Domingo, 28 de Diciembre de 2008
La cuadratura del círculo

Si el rock hecho en Argentina se destaca por sobre todas las demás formas que adoptó el rock’n’roll en Hispanoamérica, esa misma identidad se refleja en las tapas de esos discos. Ya desde el comienzo, artistas, ilustradores, fotógrafos, diseñadores y los mismos músicos se preocuparon por desplegar una identidad propia, signada por la ironía, las referencias y los guiños a la época y los avatares de este país tan extraño en el que les tocó componer y cantar. Por eso, el reciente A todo volumen, del periodista Sebastián Ramos con colaboración de Marcelo Morán, recopila apenas un centenar de las historias detrás de esas tapas que –muchas veces– dicen tanto como los discos que contenían.
Por Martín Pérez
Dicen que una imagen vale por mil palabras. Pero una imagen en la portada de un disco tiene un valor más preciso: vale por las ocho o diez canciones que contiene la placa. O al menos eso sucedía en las épocas de los vinilos, esos objetos incómodos para llevar, pero del tamaño exacto para sostener mientras sonaba la música en cuestión. Y tan recordado sigue siendo, que el heroico A todo volumen, entusiasta obra del periodista Sebastián Ramos junto al diseñador Marcelo Morán, que –tal como reza su subtítulo– recorre algunas historias de las tapas del rock argentino, reproduce aquel tamaño. A tal punto, que no les importa a Ramos y Morán llevar casi de prepo las tapas de los compact elegidos a esa proporción, aunque la reproducción termine sufriendo un poco en el camino. “Tuvimos cierta resistencia en un principio por parte del diseñador, pero lo convencimos”, confiesa con una sonrisa pícara Ramos, que terminó logrando un imposible, aún con ciertas imperfecciones a flor de piel: imaginar lo que sería toda una colección del rock argentino íntegramente en el formato que debe ser, aun en tiempos de la inminente desaparición de todo formato físico de semejante colección: el del vinilo.
Uno de los primeros logros de esta historia –que no es historia con mayúscula porque no pretende ordenarlas todas en una sola, sino apenas si recorre algunas historias de las tapas más curiosas, más originales o simplemente más recordables– es la de ponerle a cada tapa un nombre propio, y en ese mismo movimiento recuperar ciertos otros nombres del olvido. Porque, además de los nombres más famosos de ese curioso arte de ponerle tapa a un disco de rock –de Juan Gatti a Rocambole, digamos, por nombrar a dos de los más heroicos responsables del arte del vinilo al compact, y confesos preferidos de los autores–, Ramos y Morán desempolvan más de una autoría perdida, con el simple mecanismo de poner una tapa memorable en el centro de la escena, y hacer hablar a sus responsables. “Lo que más nos terminó costando fue averiguar los créditos de aquellos discos históricos, porque nadie sabía bien quién los había hecho”, confirma Ramos, que pone como ejemplo los dibujos de las tapas de Pappo’s Blues, o el detalle descubierto con paciencia de arqueólogo, sobre la verdadera autora de la foto de estudio del disco debut de Todos Tus Muertos, nominalmente obra de Andy Cherniavsky, pero en realidad a cargo de Hilda Lizarazu, su ayudante en aquel momento.
Fruto de un trabajo de poco menos de una década, A todo volumen comenzó como un juego, según les gusta decir a sus autores. “Nos colgábamos con Marcelo a escuchar música, y a redescubrir esas tapas”, recuerda Ramos. Si se le pide un punto de partida, termina mencionando un disco de Crucis, y uno de la Pesada del Rock. “El volumen tres, el de las calcomanías pegadas, que terminó fuera del libro”, precisa. Cada tapa devela una historia, y cada historia destapa algún personaje, como la fotógrafa Nora Lezano, o el artista Nessi Cohen, autor del arte de tapa de los discos de Don Cornelio. “Los primeros en descubrir cosas fuimos nosotros, porque yo no sabía la verdadera historia del luchador de sumo en la tapa del último disco del grupo de Luca, o pasé toda mi vida pensando que el dibujo en la portada del primer disco de Don Cornelio, uno de mis preferidos, era una figura femenina, y al hablar con Nessi descubrí que no se trataba de eso, sino de un pajarraco”.
Paso a paso, sin embargo, el juego de A todo volumen termina demostrando algo que apenas si destaca Rocambole en una mini entrevista incluida en el libro: que el rock local logró crear una estética propia. Eso que se escucha en la música, al compararla con la de otros países de habla hispana intentando hacer su propia versión del rock anglosajón, se percibe también en las tapas. “Desde el primer disco de Almendra, con una tapa dibujada por Spinetta, se plantea otra forma de darle gráfica al rock”, explica Rocambole. “En ese sentido el rock nacional ha tenido desde sus orígenes una línea de pensamiento, que insistía en acompañar con una gráfica en particular que, además, expresaba lo que pasaba musicalmente con la cultura joven y las rebeldías del momento.” Con referentes mínimos –como la tapa del primer disco de V8, por ejemplo– o máximos –las de Las Manos Santas van a Misa de Las manos de Filippi o Versus de Illya Kuryaki, cuyos librillos del CD están llenos de citas–, todo tiene lugar en el caprichoso cambalache del rock nacional y del libro de Ramos y Morán, que apenas si se ordena detrás de un orden cronológico pero, como todo laberinto, sólo se sale de él por arriba, y desde ahí, claro, se puede ir recorriéndolo con conocimiento de causa.
“Es que nunca tuvimos la idea de que fuese un trabajo enciclopédico, es apenas una mirada”, se excusa Ramos. Y detrás de esa excusa se encolumnan todos los nombres redescubiertos en cada una de las historias reconstruidas. Y entonces la mirada de Ramos y Morán funciona como punto de partida, y todos los caminos llevan al centro. A un vinilo que siempre es difícil de llevar, sí, pero cuando comienza a girar –y a sonar– queda claro que tiene el tamaño justo. Para perderse en cada una de las imágenes. Y descubrir, página tras página, portada a portada, una historia más de esa hermosa leyenda –y también presente– de algo llamado Rock argentino.
A todo volumen
Historias de tapas del rock argentino
de Sebastián Ramos
con la colaboración de Marcelo Morán
130 pesos
Artaud
Pescado Rabioso Artaud 1973 Talent/Microfón
Diseño Juan Gatti/Luis Alberto Spinetta
No seas cuadrado. No seas cuadrado. No seas cuadrado. La tapa del disco Artaud no era cuadrada. ¿Por qué? Por tipos como Artaud. La portada era, sí, verde y con brillos amarillos. Y era informe, con cuatro puntas no aptas para las bateas de los ’70. La idea, consensuada con el propio Spinetta, fue de Juan Gatti, el artista responsable de varias de las mejores tapas de los primeros años del rock argentino. Es su obra maestra para toda una generación, y recordada como una de las joyas del diseño de portada de todos los tiempos. “En ese momento la hicimos con Luis Alberto y quedó como un delirio, porque realmente estábamos volados, pero no por las drogas, sino como en estado de permanente alucinación. Hicimos esa tapa que no entraba en ningún stand y las tiendas de discos nos querían matar porque no sabían cómo exhibirlo, la gente no lo podía guardar. Fue un objeto muy incómodo y movilizador para la época.”
La la la
Spinetta/Páez La la la 1986 EMI-Odeón
Fotografía Eduardo Martí Dirección de Arte Horacio Gallo
“La tapa fue una idea de Luis: ‘¿Cómo hacemos para fusionar las dos caras en una?’, me preguntó”, cuenta el fotógrafo Eduardo Martí. “A partir de esa idea, y con la presencia de dos artistas que siempre pensaron que la poesía de sus obras trasciende lo estrictamente musical, lo hicimos de manera bastante rudimentaria, con los elementos de confort que teníamos al alcance de la mano, que no eran muchos, en una casa que alquilaba Fito por Belgrano R”, recuerda Martí. “Era la era analógica y la fotografía se hizo con una doble exposición. Primero lo senté a uno y le iluminé un lado de la cara. Después lo senté al otro y le iluminé el otro lado. Siempre sin correr el negativo. En esa época no existía la posibilidad de manipular las fotos y, en cierta forma, todo era más simple: en una misma placa, se disparó dos veces y listo. Eso sí, había que medir con exactitud para que todo coincidiera. Antes, lo que no pasaba delante de la cámara no existía en la toma.”
Billy Bond y la Pesada del Rock and Roll
Billy Bond y la Pesada del Rock and Roll
Billy Bond y la Pesada del Rock and Roll 1971
Music Hall
Foto José Luis Perotta
“Yo fui un poco el catalizador de todos esos músicos y, de alguna forma, fui también su líder real”, cuenta Billy Bond refiriéndose a Luis Alberto Spinetta, Pappo, Vitico, David Lebón, Pajarito Zaguri, Black Amaya, Javier Martínez, Pomo, Luis Gambolini, toda una generación de músicos y amigos con los que grabó el primer álbum de La Pesada. “Eramos muy amigos y entre nosotros no había ningún tipo de competencia, ni musical ni de egos. En La Pesada no existían las rivalidades porque todo era muy limpio y todos tirábamos para el mismo lado. De ahí surgió la idea de reflejarlos a todos en mi cara para la tapa del primer disco: yo era algo así como la careta de esos músicos increíbles, era todos ellos juntos y al revés, porque esos músicos representaban también todo lo que yo era”, dice el creador del primer y último supergrupo del rock argentino.
Rock de la mujer perdida
Los Gatos Rock de la mujer perdida 1970 RCA
Foto Oscar Bony
Rock de la mujer perdida se llamaba originalmente Rock de la mujer podrida, pero según el propio Nebbia “a la compañía discográfica le pareció muy agresivo y le cambié el título. En ese momento me pareció que estaba bien, que la esencia era la misma”. Sigue Litto: “En la portada queríamos una mujer que respondiera a la bohemia del personaje al que se refiere la letra de la canción... y encontramos a esta chica que laburaba en una boutique de la Galería del Este, sobre avenida Santa Fe”. La primera fotografía que vieron Ciro Fogliatta y Bony para la tapa fue de un banco de imágenes, en la que la modelo, según el tecladista, “era el triple de gorda y con una ropa de lencería negra espectacular. No se podían conseguir los derechos, pero nos propusimos mantener ese espíritu. Es una tapa muy loca, porque quedó esa historia dando vueltas que aseguraba que la mina de la foto era yo, vestido de mujer. A mucha gente, si le decías que era soy yo, le tirabas la moral abajo. Los argentinos somos supermitómanos y ese tipo de cosas nos encantan”.
Grasa de las capitales
Seru Giran Grasa de las capitales 1979 Sazam Records
Foto Rubén Andon Arte Rodolfo Bozzolo
“La idea fue mía”, dice Charly García. “Estaba podrido de todas esas revistas tipo Gente, que eran tan caretas. Habíamos compuesto ese disco para ir al choque directamente. Las canciones eran más pesadas, más contestatarias. Había que salir de la grasa, de la mediocridad. Era una época en que el rock todavía estaba en contra de la música comercial: era nosotros contra el mundo. Y la revista Gente era el enemigo.” Cada uno eligió su personaje. Pedro Aznar, el oficinista nerd (“lo tomé prestado de una performance que hacía Miguel Zavaleta en su grupo Bubu”). David Lebón, el rugbier. Oscar Moro, el carnicero. Y García, el empleado de estación de servicio “con crítica a las petroleras que se llenan de dinero y manejan el mundo a su antojo”, remata Charly. Sí, en los ’80 también. El titular que aparece a la derecha de la tapa (“Descubrimos los dobles de Seru Giran”) también tiene destinatario: un comentario crítico escrito por el poeta y periodista Pipo Lernoud en el Expreso Imaginario sobre un show que Seru Giran ofreció en Obras. La frase incluida como titular también tiene su cuentito. Dice Charly: “Cuando estuve en Brasil, en la primera época de Seru, hubo toda una campaña en contra mío. Las notas eran del tipo: ‘Charly se olvidó de nosotros’. Hubo una que tituló con ‘Charly García, ¿ídolo o qué?’, y empapelaron la ciudad con el aviso de la revista... una grasada total”.
La dicha en movimiento
Los Twist La dicha en movimiento 1983 Interdisc Diseño Gráfico Rubén Vázquez
“El nombre lo sacamos de un viejo libro que tenía Pipo: el manual de toxicología de la Policía Federal, donde buscamos la palabra cocaína y decía: Cocaína: Raviol. La dicha en movimiento”, cuenta Daniel Melingo. Veinte años después de aquel debut discográfico de Los Twist, una muestra sobre la cultura en los ’80 realizada por la Fundación Proa escogió la portada del álbum como icono gráfico de la época. “Ese amarillo lo saqué de una promoción de Pepsi que había en ese momento en un supermercado”, recuerda Nebur, seudónimo de Rubén Vázquez, un artista plástico que también trabajó con Los Abuelos de la Nada y Virus, entre otros. Pero el álbum tuvo, en su origen, una portada diferente. Dice Pipo: “La tapa era una foto de una fiesta, tipo un asalto, con un sofá, músicos con bonetes, serpentinas, copas de martini y algunas chicas. La fotografía la había hecho Mariano Galperín, amigo de la infancia de Fabián Couto, que en ese momento era nuestro manager. Pero una de las chicas que estaba en la tapa falleció a los pocos días, y decidimos no usar la foto”. Quedaron las serpentinas, sí, y un amarillo que vale más que mil fiestas.
Todos tus muertos
Todos Tus Muertos Todos tus muertos 1988 RCA
Foto Cherniavsky/Lizarazu
En 1988, bajo el ala de un sello grande, Todos Tus Muertos edita su álbum debut. ¿La tapa? Los cuatro integrantes del grupo en versión cadavérica (en irónica referencia a las portadas de los viejos discos de soul y al Let it be de Los Beatles). “Este disco fue el del famoso contrato con la RCA, que después lo rescindieron y nos dejaron en la calle. O, mejor dicho, volvimos a la calle. Ellos organizaron una sesión de fotos para la tapa, superprofesional, en el estudio de Andy Cherniavsky. Pero como ella tenía mucho trabajo, la que terminó sacándonos las fotos fue Hilda Lizarazu, que en esa época era su asistente”, recuerda Fidel. De izquierda a derecha, arriba: Christian y Fidel (las rastas lo delatan); abajo: Gamexane y Félix. Las fotos de los músicos con una radiografía de cráneo superpuesta. “Parece lo que quedó de Los Beatles después de un tiempo”, dice Félix.
Baccarat por el mundo
Sergio Pángaro Baccarat por el mundo 1999 Sony Foto López/Friedman Diseño Zona de Obras
“La idea surgió de la identidad de Baccarat en ese momento”, dice Pángaro. “En esas fotos damos la imagen de ser gente viajada, ¿no?”. Y sí, la gente bien es así. O al menos luce así, como Pángaro, María Ezquiaga y Adriana Vázquez en las coloridas postales del primer disco de Baccarat. ¡Cuánto glamour! De todas formas, el gran despliegue de producción está más cercano a la gesta heroica en tiempo de crisis que a un despilfarro de dinero antojadizo de dos ricachones. Hubo más ganas que dinero”, cuenta Marcos López. “Pángaro me llamó y le dije que le hacía las fotos, pero que tenían que ser en una sola jornada, sin repetir nada. Conseguimos una combi, cargamos los equipos y nos lanzamos en una especie de raid por la ciudad. Con 500 pesos hicimos lo que en Los Angeles hubiese costado 50 mil dólares.” La Fragata Sarmiento, el Museo Aeronáutico, el bar del Hotel Plaza, el Jardín Japonés. Todo en menos de veinticuatro horas y sin ningún permiso previo. “Todavía no entiendo cómo no nos sacaron a patadas de esos lugares. Sergio es una persona muy optimista: si necesita un Cadillac rojo y yo le digo que tengo un Fiat 600 rojo, le da para adelante igual. Se ve a sí mismo como un dandy del subdesarrollo y por eso encaja en mi sentido del humor y mi estética”.
La era de la boludez
Divididos La era de la boludez 1993 Polygram
Foto Alejandra Palacios Diseño Gráfico Ponieman/Murlender
“Fue un gesto medio del negro Olmedo... ¡No toca botón!” Diego Arnedo es una persona introvertida, pero la imitación del capocómico le sale de lo más natural. Elogiado hasta el cansancio como el mejor bajista del rock argentino, el tipo nunca fue devoto de las luces y las marquesinas. “Me costó mucho entender por qué querían que fuera esa foto mía en la tapa. Era una buena fotografía y la actitud del gesto estaba bien, pero me costó resolver que mi foto iba a representar al grupo. Tardaron, pero finalmente me convencieron de que era una idea divertida”, dice acerca de la tapa de La era de la boludez, álbum icono de la década del ’90, que lo tiene como protagonista excluyente.
Miami
Babasónicos Miami 1999 Sony
Diseño Gráfico Alejandro Ros
“Miami es una marca, un icono de la cultura pop. Y también es la entrada a los Estados Unidos para Latinoamérica, un lugar infectado de antirrevolucionarios que quieren el capitalismo. En fin, Miami es como Babilonia, o tan babilónico como Retiro, Once o Pompeya... Con otro glamour, pero de última es lo mismo, es la capital de la cochambre. Constitución, Foz do Iguazú, Asunción del Paraguay... ¿no son iguales a Miami?”, Adrián Dargelos dixit. Una de las portadas más ingeniosas del rock de los años ’90 descoloca a cualquiera que la desafíe. La original idea de torcer la orientación del mapa de la Argentina y refundar la ciudad de Miami en la frontera tripartita argentino-paraguaya-brasileña logra un efecto visual y conceptual único. Una obra que, sostenida en imagen y discurso, marca una época: los años de frivolidad menemista y la búsqueda de la ironía como única arma para combatir lo que Dargelos define como “un proceso social donde todos los valores fueron tergiversados”.
Rarezas y bonus tracks
1. El velado homenaje a Perón en la tapa del compilado Pidamos peras a Mandioca (1970). Según Billy Bond, tan velado que casi nadie lo pescó.
2. Un op-art involuntario: la supuesta silueta femenina que en realidad es un pajarraco en el debut de Don Cornelio y La Zona (1987), obra de Nessy Cohen.
3. No sólo los discos se pasan al revés: el ángel que dado vuelta es un diablo, en la tapa de Despedazado por mil partes (1996), de La Renga.
4. Tapa del debut de Cienfuegos (1995), basada en el envase del Contugesic, un remedio que sirve para tratar la abstinencia de heroína. Dos años después, los ingleses Spiritualized repitieron el truco y fueron aplaudidos por el mundo.
5. Para Buena suerte (1991), el debut de Los Rodríguez, Calamaro quiso dibujar la tapa. Pero sus dibujos (5) fueron rediseñados y firmados (6) por el estudio de Pedro Delgado, a cargo del arte de tapa.
6. Invisible a los ojos: el graffiti que Charly encontró en una calle de Nueva York y que usó para la tapa de Clics modernos (1983) esconde otro graffiti que para muchos es toda una revelación.
http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/radar/subnotas/5015-855-2008-12-28.html