Hace unos años llegó a mí una pequeña lectura, que me llevo a la reflexión y hoy quiero compartirla con ustedes.
Nunca se sabe pero talvés justo hoy alguién lo necesite...
CONTENTARSE CON POCO
Un águila, cazada por un campesino, vivía atada por una pata en el corral de una granja. No se resignaba a vivir como una gallina cualquiera. Había empezado a dar tirones y tirones a la cuerda que la tenía atada a una fuerte viga del gallinero. Clavaba los ojos en el cielo azul y partía con toda su fuerza. Inexorablemente la cuerda la derribaba a tierra.
Lo intentó y volvió a intentarlo durante semanas, hasta que la piel de la pata quedó toda desgarrada y se le destrozaron las alas.
Al final se acostumbró a aquella vida de esclavitud. Después de unos cuantos meses le gustaba, incluso, el alimento de las gallinas. Se habituó a escarbar y picotear entre la basura.
Así no llegó a darse cuenta de que la lluvia del otoño y la nieve del invierno habían llegado a pudrir la cuerda que la sujetaba a la viga.
Habría bastado un pequeño tirón y el águila habría vuelto a la libertad como reina del cielo.
Pero nunca lo dio.
Bruno Ferrero
Muchas veces nos acostrumbramos a la resignación y dejamos de luchar por nuestros sueños..
Somos los dueños de nuestro destino. Con esfuerzo y sacrificio alcanzaremos nuestras metas.
NO TE RINDAS! Cada fracaso supone un capítulo más en la historia de nuestra vida y una lección que nos ayuda a crecer. No te dejes desanimar por los fracasos. Aprende de ellos, y SIGUE ADELANTE!!
Yo no conocía mucho la obra de este escritor... Investigando encontré otros textos del mismo autor, que me parecieron interesantes. Son relatos cortos que invitan a la reflexión y tratan de dejar alguna enseñanza:
DIOS EN EL CORAZÓN
El maestro se hizo famoso mientras aún vivía. Contaban que Dios mismo había ido un día a pedirle consejo: “Quiero jugar al escondite con los hombres. He preguntado a mis ángeles cuál sería el mejor sitio para esconderse. Unos dicen que en lo profundo del océano. Otros, que en la cima de la montaña más alta. Otros que en la cara escondida de la luna o en una estrella lejana. Tú, ¿qué me aconsejas?
Respondió el maestro: “Escóndete en el corazón humano. Es el último sitio en que se les ocurrirá ir a buscarte”
Bruno Ferrero. “El canto del grillo”, p. 49
LA MISMA DIRECCIÓN
Una pareja de novios preguntó al maestro: “¿Qué debemos hacer para que nuestro amor dure para siempre?”
“Amar juntos otras cosas”, respondió el maestro.
Los enamorados no se miran a los ojos, sino que miran los dos en la misma dirección.
Bruno Ferrero. “El canto del grillo”, p. 54
EL SECRETO DEL PARAÍSO
Un samurai fuerte y corpulento fue a visitar a un pequeño monje: “Enséñame en qué consiste el cielo y el infierno”.
El monje alzó los ojos para contemplar al impo- nente guerrero y le respondió con enorme des- precio: “¿Enseñarte a ti en qué consiste el cielo y el infierno? En verdad que no me sería posible enseñarte nada. Eres puerco y hediondo, eres una vergüenza, un flagelo para la casta los samurais. Apártate de mi vista, no puedo sopor- tarte”.
El samurai montó en cólera. Comenzó a tem- blar, el rostro encendido de rabia. no lograba decir una palabra. Desenvainó la espada y la puso en alto, dispuesto a acabar con la vida del monje.
- Eso es el infierno - murmuró el monje.
El samurai estaba confundido. ¡Cuánta compa- sión y rendimiento en este hombrecillo que ha- bía ofrecido la propia vida para darle esa ense- ñanza, para demostrarle lo que es el infierno! Lentamente bajó la espada, lleno de gratitud y de una paz inesperada.
- Y eso es el cielo - murmuró el monje.
Bruno Ferrero. “La silla vacía...”, p. 3
COMPRAR UN HIJO
Una joven pareja entró en el mejor comercio de juguetes de la ciudad. Ambos se entretuvieron mirando los juguetes alineados en las estanterías. Había de todo tipo. No llegaban a decidirse. Se les acercó una dependienta muy simpática.
- "Mira", le explicó la mujer. "Tenemos una niña muy pequeña, pero estamos casi todo el día fuera de casa y, a veces, hasta de noche."
- "Es una cría que apenas sonríe", continuó el hombre. "Quisiéramos comprarle algo que la hiciera feliz, algo que le diera alegría aún cuando estuviera sola"
- "Lo siento", sonrió la dependienta con gentileza. "Pero aquí no vendemos padres."
Bruno Ferrero. “El canto del grillo”, p. 57