El insólito hecho se registró el Río Hondo. Todo ocurrió a metros del principal acceso al cementerio ubicado en el barrio Herrera El Alto.
Un sujeto de aproximadamente 30 años caminaba tranquilamente con un féretro color blanco y envuelto en una funda de goma con destino a la ruta nacional 9. A los pocos minutos, Juan Carlos Bulacio, empleado municipal que cumple funciones de sereno en la necrópolis, advirtió que el joven trasladaba el pequeño ataúd y salió en su búsqueda para recuperarlo, comenta El Liberal.
“Yo estaba adentro, cuando salgo a la vereda veo que el muchacho iba con el cajón en el hombro, salgo en la bicicleta y lo detengo, le quito el cajón y no se resistía en devolverlo, es la primera vez en 32 años de trabajo que me pasa algo así”, resaltó Bulacio.
El sereno consideró que el ataúd fue sustraído de alguna bóveda pequeña y desconocía el sector de dónde lo habría sustraído, no obstante, testigos observaron minutos antes que el sujeto oriundo del barrio Villa Balnearia estuvo rondando en el sector donde el gremio de los Gastronómicos sepultan a sus afiliados o familiares, dice El Liberal.
El sujeto fue identificado como Eduardo Ariel Toto (de 31 años), oriundo del populoso barrio Villa Balnearia. Cuando se lo requisó, en presencia de testigos y del juez Juan Ignacio Coria Vignolo, en un bolso tenía $700 pesos, anteojos, documento de identidad, alicates, desodorante, tarjeta de pensión por invalidez y una billetera. En el féretro había restos óseos de un bebé, según pudo saberse.

