Te propongo un ejercicio de imaginación. Intenta visualizar por un momento cómo crees que podrían ser la mayoría de mundos con vida de nuestra Galaxia. ¿Listo? Adelante.... ¿Ya? Déjame adivinar. Lo más probable es que hayas pensado en un mundo similar a la Tierra, ¿no?. Un planeta rocoso cubierto en gran parte por océanos de agua líquida. Una canica azul, vamos. Y es normal, porque la Tierra es el único mundo con vida que conocemos. Normal, pero equivocado. Porque resulta que la mayoría de planetas en la Vía Láctea bien podrían tener este curioso aspecto:
Imagen artística de una exotierra situada alrededor de una enana roja. La zona habitable es una estrecha franja en el terminador (Beau. The Consortium).
Se trata de una exotierra situada alrededor de una estrella enana roja, un astro mucho más pequeño que el Sol. Puesto que la luminosidad de estos astros es muy baja, un planeta habitable debe orbitar muy cerca para mantener agua líquida en su superficie. Tanto, que en la mayoría de los casos debe mostrar siempre el mismo hemisferio hacia su estrella, un mecanismo que se conoce como acoplamiento de marea (tidal locking) y que es el mismo que provoca que la Luna siempre muestra la misma cara hacia nosotros. Como resultado, uno de los hemisferios tendría -dependiendo de la cantidad de agua- un desierto o un océano gigante con temperaturas altísimas, mientras que la otra cara permanecería siempre sumida en la oscuridad albergando un gigantesco casquete glaciar. Un mundo de extremos, sin duda. Pero, con un poco de suerte, una franja alrededor del terminador -la frontera entre el día y la noche- reuniría las condiciones adecuadas para permitir la presencia de agua líquida y, quizás, la vida.
La curiosa disposición con zonas circulares en este tipo de exotierras es el causante de que reciban el apodo de 'Tierras con forma de ojo' o eyeball earths (una traducción más correcta pero también más horrorosa sería las 'Tierras-globos oculares'). Las eyeball earths son uno de los miembros más exóticos del amplio zoológico de planetas que hemos empezado a descubrir recientemente. Junto a ellas tenemos los mundos océano, los planetas de diamante, los mundos con mares de magma o los planetas con órbitas excéntricas como cometas, entre otras muchas otras 'rarezas cósmicas'.
Zoo de exoplanetas exóticos (geosci.uchicago.edu).
Las eyeball earths con más agua tendrían un océano global cubierto por hielo en su lado oscuro (R. T. Pierrehumbert).
La importancia de las Tierras con forma de ojo radica en las estrellas que orbitan. Y es que las enanas rojas, o estrellas de tipo M, son las estrellas más numerosas del Universo (hasta el 70% de todas las estrellas son enanas rojas). Aunque una pequeña fracción posea exotierras, su número total debe ser muy superior al de 'exotierras normales' localizadas alrededor de estrellas de tipo solar. Y, por si fuera poco, las estimaciones actuales sugieren que de fracción pequeña, nada: hasta el 48% de estrellas enanas rojas podrían tener exotierras a su alrededor (otra cosa muy diferente es que la vida haya surgido en ellas). Todavía no hemos descubierto una Tierra con forma de ojo, al menos que sepamos. Los exoplanetas Gliese 581d y el controvertido Gliese 581g bien podrían ser exotierras de este tipo. El telescopio espacial Kepler estaba estrechando el cerco sobre estas tierras exoplanetarias, las más fáciles de descubrir gracias a su corto periodo orbital, hasta el fallo de su cuarto volante de reacción (una verdadera lástima).
Mientras se anuncia el descubrimiento de una posible Tierra con forma de ojo, debemos profundizar más en sus características usando modelos teóricos. Y ese es precisamente el objetivo del proyecto HABEBEE (Exploring the Habitability of Eyeball-Exo-Earth), liderado por Daniel Angerhausen. HABEBEE pretende construir modelos de exotierras en enanas rojas en función de la distancia de sus estrellas, su densidad, intensidad de su campo magnético y cantidad de agua, entre otros parámetros. De esta forma, cuando descubramos un candidato a Tierra con forma de ojo seremos capaces de juzgar mejor su habitabilidad. Por supuesto, también pueden existir otras exotierras alrededor de enanas rojas. Por ejemplo, podemos imaginar un mundo situado en la parte exterior de la zona habitable completamente cubierto por hielo (una especie de 'super-Europa') o también podemos imaginar planetas con océanos globales.
Agua en el terminador de una exotierra alrededor de una enana roja (según el Daily Mail UK)
Además de modelos teóricos, el equipo de Angerhausen planea reunir todo tipo de microorganismos, incluyendo extremófilos, con el fin de estudiar su capacidad para sobrevivir en las exotierras más exóticas. El objetivo último es comprobar si la vida puede sobrevivir en las Tierras con forma de ojo usando la cámara de simulación planetaria del laboratorio de astrobiología de la Universidad de Sao Paulo en Brasil. Una de las variables más críticas es la radiación, ya que las enanas rojas son famosas por generar fulguraciones brutales que pueden aumentar entre cien y mil veces la dosis normal de radiación ultravioleta. Para determinar los peligros de la radiación, el equipo de HABEBEE quiere radiar muestras de hielo con microorganismos usando el sincrotrón de Campinas, en Brasil.
Con un poco de suerte, algunos de los candidatos a Tierra con forma de ojo que descubramos en los próximos años podrán ser analizados por el telescopio espacial James Webb, aunque para detectar biomarcadores en sus atmósferas necesitaremos telescopios más avanzados de nueva generación.
Las Tierras con forma de ojo abren la puerta a un sinfín de posibilidades. Por ejemplo, ¿cómo serán las formas de vida complejas que hayan surgido en un mundo así?¿Existirán plantas de color negro para aprovechar mejor la rojiza luz de su estrella?¿Qué ideas acerca del Universo tendrá una hipotética especie inteligente que haya evolucionado en un ambiente tan distinto al nuestro? Dentro de poco tiempo podríamos tener la respuesta a estas fascinantes preguntas.