Némesis
Némesis: el objeto y la deidad.
En el post del Planeta X se habló del Abismo de Kuiper, especulándose acerca de la existencia de un planeta desconocido ubicado más allá de la órbita de Plutón, el cual podría explicar la abrupta ausencia de cuerpos en algunas partes del mencionado cinturón de Kuiper.
Sin embargo, dicho cuerpo no es en absoluto el único objeto buscado por la comunidad astronómica, ya que existen y existieron otros cuerpos celestes propuestos para explicar ciertas anomalías observadas en el sistema solar. Seguiremos entonces esta serie con un misterioso objeto, del cual ni siquiera se puede indicar con algún grado de seguridad "¿Qué es?". Hablamos de la hipotética compañera de nuestro astro rey, "Némesis".
Némesis, supuesta compañera del Sol.
La existencia de Némesis apareció por primera vez en un artículo de investigación publicado en 1984 por R. A. Muller (físico, Universidad de California en Berkeley), Piet Hut (físico, Instituto de Estudios Avanzados de Princeton) y Mark Davis (Princeton) en la revista Nature. Según este artículo, Némesis sería una estrella muy poco brillante, además de ser bastante pequeña, o podría ser una enana marrón (una estrella fallida que no consiguió encenderse), pero también podría ser un planeta gaseoso gigante. Lo poco que sabemos es que tendría una órbita decenas, centenas o hasta millares de veces más distante que la de Plutón, que por aquel entonces representaba el borde de nuestro sistema solar.
Esquema de la "teoría Némesis".
En otras palabras, Némesis es una hipótesis astronómica que sustenta la posibilidad de que nuestro Sol forme parte de un sistema binario (sistema estelar que involucra a dos estrellas). En este sistema, la estrella compañera del Sol (aún no descubierta) se llamaría Némesis (la diosa griega de la retribución y la venganza, para no perder la tradición de nombrar a los planetas con los nombres de los dioses de la antigüedad clásica) por los efectos catastróficos que produciría, supuestamente, al perturbar periódicamente la Nube de Oort.
Nube de Oort, lugar de procedencia de los cometas.
Hipotética órbita de Némesis alrededor del sol, durante sus acercamientos la influencia gravitatoria que ejercería sobre los cometas de la Nube de Oort, podría provocar una andanada que se dirigiría hacia el interior del sistema solar.
Esquema del "empujón" que daría Némesis a los cometas de la nube de Oort.
Según esta hipótesis, nuestro Sol (al igual que el 50% de los sistemas de estrellas de la galaxia) formaría parte de un sistema binario. El otro miembro del sistema podría ser una de varias posibilidades, una enana negra (una estrella apagada o "muerta", resultado del fin de la combustión de una enana blanca), una enana roja, una enana marrón, un planeta gigante o hasta se ha especulado con la posibilidad de que Némesis sea un pequeño agujero negro.
Una enana negra. Se considera que Némesis no podría ser una estrella de este tipo, ya que el tiempo de formación de una enana negra sería - de acuerdo con el modelo teórico - mayor a la edad actual del universo.
Enana roja. La mayoría de los científicos consideran poco probable que Némesis se trate de una enana roja, debido a que posiblemente ya se hubiera detectado un cuerpo similar.
Una enana marrón, el mejor candidato para ser Némesis.
Gigante gaseoso. Para que uno de estos planetas pudiera ejercer la suficiente influencia gravitatoria sobre la Nube de Oort, debería ser muy grande, casi entrando en los límites de una enana marrón. Por el contrario, el también hipotético Planeta "X" se adecúa más a este cuerpo.
Una de las ideas más extravagantes sugiere que Némesis podría ser un agujero negro, lo cual es muy difícil de probar.
El supuesto objeto orbitaría a una distancia de entre 1 y 3 años luz del sol, completando una órbita cada 26 a 34 millones de años. Némesis durante su recorrido pasaría cerca - o entraría - en la nube de Oort, desestabilizándola y lanzando lluvias de grandes cometas en dirección al Sol, lo que explicaría la aparente periodicidad de los grandes impactos y las extinciones asociadas (confirmada por el registro fósil y los estratos geológicos de iridio, un metal que no procede de nuestro planeta). También existen algunas mediciones magnetométricas y otros indicios que favorecerían esta suposición. Sin embargo, el hecho de no haberse registrado un campo gravitatorio asociado a la estrella pone en entredicho la hipotesis.
El registro fósil sugiere cierta periodicidad en las extinciones masivas por parte de cometas, siendo este uno de los principales fundamentos de la hipótesis Némesis.
Gráfico que nos muestra a la "otras" Némesis. En el pasado, varias estrellas se aproximaron a la nube Oort del Sol, y he aquí a las próximas. Fíjense que solo Gliese 710 (se pronuncia glise) o GL 710 es el único cuerpo en el lapso de algunos millones de años que se sumergirá en la Nube de Oort.
Comparación entre el Sol, Júpiter, la Tierra y algunos "candidatos" a Némesis. Una enana negra debería estar entre una enana roja y una marrón.
Desde esas fechas la hipótesis aparece y desaparece periódicamente en los medios de comunicación o en la comunidad científica, siendo a veces ridiculizada y a veces sustentada. Los científicos mayoritarios oscilan entre el escepticismo y el vago interés, aunque hay un grupo que la apoya de manera más o menos discreta. Un grupo que defendió fervorosamente su existencia fueron los que creían en Hecólubus. ¿Se acuerdan de esos charlatanes y/o crédulos?
A comienzos de 2000, un equipo de astrónomos de EE.UU. calculó que la estrella oscura, en caso de existir, podría ser un enana marrón, coincidiendo con las afirmaciones de John Matese, de la Universidad de Luisiana, quien ese mismo año estudió las órbitas de ochenta y dos cometas de la nube de Oort, afirmando que sus órbitas tenían algunos elementos extraños en común que sólo se podían explicar por la influencia gravitacional de un objeto de varias veces el tamaño de Júpiter. Según su hipótesis, el nuevo planeta estaría 30.000 veces más lejos del Sol que la Tierra, y haría su órbita alrededor del Sol en el sentido opuesto al de los otros miembros del Sistema Solar.
Los cometas de órbitas hiperbólicas son otras posibles victimas de este objeto. Un cometa normalmente sigue una órbita parabólica, es decir, orbita alrededor del sol, en un periodo determinado de tiempo, el cual puede ser de unos pocos años a miles de ellos, pero una trayectoria hiperbólica la sigue un objeto que entra por primera vez al interior del sistema solar, sólo para nunca más volver, perdiéndose en el vacío interestelar. Algo decididamente debió afectar a estos cometas para que sigan una órbita tan radical, y una explicación podria ser la influencia de Némesis.
Con todo la busqueda de Némesis continua. Si el cuerpo existe, los últimos avances de nuestra tecnología astronómica, permitirían en los próximos años la detección de este elusivo cuerpo. Incluso se especula que el telescopio Infrarrojo WISE, actualmente observando el cielo, estaría capacitado para detectarlo, pero no esperen resultados por lo muy pronto, ya que es largo el proceso de análisis.
El telescopio espacial WISE.
De todas maneras, hay una realidad incuestionable, y es que la gran mayoría de las estrellas que vemos en el cielo nocturno, son en realidad sistemas estelares compuestos de dos, tres o más estrellas que se orbitan mutuamente. Las estrellas solitarias como el Sol, son muy raras. Por eso hay algunos astrónomos que sugieren que, independientemente de si se trate de Némesis, el Sol sí posee una compañera y que sería la responsable tanto de las extinciones masivas como de las anomalías en las órbitas de los planetas más exteriores. Otros en cambio, prefieren la hipótesis de un planeta gigante, más pequeño que una estrella enana parda pero con un tamaño similar al de los gigantes gaseosos de nuestros sistema solar.
En cualquier caso esto nos demuestra que a pesar de aumentar nuestro conocimiento del cosmos en las últimas décadas, este sigue siendo un lugar lleno de misterios esperando la mirada escrutadora de la ciencia.
Esta sería la imagen más probable de Némesis, en caso de existir.
Némesis: el objeto y la deidad.
En el post del Planeta X se habló del Abismo de Kuiper, especulándose acerca de la existencia de un planeta desconocido ubicado más allá de la órbita de Plutón, el cual podría explicar la abrupta ausencia de cuerpos en algunas partes del mencionado cinturón de Kuiper.
Sin embargo, dicho cuerpo no es en absoluto el único objeto buscado por la comunidad astronómica, ya que existen y existieron otros cuerpos celestes propuestos para explicar ciertas anomalías observadas en el sistema solar. Seguiremos entonces esta serie con un misterioso objeto, del cual ni siquiera se puede indicar con algún grado de seguridad "¿Qué es?". Hablamos de la hipotética compañera de nuestro astro rey, "Némesis".
Némesis, supuesta compañera del Sol.
La existencia de Némesis apareció por primera vez en un artículo de investigación publicado en 1984 por R. A. Muller (físico, Universidad de California en Berkeley), Piet Hut (físico, Instituto de Estudios Avanzados de Princeton) y Mark Davis (Princeton) en la revista Nature. Según este artículo, Némesis sería una estrella muy poco brillante, además de ser bastante pequeña, o podría ser una enana marrón (una estrella fallida que no consiguió encenderse), pero también podría ser un planeta gaseoso gigante. Lo poco que sabemos es que tendría una órbita decenas, centenas o hasta millares de veces más distante que la de Plutón, que por aquel entonces representaba el borde de nuestro sistema solar.
Esquema de la "teoría Némesis".
En otras palabras, Némesis es una hipótesis astronómica que sustenta la posibilidad de que nuestro Sol forme parte de un sistema binario (sistema estelar que involucra a dos estrellas). En este sistema, la estrella compañera del Sol (aún no descubierta) se llamaría Némesis (la diosa griega de la retribución y la venganza, para no perder la tradición de nombrar a los planetas con los nombres de los dioses de la antigüedad clásica) por los efectos catastróficos que produciría, supuestamente, al perturbar periódicamente la Nube de Oort.
Nube de Oort, lugar de procedencia de los cometas.
Hipotética órbita de Némesis alrededor del sol, durante sus acercamientos la influencia gravitatoria que ejercería sobre los cometas de la Nube de Oort, podría provocar una andanada que se dirigiría hacia el interior del sistema solar.
Esquema del "empujón" que daría Némesis a los cometas de la nube de Oort.
Según esta hipótesis, nuestro Sol (al igual que el 50% de los sistemas de estrellas de la galaxia) formaría parte de un sistema binario. El otro miembro del sistema podría ser una de varias posibilidades, una enana negra (una estrella apagada o "muerta", resultado del fin de la combustión de una enana blanca), una enana roja, una enana marrón, un planeta gigante o hasta se ha especulado con la posibilidad de que Némesis sea un pequeño agujero negro.
Una enana negra. Se considera que Némesis no podría ser una estrella de este tipo, ya que el tiempo de formación de una enana negra sería - de acuerdo con el modelo teórico - mayor a la edad actual del universo.
Enana roja. La mayoría de los científicos consideran poco probable que Némesis se trate de una enana roja, debido a que posiblemente ya se hubiera detectado un cuerpo similar.
Una enana marrón, el mejor candidato para ser Némesis.
Gigante gaseoso. Para que uno de estos planetas pudiera ejercer la suficiente influencia gravitatoria sobre la Nube de Oort, debería ser muy grande, casi entrando en los límites de una enana marrón. Por el contrario, el también hipotético Planeta "X" se adecúa más a este cuerpo.
Una de las ideas más extravagantes sugiere que Némesis podría ser un agujero negro, lo cual es muy difícil de probar.
El supuesto objeto orbitaría a una distancia de entre 1 y 3 años luz del sol, completando una órbita cada 26 a 34 millones de años. Némesis durante su recorrido pasaría cerca - o entraría - en la nube de Oort, desestabilizándola y lanzando lluvias de grandes cometas en dirección al Sol, lo que explicaría la aparente periodicidad de los grandes impactos y las extinciones asociadas (confirmada por el registro fósil y los estratos geológicos de iridio, un metal que no procede de nuestro planeta). También existen algunas mediciones magnetométricas y otros indicios que favorecerían esta suposición. Sin embargo, el hecho de no haberse registrado un campo gravitatorio asociado a la estrella pone en entredicho la hipotesis.
El registro fósil sugiere cierta periodicidad en las extinciones masivas por parte de cometas, siendo este uno de los principales fundamentos de la hipótesis Némesis.
Gráfico que nos muestra a la "otras" Némesis. En el pasado, varias estrellas se aproximaron a la nube Oort del Sol, y he aquí a las próximas. Fíjense que solo Gliese 710 (se pronuncia glise) o GL 710 es el único cuerpo en el lapso de algunos millones de años que se sumergirá en la Nube de Oort.
Comparación entre el Sol, Júpiter, la Tierra y algunos "candidatos" a Némesis. Una enana negra debería estar entre una enana roja y una marrón.
Desde esas fechas la hipótesis aparece y desaparece periódicamente en los medios de comunicación o en la comunidad científica, siendo a veces ridiculizada y a veces sustentada. Los científicos mayoritarios oscilan entre el escepticismo y el vago interés, aunque hay un grupo que la apoya de manera más o menos discreta. Un grupo que defendió fervorosamente su existencia fueron los que creían en Hecólubus. ¿Se acuerdan de esos charlatanes y/o crédulos?
A comienzos de 2000, un equipo de astrónomos de EE.UU. calculó que la estrella oscura, en caso de existir, podría ser un enana marrón, coincidiendo con las afirmaciones de John Matese, de la Universidad de Luisiana, quien ese mismo año estudió las órbitas de ochenta y dos cometas de la nube de Oort, afirmando que sus órbitas tenían algunos elementos extraños en común que sólo se podían explicar por la influencia gravitacional de un objeto de varias veces el tamaño de Júpiter. Según su hipótesis, el nuevo planeta estaría 30.000 veces más lejos del Sol que la Tierra, y haría su órbita alrededor del Sol en el sentido opuesto al de los otros miembros del Sistema Solar.
Los cometas de órbitas hiperbólicas son otras posibles victimas de este objeto. Un cometa normalmente sigue una órbita parabólica, es decir, orbita alrededor del sol, en un periodo determinado de tiempo, el cual puede ser de unos pocos años a miles de ellos, pero una trayectoria hiperbólica la sigue un objeto que entra por primera vez al interior del sistema solar, sólo para nunca más volver, perdiéndose en el vacío interestelar. Algo decididamente debió afectar a estos cometas para que sigan una órbita tan radical, y una explicación podria ser la influencia de Némesis.
Con todo la busqueda de Némesis continua. Si el cuerpo existe, los últimos avances de nuestra tecnología astronómica, permitirían en los próximos años la detección de este elusivo cuerpo. Incluso se especula que el telescopio Infrarrojo WISE, actualmente observando el cielo, estaría capacitado para detectarlo, pero no esperen resultados por lo muy pronto, ya que es largo el proceso de análisis.
El telescopio espacial WISE.
De todas maneras, hay una realidad incuestionable, y es que la gran mayoría de las estrellas que vemos en el cielo nocturno, son en realidad sistemas estelares compuestos de dos, tres o más estrellas que se orbitan mutuamente. Las estrellas solitarias como el Sol, son muy raras. Por eso hay algunos astrónomos que sugieren que, independientemente de si se trate de Némesis, el Sol sí posee una compañera y que sería la responsable tanto de las extinciones masivas como de las anomalías en las órbitas de los planetas más exteriores. Otros en cambio, prefieren la hipótesis de un planeta gigante, más pequeño que una estrella enana parda pero con un tamaño similar al de los gigantes gaseosos de nuestros sistema solar.
En cualquier caso esto nos demuestra que a pesar de aumentar nuestro conocimiento del cosmos en las últimas décadas, este sigue siendo un lugar lleno de misterios esperando la mirada escrutadora de la ciencia.
Esta sería la imagen más probable de Némesis, en caso de existir.