viktor91
Usuario (México)
Un equipo de científicos belgas apoya una teoría respecto a que los antiguos Mayas construían sus pirámides para que actuaran como resonadores gigantes para producir ecos extraños y evocativos. Nico Declercq de la Universidad de Ghent y sus colegas han demostrado como las ondas de sonido rebotando alrededor de las hileras de escalones de la pirámide El Castillo, en las ruinas Mayas de Chichén Itzá cerca de Cancún en México, crean sonidos que representan la mímica del trino de un pájaro y el golpeteo de las gotas de la lluvia. El efecto de la llamada del pájaro, que se asemeja al gorjeo del quetzal (un ave sagrada dentro de la cultura maya), fue reconocido por primera vez por el ingeniero en acústica establecido en California, David Lubman en 1998. El ‘gorjeo’ puede hacerse sonar mediante una palmada que se produzca en la base de las escaleras. Declercq quedó impresionado cuando escuchó por primera vez este eco por sí mismo en una conferencia sobre acústica en Cancún en el 2002. Después de la conferencia, él, Lubman y otros asistentes realizaron un viaje a Chichén Itzá para experimentar por sí mismos el ‘gorjeo’ en El Castillo. “Realmente suena como un pájaro”, dice Declercq. Estructura del sonido ¿Pero sabían los arquitectos de las pirámides qué es lo que estaban haciendo? Los cálculos de Declercq muestran que aunque hay evidencia que la pirámide fue construida para producir sonidos sorprendentes, probablemente jamás pudieron predecir con exactitud a qué sonidos iban a asemejarse. En un principio Lubman estaba convencido que los constructores de la pirámide efectivamente crearon el efecto del trino del ave intencionalmente. "Pero esto puede ser que no necesariamente sea así", dicen Declercq y sus colegas. Su análisis respecto de la acústica de la pirámide muestra que el sonido preciso causado por los ecos depende del sonido que los produce. Por ejemplo, los tambores, podrían producir un tipo de resonancia muy diferente. Los investigadores tienen esperanzas de que otros realicen experimentos en el sitio de la acústica del Castillo para ver los efectos que producen. De hecho, Declercq escuchó una de estas variaciones durante un viaje en el 2002. A medida que otros visitantes subían los escalones de la pirámide de 24 metros de alto, notó murmullos como ecos que parecían sonar justo como cuando la lluvia cae en un cubo de agua. Declercq se pregunta si fue más bien esto ultimo y no lo del llamado del quetzal lo que pudo haber sido la intención del diseño acústico de El Castillo. “Puede que no sea una coincidencia”, dice; el dios de la lluvia jugaba un papel muy importante en la cultura Maya. Pero quizás todas estas interpretaciones no están basadas en hechos. El equipo de Declercq ha demostrado que la altura y el espacio entre los escalones de la pirámide crean un filtro acústico que enfatiza algunas frecuencias de sonido mientras que suprime otras. Pero unos cálculos más detallados de la acústica nos muestran que el eco también se ve influenciado por otros factores más complejos como puede ser la mezcla de frecuencias de la fuente del sonido. Entonces, al final, será virtualmente imposible probar que cualquier efecto de eco específico es intencional. “O lo cree o no lo cree”, dice Declercq. El mismo no se muestra escéptico de la teoría del quetzal, en lo más mínimo, pues ahora ha escuchado efectos similares producidos por escaleras en otros sitios religiosos. En Kataragama en Sri Lanka, por ejemplo, una palmada dada en una escalera que conduce hacia el río Menik Ganga produce un eco en respuesta que se asemeja al “cuac” de los patos. Este artículo fue públicado en el año 2004 en nature.com en inglés, pero me parece importante que las personas que votan porque Chichén-Itzá sea considera como una de las nuevas maravillas del mundo, sepa al menos porque lo hacen, Chichén-Itzá al igual que otros lugares arqueológicos está lleno de misterio y de todo tipos; matemáticos, acústicos, astronómicos, etc. Recientemente la cadena de televisión HC transmitió un documental bastante detallado del tema, donde se mencionó que es muy posible que el efecto haya sido creado intencionalmente, ya que para construir ciudades de tal magnitud, se emplearon miles de hombres, mismos que necesitaban una motivación para continuar con su labor y que mejor motivación que la presencia del dios quetzal a través de una palmada de los grandes señores
LAS FUENTES El sacrificio humano en Mesoamérica está documentado de manera muy desigual. Sabemos mucho más sobre el Posclásico que sobre los periodos anteriores y conocemos mejor el Posclásico del Altiplano mexicano que los de otras regiones. Para el Preclásico y el Clásico debemos conformarnos con los datos proporcionados por la arqueología y la iconografía, y con lo poco que dicen al respecto las inscripciones mayas. En cambio, para el Posclásico tenemos, además, una gran cantidad de fuentes escritas. El Popol Vuh, libro sagrado de los mayas-quichés, es muy interesante porque algunas variantes de los mitos que contiene se cuentan hasta nuestros días en varias partes de Mesoamérica, y porque, según especialistas, esos mitos aparecen en vasijas del periodo Clásico. Esto, junto con otros muchos elementos, muestra la gran continuidad de las tradiciones religiosas mesoamericanas. Si queremos comprender el sacrificio humano debemos apoyarnos en esas fuentes, en particular en las del Centro de México, pues, como afirmó fray Bartolomé de las Casas: “…la religión de toda la Nueva España por más de ochocientas leguas en torno es toda cuasi una, dentro de las cuales se comprehenden las provincias de Guatimala y de Honduras y de Nicaragua”; en efecto, casi una, ya que hay muchas variantes y hasta concepciones teológicas diferentes, incluso entre los mexicas. Se han encontrado entierros de individuos con víctimas sacrificadas pertenecientes, por lo menos, al Preclásico Medio. En un relieve de 700 a.C. localizado en Chalcatzingo, Morelos, se ve a probables sacrificadores, disfrazados de seres sobrenaturales, que se dirigen portando mazos hacia un cautivo maniatado; el pene casi erecto de la víctima y una caña de maíz sugieren un sacrificio de fertilidad. En Izapa, Chiapas, en una estela de principios del Clásico se asocia el sacrificio por decapitación también con la fertilidad, como lo indican los hojas con granos que brotan del cuello cortado. En la costa del Golfo y en Chichén Itzá, en el Posclásico Temprano, y entre los aztecas, ya en el Posclásico Tardío, lo que brota del cuello como símbolo de fertilidad son serpientes. En Teotihuacan, la gran metrópoli del Clásico, el sacrificio por extracción del corazón fue una práctica importante, como se observa en su pintura mural. Algunas estelas mayas de esa época ofrecen testimonios de sacrificios de reyes vencidos. La práctica de exponer los cráneos de sacrificados en pequeñas plataformas se observa en Huamelulpan, Oaxaca, a principios de nuestra era, y en sitios de periodos posteriores como Copán, Honduras, y Uxmal, Yucatán. Estos tzompantli alcanzarán grandes proporciones –mayores incluso que las de los posteriores de México-Tenochtitlan– en Tula, Hidalgo, y en el Chichén Itzá del Posclásico Temprano, lo cual sugiere un auge extraordinario en los sacrificios de guerreros. LAS IDEOLOGÍAS DEL SACRIFICIO Para el Posclásico, el sacrificio humano era un rito que se había practicado por milenios; pero, ¿cómo se justificaban estas matanzas, a veces a gran escala? Los mitos y ritos del Centro de México y los de los mayas nos permiten comprender la ideología del sacrificio humano y desentrañar sus múltiples niveles de significación. En la base de todo está la noción de deuda. Una criatura debe la vida, y todo lo que hace posible vivir, a sus creadores. Debe reconocerlo y pagar su deuda, tlaxtlaua en náhuatl, mediante el ofrecimiento de incienso, tabaco, alimentos, o incluso su propia sangre, lo que representaba una obligación mayor según un mito mixteco. Los primeros sacrificios –es decir aquellos en que se dio muerte a lo ofrecido– fueron los de los mismos dioses. Los hijos de la pareja primigenia cometieron una transgresión al crear o quitar la vida sin permiso de sus padres, igualándose así con ellos, que son los dueños de la vida por excelencia. Los mayas cuentan que Itzamná e Ixchel tuvieron 13 hijos y que algunos de ellos “se ensoberbecieron”, queriendo “hacer creaturas contra la voluntad del padre y madre, pero no pudieron…” Los hijos menores, Hunchuén y Hunahau, en cambio: “pidieron licencia a su padre y madre para hacer criaturas; concediéronsela, diciéndoles que saldrían con ello porque se habían humillado”. En algunas fuentes aztecas y de los quichés se mencionan otras transgresiones, entre ellas: expulsar a un hermano pedernal recién nacido del paraíso celestial; destrozar al monstruo telúrico (del cual nacieron el cielo y la tierra, y todo lo necesario para vivir); cortar la flor o la fruta de un árbol, es decir, procrear; jugar a la pelota o crear fuego con palillos (el movimiento asociado a estas dos últimas actividades es en sí mismo creador). Los dioses transgresores, expulsados del cielo, son enviados a la tierra, a las tinieblas; de ligeros que eran, se vuelven pesados, materiales. Crean hombres a su servicio, pero no les gusta mucho vivir en la tierra con los hombres. Para obtener de nuevo la vida sin fin y el paraíso perdido, dos de ellos se echan al fuego, destruyendo así su pesado cuerpo. Como la vida puede renacer de la muerte, vencen a la muerte en el inframundo, emergen como el Sol y la Luna y son acogidos por sus padres satisfechos. Reconquistan el paraíso perdido, pero sólo en parte, porque cada vez que transcurre una era, edad o Sol, se vuelven más pesados y necesitan ser vivificados. Al mismo tiempo, ellos mismos se vuelven los “más allá” felices para los beneméritos: los guerreros van a la “casa del Sol” y otros, los elegidos por Tláloc, al “Tlalocan en la Luna”. Los otros dioses exiliados también deben aligerarse para dejar la Tierra y regresar con sus padres. De acuerdo con algunas versiones mexicas, deben ofrecer sus corazones y su sangre para alimentar al Sol. En cuanto a las criaturas de la Tierra, son mortales porque son pesadas y telúricas, pero ellas también son responsables de haber cometido transgresiones. Según los mayas quichés, los animales, primero, y los hombres de lodo y los hombres de madera, después, fueron condenados al sacrificio o a morir porque no reconocían a sus creadores ni podían pronunciar sus nombres. La Leyenda de los Soles, un mito náhuatl que narra una primera guerra, realizada para alimentar al Sol y a la Tierra, es elocuente al respecto. Una diosa da a luz, en principio, a 400 mimixcoas (los de Mixcoac); luego tiene a otros cinco que, por ser amamantados por Mecitli, son los mecitin o mexicas. El Sol da ricas flechas a los 400 mimixcoas para que cacen y ofrezcan su caza a él y a la Tierra. Pero en lugar de cumplir con su deber, se emborrachan y van con mujeres. Entonces el Sol da flechas sencillas a los cinco hermanos menores y les ordena que maten a los 400; los mecitin cumplen la orden en seguida y así alimentan a sus padres (una situación similar se encuentra en los relatos sobre las primeras guerras de los quichés). Se trata de un mito interesante no sólo por ser un tema omnipresente en la mitología mesoamericana: el del pobre joven recién llegado (como lo fueron los toltecas, como lo eran los mexicas, los quichés...) que vence a sus poderosos mayores, sino también porque muestra que el sacrificio humano era efectivamente un castigo: si el Sol y la Luna exigen hombres en lugar de animales, es porque no cumplieron con su deber. Debe destacarse también que aquí los mexicas se presentan como si no tuvieran culpa alguna: los impíos son los otros, sus enemigos. Cabe agregar que los guerreros sacrificados portaban los atavíos de los mimixcoas, a quienes encarnaban. En lo esencial, el sacrificio humano era expiación y un medio de destruir el cuerpo-materia para sobrevivir después de la muerte. Así lo confirman las palabras de las víctimas liberadas por Pedro de Alvarado antes de la matanza en la fiesta de tóxcatl: decían que querían morir para ir a la casa del Sol. Se trataba también de un medio para alimentar a los dioses y vitalizarlos, aunque esto también podía hacerse con animales u otras comidas, como incienso, hierbas, flores, papel... Además del sacrificio de guerreros había también el de imágenes o representantes, ixiptlas, de los dioses, por lo común esclavos que recibían un baño ritual –es decir, eran purificados–; niños (para los dioses de las lluvias y de los montes); muchachas nobles; condenados por diversos crímenes; voluntarios, etc. Así, estas víctimas “eran” los dioses, que morían a través de ellas para renacer más fuertes y rejuvenecidos. Sin embargo, debe subrayarse que muchos de los dioses eran ellos mismos ixiptlas de otra cosa: el agua, la tierra, el fuego, el maíz, los astros, etc.; tal vez eran éstos, ante todo, los que eran regenerados y vivificados. Cuando Nanáhuatl y la Luna eran quemados en el mes de panquetzaliztli, el mismo en que moría Huitzilopochtli, lo que se recreaba era el sacrificio del Sol y la Luna en Teotihuacan, y aquéllos representaban a estos astros que nacían de nuevo. Los dioses morían a través de las víctimas humanas y lo mismo ocurría con los sacrificantes, los que ofrecían a la víctima, ya fuera un guerrero cautivo, un esclavo comprado o un hijo. Sahagún confirma esta idea, al explicar que “…el señor del cautivo no comía de la carne, porque hacía de cuenta que aquella era su misma carne, porque desde la hora que le cautivó le tenía por su hijo, y el cautivo a su señor por padre”, es decir, el hijo era el ixiptla del padre. Al morir simbólicamente a través de su víctima, el sacrificante aumentaba su fuego interno, se aliviaba y obtenía una existencia feliz después de la muerte. La mayor parte de las immolaciones de hombres se realizaba a lo largo de los ciclos festivos de los meses del calendario solar y del calendario de 260 días, muchos de los cuales eran “aniversarios” de dioses. Las fiestas del año solar eran especialmente importantes porque en ellas se recreaban –de diferentes maneras, según la ciudad que las celebraba– diversos aspectos de la cosmogonía mesoamericana: la expulsión del paraíso, la creación de la tierra y el nacimiento de Venus y del maíz, las migraciones de los pueblos en las tinieblas, el sacrificio del Sol y la Luna, su victoria en el inframundo. Después se recreaban la salida del Sol y la primera guerra efectuada para alimentarlo, fiesta que era al mismo tiempo la de la cosecha del maíz para los hombres y la cosecha de guerreros para el Sol y la Tierra. Posteriormente venían las recreaciones del paraíso perdido y la de la transgresión que coincidía con la puesta del Sol, el cual penetraba a la tierra y la fecundaba –para los nahuas morir significaba “tener parte con la Señora Tierra”. En esas celebraciones morían y nacían de nuevo casi todos los dioses –con excepción de la pareja creadora, que no recibía culto por parte de los hombres y únicamente se ocupaba en crear chispas de vida–: los de la tierra, del agua, del maíz, de los cerros (tlaloques y otros), del pulque, de la caza, Huitzilopochtli, los mimixcoas y los huitznahuas, Nanáhuatl y la Luna, los de la muerte y del fuego, Tezcatlipoca, las diosas de las flores, del amor, del agua, de la sal, de la pimienta... Todos ellos, y todo el mundo, se vivificaban, pero también se creaban estrellas sustentadoras de la bóveda celeste arrojando cautivos en hogueras, se erigían postes dos veces al año para evitar la caída del cielo, se pagaban las lluvias y cosechas obtenidas con ofrendas de bienes de todo tipo, etc. Había otras muchas ocasiones que requerían de sacrificios humanos: guerras y batallas; desajustes del orden cósmico, como eclipses, sequías, hambres, inundaciones; la expiación por ofensas en el culto a los dioses, como robo de objetos sagrados, dejar escapar víctimas, etc.; motivos personales, como cuando un padre que escapaba de la muerte ofrecía a su hijo en pago; y, finalmente, la inmolación de acompañantes para los difuntos. Una misma víctima podía morir para expiar y sobrevivir en el más allá; para hacer morir y renacer a una deidad y a lo que encarnaba, así como a su propio “señor”, su sacrificante; para alimentar y “vivificar” a una deidad; para sostener la bóveda celeste; para fecundar la tierra; para aplacar a los dioses, darles las gracias, reconocer su superioridad y poner de manifiesto la dependencia del hombre. LOS ACTORES DEL SACRIFICIO Los principales eran los sacrificantes, los sacrificadores y los sacrificados. Entre los primeros había guerreros; mercaderes, artesanos ricos y otros particulares; representantes de calpullis o corporaciones, reyes. El Estado, que se hacía cargo del costo de las guerras, también ofrecía en ocasiones víctimas, las cuales eran parte del tributo de otras ciudades. Sin embargo, generalmente las víctimas eran capturadas durante las guerras de conquista o bien eran compradas por individuos que recibían apoyo de su familia y del grupo al que pertenecían. Los sacrificantes se hacían notar; por ejemplo, el guerrero lo hacía desde el campo de batalla, luego en su entrada triunfal a la ciudad con sus cautivos, en la presentación pública de éstos, en las danzas, en la velación con las víctimas en su última noche, en la marcha al templo con el vencido, en el banquete posterior, todo lo cual conllevaba prestigio y honores. Lo mismo ocurría cuando se trataba de un esclavo purificado. Debía anunciarse la intención de inmolar, comprar y presentar a una víctima, la cual iba vestida por la ciudad, durante semanas, meses o todo el año, como una deidad y, además, debía desempeñar el papel de esa deidad y ser tratada como tal. También había que bailar con la víctima, velarla en su última noche, llevarla al templo e incluso –lo cual no estaba permitido a los guerreros– subir por la pirámide hasta la piedra de sacrificio y ver al dios (en su templo), cara a cara, es decir, morir simbólicamente Los sacrificadores eran por lo general sacerdotes especializados, muy estimados por los aztecas y poco por los mayas. Hay que distinguir entre los grupos de ayudantes, como los chalmeca nahuas (“los de Chalman”, conocidos como chalamicat entre los quichés), por ejemplo, que se encargaban de mantener a la víctima, y quienes extraían algo del cuerpo de la víctima (el corazón, la sangre, las entrañas), los cuales manejaban un cuchillo que podía simbolizar la mano del dios o el rayo celestial. A veces algunos guerreros (en el “sacrificio gladiatorio”, conocido también en Guatemala) o gran parte de los que asistían al ritual participaban en la matanza, como ocurría en Cuauhtitlan, en el mes de izcalli, cuando más de 2 000 hombres y muchachos flechaban a seis cautivos de guerra atados en palos muy altos. Cabe agregar que los sacrificadores, los sacrificantes, el público y, en menor grado, las víctimas, se preparaban y asociaban al sacrificio mediante diversas penitencias, autosacrificios, ayunos, continencia y danzas (bailar significaba “merecer”). EL NÚMERO DE VÍCTIMAS Y LOS DIFEERENTES TIPOS DE MUERTE La cantidad de víctimas variaba mucho de acuerdo con la importancia de la ciudad o el pueblo. En algunos casos se habla de dos o tres por año y de muchos más en ciudades poderosas. En Tenochtitlan, Tlaxcala, Chichén Itzá, se sacrificaba a cientos o miles de víctimas en las grandes fiestas, como la del renacimiento del Sol (panquetzaliztli, yaxkín). Como es bien sabido, las fuentes en náhuatl se vanaglorian de que en ocasión de una doble celebración, la entronización de Ahuítzotl y la inauguración del gran templo de Tenochtitlan, en 1487 d.C., se inmoló a 80 400 prisioneros, lo cual parece poco probable. Lo cierto es que las víctimas eran muchas, tal vez tantas como en la India del siglo XIX, por ejemplo, aunque debe tomarse en cuenta que en otras culturas los guerreros habrían sido muertos en el campo de batalla. El registro de las distintas maneras de sacrificar en el Posclásico es muy rico y muchas veces se pueden reconocer los modelos míticos: las más comunes eran la extracción del corazón y la decapitación; venían luego el flechamiento, el sacrificio gladiatorio, por fuego, enterrar viva a la víctima, por derribamiento desde un alto mástil o por golpes en una peña, por extracción de las entrañas, estrujamiento en una red, derrumbamiento de un techo sobre las víctimas, descuartizamiento, lapidación. En ocasiones se podían combinar dos, tres y hasta cuatro métodos de muerte ritual; por ejemplo, en honor del Sol y de la tierra, se hacía extracción del corazón y luego decapitación, o a la inversa; también podía arrojarse a la víctima al fuego y luego realizar estos dos últimos métodos. El uso de anestésicos era común en los sacrificios por fuego. Muchas víctimas iban a la muerte sin miedo –incluso había voluntarios– pero otras lloraban o debían ser arrastradas hasta la piedra de sacrificio. EL ALIMENTO DE LOS DIOSES Y DE LOS HOMBRES En ocasiones los dioses del cielo y otros se conformaban con la “esencia” del muerto, es decir, el humo del corazón quemado, el vapor de la sangre, mientras que los hombres comulgaban de la deidad o semideidad muerta. Sin embargo, en ciertos casos se renunciaba a la víctima y se le destruía en el fuego (lo que sucedía raras veces), enterrándola en una cueva o en una pirámide, o lanzándola a un remolino en un lago. Se puede considerar que en este caso el destinatario o, más precisamente, aquello de lo cual el dios era el ixiptla o representante: tierra, fuego, agua, etc., se comía directamente a las ofrendas humanas. El banquete antropófago era un evento religioso y social muy importante. Se comía al muerto divinizado, se unía con él, pero también se trataba de una ocasión para invitar y honrar a familiares, para hacer relaciones con personajes importantes, para ganar prestigio, y en todo esto se podía gastar el producto de años de trabajo. El sacrificante conservaba restos de su víctima, como el cabello de la coronilla –que contenía parte del calor vital y del “honor” del sacrificado– o sus atavíos; el guerrero se quedaba con el fémur del muerto, el cual colgaba en el patio de su casa para proclamar su valentía y gozar de la protección de este “dios cautivo” (maltéotl) cuando iba a la guerra. LAS CAUSAS Varios autores se han preguntado sobre las causas más profundas de los sacrificios a gran escala y del canibalismo. En el siglo XVI se creía que la falta de carne podía ser una motivación, aunque esta explicación se desechó totalmente en los cincuenta del siglo pasado. Hay que tomar en cuenta que los sacrificios masivos se daban sólo en algunas grandes ciudades, y que incluso en éstas la gente común tenía poco acceso a la carne humana y que se comían sólo pequeños pedazos de los cuerpos. La presión demográfica es otra explicación, pues parece que el aumento de la cantidad de víctimas en el Centro de México coincidió con un gran crecimiento de la población. Una tercera explicación puede basarse en las teorías de René Girard, según las cuales por medio del sacrificio se intentaba neutralizar la violencia interna del grupo. En este caso, la importancia de los sacrificios humanos se podría explicar por la mayor fragilidad de las ciudades-Estado del Centro de México, compuestas por grupos con lenguas y orígenes a veces muy diferentes. Sin embargo, nada de esto ha podido comprobarse. Así, puede decirse que el sacrificio humano mesoamericano fue una manera extraordinaria de utilizar todos los posibles sentidos de la muerte ritual, para mantener la vida y prolongarla después de la muerte, y para tener la impresión de que se controlaba un universo que se percibía como excesivamente inestable.
La mitología egipcia es el nombre del conjunto de creencias sustentadas por los pobladores del antiguo Egipto, anteriores a la llegada del cristianismo. Sus prácticas fueron prohibidas en tiempos de Justiniano I, en el año 535. Su desarrollo e influencia perduró más de tres mil años, variando estas creencias a través del tiempo, por lo tanto, un artículo o incluso un libro, no puede hacer más que resumir la multitud de entidades y temas de este sistema complejo de creencias. La iconografía egipcia es muy diferente de la griega o romana: en la mitología egipcia muchas deidades son representadas con cuerpo humano y cabeza de otro animal. Las ideas religiosas de los antiguos egipcios tuvieron dos fases: Durante la época predinástica, divinizaron aquellos fenómenos naturales que les desconcertaban, o infundían temor, de los que no conocían la razón de su proceder; asociaron estas divinidades con las características de ciertos animales, y los representaron con forma humana aunque conservando rasgos zoomorfos: el halcón en el dios Horus, "el elevado", dios del cielo; el perro egipcio, o chacal del desierto, "el guardián de las necrópolis", se convierte en un dios protector, Anubis; el cocodrilo del Nilo, un peligro constante, en un dios temido, venerado en la región de El Fayum, etc. Además les atribuyeron conceptos humanos, como la relación familiar, por lo que se formaron tríadas compuestas por un dios, su esposa y su hijo, y también pasiones humanas por lo que se les rendía culto dando ofrendas en los templos a cambio de favores solicitados, o recibidos. A pesar de la agrupación de los pueblos egipcios en las "Dos Tierras": el Alto y Bajo Egipto, cada uno de los nomos (provincias) mantuvo sus deidades protectoras, lo que significaba la veneración a decenas de dioses, que adquirían mayor o menor relevancia según la importancia que tuviese cada ciudad: en Heliópolis se adoraba a Ra, en Tebas a Amón, en Menfis a Ptah y Hator, etc. Los sacerdotes de los templos principales comenzaron a organizar esta multitud de dioses y a explicar sus relaciones, la creación del mundo, las crecidas del Nilo, etc., ideando y sistematizando las creencias en las denominadas teología Heliopolitana, Tebana, etc., reflejadas en los Textos de las Pirámides, o el Libro de los Muertos, a los que siguió la redacción de otros similares. Geb, en la zona inferior, con Shu y Nut. Su visión está basada en su propio país, tierra fértil junto a un río y con un desierto alrededor. Por lo tanto el mundo para ellos se dividía en tres regiones: El Cielo, Nun, morada de los dioses, cuya diosa celeste Nut, "La grande que parió a los dioses", era representada como una mujer con el cuerpo arqueado cubriendo toda la Tierra. La Tierra, morada de los hombres, la Casa de Geb, el dios creador, representado como un hombre tumbado bajo Nut. El inframundo, o Duat, el reino de los muertos, donde gobernó Horus, y posteriormente Osiris, espacio recorrido en su barca solar por Ra durante la noche, y por donde transitaban los espíritus de los difuntos sorteando los peligros del Más Allá. La barca solar, viaje al más allá La barca solar es un elemento simbólico de la mitología egipcia, vinculado al ciclo diario del Sol, que para los egipcios de la antigüedad es comparable al ciclo de la vida y la muerte. Embarcándose en el viaje hacia un nuevo mundo, sus almas vivirían eternamente con la bendición de Ra, el dios del sol. Cada mañana, el Sol nace en oriente, crece hasta el zenit, envejece hacia occidente, y luego desaparece en la Duat, el reino de los muertos. Ra efectúa este viaje a bordo de Mandyet, una barca, que evidentemente no es un elemento menor para una civilización fluvial, en la que el Nilo representa la vía de comunicación primordial y la fuente de alimentos. Otra barca, Mesektet, lo lleva en su viaje subterráneo, desde que anochece hasta que amanece nuevamente. El culto funerario quedó marcado por este mito; parte de su ritual consistía en atravesar el río Nilo con el difunto, en barcas semejantes a las de Ra. Una de las barcas más conocidas es la de Keops, un navío ritual de proporciones considerables que fue enterrado en un foso, en Giza, a los pies de la Gran Pirámide, alrededor de 2500 a.C. Se estima que fue construida para Keops, y fue descubierta en 1954, en perfecto estado por Kamal el-Mallakh. Algunos signos en la madera de cedro con la que fue constituida indican que fue utilizada en el agua, a pesar de su carácter ceremonial, lo cual disparó la conjetura de que transportó el cuerpo embalsamado del faraón hasta Giza. En total, cinco fosas de barcas solares fueron descubiertas junto a la Gran Pirámide de Keops, y otras cinco cerca de Kefrén. Una de las barcas, que había sido enterrada en 1224 partes separadas, fue reconstruida con todos sus aparejos –remos, cuerdas y cabina– y hoy se exhibe, desde 1982, en el museo que fue emplazado en el lugar exacto en el que se encontró, al sur de Keops. El mito de Osiris y Seth Osiris (Asir o Usir en egipcio) era el dios de la resurrección que simbolizaba la fertilidad y regeneración del río Nilo. Protector de la vegetación y la agricultura, también era quien preside el tribunal del juicio de los difuntos. Pero antes, de convertirse en el dios más importante de la mitología egipcia, Osiris fue un simple mortal. Para los egipcios, Osiris fue originariamente un mítico rey que fundó de la nación egipcia e instruyó a los hombres en las actividades cotidianas y la organización nacional. Así se volvió un gran gobernante, famoso por su bondad y su sabiduría. Cuando Osiris terminó su tarea civilizadora, decidió viajar a otras tierras para continuar enseñándole a los pueblos a mejorar. De esta forma, se fue ganando el respeto y la admiración de todos aquellos que lo conocían, y mientras más viajaba, más gente lo veneraba, lo que despertó la envidia en su hermano Seth. Mientras Osiris recorría el mundo como “misionero”, su esposa Isis se ocupaba de gobernar Egipto. Seth aprovechó su ausencia para intentar tomar el poder, pero no lo consiguió. Cuando Osiris regresó, su cruel hermano comenzó a trazar los planes para deshacerse de él. El mito “oficial” nos dice que Seth asesinó a Osiris y cortó su cuerpo en catorce pedazos que luego esparció por todo Egipto. Su esposa Isis recuperó todos los miembros, excepto el viril, y con la ayuda de su hijo adoptivo Anubis, lo embalsamó y le devolvió la vida con su poderosa magia, quedando embarazada de él. Allí nació, Horus, quien vengó a su padre desterrando a Seth al desierto y recuperando el trono de Egipto, mientras que Osiris permanecería como rey de los muertos. La versión de Plutarco cuenta que Seth se alió con Aso, la reina de Etiopía, y con un grupo de setenta y dos traidores. Luego, se dispuso, secretamente, a tomar las medidas exactas del cuerpo de Osiris y mandar a construir un cofre exquisitamente ornamentado. Unos días después, organizó un gran banquete al cual invitó a su hermano y a los setenta y dos conspiradores. En un momento de la embriagadora noche, Seth clamó que el bellísimo cofre pasaría a ser propiedad de quien cupiere de cuerpo entero en él. Los traidores se dispusieron en fila para probar el cofre, pero ninguno de ellos logró caber perfectamente en éste, y cuando llegó el turno del rey, que ingenuamente se recostó dentro, los conspiradores se abalanzaron sobre él, clavaron la tapa del cofre y luego lo sellaron con metal fundido para que no quedase ninguna abertura por donde Osiris pudiera respirar. Cerrada la tapa, el cofre fue tirado al Nilo, donde el rey murió ahogado y arrastrado hasta el mar. Isis buscó a su marido inconsolablemente y dio con él en el palacio de Biblos; repatrió su cuerpo y, tan pronto como llegó al Delta, se alejó un momento, instante en el que Seth descubrió el cadáver y, lleno de cólera, lo descuartizó en catorce partes. Isis recuperó las partes, lo momificó y le devolvió la vida, para luego dar a luz a Horus, quién combatió contra su tío Seth y recuperó el trono de Egipto. El mito de Horus, el dios halcón Hijo de Osiris e Isis, Horus era un poderoso y muy antiguo dios celeste de Egipto, tan antiguo que ya se lo reconocía en la época predinástica. Con su froma de halcón, despertó gran devoción y sus fieles seguidores levantaron templos en su honor en todo Egipto, expandiendo su culto hasta el mediterráneo. Horus era el hijo de Osiris, quien fue asesinado por su cruel hermano Seth. Luego de que Isis lo volviera ala vida, ésta dio a luz a Horus, quien creció en secreto y esperó el momento para vengar la muerte de su padre. Determinado a recuperar el trono, Horus retó a Seth y, en la violenta batalla, el joven dios perdió un ojo. El combate continuó hasta que finalmente la asamblea de los dioses intervino y declaró a Horus como único y legítimo soberano de Egipto. Por otra parte, la doctrina antigua decía que Horus tenía por ojos al sol y a la luna, pero los sacerdotes de Heliópolis adjudicaron el sol a Ra, quedando el ojo de Horus como la luna. Una de las versiones dice que, derrotado por la justicias, Seth fue obligado a recuperar el ojo que Horus había perdido en la contienda, pero éste decidió ofrecérselo a su padre Osiris para que recuperara la vista, y se cubrió la herida con una serpiente divina, denominado Uraeus, que desde entonces se convirtió en el emblema de los faraones egipcios. Otra versión nos cuenta que Thot sustituyó el ojo de Horus por el Udyat, un ojo mágico que se conviritó en un popular amuleto en el Antiguo Egipto, pues se creía que potenciaba la vista, protegía y remediaba las enfermedades oculares, contrarrestaba los efectos del “mal de ojo” y, además, protegía a los difuntos. Incluso hoy el Udyat simboliza la salud, la prosperidad, la indestructibilidad del cuerpo y la capacidad de renacer. Horus se convirtió en el nuevo rey de Egipto luego de que su padre le transmitiese el poder y se retirarse al mundo de los bendecidos para volverse el dios del inframundo. Por su parte, Seth pasó a gobernar el desierto, simbolizando de esta formar la lucha entre la fertilidad del valle del Nilo y la aridez del desierto. Tiempo después Horus dejó el gobierno a los reyes míticos, y se dedicó a cuidar la barca solar, proteger a su padre en el inframundo y a ser el mediador entre el difunto y Osiris en el juicio del Duat. A Horus se lo representa con la doble corona, con cabeza de halcón o como un sol con alas de halcón, forma que servía como símbolo de protección en puertas y salas de templos. Junto a sus padres Osiris e Isis, formaron la tríada más importante de la mitología egipcia. El mito de Isis Isis es una de las principales deidades del panteón egipcio. Se trata de la diosa madre, asociada a la fertilidad y a la maternidad, y por tanto centro de muchos cultos relacionados con la vida. En realidad, al llamarla Isis la estamos llamando por su nombre griego, ya que los egipcios la conocían como Ast. Ast puede traducirse al español como “trono”, y justamente el jeroglífico que representa al trono estaba presente en la iconografía que simbolizaba a Isis. Se la ilustraba generalmente como una mujer que portaba sobre su cabeza ese signo, Ast. También se la puede ver en distintas inscripciones como una mujer sentada, coronada con el disco solar; con forma de árbol, amamantando al faraón; y frecuentemente con alas de milano, en un gesto de bendición hacia sus seguidores. Isis era hija de Ra, esposa y hermana de Osiris, y madre de Horus. En la mitología, la historia de Isis es una eterna búsqueda de los restos de su amado Osiris. El hermano de éste, Seth, sentía envidia de ella, y por eso decidió matarlo a su regreso de un largo viaje. Seth encerró a Osiris en un cofre y lo arrojó a las aguas del Nilo. Luego de una búsqueda extensa, Isis dio con el cuerpo de su esposo, pero Seth nuevamente se lo arrebató. Lo seccionó en catorce partes y lo distribuyó por todo el reino, de modo que Isis continuó con su búsqueda. El culto a Isis nació, según se cree, en el delta del Nilo, aproximadamente durante la V Dinastía. De esa época datan las inscripciones más antiguas, aunque cobró gran importancia años siglos más tarde, mediante la asociación con el culto a otras diosas femeninas de la fertilidad. El mito de Anubis Anubis es el dios chacal del panteón egipcio, seguramente uno de los más conocidos. Su figura se originó en Behedet, aunque se le rindió culto en muchos otros sitios de Egipto, como Cinópolis, Licópolis y Menfis. Se lo consideraba el Señor de la necrópolis, por lo cual su imagen está presente en numerosos cementerios antiguos. Su rol era el de conducir a los espíritus de los difuntos rumbo a la Duat, es decir, el otro mundo de la mitología egipcia. Se lo asociaba con el perro y con el chacal, por lo que se lo representaba habitualmente con forma de alguno de estos animales o con forma humana y cabeza animal. Esto se debía a que tanto perros como chacales eran especies que solían merodear por los cementerios. La presencia de Anubis disminuyó al crecer la importancia de Osiris en la mitología. Osiris era el rey del mundo de los muertos, y por ello Anubis quedó relegado al papel de embalsamador de los cuerpos de faraones. Los sacerdotes se encargaban de esta tarea, y eran considerados sacerdotes de este dios. En el Juicio de Osiris, se lo ubicaba junto a Horus, controlando el peso del corazón de cada difunto en una balanza. Si el corazón pesaba menos que una pluma, significaba que su portador había sido un hombre noble en vida. Algunas tradiciones consideraban a Anubis como hijo de Osiris y Neftis, a quien, durante una borrachera, dejó embarazada en lugar de su hermana y verdadera esposa del dios, Isis. Otros relatos lo presentan como hijo no legítimo de Neftis y Seth, a quien su padre quiso matar cuando supo de su existencia. Neftis, para salvar su vida, lo entrega a Isis, quien lo cría como suyo. Finalmente, Seth mata a Osiris, y Anubis ayuda a Isis a resucitarlo. De este mito emana la relación entre Anubis y los cementerios, al igual que con las almas de los difuntos y su guía hacia la necrópolis. DIOSES AMON Dios principal de la ciudad de Tebas. En su origen pudo ser un dios de los vientos, y, como tal, era el proctector de los navegantes. Su nombre significa "el oculto". Acabo fusionandose con el dios Sol, recibiendo el nombre de Amón-Rá. Se representa bajo aspecto humano, y con un tocado consistente en una corona de dos grandes plumas verticales juntas. ANUBIS Dios que presidía las momificaciones y guardian habitual de las necrópolis. Se representaba como un chacal negro o como un hombre con cabeza de chacal o de perro. Guíaba el alma del difunto en el más allá. Protegía el cuerpo de Osiris durante, y después, de que éste hubiera sido embalsamado. Luego sería integrado en la religión de Osiris, siendo entonces hijo de Neftis. APIS Buey sagrado. Relacionado con Ptah. Se cree que Ptah bajo la apariencia de fuego celeste, impregnó a una vaca virgen y de ella había concebido un toro negro que se convertiría en el portavoz o doble de Ptah. Se le representaba como un toro con marcas en la piel y el disco solar entre los cuernos o con cabeza de toro. BASTET Esta diosa se presentaba como una mujer con cabeza de gato o como un gato. Representa la personificación de los rayos calientes del Sol y ejercía sus poderes benéficos. Encarnaba los aspectos pacíficos de diosas peligrosas como Sacmis, que expresaba las cualidades maléficas del Sol. Como ojo de Atón, estaba asociada a la luna y protegía los nacimientos y a las embarazadas de las enfermedades y los malos espíritus. BES Enano con barba y melena, aparece siempre desnudo o con una piel de león, y sacando la lengua. Se le asociaba con los niños y las embarazadas. A éstas las asistía en el parto y las protegía de los espíritus malignos con unos cuchillos. Su figura se convirtió en amuleto. CNUM Dios representado con cabeza de carnero. Era el dios de la primera catarata, el "dios de las fuentes" del Nilo. Era el dios de las aguas que circulaban por el mundo inferior. Así, cuando el Sol navegaba en la oscuridad de la noche, se une a Cnum. Tenía como función crear a los seres vivos, dioses y hombres, en su torno de alfarero. Se creía que este dios había modelado el huevo primordial de donde salío la luz solar al inicio de los tiempos. HAPI Representado como hombre barbudo y barrigón, que tenía la piel de color verde o azul, y era como una figura del agua. Poseía algunas caraterísticas femeninas, como los pechos caídos. En la cabeza llevaba un tocado con las plantas heráldicas del Alto y Bajo Egipto. A veces en vez de cabeza humana, había dos cabezas de oca. Era la idealización de la fecundidad y de la fertilidad. Los antiguos egipcios creían que las aguas de Hapi nacían en una caverna situada en la isla de Bigeh, en la zona de la primera catarata del Nilo. HATHOR Es junto con Isis la diosa más venerada. Hathor era una diosa celeste. Es madre, esposa y compañera al mismo tiempo. Se le representa como mujer o como vaca , con el disco solar entre los cuernos. Era frecuente la representación de la columna hathórica, en cuyo capitel se muestra una cabeza humana frontal con las orejas de vaca. Diosa de la alegría, las fiestas, la embriaguez, la danza y el amor. HORUS Hijo de Osiris e Isis. Tuvo una niñez difícil, su madre debe esconderle de Set que ansía el trono de su padre. Después de vencer y matar a Set, y a las fuerzas del desorden, toma posesión del trono de los vivos: el faraón es su manifestación en la tierra. Representado como un hombre como cabeza de halcón o como halcón llevando puesta sobre su cabeza la doble corona del rey del alto y bajo Egipto. Como dios del cielo. Horus es el halcón cuyos ojos son la luna y el sol ISIS Diosa que personifíca el trono. Era llamada "madre de los dioses". Fue, sin duda la más popular de las diosas egipcias. En el ciclo de Osiris, Isis tiene el papel de esposa del dios, y es madre de Horus. Modelo para esposas y madres. Ella fue quien reconstruyó con extraños procedimientos el cadáver de su esposo Osiris, y procreó, con él a Horus. Protegió a su hijo Horus con uñas y dientes de las agresiones de su tio Set. Era el símbolo de la semilla, crecimiento y seguridad de la vida. Cuando Osiris se solarizó, Isis pasó a ser madre y esposa del Sol. Como madre de las estrellas simbolizó el cielo de la noche. Por ello fue asimilada a la diosa Hathor, representándose con forma humana y con el disco solar entre los cuernos sobre su cabeza. La representación más habitual de Isis era como una mujer con un trono en la cabeza. El cual es el jeroglífico de su nombre. JEPRI Dios que sinboliza la resurrección. Es también una versión del sol creciente. Se le representa como un hombre con un escarabajo por cabeza, o una cabeza humana coronada por un escarabajo. Siendo el escarabajo su emblema posiblemente llegó a convertirse en un símbolo de resurrección y puede así explicar la multitud de escarabajos presentes en piedras y joyas egipcias. En las paredes de las tumbas se le ve sentado en el barco del sol. En tiempos posteriores, los escribas solían jugar con los varios significados de su nombre. MAAT Esta diosa estaba respresentada como una mujer, de pie o sentada, con una gran pluma de avestruz en la cabeza, sujeta con una diadema. Considerada hija de Rá, dios del sol, Maat aparecía detrás de su padre, en la barca que le llevaba cada noche al mundo subterráneo. Representa el equilibrio, la armonía del universo tal y como fué creado al principio.En la sociedad este respecto por el equilibrio implica la práctica de la lealtad, verdad, justicia repecto a las leyes y los individuos, la conciencia del hecho de que el trato que impones a los demás puede volverse contra ti. Vigila los tribunales y también posee templos. Intervenía en el juicio funerario: se colocaba en el platillo derecho de la balanza y en el izquierdo el corazón del difunto. Si el fiel de la balanza se mantenía en equilibrio, el muerto quedaba exculpado, pues su corazón correspondía a la Maat, es decir, su comportamiento se armonizaba con la justicia universal. De lo contrario era engullido por un monstruo temible llamado "la Devoradora de Poniente". MONTU Dios-halcón. Era un dios solar y antiguo dios de la guerra. Se representaba como un hombre con cabeza de halcón que llevaba plumas y el disco solar y a la cabeza de la Enéada de Karnak. NEFTIS Hija de Gueb y Nut, esposa de Set. Ayudó a Isis a localizar el cadáver de Osiris y a recomponerlo. Era la amante de Osiris; de la relación de ellos nació Anubis. Neftis era la "Dama de la Casa"; sobre la cabeza llevaba el signo de la casa-tumba que expresa su nombre. Se le atribuían poderes mágicos. Se creía que habitaba en las tierras hostiles, como los desiertos, donde guiaba a los viajeros. Se le asoció al culto funerario y formó parte del culto del dios Min. Las vendas que envolvían el cuerpo del difunto representaban los mechones de su cabello. Protege también al Sol naciente de la malvada serpiente Apofis. NUT Uno de los títulos de Nut era "la grande que da el nacimiento a los dioses". De acuerdo con un mito, el dios Atón había creado el mundo a partir de sus fluidos internos. De esta forma surgieron los primeros dioses: Shu, el aire, y Rfenis, la humedad. Estos dioses procrearon a Gueb, la tierra, y Nut, el cielo. Nut también aparece en el panteón egipcio como la diosa creadora del universo físico y como la reguladora de los movimientos de los astros. Se la representa como bóveda celeste en forma de una mujer inclinada sobre la Tierra apoyándose en ella con los pies y las manos. Se creía que por la noche engullía al Sol y lo hacía renacer cada manaña. OSIRIS Dios muerto y dios de los muertos.De la unión de Gueb, la tierra, y Nut, el cielo, nacieron cuatro dioses: Osiris, Isis, Set y Neftis. Osiris e Isis ya se amaban en el vientre de su madre. Osiris tenía derecho a heredar el reinado de su padre sobre la tierra. Pero Set, celoso, ideó un plan para acabar con Osiris. Con 72 conspiradores más, contruyó una caja de la medida exacta de Osiris. Set invitó a Osiris a un banquete y prometió regalar la caja a aquel que cupiera exactamente en ella. Una vez que Osiris se metió dentro, taparon la caja y la echaron al río, que la llevó hasta la costa de Fenicia. Allí se incrustó en una planta hasta formar parte del tallo. Isis desconsolada parte en busca de su esposa hasta Fenicia. Después de largas aventuras consigue regresar a Egipto con la caja, que escondió entre matorrales de papiro. Pero Set la descubrió y corto el cuerpo de Osiris, en catorce pedazos, que esparció por Egipto. Isis ayudada por su hermana Neftis encuentra todos los trozos excepto el falo. Gracias a sus poderes mágicos y a la ayuda de Anubis, lo embalsamó, haciendo de Osiris la primera momia de Egipto. Convertida en pájaro, consiguió que Osiris la fecundara y de esta unión nació Horus. Este dios también forma parte del panteon egipcio. Se le representa mumiforme, cetro y látigo, corona blanca con plumas y cuernos. Dios muriente de la vegetación; gobierna el mundo de los muertos a quienes puede otorgar la vida eterna a su lado. PTAH Dios creador. Se decía que él creó todos los seres con el corazón y la lengua. Se le denominaba también "señor de la verdad" y era fuente de valores morales. Señor que los artesanos. El buey Apis era su portavoz. Se representaba en forma humana, cubierto con una envoltura semejante a la de las momias y de la que sólo le sobresalían las dos manos. RÁ Dios solar de Egipto. Rá es uno de los nombres del sol. Cuando desaparece hacía el oeste es Atón , el anciano encorvado esperando en el más alla por los muertos que se calientan con sus rayos. Cuando vuelve a la vida por la mañana en el este, lo hace en forma de escarabajo, Jepri. Durante el día ilumina la tierra en forma de halcón (Rá). SET Dios que personificó la tierra desértica, la sequía. Simboliza las fuerzas destructoras, su voz era el trueno. Como no fué totalmente vencido, amenazaba periódicamente el orden cósmico. Era el asesino de Osiris. Representado como un extraño galgo con orejas largas cortadas, un hocico hacia arriba y un rabo bífido largo. Hijo de Gueb y Nut. SOBEK Dios-cocodrilo. Es mencionado en el texto de las pirámides como hijo de Neit. Se le creía emergido de las aguas del caos en la creación del mundo. Era "señor de las aguas", temible por su voracidad. Eliminaba los enemigos que habitaban en los medios acuáticos. Es representado cocodrilo y como hombre con cabeza de cocodrilo. TOT El dios de la escritura, de las bibliotecas, de la lengua y el señor de las palabras divinas. Representaba las matemátcias, la astronomía y las ciencias en general. Era por ello símbolo de sabiduría y señor de los discursos convincentes, de la astucia y de la magia. Tenía dos formas de representación animal: el babuino y el ibis. Es poco frecuente la representacion de Tot con cuerpo humano y cabeza de babuino, pero por el contrario son numerosas con cuerpo humano y cabeza de ibis, casi siempre con material de escritorio. Tot era abogado y dios de las leyes; estuvo muy ligado a la diosa Maat como representante de la verdad y la justicia. Tot se servía de la astucia y la magia en los casos difíciles. Ocupaba una posición importante en el tribunal divino. AMÁN Nombre egipcio del normalmente denominado "devorador". Criatura compuesta, parte leona, parte hipopótamo, parte cocodrilo, suele representanda sentada. Figura en las pinturas del juicio ante Osiris del Libro de los Muertos y en los frescos de Deir el-Medina. Era conocida como "la que destruye los malvados" y se creía que su función consistía en devorar a aquellos que no podían superar el juicio. ANUKIT Diosa esposa de Cnum y tercera en la tríada de Elefantina. Su tocado divino consiste en una corona de plumas aunque a veces lleva únicamente la corona del Alto Egipto. Recibe el nombre de "Señora de Satis", siendo Satis el nombre la isla de Sehel. Probablemente sea de origen nubio. ATÓN Atón significa "el disco solar". Más tarde se consideró una manifestación de Rá. En los cinco primeros años del reinada de Akenatón, el dios Atón se representaba como un ser humano con cabeza halcón; después subsitió sólo como un disco solar y fue proclamado divinidad suprema. Akenatón decidió que el disco solar fuera el único que recibiera culto. Fundó una nueva capital, Aketatón, que significa "Horizonte de Atón". Muerto Akenatón el culto a Amón fue restablecido. GUEB La tierra personificada como dios. Era hijo de Shu, esposo de Nut, el cielo, y padre de Osiris, Set, Isis y Neftis. Su símbolo es el ganso y se le representa con forma humana y este ave sobre la cabeza. Recibe el nombre de "el gran cacareador" y algunos creyeron que había dejado el huevo del que salieron la tierra y todas las cosas. en textos de las últimas épocas "la espalda de Gueb" era un nombre común para referirse a la tierra. HEQET Diosa con cabeza de rana. Su papel es más bien vago, pero es evidente que estaba asociada a la idea de la resurección, y su su símbolo, la rana, pasó a la civilización romana, siendo a menudo encontrada en lámparas de terracota. JONSU Jonsu es un dios cuyas raíces se hunden en el inicio de la historia egipcia. Jonsu era la representación de la placenta real, como símbolo lunar. En algunos textos de las pirámides Jonsu aparece como un dios sanguinario que ayuda al faraón en la caza y muerte de algunas divinidades para que el soberano pueda alimentarse de ellas y obtener su poder. Depende del lugar de adoración cambia su representación gráfica. El aspecto momiforme lo tomaba del dios Ptah. Del dios Horus asumia a veces la cabeza de halcón, y el flagelo y el cayado, como símbolos propios del faraón. La coleta de la juventud hacía clara referencia a uno de sus aspectos como un Jonsu niño. En sus manos llevaba un cetro formado por el pilar Dyed, símbolo de Osiris. Sobre la cabeza llevaba un disco lunar, así como otro símbolo de la luna creciente. NEFERTEM Tercer dios en la tríada de Menfis, junto a Ptah y Sacmis aunque su lugar solía ser ocupado con frecuencia con Inhotep. Como dios de la naturaleza representa el calor del sol naciente. En el Libro de los Muertos parece consistir en garantizar la continuidad de la vida en el mundo venidero, pero no se le menciona muy frecuentemente. Aparece representado como un hombre con un loto que surge de su cabeza, flor de la que nació. NEIT Diosa guerrera y de la caza. Sus atributos eran el arco, las flechas y el escudo, en su función más antigua. Protege a Osiris, Rá y al faraón a quienes protege con su arco; sus flechas adormecen a los malos espíritus. Posee varias representaciones según la ciudad de culto. NEJBET Protegía al igual que Uadyet al faraón del doble país. En el texto de las pirámides se la denomina "Corona blanca". Diosa buitre que se convertía en animal simbólico del Alto Egipto. Era también una diosa solar. RENENUTET La diosa serpiente. En egipto las serpientes son divinidades protectoras y maléficas. Pero Renenutet, una divinidad con cabeza de serpientes, tiene carácter benéfico; es protectora del niño real y también diosa de la suerte. Esta vinculada a la fertilidad y a las cosechas. A ella se le dedicaba la primera gota de agua, vino, cerveza y el primer pan. SACMIS Se presesentaba a esta diosa como leona, o como mujer con cabeza de leona. Era hija del dios Rá; llevaba el disco solar y el úreo sobre la cabeza, y se le consideraba una manifestación del ojo de Rá. Simboliza la energía destructora del sol, las llamas con que aniquilaba a los enemigos; era la temible diosa de la guerra. Causaba espanto en este mundo y en el más allá, donde Set y la horrible serpiente Apofis sucumbían ante ella. Su nombre egipcio era Sejmet, que significa "la poderosa". Esta diosa atacó despiadadamente a los humanos, pero Rá quiso impedir que los aniquilara. Sacmis fue engañada al ofrecérsele 7.000 vasijas de cerveza mezclada con un tinte rojo. La diosa, creyendo que era sangre, bebió y se embriagó, y la raza humana logró sobrevivir. SATIS Una de las diosas de la tríada elefantina. Era la esposa de Cnum, quien con su otra esposa, Anukit, formaba la tríada. Existen referencias a ella muy pintorescas, como la arquera que dispara la corriente (es decir, la catarata) derecha y veloz como una flecha. Poco conocemos de ella pero en la isla de Sehel se han encontrado restos de un templo dedicado a las dos diosas. Aparece en algunos textos como hija de Rá y también como una variante de Isis. Se la representa con el tocado del buitre y con la corona del Alto Egipto con los cuernos de vaca. SELKIS Uno de los peligros del desierto eran los escorpiones. Contra la picadura de estos animales tenían la protección de Selkis, representada como mujer con un escorpión en la cabeza o con un cuerpo de escorpión. Protectora de uno de los vasos canopos, y del sarcófago del faraón, juntamente con Isis y Neftis. SESHAT Diosa asociada a los arquitectos, aconsejaba al monarca en la fundación de los templos. En la cabeza tiene una estrella de cinco puntas y lleva en las manos una caña de palmera. Como contable del tiempo, escribe los años de reinado del faraón en las hojas del árbol de persea. SHU Hijo de Rá y Hathor, aunque una leyenda posterior afirma que Rá dió lugar a Tefnut sin ayuda de ninguna diosa. Como dios de la naturaleza puede decirse que es una personificación de la atmósfera que divide al cielo (Nut) de la tierra (Gueb). Con frecuencia figura con los brazos en alto, sujetando a Nut estrellada, mientras Gueb yace debajo. Shu es representado como un hombre, con su símbolo, la pluma en lo alto de la cabeza. A menudo es asociado junto con Tefnut con dos leones. TEFNUT Hermana gemela de Shu e hija de Rá y Hathor. Como diosa de la naturaleza, probablemente representa el rocío. Filas, Menfis, Elefantina, Dendera, etc. fueron sedes de su culto, pero las funciones variaban. Se la representa con cabeza de león y el disco con el aureo encima. En los textos de las pirámides se creía que se llevaba la sed de los difuntos. TUERIS Diosa cuyo nombre significa "la grande", estaba muy vinculada al nacimiento. Se representaba como hipopótamo hembra, con cola de cocodrilo, patas de león y muy grandes pechos. Es diosa protectora de las embarazadas y su figura aparece en las camas y en los vasos para poner leche. UADYET Representada como cobra, era el símbolo la corona roja del Norte, y el ojo izquierdo del dios sol. Aparece como úreo en la frente de éste. Recibía el apelativo de "dama del cielo"; encarnaba el calor del sol.

Hermoso pero mortifero, el jaguar evoca las m‡s intensas emociones humanas. Fuerte y ágil, con un agudo sentido del olfato y afiladas garras, se convirtió en parangón de las virtudes masculinas, identificado con cazadores y guerreros y, por analog’a, con la guerra y el sacrificio. Asesino silencioso y furtivo, su habilidad para ver en la oscuridad lo asocian con la brujería y la magia, como alter ego de chamanes o espíritu familiar de sacerdotes y reyes. Tal vez fue su capacidad para cazar en tierra, sobre los árboles y en el agua lo que le valió el papel mítico de "señor de los animales" y de patrono espiritual de las fuerzas de la fertilidad. Otro rasgo igualmente importante, que los pueblos indios de México conocen bien, es que todos los animales son presa del jaguar sin que él lo sea de ninguno. Sólo los humanos matan al jaguar, lo que podría explicar la creencia, ampliamente difundida entre los indígenas americanos, en la igualdad espiritual de ambos. Partiendo de esa visión del mundo, cada hombre lleva en su interior un jaguar y cada jaguar podra ser a su vez un hombre disfrazado. Los felinos son excelentes depredadores pero, por supuesto, es la manera en que el hombre percibe sus cualidades animales la que determina cómo se le utilizan en el arte y la religión. En la época prehispánica, la unión simbólica de rasgos animales y humanos para crear criaturas híbridas y fantásticas estableció una manera de combinar cualidades físicas y atributos sobrenaturales para representar a poderosos dioses, espíritus, gobernantes divinos o semidivinos, osados guerreros y afortunados cazadores. La imaginería simbólica mediante la cual se representa a felinos y a otros animales emblemáticos no se limita a la mera representación artística; ésta refleja ideas y creencias fundamentales, se refiere a un concepto cultural de lo que se considera fuerte y valiente, peligroso y triunfante: es la representación por excelencia de fuerzas elementales que escapan del control del hombre. El jaguar entre los olmecas En México, el primer icono felino aparece entre los olmecas (1250-400 a.C.) en esculturas monumentales de piedra y en delicadas piezas de jade de sitios como San Lorenzo y El Azuzul, en Veracruz, y La Venta, en Tabasco. Excepto por el énfasis de San Lorenzo en representaciones naturalistas, la imaginería felina olmeca se distingue principalmente por una representación recurrente: la de una extraña criatura, parte felina y parte humana, con una característica boca de labios ca’dos que parece gruñir. La investigación etnográfica en sociedades indias contemporáneas de Mesoamérica y Sudamérica proporciona mitos y cuentos que nos permiten una interpretación mucho más exacta de lo que representaron estas criaturas olmecas. Estas "criaturas imposibles" han sido bautizadas como hombres-jaguar y, para algunos estudiosos, son seres sobrenaturales producto de la unión de los gobernantes olmecas y seres-jaguares míticos; otros ejemplos, que al parecer representan niños, han sido llamados "niños-lluvia". Algunas de las esculturas y estatuillas más pequeñas son consideradas como chamanes que se transforman en naguales felinos, captados a medio camino entre felino y hombre. También podr’a simplemente tratarse de chamanes o sacerdotes con m‡scaras de felinos o que asumen posturas felinas para llevar a cabo un ritual olvidado hace mucho tiempo. La relación simbólica entre los poderosos felinos y los gobernantes y dioses de la sociedad olmeca parece haber sido el inicio de una tradición muy persistente en México. Se trata de antiguas concepciones derivadas de las creencias chamánicas de las sociedades cazadoras-recolectoras, en las que humanos y animales pod’an compartir una misma esencia espiritual y cambiar la apariencia externa a voluntad. Puede parecernos, desde una perspectiva moderna, un mundo magico de transformaciones y brujería, pero para los pueblos antiguos era parte de su manera de ser y de actuar. En este tenor, lo que nos importa aquí es que fueron los olmecas los primeros en traducir esas ideas a imágenes de piedra, jade, cerámica, así como en pinturas en cuevas. El jaguar entre los mayas Entre los mayas del Clásico (250-800 d.C.) el jaguar fue un icono recurrente para simbolizar liderazgo, sacrificio y guerra. La colorida piel del felino fue utilizada como vestimenta emblemática de reyes-guerreros perteneciente a una dinastía y cubría los tronos que en ocasiones tenían la propia forma del animal, como se puede ver en Palenque, Chiapas, y Uxmal y Chichén Itzá, Yucatán. El rasgo distintivo de la indumentaria guerrera en los murales de Bonampak son los atuendos y accesorios de jaguar, o tal vez de ocelote. En las Tierras Bajas mayas del Clásico, el simbolismo del jaguar aparece constantemente asociado a inscripciones jeroglíficas que se refieren a guerra, cautivos y sacrificios humanos. Estas asociaciones fueron profundas y persistentes. Se sabe que en tiempos posteriores, durante el Posclásico, la expresión "extender una piel de tigre" era sinónimo de guerra, y en la Colonia el "petate de jaguar" aún era el asiento de las autoridad en los consejos mayas. El prestigio que los gobernantes mayas del Clásico concedían al jaguar puede constatarse en los títulos reales, que siempre incluyen un jaguar. Excavaciones arqueológicas en Uaxactún y Kaminaljuyú, Guatemala, y en Altun Ha, Belice, muestran que los reyes mayas eran enterrados con pieles, garras y colmillos de jaguar. En Copán, Honduras, fueron sacrificados 15 jaguares por el rey Yax Pac, uno por cada uno de sus ancestros, en un acto que parece indicar una identificación espiritual entre la realeza y el gran felino. Hoy en día, entre los mayas de Chamula, Chiapas, se considera que los líderes políticos y los curanderos tienen como animal compañero al jaguar, mientras que los individuos de menor rango tienen ocelotes, conejos o tlacuaches. La identificación del jaguar con la clase social alta también se puede constatar a través del lenguaje y la literatura mayas. En el Popol Vuh de los maya quiché el término balam se refiere tanto al jaguar como a su fuerza y ferocidad, y sus garras son usadas como signo de liderazgo. En Chichén Itzá, Yucatán, durante el Posclásico, aparecen grandes felinos manchados comiendo lo que al parecer son corazones humanos, lo cual podría ser una representación metafórica de sacrificios humanos que llevaban a cabo los miembros de una sociedad guerrera del jaguar. Cada una de las civilizaciones mesoamericanas desarrolló su propio concepto sobre lo que el jaguar o el puma significaban, y representó con un estilo propio a los felinos mismos o a criaturas míticas con rasgos felinos. Algunos murales de la gran ciudad de Teotihuacan muestran jaguares cubiertos de plumas verdes que soplan caracoles marinos, los que, de nueva cuenta, son representaciones de guerreros. En la Calzada de los Muertos se conserva un mural que representa a un puma, y en el Palacio de Zacuala se ve un "guerrero jaguar" pintado en bellos colores que lleva un escudo y un tocado con un jaguar rugiente. En 1988 se encontraron restos de dos grandes felinos, tal vez pumas, bajo la Pirámide de la Luna, que fueron enterrados vivos en jaulas de madera como acompañantes de una víctima del sacrificio. Una de las más enigmáticas imágenes del felino de Teotihuacan es la del llamado jaguar reticulado, que lleva el cuerpo cubierto de diseños entrelazados. El jaguar entre los aztecas Gracias a sus códices y a las excavaciones del Templo Mayor, la azteca es la cultura que nos brinda más información sobre el simbolismo felino en el México antiguo. En náhuatl, la lengua de los aztecas, el jaguar se llamó océlotl -razón por la cual se le confunde frecuentemente con el ocelote, un felino distinto y de menor tamaño. Para ellos el jaguar era la criatura más valiente y el orgulloso "señor de los animales", tal como se consigna en el Códice Florentino recopilado por el fraile español Bernardino de Sahagún. La vinculación entre el animal y la guerra nos dan claves sobre la idea que los aztecas tuvieron de él y de su simbolismo. Los términos que llevan la raíz océlotl se utilizaban para describir a los guerreros valientes. Ocelopétlatl y ocelóyotl eran considerados términos adecuados para referirse a guerreros particularmente valientes, como los que formaban la elitista sociedad de guerreros del jaguar. La mitología, la religión y la astrología aztecas nos ilustran aœn más. Para los aztecas, los nacidos bajo el signo calendárico océlotl compart’an con el jaguar su naturaleza agresiva y llegarían a ser osados guerreros. Al igual que los mayas y los olmecas, los aztecas tenían su propia idea acerca de lo que representaban los felinos en especial el jaguar-, es decir, poseían un concepto particular sobre "la cualidad del jaguar". Los gobernantes aztecas también usaron la imaginería del jaguar. Este animal era el señor de los animales, de la misma manera que el emperador gobernaba sobre los hombres. Los emperadores aztecas usaban atuendos de jaguar en la guerra y en la corte se sentaban en tronos cubiertos con sus pieles. Tezcatlipoca, dios supremo entre los aztecas, fue el patrono de la realeza y el inventor de los sacrificios humanos. Su nombre significa "señor del espejo humeante", y esgrim’a su espejo mágico de obsidiana para escudriñar en el corazón de los hombres, explorando la oscuridad cósmica con los ojos omnipotentes de su nagual, el gran jaguar Tepeyollotli. Para ilustrar la importancia que tuvieron los felinos en la ideología azteca, basta saber que entre los restos excavados en el Templo Mayor hay esqueletos completos de esos animales, enterrados como ofrenda, con bolas de piedra verde entre las fauces. El Templo Mayor fue considerado en la mitología como la "montaña del agua cósmica"; las piedras verdes son signo de agua y de cosa preciada y los jaguares fueron asociados con la fertilidad. Tezcatlipoca-Tepeyollotli representa la concepción más compleja sobre el jaguar de todo el México prehispánico. Supervivencia del jaguar Estas creencias asociadas a los jaguares y demás felinos no desaparecieron con la llegada de los españoles en 1519. Ya que los símbolos felinos eran parte de la cosmovisión indígena, fueron adaptados a la religión católica y a las nuevas condiciones económicas y políticas implantadas por los conquistadores. Lo que sí cambio fueron sus nombres: los españoles llamaron tigres a los jaguares y leones a los pumas y con ellos se les conoce hasta la fecha aún en los lugares más recónditos de México. La ambiguedad espiritual del jaguar, que representa el bien y el mal, la fertilidad y la muerte persistió durante la época colonial. En el siglo XVI, los brujos conocidos como nahualli fueron acusados por los españoles de adorar al diablo, de asesinato, de insurrección y de convertirse en jaguares. Es interesante que el nahualli más famoso se llamara Martín Océlotl, quien adoptó como propio el nombre náhuatl del gran felino. Fue denunciado en 1536 ante la Inquisición y acusado de idolatría, de predecir las lluvias y de transformarse en jaguar. En otros lugares el jaguar se convirtió en defensor de Cristo y para mostrar su función como protector usa su piel pinta durante la Pasión. El jaguar ocupa el lugar que antes tenía el león a los pies de San Jerónimo. Muchas fiestas tradicionales con jaguares subsisten hasta nuestros días aunque algunas, como la "cacería del tigre", han desaparecido; una de las razones de su persistencia es que las máscaras y trajes de jaguar son populares artesanías compradas por turistas. Hay muchas comunidades rurales en México en las que aœn se celebran fiestas que tienen elementos simbólicos asociados a los felinos y en especial al jaguar. Los tlacololeros y la Danza de los tecuanis son dos de sus manifestaciones m‡s conocidas. En pueblos como Totoltepec, Guerrero, los danzantes usan máscaras de jaguar y trajes amarillos con manchas y mezclan creencias católicas con ideas prehispánicas para proteger la siembra y su ganado de los depredadores. En otras partes como Acatlán y Zitlala, Guerrero, se han conservado vestigios de antiguos rituales sangrientos en fiestas en las que jóvenes vestidos de jaguares luchan hasta sangrar como ofrenda al dios jaguar, quien envía lluvia que fertiliza al maíz. Desde tiempos prehisp‡nicos y hasta la actualidad, en el México indígena las ideas sobre los felinos y los rituales con simbolismos asociados a ellos no se ocupan de la adoración de los animales mismos. Los símbolos felinos forman parte de una filosofía moral y natural, de una manera de ver y entender el mundo. Todas las civilizaciones mexicanas representaron a los jaguares y los pumas de acuerdo con sus estilos y segœn la visión que tenían de los animales en sus propias culturas. México forma parte de un área cultural mayor, llamada Mesoamérica, en la cual se comparten muchas ideas y creencias acerca de los jaguares, los animales y los espíritus compañeros. Los jaguares y los pumas siguen siendo hoy en día tan misteriosos como lo fueron siempre. Estos poderosos y fascinantes símbolos naturales y culturales han cambiado con el tiempo, transformándose en otra cosa, a la manera de los chamanes. En estos tiempos, el jaguar está en peligro de extinción, pues se le caza por su piel, y necesita ser protegido. De no tomarse medidas pertinentes, el portentoso señor de los animales mexicanos sólo podrá sobrevivir en nuestra memoria o en nuestra imaginación

Para comenzar con lo más importante: no hay ninguna profecía sobre el fin del mundo en el año 2012 en los códices mayas. En ningún lugar de los tres códices mayas los epigrafistas han encontrado señales de profecías apocalípticas relacionadas con una fecha concreta. Cualquiera que revise los códices mayas en la búsqueda de evidencia para las profecías apocalípticas, como sugieren los seguidores del ámbito esotérico, se desilusionará. Los sacerdotes mayas leían en los códices los días y sus correspondientes dioses patronos para saber que depararía el destino a los consultantes. En la parte superior de la imagen, que es parte de un almanaque del tzolk’in o calendario ritual, está el día 4 ajaw y también se ven dos imágenes de mujeres tejiendo; día e imágenes están relacionados con pronósticos para las tejedoras y la abundancia de comida y bebida. Códice Madrid, p. 102c. Sin embargo, los autores de los códices estaban preocupados, sin lugar a dudas, por un eventual fin del mundo. Como muchos otros pueblos mesoamericanos, los mayas del Posclásico también concebían múltiples creaciones y destrucciones del universo, y según su cosmovisión el universo actual tampoco iba a existir para siempre. Una visión concreta del fin del mundo se presenta en la página 74 del Códice de Dresde, donde se observa a la anciana diosa Chak Chel regando agua de un cántaro. Arriba de ella está el cocodrilo celeste de cuyas fauces abiertas salen torrentes de agua. En el fondo de la escena está el dios negro, señor del inframundo. En la mitología maya prehispánica, ambos dioses ancianos tienen que ver tanto con la creación del mundo actual como con su destrucción. En las aguas del cántaro aparece la fecha 5 eb’ del calendario tzolk’in, tal vez una referencia a la fecha en que los mayas esperaban la gran inundación. Nuestra afirmación inicial de que la fecha 2012 en los códices no desempeña ningún papel no debe llevarnos a asumir que el asunto de las profecías sea irrelevante en los códices mayas en general. Casi todas las secciones de los tres códices mayas se dedican a la previsión del futuro. Los códices mayas tienen mucho en común con los oráculos del Antiguo Oriente o de los griegos, en los que la profecía no se distinguía de la adivinación. En la antigüedad, los adivinos que transmitían los mensajes de los oráculos en muchos casos se encontraban en la corte real o en el lugar del culto, como en el más conocido de todos, el de Delphi. Los oráculos respondían a las preguntas y preocupaciones de los seres humanos. En la Roma antigua, la predicción del futuro con base en señales divinas, como el vuelo de un ave o la lectura de los intestinos de animales sacrificados hecha por adivinos especializados, era parte del culto del Estado. La adivinación se distingue de la profecía religiosa en la aplicación de recursos e instrumentos específicos, que permiten atisbar el futuro. Los mensajes proféticos, sin embargo, se dan mediante revelaciones a individuos elegidos por inspiración divina. Tanto en la adivinación como en la profecía se muestra el deseo de obtener poder sobre el tiempo, la historia y, finalmente, también sobre los seres humanos y los secretos de los poderes sobrenaturales. En las civilizaciones antiguas del Medio Oriente, y también entre los mayas, los conocimientos sobre el futuro se atribuían exclusivamente a los seres divinos. Se pensaba que los dioses enviaban señales, cuya interpretación permitía al ser humano vislumbrar el futuro. Esta idea se basa en la creencia de la existencia de correspondencias entre el macrocosmos y el microcosmos, así como entre la esfera divina y el mundo humano. Los especialistas en las disciplinas adivinatorias registraron conexiones entre los eventos, los valoraron y acumularon así conocimientos cada vez más complejos. ¿FIN DEL MUNDO? El 21 de diciembre de 2012 el sistema calendárico maya conocido como cuenta larga retornará al cero, para reiniciar su ciclo de 1 872 000 días (5 125.36 años). Al acercarse la fecha, proliferan en los medios, la prensa, internet y hasta en películas las profecías asociadas al fin del mayor ciclo temporal de los mayas. Un profeta anuncia: “hay un agujero negro en el centro de nuestra galaxia”; atrae energía, materia y tiempo, al abrirse por primera vez en 26 000 años romperá el equilibrio del sistema solar debido a una singular alineación del Sol con el plano de la Vía Láctea. En 2012, las colosales erupciones de la superficie solar alcanzarán su punto máximo, lanzando hacia la Tierra una cantidad extraordinaria de partículas. Se modificará el eje magnético de nuestro planeta y las consecuencias serán nefastas; la inusitada cantidad de desastres naturales que hemos atestiguado últimamente están relacionados con tales circunstancias. Los profetas que anuncian lo que ocurrirá en 2012 afirman que los mayas predijeron el cataclismo hace siglos. No todos son tan pesimistas, algunos visionarios opinan que nos espera un despertar radiante, previsto cósmicamente, y que una nueva y clara conciencia colectiva nos permitirá resolver los problemas más apremiantes del planeta. Otro sabio apunta: el solsticio de invierno “se mueve lentamente hacia el corazón de la galaxia”; el 21 de diciembre de 2012 se transformará el mundo al atravesar el Sol la “gran grieta”, fragmento de la Vía Láctea que los mayas consideraban “la matriz de la creación”. Será entonces cuando nos “conectaremos nuevamente con nuestro corazón cósmico”, escribe un tercero. Alegan que todo lo anterior está vinculado con cálculos astronómicos mayas. Se supone que monumentos como la Estela 25 de Izapa, Chiapas, sitio periférico maya del Preclásico (400 a.C. aproximadamente), son mapas celestes de la alineación galáctica presenciada por los antiguos mayas, y que fueron erigidos para conmemorar el siguiente ciclo de la creación, previsto por los astrónomos mayas con dos mil años de anticipación. Esta interpretación supone que la Vía Láctea fue considerada por los mayas un árbol cósmico, semejante al que vemos en la Estela 25. El antiguo futuro del k’atun Uno de los ciclos calendáricos más importantes para los mayas fue el de los k’atunes, término que se registra en los textos coloniales de Yucatán. Cada k’atun consta de 20 años de 360 días, lo que suma un total de 19.71 años solares. Durante el periodo Clásico (250-900 d.C.) dicho lapso recibía el nombre de winikhaab’, término que significa “veinte años”. Los mayas solían celebrar la terminación de esos ciclos mediante complejos ritos que incluían la erección de estelas y otros monumentos, mismos que eran amarrados con sogas para ponerlos de pie. Esos actos recibían el nombre de k’altuun, “atadura de piedra”, término del cual, según David S. Stuart, derivó el sustantivo yucateco k’atun (o más correctamente, k’atuun). Cada k’atun recibía el nombre del día del calendario de 260 días con el que terminaba, que siempre era una fecha ajaw, aunque por razones aritméticas su coeficiente numérico iba retrocediendo de dos en dos. Así, por ejemplo, el k’atun 8 ajaw (672-692 d.C.) fue seguido por el 6 ajaw (692-711 d.C.) y éste a su vez por el 4 ajaw (711-731 d.C.), etc. Desde mediados del Clásico Temprano (250-600 d.C.) los mayas ya solían usar ese sistema de fechamiento en sitios como Caracol, Naranjo, Río Azul, Tikal y Toniná, pero solamente comenzó a sustituir a la cuenta larga en el noroeste de la península de Yucatán a partir de 633 d.C. Dicha forma de fechamiento constaba de 13 k’atunes (7 200 días x 13), que en conjunto sumaban un periodo de aproximadamente 256 años solares. Hoy conocemos ese sistema como la cuenta corta o rueda de k’atunes, misma que también implicaba la fragmentación del espacio geográfico en 13 segmentos, ya que se creía que cada k’atun ocupaba un lugar en el territorio. El testimonio más temprano de semejante unión entre tiempo y espacio se encuentra posiblemente en el monumento circular número 3 de Altar de los Reyes, que registra la existencia de 13 señoríos o tronos, en los que los mayas del año 800 d.C. creían que se dividía su geografía regional. Semejante concepción tuvieron los mayas yucatecos del Posclásico, pues diversas esculturas de tortugas con 13 jeroglíficos ajaw grabados en el caparazón han sido encontradas en Mayapán, Santa Rita Corozal y Tulum. El caparazón discoidal de los quelonios simbolizaba para los mayas la superficie de la tierra que flota sobre las aguas del océano, concepto que se encuentra implícito en el sustantivo peten, “comarca, isla, provincia” o “región”, palabra que deriva del adjetivo pet, “circular” o “redondo”. PARA SABER MAS

La práctica del adorno corporal y las características últimas que éste adopta a lo largo del tiempo y entre distintas culturas son producto de un entramado simbólico que atribuye significados al cuerpo mismo –en conjunto y a cada una de sus partes– y a los elementos con que se le viste y adorna. La función primaria del adorno del cuerpo es establecer una suerte de identidad social, pues quien lleva un cierto tipo de prendas u ostenta alguna modificación intencional de su apariencia lo hace a partir de pautas culturales compartidas con los miembros de su grupo. La práctica de adornar el cuerpo puede adquirir distintos significados en distintos niveles y lo que para un grupo tiene un sentido para otro aún cercano culturalmente puede adquirir otro. En nuestros tiempos, la pintura en ojos y boca es una práctica esencialmente asociada a las mujeres, quienes no sólo realzan su belleza de acuerdo al canon sino que se hacen parte de un grupo determinado, el del género femenino. Hoy día existen hombres, en especial jóvenes, que usan de pintarse ojos y boca, no con la idea de ser vistos como mujeres sino para identificarse como miembros de un grupo específico dentro del conjunto social, uno que comparte visiones específicas sobre distintos aspectos como la música, la moda, etc. Que la manera de adornar el cuerpo implicaba la pertenencia o no a un grupo determinado, es decir que funcionaba como seña de identidad, se ejemplifica en Gonzalo Guerrero, aquel naúfrago español que tras convivir con los mayas de la bahía de Chetumal, Quintana Roo, se integró plenamente a ellos y rechazó el ofrecimiento de sus compatriotas de rescatarlo. Además de su negativa a unirse a los españoles, lo que más llamó la atención de éstos fue que se había “labrado” cara y cuerpo y portaba orejeras y narigueras. Esto no sólo muestra que se identificaba con los mayas, sino que éstos lo reconocían como noble, pues esta era una práctica reservada a la elite. En las crónicas de la época son frecuentes las menciones a las prácticas de adorno corporal que existían entre los habitantes de la región; de hecho se trataba de una costumbre que se encontraba no sólo entre los pueblos mesoamericanos sino entre las sociedades nómadas del norte del país, aunque cabe aclarar que con modalidades distintas. El adorno corporal en el México prehispánico incluía variantes que podían ser temporales o permanentes. Entre las primeras están la pintura corporal, el vestido y la joyería sobrepuesta (como anillos, collares o diademas), y entre las segundas, la escarificación, el tatuaje, la joyería que implicaba horadar la piel (orejeras, bezotes o narigueras), la deformación del cráneo y el limado y la incrustación dentarios. En esta edición de Arqueología Mexicana incluimos sólo aquellas prácticas que tenían la piel como soporte principal –en algún grado–, ya sea porque se le cubría con pigmentos o porque de plano se le hendía u horadaba. El adorno corporal permanente o temporal poseía dos sentidos básicos: señalar una identidad social y sumar una cualidad determinada al cuerpo en ocasiones señaladas. Pintura corporal En la fiesta de la veintena de tlacaxipehualiztli, los individuos con el cuerpo pintado con rayas blancas y rojas y el rostro negro representaban a los mimixcoa. A diferencia de otras prácticas para el adorno utilizadas en la época prehispánica, la de la pintura corporal se distingue por su carácter efímero y porque no estaba restringida a la elite, si bien su uso en ocasiones públicas estaba regido por normas claramente establecidas. Era además una práctica que en cierto sentido escapaba al uso meramente ritual o de identificación social –que tenían en esencia las otras clases de adorno del cuerpo–, pues también se utilizaba cotidianamente. Pintura facial Mujer con el rostro adornado con motivos en forma de cruz, alusivos a los rumbos del universo. En esencia, la pintura facial presenta las mismas características que la corporal en cuanto a su carácter efímero y a que los colores y diseños utilizados tenían significados específicos y debían utilizarse en ocasiones determinadas y por ciertos personajes. En este sentido, la división entre pintura coporal y facial que se presenta en esta edición especial de Arqueología Mexicana es más que nada ilustrativa, aunque hay algunos puntos en relación con el uso de pintura en el rostro que vale la pena señalar. Sellos Recreación de Diego Rivera del proceso de elaboración de tintes y del uso de sellos y pintaderas para adornar el cuerpo. Un elemento frecuente en los contextos arqueológicos mesoamericanos de prácticamente todos los periodos lo constituyen objetos de barro –aunque se han encontrado unos cuantos ejemplares en piedra– planos o cilíndricos que llevan incisas figuras de diversa índole. Se trata de los llamados sellos (objetos en los que la cara grabada es plana) y pintaderas (aquellos redondos en los que el grabado cubre toda la circuferencia). Generalmente se ha asumido que eran utilizados para estampar los motivos que llevan grabados, y de hecho algunos ejemplares conservaban restos de pigmentos, usualmente negro, blanco, rojo o amarillo. Tatuajes Un artista del Clásico maya que elabora un códice, lleva tatuados o pintados glifos en el brazo y la pierna. El plato en que se encuentra esta escena procede de la región de Nakbé, Guatemala. El tatuaje, la técnica por la cual se pinta la piel de manera permanente, es una práctica extendida por el mundo, incluido el México prehispánico. Aunque resulta muy complicado discernir cual de la decoración que se observa en las representaciones de personajes en códices, cerámica y piedra corresponde a pintura corporal o a tatuajes, no existe duda de que esta última era una de las prácticas utilizadas en la época prehispánica para el adorno del cuerpo. Escarificación Detalle de la escultura conocida como “la Reina”. Procede de la ciudad maya de Uxmal, Yucatán. En realidad representa a un personaje relacionado con el maíz; las escarificaciones que lleva en la mejilla semejan los granos de esa planta. La escarificación es producto de un proceso simple, menos laborioso que el del tatuaje, pero sin duda bastante doloroso. En la época prehispánica para lograrla se hacían heridas o incisiones en la piel, siguiendo un diseño predeterminado, en las que se introducía tierra, carbón o piedras pequeñas, de tal modo que la cicatriz resultante tuviera volumen y en conjunto formara un diseño claramente distinguible. Orejeras Representación de un joven maya con orejeras discoidales; usualmente este tipo de orejeras se elaboraban en jadeíta. El portar orejeras es uno de los rasgos distintivos de las elites del área mesoamericana. Se trata de una práctica que se remonta al Preclásico Temprano y llega hasta el momento de la conquista. Para poder llevar orejeras era necesario perforar el lóbulo de la oreja, tal como sucede con la preparación actual para portar aretes, aunque debido a las dimensiones bastante mayores que alcanzaban esos ornamentos en la época prehispánica el ensanchamiento del orificio debió ser progresivo. Bezotes El uso de bezotes era uno de los elementos básicos en el adorno de los gobernantes. En este retarto del tlatoani mexica Moctezuma Xocoyotzin se observa que lleva uno de oro. Para las sociedades prehispánicas llevar bezote era una señal de dignidad, una manera de hacer patente que se habían conseguido los méritos suficientes para portarlo. No es de extrañar que fuera uno de los ornamentos distintivos de los gobernantes, quienes incluso los usaban con características adecuadas a distintas ocasiones. Ejemplo de ello son los bezotes de oro con forma de cabeza de águila que llevaban como parte de su atuendo como guerreros; varios de los mejores ejemplos conocidos de bezotes muestran esta forma. En el retrato de Nezahualcóyotl vestido para la guerra que aparece en el Códice Ixtlixóchitl, el famoso gobernante texcocano luce uno de ellos. Narigueras Portar nariguera tenía un significado especial; la acción de perforar la aleta nasal constituía un rito (yacaxapotlaliztli) que implicaba que quien la recibía adquiría un estatus determinado. En esta imagen de un códice mixteco se muestra la consagración como gobernante de 8 Venado, Garra de Jaguar. Como algunas otras prácticas mesoamericanas relacionadas con la modificación del cuerpo humano con el fin de conferirle un significado específico, la del uso de narigueras es una reservada a la elite. De hecho, por lo menos desde el Clásico en adelante, la perforación en la nariz necesaria para colocarla se efectuaba en el marco de una ceremonia que tenía como fin investir a un soberano, el que en esa ocasión recibía insignias que en adelante simbolizarían su condición de gobernante, entre ellas la nariguera. PARA SABER MAS

Este tipo de generador de ruido singular se ha asociado a la muerte y con rituales del inframundo, porque normalmente tiene un rostro de calavera como decoración que cubre el frente de su cámara de caos y ruido. También se ha llamado silbato de aire, aerófono de doble diafragma, flauta de muelle de aire, etc., pero su designación y usos originales se perdieron y se olvidaron como resultado de la invasión, las matanzas y las masacres de hace cinco siglos, así como por las colonizaciones y otras influencias culturales posteriores Es conveniente señalar que el aire y el viento eran muy importantes en las culturas mexicanas, ya que los atribuían a uno de los dioses más antiguos e importantes, asociado también a la vida, el cielo y la creación: Ehécatl-Quetzacóatl. Existen representaciones iconográficas que muestran al dios del viento usando sahumadores y se sabe que existen algunos que tienen "silbatos de aire" en el extremo del mango, dentro de la boca de una serpiente. Producen sonidos como el del aire o los vientos del inframundo como el Tlemaitl rugidor El primer investigador que empezó a estudiar con seriedad estos aerófonos fue el Ing. José Luis Franco en 1971 . En el apartado de la familia que designó como aerófonos de doble diafragma o de fuelle de aire incluyó un dibujó del silbato de aire. Comentó que pueden pertenecer cuando menos al siglo octavo a.C. en un contexto Olmeca. Posteriormente otros investigadores publicaron dibujos y textos de los aerófonos como Samuel Martí en 1962, Pablo Castellanos en 1970 y Guillermo Contreras en 1988. Susan Rawcliffe ( en 1992 analizó varios aerófonos de esta familia. Este "silbato de aire" es el miembro de la familia de aerófonos que producen ruido más conocido aun en la actualidad por algunos músicos que tocan artefactos sonoros de tipo prehispánico y por algunos artesanos que aun los hacen y venden. Los mejores que se han podido escuchar y examinar son de los hermanos Cortes de Texcoco Se sabe que hay varios silbatos antiguos de esta subfamilia en bodegas de museos nacionales y del exterior. Desafortunadamente, no se conocen estudios acústicos de ningún silbato de aire antiguo, ni se sabe su funcionamiento y sus usos exactos originales. De la mayoría de ellos, el público no conocen ni sus fotos. Réplicas artesanales y modelos experimentales. Mientras subsista la falta de interés y oposición de los administradores y curadores de los museos para analizar a fondo la función substantiva de los aerófonos antiguos bajo su resguardo, una opción para su estudio es el uso de modelos experimentales. Experimentalmente, se ha visto que el cuerpo de estos diseños se adapta a una infinidad de formas zoomorfas, antropomorfas y de otros seres del inframundo, de la mitología antigua o de la imaginación. Se han encontrado varios procedimientos para su construcción en barro. El barro es el mejor material para su construcción. Es muy difícil hacerlos en una pieza de material sólido.

El fenómeno religioso, expresión universal tan antigua como el hombre mismo, está presente tanto en sociedades de cazadores-recolectores como en grupos de agricultores y pastores. No obstante, es en las sociedades estatales donde adquiere mayor relevancia en el control del universo y como sostén de la estructura sociopolítica. Sus dioses, de alguna manera, reflejan la estratificación social existente entre los hombres que los crean. Como muchos pueblos del mundo, el maya necesitó y construyó un cuerpo de creencias religiosas para explicar el origen y la estructura del cosmos, así como para justificar el papel que la humanidad juega en el mantenimiento del orden en esa realidad. Ante la imposibilidad de explicar las causas que producen los más diversos fenómenos naturales crearon un mundo imaginario formado por seres sobrenaturales. A ellos se les otorgó el don de crear todo cuanto existe, las expresiones materiales y las espirituales. Algunos son polivalentes (poseen aspectos positivos y negativos), multifacéticos (tienen varias advocaciones y se representan de diversas maneras) y poseen el don de la ubicuidad y la omnipresencia (ocupan todos los rumbos y niveles del cosmos). Si bien varios documentos coloniales registran nombres y características de numerosos dioses mayas, fue Paul Schellhas quien, a principios del siglo XX, identificó las primeras imágenes de ellos en los códices del Posclásico. Utilizó 15 letras mayúsculas para nombrar cada uno, de la A a la P, nomenclatura que aunque modificada, aún se utiliza para identificar las imágenes de los principales dioses. Trabajos posteriores han permitido reconocer la existencia, naturaleza y nombre de algunos de ellos en las imágenes del periodo Clásico, y aun en las del Preclásico. Un resumen del actual conocimiento de los dioses mayas, producto de numerosas investigaciones que sería imposible enumerar en tan breve ensayo, es el que se presenta en este glosario mínimo. Se trata de 13 dioses principales, no por ser los únicos, sino por el carácter simbólico que este número poseía para la religión maya y por las limitaciones de espacio del presente ensayo. Itzamnaaj. El dios creador (dios D) Diversas fuentes señalan que Itzamnaaj era el dios supremo del panteón maya, aunque conocido con otros nombres. Se creía que era creador de todo cuanto existe e imagen misma del cosmos, como lo expresa su nombre, alusivo a un mundo formado por grandes reptiles bicéfalos, uno en cada rumbo del universo. Por sus cualidades de dios creador se le personificó como un anciano. Su residencia era celestial, y desde ahí dictaba los designios del cosmos, sentado sobre una banda astronómica, símbolo de planetas y otros cuerpos celestes que en las representaciones zoomorfas puede formar parte de su cuerpo. Debido a su omnipresencia también se le representó de otras maneras y recibió varios nombres, según sus múltiples advocaciones. Como ave (Itzam Ye) simbolizaba el nivel celeste, y como cocodrilo (Itzam Kab Ayin), el plano terrestre; su imagen igualmente puede mostrar atributos de venado, serpiente, pez y jaguar, por lo que además se le asociaba con el agua, el rocío, el fuego, el hálito de vida y la muerte. En la escritura jeroglífica, el nombre de Itzamnaaj está formado por un prefijo, en forma de escudo o espejo, y el rostro mismo de la deidad. Ambos, o sólo el prefijo, fueron utilizados en los textos para identificar sus imágenes o como parte del nombre de algunos gobernantes K’inich Ajaw. La deidad solar (dios G) Generador del tiempo, la luz, el calor y los cuatro rumbos del universo, el Sol, llamado K’inich Ajaw (Señor de Ojo Solar), era tan importante como el dios creador, pues se concebía como una de las manifestaciones de Itzamnaaj. El símbolo más frecuente para nombrarlo fue la flor cuadripétala del glifo k’in (Sol, día, tiempo y fiesta), que hace alusión a los cuatro rumbos del cosmos, razón por lo que la cabeza de la deidad solar se utilizaba para representar el número 4 (chan o k’an). Sus imágenes antropomorfas, como símbolo distintivo, frecuentemente muestran esta flor cuadripétala en el rostro o en el cuerpo. Porta orejas de jaguar, barba como metáfora de los rayos solares, dientes superiores limados en forma de T o de diente de tiburón, nariz roma, una vírgula enrollada en forma de 8 en el entrecejo y grandes ojos cuadrados que muestran un fuerte estrabismo. Los gobernantes del periodo Clásico ostentaron, como parte de su nombre, el título de K’inich (Ojo o Rostro del Sol), distintivo que explica la costumbre de causar intencionalmente el estrabismo entre algunos niños, quizá los destinados al gobierno y al sacerdocio. Por la tarde desciende al inframundo transformado en jaguar, señor del mundo subterráneo y Sol nocturno, como aparece en su versión del dios GIII en el Templo del Sol de Palenque, donde se registra que fue el segundo en nacer. En los textos jeroglíficos es frecuente encontrar un mono, patrono de las fiestas y las artes, sustituyendo al Sol. K’awiil. Deidad de los linajes divinos (dios K; dios GII) Cetros, bastones, barras bicéfalas, tocados y otros accesorios utilizados por los gobernantes del Clásico muestran reiteradamente imágenes de K’awiil (Abundante Cosecha), como insignias del poder divino a ellos conferido. Es posible que el llamado dios Bufón, personificación del poder, sea una de sus manifestaciones. Esta deidad de cuerpo humano y una pierna en forma de serpiente, posee la cabeza de un ser sobrenatural con vírgula en el ojo, una larga trompa de reptil provista de molares y un largo colmillo. En la frente porta un espejo (en ocasiones éste puede sustituir todo el rostro), en el cual está inserto un elemento en forma de hacha, antorcha o cigarro del que brotan volutas que representan las hojas del maíz, fuego o humo. Asociado con la nobleza, el relámpago, las semillas, las ofrendas de sangre, la fertilidad y la germinación, era guardián de la vida y regente de los cuatro cuadrantes del cosmos. De los tres dioses creados, según los textos del Templo de la Cruz Foliada de Palenque, K’awiil (GII) fue el último en nacer. En el Posclásico los yucatecos lo denominaban B’olon Tz’akab (Nueve Generaciones, Cosa Perpetua o Eterno) y quizá sea el Tohil (Tormenta) o Huracán (Rayo de una Pierna) de las tierras altas de Guatemala. Igual que Itzamnaaj, del cual es una manifestación más, era una deidad que reunía atributos terrestres y celestiales. El glifo de K’awil fue utilizado en el nombre de varios gobernantes. Nal. El dios del maíz (dios E) Los mitos documentan la importancia del maíz al señalar que con su masa se creó la humanidad maya, lo que explica la existencia de una deidad vinculada con el maíz. Su característica es la de ser un hombre joven con una acentuada deformación craneal y sin ningún rasgo animal; es la imagen misma de los humanos. Como personificación del grano sembrado realiza varios ritos en el inframundo. Viaja en una canoa conducida por los dioses remeros, es ataviado por mujeres jóvenes y desnudas, y finalmente germina de la caparazón de una tortuga, símbolo de la tierra. En este último acto se presenta flanqueado por dos dioses (Hun Ajaw y Yax B’alam), quienes se cree son la versión de los héroes gemelos (Hunajpu e Xb’alan-ke) del Popol Vuh, hijos de Hun Junajpu. La cabeza del dios puede sustituir a las mazorcas y sus largos cabellos se equiparan con los del elote. En las inscripciones se le utilizó para señalar el número 8 (waxak), por lo que puede considerarse patrono de esta cifra. Igualmente debió ser el dios tutelar del día k’an, cuarto del calendario ritual, que representa un grano de maíz. En los códices este glifo aparece en el tocado de la deidad, y de él germina la planta. A pesar de que contamos con numerosas representaciones, su nombre no es del todo conocido. El jeroglífico que acompaña a sus imágenes en los códices se ha leído como nal (maíz). Yum Kimil. El señor de la muerte (dios A) El mundo subterráneo (metnal en yucateco, olontic en tzotzil o xibalbá en quiché) era residencia de varias deidades vinculadas con la muerte, la fecundidad y la germinación. El dios principal de este reino posee nombres que señalan su naturaleza cadavérica: Ah Puch (El Descarnado), Kisin (El Flatulento), Yum Kimil (Señor de la Muerte) o Kimi (Muerte). También puede poseer nombres calendáricos: Hun Ajaw (Uno Señor), Hun Came (Uno Muerte) y Vucub Came (Siete Muerte). Se le representó con la imagen de un cuerpo humano esquelético, o bien mostrando signos de putrefacción como vientre hinchado, emanación de aromas fétidos por la nariz o por el ano, puntos o partes oscurecidas que indican la descomposición de las carnes, collares o pulseras formados por cascabeles en forma de ojos con las cuencas vacías y un tatuaje parecido a nuestro signo de porcentaje (%) en el rostro o en el cuerpo. Se trata de un ser andrógino que al igual que los humanos realiza actividades rituales y cotidianas propias de ambos sexos, por lo que se le observa en actos como fumar tabaco, presenciar sacrificios, quebrar un árbol o una cuerda, danzar frenéticamente en el inframundo, copular con la diosa lunar o confeccionar textiles en un telar de cintura. En la escritura jeroglífica, un cráneo descarnado representa el número 10 (lahun), y uno de los 20 días del calendario ritual era kimi o kame (muerte). Además, un mascarón descarnado, como manifestación de Itzamnaaj, era el portal del inframundo. Ix Chel. La diosa lunar (diosa I; diosa O) Esta deidad femenina, igual que la Luna (u’ o uh), a la cual estaba íntimamente asociada, era un ser multifacético. Sus imágenes la muestran como una mujer joven (Luna creciente) o como una anciana (Luna menguante). Era patrona de los oficios característicos de su género, especialmente los relacionados con la concepción, el embarazo y el parto, pero igualmente era deidad de la medicina, los textiles, la pintura, las aguas, el arco iris, la fertilidad de la tierra y la noche. Como diosa vieja también tenía un aspecto destructivo que provocaba catástrofes e inundaciones.Fue esposa de Itzamnaaj (así se muestra en las vasijas policromas), por lo que se le identifica como una diosa madre. Con estos atributos, pero sin relación lunar, en los textos del Templo de la Cruz en Palenque se menciona a Muwaan Mat como progenitora de los tres dioses (GI, GIII y K’awiil). En el Clásico se representó como una mujer joven dentro de un signo lunar y, en alguno de los casos, cargando un conejo, símbolo por excelencia de la Luna. Su importancia es evidente en las imágenes pintadas en vasijas, en las que aparece participando en varios acontecimientos míticos. Además, se considera que muchas de las numerosas figurillas femeninas estilo Jaina y Jonuta son expresión de su culto. Sin embargo, es en los códices del Posclásico donde encontramos la mayor diversidad de sus imágenes , acciones y atributos. Conocemos varios nombres, acordes con sus advocaciones: Sak U’ Ixik (Señora Luna Blanca); Chak Chel (Arco Iris Grande); Ix Chebel Yax (Señora del Primer Pincel), e Ix Chel (Señora Resplandeciente o Señora del Arco Iris). Dios L Aunque desconocemos el nombre de esta deidad, podemos decir que se trata de un ser vinculado con la noche, el inframundo, Venus cuando no es visible, la muerte, el comercio, la destrucción, así como con el instante de la creación del cosmos. Sus rasgos son los de un anciano con ojos de deidad (vírgula por pupila) u ojos humanos, orejas de jaguar y, en ocasiones, presenta parte del cuerpo pintado de negro. Ostenta varios atuendos, pero el elemento más distintivo es el sombrero decorado con plumas de búho cornudo (ave muwaan) o la misma ave mítica posada sobre éste. En la espalda puede portar una capa de textil o una piel de jaguar. Pero también puede aparecer desnudo mostrando la flaccidez de su vientre. Se le representó realizando varias actividades rituales, ya sea presidiendo desde un trono a dioses del inframundo, rodeado de mujeres jóvenes que lo atienden, cortejando o abrazando a la joven diosa lunar, fumando un gran cigarro o apoyado en una sonaja tipo bastón, instrumento musical asociado con las ceremonias de petición de lluvias. Pawahtún. Cargador del cosmos (dios N) Se creía que eran uno y cuatro a la vez, cada uno sosteniendo una esquina del cosmos, razón por la que frecuentemente se muestran con los brazos en alto, en actitud de cargar. Sus rasgos son las de un viejo desdentado con el rostro arrugado y el cabello envuelto en una red. En ocasiones sostiene una planta de lirio acuático o la flor de ésta puede aparecer como parte de su tocado. También se le representó con un caparazón de tortuga en la espalda, y su nombre en los códices, además del número 4, incluye un signo que representa a esa concha. Puede emerger de una flor o, lo que es más común, de una concha de caracol. Reside en el cielo, la tierra y el inframundo, es decir, sostiene tanto la bóveda celeste como la superficie de la tierra. Es de naturaleza pétrea, por eso en muchas imágenes del Clásico porta en el cuerpo elementos del glifo tun (piedra). Este signo es un reforzador fonético, que junto con el prefijo en forma de red (pa) y el afijo (wah, “tamal”), que en los códices aparece como parte de su tocado, forman la palabra Pawahtún. Su cabeza se utilizó para representar el número 5 (jo) y se cree que era la deidad que presidía los cinco días nefastos o sin nombre (wayeb’) del calendario solar. Se le ha identificado con el dios Mam (Abuelo) de las tierras altas de Guatemala y con los cuatro B’acab’ (El Primero de la Tierra) de los yucatecos. Era además patrono de escribas y pintores. Ek’ Chuak. Dios de los comerciantes (dios M) Esta deidad, cuyo nombre se traduce como Escorpión (Chuak) Negro (Ek’), era el patrono de los comerciantes, quienes le rendían culto en la noche, en medio de los caminos. Es el dios del centro del mundo, donde enciende el primer fuego, por lo que podemos relacionarlo con Xiuhtecutli (Señor del Centro) o Huehuetéotl (Dios Viejo del Fuego) de los pueblos del Centro de México. Sus representaciones lo muestran con rasgos humanos de joven o anciano y el cuerpo pintado de negro, cola de escorpión, labios rojos y una nariz prominente. Esta última característica también se asocia con Yacatecuhtli (Señor de la Nariz), deidad del comercio en el panteón mexica. Conocemos pocas imágenes de este dios en el Clásico, pero en los códices del Posclásico, especialmente en el Madrid, se registraron varias de sus acciones rituales. Puede cargar en la espalda el bulto de los comerciantes y apoyarse con una lanza o un bastón, enciende el fuego primigenio en el centro del cosmos, agita una sonaja esférica, porta el hacha con la que Chaak produce los rayos, se autosacrifica punzándose el pene y es atacado por otras deidades. Su nombre jeroglífico es el ojo mismo del dios y en las fechas de serie inicial este glifo aparece como patrono del segundo mes, llamado wo. K’u o Ch’u. Dios de la sacralidad (dios C) En varias lenguas mayas, las palabras k’u o ch’u están relacionadas con los conceptos de dios, divino y sagrado, por la cual se ha considerado que esta deidad es la personificación misma de esos conceptos y su imagen sacraliza toda expresión que la contenga. En los códices se pueden observar sus únicas representaciones corpóreas, cuyo rostro se ha identificado con la de un mono, posiblemente un aullador, pues en ocasiones muestra la barba de este animal. En la última parte del Preclásico y durante todo el Clásico sólo su ros-tro, de forma más esquemática, aparece dibujado en el cuerpo de algunos animales, en distintos objetos ceremoniales, en el tronco del árbol sagrado o como signo en la escritura para señalar el carácter sacro de artefactos, gobernantes, deidades, seres sobrenaturales y líquidos preciosos, especialmente la sangre de los autosacrificios. De forma personificada, en los códices se le ve realizando numerosos ritos, y su cabeza aparece en diversos contextos relacionados con otros dioses. Se le muestra en el cielo, sentado sobre una banda astronómica, o sobre un círculo resplandeciente, una estrella o quizá el Sol, que lleva su rostro en el interior. También está sentado sobre las olas del mar, o sobre signos calendáricos, con el glifo k’an (maíz) en sus manos. Aparece en el interior de una casa o sostiene el techo con sus brazos. Varios dioses, incluyendo a Itzamnaaj, esculpen sus imágenes con hachas o punzones de hueso. Chaak. El dios del agua (dios B) El culto a esta deidad del agua, documentada desde el Preclásico, está vigente entre los campesinos de la península de Yucatán. Sus acciones, relacionadas con la producción agrícola, la lluvia, el relámpago y el trueno, se manifestaban en todos los rumbos del cosmos, razón por la que es uno (Yaxal Chaak) en el centro, y cuatro al mismo tiempo, asociados con cada rumbo y color de los cuadrantes del universo. Los documentos coloniales registran el nombre de esos cuatro con el prefijo xib’ (varón). El más conocido es el Chaak Rojo del Este, denominado Chak Xib’ Chaak, nombre con el que aparece en vasijas policromas. Se le ha relacionado con el dios GI y en los textos del Templo de la Cruz de Palenque se registra que de la tríada divina fue el primero en nacer. Se trata de una de las manifestaciones de Itzamnaaj asociada con la fertilidad, razón por la que varios gobernantes usaron al dios Chaak como parte de su nombre o de su atuendo. En los códices se le representa con cuerpo humano o de serpiente y un rostro fantástico en el que destaca su larga trompa con atributos de serpiente, lagarto y tapir. Su color por excelencia es el azul (yax: azul y verde); puede portar una vasija para derramar agua (de su cuerpo también puede manar agua); un hacha con la que produce truenos y relámpagos, o antorchas que aluden a las sequías de los tiempos calurosos. En el Clásico, con trompa menos pronunciada, se le reconoce por sus barbas semejantes al del pez bagre, orejeras de concha y una diadema de concha recortada como atributo de fecundidad. Deidad de la guerra y los sacrificios (dios Q) La guerra era frecuente entre los mayas. En varios textos del Clásico se registran fechas y actores de estos eventos bélicos y las imágenes muestran al gobernante vencedor y la humillación o el sacrificio de los cautivos. Esta información ha permitido desechar la vieja idea de un pueblo enteramente pacifista. Acorde con esa realidad, los mayas poseían una deidad relacionada con la guerra, los sacrificios humanos y las muertes violentas, razón por la que en los códices se presenta atacando a otras deidades o presenciando un sacrificio acompañado del dios de la muerte. Sus rasgos son las de un hombre joven con el rostro atravesado por una línea curva que le cruza el ojo, desde la frente hasta la mejilla. Esta línea puede ser continua o estar formada por una sucesión de puntos; en el cuerpo aparece pintada de la misma manera. Su nombre está compuesto por el numeral 10 (lahun) y un rostro con la característica línea curva que permite relacionarlo con Xipe-Tótec, importante deidad mexicana relacionada con los sacrificios y la renovación de la tierra. Igualmente se le asocia con Lahun Chaan (Diez Cielo), nombre de Venus como estrella matutina, que marcaba los momentos propicios para la actividad guerrera. Se cree que la representación antropomorfa del cero, la cual muestra una mano sosteniéndose la mandíbula, sea una de sus advocaciones. Dioses remeros Se trata de dos seres antropomorfos con rasgos que muestran una acentuada vejez. Provistos de remos, conducen en una canoa al dios del maíz por los ríos del inframundo y garantizan su germinación. Esta actividad los identifica como seres psicopompos, es decir, acompañantes y guías de los muertos, especialmente en las peripecias que habrá de realizar el grano de maíz o los huesos de gobernantes sembrados en la tierra. El que va al frente lleva una espina de raya que le atraviesa el tabique nasal, mientras que el de la parte posterior de la embarcación posee características de jaguar, como orejas o manchas de este felino en el cuerpo. No conocemos imágenes de ellos en los códices, pero algunas vasijas del Clásico y huesos esgrafiados muestran su importante función para el mantenimiento del cosmos. En los textos jeroglíficos sus nombres se representan con el glifo k’in (día), el primero, y el segundo con el glifo akbal (noche); así, se puede pensar en ellos como los generadores de la mecánica cósmica que garantiza la continuidad de amaneceres y atardeceres, y la vida sobre la superficie terrestre. Algunas imágenes de remeros, identificados con el dios de la lluvia, se ven en monumentos del Preclásico y en los códices, pero no sabemos si tienen la misma significación que las imágenes de estos dos dioses remeros del Clásico.

la cuitlapaton En su monumental Historia General de las Cosas de Nueva España, el fraile español Bernardino de Sahagún dedica varios capítulos a describir las apariciones que llenaban de pavor a los mexicas. Al parecer, este pueblo creía seriamente en los fantasmas, y disponía de una colección de historias verdaderamente aterradoras sobre las excursiones nocturnas de estas temibles criaturas. Según Fray Bernardino, la mayoría de los fantasmas se aparecían a los mexicas cuando visitaban de noche los lugares excusados. Es decir, cuando iban a hacer sus necesidades. Allí era cuando solían toparse con las apariciones más monstruosas, que solían hacerlos volver a sus casas temblando de pavor. En general, estas apariciones eran interpretadas como ilusiones enviadas por el dios Tezcatlipoca, “El Espejo que Humea”. Una de las más aterradoras era sin duda la Cuitlapanton, o Centlapachton. Se trataba de una mujer de muy corta estatura y cabello muy oscuro y largo, que le caía más debajo de la cintura. Caminaba con el característico andar de los patos. La Cuitlapanton se aparecía siempre dando terribles gritos, y gemidos capaces de erizar los cabellos. Quienes la veían interpretaban su aparición como el augurio de que iban a morir pronto. O de que alguna desgracia les sobrevendría. Fray Bernardino refiere que, si algún valiente trataba de capturarla, la Cuitlapanton se desvanecía en el aire para reaparecer a poca distancia, burlándose de su perseguidor. Otro tanto sucedía con otra frecuente aparición de mal agüero: un muerto vestido con mortaja que lanzaba también terribles gemidos. Quien se arrojaba sobre él para capturarlo, pronto se encontraba aferrando entre sus manos nada más que tierra y pasto. Otra aparición común, según Fray Bernardino, era la de una calavera sola que aparecía entre la maleza, intentando morder los tobillos de los desprevenidos transeúntes. O los perseguía, dando saltos detrás de ellos, hasta que echaban a correr, enloquecidos de terror. Tampoco esta calavera se dejaba capturar: y sus saltos cubrían enormes distancias. Los mexicas creían también que el dios Tezcatlipoca encarnaba a veces en un coyótl (coyote), y se aparecía en el camino de los viajeros, impidiéndoles el paso. Por eso, los viajeros mexicas interpretaban la aparición de un coyote en su camino como un signo de que algo malo les ocurriría más adelante. Y regresaban por donde habían venido. El Flechador del Sol Cuenta la leyenda que hace muchos, muchos años, dentro de la cueva por la que discurría el río Achiutl, crecían en tierras de Apoala dos gigantescos árboles. Los dos se amaban a la distancia. Y tan grande fue la fuerza de su amor, que, vencieron el espacio que los separaba y consiguieron entrelazar sus raíces y sus ramas. De este amor maravilloso nacieron el primer hombre y la primera mujer mixteca. Esta primera pareja mixteca tuvo numerosos descendientes, hijos de hijos de hijos que, finalmente, fundaron la mítica ciudad de Achiutla. Y allí fue donde nació el héroe máximo de la mitología mixteca: Mixtécatl. Dicen que Mixtécatl era tan decidido y valiente que un día tomó su arco y su escudo y partió, él solo, a la conquista de nuevas tierras para su pueblo. Durante largos días, el guerrero caminó sin descanso, hasta llegar hasta una gran extensión de tierra hermosa y apta para su cultivo. Fascinado, Mixtécatl quiso reclamarla para sí, y para su pueblo, pero no encontró guerrero alguno con quien medirse por el señorío de la comarca. Sólo el sol brillaba, altanero, sobre las tierras deshabitadas. Mixtécatl creyó entonces que el sol era el amo de aquellos territorios. Y sacando su arco, lo intimó a enfrentarlo. Al no hallar respuesta, Mixtécatl tendió su arco y disparó sus hacia el astro rey. Era la hora del crepúsculo, y Mixtécatl observó jubiloso como su enemigo, herido de muerte, se hundía en el horizonte, bañado en sangre. El guerrero esperó un tiempo prudencial, preparado para un posible ataque sorpresa, pero el sol no volvió a aparecer en el cielo. Mixtécatl, entonces, reclamó para sí y para todo el pueblo mixteca las tierras ganadas en la batalla. Allí mismo, en la vasta extensión arrancada al derrotado guerrero sol, los mixtecas construyeron la ciudad de Tilantongo. Tras su hazaña, Mixtécatl se convirtió en un héroe mítico, habitante del país de las nubes. Los mixtecas acostumbraban pintar en jícaras y escudos la escena de la batalla entre Mixtécatl y el sol, como una forma de respeto y gratitud hacia él. Leyenda de los 5 soles Cuentan los nahuas que en el principio de los tiempos Ometecuhtli, Señor de la Dualidad Divina, creó a Tonacacihuatl y a Tonacatecuhtli, Señora y Señor de Nuestra Carne, para que poblaran la tierra. Ellos tuvieron 4 hijos: los dioses Tezcatlipoca Rojo, Negro, Blanco y Azul. Los dioses Tezcatlipocas pronto decidieron acometer una obra digna de su grandeza, una obra por la cual fueran amados y venerados. Se reunieron entonces alrededor de la fogata encendida por Tezcatlipoca Azul y comenzaron a crear todo cuanto existe en el mundo. Su primera creación fue el hombre: lo llamaron Huehuecoyotl y le dieron una mujer para que lo acompañara. Los dioses les ordenaron reproducirse, y crearon para ellos los animales, los lagos, las montañas, los mares y los ríos. Pero los dioses se percataron entonces de que la tierra permanecía a oscuras, y la vida no podía prosperar en ella. Tezcatlipoca Blanco, también llamado Quetzalcoátl, convirtió la hoguera alrededor de la que trabajaban en un pequeño y benigno sol. Pero su hermano Tezcatlipoca Negro despreció su obra, y se convirtió él mismo en un sol tan grande y potente que marchitaba y destruía todo lo que alumbraba. Quetzalcóatl, enojado, derribó a su hermano sol del cielo de un bastonazo. Tezcatlipoca Negro cayó al fondo de un lago, del que emergió convertido en un jaguar al que seguía todo un ejército de jaguares. Tezcatlipoca Negro y sus jaguares devoraron a los Tzoculiceque, los gigantes que habitaban sobre la tierra por aquella época. Para los nahuas, este sol fue el Sol de la Tierra, o Tlaltipactonantiuh. Tras la caída del sol negro, fue el mismo Quetzalcoátl quien se convirtió en el astro rey. Quetzalcoátl fue un sol más benigno, bajo el cual la agricultura prosperaba y los hombres eran felices. Pero un día, el jaguar-Tezcatlipoca negro trepó hasta los cielos y consiguió derribar a su hermano Blanco. Se desató entonces un terrible vendaval que sembraba la destrucción a su paso. El viento fue tan fuerte que los seres humanos comenzaron a caminar encorvados, y pronto se convirtieron en monos. Este sol fue llamado por los nahuas Sol del Viento, o Ehecatonatiuh. Fundación mítica de Tenochtitlan Cuenta la leyenda que los aztecas partieron un día desde Aztlan, el lugar de las garzas (actual oeste de México), en busca de la tierra de bonanza que les prometiera su dios tutelar, Huitzilopchtli, el Colibrí Hechicero. Huitzilopchtli los guiaba en su peregrinar. Según los mensajes celestes que el dios les enviaba, se encontrarían en la tierra prometida cuando hallaran un frondoso nopal creciendo solitario, sobre una roca, en medio de un pantano. Sobre sus ramas, un águila devoraría una serpiente, indicándoles así que su largo peregrinar había llegado a su fin. Muchos años vagaron los aztecas, guiados por tres hombres, Quauhcóatl, Apanécatl y Tezcacoácatl, y por una mujer, Chimalma. En el camino se les unieron otras tribus, como los hochimilca y cuitlahuaca. De vez en cuando, las tribus se asentaban efímeramente en algún sitio, donde elevaban el altar de su dios y sobrevivían gracias a la caza y a la agricultura. Mientras tanto, sus exploradores buscaban en vano la ansiada tierra prometida. Los aztecas fueron los últimos en poner pie en el valle de México, por entonces bastión del poderío tolteca. Mal recibidos, debieron buscar refugio en Chapultepec, donde se establecieron con la autorización de los señores de Azcapotzalco. Al llegar, sacrificaron a un joven en honor a Huitzilopochtli, y el dios se les apareció revelándoles que, allí donde enterrasen el corazón, estaría él. Así fue fundada la primera ciudad azteca. Pero los jóvenes aztecas invadieron Tenayuca en busca de mujeres, y el pueblo ofendido, aliado a otras tribus, invadió a los atrevidos, conduciéndolos a Culhuacan en calidad de siervos. Los pocos que lograron escapar se establecieron en las márgenes del lago Texcoco. Poco después, el rey de Culhuacan entró en conflicto con el de Xochimilco y envió a sus vasallos aztecas a la batalla. Cuentan que sólo diez guerreros fueron suficientes para poner en fuga al enemigo. La hazaña les valió el respeto del rey de Culhuacan, Cócox, quien entregó a su hija en matrimonio al jefe azteca. Pero los aztecas sacrificaron a la muchacha a los dioses y Cócox, ciego de rabia, ordenó exterminarlos. Pero los aztecas consiguieron huir y se unieron a sus hermanos en el lago Texcoco. Y dicen que allí, en un islote en el centro del lago, los aguardaba el nopal de la profecía. Y por eso, en ese lugar tan largamente soñado se fundó, alrededor del año 1325 del calendario cristiano, Tenochtitlan, la grande. El Rey Condoy y el Puente del Diablo Cuentan los zapotecas que hace muchísimos años brotaron en tierra Mixe dos huevos místicos. Del primero nació una serpiente que se ocultó en las entrañas de la tierra, donde se dedica a comer rocas. Cuando come demasiado, se producen los temblores de tierra. Del otro huevo, en cambio, nació un niño que se convirtió en hombre en un solo día. Los mixes lo bautizaron Condoy y lo convirtieron en su rey. Dicen que Condoy era capaz de las hazañas más asombrosas, siempre y cuando las realizara de noche. Bajo la luz de la luna, nada resultaba imposible para él. Los zapotecas pronto aprendieron a temer sus incursiones nocturnas: Condoy los atacaba con frecuencia, robándoles alimentos que luego repartía entre su pueblo. Sus hazañas pronto le valieron el mote de Diablo entre el pueblo zapoteca. Una noche, sin embargo, los zapotecas consiguieron capturar al Diablo durante sus saqueos. Y a cambio de su libertad, Condoy ofreció construir, en lo que quedaba de la noche, un puente para unir las dos regiones zapotecas. Pero cuando su propuesta fue aceptada, puso una condición: si conseguía además terminar el puente antes de que cantase el primer gallo, se llevaría a su pueblo a la muchacha más bella que viviese entre los zapotecas. Sus captores fingieron aceptar esta condición, pero comenzaron al mismo tiempo a urdir un plan para evitar cumplirla. Así fue como el pueblo entero se congregó junto al río para ver a Condoy construir el puente. Entre ellos, una bruja ocultaba un gallo bajo su manto. Poco antes de que Condoy terminara el puente, la bruja hizo cantar al gallo antes de su tiempo habitual. El Diablo había perdido la apuesta. Furioso, Condoy emprendió la fuga y ya no pudieron volver a atraparlo. El puente quedó, entonces, inconcluso. Y así permanece hasta hoy, en San Juan Tabaá, Oaxaca, donde se lo conoce como Puente del Diablo. Realmente, fueron los españoles los primeros en construir puentes de piedra en América. Lo hacían porque el material hace que el puente no requiera mantenimiento, tan sólo mucha mano de obra para su construcción. Mano de obra que en este caso, no fue española sino zapoteca. No resulta difícil imaginar al pueblo zapoteca madurando esta bella leyenda durante las largas horas de trabajo forzado. Después de todo, el Diablo parecía haber llegado verdaderamente a sus tierras. La princesa Donají Donají era la bella hija del rey zapoteca Cosijopí, soberano indómito que defendía con fiereza a su pueblo de la codicia de aztecas y conquistadores españoles. Donají vivía junto a su familia en el espléndido palacio de Dani Dixhina, el Cerro Venado. Pero gustaba de perderse en los bosques cercanos donde, olvidada de su alto rango, se deleitaba con el simple rumor del viento o el canto de los pájaros. Su lugar favorito del bosque era Guela Bupu, una cueva situada debajo de una espumosa cascada: el lugar perfecto para un refrescante baño matinal. Cierto día, Donají, admirada por la belleza de los bosques, se alejó tanto que no consiguió encontrar el camino de regreso. Tras intentar vanamente regresar a su palacio, la muchacha se recostó, agotada, bajo un frondoso pochote, a cuya fresca sombra se quedó profundamente dormida. Al despertar, la princesa no pudo reprimir un grito de terror: un capitán español se encontraba de pie frente a ella. Sin embargo, el joven no hizo ademán alguno de atacarla. Deslumbrado por la belleza de Donají, no había atinado más que permanecer junto a ella, observándola fascinado. La muchacha, espantada, echó a correr a través del bosque, y finalmente pudo regresar a su hogar. Pero al día siguiente, sin que ella se explicara muy bien por qué, sus pasos volvieron a llevarla junto al viejo pochote. Allí la esperaba el joven capitán. Muy pronto, pese a desconocer el idioma del otro, Donají y su español estaban profundamente enamorados. Pero los padres de la muchacha preparaban su boda con el más fuerte y distinguido de los guerreros zapotecas. Donají, valiente y decidida, rechazó ese noviazgo impuesto y rogó a su padre que le permitiera unirse en cambio al capitán español. Pero el rey, horrorizado, no hizo más que adelantar la boda, prohibiéndole que volviese al bosque. Donají, entonces, subió a la cima de la cascada sobre su amada Guela Bupu y se arrojó a la cascada. Desde entonces, dicen que en las aguas cercanas al lugar de la tragedia flota una jícara hermosa, pero que nadie puede alcanzar. Como nadie pudo apoderarse por la fuerza del corazón de la bella Donají, valiente y noble como toda la raza zapoteca. leyendas Quetzalcoátl y Tezcatlipoca Quetzalcoátl, “la serpiente emplumada”, es uno de los dioses más antiguos de la mitología mesoamericana. Aparece en el panteón de la cultura Chichimeca y era adorado también por los Toltecas. Entre los Mayas se lo conocía como Kukulcán. Pero fueron los Mexicas o Aztecas quienes lo convirtieron en uno de sus dioses centrales, junto a su gemelo y antagonista Tezcatlipoca. Al día de hoy, no hay acuerdo entre los historiadores acerca de cuál de los 2 tenía más peso en la religión mexica. Tal vez, porque los Mexicas creían profundamente en la naturaleza dual del Universo, que contenía en su interior a la vez todas las posibilidades de creación y destrucción. Por eso, Quetzalcoátl es fecundidad y creación, “aquel por el cual vivimos”, según los Mexicas. Y Tezcatlipoca, su gemelo, cuyo nombre significa “espejo de humo”. Tezcatlipoca es el reverso exacto de su hermano. Ambos dioses son completamente opuestos, pero según los antiguos códices mexicas, comparten exactamente los mismos atributos y cualidades. Tezcatlipoca es el señor de las batallas, amo de la vida y la muerte. Pero también es amparo y guía del hombre, y fuente de todo poder y felicidad. Era ante él que los espíritus de los muertos debían presentarse, con un yugo al cuello y envueltos en una piel de ocelote. Tezcatlipoca decidía entonces que pruebas debían enfrentar para demostrar que eran dignos de ingresar a la morada de Mictlan, el reino de los muertos. Cuenta la leyenda que Quetzalcoátl y Tezcatlipoca crearon el mundo sobre el cuerpo de Cipactli, un monstruo mítico. Y que Tezcatlipoca sacrificó para eso su pie, ofreciéndolo como señuelo para atraer a la bestia. Y así la capturaron, haciéndola salir del vasto océano que era todo lo que había por entonces en el Universo. Para los Toltecas, fue Quetzalcoátl quien creó el mundo. Y su hermano, descendiendo hacia la tierra por una tela de araña, quien destruyó toda su obra. Su acción, sin embargo, no tuvo efectos devastadores sino de transformación. Quetzalcoátl era representado a veces como un hombre de larga barba y piel blanquísima. Por eso, los Mexicas creyeron al conquistador Hernán Cortés una encarnación de su dios creador. Cuando comprendieron su error, ya era tarde. Xtabay y Utz-Colel Cuenta una antigua leyenda maya que en un pueblo de la península de Yucatán habitaban 2 mujeres, Xtabay y Utz Colel. La primera era considerada una prostituta por sus vecinos, ya que era dada a compartir su amor con los hombres del pueblo. Utz-Colel, en cambio, era considerada decente y virtuosa, y no se le conocía desliz alguno. Pero Utz –Colel era altanera, fría y de corazón duro. Jamás ofrecía su ayuda a nadie, y los pobres y enfermos le provocaban repugnancia. La indecente Xtabay, por su parte, acogía en su casa a los desvalidos y a los animales abandonados. Cuidaba con cariño a ancianos y enfermos, y era habitual verla despojarse de las joyas que le regalaban sus enamorados en plena calle para entregarlas a los más necesitados. Un día, el pueblo entero fue inundado por un delicado perfume de flores. Sus habitantes siguieron la estela del aroma y llegaron así hasta la casa de Xtabay. Al entrar, comprobaron que la mujer había muerto. Sin embargo, era su cuerpo el que despedía ese maravilloso perfume. Utz-Colel, llena de soberbia, declaró que si del cadáver de esa mujer pecadora y sucia se desprendía ese aroma, el suyo despediría sin dudas uno mil veces más exquisito. Unos pocos miserables, agradecidos, se ocuparon de enterrar el cuerpo de Xtabay. Al día siguiente, su tumba estaba cubierta de bellas flores blancas. Los mayas las conocieron como Xtabentún, tan dulces y embriagadoras como debieron serlo el alma de Xtabay y el amor que generosamente prodigaba. A la muerte de Utz-Colel, el pueblo entero acudió a su entierro. De la tumba, cuentan, brotaba un hedor insoportable que nada conseguía mitigar. De la tumba de Utz-Colel brotó el Tzacam, un cactus de largas y temibles espinas. De él nace una única flor, muy bella pero de aroma particularmente desagradable. Es casi imposible tomarla sin ser víctima de las agudas espinas del cactus. Dicen que de esta flor surge el espíritu de Utz- Colel, para seducir a los hombres que pasan cerca del cactus. Pero el amor de Utz- Colel es duro y frío, como lo era su corazón. Y los hombres mueren en sus brazos. Porque Utz-Colel se entrega al amor buscando una recompensa como la recibida por Xtabay después de su muerte. Y nada comprende del amor desinteresado, que se entrega por simple y pura generosidad de corazón. Sac Nicté y la caída de Chichén Itzá Alrededor del año 987, la cultura maya comenzó a vivir un período de esplendor. Con centro en la mítica ciudad de Chichén Itzá, varias tribus se habían unido en la llamada Liga de Mayapán, de enorme influencia cultural, religiosa y política. La liga estaba formaba por los Itzáes, fundadores de Chichén Itzá, los Cocomes y los Tutul Xiúes. Reinaba entre ellos una profunda armonía; la prosperidad y la abundancia parecían no conocer fin para la Liga de Mayapán. Sin embargo, esa armonía habría de quebrarse a causa de un amor prohibido. Cuentan que la princesa Sac Nicté, o flor blanca, hija del rey de los Cocomes, tenía sólo 5 años cuando ofreció de beber a un pobre caminante sediento, y de la jícara de agua brotó una flor. Y sólo 15 años cuando conoció al príncipe Canek y se enamoró de él para siempre. Y cuentan que Canek, príncipe de los Itzáes, tenía 7 años cuando atrapó y deshizo una mariposa entre sus manos, y esa misma noche soñó que se convertía en gusano. Y 21 el día que fue coronado rey de los Itzáes y señor de Chichén Itzá. Pero esa noche no pudo dormir, porque se había enamorado de la princesa Sac Nicté, la prometida del príncipe Ulil. El príncipe Ulil, heredero del trono de los Tutul Xiúes, había decidido casarse con Sac Nicté 37 días después de la coronación de Canek. Ulil envió un mensaje al nuevo rey invitándolo a su boda y pidiéndole que se sentara en la mesa de los novios. Canek aceptó con un nudo en la garganta. Pero esa noche, mientras procuraba vanamente hallar algo de reposo, un misterioso viejecillo se presentó ante él y le dijo “La flor blanca espera entre las hojas frescas, ¿Dejarás que otro la arranque para él? Tras estas palabras, el anciano se desvaneció en el aire. Pero Canek apenas si lo notó: acababa de tomar una decisión. El día de la boda, Sac Nicté lloraba de tristeza ante el altar. Todos comentaban la ausencia del señor de Chichén Itzá cuando Canek se presentó acompañado por 60 de sus mejores guerreros y robó a la princesa antes de que nadie pudiese impedirlo. El príncipe Ulil y el padre de Sac Nicté unieron sus ejércitos y marcharon sobre Chichén Itzá para vengar la afrenta. Pero al llegar, la encontraron vacía. Canek, Sac Nicté y todo el pueblo de los Itzáes se había refugiado en la selva, cerca del lago Petén Itzá, donde luego fundarían la ciudad de Tayasal. El ejército de la liga decidió entonces saquear Chichén Itzá, la espléndida, y abandonarla reducida a cenizas. Y ese fue el final de la poderosa Liga de Mayapán. Y el principio del fin de la cultura Maya. el tecolote En El Mayab vive un ave misteriosa, que siempre anda sola y vive entre las ruinas. Es el tecolote o tunkuluchú, quien hace temblar al maya con su canto, pues todos saben que anuncia la muerte. Algunos dicen que lo hace por maldad, otros, porque el tunkuluchú disfruta al pasearse por los cementerios en las noches oscuras, de ahí su gusto por la muerte, y no falta quien piense que hace muchos años, una bruja maya, al morir, se convirtió en el tecolote. También existe una leyenda, que habla de una época lejana, cuando el tunkuluchú era considerado el más sabio del reino de las aves. Por eso, los pájaros iban a buscarlo si necesitaban un consejo y todos admiraban su conducta seria y prudente. Un día, el tunkuluchú recibió una carta, en la que se le invitaba a una fiesta que se llevaría a cabo en el palacio del reino de las aves. Aunque a él no le gustaban los festejos, en esta ocasión decidió asistir, pues no podía rechazar una invitación real. Así, llegó a la fiesta vestido con su mejor traje; los invitados se asombraron mucho al verlo, pues era la primera vez que el tunkuluchú iba a una reunión como aquella. De inmediato, se le dio el lugar más importante de la mesa y le ofrecieron los platillos más deliciosos, acompañados por balché, el licor maya. Pero el tunkuluchú no estaba acostumbrado al balché y apenas bebió unas copas, se emborrachó. Lo mismo le ocurrió a los demás invitados, que convirtieron la fiesta en puros chiflidos y risas escandalosas. Entre los más chistosos estaba el chom, quien adornó su cabeza pelona con flores y se reía cada vez que tropezaba con alguien. En cambio, la chachalaca, que siempre era muy ruidosa, se quedó callada. Cada ave quería ser la de mayor gracia, y sin querer, el tunkuluchú le ganó a las demás. Estaba tan borracho, que le dio por decir chistes mientras danzaba y daba vueltas en una de sus patas, sin importarle caerse a cada rato. En eso estaban, cuando pasó por ahí un hombre maya conocido por ser muy latoso y molesto. Al oír el alboroto que hacían los pájaros, se metió a la fiesta dispuesto a molestar a los presentes. Y claro que tuvo oportunidad de hacerlo, sobre todo después de que él también se emborrachó con el balché. El maya comenzó a reírse de cada ave, pero pronto llamó su atención el tunkuluchú. Sin pensarlo mucho, corrió tras él para jalar sus plumas, mientras el mareado pájaro corría y se resbalaba a cada momento. Después, el hombre arrancó una espina de una rama y buscó al tunkuluchú; cuando lo encontró, le picó las patas. Aunque el pájaro las levantaba una y otra vez, lo único que logró fue que las aves creyeran que le había dado por bailar y se rieran de él a más no poder. Fue hasta que el maya se durmió por la borrachera que dejó de molestarlo. La fiesta había terminado y las aves regresaron a sus nidos todavía mareadas; algunas se carcajeaban al recordar el tremendo ridículo que hizo el tunkuluchú. El pobre pájaro sentía coraje y vergüenza al mismo tiempo, pues ya nadie lo respetaría luego de ese día. Entonces, decidió vengarse de la crueldad del maya. Estuvo días enteros en la búsqueda del peor castigo; era tanto su rencor, que pensó que todos los hombres debían pagar por la ofensa que él había sufrido. Así, buscó en sí mismo alguna cualidad que le permitiera desquitarse y optó por usar su olfato. Luego, fue todas las noches al cementerio, hasta que aprendió a reconocer el olor de la muerte; eso era lo que necesitaba para su venganza. Desde ese momento, el tunkuluchú se propuso anunciarle al maya cuando se acerca su hora final. Así, se para cerca de los lugares donde huele que pronto morirá alguien y canta muchas veces. Por eso dicen que cuando el tunkuluchú canta, el hombre muere. Y no pudo escoger mejor desquite, pues su canto hace temblar de miedo a quien lo escucha. Por eso la frase, cuanto el tecolote canta… el indio muere el nahual México es conocido, entre otras cosas, por sus shamanes, hechiceros y curanderos (médicos de la tribu), a veces llamados Nahuales o Naguales. Todos los pueblos y ciudades en México tienen al menos un Nahual. La palabra azteca para Nahual es Nahualli , que significa lo que es mi vestidura o piel , y se refiere a la habilidad del Nahual de transformarse en una criatura mitad hombre, mitad animal (lobo, jaguar, lince, toro, águila, coyote...). Ese vocablo también se refiere a la nigromancia, ocultismo y malicia. Para los pueblos prehispánicos, el nahualli era uno de los hechiceros llamados tlatlacatecolo, literalmente "hombres búhos", lo cual indica que sólo aparecía de noche. Antes del apogeo de las grandes civilizaciones prehispánicas como la Azteca o la Maya, los indígenas Yakis, Tarahumaras y Seris que vivían al norte de México y el sur de los Estados Unidos (cerca del 900 d.C.) tenían nahuales. Estas civilizaciones se hallaban asentadas en parte de lo que hoy son los estados americanos de California, Nuevo México y Texas, y los estados mexicanos de Chihuahua, Baja California, Sonora y Sinaloa. Ellos creían que si un hombre puede llegar a conocer su espíritu primitivo o nahual, entonces lo podía usar para curar a la gente y practicar la magia. Muchos dibujos primitivos en viejas cuevas muestran a personas como hombres-lobo. En el Imperio Azteca los nahuales eran protegidos por Tezcatlipoca, el dios azteca de la guerra y el sacrificio. La leyenda contaba que un nahual podía desprenderse de su piel y transformarse en una de estas criaturas. Muchos cazadores aztecas y colonizadores decían que durante la noche habían matado a un animal y al amanecer el cadáver se había transformado en el de un hombre. El nahual deja su forma humana por un tiempo determinado, para adquirir la de un animal elegido. Existen varias versiones de cómo se logra esta metamorfosis: - Una asegura que el brujo simplemente desaparece y se encarna en el animal, a voluntad. El chamán afirma ser capaz de incorporar su conciencia al cuerpo de un animal ya existente. Sea de una forma u otra, hay una afinidad psíquica, una especie de parentela del alma entre el chamán y el animal en el que se transforma. - Otra dice que se "fragmenta", para lo cual se desprende, de modo deliberado, de parte de su cuerpo (los ojos, las piernas, un brazo o, incluso, los intestinos), de este modo si se quiere acabar con un Nahual el mejor método es seguirle y observar donde realiza su transformación, robarle la parte del cuerpo de la que se desprendió ya que de este modo le será imposible volver a su forma origianl y al amanecer morirá. - Otra más afirma que el cuerpo dormido del brujo permanece en su casa, mientras su espíritu vaga en la figura de animal. En este caso, para evitar que alguien toque su cuerpo dormido, el nagual debe dar siete volteretas.

El Día de Muertos es una celebración mexicana de origen prehispánico que honra a los difuntos el 2 de noviembre, comienza el 1 de noviembre, y coincide con las celebraciones católicas de Día de los Fieles Difuntos y Todos los Santos. Es una festividad mexicana y centroamericana, se celebra también en muchas comunidades de Estados Unidos, donde existe una gran población mexicana y centroamericana. La UNESCO ha declarado esta festividad como Patrimonio de la Humanidad. El Día de los Muertos es un día festejado también en el Brasil, como Dia dos Finados. CELEBRACION DE MUERTOS EN EL MEXICO PREHISPANICO No se sabe exactamente su orígen, pero el día de muertos encuentra en los pueblos de México, como una expresión de verdadero fervor por lo mágico, lo histórico y lo maravilloso La muerte desde la aparición del hombresobre la tierra ha generado un culto muy particular. Las culturas prehispánicas concibieron la muerte como una dualidad con la vida. Las Aztecas tenían dos fechas especiales para recordar a sus muertos: En el mes de agosto dedicado a MICCAILHUITONITLI o "muertecitos" y en noviembre la fiesta de los muertos grandes. "El señor de los muertos": El origen de las ofrendasesta en el culto que las razas autóctonas rendían a sus muertos, que en el temple ofrecían mazorcas, flores y encendían copal para aromatizar el ambientey así agradar a los Dioses con quienes residía el espíritu de los difuntos. Dentro del calendario prehispánico de los grupos Nahuas del altiplano central, había por lo menos seis fiestas dedicadas a los muertos. Entre ellas dos eran las principales del 12 al 31 de julio en que se recordaba a los muertos chicos y los veinte días siguientes se celebraba la fiesta de los muertos grandes, que se caracterizaba la magnificencia de las ofrendas. En mexico desde tiempo de la cultura preclásica, (2,000 años A.C.), igual que los teotihuacanos, toltecas, aztecas, huaxtecos, totonacas, otomies, puréchas, mixtecos, zapotecos, mayas, etc., practicaron el culto a la muerte y sus ritos eran similares. Concibieron la muerte baja una dualidad con la vida y esto lo podemos apreciar en diversas esculturas que existen en la actualidad, como cráneos con la mitad descarnada encontrados en la ciudad de México y en Oaxaca. En figuras pares una encarnada y otra esquelética encontradas en la Huasteca. Representaciones con la muerte sola y de las deidades de la misma en todas las zonas arqueológicas. La existencia en el mas allá decían, era de acuerdo con la forma de su fallecimiento, no ala conducta observada en vida, por lo tanto no se temía a castigos posteriores a la muerte. Después del deceso, generalmente los ancianos vestían al muerto con papeles de amate o maguey. Le derramaban agua en la cabeza diciéndole, esto es lo que gozaste en la vida. Si su muerte estaba relacionada de alguna forma con el agualo vestían como Tlaloc, Dios de la lluvia. Se les colocaba un jarro con agua para vencer los obstáculos harta llegar a su destino. Si habían sido importantes le colocaban en la boca una piedra verde llamada Chalchihuitl y si había sido común y corriente, le colocaban una piedra de menos valor. Generalmente incineraban el cadáver, el fuego de la cremación se atizaba al mismo tiempo que se entonaban canciones lúgubres, reducido el cuerpo a cenizas se depositaba en una olla de barro y la enterraban. También quemaban sus pertenencias e instrumentos de trabajo. El entierro se hacía en la casa, en algún templo o en los montes .Se colocaban ofrendas de comida, bebidas, y flores en ese lugar. Las almas para llegar a su destino final tenían que pasar por diversos sitios que presentaban otras tantas dificultades, para vencerlas, les colocaban a los cadáveres diversos papeles, que les permitían vencer los obstáculos. Esos lugares de paso al mas allá eran: dos sierras que casi se juntan, una serpiente, una lagartija verde (algunos dicen que era un cocodrilo), ocho desiertas, ocho cerros, una zona de vientos helados que cortaban como navajas (por eso les quemaban sus ropas) y por último cruzaban el río Chignahuapan con la ayuda del perro. Los sacerdotes españoles para Lograr la conversión de los pueblos prehispánicos compararon el Mictlan con el infierno. El Tlalocan, paraíso de Tláloc, donde reinaba el verano eterno, dónde iban las almas de quienes su muerte de alguna forma se asociaba con el agua, como pulmonía, resfrios, ahogados, hidrópicos, par rayo o por cualquier otro mal hídrico. Ahí disfrutaban eternamente nadando y consumiendo comidas exquisitas. Otro lugar para estancia de las ánimas se decía el Chichihualco (en la casa de la leche), Allí residían las almas de los niñospequeños. Se alimentaban del Chichiuahuitl o árbol de la leche. Creían que los niños si reencarnaban. Los antiguos mexicanos dedicaban a sus muertos el noveno y décimo mes del año calendárioco, El noveno mes comenzaba al 5 de agosto y se llamaba Tlaxcochimaco, que significa tierra florida. Ese día daba comienzo la fiesta de las muertitos que se refería a los niños, duraba todos los veinte días del mes, se ofrendaban legumbres. En el décimo mes o Xoco Hhuetzo, que significaba fruta madura, del 25 de agosto al 14 de septiembre, se hacía la fiesta de los muertos adultos, Se lloraba y se hacían ofrendas de comida. Otro concepto profundamente dialéctico de que la vida trae implícita la muerte, y la muerte trae implícita la vida, Por ejemplo, el maízque al secarse la milpa conserva la mazorca: muere el tallo pero queda la semilla. Este mismo concepto se aplicaba a las seres humanos: mueren pero su estirpe continúa. En la época prehispánica los muertos se esfumaban en el reino de Mictlantechutli. Solamente los guerreros muertos en combate y las mujeres en el parto adquirían la calidad de estrellas para acompañar a Quetzalcoatl a sus recorridos celestes. Las muertos relacionados con fenómenos provocados por el agua, ahogados, etc., iban al domicilio de Tláloc, a una especie de paraíso. CELEBRACION DE MUERTOS EN EL MEXICO COLONIAL Los evangelizadores cristianos para lograr sus objetivos se vieron en la necesidad de adoptar algunas tradiciones indígenas, mezcladas con sus enseñanzas y así darle una forma nueva y por supuesto, rica en tradición, asignaron una fecha fija dentro del calendario cristiano, primero y dos de noviembre. Después de la conquistaespañola se estableció en México el día de Todos Santos y de los Fieles Difuntos, que se solemnizaban desde los 827-844 por disposición del Papa Gregorio IV. Al ocurrir la conquista el país, la religióncatólica cambió totalmente el concepto sobre la muerte. Se le empezó a ver como algo temible pensando en las penas del Purgatorio y del Infierno, con la esperanza para muchos de la felicidad y del descanso eternos. Se le dio la imagen a la muerte de un esqueleto con guadaña. Se le empezó a rendir culto a las ánimas del purgatorio, Fue en el siglo XVII cuando se trató de quitarle lo terrorífico para darle un aspecto de amabilidad, viéndolas sin miedo y con fe. La muerte se ve en juguetes, cada año la vemos en diversos mercados del país. Antiguamente se confeccionaban unos "entierritos" con figuras humanas cuyas cabezas eran de garbanzos y el traje de papal negro, simulando al difunto y a los padres trinitarios, que eran quienes se encargaban de llevar los cadáveres de la gente humilde al camposanto. También se hacían tumbitas de tejamanil negras con adornos blancos y con candelabros de carrizo y una figura de berro representando al difunto. Esto demuestra que para los mexicanos desde pequeños, la parca, la calaca, la huesuda, la dientona, la flaca, etc., les resulta muy familiar. Desde el siglo XVI se han redactado numerosas oraciones y plegarias, unas imponentes y otras con esperanza, dedicadas a la muerte. En canciones y corridos también se han ocupado de la muerte, algunas obras trágicas y espeluznantes. También figura en obras teatrales, como la muy conocida que lleva el nombre de "Don Juan Tenorio", del español José Zorrilla. Diversas lápidas especialmente de los cementerios antiguos como el Tepeyac, y el San Fernando en México son verdaderos muestrarios de poesía mortuoria. Es típico en los días de muertos instalar ofrendas, que no solo tienen origen en nuestro país, sino en otros pueblos del mundo. Las ofrendas son verdaderas obras de arte y tienen sus características propias de cada lugar. Otras costumbres relacionadas con los difuntos consiste en hacer una cruz de cal o de algún otro polvo en el lugar donde se veló el cadáver, y levantarla a los nueve días. Mandar decir misas por las almas y cuando cumplen el primer año de fallecidos, velar y hacer otra cruz como cuando murió CELEBRACION DE MUERTOS EN EL MEXICO ACTUAL Cada una de las poblaciones del México actual cuenta con tradiciones y forma de expresar su concepción del culto a la muerte, estas actividades varían de acuerdo con la región, las costumbres de la localidad, el nivel socioeconómico de la familia y en general de la cultura; sin embargo, presenta rasgos y elementos mezclados y derivados del ritual prehispánico y la religión cristiana traída a la nueva Españapor los misioneros de la época de la Colonia. La fiesta de muertos tiene significados diferentes para las habitantes de las grandes ciudades, como para los pobladores de las comunidades rurales. Pero para unas y otras no se ha perdido la costumbre pero si el significado. Una actitudespecíficamente mexicana ante la vida se manifiesta el día 2 de noviembre, Día de Muertos, cuyo único punto de contacto con la fiesta de los fieles difuntos, tal como se celebra en Europa, es el hecho de tratarse, aquí y allá, de un día consagrado a la memoriade los muertos queridos. Es extraña y muy arraigada entre las comunidades indígenas la idea de que en el mas allá se otorga al difunto licencia para visitar a sus parientes que aún viven en el mundo terrenal; se trata pues, de un huésped ilustre al que hay que agasajar, festejar y brindar toda clase de atenciones. Entre los mexicanos la muerte tiene un sentido singular: A veces aparece como una arraigada tradición que hinca sus profundas tradiciones en el pasado indígena; en otras ocasiones, parece un escenario donde se mueven y deslizan figuras del recuerdo, objetivos de ofrendas de la mas diversa índole: Dulces, pan, flores, alimentos y costumbristas. La tradición, de alguna manera es permanente, pero aparece con mayor vigor, como un sentimiento espontáneo, los días 1 y 2 de noviembre cada año. Los campos donde están los restos de los difuntos, se iluminan con la presencia de inumerables personas que llevan entre sus manos las multicolores ofrendas. El tránsito se convierte en coro de murmullos, bajo la bóveda celeste; la ofrenda no puede faltar, ésta varía según el Estado de la República pero los platillos mas comunes y que difícilmente faltan son: El mole, chocolate, tamales, calabazas en tacha, pan de muerto y calaveras de dulce de diferentes tamaños que generalmente llevan el nombre del difunto y de sus familiares, vivos o también difuntos, los bizcochos en forma de rosca, coloreados por grageas en rosa mexicano y otros colores. Se escoge un lugar de la casa donde se improvisa un altar con imágenesreligiosas, se cubren los espejos, se coloca la fotografíadel difunto, todo sobre un mantel blanco al cual se le deshoja cempasúchil, colocando después los alimentos así como los cirios o las lámparas de aceiteque arderán toda la noche. El incensario de barro ocupa un lugar importante ya que ahí se quema: el incienso, mirra y estoraque con el fin de limpiarles el ambiente y el camino a las almas de los fieles difuntos. De los alimentos los difuntos solo tomarán la esencia; creencia que vale la pena recordar que también fue practicada por los egipcios. Para la gran mayoría del pueblo mexicano la celebración pagano-religiosa que con motivo del día consagrado por el rito católico a los fieles difuntos, se desenvuelve en medio de una extraña y desconcertante mezcla de ofrendas, ritos, liturgias, y celebraciones diversas en todos los pueblos, rancherías, y ciudades de nuestro país. Tiene tal colorido, tal riqueza folklórica y costumbrista, que puede afirmarse no exista otro pueblo en donde el culto a los muertos sobreviva con tanto arraigo y con manifestaciones tan definidas como en México. A propios y extraños asombra la dedicación tanto físicacomo económica con la que los mexicanos honramos a nuestros muertos. La gran cantidad de dineroque se invierte y la prolífica imaginación con que las artesanías y los platillos convierten el festejo; causa dolor y pesadumbre en criterios rígidos que no logran comprender el alma de nuestro pueblo. Todavía en varias poblaciones de México y en el mismo Distrito Federal la ofrenda del día 1 por los "Angelitos", se prepara chocolate, atole, dulces y algunos otros platillos típicos para los niños; en algunas regiones se agregan juguetes de barro o madera y las velas, tantas cuantas son los infantes muertos que la familia recuerda. El 2 de noviembre, las velas y los platillos aumentan de número y de variedad: arroz con leche, arroz con mole, mole negro, tamales, camote, pan dulce, gelatinas, carnes en diferentes guisos, aguas frescas, cerveza, vinos, pulque, frutas de toda clase sin faltar tejocotes, cañas, jícamas, cigarros, etc. En México se han elaborado hasta la actualidad infinidad de dulces en formas de calaveras hechas de azúcar o chocolate, huesos de leche, pepitas o almendra. Se hacían dulces de alfeñique, se cocinaba y hasta la fecha se acostumbra la calabaza en dulce. Las ofrendas son verdaderas obras de arte y tienen sus características propias de cada lugar. Se decoran con papel calado siendo la flor típica el cempasúchil. También se decoran con frutas que forman parte de la comida que se ofrece a los muertos. Además se colocan sombreros, rebozos y otros objetos que usaron los difuntos, lo mismo que herramientas y demás utensilios de trabajo. EL ALTAR DE MUERTOS Los materiales comúnmente utilizados para hacer una Ofrenda de muertos para el Día de Muertos tiene un significado, y son los siguientes: #Retrato de la persona recordada. El retrato del difunto, sugiere el ánima que los visitará la noche del 2 de noviembre. #Pintura o cromo de las Ánimas del Purgatorio. La imagen de las ánimas del purgatorio sirve para pedir la salida del purgatorio del alma del difunto por si acaso se encontrara ahí. #Doce cirios. Aunque pueden ser menos, tienen que ser en pares, y preferiblemente de color morado, con coronas y flores de cera. Los cirios, sobre todo si son morados, son señal de duelo. Los cuatro cirios en cruz representan los cuatro puntos cardinales, de manera que el ánima pueda orientarse hasta encontrar su camino y su casa aparte de agua y sal. # Papel picado de color morado (luto cristiano). # Papel picado de color naranja (luto azteca). # Flores de cempasúchil (del náhuatl: cempoalxóchitl = flor de 20 o más petalos). # Incienso (para alejar a los malos espíritus y para purificar el ambiente). # Cruz de ceniza (para purificar el espíritu del muerto). # Jarra de agua (por si llega fatigado del camino). # Recipiente para lavarse las manos (aguamanil) y toalla. # Comida la favorita del muerto. # Pertenencias las más estimadas por el muerto. # Tequila o bebida preferida del muerto. # Cuatro banderas de papel picado metidas en naranjas. # Pan de muerto. # Calaveras de azúcar. El punto angular de esta tradición, es la creencia de que el espiritu de los difuntos regresa del mundo de los muertos a este, para convivir con sus familiares durante un día, departiendo con ellos, consolándolos y confortándolos ante su pérdida CALAVERITAS LITERARIAS Las calaveras literarias son palabras populares en forma de rimas escritas de manera chusca, divertidas, satíricas y críticas donde se hace referencia a alguna cualidad o defecto de un personaje o de asuntos de interés general o que están de moda, irreverentemente y con una escritura ligera. Comenzó para burlarse de la propia muerte, pero después se amplió a políticos, funcionarios y otros personajes públicos. Son especialmente frecuentes y valoradas en México formando parte importante de la tradición de Día de Muertos Tienen su origen con los epitafios de Jorge Manrique (1440-1479), las primeras calaveras se publicaron en la segunda mitad del Siglo XIX, a modo de caricaturas. Estas imágenes fueron acompañadas con versos, en los que se describían de manera jocosa los motivos de su muerte. Entre las composiciones populares más originales de los mexicanos figuran las "Calaveras", escritas en versos de métrica y rima libres en "honor" de alguna persona o de muertos célebres, y que se elaboran, por tradición, en el mes de noviembre, durante la fiesta de los difuntos. Algunos ejemplos simples de estas son : " Mujeres juntas, ni difuntas! dijo la catrina llevándose a su galán, es más fácil que lloremos juntas que éste se pase de patán!" " Al fin que pa' morir nacimos llegó la flaca y de un jalón y nosotros ya la hicimos vamonos para el pantéon" " Una noche en el panteón llegó la catrina y gritó "Ahí viene Mariano con un palo en la mano" LA CATRINA La Catrina fue creada para hacer una representación metafórica de la clase social alta de México antes de la revolución mexicana. Posteriormente se hizo el símbolo oficial de la Muerte, el 2 de noviembre en México en el día de muertos. El mexicano se burla de la muerte y juega. Bastantes representaciones, específicamente a partir del siglo XIX, han aparecido, como la obra de teatro española Don Juan Tenorio, de Zorrilla, grabados de José Guadalupe Posada, grandes bailes representativos de la época, sátiras, calaveras, pero sin perder su solemnidad y misticismo que estas fechas conllevan. De acuerdo con el folclore mexicano, La Catrina es mejor conocida como la muerte, puede mostrarse de muchas formas. Algunas veces se la encuentra alegre, vestida de manera elaborada, con ganas de divertirse e incluso coquetear con los mortales. Otras, nos la encontramos "en los huesos," lista para llevarnos cuando menos lo esperamos. Sin embargo, la relación que los mexicanos tienen con "La Catrina" se define por una serie de circunstancias íntimamente vinculadas con la historia y cultura de México, por lo que ésta se considera un huésped imprescindible en ocasiones importantes, como el Día de los Fieles Difuntos, que se celebra cada 2 de noviembre. De acuerdo con la tradición mexicana, se cree que la muerte, pero más específicamente la memoria de nuestros fieles difuntos, nos da un sentido de identidad, ayudándonos a arraigarnos a nuestra cultura y a nuestra comunidad. Esta conspicua y perenne compañera la asociamos también, paradójicamente, con el placer de vivir ante la inminencia de la muerte. La Catrina, con su traviesa sonrisa nos invita a asir el momento, y a través de la música y la danza, encontrar el sentido de la vida. La doble identidad de La Catrina nos recuerda que la vida es aquí, ahora y eternamente, como la musica y las artes link: http://www.youtube.com/watch?v=RC6wQyQv--k&feature=related link: http://www.youtube.com/watch?v=RC6wQyQv--k&feature=related link: http://www.youtube.com/watch?v=uirZgbHoVQo