
La Administración Ordinaria y la Administración Científica:
Las diferencias esenciales
Las relaciones de trabajo van cambiando de forma según la sociedad y el momento histórico en que se presentan. En la sociedad capitalista, las relaciones de trabajo son moldeadas por los fines que persigue el capital: su acumulación y reproducción. Esta exigencia ha provocado la aparición de una división muy marcada en el proceso de trabajo que consiste en la creación de un aparato administrativo y el trabajo propiamente dicho. Este último quedará supeditado a la administración, de manera que para los fines del capital, no puede concebirse el trabajo sin una administración.
Frederick W. Taylor, a través de años de experiencia en el trabajo obrero y en la administración, consigue desarrollar un tipo de administración capaz de lograr una mayor productividad y una mayor satisfacción de los trabajadores y de los patrones que las formas de administración ordinaria, pues creía que el objeto principal de la administración ha de ser asegurar la máxima prosperidad para el patrón, junto con la máxima prosperidad para cada uno de los empleados (p.19).
Este tipo de administración es la que Taylor denomina como administración científica, que tiene su sustento en la colaboración estrecha, íntima y personal, entre la dirección y los obreros.
El problema de toda adminstración consiste en conseguir la mejor "iniciativa" de cada trabajador (p.38); esa "iniciaitiva" significa que cada trabajador, de manera voluntaria, ponga todo su esfuerzo, su ingenio, sus conocimientos y habilidades, para dar así el máximo rendimiento a su patrón.
Para poder conseguir todo eso de parte del trabajador, la administración científica dene aplicar sus cuatro principios en que se fundamenta (ver p.41):
1) Crear una ciencia para cada elemento de trabajo del obrero. Es decir, la admnistración expropia el conocimiento que de su oficio tiene el obrero, pues en manos de este sólo es un cúmulo de experiencias empíricas.
2) Escoger científicamente, adiestrar, enseñar y formar al trabajador.
3) Vinculación cordial entre la administración y los trabajadores para asegurar que el trabajo se lleve a cabo según la ciencia que se ha ido creando
4) La administración asume el trabajo ad hoc que le corresponde, es decir, se hace cargo de gran parte del trabajo que en el pasado ejecutaban los obreros. En ese sentido, hay una división casi por igual del trabajo y de la responsabilidad entre la dirección y los trabajadores.
Estos cuatro principios marcan un contraste muy profundo con la administración ordinaria; en ésta, a cada trabajador se le dejaba la responsabilidad final de hacer el trabajo de acuerdo a la forma en que él creía conveniente, con poca ayuda y asesoramiento de la dirección. Así es muy poco probable que cada trabajador haga el trabajo de acuerdo a la ciencia de su oficio, lo que haría más efciente el resultado.
En la administración ordinaria el trabajador realiza su trabajo de manera aislada, y aunque se le promete un estímulo especial a cambio de que dé su mejor iniciativa, los resultados quedan por debajo de lo que se obtiene con la administración científica. La adminitración ordinaria hace depender su éxito casi solamente en conseguir la iniciativa del trabajador, cosa que es prácticamente imposible sino se aplican los cuatro principios de la administración científica.
La diferencia esencial entre ambos tipos de administración está en que, en la administración ordinaria el trabajador tiene la libertad de hacer el trabajo como mejor le plazca, de manera que tiene la oportunidad de pensar según sus intereses; mientras que en la administración científica, la ejecución del trabajo es unidireccional y vertical.
La administración científica consiste en poner en su lugar al trabajo en el papel que cumple en una economía capitalista. Niega al trabajador su facultad de pensar y expresarse, y le expropia sus conocimientos que se sintetizaban en los oficios. De esta manera se produce una división muy clara entre lo que podría denominarse cerebro y ejecución. El trabajador sólo tiene que obedecer y cumplir las órdenes e indicaciones que fueron cuidadosamente planeadas desde la administración.
Es en tal división en donde se sintetizan los cuatro principios de la administración científica. El problema está en que ese cerebro sí piensa sus propios intereses en tanto que a la parte ejecutora se le restringen las condiciones para que pueda pensar los suyos, y hasta se intenta que logren asumir los intereses de quienes dirigen para borrar de facto toda oposición entre patrones y obreros, de ahí la afirmación de Taylor de que ambas partes no son antagónicas sino que comparten los mismos intereses. En ese sentido, la administración científica de Taylor es un intento por borrar el antagonismo entre capital y trabajo.
Saladino Raigosa Pérez
Bibliografía:
- Winslow Taylor, Frederick. Principios de la administración científica. México. Herrero Hermanos. 11ª ed. en español. 1969.
