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Mini empanaditas caseras de bonito del norte

Recetas Y Cocina12/2/2013
Cuando éramos muy pequeños, mi hermano y yo, tanto que aún no íbamos a la escuela y apenas nos manteníamos en pie cogidos de la mano, recuerdo que algunas veces mi madre nos llevaba con ella a comprar a la plaza, al Mercat de la Concepció, un mercado precioso de estilo modernista y el más antiguo de l'Eixample, que estaba frente a nuestra casa. Había una parada, algo parecido a un bar, donde servían cafés, carajillos y desayunos, tanto a clientes como a los propios comerciantes, y allí mi madre nos compraba, para desayunar, unas empanadillas de bonito que preparaba la "mestressa" del lugar y que nos encantaban. Era nuestra golosina especial y nunca teníamos suficientes. Cuesta tener recuerdos de esta época de la vida (mi madre me sopla por messenger que tendríamos 1 y 3 años), pero recuerdo con extrema nitidez tanto este bar, como el matrimonio que regentaba la carnicería donde compraba mi madre que tenía expuesto el género sobre un mármol blanco y, por supuesto, el color, aspecto y sabor de esas empanadillas, que además nos daba medio envueltas en las típicas servilletitas blancas, casi transparentes y con cenefas rojas, tan propias de los bares. También recuerdo a la gitana que vendía los ajos de su cesto en la puerta de la plaza y que después, de mayor, mi madre me contó que era la madre de uno de los palmeros de Peret, el de las gafas de pasta negra, que acompañaba a este genio de la rumba catalana y que en aquella época, o pocos años más tarde, sonaba por la radio continuamente con el "borriquito" como tú, o aquella "lágrima" que cayó en la arena. Qué cosas de recordar... pero la memoria es así y lo que se aprende de pequeño se queda impreso a fuego en las neuronas. Siempre me sonrío cuando pienso en todo ello y se lo recuerdo a mi madre. A mí me compraba dos empanadillas, porque era la mayor, y a mi hermano sólo una porque, según ella me decía a mí, era pequeño y no sabía contar... jajajaja. Siempre le he dicho a mi madre que de acuerdo, que mi hermano no sabría contar, pero hacían más bulto las mías y no entiendo que mi hermano no protestara (claro que si apenas sabía hablar, poco podía decir jajaaja). Vaya dos carpantas estábamos hechos, como para no calcular milimétricamente las reparticiones, y más hablando de empanadillas que siempre nos parecían pocas, pero es que ciertamente mi madre pensaba que con un añito era muy pequeño para más de una empanadilla y a mí, que ya nací con el por qué en la boca, me tenía que dar una respuesta medianamente satisfactoria y que dejara de preguntar. Cada vez que lo recordamos nos sonreímos juntas por la inocencia de todos. Tengo un recuerdo excelente de aquellas empanadillas y posiblemente, si las volviera a probar, no serían tan extraordinarias como las recuerdo, pero siempre las he tenido como las mejores que he probado en mi vida. Más tarde mi madre nos las ha preparado siempre que ha podido, igual de buenas, con las obleas de La Cocinera. Y yo, desde que tengo noción "cocineril" que hago lo propio. Pocas veces caigo en la tentación de comprarlas congeladas, es que no vale la pena, son tan sencillas, rápidas de hacer y salen tan buenas hechas en casa, que merecen la media horita que les dedicas. Las que os traigo hoy me hacen especial ilusión, pues, como adicta a las empanadillas que soy, no había conseguido aún una receta de masa de oblea con que prepararlas totalmente caseras. El relleno es el que se ha preparado toda la vida en mi casa, que incluso, muchas veces, cuando el trabajo no nos ha dejado demasiado tiempo, tanto a mi madre como a mí, las hemos llegado a hacer con latitas de atún y de tomate frito, y aún así, quedan estupendas. La receta de la masa es de mi amiga Gaby, de Gabriela, Clavo y Canela, que la publicó hace un par de años y me encantó. Seguro que todos conocéis a la dulce Gaby, de su cocina salen los platos tradicionales más espectaculares de cocina mexicana y paraguaya, transmitiendo un enorme cariño en cada uno de ellos. Ella prepara la obleas más grandes, para empanadas, que son más habituales en su país, y con leche en lugar de agua. Yo he intentado adaptar su receta a la masa de empanadillas que estamos acostumbrados aquí, más delgaditas y pequeñas y preparadas con agua en lugar de leche, y he de deciros que quedan espectaculares. El resultado es una oblea idéntica a la que venden para preparar empanadillas en casa, pero, por supuesto, mucho mejor que la masa de cualquier empanadilla congelada que venden en nuestros mercados. No hay color! El bonito que he utilizado es el que tengo embotado de la última vez, hice muchísimos kilos y aún me quedan unos cuantos tarros. Aprovechando que hacía fotos a las empanadillas he actualizado algunas fotos de la entrada de la conserva de bonito, que parece mentira que solo hayan pasado un par de años, pero menuda diferencia... El caso es que os lo comento porque pronto empieza la temporada y si queréis embotar bonito ahora es buen momento para empezar a pensar en ello. Ingredientes: (para aproximadamente 40 mini empanadillas) Para las obleas: 125gr. de harina de trigo, común (la que usáis para cocinar) 20 ml. aceite de oliva virgen extra 1/2 cucharilla (de café) de sal 65 ml. de agua Para el relleno: 2 huevos duros 175gr. de bonito del norte (o el equivalente en atún o cualquier ingrediente que os guste) 175gr. de sofrito casero de tomate (también podéis usar un tomate frito comercial de vuestra confianza) un puñadito de olivas rellenas de anchoa sal y pimienta recién molida un chorrito de vinagre de vino blanco (para cocer los huevos) Podéis usar las proporciones, ingredientes y cantidades que más os apetezcan. Con estas que os indico también podéis rellenar 16 obleas (del tamaño más grande) de la marca "La Cocinera". Procedimiento: Para optimizar mejor el trabajo lo más conveniente es comenzar preparando la masa, pues viene muy bien que repose unos minutos en el frigorífico. Sin embargo, lo primero que hago es poner a cocer los huevos y así me olvido del tema. Hacedlo en un cazo con agua fría y un buen chorro de vinagre de vino blanco, que impedirá que se rompa la cáscara. Dejadlos hervir hasta que estén bien cocidos. Por otro lado prepararemos la masa de las obleas mezclando la harina con la sal, el aceite y el agua. Resulta una masa muy manejable y elástica, gracias al aceite de oliva. Sin ser una masa húmeda, queda muy maleable y nada seca. Una vez preparada la envolvéis en un papel film, o una bolsita de bocadillos, y la dejáis reposar en la nevera al menos 30 minutos. Igual que haríais con la pasta fresca. El relleno: El sofrito que uso para estas empanadillas está hecho a base de cebolla, pimientos verdes y tomates, bien sofritos en aceite de oliva, condimentados con sal y azúcar, al igual que haríais con una salsa de tomate, dejándola reducir hasta que obtenemos una salsa brillante. Luego se pasa por el chino o se tritura y se conserva. Esta es la receta de mi vecina y amiga Lourdes, que le sale fabulosa, pero siempre que le he preguntado los ingredientes exactos para subirla al blog me dice que no se acuerda, que lo hace a ojo. Toma! como todos!. Así que, como no tengo la receta en el blog, le pediré que a finales de verano, cuando haya excedente de tomates, se venga a casa, pesamos los ingredientes y fotografiamos el paso a paso. Os aseguro que está para chuparse los dedos y es, para mis gustos, la mejor salsa de sofrito de tomate que he probado nunca. En un bowl colocáis el bonito, bien escurrido de aceite, y lo desmigáis un poco. A continuación añadís los dos huevos duros rallados y el puñadito de olivas rellenas, picaditas con un cuchillo. La cantidad a vuestra elección. Finalmente añadid el sofrito de tomate y removéis bien. Aunque a simple vista y en frío no se aprecie, la salsa de tomate suele soltar agua al calentarse por lo que debemos eliminarla antes de proceder al relleno. De no hacerlo, al freír las empanadillas, aparecería esta humedad y podría romperlas. Llevad la mezcla a fuego suave y dejad que se evapore la humedad. Salpimentad a vuestro gusto. Apenas unos minutos, hasta que no haya rastro del agua del tomate. Reservad y dejad enfriar. Las obleas: Como necesitamos estirar la masa muchísimo, tanto si vais a hacer las obleas con el rodillo como si las vais a hacer con alguna máquina, lo ideal es que dividáis la masa en varias partes. Si la habéis dejado reposar en una bolsita, simplemente estiradla dentro de ella y luego cortadla en pequeños rectángulos de unos 10cm x 6cm. Aproximadamente. Estirad cada una de estas piezas de masa hasta conseguir una tira de aproximadamente 45cm x 10cm. O el tamaño que sea adecuado para vuestro cortador. Para los que tengáis la Kenwood Cooking Chef, os comento un poco como funciona este accesorio, que por otro lado es exactamente igual que cualquier máquina manual. Empezad por una pieza pequeña y con el grosor más grande que permita vuestra máquina. Normalmente representada con el número 1. Enharinad ligerísimamente e idla estirando un par de veces con cada grosor, para que quede bien suave. Id disminuyendo el grosor entre rodillos a medida que vais pasando y estirando la masa. Yo he dejado estas obleas del grosor más delgado que me permite el accesorio, el número 9. No creo que llegue al milímetro. He ido saltando los grosores de dos en dos, para no eternizarme. Fijaos que de una pieza de 10x6cm he obtenido una finísima tira de 45 x10 cm. No es necesario que os preocupéis por la regularidad de los bordes pues esta masa irá recortada con un aro, pero cuando estiréis pasta, si queréis una tira uniforme y de cantos perfectos, solo debéis empezar por doblar la primera pieza como un tríptico, manteniendo sus lados pulidos. Os quedará una pieza de laterales perfectos para lasagnas, canelones o cualquier pasta cortada a tiras. Una vez tengáis la masa del grosor deseado la extendéis sobre un papel de horno, para que no se pegue, no porque sea pegajosa, que no lo es, sino porque es muy fina y delgada y se os puede deformar fácilmente. Con un aro de emplatar, o un cortador que tenga las medidas que os parezcan correctas, procedéis a cortar los aros de masa. El mío es de 8cm de diámetro. Con los retales que os vayan quedando amasáis otro pequeño rectángulo y estiráis de nuevo. Aprovechando los recortes me vinieron a salir unas 40 obleas. Una vez formadas recortáis con unas tijeras el papel, de manera que os permita manipular la oblea sin problemas. Y las vais amontonando para evitar que se sequen. Una vez así, las podéis envolver en papel film y congelar para rellenar otro día. Se descongelan muy fácil y rápidamente y, si hacéis en cantidad, podréis tener siempre obleas a punto. Cuando vayáis a proceder al relleno, repartid las obleas por la mesa de trabajo, siempre sobre el papel. Con una cucharilla de café depositáis una pequeña cantidad de relleno. Recordad que son mini empanadillas y que el relleno debe permitir poder cerrarlas. Si las hacéis más grandes podéis usar una cuchara mayor. Con el calor las obleas se reblandecen y pueden romperse más fácilmente, si hacéis mucha cantidad o hace mucho calor, dejadlas en la nevera e id sacando pequeñas tandas hasta haberlas rellenado. Luego, con la ayuda del papel, doblad la oblea sobre sí misma, procurando que los bordes encajen correctamente. Cerrad presionando los bordes. Sobre el papel. Podéis sellar humedeciendo con un poquito de agua, pero ya veréis que no es necesario. Retirad la parte superior del papel y con la punta de un tenedor, sellad bien los cantos. El papel os ayudará también a llevarlas hasta la sartén sin tocar la oblea. Recordad que cualquier presión con calor puede romperla o deformarla y el calor de las manos, al ser tan fina, también puede hacerlo. Freidlas en abundante aceite, bien caliente, durante un minuto o hasta que estén bien doraditas. Recordad que el relleno ya está cocido. Escurridlas y servidlas. Quedarían así:
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