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Los 10 errores arquitectónicos más problemáticos
Los 10 errores arquitectónicos más problemáticos
InfoporAnónimo11/11/2014

Los 10 errores arquitectónicos más problemáticos de la Historia Muchos arquitectos sueñan con diseñar un edificio que se convierta en un referente y acabe ocupando un lugar destacado en la historia. Sin embargo, en ocasiones, este reconocimiento mundial se produce por culpa de pequeños errores de diseño que acaban convirtiendo sus obras en auténticos modelos a no seguir. 1. El edificio Walkie Talkie: diseñado por el estudio Rafael Viñol y Arquitectos y ubicado en el distrito financiero de Londres, saltó a la fama en 2013 por quemar todo lo que se ponía delante de la luz que reflejaba su fachada. La combinación de su forma, ubicación y altura generaba un potente efecto lupa que llegó a derretir la carrocería de un coche y calcinar varias alfombras. 2. El edificio que se derrumbó de lado: normalmente, se derrumban sobre su propia estructura. Sin embargo, eso no ocurrió con un bloque de viviendas en construcción en la ciudad de Shanghái. La combinación de lluvias con una mala cimentación provocó que el bloque de trece pisos cayese sobre uno de sus costados, quedando literalmente acostado sobre el terreno. 3. La torre Beetham: este rascacielos de 47 pisos y 168 metros de altura construido en la ciudad de Manchester tiene la peculiaridad de generar un fuerte zumbido cada vez que sopla el viento. La responsable del sonido es una enorme aleta ubicada en su parte superior. 4. El Edificio Citicorp: erigida sobre varios pilares, esta torre de 59 plantas y 279 metros de altura pudo haber ocasionado una auténtica catástrofe en pleno Manhattan. Tras su construcción, una estudiante de ingeniería descubrió que su particular diseño no le permitiría soportar vientos de más de 112 kilómetros por hora sin riesgo de desplomarse sobre el resto de los edificios de la ciudad. Ante una situación tan delicada, los propietarios optaron por ocultar el peligro a la ciudadanía y reforzar las uniones de la estructura durante la noche a lo largo de una semana. 5. El Palacio de las Artes de Valencia: Santiago Calatrava es uno de los arquitectos españoles más conocidos mundialmente. También es el que acumula un mayor número de errores y polémicas en sus espaldas. El Palacio de las Artes de Valencia es un claro ejemplo de ello. A pesar de haber costado 478 millones de euros, apenas siete años después de inaugurado, su fachada empezó a agrietarse, mientras las piezas que formaban la cubierta se abombaban y desprendían. Ante el riesgo, tuvieron que ser retiradas. 6. El Puente del Riuet: esta obra de ingeniería costó 1,1 millones de euros a todos los mallorquines. Sin embargo, tuvo que ser demolida apenas siete años después de su inauguración. El motivo fue que la carretera pasaba demasiado cerca de las viviendas. La cercanía era tanta que había vecinos que no podían abrir las ventanas de sus casas porque chocaban con la estructura del viaducto. 7. El Hotel Ryugyong: a pesar de que lleva 27 años en obras, este edificio de 105 plantas es tan imponente que es imposible que pase desapercibido. Su construcción comenzó en 1987, como un intento del régimen de Corea del Norte por mostrar al mundo el poder de Pyongyang. Sin embargo, la crisis económica obligó a paralizar las obras varios años después. Aunque su apertura se ha anunciado reiteradamente, lo cierto es que el inmenso rascacielos está aún está inacabado. 8. La torre John Hanckock: su construcción supuso una auténtica revolución para la ciudad de Boston en los años 70. Sin embargo, apenas unos meses después de su inauguración, los enormes cristales que recubrían la fachada comenzaron a desprenderse y caer sin ningún motivo aparente. Para evitar desgracias, los cristales fueron sustituidos por paneles de madera. 9. El ascensor a ninguna parte: la construcción del velódromo Palma Arena es un claro ejemplo de cómo cualquier proyecto puede acabar convertido en un despropósito por culpa de la corrupción urbanística. Entre las innumerables situaciones surrealistas que ha dejado esta obra, se encuentra un ascensor construido en medio de un descampado y que no lleva a ninguna parte. 10. La Torre de Pisa: una deficiente cimentación provocó que, con el paso del tiempo, el campanario de la catedral de la ciudad italiana de Pisa comenzara a inclinarse sensiblemente. Con el paso del tiempo, esta torre se convirtió en un auténtico símbolo de la región, que cada año atrae a millones de visitantes. ENLACE Algunas Comunidades que podrían ser de tu interés: ¡Visita mis otros posts!

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Antojitos mexicanos III. No me olviden, soy de trigo. Salsas
Antojitos mexicanos III. No me olviden, soy de trigo. Salsas
Apuntes Y MonografiasporAnónimo8/12/2011

Mega post Antojitos Mexicanos III No me olviden, soy de trigo. Las salsas. ¡Acá, las tortas! Saludos, amigos taringueros! En este tercer post de la serie Antojitos mexicanos, voy a incluir textos, que en su mayoría son del gran investigador José N. Iturriaga, en los que hace un extenso recorrido por la cocina mexicana, de todo el país. Sé que va a hacer falta siempre algo (o mucho, muchísimo), pero lo extenso y variado de nuestro país hace prácticamente imposible dar a conocer todo el repertorio culinario. Los textos corresponden a una publicación del año 1998, y por cierto, incluyen varias recetas. Una sección de aquí corresponde a José Carlos Aviña, del sitio http://www.revistabuenviaje.com. Ojalá sea de su agrado este trabajo, y ¡Buen provecho! No me olviden soy de trigo. Primera parte. Texto: José N. Iturriaga - Recetas: Laura B. de Caraza. Desde luego que las tortas son las protagonistas de este capítulo, aunque también se verán otros antojitos, hechos con pan de harina de trigo. Como el taco que surge del mero acto de enrollar un alimento con una tortilla de maíz, así surge la torta al momento de partir un pan, en general de trigo, y rellenarlo con infinitas opciones comestibles. Nos referimos al mexicanísimo concepto de torta y no a interpretaciones válidas en otros países; nuestras tortas no son los pasteles españoles, ni las tortillas de huevo, ni las "ostias". Regresemos a nuestras deliciosas tortas; en ellas, al igual que en los tacos y en los tamales, es posible distinguir ciertas familias o géneros claramente tipificados. La sencilla baguette francesa, el pepito, el magro bocadillo español o la hamburguesa, poco tienen que hacer al lado de las tortas compuestas, cuyo origen es la ciudad de Puebla, de acuerdo con don Rafael Solana. La torta original es fría, aunque la embarradita de frijoles refritos suele ser caliente. Su adjetivo de compuesta alude a su secreto clave: no se trata de un pan relleno de cualquier cosa, sino de un relleno compuesto de una serie de cosas. La torta caliente, en cambio, involucra sobre todo guisos, como se verá después. Chanclas. (Rinde para 8 personas) Ingredientes: - 16 chanclas o en su defecto pambazos. Para el relleno: - 1 pechuga de pollo cocida y desmenuzada. También se puede preparar con maciza de cerdo cocida y desmenuzada. - 3 aguacates pelados y picados. Para la salsa: - 1 kilo de jitomate. - 150 gramos de chile guajillo. - 1 pizca de cominos. - 4 clavos de olor. -4 pimientas gordas. - 1 cucharadita de orégano. - 1 rajita de canela. - 1 hoja de aguacate. - 1 cebolla. - 1 diente de ajo. - 3 cucharadas de aceite de maíz o de manteca de cerdo. - sal al gusto. Para adornar: - 3 aguacates en rebanadas. - 1 cebolla en rebanadas delgadas. Modo de preparar: Se abren las chanclas y se rellenan con el pollo o la carne de cerdo y el aguacate, se tapan, se bañan con la salsa y se adornan con aguacate y cebolla. Para la salsa: Se ponen a cocer los jitomates con los chiles, sal y especias, se licuan y se cuelan. Se muele la cebolla con el ajo, se cuela y se pone a acitronar en el aceite caliente, se añade el molido de jitomate y se deja sazonar hasta que espese un poco. Pambazos. (para 8 personas) Ingredientes: - 8 pambazos grandes (se pueden sustituir con teleras o bolillos). - 4 chorizos. - 4 papas grandes cocidas. - 2 tazas de lechuga finamente picada. - Sal al gusto. - Aceite vegetal. - Crema ácida fresca. - Queso fresco desmoronado, o queso Cotija. Para la salsa de guajillo: - 7 chiles guajillos. - Un trozo de cebolla asada. - 1 diente de ajo asado. - Sal al gusto. - Agua de los chiles. Guisado de papas con chorizo: - 1 Kilo de papas cocidas en agua con sal. - 1 cebolla picada. - 2 dientes de ajo. - 400 g de chorizo. - 4 o 6 jitomates. Preparación: Preparación de la salsa de guajillo: Los chiles guajillos desvenados los pones a remojar en agua hirviendo tapados hasta que se ablanden. Asa la cebolla y los ajos Coloca una taza de agua de la de los chiles en la licuadora y muele todos los ingredientes. Cuela esta salsa sobre un recipiente ancho para poder meter los pambazos Guisado de papas con chorizo: Cuece las papas en agua con sal que las cubra. Primero a fuego fuerte para que hierva. Cuando empiece a hervir baja el fuego a lento para que las papas se cuezan lentamente y no se abran. Pícalas con un cuchillito afilado para comprobar si ya están cocidas (unos 30 minutos). Cuida de no recocerlas. Cuando estén cocidas, pasa la olla al grifo del agua, ábrelo y deja que el agua se renueve. Saca las papas y déjalas enfriar Pela las papas y córtalas en cuadritos (que se pueda hacer un taco). Calienta el aceite y fríe el chorizo hasta que dore y añade la cebolla picada. Deja que se sofría la cebolla. Muele el tomate con el ajo y un pellizco de orégano. Agrégalo a la cacerola y deja que se forme una salsa de chorizo. Pruébala. Añade las papas y revuelve. Deja que reseque un poco. Rectifica la sazón. Armando los pambazos: Prepara el guisado de papas con chorizo. Corta los panes (pueden ser teleras o cualquier bollo salado de corteza dura, no suaves) transversalmente sin separar las mitades. Remójalos en la salsa de guajillo y mételos en manteca o aceite caliente, por los dos lados. Rellena los pambazos con el guiso de papa con chorizo, lechuga finamente rebanada, queso y crema. Salsa o chiles aparte. No me olviden soy de trigo. Segunda parte. La gula creó combinaciones: tortas con jamón y queso blanco, o con mortadela y queso amarillo, sólo para citar un par de ejemplos. El extraordinario queso de puerco no resiste mezclas; está hecho para recibir nada más los ingredientes mencionados. Se apartan del prototipo frío de la torta compuesta dos variedades: la de chorizo y la de salchicha; en ambos casos el embutido se fríe y se sirve caliente, al margen de que se le agregan los demás componentes citados. Mientras que las tortas compuestas son anteriores a este siglo ya como familia bien definida, las llamadas tortas calientes son un invento más reciente. Los cambios fundamentales introducidos a las tortas calientes son tres: las dos mitades de la telera se calientan por ambos lados en una plancha, con un poco de manteca o de aceite; el relleno es por lo general un guiso, desde luego también caliente y no llevan crema, ni jitomate, ni cebolla cruda. A veces les untan frijoles refritos, les ponen aguacate y eventualmente cebolla curtida. Las tortas calientes pueden ser de lomo adobado, de pierna de cerdo, de milanesa, de pollo, de carnitas, de chorizo, de salchicha, de jamón virginia o de jamón cocido, calentados en la plancha. Se hacen también tortas de chile poblano relleno de queso, capeado y frito. Una variación es la que conocemos como torta cubana; antes se combinaban el lomo, el jamón y el queso, pero después las cubanas por antonomasia devinieron en alusión a cualquier clase de campechana tortística. La siguiente sección, Buen viaje, Diario turístico de José Carlos Aviña, en: Fuente:http://www.revistabuenviaje.com/conocemexico/saboramexico/tortas/las_tortas.html Torta Hawaiana, con milanesa, quesillo y piña. La gracia de la torta mexicana está en que para darle variedad se le puede poner casi cualquier cosa adentro. Hay tortas famosas, como la "hawaiana" que lleva jamón, queso derretido y piña, o la incomible "cubana" que tiene jamón, pierna de cerdo, salchichas, quesos, y todo lo que el cocinero tenga a la mano: aguacate, jitomate, cebolla, mostaza, mayonesa, crema, frijoles. Torta Cubana, con... Bueno, más bien no sé que es lo que no lleva. link: http://www.youtube.com/watch?v=Dr7qnyGbZec&feature=fvwrel En fin, la creatividad del mexicano no tiene fronteras, y hasta les ponen nombre a cada una de las tortas, desde la llamada “guajolota” (telera rellena con un tamal) hasta las tradicionales “ahogadas”, originarias de Guadalajara, Jalisco, o las hawaianas, que hasta piña llevan, entre cientos de estilos. Para acompañar la torta hay dos cosas tradicionales: unos chiles encurtidos en vinagre -o chiles chipotles, el chiste es que piquen mucho- y un refresco frío, de preferencia de sabor "rojo". Hay tortas con tantos ingredientes, como se les ha llamado: “cubanas”), que la boca no se puede abrir para darle la mordida y hay que ir comiéndosela por pisos. Una tapatía Torta Ahogada. En algunos lugares de México hicieron sus propias versiones de la torta -como en Guadalajara- ciudad famosa por sus tortas “ahogadas” y que están hechas de un pan más duro que una piedra (llamado birote) y atiborradas de carne de puerco. Como muchos dientes se quebraron tratándola de comer, los infames la remojaron en chile aguado, lo que provoca que se deshaga en las manos. Comerla es un arte. Una estilo Lambada... Aún con todo esto, los puestos de tortas callejeros han bautizado a sus creaciones con nombres originales. La torta “Lambada” (llamada en honor del baile aquél de los ochentas) tiene pierna, huevo y chorizo. La torta “Trevi” (bautizada por la cantante Gloria Trevi, lleva más pierna que todas las demás. La aparición de las tortas calientes hace ya medio siglo dio una ampliación considerable al abanico de sabores que las tortas ofrecen al comensal y que ante la llegada del nuevo milenio va en busca de otros ingredientes que hacen de las tortas un alimento que bien puede sustituir una comida en toda su extensión, aunque recuerde: una torta grande no siempre es una gran torta. Hay cubanas, las de huevo con frijoles, las de milanesa, las de pierna, las de carnitas, las guacamayas, las tortas ahogadas, la torta de tamal, entre una gran variedad. Una delicada y fría cemita poblana; la original se rellena con aguacate, queso blanco, jamón, chipotle y su aromático pápalo...Hay versiones con milanesa y quesillo, como la aquí mostrada. Cabe citar la cemita poblana, que tiene historia propia, es hermana de la torta, prima cercana del pambazo (francés), parienta lejana del paste y del emparedado (sandwich), ambos de origen inglés, y precursora histórica de las tortas gigantes que hoy se venden en gran parte de la República. link: http://www.youtube.com/watch?v=Rh4yjKM5c7I (Nótese la embarrada de frijoles en la base, y crema o mayonesa en la tapa, para "agarrar" los demás ingredientes y que no se salgan.) Por lo que respecta a la torta gigante, en este año se elaboró una de 44.5 metros de largo, lo que batió record a la presentada en 2007. Durante el evento, el jefe delegacional en Venustiano Carranza, en el Distrito Federal, Julio César Moreno, informó que en la última década la comercialización de tortas ha decrecido hasta en 60% “derivado de la fuerte influencia gastronómica extranjera, como son las pizzas, hamburguesas y fideos instantáneos”. Asimismo, el representante nacional de la Canirac, Mario Cisneros, afirmó que en el país hay 15,000 torterías, de las cuales 1,800 se ubican en el Distrito Federal. “Se desmorona esta industria, han sacado a la torta de la dieta a pesar de su balance nutricional”. En fin, hay mucho de que hablar de la torta, que forma parte de los "lunch" que se dividen en varios estilos: la torta de frijoles negros era la típica para muchos niños que acuden a la escuela. Había tortas de todo tipo en teleras o bolillos, cosa incomprensible, ya que algunos aseguran que la torta era en telera y no en bolillo, lo cual no parece inmutar a muchos de los comensales, dado que hay escolares que llevan un bolillo con mermelada de fresa, la cual por cierto no era muy solicitada. Una parte de los niños de cualquier salón de clases de las escuelas públicas, tienen ese lunch enviado por sus madres. Antes, todo era sin marcas y sin superhéroes, sin cajitas felices . Unas bolsas del pan o simplemente en servilletas suplían a la lonchera. Algunos, acaso, llevarían cantimplora. Era la sencillez de los niños antes del TLC. Antes, había también tortas increíbles como las que se jactaban de comer -pero que nunca llevaron a la escuela—, desde la tradicional de aguacate con sal y nopales, hasta las exóticas: tortas de plátano, papaya, chile y sandia. Los desayunos escolares implantados por Vasconcelos eran reservados solamente para las escuela de la periferia o las "consentidas" del régimen. Siempre ha sorprendido la habilidad de las madres mexicanas para dar de comer a sus hijos, porque es común ver en las primarias, principalmente, hasta las tortas de sopa. Las salsas (1era parte). En los antojitos mexicanos, como en cualquiera de las grandes cocinas del mundo, el secreto está en la salsa. Partiendo del razonable supuesto de que los ingredientes fundamentales sean frescos y preparados como deben ser, la diferencia estriba, en efecto, en las salsas. Si se me permite un ejemplo personal, diría que en materia de carnitas de cerdo conozco varios lugares donde las preparan exquisitas. Pero yo voy a ciertas taquerías -a veces cruzando un buen trecho de la capital- por la salsa que ahí elaboran. Se puede observar en el apartado correspondiente a los tacos, que para cada variedad hay un tipo de salsa específica; no se puede concebir un taco de barbacoa sin salsa borracha, o uno de cabeza de res sin salsa verde cocida o de carnitas sin salsa roja cruda o tacos de canasta sin esa salsa verde que a pesar de contener aguacate, sigue siendo aguada. Ante nuestro arcoiris de antojitos, se presenta una gama de salsas que parte, en primer lugar, del increíble número de combinaciones que pueden darse a cuatro ingredientes claves: tomate verde o jitomate, chile serrano, cebolla y ajos. Si se asa primero el jitomate, o si los ingredientes van crudos, si se hierven, si se fríen, si se muelen o se pican, si algunos como el ajo o la cebolla se suprimen, todo es factor que cambia el resultado final. Además, la opción más frecuente del chile serrano puede variar hacia una enorme lista de chiles frescos y secos que dan lugar a variantes de salsas casi infinitas. Las salsas (2da parte). Salsa borracha. Ingredientes: - 10 tomates verdes cocidos. - 6 chiles pasilla asados, desvenados y remojados en agua caliente. - 2 dientes de ajo. - 2 cucharadas de aceite. - 1 cucharada de vinagre. - 1/2 taza de buen pulque. - 1 cucharadita de sal. - 3 hojas de laurel. - 100 gramos de queso añejo desmenuzado. Modo de preparar: Se muelen los tomates junto con los chiles pasilla, ajos, aceite, vinagre, pulque, laurel y sal. Se vierte en una salsera, se le añade el queso y se mezcla. Salsa mexicana. Ingredientes: - 3 jitomates medianos, partidos a la mitad, despepitados y picados. - 1 cebolla mediana picada. - 6 chiles serranos picados. - 1/4 de taza de cilantro picado. - sal al gusto. Modo de preparar: Se mezclan todos los ingredientes. Salsa tamulada o de chile habanero. Ingredientes: - 20 chiles habaneros asados en el comal. - 1 cucharada de sal, o al gusto. - Jugo de naranja agria, o vinagre y jugo de naranja dulce, necesario para formar una salsa. Modo de preparar: Se molcajetean los chiles con la sal y se va añadiendo el jugo poco a poco hasta lograr la consistencia deseada. Espera el próximo post: ¡Los chiles! ¡Checa mis otros posts! En esta serie, dedicada a los Antojitos mexicanos I: Introducción y Los Tacos: http://www.taringa.net/posts/apuntes-y-monografias/11910792/Antojitos-mexicanos-I-Introduccion_-Los-Tacos_.html Antojitos mexicanos II: Tamales. También son de masa: http://www.taringa.net/posts/apuntes-y-monografias/11968814/Antojitos-mexicanos-II_-Los-Tamales_-Tambien-de-masa_.html Dedicado al gran fotógrafo Manuel Alvarez Bravo: http://www.taringa.net/posts/arte/12057144/Manuel-Alvarez-Bravo_-Los-ojos-del-siglo_.html La palabra más bella del Español. http://www.taringa.net/posts/apuntes-y-monografias/11188399/_Queretaro_-es-la-palabra-mas-bella-del-Espanol.html La leyenda de los túneles secretos de la Ciudad de México. http://www.taringa.net/posts/apuntes-y-monografias/11380208/La-leyenda-de-los-tuneles-secretos-_Ciudad-de-Mexico_.html Arbol de la Muerte Florida 2 nov. 2010 Ofrenda monumental de Día de Muertos en el Zócalo de México. http://www.taringa.net/posts/apuntes-y-monografias/11208761/Arbol-de-la-Muerte-Florida_-Zocalo-D_F_-2-Nov_-2010.html Un número clásico de Rius en Los Agachados: Las Historietas (Historia de la caricatura en el mundo). http://www.taringa.net/posts/arte/11477331/Rius_-Las-Historietas-_Los-Agachados-_66_.html Y en la serie La letra con Alma entra: http://www.taringa.net/posts/arte/11703694/Ilse-Aichinger_-Cuento-en-espejo_.html http://www.taringa.net/posts/arte/11848550/Tangos-con-acompanamiento-de-mariachi_.html

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Nueva España: ¡Corsarios!
Ciencia EducacionporAnónimo5/12/2013

¡CORSARIOS! Amigos, saludos cordiales. Reuní en este post la obra de dos historiadores: por un lado Clarence H. Haring, que hace un concienzudo análisis acerca del comercio español con sus colonias en el documentado libro Comercio y Navegación entre España y las Indias, y por otro lado, la obra de Alfonso Toro, que trata más específicamente la relación más específica de la piratería con la Nueva España, en su ameno libro Historia de México 2, Dominación española. Espero que ambas breves selecciones sean de tu agrado e interés. Para ver las entregas anteriores de la serie de la Nueva España: Nueva España: La estatua de Carlos IV. Nueva España: La Nao de China. Nueva España: Los treinta y tres negros. Nueva España: Sahagún y la fauna mexicana. Nueva España: La Inquisición en México. Corsarios berberiscos. ¡Corsarios! La piratería se había transformado en una institución entre los pueblos navegantes de la Europa Occidental siglos antes del descubrimiento de América, y los piratas franceses, ingleses e irlandeses no sólo infestaban las aguas alrededor de la Gran Bretaña, sino que avanzaban al sur por las costas de España, Portugal y las Azores. A veces navegaban con patentes de sus propios gobiernos, pero por lo general proseguían su práctica primitiva sin atender a los usos de la política internacional, aunque es cierto que en época del Renacimiento, cuando apenas surgían los Estados nacionales y la diplomacia se hallaba en sus confusos e inmorales comienzos, a menudo era imposible definir satisfactoriamente cuál podía ser la situación de las relaciones internacionales. Ya descubierto el hemisferio occidental, el campo de acción amplióse inmensamente para los corsarios, que se propusieron apropiarse de una participación en las famosas riquezas del Nuevo Mundo, atacando a los bajeles hispanos que volvían de aquellos remotos Eldorados. Rondaban por los archipiélagos de las Azores y las Canarias, donde los barcos procedentes del Oeste acostumbraban hacer su primera escala y cuando la presencia de buques de guerra españoles reducíalos a situación precaria, transferían sus operaciones a aguas americanas. Las memorias correspondientes a la primera mitad del siglo XVI abundaban en referencias sobre la captura de barcas en esas regiones y sobre ataques contra La Habana, Santiago de Cuba, Santo Domingo y otras ciudades situadas en las costas del Mar Caribe. Clarence H. Haring, Comercio y Navegación entre España y las Indias, F.C.E., México, 1984. Muralla y baluarte en Campeche. Los primeros corsarios fueron franceses, y contaron con la ayuda indirecta de Francisco I, que no podía ver con buenos ojos el enriquecimiento del rey de España. Los provechos obtenidos en la expediciones contra el Nuevo Mundo, en que se asaltaban poblaciones marítimas, atrajeron bien pronto a los ingleses y a los holandeses, a quienes siguieron aventureros de todos los países, que encontraban grandes atractivos en jugarse la vida, movidos por el deseo de adquirir rápidamente una gran fortuna que les permitiera entregarse a todo género de placeres. Esos ladrones marítimos llegaron a ser los verdaderos reyes del mar, con los varios nombres de bucaneros, filibusteros y hermanos de la costa, y aun a apoderarse de manera permanente de algunas islas de las Antillas donde establecieron sus guaridas, como Jamaica, la Isla de las Tortugas y Santo Domingo. La actividad de los corsarios, iniciada a principios del siglo XVI, va en aumento conforme el poderío de España va decayendo, y casi concluye a fines del siglo siguiente, aunque aumenta el contrabando. Los corsarios estorbaban la libre llegada de las flotas, y , aprovechándose de esta circunstancia, introducían mercancías extranjeras sin pagar derechos. John Hawkins. Entre las expediciones de los corsarios más importantes efectuadas contra la Nueva España, se encuentran el desembarco en Veracruz por Sir John Hawkins o Juan de Aquino, como lo llamaban los españoles, quien se apoderó de la isla de Sacrificios en 1568, deteniéndose allí varios días. En ella se encontraba, cuando llegó la flota que conducía al virrey D. Martín Enrique de Almansa. Este, aunque celebró un tratado con los piratas, faltando a su palabra, atacó a los corsarios , derrotándolos por completo, y haciéndoles varios prisioneros que fueron entregados a la Inquisición como herejes. Según la relación de Miles Philips, uno de ellos, los españoles atacaron a los ingleses a traición. En 1571, varios corsarios franceses desembarcaron en Sisal, y llegaron hasta Hunnucmá, saqueando e incendiando los poblados. El gobernador de Yucatán mandó perseguirlos, sin resultado; pues antes se hicieron a la mar, y quizá los mismos desembarcaron también en Cozumel, donde fueron derrotados por los vecinos de la isla. Francis Drake. En 1586, Francisco Drake, el más valiente y audaz de los corsarios, protestante convencido y enemigo acérrimo de los españoles, cuya lengua hablaba a la perfección, pasó por primera vez del Atlántico al Pacífico, e hizo flotar allí antes que nadie el pabellón inglés. Después de varios combates y depredaciones en la América del Sur, se situó en el cabo de san Lucas, y apresó el galeón de Filipinas Santa Ana, que traía un riquísimo cargamento de oro, sedas y mercancías de China y el Japón, y tras de apoderarse de las cosas de valor, quemó la nave, abandonando allí a la tripulación, la que pudo salvarse reparando el casco de la incendiada embarcación. Fuerte de San Diego, bahía de Acapulco. El virrey mandó fuerzas de Acapulco a perseguir a Drake, al mando del doctor Palacios, pero nada hicieron de provecho, porque ya el adversario había zarpado con su presa. En 1598, William Park, Parque, como le llamaban los españoles, al frente de tres naves, desembarcó de noche y por sorpresa, y se introdujo en Campeche, saqueando la ciudad impunemente, pues la mayoría de los vecinos huyó al darse cuenta de la presencia de los piratas, con excepción de unos pocos que se hicieron fuertes en el convento de San Francisco. Al amanecer, los refugiados en el convento debidamente armados, ocuparon las bocacalles por donde debían atravesar los piratas al retirarse cargados con el botín, y los atacaron, derrotándolos y obligándolos a reembarcarse, con pérdida de gran parte del producto del saqueo. Los triunfadores hicieron varios prisioneros, y entre ellos a un vecino llamado Juan Venturate, que había servido de guía a los piratas. Lleváronlo las autoridades a la plaza pública, y lo condenaron a morir atenaceado, arrancándole las carnes, las mujeres, con tenazas candentes. El mismo Park intentó desembarcar el otros lugares de Yucatán, pero sin resultado, pues due derrotado en todas partes donde lo intentó. Las guerras que seguía España contra Francia y Holanda en la primera mitad del siglo XVII, tuvieron su repercusión en la Nueva España. Una escuadra holandesa al mando de Shapenham, se apoderó a fines de 1623 de Acapulco, sin que la guarnición hiciera resistencia; pero debido a las enfermedades y falta de municiones, tuvo de retirarse de allí a poco. Pero los holandeses eran infatigables, y sus buques acabaron por hacer dificilísimo el comercio entre Filipinas y la Nueva España, así como la comunicación con la metrópoli. El 12 de agosto de 1633, el corsario holandés Pata de Palo saqueaba Campeche, se apoderaba de cuatro embarcaciones que había en el puerto, quemaba cuatro más y se alejaba sin ser perseguido. Desde 1656, la isla de Jamaica, de que se apoderaron los ingleses, se convirtió en un centro de piratería y contrabando. Los corsarios, de acuerdo con algunos comerciantes de las colonias, no solo defraudaban al fisco, sino que con sus ligeras embarcaciones se atrevían a hacer frente a las flotas españolas. El comercio de buena fe recibía con esto graves perjuicios, sin que el gobierno fuera capaz de defender los intereses de sus súbditos, pues aún cuando desde 1640 se formó la armada de Barlovento,, fue ésta de más costo que utilidad. Mapa antiguo de Jamaica. El virrey don Francisco Fernández de la Cueva, duque de Alburquerque, mandó fuerzas para recuperar Jamaica, las que obtuvieron algunas victorias sobre los ingleses, pero la insalubridad del clima los obligó a retirarse. En 1670, se celebró un tratado de paz con Inglaterra, en el que se prohibió el comercio entre las colonias de ambos países. Wahagan Linch, gobernador de Jamaica, en cumplimiento de ese tratado, ahorcó a varios piratas, lo que los atemorizó tanto a ellos como a los contrabandistas, con lo que casi cesó el comercio inmoral que hacían con la Nueva España. A pesar de ello, los habitantes de las poblaciones marítimas del Golfo vivían en perpetua zozobra, y Belice se había convertido en una especie de cuartel general de los piratas ingleses, que allí habían establecido cortes de madera. Pero de todas las incursiones piráticas en nuestro territorio durante la época colonial, ninguna dejó recuerdo tan hondo y perdurable como el saqueo de Veracruz. Fuerte de San Juan de Ulúa. El 18 de mayo de 1683, al amanecer, desembarcaron en Veracruz, de dos navíos de alto bordo, más de seiscientos piratas, aclamando, al son de los pífanos y tambores y descargas, al rey de Francia, y matando a cuantos encontraban al paso. Aquellas fuerzas, mandadas por Nicolás de Agramont, y conducidas por el mulato Lorenzo Jácome, conocido por el nombre de Lorencillo, se apoderaron de la ciudad, entraron en las casas rompiendo las puertas a hachazos, y aprehendieron a los vecinos, que semidesnudos fueron llevados a la iglesia, donde se hacinaron más de seis mil prisioneros, sin distinción de sexo ni edad, rodeándose el edificio de cañones y barriles de pólvora, con amenaza de volar el edificio si no entregaban sus tesoros. La soldadesca se entregó al saqueo más desenfrenado y a los excesos más criminales, calculándose que los piratas recogieron un botín que no valía menos de cuatro millones de pesos. Los piratas no se reembarcaron, sino hasta el sábado 23 dejando en la isla de Sacrificios abandonados a los vecinos que se habían llevado como rehenes. Murieron en aquella ocurrencia más de trescientas personas, y las pérdidas se estimaron en más de siete millones de pesos. El 21, en que se supo en México el desembarco de los piratas, el virrey levantó fuerzas y las puso a las órdenes del conde de Santiago; pero como siempre, cuando llegaron ya el enemigo se había alejado de las costas. Dos años después el mismo Lorencillo se apoderó de Campeche, que sufrió igual suerte que Veracruz. En 1690, tropas españolas, juntamente con otras reclutadas en nuestro país, que se trasladaron en la armada de Barlovento, dieron la batalla de “la Limonada”, para desalojar a los franceses de la isla de Santo Domingo. La acción fue muy sangrienta, y en ella fueron derrotados los franceses, debido principalmente a las tropas mexicanas. Perdieron aquellos más de quinientos hombres, entre ellos el gobernador, Mr. Cussi, y los vencedores se apoderaron del puerto de Guariso, el cual incendiaron. George Anson. A pesar de esta victoria, la más importante alcanzada por las armas españolas en América en aquellos días, las incursiones piráticas continuaron, sin que el decadente gobierno español pudiera evitarlas. Todavía en 1743, caía en poder del corsario inglés Jorge Anson, el galeón de Filipinas, con más de dos millones de pesos, en el cabo de Espíritu Santo. Cierto es, sin embargo, que desde el principio de la dinastía borbónica con Felipe V, empezó la restauración de la marina española, gloriosamente completada en los reinados siguientes, logrando hacer de nuevo respetable y respetados los dominios españoles y acabando al fin con la lepra de las incursiones piráticas en América. Alfonso Toro, Historia de México 2, Dominación española. Editorial Patria, México, D.F., 1977. Algunas Comunidades que podrían ser de tu interés: ¡Visita mis otros posts!

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Fantasmas Mayas.
Fantasmas Mayas.
Ciencia EducacionporAnónimo4/10/2013

Fantasmas Mayas. Manuel Orozco y Berra recogió en el T. II de Apéndice al Diccionario Universal de Historia y de Geografía (México, 1856), la siguiente relación de fantasmas en cuya existencia creían a mediados del siglo XIX los indígenas de Yucatán: Balam. Los indios temen y respetan a un ser que llaman con este nombre; dicen que es el señor del campo, y que no pueden labrarse sin peligro de la vida, si no se le hacen ciertas ofrendas, como son la horchata de maíz, sacá, un guiso que se hace con maíz y pavo llamado kool, la tortillla con frijol, buli-huah, el vino hecho con miel, agua y la corteza de un árbol que llaman balché, y el humo del copal en lugar de incienso; de suerte que puede decirse que le adoran como a un dios, pero siempre cautelándose de los blancos, sin duda por el temor de ser mirados como idólatras. Dicen también que Balam no sólo castiga con las enfermedades que manda a los que tocan los campos si antes no le hacen sus ofrendas, sino que también aterroriza a los habitantes del campo apareciéndoseles en figura de un viejo muy barbado, y tan horrible que es capaza de dar miedo al más valeroso; atribúyenle igualmente la circunstancia de pasearse por el aire, desde donde prorrumpe en prolongados silbidos, que lo hacen más respetable y temible. Profieren los indios su nombre con veneración, y muchas veces le llaman Yum Balam, esto es, padre y señor. Alux. Nombre que se da a unos fantasmas en quienes generalmente creen los indios y aun los que no lo son, que hay en las ruinas y los cerros. Cuentan que desde que oscurece empiezan a pasearse alrededor de las casas, tiran piedras, silban a los perros y algunas veces les dan de latigazos, de cuya estropeada queda con tos y mueren; cuentan que corren más que un hombre, y con la particularidad de ser tan violentos en la carrera, así de frente como de espaldas; no causan terror a quienes los miran; no temen a la luz; suelen entrar en las casa y cargar a los que están acostados en sus hamacas, de modo que no los dejan dormir; en los ranchos de caña, cuando está armado el trapiche, le dan vueltas, y si los torcedores dejan al caballo, le echan y azotan para poner en movimiento la máquina; dicen que son del tamaño de un indito de cuatro o cinco años, desnudo y con un sombrerito en la cabeza. Es incalculable el perjuicio que ésta fatal preocupación causa a los anticuarios, y la razón es que se cree comúnmente que las figuras de barro que se hallan siempre en los cerros y los subterráneos, son las que por la noche se animan y salen a pasear, y no es otro el motivo que tienen para despedazar sin piedad cualquier figura que encuentran, aun ofreciéndose pagársela bien. Atribuyen al Alux el origen de las enfermedades que se padecen en el campo, porque dicen que su contacto es maligno, y que cuando hallan a alguno durmiendo y le pasan tan suavemente la mano en la cara que no lo siente, indudablemente le da una calentura que lo arrulla por mucho tiempo. Xbolonthoroch. Este es el fantasma casero que no hace mal, espanta nomás a los que se desvelan, sin embargo no es visible; tiene, como el eco, la propiedad de volver los sonidos, y los ruidos que se han hecho en el día los repite por la noche; en las casa en que se hila, que es en todas las de los indígenas, ser oye sonar el huso como si se estuviera hilando, y este ruido hecho por el Xbolonthoroch, les causa inexplicable terror. Bokolhahoch. Se dice que en algunos lugares se oye un ruido debajo de la tierra, semejante al que se hace con el batidor cuando se bate el chocolate; y como este ruido dicen que lo oyen siempre de noche, lo atribuyen al diablo, a quien dan el nombre que queda dicho, y que en figura de zorro hace aquel ruido por sólo el placer de espantar a quienes lo escuchan. Xtabai. En los lugares más solitarios de las poblaciones, refieren muchos que han visto a una mujer vestida de mestiza, peinando su bella cabellera con la fruta de una planta que llaman xaché xtabai, muy conocida de los naturales, y que huye luego que se le acera alguno, pero aligerando o retardando el paso, o desaparece o se deja alcanzar; y como el que comúnmente la sigue es algún enamorado. Luego la abraza, da con un bulto lleno de espinas, y con los pies tan delgados como los de un pavo. Del gran terror que ocasiona tan inesperada transformación, resultan privaciones y calenturas con delirio. Huahuapach. Es un gigante que se suele ver en el silencio de la media noche en ciertas calles; es tan elevado, que un hombre apenas le llega a las rodillas, y lo que hace para impedir el tránsito es abrir las piernas, colocando un pie en cada lado de la calle; y si alguno sin advertir en este fantasma, intenta pasar debajo, junta prontamente las piernas y aprieta con ellas la garganta hasta ahogar al infeliz paseante. Prudencio Moscoso Pastrana, en su ensayo El complejo ladino en los Altos de Chiapas (Boletín 194 de la Memoria de la Academia Nacional de Historia y Geografía, 1963), aportó los siguientes datos sobre las visiones quiméricas más comunes en el área de San Cristóbal: La Yegualcíhuatl es una mujer muy bella, vestida de blanco y con muchas alhajas de oro. Tiene la facultad de aparecer a los ojos del hombre que la mira con el tipo y aspecto de la mujer que a éste le agrada o de quien se encuentra enamorado. Únicamente atrae a los hombres, de conducirlos hasta hacerlos llegar a pantanos en los que siempre perecen. Los atrae llamándolos y haciéndoles señas de que se acerquen a ella, pero siempre ocurre que, cuando el hombre trata de caminar hacia la Yegualcíhuatl, ésta se aleja insistiendo en sus llamadas hasta conducirlo a Ciénegas. En algunas ocasiones ha ofrecido parte de sus alhajas a su probable víctima. Se considera que uno de sus lugares predilectos es la Laguna de Chapultepec, que se encuentra en las inmediaciones de San Cristóbal. El Negro es un ser pequeño; le suponen una estatura de aproximadamente 40 centímetros; muchas veces jinetea a las cabalgaduras que encuentra en el campo: tal cosa se conoce por las carreras de caballos que se oyen en altas horas de la noche. Este ser imaginario va montado en el pescuezo del corcel y, como no usa montura, utiliza las crines del animal, formando con ellas sus estribos al enredar dichas crines o bien al unirlas desordenadamente por medio de semillas erizadas de pequeñas puntas, que se conocen con el nombre de “mosate”, Cenchrus echinatus. El Negro, durante la noche, saca las mulas de los potreros cercanos a san Cristóbal y las extravía en los montes y lugares apartados. El Cadejo es un animal parecido a un perro, pero de mayor tamaño. Tiene crines como caballo y de los ojos y la boca le salen chispas. Este ser maligno busca exclusivamente as los borrachos y a personas que no son verdaderamente católicas. Se les presenta con ese aspecto terrífico que le dan su cuerpo y las chispas que arroja, hasta hoy, ninguno de los que ha tenido en su presencia este ser ha sobrevivido, pues se le considera como la encarnación del diablo. El Duende es un ser con apariencia humana y que lo mismo hace su aparición en el día que en la noche. Su traje es como el de un indígena y consiste en pantalón y camisa de manta, un pequeño cotón y un sombrero de petate. Tiene la particularidad de que se presenta únicamente en las casa de prostitución o donde hay libros de magia negra. Nunca penetra en las casa de las personas que llevan vida cristiana, al entrar en una casa se dirige inmediatamente a la cocina y se mea en los trastos donde se está guisando, para en seguida arrojarlos al suelo. La forma de ahuyentarlo es cantar con voz fuerte y por tres veces seguidas el Ave María. El Sombrerón vive en la cueva de un cerro inmediato al pueblecillo de San Felipe, a 5 kilómetros al S.O. de San Cristóbal. Comparte su morada con otros seres maléficos, en especial naguales. Es creencia generalizada que El Sombrerón sale a secuestrar a los ebrios que no han pagado sus deudas, los toma por la cintura, los carga y junto con su víctima va a la cueva y se precipita en un pozo que al parecer no tiene fondo. Los “Yalám-Bequet” siempre vagan por las noches y son mujeres desprovistas de su envoltura carnal; es decir, son esqueletos de cuerpos femeninos que, haciendo un ruido de huesos que chocan, vuelan por las noches, produciendo el consiguiente asombro y temor a los humanos. Yalam bequet significa en lengua tzotzil: baja carne. Estos seres, según la opinión popular, tienen la particularidad de una vida limitada, equivalente a los años que les habrían correspondido en la tierra. Tomado de: Enciclopedia de México, Editorial Enciclopedia de México, México, D.F. 1974. Tomo 4. Algunas Comunidades que podrían ser de tu interés: ¡Visita mis otros posts!

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Puebla, 5 de mayo, la victoria imposible.
Puebla, 5 de mayo, la victoria imposible.
Apuntes Y MonografiasporAnónimo5/5/2013

Pasando revista a las tropas. Puebla, 5 de mayo, la victoria imposible. 1861. El gobierno liberal de Benito Juárez, en su guerra a muerte contra el partido conservador, se encuentra sin un peso para proseguir la lucha, por lo que decide en su afán de ahorrar dinero para continuar la guerra, entre otras acciones, proceder a suspender el pago de la deuda externa. Para principios de 1862 ya se encuentran ocupando Veracruz, pacíficamente de momento, los ejércitos de España (seis mil hombres), Francia (tres mil) e Inglaterra (ochocientos infantes de marina). El objetivo declarado de la intervención era cobrar los adeudos retenidos y dar un escarmiento al mañoso gobierno mexicano, que así le paga a los feroces y leoninos banqueros europeos. Mientras las pláticas se desarrollan, las fuerzas de intervención se trasladan, mediante el acuerdo realizado en el Tratado de la Soledad, a las ciudades de Córdoba y Orizaba, más saludables en ese momento que el puerto veracruzano. Pero los delegados franceses sabotean tan abiertamente las pláticas de conciliación, que españoles e ingleses sospechan otros designios escondidos, y para evitar verse implicados, vuelven a sus respectivos países sin haber cobrado ni un solo peso en ese momento. Violando los Tratados de la Soledad, que obligaban a los franceses a regresar a la costa en caso de no llegar a un acuerdo, el reforzado ejército francés, y el ejército conservador que se le agrega en el camino, avanzan hacia el altiplano, tomando posesión de las ciudades que va encontrando a su paso… Poca gente sospechaba que las verdaderas intenciones de los conservadores en México y de Napoleón III en Francia eran colocar un Príncipe de Habsburgo nuevamente como Emperador de México... Puebla, 5 de mayo, la victoria imposible. En Amozoc pudo ya conocer Lorencez el proyecto de Zaragoza para resistir en Puebla; había, empero, que fijar el plan de ataque. Almonte y Haro, que en vano habían tratado de persuadir al general francés que marchase directamente sobre la capital "en donde habría entrado sin resistencia, evitando por este medio el derramamiento de sangre" opinaban que el ataque debía verificarse por las tapias de la huerta del Carmen, en la parte de la ciudad opuesta á los cerros fortificados de Guadalupe y Loreto. Esta opinión fue desechada con el desdén con que los franceses recibían todas las indicaciones de sus aliados, acerca de lo cual dice sentenciosamente don Francisco Arrangoiz: "El desprecio de la generalidad de los jefes franceses á los consejos de los mexicanos conocedores de su país, ha sido causa de muchos contratiempos durante la campaña." La noche había llegado y todavía se disentía cuestión tan importante, "cuando se anunció un ingeniero mexicano que pasaba por conocer muy bien el país y particularmente Guadalupe. Recíbele el general, dice el príncipe Bibesco; hácele sentar en medio de nosotros, y le interroga extensamente sobre todos los puntos que pueden importar para el ataque del siguiente día. Los informes del ingeniero son de lo más interesantes: á oirle, los alrededores de Guadalupe no presentan obstáculos capaces de detener el ímpetu de las tropas francesas; los fosos están en parte terraplenados; el reducto, según él, ofrece muy poca garantía de solidez para oponer eficaz resistencia. En cuanto al enemigo, ni siquiera le hace el honor de admitir que pueda defenderse de otra manera quepor forma,satisfecho el general, se vuelve hacia nosotros y dice despidiéndonos: "Hasta mañana, señores; en Guadalupe. El príncipe Bibesco se empeña en defender el plan de ataque al fuerte de Guadalupe, en contra de los que han censurado al general Lorencez por aquel hecho de armas; dejaremos á un lado la cuestión militar, y observaremos simplemente que pocos temores debió abrigar el jefe de la expedición acerca del resultado del combate, no sólo por el concepto altamente depresivo que del ejército mexicano tenía formado, sino porque fiado en las promesas de los intervencionistas, esperaba ser recibido en triunfo, en medió de todo linaje de ovaciones. Al amanecer del 5 de mayo la columna francesa se mueve de Amozoc; permítasenos traducir aquí la pintoresca relación que de aquella célebre jornada ha hecho el mencionado príncipe, testigo presencial y actor, en su obra tantas veces citada: "Son las nueve cuando los cinco mil franceses desembocan en la llanura donde se eleva Puebla. Dívísanse bien pronto las torres de la catedral; pero la ciudad no aparece todavía sino como una masa confusa en medio de los jardines de que está rodeada. El cuadro en que la vemos, á la distancia en que nos hallamos, está formado en el fondo por las alturas del Ixtacíhuatl y del Pópocatépetl, que cierran el valle de Puebla del lado de México; á la izquierda por el monte Tepozúchil, á cuyo pie está trazado el camino que seguimos; á la derecha por el fuerte de Guadalupe. Torlo está tranquilo en la llanura. La marcha continúa. Sin embargo, una línea de tiradores enemigos no tarda en mostrarse y romper el fuego á nuestra derecha; pero rechazada por nuestros cazadoresde á pie, se retira lentamente y acaba por desaparecer tras la pendiente cubierta de árboles que liga á Guadalupe con Puebla. El general manda hacer alto y disponer el café, mientras su jefe de Estado Mayor, el coronel Valazé, ejecuta un reconocimiento con el escuadrón de cazadores en dirección de la Rementería. Su objeto es estudiar el terreno que conduce á Guadalupe, y juzgar, en cuanto es posible, de la posición exacta del fuerte. "Guadalupe corona un movimiento de terreno, de muy pronunciado relieve , que se desarrolla delante de nosotros y hacia la derecha, ocultándonos completamente á Loreto, otro pequeño fuerte situado á la extremidad opuesta del mismo movimiento. Cosa de mil metros distante de Guadalupe, Loreto domina también, pero mucho menos, el norte de Puebla. Débese poder llegar á Loreto, que nos es completamente invisible, por pendientes más suaves que las de Guadalupe, pero también bajo fuegos más temibles. Su ataque exigiría un movimiento muy dilatado, que, además, expondría por largo tiempo las tropasal fuego de Guadalupe, y nos tendría lejos del convoy, en cuyo derredor nos obligan á mantener nuestras reservas, tanto su importancia, como nuestro corto efectivo. Sea como fuere, Guadalupe domina á Puebla; la posesión de ese fuerte tiene que dar por resultado necesario la rendición de la ciudad; es, pues, la llave de la posición, es decir, el verdadero punto de ataque escogido por el general desde la víspera. Para llegar, hay que dirigirse con una parte de las fuerzas más allá de una profunda barranca accesible á la infantería, pero que necesita algún trabajo para el paso de la artillería. Los ingenieros se ponen rápidamente en obra, y al cabo de una hora quedan las pendientes practicables para el carruaje. "Entretanto, con la mirada vuelta hacia la ciudad, parecía que el general aguardaba el efecto de aquellas promesas tantas veces repetidas desde el día de su desembarco. ¡En vano busca en esa llanura, que había quedado enteramente silenciosa, el entusiasmo de la Puebla antijuarista; los diez mil hombres de Márquez, que deberían haberse encontrado allí al mismo tiempo que él, y aquel gran partido de la intervención, que desde hacía tres meses se le anunciaba todos los días para el siguiente! Nada en la llanura, nada en el camino. De repente se oye un cañonazo, uno solo. Ha partido del fuerte de Guadalupe. A esta señal, que es tal vez para el enemigo la del combate, el general toma sus disposiciones de ataque. "Fórmanse tres columnas. "La primera comprende dos batallones del 2.o regimiento de zuavos y diez piezas. Tiene orden de atravesar la barranca, marchar paralelamente al fuerte de Guadalupe en dirección de la derecha, y una vez á la altura del fuerte, volver á la izquierda y dirigirse á él. La segunda, compuesta del batallón de marinos y de una batería de montaña servida por la marina, debe seguirá la primera y oponerse durante su marcha á todo movimiento que envuelva su flanco derecho. La tercera, fuerte de un batallón de infantería de marina, tendrá que establecerse detrás de la línea formada por los zuavos y hallarse lista para apoyarlos. Por su parte, el intendente Raoul está encargado de instalar provisoriamente la ambulancia volante á mil quinientos metros más adelante, en la grande hacienda de la Rementería, propia para recoger los heridos. La guardia del convoy, concentrado en el camino de Puebla, detrás de la garita de Amozoc, y la vigilancia de ese camino, se confían á los solos cuatro batallones que quedan todavía disponibles. El escuadrón de caballería se encarga especialmente de explorar los flancos y la retaguardia de la división. El general da la orden para que principie el movimiento, y al punto las tres columnas atraviesan la barranca y marchan al través de la llanura en la dirección que les ha sido indicada. En este momento una línea de fuego ilumina el frente de la fortaleza, que observa nuestro ataque, y algunas balas bien dirigidas vienen á rebotar en medio de nuestras filas. No hay duda, ¡es la lucha! "Son las doce. Nuestra columna de vanguardia ha llegado al cambio de dirección; voltea á la izquierda, y mientras la artillería toma posición á dos mil doscientos metros de Guadalupe, los zuavos se despliegan á ambos lados de nuestras baterías, esperando con el arma al pie se abra una brecha que están impacientes por asaltar. "Comienza el fuego de nuestra artillería; el del enemigo se hace más vivo. Desde un punto que ha escogido parajuzgar mejor del combate, el general observa pronto que nuestro tiro, no obstante su precisión, está amenazado de quedar sin efecto, y manda luego al comandante de artillería orden de avanzar y continuar el fuego. No obstante, la disposición del terreno es tal, que se pierde enteramente de vista el fuerte al acercarse, y que no es posible, para batirlo, colocar las diez piezas de artillería montadas á una distancia menor de dos mil metros. Más allá se presenta una nueva barranca, á cuya salida comienzan las pendientes que conducen á Guadalupe; así es que el enemigo, cuyas piezas están perfectamente servidas, tiene desde el principio la ventaja del tiro; y nosotros nos vemos forzados, al cabo de cinco cuartos de hora de un cañoneo que ha agotado la mitad de nuestras municiones sin dañar las defensas de Guadalupe, á confiar el éxito de la jornada á la intrepidez de nuestra sola infantería. "El general ha acudido ya; ya ha formado dos columnas con todas las tropas presentes en el lugar del combate, y les ha señalado los puntos de Guadalupe, sobre los cuales reciben orden de lanzarse. Por un lado el comandante Cousin, á la cabeza de un batallón de zuavos, atraviesa á la izquierda las quiebras del terreno y llega al pie de la esplanada; por el otro el comandante Morand se dirige oblicuamente á la derecha con otro batallón de zuavos, para echarse en seguida sobre Guadalupe, procurando abrigarse de los fuegos de Loreto. Cada columna es seguida de dos destacamentos de zapadores que llevan sendas tablas aderezadas de escalones clavados, medio de escalada asaz insuficiente, pero el único que la precipitación de los sucesos permite procurarles. El destacamento de la izquierda está provisto, además, de un saco de pólvora, destinado á hacer saltar la puerta del reducto. Sintiendo que la victoria depende del golpe de audacia intentado en aquel momento, el general no vacila en mandar por el batallón de cazadores á pie, que había quedado en guarda del parque, y hacerle conducir á la posición con objeto de que apoyase al batallón Cousin. "El general y su Estado Mayor siguen el movimiento de las tropas para ir á situarse en un punto desde el cual sea fácil verlo y dirigirlo todo. El enemigo le reconoce por su guión, y desde que está en el campo no ha cesado de ser el punto de mira de los artilleros mexicanos; pero la muerte no ha hecho todavía más que amenazar; hé aquí ahora que hiere á su lado: llega una bala, rebota, arranca del caballo al subintendente Raoul, y le arroja espirante en el polvo. El capellán de la división pasa en aquel momento, ve al desgraciado, acude, echa pie á tierra, y sosteniendo al moribundo con una mano, le bendice con la otra. ¡Patético espectáculo el de aquella tranquila y serena bendición del sacerdote en medio de la muerte que le cerca! "Entretanto sigue la lucha más terrible. En proporción que nuestras columnas se aproximan al fuerte, la defensa se multiplica, el fuego redobla, y pronto hay sólo en el aire un silbido no interrumpido de balas de fusil y de cañón. A la izquierda, los cazadores de á pie acaban de aparecer sobre la posición; hélos allí que se lanzan al lado de los zuavos. ¡Qué lucha de heroísmo entre esos hombres por escalar las formidables defensas todavía intactas de Guadalupe y penetrar en ese fuerte erizado de bayonetas, que no cesa de vomitar metralla! Aquí, es el capitán Gautrelet, del 2.o de zuavos, que se hace una escala de los hombros de sus soldados; allá es el clarín Roblet, que empinado sobre el parapeto enarbola el guión del 1.er batallón de cazadores á pie y da el toque de carga; más lejos, es el subteniente Caze, que descarga por una cañonera los seis tiros de su revólver sobre los artilleros enemigos; mientras que, sobre el resalto de la contraescarpa, á algunos pasos de las piezas mexicanas, se mantiene orgullosamente plantada la bandera del 2.0 de zuavos, ese mudo contemplador de tantas acciones brillantes. Una bala hiere mortalmente al abanderado; reemplázale un alférez y cae á su vez; entonces un viejo zuavo, quien por su edad y su reputación de valor había adquirido el singular privilegio de llamar á sus oficiales "hijos míos," toma á su turno la bandera, y tremolándola sobre su cabeza con un gesto de desafío, exclama con voz tonante:-"¡Venid á tomarla!" pero luego, estrechando con un movimiento convulsivo su precioso tesoro contra el pecho, se desploma y rueda con él en el fondo del foso. Vanamente nuestros soldados saltan la zanja y coronan en gran número la parte del terraplén; todos sus esfuerzos se estrellan contra un reducto inexpugnable, cuyo centro forma la iglesia, en que están dispuestas tres líneas de fuego, y que defienden las tropas de los generales Negrete y Berriozábal. En fin, como para hacer impotentes nuestros últimos esfuerzos, se desata una violenta tempestad acompañada de granizo; el suelo, empapado en pocos momentos, cede bajo los pasos de nuestros hombres, que resbalan al fondo del foso, logrando apenas llegar á la esplanada un número muy reducido. “Mientras á la izquierda se daba este asalto prodigioso, la columna Morand ataca la derecha de la posición; pero de ese lado el terreno no está menos cortado de defensas de toda especie, insuperables para nuestras tropas en las condiciones en que se hallan. “Dos líneas de infantería mexicana, bien emboscadas y apoyadas por numerosa caballería, se despliegan sobre la cresta que une el fuerte de Guadalupe con el de Loreto. Marchamos derechamente sobre el enemigo; pero somos luego tomados de flanco por la batería de Loreto, invisible hasta entonces, y que nos causa pérdidas sensibles. Los marinos y la batería de montaña, que estaban de reserva, son sucesivamente enviados en auxilio de los zuavos, y el combate prosigue con nuevo encarnizamiento. Por un instante creemos en un socorro; soldados de caballería se lanzan hacia nosotros al grito de "iAlmonte! ¡Almonte!" Sin duda son amigos.¡Qué alegría abrirles nuestras filas! Corta ilusión. Los soldados nos dan una carga terrible. Por otra parte, nuestras tropas, tomadas entre los fuegos cruzados del fuerte y de las masas acumuladas en la altura, sucumben bajo la metralla y acaban por replegarse tras las primeras quiebras del terreno. Su concurso falta por lo mismo al ataque de la izquierda. “En el mismo momento tenía lugar en la llanura un combate heroico entre dos compañías de cazadores á pie y una parte de la caballería mexicana. El comandante Mangin y el 1er. batallón de cazadores acababan de trepar la pendiente que conduce á Guadalupe, guiados por un teniente de Estado Mayor, encargado de indicarles el punto de ataque; hallábanse á algunos pasos del foso, cuando, del lado de los jardines de Puebla, se produjo en medio de los árboles como un remolino,semejante á las ondulaciones que forman á distancia las columnas en marcha. Fué un rayo de luz: no había duda; detrás de aquellos árboles el enemigo se preparaba á aprovechar el alejamiento del escuadrón de cazadores de África, en observación del lado del nordeste, y el aislamiento del batallón para atacarle por la retaguardia. Sin perder un instante, el teniente, después de avisar al comandante, cuya atención toda entera se hallaba concentrada en aquel instante sobre el lado de Guadalupe, que iba á intentar escalar, se lanzó al galope en busca del general Lorencez. Pocos minutos después, el general, puesto al corriente del peligro que amenazaba á los cazadores á pie, enviaba al teniente Neyd'Elchingen con orden al coronel L'Heriller, que había quedado guardando el parque con cuatro batallones, para que apoyase á toda prisa al comandante Mangin con un batallón del 99 de línea; rápidamente dirigióse en seguida á una prominencia, adonde llegó en el momento que la caballería mexicana se arrojaba sobre las dos compañías de retaguardia del batallón de cazadores. Los acontecimientos se habían precipitado: aquellas dos compañías que habían quedado detrás de su batallón, desplegadas en tiradores frente á los jardines de Puebla para proteger el flanco de la columna de asalto, se vieron de repente acometidas por una nube de caballería. Replegarse á paso acelerado en derredor de su jefe, hacer frente al enemigo y recibirle á quemarropa, fue obra de un momento. Los escuadrones mexicanos lanzados á toda brida fueron á estrellarse contra las bayonetas de los cazadores sin poder romper su cuadro. Una segunda carga tuvo la misma suerte que la primera, y pudo verse después de algunos momentos de angustia, que las dos compañías francesas (unos ciento treinta hombres), sin haberse dejado desbaratar, salían victoriosas de un combate contra mil cuatrocientos á mil quinientos caballos (Nota de los autores. Aquí hay una equivocación. La fuerza mexicana era de poco más de quinientos caballos). El batallón del 99 de línea, que el general había enviado, llegó á paso gimnástico, cuando ya el enemigo había huido. "Son las cuatro. Se ha marchado desde las cinco de la mañana y batido desde las doce del día. Testigo de los esfuerzos sobrehumanos de sus tropas durante esa lucha desigual, reconociendo la imposibilidad de una nueva tentativa sobre Guadalupe, el general Lorencez da la señal de retirada”. Veamos ahora las principales operaciones que se habían verificado en el campo mexicano para rechazar el ataque de las tropas invasoras. Al amanecer el día 4 el general Zaragoza ordenó al general don Miguel Negrete que con la segunda división de su mando, compuesta de mil doscientos hombres, ocupara los cerros de Loreto y Guadalupe, que fueron artillados con dos baterías de batalla y montaña: formáronse además con las brigadas Berriozábal, Díaz y Lamadrid, tres columnas de ataque, compuesta la primera de mil ochenta y dos hombres; la segunda de mil, y la última de mil veinte, todas de infantería; y además una de caballería con quinientos cincuenta caballos, al mando del general don Antonio Alvarez con una batería de batalla. En la mañana del 5 el enemigo desprendió una columna como de cuatro mil hombres, con dos baterías, hacia el cerro de Guadalupe, y otra pequeña de mil, amagando el frente. Este ataque, no previsto por el jefe mexicano, le hizo cambiar su plan, mandando inmediatamente que la brigada Berriozábal reforzara á Loreto y Guadalupe, y que el cuerpo Carabineros a caballo ocupara Ia izquierda de los asaltantes para cargar en el momento oportuno. Poco después mandó al batallón Reforma, de la brigada Lamadrid, para auxiliar los cerros, que á cada momento se comprometían más en su resistencia; y el batallón de zapadores de la misma brigada fue á ocupar un barrio casi á la falda del cerro, con tal oportunidad, que evitó la subida á una columna que por allí se dirigía, trabando combates casi personales. Los franceses fueron valientemente rechazados en los tres asaltos que dieron, y la carga de la caballería, situada á la izquierda de Loreto, evitó que se organizara un nuevo ataque. Entretanto, el general Díaz, con dos cuerpos de su brigada, uno de la de Lamadrid con dos piezas de batalla y el resto de la de Alvarez, contuvo y rechazó la columna que marchaba sobre las posiciones mexicanas, y que se replegó á la hacienda de San José, en donde se hallaban ya las rechazadas antes, preparándose á la defensa. "Pero yo no podía atacarlos, añade el general Zaragoza, porque derrotados como estaban, tenían más fuerza numérica que la mía:mandé, por tanto, hacer alto al ciudadano general Díaz, que con empeño y bizarría los siguió, y me limité á conservar una posición amenazante, Las fuerzas beligerantes estuvieron a la vista hasta las siete de la noche, en que los enemigos se retiraron á su campamento en la hacienda de los Álamos, y los mexicanos á su línea. La noche se pasó en levantar el campo. "El ejército francés, decía todavía Zaragoza, se ha batido con mucha bizarría: su general en jefe se ha portado con torpeza en el ataque. Las armas nacionales se han cubierto de gloria... puedo afirmar con orgullo, que ni un solo momento volvió la espalda al enemigo el ejército mexicano, durante la larga lucha que sostuvo." Las pérdidas del ejército francés en aquella jornada, según el parte del general Lorencez, fueron de cuatrocientos ochenta y dos hombres, cifra considerable relativamente á su efectivo, según observa M. Niox, y que se descompone de esta manera: quince oficiales muertos, veinte heridos; ciento sesenta y dos soldados muertos y doscientos ochenta y cinco heridos ó dispersos. Las pérdidas de los mexicanos, conforme al parte del general Zaragoza, ascendieron á ochenta y tres muertos, ciento treinta y dos heridos y doce dispersos; contándose entre los primeros cuatro oficiales, y diez y siete entre los segundos. Quedaron además veinticinco prisioneros franceses. Tal fué el resultado de la primera acción de guerra propiamente dicha entre los ejércitos mexicano y francés; resultado que hizo cambiar mucho la opinión pública acerca de la intervención en mal hora emprendida por Napoleón III. Vista panorámica de Puebla, en la actualidad. Algunas Comunidades que podrían ser de tu interés: ¡Visita mis otros posts!

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Nueva España: Los treinta y tres negros.
Apuntes Y MonografiasporAnónimo9/26/2011

Monumento a Gaspar Yanga, en Yanga, Veracruz.Saludos cordiales. La llamada “Tercer raíz”, la población negra que fue traída a la Nueva España en calidad de esclava no fue tan numerosa ni fue tratada tan mal como en algunas otras partes de América; es obvio que hay excepciones, como en el caso del presente relato de una insurrección negros escrita por Vicente Rivapalacio, tomado de su obra El libro Rojo; pero en general la posesión de negros fue considerada como un indicador visible de status económico, por lo que solían ser bastante consentidos. Esa fue una de las razones por las que las varias declaraciones de la abolición de la esclavitud de los héroes de la Independencia tuvo tan poco eco. Los treinta y tres negros. Casi en el mismo año de 1521 en que el imperio de Moctezuma fue derribado, y sometido el Anáhuac a la dominación de España, comenzaron a llegar a México esclavos africanos conducidos a la tierra nuevamente conquistada por amos cuya sórdida codicia no se saciaba con el oro y la plata que los naturales del país podían extraer de sus minas. Los mexicanos, bien por su aversión a los conquistadores, o bien por sus buenas costumbres, no querían trabajar en el beneficio de las minas con la tenacidad y constancia que deseaban los españoles. El emperador Carlos V había sido informado de que el excesivo trabajo a que se condenaba a los mexicanos por los conquistadores, se habían producido sediciones y levantamientos más o menos graves, y que todo esto podía tener fatales consecuencias para la corona de España; ordenó, con audiencia de sus consejeros y teólogos, que los americanos fuesen libres de toda servidumbre, anulando los repartimientos de indios que había hecho Cortés. De aquí vino para los españoles la necesidad de tener esclavos africanos, que trabajando día y noche en las minas, recibiendo una miserable retribución, y considerados como animales, pudieran enriquecer muy pronto a sus dueños. En efecto, fue tan grande el número de los negros que se trajeron a la Nueva España, y tantas las ganancias que producían a sus amos, que ya en el año de 1527 Carlos V, entre otras ordenanzas que mandó a México, dispuso que los negros casados pudiesen redimirse pagando a sus amos veinte marcos de oro, y en proporción los niños y las mujeres. En un principio los esclavos eran empleados únicamente en el laboreo de las minas, pero poco después se ocuparon en las siembras y cultivo de la caña de azúcar, cuya planta aseguran algunos autores que fue llevada a las islas de América desde las Canarias por el inmortal Cristóbal Colón, y que Cortés la hizo trasplantar a México. Esclavos negros trabajando en un ingenio.Por el año de 1608 el número de los negros esclavos era ya tan crecido en la Nueva España, que apenas había una familia acomodada que no tuviera muchos de ellos a su servicio. A pesar de que la suerte de los indígenas en América era bien triste por el trato duro e inhumano que recibían de los conquistadores, era sin embargo dulce comparada con la de los infelices esclavos africanos. En aquellos primeros años, los caballos, las mulas y los bueyes eran muy escasos en la Nueva España, y el trabajo de estos animales se suplía con los esclavos negros, a los cuales se quería comunicar fuerza y vigor con el látigo de los mayordomos. Necesariamente aquellos hombres pensaban en la libertad, no sólo porque el amor a la libertad es innato en el corazón, sino por huir de los bárbaros tratamientos a que estaban expuestos todos los días y todo el día. La ruta de la Esclavitud en el Océano Atlántico.Rescatarse conforme a las ordenanzas del emperador Carlos V, de que hemos hablado, era casi imposible; necesitaban para eso tanto oro, como podrían reunir con el asiduo trabajo de toda su vida; entonces pensaron lo que era natural. La Nueva España estaba cubierta de bosques espesísimos e inexplorados; su tierra feraz podía cultivarse con poco trabajo; las selvas estaban formadas en muchas partes de árboles cuyos frutos podían dar a un hombre y a una familia la subsistencia. Las montañas convidaban a la libertad, las fieras que vivían en sus grutas eran más felices que los esclavos negros de los españoles, y además, en aquellos inmensos desiertos el fugitivo ofrecía la independencia a los seres convertidos en esclavos por la civilización. Los negros comprendieron que al lado de las ciudades de la colonia estaban las selvas en donde habitaban los ciervos, y los lobos y las serpientes; que al lado de la servidumbre y del látigo, estaban Dios, la naturaleza y la libertad. Castigando a un esclavo.Y los esclavos de las minas, de las casas y de los ingenios comenzaron a huir a los bosques. Así estaban las cosas en el año de 1609, gobernando la Nueva España el virrey D. Luis de Velasco. Los sublevados.Era la noche del 30 de enero de 1609: la luna, perdiéndose en el horizonte, apenas alumbraba las blancas nieves del soberbio Pico de Orizaba, conocido entre los naturales con el nombre de Zitlaltepec, y las sombras envolvían la fértil cañada de Aculzingo. Entre aquellas sombras se escuchaba apenas el rumor de los árboles agitados por los vientos de la noche, y el murmullo de los arroyos que bajan por las vertientes de las montañas. Sin embargo, escuchando con atención podía oírse en medio de aquellos ruidos confusos, otros sonidos que no eran producidos ni por los vientos ni por las aguas. Eran voces humanas, era sin duda el ruido que causaba la marcha de un gran grupo de hombres, que caminaban apresuradamente conversando entre sí, y rompiendo las malezas y los arbustos que se oponían a su paso. La marcha de aquellos hombres no se interrumpía, y aquel grupo parecía caminar en dirección del lugar que hoy ocupa la Villa de Córdoba. Cuando los primeros reflejos de la aurora comenzaron a teñir de rosa el espléndido cielo de la costa de Veracruz, el grupo de hombres que se había sentido cruzar durante la noche por la cañada de Orizaba, seguía su camino trepando una encumbrada cuesta. Era una tropa de negros, extrañamente vestidos y armados; llevaban los unos, calzas de seda hechas pedazos; los otros, calzones de escudero con sucias medias y calzas de gamuza; cuál vestía una bordada ropilla de raso, cuál una loba de curial; éste cubría sus desnudas espaldas con un elegante ferreruelo, aquél iba cubierto con un balandrán, el otro abrigado con un justillo estrecho de acuchilladas mangas; el de más allá en un tabardo velludo; aquello parecía una mascarada, y podía asegurarse que aquellos trajes eran los despojos de los pasajeros del camino de México a Veracruz. En cuanto a las armas de aquellos hombres, era curioso observar que había entre ellos flechas y arcos de los aztecas, arcabuces y espadas de los conquistadores, mazas, macanas, hondas, hachas, escopetas, ballestas, puñales, alabardas, y todo en el mayor desorden y en extraordinaria confusión. Al lado de un negro que llevaba marcialmente una gran lanza de caballero al hombro y una carcaj lleno de flechas con su arco a la espalda, caminaba con gran desenfado otro que llevaba a la cintura pendiente de un talabarte bordado, una macana, y en la mano un pesado arcabuz de mecha; también aquel armamento parecía el producto de un saqueo parcial. Aquella extraña tropa estaría compuesta de más de cien hombres, y a su cabeza, con todo el aire de un general en jefe, caminaba un negro alto, fornido, de abultadas y toscas facciones, que vestía con alguna más propiedad que los otros, y que estaba también mejor armado, pues mostraba una luciente coraza de acero, ceñía un largo estoque y empuñaba una buena escopeta. Trepando por aquellas escabrosas veredas y atravesando angostos y peligrosos desfiladeros, llegó por fin la tropa a una espaciosa meseta que coronaba una de las más elevadas serranías. Allí estaba situado un campamento de negros, era el cuartel general de todos los esclavos que habían huido de la crueldad de sus amos buscando la libertad que iban a defender con las armas y a costa de sus vidas. La fuerza que llegaba había sido vista desde muy lejos, todo el campamento se había movido, y hombres y mujeres se apresuraban a recibirla. Distinguíase en medio de todos ellos a un negro anciano pero robusto, a quien todos miraban con profundo respeto, y que parecía ser el patriarca de aquella tribu errante. Cuando los recién llegados penetraron al campamento, los soldados se desbandaron sin esperar la orden de su jefe, y se mezclaron entre los grupos de los que los aguardaban, y sólo el que había venido a la cabeza se dirigió en busca del anciano. -Buenos días, Francisco –dijo el anciano tendiendo al otro su mano con aire paternal. -Dios te guarde, padre Yanga –contestó Francisco. -¿Qué nuevas me trae mi hijo Francisco de la Matosa? -Malas nuevas, padre Yanga, malas nuevas. -¿Qué hay pues?, ¿algunos hermanos nuestros han muerto? -No, los blancos quieren nuestra muerte: ayer se me ha presentado un hermano, que es también como yo, de Angola, ha salido de la Puebla y me ha contado... -¿Qué te ha contado? -Que de Puebla viene una expedición contra nosotros; mándala un capitán vecino de aquella ciudad, llamándose Pedro González de Herrera, y ha salido el día veintiséis... -Estamos a los treinta días, muy cerca debe venir ya. -Tal creo, y por eso me he replegado, a fin de disponer todas las tropas y prepararlas para el combate. Pedro González de Herrera trae cien soldados españoles, cien aventureros, ciento cincuenta indios flecheros, y cerca de doscientos más entre mulatos, mestizos y españoles que se le han reunido de las estancias. -Es decir, cosa de quinientos cincuenta hombres: mucha gente es en verdad, y otros tantos no tenemos; pero no importa, Dios ayudará. ¿Por qué camino vienen? -No han seguido ningún camino real, y se acercan extraviando veredas. ¿Hay vigilantes por todos lados? -Sí, y es imposible que se acerquen sin ser sentidos... Allí viene corriendo uno; noticia debe traer. -Sin duda la llegada del enemigo. Pon a tus gentes sobre las armas, y yo voy al encuentro del vigilante... El viejo salió a encontrar al que llegaba, y Francisco comenzó a disponer sus tropas. El trabajo no era grande, y en un momento se formaron cuatrocientos negros, todos armados. Yanga volvió. -Francisco –dijo-, es preciso escribir a es don pedro González. -¿Y para qué? –preguntó Francisco con extrañeza. -para decirle que obedeceremos a Dios y al rey, pero que queremos nuestra libertad, que si nos la conceden, si no nos vuelven a nuestros amos crueles, si nos dan un pueblo para nosotros, depondremos las armas, ¿te parece bien? -Sí, contestó Francisco. ¿Y quién llevará esa carta? -El español que tenemos prisionero. Una hora después salía del campamento de los negros un español que llevaba una carta de Yanga, caudillo de los sublevados, al capitán don Pedro González de Herrera. El viejo Yanga era el espíritu de aquella revolución, que había meditado por espacio de treinta años, y el negro Francisco de la Matosa era el general de las armas, nombrado por Yanga. Los negros estaban ya esperando la señal del combate. El combate. Las tropas del capitán Don Pedro González de Herrera caminaron muchos días, y acamparon a la orilla de un caudaloso río y en frente de las posiciones que ocupaban los negros. Esto acontecía el 21 de febrero de 1609. Los dos campos enemigos podían observarse, y los dos pequeños ejércitos se preparaban para el combate, que indudablemente debía de darse al día siguiente. Los soldados de González contaban en su abono con el número, la disciplina y la buena calidad de su armamento. Los de Yanga confiaban en lo fuerte de sus posiciones y en la justicia de su causa. Llegó la noche: poco a poco los contornos de los árboles y de las montañas se fueron como desvaneciendo en el oscuro fondo del espacio, y luego no fue todo aquello más que una niebla densa y misteriosa, en medio de la cual no se distinguía otra cosa que la lejana luz de algunas hogueras que parecían estrellas, o la vacilante claridad de algunas estrellas que brillaban como las hogueras. Cielo y tierra se confundían con sus sombras y con sus luces. Entonces se pudo notar que en ambos campamentos se movían las tropas y se disponían los combatientes. Yanga y Francisco de la Matosa arreglaban la defensa. Don Pedro González de Herrera preparaba el asalto. Los primeros albores de la mañana darían sin duda la señal de acometida, y Dios daría la victoria. Así pasó toda la noche, y durante toda ella no hubo sin duda uno solo de aquellos corazones (que ahora hace más de dos siglos y medio que dejaron de latir para siempre), que no estuviera conmovido con el peligro del día siguiente. Brilló por fin la aurora, y las columnas de los asaltantes se pusieron en marcha, en medio de un silencio sombrío. Don Pedro González iba a la cabeza de todos, procurando animar a sus soldados con su ejemplo; pero delante de él caminaba un perrillo de uno de los soldados. Aquel animal no conocía que todos aquellos hombres, y entre los cuales iba su amo, caminaban al combate y a la muerte, y por eso jugueteaba entre la maleza, ya adelantándose, ya volviendo ligero a encontrar a la columna que seguía avanzando sin descansar. Don Pedro le miraba casi sin pensar en él; pero de repente observó que el animal, que se había adelantado mucho, se detenía como espantado y ladraba dando muestras de cólera. -¡Una emboscada!, gritó don Pedro comprendiendo lo que aquello significaba. -¡Una emboscada! Repitieron los que le seguían, y la columna se detuvo repentinamente. El capitán desnudó su espada, afirmóse el sombrero, y con robusta voz gritó, volviéndose a su tropa: -¡Santiago, y cierra España! ¡A ellos! -¡A ellos! –repitió la columna y todos comenzaron a trepar velozmente por aquellos riscos, en dirección de la emboscada descubierta por el perrillo. Los negros conocieron que la emboscada no surtiría ya efecto, y salieron a cortar el paso. Trabóse entonces el combate, los mosqueteros comenzaron a disparar sus armas sobre los negros, ganando siempre terreno, y los negros haciendo fuego a su vez sobre los asaltantes, con las pocas armas de fuego que tenían, procuraban hacerlos huir o acabarles rodando en gran cantidad peñascos que para este objeto tenían ya preparados. Pero nada contenía el brío de los asaltantes, que trepaban y trepaban ganando siempre terreno y lanzando a sus enemigos una verdadera lluvia de balas, de piedras y de flechas. Muchas horas duró el combate, y la suerte favorecía a los soldados de Don Pedro González, que al caer la tarde se apoderaron de las posiciones de los negros, no sin dejar el camino que habían recorrido, sembrado de cadáveres y de heridos. Yanga y los demás que le acompañaban, viendo que no era posible resistir más, huyeron para los bosques, no dejando en poder de sus enemigos más que algunos cadáveres. Aquello era un triunfo, pero un triunfo tan efímero como costoso. Los negros que habían huido volverían a hacerse fuertes en otro lugar, y sería necesaria una nueva batalla, que no daría más resultado que el que ésta había dado: conquistar a fuerza de sangre una posición que había necesidad de abandonar a poco tiempo y con el temor de volverla a encontrar defendida al día siguiente, y aquella era una campaña tan penosa como estéril en sus resultados: los negros habían perdido alguna gente, pero en compensación lo mismo había sucedido a sus perseguidores: la proporción era perfecta. Todo esto lo comprendió Don Pedro González de Herrera, y quiso aprovechar los momentos de la victoria y dar otro sesgo a la campaña. Ofreció el indulto a Yanga y a los suyos: fijáronse en los árboles por todas partes cédulas con este ofrecimiento, colocáronse en todas las alturas banderas blancas, y al fin Yanga escribió al virrey. Proponía una especie de convenio, en el que había mucho de debilidad. Protestaban no haber tenido intención de faltar a Dios ni al rey, de quien eran leales vasallos; se comprometían a entregar en lo sucesivo todos los esclavos fugitivos a sus dueños, mediante una remuneración, y pedían un pueblo en que vivir con sus hijos y mujeres, y en el cual recibirían al cura y al justicia que se les nombrase. El virrey Don Luis de Velasco, hijo.El virrey accedió a todo y les concedió terrenos para formar el pueblo, que se llamó de San Lorenzo. Tres años después.Mientras tanto en México había sido grande la alarma, y el virrey, para calmar los ánimos, mandó azotar públicamente algunos negros que estaban presos por varios delitos. Con esto pareció que todo había concluido, y en efecto, en esa confianza transcurrieron los años hasta 1612. En este intermedio, don Luis de Velasco, el virrey, había sido llamado a España para el desempeño de un puesto de gran importancia en la Corte: le sucedió en el gobierno de la colonia el arzobispo de México, don Fray García Guerra; pero duró muy pocos meses, porque un día al subir a su coche no pudo tomar bien el estribo, cayó y como era muy anciano, murió del golpe. Muerto el virrey-arzobispo, la Audiencia tomó posesión del gobierno, y el oidor decano Otalora se trasladó al palacio de los virreyes. Apenas comenzó a gobernar la Audiencia cuando se volvió a hablar de la sublevación de los negros, y las gentes se aterrorizaron. Mil noticias, o más bien dicho, mil consejas a la cual más extravagantes circulaban por la ciudad de México y por las ciudades vecinas. El nombre de Yanga y de Francisco de la Matosa pasaban de una a otra boca pronunciados con espanto. Quién aseguraba que en uno de los bosques del camino de México a Veracruz había un campamento en el que se contaban los negros por millares; quién decía que durante las frías noches de febrero, misteriosas tropas rondaban alrededor de las ciudades como ejércitos de fantasmas evocados por un conjuro, algunos afirmaban que cuando todos los habitantes de México dormían, ellos desde los terrados de sus casas habían visto en las montañas de los alrededores, hogueras que no podían menos de ser contraseñas, y habían escuchado los salvajes aullidos de los negros liberados. Todo esto se creyó y todo esto dio margen a decir que los negros esclavos, ayudados por los liberados, trataban de alzarse, y hasta se fijó como plazo para esta sublevación el jueves de la Semana Santa. La Audiencia gobernadora participó también de aquel temor, y comenzaron a dictarse medidas de seguridad que no producirían más efecto que aumentar el miedo. Como la sublevación debía verificarse el Jueves Santo, se suspendieron las procesiones y fiestas de la Semana Mayor, y en todos esos días a las oraciones de la noche no se encontraba en las calles a un solo transeúnte. Por casualidad, el Jueves Santo a medianoche entró a México una piara de cerdos, y como todos los ánimos estaban preocupados y esperando el terrible acontecimiento, el primero que oyó el gruñido de aquellos animales se figuró que eran las voces de los negros que entraban a la ciudad, y esparció la alarma, y aquella alarma fue tan grande y tan espantoso el pánico que se apoderó de todos los vecinos, que nadie se atrevió a salir de su casa a cerciorarse de la verdad, hasta la mañana del día siguiente. En estas zozobras se pasaron la Semana Santa y los días de Pascua. El asesinato de los 33.No puede saberse con seguridad si la Audiencia descubrió realmente alguna conspiración, o quiso con un ejemplar ruidoso calmar los ánimos y acobardar a los negros por si pensaban en rebelarse; lo cierto es que apenas pasó la Pascua, México presenció una de las más horrorosas ejecuciones de que haya memoria. Veintinueve negros y cuatro negras fueron ejecutados en el mismo día y hora en la plaza mayor de la ciudad. El gentío era inmenso; plaza y calles, balcones y azoteas, todo estaba lleno, en todas partes había espectadores, desde todas partes se contemplaba aquella espantosa matanza. La escena era capaz de hacer estremecer de horror al mismo Nerón. Aquellos hombres, y sobre todo aquellas mujeres que caminaban al patíbulo, casi moribundos, cubiertos de harapos, a encontrar la muerte después de una vida de esclavitud y sufrimiento; los confesores que a grito herido encomendaban aquellas almas a la misericordia de Dios; una multitud inmensa que se agitaba como un mar borrascoso, y sobre todas aquellas cabezas treinta y tres horcas, de donde pendían hora después treinta y tres cadáveres. La ejecución había terminado, pero la gente no se retiraba, y era que aún había un segundo acto más repugnante. Los verdugos comenzaron a bajar los cadáveres, y con un hacha a cortarles las cabezas, que se fijaban en escarpias. Se estaban castigando cadáveres y derramando la descompuesta sangre de los muertos. Aquella escena era asquerosa. Las treinta y tres cabezas se fijaron en escarpias en la plaza mayor de la ciudad, ornato digno de la grandeza de la Audiencia gobernadora. Mucho tiempo estuvieron allí aquellos trofeos de civilización, hasta que la Audiencia tuvo parte de que ya no era posible sufrir la fetidez, y las mandó quitar y que se enterraran. Así se sofocó aquella soñada conspiración, en el año de 1612. ¡Visita mis otros posts!

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Nueva España: Sahagún y la fauna mexicana (+ tapices).
Nueva España: Sahagún y la fauna mexicana (+ tapices).
Apuntes Y MonografiasporAnónimo5/17/2012

Fray Bernardino de Sahagún. Amigos, saludos cordiales. Retomando esta serie, les presento el trabajo de rescate etnológico realizado por fray Bernardino de Sahagún, que hace de la cultura náhuatl cuando todavía se encuentran vivos los poseedores de ella, y que habían sobrevivido a las penuras de la guerra y el vasallaje. Incluyo, además de selecciones del texto de Sahagún, una recreación de los dibujos de algunos de los animales (tomados de varios códices prehispánicos, tanto nahuas como del área maya), así como tapices de todos los animales. Si a alguien le interesa poseer los dibujos “en blanco”, para colorearlo digitalmente, con excepción de la serpiente, porque la coloreé sin querer - pídalos por MP. Nueva España: Bernardino de Sahagún y la fauna mexicana (+ tapices). Apenas un par de generaciones después de consumada la Conquista (1521), la mayor parte de los indígenas de la Nueva España comenzaban a olvidar los nombres de sus viejos ídolos y aparentemente les tenía sin cuidado el eclipse de su antigua religión. El aturdimiento que la conquista produjo a los indígenas y el brote de las epidemias que los mataran por millones, constituían el mejor aliado de los misioneros. La catástrofe era vista por los conquistados como una demostración de que el poder de sus dioses era muy inferior al de los conquistadores. Códice Florentino. Epidemia de viruela. Por otro lado, los frailes españoles eran creyentes de las profecías que circulaban en Europa acerca del próximo fin del mundo y el surgimiento de un mundo nuevo; mediante complicados razonamientos teológicos, muchos de ellos llegaron a la conclusión de que ese Nuevo Mundo se encontraba en América. Las profecías precisaban que el mundo conocido se acabaría cuando los judíos se convirtieran al cristianismo, y como algunos estudiosos afirmaban que los indígenas eran descendientes de una de las tribus perdidas de Israel, la urgencia de cristianizarlos para que así pudiese nacer el Nuevo Mundo resultaba evidente. Por lo general los misioneros aprendieron náhuatl –la lengua más difundida- para poder predicar, y también les fue necesario aprender idiomas como el zapoteca, el tarasco y otros menos importantes. Hubo entre los frailes lingüistas eminentes que escribieron más de un centenar de libros de doctrina y diccionarios en distintas lenguas autóctonas. Como recursos audiovisuales mandaron pintar al estilo de los códices indígenas la traducción de un buen número de oraciones cristianas y las diseminaron en cuadernillos semejantes a los modernos de historietas dibujadas. Danzas y representaciones teatrales sirvieron para hacer entender a los indios cuestiones como las de Adán y Eva, la Natividad, la Adoración de los pastores, etc. A los pocos años de su llegada, los primeros misioneros ya habían bautizado a muchos millones de indígenas, y por un momento se pensó que la catequización había llegado a su fin. Conversión masiva de indígenas. Efectivamente, muchos abrazaron con devoción la nueva fe, pero otros, temerosos de que los cristianos regresaran a su país dejándolos a merced de los dioses destronados, que los castigarían con sequías y otras calamidades, siguieron reuniéndose secretamente en cuevas y sitios apartados para celebras sus antiguos ritos. Los misioneros se propusieron conocer mejor a los recién catequizados, para descubrir sus mañas y combatir más eficazmente la idolatría. A este fin, en 1547 el franciscano Bernanrdino de Sahagún recibió el encargo (posiblemente de fray Toribio de Benavente, llamado por los indígenas Motolinía –el pobrecito- debido a la rigidez con que observaba el voto de pobreza franciscano) de hacer los más amplios, serios y bien realizados estudios etnográficos que se conocen. Cuarenta años consagró Sahagún a esta fascinante tarea. Hacía llegar hasta sus oficinas de Santiago Tlatelolco a los indígenas más viejos e instruidos de los distintos pueblos, quienes relataban en náhuatl sus costumbres, las características de sus dioses, su cultura literaria, sus técnicas y los principales mitos, leyendas y nociones históricas de sus comunidades; he hizo que los indios jóvenes, ya cultivados a la manera de occidente, redactaran en su lengua las informaciones originales, las dibujaran e iluminaran, que recogieran de los labios de los viejos la moribunda sabiduría antigua. Por fortuna nuestra tenemos estos documentos así conservados en su propia lengua original. Todo el trabajo se halla a dos columnas en el Códice de Florencia (o Códice Florentino). La primera columna tiene el texto castellano que Sahagún tradujo, enmendó, aprovechó y corrigió y usó en su documento. En la segunda columna está el texto náhuatl de todos los documentos allegados que sirve como de original al texto. A partir de esta obra, Sahagún redacta otra obra en castellano íntegro, donde hace un libro por su cuenta y no una versión pura de sus documentos. Por esta razón suprime, abrevia, enmienda, compara. A veces, aunque parezca inverosímil, se equivoca en la comprensión de sus textos en náhuatl y omite datos, o los traduce mal. Pero otras veces agrega noticias que en vano buscaríamos en el texto de sus otros documentos. Se entiende que los allega de otras fuentes, orales acaso, acaso escritas, que no caen bajo el examen de nuestros ojos. Sahagún : “…en esta obra como una red barredora para sacar a la luz todos los vocablos de esta lengua, con sus propias y metaforísticas significaciones, y todas sus maneras de hablar, y las más de sus antiguallas buenas y malas. Es para dirimir mil canas, porque con harto trabajo de lo que aquí me cuesta, podrán los que quisieren, saber en poco tiempo muchas de sus antiguallas y todo el lenguaje de esta gente mexicana.”Como obra etnográfica, como obra histórica, como arsenal lingüístico, como monumento literario no tiene nada igual, ni en México ni en todo el continente, no se puede hallar qué poner frente al libro de Sahagún, no para igualarlo, sino siquiera para competir con él. Es digno de recuerdo el hecho de que en todo el continente americano los primeros jardines zoológico y botánico hayan estado en México. No se pensaba en Europa en constituirlos, cuando Nezahualcóyotl, primero, y Motecuhzoma Ilhuicamina, después, o acaso a la inversa, establecen en lugares de su territorio sendos jardines botánicos (en Huastepec el mexica y en Tezcutzingo el acolhua). El jardín zoológico viene más tarde. Bernal Díaz y sus compañeros quedan estupefactos ante la “Casa de las fieras” que les mostró el rey. No acaba el soldado cronista de admirarse de aquella obra. Y tenía razón, porque se hallaban, en un medio artificial y artificiosamente dispuesto, animales de las más variadas zonas del país, y porque sabe que el jefe del estado mexica tiene el esmero de reunir en todos los rumbos de sus dominios ejemplares raros y no vistos para guardarlos en su colección. Continuando con esta serie dedicada a la Nueva España, presentaré algunas selecciones del texto de Fray Bernardino de Sahagún. Comenzaré con la descripción que le hacen los indígenas de los animales autóctonos. El procedimiento para dar el nombre será el siguiente: primero pondré el nombre indígena, después y entre paréntésis su significado, a continuación el nombre más común en castellano, y por último entre corchetes el nombre científico; trataré de aplicar a todos los animales este criterio. Y hago notar que los textos provienen de la "Historia general de cosas de Nueva España", de fray Bernardino de Sahagún, y a "México de Carne y hueso" III, Tercer tomo, la Nueva España, Editorial Contenido, agosto de 1997. Jaguar (Códice Fejervary). Océlotl. Jaguar. [Felis onca]. El tigre anda y bulle en las sierras, y entre las peñas y riscos, y también en el agua, y dicen es príncipe y señor de los otros animales; y es avisado y recatado y regálase como el gato, y no siente trabajo ninguno, y tiene asco de beber cosas sucias y hediondas, y tiénese en mucho; es bajo y corpulento y tiene la cola larga, y las manos son gruesas y anchas, y tiene el pescuezo grueso; tiene la cabeza grande, las orejas son pequeñas, el hocico grueso y carnoso y corto, y de color prieto, y la nariz tiene grasienta, y tiene la cara ancha y los ojos relucientes como brasa; los colmillos son grandes y gruesos (…) y tiene el pelo lezne y como crece se va manchando (…) El tigre blanco dicen que es el capitán de los otros tigres, y es muy blanco; hay otros que son blanquecinos, manchados de prieto; hay otro tigre de pelo bermejo y manchado de negro. (…)cuando el tigre caza primero hipa, y con aquel aire desmaya a lo que ha de cazar. La carne del tigre tiene mal sabor, y requema. Tlacaxólotl (¿señor de los monstruos?) Tapir [Tapirus americanus]. Hay un animal en esta tierra que se llama tlacaxólotl; es grande, mayor que un gran buey, tiene gran cabeza y largo el hocico, las orejas muy anchas, tiene los dientes y las muelas muy grandes pero de la forma de la persona; tiene muy grueso el pescuezo y muy fornido; tiene los pies y las manos gruesas, las uñas como buey, pero mayores; tiene las ancas grandes y anchas la cola tiene gruesa y larga; es de color de buey rojo, tiene muy grueso el cuero; la carne es de comer, dicen que tiene la carne y el sabor de ella de todos los animales y aves, y aun de hombres. Este animal es raro; vive en las provincias de Atzcan y de Tepotzotlan, Tlaquilapan, que son hacia Honduras; vive en las montañas y desiertos, entre las peñas, come cacahuates monteses (…) come también maíz verde y mazorcas de maíz; cuando topa con un maizal, cómelo todo sin dejar nada (…) Cuando estercola, echa los cacaos enteros, casi una carga de ellos cada vez; andan los habitantes de aquella tierra a buscar su estiércol para recoger el cacao que echa este animal. Cóyotl. (Adive) Coyote. [Canis latrans]. Hay en esta tierra un animal que se dice cóyotl, al cual algunos de los españoles le llaman zorro, y otros le llaman lobo, y según sus propiedades a mi ver ni es lobo ni zorro sino animal propio de esta tierra. Es muy velloso, de lana larga, tiene la cola gruesa y muy lanuda; tiene las orejas pequeñas y agudas (…), es muy recatado para cazar, agazápase y pónese en acecho, mira a todas partes para tomar su caza, es muy sagaz en acechar su caza y cuando quiere arremeter a la caza primero echa su vaho contra ella, para inficionarla y desanimarla con él. Es diabólico este animal: si alguno le quita su caza nótale, y aguárdale y procura vengarse de él, matándole sus gallinas u otros animales de su casa, y si no tiene cosas de estas en que se vengue, aguarda al tal cuando va camino, y pónese delante ladrando, como que se le quiere comer por amedrentarle; y también algunas veces se acompaña con otros tres o cuatro sus compañeros, para espantarle, y esto hacen de noche o día. Mapache (Códice Fejervary). Cihuatlamacazqui Mapache [Procyon lotor]. Hay otro animalejo que llaman mapachtli, y también le llaman cihuatlamacazqui, y también tlamaton, quiere decir viejecilla; tiene las manos y los pies como persona, destruye los maizales cuando están verdes comiéndolos, sube a los árboles y come la fruta de ellos, y come la miel de los magueyes; y vive en cueva, hace su habitación en las montañas y en los riscos, y entre las espadañas del agua. En el tiempo de invierno, cuando no hay fruta ni maíz, come ratones y otras sabandijas. Algunas veces anda en dos pies como persona, y otras veces a cuatro pies como animal; hurta cuanto halla, por ser así ladrón, y por tener manos de persona le llaman mapachtli; es bajuelo y rollizo, y tiene larga lana, tiene la cola larga, dura y pelosa a manera de zorro, la cabeza grande, las orejas pequeñas, el hocico largo y delgado y prieto, el cuerpo pardo y peloso. Tláquatl (Tlacuache) Zarigüeya [Diaelphis virginiana]. Hay un animalejo que se llama Tláquatl o tlaquatzin, del tamaño de un gato, poco más o menos, y es pardillo oscuro; tiene el pelo largo y muy blando, y cuando son viejos cáensele los pelos; tiene el hocico largo y delgado, tiene la cara pintada, las orejas pequeñas, la cola larga y peluda, ningunos pelos tiene en ella; vive entre los maizales, entre las piedras hace cueva donde mora y donde cría sus hijos; tiene una bolsa entre los pechos y la barriga donde mete sus hijuelos, y allí los lleva a donde los quiere llevar, y allí maman. Este animalejo ni sabe morder ni arañar, ni hacer algún daño aunque le tomen, y cuando le toman chilla y llora, y sálenle las lágrimas de los ojos como a persona; cuando le toman los hijos chilla mucho, y llora por ellos. Este animalejo come maíz y frijoles, y raeduras de los magueyes que sacan de ellos cuando los agujeran para sacar la miel, y también come miel; y la carne de éste es comestible y sabrosa como la del conejo, ni los huesos de este animalejo, ni la cola son de comer; si alguno los come, aunque sea perro o gato, luego echa fuera todos los intestinos. Venado cola blanca (Códice Fejervary). Mázatl. Venado cola blanca [Odocoileus virginianus mexicanus]. Hay ciervos en esta tierra de muchas maneras. Viven en las montañas; son altos de cuerpo, tienen las piernas largas y bien hechas; son de gran cuerpo y gruesos, tienen barriga, tienen el pescuezo largo y el hocico largo y delgado: y tienen las orejas largas agudas y cóncavas; tienen el hocico tierno y grasiento; tienen las uñas hendidas, tienen pezuñas (…) Son de comer, tienen carne sabrosa. Son de color ceniciento: en naciendo luego se levantan y andan como los corderos y potricos; son muy ligeros (…). Yepatl. Zorrillo o mofeta [Mephitis mephitis]. Hay un animal en esta tierra que echa gran hedor, y por gran espacio hiede; es del tamaño de un gato, tiene los pelos largos, es de color negro, trae la cola espagañada, es bajuelo; tiene las orejas agudas y pequeñas, tiene el hocico delgado, habita entre las piedras y en las cuevas, y allí cría a sus hijos; su comer es escarabajos y gusanos, y unos escarabajuelos que vuelan; (…). La orina de este animal o su freza es cosa espantable del hedor que tiene, parece cosa infernal y pestilencial, espárcese por gran espacio; y si alguno lo quiere tomar, luego alza la cola, y le rocía con la orina, o con la freza; donde toca esta suciedad en la ropa, párace una mancha amarilla, que jamás se puede quitar esta freza, y si alguno toca en los ojos lo ciega. Y si le comen los que tienen bubas, sanan, y la carne si la comen los gotosos, sanan. Ayotochtli (Conejo tortuga) Armadillo [Cabassous centralis]. Hay un animalejo en esta tierra que se llama ayotochtli, que quiere decir conejo como calabaza; es todo armado de conchas, es del tamaño de un conejo; las conchas con que está armado parecen pedazos de cascos de calabazas, muy duros y recios. Quetzaltótotl (Ave preciosa) Quetzal [Pharomachrus mocinno]. Hay una ave en esta tierra que se llama quetzaltótotl; tiene las plumas muy ricas y de diversos colores: tiene el pico agudo y amarillo, y los pies amarillos; tiene un tocado en la cabeza, de pluma, como cresta de gallo; (…). Las plumas que cría en la cola se llaman quezalli son muy verdes y resplandecientes, son anchas como unas hojas de espadaña doblegándose cuando las toca el aire resplandecen muy hermosamente. Tiene esta ave unas plumas negras en la cola, con que cubre estas plumas ricas, las cuales están en el medio de estas negras. (…) El tocado que tiene en la cabeza esta ave es muy hermoso y resplandeciente, llaman a estas plumas tzinitzian; tiene esta ave el cuello y el pecho colorado y resplandeciente (…). Habitan estas aves en la provincia que se llama Tecolotlan, que es hacia Honduras, o cerca. Viven en las arboledas, y hacen su nido en los árboles para criar sus hijos. Águila (Códice Borgia). Itzquauhtli (Águila de obsidiana) Águila Real [Aquila crysaetos l.]. Hay otra águila que se llama itzquauhtli, es tan grande como la que arriba se dijo; tiene el pico y los pies amarillos; dícese así porque las plumas del cuello y de las espaldas , y del pecho, tiene doradas, muy hermosas; tiene las de las alas y la cola ametaladas, o manchadas de negro o pardillo; es gran cazadora, acomete a los ciervos y a otros animales fieros y mátalos, dándoles con el ala grandes golpes en la cabeza, de manera que las aturde y luego les saca los ojos, y los come. Caza también grandes culebras y todo género de aves, y llévaselas por el aire, a donde quiere, y valas comiendo. Tlalacuezallin. Papagayo [Amazona viridigenalisoratrix]. Hay otra manera de papagayos que se llaman tlalacuezallin; críase en las montañas; tienen el pico amarillo y corvo, tienen la cabeza colorada, tiene los codillos de las alas del color encarnado oscuro, tienen el pecho amarillo oscuro, tienen las alas y la cola y las espaldas de color verde. Quauhtotopotli (pica madera) Pájaro carpintero frente amarilla [Melanerpes aurifrons]. Hay una ave en esta tierra que se llama Quauhtotopotli, quiere decir, que agujera los árboles; tiene el pico agudo como un punzón, y recio y fuerte como piedra de navaja. Es ceniciento y muy ligero, sube por los árboles arriba y vuela de un árbol a otro; agujera los árboles con el pico, por duros que sean; come gusanos, y hace nido y cría dentro del agujero que hace en el árbol. Papagayo (Códice Borgia). Alo. Papagayo [Ara macao]. Hay otra manera de papagayos que llaman alo; críase en la provincia de Cuextlan. Viven en lo alto de los montes y riscos, crían en las espesas arboledas; son domesticables; tienen el pico amarillo y corvo como halcones (…) tienen el pecho amarillo, y también la barriga, las espaldas moradas, las plumas de la cola y de las alas las tienen bermejas, casi coloradas; llámanse estas plumas cuetzallin, que quiere decir llama de fuego. La cobertura de las alas, que cubre las extremidades de las plumas grandes, y también las que cubren las extremidades de la cola, son azules, con unos arreboles de colorado. Centzontlatole (De cuatrocientas voces) Cenzontle [Mimus poliglottos]. Hay una avecita en esta tierra que se llama Centzontlatole; es pardilla tiene el pecho blanco; tiene las alas ametaladas, tiene unas vetas blancas por la cara, es larguilla; críase en las montañas y en los riscos. Canta suavemente y hace diversos cantos, y arrienda a todas las aves, por lo cual le llaman Centzontlatole, también arrienda a la gallina y al perro cuando anda suelta; canta también de noche, críase en jaulas. Guajolote (Códice Laúd). Huexólotl (Gran bufón) Guajolote [Melleagris gallipavo]. Las gallinas de esta tierra y los gallos se llaman totollin. Son aves domésticas y conocidas, tienen la cola redonda, tienen las plumas en las colas aunque no vuelan; son de muy buen comer, la mejor carne de todas las aves; comen maíz mojado cuando pequeñas (…) ponen huevos, y sacan pollos. Son de diversos colores; unos blancos, otros rojos, otros negros y otros pardos; los machos se llaman huexólotl y tienen gran papada y gran pechuga, tienen grande pescuezo, tienen unos corales colorados; la cabeza tienen azul, en especial cuando se enojan, es cejijunto tiene un pico de carne que le cuelga sobre el pico; bufa, hínchase, o enerízase. Los que quieren mal a otros danlos a comer, o a beber, aquel pico de ave blandujo que tienen sobre el pico, para que no puedan armar el miembro gentil. Tortugas. Tortuga carey [Eretmochelys imbricata]. La tortuga de mar se llama chimalmichin, quiere decir, rodela pez, porque tiene redonda la concha como la rodela, y dícese pez, porque tiene dentro pescado. Tortuga del desierto mexicano [Gopherus agassizii]. Hay tortugas y galápagos; llámanlos áyotl. Son buenos de comer como las ranas; tienen conchas gruesas y pardillas, y la concha de debajo es blanca; y cuando corren echan afuera los pies y las manos y la cabeza y cuando han miedo enciérranse en la concha. Crían en la arena, ponen huevos y entiérranlos debajo de la arena, y allí empollan y nacen; son de comer estos huevos y son más sabrosos que los de las gallinas. Quauhcuetzpalin (lagarto de árbol) Iguana [Iguana iguana rhinolopha]. Hay otro animal en esta tierra que se llama Quauhcuetzpalin, y los españoles le llaman iguana; es espantable a la vista, parece dragón; tiene escamas, es tan largo como un brazo, es pintado de negro y amarillo, come tierra y moscas y otros coquillos; a tiempos anda en los árboles, a tiempos en el agua; no tiene ponzoña, ni hace mal, antes es bueno de comer, estáse cuatro o cinco días sin comer; susténtase del aire. Caimán (Códice Laúd). Acuetzpalin (Lagarto acuático) Caimán [Crocodilus moreletii]. Hay en esta tierra unos grandísimos lagartos que ellos llaman acuetzpalin, los españoles los llaman caimanes; son largos y gruesos, tienen pies y manos, y colas largas y dividida la punta en tres o cuatro; tienen la boca muy ancha, y muy ancho tragadero; los grandes de ellos tráganse un hombre entero. Tienen el pellejo negro, tienen conchas en el lomo muy duras, sale de ellas mal hedor, atraen con el anhélito lo que quieren comer. Estos no andan en la mar, sino en las orillas de los ríos grandes. Serpiente (Códice Borgia). Tecutlacozauhqui (Rey rojo) Víbora de cascabel [Crotalus atrox]. Hay una culebra en esta tierra que se llama tecutlacozauhqui, dicen que es el príncipe o princesa de todas las culebras; es gruesa y larga, tiene eslabones en la cola, como víbora; tiene grande cabeza y gran boca, tiene dientes y la lengua horcajada; (...) come conejos y liebres y aves, come cualesquier aves y animales, y aunque tiene dientes no los masca, sino trágalos y allá dentro los digiere desmenuza; si alguna ave topa, trágasela entera, y si está encima de algún árbol arrójela la ponzoña, con que la hace caer muerta. (...) En los eslabones se parece si esta serpiente es de muchos años, porque cada año produce un eslabón. Esta culebra o serpiente no puede andar por tierra rasa, mas va por encima del heno o de las matas, como volando; si no le hacen mal, no hace mal. La enjundia de esta culebra es medicinal para la gota, untando con ella el lugar donde está la gota luego se aplaca el dolor. El pellejo de esta serpiente es medicinal contra las calenturas, dándole a beber molido al que los tiene. Axólotl (monstruo de agua) Ajolote [Ambystoma mexicanum]. Hay unos animalejos en el agua que se llama axólotl, tiene pies y manos como lagartijillas, y tiene la cola como anguila, y el cuerpo también; tiene muy ancha la boca y barbas en el pescuezo. Es muy bueno de comer; es comida de los señores. Abeja (Códice Fejervary). Xunan cab. (Dama real) Abeja sin aguijón [Melipona beecheii] (Nota: Sólo conseguí el nombre maya). Hay otras abejas que hace miel en los árboles. Hacen una caja a manera de alquitara, y dentro hacen sus panales e hínchenlos de miel; no engendran como los otros animales, sino dentro de los panales nacen sus hijos, como gusanillos blancos; labran como las abejas, (y) hacen muy buena miel. Caracol (Códice Laúd). Tecciztli. (Que tiene vida adentro) Caracola reina [Strombus gigas]. A los caracoles de la mar llámanlos tecciztli; tienen cuernos, y son de comer, y la concha es blanca, muy blanca, como hueso, es retorcida, es aquella concha como una cueva a donde se esconde; a las veces echa afuera medio cuerpo y los cuernos, a las veces se esconde dentro. Alacrán (Códice Borgia). Alacrán [Adrurus sp.]. Hay alacranes en esta tierra y son como los de España. Son ponzoñosos, críanse especialmente en las tierras calientes, y allí son más ponzoñosos. Hay algunos pardos, otros blanquecinos y otros verdes; para aplacar la mordedura de estos alacranes, usan chupar la picadura y fregarla con pícietl molido pero mejores son los ajos majados y puestos sobre la picadura. Tzintlatlauhqui (La del trasero rojo) Araña Viuda negra [Latrodectus mactans]. Hay unas arañas en esta tierra, son ponzoñosas, son negras, y tienen colorada la cola; pican y la picadura da gran fatiga por tres o cuatro días, aunque no matan con su picadura; el aceite de estas arañas es muy medicinal para muchas enfermedades, como está en la letra; hallan por medicina para aplacar este dolor el beber pulcre fuerte, que llaman ultztli. [ ¡Visita mis otros posts!

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La leyenda de los túneles secretos (Ciudad de México)
Apuntes Y MonografiasporAnónimo6/30/2011

Saludos, amigos de Taringa! Les traigo ahora algunas pequeñas leyendas urbanas de la Ciudad de México. Solamente abundaría en lo que yo conozco: en la parte inferior y exterior de la Catedral Metropolitana, el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) ha realizado calas y túneles para estabilización de la misma catedral y explorar restos del Templo Mayor con posibilidades de recuperación. En el acceso de el Museo de la Caricatura (calle de Donceles) se puede ver una parte donde excavaron y hay cimientos de la época colonial y más abajo restos de pisos y muros de edificios mexicas (les agrego una foto que tomé ahí). Un tío mío, guía de turistas, me decía que abajo del edificio de la SEP había un túnel que recorría parte del Templo Mayor. Igual y decían que durante la construcción de la Línea 2 del metro habían encontrado parte del tesoro de Moctezuma con el que escapaban los conquistadores, y que perdieron en su huída, entre la iglesia de San Judas Tadeo y el Teatro Hidalgo. En fin, créanlo o no... Museo de la Caricatura, en el acceso a la primera sala, con la excavación referida. La leyenda de los túneles secretos Héctor de Mauleón EL UNIVERSAL Una vista de la Plaza Guardiola, donde se encuentran actualmente el Banco de México y el restaurante de los tecolotitos. Una ciudad se vuelve completa cuando pone en manos de sus habitantes un puñado de misterios que se actualizan y renuevan por los siglos de los siglos. Hacia 1860, cuando la piqueta de la Reforma demolió los antiguos conventos virreinales para abrir, en muchos de ellos, un conjunto de calles nuevas, los obreros que demolían los viejos muros de Santo Domingo hallaron un pasadizo estrecho en el que reposaban trece momias en perfecto estado de conservación. Una de ellas era la del célebre fray Servando Teresa de Mier, quien apareció con las ropas deshechas y largas madejas de cabello gris. Las momias fueron expuestas a la curiosidad pública en la Puerta Falsa de Santo Domingo, y luego compradas por un empresario circense, Bernabé de la Parra, que las exhibió en Europa como “víctimas de los crímenes atroces de la Inquisición”. Por esos días en que, antes de ser reducidos a polvo, los edificios centenarios mostraron por primera vez secretos escondidos durante siglos, la ciudad de México se llenó de rumores sobre tesoros fabulosos que los obreros saqueaban en las tumbas de los frailes; y se llenó, también, de historias sobre túneles y pasadizos secretos que conectaban las iglesias principales. Había nacido una leyenda urbana que se mantiene viva e intacta siglo y medio después. A principios del siglo pasado, un reportero de El Imparcial aseguró haber caminado “por debajo de México”, a lo largo de uno de aquellos túneles. En los años dorados de su ministerio, un cronista de El Universal, Jacobo Dalevuelta, afirmó que había recorrido una galería subterránea ubicada en el convento del Carmen. Su crónica causó sensación en una ciudad en la que todos habían escuchado historias asociadas con túneles secretos que los poderosos del virreinato “empleaban para moverse sin ser vistos”, o bien, para “huir expeditamente” en momentos de perturbaciones sociales. Dalevuelta comprobaba lo que todos habían sabido siempre: que había una ciudad cubierta de historias sobre monjas y fetos y tesoros dormidos bajo nuestros pies. Ni la construcción del Metro, ni los pavorosos niveles de hundimiento de la ciudad (hoy estamos diez metros abajo del nivel en el que caminaba la gente del porfiriato) pudieron borrar del imaginario esas historias. Tomo un taxi en Reforma. Al volante está uno de esos choferes a los que les gusta platicar. No recuerdo cómo, no sé bien por qué, pero de pronto me tiene fascinado con la siguiente revelación: la línea 2 del Metro no termina, como todos creen, en Cuatro Caminos. No. La línea 2 del Metro continúa hasta el Campo Militar, en donde existe una estación secreta que ha sido pensada para movilizar a la tropa en caso de que ocurran disturbios en el Zócalo. “Lógico –me dice el taxista--, ¿usted cree que no pensaron en cómo mover al ejército en horas pico?”. Esa noche busco en Google “Misterios del Metro” y “Pasadizos subterráneos en la ciudad de México”. No sé si estoy en 1860, en 1920, o a mediados de 2011: hay gente que asegura que existe una estación oculta –“una interestación”— entre Constituyentes y Auditorio, que sirve para salvaguardar a la familia presidencial en caso de guerra; hay gente que asegura que en los centros comerciales de Santa Fe e Interlomas existen pasadizos “para que la gente VIP de la ciudad se pueda mover de un lugar a otro sin ser reconocida y sin el peligro de ser secuestrada”. Hay incluso un internauta que confiesa: “El único túnel real y verdadero que existe en el DF corre desde Palacio Nacional hasta Los Pinos y es por razones de seguridad nacional. No te diré nada al respecto, pero yo lo he recorrido”. En ese mundo inquietante, la Catedral está conectada, subterráneamente, con el Templo Mayor. En ese mundo inquietante existe un túnel en el que cabe un auto, para que el Presidente pueda moverse de Palacio Nacional a San Lázaro. En ese mundo inquietante hay sectas oscuras que desde tiempos de la Colonia realizan misteriosos rituales en galerías soterradas a las que no ha tocado nunca la luz del sol. En ese mundo inquietante hay jesuitas perdidos para siempre en laberintos protegidos con votos de silencio. Y hay, también, sacristanes de templos coloniales, veladores de edificios antiguos, meseros de rancios restaurantes que tuvieron, por la razón que sea, el privilegio de poder constatar esos prodigios. Una ciudad oculta, más viva que la nuestra, cuyo arco va de las tumbas de los frailes, a las líneas del Metro. Por cierto, la momia de Fray Servando Teresa de Mier terminó perdiéndose, junto con toda su fantástica historia de escapes y lucha por la independencia de México. Con suerte y anda todavía por algún túnel, escondiéndose de la Muerte... fuente: http://mx.noticias.yahoo.com/cronista-guardia-054620167.html

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Radio Monster presenta: Entrevistas históricas II
Radio Monster presenta: Entrevistas históricas II
Apuntes Y MonografiasporAnónimo6/21/2014

link: https://www.youtube.com/watch?v=yT1wWElPdN4 Radio Monster presenta: Entrevistas históricas II Entrevista I: Hernán Cortés. Mural Nuestros dioses, por Saturnino Herrán. Día 15 del mes de junio de 1551. Después de pasar el pueblito de los Reyes Acaquilpan, el camino abandonó la orilla del lago y subió a una breve falda del cerro, apenas con la suficiente altura para bordear las zonas pantanosas de la orilla, llenas de tules y ahuejotes, adonde anidaban patos y chichicuilotes escandalosos. La recua en la que viajábamos se estiró con cansancio, alargando el trote, cruzando poblados abandonados durante la última epidemia, pequeños teocallis arrasados y saqueadas sus piedras para construir los palacios que se estaban levantando en la nueva ciudad española, la ciudad azteca extinguida… En esta época de calor de las barrancas mansas que vamos cruzando en dirección a Texcoco, bajan apenas unos hilos de agua clara, insuficientes para aliviar la sed de las mulas, a menos que formen una poza donde incluso nosotros podemos refrescarnos de a ratos. Compartimos unos elotes hervidos con nuestros guías, un pedacito apenas de conejo cazado con una honda, asado con premura, y un puñado de nanches, de leve aroma a alcohol, antes de continuar con nuestro viaje. No hacen demasiadas preguntas, lo cual agradecemos. Los enormes libros en blanco que portamos los hacen hablar a ellos en su idioma, susurrando la extrañeza de ver a alguien con libros, con ropas pobres, pero de criollo y con nuestro color moreno de piel. Pero de momento lo dejan estar así. Al llegar al cruce donde inicia el sendero hacia San Miguel Coatlinchan, descendemos de nuestras mulas, agradecemos con breve cortesía y pagamos con un puñado de cacao el precio por transportarnos hasta acá. Cuando el polvo que se levanta al paso de la recua se asienta, y apenas se distingue su suave ondular alejándose, levantamos nuestras cajas y regresamos sobre el camino que siguiéramos, hasta encontrar la barranca siguiente. Nos introducimos en ella y chapoteamos en silencio siguiendo la cinta líquida que baja del cerro, saltando sobre piedras que apenas asoman a flor de agua, hasta que de pronto descubrimos a un indígena sentado a la sombra de un pino, entretenido en trenzar un cesto con hojas que humedece en el agua, para hacerlas más flexibles. Mi compañero el fotógrafo se acerca a él, y le extiende un Ojo de venado (una semilla amuleto). El indígena la mira, y simplemente apunta con la mano izquierda hacia una de las paredes de la barranca, que en ese momento se encuentra a oscuras. Le agradezco con una inclinación de cabeza, y dejo junto a sus pies cruzados un pequeño montón de sal cuidadosamente envuelto en papel. Nos acercamos a la pared rocosa. Después de una revisión minuciosa, encontramos una grieta por la que penetramos con cuidado, arrastrándonos. El breve túnel se ensancha unos dos metros después de la boca de la cueva, mide unos 10 metros de largo, y serpentea subiendo, hasta que se abre a una cámara apenas iluminada por unas velas de sebo encendidas en un rincón alejado. Nos acercamos, pisando con cuidado la arena seca que cubre parte del piso de esta cámara, hasta un tosco altar tallado en la roca viva, atendido por tres indígenas que limpian y colocan flores y ofrendas de comida en diversas vasijas. Nos quedamos a unos cinco metros del altar, esperando. Uno de los indígenas es nacido en Tlatelolco, tendrá unos cincuenta años, y lo conocimos hace tres días, mientras vendía patos cocidos en el mercado de Texcoco. Se llama Juan Matlatotolli (pájaro azul, en náhuatl). Viste camisa y calzón de manta; sus pies descalzos crujen al arrastrarse por la arena, acercándose con un sahumador, y nos rodea cubriéndonos de humo de copal, dandónos suaves golpes con un ramo de yerbas aromáticas. Luego nos invita a sentarnos. Guardamos silencio algunos minutos, sin saber por dónde empezar, qué preguntar primero. En el silencio casi se adivina el rumor de agua corriendo afuera de la cueva; quizás es sólo el rumor que hace la propia sangre al circular por el oído lo que provoca el espejismo. Los otros indígenas se han acercado, y se han sentado en silencio a su lado. Le hago una pregunta. Juan Matlatotolli ha encendido un cigarro con las brasas del copal, y empieza a hablar con una voz lenta, sin inflexiones, como si leyera algo presente atrás del humo que escapa de su boca. Artículos tributados por Taxco y pueblos vecinos: cargas de maíz, miel virgen, cuencos de barro, copal (incienso), dos uniformes de guerra con escudos y cascos, mantas, tanto sencillas como labradas. (Matrícula de Tributos). (RBM)-¿Cuál fue el primer signo de que se acercaban hombres extraños a estas tierras?¿Fueron avisos de otros habitantes de la costa, o lo adivinaron acaso, de algún modo?¿Es cierto que tuvieron varios presagios? ¿Cuáles fueron? (Juan Matlatolli)-Primer presagio funesto: Diez años antes de venir los españoles primeramente se mostró un funesto presagio en el cielo. Una como espiga de fuego, una como llama de fuego, una como aurora: se mostraba como si estuviera goteando, como si estuviera punzando en el cielo. Ancha de asiento, angosta de vértice. Bien al medio del cielo, bien al centro del cielo llegaba, bien al cielo estaba alcanzando. Y de este modo se veía: allá en el oriente se mostraba: de este modo llegaba a la medianoche. Se manifestaba: estaba aún en el amanecer; hasta entonces la hacía desaparecer el Sol. Y en el tiempo en que estaba apareciendo: por un año venia a mostrarse. Comenzó en el año 12 Casa. Pues cuando se mostraba había alboroto general: se daban palmadas en los labios las gentes; había un gran azoro; hacían interminables comentarios. Segundo presagio funesto: que sucedió aquí en México: por su propia cuenta se abrasó en llamas, se prendió en fuego: nadie tal vez le puso fuego, sino por su espontánea acción ardió la casa de Huitzilopochtli. Se llamaba su sitio divino, el sitio denominado " Tlacateccan" ("Casa de mando" ). Se mostró: ya arden las columnas. De adentro salen acá las llamas de fuego, las lenguas de fuego, las llamaradas de fuego. Rápidamente en extremo acabó el fuego todo el maderamen de la casa. Al momento hubo vocerío estruendoso; dicen: "¡Mexicanos, venid de prisa: se apagará! ¡Traed vuestros cántaros!..."Pero cuando le echaban agua, cuando intentaban apagarla, sólo se enardecía flameando más. No pudo apagarse: del todo ardió. Tercer presagio funesto: Fue herido por un rayo un templo. Sólo de paja era: en donde se llama "Tzummulco". El templo de Xiuhtecuhtli. No llovía recio, solo lloviznaba levemente. Así, se tuvo por presagio; decían de este modo: "No más fue golpe de Sol." Tampoco se oyó el trueno. Artículos tributados por Cihuatlán y pueblos vecinos: Concha nácar, cargas de algodón, cargas de flor de cacao, gran cantidad de manta sencillas (Matrícula de Tributos). Termina de hablar y permanece en silencio. Sólo miramos el punto de luz que emana de la punta del cigarro, cuando pasa a las manos de otro de los indígenas. -Y cuando los españoles fueron una realidad, cuando se presentaron en las costas, ¿qué contaron los mensajeros que fueron a su encuentro, a conocerlos? José Acolmiztli (Fuerza de puma, en náhuatl), jardinero nacido en la antigua Tenochtitlán, 55 años. Empieza a hablar así, apartando el cigarro de su boca: (José Acolmiztli)-Los mensajeros le dijeron a Motecuhzoma en que forma se habían ido a admirar y lo que estuvieron viendo, y cómo es la comida de aquéllos. Y cuando él hubo oído lo que le comunicaron los enviados, mucho se espantó, mucho se admiró. Y le llamó a su asombroso en gran manera su alimento. También mucho espanto le causó el oír cómo se desmaya uno; se le aturden a uno los oídos. Y cuando cae el tiro, una como bola de piedra sale de sus entrañas: va lloviendo fuego, va destilando chispas, y el humo que de él sale, es muy pestilente, huele a lodo podrido, penetra hasta el cerebro causando molestia. Pues si va a dar con un cerro, como que lo hiende, lo resquebraja, y si da contra un árbol, lo destroza hecho astillas, como si fuera algo admirable, cual si alguien le hubiera soplado desde el interior. Sus aderezos de guerra son todos de hierro: hierro se visten, hierro ponen como capacete a sus cabezas, hierro son sus espadas, hierro sus arcos, hierro sus escudos, hierro sus lanzas. Los soportan en sus lomos sus "venados". Tan altos están como los techos. Por todas partes vienen envueltos sus cuerpos, solamente aparecen sus caras. Son blancas, son como si fueran de cal. Tienen el cabello amarillo, aunque algunos lo tienen negro. Larga su barba es, también amarilla, el bigote también tienen amarillo. Son de pelo crespo y fino, un poco encarrujado. En cuanto a sus alimentos, son como alimentos humanos: grandes, blancos, no pesados, cual si fueran paja. Cual madera de caña de maíz, y como de médula de caña de maíz es su sabor. Un poco dulces, un poco como enmielados: se comen como miel, son comida dulce. Pues sus perros son enormes, de orejas ondulantes y aplastadas, de grandes lenguas colgantes; tienen ojos que derraman fuego, están echando chispas: sus ojos son amarillos, de color intensamente amarillo. Sus panzas, ahuecadas, alargadas como angarilla, acanaladas. Son muy fuertes y robustos, no están quietos, andan jadeando, andan con la lengua colgando. Manchados de color como tigres, con muchas manchas de colores. Cuando hubo oído todo esto Motecuhzoma se llenó de grande temor y como que se le amorteció el corazón, se le encogió el corazón, se le abatió con la angustia. Artículos tributados por Chalco y pueblos vecinos: Cargas de frijol y maíz, dos uniformes de guerra, con cascos y escudos, mantas de algodón sencillas (Matrícula de Tributos). El humo del tabaco es intenso, muy fuerte. A pesar de que yo fumo, la fuerza de este tabaco me ha mareado. Ha de ser de un tipo diferente al tabaco comercial de mi época. -¿Alguien de ustedes podría relatarme cómo fue en realidad, cómo fue que se dio la matanza del Templo Mayor? Pedro CHimalpahin (El ágil corredor del escudo, en náhuatl) tlaxcalteca de 57 años, albañil y vecino actual del pueblo de Coatlinchán, inicia su relato, con la mirada perdida en el brillo de las velas de sebo: (Pedro CHimalpahin)-Pues así las cosas mientras se está gozando de la fiesta, ya es el baile, ya es el canto, ya se enlaza un canto con otro, y los cantos son como un estruendo de olas, en ese preciso momento los españoles toman la determinación de matar a la gente. Luego vienen hacia acá, todos vienen en armas de guerra. Vienen a cerrar las salidas, los pasos, las entradas: la Entrada del Águila, en el palacio menor; la de Acatl iyacapan (Punta de la Caña), la de Tezcacoac (Serpiente de espejos) . Y luego que hubieron cerrado, en todas ellas se apostaron: ya nadie pudo salir. Dispuestas así las cosas, inmediatamente entran al Patio Sagrado para matar a la gente. Van a pie, llevan sus escudos de madera, y algunos los llevan de metal y sus espadas. Inmediatamente cercan a los que bailan, se lanzan al lugar de los atabales: dieron un tajo al que estaba tañendo: le cortaron ambos brazos. Luego lo decapitaron: lejos fue a caer su cabeza cercenada. Al momento todos acuchillan, alancean a la gente y les dan tajos, con las espadas los hieren. A algunos les acometieron por detrás; inmediatamente cayeron por tierra dispersas sus entrañas. A otros les desgarraron la cabeza: les rebanaron la cabeza, enteramente hecha trizas quedó su cabeza. Pero a otros les dieron tajos en los hombros: hechos grietas, desgarrados quedaron sus cuerpos. A aquéllos hieren en los muslos, a éstos en las pantorrillas, a los de más allá en pleno abdomen. Todas las entrañas cayeron por tierra Y había algunos que aún en vano corrían: iban arrastrando los intestinos y parecían enredarse los pies en ellos. Anhelosos de ponerse en salvo, no hallaban a dónde dirigirse. Pues algunos intentaban salir: allí en la entrada los herían, los apuñalaban. Otros escalaban los muros; pero no pudieron salvarse. Otros se metieron en la casa común: allí sí se pusieron en salvo Otros se entremetieron entre los muertos, se fingieron muertos para escapar. Aparentando ser muertos, se salvaron. Pero si entonces alguno se ponía en pie, lo veían y lo acuchillaban. La sangre de los guerreros cual si fuera agua corría: como agua que se ha encharcado y el hedor de la sangre se alzaba al aire, y de las entrañas que parecían arrastrarse. Y los españoles andaban por doquiera en busca de las casas de la comunidad: por doquiera lanzaban estocadas, buscaban cosas: por si alguno estaba oculto allí; por doquiera anduvieron, todo lo escudriñaron. En las casas comunales por todas partes rebuscaron. Artículos tributados por Tamazulapan y pueblos vecinos: Sartas de piedras preciosas, cuencos de oro en polvo, ceñidores, plumas ricas de ave, bolsas de grana (tinte), dos uniformes de guerra completos, mantas de varios tipos. (Matrícula de Tributos). Mi fotógrafo –un fotógrafo inútil, sin permiso para usar la cámara- se adelanta a preguntar: -¿Y la Noche Triste, cuando las fuerzas españolas y aliadas huyeron durante la noche de la ciudad? Juan Matlatotolli recibe el cigarro, apenas le da una fumada y continúa su relato: (Juan Matlatotolli)-Cuando hubo anochecido, cuando llegó la medianoche, salieron los españoles en compacta formación y también los tlaxcaltecas todos. Los españoles iban delante y los tlaxcaltecas los iban siguiendo, iban pegados a sus espaldas. Cual si fueran un muro se estrechaban con aquéllos. Llevaban consigo puentes portátiles de madera: los fueron poniendo sobre los canales: sobre ellos iban pasando. En aquella sazón estaba lloviendo, ligeramente como rocío, eran gotas ligeras, como cuando se riega, era una lluvia muy menuda. Aun pudieron pasar los canales de Tecpantzinco, Tzapotlan, Atenchicalco. Pero cuando llegaron al de Mixcoatechialtitlan, que es el canal que se halla en cuarto lugar, fueron vistos: ya se van fuera. Una mujer que sacaba agua los vio y al momento alzó el grito y dijo: -Mexicanos . . . ¡Andad hacia acá: ya se van, ya van traspasando los canales vuestros enemigos! . . . ¡Se van a escondidas!... Entonces gritó un hombre sobre el templo de Huitzilopochtli. Bien se difundió su grito sobre la gente, todo mundo oía su grito: -Guerreros, capitanes, mexicanos . . . ¡Se van vuestros enemigos! Venid a perseguirlos. Con barcas defendidas con escudos . . . con todo el cuerpo en el camino. Y cuando esto se oyó, luego un rumor se alza. Luego se ponen en plan de combate los que tienen barcas defendidas. Siguen, reman afanosos, azotan sus barcas, van dando fuertes remos a sus barcas. Se dirigen hacia Mictlantonco, hacia Macuiltlapilco. Las barcas defendidas por escudos, por un lado y otro vienen a encontrarlos. Se lanzan contra ellos. Eran barcas guarnicionales de los de Tenochtitlan, eran barcas guarnicionales de los de Tlatelolco. Otros también fueron a pie, se dirigieron rectamente a Nonohualco, encaminando hacia Tlacopan. Intentaban cortarles la retirada. Entonces los que tripulaban las barcas defendidas por escudos, lanzaron sus dardos contra los españoles. De uno y de otro lado los dardos caían. Pero los españoles también tiraban a los mexicanos. Lanzaban pasadores, y también tiros de arcabuz. De un lado y de otro había muertos. Eran tocados por las flechas los españoles, y eran tocados los tlaxcaltecas. Pero también eran tocados por los proyectiles los mexicanos. Pues cuando los españoles hubieron llegado a Tlaltecayohuacan, en donde es el canal de los toltecas, fue como si se derrumbaran, como si desde un cerro se despeñaran. Todos allí se arrojaron, se dejaron ir al precipicio. Los de Tlaxcala, los de Tliliuhquitepec, y los españoles, y los de a caballo y algunas mujeres. Pronto con ellos el canal quedó lleno, con ellos cegado quedó. Y aquellos que iban siguiendo, sobre los hombres, sobre los cuerpos, pasaron y salieron a la otra orilla. Pero al llegar a Petlacalco en donde hay otro canal, en paz y quietamente lo pasaron sobre el puente portátil de madera. Allí tomaron reposo, allí cobraron aliento, allí se sintieron hombres. Y cuando hubieron llegado a Popotla amaneció, esclareció el cielo: allí, refrigerados ya, a lo lejos tenían combate. Pero allí llegaron dando alaridos, hechos una bola en torno de ellos los mexicanos. Llegan a coger presos tlaxcaltecas y aún van matando españoles. Pero también mexicanos mueren: gente de Tlatelolco. De una y de otra parte hubo muertos. Hasta Tlacopan (Tacuba), los persiguen, hasta Tlacopan los echaron. Pues en el tiempo en que los echaron, en Tlilyuhcan en Xócotl iyohuican, que es lo mismo que Xoxocotla, allí murió en la guerra Chimalpopoca el hijo de Motecuhzoma. Quedó traspasado, sobre él vino un tiro de ballesta. También allí fue herido y en ese sitio murió Tlaltecatzin, príncipe tepaneca. Era el que guiaba, el que dirigía, el que iba señalando y marcando los caminos a los españoles. Luego de ahí vadearon el Tepzólatl, que es un riachuelo; pasaron al otro lado, vadearon el Tepzólatl y luego se remontaron al Acueco. Fueron a detenerse en Otoncalpulco. Su patio estaba defendido por una muralla de madera, tenían un muro de madera. Allí se refrigeraron, allí tomaron descanso, allí restauraron sus fuerzas y recobraron el aliento. Luego que se alzó la aurora, cuando la luz relució, cuando estuvo claro el día, fueron acarreados los tlaxcaltecas todos, y los de Cempoala y los españoles que se habían despeñado en el canal de los toltecas, allá en Petlacalco o en Mictonco. Fueron siendo llevados en canoas; entre los tules, allá en donde están los tules blancos los fueron a echar: no más los arrojaban, allá quedaron tendidos. También arrojaron por allá a las mujeres (muertas): estaban desnudas enteramente, estaban amarillas; amarillas, pintadas de amarillo, estaban las mujeres. A todos éstos desnudaron, les quitaron cuanto tenían: los echaron allá sin miramiento, los dejaron totalmente abandonados y desprovistos. Pero a los españoles, en un lugar aparte los colocaron, los pusieron en hileras. Cual los blancos brotes de las cañas, como los brotes del maguey, como las espigas blancas de las cañas, así de blancos eran sus cuerpos. También sacaron a los "ciervos" que soportan encima a los hombres: los dichos caballos. Y cuanto ellos llevaban, cuanto era su carga, todo se hizo un montón, de todo se hicieron dueños. Si alguien en una cosa ponía los ojos, luego al momento la arrebataba. La hacía cosa propia, se la llevaba a cuestas, la conducía a su casa. Allí en donde precisamente fue la mortandad, todo cuanto pudo hallarse se lo apropiaron, lo que en su miedo abandonaron (los españoles). También todas las armas de guerra allí fueron recogidas. Cañones, arcabuces, espadas y cuanto en el hondo se había precipitado, lo que allí había caído. Arcabuces, espadas, lanzas, albardas, arcos de metal, saetas de hierro. También allí se lograron cascos de hierro, cotas y corazas de hierro; escudos de cuero, escudos metálicos, escudos de madera. Y allí se logró oro en barras, discos de oro, y oro en polvo y collares de chalchihuites con dijes de oro. Todo esto era sacado, era recogido de entre el agua, era rebuscado cuidadosamente. Unos buscaban con las manos, otros buscaban con los pies. Y los que iban por delante bien pudieron escapar, pero los que iban atrás todos cayeron al agua. Artículos tributados por Soconusco y pueblos vecinos: madera para encender fuego, cuenco de barro, cargas de cacao en grano, pieles de jaguar, aves, plumas de diversos colores, piezas fundidas de oro, sartas de piedras preciosas (Matrícula de Tributos). Tomo aire, escuchando los relatos terribles de muerte y destrucción, contados con una calma impersonal, como si narrasen fábulas de otras gentes; donde apenas se vislumbra al fondo de la voz un acento conmovido por los muertos. -¿Y el sitio a México-Tenochtitlán, cómo se dio, cómo se combatió, cómo lo vieron los ojos indígenas? José Acolmiztli saca de una bolsita un puño de maíz, y lo arroja con cuidado al suelo; luego se agacha con cuidado, y dice en voz baja, mientras mira la disposición de los granos en el suelo: (José Acolmiztli)-Cuando así se hubo cegado el canal, ya marchan los españoles, cautelosamente van caminando: por delante va el pendón; van tañendo sus chirimías, van tocando sus tambores. A su espalda van en fila los tlaxcaltecas todos, y todos los de los pueblos (aliados de los españoles). Los tlaxcaltecas se hacen muy valientes, mueven altivos sus cabezas, se dan palmadas sobre el pecho. Van cantando ellos, pero también cantando están los mexicanos. De un lado y de otro se oyen cantos. Entonan los cantares que acaso recuerdan, y con sus cantos se envalentonan. Cuando llegan a tierra seca, los guerreros mexicanos se agazapan, se pliegan a la tierra, se esconden y se hacen pequeños. Están en acecho esperando a qué horas alzarse deben, a qué horas han de oír el grito, el pregón de ponerse en pie. Y se oyó el grito: ¡Mexicanos, ahora es cuando! . . . Luego viene a ver las cosas el tlapaneca otomí Hecatzin; se lanza contra ellos y dice: ¡Guerreros de Tlatelolco, ahora es cuando! ¿Quiénes son esos salvajes? ¡Que se dejen venir acá! . . . Y al momento derribó a un español, lo azotó contra el suelo. Y éste se arrojó contra él y también lo echó por tierra. Hizo lo que con él había aquél hecho primero. Pero (Hecatzin) lo volvió a derribar y luego vinieron otros a arrastrar a aquel español. Hecho esto, los guerreros mexicanos vinieron a arrojarlo por allá. Los que habían estado recatados junto a la tierra, se fueron persiguiendo a los españoles por las calles. Y los españoles, cuando los vieron, estaban meramente como si se hubieran embriagado. Al momento comenzó la contienda para atrapar hombres. Fueron hechos prisioneros muchos de Tlaxcala, Acolhuacan, Chalco, Xochimilco. Hubo gran cosecha de cautivos, hubo gran cosecha de muertos. Fueron persiguiendo por el agua a los españoles y a toda la gente (aliada suya). Pues el camino se puso resbaloso, ya no se podía caminar por él; solamente se resbalaba uno, se deslizaba sobre el lodo. Los cautivos eran llevados a rastras. Allí precisamente fue donde el pendón fue capturado, allí fue arrebatado. Los que lo ganaron fueron los de Tlatelolco. El sitio preciso en que lo capturaron fue en donde hoy se nombra San Martín. Pero no lo tuvieron en estima, ningún caso hicieron de él. Otros (de los españoles) se pusieron en salvo. Fueron a retraerse y reposar allá por la costa de rumbo de Colhuacan, en la orilla del canal. Allá fueron a colocarse. Pues ahora ya llevan los mexicanos a sus cautivos al rumbo de Yacacolco. Se va a toda carrera, y ellos resguardan a sus cautivos. Unos van llorando, otros van cantando, otros se van dando palmadas en la boca, como es costumbre en la guerra. Cuando llegaron a Yacacolco, se les pone en hilera, en filas fueron puestos: uno a uno van subiendo al templete: allí se hace el sacrificio. Fueron delante los españoles, ellos hicieron el principio. Y en seguida van en pos de ellos, los siguen todos los de los pueblos (aliados de ellos). Cuando acabó el sacrificio de éstos, luego ensartaron en picas las cabezas de los españoles; también ensartaron las cabezas de los caballos. Pusieron éstas abajo, y sobre ellas las cabezas de los españoles. Las cabezas ensartadas están con la cara al sol. Pero las cabezas de los pueblos aliados, no las ensartaron, ni las cabezas de gente de lejos. Ahora bien, los españoles cautivados fueron cincuenta y tres y cuatro caballos. Por todas partes estaban en guardia, había combates, y no se dejaba de vigilar. Por todos los rumbos nos cercaban los de Xochimilco en sus barcas. De un lado y de otro se hacían cautivos, de un lado y otro había muertos. Y todo el pueblo estaba plenamente angustiado, padecía hambre, desfallecía de hambre. No bebían agua potable, agua limpia, sino que bebían agua de salitre. Muchos hombres murieron, murieron de resultas de la disentería. Todo lo que se comía eran lagartijas, golondrinas, la envoltura de las mazorcas, la grama salitrosa. Andaban masticando semillas de colorín y andaban masticando lirios acuáticos, y relleno de construcción, y cuero y piel de venado. Lo asaban, lo requemaban, lo tostaban, lo chamuscaban y lo comían. Algunas yerbas ásperas y aun barro. Nada hay como este tormento: tremendo es estar sitiado. Dominó totalmente el hambre. Poco a poco nos fueron repegando a las paredes, poco a poco nos fueron haciendo ir retrocediendo. Artículos tributados por Cuetlaxtécatl y pueblos vecinos: Sartas de piedras preciosas, piezas de oro dundido, cargas de cacao en grano, plumas ricas de ave, ceñidores, dos uniformes de guerra completos, cargas de mantas de diversos tipos (Matrícula de Tributos). Pedro CHimalpahin camina hacia el altar. Entre el humo que se ha asentado, me parece distinguir varias efigies: una de San José, un San Isidro, una Virgen María, un Tláloc de retorcida nariz y agudos colmillos, una Cihuateteo, un Tezcatlipoca hecho de semillas de amaranto, adornado con abanicos de papel, con plumas de guacamayo, con cuentas de jade. Dándonos la espalda continúa hablando sin que sepamos de dónde viene en realidad su voz: (Pedro CHimalpahin)-En dicho día, que era de San Hipólito Mártir, fueron hacia el rincón de los enemigos. Cortés por las calles, y Ixtlilxóchitl con Sandoval, que era el capitán de los bergantines, por agua, hacia una laguna pequeña, que tenía aviso Ixtlilxóchitl cómo el rey (Cuauhtémoc) estaba allí con mucha gente en las barcas. Fuéronse llegando hacia ellos. Era cosa admirable ver a los mexicanos. La gente de guerra confusa y triste, arrimados a las paredes de las azoteas mirando su perdición; y los niños, viejos y mujeres llorando. Los señores y la gente noble, en las canoas con su rey, todos confusos. Hecha la seña, los nuestros embistieron todos a un tiempo al rincón de los enemigos, y diéronse tanta prisa, que dentro de pocas horas le ganaron, sin que quedase cosa que fuese de parte de los enemigos; y los bergantines y canoas embistieron con las de éstos, y como no pudieron resistir a nuestros soldados echaron todas a huir por donde mejor pudieron, y los nuestros tras ellos. García de Olguín, capitán de un bergantín que tuvo aviso por un mexicano que tenía preso, de cómo la canoa que seguía era donde iba el rey, dio, tras ella hasta alcanzarla. El rey Cuauhtémoc viendo que ya los enemigos los tenía cerca, mandó a los remeros llevasen la canoa hacia ellos para pelear; viéndose de esta manera, tomó su rodela y macana, y quiso embestir; mas viendo que era mucha la fuerza de los enemigos, que le amenazaban con sus ballestas y escopetas, se rindió. García de Olguín lo llevó a Cortés, el cual lo recibió con mucha cortesía, al fin como a rey, y él echó mano al puñal de Cortés, y le dijo: ¡Ah capitán! ya yo he hecho todo mi poder para defender mi reino, y librarlo de vuestras manos; y pues no ha sido mi fortuna favorable, quitadme la vida, que será muy justo, y con esto acabaréis el reino mexicano, pues a mi ciudad y vasallos tenéis destruidos y muertos . . . Con otras razones muy lastimosas, que se enternecieron cuantos allí estaban, de ver a este príncipe en este lance. Cortés le consoló, y le rogó que mandase a los suyos se rindiesen, el cual así lo hizo, y se subió por una torre alta, y les dijo a voces que se rindieran, pues ya estaban en poder de los enemigos. La gente de guerra, que sería hasta sesenta mil de ellos los que habían quedado, de los trescientos mil que eran de la parte de México, viendo a su rey dejaron las armas, y la gente más ilustre llegó a consolar a su rey. Artículos tributados por Tlalcozahuitlán y pueblos vecinos: Uniformes de guerra completos , cascabeles de oro, oro en polvo, pepitas de oro, añil en polvo, miel virgen, mantas sencillas de algodón (Matrícula de Tributos). Cuando levanto la vista del piso de la cueva, Juan Matlatotolli nos está mirando, por vez primera. Tiene una mirada antigua, un fulgor cálido a través de las arrugas que rodean sus ojos, una nota vibrante en la lengua que enreda el náhuatl en el castellano que fluye de sus labios: (Juan Matlatotolli).-Y todo esto pasó con nosotros. Nosotros lo vimos, nosotros lo admiramos: con esta lamentosa y triste suerte nos vimos angustiados. En los caminos yacen dardos rotos, los cabellos están esparcidos. Destechadas están las casas, enrojecidos tienen sus muros. Gusanos pululan por calles y plazas, y en las paredes están los sesos. Rojas están las aguas, están como teñidas, y cuando las bebimos, es como si bebiéramos agua de salitre. Golpeábamos, en tanto, los muros de adobe, y era nuestra herencia una red de agujeros. Con los escudos fue su resguardo, pero ni con escudos puede ser sostenida su soledad. Hemos comido palos de colorín (eritrina), hemos masticado grama salitrosa, piedras de adobe, lagartijas, ratones, tierra en polvo, gusanos . . . Comimos la carne apenas sobre el fuego estaba puesta. Cuando estaba cocida la carne de allí la arrebataban, en el fuego mismo, la comían. Se nos puso precio. Precio del joven, del sacerdote, del niño y de la doncella. Basta: de un pobre era el precio sólo dos puñados de maíz, sólo diez tortas de mosco; sólo era nuestro precio veinte tortas de grama salitrosa. Oro, jades, mantas ricas, plumajes de quetzal, todo eso que es precioso, en nada fue estimado. Fuente: Miguel León-Portilla – La visión de los vencidos. Si te interesa saber más acerca de los códices precolombinos, te recomiendo este completísimo POST ¡Vamos todos a leer! Algunas Comunidades que podrían ser de tu interés: ¡Visita mis otros posts!

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10 curiosidades del Himno Nacional Mexicano.
10 curiosidades del Himno Nacional Mexicano.
Apuntes Y MonografiasporAnónimo9/15/2014

10 curiosidades sobre el Himno Nacional Mexicano. ¿Sabías que el Himno Nacional tardó casi cien años en ser adoptado oficialmente? ¿A qué lenguas ha sido traducido? Aprende un poco más sobre este símbolo patrio. Por: Redacción De10.mx | 14 de Septiembre, 2014 | 21:42 El Himno Nacional de México fue interpretado por primera vez hace más de 150 años, pero tuvieron que pasar unos noventa años desde su composición, para que se convirtiera oficialmente en el himno que identifica a los mexicanos. Antes de la creación del himno actual, existieron diversas versiones, e incluso, la música del mismo fue elegida tras dos concursos. Las leyes prohíben modificar la letra o la música del himno, pero se han creado diferentes traducciones en lenguas indígenas, que puedes leer y escuchar AQUI . 1.- Desde 1821 aparecieron varias propuestas, pero ninguna se adoptó. En 1853, Antonio López de Santa Anna convocó a un concurso para elegir un himno, para mejorar su popularidad, que venía en decadencia. El resultado se publicó tras el estallido de la Revolución de Ayutla. 2.- Se dice que Francisco González Bocanegra no estaba interesado en participar, pero que su novia lo encerró en una habitación, prometiendo liberarlo una vez que le entregara una composición para el concurso. El poeta y dramaturgo no recibió pago alguno por su obra. 3.- La música elegida originalmente tras el concurso no fue del agrado del público, así que se convocó a un nuevo certamen, donde se eligió “Dios y libertad” del español Jaime Nunó, un director de bandas de guerra que Santa Anna había conocido en Cuba y llevaba años en México. 4.- De acuerdo con algunos investigadores, Nunó recurrió a una figura musical tradicionalmente usada en la música española llamada “melisma”. Ésta consiste en cantar una misma sílaba en diferentes tonos, como en el verso por el dedo de Dios se escribió. 5.- La primera vez que se cantó el Himno Nacional fue en 1854, en el Teatro Santa Anna, donde ahora se encuentra el Palacio de Bellas Artes. Curiosamente, no fueron mexicanos los primeros intérpretes, ya que se contrató a una compañía de ópera italiana para el estreno. 6.- Manuel Ávila Camacho decretó que el Himno se volviera oficial en 1943, cuando se decidió eliminar las estrofas II, III, IV, VII, VIII y IX de la letra original. Dos de ellas hacen referencia a Santa Anna y a Iturbide, personajes que terminaron por ser repudiados. 7.- Para conmemorar el primer centenario del estreno del Himno Nacional, en 1954, Correos de México emitió una serie de estampillas alusivas, y 13 mil niños y jóvenes cantaron el Himno en el Zócalo de la Ciudad de México. 8.- El Himno ha sido traducido a varias lenguas indígenas: maya, náhuatl, mixteco, tepehuano, chinanteco, teenek (huasteco), hña hñu (otomí), entre otros. También existe una versión en bajo alemán, la lengua hablada por los menonitas. 9.- Varios famosos han quedado en ridículo por no saber cantar el Himno Nacional o por cambiarle la letra: los más conocidos son Salma Hayek, Jorge Muñiz, Jaime Camil, Vicente Fernández, Julio Preciado, Pablo Montero, Jenni Rivera, entre otros. 10.- De acuerdo con la Ley sobre el Escudo, la bandera y los Himnos Nacionales, el Himno sólo puede cantarse en actos oficiales, cívicos, culturales, escolares o deportivos. Debe ser interpretado por una orquesta, banda sinfónica, a capela o con voz y piano, únicamente. VERSIONES DEL HIMNO NACIONAL (Versiones NO OFICIALES en lenguas indígenas tomadas del ILV. México ) Amuzgo de Guerrero Coro Cala'jomndyo', 'o nn'an na ndyuaa Sndaa', ndia'. Calajndaa'ndyo' l'ots'iaan quio caso na ya. Catseits'eiina' cha'waa tyuaa na m'aanya Quia na c'uaa na cwinan' quio cayom. Catseits'eiina' cha'waa tyuaa na m'aanya Quia na c'uaa na cwinan' quio cayom. Nquen'yo' cjaatyjoo ts'uaa ljaa' tsco oliva, Na wacheen na tso ángel na t'man tseixman. Cañoom'luee yuu teijndaa' chiuu tsaam'aanya. Seiljeii Ty'oots'om ñ'oomwaa' ñequio ts'oon. Xeen cwii ts'an na ti'maan' ts'om na jndoo' jaa Ñe'cwinoom tyuaaya na ñe'cjan nacjooya Quen'yo' cwenta, nn'an ndyuaaya, na tyquen Ty'oots'om Ticwii nda'yo' cwii sondaro tseixman; Ticwii cwii nda'yo' cwii sondaro tseixman. Cora de Jesús María Coro Mejícaanu santijiihua saj unya'use'en, tyapuusti'i sete'itya'ütüma'a, sajta cahuaayu'usi jetze save'etya'a. Tyamua'a pu ti'ityaujcatzaa a'ame ü chuej japua tü'üj namuajra'a tü ti'itatzi'inyen. Tyamua'a pu ti'ityaujcatzaa a'ame ü chuej japua tü'üj namuajra'a tü ti'itatzi'inyen. Mejícu huata'a tü oliva xamue'i mua'a muutze'e tipíjrixü'ün ute'e tü a'icanyejsin. Tü'ij tyu'upua'arajra'ani anyuucajtze'en, a'inni ute'e pu e'eseijre'e tü rusen cün muaatyajtuaa. Muajca'aran pu cün ausiimue'ihuaca'a ü Dioj. Tü'ij cai a'atü muja'uve'eye'icaa ayan ti'ijtamü'ü a'a chuej japua, Hua'amua'atzü Muaa nyemeejícu! Tü tajapuaana muaatavi'itüste'esin seij ü xantaaru'u tüj na'a sei tü nyue'ihuan, seij ü xantaaru'u tüj na'a sei tü nyue'ihuan Mazateco de Huautla de Jiménez Coro Jon xi cho ta -le México ?mi -no, Coi so1tjen cao cjoa jchan xi ti nchja -no. T?e yo ntao qui cha nto cao na xin -no, Na nqui -na ca tja ne cao je tjo. T?e yo ntao qui cha nto cao na xin -no, Na nqui -na ca tja ne cao je tjo. México, ca t?e son jcoi je xca xcoen -le Xi nc?a jmi cjoi nchoa jen -ni, Nch?an coi njen t?a tsi, Ya tji t?a tsa c?e nta -li jo coan chon nca ntsjai, Xi cao na jma ntsja Ni na je qui squi. Tsa xi xin ?nte -le co ntran -li cjoi nnchoa, Si qui xo ya coi ncha ne taon je na nqui xi tsi, Ti cja ?ai tsjain ji México, ja nc?a qui tsjoa Nca so nta do ca ta ma nca ts?i xi . Nca so nta do ca ta ma nca ts?i xti. Tepehuano de Durango Dhi'ñi gui' na luunes jum kantar Mummu na pai' tum mamtuxi'ñ. I Ya'kam ja'tkam jimia'ich no'r gigialhi' ua'dad ich gui' nach chu' ki'n tu kokdara' mummu irban gu oiñga'n tum gi'nduk na gu' giilhim jix iu'm tum xipun. II Jich dhirba' git xialhcha' gu chi'ulh ji na jich dham dir bha jiimda' xich dha'da' na ba' ach ya' jix bhai' ya' tu oi'ñka' nat gu' pui' ja'k tu uaína' guch chat. III Jaroi' no' bha jim na cham jir ya'kam no´t ya' ba ji ti kiis dhi jich dhirba'am ap xi chi'ñcho' jich dhirba' nach dham dir ma'n gu kokdadam mara'n nat jum maa. IV Ya'kam ja'tkam jimia'ich no'r gigialhi' Ua'dad ich gui' nachchu' ki'n tu kokdara' mummu irban gu oiñga'n tum gi'nduk na gu' giilhim jix iu'm tum xipun. Algunas Comunidades que podrían ser de tu interés: ¡Visita mis otros posts!

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