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La s revoluciones que cambiaron a la música (parte 1)
InfoporAnónimo8/29/2008

GRANDES REVOLUCIONES DE LA MUSICA POR DIEGO FISCHERMAN Reims, ca. 1360 Cada tanto, alguien consigue modificar para siempre la música, hasta tal punto que influye sobre músicos que no nacen sino siglos después y que nunca lo escuchan nombrar. Sobre esas personas y esos momentos versará esta flamante sección. El debut: la Misa de Nôtre-Dame, la obra de Guillaume de Machaut que marca la irrupción de la polifonía y de la idea de complejidad, a la vez que despliega una riqueza rítmica que desaparecería durante seis siglos, hasta Stravinsky y el jazz. El viejo canónigo de Reims, Francia, de más de sesenta años –una edad a la que muy pocos llegaban–, se enamoró de una doncella de diecinueve llamada Péronne d’Armènieres. O eso es lo que el propio canónigo cuenta en “Le dit de la verité” (“Los dichos de la verdad”). A lo largo de los 4000 versos de ese largo poema, en el que se alternan canciones, se refiere la historia de la dama Toute-Belle, admiradora de la música y la poesía de un hombre famoso, y de cómo el hombre famoso la sedujo enseñándole su arte. La obra, más allá de la verdad que anuncia su título, es un pretexto. Allí, Guillaume de Machaut efectivamente explica cómo escribir versos y cómo componer los más bellos motetes, rondeaux y ballades. Por esos años escribió también la Misa de Nôtre Dame, famosa por dos motivos. Uno de ellos es que se trata de la primera misa que se conserva en la que todos los movimientos del Ordinario (la parte de la misa que no cambia según las festividades de cada día y permanece inalterable todo el año) fueron compuestos polifónicamente, con unidad estilística y por una misma persona. El otro es la intrincadísima rítmica y el grado de disonancia que se escucha en muchos fragmentos. Un vanguardismo que no es otro, en realidad, que el del estilo de la época, llevado hasta sus últimas posibilidades por quien en esos días era considerado, sobre todo, como un gran poeta. Durante años se pensó que esta misa había sido concebida en 1364 para la coronación de Carlos V de Francia, un gran coleccionista de camafeos, medallas y libros preciosamente ilustrados –tal vez el primero, junto a su hermano, Jean de Berry–, para quien Machaut ya había trabajado y a quien dedicó algunos de sus poemas bellamente iluminados. Hay pruebas, en cambio, de que se trató de una misa de conmemoración para un difunto. Y, tal como era habitual, la conmemoración se previó tanto como la herencia. La Misa fue ejecutada en la Catedral de Reims durante el entierro de Machaut, en 1377, en memoria suya y de su hermano, fallecido en 1372. Un monje copió la inscripción de la placa, hoy desaparecida, que estaba sobre sus tumbas: “Guillaume de Machaut y su hermano Jean yacen unidos en este lugar, como la copa y los labios. Este servicio en su memoria y se realiza según sus deseos, cada sábado una plegaria por los fallecidos, por sus almas y las de sus amigos, entonada por un sacerdote que celebre devotamente, en el altar de la Gran Rueda, una misa que ha de ser cantada. A cuenta de su plegaria, con pía devoción por su memoria, hemos recibido dinero, trescientos florines, certificados como franceses, de sus ejecutores testamentarios, para pagar los gastos, para el pago de la misa, los salarios y la comida de quienes acudieran y fervientemente atendieran. Que el señor, que todo lo perdona, salve a estos dos hermanos”. Era una época en la que no se escribía mucha polifonía. Las pestes y la guerra, en la que día tras día la anticuada caballería francesa debía enfrentarse –infructuosamente– con los largos y poderosos arcos de la infantería inglesa, hacía que fuera difícil conseguir cantantes aptos y más difícil aún pagarlos. Y cuando se escribía a varias voces (en general obras cortas o movimientos sueltos de las misas) era a tres, como en la anónima Misa de Tournai. Allí los distintos movimientos del Ordinario provienen de distintas fuentes y el parecido entre su Credo y el de la Misa de Nôtre Dame la señalan como posible antecedente de la composición de Machaut. Lo cierto es que este autor que hasta el momento casi no había escrito obras religiosas concibió la primera cumbre del arte polifónico para una ocasión verdaderamente especial: su propia muerte. Los movimientos escritos por él fueron el Kirie, el Sanctus, Agnus Dei, Ite missa est y el Amen del Credo. La acumulación de disonancias y la complejidad del ritmo podrían hacer pensar que Machaut no sabía lo que hacía o, simplemente (y como se sostuvo durante mucho tiempo) que en la Edad Media se oía horizontalmente (voz por voz) y no se tenía una sensibilidad vertical y armónica (aquello que sucedía al coincidir unossonidos con otros). Dos elementos lo desmienten: el uso de isorritmia y hoquetus –los recursos principales de la obra– eran convencionales -aunque nunca con tal intensidad y maestría– en la época y, por otra parte, el análisis demuestra un minucioso plan armónico, acorde por acorde, en el que las disonancias fueron agregándose para aumentar el efecto de determinados pasajes. La isorritmia consistía en la repetición de motivos rítmicos o melódicos dentro del desarrollo estructural de una pieza, en general sobre la voz del tenor, y el hoquetus (literalmente hipo) era la sucesión de sonidos cortos y silencios. La combinación de ambos, sumada a la disonancia de la mayoría de los acordes, hace que el sonido de la Misa de Nôtre-Dame se acerque mucho a muchas obras del siglo XX. Y es que de hecho, con la aparición de necesidades expresivas que requerían una mayor claridad en la discriminación entre canto principal y acompañamiento y de estéticas en que la simetría de las frases y la cuadratura eran fundamentales para la comprensión de las tensiones y distensiones de los distintos acordes, tal grado de riqueza rítmica terminaría desapareciendo de la escena musical hasta la irrupción de Stravinsky por un lado y del jazz por el otro. La Misa de Nôtre-Dame no es la única obra genial de la Edad Media, tal vez no sea la primera e, incluso, dentro de la propia producción de Machaut hay piezas, como la monumental “Remede de fortune” (en realidad un conjunto de piezas) o chansons como “Tant doucement”, “En arner a douze vie”, “De toutes flours” o “Liement me depart”, capaces de rivalizar con ella en belleza. Hubo, además, otras grandes revoluciones anteriores, empezando por la que debe haber significado el primer grupo de seres humanos golpeando palos o palmas o piedras mientras entonaban un posible himno para propiciar la caza o la buena fortuna o, más cerca, por las primeras notaciones que permitieron la transmisión de ideas musicales de mucha mayor complejidad que la que posibilitaban la memoria y el boca a boca. Pero la revolución de la Misa de Nôtre-Dame es, como todas las grandes revoluciones, simbólica. Allí se fundan, para el imaginario occidental, las que constituyen las dos columnas central de su andamiaje musical: la posibilidad de varias voces simultáneas haciendo cosas distintas (la polifonía) y la idea de complejidad asociada indisolublemente a la de valor. Viena, 1826 Pese a que los biógrafos envolvieron su figura en un halo de romanticismo, Ludwig van Beethoven murió sin rencores, sabiendo que era el músico más grande de su época. De él –de su obra, pero también de su mito– proceden todos los criterios con que el mundo musical, desde 1827 hasta la fecha, decide qué es genial y qué no. El actor Heinrich Anschütz leyó la oración fúnebre escrita por Franz Grillpärzer frente a la tumba, en el cementerio de Währing de Viena. Según los testimonios, el entierro, el 29 de marzo de 1827, fue un acontecimiento excepcional y un gran espectáculo (se calcula que 10 mil personas acompañaron el cortejo). Ludwig van Beethoven había muerto tres días antes, el 26, a las 5.45. Y –contra lo que las leyendas románticas construyeron con su biografía– había muerto sabiendo a la perfección que era considerado el compositor más grande de su época y escribiendo música a partir de esa certeza. Si la música de Beethoven no se entendía, resultaba extraña, arbitraria, desordenada, a veces enloquecida, entonces se buscaba explicarla. Con Beethoven aparece la crítica exegética y, también, la idea de que si la música no puede ser aprehendida por sí misma, es posible comprenderla a través del relato literario que se construya con o alrededor de ella: la insistencia con que se descargan los golpes del destino, la desesperación de la sordera en las fugas astringentes de la última época, los amores contrariados en sus experimentos con la forma y en su permanente lucha con los materiales. La novedad de Beethoven, en todo caso, fue –además de su música– la fundación de una idea del arte (y del artista) que permanece vigente y a la que el rock, en particular el de las décadas de 1960 y 1970, le rindió un culto preferencial: lo progresivo entendido como valor en sí mismo, la autenticidad del creador (si fracasa en los demás aspectos de su vida, mejor) y la noción de valor fuertemente asociada a la de dificultad (de composición, de ejecución y de audición) siguen sosteniendo el andamiaje de lo que la cultura occidental define, en materia musical, como bueno. Beethoven modela no sólo su propio mito sino los parámetros con los que serán juzgados sus seguidores. Y, por añadidura, su música es tan polimórfica que todos, aun desde tendencias estéticas enfrentadas entre sí, pueden sentirse con justicia sus herederos. Berlioz y sus experimentos espaciales y tímbricos, unidos al principio de la música entendida como drama, derivan de Beethoven, como también derivarán Wagner, Schubert, Mendelssohn (tal vez el discípulo más inmediato, si se piensa que es el único de esa generación que explora en sus cuartetos de cuerda el camino diseñado por los últimos que escribió Beethoven), Schumann, Brahms, Mahler y Schoenberg (también Tchaikovsky, desde otra tradición, y más tarde Shostakovich), tributarios, en particular, de la idea beethoveniana de la modulación como territorio dramático (en este caso un drama sin nada de extramusical) y de la armonía y la forma como campos de batalla de lo trascendente en música. Beethoven es el primero que “literaturizó” la música, gesto que fue entendido de dos maneras. Algunos juzgaron que la música era una narración musical con una entidad ontológica propia, en la que se resaltaba, en todo caso, la teatralidad del propio sonido y sus relaciones; otros, literalmente, introdujeron la literatura en la música y escribieron poemas sinfónicos y piezas supuestamente descriptivas. El hecho de que Beethoven –el hombre que más hizo por construir un lenguaje instrumental autónomo y autorreferido en sus cuartetos para cuerdas, sus sonatas para piano y sus sinfonías– recurriera a la voz humana y a un texto literario en el último movimiento de la última sinfonía que llegó a completar –como en Per grazia ricevuta, aquella película de Nino Manfredi donde el anarquista pide besar la cruz antes de morir–, dejaba sentadas las bases para que todo lo que sucediera con posterioridad pudiera considerarse como su legado. Una de las obsesiones de Beethoven respecto de esa suerte de narración no argumental, puramente musical, tuvo que ver con la forma. En la tradición acuñada por Haydn y Mozart, el primer movimiento de las sonatas, cuartetos y sinfonías era, casi siempre, el que acarreaba el peso de lotrascendente. Allí había desarrollo, había conflicto entre temas contrastantes y entre tonalidades y aparecían las modulaciones más osadas; ése, sin ir más lejos, era el movimiento más largo. El resto, más bien ritual, consistía en una canción, una danza y un final más bien optimista que solía desmentir las densidades alcanzadas al comienzo. Beethoven subvirtió ese modelo. A lo largo de su vida escribió obras que comenzaban con el movimiento lento (la Sonata Claro de luna); obras en dos movimientos de los que, además, el segundo era mucho más largo que el primero (la Sonata Op. 111); obras en que el movimiento lento no sólo era el más largo sino que ocupaba la mitad de la duración total de la sonata y donde las variaciones reemplazaban a la Forma Sonata como centro neurálgico (la Op. 106, Hammerklavier); sinfonías como la novena, que luego de uno de los comienzos más contundentes jamás escritos se las arreglaba para que el final fuera sentido como una nueva culminación. Hay, en ese sentido, una composición ejemplar. Uno de los últimos cuartetos para cuerdas, dedicado al príncipe Nicolás Galitzin y concluido en enero de 1826, comienza con un movimiento armado explícitamente a partir de contrastes extremos: unísonos y densa polifonía, lo viejo y lo nuevo, lo propulsivo y lo estático. La tonalidad de la obra –Si Bemol Mayor– es la misma de la Sonata Op. 106, y el cuarteto, publicado con el Op. 130, no sólo tiene seis movimientos en lugar de los cuatro acostumbrados sino que el último es una fuga. Una fuga, además, disonante, resistente y llena de exigencias (para los que tocan y los que escuchan). Más allá de que en diciembre de ese año Beethoven, por consejo del editor Artaria, aceptara reemplazar ese movimiento por otro mucho más convencional y darle a la fuga nombre y número de opus propio (Grande fugue, tantôt libre, tantôt recherchée, Op. 133), resulta mucho más interesante ceñirse a la forma inicial. Por dos motivos: uno tiene que ver con la noción de la autenticidad como valor, que el propio Beethoven se ocupó de cristalizar (y la obra auténtica es, sin duda, la que tiene la Gran Fuga como final); pero el otro es mucho más importante: hay un primer movimiento concebido sobre la explicitación de lo extremo que funciona, además, como ensayo y summa del saber sobre la Forma Sonata; hay un Presto furibundo, un Andante que funciona como remanso y una danza rural, casi mahleriana; y la fuga –ese homenaje a lo arcaico que en Beethoven sirve como pasaporte al futuro– se escuchará recién después de una cuarta pieza de carácter, una cavatina. Este movimiento, concebido como una especie de aria con acompañamiento (un acompañamiento de una riqueza notable, por otra parte), es una de las canciones instrumentales más bellas de la historia. Pero su belleza sólo puede completarse con lo que sigue; con el efecto que, en relación con ese lirismo siempre contenido, producen los falsos comienzos de la Gran Fuga, su motivo rítmico obsesivo (el verdadero sujeto) y un contrapunto que se niega a conceder a nada que no sea La Forma, en su forma más pura. París, 1902 Las grandes revoluciones de la música. Mientras Mallarmé y Valéry proponían limpiar el mundo de todo lo que no fuera música, Claude Debussy –traicionando fielmente a Wagner– rebajaba la ópera a la prosa, inventaba el puntillismo sonoro y desconcertaba a sus cantantes con consignas como: “Olvídense de que son cantantes de ópera”. Pelléas et Mélisande es la apoteosis de todas esas audacias. Algunos compositores crearon nuevos materiales; inventaron escalas y ritmos. Otros, aun cuando incorporaron materiales novedosos, los pensaron de una forma absolutamente diferente. Si Arnold Schönberg recurrió a medios tan extremos como la composición con doce notas para encontrar un camino que le permitiera seguir haciendo música romántica, el rumbo que unos años antes tomó Claude Debussy fue casi el inverso. Debussy construyó su música con lo mismo –más o menos– que el romanticismo, pero la forma de construirla (de pensarla) fue radicalmente distinta. Durante el siglo XIX, la idea de la música (más que la música misma, tal vez) se edifica sobre algunos principios básicos consolidados alrededor de la figura de Beethoven, en cuya época apareció, además, el concepto de historia de la música (y los conciertos públicos y la necesidad de repertorio). Beethoven fue colocado en el centro del sistema, los compositores anteriores fueron leídos como precursores y la época se dedicó a discutir quién sería el sucesor. En ese paisaje en que la profundidad filosófica y las referencias literarias dictaban el valor de lo musical y el lenguaje se estructuraba –predominantemente– alrededor de las relaciones entre motivos y los recorridos armónicos, Debussy irrumpió con un puñado de gestos revolucionarios: interesarse por el sonido como tal, explotar las disonancias por su color –y no por su significación en relación con la armonía– y la disposición de los motivos en mosaico (reemplazando los desarrollos temáticos), utilizar escalas antiguas o inventadas –como la escala por tonos– para crear un tipo de música en el que las relaciones obligatorias y el devenir inexorable hacia un acorde en particular –el famoso chan-chan de los tangos– se flexibilizaron, enmascararon, difuminaron y hasta llegaron a desaparecer. Algunos, por analogía con las artes plásticas, llamaron a este estilo “impresionista”, aun cuando sus fuentes eran mucho más literarias que pictóricas. Resulta más preciso, en todo caso, considerarlo puntillista: en Debussy el lugar de los puntos de color es ocupado –según el musicólogo Gerald Abraham– por “motivos diminutos, fragmentos temáticos, acordes cargados de implicaciones y sutiles timbres instrumentales”. “La música por sobre todas las cosas”, había reclamado Verlaine para la poesía. Y Mallarmé: “Creo que no debería haber nada salvo alusión. La contemplación de los objetos, la imagen instantánea de los sueños que provocan, esto es la canción; los parnasianos toman la cosa como un todo y la muestran. Así, pues, les falta misterio; privan a la mente de ese placer exquisito de pensar que se está creando”. Y si para los poetas la música –y la sensualidad de lo sonoro en sí– resultó fundamental, para Debussy, que se inspiraba en ellos, el ritmo de la prosodia francesa fue crucial. De hecho la obra que mejor continúa –y más se opone a– la tradición wagneriana, Pelléas et Mélisande, es la primera de la historia cuyo texto está escrito en prosa y, sobre todo, la primera en la que esa prosa dicta el ritmo de la música. Escrita a lo largo de cinco años (1895-1900) sobre un texto de Maeterlinck, Pelléas et Mélisande tuvo en ese momento una suerte de vida subterránea en la propia casa de Debussy, que cada tanto estrenaba para sus amigos y admiradores distintos fragmentos que cantaba e interpretaba al piano personalmente. Según se cuenta, los asistentes a esas tertulias insistían para que realizara una suite sinfónica a partir de los materiales de la ópera. Debussy siempre contestaba lo mismo: “Si la obra tiene algún mérito, descansa sobre todo en la conexión entre el movimiento en escena y el movimiento en la música”. Pelléas et Mélisande se estrenó por fin en la Opéra-Comique en abril de 1902, con la dirección de André Messager. Los ensayos habían empezado en enero, y la frase que el compositor más repitió a lo largo de todos esos meses estaba dirigida al elenco: “Olvídense de que son cantantes de ópera”. La protagonista, una joven escocesa llamada Mary Garden, escribió unos años más tarde: “En la mayoría de las óperas no hay silencio. Allí siempre se canta, y por lo tanto nunca se llega a comprender el significado del silencio. En Pelléas et Mélisande yo comprobé que con el silencio tenía más poder sobre la audiencia que el que jamás había tenido con una nota”. Garden –elegida por el compositor junto al director de orquesta– asumió el papel que Maeterlinck había imaginado originalmente para su amante, Georgette Leblanc. Y la venganza fue terrible. El escritor acusó a la ópera y al compositor en una carta publicada por Le Figaro: “Ahora es una obra extraña para mí, y espero para ella un resonante fracaso”. Proust, en cambio, se sintió conmovido. Así evocó la obra en La prisonnière: “Su forma de declamación es como una pena coloreada por sus propias variaciones”. Y pese a las prevenciones del propio Debussy, que pensaba que el público, acostumbrado a “la grandilocuencia”, no sabría valorar las sutilezas y vaguedades tanto argumentales como armónicas, Pelléas et Mélisande tuvo catorce representaciones durante ese verano parisino. Si la trama de la ópera ronda lo espectral es porque, en efecto, hay un fantasma. Después de escribir la primera versión de la escena de la fuente, Debussy le escribió a su amigo, el compositor Ernest Chausson: “No servirá de nada. Se parece a un dúo de Don Nosecuántos o de quien sea. Sobre todo, el espíritu del viejo Klingsor, alias R. Wagner, no hace más que asomarse”. La impresión que le había causado Tristan und Isolde había sido inmensa. Y gran parte de sus preocupaciones tenían que ver con la dualidad entre la admiración y la convicción de que era virósica. “Hagamos una música sin chucrut”, le había dicho alguna vez Erik Satie. Y Debussy opinaba, con total claridad, que “la fórmula wagneriana sólo es apropiada para el caso particular del genio de Wagner”, y que había que tratar de hacer algo “après Wagner” (después de Wagner) y no “d’après Wagner” (según Wagner). Se podría pensar, entonces, que Pelléas et Melisande –la obra que funda, junto con otras del mismo autor (Prélude à l’après-midi d’un faune, La mer, Jeux, los Preludios para piano), un nuevo paradigma para el siglo XX– es una nueva versión de Tristan und Isolde. En Debussy, el vocabulario es un poco (sólo un poco) más moderno, pero la melodía polifónica infinita es sustituida por la idea del mosaico, la pasión y la elocuencia por emociones apenas insinuadas, la métrica regular se deja regir por el mismo carácter brumoso de la orquestación y el ritmo apenas se diferencia del habla cotidiana. Viena, 1923 Era vienés, contemporáneo de Wittgenstein y amigo de Kandinsky. A principios de los años 20, Arnold Schönberg aprovechó dos de las formas musicales más adocenadas de la tradición –un vals y una suite de danzas barroca– para lanzar la consigna que revolucionaría la música del siglo: ¡dodecafonismo ya! “Se debe obedecer sólo al oído, al sentimiento de cada uno por el sonido, a su impulso creativo, a la fantasía; nunca a la matemática o a la estética”, escribe Arnold Schönberg en su Tratado de armonía. Y agrega: “Se puede escribir libremente en una tonalidad sólo cuando el sentimiento por esa tonalidad esté en nuestro subconsciente”. Esas frases –unidas a la famosa bravata de que el dodecafonismo garantizaría un nuevo siglo “de supremacía de la música alemana” y a uno de los artículos de su libro El estilo y la idea, referido aparentemente a Johannes Brahms– definen bastante bien una de las obsesiones principales de Schönberg, que pretendía legitimar con la tradición y la naturaleza la que para el oído occidental sigue siendo –aún hoy– la gran ruptura del orden natural: la extraña idea de asignarle igual jerarquía a los doce sonidos de la escala cromática e inventar (“descubrir”, decía Schönberg) un sistema de composición capaz de organizarlos. En su ensayo Brahms, el progresivo, Schönberg vuelve a la vieja polémica entre los seguidores de Brahms y los wagnerianos que Theodor Adorno retomaría, en otros términos, en Reacción y progreso. Para las lecturas de fines del siglo XIX, Wagner, obviamente, era el progresista; su Tristán, de hecho, fundaba una posible nueva armonía. Y Brahms –con sus sinfonías y conciertos, sus sonatas y variaciones, su culto a Beethoven (por un lado) y (por el otro) al viejo contrapunto alemán, principalmente Heinrich Schütz– era quien hacía en esa película el papel de reaccionario. Schönberg dice exactamente lo contrario. Basándose en el análisis del primer movimiento de la Cuarta Sinfonía, demuestra que la bellísima melodía inicial, tan romántica, y todo lo que sucede después, no son otra cosa que el juego con la distancia entre los dos primeros sonidos del tema (un intervalo), repetida o invertida y paseada por distintos lugares armónicos. La afirmación de Schönberg corre en dos direcciones. La intención explícita es levantar la bandera de la abstracción y la música pura –en consonancia con las preocupaciones estéticas que aparecen en su correspondencia con Vassily Kandinsky– y, de paso, decir que aun las piezas más líricas responden a sistemas y cálculos; es decir: que la tradición (lo supuestamente natural) también es arbitrario. Y la intención implícita, por supuesto, es sostener que las nuevas arbitrariedades no son menos naturales que las antiguas. Schönberg incluye a Brahms en la tradición de la vanguardia para incluirse a sí mismo en la tradición brahmsiana. El camino del “mal amado” –como bautizó Pierre Boulez a Schönberg– comenzó con una especie de hipermahlerismo (lo que a su vez era un hiperwagnerismo). En realidad, ese derrotero pone en escena una de las ideas en las que creía con mayor firmeza: la del progreso inevitable (y en una dirección inevitable). Se podría decir que las ideas de Schönberg tal vez no sean siempre ciertas para la historia de la música, pero sí lo son para la suya propia. Del sexteto Noche transfigurada a la última de las Cinco Piezas para piano Op. 23, que es un vals, hay, en efecto, una línea que parece irrevocable y que conduce de los estertores de la tonalidad funcional, consumida por el propio sistema de tensiones que la sostenía, al dodecafonismo. Una línea que, de alguna manera, aparece concentrada en el mínimo espacio que va de la primera a la última de esas cinco piezas, ese vals en el que –por primera vez– todo está basado no en una repetición intermitente de un motivo cualquiera sino en una serie de sonidos de una naturaleza especial: los doce sonidos de la escala cromática, situados en un determinado orden arbitrario. Una serie dodecafónica. “La música de Schönberg nos lleva a un nuevo mundo, en el que las vivencias musicales ya no son acústicas sino puramente espirituales”, decía Kandinsky. “Aquí empieza la música del futuro”, anunciaba. Y algo de eso era cierto. Aun cuando el sistema dodecafónico no fue usado de manera ortodoxa por muchos ni por demasiado tiempo, la transformación en la manera de pensar la música fue radical. Y muchos de los aspectos secundarios que aparecieron asociados a los primeros dodecafonistas (en particular su discípulo Alban Berg y, sobre todo, Anton Webern) se convirtieron en esenciales para gran parte de la música que vendría después: la ruptura de pies rítmicos regulares, el uso intensivo de lo que la tradición definía como “disonante”, el evitamiento de movimientos melódicos que pudieran sugerir una escala. El conjunto de las Cinco Piezas Op. 23, de una concentración extrema, tal vez sea la culminación del estilo pianístico de Schönberg. Fue publicado en 1923, inmediatamente después de un período de dos años de silencio. Toda la colección está compuesta a partir de los principios de desarrollo motívico y variación. La primera pieza es sumamente concisa; la segunda es una erupción de gestos violentos y contrastantes; la tercera, quizá la más rica en invención, está basada en una serie de cinco notas que gobierna cada uno de sus aspectos; la cuarta, con su aliento improvisatorio, funciona como la necesaria preparación para el final. Allí Schönberg elige la forma conocida (y hasta prosaica) del vals para sostener el abordaje al nuevo mundo. La composición siguiente, la Suite para piano Op. 25, es totalmente dodecafónica, y también aquí opta por una de las formas más antiguas, la suite de danzas barroca (tal como Brahms había recurrido a la chaconne para el último movimiento de su última sinfonía). “Las mías son composiciones dodecafónicas y no composiciones dodecafónicas”, decía Schönberg, que abandonaría luego los rigores del sistema pero dejaría para las fantasías de los compositores de posguerra -control total del material sonoro y predeterminación absoluta– una nueva religión. Pintor además de músico, Schönberg fue quien firmó el certificado de defunción del lenguaje de la música romántica, aunque fue un convencido de los grandes principios rectores del Romanticismo (empezando por la idea del Gran Arte). Alguna vez rechazó un trabajo en Hollywood que le hubiera deparado una fortuna. No le permitían incluir en la banda sonora –que era lo que estrictamente le encargaban– los diálogos y los ruidos escénicos, y Schönberg soñaba con construir una gran partitura que incluyera todos los sonidos de la película. Era todo lo que le interesaba. Fue un teórico y, al mismo tiempo, alguien capaz de sostener que “todavía estamos buscando y buscando con el sentimiento. Intentemos no perder jamás este sentimiento por una teoría”. Para el oyente común, el “mal amado” sigue siendo alguien cercano a la encarnación del mal: ni más ni menos que el verdugo de lo que en música suele identificarse con “lo bello”. Si el oyente espera siempre alguna clase de narración musical –esa relación entre tensiones y distensiones que construye lo que el sentido común asocia con la melodía–, Schönberg prefirió otro camino: el del sonido en sí mismo. De ahí, tal vez, sus sufrimientos. En un mundo en el que los principios musicales no eran lo único que se desmoronaba, el progreso –incluso el no deseado– parecía inexorable. “No nos gusta Beethoven por su estilo, nuevo para la época, sino por su contenido, nuevo eternamente”, le escribía en una carta a su amigo Kandinsky. Y concluía: “A mí me gustaría que se tuviese en cuenta lo que digo, no cómo lo digo”.

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Poemas Dispersos / Jack Kerouac
Poemas Dispersos / Jack Kerouac
ArteporAnónimo2/27/2009

Mi amada que no quiere amarme... Mi amada que no quiere amarme: Mi vida que no puede amarme: Las seduzco a ambas. Ella con mis besos rotundos… (En la sonrisa de mi amada la aprobación del cosmos) La vida es mi arte… (Protección frente a la muerte) Así sin autorización vivo. (¡Qué desgraciada teodicea!) Uno no sabe— Uno desea— Lo que es la suma. Es tu amigo, déjalo soñar... Es tu amigo, déjalo soñar; No es tu hermano, no es tu padre, No es San Miguel, es un chico. Está casado, trabaja, va a dormir Al otro extremo del mundo, Va a pensar en la Gran Noche Europea. Le explico a él, a ti, mi camino no es el vuestro, Niño, Perro —escucha: vete a buscar tu alma, Vete a oler el viento, vete lejos. La vida es una pena. Acerca el libro, vamos, No escribas más en las paredes, en la luna, La del Perro, en el mar, en el fondo nevado. Vete a buscar a Dios en la noche, también en las nubes. Cuándo se detendrá este gran círculo en el cráneo ¡oh Neal!; hay hombres, cosas, afuera que hacer. Enormes tumbas tremendas de Actividad En el desierto de África del corazón, Los ángeles negros, las mujeres en la cama con sus hermosos brazos abiertos para ti en su juventud, suplicando algo de Ternura en el mismo sudario. Las grandes nubes de nuevos continentes, Pies cansados en climas tan misteriosos, No bajes hasta la otra parte para nada. Ensueños para Ginsberg Tendido de espaldas a medianoche oyendo el extraño tañer maravilloso de las campanas, y sé que es media— noche y en ese instante el mundo entero fluye a mi vista en forma de hermosos enjam- bres estúpidos de palabras... todo está sucediendo, brillando tierras de Buda, bhuti inflamado de fe, sé que acertaré siempre & todo lo que tengo que hacer (cuando oigo las cotidianas voces vivientes de damas hablando en una cocina a medianoche hule tazas de cacao pastel desagüe del fregadero...) quiero escribir esto, todas las conversaciones de todas las partes del mundo, esta mañana, de- jando que se abran espacios entre paréntesis para acompañar mis más íntimos pensamientos —con rugidos de todo mi cerebro— el mundo entero rugiendo —vibrando— lo escribo, a toda máquina, 1.000 palabras (de páginas) comprimidas en un segundo de tiempo —he estado ataviado & peinado de oro en el famoso atardecer griego de alguna ciudad griega Inmortal Fama & ellos tienen que encontrarme donde encuentran las vendas de mi mortaja volando bandera ondeando Lucien Medianoche de vuelta a sus bocas —Gore Vidal se confundiría mucho, aburrido— mis palabras serán escritas en oro & guardadas en bibliotecas como Finnegans Wake & Visions of Neal 1955 Lucien medianoche Morir es éxtasis. No soy un maestro, ni un Sabio, ni un Roshi, ni un escritor o profesor, ni siquiera un vagabundo del dharma risueño, soy hijo de mi madre & mi madre es el universo— Qué es este universo sino un montón de olas Y un deseo anhelante es una ola Perteneciente a una ola en un mundo de olas Entonces... para qué humillar a ninguna ola? Ven, ola, OLA! El rebuzno del burro brotando jijo Es una triste sacudida solitaria por tu amor Amante ola Y qué es Dios? Lo inexpresable, lo inenarrable, Alégrate en el Cordero, canta Chistopher el Espabilado, que me vuelve loco, porque es tan espabilado, y yo soy tan espabilado, y ambos estamos locos. No —¿qué es Dios? Lo imposible, lo censurable Incensurable Precio-dente del Universo Pepsi-dente Pero sin cuerpo & sin cerebro sin ocupaciones y sin ataduras sin velas y sin altura nada sabio y nada espabilado nada nada, nada no-nada nada algo, no-palabra, sí-palabra, todo, lo que sea, Dios el tipo que no es un tipo, la cosa que no puede ser y puede y es y no es Kayo Mullins siempre está gritando y robándoles los zapatos a los viejos La luna vuelve a casa borracha, catacrock, Alguien le pegó con un orinal El Mayor Hopple siempre está bufando ¡Coño! Blaf blaf y todo eso Enseñando a los niños a volar cometas Y rompiendo ventanas de fama ¡Pobre de mí! Lil Abner se ha ido Su hermano está bien, Daisy Mae y el Niño-lobo. ¿Y a quién le importa? Los argumentos me ponen enfermo todo lo que quiero es C'est Foi Esperanza alguna vez mierda en el árbol Estoy cansado de que se rían de mí y me hablen de imágenes enfermas Ejem, cof cof Creo que me desharé de todo esto Se lo voy a dar al gato 1957 Un día estarás tumbado... 1 Un día estarás tumbado allí en un delicioso trance y de pronto una caliente brocha enjabonada te será aplicada en la cara —lo tomarás a mal —un día el empleado de la funeraria te afeitará 2 Dulce amor monstruañoso De los mimos de mamá ¡Eh! Llama Dios a la Madre Para detener esta lucha 3 Yo eso repetí & agoté el metro & perdí 2 centavos Yo que fui multado Para ser gallardo Y refinado ¡Ay! Yo que fui ¡Aúúúú! El búho En la ventana 4 Vieja cagada de perro navajo, tú tus bienes son los mejores bienes que he visto nunca ¿por qué parece loco tu perro cuando ladra? ¡Eh, sabueso! no te comas crudo ese conejo muerto delante de mis narices —caliéntalo un poco 1953-4? / 1968 Himno Y cuando me mostraste el puente de Brooklyn por la mañana ¡oh Dios! Y la gente resbalando sobre el hielo de la calle, dos veces, dos veces, dos personas diferentes cruzan, yendo a trabajar, tan dispuestas y confiadas, abranzando su piadoso Daily News mañanero resbalan en el hielo & caen ambas dentro de 5 minutos y yo lloro, lloro Eso es cuando me enseñas las lágrimas, ¡Ah Dios! por la mañana, ¡Ah, tú! Y yo apoyándome en el farol sollozando ojos, ojos, nadie sabe que lloro o no se preocupan de nada pero ¡Oh! vi a mi padre y la madre de mi abuela y las largas filas de sillas y lágrimas sentadas y muertas, ¡Ay de mí!, sé Dios que tenías planes mejores que ése Así que cualquier plan que tengas para mí Extrema majestad Haz que sea corto breve Haz que sea enérgico llévame a casa a la Madre Eterna hoy A tu disposición de cualquier modo, (y hasta entonces) 1959 Poema Exijo que la raza humana deje de multiplicar su especie y se humille lo advierto Y como castigo & recompensa por hacer este alegato sé que renaceré el último ser humano Todos los demás muertos y yo una anciana errando por la tierra gimiendo en cuevas durmiendo sobre harapos Y a veces charlo, a veces rezo, a veces lloro, como & guiso en mi pequeña cocina del rincón "En cierto modo siempre lo supe" digo Y una mañana no me levanto de los harapos 1962 Los patos aplastados En la parte trasera de la oscura tienda china en la jaula de madera de los patos con polvo de paja por el suelo, arroz donde se apoyan los sacos de arroz, más allá de la caja de los pollos Todos los patos mueren Lo mismo que los pollos-anguilas —cuellos de pollos doblados sobre barriles y cortan rebanadas de Samsara el mundo del sufrimiento eterno con hojas de plata tan finas como el hielo de Pekín Tan gruesa & penetrable como la Muralla China la oscuridad de arroz de esa tienda, judías, té, cajas de pescado seco, soja, algas secas, monedas de a ocho, todo el globo por el suelo Y las luces de la sonora Washington St. Tilín, mortecinas, pipas de opio y gongs de guerra, Tong, el arroz y el juego de naipes-y Tibet el tibet el tin tin tin tin la comida china se hace en la cocina Jazz Los patos aplastados en la oscuridad, miedo blanco, mis ojos que reflejan esa licuefacción ¿y es que no entiendo el miedo de Buda? ¿el miedo del que despierta? Así que os prevengo acerca de la medianoche de la medianoche Y cuéntales a todos los niños el hermoso relato mágico, locura múltiple, maya. árboles mágicos y tristezas de la niña, y la más pequeña de todos los hermanos en el pesebre hecho de tiza (azul en la luna) Para los patos. 1956 / 1959? Los santos budistas son santos incomparables Los santos budistas son santos incomparables Continuo galanteo de amor lechoso, lloriqueando Y murmurando con voces amorosas por amor, Por perfecta compasión misericordiosa Sin hacer un falso movimiento de acción, Conmiseraciones perfectamente complacientes Por todas las cosas sensibles que sufren. Dulces santos pasivos Esperando por tu Santidad Ansiando tu eventual unión En su brillante confraternidad. Divinos perfectos. Puedo nombrar algunos. Los que tienen nombre. Fueron santos De la Religión del Despertar Y No-Existencia. Saben que vida y muerte El conocimiento de la vida, la mudez de la muerte, Son gemelos duales mutuamente opuestos Concebidos en cada aspecto de la Verdad Que es el eje en el Centro Y dice: "Ni vida ni muerte — ni existencia ni no-existencia — sino la central falta y ausencia de ambas". 1956? Cómo meditar —luces fuera— caída, manos unidas, en instantáneo éxtasis como un chute de heroína o morfina, la glándula interior de mi cerebro descargando el perfecto fluido alegre (Santo Fluido) cuando me desnudo y fijo todas las partes del cuerpo a un trance de inactividad —Curando todas mis enfermedades —borrándolo todo —ni siquiera un fragmento de un "Espero que tú" o un lunático bocadillo de tebeo queda, sólo la mente en blanco, serena, sin pensamientos. Cuando un pensamiento brote llegando de lejos con su manifiesta presencia de imagen, debes engañarlo y fuera con él, quítatelo de delante, dríbalo, y se desvanece, y el pensamiento nunca vuelve —y con alegría comprendes por primera vez "Pensar es justo lo mismo que no pensar— Así que no tengo que pensar nada más" 1967 Un juego de palabras para Al Gelpi Jesús se volvió loco un día ante un albaricoquero. Dijo: "Pedro, tú el de la Santa Visión, Ve y mira si el árbol está en sazón", "El árbol todavía no está en sazón", informó Pedro la Piedra. "Entonces, ¡que se seque!" Jesús quería un albaricoque. Por la mañana, el árbol se había secado, Como la oreja en la agonía del huerto, Cortada por la espada. Torpe. ¿Qué significa esta parábola? Todos ven mejor. De hecho estás sorbiendo Cuando tu vaso está siempre vacío. 1966 Poema del 16 de Septiembre de 1961 Qué terriblemente triste me siento al pensar de mi madre dormida en su cama que algún día morirá aunque ella se diga: "la muerte no debe preocuparnos, después de esta vida empezamos otra" Qué terriblemente triste me siento de todos modos— Que no tenga vino que me haga olvidar mi diente cariado es bastante malo pero que todo mi cuerpo esté pudriéndose y el cuerpo de mi madre se pudra hacia la muerte, es tan enloquecedoramente triste. Salí al amanecer puro: pero, por qué debería alegrarme ante un amanecer que levanta otro rumor de guerra, y por qué debería estar triste: ¿no es por lo menos el aire puro y fresco? Contemplé las flores: una de ellas ha caído: otra acaba de abrirse: ni una ni otra estaba triste o alegre. Súbitamente comprendí que todas las cosas sólo van y vienen incluido cualquier sentimiento de tristeza: también se irá: triste hoy alegre mañana: sobrio hoy borracho mañana ¿por qué inquietarse tanto? Todos en el mundo tienen defectos lo mismo que yo. ¿Por qué deprimirse? Es sólo un sentimiento que viene y va. Todo viene y va. ¡Qué extraordinario! !Guerras dañinas existirán siempre! Formas agradables se van también. Ya que todo viene y va: ¿por qué estar triste? ¿o alegre? Enfermo hoy sano mañana. Pero tan triste sigo siendo el mismo. Todo viniendo y yendo en todas partes, los mismos lugares viniendo y yendo. De cualquier modo todos terminaremos en el cielo, juntos en esa dorada gloria eterna que he visto. ¡Oh! qué condenadamente triste es que no pueda escribir bien sobre ello. Esto es un intento a la fácil ligereza de la poesía ciardiana. Debería de hacerlo a mi manera. Pero eso también se irá, las preocupaciones acerca del estilo. Acerca de la tristeza. ¡Mi gatito ronroneando feliz odia las puertas! Y a veces está triste y silencioso, nariz caliente, sollozos, y un leve maullido doliente. Allí van las aves, volando hacia el oeste un momento. ¿Quién llegará a conocer el mundo antes de que se vaya? 1962 Rimbaud ¡Arthur! On t'appela pas Jean! Nacido en 1854 maldiciendo en Charle- ville, pavimentando así el camino para el abominable impulso homicida de Ardennes- ¡Vaya maravilla que dejó tu padre! Después ingresaste en la escuela a los 8 años -¡Un pequeño latinista hábil tú! En octubre de 1869 Rimbaud escribe poesía en francés griego- Toma un tren escapando de casa a París sin billete, el milagroso guardafrenos mexicano lo echa del rápido tren, al Cielo, que ya no recorre porque el Cielo está en todas partes— Sin embargo, intervienen las viejas mariconas— Rimbaud asombra a Rimbaud— trenes en la verde Guardia Nacional, orgullosa, desfilando sobre el polvo con sus héroes— esperando ser sodomizado soñando con la última Chica. —as ciudades son bombardeadas cuando él mira & mira & muerde sus degenerados labios & mira con grises ojos la Cercada Francia— André Gill era precursor De André Gide — Largos paseos leyendo poemas en los montones de heno de Genet — El Vidente ha nacido, El profeta desordenado lanza su primer manifiesto, pone colores a las vocales & a las consonantes inquietante cuidado, queda bajo la influencia de las viejas hadas francesas que le acusan de estreñimiento de cerebro & diarrea de la boca — Verlaine le cita en París con menos aplomo del que tuvo para desterrar chicas a Abisinia — “¡Merde!”, grita Rimbaud en los salones de Verlaine — Cotilleos en París —la mujer de Verlaine tiene celos de un muchacho sin asiento para sus calzones —El amor envía dinero desde Bruselas —La madre de Rimbaud odia la inoportunidad de Madame Verlaine —el degenerado Arthur se sospecha que es un poeta ya — Gritando en el granero Rimbaud escribe Una temporada en el Infierno, su madre tiembla — Verlaine manda dinero & balas A Rimbaud — Rimbaud va a la policía & demuestra su inocencia semejante a la pálida inocencia de su divino, femenino, Jesús —¡Pobre Verlaine! 2 años en el talego, aunque pudo haber tenido un cuchillo en el corazón ¡Iluminaciones! ¡Stuttgart! ¡Estudio de idiomas! A pie Rimbaud camina & atravesando los Alpes pasa a Italia, en busca de tréboles, conejos, Reinos de los Genios & delante suyo nada excepto el viejo Canaleto, muerte del sol en viejos edificios venecianos —Rimbaud estudia idiomas —oye hablar de los Alleghanis, de Brooklyn, de las últimas Plagas Americanas — Su hermana ángel muere — ¡Viena! ¡Mira los pasteles & cuida viejos perros! ¡Supongo! El muchacho loco se alista en el Ejército Holandés & navega a Java mandando la flota a medianoche en la proa, solo, nadie oye sus órdenes pero todo lo mortecino brilla en el mar – Agosto no es época para quedarse en Java – Dirigiéndose a Egipto, está otra vez colgado en Italia así que vuelve a casa al profundo sofá pero inmediatamente se marcha de nuevo, a Chipre, para dirigir una banda de pendencieros trabajadores —a quién se parece ahora, este Rimbaud final? —Polvo de roca & oscuras espaldas y toses secas, el sueño surge en la mente del francés africano — Los inválidos de los trópicos siempre son amados —El mar Rojo en junio, el ruido de cadenas en la costa de Arabia —Havar, Havar, el mágico punto Del comercio —Aden, Aden, Sur de los beduinos — Ogaden, Ogaden, nunca conocido —(Entretanto Verlaine se sienta en París Sobre coñacs preguntándose Qué aspecto tendrá Arthur ahora, & cuán sombrías estarán sus cejas puesto que creyeron en la anterior belleza de las cejas) — ¿Quién se ocupa de eso? ¿Qué clase de franceses son esos? ¡Rimbaud, golpéame en la cabeza con esa roca! Rimbaud el serio compone elegantes & eruditos artículos para Sociedades Geográficas Nacionales, & después de las guerras devuelve a la chica Harari (¡Ja! ¡Ja!) a Abisinia, & ella era joven, tenía ojos negros, finos labios, cabello ondulado, & pechos de moreno pulido con pezones de cobre & brazaletes & unía las manos en la espalda & tenía hombros tan anchos como los de Arthur, & pequeñas orejas — Una joven de cierta casta, en Bronzeville — Rimbaud también conoce a polinesias de pequeños huesos con largos cabellos en desorden & breves pechos & grandes pies Finalmente empieza a comerciar ilegalmente con armas en Tajura conduciendo caravanas, loco, con un cinturón de oro alrededor de la cintura — ¡Obligado por el Rey Menelek! ¡El Sha de Shoa! ¡Los sonidos de estos nombres en aquella ruidosa mente francesa! El Cairo por el verano, viento de limones amargos & besos en el parque polvoriento donde las chicas sentadas se abrazan al polvo pensando en nada — ¡Havar! ¡Havar! En litera hasta Zeyla Llevado lamentando su cumpleaños – el barco regresa al castillo de yeso Marsella más triste que el tiempo, que el sueño, más triste que el agua —Carcinoma, Rimbaud es comido por la enfermedad final —Le cortan su hermosa pierna — Muere en los brazos de Isabelle su hermana & antes de subir al Cielo manda sus francos a Djami, Djami el muchacho Haravi su criado personal 8 años en el Infierno africano del francés, & todo eso sumado a nada, como Dostoiewski, Beethoven O Da Vinci — Así, los poetas, duran un rato & se callan: Nada siempre procede de nada. 1960 Longevidad del alto muerto Longevidad del alto muerto Viejo Coyote Feo viejo distinguido bufando barbilla ojo crujiendo Hueso rostro grueso McGee Entre antiguas lluvias sentado junto a nuevos fuegos Imaginando indeseadas, de antemano condenadas Odas presupuestas —alto muerto vagabundo del fondo del río Rijoso Alabado Guardafrenos vagabundo Vino latas arena asexuado Silencio muerte tumba Pirámide sepultura serpiente Satanás 1952? Sentado bajo el árbol número dos Sin embargo, los expresables, la sencilla arpa musical verde azulado del arcoiris trémula luz de una telaraña— las hebras flotando al viento, azul & plata a intervalos que aparecen & desaparecen— 7 canciones a lo largo del límite probando su firmeza como aves arremolinándose sobre aquellos árboles macizo castillo poblado de canciones —rotes imaginarios en mi ojo moviéndose por la página con el concreto arcoiris aceitoso en agujeros del agua & límites de oro batido, con sapos de plata vieja. Dorada hormiga veloz vuelve al heno ahora extendiendo sus antenas a través del matorral del tiempo luego vibrando por el barro en busca de más árboles— Una hormiguita me muerde el culo & yo dije ¡Ay! Con mi carga de goma — Pica & el dolor termina En odio del tiempo & Tedio ¡Sálvame! ¡Mátame! 1959 Una maldición al demonio Lucifer Sansfoi Lacayo Sansfoi Rito judío Perdieu I. B . Perdie Billy Perdy Desenrrollaré tus intestinos desde Durham a Dover y los enterraré en Clover— Tus salmos te los he grabado en los dientes— Tus victorias dsvanecidas— Estás enjaulado bajo la falda de una mujer de piedra— Ciega mujer de piedra sin intestinos y sólo con una balanza— Que tus pensamientos & cartas entre cerveza vayan a una Beth (tumba, en gaélico) Que tus filosofías te broten de la nariz de nuevo— Que tus secretos y ensayos sean colgados en salas de baile de puñal a puñal Que tu réquiem final sea con martillos— Que tu secreto esencial quede enroscado a botones de oro & agonizando Que tu guía para 32 ciudades europeas quede cubierta de costras en Isaías —ue tu barba roja algo snob desaparezca entre ruinas de dolmen de las ediciones de Blake— Que tus santos y consuelos sean arrebatados —un manual enrollado en una urna— Y tu padre y tu madre se manchen al pensar en ti el inagotable nunca engendrado cosechador de gusanos —tú yaciendo allí, tú reina por un día, esperando que las “brumas del pantano” se echen sobre ti Que tu dulce belleza sea descubierta por el Innombrable en su escondite sésamo untuoso sale de ti de la ausencia de salida, tendón, todo lo demás- Temblorosa jerga cementerio ¡Uuh! Que el hospital que te entierre sea Baal, el enterrador Yorrick & el que te eche la tierra encima un mulero— Que tu perfil en otro tiempo como el de la Garbo, se confunda con la tierra— anguilas de un fiordo infernal— Y que tu tímida voz sea estrangulada por el polvo para siempre. Que las nubes de la promesa de Noé se licuen en pena sobre ti— Que tiza roja sea tu centro & quedes unido a cuellos de cerdos, verracos, estafadores y ladrones & ardas con Stalin, Hitler & los demás— Que te muerdas el labio para que no puedas reunirte con Dios o Que me pegue un editor —mén El limosnero, su taza no tiene fondo, ni yo un límite. Demonio, vuelve a las cavernas bermejas. 1965 El aspecto es sólo polvo... El aspecto es sólo polvo, Debe ser obedecido. El fuego sólo germina Sobre fieras hazañas. El agua de la luna Aparece muy pronto. Viento en los árboles Es una brisa mental. El espacio en el suelo Estaba sucio junto al estanque. La mente sola Introdujo el hueso. Sólo mente La llama tan agradable. Mente es el mar Hecho agua concertada. Viento surge profundo Del vacío sueño. Desprovista de espacio Está la mente en gracia. 1955? Poema ¿Cómo consiguieron quitarme al fin mi abertura al exterior? ¿Es que estaba cansado de dar? dfícil abertura Árbol familiar No fui un amable ser generoso. 1955? Dos poemas Uy Uy Uy poema humo de ángel No merece la pena leer poemita Empiezas sorbiendo leche Y terminas sorbiendo humo Y ya sabes Lo que leche y humo Significan 1957 A Edward Dahlberg No utilices el teléfono La gente jamás está dispuesta a responder, Utiliza la poesía. 1970 A Allen Ginsberg Mójame los labios con whisky Fred y abre las puertas para bromear-mientras las mujeres esperaban y Bert Lahr esperaba tocando lo que le apetecía como Duke Ellington solía sentarse con la mirada fija en Seymour y me empujaba a bailar con la música por su grave estallido elevada estabilidad hombros, tetas, ¿y qué cómo quién? 1959 Poema El jazz se suicidó Pero no dejó suicidarse a la poesía No temas al frío aire nocturno No escuches a las instituciones cuando devuelvas manuscritos a la arenisca no saludes & no pelees por los pioneros de Edith Wharton o la prosa de nebraska de ursula major cuelga simplemente en tu patio y ríete jugando amablemente pastel trombón & si alguien te da perlas juju, judío, o cualquier otro, duerme con ellas alrededor del cuello Tus sueños serán mejores No hay lluvia no hay yo, Te lo digo, tío Seguro como la mierda. 1959 A Harpo Marx ¡Oh Harpo! ¿Cuándo te mostraste como un ángel por última vez? ¿cuándo tocaste la gris arpa de oro? ¿Cuándo robaste la vajilla de plata y rociaste de insectos a los invitados? ¿Cuándo encontró lluvia tu hermano en su soleado patio? ¿Cuándo pescaste a tu última rubia por el césped de la millonaria con un cebo enganchado en la caña saliendo de tu bicicleta? ¿O cuándo empolvaste por fin tu blanca cara de harina con la tapa de un barril de pescado? ¡Harpo! ¿Quién era aquel león que vi contigo? ¿Cómo conseguiste invitar al enano y a Konk el gigante? Harpo, ¿en tu reciente aparición en un club de Nueva Orleáns eras ya viejo? ¿Todavía alborotas con tu bocina en el bastón de tu cinturíon dorado? ¿Todavía salen de tus bolsillos otros Harpos, o atornillas nuevas muñecas? ¿Fue tu voto de silencio un arpa india? 1959 Autoestopista “Trato de llegar a la soleada California” — ¡Bum! Es esta horrenda trinchera que le hace parecer un gángster imaginario autoderrotado y autoasesinado, un idiota con un lamentable abrigo, ¿cómo podrían comprender mis empapadas mochilas —¿mis embarradas mochilas?— “Mira, Joh, un autoestopista” “Parece que tiene una postola escondida bajo esa abrigo del I.R.A.” “Mira Fred, a ese hombre junto a la carretera” “Algunos maníacos sexuales aparecieron impresos en 1938 en una revista porno”— “Encontrarás su cadáver azul en una edición sombreada de verde, con manchas de hacha”. 1967 Cuatro poemas de "San Francisco Blues" 1 El techo del destartalado cuarto de la Tercera & Harrison tiene a Belfast pintado negro sobre amarillo en el costado la vieja madera de Frisco aparece en antiguas vigas, & una botella azul fregada pintada una vez por salvajes motivos comerciales por un dispéptico excitado cuando los bomberos llegan al fin por la tarde & levantan la escalera hasta un estéril fuego que no había, así, es Belfast que canta en esta ocasión cuando el olvidado sabor del acero lavado con lluvia los canalones desbordados y todo el mundo se ha ido y los acróbatas del cuarto que son tan rápidos todos distintos y los distintos todos palomas ¡ah! chicas hacen sombras sobre la acera más breve que la sombra de la muerte en esta ciudad— 2 En cierto lugar entre esta nieve Veo a niños violados Por maníacos obsesos sexuales Decididos a hacer disparates Pero el FBI En forma de Ted Espera preparada Mano en la pistola Durante el Verano Paranoico Que se acerca. 3 Excéntricos de fuera de la ciudad Mejor que no llenéis este papel Para conseguir trabajo en mi barco gris Y la ropa de mono que suministro. Serios sobrios de cabello ondulado Sólo héroes. 4 Y El sabor de los gusanos Es suave y salado Como el mar O lágrimas. 1961, de "San Francisco Blues" Esta preciosa ciudad blanca... 13 Esta preciosa ciudad blanca Al otro lado del país No me resultará Adecuada nunca más He visto el movimiento del cielo Dije: "Esto es el fin" Porque estaba cansado de todos esos presagios Y en cualquier momento en que me necesites Llama estaré en el otro extremo Esperando en la pared final 14 San Francisco Blues Escritos en una mecedora Del Hotel Cameo Barrio chino de San Francisco Diecinueve cuarenta cuatro 1957 Blues Y se sienta tétrico en un cofre marrón Ante los pálidos sacerdotes Y señala delicadamente al cielo Con palma y dedo índice Y tiene un halo de puerta negra Y tiene una nariz aguileña vigilante que ama odiar Pero ha aprendido a meditar Y no es bueno odiando Por eso observa, rosado laurel en la cabeza A espaldas del príncipe Avalokitesvara que acaricia con mano de nieve Y ensarta de perlas la majestad del mar 1959 Blues Parte de las estrellas matutinas La Luna y el correo La codiciosa X, el rabioso dolor, —la luna Sittle La Pottle, ti, ti, ti—, Los poetas son viejas habitaciones sabiondas escriben doblados sobre palabras y saben que las palabras se inventaron porque nada era nada Al usar palabras, usa palabras la X y el papel Y la página blanca del emperador Y el último de los toros Antes de que la primavera funciones Estamos todos perdidos nada que consigamos como sea Así comerciamos en la noche en el mercado de palabras 1959 ¡Eh! escucha a tus auditorios poéticos... ¡Eh! escucha a tus auditorios poéticos Si es que no callas Y escucha la poesía Ves... pondremos un chico a la puerta Y que eche a todos los que odien Para siempre Después, si no te gusta el tema Del poema que el poeto Está leyendo, ¡coño! ¿por qué no Haces la prueba con Marlon Brando ¿Para que te abra los ojos Con su llanto? ¿Ha muerto James Dean? ¿Y todos nosotros? ¿Quién no está muerto? John Barrymore ha muerto —San Francisco croa acompañando a la rana 1956? Algunos haikus occidentales Brazos abrazados a la luna, Entre las vacas. Elefantes ronzando sobre la yerba — amando Cabezas juntas. Perfecta noche de luna estropeada Por disputas familiares. Pájaros cantando en la oscuridad — Amanecer lluvioso. Fallando la patada a la puerta de la nevera Cerrada en cualquier caso. Este atardecer de Julio una enorme rana En el umbral de mi puerta. Llega la tarde — la joven oficinista Se suelta el pañuelo. ¿Diré que no? — mosca frotándose las patas traseras. Doblándose contra la pared, las flores Estornudan. Barbo luchando por su vida, y venciendo, Salpicándonos a todos. Profunda la amarilla luna encima de la Tranquila casa encendida. Signo descorazonador — la pescadería Está cerrada. Desplegando hasta el candado, las puertas del garaje A mediodía. La luna, la estrella fugaz — Mira hacia otra parte. Y el gato tranquilo sentado junto a Correos Percibe la luna. El sabor de la lluvia — ¿Por qué arrodillarse? La lluvia ha llenado el baño del pájaro Otra vez, casi. Esos pájaros colocados allí fuera en la barandilla — Todos van a morir. En mi armario de medicinas, las moscas del invierno han muerto de vejez. La luna tuvo un bigote de gato Durante un segundo. Las suelas de mis zapatos están mojadas de caminar en la lluvia. Noviembre — qué nasal la borracha Voz del cobrador. Un gran copo guseo de nieve Cayendo totalmente solo. Juju reza sobre el manuel de zen: Mis rodillas están frías. Inútil, inútil el aguacero Entrando en el mar. En verano la silla se balancea sola En la ventisca. .jpg]

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Aullido - Allen Ginsberg
ArteporAnónimo8/25/2008

Aullido Para Carl Salomón I Vi las mejores mentes de mi generación destruidas por la locura, hambrientas histéricas desnudas, arrastrándose por las calles de los negros al amanecer en busca de un colérico pinchazo, hipsters con cabezas de ángel ardiendo por la antigua conexión celestial con el estrellado dínamo de la maquinaria nocturna, que pobres y harapientos y ojerosos y drogados pasaron la noche fumando en la oscuridad sobrenatural de apartamentos de agua fría, flotando sobre las cimas de las ciudades contemplando jazz, que desnudaron sus cerebros ante el cielo bajo el El y vieron ángeles mahometanos tambaleándose sobre techos iluminados, que pasaron por las universidades con radiantes ojos imperturbables alucinando Arkansas y tragedia en la luz de Blake entre los maestros de la guerra, que fueron expulsados de las academias por locos y por publicar odas obscenas en las ventanas de la calavera, que se acurrucaron en ropa interior en habitaciones sin afeitar, quemando su dinero en papeleras y escuchando al Terror a través del muro, que fueron arrestados por sus barbas púbicas regresando por Laredo con un cinturón de marihuana hacia Nueva York, que comieron fuego en hoteles de pintura o bebieron trementina en Paradise Alley, muerte, o sometieron sus torsos a un purgatorio noche tras noche, con sueños, con drogas, con pesadillas que despiertan, alcohol y verga y bailes sin fin, incomparables callejones de temblorosa nube y relámpago en la mente saltando hacia los polos de Canadá y Paterson, iluminando todo el inmóvil mundo del intertiempo, realidades de salones de Peyote, amaneceres de cementerio de árbol verde en el patio trasero, borrachera de vino sobre los tejados, barrios de escaparate de paseos drogados luz de tráfico de neón parpadeante, vibraciones de sol, luna y árbol en los rugientes atardeceres invernales de Brooklyn, desvaríos de cenicero y bondadosa luz reina de la mente, que se encadenaron a los subterráneos para el interminable viaje desde Battery al santo Bronx en benzedrina hasta que el ruido de ruedas y niños los hizo caer temblando con la boca desvencijada y golpeados yermos de cerebro completamente drenados de brillo bajo la lúgubre luz del Zoológico, que se hundieron toda la noche en la submarina luz de Bickford salían flotando y se sentaban a lo largo de tardes de cerveza desvanecida en el desolado Fugazzi’s, escuchando el crujir del Apocalipsis en el jukebox de hidrógeno, que hablaron sin parar por setenta horas del parque al departamento al bar a Bellevue al museo al puente de Brooklyn, un batallón perdido de conversadores platónicos saltando desde las barandas de salidas de incendio desde ventanas desde el Empire State desde la luna, parloteando gritando vomitando susurrando hechos y memorias y anécdotas y excitaciones del globo ocular y shocks de hospitales y cárceles y guerras, intelectos enteros expulsados en recuerdo de todo por siete días y noches con ojos brillantes, carne para la sinagoga arrojada en el pavimento, que se desvanecieron en la nada Zen Nueva Jersey dejando un rastro de ambiguas postales del Atlantic City Hall, sufriendo sudores orientales y crujidos de huesos tangerinos y migrañas de la china con síndrome de abstinencia en un pobremente amoblado cuarto de Newark, que vagaron por ahí y por ahí a medianoche en los patios de ferrocarriles preguntándose dónde ir, y se iban, sin dejar corazones rotos, que encendieron cigarrillos en furgones furgones furgones haciendo ruido a través de la nieve hacia granjas solitarias en la abuela noche, que estudiaron a Plotino Poe San Juan de la Cruz telepatía bop kabbalah porque el cosmos instintivamente vibraba a sus pies en Kansas, que vagaron solos por las calles de Idaho buscando ángeles indios visionarios que fueran ángeles indios visionarios, que pensaron que tan sólo estaban locos cuando Baltimore refulgió en un éxtasis sobrenatural, que subieron en limosinas con el chino de Oklahoma impulsados por la lluvia de pueblo luz de calle en la medianoche invernal, que vagaron hambrientos y solitarios en Houston en busca de jazz o sexo o sopa, y siguieron al brillante Español para conversar sobre América y la Eternidad, una tarea inútil y así se embarcaron hacia África, que desaparecieron en los volcanes de México dejando atrás nada sino la sombra de jeans y la lava y la ceniza de la poesía esparcida en la chimenea Chicago, que reaparecieron en la costa oeste investigando al F.B.I. con barba y pantalones cortos con grandes ojos pacifistas sensuales en su oscura piel repartiendo incomprensibles panfletos, que se quemaron los brazos con cigarrillos protestando por la neblina narcótica del tabaco del Capitalismo, que distribuyeron panfletos supercomunistas en Union Square sollozando y desnudándose mientras las sirenas de Los Álamos aullaban por ellos y aullaban por la calle Wall, y el ferry de Staten Island también aullaba, que se derrumbaron llorando en gimnasios blancos desnudos y temblando ante la maquinaria de otros esqueletos, que mordieron detectives en el cuello y chillaron con deleite en autos de policías por no cometer más crimen que su propia salvaje pederastia e intoxicación, que aullaron de rodillas en el subterráneo y eran arrastrados por los tejados blandiendo genitales y manuscritos, que se dejaron follar por el culo por santos motociclistas, y gritaban de gozo, que mamaron y fueron mamados por esos serafines humanos, los marinos, caricias de amor Atlántico y Caribeño, que follaron en la mañana en las tardes en rosales y en el pasto de parques públicos y cementerios repartiendo su semen libremente a quien quisiera venir, que hiparon interminablemente tratando de reír pero terminaron con un llanto tras la partición de un baño turco cuando el blanco y desnudo ángel vino para atravesarlos con una espada, que perdieron sus efebos por las tres viejas arpías del destino la arpía tuerta del dólar heterosexual la arpía tuerta que guiña el ojo fuera del vientre y la arpía tuerta que no hace más que sentarse en su culo y cortar las hebras intelectuales doradas del telar del artesano, que copularon extáticos e insaciables con una botella de cerveza un amorcito un paquete de cigarrillos una vela y se cayeron de la cama, y continuaron por el suelo y por el pasillo y terminaron desmayándose en el muro con una visión del coño supremo y eyacularon eludiendo el último hálito de conciencia, que endulzaron los coños de un millón de muchachas estremeciéndose en el crepúsculo, y tenían los ojos rojos en las mañanas pero estaban preparados para endulzar el coño del amanecer, resplandecientes nalgas bajo graneros y desnudos en el lago, que salieron de putas por Colorado en miríadas de autos robados por una noche, N.C. héroe secreto de estos poemas, follador y Adonis de Denver -regocijémonos con el recuerdo de sus innumerables jodiendas de muchachas en solares vacíos y patios traseros de restaurantes, en desvencijados asientos de cines, en cimas de montañas, en cuevas o con demacradas camareras en familiares solitarios levantamientos de enaguas y especialmente secretos solipsismos en baños de gasolineras y también en callejones de la ciudad natal, que se desvanecieron en vastas y sórdidas películas, eran cambiados en sueños, despertaban en un súbito Manhattan y se levantaron en sótanos con resacas de despiadado Tokai y horrores de sueños de hierro de la tercera avenida y se tambalearon hacia las oficinas de desempleo, que caminaron toda la noche con los zapatos llenos de sangre sobre los bancos de nieve en los muelles esperando que una puerta se abriera en el East River hacia una habitación llena de vapor caliente y opio, que crearon grandes dramas suicidas en los farellones de los departamentos del Hudson bajo el foco azul de la luna durante la guerra y sus cabezas serán coronadas de laurel y olvido, que comieron estofado de cordero de la imaginación o digirieron el cangrejo en el lodoso fondo de los ríos de Bowery, que lloraron ante el romance de las calles con sus carritos llenos de cebollas y mala música, que se sentaron sobre cajas respirando en la oscuridad bajo el puente y se levantaron para construir clavicordios en sus áticos, que tosieron en el sexto piso de Harlem coronados de fuego bajo el cielo tubercular rodeados por cajas naranjas de Teología, que escribieron frenéticos toda la noche balanceándose y rodando sobre sublimes encantamientos que en el amarillo amanecer eran estrofas incoherentes, que cocinaron animales podridos pulmón corazón pié cola borsht & tortillas soñando con el puro reino vegetal, que se arrojaron bajo camiones de carne en busca de un huevo, que tiraron sus relojes desde el techo para emitir su voto por una eternidad fuera del tiempo, & cayeron despertadores en sus cabezas cada día por toda la década siguiente, que cortaron sus muñecas tres veces sucesivamente sin éxito, desistieron y fueron forzados a abrir tiendas de antigüedades donde pensaron que estaban envejeciendo y lloraron, que fueron quemados vivos en sus inocentes trajes de franela en Madison Avenue entre explosiones de versos plúmbeos & el enlatado martilleo de los férreos regimientos de la moda & los gritos de nitroglicerina de maricas de la publicidad & el gas mostaza de inteligentes editores siniestros, o fueron atropellados por los taxis ebrios de la realidad absoluta, que saltaron del puente de Brooklyn esto realmente ocurrió y se alejaron desconocidos y olvidados dentro de la fantasmal niebla de los callejones de sopa y carros de bomba del barrio Chino, ni siquiera una cerveza gratis, que cantaron desesperados desde sus ventanas, se cayeron por la ventana del metro, saltaron en el sucio Passaic, se abalanzaron sobre negros, lloraron por toda la calle, bailaron descalzos sobre vasos de vino rotos y discos de fonógrafo destrozados de nostálgico Europeo jazz Alemán de los años 30 se acabaron el whisky y vomitaron gimiendo en el baño sangriento, con lamentos en sus oídos y la explosión de colosales silbatos de vapor, que se lanzaron por las autopistas del pasado viajando hacia la cárcel del gólgota -solitario mirar- autos preparados de cada uno de ellos o Encarnación de Jazz de Birmingham, que condujeron campo traviesa por 72 horas para averiguar si yo había tenido una visión o tú habías tenido una visión o él había tenido una visión para conocer la eternidad, que viajaron a Denver, murieron en Denver, que volvían a Denver; que velaron por Denver y meditaron y andaban solos en Denver y finalmente se fueron lejos para averiguar el tiempo, y ahora Denver extraña a sus héroes, que cayeron de rodillas en desesperanzadas catedrales rezando por la salvación de cada uno y la luz y los pechos, hasta que al alma se le iluminó el cabello por un segundo, que chocaron a través de su mente en la cárcel esperando por imposibles criminales de cabeza dorada y el encanto de la realidad en sus corazones que cantaba dulces blues a Alcatraz, que se retiraron a México a cultivar un hábito o a Rocky Mount hacia el tierno Buda o a Tánger en busca de muchachos o a la Southern Pacific hacia la negra locomotora o de Harvard a Narciso a Woodland hacia la guirnalda de margaritas o a la tumba, que exigieron juicios de cordura acusando a la radio de hipnotismo y fueron abandonados con su locura y sus manos y un jurado indeciso, que tiraron ensalada de papas a los lectores de la CCNY sobre dadaísmo y subsiguientemente se presentan en los escalones de granito del manicomio con las cabezas afeitadas y un arlequinesco discurso de suicidio, exigiendo una lobotomía al instante, y recibieron a cambio el concreto vacío de la insulina Metrazol electricidad hidroterapia psicoterapia terapia ocupacional ping pong y amnesia, que en una protesta sin humor volcaron sólo una simbólica mesa de ping pong, descansando brevemente en catatonia, volviendo años después realmente calvos excepto por una peluca de sangre, y de lágrimas y dedos, a la visible condenación del loco de los barrios de las locas ciudades del Este, los fétidos salones del Pilgrim State Rockland y Greystones, discutiendo con los ecos del alma, balanceándose y rodando en la banca de la soledad de medianoche reinos dolmen del amor, sueño de la vida una pesadilla, cuerpos convertidos en piedra tan pesada como la luna, con la madre finalmente ****** , y el último fantástico libro arrojado por la ventana de la habitación, y a la última puerta cerrada a las 4 AM y el último teléfono golpeado contra el muro en protesta y el último cuarto amoblado vaciado hasta la última pieza de mueblería mental, un papel amarillo se irguió torcido en un colgador de alambre en el closet, e incluso eso imaginario, nada sino un esperanzado poco de alucinación- ah, Carl, mientras no estés a salvo yo no voy a estar a salvo, y ahora estás realmente en la total sopa animal del tiempo- y que por lo tanto corrió a través de las heladas calles obsesionado con una súbita inspiración sobre la alquimia del uso de la elipse el catálogo del medidor y el plano vibratorio, que soñaron e hicieron aberturas encarnadas en el tiempo y el espacio a través de imágenes yuxtapuestas y atraparon al Arcángel del alma entre 2 imágenes visuales y unieron los verbos elementales y pusieron el nombre y una pieza de conciencia saltando juntos con una sensación de Pater Omnipotens Aeterna Deus para recrear la sintaxis y medida de la pobre prosa humana y pararse frente a ti mudos e inteligentes y temblorosos de vergüenza, rechazados y no obstante confesando el alma para conformarse al ritmo del pensamiento en su desnuda cabeza sin fin, el vagabundo demente y el ángel beat en el tiempo, desconocido, y no obstante escribiendo aquí lo que podría quedar por decir en el tiempo después de la muerte, y se alzaron reencarnando en las fantasmales ropas del jazz en la sombra de cuerno dorado de la banda y soplaron el sufrimiento de la mente desnuda de América por el amor en un llanto de saxofón eli eli lamma lamma sabacthani que estremeció las ciudades hasta la última radio con el absoluto corazón del poema sanguinariamente arrancado de sus cuerpos bueno para alimentarse mil años. II ¿Qué esfinge de cemento y aluminio abrió sus cráneos y devoró sus cerebros y su imaginación? ¡Moloch! ¡Soledad! ¡Inmundicia! ¡Ceniceros y dólares inalcanzables! ¡Niños gritando bajo las escaleras! ¡Muchachos sollozando en ejércitos! ¡Ancianos llorando en los parques! ¡Moloch! ¡Moloch! ¡Pesadilla de Moloch! ¡Moloch el sin amor! ¡Moloch mental! ¡Moloch el pesado juez de los hombres! ¡Moloch la prisión incomprensible! ¡Moloch la desalmada cárcel de tibias cruzadas y congreso de tristezas! ¡Moloch cuyos edificios son juicio! ¡Moloch la vasta piedra de la guerra! ¡Moloch los pasmados gobiernos! ¡Moloch cuya mente es maquinaria pura! ¡Moloch cuya sangre es un torrente de dinero! ¡Moloch cuyos dedos son diez ejércitos! ¡Moloch cuyo pecho es un dínamo caníbal! ¡Moloch cuya oreja es una tumba humeante! ¡Moloch cuyos ojos son mil ventanas ciegas! ¡Moloch cuyos rascacielos se yerguen en las largas calles como inacabables Jehovás! ¡Moloch cuyas fábricas sueñan y croan en la niebla! ¡Moloch cuyas chimeneas y antenas coronan las ciudades! ¡Moloch cuyo amor es aceite y piedra sin fin! ¡Moloch cuya alma es electricidad y bancos! ¡Moloch cuya pobreza es el espectro del genio! ¡Moloch cuyo destino es una nube de hidrógeno asexuado! ¡Moloch cuyo nombre es la mente! ¡Moloch en quien me asiento solitario! ¡Moloch en quien sueño ángeles! ¡Demente en Moloch! ¡Chupa vergas en Moloch! ¡Sin amor ni hombre en Moloch! ¡Moloch quien entró tempranamente en mi alma! ¡Moloch en quien soy una conciencia sin un cuerpo! ¡Moloch quien me ahuyentó de mi éxtasis natural! ¡Moloch a quien yo abandono! ¡Despierten en Moloch! ¡Luz chorreando del cielo! ¡Moloch! ¡Moloch! ¡Departamentos robots! ¡Suburbios invisibles! ¡Tesorerías esqueléticas! ¡Capitales ciegas! ¡Industrias demoníacas! ¡Naciones espectrales! ¡Invencibles manicomios! ¡Vergas de granito! ¡Bombas monstruosas! ¡Rompieron sus espaldas levantando a Moloch hasta el cielo! ¡Pavimentos, árboles, radios, toneladas! ¡Levantando la ciudad al cielo que existe y está alrededor nuestro! ¡Visiones! ¡Presagios! ¡Alucinaciones! ¡Milagros! ¡Éxtasis! ¡Arrastrados por el río americano! ¡Sueños! ¡Adoraciones! ¡Iluminaciones! ¡Religiones! ¡Todo el cargamento de mierda sensible! ¡Progresos! ¡Sobre el río! ¡Giros y crucifixiones! ¡Arrastrados por la corriente! ¡Epifanías! ¡Desesperaciones! ¡Diez años de gritos animales y suicidios! ¡Mentes! ¡Nuevos amores! ¡Generación demente! ¡Abajo sobre las rocas del tiempo! ¡Auténtica risa santa en el río! ¡Ellos lo vieron todo! ¡Los ojos salvajes! ¡Los santos gritos! ¡Dijeron hasta luego! ¡Saltaron del techo! ¡Hacia la soledad! ¡Despidiéndose! ¡Llevando flores! ¡Hacia el río! ¡Por la calle! III ¡Carl Solomon! Estoy contigo en Rockland Donde estás más loco de lo que yo estoy Estoy contigo en Rockland Donde te debes sentir muy extraño Estoy contigo en Rockland Donde imitas la sombra de mi madre Estoy contigo en Rockland Donde has asesinado a tus doce secretarias Estoy contigo en Rockland Donde te ríes de este humor invisible Estoy contigo en Rockland Donde somos grandes escritores en la misma horrorosa máquina de escribir Estoy contigo en Rockland Donde tu condición se ha vuelto seria y es reportada por la radio Estoy contigo en Rockland Donde las facultades de la calavera no admiten más los gusanos de los sentidos Estoy contigo en Rockland Donde bebes el té de los pechos de las solteras de Utica Estoy contigo en Rockland Donde te burlas de los cuerpos de tus enfermeras las arpías del Bronx Estoy contigo en Rockland Donde gritas en una camisa de fuerza que estás perdiendo el juego del verdadero ping pong del abismo Estoy contigo en Rockland Donde golpeas el piano catatónico el alma es inocente e inmortal jamás debería morir sin dios en una casa de locos armada Estoy contigo en Rockland Donde cincuenta shocks más no te devolverán nunca tu alma a su cuerpo de su peregrinaje a una cruz en el vacío Estoy contigo en Rockland Donde acusas a tus doctores de locura y planeas la revolución socialista hebrea contra el Gólgota nacional fascista Estoy contigo en Rockland Donde abres los cielos de Long Island y resucitas a tu Jesús humano y viviente de la tumba sobrehumana Estoy contigo en Rockland Donde hay veinticinco mil camaradas locos juntos cantando las estrofas finales de La Internacional Estoy contigo en Rockland Donde abrazamos y besamos a los Estados Unidos bajo nuestras sábanas los Estados Unidos que tosen toda la noche y no nos dejan dormir Estoy contigo en Rockland Donde despertamos electrificados del coma por el rugir de los aeroplanos de nuestras propias almas sobre el tejado ellos han venido para lanzar bombas angelicales el hospital se ilumina a sí mismo colapsan muros imaginarios Oh escuálidas legiones corren afuera Oh estrellado shock de compasión la guerra eterna está aquí Oh victoria olvida tu ropa interior somos libres Estoy contigo en Rockland En mis sueños caminas goteando por un viaje a través del mar sobre las carreteras a través de América llorando hasta la puerta de mi cabaña en la noche del oeste San Francisco, 1955-1956 Nota A Pie De Página Para “Aullido” ¡Santo! ¡Santo! ¡Santo! ¡Santo! ¡Santo! ¡Santo! ¡Santo! ¡Santo! ¡Santo! ¡Santo! ¡Santo! ¡Santo! ¡Santo! ¡Santo! ¡Santo! ¡El mundo es santo! ¡El alma es santa! ¡La piel es santa! ¡La nariz es santa! ¡La lengua y la verga y la mano y el agujero del culo son santos! ¡Todo es santo! ¡todos son santos! ¡todos los lugares son santos! ¡todo día está en la eternidad! ¡Todo hombre es un ángel! ¡El vago es tan santo como el serafín! ¡el demente es tan santo como tú mi alma eres santa! ¡La máquina de escribir es santa el poema es santo la voz es santa los oyentes son santos el éxtasis es santo! ¡Santo Peter santo Allen santo Solomon santo Lucien santo Kerouac santo Huncke santo Burroughs santo Cassady santos los desconocidos locos y sufrientes mendigos santos los horribles ángeles humanos! ¡Santa mi madre en la casa de locos! ¡Santas las vergas de los abuelos de Kansas! ¡Santo el gimiente saxofón! ¡Santo el apocalipsis del bop! ¡Santas las bandas de jazz marihuana hipsters paz peyote pipas y baterías! ¡Santa las soledades de los rascacielos y pavimentos! ¡Santas las cafeterías llenas con los millones! ¡Santos los misteriosos ríos de lágrimas bajo las calles! ¡Santo el argonauta solitario! ¡Santo el vasto cordero de la clase media! ¡Santos los pastores locos de la rebelión! ¡Quien goza Los Ángeles es Los Ángeles! ¡Santa New York santa San Francisco santa Peoria & Seattle santa París santa Tánger santa Moscú santa Estambul! ¡Santo el tiempo en la eternidad santa eternidad en el tiempo santos los relojes en el espacio la cuarta dimensión santa la quinta Internacional santo el ángel en Moloch! ¡Santo el mar santo el desierto santa la vía férrea santa la locomotora santas las visiones santas las alucinaciones santos los milagros santo el globo ocular santo el abismo! ¡Santo perdón! ¡compasión! ¡caridad! ¡fe! ¡Santos! ¡Nosotros! ¡cuerpos! ¡sufriendo! ¡magnanimidad! ¡Santa la sobrenatural extra brillante inteligente bondad del alma! Berkeley, 1955 Se dice que Ginsberg dejó los puntos en lugar de "Fucked" como una declaraciòn política en recuerdo del proceso judicial en el cual la segunda edición de 3 mil ejemplares, en Mayo de 1957 fue retirada de las librerías tras ser declarada obscena por el fiscal Chester McPhee quien declaró "las palabras y el sentido de la escritura es obscena" y "usted no querría que sus hijos se cruzaran con esto". El 21 de Mayo de 1957, el poeta Lawrence Ferlinghetti fue arrestado bajo los cargos de "concientemente publicar y vender material indecente". El 2 de Octubre del mismo año, la restricción sobre el libro fue levantada y Ferlinghetti fue declarado inocente.

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El Cuento que hace desmayar a la gente
ArteporAnónimo6/30/2009

Tripas (Chuck Palahniuk) Tomen aire. Tomen tanto aire como puedan. Esta historia debería durar el tiempo que logren retener el aliento, y después un poco más. Así que escuchen tan rápido como les sea posible. Cuando tenía trece años, un amigo mío escuchó hablar del “pegging”. Esto es cuando a un tipo le meten un pito por el culo. Si se estimula la próstata lo suficientemente fuerte, el rumor dice que se logran explosivos orgasmos sin manos. A esa edad, este amigo es un pequeño maníaco sexual. Siempre está buscando una manera mejor de estar al palo. Se va a comprar una zanahoria y un poco de jalea para llevar a cabo una pequeña investigación personal. Después se imagina cómo se va a ver la situación en la caja del supermercado, la zanahoria solitaria y la jalea moviéndose sobre la cinta de goma. Todos los empleados en fila, observando. Todos viendo la gran noche que ha planeado. Entonces mi amigo compra leche y huevos y azúcar y una zanahoria, todos los ingredientes para una tarta de zanahorias. Y vaselina. Como si se fuera a casa a meterse una tarta de zanahorias por el culo. En casa, talla la zanahoria hasta convertirla en una contundente herramienta. La unta con grasa y se la mete en el culo. Entonces, nada. Ningún orgasmo. Nada pasa, salvo que duele. Entonces la madre del chico grita que es hora de la cena. Le dice que baje inmediatamente. El se saca la zanahoria y entierra esa cosa resbaladiza y mugrienta entre la ropa sucia debajo de su cama. Después de la cena va a buscar la zanahoria, pero ya no está allí. Mientras cenaba, su madre juntó toda la ropa sucia para lavarla. De ninguna manera podía encontrar la zanahoria, cuidadosamente tallada con un cuchillo de su cocina, todavía brillante de lubricante y apestosa. Mi amigo espera meses bajo una nube oscura, esperando que sus padres lo confronten. Y nunca lo hacen. Nunca. Incluso ahora, que ha crecido, esa zanahoria invisible cuelga sobre cada cena de Navidad, cada fiesta de cumpleaños. Cada búsqueda de huevos de Pascua con sus hijos, los nietos de sus padres, esa zanahoria fantasma se cierne sobre ellos. Ese algo demasiado espantoso para ser nombrado. Los franceses tienen una frase: “ingenio de escalera”. En francés, esprit de l’escalier. Se refiere a ese momento en que uno encuentra la respuesta, pero es demasiado tarde. Digamos que usted está en una fiesta y alguien lo insulta. Bajo presión, con todos mirando, usted dice algo tonto. Pero cuando se va de la fiesta, cuando baja la escalera, entonces, la magia. A usted se le ocurre la frase perfecta que debería haber dicho. La perfecta réplica humillante. Ese es el espíritu de la escalera. El problema es que los franceses no tienen una definición para las cosas estúpidas que uno realmente dice cuando está bajo presión. Esas cosas estúpidas y desesperadas que uno en verdad piensa o hace. Algunas bajezas no tienen nombre. De algunas bajezas ni siquiera se puede hablar. Mirando atrás, muchos psiquiatras expertos en jóvenes y psicopedagogos ahora dicen que el último pico en la ola de suicidios adolescentes era de chicos que trataban de asfixiarse mientras se masturbaban. Sus padres los encontraban, una toalla alrededor del cuello, atada al ropero de la habitación, el chico muerto. Esperma por todas partes. Por supuesto, los padres limpiaban todo. Le ponían pantalones al chico. Hacían que se viera... mejor. Intencional, al menos. Un típico triste suicidio adolescente. Otro amigo mío, un chico de la escuela con su hermano mayor en la Marina, contaba que los tipos en Medio Oriente se masturban distinto a como lo hacemos nosotros. Su hermano estaba estacionado en un país de camellos donde los mercados públicos venden lo que podrían ser elegantes cortapapeles. Cada herramienta es una delgada vara de plata lustrada o latón, quizá tan larga como una mano, con una gran punta, a veces una gran bola de metal o el tipo de mango refinado que se puede encontrar en una espada. Este hermano en la Marina decía que los árabes se ponen al palo y después se insertan esta vara de metal dentro de todo el largo de su erección. Y se masturban con la vara adentro, y eso hace que masturbarse sea mucho mejor. Más intenso. Es el tipo de hermano mayor que viaja por el mundo y manda a casa dichos franceses, dichos rusos, útiles sugerencias para masturbarse. Después de esto, un día el hermano menor falta a la escuela. Esa noche llama para pedirme que le lleve los deberes de las próximas semanas. Porque está en el hospital. Tiene que compartir la habitación con viejos que se atienden por sus tripas. Dice que todos tienen que compartir la misma televisión. Su única privacidad es una cortina. Sus padres no lo visitan. Por teléfono, dice que sus padres ahora mismo podrían matar al hermano mayor que está en la Marina. También dice que el día anterior estaba un poco drogado. En casa, en su habitación, estaba tirado en la cama, con una vela encendida y hojeando revistas porno, preparado para masturbarse. Todo esto después de escuchar la historia del hermano en la Marina. Esa referencia útil acerca de cómo se masturban los árabes. El chico mira alrededor para encontrar algo que podría ayudarlo. Un bolígrafo es demasiado grande. Un lápiz, demasiado grande y duro. Pero cuando la punta de la vela gotea, se logra una delgada y suave arista de cera. La frota y la moldea entre las palmas de sus manos. Larga y suave y delgada. Drogado y caliente, se la introduce dentro, más y más profundo en la uretra. Con un gran resto de cera todavía asomándose, se pone a trabajar. Aun ahora, dice que los árabes son muy astutos. Que reinventaron por completo la masturbación. Acostado en la cama, la cosa se pone tan buena que el chico no puede controlar el camino de la cera. Está a punto de lograrlo cuando la cera ya no se asoma fuera de su erección. La delgada vara de cera se ha quedado dentro. Por completo. Tan adentro que no puede sentir su presencia en la uretra. Desde abajo, su madre grita que es hora de la cena. Dice que tiene que bajar de inmediato. El chico de la cera y el chico de la zanahoria son personas diferentes, pero tienen vidas muy parecidas. Después de la cena, al chico le empiezan a doler las tripas. Es cera, así que se imagina que se derretirá adentro y la meará. Ahora le duele la espalda. Los riñones. No puede pararse derecho. El chico está hablando por teléfono desde su cama de hospital, y de fondo se pueden escuchar campanadas y gente gritando. Programas de juegos en televisión. Las radiografías muestran la verdad, algo largo y delgado, doblado dentro de su vejiga. Esta larga y delgada V dentro suyo está almacenando todos los minerales de su orina. Se está poniendo más grande y dura, cubierta con cristales de calcio, golpea y desgarra las suaves paredes de su vejiga, obturando la salida de su orina. Sus riñones están trabados. Lo poco que gotea de su pene está rojo de sangre. El chico y sus padres, toda la familia mirando las radiografías con el médico y las enfermeras parados allí, la gran V de cera brillando para que todos la vean: tiene que decir la verdad. La forma en que se masturban los árabes. Lo que le escribió su hermano en la Marina. En el teléfono, ahora, se pone a llorar. Pagaron la operación de vejiga con el dinero ahorrado para la universidad. Un error estúpido, y ahora jamás será abogado. Meterse cosas adentro. Meterse dentro de cosas. Una vela en la pija o la cabeza en una horca, sabíamos que serían problemas grandes. A lo que me metió en problemas a mí lo llamo “Bucear por perlas”. Esto significaba masturbarse bajo el agua, sentado en el fondo de la profunda piscina de mis padres. Respiraba hondo, con una patada me iba al fondo y me deshacía de mis shorts. Me quedaba sentado en el fondo dos, tres, cuatro minutos. Sólo por masturbarme tenía una gran capacidad pulmonar. Si hubiera tenido una casa para mí solo, lo habría hecho durante tardes enteras. Cuando finalmente terminaba de bombear, el esperma colgaba sobre mí en grandes gordos globos lechosos. Después había más buceo, para recolectarla y limpiar cada resto con una toalla. Por eso se llamaba “bucear por perlas”. Aun con el cloro, me preocupaba mi hermana. O, por Dios, mi madre. Ese solía ser mi mayor miedo en el mundo: que mi hermana adolescente virgen pensara que estaba engordando y diera a luz a un bebé de dos cabezas retardado. Las dos cabezas me mirarían a mí. A mí, el padre y el tío. Pero al final, lo que te preocupa nunca es lo que te atrapa. La mejor parte de bucear por perlas era el tubo para el filtro de la pileta y la bomba de circulación. La mejor parte era desnudarse y sentarse allí. Como dicen los franceses, ¿a quién no le gusta que le chupen el culo? De todos modos, en un minuto se pasa de ser un chico masturbándose a un chico que nunca será abogado. En un minuto estoy acomodado en el fondo de la piscina, y el cielo ondula, celeste, através de un metro y medio de agua sobre mi cabeza. El mundo está silencioso salvo por el latido del corazón en mis oídos. Los shorts amarillos están alrededor de mi cuello por seguridad, por si aparece un amigo, un vecino o cualquiera preguntando por qué falté al entrenamiento de fútbol. Siento la continua chupada del tubo de la pileta, y estoy meneando mi culo blanco y flaco sobre esa sensación. Tengo aire suficiente y la pija en la mano. Mis padres se fueron a trabajar y mi hermana tiene clase de ballet. Se supone que no habrá nadie en casa durante horas. Mi mano me lleva casi al punto de acabar, y paro. Nado hacia la superficie para tomar aire. Vuelvo a bajar y me siento en el fondo. Hago esto una y otra vez. Debe ser por esto que las chicas quieren sentarse sobre tu cara. La succión es como una descarga que nunca se detiene. Con la pija dura, mientras me chupan el culo, no necesito aire. El corazón late en los oídos, me quedo abajo hasta que brillantes estrellas de luz se deslizan alrededor de mis ojos. Mis piernas estiradas, la parte de atrás de las rodillas rozando fuerte el fondo de concreto. Los dedos de los pies se vuelven azules, los dedos de los pies y las manos arrugados por estar tanto tiempo en el agua. Y después dejo que suceda. Los grandes globos blancos se sueltan. Las perlas. Entonces necesito aire. Pero cuando intento dar una patada para elevarme, no puedo. No puedo sacar los pies. Mi culo está atrapado. Los paramédicos de emergencias dirán que cada año cerca de 150 personas se quedan atascadas de este modo, chupadas por la bomba de circulación. Queda atrapado el pelo largo, o el culo, y se ahoga. Cada año, cantidad de gente se ahoga. La mayoría en Florida. Sólo que la gente no habla del tema. Ni siquiera los franceses hablan acerca de todo. Con una rodilla arriba y un pie debajo de mi cuerpo, logro medio incorporarme cuando siento el tirón en mi culo. Con el pie pateo el fondo. Me estoy liberando pero al no tocar el concreto tampoco llego al aire. Todavía pateando bajo el agua, revoleando los brazos, estoy a medio camino de la superficie pero no llego más arriba. Los latidos en mi cabeza son fuertes y rápidos. Con chispas de luz brillante cruzando ante mis ojos me doy vuelta para mirar... pero no tiene sentido. Esta soga gruesa, una especie de serpiente azul blancuzca trenzada con venas, ha salido del desagüe y está agarrada a mi culo. Algunas de las venas gotean rojo, sangre roja que parece negra bajo el agua y se desprende de pequeños rasguños en la pálida piel de la serpiente. La sangre se disemina, desaparece en el agua, y bajo la piel delgada azul blancuzca de la serpiente se pueden ver restos de una comida a medio digerir. Esa es la única forma en que tiene sentido. Algún horrible monstruo marino, una serpiente del mar, algo que nunca vio la luz del día, se ha estado escondido en el oscuro fondo del desagüe de la pileta, y quiere comerme. Así que la pateo, pateo su piel resbalosa y gomosa y llena de venas, pero cada vez sale más del desagüe. Ahora quizá sea tan larga como mi pierna, pero aún me retiene el culo. Con otra patada estoy a unos dos centímetros de lograr tomar aire. Todavía sintiendo que la serpiente tira de mi culo, estoy a un centímetro de escapar. Dentro de la serpiente se pueden ver granos de maíz y maníes. Se puede ver una brillante bola anaranjada. Es la vitamina para caballos que mi padre me hace tomar para que gane peso. Para que consiga una beca gracias al fútbol. Con hierro extra y ácidos grasos omega tres. Ver esa pastilla me salva la vida. No es una serpiente. Es mi largo intestino, mi colon, arrancado de mi cuerpo. Lo que los doctores llaman prolapso. Mis tripas chupadas por el desagüe. Los paramédicos dirán que una bomba de agua de piscina larga 360 litros de agua por minuto. Eso son unos 200 kilos de presión. El gran problema es que por dentro estamos interconectados. Nuestro culo es sólo la parte final de nuestra boca. Si me suelto, la bomba sigue trabajando, desenredando mis entrañas hasta llegar a mi boca. Imaginen cagar 200 kilos de mierda y podrán apreciar cómo eso puede destrozarte. Lo que puedo decir es que las entrañas no sienten mucho dolor. No de la misma manera que duele la piel. Los doctores llaman materia fecal a lo que uno digiere. Más arriba es chyme, bolsones de una mugre delgada y corrediza decorada con maíz, maníes y arvejas. Eso es la sopa de sangre y maíz, mierda y esperma y maníes que flota a mi alrededor. Aún con mis tripas saliendo del culo, conmigo sosteniendo lo que queda, aún entonces mi prioridad era volver a ponerme el short. Dios no permita que mis padres me vean la pija. Una de mis manos está apretada en un puño alrededor de mi culo, la otra arranca el short amarillo del cuello. Pero ponérmelos es imposible. Si quieren saber cómo se sienten los intestinos, compren uno de esos condones de piel de cabra. Saquen y desenrrollen uno. Llénenlo con mantequilla de maní, cúbranlo con lubricante y sosténganlo bajo el agua. Después traten de rasgarlo. Traten de abrirlo en dos. Es demasiado duro y gomoso. Es tan resbaladizo que no se puede sostener. Un condón de piel de cabra, eso es un intestino común. Ven contra lo que estoy luchando. Si me dejo ir por un segundo, me destripo. Si nado hacia la superficie para buscar una bocanada de aire, me destripo. Si no nado, me ahogo. Es una decisión entre morir ya mismo o dentro de un minuto. Lo que mis padres encontrarán cuando vuelvan del trabajo es un gran feto desnudo, acurrucado sobre sí mismo. Flotando en el agua sucia de la piscina del patio. Sostenido por atrás por una gruesa cuerda de venas y tripas retorcidas. El opuesto de un adolescente que se ahorca cuando se masturba. Este es el bebé que trajeron del hospital trece años atrás. Este es el chico para el que deseaban una beca deportiva y un título universitario. El que los cuidaría cuando fueran viejos. Aquí está el que encarnaba todas sus esperanzas y sueños. Flotando, desnudo y muerto. Todo alrededor, grandes lechosas perlas de esperma desperdiciada. Eso, o mis padres me encontrarán envuelto en una toalla ensangrentada, desmayado a medio camino entre la piscina y el teléfono de la cocina, mis desgarradas entrañas todavía colgando de la pierna de mis shorts amarillos. Algo de lo que ni los franceses hablarían. Ese hermano mayor en la Marina nos enseñó otra buena frase. Rusa. Cuando nosotros decimos: “Necesito eso como necesito un agujero en la cabeza”, los rusos dicen: “Necesito eso como necesito un diente en el culo”. Mne eto nado kak zuby v zadnitse. Esas historias sobre cómo los animales capturados por una trampa se mastican su propia pierna; cualquier coyote puede decir que un par de mordiscos son mucho mejores que morir. Mierda... aunque seas ruso, algún día podrías querer esos dientes. De otra manera, lo que tenés que hacer es retorcerte, dar vueltas. Enganchar un codo detrás de la rodilla y tirar de esa pierna hasta la cara. Morder tu propio culo. Uno se queda sin aire y mordería cualquier cosa con tal de volver a respirar. No es algo que te gustaría contarle a una chica en la primera cita. No si querés besarla antes de ir a dormir. Si les cuento qué gusto tenía, nunca nunca volverían a comer calamares. Es difícil decir qué les disgustó más a mis padres: cómo me metí en el problema o cómo me salvé. Después del hospital, mi madre dijo: “No sabías lo que hacías, amor. Estabas en shock”. Y aprendió a cocinar huevos pasados por agua. Toda esa gente asqueada o que me tiene lástima... la necesito como necesito dientes en el culo. Hoy en día, la gente me dice que soy demasiado delgado. En las cenas, la gente se queda silenciosa o se enoja cuando no como la carne asada que prepararon. La carne asada me mata. El jamón cocido. Todo lo que se queda en mis entrañas durante más de un par de horas sale siendo todavía comida. Chauchas o atún en lata, me levanto y me los encuentro allí en el inodoro. Después de sufrir una disección radical de los intestinos, la carne no se digiere muy bien. La mayoría de la gente tiene un metro y medio de intestino grueso. Yo tengo la suerte de conservar mis quince centímetros. Así que nunca obtuve una beca deportiva, ni un título. Mis dos amigos, el chico de la cera y el de la zanahoria, crecieron, se pusieron grandotes, pero yo nunca llegué a pesar un kilo más de lo que pesaba cuando tenía trece años. Otro gran problema es que mis padres pagaron un montón de dinero por esa piscina. Al final mi padre le dijo al tipo de la piscina que fue el perro. El perro de la familia se cayó al agua y se ahogó. El cuerpo muerto quedó atrapado en el desagüe. Aun cuando el tipo que vino a arreglar la piscina abrío el filtro y sacó un tubo gomoso, un aguachento resto de intestino con una gran píldora naranja de vitaminas aún dentro, mi padre sólo dijo: “Ese maldito perro estaba loco”. Desde la ventana de mi pieza en el primer piso podía escuchar a mi papá decir: “No se podía confiar un segundo en ese perro...”. Después mi hermana tuvo un atraso en su período menstrual. Aun cuando cambiaron el agua de la pileta, aun después de que vendieron la casa y nos mudamos a otro estado, aun después del aborto de mi hermana, ni siquiera entonces mis padres volvieron a mencionarlo. Esa es nuestra zanahoria invisible. Ustedes, tomen aire ahora. Yo todavía no lo hice. Domingo, 3 de Julio de 2005 ¿ES CHUCK PALAHNIUK EL HEREDERO DE STEPHEN KING? Chucky Cuando el autor de El club de la pelea salió de gira por el interior norteamericano, sabía que llevaba consigo un cuento revulsivo. Escribir algo así había sido su intención y estaba más que satisfecho con el resultado. Pero lo que Chuck Palanhiuk no podía prever era que 67 personas terminarían desmayándose durante su lectura. Por Rodrigo Fresán Antes que nada, acaso lo más importante de todo: en Haunted –flamante novela-en-relatos de Chuck Palahniuk– aparecen por fin las célebres e infames diez páginas de “Guts”. Me explico: “Guts” es el cuento que Palahniuk hasta ahora solía leer en vivo durante sus giras promocionales y que –hay testigos; periódicos y revistas reportaron el suceso– provocaba en los asistentes desmayos (se contaron 67 hasta la fecha), vómitos en cadena y salidas a toda velocidad de la sala o de la librería como si allí se hubiera declarado un incendio. Y la pregunta es: ¿era para tanto? “Guts” reincide en las constantes de la prosa y estética palahniukesca: frases cortas y secas y funcionales como slogans, mirada nihilista y bestial, el consabido rejunte de leyendas urbanas (esta vez girando alrededor del tema de “formas raras y más eficaces de masturbarse”) rematando con, sí, un episodio en una piscina con filtro de agua tan asqueroso que –hablo a título personal– provoca la más negra de las carcajadas. Nada nuevo. Tampoco sorprende que, a la altura del final, el texto nos produzca una tristeza tan admirable como envidiable. Porque –habiéndose superado la “parte asquerosa”– nos quedan tres últimas páginas que nos demuestran que, cuando quiere, Palahniuk es un escritor más efectivo que efectista y dueño de una extraña pero no por eso menos atendibles sensibilidad y pericia narrativa. En cualquier caso, las mismas virtudes sin tanta revulsión se encuentran en “Obsolete” (fantasía futurista sobre suicidios asistidos por el Estado), “Slumming” (divertimento en el que parejas adineradas juegan a ver cómo es eso de ser homeless) y “Exodus” (nueva incursión de Palahniuk en una de sus obsesiones más reconocibles: la vida loca en los diferentes grupos de autoayuda). Lo que nos lleva a Haunted (Doubleday, 2005, 406 páginas), cuya solapa no duda en hermanar con El Decamerón y Los cuentos de Canterbury y esas reuniones/taller literario de las que surgió Frankenstein, pero que en realidad no es otra cosa que una maniobra estratégica para presentar como novela una colección de 23 relatos, 21 poemas y una nouvelle deshilvanada en inserts. El hilo conductor y columna vertebral sobre la que sostener todo este material disperso es una idea inequívocamente chuckyesca: el mecenas de una colonia de escritores invita a varios candidatos a “abandonar sus vidas durante tres meses”, crear una obra maestra y a ver qué pasa. Y lo que pasa es una mezcla de Gran Hermano con 13 Ghosts o The House on Haunted Hill: los narradores pronto se descubren narrados. Han sido aislados en un teatro abandonado, con poca comida y controlados por un “lector” invisible y despiadado, mientras sus versos y anécdotas se van volviendo más y más extremas y desesperadas. Y, claro, se aguanta alimentados por la idea de que el sufrimiento puede significar la fama y el que cuente último contará mejor. Big Writer, Gran Escriba y todo eso. Lo que convierte a Haunted –que hubiera ganado mucho como simple libro de cuentos sin tanto andamiaje– en un nuevo capítulo de la reescritura bestial del modelo darwinista que Palahniuk ha venido practicando desde sus inicios y que junto con Nana y Diario –sus novelas inmediatamente anteriores– acaba conformando una suerte de trilogía de intenciones bastantes claras: la reformulación de la horror-story-novel norteamericana o un cómo seguir –después de Stephen King– asustando con la materia de la realidad pasada por el tamiz del horror. Algo de esto ya aparecía apenas veladamente anunciado en su libro de non-fiction –que Mondadori acaba de publicar en nuestro idioma con el título de Error humano– en un ensayo-carta de agradecimiento a Ira Levin, responsable de El bebé de Rosmary y Las poseídas de Stepford y Los niños del Brasil. Allí Palahniuk se refiere a la obra de Levin, pero bien podría estar hablando en espejo de la propia cuando apuesta por libros que “no sean tanto relatos de terror como fábulas con moraleja; versiones inteligentes y actualizadas de leyendas tradicionales” y, rendido, culmina con un “Oh, señor Levin, ¿cómo lo hace? Usted nos enseña el futuro. Y nos ayuda a afrontar ese terrorífico nuevo mundo. Nos lleva en un recorrido acelerado por el peor de los mundos posibles y nos permite vivir en él... Usted saca a la luz nuestros defectos de forma grandiosa, divertida y temible. Esos problemas que nos da miedo admitir. Y, al escribir, consigue que haya menos cosas que temer en la vida. Y eso da mucho miedo. Pero no miedo en un sentido malo. Miedo en un sentido bueno. En un sentido genial”. Conclusión: con un Levin en silencio luego de ese innecesario paso muy en falso que fue El hijo de Rosemary y con un King con fatiga de materiales y a punto de publicar su primera novela negra, Palahniuk está más que dispuesto a tomar la posta. El ¿problema? es que, para bien o para mal, Palahniuk parece haber encontrado su muy amplio nicho (alcanza con explorar el site The Cult o ver el documental Postcards from the Future para comprobar el amor casi apostólico de sus seguidores) donde yace un creciente y fanatizado público que alguien no ha vacilado en etiquetar como “ese Lector MTV que no lee literatura: lee Palahniuk”. Lo que no está ni bien ni mal. Pero sí es una lástima que Palahniuk parezca escribir cada vez más sólo para esos fans que lo sienten más cerca del profeta que del literato. Y es también una pena que la mayoría de ellos jamás hayan oído hablar –y nunca vayan a conocer– a otros nihilistas satíricos y experimentales como Kurt Vonnegut y J. G. Ballard y Don DeLillo y Bret Easton Ellis (ya he leído algo en cuanto a que la inminente Lunar Park, esperada novela metaficcional del autor de American Psycho, es “muy Palahniuk”) a los que Chucky vampiriza con envidiable eficacia y, sí, talento y vómitos y desmayos Cuando tenga 68 Chuck Palahniuk cuenta cómo se le desmayaron 67 lectores. Por Chuck Palahniuk Durante la gira promocional de mi último libro, leí por primera vez en público un cuento llamado “Guts” (“Agallas”). Mi plan era incluirlo en una nueva novela llamada Haunted. Mi objetivo era generar terror a partir de cosas muy ordinarias: zanahorias, velas, piscinas, pochoclo para microondas, bolas de bowling. Ocurrió en una librería atestada de gente en Portland, Oregon. Unas 800 personas colmaban la capacidad del lugar hasta violar las normas de seguridad. Leer “Guts” requiere mucha concentración, no hay muchas oportunidades de levantar la mirada. Pero cuando lo hacía, los rostros de la primera fila se veían un poco grises. No fue hasta que ya había terminado de firmar ejemplares que un empleado me dijo que dos jóvenes se habían desmayado. Ambos habían caído redondos sobre el suelo de cemento, y no recordaban nada de lo que había pasado entre el momento en que estaban de pie escuchando y cuando se despertaron rodeados por los pies de la gente. En la librería hacía calor y el aire estaba sofocante. Fue mala suerte, nada de qué preocuparse. La noche siguiente, en una librería Borders con aire acondicionado, otra multitud escuchaba “Guts” –y otro par de personas se desmayaba–. Un hombre y una mujer. Al día siguiente en Seattle, en una lectura a la hora del almuerzo, dos hombres más perdieron la conciencia. En el mismo momento de la historia, ambos cayeron tan pesadamente que sus sillas metálicas patinaron y se estamparon ruidosamente sobre el pulido piso de madera del auditorio. El evento se detuvo por un rato mientras los resucitaban. A esta altura, ya teníamos un patrón. La noche siguiente, en San Francisco, otras tres personas más se desmayaron. Una noche más tarde, en Berkeley, otras tres. El publicista que asistió a los tres eventos me dijo que la gente caía cuando yo leía las palabras “maíz” y “maní”. Ese era el detalle que hacía que gente que estaba sentada terminara en el piso. Primero, se les caían las manos de las faldas. Se les aflojaban los hombros. La cabeza se les iba hacia un costado, y el peso los arrastraba al piso. En una librería de Beverly Hills, una mujer en la parte de atrás de la sala pidió a gritos a los paramédicos y una ambulancia, llorando con tanta fuerza que su blusa se empapaba en lágrimas mientras su marido se sacudía en el piso. En el baño de hombres, otro hombre, que escapaba de la lectura, se desmayó cuando se inclinaba para refrescarse la cara con agua, dándose la cabeza contra el lavatorio. Un periodista de Publishers Weekly escribió un artículo encabezado: “El autor de El club de la pelea los deja inconscientes sin golpearlos”. Al día siguiente, en la Universidad de Columbia, cayeron dos estudiantes. Mientras la ambulancia se llevaba a uno de ellos al hospital, mi editor se acercó al borde del escenario, me hizo señas, y me dijo: “Creo que ya hiciste suficiente daño con esta historia. No termines de leerla”. En Gran Bretaña hubo desmayos en las lecturas de Leeds y Cambridge. En Londres, los baños se llenaron de gente bien vestida que se escapaba para sentarse en las baldosas frías y recuperarse de lo poco que habían escuchado. Hasta ahora, 67 personas se han desmayado mientras yo leía “Guts”. Es una historia de nueve páginas que algunas noches me lleva media hora leer. En la primera mitad, las pausas en la lectura se deben a las risas del público. En la segunda mitad, las pausas las hago mientras reviven a mi audiencia. Mi objetivo era escribir un nuevo tipo de historia de terror, algo basado en el mundo común y corriente, sin monstruos sobrenaturales ni magia. “Guts”, y el libro que lo contenía, sería una trampa en algún lugar oscuro. Un lugar al que uno solamente puede ir solo. Unicamente los libros tienen ese poder. Una película tiene que mantener cierto decoro para poder ser proyectada para un público vasto. A nadie le importan un comino los libros. Nadie se ha molestado en prohibir un libro en décadas. A esa indiferencia la acompaña una libertad que sólo los libros tienen. Y “Guts” no es de ninguna manera la historia más oscura ni la más divertida ni la más perturbadora de la novela Haunted. Algunas de sus historias, no las leería en público. Fuente: http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/radar/subnotas/2350-359-2005-07-03.html

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Charles Bukoswki - Pittsburgh, Phil y compania
ArteporAnónimo8/24/2008

CHARLES BUKOWSKI - PITTSBURGH PHIL Y COMPAÑÍA Este tío, Sommerfield, no trabajaba en nada y además le pegaba a la botella. Era una especie de imbécil y yo trataba de evitarle, pero él siempre estaba asomado colgando de la ventana medio bebido. Me veía salir de mi casa y siempre me decía lo mismo: -Hey, Hank. ¿Por qué no me llevas a las carreras? Y yo siempre le contestaba: -Un día de éstos, Joe, hoy no. Bueno, él seguía y seguía siempre con lo mismo, colgando de la ventana medio borracho, así que un día le dije: -Está bien, Cristo, vamos... Y nos fuimos a las carreras. Enero en Santa Anita, si conocieras ese hipódromo sabrías que puede hacer verdadero frío cuando estás perdiendo. El viento llega de las montañas nevadas y tus bolsillos están vacíos y tiemblas y piensas en la muerte y en los tiempos duros y en el alquiler y todo lo demás. No es un sitio muy agradable para perder. En Hollywood Park por lo menos puedes volver a tu casa bronceado. Nos fuimos a las carreras. El habló durante todo el camino. No había estado jamás en un hipódromo. Le tuve que explicar la diferencia entre ganador, colocado y apuesta múltiple. Ni siquiera sabía lo que era una valla de salida o un folleto de apuestas. Cuando llegamos, utilizó mi folleto. Tuve que enseñarle a leerlo. Le pagué la entrada y le compré un programa. Todo lo que él tenía eran dos dólares, me los enseñó. Suficiente para una apuesta. Dimos una vuelta antes de la primera carrera, mirando a las mujeres. Joe me dijo que no había estado con una mujer en cinco años. Era un tío de apariencia miserable, un verdadero perdedor. Pasamos las páginas del folleto de apuestas y miramos a las mujeres; entonces Joe me dijo: -¿Cómo es que el caballo 6 está 14 a uno? A mí me parece el mejor. Traté de explicarle por qué el caballo estaba 14 a uno en relación con los otros caballos, pero él no me escuchaba. -Tan cierto como el infierno que es el mejor. No lo entiendo. Yo voy a apostar por él. -Son tus dólares, Joe -dije yo-, y no pienso prestarte ni un céntimo cuando los pierdas. El nombre del caballo era Red Charley, una bestia de aspecto triste. Salió con las cuatro patas vendadas. Cuando la gente lo vio, su cotización bajó a 18 a uno. Yo puse diez dólares a ganador al caballo lógico, Bold Latrine, un apretado manojo de clase, con una buena temporada a sus espaldas, y segundo favorito en la carrera. Pensé que 7 a 2 era un buen precio para ese caballo . Era un recorrido de milla y cuarto. Red Charley estaba ya en 20 a uno cuando salió de la valla, y salió el primero; no podías perderlo de vista con tanto vendaje. El chico le pegó fuerte y sacó cuatro cuerpos en la primera recta, debía creerse que estaba en una carrera de cuarto de milla. El jockey sólo había ganado dos veces en 40 montas y en seguida se veía por qué. Llevaba seis cuerpos de ventaja en la recta de vuelta. La espuma caía a chorros por el cuello de Red Charley; parecía condenada crema de afeitar. En la última curva los seis cuerpos habían disminuido a cuatro y todo el paquete le iba ganando distancia. Al entrar en la recta final, Red Charley sólo sacaba un cuerpo y medio y mi caballo , Bold Latrine, iba avanzando cada vez más. Yo me sentía como si estuviera allí dentro. A mitad de la recta sólo me sacaba una cabeza. Unos metros más y estaría el primero. Pero siguieron de ese modo hasta el final. Red Charley ganó por una cabeza. Pagaron 42,80 dólares. -Sabía que era el mejor -dijo Joe, y se fue a cobrar su dinero. Cuando volvió me pidió el folleto de nuevo. Lo ojeó. -¿Cómo es que Big H está 6 a uno? -me preguntó-. Parece el mejor. -Puede que te parezca el mejor a ti -dije-, pero según los expertos en caballos y handicap, verdaderos profesionales, su valor es de 6 a uno. -No te cabrees, Hank. Ya sé que soy un novato en este juego. Sólo quiero decir que me parece como si debiera ser el favorito. No sé. Voy a apostar por él de todas formas. Voy a apostar diez dólares de ganador. -Es tu dinero, Joe. Sólo tuviste suerte en la primera carrera, el juego no es tan sencillo. Bueno, Big H ganó y pagaron 14,40 dólares. Joe empezó a pavonearse. Leímos de nuevo el folleto en el bar y Joe pidió una bebida para cada uno y le dio al camarero un dólar de propina. Cuando nos íbamos del bar, se dirigió al camarero y le dijo: «Barneyïs Mole está solo en esta carrera». Barneyïs Mole era el favorito a 6/5, así que no me pareció una predicción tan disparatada. De todos modos, al acabar la carrera, ganador, representó dinero. Pagaron a 4,20 dólares y Joe se sacó 20 dólares gracias a él. -Esta vez -me dijo- eligieron favorito al caballo adecuado. Al acabar la jornada, de nueve carreras, Joe había acertado ocho ganadores. En el camino de vuelta, estuvo todo el rato preguntándose cómo podía haberse equivocado en la séptima carrera. -Blue Truck parecía con mucho el mejor. No entiendo cómo llegó tercero. -Joe, has ganado 8 de 9. Esa es la suerte del novato. No sabes lo jodido que es este juego. -A mí me parece fácil. Simplemente eliges el ganador y luego recoges tu dinero. No volví a hablar en todo el resto del viaje. Esa misma noche llamó a mi puerta y se presentó con una botella de whisky y el folleto de apuestas. Le ayudé a vaciar la botella, él me dijo los nueve ganadores del día siguiente y me explicó por qué. Teníamos entre nosotros a un verdadero experto. Yo sabía cómo podían subirse las carreras a la cabeza. Una vez tuve 17 ganadores seguidos y pensé en comprar casas a todo lo largo de la costa y empezar un negocio de esclavos blancos para proteger mis ganancias de los inspectores de Hacienda. Así de loco te puedes volver. Me moría de ganas por llevar a Joe al hipódromo al día siguiente. Quería ver su cara cuando fallasen todas sus predicciones. Los caballos eran sólo animales hechos de carne. Continuamente fallaban. Como decían los viejos aficionados: «Hay una docena de formas de perder una carrera y sólo una de ganarla». Bueno, pues no ocurrió así. Joe acertó 7 de sus 9 ganadores; caballos desconocidos, de tarifa media. Y todo el camino de vuelta estuvo maldiciendo sus dos perdedores. No podía entender por qué había fallado. Yo no dije nada. El hijo de puta podía tener razón. Pero los porcentajes acabarían venciéndolo. Comenzó a explicarme que yo apostaba mal, y el modo adecuado de hacerlo. Dos días en el hipódromo y ya era un experto. Yo llevaba jugando 20 años y el tío me estaba diciendo que no conocía mi propio culo. Fuimos toda la semana y Joe siguió ganando. Se volvió tan insoportable que no pude aguantarle por más tiempo. Se compró traje y sombrero nuevos, zapatos y camisas, y empezó a fumar puros de medio dólar. Les dijo a los del subsidio de paro que estaba empleado en su propio negocio y que no necesitaba su sucio dinero por más tiempo. Joe se había vuelto loco. Se dejó crecer el bigote, se compró un reloj de pulsera y un costoso anillo. El martes siguiente le vi dirigirse al hipódromo en coche propio. un Caddy negro del 69. Me saludó desde la ventanilla al tiempo que echaba fuera la ceniza de su puro. En el hipódromo no hablé con él. Ahora iba siempre al sector de socios. Cuando llamó a mi puerta aquella noche, llevaba la habitual botella de whisky y una rubiaza a su lado. Una rubia joven, bien vestida, bien cuidada, tenía unas formas y una cara magníficas. Entraron juntos. -¿Quién es este viejo sarnoso? -le preguntó a Joe. -Es mi viejo compadre, Hank -le dijo él-; le conocí cuando yo era pobre. Me llevó un día a las carreras. -¿Y no tiene alguna vieja? -El viejo Hank no ha estado con una mujer desde 1965. Oye, ¿qué tal si lo juntamos con la gorda Gertie? -Oh infiernos, Joe. ¡La gorda Gertie no lo aguantaría! Mira, va vestido como un pordiosero. -Ten un poco de misericordia, nena, es mi compadre. Sé que no tiene muy buena pinta, pero empezamos juntos, y yo soy muy sentimental. -Bueno, la gorda Gertie no es sentimental, y le gusta la clase. -Mira, Joe -dije yo-, olvídate de las mujeres. Siéntate aquí, bebamos unos tragos, y vamos a echar un vistazo al folleto de apuestas para que me digas los ganadores de mañana. Joe hizo eso. Bebimos y me señaló los caballos. Me escribió nueve nombres en un pedazo de papel. Su chica, Thelma, bueno, Thelma me miraba como si fuese una mierda de perro en medio de un césped bien cuidado. Estos nueve caballos dieron ocho ganadores al día siguiente. Uno de ellos pagó 62 dólares. No podía entenderlo. Esa noche Joe vino con una chica nueva. Parecía aún más bonita. El se sentó a mi lado con la botella y el folleto de apuestas y me escribió nueve caballos más. Entonces me dijo: -Escucha, Hank, me voy a mudar de casa. He encontrado un bonito apartamento de lujo al lado del hipódromo. El tiempo de viaje de ida y vuelta a las carreras era un coñazo. Vámonos, nena. Nos veremos por ahí, chico, adiós. Sabía lo que pasaba. Mi compadre me estaba dando el cepillazo. Al día siguiente aposté fuerte a los nueve caballos. Siete fueron ganadores. Cuando volví a casa me sumergí en el folleto de apuestas tratando de hallar el motivo por el que los había elegido, pero no parecía haber ninguna razón comprensible. Algunas de sus selecciones eran verdaderos rompecabezas para mí. No volví a ver a Joe por el patio de apuestas, excepto una vez. Le vi entrar en los locales del club con dos mujeres. Estaba gordo, reía a carcajadas. Llevaba un traje de doscientos dólares y un anillo con un diamante incrustado. Arrojó al suelo a medio fumar un puro importado de dólar y medio. Ese día perdí todas las carreras. Dos años más tarde, yo estaba en el hipódromo de Hollywood Park y era un día particularmente caluroso, un jueves. En la sexta carrera había sacado un ganador a 26,80 dólares. Cuando me alejaba de la ventanilla de pagos, oí su voz detrás mío: -¡Eh, Hank! ¡Hank! Era Joe. -Cristo, tío -dijo-. ¡Es maravilloso volver a verte! -Hola, Joe... Seguía con su traje de doscientos dólares, en medio de todo ese calor. Todo el mundo iba en mangas de camisa. El necesitaba un afeitado, sus zapatos estaban polvorientos y el traje estaba arrugado y sucio. El diamante había desaparecido, el reloj de pulsera había desaparecido. -Dame un cigarrilo, Hank. Le dí un cigarrillo y cuando lo encendió, noté que sus manos temblaban. -Necesito un trago, tío -me dijo. Lo llevé a un bar y nos tomamos un par de whiskies. Joe estudió el folleto de apuestas. -Escucha, tío; yo te he señalado un montón de ganadores, ¿no? -Claro que sí, Joe. Estuvimos allí mirando el folleto por un rato. -Ahora coge esta carrera -dijo-. Mira a Black Monkey. Va a ganar, Hank. Lo tiene chupado. Y está 8 a uno. -¿Te gustan sus posibilidades, Joe? -Está hecho, tío. Ganará como la luz del día. Pusimos nuestras apuestas a Black Monkey y salimos a ver la carrera. Llegó en séptimo lugar. -No lo entiendo -dijo Joe-. Mira, déjame dos pavos más, Hank. Siren Call está en la próxima, no puede perder. No hay manera. Siren Call llegó a alcanzar un quinto puesto, pero eso no es una gran ayuda cuando apuestas a ganador. Joe me sacó otros dos dólares para la novena carrera y su caballo llegó el último. Me dijo que no tenía coche y que si me importaba llevarle a casa. -No te lo vas a creer -me dijo-, pero estoy de nuevo en la miseria. -Te creo, Joe. -Pero me remontaré. Sabes, Pittsburgh Phil se arruinó media docena de veces. Siempre consiguió volver a enriquecerse. Sus amigos tenían fe en él. Le prestaban dinero. Cuando le dejé, me encontré con que ahora vivía en una vieja casa de habitaciones alquiladas, a unas cuatro manzanas de la mía. Yo nunca me había mudado. Cuando bajó del coche me dijo: -Hay un programa cojonudo para mañana, lo tengo controlado. ¿Vas a ir? -No estoy seguro, Joe. -Quiero saber si vas a ir. -Claro, Joe. Esa noche oí llamar a mi puerta. Reconocí la llamada de Joe. No contesté. Seguí tumbado en la cama. El siguió llamando. Yo tenía la televisión encendida, pero seguí sin contestar. El volvió a llamar. -¡Hank! ¡Hank! ¿Estás ahí? ¡EH, HANK! Entonces empezó a pegarle de verdad a la puerta, el hijo de puta. Estaba frenético. Golpeó y golpeó, una y otra vez. Al fin paró. Le oí bajar las escaleras. Entonces oí cerrarse la puerta principal de la casa. Me levanté, apagué el televisor, fui hasta el frigorífico, me hice un sandwich de jamón y queso, y abrí una botella de cerveza. Me senté con todo ello, abrí el folleto de apuestas del día siguiente y empecé a mirar la primera carrera, un premio de cinco mil dólares potros de más de tres años. Me gustaba el número 8. Estaba homologado en 5 a uno. De cualquier modo, me quedaba con él.

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