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Julio Cortazar entrevistado por Martín Caparrós
InfoporAnónimo9/14/2009

“Espero que nunca le pongan mi nombre a una calle” Julio Cortazar entrevistado por Martín Caparrós Sucede una cosa muy curiosa: en el par de días que llevo aquí ya varias personas me preguntaron qué siento con este regreso y cómo encuentro la Argentina. Y yo veo que lo hacen un poco como si recién al desembarcar aquí yo me enterase de lo que ha pasado, y no es así. Muchos de los que hemos vivido tantos años en condición de exiliados hemos seguido muy de cerca la situación argentina, y en algunos planos críticos hemos tenido una información mucho mejor que la que podía tener aquí el argentino medio, totalmente cercado por la censura. Anoche un amigo se quedó muy asombrado cuando se enteró de que yo había escrito en Francia y difundido en España y América Latina, a través de la agencia EFE y el diario El País, una cantidad de artículos donde le pegaba con las dos manos a la Junta. No tenía la menor idea, porque claro, aquí no salió nada. Entonces, cuando me preguntan cómo veo las cosas aquí, digo que la única diferencia es que ahora estoy materialmente en Buenos Aires, pero en estos diez años de ausencia he estado todo el tiempo aquí, aprovechando una información lo más completa posible, ya sea periodística o clandestina. –En función de esa información: ¿qué opinás sobre el proceso que se está abriendo en el país? –Tengo la impresión de que al pueblo argentino se le ofrece una oportunidad única, después de las elecciones, de iniciar un camino de ascenso, de salir del pozo. No sólo es una oportunidad única, sino que voy a decir algo que no me gusta decir pero no tengo otro remedio: creo que es la última oportunidad que tenemos, y que si la perdemos –dado el estado de quiebra tanto económica como ética en que ha caído el país–, los resultados pueden ser catastróficos. Los civiles tienen su destino en sus manos. ¿Qué significa eso? Significa por ejemplo que el trabajo del gobierno se cumpla, no en un clima de unión total porque eso es inconcebible, pero que las oposiciones sean constructivas. Que sean oposiciones críticas –todo poder necesita críticas, porque si no cae poco a poco en el cesarismo–, pero críticas desde adentro, constructivas. Un poco como sucede en la lucha revolucionaria, donde una cosa es criticar lo que pasa en Cuba o Nicaragua –como yo hago todo el tiempo, pero desde adentro, siendo solidario– y otra muy distinta hacerlo desde afuera para destruirla. –Hablás de trabajar y criticar desde adentro, o sea desde la democracia. ¿En qué medida te parece viable el camino democrático, considerando que tus opciones políticas han ido por vías más revolucionarias? –Cuidado con eso, porque en primer lugar me parece que la noción de revolución no es en absoluto exportable. Yo pienso que las ideas revolucionarias se van abriendo camino, pero que cada país tiene su estructura propia y puede llegar a la revolución por caminos totalmente insospechados, pasando por ejemplo por etapas democráticas de progresivo avance socialista. No porque yo apoye a la revolución nicaragüense voy a pensar que aquí habría que seguir ese modelo, sería demencial. Nada asemeja a ese pequeño país tropical con este gran país de corte europeo. Desde luego, mi último ideal es la revolución, un cambio total de las estructuras, porque sé muy bien que las llamadas democracias de América Latina son democracias burguesas, en las que las desigualdades sociales siguen existiendo y el control sigue estando en manos de la oligarquía, del poder económico, como el caso de México. El capitalismo hace el juego de la democracia y es un juego útil para nosotros, porque comparar las juntas militares de la Argentina con la democracia es pasar del infierno al paraíso, pero bueno, como yo siempre sospeché que el paraíso está lleno de defectos, también pienso que la democracia tal como la sentimos aquí no puede quedarse en ella misma, sino que tiene que ser una puerta que se va abriendo a una evolución más amplia, evolución que pueda eventualmente llevar a una revolución En 1973. –Durante mucho tiempo viviste en París por propia elección. ¿En algún momento tu emigración se convirtió en exilio? –Es una buena pregunta, porque me permite aclarar algunos malentendidos. Hace más o menos 15 años, antes de que se iniciara la escalada del terror, en la Argentina me calificaban como exiliado, cosa que no me gustaba nada y que aclaré en algún texto, porque el exilio es algo compulsivo. El exiliado es el hombre que se va porque si no se va lo matan. No es mi caso: yo me fui y viví en París porque me dio la santa gana. Yo era un emigrado, un emigrado muy especial porque volvía a menudo, porque no tenía ningún motivo para no venir –muy al contrario– y entre el 51 y el 73 vine cada dos años, más o menos, y me quedaba dos o tres meses, según mi trabajo. En esa época todavía no me ganaba la vida como escritor. Yo vine por penúltima vez a la Argentina en el 73, y asistí al triunfo electoral de Cámpora y sentí una gran esperanza porque lo que podríamos llamar el ala izquierda del peronismo tenía gente muy valiosa, con planes y ganas de hacer cosas. Hablamos bastante, me quedé más de dos meses. A tal punto que pensé que ahí había una posibilidad, como la que tenemos ahora. Y entonces prometí volver ese mismo año, en septiembre, para colaborar más directamente en tareas culturales. –¿Pensabas quedarte definitivamente? –No, porque la palabra definitivo es una de las que no me gustan nada. Y no hay que olvidarse que 32 años de vida en Francia te dan una pertenencia a otro país, que a mí no me parece conflictiva ni disyuntiva ni nada. Yo soy argentino y al mismo tiempo me siento muy francés. En el plano de la cultura tengo muchas raíces, muchos contactos con Francia. Treinta y dos años de vivir junto a un pueblo en muy buena relación te crean un gran amor. De manera que la idea de volver definitivamente a la Argentina no se me ocurrió nunca, ni se me ocurre, ni se me va a ocurrir, eso ya lo sé. –Estábamos con lo que pasó en el año 73... –Sí, yo me fui con la intención de volver en septiembre, pero quien volvió no fui yo sino Perón, y detrás de Perón vinieron López Rega y la Triple A. Y yo recibí formalmente en París la condena a muerte: cartas que me desafiaban a venir a Buenos Aires y me trataban de hijo de puta para arriba y para abajo, cualquier cosa. Yo tengo creada una buena fama de loco pero no de zonzo, y entonces venir para que me liquidaran inmediatamente –cosa que estoy convencido de que hubiera sucedido– me pareció tonto, absurdo desde todo punto de vista, personal y político. Entonces, en ese momento, sentí por primera vez en mi vida que me convertía en un exiliado. –¿Y qué cambió? –Fue sobre todo, como es lógico, un cambio en el plano de los sentimientos. Porque una cosa es vivir en un país sabiendo que el día que te dé la gana te tomás un avión y te vas a tu otro país, a tu país de origen. Eso es algo muy hermoso y agradable. Y otra es cuando de golpe sabés que en un plazo imprevisible –que finalmente han sido diez años– no podés volver. Eso te crea un sentimiento muy duro. –Como si algún personaje del Libro de Manuel se realizara en vos. –Sí, en algún sentido sí. Ahora la diferencia esencial es una idea que traté de lanzar, y que creo que hizo su camino: una noción positiva del exilio. La defendí en Caracas, en México, en Francia, diciendo que si caíamos en la nostalgia, si caíamos en el mate regado con las lágrimas de la tristeza nos ibamos todos al quinto carajo. Porque la verdad es que era muy deprimente encontrarme con exiliados que caían lentamente en un pozo de nostalgia, de negatividad. Los pintores que dejaban de pintar, los escritores que dejaban de escribir, la gente que simplemente se defendía para el puchero, para vivir; sentías que habían hecho del exilio una negatividad. Y entonces yo fui incluso un poco cruel porque, llevando la cosa al terreno de la paradoja, dije que eso era ser cómplice de la Junta. Porque lo que la Junta esperaba de nosotros, los exiliados, era que nos hundiéramos en la nada, porque formábamos parte de sus enemigos y podíamos enjabonarle el piso informando a la opinión pública europea de lo que sucedía. –¿A partir del momento en que te consideraste exiliado aumentaste tu actividad política sobre la Argentina? –Pienso que la aumenté por razones obvias, porque en ese momento empezó la escalada de torturas, asesinados y desapariciones, sobre los cuales quizás estábamos mejor informados allá que aquí. Esa cifra de 30.000 desaparecidos aquí se consideró una mentira porque la Junta la presentaba como una calumnia. Y, según la Junta, éramos nosotros, los exiliados, los que estábamos destruyendo la imagen del país en el mundo con la complicidad de los enemigos de la Argentina, que no se sabía quiénes eran. Éramos, como me calificó un señor, los jefes intelectuales de la subversión en el exilio. De modo que, por razones obvias, mi actividad se multiplicó en el plano de esa pequeña tarea, que es la única que puedo cumplir, de sentarme en la máquina y difundir artículos que precisaran lo que pasaba aquí. –Y en la otra vertiente posible, en el plano literario, ¿qué pasó? ¿Sentiste un cambio real cuando la emigración se te convirtió en exilio? –No creo que para mí haya habido ningún cambio demasiado perceptible, salvo quizás el hecho de que, ya exiliado, escribí unos cuantos cuentos –que naturalmente fueron prohibidos aquí– cuyos temas eran la realidad de lo sucedido en la Argentina. –¿Por ejemplo? –Por ejemplo ese cuento que se llama “Segunda vez”, que evoca el tema de las desapariciones, o “Apocalipsis en Solentiname”, donde hay una visión muy clara de la forma en que están matando gente en la calle. Y así una serie que culmina con el último cuento de Deshoras, “Pesadillas”. Trata de una chica que está en estado de coma y tiene un hermano que milita en la Universidad y que lo atrapan. Y en el último momento, cuando ella sale del coma y entra de nuevo en la vida, la policía o el ejército están destrozando a golpes la casa donde está el hermano, matando a todo el mundo. Es un cuento muy cruel, que me resultó muy difícil de escribir, pero que tocaba directamente la situación. –Hablando de lejanías: muchas veces te han reprochado que escribís en un lenguaje porteño que ya no lo es. –Ésa es una de las más grandes tonterías que se han podido decir. Eso nace de gente resentida que busca ángulos de ataque y que encontró esa tontería, porque la acusación consiste en decir que, como yo me fui hace 30 años, cuando escribo un cuento situado en Buenos Aires con personajes que puedan usar términos de lunfardo, les hago hablar el lunfardo que conocí en mi época y que no tengo ni idea del que se habla aquí y ahora. Lo cual es absolutamente cierto: yo no puedo inventar algo que no estoy viviendo ni conozco. Pero el lunfardo no es un idioma sino una excrecencia del idioma, que cambia, que responde a las modas, y cada cinco o diez años es sustituido por otro nuevo. O sea que utilizar un habla popular de un período anterior no cambia nada: el período actual es tan efímero como el otro. Dentro de unos años, ciertas palabras, que ahora todo el mundo usa, como chantapufi, van a desaparecer. –Bueno, chantapufi ya casi no se usa. –¿No se usa más? –No mucho. –Mirá vos. Ahí está la cosa, ¿no? En Buenos Aires. Desde el balcón de la casa donde hablamos se ve el boato neoclásico de la Recoleta, se intuyen los muertos ilustres. La mirada de Cortázar va más allá, hacia el río, pasea por una ciudad que no logra sorprenderlo, aunque tal vez en su homenaje haya cambiado su puro sempiterno por un atado de Particulares rojos sin filtro. Todavía no es mediodía, el cielo es cielo y ya quedaron atrás un par de whiskies. –La presencia física en el propio lugar también te puede devolver algunas vivencias que el tiempo haya desgastado. Pero en mi caso no me preocupa tanto, tal vez porque tengo una gran memoria sensual, memoria de formas, colores, olores. Los amigos en París me dijeron que ahora, después de diez años, me iba a encontrar con un Buenos Aires totalmente distinto; que han levantado esto, que hay edificios nuevos, autopistas. Y cuando vine de Ezeiza al centro venía mirando qué me iba a encontrar. Pero fue el Buenos Aires de siempre: si en el horizonte asoma un gran edificio, ¿y qué? Queda totalmente neutralizado por la imagen general de la ciudad. Además está el olor. Cada ciudad tiene su olor. Buenos Aires tiene para mí un olor que no se puede definir, muy distinto del de Madrid o París, y es el olor de mi juventud, de mis vagancias adolescentes. –¿Con qué tiene que ver ese olor? –No sé si es la calidad del aire o es un resumen de la cocina, porque la cocina influye mucho. Aquí es muy internacional, muy variada, con predominio español e italiano, no sé... Madrid es olor a frito, a sardina, a aceite de oliva frito. Y París es un olor de panadería y de sopa de puerros, que es la sopa del pobre; la ropa de los obreros en el Metro huele a sopa de puerro. Y Buenos Aires quizás era el asadito en la obra, ese olor de la carne en el fuego, pero no sólo eso... En fin, el punto es que este Buenos Aires es mi Buenos Aires, me han bastado dos días para recuperar rutinas, bajar a tomar mi desayuno, leer los diarios, tomar taxis y hablar con los taxistas. En ese plano no ha cambiado nada. –¿Te emociona que un taxista te reconozca después de tantos años? –Sí, ayer mismo pasé en un taxi frente a la embajada americana y el muchacho que manejaba empezó a hablar de una manifestación a favor de Nicaragua. Y a mí me llamó la atención que hablara de eso, porque es un tema sobre el que hay muchos malentendidos aquí. Él, con la viveza porteña, se había dado cuenta de quién era yo en cuanto subí al taxi, pero no me lo dijo hasta la mitad del viaje, cuando ya había un diálogo, y estaba muy contento de llevarme y no me quiso cobrar. –¿Te gustan esas situaciones? –Me conmueven profundamente. Es el sentido de no haber vivido totalmente en vano, de haberle dado a ese muchacho en lo que haya podido leer de mí – ponele un libro o dos– suficientes elementos como para que luego me reconozca y, además, me quiera. Y es terrible, porque es una sensación de responsabilidad que se va multiplicando. Además, por un misterio que no alcanzo a explicarme –los críticos tal vez lo hagan–, los jóvenes son mis mejores lectores, en toda América Latina y ahora en Francia y España. Son siempre los jóvenes, lo cual no significa que no haya gente adulta que me lea o me estime; no, no es eso. Pero con los jóvenes tengo un contacto increíble, porque yo soy un viejo y jamás escribo con la perspectiva de la juventud, no hago un trabajo de tipo demagógico. Cuando escribí Rayuela yo era un ser totalmente anónimo, nadie me conocía o muy poco. Y lo escribí pensando como un hombre de 40 años que escribía para gente de 40 años, y resultó que esa gente no entendió gran cosa del libro. Las primera críticas –porque eran ellos los que tenían la manija en los diarios– fueron terriblemente negativas. Fijate que la primera crítica de Rayuela que leí empezaba con la frase siguiente: “Si la imitación y el plagio son virtudes, Julio Cortázar es un gran escritor”. –¿A quién te acusaban de plagiar? –A Joyce, por ejemplo, lo cual es una estupidez infinita. Pero te da una idea del mecanismo de resentimiento e ignorancia que funcionaba. En cambio los jóvenes, que no se planteaban este tipo de problemas, tuvieron un contacto directo con Rayuela, que sigue siendo un libro clave para ellos. De todo lo que he hecho, Rayuela es el libro mágico para ellos, en toda América Latina. –¿Y para vos? –Para mí también, para mí también. Es el libro que yo me llevaría a la isla desierta. En la autopista. Los autonautas de la cosmopista es el libro de Julio Cortázar que sale en estos días en Buenos Aires. Durante 33 días, Cortázar y su mujer, la periodista franco-canadiense Carol Dunlop, recorrieron minuciosamente y sin dejarla ni un momento la autopista París-Marsella. Ochocientos kilómetros en una Kombi preparada para camping. La apuesta era contar, en un libro a cuatro manos, la trama de este viaje a contrapelo de los viajes, una expedición a lo cerrado. El viaje terminó en junio del 82. Poco después, en Nicaragua, ella empezó a sufrir los síntomas de su enfermedad. Carol Dunlop murió el 2 de noviembre pasado. El libro, sin más modificación que un epílogo, quedó transformado en elegía, testimonio de vida ante la muerte. –Para mí es un libro... yo lo veo como un libro de amor. Quise profundamente a Carol y fuimos... creo que en el libro se nota que fuimos muy felices durante muchos años, pero la culminación fue ese viaje. Fueron 33 días en que estuvimos solos en una autopista, en esa paradoja de haber decidido explorar ese lugar archiconocido pero mirándolo desde otro ángulo; una vez más, en mi caso, ir en contra de las ideas recibidas. Una autopista es una cosa funcional para ir de tal lugar a tal lugar, y nadie, o casi nadie se plantea otro tipo de problema. Una cosa es hacer el viaje en diez horas y otra en 33 días, ir explorando lentamente el otro lado de la alfombra. Entonces este libro tiene una serie de segundas o terceras lecturas posibles, pero es sobre todo un libro de amor... Y bueno... yo la perdí a Carol muy poco tiempo después de terminar el libro. Lo tuve que terminar solo; no los textos, que ya estaban, sino el montaje, porque todos los papeles quedaron revueltos. De modo que es un libro que a mí me toca muy hondamente. Ahora, ya tomando distancias me pregunto cuál va a ser la reacción del lector no sólo argentino sino latinoamericano, porque claro, el libro transcurre en un medio muy francés, autopista francesa, todos los nombres son franceses. –Los autonautas... es otro libro de ese género extraño que practicás, mezcla de memoria y ficción, en la línea de La vuelta al día en 80 mundos o Último round… –Son los que yo llamaba los “libros-almanaques”, porque vienen de la fascinación que yo tenía de chico por los almanaques. Como el Almanaque del Mensajero, que mi madre compraba; no sé si todavía se publica, era sobre todo para los provincianos. Era una maravilla para un niño, tenía calendarios, las fases de la Luna, las mareas, recetas de cocina, consejos de jardinería, medicina del hogar, cuentitos, poemas, y todo en un libraco así, de 300 páginas. Entonces, cuando hice La vuelta... y Último round, que eran materiales muy heteróclitos, los llamé los libros-almanaques. Y en alguna medida éste también lo es, porque son dos autores y cada uno toma el tema que le interesa en el momento, pero muy centrado en el viaje y en la autopista. –Cambiando de libros: ¿cómo ves la literatura argentina actual? ¿Seguís en contacto con ella? –Sí, en ese sentido tengo una posibilidad de privilegio, porque buena parte de los escritores no sólo argentinos sino latinoamericanos, y especialmente los jóvenes, me mandan sus libros. Sin hablar de los manuscritos porque, con su gran ingenuidad, los jóvenes piensan que yo tengo tiempo para leer sus manuscritos y además sentarme a la máquina y darles una opinión. Hay una cosa muy terrible, que crea un mecanismo de responsabilidad: son las novelas del exilio, de mucha gente que ha pasado por la cárcel y la tortura y se descargan en una novela, sin ser escritores, o siendo escritores noveles, y en general escriben novelas que literariamente son muy flojas y que ningún editor va a publicar. Tienen un valor de testimonio, pero son inevitablemente repetitivas, porque la tortura es la misma, la prisión es la misma. Cambian las modalidades según la óptica y las circunstancias, pero una vez que un editor ha publicado dos novelas sobre torturas y prisiones no puede seguir, porque los lectores ya no las compran. Entonces hay mucha gente que se siente frustrada. –¿Y volviendo a lo editado? –Sí. No es muy lindo hacerlo, pero por razones metódicas dividamos el campo en la literatura que se ha hecho aquí y la que se ha hecho en el exilio. –Esa decisión ha creado grandes discusiones, enfrentamientos. –A mí no me crea ningún problema, pero sí sé que preocupa a mucha gente. Yo creo que la cosa está muy clara: los escritores argentinos que se quedaron aquí se han encontrado con un mecanismo de represión, de censura, que se reflejaba en las posibilidades editoriales y de librería, que ha hecho, supongo, que haya muchos libros que hasta ahora estaban en un cajón y quizá salgan. No sé, es una hipótesis, porque en el franquismo también se decía eso, que había toda una generación española que tenía cosas formidables sin publicar, y las tales cosas no han aparecido por ningún lado. Así que vamos a ver. Yo soy optimista por naturaleza y quiero creer que aquí hay cosas que se podrán publicar ahora y que fueron escritas en los peores momentos. Y está también lo que se escribió y publicó en los peores momentos, que… bueno, puede haber excepciones, pero en general fue una literatura muy autocontrolada, con una autocensura inevitable. En ese sentido, los escritores exiliados tenían una libertad que no han tenido los argentinos; que eso se tradujera en mayor calidad es algo muy discutible. Pero si tomamos el caso de Osvaldo Soriano, dudo mucho que sus libros se hubieran podido escribir y publicar acá. Escribirlos sí, pero publicarlos... si incluso a mí me habían prohibido dos libros. –¿Leíste Respiración artificial? –Sí, sí, lo leí en París, claro, me lo pasó alguien. Piglia no me lo mandó, a pesar de que nos conocimos en Cuba en el congreso cultural del 68. Me pareció el libro de un hombre muy inteligente y muy capaz, desde luego. Ahora, habría que preguntarle en qué condiciones lo escribió, con qué margen. –¿Y te parece que los escritores que estuvieron afuera aprovecharon bien esa libertad? –Sí, yo creo que casi todos han continuado su obra de manera muy positiva. Podría nombrar a gente como Pedro Orgambide o Noé Jitrik, que están en México. Sin duda sus libros deben haber entrado de una forma muy clandestina y limitada aquí... Pero eso es lo que yo llamo el exilio positivo. Es una alegría enterarse de que no han aflojado. Y sumemos a los músicos, pintores, escultores, que han llevado adelante su trabajo. En este sentido no hay ningún motivo para temer que diez años de dictadura sangrienta hayan podido aplastar nuestra evolución cultural. Creo que la han sofocado, pero no ahogado. –Alguna vez se ha hablado, desde afuera, de la complicidad de los que se quedaron. ¿Compartís esa idea? –¿Qué entendés por complicidad? ¿Complicidad con la situación interna? Yo no lo veo así. No, no lo creo. En primer lugar, cuando hablamos de temas culturales, por razones personales tendemos a centrarlo en la literatura de ficción, pero la noción es mucho más amplia, abarca toda la ensayística y el trabajo de tipo científico. Y no veo en qué medida se puede hablar de complicidad que abarque a todos los que se quedaron cuando hay una buena parte del trabajo interno que se ha hecho y se sigue haciendo en la Argentina cuya finalidad no es política: el trabajo de un psicoanalista, de una cierta sociología... En el plano de la literatura, me temo que sí, debe haber habido complicidades, pero de ninguna manera hay que generalizar. Haroldo Conti se quedó y le ha costado la vida; Rodolfo Walsh, Paco Urondo se quedaron y les ha costado la vida. ¿De qué complicidad se puede hablar? Ellos se jugaron hasta el final, en lo que hacían y en lo que escribían; de modo que... Y estos tres nombres ya son muchos y hermosos nombres. En el compromiso. Antes de la entrevista Julio Cortázar se quejaba de las preguntas repetidas de los periodistas, sobre todo en ciertos temas políticos. “Nunca dejarán de preguntar sobre el escritor comprometido”, dijo, y recordaba la broma de alguien que no recordaba, que clamaba por que los escritores comprometidos se decidieran a casarse de una buena vez. Pero el escritor comprometido, o como quiera que se lo llame, reaparece detrás de cada frase, en cada reflexión. Nunca se pierde, nunca se transforma. Uno de los objetivos de su breve paso por Buenos Aires era tomar contacto con gente del nuevo gobierno y, sobre todo, con Hipólito Solari Yrigoyen, su amigo y compañero de tantos gritos en un desierto que se fue poblando poco a poco. –En su opinión, ¿cuál debería ser la política con los responsables de la represión, las torturas y las desapariciones? –Es una pregunta muy obvia, ¿no? La respuesta es muy obvia. –Tal vez no tanto, a la luz de las discusiones que hay al respecto en los partidos mayoritarios. –El primer paso sería establecer las responsabilidades, definir bien quiénes son; pero no buscar media docena de chivos expiatorios, con eso no engañan a nadie. Todo aquel al que se le pueda probar su participación en la represión, desde generales hasta sargentos o soldados, y también todos los responsables civiles –paramilitares, Triple A, gangsters de todo tipo–, debe ser castigado por sus crímenes. Y no hay que dejarse engañar por el sistema de defensa que se utilizó en Núremberg, de la orden recibida. Obedecer órdenes no es excusa para torturar y matar a seres humanos. Y el segundo paso es que esos responsables sean sometidos a una Justicia que merezca ese nombre, que no sea un camelo como lo ha sido la Justicia durante la dictadura militar. Y que reciban entonces las penas que correspondan a sus delitos. No es que yo sea partidario de la ley del talión, ni mucho menos, pero desgraciadamente las penas estarán siempre por debajo de lo que han sido esos crímenes, que van más allá de todo castigo posible. Yo estoy en contra de la pena de muerte, pero sí creo en la máxima pena carcelaria que puedan recibir esos individuos. –Últimamente, ciertos sectores están intentando presentar el castigo por esos crímenes como una venganza. ¿Qué te parece? –Ése es un concepto totalmente equivocado. Yo te citaría el caso de Nicaragua. Una de las cosas que más me conmovieron, más positivas de la revolución nicaragüense, es la clemencia que mostraron con los criminales de guerra, somocistas culpables de crímenes equivalentes a los de aquí. Bueno, lo primero que hizo el sandinismo triunfante fue abolir la pena de muerte, y reemplazarla por un máximo de treinta años de cárcel. Yo asistí a los juicios de algunos de los peores criminales, en los que la muerte habría sido poco para castigarlos. Estaba el caso de un coronel que, para aterrorizar a los pobladores, tomaba a un campesino, lo metía en un helicóptero y lo tiraba exactamente en el medio de la plaza del pueblo. Este señor se defendía cínicamente en el proceso diciendo que todo era mentira y que él era católico, y cosas por el estilo. Ese señor tiene treinta de cárcel, el máximo. Y uno sale de esos procesos con una sensación de frustración, porque ¿qué son treinta años de cárcel al lado de lo que hizo? Pero, en cambio, no me hubiera gustado nada que los fusilaran. De modo que cuando aquí el informe de Rattenbach habla de fusilar a los cuatro chivos emisarios, está diciendo una estupidez, porque jamás van a fusilar a nadie, no es Alfonsín el que va a fusilar a esos señores. O sea que ya de entrada están haciendo una comedia, una payasada. Ya con que vayan a la cárcel estaremos más que satisfechos. Se estaba haciendo tarde, nos esperaban para almorzar. Mientras nos levantábamos, le pregunté si creía que alguna vez le iban a poner su nombre a una calle, a una plaza, si iba a quedarse en la Argentina de esa rara manera. –Uy, no, espero que nunca lo hagan. Nada me daría más horror. Dijo, y se rio.

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El grupo Clarín y Youtube emprenden campaña de persecució
InfoporAnónimo6/24/2009

El grupo Clarín y Youtube emprenden campaña de persecución a blogs politicos argentinos El grupo Clarín, conglomerado mass mediático argentino ha iniciado una escalada de censura contra bloggers políticos argentinos suprimiendo videos y cuentas en Youtube. El grupo alega derechos de copyright sobre declaraciones de funcionarios o noticias de interés general, que además de ser un disparate no tiene asidero legal en Argentina. Youtube, por una cuestión de tamaño del Goliat mediático argentino o por solidaridad empresarial, ha suprimido videos, cuentas o ha intimado a usuarios con amenazas de sanciòn. El resto del espectro massmediatico argentino guarda solidario silencio ante estos atropellos de censura empresarial. Los bloggers argentinos han reaccionado solidariamente plasmando la difusión de la denuncia de estos hechos en un manifiesto abierto a todos quienes quieran sumarse: MANIFIESTO BLOGUERO CONTRA EL ABUSO DE ARTEAR Blogueros políticos y económicos de la República Argentina, agrupados sin distinción de simpatías partidarias, repudiamos el abuso de propiedad en que está incurriendo Artear S.A., impidiendo la difusión de videos que contienen entrevistas y declaraciones de funcionarios públicos y personalidades relacionadas al quehacer político de nuestro país. En este sentido, y bajo la excusa de proteger derechos de Copyright, Youtube elimina, a instancias de ARTEAR S.A., los contenidos audiovisuales que, pese a ser generados y transmitidos por sus señales, incluyen información de carácter público. De esta manera se cercena la libertad de difusión de la información de interés ciudadano, con grave daño a la libertad de expresión. Un grupo concentrado de medios de comunicación pretende así controlar no sólo la generación sino también la circulación de la información política en el país, interfiriendo en los contenidos elaborados por medios de comunicación independientes. Por esto, solicitamos que restablezcan las cuentas y los videos injustamente eliminados y se garantice la libertad de difusión y circulación de la información de interés ciudadano tal como lo expresa la Ley de Propiedad Intelectual (Ley 11.723) en su Artículos 27 y 28. Nos dirigimos a todas las instituciones y personalidades del país y del exterior que defienden la libertad de expresión y de difusión de informaciones solicitando un claro pronunciamiento en defensa de los blogs afectados (Mundo Perverso y Registromundo) y para poner fin a este tipo de maniobras antidemocráticas, que privilegian los intereses corporativos por sobre los derechos de los ciudadanos. http://bloguerosporlalibertad.blogspot.com/2009/05/manifiesto-bloguero-contra-el-abuso-de_28.html Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=86930&titular=el-grupo-clarín-y-youtube-emprenden-campaña-de-persecución-a-blogs-politicos-argentinos-

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La economía del Proceso
InfoporAnónimo3/13/2009

Domingo, 19 de Marzo de 2006 EL BAUL DE MANUEL La economía del Proceso Por Manuel Fernández López Apenas tomó el poder, la Junta degradó la Constitución –que prohibía la pena de muerte, la tortura y la violación de domicilios y correspondencia– , suspendió el derecho de huelga, las 62 Organizaciones y los partidos políticos, el fuero sindical e intervino la CGT y la CGE. Había un firme propósito de someter al obrero y quitar obstáculos al capital: favorecer las ganancias a costa del salario. Entre el 2/4/76 y el 28/3/81 dirigió la gestión económica de Videla José Alfredo Martínez de Hoz, quien el 2/4/76 anunció el programa “de las Fuerzas Armadas”. Objetivos: desalentar la especulación e implantar una economía de producción. “La economía al servicio del hombre”, “lograr el bienestar de la población”, decía; saneamiento monetario y financiero, aceleración del crecimiento, distribución razonable del ingreso, con preservación de los salarios. Dos principios liminares: subsidiariedad del Estado (la actividad productiva era privada; el Estado productor, una malformación a corregir); y apertura económica (quitar protección a la industria nacional, liberar importaciones y obligar al productor local a competir con gigantes foráneos). Un plan de 12 puntos: liberar la economía, tipo de cambio, comercio exterior, exportación, importación, tasa de interés, alquileres y arrendamientos, convenios salariales, inversiones extranjeras y transferencia tecnológica; eliminar subsidios a servicios públicos y subsidios y protección diferencial a sectores privados. En virtud del plan, en abril se dispuso la prescindibilidad de empleados públicos, se facultó al Ministerio de Educación para suspender el Estatuto del Docente, se aumentaron 10 por ciento las tarifas ferroviarias y se derogaron todas las normas sobre precios máximos, márgenes de utilidades y otros controles; en mayo se desdobló el aguinaldo; en noviembre se bajaron los aranceles aduaneros, que a partir del 9/1/79 tuvieron un nivel promedio del 20 por ciento; se indexaron deudas fiscales y previsionales, y se cambió la fuente del impuesto: el IVA se generalizó, se suprimió el impuesto a la herencia y se redujo el impuesto a las ganancias; la recaudación tributaria pasó de 13,8 por ciento del PBI en 1975 a 23,7 en 1980. En junio del ‘77 se hizo la reforma financiera, que “liberó” la tasa de interés, dejando al mercado su fijación. Tras décadas de intereses reales negativos, el dinero volvía a generar dinero. Era la época de la “plata dulce”, de querer vivir sin trabajar. Esta “liberación” fulminó la producción. Nada rendía tanto como poner la plata a interés. Se liquidaron empresas para llevar su valor a la timba financiera. La reforma, combinada con la indexación de los préstamos (Circular 1050), hundió a pequeños deudores y a pymes. El interés pasivo apenas cubría la inflación, pero la tasa activa era bien positiva. Era una economía profinanciera, que limitaba la expansión productiva, y por tanto las exportaciones –fuente genuina de divisas–, el tipo de cambio tendía a subir. Además, en una economía inflacionaria el exportador retenía las divisas, como reserva de valor. Las importaciones tendían a crecer, creando un déficit de divisas. En 1979 respecto del valor de 1978 la exportación sólo creció en 2,7 por ciento, en tanto la importación de mercaderías aumentó un 75. Se adoptó una “tablita” de depreciación cambiaria, el 20/12/1978, que fijaba el tipo de cambio a regir en meses siguientes. La tablita pronto se rezagó respecto de otros precios: en 1979 el tipo de cambio aumentó 54 por ciento y los precios al consumidor, 112. A fines del ‘79 la duda era cómo salir de la tablita. La prima por riesgo cambiario superó el 1 por ciento mensual. Las divisas escaseaban, por la gran demanda para importar y por la renuencia de los exportadores. El primer aspecto era causa, y el segundo, efecto, de la menor producción. Para obtener divisas sin exportar se tomaron prestadas, emitiendo bonos. Se obligó a las empresas del Estado a cubrir sus necesidades crediticias tomando créditos en el exterior; las divisas así obtenidas las captaba el BCRA como reservas, que vendía a operadores privados, quienes cerraban el circuito llevándolas al exterior. El saldo: creciente endeudamiento de las empresas públicas, que engrosaba la deuda pública externa, duplicada entre marzo del ‘76 y marzo del ‘80 (de 5 mil a 10 mil millones de dólares). El sector público consolidado, que significaba 42,8 por ciento del PBI en 1975, pasó a 57,4 en el ‘81; sus necesidades de financiamiento pasaron de 5 por ciento del PBI en 1977 a 6,7 en 1979. Su presencia como demanda de crédito en el mercado financiero local elevó las tasas de interés, en coincidencia con la fuerte suba en 1979 de la tasa de interés internacional (de negativa a 7 por ciento positivo). La suba del interés, la prima de riesgo cambiario, y el trasfondo de crisis en la estructura productiva desataron una crisis financiera en marzo de 1980, uno de cuyos síntomas fue la quiebra del BIR, la intervención de los bancos Oddone, Los Andes e Internacional y la liquidación de 60 entidades financieras. En mayo se intervino el grupo Greco (44 empresas); en enero del ‘81 se declaró la crisis del sector vitivinícola cuyano y se detuvieron productores del valle de UCO. El nuevo ministro Sigaut reconoció (2/4/81): mínimo crecimiento económico, retraso cambiario, desaliento del exportador y endeudamiento financiero insostenible. Su gestión fracasó: en 1981 el PBI bajó 6,8 por ciento, el consumo 4,2 y la inversión bruta 23,4; los precios al consumidor crecieron 131 y los mayoristas 180. En diciembre Sigaut se fue y su sucesor abandonó el régimen cambiario pautado o de minidevaluaciones, y unificó y liberó el mercado cambiario. Congeló el ajuste de sueldos de empleados públicos, no obstante el deterioro del 17 por ciento en su poder adquisitivo en el último trimestre de 1981: ello oficializó el desconocimiento del deterioro salarial. En julio del ‘82 el presidente del BCRA Domingo Cavallo dispuso que empresas deudoras de créditos pagasen una tasa de interés máxima del 6 por ciento mensual. En junio, los precios mayoristas habían subido 15 por ciento, y en julio 28. Rápido las empresas licuaron su deuda en pesos y cambiaron una deuda con el Estado por una deuda con Cavallo. En septiembre entró Jorge Wehbe; la deuda externa ya era de 43 mil millones. Wehbe permitió, a empresas con seguros de cambio, convertir su deuda externa a títulos públicos (estatización de la deuda externa privada), por 5260 millones. ¿Cómo quedó el país?: robusto el sector financiero y vulnerada la estructura productiva. La industria, como porcentaje del PBI, había retrocedido en 1980 a cifras de los años sesenta. El salario real, menor en un 25 por ciento. El PBI por habitante en el ‘82 era inferior al de 1975 y el consumo por habitante, 10 por ciento menor para el conjunto, y mucho más bajo entre asalariados. Y una deuda externa total de 45.068 millones que, sin resolverse, daría lugar al remate del patrimonio del Estado

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Quién es Marco Camenisch?
InfoporAnónimo4/2/2009

¿QUIÉN ES MARCO CAMENISCH? "Si ahora hablo largo y extenso no es para justificarme o para pedir clemencia. Quiero solamente aclarar por qué se han hecho algunas cosas y por qué es necesario hacer cosas. No quiero demostrar que hemos actuado de la forma estratégicamente correcta. Hemos respondido a la guerra del Capital como víctimas del Capital. Afirmamos no reconocer esta Corte, sometida a la burguesía capitalista. Afirmamos que, si nos presentamos, lo hacemos para no facilitar a la justicia de clase la tarea de declararnos locos, marionetas peligrosas, para hacernos desaparecer en sus tumbas de cemento. No somos ni egoístas ni idealistas: somos seres humanos críticos y responsables, sin ninguna ambición de asumir un rol de mártires o de héroes. (...) Quien quiere entender tiene oídos para escuchar, quien quiere ver tiene ojos para leer y darse cuenta de lo que sucede cotidianamente en el mundo. Quien quiere pensar tiene el cerebro, quien quiere entender comprende el lenguaje de la humanidad y de la vida. Los cadáveres vivientes comprenden solamente la lengua del dinero, de la riqueza, del poder, de la ley. A esos solamente podemos decir: ´Considerando que sólo escuchan a los cañones, que no entienden otras lenguas, hemos decidido que conviene dirigir los cañones contra ustedes”. El compañero Marco Camenisch nació en Campocologno (Suiza), en 1953. Cursó sus estudios en la escuela Schiers pero a un año de recibirse de bachiller dejó de cursar porque se negaba a seguir participando de “en un sistema escolástico que trata de forjar otra ruedecilla bien aceitada para el funcionamiento de los engranajes de una sociedad meritocrática y elitista, basada sobre los mecanismos de la explotación”. Después de esa ruptura ingresó a la escuela agrícola Plantahof pero, puesto en confrontación con la realidad de la agroquímica, buscó una alternativa en sintonía con el respeto a la naturaleza. Optó por la vida pastoril y en el aislamiento de la montaña sintió la necesidad de participar activamente en un cambio de las estructuras de la sociedad, así se incorporó a lucha ecologista radical. El movimiento antinuclear suizo se había fortalecido a partir de la ocupación de los terrenos donde debía construirse la central de Kaiseraugst, en 1975, y en los años sucesivos se extendió al iniciarse la lucha contra la planta de Gösgen. Las movilizaciones fueron creciendo hasta llegar al año ’79, un hito decisivo en esa batalla ya que el problema había sido planteado a nivel parlamentario y era debatido abiertamente por el grueso de la gente. Pero las cosas empezaron mal, el 18 de febrero la denominada Iniciativa Antinuclear es derrotada en un plebiscito, 48,8% contra 51,2 %: las centrales atómicas seguirían proliferando. Al día siguiente un atentado destruyó el Pabellón de la Mentira, construido para hacer propaganda en favor de la central nuclear de Kaiseraugst. Los daños superaron el millón de francos. El 20 mayo se realizó una nueva consulta, allí triunfaron los ecologistas moderados: se aceptó la construcción de centrales nucleares, pero condicionados por toda una larga serie de requisitos. Las noticias sobre el accidente nuclear en la planta estadounidense de Harrisburg y las campañas hechas durante el largo feriado de Pascuas no causaron el efecto deseado. Los verdes más radicalizados manifestaron su descontento, una ola de atentados azotó los cantones de Argavia, Soletta, Zurich, San Gallo y Ticino. Entre el 20 y el 22 de mayo fueron incendiados los automóviles de numerosas personalidades ligadas al negocio nuclear. A principios de junio 5000 personas ocuparon el predio donde se estaba construyendo la central nuclear de Leibstadr. El 20 de agosto se produjo un accidente en la central nuclear de Beznau comparable al de Harrisburg, pero en esta oportunidad los mecanismos de seguridad funcionaron. Las autoridades hicieron todo lo posible para evitar que el desperfecto fuera explotado políticamente, tal es así que la noticia de lo sucedido llegó a Suiza a través de la cadena norteamericana de televisión CBS y el gobierno sólo se limitó a confirmarla. En noviembre se inició una nueva serie de atentados con explosivos que se extendió hasta los últimos días del ’79. El 3/11 una carga de dinamita estalló en la central nuclear de Gösgen, que en ese momento se encontraba en la fase de prueba y cuya puesta en marcha se estipulaba para el día 19, produce daños por un millón de francos. El 13/11 explotó otra bomba, el blanco fue una torre de la línea de alta tensión Rheintal-West en el límite entre Suiza y Liechtenstein. La explosión le costó alrededor de 21.500 francos a la sociedad eléctrica NOK. El último golpe fue la noche de Navidad, exactamente a las 4.36 de la madrugada, el transformador de la central hidroeléctrica Sarelli se transformó en una montaña de escombros y hierros retorcidos. Los daños ascendieron a 1,4 millones de francos. A partir de la bomba navideña comenzó a hablarse de Marco, y pasado el tiempo él también habló del tema: “¿Por qué golpear la central Sarelli precisamente la noche de Navidad? No sólo por razones de seguridad. Quería hacer una demostración de solidaridad con Jesús, el conspirador, el nómada, el revolucionario, el rebelde, el combatiente partisano que en el Sermón de la Montaña decía claramente: ‘Bienaventurados los que ahora tienen hambre, porque serán saciados. Bienaventurados los que ahora lloran, porque reirán... ¡Pero ay ustedes los ricos, porque tienen ya su consuelo! ¡Ay a ustedes que están ya saciados, porque tendrán hambre! ¡Ay a ustedes que ahora ríen, porque tendrán pesar y llorarán!’ La nuestra ha sido una manifestación de rabia por la negación del Jesús del amor, de la fuerza, de los pobres, por una religión que desde hace 2000 años es arrogancia de clase y de raza. Pretexto para genocidios y conquistas, que se siente obligada a crear una imagen de Jesús servil, asceta, transcendente, opio de los pueblos. Las orgías navideñas, el consumismo, la falsedad en su nombre, le darían vómitos. ¡Vómitos y rabia!” Después del atentado a la central Sarelli se produjeron una serie de detenciones, ofrecían 10 mil francos como recompensa a quienes dieran información sobre los "atentadores". Hubo una delación, la Fiscalía de la Confederación Helvética solicitó una orden de captura contra Marco Camenisch y René Moser. El 2 enero arrestan a René H., un ex marino mercante de 27 años que reconoció haber ocultado material explosivo pero negó su participación en los atentados; el 18 la policía cayó sobre Moser y Camenisch. Un año después llegó el juicio, la condena y el traslado de la cárcel de Coria a la de Regensdorf. Pero el encierro no duró diez años como preveía la ley. El 17 de diciembre seis personas escaparon de la cárcel de Regensdorf, Marco era uno de ellos. Durante la fuga murió un guardia y otro resultó herido, tiempo después Marco publicó un artículo en el número 65 del mensuario anarquista Acción Directa. “Ellos quieren ser nuestros señores, nosotros no queremos ser ni siervos ni patrones. Por eso nos han encerrado, por eso nos hemos evadido. Por eso hemos matado a un mercenario. Pero el asesino es el Estado, adiestrador de siervos voluntarios, ciudadanos soldados, policías y otros portadores de uniforme, de los cuales algunos son robots sin ningún instinto de conservación, que en las prisiones de sus patrones torturan y hacen estragos contra la más elemental dignidad humana. (...) No contentándose con asesinar, el Estado hace también de chacal, explotando cadáveres para mantener, profundizar y restablecer la interiorización de la opresión, y la opresión misma. Con éxito, considerando el hecho de la corona de flores enviada por algunos presos a su negrero muerto.” La prensa se olvidó de Marco hasta el otoño (boreal) del '89, cuando murió su padre. La policía esperó agazapada la llegada de nuestro compañero, pero él no apareció. El 3 de diciembre fue asesinado un guardia fronterizo, lo único que se supo del asesino era que tenía barba, suficiente para responsabilizar a Camenisch. Pero ese día Marco - y sin barba - estaba en Campascio junto a su madre y su hermano, en la casa de una familia que lo ayudó a huir hacia Italia. El 5 de noviembre de 1991, después de un violento tiroteo cerca de Cinquale de Montignoso (Italia), los carabinieri detuvieron a Giancarlo Sergiampietri y a Walter Naf, quien en realidad era Marco. Durante el tiroteo Camenisch fue herido en ambas piernas, pero sus heridas fueron algo secundario en comparación con la lluvia de acusaciones que cayó sobre él. El diario italiano Corriere de la Sera informó el 12 de noviembre sobre explosión de dos bombas en Toscana, una dañó un albergue en Cinquale y la otra un poste de la empresa nacional de energía ENEL en Montignoso. En el artículo comenzaban a aparecer las primeras especulaciones: “Ayer en la Fiscalía de Massa Carrara hubo una reunión para tratar de establecer si existen conexiones entre los dos atentados - uno realizado con la misma técnica con la que desde hace tres años han sido dañados más de 20 postes en Toscana - y el arresto del terrorista suizo Marco Camenisch, sorprendido por los carabinieri junto a un cómplice mientras transportaba un kilo de explosivos, probablemente destinados a una acción contra los postes de las centrales de Massa...”. En Italia Marco se había relacionado con los compañeros de Carrara, a quienes sólo les dijo que se llamaba Martino. Luego de la detención el periódico libertario Umanitá Nova publicó un comunicado: “En posesión de Martino han sido halladas dos pistolas y dos rudimentarias bombas de mano, e inmediatamente la prensa local reprodujo los papeles relativos a la pista del ecoterrorismo y del terrorismo internacional. Martino parece haber sido identificado como Marco Camenisch, un compañero suizo prófugo desde hace varios años después de la evasión de la cárcel de Regensdorf. Por ahora el movimiento anarquista - en cuanto parece - es dejado afuera de toda vinculación, pero también es posible la construcción de una mega-banda-terrorista-internacional...”. Marco fue juzgado por tentativa de homicidio, portación ilegal de armas y de material explosivo, y por los atentados contra torres de alta tensión y antenas repetidoras de la RAl (televisión estatal italiana). En la primavera del '93 fue condenado a 12 años de cárcel y al pago de 400 millones de liras a la ENEL. Durante el proceso en Massa, nuestro compañero se comportó sólo se limitó a leer sus manifiestos: “Hace ya muchos años afirmaba que quien comprende el modo de proceder del capitalismo y comprende que sus exigencias son totales, que sabe que con este sistema las previsiones para el futuro son nulas y no quiere ser cómplice, esclavo y víctima de esta delirante dictadura consumofascista, debe por la fuerza oponerse, combatirla con todas sus capacidades, con todas y con todos. Dije también que se trata de una lucha por la supervivencia desnuda y cruda, no más, desde hace años ya, concebible y necesaria sólo para salvaguardar la libertad, la dignidad, la Tierra y por esto del pan individual o de clase o de grupo, sea étnico, ideológico u otro. No se trata más de poder concebir y de luchar contra la explotación, guerra de rapiña, esclavitud, masacres. No, ahora se trata de la supervivencia de todo el planeta. No se trata de una crisis ecológica, sino de los últimos momentos antes del fin, de un demencial y criminal curso hacia el aniquilamiento total. (...) Las acusaciones que son expuestas aquí, no hacen más que honrarme. Ciertamente no he disparado contra la Cruz Roja, ni explotado a nadie, ni menos violentado a mujeres y niños... ¡Resignación y miedo es complicidad! ¡Contra la resignación, pensar lo impensable! ¡Contra el miedo, aprender el valor!” En la actualidad Marco está preso en la cárcel de Biella, cumpliendo la condena dictada por el Tribunal de Massa, donde espera - además - la finalización de un proceso que se le sigue por su presunta pertenencia a la Organización Revolucionaria Anarquista Insurreccionalista (ORAI), una organización fantasma que sólo existe en la imaginación del fiscal romano Antonio Marini. Este fiscal (uno de los máximos inquisidores del anarquismo peninsular) ha presentado contra nuestro compañero cargos que van desde robo a mano armada y atentado dinamitero hasta secuestros y homicidios. Además pende sobre su cabeza la extradición a Suiza. Carta de Marco Camenisch. Es muy lindo estar otra vez junt@s, gracias a vuestra nueva iniciativa. Os saludo con una sonrisa feliz y orgullosa. Gracias de verdad a vosotras/os que estáis aquí y gracias de verdad a las/los que, si bien no están aquí, están cerca. Tenía un pequeño malestar por estar un poco en el centro de ésta y de otras iniciativas de solidaridad, criticadas también por personalístas. Pero, reflexionando y discutiendo con quien, como yo y vosotras/os, estamos comprometidas/os en el cuidado y en la construcción de las relaciones humanas solidarias y abiertas hacia las diversidades, y en la lucha común por la vida y las libertades para todas y todos de cualquier autoritarismo y explotación, esos malestares en seguida me parecieron menos justificados. Se trata de solidaridad en lucha por la justicia y la libertad, y esta solidaridad humana auténtica no nace de la nada o por capricho, sino que se mantiene o se genera sólo a través de un persistente compromiso recíproco en la confrontación, en el cuidado de las relaciones y en el respeto y sostén de las diversidades que cada una y cada uno de nosotras/os representamos. Esta solidaridad, más que aquellas limitadas sólo a la política o a la ideología compartida, es también la base sólida para una lucha social de liberación de l@s dueñ@s y de sus cárceles. Es una base necesaria por una lucha que tiene sus raíces, su recorrido y su objetivo en el amor y en la vida digna, y en el amor por la vida. Este momento de solidaridad y de encuentro, como también los enlaces de origen, son una conquista colectiva y acaso aún ejemplar. De eso estoy orgulloso junto a vosotras/os; por cierto, no de mi mismo. Creo que esta iniciativa tiene otra gran cualidad, a pesar de cualquier consideración cuantitativa. No está determinada por el poder en el tema y en la ocasión. No hay una identificación en base a la hostilidad. Es una iniciativa autodeterminada. Nosotras/os dentro y vosotras/os fuera estamos junt@s, contra la vergüenza que son los muros que encierran las cárceles y que quieren, patéticamente, excluirlas del mundo. Somos todas y todos presas y presos, ya sea las personas encerradas o las que encierran, ya que una sociedad que necesita de la cárcel, de encerrar y excluir, es ella misma una cárcel. Como una caja china de tantas cárceles, una tras otra; un contenedor de una humanidad vilipendiada y sufrida. Es sólo una cuestion de grados de encarcelación, división y aislamiento. Por supuesto, los grados más rigurosos y destructivos amenazan o golpean a las/los que son conscientes de que una sociedad gobernada por una economía presunta, de real explotación global, es una única e inmensa cárcel. Amenazan y golpean a l@s que son conscientes de eso y se comprometen para liberarse, para superar y suprimir esta cárcel global, que ya ha llegado a tener las dimensiones y la virulencia destructiva de un Auschwitz planetario. Hoy, el horror histórico que es esta economía del real-capitalismo, con sus metástasis principales que son el Estado, la ideología hoy neoliberalista y su tecnología para nada neutral, tiene como forma de dominio totalitario la democracia desarrollada en occidente, que compendia y exalta dignamentea las ideologías totalitarias del pasado. Hoy como nunca, el exterminio, la sumisión y la opresión, la explotación y el control social son así perfectos y perpetrados a grand escala. De esa guerra total a la vida, la cárcel es uno de los puntos mas simbólicos y virulentos entre el conjunto represivo de la economía. Es cierto que no se puede hablar de la abolición de la cárcel sin comprender también la abolición de la economía y de las funciones de sus dueñ@s, verdug@s e instituciones. Aquí, en la cárcel, no estamos padeciendo violencia física y las provocaciones son casi inexistentes. Será por la valentía y la, si bien exigua, fuerza solidaria, social y rebelde, de la cual somos l@s componentes detenid@s; será también por el particular momento de la represión, momento de exiguo nivel de enfrentamiento social por toda Europa. Pero padecemos, junto a vosotras/os del exterior, la violencia represiva de las persecuciones político-sociales emergenciales fascistas, por parte del aparato policíaco-judicial. Y dentro padecemos el grado casi máximo de aislamiento hacia el interior de la cárcel y, todavía junto a vosotras/os, el aislamiento hacia vosotras/os. Padecemos la censura de la correspondencia, la hostilidad sistemática en cada encuentro concreto con vosotras/os u otras personas no estríctamente destinadas a la vigilancia militar. Padecemos la suspensión, de hecho, de los derechos de las presas y los presos al acceso a los varios recorridos de liberación. Y siempre con el mismo pretexto de la “peligrosidad” y de la “seguridad” arbitrariamente establecido por la administración represiva, en base a la homologación o por lo menos a los valores dominantes, padecemos las gratuitas barreras arquitectónicas aflictivas, como por ejemplo las rejas por doquier, para no dejarnos ver el cielo. Así, están suspendidos también los derechos a la salud, más allá de los afectivos.En una situación patógena, una estructura sanitaria perfecta tendría escasa incisividad. Padecemos así, si bien en medida mucho menos aguda que en otros feudos del reino, la tortura del aislamiento, de la exclusión social y civil, de la exclusión de un futuro en nuestro horizonte de vida, de la privación sensorial y social. Es, de toda manera, el aniquilamiento físico y social a rasgos más o menos pequeños y perceptibles. Pero nunca será encarcerable la alegría del sueño de la liberación de l@s dueñ@s y de sus cárceles, la alegría de una solidaridad en lucha, la alegría del amor y del afecto que nos unen. Todo eso nunca podra ser disuelto por el delirio terrorista de un/a juez/a o un/a policía, ni siquiera por esa pobre cosa que es la cárcel. Es aniquilamiento, puro terrorismo, pero fracasa y fracasará siempre hasta que no desaparezca de la tierra, junto a los horrores que la reproducen: la economía capitalista, la sociedad capitalista y la gran cárcel. Saludo también a todas las compañeras y a todos los compañeros de España, de Turquía, de Chile, de Argentina y por doquier, fuera y dentro de las cárceles que, como nosotras/os y con nosotras/os, están luchando por la vida, la justicia y la libertad de todas y todos, incluso de l@s carceler@s-encarcelad@s. Y quiero mencionar y saludar, con vivo amor, a todas y a todos las/los que, dentro y fuera de las cárceles, donaron su vida en esta, nuestra lucha . Merece la pena seguir luchando, hasta que la muerte no llegue a ser una mercancía, sino un don de vida. La vida es amor, lucha, imprevesible e irreductible rebelión. Hasta que ardá el monstruo y sus cárceles, que no son más que una pesadilla tambaleante destinada a desaparecer. No hay ninguna razón para desanimarnos, para resignarnos. Sólo hay razones para luchar cantando a la vida! Os abrazo, Marco Biella, 17 de junio de 2001.

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El movimiento por el boicot a Israel adquiere impulso
InfoporAnónimo3/9/2009

El movimiento por el boicot a Israel adquiere impulso Mel Frykberg IPS RAMALA, 3 de Marzo de 2009 (IPS) - "Unidos con el Pueblo de Gaza" es el lema del la “Semana del Apartheid de Israel” (IAW por sus siglas en Inglés) de esta semana, lanzada el Domingo pasado en Toronto y otras 39 ciudades a lo largo del planeta. Un movimiento dirigido a boicotear bienes, cultura e instituciones académicas israelíes está ganando impulso mientras Ginebra se prepara para hospedar, durante el mes próximo, a la Conferencia de Anti-Racismo de la ONU, Durban 2, en el medio de una turbulenta controversia. Tanto Canadá como EEUU han decidido boicotear a la conferencia Durban 2, en protesta por lo que perciben como una agenda fuertemente anti-israelí. La primera Conferencia de Anti-Racismo de la ONU, realizada en Sudáfrica en la ciudad de Durban en 2001, vio a los delegados israelíes y estadounidenses abandonar precipitadamente la Conferencia, acusando a los otros delegados enfocarse demasiado fuertemente en Israel. El apoyo recibido por parte de EEUU y Canadá debe haberle producido algo de tranquilidad a Israel. Sin embargo, las críticas internacionales al ataque sangriento a Gaza llevado a cabo por Israel, que dejó a más de 1300 palestinos muertos y miles más de heridos, la mayoría civiles, ha revivido la campaña por el boicot, retiro de inversiones y Sanciones (BDS por sus siglas en inglés) contra ese país. La campaña BDS ha respondido a un pedido, realizado en el año 2005, de más de 170 grupos de la sociedad civil palestina de lanzar una campaña de retiro de inversiones "como una forma de aplicar presión no violenta para forzar al Estado de Israel a terminar sus violaciones a la ley internacional." Como parte de la campaña BDS, los críticos de Israel han condenado lo que ven como paralelos entre el ex-sistema de apartheid de Sudáfrica con el racismo israelí. Estos críticos apuntan al tratamiento discriminatorio que Israel da a los palestinos étnicos dentro de Israel, portadores de pasaporte israelí, y los extensivos abusos de los derechos humanos contra palestinos en los territorios ocupados por las fuerzas de seguridad israelíes. Durante la era del apartheid, los lazos entre Israel y Sudáfrica eran extremadamente fuertes, en los que el Estado judío ayudaba para el entrenamiento de las fuerzas de seguridad de Sudáfrica, así como suministraba armas al régimen de Pretoria. Entretanto en Toronto, donde nació el movimiento “Semana del Apartheid de Israel”, se realizarán foros, muestras de películas, eventos culturales y protestas callejeras para marcar la semana del IAW. Uno de los conferencistas invitados es el ex –ministro de Inteligencia de Sudáfrica, Ronnie Kasrils. Kasrils no es extraño a las controversias. Sus padres huyeron de los pogromos de la Rusia zarista que se realizaban contra judíos, y emigraron a Sudáfrica a comienzos del siglo pasado. Durante la época del dominio blanco, como miembro de Congreso Nacional Africano (ANC por sus siglas en Inglés), trabajando tanto en el exilio como en la clandestinidad en Sudáfrica, fue tildado por varios blancos sudafricanos como "terrorista". Ha sido también etiquetado como “judío que se odia a sí mismo” por muchos israelíes y judíos sudafricanos debido a la fuerte posición que él y la ANC han tomado contra las políticas israelíes. Mientras tanto, en Nueva York, el prominente activista del IAW, Nir Harel, un miembro del grupo “Anarquistas de Israel en contra del Muro”, también serán motivo de controversias. Su grupo realiza regularmente protestas contra la barrera de separación en Israel, que divide al Israel propiamente dicho de la Cisjordania palestina. La barrera se desvía significativamente de la Línea Verde, la frontera reconocida internacionalmente, hacia dentro del territorio palestino tragándose cantidades enormes de tierra, expoliando a agricultores de sus plantaciones. Otro activista israelí, Matan Cohen, ha tenido un papel central en el primer Colegio de Estudios superiores de EEUU en implementar una campaña por el retiro de inversiones en Israel. El Hampshire College en Massachusetts ha hecho un llamado por el retiro de inversiones en 200 empresas que el colegio dice ser responsables por la violación de su política de inversiones socialmente responsables en Israel. Las empresas que proveen de equipamiento y servicios al ejército israelí en los territorios ocupados de Gaza y Cisjordania incluyen a Caterpillar, United Technologies, General Electric, ITT Corporation, Motorola y Terex. Una petición del grupo “Estudiantes por la Justicia en Palestina” (SJP por sus siglas en Inglés) para el retiro de las inversiones fue apoyado por más de 800 estudiantes, profesores, y alumnos del colegio, que posee un total de solamente 1350 estudiantes. Hampshire college puede ser pequeño, pero ha sido un grande en activismo social. Fue la primera institución de educación de EEUU en retirar sus inversiones de Sudáfrica, diez años antes de que otras universidades y colegios de estudios superiores la siguieran. El activismo en las universidades de EEUU se está diseminando. La Universidad de Rochester en Nueva York y miembros de la comunidad también están involucrándose en las actividades para el boicot. Estudiantes del Macalester College, un colegio de estudios superiores en Artes Liberales en St. Paul, Minnesota, ocuparon la Secretaría de Comercio de St. Paul en Enero y seguidamente establecieron piquetes en ella el 6 de Febrero, exigiendo que el Estado de Minnesota pusiese fin a todo comercio con Israel. Estudiantes de la Universidad de Nueva York también han comenzado una campaña para el retiro de inversiones en Israel. Profesores y empleados de la Universidad de Quebec, Canadá, han endosado el llamado de la Federación Palestina de Gremios de Profesores y Empleados Universitarios a un boicot a Israel. Las acciones de la SJP en Hampshire College siguen pasos similares tomados por la Asociación Nacional de Profesores de Educación Adicional y Superior del Reino Unido. En Londres, estudiantes realizaron manifestaciones en la Universidad de Goldsmith y la Escuela de Economía de Londres, entre otras instituciones. Protestas similares se han diseminado lo largo del Reino Unido, habiendo conseguido algunas concesiones por parte de las autoridades universitarias. En la Universidad de Manchester, aproximadamente un millar de estudiantes se unieron a la campaña que iguala a Israel con la Sudáfrica de la era del apartheid, e hicieron un llamado a la administración y al gremio de estudiantes para boicotear empresas israelíes y apoyar a Gaza y al movimiento BDS. En Australia, la Asociación de Estudiantes de la Universidad de Sidney Occidental se ha unido recientemente a la campaña BDS internacional. Apoyo internacional por parte de sindicatos a acciones políticas contra Israel ha venido también desde España y Sudáfrica. El Gremio de Transporte y Trabajadores Aliados de Sudáfrica, bajo la directiva del Consejo Sudafricano de Sindicatos, recientemente se negaron a descargar un barco israelí que había anclado en Durban, a pesar de amenazas y presiones aplicadas por los gerentes y el lobby israelí. El Congreso Irlandés de Sindicatos , con 600,000 miembros en 55 gremios, se está preparando para comenzar un boicot a bienes israelíes. Mientras tanto, el mayor sindicato en la provincial canadiense de Ontario, la Unión Canadiense de Empleados Públicos (CUPE por sus siglas en Inglés), fue forzado por presiones a moderar su llamado a boicotear a todas las instituciones académicas israelíes. En cambio, se llamó a un boicot a aquellas instituciones israelíes involucradas en investigaciones que colaboran el ejército israelí. Traducción de David Comedi Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=81754&titular=el-movimiento-por-el-boicot-a-israel-adquiere-impulso-

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La ofensiva de Obama en América Latina
InfoporAnónimo4/1/2009

La ofensiva de Obama en América Latina Eva Golinger Rebelión “No levantaremos el embargo contra Cuba,” afirmó el Vicepresidente de Estados Unidos Joseph Biden durante su participación en el primer intento público de la administración de Barack Obama de marcar una línea de división en las Américas. La mal llamada “Cumbre de los Líderes Progresistas”, iniciativa impulsada por el gobierno de Obama la semana pasada en Chile, tuvo como objetivo destacar la “diferencia” entre países como Argentina, Brasil, Chile y Uruguay, donde gobiernan líderes de centro-izquierda, y los países Bolivia, Ecuador y Venezuela, donde crece la izquierda socialista. El uso del término “progresista” para clasificar los líderes y países participantes en dicha cumbre fue un obvio intento de identificar ésas naciones con el gobierno demócrata de Washington, ya que la izquierda en Estados Unidos cesó de existir en la época de los setenta y surgieron los “progresistas” en su lugar. El empleo de la palabra “progreso” es una decepción que buscar invocar sentimientos positivos con quienes se identifican con ésa ala política de Estados Unidos. En el final, sus políticas no son de izquierda ni están enfocadas en el progreso social, sino en el económico, y en el avance del mercado libre. Asi lo mostró la Secretaria de Estado Hillary Clinton en una entrevista en el canal de televisión hispano-estadounidense, Univisión, el 30 de marzo, cuando declaró que el gobierno de Obama “…cree que está en el interés de Venezuela promover una economía de libre mercado y no caer en las políticas del pasado cuando se apropriaron de compañias y negocios para verlos después fracasar…” Eso dicho por la vocera de la diplomacia del país que acaba de invertir cerca de un trillon de dólares para salvar bancos y empresas de seguro que se han quebrado debido al fracaso del sistema capitalista del libre mercado. Clinton no falló en referirse también directamente al Presidente Chávez, continuando el discurso agresivo y hostíl hacia el país suramericano, “Obviamente tenemos muchos problemas con el Presidente Chávez y la manera como está maltratando al pueblo venezolano. La manera como trata a sus vecinos. Su actitud general en política doméstica e internacional que no creemos que esté en el mejor interés de nadie...” Estas clases de declaraciones no varían del veneno escupido por Condoleezza Rice y los otros altos funcionarios del gobierno de George W. Bush durante los últimos cinco años. Visto a ésta mismísima posición, se podría preguntar, ¿dónde está el cambio? El precioso “cambio” de Obama nada tiene que ver con una reevaulación o una modificación de las políticas de Washington hacia América Latina. Más bien, por las acciones y declaraciones realizadas durante sus primeros cien días de gobierno, se evidencia una continuación de las políticas de Bush, que simplemente son las políticas imperiales de los grandes intereses internacionales. Habra que contemplar, entonces, ¿porqué países como Argentina, Brasil y Uruguay se prestaron al juego de Washington y su búsqueda de retroceder la unidad latinoamericana? Chile, como país anfitrión de la “Cumbre de Líderes Progresistas”, no sorprende, ya que la Presidenta Michele Bachelet ha continuado descaradamente con las políticas neoliberales comenzadas durante la dictadura de Pinochet. Tampoco llama la atención que Brasil, con el Presidente Lula al frente, sigue acercándose a Washington. Hizo lo mismo con Bush, y ahora lo hace con Obama con más razón. Los representantes de Washington se excitan con la mera visión de Lula cumpliendo su agenda y presentándose como el gran “mediador” entre el imperio y la bastión de cambios en América Latina. Pero Argentina y Uruguay, aunque sus líderes no han implementado políticas tan socialistas como sus vecinos en Bolivia y Venezuela, aun han estado presentes en casi todas las iniciativas de integración suramericana durante los últimos años. Y han dado indicacciones de su deseo de lograr un real “progreso”, un sincero avance social como en Venezuela, y no como la política panfletaria de Washington que siempre habla bonito de lo que es una democracia y un buen estilo de vida y luego hacen todo lo posible para que nunca se logre. Venezuela tan generosamente ha comprado gran parte de la deuda de Argentina, buscando aliviar la grave situación económica del país sureño causada por la estrecha relación de dependencia con Estados Unidos y las instituciones financieras internacionales. Por eso, causa curiosidad ver a la Presidente Cristina Fernández reunida con el Vicepresidente Joe Biden conversando sobre el papel activa que Washington quisiera que tuvieran los países suramericanos en organizaciones como el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional. Obviamente el gobierno de Obama está preocupado por la pérdida de dominación de Estados Unidos en la región y está buscando desesperadamente como recuperarla. Con iniciativas como la Alternativa Bolivariana para las Americas (ALBA), la UNASUR, el Banco del Sur y otras promovidas por Venezuela y bien aceptadas por una mayoría de países latinoamericanos, la dependencia con el norte se ha disminuido y Washington se está convertiéndose en un demonio del pasado. Entonces, ¿porqué éstos países creen que su resucitación beneficiará la región? ¿O será que simplemente no tienen la valentía de romper esas últimas cadenas imperiales que quedan asfixiando sus pueblos? La próxima Cumbre de las Américas, pronto de realizarse en Trinidad en abril proveerá un escenario para comprobar – cara a cara – la dirección que realmente están tomando los líderes de la región. ¿Tendrán el coraje éstos países “progresistas” de mostrar su solidaridad y lealtad con Venezuela, Bolivia, Ecuador y Cuba frente a la presencia de Obama? ¿O se arrodillarían ante la nueva cara del imperio que parece estarles convenciendo de sus “buenas intenciones”? Lo que sí es cierto es que Venezuela y sus hermanos del ALBA mantendrán su posición firme en contra del imperialismo y el capitalismo y no se dejarán engañar por los gestos insinceros y manipuladores de Washington y su cara perfecta. http://www.rebelion.org/noticia.php?id=83178

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José María Gatica: Un odio que no conviene olvidar
José María Gatica: Un odio que no conviene olvidar
InfoporAnónimo4/2/2009

José María Gatica: Un odio que no conviene olvidar (1974) por Osvaldo Soriano A Julio Cortázar [Poco después del "rodrigazo", que nos dejó a todos en la miseria, Roberto Cossa me hizo entrar en El Cronista Comercial, donde volví a ser redactor de deportes. Esta semblanza de José María Gatica se publicó a fines de 1975.] "No me dejés solo, hermano". Tirado en el pavimento, el cuerpo sacudido por los espasmos, Gatica se aferraba al pedazo de vida que se le iba. Lo rodeaba una multitud de extraños que lo habían visto caer bajo las ruedas de un colectivo, a la salida de la cancha de Independiente. Pocos ojos entre los que miraban esa piltafa cercana a la muerte habrán reconocido el cuerpo de José María Gatica, uno de los mayores ídolos que tuvo el boxeo argentino. Tenía 38 años y parecía un viejo. Hasta ese día en que la borrachera no le dejó hacer pie en el estribo del ómnibus, había sobrevivido en una villa miseria como tantos otros; algún rasgo lo distinguía: la nariz aplastada, la sonrisa provocadora, un cierto desdén por el futuro. Era uno de esos hombres obligados a soñar con el pasado, porque el suyo estaba teñido de sangre y ovaciones. El 7 de diciembre de 1945 subió por primera vez a un ring como semifondista profesional. Esa noche, su triunfo por nocaut en la primera vuelta frente a Leopoldo Mayorano no puso al público de pie, ni lo irritó. Comenzaba su carrera un hombre de rabia larga, de ambición fresca. Había sufrido la violencia desde su nacimiento, en Villa Mercedes, San Luis, el 25 de Mayo de 1925. A los siete años llegó a Buenos Aires en un tren de carga, con su madre y un hermano mayor. A los diez había ganado un lugar en Plaza Constitución, donde lustró miles de zapatos. De rodillas, miraba desde abajo la cara de la gente, pero hasta ese privilegio tuvo que defender a golpes frente a competidores tan desesperados como él. Un peluquero que vivía por allí lo vio pelear varias veces y quedó impresionado por su agresividad. Era Lázaro Koczi, un hombre relacionado con el boxeo profesional. Pronto le propuso cambiar de oficio. The Sailor's Home era la casa de la misión inglesa para marineros. Estaba en Paseo Colón y San Juan, un barrio con tradición de compadritos. Allí paraban los hombres que habían perdido sus barcos en los extravíos de una borrachera, los desertores, los enfermos, los malandras sin cuchillo. Todo se resolvía a puñetazos. Un hombre de agallas podía ganarse allí veinte pesos si era capaz de vencer en tres rounds al marinero más fuerte. Lázaro Koczi apareció una noche con Gatica, le mostró el ring y le habló de los veinte pesos. El lustrabotas subió. Se sabe que ganó varias peleas, que agachó a corpulentos marineros y luego dejó su parada de Constitución. Había ganado el derecho a más. El 7 de diciembre de 1945 -ese año singular en la historia argentina- debutó en el Luna Park. Sus ojos verdes habrán visto la multitud con el brillo del desafío. Bastó un golpe para que Mayorano, su rival, fuera a la lona. En poco tiempo ganaba dos peleas más y los empresarios pusieron sus ojos en él. Al año siguiente ganó las siete peleas que hizo, una de ellas con Alfredo Prada, quien sería su más rival encarnizado. Por entonces el público se había dividido: el ring-side abucheada a Gatica, quería verlo en el piso; la popular rugía alentando a ese morocho que miraba con odio a sus rivales y cuando los tenía a sus pies levantaba los brazos tan abiertos como para abrazar al mundo. Los apodos de la tribuna eran diversos, según de dónde provenían: Tigre, para la popular, Mono para el ring-side. A los periodistas le gustaba más Mono y así lo recuerdan aún. Mientras duró su grandeza tuvo un rival irreconciliable sobre el ring: Alfredo Prada. Ya se habían enfrentado antes, cuando no suponían que la vida los iba a unir en el triunfo y el fracaso. Combatieron seis veces y ganó tres cada uno. La última pelea, en 1953, significó la derrota de Gatica y el comienzo de su patética decadencia. Los enfrentamientos entre Gatica y Prada dividieron al público como nunca; se estaba con Gatica o contra él. Prada era campeón argentino, una satisfacción que el Mono nunca alcanzó. Cuando el pleito terminó, las carreras de ambos llegaraban al ocaso. Prada dejó el boxeo con algún dinero en el banco. Afrontó la vida como un ciudadano recompensado. El Mono volvió a su origen, como si toda su pelea con la vida hubiera sido una parábola restallante, una explosión de luces que lo iluminaron hasta, de pronto, dejarlo nuevamente en la oscuridad. Volvió a una villa miseria. Vivió de la caridad junto a su segunda mujer y dos hijas. Fue una fiesta para los periodistas encontrarlo sentado a la puerta de su casilla de latas, tomando mate, sucio y harapiento. Entonces Prada tuvo un gesto que los diarios elogiaron: abrió un restaurante en calle Paraná y llevó al Mono con él. Le pagó quince mil pesos por mes y lo puso en la puerta del negocio para exhibirlo. El gesto compasivo de Prada era otra humillación que Gatica soportó porque no podía sino aceptar su derrota. Había vivido como un esclavo y pocos le perdonaron su grotesca revancha: como un Robin Hood de barrio, iba con los suyos -los lustradores- y les destrozaba los cajones a patadas a cambio de billetes de mil. Pagaba con una fragata los diarios que quitaba a las viejas que rodeaban el Luna Park. Unos pocos lo miraban con respeto, otros ser reían de él. Desde que Alfredo Prada lo venció en 1953, en la última pelea, no dejó de caer. Siguió tres años más, pero estaba acabado como boxeador. Como hombre le faltaba recorrer la pendiente más dura: el desprecio, el odio, el revanchismo de las buenas conciencias. Era, para ellas, un analfabeto despreciable, un "lumpen". Perdió todo lo que tenía pero jamás se lamentó. Fue noticia para los diarios el día que una inundación se llevó lo poco que le quedaba. Entonces, fue fotografiado en camiseta, lleno de mugre y mereció crónicas colmadas de aleccionadora compasión. Curiosamente, el Mono sonreía. Adhirió fervorosamente al peronismo y, curiosamente, su esplendor y caída desplegó la misma parábola en el almanaque: levantó su brazos en 1945 y lo bajó, vencidos, en 1956. Había sido el preferido de Perón mientras brillaba. Aficionado al boxeo, el Presidente apoyó el viaje de Gatica a Estados Unidos para buscar una pelea con el campeón de los livianos. En cuatro rounds venció a Terence Young y esta victoria le abrió las puertas a la pelea con Ike Williams, dueño de la corona mundial, en 1951. Medio país estuvo pendiente de la suerte del Mono que iba a batirse en el Madison Square Garden de Nueva York. Subió a la lona sobrador, fanfarrón. Cuando empezó el combate bajó las manos y puso la cara, como lo haría luego Nicolino Locche. Pero Gatica no sabía de esas sutilezas. Bastaron tres golpes de Williams y a los tres minutos de pelea el Mono se derrumbó. Desde entonces perdió los favores oficiales y dejó de ser el hombre que se fotografiaba junto a Perón. Entre 1952 y 1953 ganó trece combates luego de ser vencido por Luis Federico Thompson, pero la última derrota ante Prada lo puso en la pendiente definitiva; caualmente, esa derrota sucedió un 16 de setiembre, dos años antes del día que estalló el pronunciamiento militar contra el peronismo. No sólo Prada usó al Mono para exaltar la beneficencia. Martín Karadagián, un empresario del espectáculo que había montado una troupe de luchadores, lo llevó a parodiar una final. También allí tenía que perder. En "sensacional encuentro" Karadagián, dueño del poder, benefactor de hospitales, lo sometió por unos pocos pesos. La última derrota ocurrió el 10 de noviembre de 1963, bajo las ruedas de aquel colectivo. Había terminado su vida en una parábola perfecta de humillación; "una bala perdida", como solía decir él. No tuvo amigos. Apenas dos o tres compañeros de aventuras en los momentos en que regalaba su pequeña fortuna. Contestaba con monosílabos, recuerdan algunos, para escapar de los adulones y los ambiciosos; otros dicen que no hablaba para ocultar su escasa educación. Tirado en la calle Herrera, de Avellaneda, manchado de sangre, con los ojos abiertos puestos en otro vendedor de muñecos, repitió: "No me dejés solo, hermano; levantáme, no quiero estar tirado". Cuando murió, La Prensa dijo: "La popularidad que adquirió Gatica por sus éxitos y por su característico estilo de infatigable peleador, fue utilizada por el régimen de la dicatdura, que lo adoptó como en el caso de otros campeones deportivos como instrumento de propaganda. Y esta publicidad extradeportiva y el aplauso obsecuente de personajes encumbrados no fueron ajenos por cierto a que él cayera en actos de inconducta dentro y fuera del ring". Fué un recuerdo político, cargado de desprecio. Al comentarista, como a tantos otros hombres de traje gris, le hubiera gustado ver a Gatica domado. Pero no; aún muerto sería molesto: nunca llegó tanta gente a la Federación Argentina de Box como para su velatorio. Hombres y mujeres hicieron una colecta y compraron una corona que decía: "El pueblo a su ídolo". El féretro tardó siete horas en llegar al cementerio de Avellaneda. Cuando la última palada de tierra cubrió el modesto cajón, los cronistas anotaron esta frase de Jesús Gatica: "La única miseria qe vivió mi hermano fue consecuencia de su desesperado afán de querer vivir la vida". Se cumplen tres décadas de la que fue, quizá, su primera alegría, cuando tenía veinte años. Gatica es, todavía, un símbolo contradictorio, arbitrario; la vida le fue quitada poco a poco, con un odio que conviene no olvidar.

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Femicidio en Ciudad Juarez (México)
InfoporAnónimo3/13/2009

Domingo, 16 de Julio de 2006 Tumbas al ras de la tierra Desde 1993, la ciudad mexicana de Juárez es escenario de uno de los casos más atroces y oscuros del crimen: la desaparición de 4500 mujeres y la aparición en el desierto de casi 500 asesinadas. El caso ha despertado la movilización de numerosas organizaciones feministas, múltiples expresiones artísticas que ayudan a difundirlo y pedidos de justicia que llegan a lo más alto del poder. Pero El desinterés del gobierno es flagrante y las muertes no se detienen. Sergio González Rodríguez, el autor de Huesos en el desierto, la brillante investigación sobre el tema que le costó amenazas, golpes e internaciones, explica cómo la hizo y por qué las autoridades no resuelven un misterio más sencillo de lo que parece. Por Martín Pérez Para muchos lectores de este lado del mundo, Sergio González Rodríguez es antes un personaje de 2666, la última meganovela póstuma de Roberto Bolaño, que el autor de un libro llamado Huesos en el desierto. Aparece casi exactamente en la mitad de esa obra maestra contenida en más de 1100 páginas –en la página 470, para ser más precisos– como un enviado de un periódico del DF a la ciudad que Bolaño llama Santa Teresa, pero que es en realidad Ciudad Juárez. “Normalmente no hubiese aceptado el encargo, pues él no era un periodista de crónica policial sino de las páginas de cultura. Hacía reseñas de libros de filosofía, que por otra parte nadie leía, ni los libros ni sus reseñas”, escribe Bolaño del tal Sergio González, el personaje de ficción. Desde México DF, vía e-mail, Sergio González Rodríguez, ensayista, narrador y crítico (tal como consta en la contratapa de Huesos en el desierto), cuenta que conoció a Bolaño hacia el año 2000, dos años antes de la publicación de la primera edición de su investigación, y cuatro años antes de 2666. “Se enteró por comentarios de amigos en común, como Jorge Herralde y Juan Villoro, que yo elaboraba un libro acerca del femicidio juarense, y se puso en contacto conmigo por correo electrónico. Quería conocer detalles muy específicos de la vida delincuencial en Ciudad Juárez. Estaba muy enterado de los asesinatos en serie, conocía el tema en profundidad, pero quería que lo pusiera al tanto de cosas como las armas, los calibres, los vehículos que usaban los narcotraficantes, o me solicitaba que le transcribiera actas judiciales donde se describían los homicidios. Incluso intercambiábamos puntos de vista acerca de las opiniones de los criminólogos y criminalistas. Era un auténtico obseso del tema, un detective salvaje. Y el resultado de sus saberes es estremecedor.” ¿Cuándo se enteró de que iba a ser un personaje de su novela? –Cuando fui a Barcelona en el 2002 lo conocí en persona, y en tal ocasión me hizo saber que yo aparecía como protagonista de su libro con mi propio nombre. “Me he plagiado la idea de Javier Marías, quien ya te puso como personaje en su novela Negra espalda del tiempo...”, me dijo. Sonreía y fumaba, divertidísimo, mientras yo lo escuchaba, hundido en la ambigua sensación entre el honor y el horror. Aún no me repongo del impacto de leerme como protagonista lateral en semejante tragedia. Cuando se le pregunta a González Rodríguez cómo cambió su vida luego de publicar un libro como Huesos en el desierto, su respuesta es contundente: “Es una auténtica línea de sombra, en el sentido conradiano del concepto”. Consejero editorial y columnista del diario Reforma y del suplemento cultural El Angel, Sergio estudió Letras Modernas en la UNAM y, recientemente, ha publicado las novelas El triángulo imperfecto (2003) y La pandilla cósmica (2005). Distribuido en la Argentina por primera vez en una segunda edición con un epílogo de treinta páginas que actualiza las denuncias desarrolladas en el texto principal, Huesos en el desierto (2002) puede ser leído como el indispensable complemento documental de esa proeza llamada 2666. Pero, antes que nada, es un valiente alegato literario que va desarrollando capa sobre capa todos los desafíos que presenta un caso tan complejo como el de Ciudad Juárez, donde se cruzan desde desafíos criminalísticos propios de la ficción más desquiciada, que incluyen la posibilidad de asesinos seriales y la influencia del narcotráfico, hasta la sospecha de que hasta la geopolítica más cruel e inhumana es otro ingrediente dentro de una tragedia que sólo es posible con la complicidad de las autoridades. Y las responsabilidades llegan tan alto que, cuando González Rodríguez presentó su libro tanto en Madrid como en Nueva York, fue tratado por las respectivas embajadas mexicanas de cada ciudad casi como un traidor a la patria, que se paseaba por el mundo difamando la imagen de México. Todo por un libro valiente, que se dedica a ordenar y recorrer todas las aristas de un caso que se ha hecho internacional, casi un aleph de delitos aberrantes que no es casualidad que tome forma de femicidio. Al atravesar las páginas del segmento de 2666 dedicado más específicamente a los crímenes de Ciudad Juárez, uno llega a sentir vergüenza de ser hombre... ¿Cómo fue para usted, que se sumergió en ese infierno? –La magistral novela de Bolaño añade una densidad trágica que permite leer la realidad desde una cercanía que los hechos, por su efecto traumático, a veces esconden. Y al tratar con ellos creo que hay que mantener un equilibrio que evite caer en la extrema susceptibilidad. Lo que se registra como hecho, resulta insoportable como ficción. ¿Cómo fue que apareció por primera vez ante usted el caso de los crímenes de Juárez? –Hacia 1995, la prensa mexicana comenzó a divulgar la existencia de homicidios de mujeres en Ciudad Juárez, algo que parecía, y a la postre resultaría cierto, un caso de asesinatos seriales. Era la época de la publicidad de tal término, en particular, debido a la película de Jona- than Demme, El silencio de los inocentes. Me pareció necesario indagar hasta qué punto los sucesos en la frontera mexicana eran realidad o efecto de la fantasía fílmica o literaria. En cuanto llegué a Ciudad Juárez, en la primavera de 1996 para hacer un reportaje que publicaría el periódico Reforma, supe que me enfrentaría al drama del verdadero México profundo, el de la impunidad y la violencia extrema. A partir de entonces inicié una investigación, que a la fecha continúa. Elena Poniatowska lo describe a usted como un intelectual, un creador y un crítico literario, y se pregunta por qué razón decidió salir de ese campo para escribir algo como Huesos en el desierto... –En efecto, si bien la violencia, los fenómenos extremos, la crueldad, el secreto son temas presentes en lo que he escrito o buscado como fuente de estudio, la pesquisa sobre el femicidio en Ciudad Juárez era una suerte de reto intelectual y ético que debí enfrentar. En México es una constante el problema de la injusticia y la corrupción institucionales, y en mi primer viaje a la frontera Norte supe que, en la trama llena de claroscuros, existía un asunto trágico del que casi nadie quería hablar: la connivencia de la autoridad con delincuentes. ¿Cuándo se dio cuenta de que los sucesivos artículos que había ido realizando podían convertirse en un libro? –En 1999 sufrí un asalto, secuestro y amenazas que me arrojaron al hospital. Esto aconteció en la víspera de publicar una nota en la que mencionaba la injerencia de gente de poder policíaco y político en el femicidio en Ciudad Juárez. En el 2000 decidí que tendría que escribir un libro al respecto, puesto que los acontecimientos tendían a hacerse cada vez más complejos. Un libro les daría orden. ¿Por qué razón, a pesar de haber sido amenazado, siguió escribiendo sobre el tema? –La memoria de las víctimas, su muerte vil lleva a insistir en busca de justicia. Uno quisiera el castigo para los verdaderos culpables y que nunca volvieran a suceder estos crímenes. Esta es una de las funciones que llega a cumplir la literatura en todo tiempo y lugar. Para hacer algo como Huesos en el desierto hace falta un método. ¿Cuál fue el suyo? –La lectura de la realidad como si ésta fuera un libro está en el fondo de Huesos en el desierto. Y viceversa: si me resulta legible el femicidio en Ciudad Juárez es porque hay una lectura/escritura de por medio que ha tratado de relatar los sucesos desde su propia emergencia pública, con sus voces, contrastes, versiones, anomalías y diversidad de narrativas convergentes. Mi idea fue reconstruir el extenso proceso del que proviene un fenómeno extremo como éste. ¿Qué referentes periodísticos tuvo a la hora de hacer su libro? –Desde luego, A sangre fría de Truman Capote, Los ejércitos de la noche y La canción del verdugo de Norman Mailer, El caso Moro de Leonardo Sciascia, Yo, Pierre Riviere... de Michel Foucault, entre otros. Aparte de que soy lector admirativo de escritores mexicanos que han escrito sobre casos violentos o policíacos, como Martín Luis Guzmán, José Revueltas, Jorge Ibargüengoitia, Carlos Monsiváis. Antes de Huesos en el desierto usted escribió Los bajos fondos, donde se aproximó al comportamiento proclive a la noche de las elites artísticas... ¿Qué vínculo tiene Los bajos fondos con Huesos en el desierto, si es que tiene alguno? –Los bajos fondos rastrea conductas de las elites artísticas mexicanas en el XIX y el XX vinculadas con la vida prostibularia, la sexualidad, la “bohemia”. Y forma parte de un interés por rastrear ciertas anomalías que se producen a contracorriente de la vida “normal”, como la búsqueda de libertades del cuerpo. El hilo que vincularía Los bajos fondos con Huesos en el desierto se refiere a la existencia cultural del secreto y el papel que éste llega a jugar en ciertos episodios. Usted ha dicho que el femicidio en Ciudad Juárez ha despertado una riqueza creativa en la cultura mexicana que no se veía desde el movimiento estudiantil del ’68 o la rebelión de Chiapas en el ’94... ¿Por qué cree que sucede algo así? –El tema se ha vuelto un emblema de la lucha contra la impunidad, y en los gremios de creadores y artistas se ha convertido en una fuente para inspirar denuncias y despertar la imaginación contra la barbarie. En buena parte se trata de reivindicaciones feministas y críticas al machismo imperante, o a la corrupción de las autoridades de diversos partidos políticos. Al leer sobre los crímenes sin fin de Ciudad Juárez, es imposible no ceder a la tentación de imaginar una novela policial que se multiplica hasta el infinito... ¿Cuál es el mayor mérito de Huesos en el desierto? –Creo que con Huesos... me he aproximado bastante a la eliminación de las percepciones acerca del misterio insondable. He señalado diversos factores e incluso he denunciado personas que deberían ser investigadas por las autoridades. En todo caso, el único misterio, que no lo es tanto, se llama protección o complicidad, es el de las autoridades mexicanas que se niegan a actuar y detener a los verdaderos homicidas de al menos un centenar de mujeres que permanecen impunes. En este sentido, Huesos en el desierto es una suerte de memorial o registro puntual que desea impedir la amnesia y la propaganda gubernamental que proclama que todo aquello es un “mito”. El género policial ha vivido obsesionado por el crimen perfecto, y hay quien ha dicho que la guerra es simplemente el crimen masivo perfecto. Entre uno y otro extremo bien podría estar Ciudad Juárez. ¿Cómo definiría usted lo que sucede allí? –Imagínese a un depredador en un campo de exterminio. Aterrador, ¿no? Hay algo peor: autoridades que son cómplices de los asesinos de mujeres, personas prominentes de una localidad que participan o callan ante estos crímenes. Esto ha sido el femicidio en Ciudad Juárez. La impunidad por conveniencia de los poderosos. ¿Conoce usted el caso María Soledad? ¿Qué similitudes o flagrantes diferencias encuentra con los asesinatos de Ciudad Juárez? –Conozco a grandes rasgos el caso de María Soledad y, en efecto, es posible encontrar en éste ciertas analogías respecto del asunto de Ciudad Juárez. Por ejemplo, en el modus operandi criminal, la victimología, etcétera. Pero la reacción de una comunidad que exige justicia y tiene éxito es algo inexistente en el caso mexicano. Tanto el Estado como los gobiernos y toda la sociedad en México han actuado tarde y mal para reaccionar con energía y demandar justicia. Usted señaló que la sociedad mexicana, reconocida por su realismo, vanguardia y modernidad, se ha degradado hasta ser una sociedad desigual y tragada por el narcotráfico... ¿Cómo es que se ha llegado a esto? –Las sociedades contemporáneas en América latina viven en medio de la simulación democrática y la barbarie. Mientras esta subcultura política no cambie, habrá crímenes como los de Ciudad Juárez. ¿Qué es para usted, en su vida personal, el caso de los asesinatos de Ciudad Juárez? –Escribir y publicar un libro acerca de un drama como el femicidio en Ciudad Juárez implica cierta predestinación que hay que asumir, una experiencia que acompaña toda la vida. Un intento por estar a la altura de las circunstancias con mi bagaje intelectual y formativo. Estudié Letras y me he ganado la vida en el profesorado, el periodismo cultural, la crítica. Por último: si Huesos en el desierto en vez de una investigación periodística fuese una novela policial... ¿cómo debería terminar? –Con el castigo de algunos de los culpables, mientras otros, los que viven en la sombra del poder, permanecen impunes. Huesos en el desierto Sergio González Rodríguez Anagrama, 2006 378 páginas Ciudad Juárez: matadero de mujeres Cruces Rosas: con ellas identifican en todo Juárez los lugares donde se han encontrado cadáveres de mujeres asesinadas. La de esta foto, más grande, fue utilizada el día de los muertos para recordarlas. Por Elena Poniatowska En una entrevista reciente, el poeta David Huerta declaró muy espontáneamente y con toda razón a propósito de las muertas de Juárez: “Esos crímenes son un absoluto y total escándalo”. Sergio González Rodríguez lo corrobora con una frase a la que le dio un giro extraordinario, el de “las muertas sin fin de Ciudad Juárez”. En esa misma entrevista, David Huerta acusó a Fox y lo tildó de incapaz, así como “al estúpido gobernador de Chihuahua”, y concluyó: “Tienen que resolver estos crímenes, si no, este país no vale la pena”. Desde luego el libro de Sergio González Rodríguez vale la pena. Huesos en el desierto nos enseña a un gobierno que cierra los ojos, a un país de culpables, y nos abofetea con la indiferencia (y también la indefensión) de 400 mil mujeres, casi la mitad de la población de Juárez, Chihuahua, que cuenta con un millón de habitantes. Asimismo nos advierte que entre 1993 y 1995 los cadáveres de 30 mujeres asesinadas se encontraron casi en el mismo lugar, que en 1995 la ciudad padeció 1302 delitos sexuales de los que el 14,5 por ciento fue por violaciones. Un año después, el número de delitos había aumentado 35 por ciento respecto de 1995. Los cuerpos estrangulados y violados encontrados en la arena del desierto pertenecían a muchachas pobres, morenas, de cabello largo, delgadas, bonitas (como son todas las jóvenes), que por lo general sostenían a su familia al trabajar en maquiladoras, farmacias o tiendas de autoservicio. Señorita extraviada, el ahora célebre documental de Lourdes Portillo, filmado en el año 2000, afectó a todos sus espectadores y reavivó la indignación en contra de este crimen múltiple. Le dio además proyección internacional. Con Huesos en el desierto, Sergio González Rodríguez viene a unirse a la campaña de apoyo a los familiares que se enfrentan a la indiferencia total del gobierno de Chihuahua desde hace más de diez años, a lo largo de los cuales casi 300 mujeres han sido asesinadas. ¿Por qué Sergio González Rodríguez escribió Huesos en el desierto? Por lo general, los intelectuales no se aventuran a temas tan sórdidos. Sergio es un creador, un crítico literario, un escritor que opina sobre temas de alta cultura, como suele llamársele. Es un hombre que vive entre libros y se rodea de revistas y suplementos culturales. Su ámbito es la investigación y la biblioteca. ¿Por qué abandonó sus amados documentos para hurgar en la basura? ¿Por qué se lanzó, como apunta Christopher Domínguez, a un periodismo duro, a una geografía del peligro, por qué escogió un “ecosistema del mal”? ¿Por qué puso en riesgo su propia integridad? Como cuenta González Rodríguez en su epílogo, sus razones para escribirlo fueron personales. Primero publicó reportajes para el periódico Reforma. Por ello lo asaltaron en un taxi el 15 de junio de 1999, lo golpearon, lo hirieron con un picahielos en las piernas y dos meses más tarde, al sentirse mal y darse cuenta de que se le trababa la lengua, terminó en el hospital, donde le diagnosticaron un hematoma en el cerebro, producto de los golpes del asalto. Tuvo que someterse a una peligrosa operación, desde luego mucho menos peligrosa que la violencia a la que lo habían expuesto los dos sujetos armados que lo atacaron, porque Sergio inició una investigación a fondo sobre Ciudad Juárez y sus muertas. Lejos de amedrentarlo, la violencia ejercida en su contra le dio razones aún más poderosas para inclinarse sobre la violencia que se ejerce contra los demás. Después de varios reportajes, decidió adentrarse en la herida atroz, sanguinolenta, fresca y siempre renovada del asesinato en serie de las mujeres de Juárez. Así, como lo dice Christopher Domínguez, González Rodríguez se convirtió en un “escritor civilizatorio”. El problema de las muertas de Juárez es de impunidad y de misoginia, como deja muy claro González Rodríguez. Mujeres de 14 y 15 años han sido encontradas muertas en Ciudad Juárez sin que el gobierno se preocupe por esos asesinatos, convirtiéndolos en los más despiadados de México. ¿Por qué no hay reacción? ¿Por qué siguen libres los victimarios de las mujeres? En 1985, después del terremoto del 19 de septiembre, las últimas en ser rescatadas fueron las costureras de las fábricas de San Antonio Abad. ¿Por qué? Porque eran mujeres, trabajaban sin seguro social en talleres clandestinos y las consideraban igual que basura. Lo mismo sucede con las muertas de Juárez. “Las mujeres no valen nada, puede matarlas cualquiera”, concluyen las autoridades, como corrobora el libro Huesos en el desierto. Como un kleenex, un vaso de plástico de usar y tirar, un plato desechable, la vida de 300 muchachas se ha ido por el caño. Estas jovencitas no eran basura: estudiaban, tenían esperanza, amigos, novio; una de ellas enseñaba catecismo, otra a reconocer las letras a parvulitos, y ahora que han muerto no se da ningún valor a lo que fueron cuando tenían vida. Al contrario, las autoridades parecen decir: “Se lo buscaron”. Como dije al principio, los intelectuales, salvo escasas y honrosas excepciones, no suelen preocuparse, ni mucho menos tratar temas escabrosos. Los derechos humanos son prioridad de Amnistía Internacional y de otros organismos, no de individuos enmarcados por el bastidor de la literatura. Sólo José Revueltas se pasó la vida en la cárcel por defender a sus congéneres. Sergio González Rodríguez lo hizo por un imperativo moral y su libro habla bien de él no sólo porque es un buen texto sino porque nos muestra a un hombre para quien la condición humana tiene el valor que hizo de André Malraux un gran escritor y un ser humano excepcional. Otros casos similares Una situación similar y tan grave como la que se vive en Chihuahua es la que sufren las mujeres de Centroamérica, si bien los casos tienen mucha menos difusión. Del 2001 a mayo del 2005 aparecieron asesinadas 1780 en Guatemala, 462 en Honduras, 117 en Costa Rica, alrededor de cinco al mes en El Salvador. No hay datos de Panamá, Belice y Nicaragua; pero, por ejemplo, se sabe que en Nicaragua cada diez minutos hay una situación de maltrato familiar: en el 2003 se denunciaron 51 mil casos de abuso a niñas y mujeres en un país de poco más de 5 millones de habitantes. Las autoridades suelen acusar a las “maras”, pandillas de jóvenes delincuentes involucrados en todo tipo de actividades, pero las activistas creen que, como en Juárez, se señala a este “culpable” puntual sólo para encubrir una trama mayor, política y económica. Según un informe de Amnistía Internacional, Agencia Cerigua y portal mujereshoy.com, Guatemala ya ocupa el segundo lugar mundial donde más mujeres son asesinadas –el primero le corresponde a la Federación Rusa–: en los primeros meses del 2006, el número ascendía a 50. A pesar de la gravedad de la situación, sólo se ha investigado el 9 por ciento de las muertes. El 40 por ciento sólo se archiva. Alrededor del caso Por Mariana Enriquez “Son rituales sacrificiales cometidos por fratrías de mafias”, dice una de las mujeres –madre de una de las chicas muertas– que integran el colectivo “Nuestras hijas de vuelta a casa” en el documental La batalla de las cruces: protesta social y acciones colectivas en torno de la violencia sexual en Ciudad Juárez, de Rafael Bonilla Pedroza y Patricia Ravelo Blancas, que se verá el jueves 27 a las 18.30 en la sala Batato Barea del C.C. Ricardo Rojas, dentro del ciclo Feminicidios en América latina: el caso de México. Es uno de los tantos documentales realizados sobre el caso de las mujeres de Juárez, y en sus sólo 82 minutos refleja la perplejidad de una cultura de la impunidad que casi imposibilita señalar a los culpables, no sólo por la trama complejísima de ocultamiento y desidia de las instituciones sino porque da la impresión, cuando se menciona a bandas de delincuentes, mafias de narcos, policías, dueños de clubes nocturnos, conductores de buses, hijos de las familias ricas del estado de Chihuahua, asesinos seriales, que los asesinos tienen el don de la ubicuidad; que es una cultura misógina la que mata mujeres, una cultura que probablemente ampara un negocio económico, una verdadera industria de la muerte, y la manutención de un poder político. “La violencia es un negocio”, dice el investigador y académico Héctor Domínguez. “Se mata porque alguien sale ganando de matar. Los hombres aquí han sido educados para ser violadores.” Allí hay otros datos que impactan: que el 80 por ciento de las mujeres de Juárez sufrió incesto; que los dueños de las maquilas no pagan indemnizaciones a las familias de las muertas, ni ayudan en las investigaciones, ni se hacen cargo de los huérfanos; que a algunas madres les entregaron los resultados de los ADN que confirmaban la identidad de las muertas en El show de Cristina. Como el documental sólo llega al 2004, no incluye el último y escalofriante dato: en los dos últimos años cada vez son más frecuentes los casos de niñas asesinadas, de 8 a 12 años. Ni que en las calles de Juárez se consiguen llaveros con un pequeño seno de plástico. Ni que los hombres, cuando discuten con sus parejas, les dicen: “Te voy a echar al desierto”. Lo impresionante es que los crímenes de mujeres de Juárez tienen una visibilidad internacional, y cuentan con un activismo local firme y continuo, y aún así la impunidad reina. Aquí, un breve recuento de las huellas de los crímenes en todos los ámbitos. Películas Entre los numerosos documentales se pueden destacar Preguntas sin respuesta de Rafael Montero y Señorita extraviada de Lourdes Portillo (directora de Las Madres de Plaza de Mayo, que obtuvo una nominación al Oscar en 1985). Está en preparación Bordertown de Gregory Nava, un thriller que será el primer largo de ficción sobre las mujeres de Juárez, protagonizado por Antonio Banderas y Jennifer Lopez. En otro orden, tanto Jane Fonda como Salma Hayek realizan acciones de protesta y difusión permanentemente, como por ejemplo interpretar Monólogos de la vagina a beneficio de las ONG de Juárez. Libros Además de Huesos en el desierto y 2666 de Roberto Bolaño, se encuentran He visto al diablo de frente de la escritora francesa Maud Tabachnik, novela negra que sitúa a la detective Sandra Khan –protagonista de sus libros– en Juárez. También El silencio que a la voz de todas quiebra, con colaboraciones de siete periodistas y escritoras mexicanas que dan cuenta del feminicidio lejos de la habitual crónica roja. Es notable el trabajo de Diana Washington –periodista de El Paso Times, especialista en los crímenes– llamado Cosecha de mujeres. Safari en el desierto mexicano, dedicado sobre todo a la trama de responsabilidades. Y en Estados Unidos se editó un libro de fotografías llamado Juárez: The Laboratory of the Future, con prólogo de Noam Chomsky y epílogo de Eduardo Galeano. Música El grupo Jaguares, liderado por Saúl Hernández, ha tomado la causa como propia y en su último DVD –que acompaña el CD De Caifanes a Jaguares– incluyen dos documentales que le presentan los crímenes al público. Ya habían hablado del tema en la canción “Amores que matan”. La cantautora mexicana Ely Guerra hizo lo propio en “Yo no”, el argentino Alejandro Lerner en “De mariposa a flor” (interpretada por Rubén Blades, José Feliciano, Alejandra Guzmán y Celeste Carballo, entre otros), Ana Gabriel en “Tiempo de hablar” (“La injusticia me trajo aquí/ La mentira y la impunidad”) y la norteamericana Tori Amos en “Juárez” (“Sólo porque al desierto le gusta la carne de las chicas/ Y no viene ningún ángel”). Online El mejor sitio, que tiene links con la mayor cantidad de documentos sobre el caso y otras organizaciones, es www.mujeresdejuarez.org Las Mujeres de Juárez Humillante y abusiva, la intocable impunidad, los huesos en el desierto, cuestan la cruda verdad las muertas de Ciudad Juárez, son vergüenza nacional. Mujeres trabajadoras, pasto de maquiladoras, cumplidoras y eficientes, mano de obra sin igual, lo que exportan las empresas, no lo checa el aduanal. Vergonzosos comentarios, se escuchan por todo el mundo, la respuesta es muy sencilla, puede salve la verdad, ya se nos quitó lo macho, o nos falta dignidad. La mujer es bendición, y el milagro de la fe, la fuente de la creación, parió al zar y parió al rey, y hasta al mismo Jesucristo, lo dio a luz una mujer, es momento ciudadanos, de cumplir nuestro deber, si la ley no lo resuelve, lo debemos resolver, castigando a los cobardes, que ultrajan a la mujer. Llantos, lamentos y rezos, se escuchan en el lugar, de las madres angustiadas, que al cielo imploran piedad, que les devuelvan los restos, y poderlos sepultar. El gran policía del mundo, también nos quiso ayudar, pero las leyes aztecas, no quisieron aceptar, tal vez no les convenía, que esto se llegue a aclarar. Que hay varias miles de muertas, en panteones clandestinos, muchas desaparecidas, que me resisto a creer, es el reclamo del pueblo, que lo averigüe la ley. Es el reclamo del pueblo, que lo averigüe la ley. Esta canción de Los Tigres del Norte sobre los crímenes de Juárez fue prohibida en el Estado de Chihuahua. De todos modos, Pacto de sangre, el disco en el que estaba incluida, alcanzó el disco de oro. http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/radar/subnotas/3120-501-2006-07-16.html

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“Odio, luego... existo" por Alfredo Grande
“Odio, luego... existo" por Alfredo Grande
InfoporAnónimo2/15/2009

Alfredo Grande - “Odio, luego... existo” “Pienso, luego existo. Pero si pienso cómo existo, entonces no pienso más.” Descarte posmoderno Amar el odio. Paradoja que debe ser sostenida en tanto nos abra el camino de una reflexión que sea, o al menos lo intente, análisis de nuestra implicación como odiantes. Si es cierto que hay que hablar de la soga en la casa del ahorcado, no es menos cierto que hay que hablar del odio en la casa del enamorado. Enamorado del amor, porque en estos tiempos son muy pocos los que sostienen el enamoramiento y menos aún los que sostienen el amor. El amor a las personas, el amor entre los sujetos, ha dejado el paso a inclinaciones, predilecciones, buenas ondas, químicas y físicas de la afinidad, resonancias corporales, multiplicaciones erógenas. Si al amor se lo sostiene como el fundamento de toda relación vincular entre los unos y los otros, cada vez más tiende a una forma franciscana del amor. Es más un decreto de necesidad y urgencia del sujeto que una forma concreta, social e histórica de relación entre los humanos. Si la realidad es compleja, pero en modo alguno complicada, podemos decir que la cultura actual sostiene simultáneamente la crueldad como forma única de la violencia, y el amor como forma única de la resistencia. Amar es un mandato, odiar es un tabú. La cultura actual de la crueldad odia el odiar y ama el amar. Contradicción lógica que condiciona en el sujeto la forma actual de una actividad siempre vuelta contra sí misma, que algunos denominan parálisis. Parálisis que termina siendo la más profunda atonía afectiva, una especie de autismo de los sentimientos, pero al mismo tiempo su más profunda negación. Hay que obligarse a amar, obligarse a desear, obligarse a obligar. El sujeto sabe que todo lo obligatorio es un dispositivo para su desdicha, pero sobrevive con la convicción encubridora de que sin obligaciones cada uno haría lo que le gustaría, lo que se le cantara, y tiene miedo de desafinar. Ya no aspira a lo sublime, pero sigue temiendo al ridículo. Es mejor lo que no gusta y es peor lo que gusta. Cuanto peor, mejor. Hay que pasar el invierno, el verano, el otoño, aunque cada vez queden menos primaveras. En tanto el odio está prohibido, degradado, desvalorizado, culpabilizado, la resistencia a la opresión pierde una fuente de energía extraordinaria. La confusión nada ingenua entre paz y tregua contribuye decididamente a este mecanismo. El odio queda restringido, y aun así con muchas limitaciones, a los vientos de la guerra. Pero es un odio que, como veremos, ha perdido su nivel fundante. Es un odio que se institucionaliza en un nivel convencional encubridor. Lo que realmente interesa a los efectos de pensar en políticas de liberación del sujeto (siempre social e histórico) es el destino del odio en los tiempos de la tregua. Aquello que las diferentes formas de la guerra (imperialistas o de emancipación) habían puesto en la superficie, las diferentes formas de tregua vuelven a sepultar. El sujeto ignora que no se trata de política sino de guerra, y por lo tanto no se puede hablar nunca de paz, apenas podemos hablar de tregua. A esta democracia que se pretende no adjetivada bien podríamos adjetivarla como sucia. El contrato social tiene su versión flexibilizada y contable, y tiene como único objetivo el genocidio financiero. Que busca su propia fortaleza buscando blindaje internacional. Y reconciliación nacional. A la deuda externa no solamente está prohibido odiarla: también hay que honrarla. Honrar, honra. Los honrados funcionarios que aseguran la continuidad jurídica del Estado, aunque nada les importe la continuidad biológica de las personas. Por lo tanto, tampoco habrá continuidad psicológico-social. Seguirán desapareciendo generaciones, y será eternamente cierto que nunca volverán las oscuras golondrinas. Excepto bajo la forma de capitales golondrina, denominación estéticamente más bella que capitales buitres, o capitales hiena. La dominación también tiene su estética, aunque algunos denominan a esto publicidad. Y será premiado el que logre la forma más bella de sometimiento a las prácticas depredadoras del marketing. La democracia sucia instituye el anatema del odio, de la bronca, de la furia. Los estallidos son cuidadosamente vigilados, y toda forma de corte con el modo de producción capitalista, aunque sea en la cruda materialidad de un corte de ruta, es castigado hasta con la muerte. Si de honrar se trata, honremos a Aníbal Verón, mártir de Tartagal, y a las víctimas de los que buscando nichos del mercado han construido un mercado de nichos. Que pueden ser recuperados comercialmente, como cementerios privados, el último country. Como toda forma de democracia, la sucia prohíbe odiar. Simultáneamente, construye legiones de rencorosos y de resentidos. Construye condiciones imposibles para que germine el amor, pero luego decreta el imperativo histórico de amar. Los pocos que pueden reconocer en sí mismos la condición de odiantes soportan procesos de exclusión como si fueran portadores de un virus que puede contaminar toda forma de sociabilidad. Si es cierto que en el terrorismo hay odio, no es cierto que el único devenir del odio sea el terrorismo. Las tópicas del odio no se resuelven solamente en su expresión directa, cuando toman la forma de impulsos destructivos hacia el afuera. Habitualmente, el odio, que es un personaje del cual nadie quiere ser autor, busca el único camino que nadie puede prohibirle: impulsos destructivos hacia el adentro. Esto puede denominarse depresión, ataque de pánico, enfermedad psicosomática, síndrome de fatiga crónica, son todas fatigadas crónicas de un suicidio anunciado. Si es cierto que hay amores que matan, nunca mata más el amor que cuando tiene como meta el ocultamiento del odio que el sujeto tiene prohibido expresar. Está adoctrinado de tal modo que si llega a expresar su odio siente que tiene agarrada una bomba que explota en la mano. Está adoctrinado de tal modo que piensa que el odio destruye especialmente al que odia. Está adoctrinado en que el odio, el rencor y el resentimiento son lo mismo. Está adoctrinado para vivir en la confusión, y ya sabemos que a río revuelto, ganancia de los pescadores que ahora practican el telemarketing. No pretendo realizar un elogio del odio. Pero al escribir esto, me doy cuenta de que es exactamente lo que pretendo. Elogiarlo que no es lo mismo que idealizarlo. La idealización del odio termina siendo una vuelta contra sí mismo, termina el sujeto apuntando al blanco equivocado, y si alguna vez se quemó con leche, no llora al ver una vaca sino que prefiere matarla. El odio es mucho más preciso que el amor. Si el amor es ciego, el odio tiene una excelente visión. Y es convertido en anatema por lo mucho que abre y no por lo poco que cierra. Sostener el odio en una sociedad que ha transformado la hipocresía, el cinismo y la cobardía en políticas de Estado es sostener el lugar del idiota del pesebre. Idiota que no solamente dice que el rey está desnudo, sino que además lo odia por haber transformado el amor de su pueblo en una estrategia para someterlo, explotarlo y envilecerlo. Pero el odio ha sido desalojado y dos mil años de formaciones reactivas cristianas no han sido sin efectos. Las operaciones militares-clericales sobre la reconciliación y el perdón a los que nunca pidieron perdón,tienen como supuesto básico que el odio quede sepultado. Se puede apelar en todo caso a ideas de justicia neutralizadas, pero operando con la misma lógica desapasionada de cualquier profesional del derecho. Será justicia, como dicen los escritos de los juristas. Será justicia, pero no es. No es justicia ni lo fue, porque las leyes han perdido la legitimidad que debieron sostenerlas. Si puede haber legitimidad sin legalidad, nunca puede haber legalidad sin legitimidad. Tampoco se trata de apelar a la memoria, sino que de lo se trata es de sostener la potencia erótica de los recuerdos. La memoria tiene que ver con la muerte (in memoriam...). Los recuerdos tienen que ver con la vida. Porque el recuerdo es un acto en el presente, no una evocación del pasado. Ni siquiera para la reivindicación de ese pasado. Si los actos del presente no prolongan las luchas del pasado, si los actos del presente no prolongan los cuerpos históricos del pasado, la memoria se instituye como otra de las formas de la hipocresía republicana. En los recuerdos volvemos a encontrar las mismas emociones, los mismos sentimientos, los mismos ideales, los mismos amores, los mismos odios de aquellos que encontraron la muerte no buscando la inmolación, como algunos señalan, sino peleando la revolución. Al negar la muerte decretada desde adentro, se encontraron con la muerte decretada desde afuera. Porque siempre hay algo personal en toda decisión de enfrentar los mecanismos de dominación. Algo personal, porque es la totalidad del sujeto que está implicado en sus actos, es la totalidad del sujeto que está implicado en sus ideales, en sus sentimientos, en sus odios y en sus amores. Nada personal, dicen los tecnócratas de la muerte, organizados en mafias oficiales o clandestinas. Todo personal, dicen los luchadores de la vida. Porque la dimensión personal es política, erótica, histórica y social. Porque la persona solo deja de ser personaje cuando puede construirse como sujeto. Sujetado pero tampoco totalmente sujetable. Muchas veces ladrando sin llegar a morder. Pero tampoco sin dientes, y menos aún convertido para siempre en león herbívoro. Intentaré revisar la génesis del odio, las formas cotidianas en que se expresa, su expropiación subjetiva por las masas artificiales, los destinos a los cuales está convocado, su cualidad revolucionaria. Y especialmente, remarcar que no hay contradicción con el amor verdadero, aquel que no necesita de la ceguera para poder desplegarse. Una sola advertencia, sin dejar de reconocer que siento cierto pudor solo de realizarla. Quizá sea una advertencia a mí mismo, porque yo también fabrico mis propias formaciones reactivas democratizadoras. Estoy intentando realizar un análisis institucional del Odio, no lo estoy recomendando ni lo estoy promoviendo. Apenas procuro su reconocimiento y que se suspendan los tabúes y anatemas que lo condenan y lo marginan. Como se comprende, me estoy curando en salud por temor a generar odio contra mí. Seguir el destino del creador de la guillotina, y ser atacado sin piedad por los delirantes del amor. ¿Vale la pena aclarar que amar al odio no es lo mismo que odiar al amor? Sostener al odio no impide que podamos sostener al amor. Pero sostener ambos con los ojos bien abiertos. Porque una cosa es tener que tragarse sapos y otra cosa es saborearlos. Las dietas de la democracia cuyo menú predilecto es gato por liebre y sapos parlamentarios no pueden despertar ningún amor sincero. Tampoco puedo asegurar que hablar del odio sea para bien de todos. Y que no sea para el mal de ninguno. Pero como dicen que no hay mal que por bien no venga, quizás el tránsito por los caminos del odio nos lleve a otras metas del amor. El odio como discriminador. Si la Biblia lloraba contra un calefón, lo hacía porque cuando el poeta escribió “Cambalache”, los calefones se colocaban en el baño. La Biblia lamentaba su destino de papel higiénico. La Biblia había podido discriminar con exactitud para qué usarían la suavidad de su papel. Por eso lloraba. Tratándose de un texto sagrado,difícil sería establecer si odiaba al que utilizaría sus páginas para limpiarse. Pero, a no dudarlo, lloraba. La discriminación es la primera operación mental que el Yo debe sostener para mantener la vida. Sostener la autoconservación, mantener la vida cuando recién empieza y cuando está más amenazada, intento en el que más de 55 bebés por día fracasan en la Argentina, sólo es posible discriminando que es lo que sostiene la vida y que es lo que la amenaza. Sigmund Freud, genio que marcó los límites del individualismo burgués al decir de León Rozitchner, señala que el odio es anterior al amor y que además tiene una génesis diferente. El más primitivo Yo, que Freud denomina Yo de Realidad Inicial, odia aquello que amenaza la autoconservación. En una implacable lógica binaria, lo que ataca la vida es odiado, lo que defiende la vida es amado. Cuando la institución de la maternidad puede organizarse como cuidados al bebé, hay un amor que apaga con leche el fuego del hambre. El odio primitivo, el terror sin nombre, la dimensión traumática del nacimiento, el llanto desesperado con el cual el bebé recibe la nueva materialidad de haber sido parido, es aplacado una y otra vez hasta que la producción de la sonrisa da cuenta del primer encuentro amoroso. El odio será entonces, secundario a la pérdida real o fantaseada, momentánea o definitiva, del primer amor. Los indicadores del odio primitivo, aquel que daba cuenta de la amenaza a la propia vida, quedan sepultados en la exuberancia de la posesión amorosa materna. Ese vínculo inicial dejará una marca que toda dependencia futura podrá buscar y, a no dudarlo, encontrará. La Santa Madre Iglesia será una de las que con más ahínco busque en cada sujeto las marcas del desvalimiento, y al sólo efecto de acentuarlo y profundizarlo. Más malo que pegarle a una madre, y si es a una santa madre, tan malo que sólo puede merecer el infierno, primer chupadero reconocido. Incluso la lógica de la autoconservación es atacada, y la cultura represora señala como egoísta al que se ocupa demasiado de sí mismo. La santidad es sinónimo de ataque contra la propia conservación. En estos casos podemos hablar de inmolación, en tanto la muerte es una forma de conseguir otra vida. Para reinos que no son de este mundo. ¿Cómo se puede odiar al que amenaza la vida, si la pobreza es una bienaventuranza? Al César lo que es del César, es decir, mi vida, mi honra, mi familia, mis dos mejillas, mis dos nalgas, mis hijos, mis esperanzas... ¿Queda algo para Dios que no sea dolor y desesperación? Si los que van a morir te saludan, o al menos te votan, no ya como gladiadores sino como contribuyentes del Imperio, no hay lugar habilitado por la cultura para expresar el odio que el Yo primitivo tenía reservado para todo aquello que atacara la vida. Porque me quieres, me aporreas, entonces ¿cómo odiarte? Dormiremos con el enemigo, más allá de sus ronquidos y que nada asegure que podamos despertarnos vivos. Ni siquiera nos animaremos a pensarlo como enemigo, porque las categorías fundantes han sido trastrocadas para siempre. Solamente podemos pensar en adversarios, en los leales competidores donde los mejores ganan y los peores pagan los impuestos al consumo residual. Nadie saca los pies del plato, aunque cada vez nos queden menos dedos. Cuando sea delito pedir sueldo, ya será tarde. Porque seguramente alguno estará pensando en un fuero laboral-penal para perfeccionar la perspectiva judicial de la protesta social. En tanto la génesis del odio es silenciada, el sujeto solamente podrá procesarlo odiándose a sí mismo por odiar. Entonces se sentirá culpable. Culpa que nuevamente pone en riesgo la autoconservación, porque siempre está acompañada de sensaciones de impotencia, parálisis, confusión. Tiene prohibido odiar, pero tiene permitido culparse. Por mi culpa, por mi culpa, por mi grandísima culpa. Y esta culpa es una forma de mantenerlo como sujeto escindido de los colectivos sociales a los que pertenece, es decir, lo mantiene en una forma larvaria denominada individuo. Aislado, sumiso, arrodillado, pidiendo perdón por lo que nunca se animará a realizar. Pero sin odiar a nadie, siempre en laobligatoriedad de amar amando aunque en un saber no sabido intuya que son muy pocos los que son dignos de ese amor. El propio sujeto tampoco se siente digno de ser amado. ¿Cómo entonces podrá encontrar dignidad en el odio? Amar y honrar la deuda. La primera operación por la cual el sujeto sepulta la discriminación entre lo que ataca la vida y lo que defiende la vida es el tabú de odiar. Pero esta operación, si bien necesaria, no es suficiente. Hay que continuarla decretando, por las buenas y si es necesario por las malas, que hay que amar al enemigo. Insisto: está prohibido odiarlo, pero además hay que amarlo. Nada de abstenciones o de ir al kilómetro 501. Si no están conmigo están contra mí. Y cuanto peor sea su conducta, cuanto más miserable sea, cuantas más medallas tenga en el escalafón de la maldad, más hay que amarlo. No solamente le doy la otra mejilla para que pueda repetir, si es posible perfeccionado, el sopapo. También besaré la mano que me castiga, porque no hay mérito alguno en besar y amar la mano que acaricia. Y mucho menos cortar la mano del ladrón, ¿porque con qué mano jurarían los funcionarios? Los acreedores deben ser honrados, aunque ellos no perdonen nuestras deudas. Excepto que demostremos que somos tan pero tan miserables que ni cobrarnos pueden. Por lo tanto disfrutaremos del Jubileo del Milenio, demostrando que somos demasiado pobres para poder aspirar a ser honrados. El amor al que no lo merece ha tenido consecuencias trágicas, no siendo la menor el conocido “por algo será”, donde la víctima tenía la absoluta responsabilidad de su destino. Se lo había buscado y lo había encontrado. Si buscaban el palo, al menos les clavaron las astillas. Pero la democracia además de no animarse a odiar a los genocidas cívicos militares, también les entregó muchas pruebas de amor. Cuchi cuchi obediencia debida, de quién es esa boquita punto final, contigo pan, indulto y cebolla, pero preferiblemente de verdeo. El mandato de la reconciliación, de la pacificación, de la unidad nacional, es una forma apenas deformada del mandato de amar a los enemigos. Yo creo que al enemigo sí justicia. Pero justicia popular, no tecnocracia del derecho. La energía que se consume en intentar amar lo que merece nuestro odio y nuestro desprecio muchas veces no logra el propósito de amar al enemigo. Pero siempre consigue al menos que no queden fuerzas para odiarlo. Incluso, cuando el odio a pesar de todo aparece, se lo toma como la causa de futuros males, cuando es solamente la consecuencia de los males pasados. El odio que implica una discriminación objetiva de lo que ataca la vida puede ser impregnado por el amor. En este caso podemos hablar de rencor. El odio implica en el sujeto una operación de corte con la amenaza, una neutralización y anulación de todo lo que se opone a la continuidad de la vida. No solamente nos referimos a la vida biológica, aunque ése haya sido su nivel de expresión más primitivo. Vida es la forma de vivir que construimos y que pensamos que es la vida que merece ser vivida. El rencor es una erotización del odio y prolonga la relación en la interioridad del sujeto. Como dice el tango... “rencor, tengo miedo de que seas amor”. En el rencor y el resentimiento hay una forma deformada del amor, como si en esa forma se prolongara cierta dependencia con aquello que hizo daño, y no dejara de esperarse que alguna vez el que hizo el daño lo reparara. No es cierto que el odio una más que el amor. Lo que puede unir más que el amor es el rencor, justamente porque al no ser nunca satisfecho, se mantiene constante en una demanda de descarga que nunca llegará. La ternura y el rencor son, pues, pares antitéticos. Polaridades en las cuales el sujeto nunca descargará su amor ni su odio. Son dos formas de la tibieza, aquella que promueve el vómito divino. Aunque no podamos amar al enemigo, la cultura represora se conforma con las derivaciones tiernas o rencorosas, porque sabe bien que ambas, aun con maquillaje diferente, es el mismo rostro de los sistemas de dominación. Este amor que se afirma no desde su propia positividad sino desde la estrategia de enterrar todo vestigio de odio debe buscar el sacramento que lo eternice. Los escenarios sacramentales son variados, pero en todos ellos no solamente está prohibido fumar, lo que ciertamente está a favor de la vida, sino que está prohibido odiar, lo que ciertamente está en contra de la vida. El amor sacramental es el recurso privilegiado cuando de atacar a los odiantes de trate. “Hasta que la muerte los separe” cuando hay formas de vivir que separan y formas de morir que unen. Lo sacramental no se desprende de las condiciones históricas de producción, sino que se instituye como eterno. Las instituciones fundantes de la argentinidad no pueden ser atacadas, porque se está atacando a la República. Son sagradas. Nos hemos casado con ellas y no podemos separarnos, ni divorciarnos, solamente amarlas, respetarlas, honrarlas. Mucho menos odiarlas. Así fue como el servicio militar obligatorio se llevó a demasiados conscriptos, y la honesta sociedad civil fue silenciosa como buena mayoría durante 90 años. Ahora sabemos que el silencio nunca es salud. El amor a veces tampoco. Del tabú del odio al odio como mandato. La lógica binaria con la cual el primitivo Yo discriminaba entre el enemigo que ataca la vida y el amigo que la protege era una lógica sin zonas borrosas. Ni ambigüedades. Cualquier vacilación podía ser letal. Es un momento previo a la ambivalencia de los sentimientos. Queda sepultado por el imperialismo del amor, al que se supone que siempre es más fuerte. El odio ya no aparecerá en el adulto como sentimiento puro, sino en sus diferentes versiones: vuelto contra sí mismo como culpa o mezclado con el amor como rencor. En una cultura represora que necesita no solamente dividir, sino también confundir para reinar, cualquier intento de discriminación es atacado. Y la discriminación del odio es especialmente atacada porque se trata de una discriminación fundante. Mas allá de cómo el adulto sienta sus diferentes pertenencias sociales y políticas, con la misma lógica binaria del primitivo Yo, discrimino dos tópicas excluyentes. Los colectivos autogestionarios y las masas artificiales. En los primeros la legalidad fundante es todos para uno y uno para todos, y sostienen el imaginario que unidos no pueden ser vencidos. Aspiran a la unión de las diferencias, discriminando siempre la diferencia en la diferencia, es decir, lo incompatible. Los colectivos autogestionarios son multiformes. En las masas artificiales la legalidad fundante es ser Uno con el Todo. Aspiran a la unidad, por lo que son atacadas las diferencias como si fueran incompatibles. Son uniformes. Freud describió para modelizar el concepto dos más artificiales paradigmáticas: la Iglesia y el Ejército. Incluso aclara que se trata de la Iglesia Católica y del ejército prusiano. En otras palabras: organizaciones expansivas y con vocación transnacional. Las masas artificiales son la prolongación en la cultura del equipamiento intrapsíquico que Freud describiera como Superyó. Denominación encubridora ya que el Yo, lejos de tener una cualidad superior, bajo la influencia inconsciente de esa instancia repelente, resistente y represora, se transforma en un manso cordero, aunque pueda alguna vez ponerse la piel del lobo o de la loba. Las masas artificiales son individualidades múltiples, porque la ligadura libidinal se realiza mirando hacia arriba y no manoteando a los costados. Lo artificial de la masa es justamente su carácter colectivo. Porque si bien hay muchos sujetos comprometidos, todos actúan como si fueran Uno. En realidad, son Uno pero esto implica un nivel de análisis más allá de la mera descripción. La forma más depurada de masa artificial es el fascismo. Es el extremo límite al que tiende toda iglesia y todo ejército, la unidad fundacional entre la cruz y la espada, para que toda letra entre con sangre. Será letra represora, donde la marca corporal y mental será una cicatriz que volverá a desgarrarse todas las veces quela dominación imperial peligre. Mundial del ‘78, guerra de Malvinas, alfonsinismo, menemismo, son formas diferentes pero no incompatibles de organización de masas artificiales. El denominador común es la pérdida de la discriminación política necesaria. Pasan a ser más importantes los asesores de imagen que los asesores de pensamiento. La imagen deviene icono encubridor. Siendo diferentes en el ejercicio de sus respectivos poderes, las masas artificiales de las democracias agitan los miedos que las masas artificiales de las dictaduras concretan. Si la política es la continuación de la guerra por otros medios, planes de ajuste mediante, parece ser que por otros medios la democracia es la continuación de la dictadura. La situación de ilegalidad e ilegitimidad de los denominados presos de La Tablada, en realidad rehenes de la democracia, es trágicamente elocuente. ¿Necesitará el Presidente su propia semana trágica, que ya se prolonga por meses? Si las masas artificiales proclaman el amor (el “general democrático” Videla, que al decir de un periodista insomne era lo mejor que nos podía pasar, pontificó que el Proceso de Reorganización Nacional había sido un acto de amor) en realidad ejercitan el odio. ¿Pero no era que estaba prohibido? Lo estaba, al igual que el uso de las armas, para el individuo aislado. O para grupos de ciudadanos por fuera de la maquinaria del Estado. Por eso preocupa más la justicia por mano propia que la injusticia por mano ajena. Los demócratas bien pensantes se aterran ante esa posibilidad. Qué les asustará más: ¿las artesanías de las propias manos o que pueda haber justicia? Las masas artificiales hacen culto de la injusticia, aunque la denominan costo social del ajuste. El sujeto, expropiado de su odio por el mecanismo de succión de las masas artificiales, está dispuesto a entregarse a sus represores no solamente por temor sino también por amor. Winston, el protagonista de 1984 la novela pesadilla de George Orwell, lloró al descubrir que amaba al Big Brother, al Gran Hermano. No pudimos odiar al enemigo, y entonces empezamos a verlo, a pensarlo, a sentirlo, como amigo. Si el mecanismo de las guerras convencionales es demasiado costoso para eliminar mano de obra, las masas artificiales tienen el recurso de las guerras de la cotidianidad: pobres contra pobres. O exarcebar los nacionalismos más primitivos, y por lo tanto cada sujeto verá en cada extraño a un enemigo. La xenofobia apela al mismo odio que fuera prohibido, pero ahora dirigido no hacia arriba, hacia los poderes represores, sino hacia cada vez más abajo, hacia los que huyendo del hambre y de la muerte ya no encuentran a los proletarios del mundo que quieran unirse. Las masas artificiales monopolizan la agresión, la sexualidad, tanto en su forma sacramental como en sus variedades pornográficas, el odio, la economía, la salud, el ocio, incluso ciertas formas de comunicación social. Se llama a luchar contra la pobreza, cuando de lo que se trata es de luchar contra la riqueza. La teoría de las copas derramadas solamente ha servido para aumentar el consumo de champagne, con o sin pizza. Pero no hay odio hacia el represor. Incluso hay cierta admiración. Cierto respeto. Cierta envidia. He intentado explicar estos mecanismos por el predomino de los Ideales del Superyó: la muerte, la amenaza, el dolor, la dominación, la injusticia. Nada más injusto que los juegos de azar. Un solo apostador ganó el Loto, lo que significa que al menos dos millones no ganaron nada. Es injusto, pero a lo mejor la próxima me toca. Desde ir al casino, flotante o no, pasando por el bingo, hasta comprar mayonesa o yerba, todo es una buena excusa para timbear. Hasta la solidaria es una rifa. Y en todo ese mecanismo de infinita injusticia no hay espacio para el odio. Apenas para la resignación y para la perpetua renovación de ilusiones. El odio como energía. Ninguna cita es neutral. Dime qué citas, y te diré quién eres. Dime a quién citas, y te diré qué quieres. Conseguir una cita habla de nuestro deseo. Realizar la cita de un determinado texto, de undeterminado autor, habla de nuestra política. Todos los autores son contradictorios, algunos lo son demasiado, porque todo pensamiento incluye su negación permanente. Con la cita que voy a incluir, de Ernesto Guevara, no digo que todo el pensamiento del Che esté en esa cita. La menciono exclusivamente porque lleva agua para mi molino, y no serán pocos los que me aclaren que hay otros molinos para otras formas de pensamiento. En un texto de mayo de l967 cuyo título es “Crear dos, tres, muchos Vietnam es la consigna”, leemos: “el odio como factor de lucha; el odio intransigente al enemigo que impulsa más allá de las limitaciones naturales del ser humano y lo convierte en una efectiva, violenta, selectiva y fría máquina de matar. Nuestros soldados tienen que ser así; un pueblo sin odio no puede triunfar sobre un enemigo brutal”. En la guerra de guerrillas el odio permitía recuperar una capacidad que las “limitaciones naturales” dejaban oculta. La capacidad de matar. Pero una capacidad que se sostenía en una racionalidad recuperada. Odiar al enemigo es necesario para poder enfrentarlo en su dimensión brutal. En esta posmodernidad donde no hay ninguna recuperación revolucionaria de la violencia, ¿podemos hablar de matar? La tregua, como ya señalamos, tiene su propia lógica. No es la paz, pero tampoco es la guerra. Ni la guerrilla. Menos aún el terrorismo. ¿Cuáles son los destinos actuales para ese odio que permite que el ser humano tenga impulsos más allá de sus limitaciones naturales? Impulsos para combatir, impulsos que le permiten enfrentar la brutalidad del enemigo. Impulsos que puedan vencer las limitaciones naturales para la lucha y la resistencia. Estos impulsos que el odio moviliza son opuestos a lo que podríamos denominar los sentimientos de la subjetividad vacía. De lo que se trata, entonces, es de matar las ideologías de la muerte, y matarlas primero dentro nuestro. Reprimir al represor, para que el odio abra el paso al deseo. Esta operación que es mental, corporal, social, histórica, política, ética y estética, no es posible para el individuo, sólo es posible para el sujeto. Y solamente cuando está incluido en la dinámica de un colectivo autogestionario. Recupera un nivel de existencia que tenía prohibido, porque la culpa lo paralizaba. Podía quedarse como abrazado a un rencor, pero no tenía brazos para seguir luchando. Sostener al odio como discriminador permite mantener contra todo viento y contra toda marea la consistencia, la coherencia y la credibilidad. Trípode de toda política de enfrentamiento y resistencia al ordenamiento naturalizado del poder dominador. Trípode del cual carecen todos los políticos, sean civiles o militares, laicos o clericales, porque han perdido para siempre la consistencia, no pueden sostener ninguna coherencia y carecen de toda credibilidad. Para estos políticos, ser coherente, consistente y creíble es simplemente rigidez. A pesar de eso, el sistema apela como ya lo hicieron los padres de la Iglesia a “creer porque es absurdo”. Si me rebajan el sueldo, es para que esté mejor. No importa que nos defraude, igual hay que seguirlo. La tibieza del voto castigo implica apenas dejar sin postre a quien nos está sacando toda la comida. El verdadero castigo no lo reciben los candidatos, sino que lo reciben los que votan. En realidad es un voto autocastigo. Justamente por eso, hay que sonreír porque, a pesar de que lo disimulan, nos aman. La teoría del mal menor se impone, y ya que no podemos alcanzar la felicidad, al menos intentamos escapar del dolor. El odio debe acompañar toda política de resistencia al opresor, que es la única que permitirá no resistir al deseo. Amar al enemigo en el mejor de los casos ablanda, en el peor destruye. Si el odio tiene tan mala prensa, si el odio es tan odiado, es posible que lo sea por su potencia para construir. Porque es el ariete que abre el paso del amor, es el verdadero rompehielos para las almas congeladas. El odio tiene algo de blasfemo. Es sacrílego. No es políticamente correcto. Tiene mal olor. Pero no podemos esperar a que solamente seexprese en un día de furia. Porque en ese caso no romperá solamente los hielos, sino que peligrarán las cabezas de todos los títeres. ¿Se puede construir desde el odio? Pienso que sin odio no se puede construir, no se puede crear, apenas se puede repetir. Para enfrentar al enemigo sin hacer concesiones a lo mejor no es necesario odiarlo, pero seguramente es imprescindible no amarlo. Tampoco puede ser indiferente. No puede dar todo igual. Pienso que para que un grupo de madres marchara alrededor de la Pirámide de la Plaza de Mayo fue necesario el amor a los hijos, pero también el odio a los represores, a los torturadores, a los asesinos. Marcha circular que terminó siendo una espiral, porque nunca se marchaba dos veces por el mismo río. Espiral que permite el tránsito de la Asociación Madres de Plaza de Mayo, el territorio fundador, a la Universidad Popular, el territorio fundado. La profecía de la Universidad Popular es la continuidad y discontinuidad al mismo tiempo. Porque ahora están las Madres, con los docentes, con los alumnos, y todos estamos con los Hijos. Nada de esto se puede conseguir sin amor. Pero se trata del amor verdadero, aquel que no necesita repudiar al odio que lo ha precedido. El odio no es un pantano que nos apresa. El odio es una catapulta que nos lanza, como si fuéramos las flechas de un anhelo proyectado al porvenir. Dimensión del futuro que para que no sea la mera repetición del pasado deberá incluir la dimensión deseante del sujeto. Al decir de Osvaldo Bayer: “Las Madres dieron un paso adelante: entraron en la Sabiduría” (Revista Locas, cultura y utopías, número de presentación, dirigida por Vicente Zito Lema) Y el saber sí ocupa un lugar. Siempre fue un lugar de poder, de dominación, de sometimiento. El saber de la Universidad Popular es un saber de liberación. Por eso será atacado sin piedad por aquellos que desde distintas masas artificiales quieren mantener la disociación entre trabajadores e intelectuales. Entre la mente y el cuerpo. Entre la razón y la pasión. Pero desde el saber transmitido por el territorio fundador de las Madres sabemos que solamente asociando el pensamiento y la acción podemos enfrentar afuera y adentro a los enemigos de la vida. Que hablen las Madres. Sostiene Porota: “No queremos reconciliarnos con el enemigo. Al enemigo lo enfrentamos y lo combatimos con dignidad, con fuerza, con ideales, con una universidad para que el pueblo se eduque, para dejar así lo que nuestros hijos querían: una sociedad diferente. Por lo tanto: ni olvido, ni perdón, educación popular”. Sostiene Hebe: “No vamos a cambiar el camino en que nos pusieron nuestros hijos, que no es ni siquiera el camino que nosotras elegimos; es el camino que ellos nos dejaron y que no lo vamos a ensuciar de ninguna manera: ni con museos, ni con monumentos, ni con reparaciones económicas, que con lo único que tienen que ver es con la reconciliación”. Para seguir existiendo, necesitamos del amor. Para seguir existiendo, también necesitamos del odio. Solamente saben amar los que también saben odiar. Y ésta es una sabiduría que nos previene de considerar que somos enemigos de nosotros mismos, que solamente podemos ser conmovidos por la sed de odio y de venganza. Tenemos hambre y sed, pero solamente de Justicia Popular. Justicia del pueblo unido que deje de reconocerse como la gente, agrupamiento de individuos, para reconocerse como colectivo autogestionario, grupalidad de sujetos. Sujetados, es cierto. Pero estoy seguro de que desde la existencia que el odio garantiza, nunca más totalmente sujetables. FUENTE: http://www.pagina12.com.ar/2000/suple/madres/00-12-08/PAG00.HTM

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Obama, o al rengo se le ve cuando camina
InfoporAnónimo1/28/2009

Obama, o al rengo se le ve cuando camina Guillermo Almeyra La Jornada Es peligroso confundir a Barack H. Obama, el personaje político del establishment estadunidense, con el movimiento social de protesta aún informe y desorganizado que se opuso a Bush e impuso al desconocido Obama, primero como candidato presidencial –venciendo a los elefantes blancos conocidos y conservadores del Partido Demócrata que apoyaban a Hillary Clinton bajo la dirección del marido de ésta–, y después como encargado de barrer al desprestigiado y odiado Bush. El primero es un político segundón, sin experiencia ni mucha claridad (votó contra la guerra en Irak diciendo "no me opongo a la guerra, sino a guerras estúpidas" y despierta si no las esperanzas, al menos las expectativas de los grandes capitalistas. Éstos, en efecto, desean que siga alimentando con fondos de los contribuyentes las arcas de los grandes bancos y de las grandes empresas que ellos mismos vaciaron por "codicia e irresponsabilidad", como dijo Obama, pero sobre todo porque en eso consiste el capitalismo, que no es otra cosa que la búsqueda desesperada de la ganancia a cualquier precio, explotando, colonizando, matando, sin ética ni norma moral alguna. Hay que decir a este respecto que el gran capital no está muy contento con Obama a pesar de su evidente continuismo con las políticas esenciales de Bush y de su carácter conservador y, en el día de la asunción del mando y tras su discurso, votó a su manera haciendo caer todas las bolsas del mundo… El segundo (el hombre que la ola de protesta llevó a la Casa Blanca esperando que haga un cambio, que dé trabajo digno y bien pagado, evite que le roben sus casas a la gente, les dé planes de asistencia médica, escuelas decentes, paz y libertades pisoteadas por Bush) siente en su nuca el aliento de millones de negros, latinoamericanos, asiáticos, discriminados (recordó, en efecto, que su padre "no hubiera podido entrar en un restorán" hace 40 años). Si 2 millones de personas, con varios grados bajo cero, sin centro ni organización colectiva, unidos por el mismo sentimiento, llenaron las calles de Washington para apoyar a Obama en su asunción del gobierno, es porque quieren empezar a tener poder y dejar de ser nadie, y para eso se agarran de Obama y le exigirán medidas sociales. La degradación política y social en Estados Unidos es vieja, pero el Día sin inmigrantes (un paro nacional sui generis) dio conciencia a los trabajadores pobres y a los oprimidos de que podían contar, y la candidatura de Obama les dio posteriormente un centro político y una esperanza, deformados, pero de gran importancia. Porque no se puede separar el triunfo de los obreros que ocuparon e hicieron funcionar una fábrica de puertas y ventanas de ambos procesos: el de la acción en autogestión de los inmigrantes y el electoral, que dio el impulso inicial a una politización y organización de millones de estadunidenses trabajadores, con una plataforma de reformas democráticas y económicas que el capitalismo no puede conceder, particularmente en esta época de crisis. Aparece así, potencialmente, un proceso político de masas que va mucho más allá de Obama, su canal transitorio. Si en los años 30 un proceso similar fue canalizado por los sindicatos y después absorbido por Franklin D. Roosevelt (al cual Obama no nombra, y no por casualidad), eso fue gracias a la preparación de la Segunda Guerra Mundial. ¿Qué base hay hoy, en cambio, para un keynesianismo masivo y para la domesticación por el Estado de los trabajadores estadunidenses? ¿Dirige Obama un cambio? A riesgo de desilusionar a muchos "progresistas", gobernantes o no, Obama no ha hablado, entre sus prioridades, ni de planes masivos para dar trabajo ni de los emigrantes. Cuando mucho, tiene un plan que, si tiene éxito, podría crear en dos años 3 millones de empleos, o sea, apenas la cantidad que se perdieron en los últimos seis meses. Por otra parte, ni ha mencionado el genocidio en Gaza. Además, si piensa reforzar las tropas en Afganistán, aunque reduzca gradualmente las que están en Irak, y si va a salvar a los bancos y las grandes empresas, ¿podrá dar seguro social a 70 por ciento de personas que no lo tienen?, ¿y podrá devolverles sus casas y el nivel de vida y los empleos que perderán en este año cuando sostiene que la crisis se debe sólo a algunos "irresponsables y codiciosos" y no a la estructura misma del sistema? ¿Cuál cambio prepara con respecto de la paz si tiene como jefe de gabinete al doble ciudadano estadunidense e israelí Rahm Emanuel Israel, que fue soldado en el ejército judío? ¿O cuando mantiene como ministro de Defensa a Robert Gates, elegido por Bush, y manda a Afganistán al general Petraeus, dictador en Irak, también del equipo de Bush? ¿El clan Bill e Hillary Clinton, que controla la política exterior, asegura acaso un cambio cuando la primera es ardientemente filoisraelí y el segundo pidió en el Senado medidas firmes de Obama contra "la amenaza" de Venezuela y Cuba? ¿El propio Obama no declara acaso que Hugo Chávez "exporta actividades terroristas y apoya a las FARC", intoxicando a la opinión pública con mentiras insostenibles como hizo Bush respecto de Irak? ¿Qué puede esperar América Latina si uno de los principales asesores de Obama para la región es Greg Craig, abogado del ladrón y asesino Gonzalo Sánchez de Lozada, ex presidente de Bolivia refugiado en Estados Unidos, que sigue negando su extradición? En lo económico, ¿qué cambio puede producir cuando el jefe de sus asesores es Lawrence Summers, ex secretario del Tesoro de Clinton, responsable de la más amplia y masiva desregulación bancaria? Es seguro que Obama no es igual a Bush. También que se verá obligado a hacer concesiones a quienes reclaman cambios urgentes y profundos. Pero éstas serán simbólicas, superficiales. Porque Obama, aunque mulato, es un hombre del sistema, educado en Harvard. Sin duda es histórico que en un país donde el Capitolio fue construido por esclavos y en el que en los años 60 un negro no podía entrar en un restorán ni utilizar el mismo baño que un blanco, un mulato sea presidente. Pero, como dicen los haitianos, "un mulato pobre es negro y un negro rico es mulato". No estamos sólo ante un problema racial, sino ante la más profunda crisis del capitalismo y muy posiblemente el comienzo de un vasto conflicto entre las clases. http://www.rebelion.org/noticia.php?id=79738&titular=obama-o-al-rengo-se-le-ve-cuando-camina-

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