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Usuario (México)

Primer post: 13 may 2011
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Mi paso por Taringa!
Mi paso por Taringa!
Apuntes Y MonografiasporAnónimo1/17/2013

MI PASO POR TARINGA! Me registré en Taringa! el 2 de marzo de 2011, tal vez por la misma razón que un amplio porcentaje de los miembros, es decir, quise entrar a un post al que sólo tenían acceso los usuarios registrados. Entré buscando música; desde 1987 soy seguidor de un grupo español llamado Hombres G, y si bien creo tener todos sus discos editados en mi país, sabía de algunas canciones que no podía conseguir en ningún otro lado, salvo en esta página. Lo mismo me pasó con Diego Vasallo y Nacho Vegas, cuya discografía es casi imposible de localizar en México, incluso en tiendas de discos especializadas o en iTunes, pero que aquí tenían hasta las versiones más antiguas, e incluso canciones inéditas. En ese entonces, en el grueso de la población taringuera, sólo había “Novatos” y “New Full User”, y como Novato no podía pagar con puntos, por lo que opté por pagarle a la página, varios meses después, de la única manera que se me ocurrió, es decir, compartiendo un poco de mi trabajo. Originalmente sólo pensaba subir unos cuantos poemas y seguirme de largo. Subí “Oscuridad”, que era un texto que escribí en el 2000, y para mi sorpresa, a los pocos minutos me llegó mi primera notificación; @b43p4 había leído, comentado y dejado mis primeros cinco puntos taringueros. Lo cual me llenó de una satisfacción que nunca había experimentado antes. Yo estaba acostumbrado a que sólo mi familia y uno que otro conocido me dieran su opinión sobre mis textos, pero el que alguien más, incluso de otro país, se tomara el tiempo para leer y comentar mi humilde aportación, era completamente nuevo, y me atrevería a decir que cambió mi vida. Empecé a escribir cuentos en 1992, cuando tenía 15 años, pero dejé de hacerlo en 1995. Después vino la Universidad, y entre los deberes, Nietzsche, Kant, Heráclito y Sócrates, no había mucho espacio y tiempo para jugar con las letras. Pero varios años después, en el 2007, retomé esta afición y escribí seis cuentos, en el 2008 concluí tres que no había concretado el año anterior, empecé y terminé dos más, e inicié cuatro que concluí hasta el año siguiente. En 2009 escribí catorce e inicié uno que concluí en 2010, año en el que escribí treinta y dos. En el 2011 escribí treinta y tres y, como muestra del impulso que me dejó esta página, diré que en el 2012 escribí cuarenta y cinco, y este año ya llevo cuatro. En mi tiempo en Taringa! me he topado con todo tipo de personas; desde las que me han ayudado e impulsado para seguir escribiendo, hasta las que no sólo no aprecian mi trabajo (lo cual se vale), sino que ni siquiera se toman la molestia de leerlo y me dejan como comentario “No leí un carajo”, como si eso fuese algo por lo que esa persona tuviese que estar orgulloso. Pero hay de todo, y me jacto en decir que siempre me he sentido de los privilegiados en esta página, ya que hay demasiados usuarios que exponen su trabajo, sin recibir ni siquiera un comentario (a favor o en contra). Esta página también contribuyó a incrementar mi lenguaje. Antes, cuando me decían “Ché loco” o “Capo” en algún comentario, honestamente yo no sabía si agradecer o borrarlo. Hasta que poco a poco me fui familiarizando, incluso con palabras como “ban”, “trollear”, “bardo”, “holys”, “besiñus”, “comu”, “reco”, “SyS”, “MP”, etc. También Taringa! me obligó a cambiar mi estilo. Si bien siempre he sido muy detallado, ahora suelo ser más breve. En parte porque sé que no es cómodo leer en una pantalla. Un libro puede tener más de mil hojas, pero uno lo puede abrir o cerrar, de acuerdo al tiempo que tenga disponible, pero la Internet es tan vasta que la mayoría de las veces que uno lee un texto, sabe que al cerrar la página no la volveremos a abrir jamás. Por lo que, si uno quiere que lo lean, debe aprender a decirlo todo, en muy pocas líneas (lo cual, confieso, es un objetivo que aún no he logro alcanzar). Hay muchas páginas en la Red, de hecho yo comparto mi trabajo en más de una e incluso me animé a crear mi propio Blog, pero sé muy bien que mi casa virtual es ésta. Pero lo que hace grande a esta comunidad no son la cantidad de miembros, sino la calidad de sus usuarios, que comparten desde dibujos, pinturas, esculturas, escritos, desvaríos, canciones, libros, programas para descargar, juegos, películas, convocatorias para ayudar a tal o cual causa o persona, en fin, de todo, propios o ajenos. Sin duda, Taringa! actualmente está poblada por usuarios cada vez más jóvenes, pero hay de todo, y eso es otra cualidad que tiene esta página, la cual, si bien a veces nos hace “rabiar”, ya sea por algún contenido, comentario o “mejora técnica”, al final tenemos que admitir que todos somos responsables de ella, tanto en sus aspectos positivos como negativos, porque somos parte constructora de esta gran comunidad, incluso los que se crean una cuenta sólo para hacer “bardo”, o los que “no leen un carajo”. Taringa! me ha permitido ampliar mi horizonte; ya que me ha dado la oportunidad de interactuar con tantas personas, y tan variadas entre sí, que en definitiva han dejado una huella imborrable en mí, en mayor o menor grado. @warinhari fue el primer usuario al que seguí, esperando algún día llegar a escribir con el mismo sentimiento que él. Y lo mismo me pasó con @lupibenavidez, cuyo estilo era tan claro y poético, que distaba mucho de mis trabajos oscuros y rebuscados. De hecho por ella dejé de subir poemas y empecé a subir sólo cuentos, ya que consideré que mi trabajo era infinitamente inferior al suyo. Con @ZendGhaft realicé mi primer trabajo compartido, él con sus dibujos y yo con mis cuentos, fue una mancuerna que no duró lo que yo hubiese querido, pero que me dio muchas satisfacciones creativas. Sólo espero que algún día él retome los trazos y volvamos a trabajar juntos. @CARANDAGU fue mi primer amigo virtual, y también quién me invitó a “Arte viva”, mi primera comunidad, donde conocí no sólo su trabajo, sino también el de tantos otros, como los cuentos bizarros de @Splash_Foop, los textos con imágenes, sonidos, y me atrevería decir texturas y aromas de @lacarancha, o el trabajo literario de una de las mejores escritoras que he conocido por acá @silvanayandy, sin olvidar a @Udyat, a quien conocí por un texto que se llamaba “El traidor”, que habla sobre Judas, y al que empecé a seguir sin saber que era moderador global, al grado que cuando me enteré de eso hasta sentí una corriente fría recorriendo mi espalda, ya que en ese entonces tenía pensado subir mi cuento más extenso sobre muertos vivientes, y sabía que si éste llegaba a violar el reglamento de Taringa!, por el contenido “gore”, ya no podría pasar desapercibido, porque estaría vigilado. Al grado que terminé subiéndolo en una comunidad, y les pregunté a varios usuarios si consideraban que mi trabajo era demasiado “grotesco” para la página principal. Después lo subí a “Mexicanos en Taringa!”, y no fue hasta algunos meses después que me atreví a preguntarle a Rafa, y él me respondió que el “gore” estaba prohibido para las imágenes, pero no para los textos, lo cual, de alguna manera, me dio libertad para subir otros cuentos que hasta ese momento permanecían archivados como “no apropiados”. También en Arte viva conocí a @Belceboso, quien me invitó a “Proyecto arte”, que era una comunidad que tenía como objetivo combatir la censura en el arte en Taringa! Ahí conocí los post culturales de @luthienyberen (quien con “Comenzamos…®” me reveló mi ignorancia musical, y meses después se volvió mi hermano virtual), los textos de @roy_vader (quien últimamente se ha especializado en embellecer Taringa! con tapices de la República Méxicana, y una que otra belleza más carnal), también a @Dave70 (con sus poemas, pinturas, gustos musicales y literarios), y a @redblak_monster (fotógrafo, periodista, poeta, cuentista, antropólogo, historiador y alburero). Por ellos conocí a @vidrioso, cuya fascinación por The Beatles es sólo comparable con su gusto por compartir temas de interés general, quien me enseñó que uno puede aprender en cualquier lugar. El primer movimiento contra la censura fue un éxito, pero el segundo nos valió la suspensión de todos, y ni siquiera por subversivos, sino por “organizarnos para postear sobre un mismo contenido”, pero así es la vida. También Taringa! está llena de gente que desborda “buena vibra” y que siempre están dispuestos a regalarte una palabra de aliento o un mimo que en más de una ocasión me ayudaron a sobrellevar mis tropiezos, además de que con su aporte le han dado un poco de luz a toda la oscuridad que a veces nos rodea. @clara69, @siscofranco, @ClaudiaAbu, @_Alison_ @By_dafne, @bettydLangel, @Mariaxhe, @Excaliburr, @spereyra93, @Keidy_15, en especial los tres últimos, son usuarios que cada vez que he intercambiado alguna opinión o comentario, siempre me sentido halagado de contar con su confianza. En esta lista iba a sumar a @lamichy y a @Eva_Princess, pero ellas no transmiten ese tipo de luz, ya que la belleza que estas dos usuarias desbordan, es oscura, tierna y cruel, como gotas de sangre, que nos hablan de vida, amor, dolor y muerte, sin dejar de ser magníficas. De regreso con las letras, casi como una isla en un mar de “shouts” resalta el trabajo de @Squall70, @Peperina83 y @Arrafieli, la paz, reflexión y mano sincera de @pela65, el buen humor de @Lizo96, la angustia y relatos de terror de @Bronko_83, la pasión de @Alosofi, las descripciones, cada vez más gráficas, de las historias de @quitosin, la belleza en las palabras de @eTeRnAl_pEaCe, la audacia, estilo y honestidad de @samiraa, los poemas e historias aterradoras de @hirimi (quién me recuerda un poco de mí, y quien me da esperanza en las nuevas generaciones), la lógica ilógica y apasionados poemas de @TheGirl_Dragon, la belleza en las palabras de la que he llamado “gentil dama de las letras” @coincidir, la excelente narrativa de @Matafuego83, el ingenio de @abrahamct5 (quien inmerecidamente me honra llamándome “maestro”), la tenacidad y narrativa de @gonzzCABJ, la elegancia y soltura en los textos de @Mousbeats, las rimas de @pabloelkpo92 (a quien confieso que empecé a seguir más por su avatar de Megan Fox, pero que poco a poco eso sólo quedó en lo anecdótico y sus aportes hablaron por sí solos), el terror en los relatos de @Maauurux (quien me enseño que ser joven no significa no saber escribir), el análisis crítico de @jamesmorrrison1, los personajes de @luciacqua, la crueldad y sadismos de los textos de @AnaAshford, el surrealismo en las letras de @IHTV15, la profundidad en los trabajos de @Rorsch83, la naturalidad de @Ryokokari, la mezcla entre literatura y redes sociales de @Mariaflor85, y tantos otros que no podré citar por falta de espacio y memoria. Pero haré una mención especial a @OliverTours, que si bien últimamente hemos tenido más de una diferencia “operativa”, no puedo hacer menos sus aportes literarios e iniciativas que buscan fortalecer el gremio de los escritores en esta página, como su expo de escritores o el “hashtag” #Escritordeldia. Lo malo con él es que a veces me da la impresión de que muerde mucho más de lo que puede masticar, lo cual es entendible, por su juventud y energía. De hecho no dudo que algún día pueda devorar al mundo, pero una cosa es “devorarlo” y otra muy distinta es “digerirlo”. @laboga67 nunca ha dejado de enseñarme con sus aportes, que van desde la salud mental a la física, por no olvidar el humor. @sucabezas me ha regalado muy buenas pesadillas con sus post de arte, así como ambas han incentivado mi imaginación en más de una historia de terror que he escrito. El usuario más “buena onda” que he conocido es @Ru1nA, que recuerdo que la primera vez que lo seguí me llenó de notificaciones, al grado que le tuve que preguntar si siempre era así de participativo o ese era un día especial. Pero poco a poco me ido acostumbrando a eso, aunque también implicara dejar de contestar cada shout, como solía hacerlo antes. A @DarkWolf884 le agradezco la confianza que ha depositado en mí, además de la barra que me hizo para “El Club del Miedo”. Es una chica muy joven, pero comprometida y emprendedora, que desde mi punto de vista ha rescatado a esa comunidad en más de una ocasión, con mano firme y dándonos más de un jalón de orejas. Hay dos usuarios que siempre serán mi modelo (inalcanzable) de lo que significa “comentar”; @Meteor_B y @Cuervosangriento son incomparables en ese aspecto. Ellos no se limitan a decir “me gustó” o “buen trabajo”, son modestos cuando se les elogia, pero hasta ahora no he conocido a nadie que desglose un texto con la finura y tacto, como ellos. A nivel más personal, @Mesalina131 es una de esas personas que entran en nuestra vida y poco a poco interpretan distintos papeles; originalmente era una lectora que recomendaba mi trabajo desde las sombras, después empezó a saludarme todas las mañanas, mientras el resto de Taringa! dormía, más tarde se volvió mi amiga, o mejor dicho “mon amie”. Llegó el turno de hablar de mi hijo virtual @AxelYinYAng, con quien he aprendido más de lo que quizás él suponga, y cuyo trabajo me ha sorprendido más de lo que él pudiera pensar. Un joven que cuando lo conocí decía ser de Italia, y ahora creo que es de Dinamarca, pero bueno, eso es lo de menos, el caso es que es una persona que aún tiene mucho potencial que desarrollar, pese a haber dado tanto y seguir aportando en esta página. Por último está @Andryvirtual, aunque ella bien sabe que es la primera para mí, quien no sólo es mi compañera tanto fuera como dentro de la Red, sino además mi correctora de textos, mi motor, musa, Diosa, y amor de mi vida. Ella fue la que hizo mis primeras “barras” de presentación, lo cual aprendió en un post de Taringa!, luego me enseñó a mí, al grado que ahora soy yo quien diseña las de ella. Nunca aprendí a hacer gifs, no sé si por no contar con el software apropiado, o porque soy muy “bestia”. Son tantos los usuarios a los que me hubiera gustado integrar a este texto, pero como ya mencioné en renglones pasados, el espacio y la memoria me lo han impedido. Tenía pensado un escrito corto, pero ya voy en la sexta cuartilla, por lo que, para no hacer el cuento más largo, sólo me resta decirles a todos ustedes; usuarios, comunidades, página en general: ¡Gracias!

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Mi padre (reflexión)
Apuntes Y MonografiasporAnónimo12/20/2014

MI PADRE 19 de diciembre de 2014 Hay más de una manera de aprender con el ejemplo. Hace apenas unos días, el hombre más importante de mi vida exhaló su último suspiro, y hoy dejo testimonio de algo que he reconocido desde hace ya varios años, ante otros y ante él mismo. Él me enseñó muchas cosas, tanto en obra como en omisión, e incluso a veces, muy a pesar suyo. Por lo que tal vez nunca logre enumerarlas todas, pero si de algo estoy cierto, es que su paso por este mundo me ha forjado de la manera como pienso y actúo hoy. Él me enseñó ha ser precavido; tratar de anticiparme a las necesidades, y tener lo requerido aún antes de que me hiciera falta. Solía decir que “más valía tener algo y no necesitarlo, que necesitar algo y no tenerlo”. De igual forma, sus despilfarros me enseñaron a ahorrar, porque nadie tiene la vida ni la suerte comprada. Me enseñó a ser puntual y cumplir con mis compromisos; respetar el tiempo de los demás, “no morder más de lo que puedo masticar”, y responder ante mis fallos, pese a que él mismo solía evadir la responsabilidad de sus propios errores. Me enseñó que no hay que enojarse por cualquier cosa, lección que aún no logro aprender del todo, y lo hizo enojándose por todo y desesperándose por nada, dejando que la vida se le escapara en un suspiro. Me enseñó a ser ordenado y metódico, con el afán de que todo opere como debe de funcionar. Tal vez por eso es que soy tan estricto con las reglas, “inflexible”, diría mi madre, “riguroso”, diría Nietzsche. Me enseñó a ser educado, y nunca llegar a una casa que me ha abierto las puertas con las manos vacías. Me enseñó a ser sensible y creativo; me leía sus poemas, pensamientos, discursos y reflexiones, teñidos de amor, mar, alegorías y sentimientos. Me enseñó a decir lo que siento y pienso, en el momento de pensarlo y sentirlo, a través de su silencio. Me enseñó que los hombres sí lloran, cocinan y demuestran su afecto, ya sea con un abrazo o un beso, como el que le diera yo en la frente, poco antes de que él me regalara el último latido de su corazón. Me enseñó a no hablar de más, pese a sus fanfarronadas, y salir con la frente en alto, con firmeza y sin miedo. Me enseñó a discutir y no quedarme cayado ante una acusación que considere injusta, o un argumento que me parezca falso, pero también me enseñó a elegir mis batallas y no perder mi tiempo con “necios”. Me enseñó a amar a la música, y aunque admito que nunca puse mucha atención a sus lecciones de baile y canto, me enseñó que no todos habíamos nacido para eso. Me enseñó a reparar cosas, manejar el taladro, el martillo, el desarmador, las pinzas, las llaves de tuercas, la cinta métrica, el tocadiscos, la grabadora. Me enseñó a unir cables y aislar sus alambres, tapar un agujero en la pared con un cuadro, y a llamar a un técnico, sólo cuando fuese verdaderamente necesario. Me enseñó a no fiar en mi memoria y siempre cargar un cuaderno y bolígrafo conmigo. Solía decir: “Más vale la más pálida tinta, que la más brillante memoria”. Por cierto, también me enseñó a hacer mía cualquier frase que invitara a mi reflexión. Me enseñó a perseguir mis sueños, alentando mis textos, mis dibujos, modelos de plastilina y hasta mis “Legos”. Me enseñó a amar el arte de la fotografía y valorar ese instante de eternidad, atrapado en un segundo de vida. Me enseñó a encarar a la muerte, de hecho, quizás por él es que pienso que “sin conciencia de la muerte la vida carecería de sentido”. Pero sobre todas las cosas, con él aprendí a amar y valorar a un “hombre de su tiempo”, con tantos defectos como virtudes, tantos errores como aciertos, y tan generoso como egoísta, al fin de cuentas un “hombre”, mi padre.

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Semilla (relato propio)
Semilla (relato propio)
Apuntes Y MonografiasporAnónimo6/4/2015

SEMILLA -2015- Desde muy pequeño, antes de saber de dónde vienen los niños o cuál es el sentido de ir a la escuela, mi madre me enseñó el misterio del origen de la vida, contenido en una simple semilla de frijol. Con sólo tierra, un poco de agua, sol y la voluntad de crecer, fui testigo de tal prodigioso “milagro”, al ver día a día cómo es que ese impulso vital, obligaba a una insipiente planta a abrirse camino entre la tierra, como un gusano ciego que se ha puesto como meta alcanzar al sol. En mi infantil inocencia, puse en práctica el conocimiento adquirido; primero con una semilla de limón, después con una de mandarina, jitomate, chile verde, y más tarde hasta con una manzana. Ninguna superó el índice de crecimiento de aquel primer frijol, pero invariablemente todas brotaron, como si cada una buscara su trocito de cielo y, al cabo de algún tiempo, me dieron limones, mandarinas, jitomates, chiles verdes y pequeñas manzanas, respectivamente. Por lo que, al menos para mí, esta forma de regalarle al mundo más vida, a partir de un cuerpo aparentemente inerte, estaba más que demostrada y tenía que funcionar con cualquier cosa. Me sentía un agricultor de la vida, como si la preservación de la misma descansara en mis pequeñas manos. Hasta que puse en práctica el mismo principio, pero fuera del reino vegetal. Recuerdo que estaba en el parque, jugando con mis canicas, cuando vi un pequeño cuerpecito emplumado, recostado sobre una piedra. Al principio pensé que dormía, pero al acercarme me di cuenta de que en realidad estaba muerto. No sé cómo pasó, pero ante mí tenía el cadáver de un hermoso pajarillo rojo, y sólo podía hacer una de dos cosas; dejarlo ahí y seguir con mi juego, o poner a prueba, una vez más, aquel milagroso conocimiento. Primero que nada, busqué el lugar ideal para “sembrar” al pajarito. Tenía que ser un sitio que yo pudiera localizar con facilidad, porque era conciente de que un “árbol de pajarillos” no habría de crecer tan rápido como uno de limones o manzanas, y yo sería el único responsable de regarlo y cuidarlo de las inclemencias del tiempo. Por lo que, después de una breve deliberación, decidí que en medio del parque era el lugar indicado para desarrollar mi tarea. Entonces tomé con delicadeza el cuerpecito del ave, y armado con una piedra y un palo, empecé a cavar el agujero donde habría de sembrar mi “arbolito”. No falté ni un solo día, por semanas, meses y hasta un par de años. Pero por más que lo regaba, cuidaba y hablaba, como a mis demás plantas, jamás se asomó ni un pequeño brote. Eso hacía que me sintiera triste y confundido, por lo que acudí con mi madre y le platiqué todo lo que había ocurrido. Ella me miró con los ojos humedecidos, me regaló una tierna sonrisa, acarició mi rostro y manos, y me explicó que el asunto de la semilla en la tierra sólo funcionaba con las plantas, y que los animales, como nosotros mismos, ante el tibio abrazo de la tierra, sólo experimentábamos la “desintegración”. Supongo que ese día se fue despidiendo de mí la inocencia. La vida siguió, nos mudamos a la ciudad, crecí, terminé el colegio, y dejé de ser un niño para convertirme poco a poco en un “hombre”, tan práctico como cualquiera, y tan desencantado de los milagros como todos. Varios años después me casé, y luego de dos años de matrimonio nació “Diego”, mi hijo; con unos ojos tan grandes y expresivos, que parecía quererse comer al mundo con la mirada, y tan curioso e inquieto como lo era yo de niño. En la ciudad hay pocas cosas seguras para un pequeño, por lo que para permitirle a mi hijo explorar a sus anchas y sin riesgos, su propia curiosidad e inteligencia, mi esposa y yo decidimos marcharnos a la provincia que me vio nacer. Regresar a ese lugar fue revelador para los tres, porque tanto para Diego como para mi esposa, todo eso era algo nuevo e incluso mágico, mientras que para mí era volver a casa, como si no hubiese pasado ni un solo día desde que dejé sus prados y me despedí de sus sabores y aromas. Por lo que se me ocurrió llevarlos a conocer aquel parque, en el que inocentemente creí que podría cosechar vida de un pajarillo muerto. Mi esposa estaba encantada con el paisaje; lleno de árboles, ardillas y hasta un pequeño riachuelo. Dieguito parecía incrédulo ante tanta vida, y yo estaba feliz de regresar ahí con ellos. Respiramos hondo, dejamos que el aire puro desplazara el oxígeno quemado de la ciudad de nuestros pulmones. Yo estaba a punto de contarles sobre mi joven fascinación con las semillas, cuando mi hijo y su mamá señalaron maravillados hacia el centro del parque, justo donde había enterrado el cadáver de aquella avecilla. En es lugar, para mi sorpresa, resaltaba un hermoso y frondoso árbol, lleno de pajaritos rojos.

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Paladar delicado (cuento propio)
Apuntes Y MonografiasporAnónimo6/19/2015

PALADAR DELICADO -2015- La vida me ha enseñado muchas cosas, de las cuales, la mayoría jamás he empleado en mi día a día. Hasta la fecha nunca he tenido que sacar la raíz cuadrada de “algo” cada vez que salgo a la calle, ni me ha hecho falta saber cuál es la capital de Bulgaria cada vez que abordo el autobús, de igual modo, no se ha desmoronado el mundo si en algún escrito no he colocado los puntos sobre las “íes”. Pero sin duda hay datos que tal vez en su momento no me parecieron tan relevantes, pero que poco a poco se han vuelto fundamentales para mi vida cotidiana; como elegir la comida de acuerdo al aspecto de la mercancía disponible. Sé que un mango demasiado verde es ácido, o uno demasiado amarillo es muy dulce. Un jitomate aguado no dura mucho tiempo, y uno demasiado duro tal vez se descomponga antes de madurar del todo. En fin, una gran cantidad de simplezas que han hecho más fácil mi vida. Con base en la observación del comportamiento de otros animales, sobre todo de mi gato, llegué a una conclusión que ha cambiado por completo el sabor de mis alimentos: “no hay mejor aderezo que la adrenalina”. Si una presa muere placidamente, su sabor es tenue, casi nulo. En cambio, si antes de propinarle el golpe final, la víctima es perseguida, capturada, liberada, y vuelta a atrapar, en el clásico juego del “gato y el ratón”, el sabor se magnifica. Pero en definitiva, reconocer el sabor de la carne, sólo por su aspecto, es algo que ha afinado por completo mi exigente paladar. Antes pensaba que todo sabía igual, pero descubrí que el muslo de un ave, con grandes depósitos de grasa y fibra muscular, tiene un sabor más concentrado que el de la insípida pechuga, y así fui descubriendo sabores y los fui relacionando poco a poco con su aspecto y procedencia. Por ejemplo; aquella mujer de cuello largo, nariz aguileña y ojos grandes, indudablemente ha de saber a pavo. O aquel hombre de allá, que lee el periódico con toda calma, de brazos y manos anchas, mirada profunda y rostro seco, sin duda ha de saber a res. O aquél de más allá, que observa su jardín, con rostro bonachón, orejas largas, boca grande y labios semiabiertos sin duda ha de saber a cerdo. Aquella joven atlética que va de aquí para allá en marcha constante, tal vez originalmente tendría sabor a pollo, pero con base en determinación y constancia, ha alcanzado el fino sabor del venado. En fin, predicciones que me han permitido elegir siempre lo mejor, en los momentos más desesperados. Bueno, pero eso es sólo un poco de lo que he aprendido en los últimos años, ya más tarde te contaré mi experiencia como peletero, y cómo elegir las mejores pieles para cada cosa. Pero hablar de tanta comida me ha abierto el apetito, por lo que me perdonarás, pero me retiro, tengo una presa que cazar. Esta mañana amanecí con antojo de algo dulce, y por eso te atrapé a ti, pero no puedo dejar pasar la oportunidad de volver a comer carne de venado. Mas no te preocupes, ya tendré hambre más tarde, o quizás sólo regrese por tu piel, resulta que siempre quise una chamarra con lunares como los tuyos.

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El muerto (propio)
El muerto (propio)
ArteporAnónimo5/26/2011

EL MUERTO Ayer murió un hombre a sólo unas cuadras de mi casa. Nadie sabe cómo sucedieron las cosas, sólo que lo encontraron muerto con cinco balazos en la espalda. Ya se han llevado el cadáver y limpiado la sangre que dejara salpicada en la acera, pero la zona aún conserva cierta atmósfera siniestra que hace imposible olvidar lo que ahí ha ocurrido. La gente camina aparentemente despreocupada y distraída, pero evita a toda costa pasar por donde aún se pueden ver las manchas de sangre seca, que no pudo quitar el personal de limpieza, o no les importó hacerlo, consientes de que el tiempo borra hasta la más persistente huella. Hace unas cuantas semanas murió un muchacho en la acera opuesta, cuando un conductor ebrio lo embistió y arrastró por varios metros hasta impactar contra un poste de luz. Hoy muy pocos se acuerdan de eso y no tienen ningún problema en detenerse a esperar que pase el camión, en la misma esquina donde el cerebro de aquel joven terminó embarrado en el pavimento. Así son las cosas y sé que en unas semanas muy pocos recordaremos lo que ocurriera en la madrugada de ayer. Hoy todos hablan de ello y hasta el periódico local ha sacado un tiraje especial, donde publican las fotos que uno no quisiera ver ni en una película de terror, pero la edición se vende como pan caliente. Al parecer la muerte es un tema que no pierde vigencia y del que nunca hemos tenido suficiente. Cuando la ambulancia llegó al sitio ya había muy poco que los paramédicos pudieran hacer por aquel hombre, y sólo arribaron para dejar testimonio del hecho y anotar la hora de su muerte. Hasta que la policía apareció fue que acordonaron la zona y ahuyentaron a las decenas de mirones que ahí se habían congregado, para que los peritos hicieran su trabajo, pero para entonces al muerto ya le habían vaciado la cartera, dejándole sólo su credencial para votar y un boleto del metro, como si fuera a necesitarlo. Tal vez sólo aquél que lo mató sepa por qué le arrebató la vida a ese hombre, o quizás ni siquiera a él le importara. Quizás el muerto sólo fuera un trabajo más en su larga lista de deberes de ese día. Uno más…, o mejor dicho, uno menos. Es inquietante saber que por unas cuantas monedas alguien puede disponer de la suerte de otra persona, sin tener algún problema personal con ella o conocerse siquiera. Aunque también existe la posibilidad de que el muerto no fuera un objetivo preestablecido, sino sólo alguien que estaba en el momento, hora y lugar equivocado, como aquel joven que muriera unas cuantas semanas antes. Es curioso reconocer la fragilidad de nuestra existencia, cuando cada vez que salimos de casa nos damos el lujo de decir “ahorita vuelvo”, sin saber si será cierto o si volveremos a ver a esa persona de la que nos despedimos al salir. Entonces llega la muerte y nos revela que sin importar que tan altos sean los edificios donde vivamos, o trabajemos, que tan veloces sean los vehículos en los que nos transportamos o sofisticados sean los atuendos que cubran nuestra desnudez, no dejamos de ser unas frágiles y atemorizadas criaturas, que no tienen lugar a donde esconderse de su mortal destino. Nos fijamos demasiado en ciertos detalles que le dan sentido a nuestra frágil y fugaz existencia, pero damos por sentados aquellos aspectos que hacen de nuestra vida algo valioso. Quizás nunca sepa por qué un hombre conoció la muerte ese día, pero eso ya no importa, ni siquiera a mí y eso que yo soy el muerto… Lo único que me inquieta es no haberme despedido adecuadamente de mi mujer. De haber sabido que no volvería a verla, quizás en vez de un simple “ahorita vuelvo, no me tardo”, la hubiera tomado entre mis brazos y con un beso le habría dicho: “te amo”. ¡Gracias por pasar!

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Salvo los domingos (cuento propio)
Salvo los domingos (cuento propio)
ArteporAnónimo9/21/2011

SALVO LOS DOMINGOSTodos los días, salvo los domingos, de nueve a once de la mañana, don Rogelio viene a la Iglesia del Rosario a contemplar la belleza de su amada. Desde hace más de siete años se sienta en la misma banca y en silencio la observa. Dice que su tierna mirada y delicados rasgos le recuerdan a su difunta esposa, quien fuera el amor de su vida. Él la observa atentamente mientras ella se deja ver paciente, amorosa y en silencio. Nadie se pregunta por qué don Rogelio viene todos los días. Tal vez lo vean como un anciano más, aferrándose a lo que le queda de fe, o incrementándola en espera de su “examen final”, o quizás ni siquiera lo han notado. Se ha vuelto parte del entorno y llama tan poco la atención como una paloma en el atrio, una vela a los pies del Cristo, o un confesionario vacío. Ya se le dificulta caminar y se auxilia de un bastón que ha encallecido sus manos. Pero siempre es puntual a su cita con ella. Por tres horas permanece sin decir una sola palabra. Sólo inclina un poco la cabeza para decir hola, o adiós, mientras ella permanece inmóvil y en silencio. ¿Qué más se podría esperar de la imagen de la Virgen? En ese lugar hace más de sesenta años, don Rogelio conoció a Elena, se enamoraron y tiempo después contrajeron nupcias. Tuvieron dos hijos, igual número de gatos, una casa y un pequeño sedán. Hace mucho tiempo de eso, pero él no borra nada de su memoria. ¿Cómo podría sin perderse en el proceso? Sus hijos se casaron y formaron sus propias familias. Los gatos también se fueron, pero a dormir para siempre en el jardín. Sólo conserva la casa llena de recuerdos y fantasmas, y el auto (aunque éste ya no arranque sin un buen empujón). Durante todos estos años la Virgen ha testificado su vida, encuentro, unión y despedida. Aunque él insista en que su querida Elena sigue con vida en la amorosa mirada de la madre de Dios. Eso podría parecer un sacrilegio para algunos, pero él piensa que entre tanta podredumbre que hay en el mundo, lo menos que podría ofender a la Virgen es que se le comparara con alguien a quien se ha amado tanto, y por toda una vida.De lunes a sábado don Rogelio va de nueve a once a la Iglesia del Rosario a contemplar a la Virgen. El resto del tiempo se lo pasa con sus hijos, nietos, bisnietos y demás corazones que se han integrado a la familia. Pero los domingos son especiales. Desde muy temprano se va al cementerio, al lugar donde reposan los restos de su esposa, y algún día descansarán los suyos. Se pasa el día limpiando, puliendo, enflorando la lápida y conversando con su eterna compañera. Mientras tanto en el templo, se congregarán los fieles, el sacerdote dará su sermón, el Cristo será venerado por docenas y la Virgen… bueno, en lo que respecta a don Rogelio, ella tampoco asistirá a la Iglesia ese día.

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Luceros (cuento propio)
Luceros (cuento propio)
ArteporAnónimo3/15/2012

LUCEROS Había muy pocas cosas que le produjeran más placer a la joven Paulina que ver el cielo al anochecer. Amaba los colores de la tarde al tornarse cada vez más oscura, pero sobre todas las cosas, se quedaba hasta muy noche para ver el brillo de las estrellas, entre las cuales destacaba un lucero azul que conoció de pequeña, una de las pocas constantes en su corta vida, y una razón suficiente para mantener abiertos sus hermosos ojos verdes. Era tal su adoración a este cuerpo celeste, que en más de una ocasión la luz del día la sorprendió recostada aún lado de la ventana. Su cuerpo la afligía, pero para ella valía la pena cualquier sacrificio y soportar el frío de la madrugada, con tal de contemplar a su único amor. Cada tarde era lo mismo y al volver la oscuridad, toda su atención se la dedicaba a su amor celeste. Hasta que una noche sucedió lo que jamás pensó que ocurriría. Mientras veía a su querido lucero, éste se desplomó, convirtiéndose en una hermosa estrella fugaz. Paulina estaba horrorizada, sabía que nunca más lo volvería a ver, y aunque había más de una estrella en el firmamento, para ella la noche se había tornado más oscura que nunca. Entonces se dio cuenta del poder de su mirada, por lo que decidió arrancarse los ojos con la punta de unas filosas tijeras. El dolor era indescriptible, paralizante, y la sangre inundaba sus cavidades, tornando todo su mundo rojo y negro, hasta que la oscuridad se volvió lo único que fue capaz de distinguir. Pero ella prefería vivir una eternidad en las tinieblas, que aceptar volver a ver una noche sin aquello en lo que había puesto su mirada. Paulina murió desangrada ese mismo día, pero se cuenta que a partir de esa fatídica noche, en el lugar donde antes brillaba aquel solitario lucero, ahora brillan dos hermosos luceros verdes.

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El duende (cuento propio)
ArteporAnónimo10/18/2012

EL DUENDE Todos en el pueblo sabemos que en el bosque habitan un sinfín de creaturas, que para muchos sólo deberían existir en la imaginación, pero que más de un leñador, cazador, recolector y campista, han visto en su jornada. Desde pequeñas lucecitas aladas con formas femeninas, a las que podríamos llamar hadas, o voces delicadas, entre las ramas y arbustos, que ríen y cantan bajo la luz de la luna, hasta pequeños hombrecitos que se visten de hojas y ramas. Sin embargo sus dominios no se limitan al bosque, porque es bien sabido que más de uno de estos seres se ha asentado en el pueblo, para cohabitar entre nosotros sin que nos demos cuenta. Eso ahora es considerado un honor, pero no siempre fue así, desafortunadamente. Hace un poco más de diez años, una catástrofe se posó sobre la Hacienda más próspera y grande de la región. Todo comenzó como un rumor; primero fueron los empleados, pero al poco tiempo se propagó a toda la familia, incluyendo al viejo hacendado, quien aseguró haber visto entre los pasillos de su propiedad, a una diminuta criatura de brazos largos, piernas espigadas y rostro juvenil, que gustaba de robarle la comida a las mascotas de sus nietos. Al principio no le dieron importancia, incluso les parecía pintoresco que un duende viviera con ellos, y hasta le dejaban comida en el establo para que no les robara el alimento a sus animales. Pero todo cambió cuando una mañana encontraron todas las puertas de la Hacienda, incluyendo las del granero y el establo, abiertas de par en par. El viejo hacendado estaba molesto por el incidente, y mandó a poner cadenas y candados a todas las entradas, pero a la mañana siguiente las puertas estaban abiertas y las cerraduras violadas. No faltaba nada en la propiedad, por lo que la posibilidad de que se tratara de algún ladrón les pareció muy remota, y la culpa recayó por completo en el duende. Lo mismo ocurrió por cinco amaneceres más. Sin importar cuántas cadenas o cerraduras colocaran al anochecer, al otro día todas las puertas eran encontradas abiertas. Eso enfureció aún más al viejo, quién mandó a llamar al chamán del pueblo, para que eliminara al intruso y todos pudieran dormir tranquilos otra vez. El chamán se presentó a la Hacienda con dos enormes perros cazadores, que de inmediato se dieron a la tarea de rastrear al duende y dar cuenta de él. No fue una jornada fácil, pero antes de que anocheciera, los perros volvieron con los hocicos manchados de sangre, y un diminuto esqueleto triturado, aun colgando en una de sus fauces. La amenaza había sido erradicada, el hacendado estaba complacido, los perros satisfechos, y el chamán recibió su paga. A partir de aquí la historia es un poco confusa. Algunos dicen que el chamán fue saqueado y asesinado en el bosque por unos forajidos, otros aseguran que fueron los duendes quienes lo ajusticiaron, y otros más que se suicidó, colgándose de un árbol, después de que se enterara de lo que esa misma noche había pasado en la Hacienda. Lo ocurrido ahí fue una masacre. Todos murieron; los animales, los empleados, Y hasta el viejo y su familia. Pero nadie culpa a los duendes de eso, porque todos sabemos que el causante fue un rayo que cayó a media noche en el granero, provocando un incendio que rápidamente se propagó por todas partes. Algunos dormían y quizás ni se enteraron de su fatídico final, pero los que no corrieron con esa suerte, padecieron una muerte angustiosa y violenta, tratando infructuosamente de escapar de la propiedad; ya que todas las puertas se encontraban cerradas. Ilustración de Andrey Pervukhin

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Tres extraños (cuento propio)
Tres extraños (cuento propio)
ArteporAnónimo9/24/2012

TRES EXTRAÑOS Alguien que no conozco, pero con quien me encontré un buen día, se me acercó en silencio, y sin que yo pudiera mediar palabra, me habló de un extraño pueblo escondido en las colinas más altas, rodeado de hermosos ríos, altos árboles y profundos peñascos, donde habitaban pequeños seres que se llamaban a sí mismos “mujeres” y “hombres”. Eran criaturas felices que amanecían con el sol y se acostaban al despertar la luna. También eran muy sociables, por lo que resultaba muy extraño que tuvieran disputas que no terminaran con un abrazo o un apretón de manos. No tenían muchos visitantes, por la propia altura de las colinas, profundidad de los ríos y abismales peñascos, pero los pocos que llegaban eran tratados como nativos. Se les daba afecto, techo, comida y trabajo. Por lo que ya no salían de ahí, y con el paso del tiempo se volvían uno de ellos. Una mañana de neblina, un pequeño grupo de mujeres y hombres que habían salido a pescar al río, se toparon con tres extrañas criaturas de batas blancas y ojos de vidrio. Estaban llenas de lodo e inconscientes en la ribera. Como pudieron, ya en el pueblo les curaron las heridas, lavaron la piel, ropa y pelo. Los extraños duraron varios días inconscientes, siempre bajo el cuidado constante de mujeres y hombres. Hasta que un buen día despertaron. Hablaban en una extraña lengua que realmente nadie había escuchado antes. Pero mujeres y hombres eran inteligentes y no tardaron mucho en comprender ese lenguaje, y lograron comunicarse. Las tres extrañas criaturas se llamaban a sí mismos “Científicos”. ¡Qué palabra más rara! Pero aún más raro era lo que decían hacer con sus vidas, pues aseguraban ir de un lugar a otro descifrando los misterios que se encontraban a su paso y nublaban el conocimiento. Inusual, realmente muy peculiar, nadie sabía qué era eso que los científicos llamaban “misterio”, hasta que una de estas extrañas criaturas se puso de pie y limpiándose los ojos de vidrio con la punta de su bata, les dijo que un misterio es todo aquello que aún estando en frente de todos, no somos capaces de comprender a plenitud. Mujeres y hombres quedaron maravillados, pues resultaba que un misterio era sencillamente algo muy “misterioso” como para entenderlo fácilmente. Para celebrar su recuperación, todos en el pueblo prepararon un gran banquete con lo más sabroso y abundante de la región. Se horneó pan, se marinó pescado, se cortaron frutas frescas y jugosas de los huertos, y se recolectaron las hierbas más aromáticas y suculentas de la temporada. Todo estaba listo, las tres extrañas criaturas, mujeres y hombres estaban sentados frente a una enorme mesa de madera, cuando se develó el primer platillo; una rica y abundante ensalada de hojas rojas, verdes y semillas. – ¿Se trata de algún tipo de broma? –preguntó uno de los científicos. – ¿Qué no saben que esas hojas verdes y rojas poseen sustancias que las hacen muy tóxicas para el organismo? –agregó, mientras los otros dos asintieron con la cabeza. Pero, ¿cómo era posible que esas hojas fueran tóxicas, cuando por años, tanto hombres como mujeres las habían consumido sin sentir ningún malestar? El caso es que por una extraña razón, por primera vez en los miles de años que llevaban consumiendo dicha ensalada, todos aquellos que la probaron cayeron gravemente enfermos. Llenos de curiosidad, mujeres y hombres les fueron mostrando a los tres científicos el resto de los platillos. Las frutas frescas y jugosas que calmaba su sed en verano, y los llenaban de energía en invierno, resultaron ser venenosas, y en ese momento, por una extraña razón todos aquellos que las recolectaron se llenaron la piel de severas irritaciones, y los que las probaron se llevaron las manos al estómago, y experimentaron fuertes dolores, inflamación de garganta e hinchazón de lengua. Luego llegó el turno de los pescados. Enormes, jugosos y cuidadosamente marinados con especias secas. Los tres científicos se miraron desconcertados y exigieron que se les llevara al lugar donde se había capturado a esos animales. Aún con hambre, un puñado de mujeres y hombres los llevaron al río que desde siempre, y aún en los meses de sequía, había sido su más rica fuente de alimento y agua. En el camino les mostraron a los científicos las cualidades de su pueblo. Cuando llegaron al huerto les enseñaron los plantíos de lo que hasta ese día había sido la base de su alimentación, pero que ahora resultaba tener propiedades infecciosas. Los árboles eran fuertes, frondosos y llenos de frutos, era una lástima saber que nunca más podrían consumirlos sin tener el temor de enfermarse. De repente uno de los científicos detuvo su camino y se agachó a recoger un poco de tierra húmeda. Enseñó la muestra a sus colegas, y después de que los tres parecieron haber llegado a un acuerdo, dijeron al unísono que esa tierra no era apta para el cultivo de ninguna especie vegetal. En ese momento, y por una extraña razón, los árboles empezaron a decaer y perder sus frutos hasta que se fueron consumiendo por completo, ante la mirada atónita de mujeres y hombres. Siguieron su camino por el lugar, entonces los científicos pudieron ver las distintas edificaciones del pueblo. Fuertes estructuras de adobe y piedra, soportadas sobre delgados tablones de madera, a manera de múltiples patas y rodeadas de vegetación. Acogedores hogares que eran frescos en verano, cálidos en invierno, y habían sido el modelo ideal de construcción, hasta que los tres científicos movieron su cabeza en señal de desaprobación, e indicaron que las estructuras no eran lo suficientemente fuertes para ser habitadas. En ese momento, y por una extraña razón, los edificios se vinieron abajo y sólo quedó escombros, piedras y ramas secas. Una vez que salieron de lo poco que aún quedaba en pie de lo que era su pueblo, cruzaron por un pequeño sendero y llegaron por fin al río. De sus aguas cristalinas y frescas, mujeres y hombres obtenían alimento, y extraían agua para calmar la sed, regar los huertos, así como lavar sus cuerpos y ropas. Incluso era tradición llegar a la orilla e inclinarse para beber un sorbo en señal de confianza, pero cuando uno de ellos intentó hacerlo, uno de los científicos gritó: – ¡¿Qué creen que están haciendo?! ¡¿Qué no ven que este río ha de estar lleno de microorganismos u otras cosas que pueden ser peligrosas para su salud?! Luego sacó un vaso delgado de vidrio de su bata, y tomó una pequeña muestra de agua, que le enseñó a sus compañeros. – ¿Están seguros que de este río extraen esos hermosos pescados? –preguntó uno de ellos, quien sin permitir que alguien le respondiera, añadió que era imposible que una especie tan grande pudiera habitar en un lugar con tan poca densidad microbiana. En ese momento, y por una extraña razón, los peces que hacía un segundo antes saltaban por encima del agua, desaparecieron sin dejar un solo rastro de su existencia, ni en la superficie o en el fondo. Cabizbajos y desconcertados por todo lo que habían perdido, mujeres y hombres regresaron a lo que quedaba de lo que fuera su hermoso pueblo y ya no podría ser más su hogar, pues no tenían agua que beber, peces, ni vegetales que comer, o casas donde habitar. Sin embargo, al llegar al lugar donde se había preparado el banquete, el olor a pan recién horneado les levantó el ánimo y se dispusieron a comer. Los tres científicos tomaron una rebanada y lo examinaron con la misma inquietud con la que habían analizado todo lo demás, sólo que esta vez no encontraron nada irregular que añadir. Todos comieron, incluyendo los enfermos que ya se sentían un poco mejor. En la mente de mujeres y hombres, ya con el estómago lleno, revoloteaban las ideas de cómo volver a hacer de su pueblo el lugar que era antes. Después de todo, si ya lo habían construido una vez, podrían volver a hacerlo. Asombrados por el optimismo de los nativos, los tres extraños les preguntaron cuanto tiempo habían vivido en tales condiciones. –Desde siempre, miles y miles de cosechas, y días de pesca –respondieron. –Entonces ¿Sus ancestros construyeron el pueblo? –agregó uno de los científicos. Mujeres y hombres, se miraron entre ellos y con un tono incrédulo contestaron: – ¿Ancestros? No, este pueblo lo construimos nosotros hace ya varios siglos. –Eso es imposible –señaló el último de los científicos. –Nadie puede vivir por tanto tiempo. Entonces, y por una extraña razón, tanto mujeres como hombres se desvanecieron en el aire y los tres extraños se quedaron solos, en una alta colina, rodeada de frondosos árboles, caudalosos ríos y profundos peñascos, con el estómago lleno de un pan que nadie pudo haber preparado. Una vez terminado el relato le hice saber a aquel extraño que su historia contenía varios errores importantes. Si en ese lugar no había nadie, ¿entonces quién rescató a estos tres extraños de la orilla del río? ¿Quién cuidó de ellos hasta que se recuperaron? ¿Quién los alimentó y horneó el pan que consumieron? A lo que aquel desconocido respondió: –No lo sé, todo eso ha sido un misterio que aún mis dos colegas y yo no hemos sido capaces de comprender. Entonces, y por una extraña razón, el que desapareció fui yo…

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Emperador (cuento propio)
Emperador (cuento propio)
ArteporAnónimo2/27/2013

Tema maestro EMPERADOR Por fin, después de tanto esperar, estoy de vuelta en mis dominios. Todo, absolutamente todo; desde el lugar donde planto mis extremidades, hasta donde alcanza mi vista es mío, y sólo mío, salvo lo que no tengo permiso de tocar, pero aún así toco. Tal parece que mis guardianes creen que hasta un emperador debe tener sus límites. ¡Pobres tontos! El sol ha salido a recibirme, como es su costumbre, y yo le enseño la barriga, para que la caliente un poco. Muy bien, ahora la espalda. Bueno, ya es suficiente, luego regresaré a restregarme en la tierra, pero ahora debo seguir mi recorrido. Tengo que vigilar que todo esté tal cual lo dejé ayer. Allá está el viejo árbol, parece que me hace señas, pero yo le ignoro, sé lo mucho que le gusta que le dé masaje con mis uñas, pero hoy no, salí tarde y no tengo mucho tiempo. ¡No insistas! ¡Bueno! Pero sólo un poco. Tengo el corazón muy blando, tal vez ése sea mi único defecto. ¡Ya! No sigas, ¿qué no ves que voy en camino? Bonitas flores, ¿cómo? ¿Quieres que juegue con ellas? Bueno, pero sólo un rato, porque en realidad sólo vine a masajearte. ¡Aaaaah! ¡Qué bien se siente eso! No se compara con el sillón de la casa, pero no está nada mal. Bueno, una vez terminada la tarea me despido pasando mi cabeza por su corteza. Es importante hacer eso, sólo así él sabe que me pertenece, así como todos los demás árboles de la región, por no hablar de los muros, postes, alcantarillas, rejas y hasta uno que otro perro. Los que me ven, me saludan y extienden su mano, parece que arden en deseos de que les deje mi marca, pero no lo haré. Soy muy exigente a la hora de decidir a quién le dejo mi huella; algunos tienen las manos muy pesadas, otros huelen mal, y no todos merecen llevar en su palma el aroma de un “Emperador”. Sin duda me adoran en el barrio. Aunque no todos, por ahí vive un gruñón, que tan pronto me ve aparecer, empieza a ladrar como desquiciado. ¡Pobre! Mas no le culpo, si yo tuviera una vida como la suya, quizás también le ladraría a todo lo que se mueve. Pero una cosa es que lo entienda, y otra muy distinta es que evite pasar por enfrente de su reja, sólo para molestarlo. No puedo remediarlo, hacerlo enojar es parte de mi naturaleza, es lo que se espera de mí, después de todo, soy un ser superior. Mmm… Ahí está la mujer que me deja comida. Pobrecilla, no sé qué sería de su vida si yo no aceptara sus humildes ofrendas. Sé que eso me ha ocasionado que acumule unos “kilitos” de más, pero qué se le va a hacer, ni modo que le diga que no. Además, parece que hoy toca guisado de res. Huele y se ve delicioso, al grado que no puedo evitar remojar mis bigotes. Esto sí es comida, y no como esas croquetas de atún que me dan en casa. Es una lástima que mi veterinario no opine lo mismo, pero bueno, ¿qué va a saber él de lo que es bueno para un gatito como yo? Gracias Andy por la imagen.

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