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rakion93

Usuario (Argentina)

Primer post: 27 nov 2013
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Armas Caseras
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Hazlo Tu MismoporAnónimo11/27/2013

Pistola a gas de desodorante o alcohol Panther I : De avancarga a gas de desodorante o alcohol Proyectil: Bolitas o papas Calibre: 15 mm Alcance efectivo: 8/10 mts Alcance max: 30/40 mts Miras: no posee Estructura: Cañon de metal,cuerpo de plastico culata de madera. Fusil Tiger I (Mi primer rifle efectivo a 15 mts) De avancarga a gas de desodorante o alcohol Proyectil: tornillos o bolitas de cemento Calibre: 10.5 mm Alcance efectivo: 10/15 mts Alcance max:50/65 mts Miras: guion y alza de plastico y fijos Estructura: Cañon de metal,cuerpo de plastico culata de madera. Escopeta Thunder de doble caño cal.20. Tiene la posibilidad de disparar 2 tiros (no juntos) gracias a un interruptor. De avancarga a gas de desodorante o alcohol Proyectil: tornillos o bolitas de cemento Calibre: 20.0 mm Alcance efectivo: 10/15 mts Alcance max: 50/60 mts Miras: guion de plastico Estructura: Cañon de PVC ,cuerpo de plastico y culata de madera. Escopeta Thunder II a retrocarga sin problemas y también la mas poderosa. De Retrocarga a gas de desodorante o alcohol Proyectil: bolitas comunes o bolitas de cemento Calibre: 20.0 mm Alcance efectivo: 10/15 mts Alcance max: 75/90 mts Miras:no posee Estructura: Cañon de metal ,cuerpo de plastico y culata de madera. Rifle AT-1 Mucho poder destructivo le puse AT que fixticiamente significa Anti-Tank por el gran calibre. De avancarga a gas de desodorante o alcohol Proyectil: Papas, bolones de Cemento o bolones 2,5 mm Calibre: 28.5 mm Alcance efectivo: 15/20 mts Alcance max: 110/130 mts Miras: guion de metal Estructura: Cañon de Metal Galvanizado ,cuerpo de plastico y culata de madera. Bazooka Dragon 36 mm Gran potencia y efectividad 100% De avancarga a gas de desodorante o alcohol Proyectil: Papas, Cartuchos de 36mm Calibre: 36 mm Alcance efectivo: 15/20 mts Alcance max: 90/110 mts Miras: guion PVC Estructura: Cañon de PVC ,cuerpo de plastico Bazooka Dragon II Lo ultimo que construi en armas AT De avancarga a gas de desodorante o alcohol Proyectil: Papas, Cartuchos de 32mm Calibre: 32 mm Alcance efectivo: 15/20 mts Alcance max: 100/130 mts Miras: guion metal Estructura: Cañon de PVC ,cuerpo de plastico Mortero Petardero (funciona con petardos) es la unica arma de fuego que hice. De avancarga Proyectil: Cartuchos de 32mm o otros ajustables Calibre: 32 mm Alcance efectivo: caida de proyectil a 100 cmt del objetivo a 100 mts Alcance max: 150 mts Miras: no posee Estructura: Integramente de metal Cañon ULI-43 cañon. De avancarga Proyectil: Cartuchos de 45mm o papas Calibre: 45 mm Alcance efectivo: 20 mts Alcance max: 80 mts Miras: no posee Estructura: Cañon de PVC, cuerpo de madera Cañon Megaul AT (anti-tanque) De avancarga Proyectil: Cartuchos de 43mm o Dardos perforantes Calibre: 43 mm Alcance efectivo: 30 mts Alcance max: 150/200 mts Miras: no posee Estructura: Cañon de PVC, cuerpo de madera LA MEJOR DE TODAS Tutorial como hacer Armas Caseras Como hacer un dardo Como hacer un mini lanza patatas Como hacer pinza pistola Como hacer un file casero

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Pollo al limón (cocina china)
Pollo al limón (cocina china)
Recetas Y CocinaporAnónimo12/1/2013

Los que me seguís ya sabéis de mi atracción fatal por la cocina china. Es un juego de sabores y texturas que me encanta, pero, lamentablemente, acudir a un "chino" es nefasto para mi salud. Es por ello que me he empeñado en cocinar este tipo de platos en casa, a mi gusto, con ingredientes comunes, caseros y lo más saludables posible, intentando emular estos sabores tan característicos. Esto no me ocurre a mí sola. Como he podido comprobar cada vez que publico alguna receta china casera, muchos adoráis esta cocina pero tampoco podéis ni acercaros a estos establecimientos. Bien, pues para todos vosotros, incondicionales de la cocina "chinorri homemade", pero aparente y sobre todo saludable, va dedicada mi versión de pollo al limón. Como casi cada vez que preparo cocina china en casa es monotema y hago el pollo al limón junto a otras preparaciones, en plan picapica, os dejo las indicaciones para preparar una sola pechuga, que, para nosotros dos, resulta más que suficiente. Sin embargo, con estas cantidades de salsa que os facilito, podéis perfectamente acompañar hasta dos pechugas, pero no más. Tenedlo en cuenta, que luego a todos nos gusta mojar el pan chino en ella. :-) Ingredientes 1 pechuga de pollo (limpia de huesos y piel) 1 huevo maizena (la cantidad necesaria para rebozar la pechuga) sal y pimienta Para la salsa de limón: 5 cucharas soperas de zumo de limón 2 de vinagre de vino blanco 3 de azúcar 4 de agua 1 cucharadita (de café) de maizena Necesitareis también abundante aceite para freír. Preparación Al revés de lo que es habitual en mí, no os puedo dar una razón concreta del por qué lo hago de esta manera, pero me gusta empezar por poner las pechugas salpimentadas a macerar en el huevo batido. Tengo la impresión que el rebozado queda mejor, así que empezaremos por salpimentar generosamente el pollo y lo dejaremos ahí mientras preparamos la salsa. De vez en cuando darle alguna vuelta y que quede bien empapado. Para la salsa exprimiremos un limón, o los que sean necesarios, para conseguir 5 cucharas soperas de zumo. Desleíd la cucharadita de maizena en las 4 cucharadas de agua, que debe ser fría del grifo. Si añadís el agua a la maizena, poco a poco, y no al revés, la disolveréis mejor. Pero evitad el agua caliente, pues no se disolverá bien. Tened preparados también el vinagre y el azúcar. Utilizad el vinagre que más os guste, pero os recomiendo especialmente que sea de vino blanco, pues ésta es una salsa que debe quedar transparente. Llevar todos los ingredientes a ebullición, a fuego medio-alto, removiendo constantemente. En cuanto empieza a hervir veréis que la mezcla se vuelve transparente. En ese punto dejad que hierva por 1 minuto, a fuego suave, para que se evapore un poco el olor a vinagre, y ya estará la salsa lista. Podéis reservarla en caliente o bien recalentarla en el último momento al microondas. Sin ningún problema. Una vez preparada la salsa enharináis el pollo con maizena. Hacedlo de manera generosa. Es importante que esté bien cubierto, aunque después sacudamos el exceso, porque esto ayudará a que la pechuga, que es la parte menos tierna del pollo, retenga sus jugos y nos quede muy jugosa y suculenta. No os dejéis ningún rinconcito y cuando hayáis acabado, sacudid un poco el sobrante. Utilizo maizena porque me gusta más el resultado que utilizando harina de trigo, tengo la impresión que el rebozado es más fino pero a la vez impermeabiliza mejor. Igual solo son manías mías, os lo comento porque me gusta más como queda, pero vosotros hacedlo como más os guste o como veáis que os queda más jugosa. Freíd la pechuga en abundante aceite de oliva, suave, con muy poca acidez, o en su defecto, aceite de girasol especial para frituras. Evitad el aceite de oliva de sabor intenso, pues marcaría el resultado final y no nos interesa. Dejadla, a fuego medio-alto, el tiempo necesario para que adquiera un tono bien dorado y uniforme, pero no tostado, esa será la señal de que su interior está totalmente cocido, pero en el punto más jugoso. Si lo hacéis en freidora, en cuanto la pechuga flote a la superficie, también sabréis que el interior estará cocido y en su punto. Colocad la pechuga sobre un papel absorbente y, con un cuchillo bien afilado, con cuidado de no romper el rebozado, practicadle cortes perpendiculares de aproximadamente 1 cm de grosor. No la cortéis del todo. Justo lo suficiente para que mantenga su forma, y a la vez, podamos coger las porciones con los palillos y separarlos de la pechuga sin dificultad. Con el mismo cuchillo, a modo de espátula, y la ayuda de la mano libre, recogéis la pechuga entera y la disponéis en el plato donde la vayáis a servir. Si lo queréis, podéis adornar el pollo insertando en los cortes, de manera decorativa, un par de rodajas de limón. Cortadlas bien finas. Salsead un poco de salsa de limón por encima del pollo. Casi más con la intención de llenar los huecos de los cortes que de inundar la pechuga, pues hay que procurar que el rebozado no se reblandezca. El resto de salsa la servís aparte. Además de la salsa, que es parte muy importante, yo pienso que el secreto de este plato radica en la cocción de la pechuga. Tened la paciencia de dejar que adquiera este color, ya veréis que trabajando con la maizena no tendréis dudas a este respecto, pues se mantiene blanca todo el rato y va cambiando de color justo en el momento adecuado. Siempre podéis comprobar que está bien cocida con un pequeño corte, pero os recomiendo que tengáis la paciencia de esperar a que se dore, ya que si cortáis la pechuga y la sumergís de nuevo en el aceite, por allí se perderá la jugosidad de la carne, que ya de por sí es bastante seca. Os va a sorprender cuan tierna y jugosa puede quedar una pechuga de pollo y qué sabrosa está con esta salsa. :-) El resultado de este plato tan rápido y sumamente sencillo a mí me parece fantástico. Ya no solo en el aspecto, que me recuerda al de los chinos que he probado, sino en el paladar, ácido, dulce y con un sabor intenso a limón, que a mi gusto resulta impresionante. Bueno, a mi gusto y al de quien lo ha probado en casa, que no se va sin pedirme la receta. (Cristina, Pablo, va per a vosaltres) :-) Probadlo. Los que ya habéis hecho alguna de mis recetas chinas, y os ha gustado, no os va a defraudar. A los que todavía no lo habéis hecho y os gusta la cocina china, os animo a que lo probéis, porque además de poder conseguir un resultado muy acertado con ingredientes más que corrientes, es de verdad fácil, realmente fácil y os va a encantar. Ya me contaran :-)

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Churros, receta tradicional
Churros, receta tradicional
Recetas Y CocinaporAnónimoFecha desconocida

He completado el titulo de la entrada con la coletilla de tradicional porque, aunque os pueda sorprender, hay muchas maneras de elaborar churros, entendiendo por churros aquellos hechos solamente con harina y agua. Porque los hay que también difieren en su masa. Partiendo de esta base se pueden variar con distintos aromas que pueden ir desde la simple inclusión de piel de limón, infusionada en agua, añadir sabor a canela, bien espolvoreada al final o en rama para infusionar, o incluso aromas como el anís. Las formas y tamaños también pueden ser distintos, aunque entonces reciben otros nombres, como las típicas porras madrileñas que doblan perfectamente el grosor característico del churro. A pesar de que para nosotros lo habitual sea la sección estrellada, también son populares los churros de superficie lisa o bien con el interior hueco, para posteriormente rellenarlos con crema pastelera o chocolate. Estos últimos podemos encontrarlos en algunas churrerías de nuestro país, pero son variedades especialmente preferidas en otros países, mayoritariamente de habla hispana y portuguesa, y luego os explicaré por qué. En Brasil, por ejemplo, tienen más popularidad los churros rellenos de chocolate mientras que en México, Uruguay o Argentina, prefieren los rellenos de crema de vainilla o de dulce de leche, en cambio, en Cuba, son especialmente apreciados aquellos que están rellenos de guayaba. En estados Unidos también son populares los churros y se encuentran en ferias, circos y atracciones aunque son, normalmente, al estilo mexicano y con una masa más parecida a la pasta choux que a la de nuestro churro. Esto en lo tocante a los churros dulces, porque también los hay salados como los que se popularizaron también en Uruguay rellenos de queso, o como los que se preparan en algunas comarcas del sur de nuestro país donde se elaboran con sal en lugar de azúcar. Y esto tiene explicación si atendemos a una de las teorías respecto al origen de los churros. Respecto a esto, puede que yo no haya sido capaz de dar con el verdadero origen de este preparado, pero parece que es realmente confuso, bastante ambiguo y no hay o no he sabido encontrar una teoría oficial, coexistiendo diferentes versiones por las que, si bien todas coinciden en que es un producto especialmente típico en España, no sé yo si podríamos atribuirnos su invención. Algunas versiones otorgan este invento a los pastores españoles que, ante la dificultad de hornear pan en las montañas, habrían pensado la manera de cocerlo mediante fritura y un improvisado fuego de leña. De ahí se supone que habría venido su nombre, churros, aunque algunos dicen que por el nombre de las ovejas churras y otros que por su semejanza con la forma de los cuernos de este animal, el carnero. Esta costumbre de freír la masa de pan acabaría extendiéndose, en principio en aquellas capitales donde disfrutarían de ferias populares, siendo ya muy conocidos los churros a principios del siglo XIX, tanto en las ferias madrileñas como en las barcelonesas, donde la concentración de visitantes era notable. Esto evolucionaría hasta el punto que hoy en día no se concibe una feria sin un puesto de churros ambulante, por muy sencillita o pequeña que sea. A todo esto debo decir, que aunque parece ser verdad que fueron los pastores quienes de alguna manera popularizaron esta preparación, su origen, casi seguro, es mucho más remoto y, más que posiblemente, foráneo. Laura Cronk, en la revista The Prisma, en un artículo que escribe a raíz del reciente incremento en Londres del número de churrerías (algo, según ella, más propio de España y algunos países latinoamericanos), sitúa el origen de esta preparación en China donde es muy popular el Yóutiáo ( 油条). Esta preparación es una especie de masa de pan frita, a primera vista más parecido a un éclair gigante pero estrecho y , por lo que he podido apreciar, de unos 30 cm de largo. El Yóutiáo se compone de dos tiras de masa unidas lateralmente, que es lo que simboliza el motivo de su origen, una vez frito se abre por la mitad y se rellena con lo que más te guste, por lo general picadillos diminutos de cualquier cosa mezclados con salsa tipo mahonesa, o similar, como si fuera un bocadillo. Normalmente se venden en puestos ambulantes y suelen servirse como desayuno. Para no enredarme, que me conozco, pasaré por alto la curiosa historia de esta preparación, que por otro lado podéis consultar en la web, para ir directamente al final que es la que nos interesa en este caso. Allí los comerciantes Portugueses habrían probado estos "diablos fritos" trayéndose la receta de regreso a su país. Sin embargo, debido a la severidad con que el emperador castigaba a aquellos que compartían sus secretos con los extranjeros, los portugueses no consiguieron hacerse con el peculiar método con que formaban las tiras de Yóutiáo, por lo que decidieron pasar la masa por un cortador de estrella y de ahí su forma actual y que conocemos en nuestro país. No sé, si esto fuera así, si serían los portugueses o los españoles quienes le habrían dado ese aspecto más compactado y el toque dulce con azúcar, ya que el Yóutiáo es salado y algo más hueco y ancho. Cuando os hablé de la pasta choux os comenté que había muchas semejanzas con otra preparación, en cuanto al concepto de cocer la masa varias veces, y en una ocasión leí en una revista americana que la pasta choux no era la única que usaba este sistema y se hacía clara alusión a nuestros churros, donde por cierto se apuntaba sobre un posible origen árabe, algo que también explicaría el arraigo de los churros en nuestro país. Esta teoría es compartida por la Asociación de Churreros catalana que, según explica la revista Muy Interesante en un artículo del año 1999, defenderían, de manera prudente eso sí, la idea de que el origen de los churros sería árabe pero que su preparación se pierde en el tiempo. Algo que también sucede con muchísimas de nuestras preparaciones tradicionales. Los árabes, y esto es un razonamiento mío, tendieron muchos puentes entre oriente y occidente, lo cual nos lleva otra vez a pensar que el origen chino es una posibilidad a tener en cuenta. Quien sabe si primero los árabes y luego los portugueses, o simplemente una cosa y no la otra, lo que sí es seguro es que fueron los colonizadores españoles quienes llevaron esta costumbre a los países latinoamericanos y no fue hasta entonces que los deliciosos churros pudieron bañarse en ese preciado líquido llamado chocolate caliente. La receta que os traigo hoy es la que se puede encontrar en cualquier libro de cocina con un mínimo de 75 años, que los libros modernos suelen ser, desgraciadamente, poco respetuosos con las tradiciones. En cualquiera de ellos veréis que los ingredientes para hacer churros se miden en volúmenes, no se pesan, y debe utilizarse el mismo volumen de agua que de harina. Esto facilita el poder hacer la cantidad que queramos, pero si es la primera vez que los hacéis os daré una referencia para que calculéis cuantos churros os pueden salir aproximadamente. También se menciona muchas veces que para que los churros salgan bien debe emplearse harina de clase inferior. Y ahí me han matao, porque puedo deducir qué significaba harina inferior 100 años atrás, pero no puedo asegurarlo. Me imagino que se refiere a la harina poco refinada, ya que entonces, cuanto más refinada era la harina, más trabajo mecánico era necesario y más cara salía. No como ahora que, curiosamente por la misma razón, resulta a la inversa. Yo los preparo con harina blanca común, la que uséis para la cocina, sin más. A veces he utilizado harina de fuerza, porque suelo tenerla más a mano, pero entonces utilizo un poquito menos, poca cosa, porque ya sabéis que la harina de fuerza admite más agua que la harina normal. Con un poquito de práctica el tipo de harina no supone ningún problema. Otra cosa que os quería comentar, en la masa se pone un pellizco de sal, muy poquita, y algunas veces, aunque ya en recetas más modernas, se utilizan impulsores químicos (Bicarbonato, Royal, etc). Yo prescindo de ambos porque me gusta más como quedan los churros sin ellos, pero podéis usarlos. Con el impulsor siempre os quedará la masa algo más esponjosa. os explico como los preparo que os va a ser más útil. Ingredientes: 1 medida de harina blanca (de la normal que usáis en casa para cocinar) 1 medida de agua azúcar abundante aceite para freír (de oliva o de girasol especial para frituras, más adelante os cuento las diferencias) Preparación: Tomad una medida de harina y otra de agua. Yo además le he añadido una cucharilla rasa (de café) de azúcar porque ayuda a que las masas queden crujientes. A mí me gusta más así, pero lo cierto es que de poner algo es sal. Si vosotros preferís poner sal, que sea solo una pizquita o los notareis salados. Las tazas que he utilizado son una medida intermedia, como de unos 150ml de capacidad, y con ellas me salen 8 churros de unos 20cm de longitud y 2-2,5 cm de diámetro. Si usáis vasos de medida normal, os saldrán una docena de churros o más, siempre y cuando uséis una boquilla de diámetro parecido. Para una merendola para dos es más que suficiente, pero si deseáis más cantidad de masa solo debéis usar tazas o bowls más grandes, teniendo en cuenta la capacidad y la referencia que os he dado sacareis cuentas fácilmente. Colocad el agua y la cucharilla de azúcar (o la pizca de sal) en un recipiente y llevadlo al fuego hasta que hierva. Inmediatamente retiráis el cazo y volcáis la harina de golpe. Si queréis podéis tamizarla, pero no es absolutamente necesario. En este punto no podéis entreteneros porque después os costaría de disolver, pero yo quise haceros una foto para que vierais lo que sucedía con la harina. Fijaos en la foto en la textura de la harina que ha tocado el agua. El calor hace que se cueza. Una vez hayáis tirado la harina y sin perder tiempo, empezad a mezclarla con una cuchara de palo o un utensilio similar de madera. Hacedlo con firmeza pues debéis evitar que se formen grumos. Si habéis trabajado alguna vez la pasta choux observareis que la masa se comporta de la misma manera, es muy densa y se trabaja con dificultad, tiene el aspecto de un puré de patata muy seco, sin embargo observareis que se va desprendiendo de las paredes formando una pasta muy compacta pero elástica y sobre todo muy flexible. Si tenéis una churrera la llenáis con la masa y extendéis churros de unos 18-20 cm de longitud, aunque esto último es a vuestro gusto. Los extendéis sobre una superficie de madera que os facilitará poder manipularlos, aunque ya veréis que queda una masa nada pegajosa que podréis coger con las manos sin ningún problema. Si se os pegara es que habéis usado más agua de la que debíais. Si como yo no tenéis churrera, deberéis llenar una manga pastelera y utilizar una boquilla de estrella abierta. La mía es la 1M de wilton, pero podéis hacerla con la que más os guste siempre que la estrella sea abierta y grande, pues de lo contrario no os saldrá la masa. Otra cosa que debéis procurar si usáis manga es dejar templar la masa, pues su calor y su considerable densidad puede llegar a romper la manga. Os recomiendo que sea de tela de algodón o de plástico muy resistente. Las desechables de plástico transparente no os van a servir. A continuación hay que freírlos y aquí también me extenderé un poquito para quien no los haya hecho nunca. En primer lugar os comento lo del tipo de aceite. Lo ideal es usar aceite de oliva, además de por razones obvias, porque alcanza temperaturas muy altas sin descomponerse. Sin embargo yo no os aconsejo que calentéis el aceite en exceso, porque con una masa tan compacta tostaríais los churros antes de que quedaran bien cocidos por dentro. Si tenemos esto en cuenta, entonces podemos utilizar un aceite vegetal especial para frituras, de girasol, por ejemplo, porque además obtendremos una ventaja muy importante y es que los churros no resultarán tan pesados al estómago o indigestos, quedando una fritura algo más ligera. Esto lo dejo a vuestro criterio y vuestro gusto, yo lo hago con aceite de girasol especial para frituras, que no todos valen, y puedo comerme 4 churros hermosos sin sentir pesadez. Entonces, colocad abundante aceite en una sartén para aseguraros que se cubran los churros (podéis usar freidora si lo preferís). Calentadlo a fuego medio alto, sin que sea a tope. Si os sirve de referencia yo utilizo una intensidad 8 en una escala de 10. Cuando esté caliente añadid los churros en pequeñas cantidades, pues se enfría el aceite con facilidad y además podrían pegarse entre ellos. 4 o 5 churros es suficiente. Fijaos en la foto superior como inmediatamente de echarlos se agrupan y parece que quieran pegarse. No os preocupéis, es solo el primer momento. No los toquéis, simplemente sacudid un poco la sartén para que el aceite cubra toda la superficie. En cuanto se sella la capa externa empiezan a inflarse y se separan por sí solos. Dejadlos tal cual. A medida que vayan cogiendo color podéis darles alguna vuelta, ahora ya sí sin miedo a deformarlos, para aseguraros de que adquieren el mismo tono y de manera uniforme, por todas las caras. Porque cuando llega este punto tienden a flotar y si no prestáis atención podrían quedar más doraditos por debajo. En cuanto veáis que tienen un color irresistible es el momento de retirarlos :-) Os recuerdo que si lo deseáis podéis usar impulsores, tipo Royal, pero ya veis que no es necesario. Otra cosa que os quiero comentar respecto al aceite es que queda absolutamente limpio y que podéis volver a aprovechar si lo hacéis adecuadamente. Tened preparado un recipiente con algún papel absorbente, y los vais reservando ahí hasta acabar de freírlos todos. Cuando hayáis terminado los espolvoreáis con tanto azúcar como os pida el cuerpo, llegados a este punto no vamos a ser tiquismiquis con el azúcar :-) Observareis que cuando los churros están muy calientes, el vapor, que todavía emanan, puede llegar a disolver el azúcar formando una suerte de glaseado que es riquísimo. Esto no sucede si están algo más templados. Bueno, y si no os ha importado ni la fritura ni el azúcar, como ya no viene de aquí, os hacéis una buena taza de chocolate calentito que es lo que en el fondo os templará el cuerpo Los churros son deliciosos tal cual, por mucho que los anglosajones se refieran a ellos como "palos grasientos e insípidos", pero mojados en chocolate caliente se convierten en algo resucitador. Y si no, que pregunten a los que tras una dura noche de bailoteo se reconfortan con esta casi pecaminosa lujuria He leído que los churros son conocidos también como "Calentitos" o "masa frita" en Sevilla, "Tallos" en Jaén o "Tejeringos" en Granada, aunque con el tiempo estos términos han acabado siendo sustituidos por la palabra churro. Es algo que yo desconozco y me gustaría que me confirmarais los que vivís en estas ciudades.

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Hot wings, alitas picantes al estilo chino
Recetas Y CocinaporAnónimo12/2/2013

Hoy os traigo una receta muy, muy sencilla, pero resultona y sabrosa con la que os garantizo que vais a chuparos los dedos, si es que os gusta este tipo de cocina, claro :-). Es rápida, si no tenemos en cuenta el tiempo de maceración, e ideal para sentarse delante de la tele, en un picoteo o en una cena informal con los amigos. Crujientes, calentitas y con un toque agridulce y picante, estas alitas podéis acompañarlas también de una buena ensalada, o cualquier acompañamiento que os guste, para convertirlas en un plato más completo, pero sea como sea, dudo que seáis capaces de probar solo una. Como muchas otras cosas, aprendí de qué manera hacer estas alitas observando en mi "wok de cabecera". Qué gran invento este de los woks donde vemos a los cocineros en su oficio. Son ágiles, rápidos y muchas veces se sacan los ingredientes prácticamente de las mangas y en botes blancos a granel, pero, si os acercáis a preguntar con educación seguro que os contestan con una sonrisa todo lo que queráis saber y más. Probadlo. Luego en casa lo podéis adaptar a vuestro gusto y eso es precisamente lo que hoy quiero compartir con vosotros. Mi versión de alitas picantes chinas. Ingredientes: Una decena de Alitas de pollo (aprox.) sal y pimienta a vuestro gusto Para el aderezo: 2 cucharas soperas de azúcar 1 cuchara sopera de vinagre de módena 3 cucharas soperas de salsa de soja 30 gr. de salsa ketchup 2 cucharillas (de café) de salsa tabasco 1 cucharilla (de café) de pimentón picante 1 cucharilla colmada de maizena 1 pastilla de concentrado de pollo 250ml. de agua Necesitareis, además, aceite de oliva suave para freír. Preparación: Limpiad bien las alitas bajo el grifo, con el fin de quitarles cualquier rastro de sangre o de plumas que pudiera haber. Una vez estén limpias las secáis. Cortad as alitas por las articulaciones descartando las puntas. Si os da pena tirarlas podéis hacer con ellas un fondo de caldo, o congelarlas para hacerlo en otra ocasión, pero para este plato es mejor descartarlas. En un bowl grande, disolved la pastilla de concentrado en el agua y añadid el resto de ingredientes para preparar un macerado. Mezclad bien el azúcar, el vinagre, la soja, el tabasco, el pimentón y el ketchup junto con el caldo. Salpimentad las alitas e introducidlas en el bowl. Si queréis podéis desleír también la maizena en este macerado, o bien lo hacéis después al cocer la salsa. Como queráis. Tapad el bowl con un papel film y dejad las alitas en maceración un tiempo mínimo de 2 horas para que se impregnen bien del sabor. A ser posible a temperatura ambiente, ya que el frío ralentiza este proceso. Dos cosas me gustaría comentaros acerca de este macerado: En primer lugar que los ingredientes os sirvan de referencia ya que, posiblemente, lo que para mí sea picante para vosotros sea una leve insinuación. En principio, y para mis gustos, 2 cucharaditas de tabasco y una de pimentón, son suficientes para darle un toque picante, pero esto es algo que podéis adaptar a vuestros gustos, ya sabéis que a mí no me gustan especialmente los condimentos fuertes con lo que éste macerado es relativamente suave. Más tarde, cuando estéis cociendo la salsa, podréis probarla y rectificar a vuestro gusto si así lo deseáis.Lo segundo que quería comentaros es acerca del método del maceración y me gustaría contaros mi experiencia al respecto. Los macerados podéis prepararlos en la víspera y dejar en la nevera toda la noche, con lo cual dejáis que sea el tiempo quien haga todo el trabajo. Pero si no habéis caído en prepararlo a tiempo y/o no disponéis de 2 o 3 horas para que la salsa dé sabor a la carne, podéis llevarlo al microondas unos minutos, como 5 o 6 (dependiendo del grosor de la carne y siempre dentro del bowl y tapado con el papel film), o hasta que veáis que la carne ha perdido el aspecto crudo. Ojo, no es necesario que se cueza del todo, pero sí lo suficiente como para que el calor haga que en unos minutos la carne tome el sabor del macerado, a la vez, en este caso, conseguiremos también que se frían más rápidamente en el aceite. Esto suelo hacerlo también cuando quiero cocer carnes al horno en piezas muy grandes o con grandes huesos, como pollos enteros o la pierna o espalda de cordero, en primer lugar porque, hecho correctamente, la carne se cuece sin perder jugosidad, más rápido que en el propio horno, y a la vez conseguimos un buen ahorro en energía eléctrica, algo también muy interesante. Después termináis la cocción por el método tradicional que habíais elegido con lo que os quedará una cocción perfecta y relativamente rápida. Haced este macerado como prefiráis, pero tened en cuenta que necesitareis de uno de estos dos factores, tiempo o calor. Para esta entrada simplemente dejé que maceraran buena parte de la mañana. En un wok, si es posible, disponed una buena cantidad de aceite de oliva, el suficiente para que queden totalmente cubiertas las alitas, y dejadlas freír completamente. El fuego medio-alto. Idlas volteando para que se frían de manera regular. Cuando estén bien doraditas reservadlas sobre un papel secante o servilleta de cocina para eliminar el exceso de grasa. Aparte, en otro wok, disponed la salsa con la que se ha macerado el pollo, dejándola reducir hasta que se convierta en una salsa espesa. Si no habíais incorporado la maizena al macerado, éste sería el momento de hacerlo. Dejad reducir teniendo en cuenta que no se trata de un plato con salsa, sino de que debemos conseguir justo la cantidad suficiente para envolver las alitas. En cuanto haya reducido la probáis y la rectificáis si fuera necesario. Tened presente que probándola así, sola, siempre parecerá más fuerte que cuando esté acompañando al pollo, donde la combinación será menos intensa. Una vez la salsa esté a vuestro gusto incorporad las alitas, les dais una vuelta rápida para que se impregnen bien, pero sin entreteneros, para que no se reblandezca la corteza frita del pollo y se mantengan crujientes. Recordad dejar la salsa lo más reducida que os sea posible. Las sacais del wok y ya estarán listas. Así es como quedará: Como ya os he comentado, podéis servirlas acompañadas una buena ensalada, unas verduras salteadas, un puñado de arroz blanco, fideos de soja o, si no tenéis problemas con el bikini, unas patatas fritas o unos aros de cebolla. Si cuidais el tiempo en el momento de mezclar con la salsa, os quedarán las alitas muy crujientes, para mí es un atractivo añadido ya que me gustan de esta manera, pero si no os gustan así podéis introducirlas en la salsa mientras ésta se reduce. Quedarán de textura más suave y no crujirán. Si os preocupa el tema de las frituras podéis utilizar el horno, reservando la salsa mientras las alitas se tuestan en él. Luego, mezclad el jugo que obtengáis de la cocción al horno a la salsa del macerado y dejad que se reduzcan ambos caldos juntos. A partir de aquí seguís la receta de la misma manera.

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Death by chocolate (en pequeñas dosis)
Recetas Y CocinaporAnónimo12/2/2013

La semana pasada nos invitaron a una cena para celebrar un cumpleaños, pensé que sería buena idea llevar una tarta, aún a riesgo de que ya hubieran pensado en los postres, al fin y al cabo una tarta de chocolate con un nombre así siempre tiene un rinconcito en cualquier mesa :-). Lo cierto es que quedó muy buena, muy suave y fue un éxito rotundo. Solo pude hacer fotos del paso a paso pero no del final (porque todavía tenía que arreglarme, en fin, que no pude) y menos del corte, lógicamente no me iba a presentar con la tarta medio mutilada... con lo que tendré que prepararla de nuevo para poder subirla al blog (ainss... que sacrificio!!! jajaaaaj). Pero mientras me recupero del mega aporte calórico del sábado, por no repetirla tan seguido y porque nunca he hecho cupcakes y me parecen una cucada, he pensado que os podía avanzar una versión mini, individual, chiquitina, que apenas se va allí donde sabemos que van estas cosas. No es idéntica, porque era una tarta de varias capas embebidas de almíbar espirituoso y trufa, y tampoco es un genuino cupcake porque está realizado con una base genoise que me parece más suave y ligero. Pero también tiene su aquel y, si cierras los ojos, exactamente el mismo sabor. Además, estoy convencida que en versión mini el pecado es menor, verdad? :-)) Bajo el nombre de "death by chocolate" (muerte por chocolate) se describe una serie de pasteles, tartas e incluso helados, hechos íntegramente de chocolate y/o cacao o bien con alguno de ellos o ambos como elementos principales. Aunque parezca sorprendente, el término, es una marca registrada de la que son propietarios los restaurants S and A Restaurant Group, de Estados Unidos y F.T. Wood and Sons Limited en el Reino Unido (dato extraído de wikipedia), donde se utiliza de manera promocional para una gran variedad de sus productos. Sin embargo es un término que se utiliza de manera muy común en repostería a pesar de que legalmente constituya una violación de los derechos adquiridos por las empresas anteriormente citadas. Estos casos son muy comunes en la restauración y la industria alimentaria en general. Sin ir más lejos la palabra "fuet" (y permitidme este paréntesis para explicarme mejor) un término catalán que significa látigo, y que se aplica, entre otras cosas, a un producto de carne de cerdo picada, embutida y curada, en forma de látigo, está registrada en la actualidad por una empresa de embutidos. No sé quien tiene menos luces, si la empresa a la que se le ocurrió registrar el nombre o el poco avispado que lo ha permitido. Bien, pues el caso del término Death by Chocolate es prácticamente lo mismo. Según esta misma fuente el término fue acuñado en 1984 por Erik Russell, mientras trabajaba para una empresa de postres manufacturados llamada Kaysens. Esta empresa propuso un nuevo producto y en su degustación, el señor Russell, que debió ver por unos instantes el cielo con aquello, exclamó: "This one's death by chocolate". En la wikipedia donde he consultado este dato se requiere una cita para esta afirmación que aún no está disponible. No he encontrado mucho acerca de esto, la verdad, pero sí otra web donde también se cita el hecho de que fue Rusell quien en 1984 acuñara este término. No he sido capaz de contrastarlo mejor y prefiero dejar aquí estas referencias para que saquéis vuestras propias conclusiones. Venga, pues mientras preparo la mega death by chocolate (que no será seguramente hasta mi cumple), os comento como preparé estas mini tentaciones: Ingredientes para aprox. 16-18 unidades: Para el genoise: 4 huevos 125gr. de azúcar granulado 100gr. de harina floja de repostería 25gr. de cacao puro 100% Para la pasta de trufa: 50gr. de chocolate para postres (o cobertura) con un mínimo del 70% 40 ml. de nata líquida 35% MG 25gr. de mantequilla 20gr. de azúcar 1 cucharadita de cognac Para la trufa escudillada: 400ml de nata líquida 35% MG 2 cucharadas colmada de cacao puro (100%) en polvo 2 cucharadas de azúcar Estas últimas medidas de cacao y azúcar para la nata irán un poco en función de vuestros gustos, si la queréis más o menos chocolateada o dulce. Y son las que necesitareis en el supuesto que queráis decorar todas las tartitas. Yo solo decoré la mitad y por tanto usé la mitad. Preparación: Batid enérgicamente los huevos enteros junto al azúcar hasta que tripliquen su volumen. Podéis hacerlo a mano o con varillas eléctricas. Como queráis. Incorporad ahora, despacito y siempre mediante un colador, la harina y el cacao. Idlo mezclando suavemente y en pequeñas cantidades con la ayuda de unas varillas. Veréis que nunca utilizo levaduras para los bizcochos, si hacéis este procedimiento con cuidado os quedarán esponjosos sin necesidad de usar productos químicos. Si lo deseáis también podéis añadir una cucharadita de impulsor, tipo Royal, aunque os repito que no es necesario. Usad capsulitas, de papel o lo que más rabia os de, y llenadlas de pasta hasta la mitad. Cuando hago este tipo de bizcochitos o magdalenas suelo colocarlas, a su vez, dentro de moldes que les abriguen, tengo la sensación que les ayuda a subir una vez dentro del horno. Como solo tengo 6 de estos moldes para flan, puse las demás capsulitas en una bandeja para muffins que tengo. Hacedlo como tengáis más costumbre. Lo que me parece muy importante es que dejéis que enfríen un buen rato en la nevera antes de llevarlos al horno. Cuanto mayor sea el contraste entre la masa fría y la temperatura del horno, más rápido y mejor suben los bizcochos. (magdalenas, muffins etc) Cuando estén fríos los colocáis directamente al horno a 180º. Yo lo utilizo en función ventilador o turbo. Dejadlos hasta que estén bien cocidos. Como todos los bizcochos subirán rápidamente los 10 primeros minutos. Después solo debéis comprobar que están bien cocidos por dentro introduciendo un palillo de madera. Si sale húmedo aún le faltará un poquito. Tened en cuenta el tamaño, estos se hacen en un momento. Fijaos lo que os comentaba del "abrigo". Los que se cocieron dentro del vasito han triplicado su volumen. Los que hice en la bandeja para muffins solo lo han doblado. Tenedlo en cuenta. Dejadlos enfríar, y cuando estén a temperatura ambiente, reservadlos en una caja metálica o dentro de una bolsita de plástico que impida pierdan humedad. Preparad ahora la pasta de trufa. Calentad la nata junto al azúcar hasta que hierva y se disuelva totalmente. Ya fuera del fuego, agregad el chocolate en pequeños trozos y disolvedlo. Haced lo mismo con la mantequilla y finalmente el cognac. Aquí veréis que hay más cantidad de pasta de trufa de la que os he indicado, es que, ya puestos, aproveché para hacer más trufas, ya que las guardo en el congelador y me dan mucho juego. El procedimiento para este relleno es el mismo que para hacer trufas, solo que en esta ocasión sin yema de huevo para que aguanten mejor en la nevera. En cuanto tengáis la pasta de trufa cargáis una manga pastelera, con una boquilla lisa, pequeña, para rellenos. Practicad dos pequeñas incisiones en la superficie del bizcocho, en forma de cruz, con un cuchillo. Evitando llegar a tocar ni perforar la base. Llenad el hueco con la pasta de trufa. Hacedlo generosamente que si no después os sabrá a poco :-)) Ahora montad la nata a la que habréis añadido el cacao y el azúcar. Las medidas que os he dado son las que yo utilizo, pero hacedlo a vuestro gusto. Montad la nata bien firme. Os aconsejo que utilicéis unas varillas eléctricas. Decorad de la manera que más os guste. Para este yo he utilizado una boquilla de estrella abierta. La 1M de wilton, que para este tipo de decoraciones me parece ideal. Luego termináis la decoración o bien con chips de chocolate o bien con alguna fruta que os guste. Las fresas, el plátano, la naranja, mandarina o las cerezas confitadas, me parecen especialmente adecuadas. Si decidís no preparar nata montada para todas, porque salen unas cuantas, guardad las que os sobren en un recipiente de cristal dentro de la nevera. Los de caramelos o galletas son muy adecuados. Pensad que la pasta de trufa tiene nata y no aguanta demasiados días . Tenedlo en cuenta. Si queréis hacerlos todos del tirón también se pueden congelar, como cualquier tarta. Solo que hacedlo sin la fruta, ni los chips de chocolate, que se lo pondréis en el momento de servir. Quedaría así

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Mini empanaditas caseras de bonito del norte
Recetas Y CocinaporAnónimo12/2/2013

Cuando éramos muy pequeños, mi hermano y yo, tanto que aún no íbamos a la escuela y apenas nos manteníamos en pie cogidos de la mano, recuerdo que algunas veces mi madre nos llevaba con ella a comprar a la plaza, al Mercat de la Concepció, un mercado precioso de estilo modernista y el más antiguo de l'Eixample, que estaba frente a nuestra casa. Había una parada, algo parecido a un bar, donde servían cafés, carajillos y desayunos, tanto a clientes como a los propios comerciantes, y allí mi madre nos compraba, para desayunar, unas empanadillas de bonito que preparaba la "mestressa" del lugar y que nos encantaban. Era nuestra golosina especial y nunca teníamos suficientes. Cuesta tener recuerdos de esta época de la vida (mi madre me sopla por messenger que tendríamos 1 y 3 años), pero recuerdo con extrema nitidez tanto este bar, como el matrimonio que regentaba la carnicería donde compraba mi madre que tenía expuesto el género sobre un mármol blanco y, por supuesto, el color, aspecto y sabor de esas empanadillas, que además nos daba medio envueltas en las típicas servilletitas blancas, casi transparentes y con cenefas rojas, tan propias de los bares. También recuerdo a la gitana que vendía los ajos de su cesto en la puerta de la plaza y que después, de mayor, mi madre me contó que era la madre de uno de los palmeros de Peret, el de las gafas de pasta negra, que acompañaba a este genio de la rumba catalana y que en aquella época, o pocos años más tarde, sonaba por la radio continuamente con el "borriquito" como tú, o aquella "lágrima" que cayó en la arena. Qué cosas de recordar... pero la memoria es así y lo que se aprende de pequeño se queda impreso a fuego en las neuronas. Siempre me sonrío cuando pienso en todo ello y se lo recuerdo a mi madre. A mí me compraba dos empanadillas, porque era la mayor, y a mi hermano sólo una porque, según ella me decía a mí, era pequeño y no sabía contar... jajajaja. Siempre le he dicho a mi madre que de acuerdo, que mi hermano no sabría contar, pero hacían más bulto las mías y no entiendo que mi hermano no protestara (claro que si apenas sabía hablar, poco podía decir jajaaja). Vaya dos carpantas estábamos hechos, como para no calcular milimétricamente las reparticiones, y más hablando de empanadillas que siempre nos parecían pocas, pero es que ciertamente mi madre pensaba que con un añito era muy pequeño para más de una empanadilla y a mí, que ya nací con el por qué en la boca, me tenía que dar una respuesta medianamente satisfactoria y que dejara de preguntar. Cada vez que lo recordamos nos sonreímos juntas por la inocencia de todos. Tengo un recuerdo excelente de aquellas empanadillas y posiblemente, si las volviera a probar, no serían tan extraordinarias como las recuerdo, pero siempre las he tenido como las mejores que he probado en mi vida. Más tarde mi madre nos las ha preparado siempre que ha podido, igual de buenas, con las obleas de La Cocinera. Y yo, desde que tengo noción "cocineril" que hago lo propio. Pocas veces caigo en la tentación de comprarlas congeladas, es que no vale la pena, son tan sencillas, rápidas de hacer y salen tan buenas hechas en casa, que merecen la media horita que les dedicas. Las que os traigo hoy me hacen especial ilusión, pues, como adicta a las empanadillas que soy, no había conseguido aún una receta de masa de oblea con que prepararlas totalmente caseras. El relleno es el que se ha preparado toda la vida en mi casa, que incluso, muchas veces, cuando el trabajo no nos ha dejado demasiado tiempo, tanto a mi madre como a mí, las hemos llegado a hacer con latitas de atún y de tomate frito, y aún así, quedan estupendas. La receta de la masa es de mi amiga Gaby, de Gabriela, Clavo y Canela, que la publicó hace un par de años y me encantó. Seguro que todos conocéis a la dulce Gaby, de su cocina salen los platos tradicionales más espectaculares de cocina mexicana y paraguaya, transmitiendo un enorme cariño en cada uno de ellos. Ella prepara la obleas más grandes, para empanadas, que son más habituales en su país, y con leche en lugar de agua. Yo he intentado adaptar su receta a la masa de empanadillas que estamos acostumbrados aquí, más delgaditas y pequeñas y preparadas con agua en lugar de leche, y he de deciros que quedan espectaculares. El resultado es una oblea idéntica a la que venden para preparar empanadillas en casa, pero, por supuesto, mucho mejor que la masa de cualquier empanadilla congelada que venden en nuestros mercados. No hay color! El bonito que he utilizado es el que tengo embotado de la última vez, hice muchísimos kilos y aún me quedan unos cuantos tarros. Aprovechando que hacía fotos a las empanadillas he actualizado algunas fotos de la entrada de la conserva de bonito, que parece mentira que solo hayan pasado un par de años, pero menuda diferencia... El caso es que os lo comento porque pronto empieza la temporada y si queréis embotar bonito ahora es buen momento para empezar a pensar en ello. Ingredientes: (para aproximadamente 40 mini empanadillas) Para las obleas: 125gr. de harina de trigo, común (la que usáis para cocinar) 20 ml. aceite de oliva virgen extra 1/2 cucharilla (de café) de sal 65 ml. de agua Para el relleno: 2 huevos duros 175gr. de bonito del norte (o el equivalente en atún o cualquier ingrediente que os guste) 175gr. de sofrito casero de tomate (también podéis usar un tomate frito comercial de vuestra confianza) un puñadito de olivas rellenas de anchoa sal y pimienta recién molida un chorrito de vinagre de vino blanco (para cocer los huevos) Podéis usar las proporciones, ingredientes y cantidades que más os apetezcan. Con estas que os indico también podéis rellenar 16 obleas (del tamaño más grande) de la marca "La Cocinera". Procedimiento: Para optimizar mejor el trabajo lo más conveniente es comenzar preparando la masa, pues viene muy bien que repose unos minutos en el frigorífico. Sin embargo, lo primero que hago es poner a cocer los huevos y así me olvido del tema. Hacedlo en un cazo con agua fría y un buen chorro de vinagre de vino blanco, que impedirá que se rompa la cáscara. Dejadlos hervir hasta que estén bien cocidos. Por otro lado prepararemos la masa de las obleas mezclando la harina con la sal, el aceite y el agua. Resulta una masa muy manejable y elástica, gracias al aceite de oliva. Sin ser una masa húmeda, queda muy maleable y nada seca. Una vez preparada la envolvéis en un papel film, o una bolsita de bocadillos, y la dejáis reposar en la nevera al menos 30 minutos. Igual que haríais con la pasta fresca. El relleno: El sofrito que uso para estas empanadillas está hecho a base de cebolla, pimientos verdes y tomates, bien sofritos en aceite de oliva, condimentados con sal y azúcar, al igual que haríais con una salsa de tomate, dejándola reducir hasta que obtenemos una salsa brillante. Luego se pasa por el chino o se tritura y se conserva. Esta es la receta de mi vecina y amiga Lourdes, que le sale fabulosa, pero siempre que le he preguntado los ingredientes exactos para subirla al blog me dice que no se acuerda, que lo hace a ojo. Toma! como todos!. Así que, como no tengo la receta en el blog, le pediré que a finales de verano, cuando haya excedente de tomates, se venga a casa, pesamos los ingredientes y fotografiamos el paso a paso. Os aseguro que está para chuparse los dedos y es, para mis gustos, la mejor salsa de sofrito de tomate que he probado nunca. En un bowl colocáis el bonito, bien escurrido de aceite, y lo desmigáis un poco. A continuación añadís los dos huevos duros rallados y el puñadito de olivas rellenas, picaditas con un cuchillo. La cantidad a vuestra elección. Finalmente añadid el sofrito de tomate y removéis bien. Aunque a simple vista y en frío no se aprecie, la salsa de tomate suele soltar agua al calentarse por lo que debemos eliminarla antes de proceder al relleno. De no hacerlo, al freír las empanadillas, aparecería esta humedad y podría romperlas. Llevad la mezcla a fuego suave y dejad que se evapore la humedad. Salpimentad a vuestro gusto. Apenas unos minutos, hasta que no haya rastro del agua del tomate. Reservad y dejad enfriar. Las obleas: Como necesitamos estirar la masa muchísimo, tanto si vais a hacer las obleas con el rodillo como si las vais a hacer con alguna máquina, lo ideal es que dividáis la masa en varias partes. Si la habéis dejado reposar en una bolsita, simplemente estiradla dentro de ella y luego cortadla en pequeños rectángulos de unos 10cm x 6cm. Aproximadamente. Estirad cada una de estas piezas de masa hasta conseguir una tira de aproximadamente 45cm x 10cm. O el tamaño que sea adecuado para vuestro cortador. Para los que tengáis la Kenwood Cooking Chef, os comento un poco como funciona este accesorio, que por otro lado es exactamente igual que cualquier máquina manual. Empezad por una pieza pequeña y con el grosor más grande que permita vuestra máquina. Normalmente representada con el número 1. Enharinad ligerísimamente e idla estirando un par de veces con cada grosor, para que quede bien suave. Id disminuyendo el grosor entre rodillos a medida que vais pasando y estirando la masa. Yo he dejado estas obleas del grosor más delgado que me permite el accesorio, el número 9. No creo que llegue al milímetro. He ido saltando los grosores de dos en dos, para no eternizarme. Fijaos que de una pieza de 10x6cm he obtenido una finísima tira de 45 x10 cm. No es necesario que os preocupéis por la regularidad de los bordes pues esta masa irá recortada con un aro, pero cuando estiréis pasta, si queréis una tira uniforme y de cantos perfectos, solo debéis empezar por doblar la primera pieza como un tríptico, manteniendo sus lados pulidos. Os quedará una pieza de laterales perfectos para lasagnas, canelones o cualquier pasta cortada a tiras. Una vez tengáis la masa del grosor deseado la extendéis sobre un papel de horno, para que no se pegue, no porque sea pegajosa, que no lo es, sino porque es muy fina y delgada y se os puede deformar fácilmente. Con un aro de emplatar, o un cortador que tenga las medidas que os parezcan correctas, procedéis a cortar los aros de masa. El mío es de 8cm de diámetro. Con los retales que os vayan quedando amasáis otro pequeño rectángulo y estiráis de nuevo. Aprovechando los recortes me vinieron a salir unas 40 obleas. Una vez formadas recortáis con unas tijeras el papel, de manera que os permita manipular la oblea sin problemas. Y las vais amontonando para evitar que se sequen. Una vez así, las podéis envolver en papel film y congelar para rellenar otro día. Se descongelan muy fácil y rápidamente y, si hacéis en cantidad, podréis tener siempre obleas a punto. Cuando vayáis a proceder al relleno, repartid las obleas por la mesa de trabajo, siempre sobre el papel. Con una cucharilla de café depositáis una pequeña cantidad de relleno. Recordad que son mini empanadillas y que el relleno debe permitir poder cerrarlas. Si las hacéis más grandes podéis usar una cuchara mayor. Con el calor las obleas se reblandecen y pueden romperse más fácilmente, si hacéis mucha cantidad o hace mucho calor, dejadlas en la nevera e id sacando pequeñas tandas hasta haberlas rellenado. Luego, con la ayuda del papel, doblad la oblea sobre sí misma, procurando que los bordes encajen correctamente. Cerrad presionando los bordes. Sobre el papel. Podéis sellar humedeciendo con un poquito de agua, pero ya veréis que no es necesario. Retirad la parte superior del papel y con la punta de un tenedor, sellad bien los cantos. El papel os ayudará también a llevarlas hasta la sartén sin tocar la oblea. Recordad que cualquier presión con calor puede romperla o deformarla y el calor de las manos, al ser tan fina, también puede hacerlo. Freidlas en abundante aceite, bien caliente, durante un minuto o hasta que estén bien doraditas. Recordad que el relleno ya está cocido. Escurridlas y servidlas. Quedarían así:

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Laminado de papa al horno. "Pommes Anna"
Recetas Y CocinaporAnónimo12/2/2013

Cocinar, fotografiar todo el paso a paso, documentarme bien si conozco alguna historia relacionada y escribir después en el blog, para compartir mis experiencias con esa receta, es algo con lo que realmente disfruto. Le dedico muchas horas, en casa me dicen que demasiadas porque va en detrimento a la atención que requieren otras, pero me compensa porque, sin darme cuenta, siempre estoy aprendiendo y eso siento que me enriquece. Sin embargo me ocupa todo el tiempo libre del que dispongo y son muy pocas las veces que puedo dedicarme a navegar y aprender nuevas recetas (por no hablar que desde que tengo el blog no he tocado un pincel y eso tampoco debería ser así), por eso veréis que en muy pocas ocasiones he traído recetas que he visto en otros blogs. No vayáis a pensar que no me gusta navegar, al contrario, pues siempre vuelvo con una lista interminable de "pendientes", que vosotros también conocéis, es más bien que me faltan horas al día. Esta vez hago una excepción, y es que la casualidad me llevó a dar con la fotografía de unas patatas que me enamoró tan pronto las vi. Di con ella en uno de esos directorios o bookmarks de fotografías de "cosas que me gustan y quiero tener ordenadas" y a través de usuarios que habían seleccionado algunas de mis fotografías. Ya sabéis, de una cosa vas a la otra y, de carambola, me vine con esta idea tan buena. Aunque la etiqueta del sitio exige que se adjunten los créditos a la fotografía y se vincule al lugar de procedencia, en esta ocasión había créditos pero no había receta vinculada. No me pareció complicado de hacer, es más, se parece mucho a las Pommes Anna, solo que en versión individual, así que me propuse hacerlas con lo que la lógica me dictaba. Sin embargo, como había un blog vinculado, os dejo el enlace de donde teóricamente debía estar la receta y la foto de estas patatas que ella (o él) tituló como Roasted Potato Stacks, y así le doy las gracias a esta persona por compartir tanto la foto como la idea. Las "Pommes Anna" es una preparación clásica de la cocina francesa para cuyo oficio solo se necesitan patatas, mantequilla, sal y pimienta. Se trata una suerte de tarta circular de varias capas de patata, cortadas muy finas, bien embadurnadas de mantequilla y salpimentadas. Se cuece al horno, normalmente dentro de un molde o bien en las casserole à pommes Anna (o cocotte à pommes Anna) que son muy populares y se comercializan especialmente para esta receta, de manera que, una vez horneada, se desmolda formando un pastel que debe ser muy jugoso por dentro y tostadito y crujiente por fuera. Se corta y se sirve en porciones, al igual que haríamos como con una tarta. Se cree que este plato tiene su origen en el año 1870 y que sería una creación del chef Adolphe Dugléré, en la época en que fuera cocinero del Café Anglais, un restaurant parisino de renombre en el S. XIX. Como no sé demasiado acerca de la historia de las patatas Anna, más que su creador y por qué se le puso este nombre, os contaré un par de anécdotas curiosas de este chef que son dignas de recordar. En el Café Anglais, el chef Dugléré, que había sido alumno de Carême, del que ya os he hablado en otras ocasiones, sirvió la famosa cena de los tres emperadores (Dîner des trois empereurs), un fastuoso banquete que se sirvió el 7 de junio de 1867 por encargo del rey Guillermo I de Prusia, que tenía como invitados al Zar Alejandro II de Rusia, su hijo, que más tarde sería el Zar Alejandro III, y el príncipe Otto von Bismark, personalidades que frecuentaban el establecimiento durante la exposición universal. El rey Guillermo quiso encargar una cena que pudieran recordar toda la vida y dio instrucciones para que no se reparara en gastos con tal de complacer a sus invitados. No se hizo ningún encargo especial para el menú del banquete, aunque, a posteriori, trasladaran sus quejas por la ausencia de foie en la cena, a lo que el gerente respondería "Sire, il n'est pas de coutume, dans la gastronomie française, de servir du foie gras au mois de juin" (Señor, no hay costumbre, en la gastronomía francesa, de servir foie en el mes de junio). En cambio, se solicitó que los platos fueran acompañados por los mejores vinos que hubiera en el mundo. Se hizo una selección de caldos tan espectacular que, Claudius Burdel, el maître de cave del Café Anglais, se convirtió, a raíz de esta cena, en el proveedor de vinos principal de estas grandes cortes europeas. Se sabe que el Zar encargó a Louis Roederer un diseño especial para una botella de champagne, que fuera de cristal transparente en lugar del usual tono verdoso, con el fin de que los comensales pudieran admirar las burbujas doradas, pero también para evitar que, debido a los tiempos convulsos que vivía su país y por miedo a los posibles atentados, se pudiera esconder algún explosivo dentro de la botella. Desde entonces se conoce este champagne como "cristal" aunque no fue hasta 1945 que se comercializara. La cena estuvo compuesta por dieciséis platos distintos. Duró cerca de 8 horas y costó 400 francos por persona, lo que hoy en día equivaldría a unos 8.000 euros. La mesa donde se sirvió el banquete y una copia del menú están expuestos en el pequeño museo del restaurant La Tour d'Argent, de París, ya que el Café Anglais fue derruido en 1913 (la fotografía es de dominio público pero pertenece a la Bibliotheque nationale de France). En el año 2003 un joven chef australiano se propuso el reto de recrear la cena de los tres emperadores. Para ello necesitó modificar algunos ingredientes y la mayoría de vinos, pues ya no estaban disponibles, pero, incluso usando equivalencias modernas, la organización le llevó seis meses de trabajo y tuvo un coste de 7.500 dólares por persona. Realmente le Dîner des trois empereurs fue todo un festín que no solo recordarían los protagonistas. Conocido como el Mozart de la cocina, Dugléré era considerado una persona seria, reservada y cultivada, muy profesional y preocupado por la calidad de los ingredientes que utilizaba en sus recetas. Por todo ello fue consultado en numerosas ocasiones por Alexandre Dumas cuando escribía Le Grand Dictionaire de cuisine. Se le atribuye también la invención de le Potage Germiny, una sopa que creó para el gobernador del banco de Francia, pero que era el plato preferido de Guillermo I de Prusia y por el cual acudía asiduamente al Café Anglais. La Poularde Albufera, dedicada al mariscal Suchet, duque de Albufera, o le Culotte de boeuf Salomón, en honor a Salomon de Rothschild. Sin embargo, y sin ningún género de dudas, el plato más popular de todas sus creaciones, y posiblemente el más sencillo, fue precisamente les Pommes Anna, que habría bautizado con este nombre en honor a una célebre actriz y cortesana en la época de Napoleon III, Anna Damiens, también conocida como Anna DesLions (o simplemente "la leona", y que frecuentaba, al igual que la flor y nata de la época, el Café Anglais. Basándome un poco en la elaboración de las Pommes Anna, os explico como he hecho esta versión individual que he bautizado como laminado de patata y que he regado con aceite de oliva virgen en lugar de mantequilla. Ingredientes: patatas de calibre grande (1 por persona) aceite de oliva virgen extra sal y pimienta tomillo fresco Necesitareis moldes individuales que puedan ir al horno, o bien una bandeja para muffins o moldes de flan. Si son metálicos mucho mejor, pues ayudarán a tostar las patatas. Preparacion: Elegid una patata grande por comensal (que serán dos terrinas o moldes), procurando que tenga forma más bien redondeada o que se adapte, más o menos, al diámetro del molde que vais a usar. Una patata del mismo peso pero alargada no os servirá. Yo utilicé tres patatas para los dos porque temí que no fueran suficientes, pues no eran muy grandes. Pero me sobró. Las laváis, peláis y cortáis láminas sumamente finas. Podéis usar cortadora de fiambres, mandolina, un cuchillo e incluso el mismo pelador de verduras, pero procurad cortar las patatas como si fuerais a hacer patatas chip. A continuación las sumergís en agua fría. No es necesario enjuagarlas previamente. Este baño fresco, además de eliminar el almidón, hará que las patatas se tornen rígidas, incluso se curven, evitando que se peguen unas a otras y facilitándoos el montaje posterior. En verano os aconsejo añadir un par de cubitos al agua, ya que debe estar lo más fría posible, de lo contrario, no se produce este efecto. El bowl está hecho unos zorros de batir con las varillas, pero quería que que vierais como se separan las láminas de patata y adoptan formas curvadas. La patata queda muy tersa y, luego, se maneja estupendamente bien. Me recuerda un poco a la textura de las pringles, por cierto, qué patatas tan malas ...no me diréis que no! :-) Mientras dejáis un par de minutos las patatas en agua fría, preparad la mezcla con la que las engrasaremos. Poned en un vaso, como un dedo de aceite de oliva virgen extra, al cual añadiréis como una cucharadita rasa (de café) de sal y la cantidad de pimienta que veáis oportuno. No me quedaron nada saladas, más bien al contrario, pero ya me gusta así y para mí quedaron perfectas, os lo comento por si queréis modificar la cantidad de sal, porque yo suelo pecar de corta en este sentido. Cuando se prepara la receta de pommes Anna, se salpimentan las láminas de patata una a una, o por capas, pero creo que es más cómodo añadir ambos ingredientes en el aceite, corremos menos peligro de salar en exceso la preparación y me parece menos entretenido. A continuación pincelad un poco de esta mezcla por todo el molde. Colocad una primera patata en cada uno de ellos y pinceladla también con el aceite. Iréis colocando láminas de patata y pincelando con aceite condimentado cada una de ellas (solo es necesario pincelar la cara superior y de manera sutil), bien hasta terminarlas o bien hasta llegar al borde del molde. Al cocer merma un poquito el volumen, así que no temáis sobrepasarlo. Es importante que remováis la mezcla de aceite a menudo, pues la sal y la pimienta tienden a sedimentarse y entonces os quedarían las patatas sosas. Intentad colocar cada lámina en posición distinta a la que le precede, de tal manera que dificulte que se adhieran y a su vez procurando que toque alguno de sus cantos con las paredes del molde, para que se tuesten más fácilmente. Si podéis elegir, los moldes metálicos son más adecuados. Si sois más de dos en casa os vendrá muy bien el molde de muffins. El mío es de 12 unidades y es demasiado grande, por eso usé estos ramequins de Pyrex. Una vez hayáis acabado con las patatas, podéis aromatizar con alguna especia o planta que os guste. Yo elegí tomillo pues es un aroma mediterráneo por excelencia, típico de la cocina catalana y estoy muy acostumbrada a cocinar con ella, hasta el punto que hay platos tan asociados al tomillo ( farigola en catalán, Thymus en latín ) que sin él no me parecen lo mismo, pero el romero o el orégano son aromas que le van estupendamente también. Un día os traeré la sopa de farigola, muy popular en la gastronomía catalana y un preparado 100% medicinal. La patatas Anna unicamente se condimentan con sal y pimienta. Llevad los moldes al horno, a 170-180ºC y dejad que cuezan las patatas hasta dorarse. Si veis que se pueden quemar, o bien notáis que se doran antes de estar cocidas, tapadlas con un trocito de papel de aluminio, que luego retirareis para dorar. Como cualquier otra preparación con patatas, solo debéis pinchar un poquito en el centro para saber si están tiernas y bien cocidas. No os daré tiempos porque además depende mucho de vuestro horno, pero es que para complicarlo un poco estoy apenas estrenando este horno microondas con convección que, además de no tener nada que ver con un horno convencional, tiene chorrocientas funciones y hasta que no me familiarice con él no puedo daros directrices más concretas. Eso sí, rápido y económico es, ya que simplemente las tuve 10 minutos entre precalentar el horno y cocer. Un horno convencional lleva bastante más tiempo, tenedlo en cuenta. Las patatas Anna, a veces, se les da la vuelta o incluso se cambia el molde a media cocción por otro refractario, para que queden bien tostaditas todas las caras. Yo pienso que en un molde tan pequeño no es necesario, pero podéis hacerlo si os gusta muy tostado o veis que tuesta menos por un lado que por el otro. Pero entonces tened presente una cosa, la gracia de este plato radica en que su interior es muy jugoso, al ser tan pequeño, si lo tostáis demasiado, os podrían quedar las patatas secas Sacadlas del molde y servidlas bien calentitas. Procurad, cuando lo hagáis, eliminar el exceso de grasa. Para ello solo es necesario sujetar las patatas, dentro del molde, e inclinarlo. Luego las desmoldais. Observad que a pesar de tener el exterior tostadito y crujiente, el interior es muy jugoso. Resulta un contraste muy agradable. Aunque pudiera parecer lo contrario, no resultan más grasientas que cuando asáis patatas al horno en una fuente, o las freís en una sartén. La ventaja de este método es que no pierden un ápice de jugosidad. En esta ocasión me sirvieron para acompañar un costillar de cerdo a la barbacoa, pero son un acompañamiento ideal para todo tipo de platos, secos o con salsa, carnes o pescados. Donde vaya bien una patata frita estas patatas laminadas os irán estupendas, y darán al plato un aspecto algo más elegante.

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Timbal de mousse de chocolate
Timbal de mousse de chocolate
Recetas Y CocinaporAnónimo12/2/2013

Seguro que a todos os es familiar la mousse de chocolate. Es un postre típico de la cocina gala, realizado, generalmente, a base de huevos y chocolate que, trabajados convenientemente, darán como resultado una peculiar textura esponjosa y suave. Las mousses de chocolate pueden ser más o menos ligeras, en función de vuestros gustos o de cómo penséis presentarlas. Incorporando nata montada acentuaremos su suavidad y esa sensación etérea que nos deja en el paladar una buena mousse. La receta que os traigo es de las más ligeras para que fuera más fácil moldearla y adecuada para la presentación que os quiero mostrar. La idea, que no la receta de la mousse, la saqué del libro "Les postres d'El Bulli", escrito por Albert Adrià, donde, además de contarnos todo y más sobre el chocolate, nos da muy buenos consejos de como trabajarlo. En el libro, Albert Adrià, cuenta como preparar éste timbal, e intentado trasladaros sus palabras viene a decir que lo que más sorprende de ésta técnica es la capacidad de engañar al comensal, haciéndole creer que se trata de un cilindro de cobertura relleno de mousse de chocolate. Será al romperlo con la cuchara cuando descubriremos que el cilindro también es de mousse. La técnica consiste en esparcir una fina cantidad de mousse sobre un lámina de acetato o PVC. Se confecciona una base, también de mousse, y sobre ella se asienta el cilindro cerrado. Se congela a 20ºC bajo cero, se retira el plástico y se procede a su relleno. Yo probé de hacerlos así una vez, como podeis observar en las fotos, pero me resultó un poco complicada su manipulación. Para qué engañarnos, yo no tengo esa habilidad. Así que me se me ocurrió una idea similar pero de ejecución más adecuada a mis capacidades, y es la que quiero compartir hoy con vosotros. El resultado es idéntico, y podréis presumir de presentar un postre como en el bulli en vuestras mesas. :-) Y os preguntareis el por qué de tanto rodeo para algo que parece sencillo a primera vista, y la respuesta es muy simple, no me gustan las gelatinas, así que hay que aprovechar las propiedades del chocolate y los procedimientos de los maestros de la cocina para conseguir este resultado. Ingredientes para esta mousse: 250gr. de chocolate 72% de cacao 2 huevos 300 ml nata 35% MG. (para montar) 90 gr. azúcar 5 cucharadas soperas de agua un pellizco de sal zumo de limón (como una cuchara sopera) La mousse: Empezaremos separando cuidadosamente las yemas de las claras, y reservándolas en recipientes independientes. Es muy importante, para montar las claras correctamente, que no haya un ápice de grasa. Fundid el chocolate. Podéis hacerlo de varias maneras, lo más habitual es al baño maría o bien en pequeños golpes de microondas. Hacedlo como más os guste, pero si usáis este último sistema, tened muchísimo cuidado. El chocolate calentado en exceso quedará inservible. Removed cuidadosamente hasta conseguir que se funda y adquiera un aspecto brillante. Reservad. A continuación montad las claras a punto de nieve para hacer un merengue. También para esto hay varias maneras. Particularmente os sugiero algo parecido a un merengue italiano. Veréis, la mousse es un postre que no necesita cocción. Por este motivo es peligroso, o al menos a mí me lo parece, tenerlo reservado en la nevera varios días. La solución que a mí me parece más correcta es llevar las claras y las yemas a una determinada temperatura. Para ello usaremos para endulzar un almíbar caliente en lugar de azúcar y procederemos de la siguiente manera: llevad a ebullición la totalidad del azúcar y el agua hasta que veáis que empieza a espesar. Mientras, añadid el pellizco de sal y el zumo de limón a las claras y empezad a montarlas. La sal dará más cuerpo a las claras montadas y el limón os garantizará que el medio está libre de grasas. Por descontado, todos los utensilios deben estar bien limpios y secos. Una vez tengáis montadas las claras a punto de nieve id añadiendo, como si se tratara de un hilillo, la mitad del almíbar bien caliente. No dejéis de batir constantemente hasta obtener el merengue. Reservadlo. A continuación haremos lo mismo con las yemas. Lo ideal es añadir el almíbar caliente mientras batís, lo único que se me hizo complicado hacer la foto, sujetar el almíbar y batir, al mismo tiempo. :-) Os debe quedar una mezcla muy cremosa y blanquecina. Recordad que el almíbar debe ser caliente. También podríais batir las yemas al baño maría, pero yo voy más rápido así. Id añadiendo, poco a poco y mezclando, el chocolate fundido a la crema de yemas. Hasta terminar con el chocolate. Os quedará una crema deliciosa a la que os será dificil resistir :-) Reservad todo en la nevera. Montad ahora la nata, sola. Es conveniente que todo lo que uséis esté muy frío, más si cabe en verano, o no conseguiréis montarla. Mejor si podéis hacerlo en un recipiente metálico. Y si lo habéis reservado en el congelador con anterioridad, ideal. No saquéis la nata de la nevera hasta que vayáis a montarla. Debe estar muy fría. Reservad todo en la nevera hasta que la crema de chocolate haya perdido temperatura. Una vez fría, podéis proceder a irla mezclando, primero con la nata, y en pequeñas cantidades. Mucha atención, no mezcléis, no batáis. La mousse requiere movimientos envolventes, subid el preparado desde abajo hacia arriba, con la ayuda de unas varillas metálicas, y soltad. Tantas veces como sea necesario para mezclar los ingredientes. De lo contrario perderíamos todo el aire que hemos conseguido con el merengue y la nata. Una vez integrada la crema de chocolate con la nata, proceded a incorporar el merengue, también en pequeñas cantidades. Sin batir ni remover, solo con movimientos envolventes, hasta terminar con el merengue. El montaje: Recortad tiras de acetato ( o algún material plástico semi rígido) y colocadlas en el interior de pequeños aros de repostería. Estos aros son como los de emplatar pero más pequeños. Como de unos 5-6 cm de diámetro. Los hay también de formas triangulares, cuadradas, etc. Son especiales para repostería pero los podréis encontrar fácilmente en tiendas especializadas. El acetato también. Colocadlo allí donde vayáis a servir la mousse. Llenad el recipiente hasta la altura que deseeis. Una medida muy buena es la del aro metálico. Es la cantidad equivalente de una copita o un yogourth y no es excesiva. Dejadla solidificar en la nevera. Por supuesto, podéis presentarla en todo tipo de recipientes. Con estas cantidades llené todos estos y dos aros. Si os gusta escudillarla, para que quede una forma más elegante en las copas, la mousse deberá ser algo más consistente. Añadiendo mantequilla fundida al chocolate o modificando la cantidad de nata. Y evidentemente sin el almíbar. Esta os quedará algo más ligera. Precisamente para que no os queden huecos dentro del molde. Una vez solidificada podéis proceder a retirar el aro y el acetato. Debe estar muy solidificada, os recomiendo que lo hagais de un día para el otro, o bien, si veis que no es suficiente, llevadla al congelador por unos minutos. Lo justo para congelar el exterior. La mousse puede congelarse perfectamente, no pierde ninguna cualidad ni afecta a su aspecto. Por lo que podeis hacer esta preparación con días de entelación. No obstante, no os recomiendo que sean más de 4-5 días. Y, tanto en la nevera como en el congelador, protegedla muy bien de olores externos. Espolvoread cacao puro y , si queréis, adornad con chocolate. Para estos adornos he utilizado una pasta de chocolate que preparo yo misma, con un poco de glucosa y unas gotitas de glicerina. Esta pequeña mezcla hace posible manipular el chocolate con el simple calor de las manos, como si se tratara de plastelina, y cuando enfría recupera la rigidez del chocolate. Siempre tengo preparado uno de chocolate blanco y otro negro, se conserva muy bien, exactamente igual que si fuera chocolate en barra. Y requiere de los mismos cuidados a la hora de almacenarlo. Es ideal para hacer todo tipo de figuritas, sobre todo para quienes no somos muy habilidosos en la manipulación del chocolate. :-) No os subo el paso a paso porque no tengo fotografías de cuando lo preparé. Pero cuando lo vuelva a preparar, y la receta sea más cortita, os lo explico. Así es como queda:

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