¿QUIÉN ES MARCO CAMENISCH? "Si ahora hablo largo y extenso no es para justificarme o para pedir clemencia. Quiero solamente aclarar por qué se han hecho algunas cosas y por qué es necesario hacer cosas. No quiero demostrar que hemos actuado de la forma estratégicamente correcta. Hemos respondido a la guerra del Capital como víctimas del Capital. Afirmamos no reconocer esta Corte, sometida a la burguesía capitalista. Afirmamos que, si nos presentamos, lo hacemos para no facilitar a la justicia de clase la tarea de declararnos locos, marionetas peligrosas, para hacernos desaparecer en sus tumbas de cemento. No somos ni egoístas ni idealistas: somos seres humanos críticos y responsables, sin ninguna ambición de asumir un rol de mártires o de héroes. (...) Quien quiere entender tiene oídos para escuchar, quien quiere ver tiene ojos para leer y darse cuenta de lo que sucede cotidianamente en el mundo. Quien quiere pensar tiene el cerebro, quien quiere entender comprende el lenguaje de la humanidad y de la vida. Los cadáveres vivientes comprenden solamente la lengua del dinero, de la riqueza, del poder, de la ley. A esos solamente podemos decir: ´Considerando que sólo escuchan a los cañones, que no entienden otras lenguas, hemos decidido que conviene dirigir los cañones contra ustedes”. El compañero Marco Camenisch nació en Campocologno (Suiza), en 1953. Cursó sus estudios en la escuela Schiers pero a un año de recibirse de bachiller dejó de cursar porque se negaba a seguir participando de “en un sistema escolástico que trata de forjar otra ruedecilla bien aceitada para el funcionamiento de los engranajes de una sociedad meritocrática y elitista, basada sobre los mecanismos de la explotación”. Después de esa ruptura ingresó a la escuela agrícola Plantahof pero, puesto en confrontación con la realidad de la agroquímica, buscó una alternativa en sintonía con el respeto a la naturaleza. Optó por la vida pastoril y en el aislamiento de la montaña sintió la necesidad de participar activamente en un cambio de las estructuras de la sociedad, así se incorporó a lucha ecologista radical. El movimiento antinuclear suizo se había fortalecido a partir de la ocupación de los terrenos donde debía construirse la central de Kaiseraugst, en 1975, y en los años sucesivos se extendió al iniciarse la lucha contra la planta de Gösgen. Las movilizaciones fueron creciendo hasta llegar al año ’79, un hito decisivo en esa batalla ya que el problema había sido planteado a nivel parlamentario y era debatido abiertamente por el grueso de la gente. Pero las cosas empezaron mal, el 18 de febrero la denominada Iniciativa Antinuclear es derrotada en un plebiscito, 48,8% contra 51,2 %: las centrales atómicas seguirían proliferando. Al día siguiente un atentado destruyó el Pabellón de la Mentira, construido para hacer propaganda en favor de la central nuclear de Kaiseraugst. Los daños superaron el millón de francos. El 20 mayo se realizó una nueva consulta, allí triunfaron los ecologistas moderados: se aceptó la construcción de centrales nucleares, pero condicionados por toda una larga serie de requisitos. Las noticias sobre el accidente nuclear en la planta estadounidense de Harrisburg y las campañas hechas durante el largo feriado de Pascuas no causaron el efecto deseado. Los verdes más radicalizados manifestaron su descontento, una ola de atentados azotó los cantones de Argavia, Soletta, Zurich, San Gallo y Ticino. Entre el 20 y el 22 de mayo fueron incendiados los automóviles de numerosas personalidades ligadas al negocio nuclear. A principios de junio 5000 personas ocuparon el predio donde se estaba construyendo la central nuclear de Leibstadr. El 20 de agosto se produjo un accidente en la central nuclear de Beznau comparable al de Harrisburg, pero en esta oportunidad los mecanismos de seguridad funcionaron. Las autoridades hicieron todo lo posible para evitar que el desperfecto fuera explotado políticamente, tal es así que la noticia de lo sucedido llegó a Suiza a través de la cadena norteamericana de televisión CBS y el gobierno sólo se limitó a confirmarla. En noviembre se inició una nueva serie de atentados con explosivos que se extendió hasta los últimos días del ’79. El 3/11 una carga de dinamita estalló en la central nuclear de Gösgen, que en ese momento se encontraba en la fase de prueba y cuya puesta en marcha se estipulaba para el día 19, produce daños por un millón de francos. El 13/11 explotó otra bomba, el blanco fue una torre de la línea de alta tensión Rheintal-West en el límite entre Suiza y Liechtenstein. La explosión le costó alrededor de 21.500 francos a la sociedad eléctrica NOK. El último golpe fue la noche de Navidad, exactamente a las 4.36 de la madrugada, el transformador de la central hidroeléctrica Sarelli se transformó en una montaña de escombros y hierros retorcidos. Los daños ascendieron a 1,4 millones de francos. A partir de la bomba navideña comenzó a hablarse de Marco, y pasado el tiempo él también habló del tema: “¿Por qué golpear la central Sarelli precisamente la noche de Navidad? No sólo por razones de seguridad. Quería hacer una demostración de solidaridad con Jesús, el conspirador, el nómada, el revolucionario, el rebelde, el combatiente partisano que en el Sermón de la Montaña decía claramente: ‘Bienaventurados los que ahora tienen hambre, porque serán saciados. Bienaventurados los que ahora lloran, porque reirán... ¡Pero ay ustedes los ricos, porque tienen ya su consuelo! ¡Ay a ustedes que están ya saciados, porque tendrán hambre! ¡Ay a ustedes que ahora ríen, porque tendrán pesar y llorarán!’ La nuestra ha sido una manifestación de rabia por la negación del Jesús del amor, de la fuerza, de los pobres, por una religión que desde hace 2000 años es arrogancia de clase y de raza. Pretexto para genocidios y conquistas, que se siente obligada a crear una imagen de Jesús servil, asceta, transcendente, opio de los pueblos. Las orgías navideñas, el consumismo, la falsedad en su nombre, le darían vómitos. ¡Vómitos y rabia!” Después del atentado a la central Sarelli se produjeron una serie de detenciones, ofrecían 10 mil francos como recompensa a quienes dieran información sobre los "atentadores". Hubo una delación, la Fiscalía de la Confederación Helvética solicitó una orden de captura contra Marco Camenisch y René Moser. El 2 enero arrestan a René H., un ex marino mercante de 27 años que reconoció haber ocultado material explosivo pero negó su participación en los atentados; el 18 la policía cayó sobre Moser y Camenisch. Un año después llegó el juicio, la condena y el traslado de la cárcel de Coria a la de Regensdorf. Pero el encierro no duró diez años como preveía la ley. El 17 de diciembre seis personas escaparon de la cárcel de Regensdorf, Marco era uno de ellos. Durante la fuga murió un guardia y otro resultó herido, tiempo después Marco publicó un artículo en el número 65 del mensuario anarquista Acción Directa. “Ellos quieren ser nuestros señores, nosotros no queremos ser ni siervos ni patrones. Por eso nos han encerrado, por eso nos hemos evadido. Por eso hemos matado a un mercenario. Pero el asesino es el Estado, adiestrador de siervos voluntarios, ciudadanos soldados, policías y otros portadores de uniforme, de los cuales algunos son robots sin ningún instinto de conservación, que en las prisiones de sus patrones torturan y hacen estragos contra la más elemental dignidad humana. (...) No contentándose con asesinar, el Estado hace también de chacal, explotando cadáveres para mantener, profundizar y restablecer la interiorización de la opresión, y la opresión misma. Con éxito, considerando el hecho de la corona de flores enviada por algunos presos a su negrero muerto.” La prensa se olvidó de Marco hasta el otoño (boreal) del '89, cuando murió su padre. La policía esperó agazapada la llegada de nuestro compañero, pero él no apareció. El 3 de diciembre fue asesinado un guardia fronterizo, lo único que se supo del asesino era que tenía barba, suficiente para responsabilizar a Camenisch. Pero ese día Marco - y sin barba - estaba en Campascio junto a su madre y su hermano, en la casa de una familia que lo ayudó a huir hacia Italia. El 5 de noviembre de 1991, después de un violento tiroteo cerca de Cinquale de Montignoso (Italia), los carabinieri detuvieron a Giancarlo Sergiampietri y a Walter Naf, quien en realidad era Marco. Durante el tiroteo Camenisch fue herido en ambas piernas, pero sus heridas fueron algo secundario en comparación con la lluvia de acusaciones que cayó sobre él. El diario italiano Corriere de la Sera informó el 12 de noviembre sobre explosión de dos bombas en Toscana, una dañó un albergue en Cinquale y la otra un poste de la empresa nacional de energía ENEL en Montignoso. En el artículo comenzaban a aparecer las primeras especulaciones: “Ayer en la Fiscalía de Massa Carrara hubo una reunión para tratar de establecer si existen conexiones entre los dos atentados - uno realizado con la misma técnica con la que desde hace tres años han sido dañados más de 20 postes en Toscana - y el arresto del terrorista suizo Marco Camenisch, sorprendido por los carabinieri junto a un cómplice mientras transportaba un kilo de explosivos, probablemente destinados a una acción contra los postes de las centrales de Massa...”. En Italia Marco se había relacionado con los compañeros de Carrara, a quienes sólo les dijo que se llamaba Martino. Luego de la detención el periódico libertario Umanitá Nova publicó un comunicado: “En posesión de Martino han sido halladas dos pistolas y dos rudimentarias bombas de mano, e inmediatamente la prensa local reprodujo los papeles relativos a la pista del ecoterrorismo y del terrorismo internacional. Martino parece haber sido identificado como Marco Camenisch, un compañero suizo prófugo desde hace varios años después de la evasión de la cárcel de Regensdorf. Por ahora el movimiento anarquista - en cuanto parece - es dejado afuera de toda vinculación, pero también es posible la construcción de una mega-banda-terrorista-internacional...”. Marco fue juzgado por tentativa de homicidio, portación ilegal de armas y de material explosivo, y por los atentados contra torres de alta tensión y antenas repetidoras de la RAl (televisión estatal italiana). En la primavera del '93 fue condenado a 12 años de cárcel y al pago de 400 millones de liras a la ENEL. Durante el proceso en Massa, nuestro compañero se comportó sólo se limitó a leer sus manifiestos: “Hace ya muchos años afirmaba que quien comprende el modo de proceder del capitalismo y comprende que sus exigencias son totales, que sabe que con este sistema las previsiones para el futuro son nulas y no quiere ser cómplice, esclavo y víctima de esta delirante dictadura consumofascista, debe por la fuerza oponerse, combatirla con todas sus capacidades, con todas y con todos. Dije también que se trata de una lucha por la supervivencia desnuda y cruda, no más, desde hace años ya, concebible y necesaria sólo para salvaguardar la libertad, la dignidad, la Tierra y por esto del pan individual o de clase o de grupo, sea étnico, ideológico u otro. No se trata más de poder concebir y de luchar contra la explotación, guerra de rapiña, esclavitud, masacres. No, ahora se trata de la supervivencia de todo el planeta. No se trata de una crisis ecológica, sino de los últimos momentos antes del fin, de un demencial y criminal curso hacia el aniquilamiento total. (...) Las acusaciones que son expuestas aquí, no hacen más que honrarme. Ciertamente no he disparado contra la Cruz Roja, ni explotado a nadie, ni menos violentado a mujeres y niños... ¡Resignación y miedo es complicidad! ¡Contra la resignación, pensar lo impensable! ¡Contra el miedo, aprender el valor!” En la actualidad Marco está preso en la cárcel de Biella, cumpliendo la condena dictada por el Tribunal de Massa, donde espera - además - la finalización de un proceso que se le sigue por su presunta pertenencia a la Organización Revolucionaria Anarquista Insurreccionalista (ORAI), una organización fantasma que sólo existe en la imaginación del fiscal romano Antonio Marini. Este fiscal (uno de los máximos inquisidores del anarquismo peninsular) ha presentado contra nuestro compañero cargos que van desde robo a mano armada y atentado dinamitero hasta secuestros y homicidios. Además pende sobre su cabeza la extradición a Suiza. Carta de Marco Camenisch. Es muy lindo estar otra vez junt@s, gracias a vuestra nueva iniciativa. Os saludo con una sonrisa feliz y orgullosa. Gracias de verdad a vosotras/os que estáis aquí y gracias de verdad a las/los que, si bien no están aquí, están cerca. Tenía un pequeño malestar por estar un poco en el centro de ésta y de otras iniciativas de solidaridad, criticadas también por personalístas. Pero, reflexionando y discutiendo con quien, como yo y vosotras/os, estamos comprometidas/os en el cuidado y en la construcción de las relaciones humanas solidarias y abiertas hacia las diversidades, y en la lucha común por la vida y las libertades para todas y todos de cualquier autoritarismo y explotación, esos malestares en seguida me parecieron menos justificados. Se trata de solidaridad en lucha por la justicia y la libertad, y esta solidaridad humana auténtica no nace de la nada o por capricho, sino que se mantiene o se genera sólo a través de un persistente compromiso recíproco en la confrontación, en el cuidado de las relaciones y en el respeto y sostén de las diversidades que cada una y cada uno de nosotras/os representamos. Esta solidaridad, más que aquellas limitadas sólo a la política o a la ideología compartida, es también la base sólida para una lucha social de liberación de l@s dueñ@s y de sus cárceles. Es una base necesaria por una lucha que tiene sus raíces, su recorrido y su objetivo en el amor y en la vida digna, y en el amor por la vida. Este momento de solidaridad y de encuentro, como también los enlaces de origen, son una conquista colectiva y acaso aún ejemplar. De eso estoy orgulloso junto a vosotras/os; por cierto, no de mi mismo. Creo que esta iniciativa tiene otra gran cualidad, a pesar de cualquier consideración cuantitativa. No está determinada por el poder en el tema y en la ocasión. No hay una identificación en base a la hostilidad. Es una iniciativa autodeterminada. Nosotras/os dentro y vosotras/os fuera estamos junt@s, contra la vergüenza que son los muros que encierran las cárceles y que quieren, patéticamente, excluirlas del mundo. Somos todas y todos presas y presos, ya sea las personas encerradas o las que encierran, ya que una sociedad que necesita de la cárcel, de encerrar y excluir, es ella misma una cárcel. Como una caja china de tantas cárceles, una tras otra; un contenedor de una humanidad vilipendiada y sufrida. Es sólo una cuestion de grados de encarcelación, división y aislamiento. Por supuesto, los grados más rigurosos y destructivos amenazan o golpean a las/los que son conscientes de que una sociedad gobernada por una economía presunta, de real explotación global, es una única e inmensa cárcel. Amenazan y golpean a l@s que son conscientes de eso y se comprometen para liberarse, para superar y suprimir esta cárcel global, que ya ha llegado a tener las dimensiones y la virulencia destructiva de un Auschwitz planetario. Hoy, el horror histórico que es esta economía del real-capitalismo, con sus metástasis principales que son el Estado, la ideología hoy neoliberalista y su tecnología para nada neutral, tiene como forma de dominio totalitario la democracia desarrollada en occidente, que compendia y exalta dignamentea las ideologías totalitarias del pasado. Hoy como nunca, el exterminio, la sumisión y la opresión, la explotación y el control social son así perfectos y perpetrados a grand escala. De esa guerra total a la vida, la cárcel es uno de los puntos mas simbólicos y virulentos entre el conjunto represivo de la economía. Es cierto que no se puede hablar de la abolición de la cárcel sin comprender también la abolición de la economía y de las funciones de sus dueñ@s, verdug@s e instituciones. Aquí, en la cárcel, no estamos padeciendo violencia física y las provocaciones son casi inexistentes. Será por la valentía y la, si bien exigua, fuerza solidaria, social y rebelde, de la cual somos l@s componentes detenid@s; será también por el particular momento de la represión, momento de exiguo nivel de enfrentamiento social por toda Europa. Pero padecemos, junto a vosotras/os del exterior, la violencia represiva de las persecuciones político-sociales emergenciales fascistas, por parte del aparato policíaco-judicial. Y dentro padecemos el grado casi máximo de aislamiento hacia el interior de la cárcel y, todavía junto a vosotras/os, el aislamiento hacia vosotras/os. Padecemos la censura de la correspondencia, la hostilidad sistemática en cada encuentro concreto con vosotras/os u otras personas no estríctamente destinadas a la vigilancia militar. Padecemos la suspensión, de hecho, de los derechos de las presas y los presos al acceso a los varios recorridos de liberación. Y siempre con el mismo pretexto de la “peligrosidad” y de la “seguridad” arbitrariamente establecido por la administración represiva, en base a la homologación o por lo menos a los valores dominantes, padecemos las gratuitas barreras arquitectónicas aflictivas, como por ejemplo las rejas por doquier, para no dejarnos ver el cielo. Así, están suspendidos también los derechos a la salud, más allá de los afectivos.En una situación patógena, una estructura sanitaria perfecta tendría escasa incisividad. Padecemos así, si bien en medida mucho menos aguda que en otros feudos del reino, la tortura del aislamiento, de la exclusión social y civil, de la exclusión de un futuro en nuestro horizonte de vida, de la privación sensorial y social. Es, de toda manera, el aniquilamiento físico y social a rasgos más o menos pequeños y perceptibles. Pero nunca será encarcerable la alegría del sueño de la liberación de l@s dueñ@s y de sus cárceles, la alegría de una solidaridad en lucha, la alegría del amor y del afecto que nos unen. Todo eso nunca podra ser disuelto por el delirio terrorista de un/a juez/a o un/a policía, ni siquiera por esa pobre cosa que es la cárcel. Es aniquilamiento, puro terrorismo, pero fracasa y fracasará siempre hasta que no desaparezca de la tierra, junto a los horrores que la reproducen: la economía capitalista, la sociedad capitalista y la gran cárcel. Saludo también a todas las compañeras y a todos los compañeros de España, de Turquía, de Chile, de Argentina y por doquier, fuera y dentro de las cárceles que, como nosotras/os y con nosotras/os, están luchando por la vida, la justicia y la libertad de todas y todos, incluso de l@s carceler@s-encarcelad@s. Y quiero mencionar y saludar, con vivo amor, a todas y a todos las/los que, dentro y fuera de las cárceles, donaron su vida en esta, nuestra lucha . Merece la pena seguir luchando, hasta que la muerte no llegue a ser una mercancía, sino un don de vida. La vida es amor, lucha, imprevesible e irreductible rebelión. Hasta que ardá el monstruo y sus cárceles, que no son más que una pesadilla tambaleante destinada a desaparecer. No hay ninguna razón para desanimarnos, para resignarnos. Sólo hay razones para luchar cantando a la vida! Os abrazo, Marco Biella, 17 de junio de 2001.
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