Momias encontradas en distintos lugares del mundo:
El niño Inuit, uno de los ocho cuerpos encontrados en 1972 en Qilakitsoq, Groenlandia, todos ellos momificados naturalmente.
El Hombre de Tollund fue hallado en 1950 en la turbera del mismo nombre, a unos diez kilómetros de Silkeborg, Dinamarca. Estaba tan bien preservado, que pudo descubrirse que su último alimento había consistido en semillas. El color oscuro de la piel se debe a la limonita y los ácidos húmicos del pantano.
Las facciones del Hombre de Tollund son tan serenas, que se diría que el individuo simplemente murió durante el sueño, cuando en realidad lo ahorcaron o estrangularon ritualmente mediante un lazo de cuero como parte del culto a la diosa germana Nerthus.
Otro cadáver de las turberas: el hombre de Grauballe, hallado en la turbera de ese nombre, en las cercanías de Viborg, Dinamarca, en 1952. Se conservó mediante "un proceso parecido al curtido, causado por el ácido húmico y por el contenido ferroso del agua de la turbera, que volvió la piel muy resistente e impidió la putrefacción. Los organos internos se conservaron peor porque la acción del agua llegó a ellos más tarde. Los huesos estaban descalcificados y blandos, y se habían aplanado y doblado, lo cual se notaba, sobre todo, en el cráneo, que estaba claramente deformado por la presión de las capas que pesaban sobre él".
Cabeza del hombre de Grauballe. "Dado el estado de perfecta conservación de la piel, se pidió a un policía especializado en huellas digitales que diera su opinión sobre las manos y los pies del hombre de Grauballe. Las fotos de las huellas digitales son tan claras que, si se tratara de un vivo, podríamos todavía identificarlo en un registro dactiloscópico. Las líneas encontradas en las huellas digitales son bastante corrientes aún hoy en Dinamarca; la del pulgar, por ejemplo, se encuentra con una frecuencia del 11,2 por 100, y la del medio, incluso, del 68,3 por 100. Aunque las uñas estén algo consumidas, las manos no muestran ningún signo de haber hecho trabajos manuales duros".
Momia de la cultura guanche, de las Islas Canarias. Muchos cuerpos de pastores se momificaron naturalmente en las arenas lávicas de las islas; otros cuerpos fueron hallados embalsamados mediante distintas técnicas. Se supone que las mismas variaban según la clase social y posición económica del difunto.
El célebre Ötzi también llamado Hombre de Simillaun u Hombre de Hausllabjoch, tal como fue hallado en 1991 por unos turistas en los Alpes, en las cercanías de Hauslabjoch, en la frontera entre Austria e Italia. Se supone que vivió tres mil trescientos años ante de Cristo. De más está decir que fueron las bajas temperaturas lo que preservaron su cadáver.
Las momias de Guanajuato, que aquí vemos exhibidas en un museo local, son también cuerpos momificados naturalmente. En su mayoría corresponden a víctimas de un brote de cólera que tuvo lugar en 1833.
Una de las famosas momias de Ürumchi o Urumqi, China. Estos cuerpos se preservaron naturalmente gracias al clima seco de la región, y la razón por la que son tan famosas es que corresponden a individuos caucásicos en un país donde la inmensa mayoría de la población es, como sabemos, mongoloide.
"La belleza de Xiaohe", otra de las momias caucasoides halladas en China. Su antigüedad se estima en tres mil ochocientos años.
He aquí algo un poco más macabro: una cabeza reducida por los indios jíbaros.
Otro macabro trofeo, en este caso de los mundurucú. "Cuando el mundurucú llega a matar a un enemigo, inmediatamente le corta la cabeza, se la lleva a su cabaña y la prepara de un modo singular. Extrae los sesos por el agujero occiìtal, lava cuidadosamente el cráneo, lo rellena de algodón y, tsras haberlo secado y limpiado bien de sangre, lo cuelga sobre la chimenea, donde recibe el grado de calor suficiente para la perfecta desecación y conservación de las cernas, de las que tan sólo ha quitado los ojos, a los que sustituye con algodón pintado. Hecho esto, coloca la cabeza fuera de la cabaña o la lleva sobre la punta de una lanza cuando se celebra una fiesta. Del mismo modo, conservan las cabezas de sus familiares, pero separándolas de las de sus enemigos y llevándolas en solemnidades diferentes..."
Cabeza-trofeo maorí, Nueva Zelanda.
Esta en realidad no fue "encontrada". Honoré Fragonard (1732-1806), polémico veterinario y profesor de anatomía, tenía un macabro sentido del arte. Esta composición suya data de 1771 y se exhibe en el Museo de Alfort, cerca de París.
La Iglesia de los Muertos, en Urbania (Pésaro, Italia) seguramente no será un lugar demasiado tranquilizador; pero sin duda los feligreses rezarán mucho allí, aunque más no sea por estar cagados de miedo.
Otra iglesia que aumenta la religiosidad de los feligreses: la de los Capuchinos, en Roma.
Cripta de la Iglesia de San Esteban, en Ferentillo. Al menos ahí no oficiarán misa; nadie nos obliga a bajar.
Convento de los Capuchinos, en Palermo. Pensándolo bien, los difuntitos son gente amable y que no hace ningún daño; los vivos son los jodidos y mal llevados...
Momia de monje budista japonés. Los casos de estos monjes son algo así como una "automomificación", ya que, en vida, beben aguas que contienen arsénico y té de savia del árbol urushi, que es tóxico y se usa para laqueados, y sólo comen raíces y bayas; todo lo cual crea un ambiente libre de gérmenes en el cuerpo y contribuye a preservar algo de carne sobre el hueso.
Otra de las momias de Ferentillo. La momificación natural se produce allí sólo en el viejo cementerio, donde aire, composición de la tierra, grado de humedad y temperatura y microoorganismos se combinan para que el fenómeno se posible. Las del nuevo cementerio no se momifican.
Una momia incaica en notable estado de preservación.
Otras momias incaicas. Estas ya son clásicas.
Tutankhamón sin mascarilla funeraria. Tanto trabajo que se tomaron los embalsamadores para terminar así, gracias al maltrato sufrido a manos de investigadores descuidados...
Una de las momias halladas en la tumba egipcia identificada como KV 35, en el Valle de la Muerte. En su momento, la egiptóloga Joann Fletcher la identificó como perteneciente a Nefertiti, pero luego surgieron discusiones al respecto.
Momia de Ramsés II, de la XIX dinastía: no somos nada, Majestad.
No hay nada que hacer: los fiambres egipcios lucen mejor debidamente vendados.
Cerramos con esta imagen tan famosa, la mascarilla funeraria de Tut. Descansá en paz, pibe... Si te dejan, o si te dejamos. Parece que no había maldición alguna en tu tumba, pero, francamente, si vieras cómo te dejamos, tendrías todo el derecho del mundo a maldecirnos. Disculpanos, fue sin querer.
TODAS LAS CITAS TEXTUALES FUERON TOMADAS DE LAS MOMIAS DE LEONARDO GRILLETO, EDITORIAL EDAF, 1989, ISBN: 84-7640-340-2.
NO SE ADMITEN "COMENTARIOS" CON IMÁGENES.
El niño Inuit, uno de los ocho cuerpos encontrados en 1972 en Qilakitsoq, Groenlandia, todos ellos momificados naturalmente.
El Hombre de Tollund fue hallado en 1950 en la turbera del mismo nombre, a unos diez kilómetros de Silkeborg, Dinamarca. Estaba tan bien preservado, que pudo descubrirse que su último alimento había consistido en semillas. El color oscuro de la piel se debe a la limonita y los ácidos húmicos del pantano.
Las facciones del Hombre de Tollund son tan serenas, que se diría que el individuo simplemente murió durante el sueño, cuando en realidad lo ahorcaron o estrangularon ritualmente mediante un lazo de cuero como parte del culto a la diosa germana Nerthus.
Otro cadáver de las turberas: el hombre de Grauballe, hallado en la turbera de ese nombre, en las cercanías de Viborg, Dinamarca, en 1952. Se conservó mediante "un proceso parecido al curtido, causado por el ácido húmico y por el contenido ferroso del agua de la turbera, que volvió la piel muy resistente e impidió la putrefacción. Los organos internos se conservaron peor porque la acción del agua llegó a ellos más tarde. Los huesos estaban descalcificados y blandos, y se habían aplanado y doblado, lo cual se notaba, sobre todo, en el cráneo, que estaba claramente deformado por la presión de las capas que pesaban sobre él".
Cabeza del hombre de Grauballe. "Dado el estado de perfecta conservación de la piel, se pidió a un policía especializado en huellas digitales que diera su opinión sobre las manos y los pies del hombre de Grauballe. Las fotos de las huellas digitales son tan claras que, si se tratara de un vivo, podríamos todavía identificarlo en un registro dactiloscópico. Las líneas encontradas en las huellas digitales son bastante corrientes aún hoy en Dinamarca; la del pulgar, por ejemplo, se encuentra con una frecuencia del 11,2 por 100, y la del medio, incluso, del 68,3 por 100. Aunque las uñas estén algo consumidas, las manos no muestran ningún signo de haber hecho trabajos manuales duros".
Momia de la cultura guanche, de las Islas Canarias. Muchos cuerpos de pastores se momificaron naturalmente en las arenas lávicas de las islas; otros cuerpos fueron hallados embalsamados mediante distintas técnicas. Se supone que las mismas variaban según la clase social y posición económica del difunto.
El célebre Ötzi también llamado Hombre de Simillaun u Hombre de Hausllabjoch, tal como fue hallado en 1991 por unos turistas en los Alpes, en las cercanías de Hauslabjoch, en la frontera entre Austria e Italia. Se supone que vivió tres mil trescientos años ante de Cristo. De más está decir que fueron las bajas temperaturas lo que preservaron su cadáver.
Las momias de Guanajuato, que aquí vemos exhibidas en un museo local, son también cuerpos momificados naturalmente. En su mayoría corresponden a víctimas de un brote de cólera que tuvo lugar en 1833.
Una de las famosas momias de Ürumchi o Urumqi, China. Estos cuerpos se preservaron naturalmente gracias al clima seco de la región, y la razón por la que son tan famosas es que corresponden a individuos caucásicos en un país donde la inmensa mayoría de la población es, como sabemos, mongoloide.
"La belleza de Xiaohe", otra de las momias caucasoides halladas en China. Su antigüedad se estima en tres mil ochocientos años.
He aquí algo un poco más macabro: una cabeza reducida por los indios jíbaros.
Otro macabro trofeo, en este caso de los mundurucú. "Cuando el mundurucú llega a matar a un enemigo, inmediatamente le corta la cabeza, se la lleva a su cabaña y la prepara de un modo singular. Extrae los sesos por el agujero occiìtal, lava cuidadosamente el cráneo, lo rellena de algodón y, tsras haberlo secado y limpiado bien de sangre, lo cuelga sobre la chimenea, donde recibe el grado de calor suficiente para la perfecta desecación y conservación de las cernas, de las que tan sólo ha quitado los ojos, a los que sustituye con algodón pintado. Hecho esto, coloca la cabeza fuera de la cabaña o la lleva sobre la punta de una lanza cuando se celebra una fiesta. Del mismo modo, conservan las cabezas de sus familiares, pero separándolas de las de sus enemigos y llevándolas en solemnidades diferentes..."
Cabeza-trofeo maorí, Nueva Zelanda.
Esta en realidad no fue "encontrada". Honoré Fragonard (1732-1806), polémico veterinario y profesor de anatomía, tenía un macabro sentido del arte. Esta composición suya data de 1771 y se exhibe en el Museo de Alfort, cerca de París.
La Iglesia de los Muertos, en Urbania (Pésaro, Italia) seguramente no será un lugar demasiado tranquilizador; pero sin duda los feligreses rezarán mucho allí, aunque más no sea por estar cagados de miedo.
Otra iglesia que aumenta la religiosidad de los feligreses: la de los Capuchinos, en Roma.
Cripta de la Iglesia de San Esteban, en Ferentillo. Al menos ahí no oficiarán misa; nadie nos obliga a bajar.
Convento de los Capuchinos, en Palermo. Pensándolo bien, los difuntitos son gente amable y que no hace ningún daño; los vivos son los jodidos y mal llevados...
Momia de monje budista japonés. Los casos de estos monjes son algo así como una "automomificación", ya que, en vida, beben aguas que contienen arsénico y té de savia del árbol urushi, que es tóxico y se usa para laqueados, y sólo comen raíces y bayas; todo lo cual crea un ambiente libre de gérmenes en el cuerpo y contribuye a preservar algo de carne sobre el hueso.
Otra de las momias de Ferentillo. La momificación natural se produce allí sólo en el viejo cementerio, donde aire, composición de la tierra, grado de humedad y temperatura y microoorganismos se combinan para que el fenómeno se posible. Las del nuevo cementerio no se momifican.
Una momia incaica en notable estado de preservación.
Otras momias incaicas. Estas ya son clásicas.
Tutankhamón sin mascarilla funeraria. Tanto trabajo que se tomaron los embalsamadores para terminar así, gracias al maltrato sufrido a manos de investigadores descuidados...
Una de las momias halladas en la tumba egipcia identificada como KV 35, en el Valle de la Muerte. En su momento, la egiptóloga Joann Fletcher la identificó como perteneciente a Nefertiti, pero luego surgieron discusiones al respecto.
Momia de Ramsés II, de la XIX dinastía: no somos nada, Majestad.
No hay nada que hacer: los fiambres egipcios lucen mejor debidamente vendados.
Cerramos con esta imagen tan famosa, la mascarilla funeraria de Tut. Descansá en paz, pibe... Si te dejan, o si te dejamos. Parece que no había maldición alguna en tu tumba, pero, francamente, si vieras cómo te dejamos, tendrías todo el derecho del mundo a maldecirnos. Disculpanos, fue sin querer.
TODAS LAS CITAS TEXTUALES FUERON TOMADAS DE LAS MOMIAS DE LEONARDO GRILLETO, EDITORIAL EDAF, 1989, ISBN: 84-7640-340-2.
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