InicioArte30 vicios, X Dolor
30 vicios X, Dolor Autor: Lovene, (personajes propios) (30 vicios, IX Necesidad, no será posteado por tener contenido sexual y violento) Aquel día me ví en la extrema necesidad de preguntarme a mí misma: ¿soy una maldita patosa que no le sale nada bien o estoy jodida, por el simple hecho de que los Dioses tienen algo en mi contra?. Me encontré con que cualquiera de las dos respuestas eran devastadoras y degradantes, y ambas me describían bastante bien. Sí, ahora todos se preguntarán: ¿en qué lío te has metido, pequeña idiota?. Y esta es la parte en la que relataré con melancolía cada uno de los sucesos. Ready, set, go! Bueno, hasta el momento podríamos decir que fue un día bastante normal. Llegué al instituto con el tiempo justo -como siempre-, almorcé en el recreo con mi grupo de amigas, tuve la hora de gimnasia y luego la práctica con las porristas. Hasta ahí todo bien. Mi problema comienza cuando, después de dicha práctica, me quedo dando vueltas por el colegio buscando un maldito libro en la biblioteca. Usualmente no voy, por lo general busco en internet si necesito alguna información; pero me había pasado toda la noche en el Google sin encontrar material de investigación para un largo y tedioso trabajo práctico de Historia. Así que, ni bien terminé, salí como una tromba de allí, con el olor a libros viejos impregnado en la nariz -encima de que me he llenado de polvo, no encontré lo que buscaba-. Después de recorrer unos pasillos, comienzo a bajar la larga escalera -la biblioteca está en el segundo piso-. Mientras hago el descenso, mi celular comienza a sonar, indicándome que tengo un mensaje. Distraída como soy -y patosa, además-, estaba demasiado ocupada respondiendo el mensaje de Emily como para darme cuenta de que estaba a punto de dar un paso en falso. Y como siempre ocurre, me patiné en el escalón mientras me caía de la escalera. Vale aclarar que rodé por todos los escalones, sin una pizca de gracia. Y aparte, me dí la cabeza contra la barandilla. En esos entonces, mi celular se había ido de vacaciones para el piso de abajo, muy lejos de mí. Con un dolor terrible en todo el cuerpo, trato de levantarme, pero un dolor agudo en la pierna no me lo permite. - Esto no puede ser... -mascullé mientras diminutas lágrimas salían de mis ojos. Pronto, me encontré llorando como una idiota en el medio de la escalera, sabiendo que a esas horas, la mayoría de los estudiantes habían salido del instituto y que a nadie se le ocurriría pasar por ahí. Traté de llamar la atención gritando - ¡Ayuda!, ¿hay alguien ahí? -pero lo único que obtuve fue un profundo silencio. - Mierda... Unos diez minutos después -y cuarenta intentos por levantarme más tarde-, siento unos pasos que se acercan. Fijo mi vista y sonrío radiantemente. ¡Sí, al fin alguien me iba a socorrer!. Espero a que mi salvador o salvadora haga acto de presencia y entonces... Oh, Dios mío. Mi salvador no era nada más ni nada menos que Liam Miller, el sexymbol del colegio. Cabello castaño despeinado -sensualmente despeinado-, altura imponente, físico atlético y ojos hipnotizantes. Y una lista de atributos más, pero no venía al caso. El punto era que ni bien me vió, Liam se detuvo para observarme fríamente y sin una pizca de emoción. Lo esperé por unos instantes, quizá cuando terminara con su prolongado escrutinio se dignaría a ayudarme. Pero eso nunca pasó, y como sus ojos carentes de cualquier sentimiento humano me ponían demasiado nerviosa, decidí a hablar. - Emm... Miller, ¿podrías...-? Y mucho me sorprendí cuando continuó subiendo las escaleras sin prestarme el más mínimo de atención, como si ignorara el hecho de que estaba necesitada de ayuda. - ¡Miller! -grité antes de que pudiera alejarse más. Su paso se detuvo y apenas se giró para verme. Dios Santo, realmente tenía los ojos completamente fríos. - ¿Qué quieres? -respondió con tono impersonal. Bien, eso no ha sido nada educado, Liam. En primer lugar, ¡mírame!. Estoy hecha una piltrafa humana y no tienes un poco de consideración. Segundo, por más bueno que estés, no te doy permiso para que me trates así, porque yo siempre he sido muy amable. Como si le hubiera hecho algo alguna vez... - No sé si lo has notado pero... -hice un gesto con las manos señalando la escalera y luego mi pierna machacada- me vendría bien un poco de ayuda. Recibí otra vez una mirada de 'Me importas una mierda' y traté de persuadirlo. Aunque creo que no lo lograré. Carraspeé - No me puedo levantar... ¿te importaría -evité mirarlo a los ojos porque me iba a dar algo-... llevarme a la enfermería? Y otra vez me miraba de esa forma. Me estaba quedando como un maldito iceberg. ¿Podía haber mirada tan gélida? 'No lo creo. Y el chiste es que se ve muy guapo todo serio e ignorante de tu penosa situación'. Sin decir nada, bajó las escaleras hasta situarse frente a mí. Me miró a los ojos y mi cerebro comenzó a funcionar mal. Es que no era fácil no ser presa de sus encantos; aunque él no tuviera ni el menor interés en usarlos conmigo. - ¿Dónde te duele? Otra vez esa voz. Nunca había sido muy sociable, de hecho, siempre es muy callado y reservado, y a pesar de ser muy popular, no tenía la exagerada cantidad de amigos que se esperaría de una persona como él. Y digo 'se esperaría', porque desde que había llegado al instituto, tenía a todas las niñas botando cantidades exhorbitantes de baba. Pero él pasaba de ellas con natural arrogancia y sin una pizca de compasión. - Esto... me duele la pierna, la derecha... creo que me la he quebrado o algo así... Me miró con cara de 'Oh, chica, eres una completa idiota', para luego decirme - Si tuvieras la pierna fracturada, no creo que pudieras hablarme tan tranquila. Seguro andarías llorando como una loca... Me sonrojé. A veces me paso de exagerada, y él no se molesta en dejarlo pasar... No sé cómo ni por qué lo habrá hecho, pero unos segundos después comenzé a sentir cómo sus manos masajeaban la zona dolorida. Tenía un gran moretón, y me dolía a horrores, pero sus manos... Sus manos suaves lo aliviaban todo. Me lo quedé mirando, mientras se me subían todos los colores a la cara. Y es que, no siempre Liam Miller masajea tu pierna tan lentamente, que sientes ganas de tirártele encima y hacer todo tipo de cosas escandalosas... Lo curioso era que no había dejado de mirarme desde que había comenzado. Sus ojos fijos en mí, todo el tiempo. Yo no sabía dónde carajo meterme. Tener esos ojos observándome y sentir sus manos suaves aliviando mi dolor era demasiado para una chica promedio como yo. Me hacía sentir pequeña, muy pequeña. Mis piernas comenzaron a temblar, delatándome y haciéndome poner como una manzana. ¡Qué buen momento han elegido!. Estaba bien que pensamientos pecaminosos sobre Liam y la suavidad de sus manos pasaran por mi cabeza, y que aceptara interiormente lo mucho que me gustaba sentirlas, pero... ¡no era necesario que él lo supiera!. - ¿Por qué tiemblas? -me preguntó, y por un momento creí ver el pequeño nacimiento de una sonrisa arrogante. Ahora sí que quería esconderme en algún lugar remoto del planeta. He comenzado a considerar a la Antártida como un buen destino - Emm... y-yo, yo no... no estoy temblando... Claro, niégalo. Niégalo, ahora que el chico sabe que estás en efecto, babeándote por él sin ningún atisbo de dignidad. Se acercó hasta quedar a centímetros de mi rostro. Podía sentir su nariz rozando la mía. ¿Y ahora qué caraj-?... - Pues a mí no me lo parece. Tragué pesado, con la cara a punto de explotar. ¿Qué rayos hacía el sublime Liam hablándome de esa manera, y masajeando mi pierna aún?. ¿Y por qué se me ha acercado tanto?. Parece que aún no ha notado lo idéntica que me veo a un farolito de navidad... - Mi-Miller... tú... ¿por qué estás... -¡habla de una puta vez, babosa!. Dios, este hombre me pone estúpida-... haciendo eso? - Es para que se te pase el dolor -me contestó, aún mirándome con sus ojos fríos como el hielo-. Ha sido sólo un moretón. Y continuó subiendo sus manos, hasta llegar a la mitad de mi muslo, que convenientemente, me dolía como la puta madre. Trazó movimientos circulares con sus dedos, haciéndome poner todavía más colorada. Porque, si mi mente perversa y degenerada estaba en lo cierto, continuaría subiendo hasta llegar a mis... 'Dios, eres cruel. Mira en la situación que me pones. Y sin embargo, me siento infinitamente agradecida...' Y el chico lo estaba logrando. Me estaba haciendo sentir incendiada. ¡Yo, la casta Heather Laurent, modelo de la inocencia y la idiotez eternas, INCENDIADA!. Ni conocía lo que era estar incendiada hasta que él decidió posar sus manos en mis adoloridas piernas. Y, maldición, él sabía que me gustaba, y estaba comenzando a creer que jugaba con mi maldita excitación. No, estaba jugando con mi maldita excitación. Algunos minutos después -que a mí se me hicieron horas-, sentí que sus manos dejaban de moverse. Con el corazón latiendo como un caballo desbocado, traté de decirle algo, pero... - Intenta levantarte ahora... Dispuesta a obedecerlo, porque sus malditas caricias y sus ojos de hielo me ponían hecha una histérica, traté de levantarme muy de a poco, con un fuerte dolor en mi cabeza. Estaba muy segura de que amanecería con un chichón del tamaño de Canadá... Logré ponerme en pie, sorprendida ante el hecho de que el método de Liam había funcionado. Quizás me había imaginado cosas que no eran, y él sólo quería que se me pasara el dolor. Sí, definitivamente mis hormonas alborotadas ante su perfección me jugaban malas pasadas. Como si Liam Miller, el ser humano más deseado de toda la secundaria fuera a querer acariciarme o seducirme. ¡Qué boba era!. Yo me encontraba del lado de la pared, y casi ni me di cuenta cuando, de repente, Liam me tenía acorralada y por segunda vez, a escasos centímetros de mi cara -que inmediatamente adoptó el color de un semáforo en rojo-. - Laurent. ¿Eh, conocía mi apellido?. Vaya, eso era raro, teniendo en cuenta que nunca he cruzado más de dos palabras con él. - ¿S-sí? - Deberías caerte de la escalera más seguido. - ¿Q-qué-? - Porque tienes las piernas muy suaves, tal y como las había imaginado. Susurró eso último de una manera tan sugerente que, demonios, había logrado encender cada célula de mi cuerpo. Y se marchó, dejándome contra la pared completamente embriagada con su aroma y sus palabras. 'Porque tienes las piernas muy suaves, tal y como las había imaginado' ¿Liam había imaginado que mis piernas eran suaves?. 'Deberías caerte de la escalera más seguido' ... Aún sin creérmelo, llegué a casa con mi corazón latiendo desenfrenadamente. Y ahora, en la soledad de mi habitación, y después de pensarlo tanto tiempo a solas me dije que, no me molestaría caerme de la escalera todos los días con tal de que él me acariciara de esa manera y me volviera loca con su manos. Liam Miller, eres la mejor terapia que he conocido sobre moretones. Procuraré tropezarme más seguido. Próximo: 30 vicios, XI leer
Datos archivados del Taringa! original
0puntos
198visitas
0comentarios
Actividad nueva en Posteamelo
0puntos
0visitas
0comentarios
Dar puntos:

Dejá tu comentario

0/2000

No hay comentarios nuevos todavía

Autor del Post

S
Usuario
Puntos0
Posts8
Ver perfil →
PosteameloArchivo Histórico de Taringa! (2004-2017). Preservando la inteligencia colectiva de la internet hispanohablante.

CONTACTO

18 de Septiembre 455, Casilla 52

Chillán, Región de Ñuble, Chile

Solo correo postal

© 2026 Posteamelo.com. No afiliado con Taringa! ni sus sucesores.

Contenido preservado con fines históricos y culturales.