentz. Tambien hay un divino pellejo en Le Puy, otro en Conques, y otro en Hildesheim. Por no hablar del Prepucio de Cristo de Calcuta, el de Burgos y un largo etcetera. En algunas ciudades, como Charroux (Francia) era tal la devoción que inspiraba el Santo pellejo, que llegaron a crearse cofradias organizadas, como Hermandad del Santo Prepucio, encargados de custodiar la reliquia conservada en esa ciudad, muy venerada por las mujeres embarazadas, o que deseaban estarlo. -------------------------------------------------------------------------------- ¿Has escupido sobre un cura que pasa? ¿Has tenido ganas de prender fuego a una iglesia, un templo, una mezquita, una sinagoga? En caso afirmativo, has entendido que: (...) Los símbolos religiosos demuestran la permanencia del desprecio que los regímenes jerárquicos de todos los tiempos han sentido por los hombres. Por tomar únicamente un ejemplo, Cristo... En primera fila de las sucursales de productos divinos, las Iglesias cristianas han adoptado bajo la presión del proceso mercantil una exhibición contorsionista que sólo concluirá con la desaparición total de la marca de fábrica publicitaria, el camaleón Jesús. Hijo de Dios, hijo de puta, hijo de virgen, fabricante de milagros y de panecillos, pederasta y puritano, militante y miembro del servicio de orden, acusador y acusado, peón y astronauta, no hay ningún papel que no esté al alcance del sorprendente títere. Se le ha visto de mercader de desgracias, de viajante de gracias, de sans-culotte, de socialista, de fascista, de antifascista, de staliniano, de barbudo, de reichiano, de anarquista. Ha estado bajo todas las enseñas, bajo todas las banderas, con todos los autodesprecios, a ambos lados del juego, junto a la mayoría de las ejecuciones capitales, donde aguanta tanto la mano del verdugo como la del condenado. Tiene su lugar en las comisarías, las cárceles, las escuelas, los burdeles, los cuarteles, los grandes almacenes, las áreas guerrilleras. Ha servido de pendiente, de poste indicador, de espantapájaros para mantener a los muertos en paz y a los vivos de rodillas, de tortura y de régimen adelgazador; servirá de consolador cuando los mercaderes de santos prepucios hayan rehabilitado comercialmente el pecado. (...) En realidad, ya estás luchando, conscientemente o no, por una sociedad en la que habrá desaparecido la organización del sufrimiento y de sus compensaciones, en la que al ser cada cual su propio dueño la idea de dios carecerá de sentido, en la que sobre todo los problemas de la vida auténtica y de las pasiones a satisfacer dominarán definitivamente sobre los problemas de la vida al revés y de las pasiones a rechazar. Raoul Vaneigem (de "De la huelga salvaje a la autogestión generalizada" FUENTE http://ar.geocities.com/anarquistasrosario/elateo1.html http://ar.geocities.com/anarquistasrosario/presentacion.html

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