pabloandres1972
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El hombre que dijo no al Graf Spee Historia. Una testigo cuenta un aspecto desconocido de la Batalla del Río de la Plata Un aspecto nunca divulgado en la historia de la Batalla del Río de la Plata. La verdadera razón por la que el capitán alemán nunca pudo reparar el acorazado en Montevideo y fue cercado por la Armada británica. "Ponga usted el precio", dijo el capitán Hans Langsdorff en un perfecto francés y colocó sobre el escritorio de su interlocutor un cartapacio de cuero abierto, en cuyo interior se veía un cheque en blanco. "De ninguna manera, en mi empresa no repararemos su barco", respondió enfático Alberto Voulminot, también en francés, el idioma de sus ancestros. "Véndame entonces, los materiales que necesito", pidió Langsdorff, vestido con su impecable uniforme blanco y haciendo gala de sus refinados modales. "Capitán, es inútil, esta empresa no sólo no reparará al Graf Spee, sino que tampoco le venderá ni un solo elemento de los que está usted precisando", respondió. "Ponga usted el precio, pida lo que quiera, no hay límite", insistió el marino alemán y con su mano derecha le señaló el cheque que minutos antes había colocado sobre la mesa del empresario uruguayo. "No es cuestión de precio, ni de dinero, sino de dignidad", expresó cortante Voulminot. "Señor, ¿usted sabe que yo tengo, en mi barco, armamento y fuerza suficiente para volar la ciudad de Montevideo?". "Claro que lo sé capitán. Pero también sé que usted es un caballero y que no lo hará". Voulminot se levantó de su silla y dio por terminada la reunión. Tomó el cartapacio, se lo entregó a Langsdorff y lo acompañó hasta la puerta de su empresa, por entonces ubicada en Rondeau y Nicaragua. Palabras más, palabras menos este diálogo se produjo el 15 de diciembre de 1939, en horas de la tarde, en la oficina del dique Regusci y Voulminot Desde hacía unos días, Montevideo se había convertido en epicentro de la Segunda Guerra Mundial, luego que el buque de guerra de la Armada alemana del Tercer Reich Admiral Graf Spee se enfrentó a los navíos de la Marina Británica Ayax, Achilles y Exeter, en lo que se denominó la Batalla del Río de la Plata. En el enfrentamiento, el Graf Spee sufrió importantes daños que le impedían navegar en alta mar, además de perder 37 tripulantes. Luego de la reunión con el capitán Langsdorff, Alberto Voulminot ordenó redoblar la guardia del depósito del dique, temiendo que por la noche los alemanes intentaran robar los materiales que el Graf Spee necesitaba. Desde entonces y hasta la partida del acorazado alemán, Carlos Alberto Voulminot, armado con un revólver y acompañado por el personal de la compañía, también armado, se mantuvieron custodiando la empresa. Hay historias que la Historia no recoge. Los franceses la llaman le petite histoire. Ese es el caso del Graf Spee, de cuyo hundimiento en la costa de Montevideo se cumplen hoy 70 años. Las verdaderas razones por las que no fue reparado en Montevideo no figuran en los libros. Contrariamente a lo que hasta ahora hemos sabido, no fueron las presiones ejercidas por el gobierno británico a través de su embajador Eugen Millington Drake ante las autoridades uruguayas, las que impidieron que el barco alemán pudiera ser reparado. Sin dudas que esas presiones existieron. Y que se tradujeron en que Uruguay, entonces neutral, conminara al Graf Spee a abandonar el puerto en pocas horas. Pero para saber las verdaderas causas de porqué el dique uruguayo que tenía las posibilidades de realizar las reparaciones que necesitaba el Graf Spee se negó a hacerlas, hay que remontarse a 1870, cuando en medio de su proceso de unificación, Alemania invadió a Alsacia y en la pequeña localidad de Colmar, hoy territorio francés, el ejército germánico asesinó al padre de Albert Adolf Voulminot Sutter. Fue la primera víctima de aquella guerra que costaría muchas vidas más. Con una gran tumba esculpida por Fréderic Bartholdi (el mismo que construyó la Estatua de la Libertad de Nueva York) es recordado hoy como un héroe Voulminot en Colmar. Su hijo, por entonces un niño, emigró con algunos de los familiares que sobrevivieron a la masacre de Alsacia al Río de la Plata. Primero se afincó en Buenos Aires donde se dedicó al negocio cervecero y años más tarde en Montevideo, donde fundó el dique. En 1939, si bien Voulminot Sutter aún vivía, quienes estaban al frente de la empresa eran su hijo Alberto Voulminot, su nieto Carlos Alberto Voulminot Bonomi, entonces un joven estudiante de Ingeniería, y el ingeniero Armando Regusci; nieto del otro fundador de la compañía. Cuentan que al escuchar la explosión que retumbó en todo Montevideo en el anochecer del 20 de diciembre de 1939, cuando Hans Langsdorff dinamitó su barco a poca distancia de la costa uruguaya, Albert Adolf Voulminot Sutter comentó: "la historia tiene sus vueltas". La vida le había dado la posibilidad de presenciar cómo su hijo, un nieto de la primera víctima alemana de la invasión a Alsacia, 70 años después, le había asestado la primera gran derrota a los nazis. Este relato fue posible armarlo gracias al testimonio brindado por una testigo directa de aquellos episodios: la señora Elvira Iglesias de Voulminot. El pais digital http://www.elpais.com.uy/091220/pciuda-461033/ciudades/el-hombre-que-dijo-no-al-graf-spee
Jesús y la política en su época Por el R. Padre Carlos Mugica La relación entre fe cristiana y compromiso político es el tema número uno de la reflexión teológica contemporánea. Por eso no resulta demasiado sorprendente que Oscar Cullmann, uno de los más importantes teólogos del protestantismo actual, considerado por los católicos, protestantes y judíos sin distinción como el mejor exegeta tal vez, que hay hoy del Nuevo Testamento, se ocupe de la relación que existió entre el Jesús histórico y los revolucionarios de su tiempo. Nadie ignora que a partir del Concilio Vaticano II, que con su histórica Constitución Pastoral Gaudium et Spes (La Iglesia en el Mundo Contemporáneo, 1964) y, sobre todo, con la Encíclica Populorum Progressio (1966) de Pablo VI, el tema de la relación entre la fe y el compromiso político es el que ha absorbido la atención de los teólogos y pensadores cristianos. Y el proceso se ha ido acentuando cada vez más. Basta hojear la revista Concilium, que reúne a los más importante teólogos renovadores europeos y comienza a darle amplia cabida al tema en sus páginas. Es cierto que en los países llamados desarrollados, que con más precisión desde el Tercer Mundo son señalados como subdesarrollantes, la problemática teológica es mucho más conflictiva ya que se cuestiona la esencia misma del mensaje revelado. Como decía un gran teólogo, “allí la mordedura llegó hasta el hueso”. Se cuestiona no sólo la legítima pretensión de la Iglesia de ser la sucesora de los apóstoles, sino la misma divinidad de Cristo, a quien se pretende presentar como el prototipo del hombre para los demás, pero no necesariamente como el Hijo de Dios. Al reducir a Cristo a una dimensión meramente humana, presentándolo como el hombre que llegó al fondo en la capacidad de amar, en la entrega a los hombres a través de su máxima manifestación, dando la vida por ellos, se dinamita el dogma básico de la fe cristiana: la Resurrección. San Pablo enseña: “Si Cristo no resucitó, los cristianos somos los hombres más estúpidos de la tierra”. Y tiene razón. Si Cristo no resucitó, no hay salida para los ciegos, paralíticos y esquizofrénicos de este mundo, por más revoluciones sociales que se propugnen. El marxismo, pienso yo, encuentra su límite más terrible en el pasado. No hay salida trascendente para los que ya murieron. Para el cristianismo no hay más que una sola vida, pero que tiene tres instancias: la histórica, que podemos llamar vida uterina, luego viene el parto que es la muerte, para acceder finalmente a la vida plenamente creadora: la vida eterna, que supone entrar a compartir la existencia tremendamente fecunda y gozosa de Dios. Es entrar, por decir así, a crear desde Dios, nuevos mundos. Y precisamente, por ser totalmente creadora, la existencia se vuelve totalmente dichosa. No obstante esta preocupación constante por salvar el basamento mismo de la fe cristiana los teólogos europeos comienzan a reflexionar sobre el tema de la religión y la política porque muchos jóvenes, hoy, en Europa, entran en crisis de la fe al sentir que el modo de presentación del mensaje cristiano y el rol que desempeña la Iglesia aparecen como sustentadores de una sociedad que agoniza, del orden establecido, al que Hélder C"mara llama el “desorden establecido”. Sin duda a nivel cristiano fue decisiva en este punto la toma de posición del Magisterio de la Iglesia y, sobre todo, de Pablo VI. En la Constitución Pastoral La Iglesia en el Mundo Contemporáneo, el Concilio exhorta a los cristianos a comprometerse en la creación de una sociedad nueva y a ampliar el campo del compromiso solidario al mundo entero. La encíclica Populorum Progressio precisa más el campo de atención y de acción. Es la Carta fundamental del Tercer Mundo desde la perspectiva católica. No basta ya luchar para que desaparezcan los individuos ricos y pobres, sino que se trata de acabar con los países ricos y los países pobres. No se trata de que los pueblos ricos ayuden a los pueblos pobres sino de que los pobres dejen de ser pobres. Realizar una acción que signifique a nivel de pueblos lo que Hélder C"mara quiere para el campesino miserable del Nordeste brasileño: “ayudar al hombre a ponerse de pie”. No se trata de “pararlo” paternalísticamente sino de ayudarlo a ayudarse. Aceptar el surgimiento original e inédito de los pueblos del Tercer Mundo. Claro que este planteo de Pablo VI parece ingenuo. Porque para que surjan pueblos nuevos los países dominantes deben renunciar a sus apetitos imperiales. Esta necesidad de atender a las crisis internas de las iglesias que corrían el riesgo de desaparecer con el cambio generacional es la que en última instancia ha obligado a los teólogos europeos a mirar más allá de sus narices y advertir que existe un Tercer Mundo. No hay duda de que Pablo VI, con su ejemplo, ha contribuido a empujarlos. Por eso no sorprende demasiado hoy que Cullmann, el gran exegeta protestante contemporáneo, amigo personal de Pablo VI y observador en el Concilio Vaticano II, se ocupe de la relación entre fe y militancia política. Es la primera vez que lo hace, ya que hasta ahora sólo le preocupó la relación entre fe e historia desde una perspectiva más distante. Pero es indudable que él mismo ha contribuido a este “aterrizaje” de la teología católica y protestante actual. Con su Cristo y el tiempo, Cullmann fue uno de los pioneros de este siglo en señalar el sentido evolutivo de la formación de la fe y la relación entre revelación e historia humana, mostrando que Dios no sólo se revela a través del mensaje bíblico sino también a través de la historia humana, a través de lo que Juan XXIII llamará después “los signos de los tiempos”. Por eso es que hoy son muchos los teólogos que afirman que Dios se revela ante todo y principalmente a través de la Biblia pero que también lo hace, a otro nivel ciertamente, a través del Corán, Marx, Freud o Einstein. El Cardenal Bea, hablando a cristianos, protestantes y musulmanes, les decía: “Tenemos que compartir la porción de verdad que hay en cada una de nuestras religiones para acercarnos más al Dios que todos amamos”. Y Pablo VI, en su discurso a los observadores del Concilio (Cullmann, entre ellos), dirá: “Ustedes (protestantes, ortodoxos) y nosotros (católicos) estamos en un mismo camino, y vamos hacia una novedad que debe ser engendrada”. Esto no significa que la Iglesia Católica renuncie a nada de lo que construye su esencia, sino al contrario, que explicite todas las virtualidades que contiene en su seno. El acto académico de la inauguración de los cursos de 1969 de la Facultad libre de Teología protestante de París fue la ocasión para que Cullmann, a través de su trabajo Jesús y los revolucionarios de su tiempo incursionara por primera vez en el campo de la teología política. Es una obra breve, concisa, de 87 páginas, en la que Cullmann nos propone desde el Evangelio, y con el rigor histórico que el tema exige, las bases para reflexionar sobre la relación entre la fe y el compromiso político. Lo que le preocupa a Cullmann en primero lugar es cuál fue la actitud concreta de Jesús, qué fue lo que Él hizo y dijo en relación al poder de su tiempo, cómo se situó el Jesús histórico frente a los factores de poder que hoy tiene que encarar un cristiano. Ciertamente que, en el mundo en que se movía Jesús -la sociedad teocrática de Israel, donde lo religioso y lo político aparecían íntimamente fusionados- el problema era más grave y difícil. Cullmann demuestra que Jesús de Nazareth no puede ser encuadrado en ninguno de los principales movimientos de su tiempo. Su obediencia radical a la voluntad divina, que se asienta en su íntima comunión con Dios y en la espera de su Reino y su justicia, no se acomoda ni a la perspectiva de los grupos que defendían el orden establecido en Palestina, ni a la de los que combatían por la violencia. Al analizar el comportamiento histórico de Jesús, Cullmann no niega la necesidad que hoy experimenta un cristiano acerca de cómo situarse frente a las distintas manifestaciones del poder; crear en el cristiano la base que le permita plantear correctamente el problema, eludiendo simplificaciones reducidoras, fruto de posiciones ideológicas dogmáticas que conducen a un Cristo pacifista a outrance, o a un Cristo guerrillero. Es importante señalar que, para un cristiano, el Jesús histórico es un punto de referencia fundamental para reflexionar sobre la validez de su compromiso, pero sin olvidar nunca que Cristo sigue hoy vivo y actuante a través de la historia, a través de su Espíritu, que se expresa particularmente -para los católicos- por el Magisterio de la Iglesia. Planteo del problema Ubicando a Jesús en su tiempo, lo encontramos enfrentado a un movimiento de resistencia religiosa y política: el movimiento zelota. Los zelotes luchan por medio de la violencia contra la autoridad establecida, en la que ven la expresión del paganismo e imperialismo romanos, opuestos a su religión monoteísta y a su libertad como pueblo. Cuando Jesús entra en la vida pública, el problema número uno de Palestina es la resistencia al invasor romano, problema religioso y político a la vez. Hoy en día, en que tanto se habla de teología de la revolución, se corre el riesgo de hacer de Jesús pura y simplemente un rebelde zelota. Cullman afirma que esto se explica, dado que la condenación jurídica de Jesús no es decretada por los judíos sino por los romanos, que sólo se preocupaban de la actitud política de la gente. Esto es demostrado por Cullmann de manera indudable, sobre todo cuando señala que Jesús fue ejecutado al modo romano, es decir, mediante la crucifixión, y no con la pena de muerte judía, que era la lapidación. Además, la inscripción sobre la cruz, “Jesús rey de los judíos”, aludía claramente a la razón política de la ejecución: éste pretende ser Rey, por lo tanto sustituir al César. Para poder ubicar bien a Jesús en su contexto histórico y percibir la originalidad de su vida y su mensaje, es indispensable advertir -como lo muestra Cullmann- que en los evangelios hay dos categorías de textos, que aluden a palabras y gestos de Jesús: 1) por un lado, los que aproximan a Jesús al zelotismo: a) los que se refieren a la aproximación creciente de Jesús a las masas, b) sus crueles ironías hacia los gobernantes, c) el tener entre sus discípulos a tres antiguos zelotas: Simón el Zelota, Simón Pedro, y Judas Iscariote; d) su condenación por los romanos que lo creían agitador zelota, etcétera. 2) Por otro lado, están los textos en que Jesús aparece como adversario de toda violencia y de toda resistencia política a) las parábolas de la no-violencia, b) el amor a los enemigos, c) orden de no usar la espalda para defenderlo, d) rechazo enérgico de todo elemento político en su misión divina, etc. En esta línea se puede afirmar que la gran tentación que Jesús rechazó como satánica fue la de erigirse en líder político, en jefe revolucionario. La raíz común de las dos series de textos contrapuestos está en la esperanza central de Jesús: la espera del Reino que va a venir. Para Jesús, el Reino que va a venir, viene por obra de Dios antes que por obra del hombre. Por eso, todos los fenómenos de este mundo deben ser relativizados, lo que no quiere decir minimizados, sino orientados al Reino definitivo. Así, Jesús, al sacramentalizar el amor humano, lo relativiza, es decir, muestra que tiene relación a una instancia más profunda en que realiza el amor pleno y total. Esa instancia es el amor en Dios. El temor a la afirmación de Marx, “la religión es el opio del pueblo” -que históricamente ha tenido validez en muchos casos- no debe impedir el percibir originalidad del mensaje de Cristo, que es evidentemente escatológico (es decir, que mira el fin de los tiempos). Hélder C"mara, Luther King, y Camilo Torres, que son su solo testimonio invalidan la objeción de Marx, si se le quiere dar un alcance universal, nunca perdieron de vista que la revolución no significa la instalación del Reino de Dios en la tierra, y que debe ser permanentemente revolucionada y criticada desde la fe, hasta que el Señor vuelva. Ciertamente, esa crítica sólo se podrá ejercer honestamente, a los ojos de los hombres de nuestro tiempo, desde adentro del proceso, participando de la acción revolucionaria, aunque se la relativice en el sentido antes expuesto. Por eso Cullmann señala que la esperanza del Reino futuro (que no es de este mundo), que totaliza la perspectiva de Jesús, no lo aleja a Él de la acción en este mundo que pasa, y para este mundo que pasa. Jesús y el culto Es evidente que Jesús se sitúa en una actitud crítica frente a todas las instituciones existentes en su tiempo. Forman parte del mundo pervertido que pasará y no tienen, por lo tanto, ningún valor eterno. Jesús es el revolucionario más ambicioso de todos los tiempos, ya que no pretende acabar la explotación del hombre por el hombre, no apunta a una sociedad nueva sin injusticias, sino que pretende crear una nueva vida, un nuevo modo de existir absolutamente impensable para el hombre, e imposible de alcanzar con sus solas fuerzas: la vida divida. Es cierto que comenzar a vivir esta nueva vida traerá, como consecuencia, cambios profundos en las relaciones humanas y posibilitará la creación de una nueva sociedad. Pero Jesús no pierde el tiempo participando en una acción que encare la destrucción de las estructuras corruptoras mediante la violencia. Él no quiere desviar los corazones de su predicación, que es el Reino de Dios, que no es de este mundo. Se trata de un nuevo modo de existir, insospechable para el hombre. Fue necesaria la Encarnación del Hijo de Dios para que el hombre pudiera aceptarla. Así como el mono jamás soñó en convertirse en hombre, la vida divina que Cristo trae al hombre resulta tan desproporcionada a sus apetencias terrenas, que Theilhard llama el salto mortal en la línea de la evolución: el paso del hombre a la vida transhumana, a la vida cristificada. Jesús cambia en el culto todo lo que se opone a su radicalismo escatológico, todo lo que atenta ya, entonces, contra la nueva vida que anuncia, vida que supone el sano desarrollo en libertad de la interioridad del hombre. Cristo acaba con el culto alienante y exige un culto a Dios que se traduzca en la liberación real del hombre. Por eso Pablo VI dice en su discurso de clausura del Concilio del 7-12-71: “Nosotros, los cristianos, más que nadie, tenemos el culto del hombre”. Y dice verdad. Porque en la enseñanza de Cristo, el modo no ilusorio, no tramposo de glorificar a Dios, es el amor real y comprometido al hombre: “Ustedes son mis discípulos, si se aman unos a otros”. Jesús no reniega de la tradición. Elimina de ella los elementos que impiden captar con pureza la radicalidad de su mensaje. Hoy sucede algo parecido con las corrientes renovadoras de la Iglesia, que postulan la socialización de los medios de producción y el advenimiento del socialismo. Buscan su apoyo en la auténtica tradición de la Iglesia, desvirtuada en los últimos siglos por el individualismo capitalista. Y esta auténtica tradición se refleja ante todo en el Nuevo Testamento, que asienta por escrito las vivencias de las primeras comunidades cristianas. Y allí se ve, desde el vamos, los primeros cristianos vivieron en comunidad de bienes. Mientras resonaban con fuerza en sus oídos las enseñanzas del Maestro, prescindieron de la propiedad privada individualista. A medida que se fueron alejando de su origen, este rigor hacia la propiedad individual fue desapareciendo, aunque siempre en la historia de la Iglesia existieron comunidades de hombres que mantuvieron una distancia radical frente a la posesión de los bienes. Basta recordar a San Francisco de Asís. La actitud profundamente trascendente de Jesús lo lleva a descartar todo lo que se oponga al mundo directo de su mensaje escatológico, y lo llevó a enfrentarse con los defensores de la letra de la ley y con los zelotes nacionalistas sectarios. Porque Jesús viene a anunciar el plan divino no sólo a Israel. Aunque reconoce su peculiar ubicación en la redención, si no a todos. De ahí que su fraternal apertura hacia los paganos y samaritanos escandaliza a los judíos, y en particular a los zelotas, cuyo odio al extranjero era ilimitado. Cuando los hombres de hoy luchan por extirpar las clases que dividen a los hombres en explotadores y explotados, y se oponen al neocolonialismo y al imperialismo, están reconociendo en la práctica, tal vez sin advertirlo, la fuerza del mensaje que Cristo trajo hace dos mil años. Jesús y la cuestión social Los Evangelios muestran con meridiana claridad que Jesús estigmatiza sin piedad a los ricos y predica con inusitada violencia contra la injusticia social. Jesús anuncia por un lado, que a la luz del Reino que vendrá, la diferencia entre ricos y pobres es contraria a la voluntad divina. Este juicio sobre el orden social de su tiempo, es como tal, un juicio revolucionario. Pero Jesús como ya dijimos, no apunta a voltear el orden social directamente. Él exige otra cosa de sus discípulos: cada uno debe aplicar individualmente desde ahora las normas del Reino futuro. Cada hombre, como individuo, debe ser cambiado por la ley del amor. Jesús se preocupa por hacer desaparecer en el individuo el egoísmo, el odio, la injusticia, la falsedad. Esta enseñanza de Jesús sigue siendo hoy indispensable. Si todos los que hoy en la Argentina nos decimos cristianos, realizáramos a fondo nuestra revolución interior, pasáramos de la injusticia al amor, ciertamente que la configuración de nuestra sociedad seria otra. Y no se daría, por ejemplo, el hecho escandaloso de que solamente en Buenos Aires haya 120.000 departamentos vacíos y más de 2.000.000 de personas viviendo en villas miseria y conventillos. Sin hablar de “cristianos” con dos o tres casas, que viven lo más “panchos”, ignorando la situación de miseria de sus hermanos en la fe. Es cierto, como ya antes quedo señalado, que el Magisterio de la Iglesia enseña que la conversión del corazón, para no ser ilusoria, supone hoy una acción política eficaz que busque eliminar las injusticias estructurales. Y que sea natural que una profunda conversación del corazón lleve al compromiso revolucionario, que busque acabar con la explotación del hombre por el hombre como lógica consecuencia. Ortega decía: “El hombre es él y su circunstancia”. Después de Marx, esto no puede ser ignorado por los cristianos. Y toda la enseñanza actual de la Iglesia exige atender ciertamente a la conversión personal, pero simultáneamente a “la circunstancia”, que en ciertas situaciones puede ser determinante de las actitudes interiores. Pablo VI señala en su Carta al Cardenal Roy, refiriéndose a la insensibilidad social de los grandes empresarios, fruto de su tren de vida: “Muchos involucrados en las estructuras y condicionamientos modernos están determinados por sus hábitos de pensamiento, sus funciones, cuando no lo están, también, por la salvaguarda de sus intereses materiales”. Es cierto, sin duda que la cuestión se resolvería por sí misma si cada individuo se convirtiera tan radicalmente como Jesús lo exige. Pero también es cierto que el condicionamiento estructural puede penetrar hasta la interioridad de la persona e imposibilitarla para el cambio profundo. De ahí que hoy resulta inseparable en el cristiano la conversión del corazón y la acción política que busca la conversión de la sociedad. Los primeros cristianos se tomaron en serio las enseñanzas de Jesús. Por eso vivían en comunidad de bienes (Actos de Apóstoles, 4,36 / 5,4). Y su testimonio hizo explotar la institución madre de la opresión romana: la esclavitud. Jesús y la cuestión política Jesús fue condenado a muerte por Pilatos como rebelde político, como zelota. Su mensaje trascendente resultó incomprensible, tanto para la mentalidad teocrática y sectaria de los zelotas como para la mentalidad pagana de los romanos, que se engañaron acerca de las verdaderas intenciones de Jesús. Su esperanza escatológica, es decir, de la realización plena del Reino fuera del tiempo, llevó a Jesús a una actitud agudamente crítica frente al poder romano que lo hizo aparecer como zelota. Y los movimientos populares que suscitó su acción, indudablemente aparecían, ante los ojos de los romanos, como levantamientos contra el orden establecido. El Sanhedrín, como lo muestra el evangelista Juan (Juan 11-48), al advertir que el movimiento popular a favor de Jesús se agranda día a día, toma la decisión de denunciarlo como rebelde político a los romanos, para que la acusación no recayera sobre él . Cullmann demostró en su momento, en Dios y el César, que Pilatos no se limita a ratificar una pena aplicada por los judíos, sino que es el que eficazmente juzga a Jesús. En Getsemaní es la cohorte romana -y no los judíos- la que apresa a Jesús. Es cierto que la responsabilidad moral le cabe al Sumo Sacerdote y al partido del Sanhedrín (y no al conjunto del pueblo judío), pero la responsabilidad jurídica corresponde exclusivamente a los romanos. Es cierto que Jesús es condenado por zelota, por revolucionario, pero esta acusación de ninguna manera significa que Cristo fuera realmente zelota, sino que su actitud trascendente, profundamente religiosa, escapaba a toda posibilidad de comprensión por parte de los paganos. En los Evangelios se ve con claridad que Jesús elude los movimientos populares que suscita con su acción, sobre todo cuando el pueblo trata de hacerlo rey (Juan 6-15) y los zelotas perciben que no quiere adherirse a su partido ni hacer causa común con ellos. Jesús se atribuye a sí mismo la profecía de Isaías, que presenta al Mesías como al siervo de Jahvé, como un varón de dolores, y considera como la tentación capital de su vida la de erigirse como líder político. Esto queda sugerido en el episodio misterioso de las tentaciones en el desierto. A la proposición del demonio de constituirlo en rey y señor del mundo, Jesús contesta: “Apártate, Satán” (Mateo 4,10). Y se resiste a ser llamado Mesías. Prefiere designarse a si mismo como Hijo del Hombre. Es realmente significativo que prefiera este titulo aun al de Hijo de Dios. Para los cristianos que miran a Jesús con los ojos de la fe, éste es un índice más de compromiso definitivo del Dios Hombre con los hombres. Cuando se pretende usar la violencia para impedir su detención, se opone enérgicamente. Y coherente con la afirmación de su mensaje trascendente, responde a la pregunta de Pilatos: “Mi reino no es de este mundo”. Un elemento original de su mensaje, tal vez el más profundo, coloca a Jesús por encima de los antagonismos de su tiempo. El amor a los enemigos. Es cierto que, de suyo, el amor al enemigo no excluye necesariamente el enfrentamiento, incluso violento, con éste, en situaciones extremas como se ha dado tantas veces en la historia, pero Jesús traza las líneas ideales de conducta, validas para todos los tiempos y que suponen para el cristiano en situación de lucha o aun de guerra una permanente tensión de reconciliación. Cuando Él dice que no vino a traer la paz sino la espalda, de ningún modo esta recomendando la guerra santa: constata que la decisión que su mensaje exige de los hombres provoca disensiones entre ellos y puede suscitar la persecución en sus discípulos. La historia reciente y actual muestra como las palabras de cristo tienen plena vigencia. Luther King, el apóstol de la no-violencia, es eliminado violentamente. Es que el mundo no puede soportar el mensaje cristiano cuando se expresa con su fuerza original. Las palabras de Jesús: “si a mi me persiguieron, los perseguirán a ustedes”, son para siempre. Pueden dar buena fe de ellas los laicos, obispos y sacerdotes de América Latina, que por su fidelidad al Evangelio sufren hoy las consecuencias de la violencia institucionalizada. Conclusión La actitud de Jesús en el Evangelio es de una profunda unidad. Él quiere afirmar a fondo la trascendencia de su mensaje, su originalidad en un mundo cerrado en la inmanencia. Sin embargo, es fundamental tener en cuenta, como lo señala Cullmann, que su actitud no puede ser transpuesta sin más a nuestros días. Son muchos los teólogos que afirman hoy, Cullmann entre ellos, que en la perspectiva de Jesús el fin del mundo era inminente y, por lo tanto, poco importaba cambiar las estructuras de la sociedad. Es importante entonces, como lo dijimos antes, no absolutizar al Jesús histórico cuando lo buscamos como norma para orientar nuestra actitud frente al compromiso político y la revolución. Para los cristianos, Jesús es el cristo resucitado que, vivo y lleno de fuerza, sigue conduciendo a su pueblo a través de la Iglesia, de su Magisterio y de la Historia. El cristiano de hoy, convencido de que estructuras injustas dificultan la conversión del corazón, no debe olvidar jamás la necesidad de la revolución interior. En la Unión Soviética se ha realizado una revolución social y económica, que duda cabe. Pero la burocracia parasitaria que impide al pueblo una real participación en el poder político es una realidad indudable. Por más revolución social que se propugne, y hoy es absolutamente indispensable encararla en los pueblos del Tercer Mundo, será necesario realizar el proceso interior de la conversión continua del odio al amor para buscar el poder no para dominar sino para servir. Un no cristiano genial de nuestro tiempo parece haberlo comprendido. Cuando Mao realiza la revolución cultural y habla de la necesidad permanente de revolucionar la revolución esta postulando precisamente un cambio hondo del corazón, como también lo exige Jesús. Este trabajo de Cullmann es un aporte importante para la reflexión de los cristianos, que hoy, tal vez con más seriedad que nunca, asumen el compromiso político y la lucha revolucionaria porque comprende que el Reino de Dios comienza ya en este mundo. Para no falsear su testimonio será importante “no tener vergüenza del Evangelio” (Epístola a los romanos 1,16) que siempre, en alguna de sus dimensiones, será considerado “locura” por el mundo. Se trata de usar de las cosas de este mundo, buscando su transfiguración, pero como “si no se las usara”. Esta tensión entre estar en el mundo luchando por la liberación del hombre en todos los frentes, sin ser del mundo, sin hacer de esta instancia terrena el destino definitivo, es lo que Cristo exige hoy al cristiano, y éste es el desafió que debe asumir sin claudicaciones para ser la sal de la tierra, mas allá de su fragilidad e impotencia. R. P. Carlos Mugica Publicado en La Opinión Cultural del domingo 12 de marzo de 1972, págs. 4 y 5. Texto gentileza de www.elhistoriador.com.ar Fuente: Agenda de reflexion ( http://www.agendadereflexion.com.ar/2010/01/06/589-jesus-y-la-politica-en-su-epoca/ )
¡Hasta cuando la mentira, Cristina! Todo parece indicar que los Kirchner han decidido movilizar gente para todos lados. El operativo montaje (para hacer ver que el país esta mucho mejor) está dando resultado. Miles de militantes K recorrieron negocios de todo el país, comprando como locos, para hacerle creer a toda la gente que entre las ventas navideñas y hasta reyes hubo un crecimiento de entre el 15% y el 16% comparado con el mismo periodo del año anterior. Luego esos miles de militantes realizaron reservas a hoteles, cabañas, complejos turísticos, camping y paradores varios para seguir con la mentira. Incluso hicieron el depósito anticipado y se fueron de vacaciones para contradecir la realidad. (Es impresionante como los militantes comprometidos se las juegan. Incluso algunos seguidores del matrimonio K hicieron el esfuerzo y montaron una gran temporada en las tradicionales ciudades brasileras y hasta en Punta del Este. Está casi comprobado que miles de militantes del conurbano pusieron a disposición de la causa sus propios autos y congestionaron a propósito la ruta 2 para que pareciera algo que no es. Otro caso increíble es el montaje que realizaron los K con el tema del Dakar. El más de millón doscientas mil personas que lo siguió a la vera de las rutas en los 9 días que estuvo en el país habría sido un gran acto de despliegue de etapa por etapa para que el mundo creyera que tenemos plata para seguir la competencia con asado, carpas, viajes y otros gastos. Sin ir más lejos, en pleno enero, la militancia logró que, para la llegada del sábado y la coronación del domingo de la travesía Dakar, en la propia Ciudad de Buenos Aires hubiera un 60% de ocupación. Se comenta que el operativo “estamos mejor” tiene un as en la manga. Hubo miles de militantes que sembraron soja no rentable en todo el país y en marzo va haber una cosecha record, a pérdida, claro, sólo para contradecir a los pobres chacareros que no dan más. Las famosas 4X4 son vehículos de las Unidades Básicas de todo el país que se usan para circular con una calco de “Todos somos el campo”, para esconder las chatas todas viejas y los rastrojeros que se caen a pedazos. Ni hablar de la venta de autos. El gobierno le dio la guita a muchísimos peronistas (más de 500.000) para que comprar un cero KM y pareciera que hubo una reactivación increíble. Hasta cuando con esta mentira Cristina!!! Fuente: http://www.elortiba.org/notatapa3.html

La discriminación en un colectivo Una pareja de haitianos, Noe y Muranor, viajan junto a su hijo Marc, de un año rumbo a casa en el barrio de Flores, Buenos Aires, en un el colectivo 7. Es 10 de febrero, pasada la medianoche. Noe recién terminaba su jornada laboral, Muranor la había pasado a buscar. Conversan en creole, su lengua natal, que mezcla el francés con dialectos africanos. Ríen, juegan con el pequeño. El chofer lleva a su lado a un amigo, que los increpa: “¿Por qué hablan tan alto?”. Muranor se disculpa. Pero el chofer le responde: “Hace 14 horas que estoy trabajando, estoy harto de escucharte la voz”. Muranor le pide respeto y le recuerda que viaja todos los días en esa misma línea. El 7 llega a Belgrano y Urquiza, en Once. El chofer grita: “Hijo de mil puta, bajá”. Muranor se niega; el niño llora. El chofer estaciona frente a la Comisaría 8°, en Urquiza al 500. Saluda al policía de la puerta y le dice: “¿Podés bajarme a esta basura?”. El policía sólo les pide los boletos, y se retira luego de que Noe se los mostrara. Más adelante el colectivero volvió a la carga con dos clásicos: “Negros de mierda” y “vuélvanse a su país”. Marc lo miraba. ¿Cómo se responde a un insulto? La denuncia fue registrada en el INADI (Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo) al día siguiente, jueves 11. El 25 se presentó también en la Comisaría 1° (Lavalle 451) y la causa se encuentra actualmente a cargo de la Fiscalía número 5 de la Justicia Contravencional de Buenos Aires. Asesorando a la familia pero sin patrocinio oficial está un cuerpo de abogados de la Clínica de Derechos de Inmigrantes y Refugiados, que articula el trabajo de profesionales del CELS, la Comisión de Apoyo al Refugiado (CAREF) y estudiantes de la Universidad de Buenos Aires. El coordinador es el abogado del CELS Pablo Asa. El martes 16 de marzo, la familia se reunió además con el abogado de la Comisión Nacional de Regulación del Transporte. ¿Qué dejó la charla? Si se certifican testigos de lo ocurrido, la CNRT se compromete a sancionar severamente a la línea de colectivos. Evaluarán también un pedido público de disculpas. El abogado Pablo Asa describe: “Hay algo perverso en el sistema de protección del transporte, que habla de sus falencias. La CNRT no sanciona personas, sino empresas. Y eso no tiene demasiado sentido, al menos en este caso. Lo caratulan entonces como ’sanción por mal servicio’, pero ni se habla de la discriminación”. Además, explica, la empresa no colaborará con la búsqueda de testigos para evitar ser sancionada. En la reunión también se cruzó el tema del despido del chofer por parte de la empresa. Según Pablo, la propia Noe intervino, dando una muestra de cómo ponerse en el lugar del otro, pese a haber sido atacada a insultos: “No, no queremos despidos, el chofer debe tener una familia para mantener”. La imbecilidad racista sería incapaz de semejante gesto. Que pidan disculpas ¿En qué se diferencia este caso de un simple incidente en un colectivo, y lo transforma en un tema de derechos humanos? Pablo Asa: “La causa es parte de un grupo de casos que tienen que ver con personas en una especial situación de vulnerabilidad. Muranor, por ejemplo, es migrante y refugiado. Pocas víctimas de este tipo de hechos hacen la denuncia. Por eso nos interesó el caso”. Ahora se está buscando al propio policía que hizo caso omiso al reclamo del colectivero de bajar a Noe, Muranor y su hijo. En la Comisaría parecería que tal persona no existió: ”Dicen que no había oficial de servicio en el momento del hecho, lo que es mentira”, dice el doctor Asa. Un joven que viajaba esa noche y muchas otras junto a Noe ya anticipó que tiene pocas ganas de prestar declaración. En tanto, el INADI elabora un informe técnico que buscará testigos, pruebas y la reconstrucción de la secuencia. Sin poder resolutivo, el documento servirá en la instancia judicial a modo de prueba para la defensa. El mismo 25 de febrero de la denuncia, a cargo de la Asociación Civil África y su Diáspora, y de la Organización de Haitianos en la Argentina, se realizó un acto en Maipú 88 en repudio y denuncia ante la Comisión Reguladora del Transporte (CNRT) a raíz del caso de los haitianos. Los manifestantes se plantaron frente a los colectivos, mostrando sus sonrisas y sus pequeñas pancartas: “Basta de racismo”. Hace 16 años que Noe reside en el país y 13 que sube a la línea de colectivos 7 todas las madrugadas. Noe: “Queremos que el chofer pida personalmente perdón a todos nosotros. Y cuando digo a todos nosotros, no es a mí que soy morocha. Hay un montón de extranjeros negros que estamos hartos de la discriminación”. Pablo afirma: “Noe y Muranor quieren hacer algo por su hijo de un año, que es argentino. No quieren que el día de mañana vaya al colegio y lo discriminen”. Noe, Rose y un desconocido La historia tiene paralelos inesperados. En 1955 Rosa Parks fue condenada por sentarse en un asiento de colectivo en Alabama, Estados Unidos. Según la entonces vigente ley de segregación, los asientos de las primeras cuatro hileras del transporte estaban “reservadas” para las personas blancas. No para gente como Rose Parks. Se negó a ceder su asiento porque “sintió que no podía seguir siendo maltratada de esa manera”, según declararía más tarde (y tan parecido a lo que plantean hoy Noe y tantos otros discriminados en la Argentina). Su juicio duraría menos de 30 minutos; tuvo que pagar 14 dólares por “violar el orden público”. Con el caso Parks como estandarte, miles de personas acompañando a un todavía desconocido Martin Luther King, organizaron un boicot al transporte público que duró más de un año. La Corte Suprema de los Estados Unidos decidió en 1966 la inconstitucionalidad de la ley de segregación. Rose Parks fue condecorada con la medalla de oro del Congreso norteamericano 44 años más tarde. Noe no busca nada de eso. Sólo vivir en paz, trabajar, viajar en colectivo, y que su hijo no pase por situaciones similares. Nadie sabe si logrará que le pidan disculpas al menos en los próximos 44 años. FUENTE: http://lavaca.org/notas/la-discriminacion-en-colectivo/
Artigas. La revolución de mayo y la unidad hispanoamericana Prólogo de Alberto (Tucho) Methol Ferré a la obra de José María (Pepe) Rosa Introducción Y así tenía que ser, así será y haremos que sea. ¿Quién puede rescatar a Artigas sino el pueblo? ¿Qué otro puede lograr que Artigas preste oídos desde su reclusión? ¿Puede volver, en su ley, de otra manera? Así lo quiso voluntariamente - sordo a los requerimientos de retorno del gobierno uruguayo - y quedó aferrado treinta años a la vida de muerto del destierro en sus selvas paraguayas, los treinta años más pobres, heroicos y mudos; víctima y testigo insobornable de la frustración de la unidad nacional. Por eso Artigas sólo retoma vigencia por la empresa de unidad nacional y popular latinoamericanas. Recién ahora el exilio de Artigas está tocando su fin. Una cosa remota, un drama que nos enseñaron como concluso. José María Rosa - aunque no lo formula extensamente, viene a decirnos que no, que todavía no tuvo desenlace y que es esta nuestra tarea. Un drama del ayer que se trasmuta en fuerza y justicia de nuestra esperanza. Su recuerdo - y recuerdo es repasar el corazón de nuestra vida - será cada vez más presencia. Y ella nos pone de lleno en el centro de la actualidad rioplatense, en una dualidad cuyos términos se encuentran en guerra: por un lado la ausencia de una política nacional, por otro la emergencia avasallante de la conciencia histórica nacional. Esa es nuestra crisis de hoy: la contradicción entre la supervivencia de una política antinacional ascendente. Nuestra tragedia y asfixia reside en esa contradicción aún no resuelta. Una conciencia histórica eminentemente popular que todavía no se ha hecho política vigente. Una conciencia histórica impuesta por la oligarquía y el imperialismo, en declinación, delgada y anémica, que todavía es política. Claro que ese desencuentro entre conciencia nacional y política oficial tiene mucho más intensidad en Argentina que en Uruguay, pero no tengo duda, dentro de poco emparejaremos todo. Tenemos, pues, los términos del conflicto, la batalla entre conciencia histórica popular que no genera la política total, y una política que ha perdido pie en los estratos de la creencia colectiva y aparece hoy retrospectivamente al desnudo, tal como fue: minoritaria, oligárquica, antinacional, desde su origen mismo. Si, como anota Rosa, “la historia es el alma de los puebles”, nos encontramos que habíamos perdido el alma. Porque la dependencia de un pueblo, la balcanización, es derrota, es quedar forzado a una historia que hacen otros, es una pavorosa alienación colectiva padeciendo la historia desde fuera, desviviéndonos. Tal nuestra desgracia, la de Latinoamérica entera: más que vivir hemos desvivido. Historia desvivida es la que sólo cuenta con martirios (se entiende que hablo en términos políticos y no religiosos). Historia desvivida es la que encuentra en la revista Sur su expresión. Alienarse es desvivir, alienarse es exilio y éxodo. ¿Dónde se nos fue el alma? Y aquí nuestra gran paradoja: los destierros y muertes de San Martín, Artigas, Bolívar, Rosas, Solano López, Facundo, El Chacho y tantos otros, ¿fue de ellos o nuestro? ¿Quién se exiló, Artigas o el Uruguay? ¿San Martín o Argentina? Una vez dije que nuestra historia era una “dialéctica de los destierros”, de los que partían y los que quedaban, de vencedores y vencidos. Y todo ello agravado porque los hombres que encarnaron lo nacional fueron dos veces muertos, pues es sabido la historia la escriben los vencedores, en este caso sus socios nativos. A unos los mataron enterrándolos en una presunta “barbarie”, a otros los tergiversaron y les admitieron una gloria falsa. Esto fue una obra consciente, sistemática, realizada por la oligarquía en especial a través de su más lúcido representante que fue Mitre. El mismo decía, que “historiar es gobernar”, y nos legó la más acabada interpretación antinacional de nuestra historia, que todavía obnubila al pueblo en las aulas…, aunque no en la calle. PRÓLOGO A “ARTIGAS. LA REVOLUCIÓN DE MAYO Y LA UNIDAD HISPANOAMERICANA” DE JOSÉ MARÍA ROSA Revisionismo: triunfo de una política nacional El creciente poderío popular, su necesidad imperiosa de hacer de una vez la historia por sí y para sí, está produciendo la destrucción de la engolada historia oficial. La fuerza del pueblo - que agudiza las contradicciones de la oligarquía y hace reducir su propia ideología a retórica acudiendo sólo a los resortes de la coacción - le hace ver cada vez más claro, y por ello surge el revisionismo histórico como autoliberación de la vieja y mentida historia que servía para amansarlo y extraviarlo. José María Rosa nos recuerda que “la historia no es erudición sino hacer político”, y define por ende con justeza al revisionismo.”¿Que se propone el revisionismo? ¿Esencialmente quebrar el coloniaje?”. Así, el revisionismo significa la primicia del triunfo de una política nacional. Luego, realzado, habrá cumplido su objeto y se habrá, derogado como “revisionismo”, haciéndose uno solo con la política concreta de los pueblos libres. La dinámica del revisionismo histórico - vasto movimiento de emergencia, de la propia conciencia en tren de asumir el pueblo su rol protagónico - le lleva a una superación incesante de sus etapas iniciales. Yo diría que la plena reivindicación de Artigas señalará su momento más alto. La razón es sencilla, y nos explicaremos brevemente. En el siglo pasado, la nación hispanoamericana en agraz (España e Indias) es disgregada por el embate de dos naciones europeas más desarrolladas (Inglaterra y Francia). El proceso revolucionario de independencia de España (radicada definitivamente en Europa) y de unidad nacional americana, también se frustra por presión de Inglaterra, produciéndose un estado de descomposición nacional que dura hasta nuestros días, y con un nuevo usufructuario, los Estados Unidos. Esta descomposición forma una multitud de Estados Parroquiales, a los cuales la enajenación colonial hace creer que son Estados Nacionales. Que los Estados Parroquiales se sienten “nacionales” es la más profunda alienación colonialista. Pero hoy, con la crisis generalizada del imperialismo y el ascenso de los pueblos oprimidos, se abre el tránsito de los Estados Parroquiales, hijos de la balcanización, hacia el estado Nacional Latinoamericano. Siempre he negado que Argentina, Uruguay, Paraguay, Venezuela, Méjico, etcétera, etcétera, constituyan Estados Nacionales. ¡De ninguna manera! A Miguel de Unamuno le recordábamos bien a los Estados - ciudad de la antigua Grecia. Somos una multitud de Estados dependientes y una sola Nación, y la independencia será el magno proceso hacia la integración federal del Estado Nacional Latinoamericano. Como es lógico, el revisionismo histórico ha tomado impulso - dentro del área balcanizada - en las zonas que más se asemejan a una Nación. Por ejemplo: Argentina, pero esto tiene sus peligros. El creer que Argentina es una Nación, justamente por ser un fragmento latinoamericano con más volumen que otros, ¡imaginación espacial!, le puede llevar a una perseverancia en una visión parroquial, de campanario, de nuestro verdadero ser nacional. La lucha contra el coloniaje exige ir a los fundamentos mismos, a no quedarse a mitad de camino. De ahí que debemos superar el encierro de los Estados Parroquiales, que ha rebajado a los precursores y héroes auténticamente nacionales a su propia estrechez. Artigas ha sido siempre uno de los más reacios a tal reducción y por ello él es de modo eminente la medida de la madurez de la conciencia nacional en el Río de la Plata. Alberto Methol Ferré [Texto gentileza de metholferre.com] FUENTE: http://www.agendadereflexion.com.ar/2010/10/15/664-artigas-la-revolucion-de-mayo-y-la-unidad-hispanoamericana/
Registrate y eliminá la publicidad! Argentino hasta la muerte Hijo ilustre del general Tomás Guido –guerrero de la Independencia y amigo dilecto y confidente de San Martín- y de doña Pilar Spano –la hija del célebre héroe de Talca, el coronel Carlos Spano-, distinguida dama chilena, se conjugaron felizmente en don Carlos Guido y Spano el austero talento del padre y la gracia poética de la madre. La elevación espiritual de ese ejemplar arraigó en el hijo tanto más hondamente cuanto que éste sentía verdadera devoción por sus padres. Nació en Buenos Aires el 19 de enero de 1827 y aquí mismo transcurrió su infancia y cursó los primeros estudios, hasta que en 1840 su padre, que desempeñaba la embajada de Río de Janeiro, lo llevó a su lado junto con el resto de la familia. Allí empezó a despertar en él, en plena adolescencia, la afición a las letras, las artes y a todo lo bello. Contaba 19 años cuando hizo un romántico y breve retorno a la patria. En 1848, enviado a París porque su hermano Daniel se encontraba allí enfermo, tuvo la gran pena de conocer a su arribo, la noticia de la muerte de éste. El espectáculo de la revolución de aquel año, el mismo año del Manifiesto Comunista, había de distraer su dolor templando su espíritu liberal y afinado. Vuelto a Río y mimado de aquella sociedad, se mezcla a los círculos intelectuales en los que también es muy estimado. De nuevo viaja a Europa visitando esta vez primero Inglaterra, y después a Francia, en cuyas luchas participa quijotescamente. Y en 1852 regresa al país para ser testigo de la revolución de septiembre. Se mantiene al margen de los acontecimientos políticos, dedicándose por entero a la labor literaria, hasta que toma parte de la defensa de Buenos Aires como ayudante del general Angel Pacheco en la revolución de Hilario Lagos. Pero casi enseguida debe partir hacia Montevideo siguiendo a su padre, que había sido desterrado. Ya reestablecida la paz, el doctor Derqui ocupa la presidencia, y lo nombra subsecretario del departamento de Relaciones Exteriores. Nuestro poeta renuncia al cargo en octubre de 1861 y nuevamente va a refugiarse en Montevideo. Sobreviene para él una época de mezquina lucha por la vida que pone a prueba su natural optimismo y despreocupación de las cosas materiales. Debe volver incluso a Brasil, patria de sus primeros sueños juveniles, en misión comercial. Retorna allí al grupo de sus viejas amistades, pero el artista de alma no está hecho para esta clase de empresas, y helo otra vez en patria, entre sus libros y versos, en medio de penurias económicas, con la sola compensación de los afectos familiares. En poco tiempo pierde a sus padres. Asola la ciudad la fiebre amarilla de 1871, y con infinita abnegación y simpatía humana, Guido y Spano se alista como primer soldado en la cruzada defensiva. Pierde también a la esposa. Tantos dolores acumulados parecen deprimirlo profundamente. Pero logra recomponerse y en 1872, siendo ministro Avellaneda del presidente Sarmiento, le confía la Secretaría del Departamento de Agricultura, de reciente creación. Desarrolla allí una proficua labor de dos años y ha de dejar el puesto para correr a la defensa del gobierno en la abortada revolución del 74. Algún tiempo después pasa a la dirección del Archivo General de la Provincia y desempeña también la vocalía del Consejo Nacional de Educación. Al fin, acogido a los beneficios de la jubilación, se retira a la vida privada. Pero se afirma cada día su fama literaria y crece su popularidad alimentada por su natural hidalguía, generosidad y exquisitas dotes. Denunció entonces la manipulación histórica de los Mitre. Murió ya muy anciano el 25 de julio de 1918, habiendo conservado hasta los últimos tiempos toda la frescura y juventud de su espíritu, a pesar del asedio de una artritis incurable que lo postró durante veinte años, rodeado, como un profeta mítico, de jóvenes y viejos que lo visitaban y consultaban como al más respetado patriarca de las letras. Grandes homenajes oficiales y populares se rindieron en su tumba. Fue Guido y Spano un delicadísimo poeta que amalgamó con sello muy personal, el sentido moderno de su poesía con un clásico equilibrio en la expresión de los sentimientos más tiernos y la contemplación casi pagana de la belleza. Se inicia como poeta publicando algunas composiciones en 1854 en la revista “El Paraná”, más tarde publica Ecos Lejanos y en 1871 Hojas al viento. Cantó con particular ternura los afectos del hogar. No es menos notable su prosa elegante y limpia: a la par que deliciosas descripciones desenvuelve con admirable humor, sagaces reflexiones y juicios certeros. Su principal obra de prosista está contenida en Ráfagas, publicada en 1879. Hojas al viento ¡Allá van! son hojas sueltas De un árbol escaso en fruto; Humildísimo tributo Que da al mundo un corazón. Allá van, secas, revueltas En confuso torbellino, Sin aroma, sin destino, A merced del aquilón. Esas hojas los ensueños De la vida simbolizan, Cuando puros divinizan, La ventura o el afán; Son emblemas de risueños Devaneos que en su aurora La ilusión virgen colora, ¡Y que nunca ¡ay! volverán! ¡Hojas mustias y sombrías! ya las ramas que adornaron, Tristemente se doblaron; El pampero sopló allí. Las agrestes armonías Que otro tiempo al aire dieron, De la tarde se perdieron En la bruma carmesí. Allá van, sí, desprendidas Por la ráfagas de otoño. Sin que dejen ni un retoño En su tránsito fugaz; ¡Pobres hojas esparcidas, Por el viento arrebatadas, De las vegas encantadas A que dieron sombra y paz! Nenia (Canción fúnebre sobre la terrible guerra de la Triple Alianza) Llora, llora urutaú En idioma guaraní, una joven paraguaya tiernas endechas ensaya cantando en el arpa así, en idioma guaraní: ¡Llora, llora urutaú en las ramas del yatay, ya no existe el Paraguay donde nací como tú ¡llora, llora urutaú! ¡En el dulce Lambaré feliz era en mi cabaña; vino la guerra y su saña no ha dejado nada en pie en el dulce Lambaré! ¡Padre, madre, hermanos! ¡ay! todo en el mundo he perdido; en mi corazón partido sólo amargas penas hay ¡padre, madre, hermanos! ¡ay! De un verde ubirapitá mi novio que combatió como un héroe en el Timbó, al pie sepultado está ¡de un verde ubirapitá! Rasgado el blanco tipoy tengo en señal de mi duelo, y en aquel sagrado suelo de rodillas siempre estoy, rasgado en blando tipoy. Lo mataron los cambá no pudiéndolo rendir; él fue el último en salir de Curuzú y Humaitá ¡lo mataron los cambá! ¡Por qué, cielos, no morí cuando me estrechó triunfante entre sus brazos mi amante después de Curupaití! ¡Por qué, cielos, no morí!… ¡Llora, llora, urutaú en las ramas del yatay; ya no existe el Paraguay donde nací como tú. ¡Llora, llora, urutaú! Trova He nacido en Buenos Aires ¡qué me importan los desaires con que me trate la suerte! Argentino hasta la muerte he nacido en Buenos Aires. Tierra no hay como la mía; ¡ni Dios otra inventaría que más bella y noble fuera! ¡Viva el sol de mi bandera! Tierra no hay como la mía. Hasta el aire aquí es sabroso; nace el hombre alegre, brioso, y las mujeres son lindas como en el árbol las guindas; hasta el aire aquí es sabroso. ¡Oh, Buenos Aires, mi cuna! ¡De mi noche amparo y luna! aunque en placeres desbordes, oye estos dulces acordes ¡oh, Buenos Aires, mi cuna! Fanal de amor encendido, borda el cielo tu vestido de rosas y rayos de oro: eres del mundo tesoro, fanal de amor encendido. ¿Quién al verte no te admira y al dejarte no suspira por retornar a tus playas? Deidad de las fiestas mayas, ¿quién al verte no te admira? De tus glorias que otros canten, y a la nubes te levanten entre palmas y trofeos. Yo no asisto a esos torneos: de tus glorias que otros canten. Tu esplendor diré tan sólo, si no del ya viejo Apolo con la lira acorde y fina, en mi guitarra argentina tu esplendor diré tan sólo. Voluptuosa te perfumas de junquillos y arirumas; cuando te adornas y encintas, en las áureas de tus quintas voluptuosa te perfumas. Goza del Plata al arrullo llena de garbo y orgullo, criolla sin par, blasonante de tu destino brillante, goza del Plata al arrullo. Triunfa, baila, canta, ríe; la fortuna te sonríe eres libre, eres hermosa; entre sueños, color rosa, triunfa, baila, canta, ríe; ¡Cuántos medran a tu sombra! Tu campiña es verde alfombra, tus astros vivos topacios; habitando tus palacios ¡cuántos medran a tu sombra! Bajo de un humilde techo vivo, en tanto, satisfecho bendiciendo tu hermosura, que bien cabe la ventura bajo de un humilde techo. La riqueza no es la dicha; si perdí la última ficha al azar de la existencia, saqué en limpio esta sentencia: la riqueza no es la dicha. He nacido en Buenos Aires ¡qué me importan los desaires con que me trate la suerte! Argentino hasta la muerte he nacido en Buenos Aires. Fuente: agendadereflexion.com.ar
Registrate y eliminá la publicidad! 60 años de la Constitución Argentina de 1949 Aritz Recalde, enero de 2009 [1] En el 2009 se cumplen 60 años de la sanción de la Constitución Argentina de 1949. Dicho texto fue producto de la soberanía popular, que primero y por intermedio del ejercicio de las facultades del Congreso de la Nación, declaró la necesidad de la reforma constitucional; posteriormente, el pueblo eligió a los constituyentes y finalmente, a través de la ratificación plebiscitaria, institucionalizó el programa de la revolución peronista. El texto tradujo en el ordenamiento institucional del país los anhelos de las organizaciones libres del pueblo, que fueron silenciadas y perseguidas por décadas desde la batalla de Caseros que derrocó a Juan Manuel de Rosas. La línea política, cultural y social del nacionalismo popular inaugurada por San Martín, Rosas y los Caudillos federales, encontró en Hipólito Yrigoyen primero y en Juan D. Perón después, su continuación y expresión programática y política. La Constitución del año 1949 es la expresión concreta en el siglo XX de dicho desenvolvimiento histórico y cultural. Arturo E. Sampay[2] define el termino Constitución como “una estructura de leyes fundamentales que cimenta la organización política del Estado, fijando sus fines y enunciando los medios adecuados para conseguirlos, y que establece, además, la manera de distribuir el poder político y elegir los hombres que lo ejercen. Dicho con otras palabras, la Constitución es el orden creado para asegurar el fin perseguido por una comunidad política, y la que instituye y demanda la órbita de las diversas magistraturas gubernativas”. La Constitución establece derechos y fija deberes de los hombres y colectivos sociales de una nación. El texto constitucional y continuando con la interpretación de Sampay, se divide en una dimensión expositiva que define el esquema gubernativo y de distribución concreta del poder entre los miembros de un territorio (parte Orgánica); y otra dimensión que establece los fines de la nación (parte Dogmática). La parte “Dogmatica” de la Constitución peronista puede ser resumida a través de la mención de un fragmento del preámbulo del texto del año 1949, que establece entre los fines del Estado la “irrevocable decisión de constituir una Nación socialmente justa, económicamente libre y políticamente soberana”. Mencionados de manera resumida los fines de la Constitución, es importante ahora, aludir a la parte Orgánica del texto que nos permite dar cuenta de cuáles fueron los medios concretos que desarrolló el gobierno para alcanzar los objetivos de la revolución. Previamente, consideramos oportuno traer a consideración otro concepto de Sampay[3]. Al analizar la carta magna el autor establece una distinción entre la “Constitución escrita”, la “Constitución Real” y la “Constitución Justa”. La primera, establece (…) “en un acta legislativa solemne, las instituciones destinadas a que perdure y se desenvuelva la Constitución real”. Para saber cual es la “Constitución Real” (…) “corresponde averiguar, en primera instancia, qué sector social predomina en la actualidad y con que finalidad lo hace, y en segundo lugar, qué sector social lucha por conseguir el predominio y qué ideal e inclinación vital los lleva a buscarlo”. El autor además y como adelantamos, introduce la noción de “Constitución Justa” entendida como (…) “la institucionalización del predominio del sector de la población históricamente eficiente para ordenar la actividad social y los recursos sociales con vistas a lograr que todos y cada uno de los miembros de la comunidad tengan lo necesario para desarrollarse plena e integralmente”. En el marco de ascenso del peronismo la Constitución Escrita era la del año 1853, con las modificaciones posteriores a la Batalla de Pavón promovidas por la escuela del liberal y porteño Bartolomé Mitre. El esquema institucional del país de la oligarquía colisionó profundamente con los actores revolucionarios en asenso que y siguiendo a Sampay, definen la “Constitución Real”: los trabajadores, los industriales y la dirigencia con vocación de desarrollo nacional independiente[4]. Por ejemplo, los políticos de la oligarquía y el capital extranjero acusaban de “inconstitucional”[5] a los aumentos salariales y a la intervención del Estado en la explotación de Yacimientos Petrolíferos Fiscales (YPF). Para superar el subdesarrollo del país, la revolución en el año 1949 implementó una nueva institucionalidad, que a diferencia de la de 1853, fue una “Constitución Justa” ya que generó las condiciones para el desarrollo pleno del conjunto de la Comunidad Nacional. Parte “Orgánica” de la de 1949 Para resumir este apartado vamos a identificar cuatro aspectos principales del nuevo sistema institucional que introdujo el texto del año 1949: nuevo concepto del Estado; nuevo concepto de la Democracia; nuevo concepto de la Propiedad y nuevo concepto de la Soberanía. 1- Nuevo Concepto de Estado: Se superó la noción de Estado Liberal “gendarme” y se institucionalizó el modelo de Estado Interventor y empresario. Con este objetivo, el Artículo 40 permitió al Estado: - Monopolizar algunas áreas de la economía; - Monopolizar el control de los Servicios Públicos que no podían ser privados; - Monopolizar la tenencia y explotación de los recursos naturales definidos como “inalienables e imprescriptibles de la nación”. 2- Nuevo Concepto de Democracia: Se superó la noción de democracia liberal que define al sujeto como “ciudadano”, que a través del voto solamente tiene derecho a que el Estado, supuestamente, proteja la propiedad privada o su desenvolvimiento en el mercado (sobre el particular, se introduce el apartado Capítulo II “Deberes, derechos y garantías de la libertad personal”). Las garantías individuales además, fueron ampliadas y por ejemplo, se introdujo la figura de Habeas Corpus y la noción garantista del derecho penal (Artículo 29). En el lugar del derecho liberal clásico se institucionalizó la noción de “derecho social” a través del Capítulo III, “Derechos del trabajador, la familia, la ancianidad y de la educación y la cultura”. 3- Nuevo Concepto de Propiedad: La noción de la propiedad privada del liberalismo fue remplazada por la idea de que la “propiedad privada tiene una función social”. El Artículo 39 estableció que “el capital debe estar al servicio de la economía nacional y tener como principal objeto el bienestar social”. Para cumplir con esta noción y por ejemplo, el Artículo 38 estableció las figuras de la “expropiación” con fines de utilidad pública y otorgó al Estado la facultad para fiscalizar la distribución y la utilización del campo. 4- Nuevo concepto de Soberanía: A diferencia del liberalismo que enajena el patrimonio económico y espiritual del país en nombre de la supuesta “neutralidad valorativa”, la Constitución relacionó directamente el tipo de “administración del patrimonio” de los argentinos a un problema de soberanía nacional. Con este fin, estableció como fines del Estado la defensa de patrimonio: - Económico: por ejemplo, el ya mencionado Artículo 40; - Social: por ejemplo, el Capítulo III o el Artículo 39 indicados; asimismo, se puede señalar la mención al fomento de la pequeña propiedad agrícola y la extinción del latifundio que hace la Constitución (Artículo 68, inciso 16); - Cultural: por ejemplo, el Artículo 37 inciso IV, 7 estableció que “Las riquezas artísticas e históricas, así como el paisaje natural cualquiera que sea su propietario, forman parte del patrimonio cultural de la Nación y estarán bajo la tutela del Estado, que puede decretar las expropiaciones necesarias para su defensa y prohibir la exportación o enajenación de los tesoros artísticos. El Estado organizará un registro de la riqueza artística e histórica que asegure su custodia y atienda a su conservación”. - Político: la “independencia económica y la soberanía política” son objetivos del Estado que están mencionados en el texto. Tanto en su parte Dogmática como Orgánica. La revolución nacionalista pacífica que dio espacio a la Constitución del año 1949 fue derrotada por la violencia cívico militar del golpe del año 1955. Este programa y sus detractores, pusieron al país al borde de la guerra civil y a través de casi 20 años de proscripciones y violaciones al derecho, prepararon e implementaron la dictadura de 1976. La Constitución luego del golpe del año 1955 fue derogada por la decisión del Poder Ejecutivo Nacional, cuestión inconstitucional, ilegal y profundamente ilegitima. La dictadura del año 1976 y las políticas económicas del neoliberalismo posteriores, plantearon entre sus fines la dependencia económica, la entrega de soberanía a los organismos de crédito y a las empresas del extranjero y la profunda desigualdad social a la cual nos vemos inmersos. Con este fin, las Constituciones y los gobiernos posteriores, nos legaron un Estado que en su funcionamiento retrocedió al modelo del liberalismo del siglo XIX. Nos dejaron una Democracia que coexistió con una profunda desigualdad y que lejos de garantizar un Estado de derecho social, profundizó su opuesto. El modelo de Propiedad poco y nada tiene una función social, y por el contario, se produjo un efecto de centralización, extranjerización y de deterioro del aparto productivo y de fuga de los recursos naturales del país. Asimismo, la idea de Soberanía nacional fue remplazada por los conceptos de los “técnicos” del liberalismo enajenando las decisiones del país y depositándolas en el extranjero y los grupos económicos. Desde el año 2001 y subsiguientes, el país inició un proceso de cuestionamiento de muchos postulados del programa neoliberal. En este cuadro, se produjeron importante avances, que al día de la fecha y lamentablemente, aun nos dejan a medio camino entre el proyecto de país del liberalismo y el de la nación soberana, libre y solidaria que institucionalizó la Constitución del año 1949. [1] Este trabajo es un Resumen de la “Constitución Argentina de 1949. Génesis y caída”. Aritz Recalde [2] Sampay, Arturo Enrique, “Informe del despacho de la mayoría de la Comisión Revisadora de la Constitución de 1949”, 8 de marzo de 1949. Extraído de Unamuno, Miguel y Bortnik, Rubén, La reforma constitucional del siglo XX, Biblioteca Política Argentina, Centro Editor de América Latina, Buenos Aires, 1986. p. 54. [3] Sampay, Arturo Enrique, Constitución y Pueblo, Cuenca Ediciones, Buenos Aires, 1974, pp. 102-103. [4] El proceso de asenso de una fuerza social y siguiendo a Perón, atraviesa por 4 momentos: una etapa organizativa y Doctrinaria de imposición cultural del proyecto; un segundo momento de Toma del Poder Político (golpe de 1943; centralización de la CGT; Formación del Partido Laborista y finalmente del Partido Único –justicialista); un tercer momento que denomina como etapa Dogmatica de implementación de medidas de gobierno (Secretaria de Trabajo y Previsión primero y luego desde 1946 en la totalidad del Estado); finalmente, la cuarta etapa es la Institucional en donde la revolución se hace Constitución y el Estado consolida la nacionalidad. Perón Juan Domingo, La Hora de los Pueblos. Ed. Norte, Madrid, 1968. [5] Con una reforma constitucional las revoluciones buscan bloquear la acción del capital extranjero y la oligarquía que actúan a través de sus operadores insertos en el aparato judicial. www.sociologia-tercermundo.blogspot.com | www.elortiba.org
“Prohiben besar a la Muerte” Por José Luis Muñoz Azpiri (h) “Las autoridades de la Academia de Bellas Artes de Rávena han resuelto rodear de un cordón protector la estatua yacente de Guidarello Guidarelli para evitar continúe siendo besada por visitantes y turistas” (Noticia de los diarios) “Guidarello Guidarelli, caballero de Rávena - indica una guía de turismo - cuya estatua sepulcral, obra de Tullio Lombardo, esculpida en 1572, se exhibe en la Academia de Bellas Artes de la citada ciudad, fue muerto en un duelo, en Imola, en 1501, la belleza de esta escultura radica enteramente en el rostro que ha sido copiado, sin duda, de una mascarilla mortuoria” El infortunado caballero, modelo de la estatua, formó parte del séquito de César Borja el de Valencia, cuando éste invadió la Romaña. Fue hombre de “vasta persona bello ingegno” y cumplió “molte egregi imprese”, según una antigua crónica. El final de las grandes “imprese” suele ser la muerte, en épocas de turbulencia o extravío. Siendo aún muy joven cayó tendido en un duelo. La existencia del guerrero fue breve, al igual que la de Gastón de Foix, su gemelo de infortunio y gloria en Rávena, pero el destino quiso que se transformase, merced a esta escultura, en una vida sin origen ni tiempo, en un mito. Toda una guirnalda de historias de amor y fantasías se entreteje desde hace siglos en torno al caballero difunto. Pero el personaje, vestido en su armadura, con la espada sobre el pecho y las manos unidas sobre el acero, no las escucha. Ha conquistado ya el privilegio de no escuchar nada. El rostro de mármol que abreva en una melancolía, refleja aún más que la cesación de la muerte, el punto postrero de la fatiga y desasimiento del mundo. Los ojos ocultos tras los graves y cerrados párpados parecieran proclamar que no hay nada que valga la pena de ser contemplado en este mundo de apariencias. Un sentido trágico de la infinita vanidad de todo, de la inutilidad de los goces y sinsabores humanos, trasciende la figura dormida, la cual irradia a la vez un sentimiento todavía más trágico de la soledad y la desesperanza del hombre. También las manos que reposan inertes sobre el montante, hablan de desaliento y renuncia. Esas manos han aferrado la lanza y el azor y con igual apasionamiento acariciaron los cuellos torneados y las trenzas orladas de perlas; por sus dedos se escurrieron perezosamente la sangre y los almizcles. Pero son, hoy día, sólo un movimiento espontáneo de de congoja sino la duda de que el mismo espíritu, víctima de los ácidos de la angustia, pueda alguna vez ser corroído o aniquilado. Las mujeres “visitantes y turistas” solían besar, hasta ahora, este retrato de la muerte. No podrán hacerlo en lo sucesivo: lo han prohibido las autoridades del museo. Día tras día los servidores de la Academia debían eliminar trazos de colorete del rostro melancólico y exangüe. “Únicamente a las mujeres - nos dijo cierta vez el guardián de la sala - puede ocurrírseles besar una estatua”. Sembrano pazze… “Parecen trastornadas…” Pero son sólo las mujeres quienes descubren todavía un hálito vital sobre el mármol. El instinto se siente atraído, aún más que por la inteligencia, por el abismo. Y el instinto, en la persona de quién fue fuerte, valiente y hermoso, convoca al instinto. Y junto con ello la mujer atiende también a la lección, jamás desoída, de la aristocracia de la derrota. Contempla, no sin cierta satisfacción innata y espontánea, al que ha nacido para irradiar voluntad y energía. Asiste a la proclama, en boca de quien ha alcanzado la suma categoría humana, representada por la vida caballeresca, de que ese mismo ideal, distante y despótico, es, como todo lo que existe, polvo, ceniza, nada. Cada rastro de “rouge” en la boca indefensa del guerrero contribuía a certificar la enaltecedora verdad de que el vacío es una opción humana que, en ocasiones, merece ser glorificada. Esos labios de sangre y de seda que se posaban sobre la boca entreabierta y desarmada, acaso conturbasen todavía el corazón del capitán. Ya no lo harán más. Si la muerte atraía el beso ¿para quién resonaba entonces la lección de la estatua? Era preferible no haber rendido la existencia ante el hierro enemigo y continuar marchando entre trigales y olivos bajo los pendones victoriosos de César. Porque el propio aniquilamiento parecía una fatuidad que se buscaba y cultivaba para conquistar el homenaje de un par de labios pintados. La misma nada deberá, inclusive, ser nada, para que continúe, sin sobresaltos, el reposo de Guidarello. José Luis Muñoz Azpiri (h) Fragmento de “Capricho italiano”

Por Alfredo Dornheim En la décima edición, corregida y aumentada de la Aligemeine deutsche Real-Encyclopädie für die gebildeten Stände [Enciclopedia General Universal alemana para las clases ilustradas] del año 1851, bajo la voz ‘gaucho’ se lee lo siguiente: “En las Naciones del Plata se denomina gauchos a los hombres de campo que habitan las pampas, dedicados a la ganadería. Aunque se consideran blancos y están orgullosos por este título, pertenecen sin embargo mayormente a la casta de los mestizos y a través de la convivencia con mujeres indígenas contribuyen a que la población de las provincias del interior se acerque cada vez más al prototipo de los pobladores autóctonos, a quienes de todos modos se asemejan sobremanera en costumbres e idiosincrasia. Así como estos rudos hijos de la naturaleza, los gauchos también tienen pocas necesidades. Viviendo en un clima donde no existe la preocupación por una vestimenta y una vivienda cálida, se conforman con sencillas tolderías confeccionadas frecuentemente con pieles, y sus enseres también están confeccionados acorde a ello. Familiarizados desde la infancia con caballos, y de ahí jinetes tan intrépidos como incansables, los gauchos son contrarios a cualquier otra locomoción que aquella a caballo. Mujeres y niños comparten por costumbre con los hombres la mayor parte de las tareas de una vida sumamente cruda según la concepción europea. Pocos pueden leer. Escribir es para ellos un gran mérito. Si bien los gauchos profesan el catolicismo, les falta sin embargo toda comprensión de las enseñanzas religiosas, y mucha de la superstición proveniente de los indígenas sigue totalmente vigente entre ellos. No obstante, le dan mucha importancia a la santa sepultura y en tiempos de paz acostumbran llevar a sus convalecientes desde lejos a la casa del cura. Joviales, agradables, bondadosos y hospitalarios, enojados, sin embargo, son capaces de las mayores barbaries y persiguen a su enemigo con la sagacidad y tenacidad de los indígenas, con cuya sangre únicamente pueden saciar su venganza. Por un lado ellos mismos poseen pequeños rebaños, por el otro están al servicio de los propietarios de tierras ganaderas mayores, que más de una vez se extienden por muchas leguas cuadradas. Curtidos ya por su trabajo y renuentes a toda vida tranquila, en todo momento se encuentran dispuestos a unirse a un bando y perpetrar una incursión hostil. La guerra civil que hace treinta años azota las Naciones del Plata les dio oportunidad de satisfacer constantemente esta inclinación, pero también propagó una gran desmoralización entre ellos”. Si en el comienzo de mis disertaciones doy esta opinión, digamos oficial, sobre el gaucho argentino, del modo en que estaba difundida hace exactamente cien años en Alemania y que en suma, no obstante algunas caracterizaciones adecuadas es sin embargo superficial y en parte errada, eso se hace para mostrar cómo cambió la imagen del gaucho como fenómeno social y literario con el correr de la historia y qué distinto es valorado hoy el gaucho dentro de la Argentina en su sustancia humana pero también como elemento formador de clases y de la Nación. Quizá es sintomático que en una época en que el hombre europeo comenzó a profesar en la vida y en la literatura una manera real de comportarse y de expresarse, sostenía sin embargo bajo el pretexto de un informe objetivo una opinión totalmente romántica del gaucho, sobre aquel nuevo tipo de hombre del suelo sudamericano cuya significación trascendía mucho la de un ganadero o de un ladrón. Y es a la vez significativo que en la misma época en que en Alemania casi no se conocía aún nada de la poesía de este gaucho, que en ese entonces ya había encontrado su expresión más importante en la historia de la literatura en dos apellidos -Hidalgo y Ascasubi-, prescindiendo totalmente de la lírica popular y folclórica, que hacia 1850 aún estaba en pleno auge en las Naciones del Plata. En las numerosas crónicas de viajes de los años treinta hasta los ochenta del siglo pasado casi no obtenemos otra imagen. Sólo tomamos conocimiento de que en Argentina y en Uruguay habría surgido una nueva clase social que ni siquiera podía ser integrada a la estructura social de la tradición europea, que era tan nueva y ajena al pensamiento europeo que dio rienda suelta a su fantasía, y con ello dio lugar a siempre nuevas interpretaciones erróneas. La posibilidad de tales interpretaciones erradas también estaba dada porque hasta aún entrado nuestro siglo la imagen del gaucho no era unívoca incluso en Sudamérica, sino que fluctuaba entre los extremos de simpatía y enemistad, entre ideal y realidad, entre héroe y ladrón o incluso fue contrapuesto a la civilización europea como símbolo de la “barbarie” -como en un famoso escrito del presidente argentino Domingo Faustino Sarmiento-. Semejante polémica dentro de los círculos representativos de la cultural y determinantes de la política cultural argentina, que no se apaciguó durante décadas, fue sin embargo de significado y necesidad decisiva como para poder concebir recién en esta discusión la imagen del gaucho en su situación histórico-social y desde el punto de vista de la historia de la civilización, y para aclarar en su real e ideal contorno y radiación; un proceso de cristalización que permitió volver cada vez más evidentes los verdaderos valores culturales del gaucho y que recién parece haber culminado en la actualidad. Eso fue especialmente evidente en el “Primer Congreso Nacional de Folclore” que tuvo lugar en Buenos Aires en el año 1949, donde la figura del gaucho fue puesta de relieve una y otra vez en el debate. Y aquí también se vio con total claridad la extrema importancia de la literatura, la obra nacional poética, para dilucidar este problema, que realzó la imagen del gaucho desde la realidad de la vida y de la conformación de la opinión histórica a la esfera no menos viva de la verdad poética, una verdad que siempre emana de un motivo de creación conciente-inconciente de una naturaleza humana unida orgánica y espiritualmente, y que con ello excluye toda instrumentación, todo compromiso funcional a objetivos ajenos, siempre y cuando haya surgido pura y libre de la individualidad de una personalidad artística. Nos preguntamos en primer lugar, sin embargo, ¿quién era este gaucho y porqué toda una época de la literatura nacional argentina recibe su denominación de él? En el significado etimológico de la palabra ‘gaucho’ se nos aparecen las primeras dificultades en el camino. Raíces francesas, árabes, españolas o indígenas sirven para la explicación. De todas las explicaciones, la más aceptable, la de Robert Lehmann-Nitzsche, un literato alemán que trabajó por muchos años en Argentina, es la que expuso en su artículo “Das Wort gaucho” ["La palabra gaucho"] en el Bundeskalender 1929 de la Unión Alemana para Argentina, así como en el tomo aún no publicado de homenaje, dedicado O leite de Vasconcellos, y que proviene de una palabra ibero-gitana gachó, que fue tomada de un estadio intermedio *gaudshó ‘ajeno a la raza’ llevó al gaúdsho andaluz, que luego apareció en el Plata a fines del siglo 18 como gaucho con el significado de “bandido que vagabundea”. ¿Fue por lo tanto el gaucho en sus comienzos o al menos en los tiempos en que esta palabra fue acuñada, un ladrón y bandido vagabundo? De ningún modo. Al principio y en primer lugar fue el hombre que con el arado de madera en la mano o sobre el lomo del caballo comenzó a colonizar hace más de doscientos años las extensas llanuras y estepas en el este o en las regiones montañosas del noroeste de Argentina, quien desde comienzos del siglo 19 defendió tenazmente al país contra los enemigos externos e internos hasta que se logró la independencia y soberanía política y quien, en sentido étnico, se había moldeado de los conquistadores españoles de los tiempos de la conquista y de la colonización en permanente contacto con la población autóctona indígena de su entorno. Las guerras civiles de varias décadas y las campañas militares contra los indígenas -que perduraron aún hasta aproximadamente 1870- contribuyeron a “desmoralizar” de hecho al gaucho, como escribió nuestro informe alemán del año 1851. El gaucho había sido en primer lugar un soldado por naturaleza, pero lleno de ideales humanos y políticos, que daba todo de sí por la libertad personal o la de su país y se sacrificaba incondicionalmente. Y cuando se creó la palabra ‘gaucho’ en El Plata, es decir, en la zona de Buenos Aires, me parece más que probable que fuera pronunciada primero en aquellos círculos patricios españoles de la capital que en aquella época aún podían defender con éxito su propio poder frente a los movimientos independentistas de los insurrectos con conciencia nacional. Para el parecer de aquéllos, los gauchos eran precisamente “bandidos vagabundos” que sin hogar y sin patria agitaban constantemente al país. Aun hoy la locución popular ‘andar gauchando’ - ‘vagar sin rumbo y sin un domicilio fijo’- recuerda esta situación a la que el gaucho efectivamente estaba expuesto en su estilo de vida exterior. Y queda claro que la palabra ‘gaucho’ también fue utilizada entonces en las primeras décadas del siglo diecinueve por los ciudadanos cosmopolitas de Buenos Aires, jacobinos, formados en la Revolución Francesa, con pensamiento europeo y actuaban de forma intelectual enciclopedista, en una interpretación conscientemente despectiva, en especial cuando aquellos hombres intentaban defender en vano la forma de gobierno centralista o unitaria frente a las corrientes federalistas de las fuerzas patriarcales, tradicionales e irracionales de las provincias y, con ello, también contra la masa de los gauchos. Pero, - también aquí se dan paralelos en la historia-, el mote se convirtió rápidamente en una denominación honrosa. El hombre de campo y ganadero luchador -estuviera del lado de la capital o de las provincias- portó con orgullo su denominación ‘gaucho’ -como el general gaucho argentino Güemes y sus hombres-, porque recién con esta denominación tomaba conciencia de sí mismo y de su comunidad social, de una clase que en el proceso de formación de la Nación argentina sería de mucha importancia. Y luego, cuando el gaucho hubo cumplido su tarea, cuando ya estaba consagrado a la muerte como fenómeno social y debió ceder su lugar al criollo de la historia argentina moderna, su imagen resurgió en los vivos colores de la poesía épica y dramática argentina, y en esta poesía se grabó también en el sentido más literal la imagen “definitiva” del gaucho, ya no como representante de una época pasada sino para valer eternamente como arquetipo de la ‘argentinidad’, de la forma de ser argentina en sus formas ideales. Es confusa la cantidad de obras y ensayos que se ocupan del gaucho como figura literaria. En su 13° año, sólo el Archivo Iberoamericano de abril de 1939 menciona 806 publicaciones que en el sentido lírico, épico o dramático pertenecen a la literatura gauchesca o que asumen una posición crítica respecto a esta literatura (1). Por supuesto que con ello ni remotamente es agotada la bibliografía gauchesca más antigua. Sería imposible dedicarse aquí a esta bibliografía, pero permítanme al menos de pasada reseñar algunas de las obras más importantes de los tiempos más recientes: Mientras que el libro “Las Corrientes Literarias en la América Hispánica” de Pedro Henríquez Ureña, aparecido en el Fondo de Cultura Económica, Méjico- Buenos Aires, 1949, ofrece un pantallazo corto de orientación general, los dos primeros tomos de la gran historia de la literatura argentina (Historia de la Literatura Argentina) de Ricardo Rojas -última edición Buenos Aires 1948- pueden ser considerados como una descripción exhaustiva de toda la literatura gauchesca, que relaciona el desarrollo histórico de una época literaria con sus contextos geográficos, nacionales y lingüísticos, y que no concibe al gaucho como un fenómeno racial en el sentido materialista, sino como un prototipo ideológico que desarrolló un estado de ánimo propio en el hábitat del paisaje argentino, que reflejó sin par en las obras de su poesía. En la Colección de Textos Literarios, Buenos Aires 1945, 2 edición, Eleuterio P. Tiscornia interpreta con precisión filológica las obras de los tres primeros autores importantes de la literatura gauchesca: Bartolomé Hidalgo, Hilario Ascasubi y Estanislao Del Campo, mientras que en su obra de dos tomos “Muerte y Transfiguración de Martín Fierro”, Méjico-Buenos Aires 1948, Ezequiel Martínez Estrada interpreta la principal figura de la última y más importante epopeya gauchesca de José Hernández a partir de la gran relación entre el hombre argentino y el paisaje argentino, y con ello ofrece una especie de radiografía histórico-morfológica que en sus trazos esenciales es sin embargo una denuncia de la argentinidad actual. Un decisivo paso adelante en la interpretación de la figura del gaucho y de su obra representativa, precisamente del Martín Fierro de Hernández, lo dio asimismo, finalmente, el libro del filósofo bonaerense Carlos Astrada, El Mito Gaucho. Martín Fierro y el Hombre Argentino, Buenos Aires 1948, que en su mejor creación literaria pone al gaucho en el desarrollo de contextos indispensables de la psicología social e historia de las ideas, circunscribe estos contextos al ‘paisaje mítico’ argentino y caracteriza desde esta situación el arquetipo del hombre argentino, que nació en el suelo originario de la figura del gaucho y que a futuro determinará el semblante ideológico- espiritual de la Nación argentina. En su libro “En Torno a José Hernández”, el escritor español José Martínez Ruiz, “Azorín”, a pesar de toda la originalidad lírica de su forma de pensar y de describir, había identificado antiguamente las profundas conexiones entre lenguaje artístico y lenguaje popular, entre poesía artística y poesía popular, entre el Martín Fierro y sus fuentes ideológicas y naturales desde el punto de vista iberoeuropeo. En su libro, Astrada sigue estas fuentes desde el punto de vista sudamericano, pero trasunta la sustancia viva del Martín Fierro del ámbito de la percepción puramente estética de Azorín a la de la ‘realidad mítica’, una apreciación ‘moderna’ que encuentra sus modelos en la psicología de Jung, en la investigación mitológica del científico en religiones Karl Kerényi, y en la obra épica de Thomas Mann (…) (…) Desde su aparición en el año 1872, del Martín Fierro emanó un fuerte impulso ontológico, lo que precisamente es destacado hoy siempre de nuevo por la crítica, como por ejemplo lo expresa el filósofo argentino Carlos Astrada en su libro El Mito Gaucho: “Someterse a la ley del propio destino sin traicionarlo y transformarlo, es la mayor exigencia tanto del individuo como de la humanidad, cuando éstos son concientes de su envío y están decididos a concretar el programa de su vida que presupone su simple existencia histórica. En este sentido el inteligente requerimiento de Martín Fierro es una exhortación a los argentinos que nos es transmitido como un gran ejemplo, que satisface absolutamente esta ley en cada uno de sus actos así como en la totalidad de su comportamiento”. Y en este sentido podemos interpretar también las palabras de Martín Fierro, que lo acompañan en todos sus caminos: “…firme en mi camino hasta el fin he de seguir: todos tienen que cumplir con la ley de su destino.” Sopla algo del espíritu de Karl Moor de “Die Rüuber” de Schiller en esta obra. Podría intentarse aplicar las palabras que Schiller escribió 90 años antes de la aparición del poema épico de Hernández y su conocida introducción a los Rduber a la figura de Martín Fierro: “Conceptos erróneos” -escribe Schiller-, “Conceptos erróneos de obrar e influencia, una magnitud de fuerza que desborda toda ley naturalmente debían frustrarse con las conductas burguesas, y a estos sueños entusiastas de grandeza y eficacia sólo se le podía unir la amargura frente al mundo no ideal, así acabó el singular Don Qujjote, a quien detestamos y amamos, admiramos y compadecemos en el ladrón Moor”. Si Martín Fierro representa en los hechos una especie de figura de Karl Moor, que debido a un orden superior y a un derecho superior se coloca fuera de las leyes humanas y desafía al mundo “no ideal”. Un “soñado” en el sentido del héroe de Schiller ciertamente no es. Tampoco tiene falsos conceptos de obrar e influencia sino ideas muy reales y sanas de orden social y legal. Su vida tampoco se frustra como la de Karl Moor, en “comportamientos burgueses” conservados por siglos, porque estos “comportamientos burgueses” ni siquiera existen en su ambiente. Contra lo que se dirige es contra la aplicación incorrecta y arbitraria de las leyes, que en la organización de un País naciente lesiona las leyes fundamentales naturales del hombre y lo pone en manos de una burocracia que no creció en el propio suelo. Y Martín Fierro no sólo se defiende de algo que constituye una injusticia sino que lucha por algo que aún no está, que alguna vez será. Su vida no es rebelión contra un orden tradicional sino que es una víctima de la falta de orden que surgió de la colisión de dos mundos. Y mientras que el ladrón Moor reconoce al término de su vida “que dos personas, como él, arruinan y dirigen toda la estructura del mundo de las costumbres, como Moor desde esta perspectiva se presenta ante los tribunales, el gaucho Martín Fierro, a pesar de todos los avatares de su destino, mantiene su fe en la victoria de su justicia. Pero no lucha en vano contra los molinos de viento porque él cree en ello, que éstos caerán por sí solos como sacrificio del tiempo. Del mismo modo que sus hijos y el hijo de su amigo Cruz, desaparece al final del poema épico en el infinito de la pampa, del paisaje argentino: “Después de los cuatro vientos los cuatro se dirigieron. Una promesa se les dieron que todos debían cumplir; mas no la puedo decir, pues secreto prometieron.” Considero que en estos versos radica la diferencia fundamental con la figura de Karl Moor de Schiller. El ladrón Moor sabe que violó los órdenes de su mundo y él mismo se sujeta a las leyes morales de este mundo. El Gaucho Martín Fierro, sin embargo, le da la espalda al ‘orden’ sin ley de la capital en la conciencia de que la culpa que él carga no es la propia. Su ‘paisaje mítico’, la pampa, lo acoge bondadoso nuevamente. Retorna allí de donde vino, se identifica con el paisaje al que pertenece orgánicamente, que constituye una parte de su esencia y de su ser, y que un día deberá construir el futuro de su país y será. Su época aún no está madura para el orden de hombres libres. Así lleva su legado y, a través de sus hijos, los consejos que les transmite, de vuelta a la silenciosa inmensidad de su país y le confía a este país su “promesa”, su “secreto” que el futuro algún día descubrirá y realizará. Con este obrar de lo más poético y simbólico de Martín Fierro termina la obra. Un velo cubre el destino de este gaucho y de su clase. Esparcido sobre el suelo originario de su país, se convierte en la simiente de un nuevo futuro. Y en los hechos, cuando Hernández escribió su Martín Fierro, el gaucho como tipo histórico social estaba por desaparecer, no tan perseguido como una persona que era peligrosa para el orden, sino como representantes de una raza inferior que vivía en el interior del país y era despreciado en el mundo cultural europeo de la capital Buenos Aires. Pero sin embargo permaneció vivo en su literatura, y de la poesía épica pasó a la poesía dramática y en especial a la novela de su país y de su continente. Desde el comienzo de la primera Guerra Mundial la crítica reconoció la importancia del gaucho y de su literatura, del gaucho no como individualidad, como quisiera parecer, no como persona con aspiraciones espirituales o teóricas superiores sino como una persona cuya filosofía se constituye modesta y sencillamente de reglas de experiencia prácticas, que encomienda su futuro a la voluntad divina y que sólo conoce el fin de vivir según su propia naturaleza con dignidad dentro de una comunidad social que satisfaga su esencia, la de un hombre de carácter auténticamente sudamericano. Lo típicamente sudamericano de esta literatura gauchesca es sin embargo aquella relación peculiar de naturaleza y espíritu, aquella síntesis de naturaleza originaria y un mundo fuertemente limitado en lo espiritual religioso, de paisaje americano y en sus bases de espiritualidad íbero-europea. Eso se vuelve especialmente notorio cuando comparamos al Martín Fierro con sus antecesores épicos. Porque en el Martín Fierro se atraviesa la imagen concreta natural de una cultura argentina temprana de forma distintamente fuerte de contenidos concientes éticos-espirituales que en las obras de Hidalgo, Ascasubi y Del Campo. Y así podemos formular nuestro interrogante, planteado anteriormente, acerca del parentesco de esencia y elección con el mundo de Goethe en el sentido de que en esta literatura argentina se repite la misma esencia clásica orgánica que era propia del humanismo de Goethe, y que en esta fuerza vital espiritual-natural de esta literatura podría revivir la cultura griega clásica con contenidos nuevos, originales. ¿O se trata aquí simplemente de una estructura de sentido general que se encuentra siempre al principio, clásica naif, de un grado de desarrollo necesario de la historia cultural, que apareció en la literatura popular argentina del siglo 19 y que hoy en día ya puede verse superada, así como el clasicismo europeo fue reemplazado por tendencias estilísticas modernas? Sólo queremos formular esta pregunta que otros interpretaron en el sentido de un helenismo futuro sudamericano (véase Víctor Frankl, Goethe e Hispanoamérica; en Revista de las Indias, Num. 110, Bogotá, Julio-Septiembre 1949, p. 208-209), no responderla unívocamente. Pero queremos reconocer de ello que también la literatura gauchesca ocupa un lugar eminentemente importante en la estructuración y desarrollo cultural que recorrió la Nación argentina en los 143 años de su surgimiento. Damas y caballeros: Se cerró el círculo que condujo de la Enciclopedia alemana del año 1851 a la interpretación del gaucho por Carlos Astrada en el año 1948. Una cadena del desarrollo resurgió ante nuestro ojo intelectual no sólo un desarrollo de la literatura gauchesca misma, partiendo de lo originario, de lo concreto primitivo de este mundo, avanzó hasta las últimas profundidades ideológicas y espirituales de concepciones y formas de expresión poéticas, precisamente de los contenidos originarios psíquico míticos, sino también un desarrollo de la crítica literaria, de una crítica que buscó estas capas profundas del espíritu del gaucho y las utilizó ejemplarmente para la propia imagen del mundo y esencia de la argentinidad. Y esto es lo que les quería mostrar especialmente en mis intervenciones. Alfredo Dornheim Universidad Nacional de Cuyo. Notas: (1) Compárese de aquí en más la bibliografía de Madaline Wallis Nichols, El gaucho, Buenos Aires. 1953, págs. 115-219 [Texto gentileza de El Escarmiento de Domingo Arcomano]

López Jordán Escrito por La Gazeta Las vísperas de Caseros Ricardo López Jordán nace el 4 de julio de 1824 en Concepción del Uruguay, hijo del medio hermano de Francisco Ramírez, coronel López Jordán, comandante del Segundo Departamento y organizador de la caballería entrerriana que interviene gloriosamente en la guerra contra Brasil en el 2° Regimiento, junto a las tropas comandadas por Manuel Oribe, Juan Antonio Lavalleja y Anacleto Medina. Sobrino del “Supremo Entrerriano” Francisco “Pancho” Ramírez, Ricardo López Jordán recibe sus primeras letras en Concepción del Uruguay. Muy joven pasa a Buenos Aires a proseguir su instrucción. Allí, en tiempos del primer bloqueo francés completa sus estudios de humanidades en el famoso Colegio de San Ignacio que regentiabn los padres jesuitas. Entre sus condiscípulos se cuentan los doctores Guillermo Rawson, Mariano Martínez. Melitón González del Solar, Eduardo Costa, Diógenes de Urquiza, Nicanor Molinas, Lisandro de Latorre y Luciano Torrent. En 1841, a los 19 años de edad, se incorpora al ejército federal como simple soldado en la escolta de Urquiza. Por su sereno comportamiento en la Isla del Tonelero por enero febrero de 1842, es escogido para pasar al regimiento escolta que organiza el coronel Lucas Morenofigurando desde entonces en las campañas contra Rivera, en primer lugar contra el llamado ‘Ejército Constitucional’. El 6 de diciembre de 1842, el general Oribe, con buena caballada y ganas de pelear, ataca en Arroyo Grande a Rivera y lo derrota por completo en un encuentro que el jefe unitario califica de ‘contraste inesperado’. En este combate fue ayudante de Oribe el teniente Leandro Gómez, nombre del héroe que veinte años después se iba a inmortalizar la epopeya de Paysandú. Es designado para llevar a don Juan Manuel de Rosas el parte oficial de la victoria nada menos que el porta estandarte Ricardo López Jordán. Al recibirlo El Restaurador se le ofrece para lo que pudiera serle útil, y el soldado Jordán aprovecha la ocasión para pedirle la libertad de su padre, preso desde noviembre de 1839, al ser tomado en el Paso de las Piedras, luego de haberse incorporado al ejército unitario de Lavalle. Rosas le devuelve la libertad, en esos momentos está defendiendo al país con uñas y dientes, pues tiene que habérselas con la alianza anglofrancesa que apoya los planes. Según dirá más tarde Díaz Colodrero, Rosas nos está enseñando ‘a no tenerle miedo a nadie”. Si se tienen en cuenta los documentos de la época y la confesión del propio Thiers en el parlamento francés, sobre la ayuda monetaria a la “Comisión Argentina” de emigrados en Montevideo, se vienen al suelo muchos héroes del andamiaje de la historia oficial, y surge claramente la conciencia federal de la época en defensa de la Patria frente a la agresión extranjera. La victoria entrerriano-oriental de Arroyo Grande enterró para siempre -como, dice Saldías- ‘el sueño de Rivera, de Herrera y Obes, de Pacheco y Obes, de separar Entre Ríos y Corrientes de la Confederación Argentina para formar un ‘Estado independiente’, que estaban listos para reconocer Francia, Gran Bretaña, Austria, Brasil y la República Oriental’. (Carta de Adolfo Saldías a Nicolás Granada del 15 de enero de 1912. Cfr. Boletín del Instituto de Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas, N° 14, mayo de 1952. Buenos Aires.) En su retirada hacía Montevideo, después de su derrota, Rivera ordena el incendio de Paysandú como si este pueblo del Litoral debiera entrar en la historia con el martirio y la epopeya. López Jordán se reincorpora al ejército federal en julio de 1843 luego de su regreso de Buenos Aires, poniéndose nuevamente a las órdenes de] comandante Lucas Moreno que se hallaba cerca del Salto con 800 soldados de caballería, en previsión de una invasión de fuerzas riveristas provenientes del Brasil. El corazón unitario no se da tregua y el 21 de diciembre el general Madariaga invade Entre Ríos, dirigiendo sus columnas hacia Concordia. En enero de 1844 los vecinos de este pueblo lo abandonan trasladándose a las villas de Concepción del Uruguay, Gualeguaychú y Paysandú, para evitar el ultraje y el saqueo. El ejército entrerriano de reserva se encuentra a las órdenes del general uruguayo Eugenio Garzón. A fines de 1884, el soldado López Jordán se incorpora a esas fuerzas, ascendiendo a teniente de caballería y organizando, un escuadrón de carabineros, al que denomina “Arroyo Grande” en memoria del triunfo epónimo. Pero el corazón del Imperio no duerme y sus diplomáticos tampoco. El 14 de diciembre de 1844 el Brasil reconoce la independencia del Paraguay, poniendo al desnudo su codicia política sobre el Río de la Plata y empezando abiertamente su obra diplomática contra la Confederación Argentina representada por Rosas. Urquiza manifiesta estar “convencido del admirable fino y alta capacidad y heroísmo con que el Exmo. Sor. Gobernador Encargado de las Relaciones Exteriores en todas las épocas ha desempeñado su gloriosa misión”. (Carta de Urquiza a Felipe Arana. 25 de junio de 1845. Ignacio J. Camps. El general don Justo José de Urquiza. Buenos Aires, 1950) Antes de dos meses, la escuadra anglofrancesa arriaría la bandera nacional de cinco barcos de nuestra escuadra. Los días transcurren sin tregua. Pueblo y gobierno se mantienen unidos en estrecha fila frente a los agresores de América, como bien lo expresa otra carta de Urquiza, esta vez al Gobernador Crespo del 18 de septiembre de aquel año: “Es indecible la indignación popular de los habitantes de esta República causada por los alevosos y feroces ataques de la Intervención anglo francesa, y las medidas que les tenían son grandes, enérgicas y llenas del más ardoroso entusiasmo por mantener incólume la soberanía e independencia de las dos Repúblicas. Con, tal pronunciamiento de puro americanismo temblarán nuestros perfectos enemigos, y se convencerán que preferimos la muerte a la esclavitud”. La diplomacia unitaria tampoco duerme, y el 11 de noviembre el gobernador correntino Joaquín Madariaga firma con el Paraguay un tratado ofensivo y defensivo contra Rosas, por el cual se le otorgan al general José María Paz 4.000 paraguayos de refuerzo. El 4 de diciembre, Carlos Antonio López, persuadido por el Imperio, declara la guerra a Rosas, invocando el no reconocimiento de éste con respecto a la independencia paraguaya. Urquiza invade Corrientes en enero de 1846 y el 14 de febrero vence en Laguna Limpia a la tropas antifederales del “Ejército Aliado Pacificador” como se denominaba el organizado por “el manco” Paz. El teniente López Jordán -que lucha a las órdenes del general Garzón- hace prisionero al general Juan Madariaga, hermano del gobernador correntino. Al producirse la disolución del Ejército Aliado Pacificador, López Jordán pasa de nuevo al servicio del comandante Moreno, hasta 1847. Luego, a las órdenes del general Garzón y mandando tres escuadrones, toma parte en la batalla del Potrero de Vences (27 de noviembre de 1847), oportunidad en que logra salvar la vida de algunos vencidos que iban a ser pasados por las armas. Es en esta batalla de Vences que luchan por primera vez en el mismo bando federal, López Jordán y Benjamín Virasoro. Más tarde, en Pavón, los veremos juntos nuevamente. Por decreto del 6 de julio de 1849, dictado por el gobernador delegado Antonio Crespo, el teniente López Jordán es designado Comandante Militar de Concepción del Uruguay, capital de la provincia. En mayo de aquel año el general Urquiza había llamado a colaborar en su gobierno a don Manuel Leiva, conocido unitario, ex redactor de los periódicos correntinos ‘La Revolución’ y ‘El Pacificador’. Es por esos días que Ferré habíale dicho a Leiva: “Yo ya estoy presumiendo que don Justo José de Urquiza ha de ser el que le ha de poner las peras a cuarto a don Juan Manuel”. Con toda seguridad que más de un jefe entrerriano habría mirado con extrañeza esa colaboración unitaria con Urquiza que se había iniciado a moción de éste. Un decreto del 25 de octubre de 1850, que lleva las firmas de Urquiza y del general José M. Galán, asciende a López Jordán al grado de ‘Capitán de Caballería de Línea’ (Recopilación de Leyes, Decretos y Acuerdos de la Provincia de Entre Ríos (1821 187.3), tomo VI, Concepción del Uruguay, 1876.) A pesar de su juventud, ya uno de los más destacados oficiales de la provincia. La intriga del Imperio Mientras tanto, el Imperio no descansa; personajes ligados a las logias escocesas entran a su servicio y se mueven por el Litoral, trabajando la moral de los hombres públicos, y con la mirada puesta, en el gobernante antilogista: don Juan Manuel de Rosas. Por esos días, el Ministro de Relaciones Exteriores, Paulino Soares de Souza, desparrama sus agentes bien financiados sobre la Banda Orienta], Paraguay, Corrientes y Entre Ríos. La prensa de los emigrados unitarios sirve a los designios brasileños con alta eficacia. El fin de la intervención francesa en tierras del Plata conseguido por Rosas, iba a significar un fortalecimiento militar para la Confederación Argentina y esto preocupaba más a Brasil que cualquier otro hecho. Era necesario operar con tacto pero con rapidez y lograr cuanto antes el concurso de Urquiza, y el Brasil era ducho en trabajos de diplomacia, sobre todo frente a hombres como Urquiza que cedían fácilmente a la elocuencia de los doctores unitarios. Urquiza fue “comprado” por el Brasil para que traicionara a su Patria en ese 1852 -cosa que atestigua el mismo Sarmiento, quien escribe el 13.10.1852 a Urquiza desde Chile y le enrostra: “Yo he permanecido dos meses en la corte de Brasil, en el comercio casi íntimo de los hombres de estado de aquella nación, y conozco todos los detalles, general, y los pactos y transacciones por los cuales entró S. E. en la liga contra Rosas. Todo esto, no conocido hoy del público, es ya del dominio de la Historia y está archivado en los ministerios de Relaciones Exteriores del Brasil y del Uruguay.” (…) “Se me caía la cara de vergüenza al oírle a aquel Enviado (Honorio Hermeto Carneiro Leão, o Indobregavel) referir la irritante escena, y los comentarios: ‘¡Sí, los millones con que hemos tenido que comprarlo para derrocar a Rosas! Todavía después de entrar a Buenos Aires quería que le diese los cien mil duros mensuales, mientras oscurecía el brillo de nuestras armas en Monte Caseros para atribuirse él solo los honores de la victoria.’ (Domingo Faustino Sarmiento, Carta de Yungay, 13.10.1852) Un escritor urquicista, Leandro Ruiz Moreno, deja escapar esta observación muy seria y comprometedora: “No puede negarse la sutileza de la política brasileña, digna heredera de la lusitana, en el desarrollo previo y posterior de acontecimientos relacionados con la historia de nuestro país, y en este caso, con la campaña contra el General Don Juan Manuel de Rosas” (Leandro Ruiz Moreno, Centenarios del Pronunciamiento de Monte Caseros, tomo I, Paraná, 1952) La intriga unitaria Urquiza venía siendo trabajado por los agentes unitarios doctores, periodistas, comerciantes desde 1845, como lo expresa el general Paz en sus Memorias. En mayo de ese año Urquiza hizo llegar ante el general José María Paz un agente reservado, Benito Optes, hermano político y socio de don Justo. a fin de informarlo sobre el acuerdo reinante entre algunos jefes federales para derribar a Oribe y a Rosas. El 13 de agosto de 1846 eran recibidos por Urquiza en Arroyo Colorado, cerca de Alcaraz los hermanos Madariaga, firmándose al día siguiente el acuerdo que se conoce bajo ese nombre. El Deán Juan José Álvarez afirma categóricamente que “el proyecto de derribar a Rosas fué el tema reservado de aquel acuerdo”. Todo ello no indica que al fallar Lavalle, los agentes unitarios y pro brasileños solamente pensaban en una división del Partido Federal y buscaban los instrumentos necesarios en las ambiciones de algunos jefes importantes. Urquiza mientras tanto sigue en conversaciones y acuerdos con doctores y periodistas unitarios tales como Juan Francisco Seguí, el ya citado Leiva, Angel Elías y él comerciante catalán Antonio Cuyás y Sampere. Y el 22 de septiembre de 1350 se reúne en Concordia con el gobernador de Corrientes, Benjamín Virasoro, para dejar establecidas las bases de una alianza contra Rosas. Caseros Se produce así ‘el milagro de la casa de Braganza’. Urquiza tiene como agente confidencial en Montevideo a Cuyás y Sampere, quien aguarda sin impaciencia las proposiciones brasileñas. Estas llegan muy pronto por vía de Rodrigo de Silva Pontes, encargado de negocios de su país en la capital uruguaya: se trataba de saber cuál sería la actitud de Urquiza en caso de guerra entre Brasil y la Confederación.Cuyás escribe a don Justo en abril de 1850 transmitiéndole la pregunta que le ha formulado el citado diplomático imperial. Pero los sucesos dejan en suspenso momentáneo la respuesta. El conflicto armado entre Brasil y la Confederación es inminente. El 30 de septiembre de ese año quedan rotas las relaciones diplomáticas. El general Tomás, Guido abandona su embajada en Río de Janeiro. Urquiza es designado por Rosas ‘General en Jefe del Ejército de Operaciones’. Es evidente que don Justo, habiendo claudicado ya frente al Imperio, considera prematuro pronunciarse públicamente, contra Rosas. El 16 de abril de 1851, Cuyás y Sampere, después de haber conferenciado largamente con Urquiza y sus ministros, llega a Montevideo con instrucciones suficientes para preparar un tratado de alianza (José María Rosa. La iniciativa del pronunciamiento de Urquiza, en el Boletín del Instituto de Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas, núm. 15, agosto de 1952. Buenos Aires) Quince días después Urquiza hace público el llamado Pronunciamiento contra Rosas. Ya no prefiere ‘la muerte la esclavitud’. Frente a todos estos pasos dados por el gobernador de Entre Ríos, no siempre públicos para los jefes menores del federalismo, el capitán López Jordán cumple las órdenes de Urquiza con lealtad. Es uno de los primeros en cruzar el río Uruguay y en pasar a la Provincia Oriental, encaminándose hacia Montevideo sitiada por Oribe. Cumple allí por orden del gobernador de Entre Ríos una misión especial ante Oribe y ante el Gobernador sitiado. Una de las gestiones realizadas por el comandante Jordán figura en la carta que Luis J. de la Peña le escribe al general Rosendo M. Fraga desde Montevideo el 26 de septiembre de 1851: ‘En estos días hemos tenido aquí al Sor. Comandante Ricardo López, que vino con comunicación del Sor.. Genl. por el Campo enemigo, y con pasaporte de Oribe. Se le espera de nuevo de hoy a mañana con contestación alas notas que de aquí llevó…’ (Leandro Riuz Moreno. Obra cit.) Más explícita es la nota de Manuel Leiva al coronel José Manuel Galán, escrita en Gualeguaychú el 29 de septiembre: ‘El Comandante D. Ricardo López Jordán estuvo en Montevideo con una misión que no se nos dice por no liarla a la pluma pero que se asegura que era muy satisfactoria: sin duda trajo el convenio. Ricardo regresó el 24 ó25 y se le esperaba el 26″. (Leandro Riuz Moreno. Obra cit.) Finalmente, el 8 de octubre, al negociarse la terminación de la guerra entre sitiadores y sitiados, es él quien lleva las comunicaciones al Gobierno de la Defensa. En carta de esa misma fecha dice: “Hoy como a las once de la mañana ha llegado a ésta nuestro amigo el capitán Dn. Ricardo López conduciendo oficialmente la noticia de la completa terminación de la guerra en este suelo. El Ejército todo de Oribe se ha entregado a discreción’.(Leandro Riuz Moreno. Obra cit.). Por esta importante intervención suya, las autoridades de la Troya del Plata le obsequian una espada con vaina y empuñadura de plata, que lleva la siguiente inscripción: “Al Capitán Comandante Don Ricardo López Jordán, el Gobierno de Montevideo”. Fue durante la permanencia en esta ciudad que López Jordán, a la sazón de 29 años, se hizo hacer por Amadeo Gras un hermoso retrato al óleo que conservan los descendientes del caudillo. Refiriéndose a ese retrato, Mario César Gras ha hecho la siguiente observación: “Adviértase la reciedumbre de sus rasgos, el gesto resuelto del hombre hecho para las acciones ejecutivas y para las empresas heroicas, digno heredero de su tío Francisco Ramírez’. (Mario César Grass, El pintor Gras y la iconografía histórica sudamericana. Buenos Aires, 1946.) El orden de los sucesos inmediatos anteriores a Caseros había sido el siguiente: el 1° de mayo, en la plaza principal de Concepción del Uruguay, Pascual Calvento leía ante el público y autoridades asistentes el llamado Pronunciamiento; el 29 de mayo, se firmaba en Montevideo el convenio de la alianza entre Brasil, la República Oriental y Entre Ríos documento rubricado por Rodrigo de Souza da Silva Pontes, Manuel Herrera y Obes, y Antonio Cuyás y Sampere, respectivamente- ; el 19 de julio, Urquiza iniciaba frente a Paysandú el pasaje de las tropas entrerrianas; el 29 de Julio, se reunieron en la isla Libertad frente a Gualeguaychú Urquiza, Herrera y Obes, Grenfell y Garzón, para convenir las operaciones contra el general Oribe; el 18 de agosto, don Juan Manuel de Rosas declaraba la guerra al Imperio del Brasil; y el 4 de septiembre de aquel mismo año 1851, el ,ejército del Brasil entraba en la Banda Oriental por Santa Ana do Livramento al mando del Conde de Caxías. La ‘entrega’ de Urquiza En julio de 1860 Urquiza y Derqui viajan a Buenos Aires invitados por Bartolomé Mitre, que en la fiesta realizada pronuncia en un brndis las siguientes palabras: “Saludo al general Urquiza que retrocedió ante la revolución de setiembre, y que hoy vuelve desarmado, como si fuera Washington. Al seno del mismo que lo arrojó antes a balazos, inclinándose ante su soberanía y ante su libertad” (Chanetón, Abel. Historia de Vélez Sársfield) Urquiza, flojo de entendederas y de manejos políticos, se emociona hasta las lágrimas ante las aclamaciones de los presentes. Sin embargo se extrañaría Guido en correspondencia a su esposa: “Quién diría que el general Urquiza y el presidente Derqui se sentarían juntos con el general Mitre y con Sarmiento como íntimos amigos? ¡Mucho he visto y muy raro en cincuenta años de revolución, pero nada ha sido tan inopinado!” Poco duraría la efusión de estos abrazos. Los protocolos cedían a Derqui las mejores ubicaciones en banquetes y recepciones y “Durante la permanencia en Buenos Aires los celos del general Urquiza con el presidente Derqui aumentaron considerablemente. Un presentimiento y una sospecha constante agitaban al general Urquiza: el temor de que Derqui y Mitre se pusiesen de acuerdo para destruir el prestigio y su influencia” (Juan Coronado, secretario de Urquiza) “El general Urquiza que posee el prestigio de una inmensa fortuna y el prestigio militar y el poder…no se convence que ya no es el presidente de la Confederación y se necesitará mucho tacto del señor Derqui para prevenir que no se convierta en una brecha en cuyo caso Urquiza buscará el apoyo de Buenos Aires” (informe de Thornton a Londres) Pero la brecha ya se había producido, y tal vez siempre existió. La entrada de Urquiza en la trampa liberal mitrista queda confirmada en la siguiente resolución de la masonería: 1°.-”El Muy Poderoso Consejo y Gran Oriente de la República Argentina, estimado debidamente las eminentes cualidades cívicas u masónicas que adornan a los dignos hermanos Bartolomé Mitre, grado 3°; Juan Gelly y Obes, grado 3°; y Domingo Faustino Sarmiento, grado 18; los eleva a Soberanos Grandes Inspectores grado 33. 2°.- Por las mismas consideraciones, el Supremo Consejo eleva del grado 18 al grado 33 al Respetable Hermano Santiago Derqui; y regularización y reconocimiento en el mismo grado al Hermano Justo José de Urquiza. 3°- Los Hermanos de que habla el artículo que antecede, deben afiliarse como miembros activos de la Logia Obediencia de Supremo Consejo” (Martín Lascano. Las sociedades secretas, políticas y masónicas en Buenos Aires. 1927) Evidentemente, el nombre de la “Logia Obediencia” le cae como anillo al dedo a las futuras actitudes de Urquiza. Los hermanos ascendidos son invitados al Templo de la Logia Unión del Plata el 21 de julio, y en presencia de Roque Pérez, Mitre y Urquiza se juramentan y obligan “por todos los medios posibles a la pronta y pacífica Constitución definitiva de al Unidad Nacional” (Martín V. Lascano. Idem). Quedan de esta forma selladas las cadenas de la Confederación a los manejos liberales de porteños y mitristas. El 29 de octubre, el ‘hermano’ Urquiza invita al ‘hermano’ Mitre al Palacio de San José. Mitre llega a Conceción del Uruguay el 10 de noviembre para celebrar el Pacto de Noviembre, con la esperanzada expectativa de muchos. Pero hay alguien que entiende lo que pasa, y no lo acepta. Es el general Ricardo López Jordán: El general López Jordán - cuenta Juan Coronado - que era entonces Ministro de Gobierno de Entre Ríos, y a quien los deberes de la etiqueta lo obligaron a acompañar hasta San José al general Mitre y su comitiva, se volvió al Uruguay en el acto de llegar, no obstante el calor sofocante que hacía, y se volvió prediciendo lo que iba a salir de la reunión aquella. Este joven e ilustrado general, que es el más capaz e inteligente de los militares que tiene la provincia y que acaso está destinado a figurar en primera línea en la República, tenía la ventaja de de conocer las miserias y la nulidad del general Urquiza, tan bien como las miras de los enemigos de la igualdad federal” (Juan Coronado. Misterios de San José. Buenos Aires, 1866) Nada bueno saldrá del cónclave. Los periódicos hablaban de “La trinidad gubernativa” pero cada uno llevaba agua para su molino. Mitre le obsequiaba el bastón de gobernador de Bs.As. a Urquiza y este lo quería convencer a Mitre que gobernaran prescindiendo de Derqui; mientras tanto, ‘el dormilón’ Derqui haraganeaba en su cama y recibía a Mitre en reuniones misteriosas. Coronado, secretario de Urquiza, relata que: “En la mañana del 14 de Noviembre el General Urquiza entró en la secretaría cuando dormían todos los huéspedes de San José, y no encontrándolos allí nos mandó a llamar. El general se encontraba sofocado por la rabia y necesitaba hablar para desahogarse. Ocurrimos a su llamado. Después de preguntarle cómo había pasado la noche nos dijo: Mal. No he dormido sino una hora, o más; tengo la cabeza preocupada con tanta picardía. Esperando una explicación sobre el sentido de esas palabras, guardamos silencio. Después de un pequeño intervalo, el general continuó: ¿No se ha fijado usted en el manejo de estos pícaros? Hace cuatro días que están en mi casa, y hasta ahora ni uno ni otro me han hablado una palabra de política, ellos creen que no me fijo, pero se engañan. Dos veces he entrado en el cuarto del Doctor Derqui y lo he encontrado hablando con Mitre. Cuando me han visto han cambiado de conversación. Y he estado tentado de hacerles saber que no soy lo que piensan’. (Coronado, Misterios de San José). A nada bueno podría llegarse: “En resumen la conferencia que tanto ha llamado la atención se ha reducido a comer pasear y bailar. El presidente dormilón ha dormido en efecto…el general Mitre ha tomado Campo. Si desaliento había antes de la conferencia, si todos temían por la situación, esos temores han aumentado considerablemente” (de la Peña a J.M. Gutierrez) “La conferencia de San José no nos ha dejado contentos. Parece que el general ha tenido serias y muy desagradables palabras con el presidente. No han quedado mejor entendidos que antes, al contrario, se ha reconocido por el ámbito Mitre y por el presidente que el triunvirato con el Capitán General no puede durarles” (Lucero a Pujol) CAMPAÑAS EN ENTRE RÍOS Año 1870 - Primera rebelión de López Jordán en Entre Ríos 11 de abril: Asesinato del General Urquiza, gobernador de Entre Ríos, por partidarios de Ricardo López Jordán. 14 de abril: Asumió López Jordán como gobernador de Entre Ríos.El presidente Sarmiento intervino militarmente en la provincia con fuerzas a órdenes del General Emilio Mitre, luego reemplazado por el General Gelly y Obes. Las fuerzas se organizaron en tres ejércitos: el del Uruguay, a órdenes del comandante en jefe de las fuerzas y luego del General Ignacio Rivas; el del Paraná, a órdenes del General Emilio Conesa, y el de Corrientes, a órdenes del Coronel Santiago Baibiene. El Ejército Nacional llegó a empeñar hasta 16.000 soldados de línea, además de unidades de la Guardia Nacional de varias provincias. Las fuerzas rebeldes entrerrianas contaban con 12.000 jinetes deficientemente armados e instruidos. 20 de mayo: Combate de Sauce. El General Conesa, con 3.960 hombres (1.200 infantes, 160 artilleros y 2.600 jinetes), derrotó a 9.000 hombres de López Jordán, quien intentaba tomar Paraná. 12 de julio: López Jordán tomó Concepción del Uruguay. 19 de julio: Ataque rebelde a Gualeguaychú. Fue rechazado por tropas nacionales. 23 de agosto a 17 de septiembre: Los rebeldes fueron derrotados en los combates de Villa Urquiza (al noreste de Paraná), Diamante-Palmar (al este de Villaguay), Tala (al oeste de Villaguay), Don Cristóbal (al noroeste de Nogoyá) y Rincón del Quebracho (al este de Paraná). 12 de octubre: Batalla de Santa Rosa (al este sureste de Villaguay). El ejército del Uruguay, 4.000 hombres con armamento moderno al mando del General Rivas, derrotó a López Jordán, que contaba con 9.000 hombres. El Ejército Nacional tuvo 36 muertos y 13 heridos y los jordanistas, aproximadamente el triple de bajas. 18 de noviembre: Toma de Villaguay. La ciudad, defendida por 200 guardias nacionales, fue tomada por 1.200 hombres del bando jordanista. 5 de diciembre: Ataque rebelde a Paraná. El Coronel Francisco Borges rechazó el ataque de 3.000 jordanistas. Año 1871 A principios de año, López Jordán invadió la provincia de Corrientes. 26 de enero: Batalla de Ñaembé (12 kilómetros al este de Goya). López Jordán: 7.000 hombres (6.000 jinetes, 1.000 infantes y 9 cañones). Teniente Coronel Santiago Baibiene: 3.000 hombres (7 batallones de Infantería y 6 cañones).Derrota de López Jordán, cuyas fuerzas fueron perseguidas hasta el río Corrientes. Pérdidas: Baibiene: 190 entre muertos y heridos.López Jordán: 600 muertos, 550 prisioneros y toda su artillería. 14 de febrero: Combate de Gená (sobre el arroyo del mismo nombre, al oeste de Concepción del Uruguay). Derrota de una agrupación jordanista de 1.500 hombres por el General Arredondo.. 6 de marzo: Combate de Punta del Monte (al norte de Gualeguay). El Coronel Donato Álvarez, con 600 hombres, derrotó a 900 jordanistas. Después de este combate, López Jordán abandonó la lucha y se exilió, primero en el Uruguay y luego en el Brasil. Año 1873 - Segunda rebelión de López Jordán 1 de mayo: López Jordán invadió Entre Ríos y logró reunir una fuerza de 18.000 hombres sin instrucción y mal armados. 16 de mayo: El presidente Sarmiento designó jefe de las fuerzas de represión al ministro de Guerra, Coronel Martín de Gainza, quien las organizó en tres agrupaciones, al mando del General Julio de Vedia y de los Coroneles Luis María Campos y Juan Ayala. Las fuerzas nacionales contaban con armamento Remington, ametralladoras Gatling y cañones Krupp. Como dato de interés histórico, debe mencionarse que en esta campaña participaron los primeros cuatro oficiales egresados del Colegio Militar, los cuales prestaron sus servicios como alféreces en el Regimiento 1 de Caballería de Línea. Operaciones de la Agrupación del Coronel Campos: 9 de mayo: Combate de Gualeguaychú. 13 de mayo: Combate de Arroyo Ayuí. 29 de junio: Combate de Arroyo Lucas. 17 de octubre: Combate de Gualeguaychú. 25 de octubre: Combate de Arroyo Atencio. En las cinco acciones precedentes, la Agrupación del Coronel Campos derrotó a los rebeldes jordanistas. 31 de octubre: Toma de La Paz. Los rebeldes, con un efectivo de 3.000 hombres, tomaron La Paz, que había sido conquistada el 3 de agosto por el Coronel Nicolás Levalle. Los defensores, 500 guardias nacionales al mando del Teniente Coronel Ricardo Méndez, abandonaron la ciudad sin ofrecer resistencia. Fue ésta la única derrota del Ejército Nacional en esta campaña. Operaciones de la agrupación del Coronel Ayala Derrotó a los rebeldes en las siguientes acciones: 23 de junio: Combate del Arroyo de Las Tunas (al este de Paraná). 30 de agosto: Combate del Arroyo Espinillo (25 kilómetros al este de Paraná). 8 de diciembre: Combate de Arroyo Talita (al noreste de Paraná). 9 de diciembre: Batalla de Don Gonzalo (sobre el arroyo del mismo nombre, 120 kilómetros al noreste de Paraná). El ejército jordanista, que contaba con 6.500 hombres (5.000 jinetes y entre 8 y 10 cañones), fue atacado por el Ejército del Paraná a órdenes directas del ministro de Guerra, Coronel Gainza, que lo derrotó en una acción que duró un poco más de cuatro horas. Los rebeldes tuvieron 250 muertos y otros tantos prisioneros y perdieron todos sus cañones. A estas bajas debieron agregarse 300 jordanistas que se ahogaron en el crecido arroyo Don Gonzalo, cuando lo franquearon en retirada. El Ejército Nacional tuvo 100 bajas. 22 de diciembre: Combate de Nogoyá. Derrota del General jordanista Caraballo (600 hombres), por el Coronel Villar con 300. Año 1874 A principios de este año, finalizó la campaña - luego de otros combates desfavorables a los jordanistas - con la huida de López Jordán al Uruguay. Año 1876 - Tercera y última rebelión de López Jordán en Entre Ríos. López Jordán preparó, durante su exilio en el Uruguay, una nueva invasión a Entre Ríos, coordinada con un movimiento revolucionario que estallaría en la provincia para deponer al Gobernador. Esta conspiración estaba en conocimiento del comisionado nacional, Coronel José Inocencio Arias. 27 de noviembre: López Jordán invadió Entre Ríos con un reducido grupo de partidarios y no encontraron el apoyo previsto, pues la revolución no se produjo. Al internarse en la provincia, chocó con un escuadrón, al que rechazó, pero en vista de que había alcanzado reunir no más de 800 hombres -con los que pasó por Concepción del Uruguay, Tala, Nogoyá y Paraná-, se dirigió con su fuerza hacia Corrientes. 7 de diciembre: Combate de Alcaracito (al sur de La Paz). La pequeña fuerza revolucionaria fue sorprendida por tropas nacionales del Ejército del Paraná del Coronel Juan Ayala, a las que derrotó completamente en menos de una hora de combate.López Jordán disolvió los restos de su fuerza y se dirigió a Corrientes, en donde fue tomado preso. Fue conducido a Rosario, pero logró fugarse y pasó nuevamente al Uruguay. 19 de marzo: El Ejército del Norte ocupó La Rioja. 10 de abril: Combate de Pozo de Vargas (a 2,5 kilómetros de La Rioja). El Ejército del Norte, al mando del General Antonino Taboada (2.100 hombres), derrotó a las fuerzas de Felipe Varela (4.000 hombres), que se dispersaron. 5 de junio al 4 de agosto: Nuevas operaciones de Felipe Varela. El Teniente Coronel Charras, con fuerzas nacionales del Ejército del Norte, libró varios combates contra Varela, que había reorganizado sus fuerzas, en Ducito, Cuesta de Miranda, Cuesta de Chilecito y Saujil. El resultado de estos combates fue que el caudillo derrotado debió refugiarse en Bolivia. Muerte de Ricardo López Jordán El 22 de junio de 1889 es asesinado en Buenos Aires por Aurelio Casas, quien es arrestado y declara haber obrado bajo un designio de venganza por el fusilamiento de su padre Zenón Casas, oficial ‘florista’ durante la segunda rebelión jordanista. La familia Urquiza le hace llegar a la esposa del matador una donación de 35.000 pesos y la gente comenta fundadamente el regalo. La verdad es que el padre de Casas había sido muerto por orden del comandante oriental Cornelio Oviedo por el mes de mayo de 1873. Desde el 29 de noviembre de 1995, los restos del General Ricardo López Jordán son trasladados hasta el su Mausoleo erigido en la plaza Carbó de la ciudad de Paraná. En un acto de estricta justicia histórica, el General de la Nación, Gobernador Constitucional y Caudillo del Pueblo Entrerriano, descansa como Dios manda, en su tierra entrerriana por la que tanto luchó. La sabiduría y estatura moral de Don Ricardo fue la de respetar, comprender y amar a su pueblo. Bibliografía: - Chávez, Fermín. Vida y muerte de López Jordán. Edit. Theoría - Saldías, Adolfo. Historia de la Confederación Argentina. Eudeba. Bs.As. 1978 - Rosa, José Maria. Historia Argentina. Editorial Oriente. Bs.As. - Rosa, José Maria. Rosas y el Imperialismo - La caída. Offsetgrama. Bs.As. 1974. - Federico de la Barra. La vida de un traidor. Emp. Reimpresora y Adm. de Obras Americanas. Bs.As.1915 - Obras citadas Se permite la reproducción citando la fuente: www.lagazeta.com.ar FUENTE:http://www.agendadereflexion.com.ar/2009/07/04/541-lopez-jordan/