En agosto de 2004, Eduardo Duhalde defendía el ALCA y la reelección de Bush, y se mostraba convencido de que Kirchner no podría gobernar sin él. Le pregunto el entonces embajador estadounidense Lino Gutiérrez:
¿Kirchner va a desafiar el control de Duhalde de la provincia de Buenos Aires lanzando la candidatura de CFK (que da bien en las encuestas) para una banca en el Senado, como se especula en la prensa?
Según Duhalde, no en esta vida. Kirchner simplemente no puede tolerar el papelón de que su esposa pierda una elección provincial, así que eso no va a suceder. Duhalde espera un acuerdo para elegir los candidatos a las elecciones legislativas del año siguiente.
Para entonces la relación entre Duhalde y NK era tensa. Ambos evitaban criticarse en público pero se habían cruzado en la prensa. Duhalde había declarado que a Kirchner le gustaba ocuparse de los muertos, en referencia a su politica de derechos humanos, y el entonces presidente había contestado que los crímenes todavía impunes eran una cuestion del presente. Un mes antes de visitar la embajada, Duhalde se había encontrado con Kirchner en una cumbre de Mercosur, y Kirchner aprovecho la ocasión para calmar las aguas. Dijo que tenían diferencias pero que no estaban peleados y elogio su tarea al frente del organismo regional. Duhalde tenía una fuerte influencia en el Congreso porque controlaba a la mayoría de los diputados bonaerenses.
En sus filas, el acuerdo para las legislativas de 2005 se daba por hecho. “Si le va bien gobernando, ¿Cómo Duhalde le va a negar buenos lugares a Kirchner en la lista de elecciones del año que viene?, analizaba un “dirigente duhaldista” citado por Clarín en la previa de la cumbre de Mercosur.
Pero Duhalde no estaba tranquilo. Había ido a la reunión con los diplomáticos estadounidenses a quejarse porque sentía que Kirchner lo maltrataba y que Bush lo ninguneaba. Según el cable diplomático, parecía un hombre bitter (amargado).
“Duhalde llego diez minutos temprano y dijo <yo siempre soy puntual, no como otros> (léase el presidente Kirchner)”, dice el cable. Con el subtítulo “Todavía amargado”, a continuación el texto se refiere a las quejas de Duhalde por una supuesta desatención del entonces mandatario estadounidense.
Es claro que Duhalde todavía siente que fue ignorado por el gobierno de EE.UU. durante su mandato como presidente. Dijo que los EE.UU. “nos faltaron el respeto” y que el presidente Bush ni siquiera lo llamaba por teléfono. Cuando el presidente finalmente llamo a Duhalde en Davos, Duhalde le recomendó que se pusiera en contacto con su sucesor. Duhalde sostuvo que los EE.UU. no le habían prestado atención a America Latina bajo el gobierno de Bush. Le conteste que no estaba de acuerdo y le recordé la situación que los EE.UU. enfrento después del 11 de septiembre.
Sin embargo, aunque sentía que él y su país habían sido maltratados por los EE.UU., Duhalde no dudo en transmitirle al representante de ese país su apoyo a la reelección de Bush en los comicios de noviembre de ese año ni en ratificar su adhesion al ALCA, el tratado de libre comercio continental que sería derrotado por los países del Mercosur en la cumbre de Mar del Plata de noviembre de 2005. Escribió el embajador:
A pesar de los sentimientos heridos de Duhalde, opino que la reelección de Bush seria “lo mejor para la Argentina” ya que ha llegado a la conclusión de que las perspectivas para el ALCA y el libre comercio serian mejores bajo una presidencia de Bush.
“Queremos libre comercio pero en condiciones justas”, cita el cable al ex vicepresidente de Carlos Menem. “Según Duhalde, el ALCA es indispensable para que la region crezca y deje de ser la más desigual del planeta”, explico Gutiérrez.
Después de sacarse la astilla por el ninguneo de Bush, su amigo del ALCA, Duhalde entro de lleno en el motivo de su visita. O sea, el malestar que le provocaba el rumbo que estaba tomando el gobierno de Kirchner.
Empezó diciendo que esperaba que Kirchner finalizara su mandato por el bien de la Argentina. “Y yo lo quiero ayudar”, remato, repitiendo el latiguillo que por entonces usaba en público.
Después alerto al diplomático:
En cuanto a la supuesta ideología izquierdista de Kirchner, no se dejen engañar por la retórica de Kirchner, advirtió Duhalde. Él es esencialmente un pragmático. “Miren su gabinete”, dijo. “Son todos de centro o centro derecha”, y nombro específicamente al ministro de Defensa, José Pampuro, a (jefe de gabinete) Alberto Fernández, al ministro del Interior, Aníbal Fernández, al ministro de salud, Ginés González García, y al ministro de Economía, Roberto Lavagna. ¿Y el ministro de planeamiento, Julio de Vido? “No lo conozco bien, pero es un peronista clásico.”
El desacuerdo con Kirchner no era ideológico sino político, explico el visitante de la embajada. “Kirchner cometió el error táctico de colocarse en la centroizquierda del espectro político. No va a sacar muchos más votos en la izquierda, pero podría perder muchos por la derecha”, le dijo Duhalde al embajador.
A continuación, Duhalde dijo que le molestaban ciertas actitudes del entonces presidente.
Duhalde critico la desorganización y la falta de puntualidad de Kirchner. Dijo que esperaba que Kirchner aprendiera después de un tiempo en el cargo. Mientras tanto, no le queda más remedio que ayudarlo y esperar que mejore a medida que pase más tiempo en el cargo.
Para cerrar la reunión, Duhalde dejo algunas definiciones de politica internacional. “La única salida para Venezuela es la democracia”, opino sobre el principal enemigo de Washington en la region. “El presidente Álvaro Uribe de Colombia es el presidente preferido de Duhalde”, escribió el embajador, en referencia al principal aliado de Bush en la region.
Gutiérrez cerro el cable recomendando seguir en contacto con el ex presidente.
A pesar de su amargura por el supuesto ninguneo y la ocasional declaración pública contra el ALCA, lo encontré ansioso por mantener contacto y eventualmente intercambiar información.
En su evaluación final, el embajador no veía a Duhalde como un aliado sino como una figura a tener en cuenta. O más bien, como una presencia inquietante.
Como el hombre fuerte de la provincia de Buenos Aires, que contiene un tercio de la poblacion, Duhalde sigue siendo la segunda figura politica más poderosa aquí después del Presidente. Su aprobación publica en las encuestas sigue siendo muy negativa al ser acusado por muchos de haber causado la caída del presidente De la Rúa (algo que niega con vehemencia), por la corrupción en el gobierno y en la policia de la provincia de Buenos Aires, y por algunos en la izquierda de ser responsable de la muerte de dos piqueteros en una protesta durante su gobierno (Kostecki y Santillán).
Duhalde nunca alcanzo el acuerdo electoral que en su reunión con el embajador daba por descontado. Según las crónicas de la época, el ex gobernador bonaerense evaluaba que su peso electoral ameritaba que Kirchner le cediera lugares en las listas nacionales. El entonces presidente no cedió en ese punto y solo acepto repartir las principales candidaturas de la provincia de Buenos Aires en tres partes entre el Duhaldismo, el Kirchnerismo y la estructura del entonces gobernador Felipe Sola, que acababa de romper filas con Duhalde para pasarse al oficialismo.
Las negociaciones se estiraron hasta julio de 2005, cuando Kirchner las dio por terminadas, marcando así su ruptura definitiva con el principal impulsor de su llegada a la presidencia.
Dos meses más tarde, en octubre de 2005, Cristina arraso en la provincia, más que duplicando los votos de Chiche, la esposa de Duhalde.
“En cualquier escenario, Duhalde sigue siendo una fuerza con la cual habrá que lidiar en los años venideros”, cierra el cable.
Extraido del site de Wikileaks y del libro Argenleaks de Santiago O´Donnel
¿Kirchner va a desafiar el control de Duhalde de la provincia de Buenos Aires lanzando la candidatura de CFK (que da bien en las encuestas) para una banca en el Senado, como se especula en la prensa?
Según Duhalde, no en esta vida. Kirchner simplemente no puede tolerar el papelón de que su esposa pierda una elección provincial, así que eso no va a suceder. Duhalde espera un acuerdo para elegir los candidatos a las elecciones legislativas del año siguiente.
Para entonces la relación entre Duhalde y NK era tensa. Ambos evitaban criticarse en público pero se habían cruzado en la prensa. Duhalde había declarado que a Kirchner le gustaba ocuparse de los muertos, en referencia a su politica de derechos humanos, y el entonces presidente había contestado que los crímenes todavía impunes eran una cuestion del presente. Un mes antes de visitar la embajada, Duhalde se había encontrado con Kirchner en una cumbre de Mercosur, y Kirchner aprovecho la ocasión para calmar las aguas. Dijo que tenían diferencias pero que no estaban peleados y elogio su tarea al frente del organismo regional. Duhalde tenía una fuerte influencia en el Congreso porque controlaba a la mayoría de los diputados bonaerenses.
En sus filas, el acuerdo para las legislativas de 2005 se daba por hecho. “Si le va bien gobernando, ¿Cómo Duhalde le va a negar buenos lugares a Kirchner en la lista de elecciones del año que viene?, analizaba un “dirigente duhaldista” citado por Clarín en la previa de la cumbre de Mercosur.
Pero Duhalde no estaba tranquilo. Había ido a la reunión con los diplomáticos estadounidenses a quejarse porque sentía que Kirchner lo maltrataba y que Bush lo ninguneaba. Según el cable diplomático, parecía un hombre bitter (amargado).
“Duhalde llego diez minutos temprano y dijo <yo siempre soy puntual, no como otros> (léase el presidente Kirchner)”, dice el cable. Con el subtítulo “Todavía amargado”, a continuación el texto se refiere a las quejas de Duhalde por una supuesta desatención del entonces mandatario estadounidense.
Es claro que Duhalde todavía siente que fue ignorado por el gobierno de EE.UU. durante su mandato como presidente. Dijo que los EE.UU. “nos faltaron el respeto” y que el presidente Bush ni siquiera lo llamaba por teléfono. Cuando el presidente finalmente llamo a Duhalde en Davos, Duhalde le recomendó que se pusiera en contacto con su sucesor. Duhalde sostuvo que los EE.UU. no le habían prestado atención a America Latina bajo el gobierno de Bush. Le conteste que no estaba de acuerdo y le recordé la situación que los EE.UU. enfrento después del 11 de septiembre.
Sin embargo, aunque sentía que él y su país habían sido maltratados por los EE.UU., Duhalde no dudo en transmitirle al representante de ese país su apoyo a la reelección de Bush en los comicios de noviembre de ese año ni en ratificar su adhesion al ALCA, el tratado de libre comercio continental que sería derrotado por los países del Mercosur en la cumbre de Mar del Plata de noviembre de 2005. Escribió el embajador:
A pesar de los sentimientos heridos de Duhalde, opino que la reelección de Bush seria “lo mejor para la Argentina” ya que ha llegado a la conclusión de que las perspectivas para el ALCA y el libre comercio serian mejores bajo una presidencia de Bush.
“Queremos libre comercio pero en condiciones justas”, cita el cable al ex vicepresidente de Carlos Menem. “Según Duhalde, el ALCA es indispensable para que la region crezca y deje de ser la más desigual del planeta”, explico Gutiérrez.
Después de sacarse la astilla por el ninguneo de Bush, su amigo del ALCA, Duhalde entro de lleno en el motivo de su visita. O sea, el malestar que le provocaba el rumbo que estaba tomando el gobierno de Kirchner.
Empezó diciendo que esperaba que Kirchner finalizara su mandato por el bien de la Argentina. “Y yo lo quiero ayudar”, remato, repitiendo el latiguillo que por entonces usaba en público.
Después alerto al diplomático:
En cuanto a la supuesta ideología izquierdista de Kirchner, no se dejen engañar por la retórica de Kirchner, advirtió Duhalde. Él es esencialmente un pragmático. “Miren su gabinete”, dijo. “Son todos de centro o centro derecha”, y nombro específicamente al ministro de Defensa, José Pampuro, a (jefe de gabinete) Alberto Fernández, al ministro del Interior, Aníbal Fernández, al ministro de salud, Ginés González García, y al ministro de Economía, Roberto Lavagna. ¿Y el ministro de planeamiento, Julio de Vido? “No lo conozco bien, pero es un peronista clásico.”
El desacuerdo con Kirchner no era ideológico sino político, explico el visitante de la embajada. “Kirchner cometió el error táctico de colocarse en la centroizquierda del espectro político. No va a sacar muchos más votos en la izquierda, pero podría perder muchos por la derecha”, le dijo Duhalde al embajador.
A continuación, Duhalde dijo que le molestaban ciertas actitudes del entonces presidente.
Duhalde critico la desorganización y la falta de puntualidad de Kirchner. Dijo que esperaba que Kirchner aprendiera después de un tiempo en el cargo. Mientras tanto, no le queda más remedio que ayudarlo y esperar que mejore a medida que pase más tiempo en el cargo.
Para cerrar la reunión, Duhalde dejo algunas definiciones de politica internacional. “La única salida para Venezuela es la democracia”, opino sobre el principal enemigo de Washington en la region. “El presidente Álvaro Uribe de Colombia es el presidente preferido de Duhalde”, escribió el embajador, en referencia al principal aliado de Bush en la region.
Gutiérrez cerro el cable recomendando seguir en contacto con el ex presidente.
A pesar de su amargura por el supuesto ninguneo y la ocasional declaración pública contra el ALCA, lo encontré ansioso por mantener contacto y eventualmente intercambiar información.
En su evaluación final, el embajador no veía a Duhalde como un aliado sino como una figura a tener en cuenta. O más bien, como una presencia inquietante.
Como el hombre fuerte de la provincia de Buenos Aires, que contiene un tercio de la poblacion, Duhalde sigue siendo la segunda figura politica más poderosa aquí después del Presidente. Su aprobación publica en las encuestas sigue siendo muy negativa al ser acusado por muchos de haber causado la caída del presidente De la Rúa (algo que niega con vehemencia), por la corrupción en el gobierno y en la policia de la provincia de Buenos Aires, y por algunos en la izquierda de ser responsable de la muerte de dos piqueteros en una protesta durante su gobierno (Kostecki y Santillán).
Duhalde nunca alcanzo el acuerdo electoral que en su reunión con el embajador daba por descontado. Según las crónicas de la época, el ex gobernador bonaerense evaluaba que su peso electoral ameritaba que Kirchner le cediera lugares en las listas nacionales. El entonces presidente no cedió en ese punto y solo acepto repartir las principales candidaturas de la provincia de Buenos Aires en tres partes entre el Duhaldismo, el Kirchnerismo y la estructura del entonces gobernador Felipe Sola, que acababa de romper filas con Duhalde para pasarse al oficialismo.
Las negociaciones se estiraron hasta julio de 2005, cuando Kirchner las dio por terminadas, marcando así su ruptura definitiva con el principal impulsor de su llegada a la presidencia.
Dos meses más tarde, en octubre de 2005, Cristina arraso en la provincia, más que duplicando los votos de Chiche, la esposa de Duhalde.
“En cualquier escenario, Duhalde sigue siendo una fuerza con la cual habrá que lidiar en los años venideros”, cierra el cable.
Extraido del site de Wikileaks y del libro Argenleaks de Santiago O´Donnel