La amenaza del tigre volador
El insecto autoestopista, como ha calificado el entomólogo Paul Reiter al mosquito tigre, hace años abandonó sus orígenes, en Asia, y se dedicó a viajar por todo el mundo. Reiter ha recorrido el globo como cazador de insectos. Tras trabajar en los Centros de Control y Prevención de Enfermedades (CDC) de Estados Unidos, hoy dirige el departamento de Enfermedades Infecciosas Transmitidas por Insectos del Instituto Pasteur de París. Él sabe lo que es vérselas contra este fiero mordedor, el Aedes albopictus, cuya presencia se ha constatado en 40 países de los cinco continentes. El tigre, que es muy resistente al frío, ha dado el salto al viejo continente y está en España desde que, en 2004, se asentó cerca de Barcelona. “El mosquito tigre que tenemos en Europa proviene probablemente de Japón, donde los inviernos son muy crudos”, dice Reiter. “Ante el frío, sus huevos hibernan y son capaces de sobrevivir”.
Cuando este diminuto insecto pica, el dolor es insufrible. El mosquito tigre, que transmite doce tipos de virus, ya se ha instalado en 40 países, incluido España, y ha puesto en alerta a las autoridades sanitarias de todo el globo.
Fue Reiter quien descubrió que el tigre se había instalado en Estados Unidos. En 1983, en un cementerio de Memphis, Tennessee, se topó con un ejemplar en la hoja de un árbol. ¿Cómo había viajado decenas de miles de kilómetros desde Asia hasta la cuna de Elvis? La respuesta llegó dos años después, cuando se confirmó su presencia en el Condado de Harris, en Texas. En esta ocasión campaba a sus anchas en un cementerio de ruedas usadas. “Tanto Aedes aegypti –el mosquito de la fiebre amarilla– como Aedes albopictus –el tigre– crían en los bosques, pero los neumáticos son un buen sustituto de las ramas de un árbol. El caucho recoge agua, permite que las larvas se alimenten, aísla de la luz y conserva la humedad. En esa zona de Texas muchas compañías estaban importando neumáticos desde Japón y los exportaban a otros países”. El tigre se las había arreglado para viajar en los contenedores de las ruedas.
Sí es tan fiero este insecto como lo pintan
El peculiar apellido del mosquito tigre no es casual y se debe a las bandas blancas y negras de su abdomen. Otra buena razón para su apelativo felino es su fiereza. La picadura de este insecto de tan sólo cinco milímetros de longitud hace que la vida de la gente fuera de sus casas sea “realmente insufrible”, dice Reiter. Hay otros mosquitos más respetuosos, como Aedes aegypti, que tiene una probóscide muy fina y suele inyectar un anestésico para minimizar el dolor. Pero el tigre no sabe de sutilezas. “La diferencia es la misma que la que hay entre pincharse con una aguja o con un cuchillo”, asegura el experto. Que se lo pregunten a los romanos, cuya ciudad está invadida por el bicho. “Los hoteles tienen que mantener las puertas cerradas ya que, si no, ataca a la gente de la recepción. Hasta en el Vaticano tienen problemas”, asegura el científico.
El tigre es un invasor global. Un cuarto de siglo después de su llegada a EE UU, se ha instalado con comodidad en 36 de sus estados y “ha sobrevivido incluso a los terribles inviernos de Chicago”, explica Reiter. Y desde allí ha pasado a Sudamérica. En 1986 fue detectado en Sao Paulo (Brasil) y se propagó por el sureste del país. Según Science, alcanzó México en 1993 y dos años después El Salvador, Guatemala y Honduras. En 1998 se extendió a Argentina, Colombia y Paraguay, y Panamá y Nicaragua. Su aventura africana se ha confirmado en Camerún, Guinea ecuatorial, Nigeria y Gabón. En 1979 Reiter lo detectó por primera vez en un país europeo, Albania, y su evolución ha sido imparable. “Italia lo importó a principios de los noventa y después pasó a Suiza, el sur de Francia, Croacia y la antigua Yugoslavia. No me cabe duda de que muy pronto llegará a París”.
Viajan como polizones y anidan en zonas húmedas
Por su resistencia y movilidad se comprende la transmisión de infecciones. Las investigaciones han mostrado que este insecto puede contagiar hasta doce tipos de virus distintos. Los expertos creen que el Aedes albopictus transmite una variedad de dengue menos virulenta que su primo, el Aedes aegypti, que es el principal vector del virus.
Su voracidad indiscriminada le hace menos peligroso
Algunos estudios sugieren que el insecto podría contagiar la fiebre amarilla y otros virus denominados arbovirus. En el laboratorio, Paul Reiter y su equipo cultivaron líneas celulares derivadas del propio mosquito, las infectaron con distintos tipos de virus y así probaron que las células del tigre eran bastante susceptibles a la infección. “Eso no significa necesariamente que sea un buen vector, para ello deben darse muchos factores”, señala el investigador. En primer lugar, hay que tener en cuenta el comportamiento del insecto. “Para que un mosquito pueda transmitir un virus, primero tiene que chupar sangre infectada y tras un tiempo de incubación sus glándulas salivares quedan contagiadas. Cuando el mosquito perfora la piel, expulsa saliva, que llega a los capilares sanguíneos con los virus que infectan al huésped. Por tanto, transcurre un periodo de tiempo desde que el mosquito adquiere su dosis infecciosa hasta que se hace contagioso”, explica.
El mosquito tigre pica a muchas criaturas distintas y no es tan específico para los humanos como el Aedes aegypti, un mordedor de primates. Pero el albopictus ataca a todo lo que se mueve. “Si tienes un gato en el salón, probablemente le vaya a picar a él antes que a ti –dice Reiter– lo que hace que sea un vector secundario para la transmisión de virus”. Es un consuelo, aunque sus picotazos seguirán haciendo gritar de dolor.
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