La VERDAD no es agradable muchas veces. Tampoco es desagradable. Es como un plato de lechuga: te hace bien, te limpia, te nutre, pero no es tan apetitosa como un plato de dulces. Si a la gente le das a elegir entre un plato lleno de dulces y un plato de lechugas, elegirán generalmente los dulces sin importar las consecuencias.
Cuando en este y otros países hay elecciones, sucede igual. De hecho, la mayoría de los políticos se preparan para adornar platos de dulces en las elecciones.La razón es simple: si uno ofreciese un plato de lechuga y una larga dieta en base a ellas, quien me votaría?
Así sucede con la verdad. Es una limpieza que necesitamos, pero nadie quiere hacerla
Estamos adictos a los dulces. nos hacen mal, pero mientras se pueda, seguimos engordando nuestros sentidos.
La mayoría de las personas no quieren correr el riesgo de adoptar la VERDAD como forma de vida.
De hecho, basta mirar la TV de hoy en día. No son acaso los programas de chismes los que llenan la grilla? No son los esculturales cuerpos de mujeres sensuales como los platos de dulces las que encandilan con sus ritmos? No son acaso los programas de críticas los que llenan nuestros huecos frente a la TV?
Y lo han hecho muy bien, porque nos han encerrado. Casi no podemos salir a la calle por temor. El miedo, la desconfianza, la inseguridad, todo eso junto, ha generado el caldo de cultivo que nos convierte en “gordos adictos encerrados en nuestras casas”. Somos simplemente, come-dulces alienados.
Renegamos cuando nos vemos gordos, cuando nos duelen las panzas, pero estaríamos de verdad dispuestos a limpiarnos comiendo sólo lo sano, por más amargo que sea?
Cuando uno se indigestaba con dulces, nuestras abuelas en el campo hacían unos té de carqueja y otros amargos yuyos. La verdad y literalmente, sabían amargos.
“Tomalo todo!” nos exigían. Y pese a nuestros berrinches, si pasábamos el mal trago, luego de un rato de quedarnos quietos, el amargo yuyo hacía su natural magia, y de repente, el malestar pasaba, y nos sentíamos limpios.
Así es la Verdad, así obra en nosotros si la dejamos: nos limpia, expulsa todas las porquerías que ingerimos. Y luego de un tiempo, nos damos cuenta que lo que de verdad nos nutre, es la simple y sencilla Verdad.
La mayoría de las personas, por ahora un 54%, quiere dulces, no lechuga.
Siempre variarán los porcentajes. La Verdad, como el ayuno y la dieta, exige sacrificios. Exige no “comerse” lo primero que vemos, sino ser concientes de lo que estamos por comer, por meter dentro de nosotros.
Significa que tenemos que tener la capacidad de discernimiento entrenada, el conocimiento y la memoria también. Eso! la memoria! Si usásemos ese instrumento, nos acordaríamos de lo que nos hizo mal en el pasado, de TODO y no sólo de las décadas recientes, y reaccionaríamos negándonos a ingerir lo que nos dan como la gran comida.
Uno debería tener claro ya a estas alturas, que no hay grandes y milagrosas comidas por más atractivas que sean, que suplan a aquellas para los que nuestro organismo fue diseñado. Si somos inteligentes y VERACES; es muy fácil saber lo que nos hace bien y lo que nos hace mal. Pero nos comportamos como chicos que se ilusionan, comiendo dulces y más dulces.
Después, naturalmente, vienen las indigestiones, las pataletas, y por cada minuto de placer y gula, nos tocan días de recuperación.
En la vida de nuestra patria ARGENTINA, y del mundo todo, es IGUAL. Ya sabemos quienes hacen bien, y quienes hacen mal. Pero siempre y por necios, elegimos estar cerca del vendedor de golosinas de colores, que del quintero que siembra lechugas. Claro, no es atractivo lo que nos da. Tiene gusto a nada…y si no tiene gusto, para qué sirve? PARA ALIMENTARTE Y NUTRIRTE, sin hacerte daño
Son pocos los que optan por la dieta, por la abstinencia de lo que hace mal. Claro, es una vida austera, sin granes atracciones. Pero tampoco hay decepciones, porque desde el principio uno sabe qué es, para qué es, y qué produce la VERDAD.
Más allá de eso, la Verdad, siempre estara allí, mal que le pese a los mentirosos. A la hora de la muerte, solo queda LA VERDAD.
Los que caminaron por ella, van a ella. Los que no, también. Así que sólo es cuestión de tiempo.
En el tiempo que me queda, no se si la pasaré muy bien, pero elijo LA VERDAD!
Cuando en este y otros países hay elecciones, sucede igual. De hecho, la mayoría de los políticos se preparan para adornar platos de dulces en las elecciones.La razón es simple: si uno ofreciese un plato de lechuga y una larga dieta en base a ellas, quien me votaría?
Así sucede con la verdad. Es una limpieza que necesitamos, pero nadie quiere hacerla
Estamos adictos a los dulces. nos hacen mal, pero mientras se pueda, seguimos engordando nuestros sentidos.
La mayoría de las personas no quieren correr el riesgo de adoptar la VERDAD como forma de vida.
De hecho, basta mirar la TV de hoy en día. No son acaso los programas de chismes los que llenan la grilla? No son los esculturales cuerpos de mujeres sensuales como los platos de dulces las que encandilan con sus ritmos? No son acaso los programas de críticas los que llenan nuestros huecos frente a la TV?
Y lo han hecho muy bien, porque nos han encerrado. Casi no podemos salir a la calle por temor. El miedo, la desconfianza, la inseguridad, todo eso junto, ha generado el caldo de cultivo que nos convierte en “gordos adictos encerrados en nuestras casas”. Somos simplemente, come-dulces alienados.
Renegamos cuando nos vemos gordos, cuando nos duelen las panzas, pero estaríamos de verdad dispuestos a limpiarnos comiendo sólo lo sano, por más amargo que sea?
Cuando uno se indigestaba con dulces, nuestras abuelas en el campo hacían unos té de carqueja y otros amargos yuyos. La verdad y literalmente, sabían amargos.
“Tomalo todo!” nos exigían. Y pese a nuestros berrinches, si pasábamos el mal trago, luego de un rato de quedarnos quietos, el amargo yuyo hacía su natural magia, y de repente, el malestar pasaba, y nos sentíamos limpios.
Así es la Verdad, así obra en nosotros si la dejamos: nos limpia, expulsa todas las porquerías que ingerimos. Y luego de un tiempo, nos damos cuenta que lo que de verdad nos nutre, es la simple y sencilla Verdad.
La mayoría de las personas, por ahora un 54%, quiere dulces, no lechuga.
Siempre variarán los porcentajes. La Verdad, como el ayuno y la dieta, exige sacrificios. Exige no “comerse” lo primero que vemos, sino ser concientes de lo que estamos por comer, por meter dentro de nosotros.
Significa que tenemos que tener la capacidad de discernimiento entrenada, el conocimiento y la memoria también. Eso! la memoria! Si usásemos ese instrumento, nos acordaríamos de lo que nos hizo mal en el pasado, de TODO y no sólo de las décadas recientes, y reaccionaríamos negándonos a ingerir lo que nos dan como la gran comida.

Uno debería tener claro ya a estas alturas, que no hay grandes y milagrosas comidas por más atractivas que sean, que suplan a aquellas para los que nuestro organismo fue diseñado. Si somos inteligentes y VERACES; es muy fácil saber lo que nos hace bien y lo que nos hace mal. Pero nos comportamos como chicos que se ilusionan, comiendo dulces y más dulces.
Después, naturalmente, vienen las indigestiones, las pataletas, y por cada minuto de placer y gula, nos tocan días de recuperación.
En la vida de nuestra patria ARGENTINA, y del mundo todo, es IGUAL. Ya sabemos quienes hacen bien, y quienes hacen mal. Pero siempre y por necios, elegimos estar cerca del vendedor de golosinas de colores, que del quintero que siembra lechugas. Claro, no es atractivo lo que nos da. Tiene gusto a nada…y si no tiene gusto, para qué sirve? PARA ALIMENTARTE Y NUTRIRTE, sin hacerte daño
Son pocos los que optan por la dieta, por la abstinencia de lo que hace mal. Claro, es una vida austera, sin granes atracciones. Pero tampoco hay decepciones, porque desde el principio uno sabe qué es, para qué es, y qué produce la VERDAD.
Más allá de eso, la Verdad, siempre estara allí, mal que le pese a los mentirosos. A la hora de la muerte, solo queda LA VERDAD.
Los que caminaron por ella, van a ella. Los que no, también. Así que sólo es cuestión de tiempo.
En el tiempo que me queda, no se si la pasaré muy bien, pero elijo LA VERDAD!