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24 de marzo. Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia
Se conmemora el Golpe de Estado de 1976, el último y más sangriento de la historia argentina y a las 30 mil víctimas del terrorismo de Estado.
Antecedentes previos al golpe de estado de 1976
Los cambios que se produjeron en la sociedad argentina durante el gobierno de Isabel Perón fueron determinantes en el agotamiento del régimen democrático inaugurado en 1973, y su derrota por el golpe militar. A comienzos de 1975 se produjo un agravamiento de la situación económica, causada por la suspensión en el Mercado Común Europeo de las compras de carnes argentinas, que llevó a la devaluación del peso, la caída de los salarios reales y el aumento de reclamos sindicales. Esto ocasionó la renuncia del ministro de economía, Alfredo Gómez Morales, y la designación en su reemplazo de Celestino Rodrigo, a quien se le encargó instrumentar un plan económico. Las medidas, anunciadas el 4 de junio, incluyeron una devaluación superior al 100%, el aumento de los precios del combustible del 175%, de las tarifas eléctricas el 75%, y aumentos de otros servicios públicos. Entonces se volvió necesario someter a los dirigentes sindicales más contestatarios y designar una cúpula sindical dócil. Las medidas económicas impulsadas fueron un duro golpe a los salarios reales de los trabajadores e hizo caer en el desprestigio a sindicalistas, otrora combativos, que tuvieron una actitud dubitativa. La consecuencia de esto fue el nombramiento de hombres afines del gobierno. Fueron desplazados dirigentes como Agustín Tosco, del gremio metalúrgico, René Salamanca, de los mecánicos y Raimundo Ongaro, líder del gremio gráfico. Las medidas tomadas por el nuevo ministro, conocidas como 'el rodrigazo', generaron muchas protestas obreras ya que el ministro se negaba a dar aumentos salariales superiores al 38%. Para imponer las medidas y frenar las protestas, un sector del gobierno se dedicó a perseguir a intelectuales, artistas y activistas sindicales considerados de izquierda. Esta persecusión ilegal fue llevada a cabo por elementos clandestinos organizados en la Alianza Anticomunista Argentina (AAA) dirigidos desde el Ministerio de Bienestar Social a cargo de la principal figura del peronismo, el "brujo" José López Rega . La CGT suspendió las negociaciones paritarias el 5 de junio. Mientras su colaboración con el gobierno la desprestigiaba vio desplazar a sus hombres del poder, alejados de puestos en el gobierno. Por ello, la CGT se vio obligada a llevar adelante un plan de lucha con huelgas generales, movilizaciones y apoyo a reclamos salariales que desestabilizó al gobierno y precipitó la caída del ministro López Rega, quien fue destituido el 11 de julio para luego abandonar precipitadamente el país. Rodrigo fue reemplazado en economía por Antonio Cafiero, el 14 de agosto de 1975, quien tampoco consiguió un plan económico que permitiera mejorar la situación de las empresas del país, ya que los trabajadores no estaban dispuestos a hacer un sacrifico. En 1975, el costo de vida aumentó 334,8 %, anunciado el 5 de enero del siguiente año. Las cúpulas empresariales presionaron y exigieron cambios al gobierno. Los grupos de ultraizquierda profundizaron sus acciones armadas, que aumentaron la confusión política dando al gobierno la posibilidad de intensificar la represión indiscriminada. María Estela Martínez de Perón pidió licencia por razones de salud desde el 13 de septiembre de 1975 hasta el 6 de noviembre de 1975. Durante el período, Ítalo A. Luder asumió el cargo de presidente provisional del Senado. El nuevo mandatario reemplazó al ministro del Interior, Vicente Damasco por Ángel F. Robledo, y procuró ganar el apoyo de las Fuerzas Armadas. Para ello envió al Congreso el proyecto de creación del Consejo de Defensa Nacional y de Seguridad Interior que entregaba a los militares la responsabilidad total de la lucha contra la subversión armada. Durante los meses siguientes se incrementaron la inflación, el desempleo y las huelgas. Entre los trabajadores se intensificaba la organización de sus luchas y algunas comisiones internas comenzaron a proponer la toma u ocupación de los lugares de trabajo. La represión ilegal, que se había ensañado contra los dirigentes sindicales, se tornó ineficaz. Este curso de los acontecimientos asustó a muchos empresarios que, viendo al gobierno debilitado, atado por los mecanismos parlamentarios y las necesidades electorales, se inclinaron a favor de un golpe militar. Los hombres con más sensibilidad política, también percibieron que los acontecimientos empezaban a favorecer el crecimiento de organizaciones políticas izquierdistas, con estrategias de poder sustentadas en esas luchas y en la aparición de coordinadoras de las comisiones internas más activas, mientras se debilitaba la influencia de los partidos tradicionales. El 7 de febrero, la UCR advirtió sobre la inminencia de un golpe de Estado ante "la falencia del PE". Los más amplios sectores populares pasaron de una actitud de oposición a los militares, que caracterizó la mentalidad de los años sesenta, a un desprecio al gobierno constitucional y a una disminución de su participación política, asustados y confundidos por el accionar de la guerrilla. La política vacilante de la CGT, entre el gobierno peronista y el apoyo a las luchas de los trabajadores, había ido debilitando la idea, en la clase media, de que esas luchas pudieran dar solución y traer orden. Los cambios de rumbo del gobierno de Isabel, las acusaciones de corrupción que se le hicieron, las devaluaciones de la moneda y el crecimiento de los precios, fueron ganando entre las clases medias la necesidad de que hubiera un gobierno fuerte que pusiera las cosas en orden. El golpe se empezó a preparar el 12 de diciembre de 1975, cuando el brigadier Orlando Capellini hizo el primer pronunciamiento fallido. El intento fracasó porque todavía no se habían terminado de consolidar las jefaturas de las Fuerzas Armadas detrás del mismo objetivo. Pero su acción mostró que, entre los altos oficiales, las condiciones estaban maduras. Las incógnitas que despertaba entre las cúpulas militares acerca de cuál sería la reacción social fueron despejadas cuando los estratos medios de la sociedad reflejaron que no se opondrían a un golpe. Así fue interpretada, al menos, la indiferencia o simpatía que despertó el alzamiento de Capellini. Mientras tanto, el periodismo siguió insistiendo en que era necesario poner orden, fin a la corrupción y facilitar el advenimiento de un gobierno menos incapaz que el de "Isabelita". El radicalismo, que por boca de su principal dirigente expresó que, si existía un golpe era por culpa del gobierno, no estuvo dispuesto a preparar a la población para que se defendiera. Al contrario, fortaleció el objetivo de los militares. El jefe del partido radical, Ricardo Balbín , fue claro cuando respondió "no tengo soluciones" al reclamársele una alternativa frente al golpe. Durante los primeros dos meses de 1976, estas características se acentuaron y prepararon el escenario del golpe militar. En el Congreso se multiplicaron los pedidos de renuncia de la Presidenta como forma de solución de la crisis, durante el 9 de febrero. El 18 de febrero María Estela Martínez de Perón informó que no renunciaría y el 20 de febrero se convocó a elecciones presidenciales para el 12 de diciembre. Alea jacta est. El golpe fue preparado con anticipación por las fuerzas armadas. Dos días antes del 24 de marzo, por ejemplo, ya se realizaban movimientos militares con la excusa de combatir la subversión ocupando lugares estratégicos.
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El 24 de marzo de 1976 ocurrió lo que muchos esperaban: Isabel Perón fue detenida y trasladada a Neuquén. La Junta de Comandantes asumió el poder, integrada por el Teniente Gral. Jorge Rafael Videla, el Almirante Eduardo Emilio Massera y el Brigadier Gral. Orlando R. Agosti. Designó como presidente de facto a Jorge Rafael Videla. Dispuso que la Armada, el Ejército y la Fuerza Aérea compondrían el futuro gobierno con igual participación. Comenzó el audodenominado "Proceso de Reorganización Nacional".
José Martínez de Hoz fue designado ministro de Economía y, el 2 de abril, anunció su plan para contener la inflación, detener la especulación y estimular las inversiones extranjeras.
La gestión de Martínez de Hoz, en el contexto de la dictadura en que se desenvolvió, fue totalmente coherente con los objetivos que los militares se propusieron.
Durante este período, la deuda empresaria y las deudas externas pública y privada se duplicaron. La deuda privada pronto se estatizó, cercenando aún más la capacidad de regulación estatal.
Con ese clima económico, la Junta Militar impuso el terrorismo de Estado que, fuera de enfrentar las acciones guerrilleras, desarrolló un proyecto planificado, dirigido a destruir toda forma de participación popular. El régimen militar puso en marcha una represión implacable sobre todas las fuerzas democráticas: políticas, sociales y sindicales, con el objetivo de someter a la población mediante el terror de Estado para instaurar terror en la población y así imponer el "orden", sin ninguna voz disidente. Se inauguró el proceso autoritario más sangriento que registra la historia de nuestro país. Estudiantes, sindicalistas, intelectuales, profesionales y otros fueron secuestrados, asesinados y "desaparecieron". Mientras tanto, mucha gente se exilió.
Algunas acciones del nuevo gobierno:
Suspende la actividad política
Suspende los derechos de los trabajadores.
Interviene los sindicatos.
Prohíbe las huelgas.
Disuelve el Congreso.
Disuelve los partidos políticos.
Destituye la Corte Suprema de Justicia.
Interviene la CGT.
Interviene la Confederación General Económica (CGE).
Suspende la vigencia del Estatuto del Docente.
Clausura locales nocturnos.
Ordena el corte de pelo para los hombres.
Quema miles de libros y revistas considerados peligrosos.
Censura los medios de comunicación.
Se apodera de numerosos organismos.
La censura:
Comunicado N° 19, 24/03/76
Se comunica a la población que la Junta de Comandantes Generales ha resuelto que sea reprimido con la pena de reclusión por tiempo indeterminado el que por cualquier medio difundiere, divulgare o propagare comunicados o imágenes provenientes o atribuidas a asociaciones ilícitas o personas o grupos notoriamente dedicados a actividades subversivas o al terrorismo. Será reprimido con reclusión de hasta diez años, el que por cualquier medio difundiere, divulgare o propagare noticias, comunicados o imágenes, con el propósito de perturbar, perjudicar o desprestigiar las actividades de las Fuerzas Armadas, de Seguridad o Policiales. (Diario "La Prensa", 24 de marzo de 1976).
Los subversivos:
El término "subversión" englobaba a las organizaciones guerrilleras -prácticamente ya extinguidas en marzo de 1976- pero también a los activistas o simpatizantes de cualquier movimiento de protesta o crítica social: obreros, universitarios, comerciantes, profesionales, intelectuales, sacerdotes, empresarios y más... No hubo "errores" ni "excesos", sino un plan deliberado. (Historia Visual de la Argentina contemporánea, Clarín, El "Proceso" Militar).
La guerra sucia:
La "desaparición" fue la fórmula más siniestra de la "guerra sucia": el "objetivo" era secuestrado ( "chupado" ) por un comando paramilitar ( "grupo de tareas" o "patota" ) donde, convertido en un número y sin ninguna garantía legal, quedaba a merced de sus captores. La desaparición de personas fue un programa de acción, planificada con anticipación, estableciéndose los métodos por los cuales llevarlo a la práctica: arrojando a los "desaparecidos" al Río de la Plata (previa aplicación de sedantes) desde aviones o helicópteros militares y en fosas comunes; fusilamientos y ocultamiento de cadáveres, sin ningún tipo de identificación.
La represión ilegal:
La dictadura de 1976 completó y profundizó el esquema de persecución y exterminio que comenzara sistemáticamente con la Triple A, liderada por Lopez Rega.
Distribución de desaparecidos según profesión u ocupación
Obreros......................................................................................30,0%
Estudiantes.................................................................................21,0%
Empleados..................................................................................17,8%
Profesionales...............................................................................10,7%
Docentes.....................................................................................5,7%
Conscriptos y personal subalterno de las Fuerzas de Seguridad..............2,5%
Amas de casa................................................................................3,8%
Autónomos y varios........................................................................5,0%
Periodistas....................................................................................1,6%
Actores y artistas...........................................................................1,3%
Religiosos......................................................................................0,3%
(Informe de la Conadep, Nunca Mas, Eudeba, 1984)
La tortura:
Todos estaban incluidos en la categoría de "enemigos de la nación". La metodología implementada consistió en la desaparición de personas, las cuales en realidad eran llevadas a centros clandestinos de detención, operados por las FFAA., donde se los sometía a interrogatorios basados en tormentos físicos.
Los campos de detención:
Se levantaron centros clandestinos de detención y torturas. En estos laboratorios del horror se detenía, se torturaba y se asesinaba a personas. Se encontraban en el propio centro de las ciudades del país, con nombres tristemente famosos, como la ESMA, el Vesubio, El Garage Olimpo, El Pozo de Banfield o La Perla. Existieron 340 distribuidos por todo el territorio. Locales civiles, dependencias policiales o de las propias fuerzas armadas fueron acondicionados para funcionar como centros clandestinos. Estas cárceles clandestinas tenían una estructura similar: una zona dedicada a los interrogatorios y tortura, y otra, donde permanecían los secuestrados. Ser secuestrado o "chupado", según la jerga represora, significaba ser fusilado o ser arrojado al río desde un avión o helicóptero.
Los desaparecidos:
Debido a la naturaleza, una desaparición encubre la identidad de su autor. Si no hay preso, ni cadáver, ni víctima, entonces nadie presumiblemente es acusado de nada. (Amnistía Internacional, en su informe sobre la desaparición de personas por motivos políticos).
Hubo miles de desaparecidos: Los organismos de derechos humanos hablan de más de 30.000.
Apropiación de chicos:
Además del secuestro de adultos, hubo un plan sistemático de apropiación de niños. Los niños robados o que las madres parían en los centros de detención fueron inscriptos como hijos propios por muchos miembros de la represión, vendidos o abandonados en institutos.
Durante la dictadura, los militares consideraban que los hijos de los desaparecidos debían perder su identidad. Por eso los hacían desaparecer y los entregaban a familias de militares. Ellos pensaban que la subversión era casi hereditaria o que se trasmitía a través del vínculo familiar. De la misma forma que a los hijos de desaparecidos se intentó quitarles su familia, a la sociedad en general se intentó quitarle esos antecedentes que, como los padres de esos chicos, eran considerados subversivos. (Diario "Página 12", 10 de diciembre de 1995)
Denuncias de bebes desaparecidos: alrededor de 500.
Hijos y nietos recuperados al dia de la fecha: 103.
Desindustrialización:
La pequeña y mediana empresa fue sacrificada en el altar de la eficiencia, iniciándose un proceso de acelerada desindustralizacion, ante la imposibilidad de competir con productos provenientes del exterior. La aplicación de las recetas neoliberales no resolvió, sino que profundizó los problemas económicos.
Especulación:
A comienzos de 1977, el ministro de Economía, José Martínez de Hoz, inició un experimento monetario, denominado "la tablita". Fue un sistema de devaluaciones preanunciadas que, sumado a la "ley de entidades financieras" de junio de ese año (que liberó el mercado de dinero y dio garantía estatal a los depósitos a plazo fijo), dio comienzo a la especulación o "bicicleta financiera".
La plata dulce:
La dictadura implementó un plan basado en el liberalismo monetario, que era apoyado por bancos extranjeros y organismos internacionales. El funcionario encargado de cumplir el plan económico de los militares fue José Alfredo Martínez de Hoz. Puso fin al Estado intervencionista, a la protección del mercado interno y al subsidio a empresas. Se congelaron los sueldos. Dejó actuar al mercado libremente. Los resultados finales fueron desastrosos. Hubo un gran endeudamiento externo, las industrias quebraron y, al finalizar la dictadura, se desató la inflación.
El conflicto del Beagle:
Las cuestiones limítrofes entre la Argentina y Chile estuvieron condicionadas por las circunstancias políticas imperantes en cada país. Bajo regímenes dictatoriales en ambas naciones, las diferencias fronterizas estuvieron a punto de derivar en una guerra abierta. En 1978, luego de que la Argentina rechazó el fallo arbitral británico, el conflicto por el Beagle alcanzó su punto más álgido. El 8 de enero de 1979, la Argentina y Chile firmaron el Acta de Montevideo, que sometía el entredicho a la mediación del Papa. Finalmente, la propuesta papal, conocida a través del cardenal Antonio Samoré, se dio a conocer el 12 de diciembre de 1980 y fue aceptada por la Argentina en 1984 después de una consulta popular no vinculante, en la que el "sí" al acuerdo se impuso por un amplio margen de votos. (Historia Visual de la Argentina contemporánea, Clarín, La Política Exterior)
La noche de los lápices (16/9/76):
Se conoce con el nombre de La Noche de los Lápices al secuestro realizado el 16 de septiembre de 1976, (34 años) a diez adolescentes de colegios secundarios en La Plata, cuando luchaban por el boleto estudiantil que actualmente gracias a ésa lucha gozan los jóvenes. Estos chicos eran integrantes de la UES, Unión de Estudiantes Secundarios, organización fundada por el Gringo Caretti, en 1974, nacido el 17 de abril de 1954 en Capital Federal, líder natural de los estudiantes secundarios, y militante montonero.
El 24 de marzo de 1976 se produjo el golpe de Estado, cuyo gobierno de facto estaba compuesto por Videla, Massera y Agosti. Dicha asunción no fue casual y a mi entender tan a la fuerza (aunque evidentemente luego se desmadró) ya que surgió a partir de un decreto firmado durante un gobierno democrático el 2772/75 por Ruckauf, Cafiero, Robledo y Luder (fuente Eduardo Tagliaferro). Este último para la fecha en la que se firmó el decreto se encontraba ejerciendo el cargo de Presidente de la Nación, por ser Presidente Provisional del Senado ya que María Estela Martínez de Perón, a cargo de la presidencia al morir su esposo se encontraba fuera del país, recuerdo que con el regreso de Perón, en la presidencia de Cámpora se escuchaba la frase Cámpora al gobierno, Perón al Poder, cuando Perón muere allá por julio de 1975, pero casi un año antes, en el acto del primero de mayo de 1974 por el día del trabajo en Plaza de Mayo, se corta la relación entre Perón y los Montoneros cuando el primero los llama imberbes,.
HABLA PERON: "...Compañeros, deseo que antes de terminar estas palabras lleven a toda la clase trabajadora argentina el agradecimiento del gobierno por haber sostenido un pacto social que será salvador para toda la República...
CANTICOS EN RESPUESTA: ¡Conformes, conformes, conformes, general, conformes los gorilas, el pueblo va a luchar! - ¡Aserrín, aserrán, es el pueblo el que se va! (fuente Página 12).
También debemos recordar la triple AAA, Alianza Anticomunista Argentina, que comandaba José López Rega (el brujo) y secretario personal de Perón en su exilio en Puerta de Hierro, España. Esta organización intentaba repeler los ataques guerrilleros, la Ley del Talión, (ojo por ojo diente por diente).
Se le atribuye a la triple A varios hechos como el asesinato del padre villero Mugica el 7 de mayo de 1974, (fuente Yo soy Vargas, E. Guerrero).
Oscar Alende, cuenta que después de que Perón concluye su discurso y entra a la Casa de Gobierno, Alende le dice: "Pero, General, ¿qué pasó con la juventud?". "Bueno -le dice Perón-, de vez en cuando hay que darles un tirón de orejas a los jóvenes, pero no es nada." Y lo agarra a López Rega y le dice: "No quiero que ocurra absolutamente nada y usted es el responsable". Si Perón no le hubiese dicho eso a López Rega, nos esperaba una masacre... se repetía en la Facultad de Derecho la masacre de Ezeiza. Yo creo que Perón no conocía los movimientos de López Rega, pero sí podía conocer la tendencia de lo que estaba haciendo López Rega. Y si lo conocía no lo quiso ver, lo intuía pero no lo quería ver, (Juan Pablo Feinnman, Peronismo, Filosofía Política de una Obstinación Argentina). Con humildad me permito disentir con un intelectual como Feinmann, Perón a mi entender era muy inteligente, un estratega, descreo que no supiera del accionar de su secretario personal.
Retomando la muerte y desaparición de los estudiantes de La Plata, uno de los sobrevivientes Pablo Díaz, contó su sufrimiento y el de sus compañeros en el Pozo de Banfield, lugar en el cual se encontraban secuestrados y actualmente quieren dejarlo como la ESMA un espacio para la memoria, según un artículo del domingo 13 de septiembre de éste año del diario Tiempo Argentino. Como diría Feinmann ¿dónde está la verdad?, en el sentido que si bien es un horror la masacre que realizaron los militares y nada lo justifica, es de destacar que los jóvenes que murieron eran como carne de cañón, ya que Firmenich, Galimberti, Vaca Narvaja, también fueron indultados en su momento y salieron ilesos, arengando a los más jóvenes. También es un horror injustificable la muerte de Paula Lambruschini hija del vicealmirante Armando Lambruschini que se desempeñaba como Jefe del Estado Mayor General de la Armada y vivía con su familia en la calle Pacheco de Melo 1963, Piso 3º “B” de Capital Federal. En la madrugada del 1 de agosto de 1978 una poderosa explosión conmovió Barrio Norte, causando 2 muertos, 10 heridos y cuantiosos daños materiales en su domicilio y edificios aledaños. El hecho se lo adjudicó el Ejército Montonero por medio de un comunicado que decía: “Parte de Guerra” Pelotón Especial “Eva Perón. 1 de agosto de 1978; El día 31 de julio a las 23 horas, el Pelotón de Combate Especial “Eva Perón”, procedió a colocar una carga explosiva (de fabricación montonera), en el Barrio Norte, zona oligárquica donde vive el asesino y torturador vicealmirante Armando Lambruschini, Jefe del Estado Mayor y futuro Comandante en jefe de la Armada…El explosivo que detonó a la 1:40 en el mencionado barrio produjo la destrucción de la casa del asesino Lambruschini, la muerte de uno de sus custodios y graves heridas a otro. Lamentablemente también murieron la hija y una anciana, víctimas inocentes de esta guerra declarada por la dictadura y heroicamente enfrentada por nuestro pueblo.” (Fuente Diarios, Clarín, Nación, Crónica de la época), también soy yo misma la propia fuente, ése 1 de agosto me encontraba a tres cuadras, tenía diecinueve años, tres minutos antes había pasado por el lugar, así que sin haber intervenido nunca en política, venía de estudiar y salí ilesa por milagro. Me pregunto, ¿es necesaria la violencia? La muerte de los chicos de La Plata, la hija de Lambruschini traicionada por una amiga que era montonera y puso la bomba debajo de su cama, tenía tan sólo quince años.

Madres y Abuelas de Plaza de Mayo
En ese marco de miedo y silencio y miedo colectivo surgieron las Madres de Plaza de Mayo, un grupo pequeño de mujeres que por amor a sus hijos desafió al Poder y se levantó como testigo y denuncia pública en un país ocupado por sus propias fuerzas militares.
Este grupo de Madres superó el terror.
A medida que sus hijos eran secuestrados y "desaparecidos" las Madres acudían a golpear todas las puertas que pudieran dar alguna noticia sobre los desaparecidos.
Así concurrieron al Ministerio del Interior, Cuarteles, Destacamentos de Policía, Iglesias, y por supuesto escribían a los integrantes de la Junta Militar que gobernaba el país y estaba integrado por el jefe de cada fuerza militar, es decir Armada, Ejercito y Fuerza Aérea, pidiendo ser recibidas, planteando sus dramas, pero jamás recibieron respuesta.
Las Madres empezaron a reconocerse al encontrarse en todos esos lugares y una tarde de Abril de 1977, mientras esperaban que las atendiera el párroco de la Iglesia Stella Maris, una de las Madres que estaba allí, AZUCENA VILLAFLOR de DE VICENTI dijo: " individualmente no vamos a conseguir nada ¿porqué no vamos todas a la Plaza de Mayo y cuando seamos muchas, Videla tendrá que recibirnos ..."
El General Videla era el Presidente que había escogido la Junta Militar.
El 30 de Abril acudieron a la plaza las 14 Madres que habían estado en la Iglesia. Catorce Madres solas en esa inmensa plaza. es de imaginar su coraje, solas ahí, en un país aterrorizado.
Azucena Villaflor de Devicenti eligió la Plaza de Mayo como sitio de las reuniones, porque esa plaza está situada frente a la Casa Rosada (sede del Gobierno) y a un costado está la Catedral.
La Plaza continúa siendo un lugar histórico y tradicional para las manifestaciones, una suerte de foro público. A medida que pasaba el tiempo el número de Madres aumentaba porque aumentaba el número de desaparecidos.
La presencia de las madres en la Plaza era conocida por comentarios de boca en boca, puesto que así como no existían los "desaparecidos"para la prensa, tampoco existían las Madres.
A comienzo de las reuniones semanales acordaron que fueran los jueves de
15:30 a 16:00 hs. de la tarde por ser un día y una hora en la que transitaba mucha gente por la Plaza, ellas permanecían en grupo y de pié sin caminar.
Fueron los propios policías que custodiaban la plaza quienes les indicaron que marcharan de a dos porque como el país estaba bajo Estado de Sitio estaban prohibidos los grupos de tres o más personas.
Así comenzaron las marchas. Marchas alrededor de la pirámide de Mayo que es el símbolo de la Libertad, marchas que continúan aún hoy.
Con el objeto de reconocerse, tiempo después comenzaron a usar un pañuelo blanco en la cabeza confeccionado en un principio con tela de los pañales que se usan para bebés. Ese pañuelo se convirtió en su símbolo.
Las Madres intentaron dar a conocer sus dramas y es así que por- ejemplo -
participaron de marchas religiosas numerosas y populares en las cuales era conveniente que pudieran reconocerse. En procesiones desde Buenos Aires hasta Luján, localidad distante más de 50 Km.
Las Madres provenían de diferentes sectores sociales, las unían sus hijos desaparecidos y juntas desde una cierta ingenuidad primera, adquirieron con el tiempo una cierta sabiduría. Supieron así que sus hijos fueron secuestrados en general por su entrega generosa con el fin de ayudar a quienes no habían sido favorecidos por la misma suerte y transitaban por la vida con muchas dificultades y pobreza . Por ejemplo un grupo muy grande de desaparecidos acudía a las villas miserias que rodean a la ciudad de Buenos Aires y a otras importantes ciudades, para enseñarles a leer a sus pobladores y para impartirles conocimientos de higiene para evitar enfermedades. estas actividades eran consideradas subversivas por la Dictadura, que consideraba subversivos a todo aquel que pensara distinto y fuera critico a su accionar.
Se dieron cuenta entonces que también estaban luchando contra una dictadura y sin duda la batalla dió sus frutos. Cuando comenzaron a reunirse eran un grupo pequeño de Madres que creció hasta ser habitualmente 300 a 400 Madres los jueves en la plaza, con el tiempo fueron incorporándose los padres, hermanos, esposas , hijos, nietos de los desaparecidos y fueron formándose grupos de Madres en el interior del país.
Jamás hicieron uso de las armas mientras que la dictadura oscurantista que mediocrizó la cultura, la educación y la calidad de vida de los argentinos, poseía toda la fuerza y todas las armas. Con el paso del tiempo fueron escuchadas y adquirieron fuerza porque sus reclamos eran legítimos, mientras que la dictadura carecía de toda legitimidad.
El prestigio de las Madres en todo el mundo creció de tal manera que en otros países de América Latina y del Asia con problemas similares surgieron grupos de Madres que imitaron la acción de las Madres de Plaza de Mayo.
En 1980 adquieren una sede social, dejando atrás las reuniones en sus casas particulares, gracias a una donación de SAAM (Asociación Holandesa de Mujeres que se había constituido para ayudarlas).
Las Madres comienzan a salir al exterior para hacer conocer el drama de los desaparecidos primero a Europa luego a EEUU entre los años 1978-1979, también salían para pedir apoyo y solicitar que se aislara a la Dictadura Argentina.
Fueron escuchada e invitadas una y otra vez. Amnesty International patrocinó un viaje en 1979 que abarcó 9 países para exponer ante gobernantes democráticos de Europa y los Estado Unidos la situación real en la República Argentina.
La dictadura militar menospreció la capacidad de lucha de las madres y la fuerza de amor que ponían para conseguir información de sus hijos, las llamaban " las locas de Plaza de Mayo"cuando se dieron cuenta que sus denuncias tenían fuerza intentaron silenciarlas con el secuestro de un grupo de madres fundadoras y familiares de desaparecidos en la Iglesia de la Santa Cruz, también el golpe más fuerte fué sin dudas la detención y desaparición de la líder del grupo Azucena Villaflor de De Vicenti en la puerta de su casa cuando regresaba de comprar el diario donde salía por primera vez la solicitada a la junta militar pidiendo información de los detenidos-desaparecidos el 10 de Diciembre de 1977. (Irónicamente es el día recordatorio de la Declaración Universal de los Derechos Humanos).
Suponía la Dictadura que las Madres perderían poder con el secuestro masivo de integrantes.
Las Madres son la reserva moral de los argentinos durante los años de plomo de la dictadura militar, por eso constituyeron un foco de luz y esperanza durante esos negros años. Sus demandas fueron y son Verdad, Justicia y Castigo por las violaciones de los derechos humanos, lamentablemente hoy reina la impunidad que genera nuevos crímenes perpetrados por ex integrantes de "los grupos de tareas" que a pesar de haberse comprobado que fueron torturadores y asesinos durante la dictadura, gozan hoy de una amplia libertad.
Las Madres fundadoras ponen especial empeño en la Memoria yá que desde el gobierno se impulsa al olvido.
Las Madres creen que la Democracia no se agota con el sólo ejercicio del voto aunque éste es importante es necesario que la Democracia sea participativa equitativa y justa, todos los ciudadanos, los habitantes de nuestros país deberían tomar conciencia de estos principios y actuar en consecuencia.
Mundial 78

Durante 24 días, Argentina fue el centro del Mundo. La dictadura militar había logrado su objetivo: que todas las miradas estuvieran puestas en el país pero con una venda en los ojos. Mientras, la prensa local censurada sólo hablaba de tácticas, de goles, de alegría y de orgullo. “Los argentinos somos derechos y humanos”, informaban. Todo lo demás, era ser “antiargentino”.
Lo que pocos saben es que el mismo día del golpe y en la primera reunión de la Junta de Comandantes que acababa de imponer un gobierno de facto, el tema del Mundial de Fútbol apareció ya como tema prioritario. Comenzaban más de 2 años de organización en los que no faltaron extorsiones, asesinatos selectivos y luchas internas dentro de la propia dictadura. Ejército y Marina, dos de las tres puntas de lanza que encabezaban la dictadura, se enfrentaron para controlar el Mundial. Ese primer partido lo ganó la Marina, con Lacoste y Massera como máximos baluartes.
En 1978, fútbol y dictadura se dieron la mano para protagonizar uno de los Campeonatos del Mundo de Fútbol más recordados de la historia. Para algunos siempre será el Mundial de Kempes, el de los papelitos blancos del Monumental y el de la fiesta de todos los argentinos. Para otros, aquél Mundial siempre será el del terror, la mentira y la represión; el Mundial en el que miles de argentinos celebraban hipnotizados mientras miles de personas eran asesinadas; el Mundial en el que unos cuantos militares habían logrado sedar al Mundo entero, que sólo sabía mirar al balón.
Argentina 78 fue, sin duda, el Mundial de la dictadura del balón. Unos resaltan a la dictadura. Otros, al balón. Lo cierto es que los dos iban juntos de la mano.



1982: La guerra de las Malvinas
Varias cosas agonizaban en el mundo aquel 1982 de la guerra por las islas Malvinas, si bien no todas ellas resultaban visibles aún a las miradas de los analistas más incisivos.
En Estados Unidos y desde un tanto antes en Inglaterra el “Estado de bienestar” —forma de contrato social que surgió con fuerza poco antes de la Segunda Guerra Mundial y se expandió tras el fin de las hostilidades— boqueaba bajo el embate de una nueva generación de conservadores, con bajísimo umbral de sensibilidad social, que encarnaban Ronald Reagan y Margaret Thatcher.
La cuota de apropiación de la riqueza global por parte del capital se había reducido drásticamente desde la posguerra y había que volver las cosas a su lugar, esto es, el oro a las arcas de sus dueños.
En forma paralela, en la Unión Soviética el comunismo burocrático —también aludido por el eufemismo “socialismo real”— daba los primeros síntomas, sutiles todavía, de agotamiento como experimento de organización social.
Yuri Andropov, un hombre venido del mundo de la inteligencia, puso en marcha —quizá sin desearlo o preverlo siquiera— un proceso de revisión que ya no se detendría. Y había traído consigo al poder al hombre que lideraría el ocaso de la Revolución de Octubre, Mijaíl Gorbachov (luego de un breve ejercicio de nostalgia estalinista conducido por el olvidable Constantín Chernenko) con la “perestroika” (reforma económica) y la “glasnost” (liberalización) como banderas. El mundo estaba cerca de ver portentos en acción.
El impulso descolonizador que se desarrolló desde mediados de los 40 también estaba perdiendo fuerza. En suma, la Guerra Fría, que durante cuatro décadas había signado las relaciones internacionales, estaba teniendo problemas respiratorios, aunque parecía entonces tan viva como nunca. La rebelión sandinista de 1979, que puso fin a la dictadura de Anastasio Somoza en Nicaragua, parecía florecer según el viejo molde, pero pronto su debilidad quedaría en evidencia, del mismo modo en que el clima de agresión internacional generalizada que la acompañó desde el primer día dejó en claro que ciertos giros históricos en el Tercer Mundo ya no eran bienvenidos ni tolerados en los centros de poder.
Es curioso, porque en este momento en que el mundo parecía ordenarse de acuerdo con el imaginario de los militares que usurparon el poder en la Argentina en marzo de 1976, éstos empezaron a cavarse de modo entusiasta la propia fosa. La tumba tendría un nombre, Malvinas, y un epitafio: derrota y humillación.
Sobre todo, el llamado entonces “giro a la derecha” de la sociedad estadounidense a fines de los años 70 que dio con Reagan en la Casa Blanca en el inicio de los 80, los había llenado de entusiasmo y, según se sabe ahora, de una omnipotencia boba.
Después de cuatro años de sufrir leves e ineficaces, pero molestas, palmadas políticas en las manos por parte del gobierno demócrata de Jimmy Carter —además del desdén del mundo civilizado— por sus violaciones a los derechos humanos, ahora tenían frente a sí un líder cuyos adláteres ideológicos (el Grupo Santa Fe, Jeanne Kirkpatrick, entre otros) lo instaban a no reparar en los dictadores militares que se habían desplegado al sur del río Bravo.
Lo que había que hacer era emplear a los uniformados como policía brava en sus propios países y también en fuerzas de choque regionales (como la que Washington ensayó montar contra Nicaragua o pensó en desplegar contra Cuba) para detener al comunismo en el patio trasero del hemisferio. Estados Unidos podía dedicar así sus energías para escapar del molde de la política de “contención” —término acuñado por George Kennan— de la URSS que signó la Guerra Fría y proceder a arrinconarla contra su destino.
Este enfoque hizo que los militares argentinos creyeran que podían bajar nubes del cielo con la punta de los dedos. Y algo de eso ensayaron cuando derivaron personal involucrado en la represión argentina a realizar tareas de respaldo a otras dictaduras (caso Honduras) y a subvertir clandestinamente el orden de la Nicaragua sandinista por cuenta de la República Imperial, categoría acuñada por Raymond Aron.
Creyeron que esto los haría merecedores de una distinción especial —y de favores no menos especiales— por parte de la metrópolis, olvidando el aserto que recomienda no pagar a las meretrices por “lo que de todos modos harían con gusto gratis”.
No fue lo único que olvidaron; tampoco recordaron mirar al mundo en su totalidad, sin estrabismo. La democracia de masas había reemplazado a la de elites en Europa, la reorganización global de la producción y de su contabilidad demandaba también ciertos contenidos morales, porque si no sus efectos se hacían indigestos y porque cierta paz social era imprescindible para globalizar la economía con reformas profundas.
Desde comienzos de los 80 algunos cientistas sociales —sobre todo economistas— venían proponiendo a organismos como el FMI y el Banco Mundial apostar a un maridaje entre democracia y economía de mercado como fórmula perfecta no sólo para cualquier transformación, sino para responder a algunas crisis mayores en ciernes, como la del endeudamiento externo del Tercer Mundo que comenzaba a amenazar al sistema financiero internacional.
Este fue el llamado “Consenso de Washington” que luego los organismos de crédito empujarían por el gañote de América latina en una versión degradada, en la que la democracia quedaba cautiva del mercado.
Los militares argentinos —que como el resto de sus similares latinoamericanos sólo sabían endeudar al país y hacer añicos la paz social— no quisieron, o no pudieron, entender que el tipo de régimen que encarnaban se estaba haciendo vetusto a mayor velocidad aun que la URSS.
La guerra de Malvinas fue la consumación de esa vetustez. A comienzos de 1983, en Washington, el entonces secretario de Estado Adjunto para Asuntos Interamericanos, Thomas Enders, un republicano, al analizar para un cronista de Clarín los efectos de la reciente guerra de Malvinas dijo con sorprendente candidez: “Estados Unidos ha tenido siempre una lista de ”amigos permanentes” en América latina y en ella estaban los militares. Lo que pasó en los últimos años y Malvinas los ha sacado de la lista”.
Es en este contexto mundial en que la Junta de Leopoldo Galtieri, Isaac Anaya y Basilio Lami Dozo procedió a ensayar la recuperación de los archipiélagos irredentos del sur. Creyeron estar protegidos por Washington y terminaron siendo sus víctimas en no menor proporción que de las tropas británicas que —contra toda esperanza de Buenos Aires— Thatcher sí envió a Malvinas.
Para que la lección fuese imposible de confundir, al anunciar que su país abandonaba toda neutralidad en el conflicto, Reagan llamó a los militares argentinos “matones” obsesionados con “unas rocas” del fin del mundo. Fue en mayo de 1982, por televisión, y marcó el inicio del fin del drama de 74 días.
Así, lo mejor que produjeron fue la última pequeña guerra de la Guerra Fría y colocar al golpe del 24 de marzo de 1976 en un lugar inhóspito de las efemérides: la última vez en que uniformados reemplazaron un gobierno civil en América latina.
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FIN DE LA DICTADURA
Luego de la Guerra de Malvinas, producida dentro de ésta última dictadura militar, la sociedad comenzó a dejar de callar, y así, unidos contra los represores, y de la mano de Raúl Alfonsín, quien dirigía al sector opositor, organizaron una protesta por la falta de información sobre las Malvinas. Lograron instalar el tema en la opinión pública, y a los represores ya no les resultó tan sencillo poder organizarse. Habían perdido credibilidad y la gente intentaba revelarse.
La propuesta de Alfonsín se basaba en:
"Constituir UN GOBIERNO CIVIL DE Transición, QUE ENCABEZARA EL EX PRESIDENTE ILLIA"
Pero dentro del gobierno de facto, las propuestas eran otras:
"SEGUIR INCULCANDO LA IDEA DE TEMOR"
Galtieri (a quién el ejército quería hechar), decide hablar en Plaza de Mayo. Acude allí gran cantidad de gente, y días después se da por finalizado el Proceso de Reorganización Nacional.
En 1.983 asume como presidente Raúl Alfonsín, iniciando la DEMOCRACIA en nuestro país.
Fuera de que su gobierno perjudicó muchísimo al país en una forma económica, con la inflación, él fue quien fundó la CONADEP (Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas).
Tiempo después se realizó el Juicio de las Juntas. Participaron muchísimas personas en los testimonios de aquel juicio. Se encontraron muchos culpables; pero al asumir en su primer gobierno, Carlos Saúl Menem, los indultó con las leyes de Punto Final y Obediencia Debida.
Para algunos, esta decisión fue inteligente porque ayudó a terminar con las rebeliones militares, dando vuelta de hoja en la historia de las relaciones cí vico- militares.
Lo que esos "algunos" no ven, es que este hecho es difícil de defender desde el punto de vista moral.
Múltiples declaraciones han hecho que comenzara a reflotar el tema de la represión militar y de los desaparecidos.
El ex marino de la ESMA, a quien el arrepentimiento, (¿arrepentimiento?) Hizo que se decidiera a declarar, dijo haber visto lanzar desde aviones navales de 1.977 a un joven, dos adolescentes mujeres, y una mujer de 65 años aproximadamente, vivos al mar. No los puede identificar por nombre y apellido, ni tampoco a otros ciudadanos (30) que fueron arrojados al mar por él mismo.
Participó en los vuelos de la Armada entre los años 1.976 y 1.977 para arrojar (en sólo dos vuelos) a 1.500 y/o 2.000 presos ilegales.
Dice que Mendía (comandante de las operaciones Navales, contralmirante), los reunió, luego del golpe del ’76, para darles instrucciones tales como: actuar de civil, y eliminar subversivos, antes de explicar que algunos prisioneros se tirarían vivos al mar.
Juan Paulik, jefe de las Fuerzas Armadas, brigadier general, declaró que durante la lucha "antisubversiva" se cometieron barbaridades de uno y otro sector.
El ex ministro de la dictadura, A. Harguindeguy, denunció que se utilizó el asesinato como Practica HABITUAL para poder obtener información ante los detenidos.
Balza aceptó como errónea las alteraciones de orden institucional en 1.976, y admitió que las Fuerzas Armadas no supieron combatir el terrorismo desde la ley.
Pernías y Rolón denunciaron que se utilizó la tortura durante el régimen militar, y a partir de ese momento comenzaron las declaraciones de los "arrepentidos".
El capitán Alfredo Astíz, fue el responsable de los secuestros de las monjas Domon y Duquet, y la ciudadana sueco- argentina Hagelin.
El ex policía Julio Simón, conocido en la represión como "turco Julián" o "turco Julio", admitió que la orden era matar a todos los prisioneros. Pero, pese a todo, reivindicó el actuado en la última dictadura. Fue el ejecutor de torturas y asesinatos, pero sin embargo, no se arrepiente de nada. HOY EN día, SE LO PUEDE VER EN LOS PROGRAMAS Periodísticos DE LA T.V., CONTANDO SUS "Anécdotas" DE TORTURA, COMO SI LAS PERSONAS QUE Mató FUERAN FICTICIAS, BURLANDO EL DOLOR DE CIENTOS DE FAMILIARES DE DESAPARECIDOS.
Según la opinión de varios represores, los únicos arrepentidos deberían ser los integrantes de las organizaciones terroristas.
Debería pensarse que es positivo que Balza y otros más hayan declarado estas atrocidades cometidas debido a su arrepentimiento; pero hoy en día, se sabe que la razón por la que declararon es porque se vieron obligados y presionados a hacerlo. Podían haberlo denunciado, si es que tan arrepentidos estaban, en el año 1.983, cuando el tema ya era denunciado por organizaciones como Amnesty International.
"Delinque quien vulnera la Constitución Nacional, delinque quien imparte órdenes inmorales, delinque quien cumple órdenes inmorales, delinque quien, para cumplir un fin que cree justo, emplea medios injustos, inmorales."

Retorno a la democracia
El destape:
La recuperación de la democracia en 1983 y su correlato televisivo, el "destape" (el furor por hablar "de todo" sin tapujos), provocó fenómenos efímeros pero de alto impacto (la memorable publicidad ¡Qué bien se te ve!) y nuevos géneros, como el periodismo humorístico ( "Semanario insólito", "La noticia rebelde" ), la línea testimonial ( "Compromiso", "24 horas", "Nosotros y los miedos", "Situación límite", "Yo fui testigo" ) o los programas para adolescentes ( "Pelito", "Clave de sol", "Socorro quinto año" ).
Memoria:
Contexto Educativo - Revista Digital de Educación y Nuevas Tecnologías
La memoria en la enseñanza de la Historia y las Ciencias Sociales. Por: María Teresa Rojas F. y Liliam Almeyda H. (N° 11, septiembre de 2000).
La Conadep investiga la desapariciones de la última dictadura.
Nunca Más:
Así se llama el informe sobre desaparecidos de la Conadep. Ernesto Sabato se lo entregó a Alfonsín en 1987. Reúne más de 9 mil denuncias por desapariciones, torturas y asesinatos.

Se conoce como Juicio a las Juntas el proceso judicial realizado por la justicia civil (por oposición a la justicia militar) en la Argentina en 1985, por orden del presidente Raúl Ricardo Alfonsín (1983-1989) contra las tres primeras juntas militares de la dictadura autodenominada Proceso de Reorganización Nacional (1976-1983) debido a las graves y masivas violaciones de derechos humanos cometidas en ese período.
La sentencia condenó a algunos integrantes de las tres primeras juntas militares a severas penas.
El 15 de diciembre de 1983, cinco días después de asumir como presidente, Alfonsín sancionó los decretos 157 y 158. Por el primero se ordenaba enjuiciar a los dirigentes de las organizaciones guerrilleras ERP y Montoneros; por el segundo se ordenaba procesar a las tres juntas militares que dirigieron el país desde el golpe militar del 24 de marzo de 1976 hasta la Guerra de las Malvinas.
El mismo día creó una Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas CONADEP, integrada por personalidades independientes para relevar, documentar y registrar casos y pruebas de violaciones de derechos humanos, y fundar así el juicio a las juntas militares.
El juicio
Los integrantes de la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Criminal y Correccional Federal de la Capital Federal que juzgó a las Juntas Militares fueron Jorge Torlasco, Ricardo Gil Lavedra, León Carlos Arslanián, Jorge Valerga Araoz, Guillermo Ledesma y Andrés J. D’Alessio. Durante el juicio, los jueces rotaron cada semana en la presidencia del tribunal.
El fiscal fue Julio César Strassera con quien colaboró el fiscal adjunto, Luis Gabriel Moreno Ocampo. Todos los demás funcionarios a los que se solicitó colaboración se negaron a ello con diversas excusas.
Poco antes de iniciarse el juicio se intentó una operación para evitar el juicio promovida por sectores de la Unión Cívica Radical y el General Albano Harguindeguy, ex Jefe del Ejército durante la dictadura militar.
Debido a que la cantidad de delitos sobre los que existían constancias superaban los diez mil, el fiscal Strassera tomó la decisión de recurrir a un mecanismo utilizado por el Consejo Europeo de Derechos Humanos, sobre la base de casos paradigmáticos. La fiscalía presentó entonces 709 casos, de los cuales el tribunal decidió examinar 280.
Entre el 22 de abril y el 14 de agosto de 1985 se realizó la audiencia pública. En ella declararon 833 personas. Las atrocidades que revelaron muchos de esos testimonios sacudieron hondamente la conciencia de la opinión pública argentina y mundial. El escritor Jorge Luis Borges, quien asistiera a una de ellas, relató su vivencia en un artículo para la agencia española EFE con el título de "Lunes, 22 de julio de 1985". En una parte de dicho relato dice:
De las muchas cosas que oí esa tarde y que espero olvidar, referiré la que más me marcó, para librarme de ella. Ocurrió un 24 de diciembre. Llevaron a todos los presos a una sala donde no habían estado nunca. No sin algún asombro vieron una larga mesa tendida. Vieron manteles, platos de porcelana, cubiertos y botellas de vino. Después llegaron los manjares (repito las palabras del huésped). Era la cena de Nochebuena. Habían sido torturados y no ignoraban que los torturarían al día siguiente. Apareció el Señor de ese Infierno y les deseó Feliz Navidad. No era una burla, no era una manifestación de cinismo, no era un remordimiento. Era, como ya dije, una suerte de inocencia del mal.
Entre el 11 y el 18 de septiembre de 1985 el fiscal Julio César Strassera realizó el alegato de la fiscalía, que luego ha sido considerado como una pieza histórica. La fiscalía consideraba que la responsabilidad por cada delito debía ser compartida por los miembros de cada junta a la que se le había probado participación. Finalmente el tribunal no aceptó este criterio, sosteniendo que las responsabilidades debían ser asignadas por cada fuerza armada, lo que produjo una considerable reducción de las penas para los miembros de la Fuerza Aérea.
Strassera cerró su alegato con esta frase:
Señores jueces: quiero renunciar expresamente a toda pretensión de originalidad para cerrar esta requisitoria. Quiero utilizar una frase que no me pertenece, porque pertenece ya a todo el pueblo argentino. Señores jueces: 'Nunca más".
Entre el 30 de septiembre y el 21 de octubre se realizaron las defensas de los Jefes Militares, que básicamente sostuvieron que se había tratado de una guerra, y que los actos develados debían ser considerados como circunstancias inevitables de toda guerra.
La sentencia:
El 9 de diciembre se dictó la sentencia condenando a Jorge Rafael Videla y Emilio Eduardo Massera a reclusión perpetua, a Roberto Eduardo Viola a 17 años de prisión, a Armando Lambruschini a 8 años de prisión y a Orlando Ramón Agosti a 4 años de prisión. Los acusados Omar Graffigna, Leopoldo Galtieri, Jorge Isaac Anaya y Basilio Lami Dozo no fueron condenados por no haberse podido probar los delitos que se les imputaban.
La sentencia fue leída por León Arslanián en su condición de presidente de la Cámara Federal. Fundamentalmente el fallo reconoció que las juntas diseñaron e implementaron un plan criminal y rechazó la ley de amnistía sancionada por el último gobierno militar. Señala también que cada fuerza actuó autónomamente y que las penas deben ser graduadas en función de ello. Finalmente, concluyó que la fiscalía no pudo probar que, con posterioridad a 1980 se hubieran cometido crímenes que pudieran ser responsabilidad de la junta militar, exculpando así a la tercera junta (Galtieri-Amaya-Lami Dozo).
En uno de los párrafos de la extensa sentencia puede leerse:
En suma puede afirmarse que los comandantes establecieron secretamente, un modo criminal de lucha contra el terrorismo. Se otorgó a los cuadros inferiores de las Fuerzas Armadas una gran discrecionalidad para privar de libertad a quienes aparecieran, según la información de inteligencia, como vinculados a la subversión; se dispuso que se los interrogara bajo tormentos y que se los sometiera a regímenes inhumanos de vida, mientras se los mantenía clandestinamente en cautiverio; se concedió, por fin, una gran libertad para apreciar el destino final de cada víctima, el ingreso al sistema legal (Poder Ejecutivo Nacional o justicia), la libertad o, simplemente, la eliminación física.
Indultos realizados por Carlos Menem
Los indultos de 1989:
El 7 de octubre de 1989 el presidente Menem sancionó cuatro decretos indultando a 220 militares y 70 civiles.
Decreto 1002/89: Indulta a todos los jefes militares procesados que no habían sido beneficiados por las leyes de Punto Final y Obediencia Debida, excepto el ex-general Carlos Guillermo Suárez Mason, que había sido extraditado de los Estados Unidos.
Decreto 1003/89: Indulta a líderes y miembros de los grupos guerrilleros y otras personas acusadas de subversión, entre ellas personas que se encontraban muertas o "desaparecidas". También indulta a militares uruguayos.
Decreto 1004/89: Indulta a todos los participantes de las rebeliones militares carapintadas de Semana Santa y Monte Caseros en 1987 y de Villa Martelli en 1988.
Decreto 1005/89: Indulta a los ex-miembros de la Junta de Comandantes Leopoldo Galtieri, Jorge Isaac Anaya y Basilio Lami Dozo, condenados por los delitos cometidos en la conducción de la Guerra de las Malvinas.
Los indultos de 1990:
El 29 de diciembre de 1990 el presidente Menem sancionó seis decretos indultando a un nuevo grupo de personas.
Decreto 2741/90: Indulta a los ex miembros de las juntas de comandantes condenados en el Juicio a las Juntas de 1985 Jorge Rafael Videla, Emilio Massera, Orlando Ramón Agosti, Roberto Viola, y Armando Lambruschini. Indulta también a los militares condenados en crímenes de lesa humanidad Ramón Camps y Ovidio Riccheri.
Decreto 2742/90: Indulta a Mario Eduardo Firmenich, líder de la organización guerrillera Montoneros.
Decreto 2743/90: Indulta a Norma Bremilda Kennedy procesada por malversación de fondos públicos.
Decreto 2744/90: Indulta a Duilio Antonio Rafael Brunello condenado a inhabilitación absoluta y perpetua por el delito de malversación de fondos públicos.
Decreto 2745/90: Indulta al ex-ministro de Economía José Alfredo Martínez de Hoz procesado por participación en los delitos de lesa humanidad (secuestro y torturas) contra Federico y Miguel Ernesto Guthein.
Decreto 1005/89: Indulta al ex militar Guillermo Suárez Mason por delitos de lesa humanidad.
Inconstitucionalidad de los indultos
Luego de que en 2003 el Congreso de la Nación declarara la nulidad de las leyes de Punto Final y Obediencia Debida algunos jueces comenzaron a declarar inconstitucionales aquellos indultos referidos a crímenes de lesa humanidad y a reabrir los casos.
El 15 de junio de 2006 la Cámara de Casación Penal, máximo tribunal penal de la Argentina, consideró que los indultos concedidos en delitos de lesa humanidad eran inconstitucionales.
El 31 de agosto de 2010 la Corte Suprema de Justicia confirmó sentencias de tribunales inferiores, dictando que los indultos no fueron constitucionales y las condenas que anularon debían ser cumplidas.

FUENTES
http://www.clarin.com/juicio-a-las-juntas/
http://www.lanacion.com.ar/
http://www.pagina12.com.ar
http://www.minutouno.com.ar
http://www.me.gov.ar
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