InicioInfoFilosofía y Cine: Matrix
Hace un tiempo, leí este ensayo que construye puentes interesantes entre filosofía y el film Matrix. Tiene varios tópicos bien trabajados, de facil lectura, de lo que seria en parte, el pensamiento del sociólogo-filosofo Jean Baudrillard (el mismo de "Presesión de los simulacros" "cultura y simulacro" quien dijo las famosas frases: "El crimen perfecto se ha cometido, se asesino la realidad" "la guerra no ha tenido lugar" Para graficar que La realidad de la guerra, en la que la gente se enfrenta una a otra hasta la muerte, había sido reemplazada por una copia de la guerra donde no existió ninguna lucha, ya que ésta solo llegó al resto del planeta a través de la televisión. Baudrillard vs. Matrix Las Ilusiones Simuladas Un ensayo en torno a la viabilidad de los actores en un mundo isotrópico Antonio Dopazo Gallego (España) Hace ya algún tiempo que la trilogía Matrix produjo uno de esos extraños episodios en los que una temática fuertemente arraigada (o, en el peor de los casos, inspirada) en la filosofía se hermana con la cultura de masas para crear un tremendo éxito comercial. En plena explosión de la saga, cualquier ensayo o libro que tuviera ligeramente que ver con ella era convertido en fetiche y devorado por los adeptos. No es de extrañar, por tanto, que el filósofo francés Jean Baudrillard se viera inmiscuido en esta vorágine. Después de todo, el Neo de la película era un ferviente lector suyo, como lo atestigua la presencia del libro Simulacra and simulation (1) en la cabecera de su cama (aunque en este punto se suele pasar por alto que el protagonista lo utilizaba, una vez vaciado su interior, para ocultar software pirata). Baudrillard es también el único filósofo al que se menciona abiertamente en la película, en concreto en una célebre frase de Morfeo a Neo justo antes de introducirse en la “madriguera de conejo de Alicia” (2). Aunque en la segunda y tercera partes no vuelve a hacerse mención alguna, todo el mundo interpretó lo anterior como un claro guiño al que a todas luces era el padre intelectual y filosófico de Matrix. Sin comerlo ni beberlo, el viejo Baudrillard, que llevaba décadas escribiendo para un selecto público, se vio hermanado con la producción norteamericana más rentable del año, y aunque no tenemos cifras exactas, es de suponer que su índice de ventas lo agradeció en no poca medida. Después de todo, había una fiebre mundial por ser como “el Elegido”, y eso empezaba por compartir libros de cabecera con Él. No sabemos si alguien dentro del masivo grupo de fanáticos de la película se molestó realmente en comprobar si la conexión era cierta (sospechamos que no), pero Baudrillard se apresuró a lavarse las manos respecto a su supuesta influencia en el film. En una entrevista concedida a Le Nouvel Observateur (3), el francés reconoció entre risas que los padres de la criatura le habían llamado para buscar asesoramiento, algo a lo que él se había negado en rotundo. Más aún, señalaba la ingenuidad de Matrix y afirmaba que “la parte más embarazosa de la película es que el nuevo problema planteado por la simulación es confundido con su tratamiento clásico, platónico”, lo cual constituiría “un serio error”. La supuesta conexión cine-Academia había muerto. La cultura de elite rechazaba a la cultura de masas. Baudrillard volvía a ser un lector de culto, y Matrix volvía a ser otra superproducción alienante salida de la factoría USA. Con la repentina devaluación de Neo desde paladín hacker de la filosofía hipetélica a vulgar “superhombre de masas” (a pesar de su muerte en el film), todo volvía a estar en “orden”. NEO: INGENUO RASTREADOR DE DIOS Lo que tenemos en Matrix es, básicamente, un joven cuya extraordinaria capacidad le permite sospechar que el mundo en el que vive no es real. Le permite, por tanto, apercibirse de su mundo como ficción o como ilusión. Y esto le convierte en extraordinario porque, al principio, no tiene otra cosa con la que compararlo. Sencillamente lo sabe. Al pasar a través de la “madriguera de conejo”, Neo hace un viaje bastante distinto al de Alicia: da el salto de la ficción a la realidad. Y ésta es la piedra de toque: una vez en el mundo de Zion (extra-Matrix), Neo ya no dudará de la realidad de dicho mundo; sencillamente la dará por sentada, y a partir de ese momento toda la película se moverá en la dialéctica entre esos dos lugares. Es cierto que los superpoderes del Elegido desaparecen fuera del (pseudo) hipermundo digital de la matriz, pero asumimos que su capacidad reflexiva se mantiene. A partir de aquí, por tanto, la primera pregunta que no ya Baudrillard, sino cualquier espectador incisivo podría formular sería algo así como: ¿si Neo ha rechazado ya como ficticio un mundo, qué le impide rechazarlos todos? ¿Por qué Neo no mantiene su sentido de la perspicacia y duda de la realidad de lo que ve fuera de Matrix? ¿Qué le impide pensar que todo está impregnado, contaminado por la ilusión? A fin de cuentas, el mundo de Zion resulta bastante menos creíble que el de Matrix: no se puede culpar a Neo por su descreimiento respecto a la sociedad occidental de fin de milenio, pero un mundo cavernoso, devastado y controlado por máquinas insectoides no es, a primera vista, mucho más verosímil. En realidad, la cuestión le será bastante familiar a cualquier lector de Nietzsche con sólo cambiar “mundo” o “realidad” por “Dios”. El filósofo alemán lo expresa de forma inmejorable cuando afirma que los dioses han muerto de risa al oir decir a uno que era el Único. Este Dios déspota ocupa entonces el “lugar del Rey” hasta que el propio Hombre se lo arrebata, pero esa es otra historia. Respecto a Matrix, serían las realidades virtuales las que habrían muerto, aunque no sabemos si de risa o de llanto, para dejar su lugar privilegiado a la Realidad de Zion. Nada habría cambiado mientras esa “casilla” siguiese estando ocupada y secuestrada por algo que se autoproclamase “lo real”. Y Neo, inicialmente tan agudo, no se habría enterado de nada. (4) Así pues, lo que prometía ser un interesante relato acerca de la desaparición de lo real acaba convirtiéndose en una aparatosa bagatela sobre realidad y ficción donde ambos términos terminan por aparecer tan clara y distintamente como buenos y malos en cualquier producción hollywoodiense. Incluso en La vida es sueño, escrita muchos siglos antes y sin tecnología digital ni libros de Baudrillard con los que conciliar el sueño, Calderón de la Barca volvía mucho más difusa la frontera entre realidad e ilusión. En Matrix, esa frontera rige con mano de hierro. A este respecto, y haciendo justicia a la película, muchos seguidores han intentado librarse de la crítica anteriormente expuesta apelando al giro argumental que se produce en la tercera parte, en la que vemos cómo dos personajes (Neo y su némesis Smith) adquieren la capacidad de actuar dentro y fuera. Para algunos esto supone la prueba de que no hay frontera ni distinción, mientras que para otros lo que demuestra es justamente que la hay, y porque la hay puede ser ligeramente transgredida. Lo cierto es que, si dicho giro pretende demostrar la primera hipótesis, lo hace de forma insuficiente e insuficientemente justificada. O, como suelen decir los anglosajones al respecto: too little, too late. SIMULACRO E ILUSIÓN Pasemos ahora a la crítica de Baudrillard, empezando por el término que nos interesa: “confusión”. ¿Qué han confundido exactamente los creadores de Matrix? No hay tiempo ni espacio aquí para repasar profusamente la obra del francés. Lo que sí podemos es intentar ofrecer algunas pinceladas que ilustren el asunto. El principal equívoco señalado por el filósofo francés gira en torno a la confusión entre ilusión y simulacro. Éste último es uno de los pilares conceptuales de la obra de Baudrillard, y como él mismo no se cansa de repetir, “lo que se opone a la simulación no es lo real, que no es más que un caso particular, sino la ilusión” (5). La ilusión, por su parte, sí se opone tradicionalmente a la realidad, tal y como vemos en la trama argumental de la película. Básicamente, en Matrix no hay ni rastro de un simulacro, sino de algo bastante más antiguo y nada novedoso, que puede ser rastreado en todas las culturas humanas y que podría ser denominado como el primer problema metafísico del hombre: el mundo como ilusión. Un mundo que se esconde tras las apariencias es justamente el problema de Platón en el símil de la caverna y de buena parte, si no de toda, la filosofía griega. (6) Siglos más tarde, Descartes, Leibniz y otros autores racionalistas aportaron formas más sofisticadas de resolver el problema del mundo como ilusión, y que igualmente son abordadas en artículos de gran interés en la página. Dicho todo esto, ¿qué es un simulacro? ¿Qué le separa y le hace oponerse a una mera ilusión? Básicamente, el concepto de oposición. Una ilusión siempre es el producto de una sospecha, sospecha nacida a partir de la captación de huellas que delatan un ocultamiento: el de lo real. Ilusión y realidad son conceptos complementarios, que se revelan simultáneamente; si se quiere, dos caras de una misma moneda. Sueño y vigilia, realidad y ficción, arte y vida, mantienen esta relación. Frente a ella tenemos el puro simulacro: un circuito cerrado, autoreferencial, en donde ya no es posible oponer algo a algo de modo que exista entre ambos una diferencia cualitativa. Si lo pensamos, el mundo en su origen (o para los primeros “hombres” que lo habitaran) es un simulacro de este tipo: un lugar cerrado, único, en donde todo tiene lugar. El mundo, sin embargo, está lleno de imperfecciones, de huellas que hacen pensar en que algo se ha escapado de él. Todas las culturas humanas han detectado y tratado de explicar este problema mediante mitos que remiten a seres ausentes pero más reales. En cierto modo, éste es también el problema de Neo: el mundo no le cuadra y necesita algo más, un afuera; de este modo, el mundo se le presenta como ilusión, y como toda ilusión, huérfana de lo real. El concepto de simulacro en Baudrillard se diferencia radicalmente de esta visión del mundo como simulacro original en que no tiene fallos, o al menos no tan evidentes como los del mundo. El mundo que habitamos es un simulacro fallido porque está lleno de invitaciones a hacer metafísica, lleno de incitaciones a creer que es una ilusión. Es por eso que la primera parte de Matrix resulta tan atractiva: porque cualquiera de nosotros puede identificarse con Neo, aunque no en mayor medida que con el anónimo habitante de la caverna platónica que rompe sus cadenas para ascender al mundo real. Frente a esto, el simulacro “hiperreal” y la realidad virtual tratan de crear un auténtico circuito cerrado de la referencia en donde, al no haber huellas, no hay necesidad de nada más. Baudrillard llama a esto “el crimen perfecto”: un mundo en donde realidad e ilusión han caído simultáneamente, prueba de que siempre se han necesitado la una a la otra. En un simulacro perfecto, ambos conceptos son absurdos, y se sustituyen por la hiperrealidad, cuyo espacio es la copresencia y su tiempo el real-time. No hay problema de las apariencias, ni problema de Platón, ni problema de Neo, pues sus condiciones de posibilidad han sido básicamente eliminadas al eliminar el “diferido”: la distancia ilusoria entre sujeto y objeto, que es ahora suplantada por una coexistencia similar a la de la materia en el huevo cósmico en el momento previo al big-bang. De algún modo, aquél fue el único momento en donde el mundo fue un genuíno simulacro. Por desgracia, al parecer no hubo allí nadie para atestiguarlo, y ahora queda reducido al estatuto de hipótesis científica. ISOTROPÍA En filosofía y física, el atomismo postula un espacio vacío en el que la materia se mueve únicamente por contacto y choque, y nunca por tendencias intrínsecas o motores internos. Un espacio de ese tipo, naturalmente, carece en absoluto de lugares privilegiados o diferenciados entre sí, y por tanto la dirección que tome un cuerpo en un momento dado es absolutamente indiferente a efectos de sus propiedades físicas. A este tipo de espacio, la física lo llama isotrópico. En un espacio vacío isotrópico no hay lugares, y la única forma de hablar de un punto A frente a un punto B es cubrirlo con una cuadrícula que atribuya valores numéricos de forma convencional. Sin embargo, ningún átomo notará cambio alguno por desplazarse del punto A al punto B de la cuadrícula. De hecho, para el átomo no habrá diferencia alguna entre esos dos lugares, y es posible que, si no sufre una aceleración repentina o algún tipo de turbulencia, ni siquiera perciba su movimiento. En un espacio isotrópico, de algún modo, lo difícil es darse cuenta de que hay espacio, de que hay movimiento, y no más bien una indiferencia absoluta o una parsimoniosa nada. El Neo de Matrix habita un espacio absolutamente contrario al anterior: su paso a través de la “madriguera de conejo” le hace profundamente consciente de que ha hecho un viaje de tremendas consecuencias. El mundo de Matrix y el mundo de Zion son absolutamente heterogéneos; el desplazamiento de uno a otro está precedido por un ritual ad hoc, sea en forma de llamada telefónica o de dolorosa inyección medular. El esquema de los dos mundos es el esqueleto ingenuo de la película, lo que la mantiene en pie y la vertebra, y si llega a cuestionarse es, como veíamos más arriba, de manera tibia y titubeante. Este esquema es igualmente aplicable al de un profesional de la interpretación: para un actor nunca será indiferente estar sobre o bajo el escenario. De algún modo, además, el lenguaje cotidiano parece resistirse profundamente a la isotropía, y al usarlo distinguimos constantemente entre lugares y espacios heterogéneos con expresiones como “adentro-afuera”, “interior-exterior”, “por un lado-por el otro”, “desde cierto punto de vista”, etc. En defensa de Matrix, por tanto, diremos que su ingenuidad es también la del lenguaje y, más profundamente, la de cualquier relato (pues qué clase de relato sería aquel en el que no hay lugares diferenciados o en el que el protagonista no emprende una suerte de viaje). No es nada fácil, por tanto, imaginarse un Neo baudrillardiano, pues para empezar tendría que dejar de ver el tránsito de un mundo a otro como paso hacia algo diferente. De lo cual resultaría más bien un no-tránsito, pues no habría nada entre lo que transitar. No habría “mundos”; Zion y Matrix no serían dos “lugares”, sino el mismo con dos nombres colocados artificialmente. Una vez la realidad ha caído, no hay razón para colocarla en un más allá, lo cual nos inmiscuiría en un proceso al infinito. Muerta la realidad, moriría también la ficción, pues la ficción lo es siempre acerca de una realidad. Eliminada una cara de la moneda, la otra nunca sobrevive. El Neo “adulto” debería haberse dado cuenta de que no era más que un átomo flotando en un espacio vacío e indiferente; su cruzada debería haber sido contra la superstición de la heterogeneidad, y su primera reacción “madura” una tremenda carcajada (quizá una carcajada mortal) a la propuesta de Morfeo de hacer un viaje hacia algún otro sitio. La desconfianza hacia Matrix habría sido la desconfianza hacia todo lugar. El desvanecimiento de la ilusión habría sido también la disipación del sueño de lo real. El Neo de la película es, por supuesto, la imagen especular de todo lo anterior: paradigma de creyente, auténtico judeocristiano que lucha contra los falsos ídolos que tapan la visión del Dios verdadero, aunque aquí no se trate de dioses, sino de realidades. El peligro del descreimiento, del ateísmo, nunca llega a tentar al protagonista. De hecho, el único personaje que coquetea con dicho descreimiento es Cifra, desempeñando el triste papel del traidor, más desagradable si cabe que el del malvado. ACTORES Y LÍMITES Si uno se para a pensar, la ingenuidad de Matrix a los ojos de Baudrillard tiene mucho que ver con la condición misma de actor o, para el caso, de profesional de la ficción. Un actor existe, después de todo, porque hay diferencia entre ficción y realidad. Su trabajo no tendría sentido sin esa frontera: sin ella no habría “buenos” ni “malos” actores, y el hecho de que en ocasiones tomemos como real lo que está pasando sobre un escenario no quiere decir que dicha barrera no exista; quiere decir que el actor en cuestión es un maestro en su arte; que puede disimular o hacernos olvidar por un momento que hay barrera, pero precisamente porque la hay. En todo caso, al final las luces se encenderán y habrá aplausos o abucheos: el telón siempre cae; los actores entran en sus camerinos y los espectadores salen a la calle. Baudrillard cita a Henri Michaux para definir al artista como “aquel que se resiste con todas sus fuerzas a la pulsión fundamental de no dejar huellas” (7). Sin huellas, por supuesto, no habría diferencia, y nos aproximaríamos a la peligrosa posibilidad de un acting-out del que el hombre, a lo largo de toda su historia, se ha protegido introduciéndolo en el dominio de la locura. En estas condiciones, uno puede preguntarse si es posible una versión no-ingenua de Matrix; si un grupo de profesionales cuya esencia está tan profundamente arraigada en esa diferencia está en condiciones de suprimirla, y de hacerlo precisamente en una ficción, en una película; esto es, desde la diferencia misma. Dicha supresión sería necesariamente una ilusión, pues al final seguiría habiendo títulos de crédito con los nombres de actores y directores, éstos ya sí perteneciendo a lo “real” (y por tanto señalando lo anterior como “ficticio”). Una supresión ilusoria, decíamos, y como cualquier ilusión, remitiendo necesariamente a lo que no lo es. No es que Baudrillard exhorte a Neo a dudar también de la realidad del mundo de Zion y a seguir buscando (aunque esta perspectiva habría creado ya una película más rica, si bien igual de ingenua); lo que un Neo “mayor de edad” habría hecho es, en este caso, darse cuenta de que, como Baudrillard afirma en El crimen perfecto, el asesinato de la realidad es también el exterminio de la ilusión vital, de la ilusión radical del mundo (8). Recurriendo de nuevo al símil, podríamos decir que seguir creyendo en la realidad cuando se ha perdido la ilusión, o viceversa, es como creer en la existencia de monedas de una sola cara. Una entidad que, suponemos, reposará en el limbo de lo ente junto al círculo cuadrado, el actual rey de Francia o el tigre infinito de Borges. ¿REALIDADES DESIERTAS O DESIERTOS REALES? “Bienvenido al desierto de lo real” sirve, a modo de conclusión, como la frase que delata el tremendo equívoco de la película. Morfeo la pronuncia justo antes de enseñar a Neo, vía televisor, el páramo en el que se ha convertido el mundo. La frase está tomada, pues, en su cruda literalidad. Por desgracia para los Wachowsky, no es ésta la idea de desierto que Baudrillard tenía en mente al inventar la expresión. El “desierto” del francés es la ausencia, la desaparición, la disipación o el exorcismo, y no una vulgar llanura oscura agujereada por túneles en donde no hay rastro de civilización occidental. Matrix es una historia acerca de la importancia de la diferencia. Neo es el Elegido porque reivindica la Diferencia auténtica, o, si se quiere, el gobierno absoluto de la relación significante-referente, mientras el resto de mentes cultivadas son incapaces siquiera de atisbarla. Desde este punto de vista, la película es la antítesis de la realización de la visión baudrillardiana. Ni siquiera tienen en común el punto de partida, pues la puesta en duda de Neo de que lo que vemos sea “real” responde más a la noción clásica de ilusión que a la de simulacro. Ya desde el principio, sus caminos circularán en direcciones totalmente opuestas. Lo curioso del caso es que, siguiendo la argumentación expuesta más arriba, Neo sería algo así como el alegato anti-simulacro del gremio de los intérpretes; una reivindicación de las condiciones de posibilidad mismas de la profesión, la principal de las cuales es la profunda creencia en la distinción realidad-ficción. Puede que esto sea algo decepcionante para los iniciados baudrillardianos que convirtieron Matrix en el primer icono cinematográfico de su particular parnaso, pero hemos de pensar que, a fin de cuentas, no es más que una película, y lo excepcional habría sido asistir al multimillonario harakiri de una industria que aventurase su propio final con un tremendo y esforzado despliegue de toda su capacidad técnica. Parafraseando a Baudrillard, “Matrix es con toda certeza la clase de película sobre Matrix que Matrix misma habría sido capaz de producir” (9), y puede considerársela como una parte del empeño del simulacro por llevar a cabo su solución final: “un universo virtual del cual han sido exorcizados todo lo negativo y nocivo” (10). ¿Es posible ilustrar ese esfuerzo sustitutivo en una película? La respuesta, quizá, debería ser rastreada en otro sitio: en autores como Lynch o Cronenberg. O esa, al menos, es la huella que Baudrillard no se resiste a dejar en su entrevista. Apéndice: Is Zion just another Matrix? En la enorme y multicolor cibercomunidad de seguidores de Matrix hay intensos debates a propósito de todas aquellas cuestiones que no quedan del todo resueltas en la película (que son unas cuantas). Una de las más jugosas es la que da título a este apéndice, y cuya extensa discusión se puede encontrar en http://www.matrix-explained.com/matrix_within_a_matrix.htm. Al contrario de lo que pudiera parecer, sin embargo, la cuestión de si Zion es en realidad parte de Matrix (y por tanto otra “ilusión” sustitutoria de lo real) no es relevante a efectos de la crítica de Baudrillard o de las cuestiones que trata este artículo. Lo importante para nosotros es que Neo emprende la búsqueda de la verdadera realidad, y dicha búsqueda es la que da sentido a toda la película y constituye el “esqueleto ingenuo” al que nos hemos referido antes. Que Zion sea la periferia de Matrix (como se insinúa al final de la segunda parte) tan sólo contribuiría a enrevesar un poco más el argumento, pero no a corregir en modo alguno la malinterpretación que aquí exponemos. Matrix: Filosofía y Cine La trilogía Matrix tiene una fuerte base filosófica y cultural. En esta sección te mostramos qué ideas y qué filósofos están vinculados con ella. Proponemos el estudio de dos problemas filosóficos clásicos: EL PROBLEMA DE LO REAL (The Matrix): Platón, Descartes y Hilary Putnam. (Aunque también se puede estudiar a Robert Nozick, Jean Baudrillard, etc.). EL PROBLEMA DE LA LIBERTAD (Reloaded y Revolutions): El existencialismo de J. P. Sartre y Simone de Beauvoir. 1. PLATÓN Y EL MITO DE LA CAVERNA El mito de la caverna de Platón es uno de los puntos importantes a la hora de desentrañar Matrix. En él se narra cómo unos esclavos viven en una cueva creyendo que lo que ven (unas sombras proyectadas en una pared) es la realidad cuando lo cierto es que viven engañados. Pero uno de ellos escapará y verá la luz del sol, entonces volverá para rescatar a los otros, pese a que corra el riesgo de que lo maten por no creerle. Y eso le ocurre a la humanidad. Esa es la verdad, como dice Morfeo: Eres un esclavo, Neo. Igual que los demás, naciste en cautiverio. Naciste en una prisión que no puedes ni oler ni saborear ni tocar. Una prisión para tu mente. Pero Neo es el esclavo que saldrá de la caverna y rescatará a sus compañeros. De todos modos, Morfeo le advierte del peligro: Son las mentes de los mismos que intentamos salvar. Pero hasta que no lo hagamos, siguen formando parte de ese sistema y eso hace que sean nuestros enemigos. Tienes que entender que la mayoría ellos no están preparados para ser desenchufados. Y muchos están tan habituados, dependen tan absolutamente del sistema, que lucharían para protegerlo. 2. DESCARTES Y EL PROBLEMA DE LO REAL Como hemos dicho más arriba, el tema filosófico por excelencia en la película The Matrix es el problema de lo real. Así lo expresa Morfeo: ¿Qué es real? ¿De qué modo definirías real? Si te refieres a lo que puedes sentir, a lo que puedes oler, a lo que puedes saborear y ver, lo real podría ser señales eléctricas interpretadas por tu cerebro. Hay muchos filósofos que se han planteado este asunto, pero sin duda es René Descartes el que más puntos de unión guarda con la película. La pregunta clave es: ¿cómo distingo la realidad de los sueños? Descartes vivió atormentado con esta cuestión: ¡Cuántas veces me ha sucedido soñar de noche que estaba en este mismo sitio, vestido, sentado junto al fuego, estando en realidad desnudo y metido en la cama! De ahí derivó su duda métodica y así llegó su ya famoso Cogito, ergo sum (Pienso, luego existo). En su Discurso del método, intentó resolver el problema poniendo en duda todo cuanto conocía: Considerando que todos los pensamientos que nos vienen estando despiertos pueden también ocurrírsenos durante el sueño, sin que ninguno entonces sea verdadero, resolví fingir que todas las cosas que hasta entonces habían entrado en mi espíritu no eran más verdaderas que las ilusiones de mis sueños. En efecto, Matrix se plantea también esa duda entre la realidad y la ficción. El papel de Descartes lo interpreta Neo, a quien le atormenta la misma sensación. Así se lo expone a su colega Choi en una de las primeras secuencias del film: ¿Alguna vez has tenido la sensación de no saber con seguridad si sueñas o estás despierto? Morfeo también pone el dedo en la llaga y le pregunta a Neo acerca de ese tema: ¿Alguna vez has tenido un sueño, Neo, que pareciese muy real? ¿Qué ocurriría si no pudieras despertar de ese sueño?, ¿cómo distinguirías el mundo de los sueños de la realidad? Pensó este filósofo que, una vez planteada la hipótesis de que había sido engañado, no podía haber sido Dios quien hubiese perpetrado el engaño, sino el genio maligno: Supondré, pues, no que Dios, que es la fuente suprema de la verdad, me engaña, sino que cierto genio o espíritu maligno, no menos astuto y burlador que poderoso, ha puesto su industria toda en engañarme (...) Por lo cual, con gran cuidado procuraré no dar crédito a ninguna falsedad , y prepararé mi ingenio tan bien contra las astucias de ese gran burlador, que, por muy poderoso que sea, nunca podrá imponerme nada. 2. 1. EL GENIOMALIGNO Matrix es una mentira, y esa mentira ha sido creada por las máquinas, ellas son el genio maligno, las que han puesto toda su industria en engañar a la humanidad. ¿Qué hacer? Dice Descartes que no dar crédito a ninguna falsedad y preparar el ingenio para ello. En efecto, en Matrix, cualquiera que sea desconcetado, incluido Neo, ha de pasar por una serie de entrenamientos iniciáticos que tienen lugar gracias a programas informáticos creados para tal efecto. El objetivo de esos programas es hacer que el recién llegado se acostumbre a pensar que lo que ve no es real y que, si es consciente de ello, podrá subvertir las leyes físicas y realizar verdaderos milagros. Sin embargo, comenta Descartes que: Este designio es penoso y laborioso, y cierta dejadez me arrastra insensiblemente al curso de mi vida ordinaria; y como un esclavo que sueña que está gozando de una libertad imaginaria, al empezar a sospechar que su libertad es un sueño, teme el despertar y conspira con esas gratas ilusiones para seguir siendo más tiempo engañado. Sí, es difícil vivir cuando ya se sabe la cruel verdad. Eso le pasa a un personaje vital en la trama de Matrix, Cifra, el traidor, el que conspira con esas gratas ilusiones (los agentes) para seguir siendo más tiempo engañado. 2.2. DUALISMO CARTESIANO Descartes suele oponer a cuerpo la palabra "me (alma) o la palabra esprit (alma o mente). Es, por tanto, una mente con tientes religiosos la que Descartes intenta relacionar con el cuerpo. Sobre el tema, dice: No estoy metido en mi cuerpo como un piloto en su navío, sino tan estrechamente unido y confundido y mezclado con él, que formo como un sólo todo con mi cuerpo. Así, mente y cuerpo dependen el uno del otro. De este modo lo ve Morfeo, quien asegura en la película: El cuerpo no puede vivir sin la mente. En otra ocasión, Morfeo, en un intento de que Neo avance en su aprendizaje, le dice: Libera tu mente. 2.3. ARGUMENTO ONTOLÓGICO Sobre el argumento ontológico y la idea de Dios, diremos que Descartes establece que Dios existe y recuerda que, según el argumento ontológico, si Dios es perfecto, debe existir porque la idea de existencia está incluida en su esencia. Así, nosotros, seres imperfectos, hemos sido creados por un ser perfecto: Dios. pero en la película, el agente Smith (personaje muy importante, cuyo monólogo al capturar a Morfeo es soberbio) invierte el argumento ontológico y se pregunta cómo unos seres tan imperfectos como los humanos hemos podido crear a las máquinas. 2.4. LIBRE ALBEDRÍO En otro orden de cosas, el tema del libre albedrío también inquietaba a Descartes. Esto es, partiendo de que creemos que dios existe y que Él sabe todo lo que va a pasar, ¿cómo podemos ser libres los humanos si nuestro destino ya está escrito? Descartes aseguraba que los humanos no tenemos capacidad para entender esto. Pero eso no impide que a Neo le traiga loco este dilema, ya que en varias ocasiones se le dice que él es el elegido. Sin embargo Neo se resiste a creerlo. Morfeo le inquiere: ¿Crees en el destino, Neo? Y él responde que no. Sin embargo, poco a poco irá perdiendo seguridad en esta respuesta. Neo se llama en realidad Thomas Anderson. Una parte de él es Thomas (el gemelo de Jesús), que no cree ser el elegido, la otra es Anderson (hijo del hombre, Jesucristo) que sí cree serlo. Habrá un momento en la película en que Thomas morirá y surgirá Neo, el salvador. 2.5. CONOCIMIENTO DEL OTRO Una última cuestión que ocupó a Descartes y que también trabajamos, fue el conocimiento del otro. Él se preguntaba cómo podíamos saber que el resto de los humanos no eran máquinas: ¿Qué es lo que veo desde la ventana? Sombreros y capas, que muy bien podrían ocultar unas máquinas artificiales, movidas por resortes. En Matrix es muy importante ser consciente de que cualquier humano puede albergar dentro de sí a una máquina, para ello está diseñado el programa de la mujer de rojo, donde Morfeo dice: cualquiera, que no desenchufemos puede ser un agente. Dentro de Matrix pueden serlo todos… o ninguno. 3. HILARY PUTNAM: LOS CEREBROS EN CUBETAS Finalmente, de Hilary Putnam se pueden comentar dos cuestiones. Primero, su idea de que los humanos podríamos ser cerebros en cubetas conectados a unas máquinas por un diabólico científico (idea principal de Matrix) y después su experimento mental de la Tierra Gemela, en el que se plantea qué ocurriría si las cosas que tomamos por reales, como por ejemplo el agua, no lo fueran (en vez de agua sería agua gemela). Esto pasa en la película con el Trigo rico. ¿Y si el Trigo rico no era Trigo rico?, ¿y si el pollo no era pollo? Un tema que, desde luego, da para pensar un rato. EL PROBLEMA DE LA LIBERTAD La cuestión que se plantea Neo es la siguiente: ¿soy libre de hacer lo que quiera o hay un destino que se cierne sobre mí? Para analizar el tema de la libertad interna se recomienda el existencialismo de Jean Paul Sartre y Simone de Beauvoir. En efecto, todo el pensamiento de Sartre gira en torno a la libertad humana y a la no creencia en el destino: El hombre es ante todo un proyecto que se vive subjetivamente (…) nada existe previamente a este proyecto; nada hay en el cielo inteligible. (…) Pero si verdaderamente la existencia precede a la esencia, el hombre es responsable de lo que es, sobre él recae la responsabilidad total de su existencia. La elección es el concepto fundamental de la filosofía sartreana: En el fondo, lo que asusta de la doctrina que voy a exponer, ¿no es el hecho de que deja una posibilidad de elección al hombre? Lo cierto es que todo el sistema de Matrix gira en torno a una regla, que es la que hace que el programa funcione: la elección. Quien nos lo desvela es El Arquitecto: Descubrí una solución según la cual el 99% de los individuos aceptaba el programa mientras pudieran elegir, aunque únicamente lo percibieran en un nivel casi insconsciente. La trayectoria de Neo está sembrada de elecciones: ¿pastilla roja o azul?, ¿asaltar un edificio para salvar a Morfeo o matarlo?, ¿la puerta de Trinity (el pathos) o la de la fuente (el logos)?, ¿ir a la ciudad de las máquinas o quedarse en la nave?, ¿seguir luchando contra Smith en la batalla final o rendirse? El tema de la libertad interna no es sólo una cuestión de metafísica sino también de ética. La vida auténtica es la de Neo, la inauténtica la de Cifra (mala fe). Sartre defendía que los humanos están condenados a ser libres, que siempre tienen que elegir: Si no elijo, también elijo. En definitiva, el existencialismo es una filosofía de la acción. Beauvoir decía que los seres humanos, a pesar de las miserias del mundo, siempre siguen soñando: Plutarco cuenta que un día Pirro hacía proyectos de conquista: "Primero vamos a Grecia", decía. "¿Y después?", le pregunta Cineas. "Pasaremos al Asia, conquistaremos Asia Menor, Arabia". "¿Y después?" "Iremos hasta las Indias". "¿Y después de las Indias?" "¡Ah!", dice Pirro, "descansaré". "¿Por qué no descansar entonces, inmediatamente?", le dice Cineas. Cineas parece sabio. ¿Para qué partir si es para volver? ¿A qué comenzar si hay que detenerse? (…) (Pero) en tanto que permanezca viva, es en vano que Cineas me hostigue diciéndome: "¿Y después? ¿Para qué?" A pesar de todo, el corazón late, la mano se tiende, nuevos proyectos nacen y me impulsan adelante. Los sabios han querido ver en ese empecinamiento el signo de la irremediable locura de los hombres: pero una perversión tan esencial, ¿puede ser aun llamada perversión? ¿Dónde encontraremos la verdad del hombre, si no es en él mismo? La reflexión no puede detener el impulso de nuestra espontaneidad. Esa es la sugerencia: seguir soñando, seguir luchando, reafirmar nuestras anteriores decisiones. El paralelismo con Beauvoir está situado en la tormentosa pelea final entre Neo y el agente Smith, quien encarna el papel de Cineas: ¿Por qué, Sr. Anderson?, ¿por qué?, ¿por qué?, ¿por qué lo hace?, ¿por qué?, ¿por qué se levanta?, ¿por qué sigue luchando? ¿De verdad cree que lucha por algo además que por su propia supervivencia?, ¿querría decirme qué es, si es que acaso lo sabe? ¿Es por la libertad?, ¿por la verdad?, ¿tal vez por la paz?, ¿quizá por el amor? (crítica a las esencias) Ilusiones, Sr. Anderson, desvaríos de la percepción. Concepciones temporales de un frágil intelecto humano que trata con desesperación de justificar una existencia sin sentido ni objetivo. Ante las insidiosas preguntas, Neo responde: Porque lo he elegido. REGRESO A LA FUENTE: FILOSOFÍA Y MATRIX En el pack The Ultimate Matrix Collection, a la venta desde el 14 de diciembre de 2004, hay un DVD llamado Las fuentes de Matrix que incluye un documental titulado REGRESO A LA FUENTE: LA FILOSOFÍA EN MATRIX. En dicho documental, diversos profesores y profesoras de filosofía comentan los autores que se pueden estudiar para comprender mejor la trilogía. Esos autores son los siguientes: A. EL PROBLEMA DE LO REAL 1. Sócrates. Sólo sé que no sé nada. Platón: el mito de la caverna. Metafísica: ¿qué es real? 2. Descartes. El genio maligno. 3. Berkeley. Ser es ser percibido. Lo aparente es real. 4. Kant. ¿Cómo podemos saber qué cosas lo son por sí mismas? Fenómenos. El mundo reside en nuestras estructuras mentales. 5. Nietzsche. El superhombre. Rechaza lo impuesto por la autoridad. 6. Baudrillard. El desierto de lo real. 7. Nozik. La máquina de la experiencia. B. EL PROBLEMA DE LA LIBERTAD 8. Laplace. Determinismo físico: todo lo que ocurre en la naturaleza es debido a la interacción de los átomos. (La física cuántica ya no admite esto). 9. Hume. Crítica al concepto de causa. 10. Schopenhauer. La voluntad humana. C. ASPECTOS RELIGIOSOS - Cristianismo gnóstico: el problema del hombre es el conocimiento y la solución es la iluminación. - Cristianismo tradicional. Nuevo testamento. Libre albedrío en Reloaded. Sacrificio de Neo en Revolutions. - Budismo: samsara. Problema de la ignorancia. La solución es el despertar. - Hinduismo. Upanishads. Creador de llaves: todo debe hacerse como una sola cosa. Sati fue la primera esposa de Shiva. - Taoísmo. Pendientes del Oráculo en forma de yin-yang. Opuestos: Oráculo / Arquitecto y Neo / Smith. Fuente
Datos archivados del Taringa! original
50puntos
368visitas
0comentarios
Actividad nueva en Posteamelo
0puntos
0visitas
0comentarios
Dar puntos:

Posts Relacionados

0
archivado
El Chakraswrepublicheroe
0
archivado
WiFi Hack AIO 2010_JONY_TERMINATOR
0
archivado

Dejá tu comentario

0/2000

No hay comentarios nuevos todavía

Autor del Post

O
Oximoron🇦🇷
Usuario
Puntos0
Posts120
Ver perfil →
PosteameloArchivo Histórico de Taringa! (2004-2017). Preservando la inteligencia colectiva de la internet hispanohablante.

CONTACTO

18 de Septiembre 455, Casilla 52

Chillán, Región de Ñuble, Chile

Solo correo postal

© 2026 Posteamelo.com. No afiliado con Taringa! ni sus sucesores.

Contenido preservado con fines históricos y culturales.