Pánicos morales


(Wikipedia)
En sociología, un pánico moral es una reacción de un grupo de personas basada en la percepción falsa o exagerada de algún comportamiento cultural o de grupo, frecuentemente de un grupo minoritario o de una subcultura, como peligrosamente desviado y que representa una amenaza para la sociedad. El término fue acuñado por el sociólogo Stanley Cohen en su libro Folk Devils and Moral Panics en 1972, donde lo define como un episodio, condición, persona o grupo de personas que han sido definidos como una amenaza para los valores e intereses de la sociedad. Son subproductos de controversias que producen argumentos y tensión social o que no son fácilmente discutidos dado que algunos de estos pánicos morales son tabú para mucha gente.
Su naturaleza se presenta de una forma estilizada y estereotipada por los medios de comunicación. Así, estas reacciones son a menudo estimuladas por cobertura mediática o propaganda en torno a un asunto social, aunque algunos pánicos morales semi-espontáneos pueden ocurrir. La histeria colectiva puede ser un elemento en estos movimientos, pero el pánico moral se diferencia de la histeria en masa porque está específicamente enmarcado en términos de moralidad y es usualmente expresado más como un atentado que como un miedo. Según la definición de Cohen, los pánicos morales giran alrededor de una amenaza percibida como un valor o norma detentada por una sociedad normalmente estimulada por la glorificación en los medios masivos o leyenda popular en las sociedades. Los panicos tienen varios desenlaces, uno de los cuales es la certificación de los partícipes del pánico de que lo que están haciendo garantiza la observación por parte de los medios masivos y, por lo tanto, puede empujarlos más allá hacia actividades que conduzcan hacia el sentimiento original de pánico moral.
El pánico moral viene siendo constante y corriente hace más de un siglo. Es bastante parecido con la "caza de brujas" ya que tiene varios denominadores comunes. Las influencias y los comportamientos de los jóvenes son temas comunes en muchos pánicos morales.
Orígenes y uso del término
El término fue acuñado por Stanley Cohen en 1972 para describir la cobertura mediática de los Mods and Rockers en el Reino Unido en la década de 1960s. Un factor en el pánico moral es el espiral de amplicación desviadora, fenómeno definido por los críticos mediáticos como un ciclo creciente de informar sobre comportamiento antisocial u otros eventos indeseables.
Mientras el término pánico moral es relativamente reciente, algunos científicos sociales señalan a los estudios Middletown, conducidos por primera vez en 1925, como los que primero estudiaron a profundidad este fenómeno. En estos estudios, los investigadores encontraron que los líderes religiosos y de la comunidad en un pueblo americano condenaron la por ese entonces nueva tecnología, como la radio y el automóvil, por promover el comportamiento inmoral.
Muchos sociólogos han indicado las diferencias entre las definiciones de pánico moral para los sociólogos norteamericanos y británicos. Kenneth Thompson afirma que los sociológos norteamericanos tienden a enfatizar los factores psicológicos mientras que los británicos describen los pánicos morales como crisis del capitalismo.
Características
El pánico moral tiene varias características distintivas:
1. Pánico/ansiedad: A menudo, es muy intensa y entonces parece no existir ningún problema mayor que el objeto del pánico.
2. Corta duración: El pánico dura a lo más unos meses, aunque puede volver a ocurrir.
3. Lenguaje emotivo e imágenes: Se utilizan frases tales como "monstruos", "decadencia" y "crisis" para enfatizar la gravedad del problema. También se usa lenguaje médico sacado de contexto, como la palabra "epidémico".
4. Estudios de caso: Estos son frecuentemente dramáticos y sin representatividad.
5. Estadísticas: A menudo, mal utilizadas o escritas de tal manera que hace al lector pensar que el problema es peor de lo que es.
6. Demonización de un grupo: Algunos veces el grupo elegido ni siquiera existe y aquellos que sí existen son mayormente social y económicamente marginales. A menudo, los medios masivos pueden retratar un grupo en una forma que no existe en realidad y este estereotipo creado para ellos eventualmente persistirá.
7. Un fenómeno generacional y mediático: La televisión y la radio empiezan a amplificar el pánico, siendo reflejado en otros campos como puede ser la política. Incluso en la sociedad victoriana, el pánico moral fue adoptado por los medios en la forma de panfletos, volantes y periódicos.
Ejemplos de uso del término
Algunos consideran que los abusos en rituales satánicos fueron una serie de pánicos morales originados en los Estados Unidos y propagados a otros países angloparlantes y los Países Bajos en los años 1980s y 1990s.
Las persecuciones de individuos o específicamente de grupos son citados como pánicos morales, como pueden ser los pogroms antisemitas, las purgas estalinistas, la caza de brujas del Renacimiento europeo, el mccarthismo y la lista negra de los comunistas en Hollywood durante los años 1950s.
Críticas
En el libro Folk Devils and Moral Panic, Cohen perfila algunas de las críticas que se han levantado en respuesta a la teoría del pánico moral. Una de ellas se centra en el uso del término "pánico", dado que tiene connotaciones de irracionalidad y de falta de control. Cohen sostiene que el "pánico" es un término apropiado cuando es utilizado como una metáfora extendida. Otra crítica se basa en la desproporcionalidad. El problema con este argumento es que no hay forma de medir qué reacción sería proporcional a una acción específica. Otros han criticado el trabajo de Cohen puntualizando que no todos los demonios populares expresados en su trabajo son vulnerables o injustamente difamados. Jewkes incluso ha sacado a colación el término 'moralidad' y cómo es aceptado sin problemas.
Fuente:
http://es.wikipedia.org/wiki/P%C3%A1nico_moral

Pánico moral
Por Jorge Bonilla Vélez y Camilo Tamayo Gómez
Por Jorge Bonilla Vélez y Camilo Tamayo Gómez
"La alta visibilidad mediática otorgada al crimen, el delito y el castigo tendría una consecuencia mayor: la objetivación del miedo ciudadano que se proyecta en una minoría, la de los portadores del miedo y la sospecha. Se trata,por cierto, de una corriente de investigación que se apoya, por una parte, en los estudios sobre «pánico moral», desarrollados en Gran Bretaña por Stuart Hall y el Grupo de Medios de la Universidad de Glasgow durante los años setenta y ochenta. Según estos estudios, a medida que los medios reproducen las relaciones institucionales dominantes, refuerzan y movilizan un pánico de la moral en los miembros de la sociedad contra aquellos asuntos e individuos que amenazan los valores y estilos de vida aceptados."
"Por otra parte, se afianza en algunas variantes de la hipótesis de los «indicadores culturales», desarrollada por George Gerbner. Según este autor, el mundo peligroso que presentan los medios tiende a cultivar en las audiencias un sentimiento de temor, vulnerabilidad y desconfianza que no es ajeno a la manera como las estructuras de poder nos muestran cuál es nuestro «lugar» en la sociedad."
"Los medios construyen el estereotipo del sujeto criminal mediante procesos de selección noticiosa y estrategias discursivas que operan como mecanismos de control social."
"El interés mediático por el crimen y el delito reafirma un tipo de consenso social basado en alentar el pánico moral contra la inseguridad, encarnada en la figura «desviada» del criminal."
"A la exhibición mediática del crimen, el horror y el sufrimiento le siguen los llamados a gestionar policialmente los conflictos sociales mediante el disciplinamiento de la sociedad. Se designa esto con el nombre de «criminalización mediática», que es el proceso que consiste en hacer ver que el criminal está entre nosotros, habita en cualquier parte y puede atacar en cualquier momento. De esta manera las personas, al percibir que viven en una sociedad más violenta e insegura, instigan a que el control del Estado sea más exigente y, por tanto, más represivo."
"Los medios producen una representación homogénea de los sectores subalternos de la sociedad, a quienes personalizan como sujetos a los que hay que temer. Se refuerza así un orden social que iguala la alteridad y la diferencia a la trasgresión de la ley, el miedo y la violencia. El marginal, el pobre y el excluido acaban siendo iguales al delincuente."
Fuente:

El pánico moral
por Dolores Juliano
por Dolores Juliano
A fines de la década de los 80, comienza a perfilarse en EUA, y más concretamente en Nueva York, un cambio en la fundamentación y organización de las políticas de control, que se tipifica como “tolerancia cero” con la pequeña delincuencia. Esto va acompañado de un endurecimiento de las penas y la consideración de sancionables de las infracciones, desde las transgresiones de las ordenanzas de tránsito, hasta los “usos indebidos” del espacio público. Es interesante constatar que este proceso comienza antes del 11S, aunque se endurece después, y que estas políticas se difunden a través de sus ideólogos Willian Bratton, Rudolph Giuliani y el Manhattan Institute, y configuran un modelo de amplio alcance y aceptación, incluso entre políticos de izquierda.
Las antropólogas americanas Carol Vance y Gayle Rubin acuñaron el concepto de “pánico moral” para hablar de los temores acumulados en torno a la seguridad y la moralidad. “Este tipo de pánico tiende a reunir movimientos sociales en gran escala en torno a ansiedades generadas por cuestiones sexuales”. Cuando se usa como fundamento de las políticas sociales actúa perversamente, al aumentar el número de personas investigadas y sancionadas, y al centrar la punición en “barrios conflictivos”, sectores pobres de la población, minorías étnicas o raciales e inmigrantes, en lo que se ha descrito como una “limpieza de clase” (class-cleansing) Esta política se está llevando a cabo en todos los frentes. Así los investigadores que trabajan con jóvenes inmigrantes señalan que se están construyendo discursos estigmatizadores sobre las “bandas”, que las identifican con actividades delictivas y que se concretan en proyectos de aumentar las sanciones penales.
Esto resulta aún peor si se tiene en cuenta que hay consenso en señalar que la prisión no soluciona sino que agrava los problemas. Así, un fiscal señala:
“No supone ningún descubrimiento constatar el fracaso del sistema penitenciario como elemento de resocialización… Es una ingenuidad acallar la conciencia social haciendo creer que la estancia en prisión tiene una virtud regeneradora por la eficacia del tratamiento”.
La influencia del modelo estadounidense de represión, explica en parte que la tendencia actual vaya en el mismo sentido en Europa. Así el “pánico moral” que produce todo lo relativo a la sexualidad se une con las estrategias de “tolerancia cero” para las actividades de los pobres y las pobres.
En Estudios de derecho judicial, Nº 131.
Consejo General del Poder Judicial,
Madrid, España, 2007.
Las violencias en los medios, los medios en las violencias
Jorge Iván Bonilla y Camilo Andrés Tamayo
Del prólogo
Las agendas públicas se suelen poblar de imaginarios mediáticos que van haciendo carrera y se van incrustando en las políticas de Estado de una manera que termina siendo irreflexiva pero políticamente rentable. La Supermano Dura reemplazó a las políticas de Mano Dura cuando éstas, afincadas en la represión, empezaron a mostrar su ineficacia para atajar el crimen. Y la Supermano Dura asiste al incremento de los delitos, la generalización del miedo de la sociedad y la petición de medidas que pongan algún límite a la supuesta acción desmedida de los violentos.
Como en una espiral, la violencia devora a quienes intentan perseguirla, creando de paso una situación de descontrol frente a la cual se alza el clamor insistente de quienes, como sucede con algunos movimientos de América Latina, piden medidas aún más fuertes, como el endurecimiento de las penas, el aumento de la policía, la reducción de los derechos civiles o, inclusive, la necesidad de la justicia por propia mano.
Germán Rey Beltrán,
Investigador y escritor
La construcción mediática del «otro»: medios y pánico moral
Para los trabajos que se agrupan en esta perspectiva de análisis, la alta visibilidad mediática otorgada al crimen, el delito y el castigo tendría una consecuencia mayor: la objetivación del miedo ciudadano que se proyecta en una minoría, la de los portadores del miedo y la sospecha. Se trata, por cierto, de una corriente de investigación que se apoya, por una parte, en los estudios sobre «pánico moral», desarrollados en Gran Bretaña por Stuart Hall y el Grupo de Medios de la Universidad de Glasgow durante los años setenta y ochenta.
Siguiendo estas perspectivas, (varios) autores […] señalan que los medios construyen el estereotipo del sujeto criminal mediante procesos de selección noticiosa y estrategias discursivas que operan como mecanismos de control social. Para estos autores, el interés mediático por el crimen y el delito reafirma un tipo de consenso social basado en alentar el pánico moral contra la inseguridad, encarnada en la figura «desviada» del criminal.
Esto mismo sostiene Sodré cuando afirma que a la exhibición mediática del crimen, el horror y el sufrimiento le siguen los llamados a gestionar policialmente los conflictos sociales mediante el disciplinamiento de la sociedad.
Rodríguez, Loyola y Gaete designan esto con el nombre de «criminalización mediática», que es el proceso que consiste en hacer ver que el criminal está entre nosotros, habita en cualquier parte y puede atacar en cualquier momento.
Por último, vale la pena destacar estudios realizados por el Observatorio Global de Medios, capítulo Venezuela, y por Larraín-Valenzuela en Chile, donde exponen que las representaciones sobre los derechos ciudadanos, las políticas públicas y los asesinatos que construyen los medios de comunicación ayudan a elaborar “espirales de odio y violencia” que dejan de lado el análisis del acontecimiento y exacerban el maniqueísmo, el odio y el repudio. Señalan que la violencia es manejada como mercancía, dando como resultado que, dentro de la dinámica social, la violencia real sea distinta de la sensación subjetiva de la misma.
* Las «tecnologías de la vigilancia», y su marcado acento no sólo para escudriñar las acciones de los menos poderosos, que han de ser observados, disciplinados y juzgados, sino también para «delimitar» con implacable precisión, sobre todo en ámbitos de la delincuencia urbana, las «guaridas» donde se esconde el criminal, el extranjero, el portador del miedo y la sospecha, así como los territorios del terror de los cuales este es «amo y señor», a través de la ubicación estratégica de una cámara de video que lo registra y lo delata. Tecnologías de la vigilancia que habría que analizar a partir de sus estrechos vínculos no solo con formatos y géneros televisivos como los reality shows, los «docudramas», el «caso periodístico» y los programas institucionales de los aparatos de seguridad del Estado (que han convertido en representación mediática su lucha contra el crimen y el delito), sino también con el reforzamiento del «pánico moral» y el uso estratégico que las corporaciones económicas y las instituciones de control social hacen con los datos personales a través de sistemas y redes de información…
De los textos y estudios analizados
3. Alba, Gabriel. «La fascinación por el crimen. Medios de comunicación y violencia», en Bonilla, Jorge y Patiño, Gustavo (editores académicos). Comunicación y política. Viejos conflictos, nuevos desafíos, Bogotá, Pontificia Universidad Javeriana, pp. 421 -435.
A partir de algunos casos de violencia en los que aparecen involucrados niños y jóvenes, analiza la manera como los medios de comunicación construyen el estereotipo del sujeto criminal, mediante procesos de selección noticiosa y estrategias discursivas que operan como mecanismos de control social. Para el autor, el interés mediático por el suceso criminal reafirma un tipo de consenso social basado en alentar el pánico moral hacia la inseguridad ciudadana, representada en la figura «desviada» del criminal. Por último, señala que los medios, al mismo tiempo que condenan la violencia, muestran cierta fascinación por la naturaleza dramática e irreflexiva del acto violento.
36. Delgado, Francisco Javier. «Comunicación, inseguridad ciudadana y control social», en Comunicación. Estudios Venezolanos de Comunicación, Caracas, N° 103 (agosto).
Presenta los fundamentos teóricos de una investigación llevada a cabo en Maracaibo, Venezuela, sobre las percepciones ciudadanas de la inseguridad y sus relaciones con la representación mediática del crimen y el delito. El autor afirma que la manera subjetiva, parcializada y dramática con la que los medios de comunicación encuadran las noticias de violencia es una forma de fomentar el pánico moral y, por consiguiente, de legitimar el poder del Estado, pues las personas, al sentir que viven en una sociedad más violenta e insegura, instigan a que el control social sea más exigente y, por tanto, más represivo. Frente a esto, el autor propone la construcción de espacios intersubjetivos de diálogo, en los que se puedan construir otras percepciones de la inseguridad y se reivindique la solución no violenta de los conflictos.
Centro de investigación y Educación Popular – Cinep
Bogotá, Colombia, 2007
http://redcontralores.phpnet.us/?p=108