EKELEDUDU
Usuario (Argentina)
Si vive usted en Argentina, haga usted la siguente prueba: Ingrese a muy temprana edad en un cuerpo de bomberos, rescatistas o cosa por el estilo, y salve de una muerte segura a 1.572 personas. Acto seguido hágase atleta profesional, y supere todos los récords en disciplinas varias. Lograda esa meta, ingrese en la milicia y conquiste veintisiete países. Sin pausa, pida la baja y dedíquese a la política, llegando a la presidencia de la Nación, siendo reelecto al menos dos veces, y durante todos esos mandatos obtenga éxitos apabullantes, reflotando la economía, garantizando la seguridad de los habitantes del suelo argentino y llevando al país al primer mundo, e incluso haciendo que los E.E.U.U. parezcan una triste caquita por comparación. En sus ratos libres dedique dos años a la música y en ese lapso componga seis sinfonías que hagan que el repertorio de Beethoven parezca digno de un triste principiante. No se demore, porque además debe escribir una docena de libros que arrasen con los Nobel de literatura. Retirado ya de política, música y literatura, hágase actor y obtenga al menos cinco premios Oscar por otras tantas interpretaciones. Por último, aburrido de la farándula, hágase físico y revele las claves de la creación del Universo que por el momento todavía provocan dolores de cabeza al gran Stephen Hawking. Habiendo hecho todo eso, desplómese sobre el primer asiento que encuentre, jadeante y necesitando recobrar fuerzas. En ese momento se oyen aplausos y vítores, y hasta la voz de alguien que reclama urgentemente un médico que atienda a una persona que se desmayó de la emoción. En el momento en que Ud. alza la cabeza para agradecer al público, ¿qué descubre? Pues que a usted ni bola que le están dando, todas esas reacciones han sido provocadas porque alguién ha hecho mención, no importa en qué contexto, al difunto Ernesto Che Guevara. Y es que en este bendito país, parece que al único que se considera digno de atención, el único que ha hecho algo meritorio, es el Che. Si se hace una película sobre la vida de un argentino célebre, será sin duda sobre el Che. Si se escribe un libro, el tema del mismo será el Che... ¡¡¡ME TIENEN LAS PELOTAS LLENAS CON EL CHE!!! Y la verdad, ¿cuál es el gran mérito del querido Che, salvo haber alcanzado la fama por cualquier cosa que no sea una supuesta homosexualidad? Porque encima, eso: la única posibilidad de que alguien se fije en usted es que, tras morir luego de esa variopinta trayectoria que describíamos al principio, a alguien se le ocurra que usted tenía inclinaciones homosexuales. Recién entonces alguien se dignará hacer comentarios sobre usted, que nada tendrán que ver, ciertamente, con las 1.572 personas rescatadas, ni con sus múltiples récords deportivos, ni con los veintisiete países conquistados, ni con las seis impresionantes sinfonías compuestas, ni con sus multilaureados libros escritos e interpretaciones fílmicas. No: todo lo que querrán comentar será su homosexualidad, y a lo sumo cómo la misma se refleja en su obra. Milagrosamente, al Che nadie le exige la presentación del carnet de homosexualidad comprobada o sospechada para contarlo en la pléyade de celebridades, aunque hay que decir que, en realidad, ma qué pléyade ni qué pléyade, bien solo está el pobre en la supuesta constelación de famosos. Reina sin competencia en las alturas. Se sabe quién es él: el único argentino que al parecer ha existido y existirá por siempre jamás. Alguien habló de un tal San Martín... Pero eso más bien parece cosa del Vaticano que de Argentina, ¿no? También hablan de un cierto Belgrano, pero ni idea de quién habrá sido; suponemos que el fundador del barrio que lleva su nombre. En cuanto a Marco Denevi, Julio Cortázar, Alberto Ginastera, Florentino Ameghino, René Favaloro y Tita Merello... menos todavía. Bah, bueno, la última de las mentadas tiene un complejo cinematográfico que lleva su nombre, así que posiblemente sea la dueña. Y también hay un museo que se llama Florentino Ameghino... Y que seguramente, está dedicado al Che, ¿a qué otra persona o cosa podría estar dedicado?... Y hablando de museos, dentro de unos meses espero pasar unas vacaciones en la localidad cordobesa de Alta Gracia, que tiene unos paisajes espectaculares. También hay un museo que, creo se llama Casa del Virrey. Y ¡ay!, también otro, el Museo Casa del Che, o algo así. Llevo varios años yendo allá, puesto que ahí vive mi nunca bien ponderada madre; ¿Y cuál es la eterna pregunta que todo el mundo me hace al volver?: ¿Visitaste la Casa del Che?... ¡¡¡Pero la puta que los parió a todos!!! ¡¡¡NO!!! ¡¡¡NO HE IDO, NO VOY, NO IRÉ!!! ¡¡¡NO!!! ¡¡¡NEIN!!! ¡¡¡NIET!!! ¡¡¡BASTA CON EL CHE!!!
Debido a que tal vez usted, como mucha gente, no tiene tiempo de consultar cada día la cartelera de TV o de hacer zapping para ver si están exhibiendo su filme favorito, hemos tomado la decisión de ahorrarle tales trámites mediante esta sencilla guía explicativa que servirá para cualquier día que Ud. guste. De nada... Aquí va: 1) Las películas que hay para ver son: GLADIADOR, CORAZON VALIENTE, TROYA, CRUZADA (Kingdom of Heaven), todas las de SPIDERMAN, todas las de X-MEN, todas las de JASON BOURNE, SILENT HILL, LA CAIDA DEL HALCON NEGRO (Black Hawk Down), todas las de los PIRATAS DEL CARIBE, SECRETO EN LA MONTAÑA, VAN HELSING, GODZILLA, HULK, todas las de HARRY POTTER, SWAT, TITANIC, BATMAN INICIA, todas las de MATRIX, KING KONG versión Peter "Carnicero" Jackson, todas las de HANNIBAL LECTER,todas las de BLADE, SOY LEYENDA, YO ROBOT, DIA DE LA INDEPENDENCIA, todas las de INFRAMUNDO (por el momento sólo andan dando vuelta dos por TV, pero...), algunas películas protagonizadas por BRUCE WILLIS, NICHOLAS CAGE y/o MARK WAHLBERG, algunas comedias berretas iguales unas a otras y, por supuesto, para mi especial alegría y deleite, EL SEÑOR DE LOS ANILLOS II Y III (como la idea es aparentemente verme bullendo de rabia, la primera, en medio de todo la mejorcita, la omiten). Además de éstas pueden verse, pero ya con menos frecuencia: ALIEN IV, TERMINATOR 2 Y 3, DRACULA versión Francis "Carnicero 2" Ford Cóppola, EL CASTIGADOR, LA GUERRA DE LAS GALAXIAS EPISODIOS 2 Y 3, GOLPE AL SISTEMA, EL DESPERTAR DEL DIABLO 2, VUELTA EQUIVOCADA 2, EL DIA DESPUES DE MAÑANA, CLOVERFIELD-MONSTRUO, RESCATANDO AL SOLDADO RYAN, LA LEYENDA DEL JINETE SIN CABEZA, LA PASION DE CRISTO (sobre todo en Pascua), LA LISTA DE SCHINDLER, VAMPIROS de John Carpenter... y algunas comedias berretas, todas iguales unas a otras... 2) Si la programación le resulta un tanto monótona, no desespere, porque en cualquier momento la susodicha se verá enriquecida con los aportes de nueva filmografía, siempre y cuando la susodicha llene cuando menos uno de estos requisitos: 1) Que sea de superhéroes; 2) Que sea una película de acción; 3) Que esté protagonizada por BRAD PITT, LEONARDO DI CAPRIO, ORLANDO BLOOM, BRUCE WILLIS, NICHOLAS CAGE, MARK WAHLBERG y/o posiblemente CHRISTIAN BALE; 3) Que sea una película llena de efectos especiales y sin pies ni cabeza (condición sine qua non); 4) Que tenga más sangre y vísceras al aire que un matadero; 5) Que sea una comedia berreta muy parecida, por no decir idéntica, a todas las que Ud. ya puede ver a cualquier hora en cualquier canal. 3) Todas y cada una de esas películas han sido, son y serán eternamente estrenos en todos y cada uno de los canales que se exhiban, como lo demuestra la entusiasta publicidad. 4) Si Ud. está viendo GLADIADOR o INFRAMUNDO 2, LA EVOLUCION pero se ha perdido el principio, no se aflija: seguro que está por empezar, en estreno absoluto, en cualquier otro canal... 5) Si Ud está viendo una película en TNT y se ha perdido el principio, pero la anuncian como el megafilm del mes, consuélese, que en dicho mes, por ese canal, esa película será estrenada de nuevo más o menos a los cinco minutos de concluída la primera función. 6) Si pretende ver una película por TNT, pero tiene el tiempo medido y no sabe si podrá terminar de verla, duplique la duración teórica del filme y así obtendrá la duración total de la proyección, cortes incluídos. 7) Cualquier película que se estrene por primera vez en Cinecanal, pasará a ser integrante permanente de la cartelera de estrenos de dicha emisora. 8) Si considera que la película que está viendo no podría ser peor, es casi seguro que todavía no la han proyectado, o Ud. se la ha perdido, en Space, convenientemente doblada al castellano. 9) Al encender el televisor, procure estar en compañía de alguien que sepa de reanimación cardiopulmonar: de vez en cuando, por equivocación, proyectan algún filme que escapa a las presentes reglas.
EN UN CEMENTERIO DE EDIMBURGO, ESCOCIA: Debajo de esta piedra, una masa de arcilla Descansa el tío Peter Daniels Quien a principios de Mayo Se quitó sus franelas invernales. EPITAFIO DE THOMAS STAGG EN EL CEMENTERIO DE LA IGLESIA DE SAN GIL, EN LONDRES: Eso es todo. EN UN CEMENTERIO DE THURMONT, MARYLAND: Aquí yace un ateo Totalmente vestido Y sin ningún lugar adonde ir. EN UN CEMENTERIO DE RUIDOSO, NUEVO MÉXICO: Aquí yace Jonny Yeats Perdonadme Por no ponerme de pie. EPITAFIO DE UN HOMBRE QUE FUE AHORCADO, EN EL CEMENTERIO DE LARNE, IRLANDA: Rab McBeth Quien murió por no poder Seguir respirando. EN UN CEMENTERIO DE CHARLESTON, CAROLINA DEL SUR: Lector, he dejado este mundo en el que Tenía mucho que hacer; Sudando e impacientándome para llegar a rico: Exactamente tan loco como tú. EPITAFIO DEL SEPULTURERO ROBERT PHILIP, EN EL CEMENTERIO DE KINGBRIDE, INGLATERRA: Aquí yazgo, a la puerta del Presbiterio; Aquí yazgo, porque soy pobre; Cuanto más lejos de la puerta, cuesta más; Yo yazgo aquí, tan abrigado como ellos. EN UN CEMENTERIO DE CRIPPLE CREEK, COLORADO: Llamó a Bill Smith Un mentiroso. EN UN CEMENTERIO DE LONDRES: Ann Mann Aquí reposa Ann Mann Que vivió como una solterona Pero murió como una vieja Mann Diciembre 8, 1767. EPITAFIO DEL ATEO ARTHUR HAINE, EN EL CEMENTERIO DE VANCOUVER, WASHINGTON: Haine No es más. EN UN CEMENTERIO DE RIBBESFORD, INGLATERRA: Anna Wallace Los niños de Israel necesitaban pan Y el Señor les envió el maná. El viejo clérigo Wallace necesitaba una mujer Y el Diablo le envió a Anna. EN UN CEMENTERIO DE SAVANNAH, GEORGIA: Aquí yace el vioejo Rastur Sominy Murió comiendo maíz hervido En el año del. Señor de 1859 EPITAFIO ESCRITO EN UNA GRAN PIEDRA, SOBRE UNA TUMBA EN EL CEMENTERIO OAK GROVE, EN PAWTUCKET, RHODE ISLAND: William P. Rothwell, M.D. 1866-1939 Esto está encima mío. R. EPITAFIO PARA UN NIÑO, EN UN CEMENTERIO DE PLYMOUTH, MASSACHUSSETTS: Como he muerto tan prontamente Me pregunto para qué empecé. EN UN CEMENTERIO DE UNIONTOWN, PENNSYLVANIA: Aquí yace el cuerpo de Jonathan Blake Puso el pie en el acelerador En lugar de ponerlo en los frenos. EN EL CEMENTERIO DE WINTERBORN STEEPLETON, DORSETSHIRE, INGLATERRA: Aquí reposa el cuerpo de Margaret Bent. Murió y desapareció. EN EL CEMENTERIO DE BARLININE, GLASGOW, ESCOCIA: Debajo de esta lápida yacemos Espalda con espalda, mi esposa y yo Y cuando comiencen a sonar las trompetas angelicales ¡Si ella se levanta, yo permaneceré quieto! EN EL CEMENTERIO DE BOOT HILL, TOMBSTONE, ARIZONA: Aquí yacen Lester Moore Y cuatro balas De un cuarenta y cuatro Ni más Ni menos. EPITAFIO DE UN ABOGADO EN EL CEMENTERIO DE WILLWOOD, ROCKFORD, ILLINOIS: Goembel John E. 1867-1946 "La defensa descansa". EPITAFIO DEL PROFESOR S.B. MCGRACKEN, EN UN CEMENTERIO DE ELKHART, INDIANA: La escuela está cerrada El maestro Ha vuelto a casa. EN UN CEMENTERIO DE STOWE, VERMONT: Yo era alguien, Quién, no es asunto tuyo. ESCRITO POR UNA VIUDA EN UNA LÁPIDA DE SU ESPOSO ADÚLTERO, EN UN CEMENTERIO DE ATLANTA, GEORGIA: Muerto, pero no perdonado. EPITAFIO DE JOHN PENNY, EN EL CEMENTERIO DE WIMBORNE, INGLATERRA: Lector: si estás sin dinero Y deseas tenerlo Cava cuatro pies Y encontrarás un Penny. (Nota: "Penny" significa, en inglés, penique o centavo). EN UN CEMENTERIO DE SILVER CITY, NEVADA: Aquí yace Butch, Donde lo depositamos. Era rápido para el gatillo, Pero lento en sacar. EN EL CEMENTERIO DE EAST DALHOUSIE, NUEVA ESCOCIA: Aquí yace Ezekial Aikle Edad: 102 años Los buenos Mueren jóvenes. EPITAFIO DE UNA VIEJA DONCELLA EN EL CEMENTERIO DE SCRANTON, PENNSYLVANIA: Ni golpes, ni apuros, ni herederos. EPITAFIO ESCRITO POR UNA VIUDA EN UN CEMENTERIO DE VERMONT: Consagrada a la memoria de Mi esposo, John Barnes Muerto el 3 de enero de 1803 Su gentil y joven viuda, de 23 años, posee excelentes condiciones de buena esposa, y desea vivamente ser consolada. EN UN CEMENTERIO DE WAYNESVILLE, CAROLINA DEL NORTE: Effie Jean Robinson 1897-1922 Venid, lozanas jóvenes, mientras pasáis Y en estas líneas detenéis la mirada Como vosotras sois ahora, así seréis vosotras; Preparaos para la muerte y seguidme. A lo que alguien, luego de leer, agregó: Seguirte No me satisface Cómo podré saber Cuál es tu camino. EPITAFIO DE ARTHUR C. HOMAN, EN UN CEMENTERIO DE CLEVELAND, OHIO: En un principio yo no era Luego fui Ahora, nuevamente, no soy. EPITAFIO DE UN ABOGADO, EN INGLATERRA: Sir John Strange Aquí yace un honesto abogado Lo que es extraño (Nota: "Strange", en inglés, significa extraño) EN UN CEMENTERIO DE GEORGIA: "¡Te dije que estaba enfermo!" (Extraído y adaptado del sexto volumen de ALMANAQUE DE LO INSÓLITO, de Irving Wallace y David Wallechinsky)
[Hace un tiempo sostuve una breve polémica con otro usuario de Internet, acerca de una hipotética conspiración judeo-masónica. Si tal conspiración en efecto existiese, como él sostenía, qué duda cabe de que la mayoría de nosotros correríamos un grave peligro. Si por el contrario no existiera, teorizar acerca de ella podría ser peligroso también, pero para aquellos a quienes se acusara, falsamente, de conspirar contra la Humanidad. El debate con el usuario en cuestión no duró lo suficiente para profundizar en sus ideas, pero posteriormente encontré en Internet, en sitios partidarios de la teoría conspiracionista, algunas aseveraciones (no necesariamente compartidas por el usuario antes mencionado) que verdaderamente entraban de lleno en el ridículo. Por ejemplo, los conspiradores ni siquiera serían humanos, sino seres "reptiloides" que además celebrarían ritos satánicos y hasta estarían preparando el advenimiento del Anticristo, o algo así. Sinceramente, que ideas similares, con toda seriedad, sean expuestas en pleno siglo XXI y, peor todavía, sean tenidas por ciertas por mucha gente, me hace pensar que el supuesto oscurantismo medieval era, por comparación, una claridad enceguecedora. Me preparaba para rebatir cuestiones que consideraba ilógicas pero medianamente posibles. Pero esto de algún modo me supera y me siento absurdo de prepararme a rebatir algo que tendría que ser aceptado. Es como si pretendiera demostrar que los perros tienen cuatro patas o que Africa es un continente o que el sol es una estrella. Empecemos diciendo que es totalmente irresponsable tejer hipótesis acerca de hipotéticas conspiraciones aquí y allá, particularmente si se señala a grupos concretos como supuestos integrantes de la conspiración, como en este caso los judíos y los masones. No es que sea del todo imposible que algunos judíos y algunos masones no estén involucrados en conspiraciones, o que crea que la sola idea de una conspiración es descabellada. De hecho, puede que existan en este mismo momento diez, quince, veinte conspiraciones de las que no tenemos ni la menor noticia. Pero en ellas deben participar, no sólo judíos y masones, sino cristianos, musulmanes, ateos y, en fin, gente de toda laya. Secundariamente, si bien la finalidad de las conspiraciones generalmente es mala, el fin propuesto no es hacer el Mal. Supongamos, por ejemplo, que monto una conspiración para apoderarme de la mitad de las reservas de agua mundiales, porque en el futuro el agua será un bien escaso y hará falta en mi país. Sin duda mis fines no son santos, porque pretendo apoderarme, inescrupulosamente, de esas reservas acuícolas, que luego se echarán en falta allí donde yo las tome. Pero no lo hago por el placer de ver a media Humanidad muriendo de ser, sino por el temor de que yo y mis compatriotas la padezcamos en el futuro. A mi entender, esta nueva, desmesurada teoría conspirativa que expone a los supuestos conspiradores como seres monstruosos que aparentemente hacen el Mal por el mero placer de hacer el Mal, dice más sobre quienes sostienes dicha teoría, que sobre los hipotéticos complotados. Mirando hacia atrás en la Historia, vemos que muchos grupos fueron considerados como una amenaza y a menudo señalados como conspiradores, y combatidos a menudo hasta el exterminio. Los herejes cátaros, considerados peligrosos, fueron masivamente asesinados hasta hacerlos desaparecer en el siglo XIII; actualmente las opiniones mayoritarias los señalan como inofensivos y benévolos, si bien, cuando se los hostigó, respondieron a la crueldad con la crueldad. Los caballeros Templarios de Francia fueron arrestados en 1307 en una gigantesca redada, por orden de Felipe el Hermoso, bajo cargos que incluso algunos autores que no simpatizan con los Templarios consideran falsos en mayor o menor medida. Luego, en 1321, en el mismo país, se habló de una conspiración que involucraba a leprosos, judíos y moros, los cuales se habrían unido para envenenar todas las fuentes y pozas del país. Hacia el siglo XVIII les tocó a los Jesuitas el turno de ser los malos de la película. Según unos, estarían conspirando bajo las órdenes del Papa y, según otros, contra él; esto demuestra hasta qué punto los conspiracionistas de todos los tiempos hablan sin saber nada, llevados simplemente por el prejuicio de turno. No en vano quienes ahora nos hablan de esta nueva conspiración e insisten en que sus partícipes no son humanos, nos dicen que son seres "reptilianos". ¿Por qué no "felinos", "perrunos" o "equinos"? Porque un gato, un perro o un caballo no son repugnantes para la mayoría de las personas, mientras que los reptiles se encuentran, junto con las arañas, entre los animales más temidos por los seres humanos. Los reptiles no son más peligrosos o agresivos que cualquier otro animal salvaje, pero la gente sentiría de inmediato temor y asco por cualquier persona de la que se demostrara que en realidad fuera un reptil, sin preocuparse de que fuera peligroso o inofensivo. Si en cambio, bajo la apariencia humana hubiera, digamos, una cara felina, su miedo sería mucho menor. No existen tales seres "reptiloides", todo es una mezcla de prejuicio y paranoia. Los conspiracionistas, por supuesto, no están de acuerdo y presentan sus pruebas. Pero el problema es la credibilidad. Si alguien me dice que a Fulano la esposa le es infiel, tal vez me sea fácil creerlo, porque en definitiva no sigo paso por paso la vida de los demás. Pero en este caso se nos está exigiendo que echemos por tierra toda una serie de hechos que aceptamos como ciertos y empecemos a construir mentalmente otra realidad. Por consiguiente, para que aceptemos su versión de la realidad, no pueden exigirnos que creamos merced a cualquier prueba, sino que tienen que mostrarnos, no pistas mínimas, sino hechos concretos y contundentes. Entre los principales profetas de la teoría conspiracionista se encuentra un tal Alex Jones, cinesta y presentador de radio, que nos ofrece sus "pruebas" en una serie de videos en Internet. No los he visto todos, pero sí algunos en You Tube, entre ellos uno intitulado "Camino a la Tiranía, grupo Bilderberg, reducción población" link: http://www.videos-star.com/watch.php?video=4KCufbaxV1A . Allí se muestran como "pruebas" unos supuestos documentos, de los que no puedo dar fe de que sean auténticos. Llama la atención, por otra parte, que Jones o cualquiera tenga acceso a documentos que pudieran contener secretos tan terribles. Aunque, según él, no son secretos: "nos están diciendo a la cara" que nos van a exterminar... El problema es que no hay forma de verificar la autenticidad de las pruebas. Ni en éste ni en ningún caso dudoso. Cuanto podemos hacer es tratar de emplear mínimamente la lógica y el raciocinio. A las pruebas siempre se presentan contrapruebas, y a éstas otras contrapruebas, y así hasta el infinito. Por lo tanto, sólo podemos tratar de discernir hasta qué punto unas y otras son válidas. En algunos post siguientes intentaremos dilucidar estas cuestiones.
Son muchas las razones por las que la Guerra de las Malvinas y mucho de lo que la rodeó, al ser examinados de cerca, adquirieren matices de tragicomedia, comenzando por el hecho de que allá por 1979 la edición anual del Almanaque Mundial (publicación argentina que resume la actualidad mundial acontecida en los doce meses previos a la publicación, y los datos históricos y geográficos de todos los países del mundo) llamaba Falkland a las Malvinas, y las reconocía como colonia británica. Hasta donde yo recuerdo, las pretensiones argentinas sobre la soberanía de las islas ni siquiera se mencionaba. Tenía yo doce años entonces, y leer aquello me resultó ciertamente extraño; pero reflexioné que tal vez los editores tuvieran razón y no valiera la pena reclamar derechos sobre un territorio que llevaba más de un siglo en manos británicas. En 1981 tuvo lugar la boda entre el Príncipe Carlos y la célebre y difunta Ladi Di. La inmensa mayoría de los medios de comunicación argentinos trataron dicho acontecimiento con extrema frivolidad, como si se tratara de un cuento de hadas de la vida real. El recuerdo resulta tanto más grotesco cuanto que sabemos que ese matrimonio tuvo poco, por no decir nada, de cuento de hadas. Al año siguiente, el 2 de abril, Argentina invadía las islas. En el Reino Unido gobernaba por entonces Margaret Thatcher, una mala persona al decir de ciertos periodistas británicos que hallaron pruebas de que durante el conflicto subsiguiente la Primera Ministra había previsto atacar a la Argentina con armas nucleares. Lástima que por casa la situación no andaba mejor. Una Junta Militar de la más sangrienta dictadura que hasta el momento ha conocido la argentina, integrada por Galtieri, Anaya y Lami Dozo, gobernaba el país. Tanto la Thatcher como los militares argentinos afrontaban severos problemas de impopularidad en sus respectivos países y la guerra les brindaba una oportunidad de mejorar su deteriorada imagen. Así fue como ese mismo 2 de abril, una multitud aclamó a Galtieri en la mismísima Plaza de Mayo donde pocos días antes se habían producido disturbios y la consiguiente represión. Contaba yo quince años entonces, y exactamente una semana después de la invasión me internaban en una clínica siquiátrica con un cuadro clínico de depresión y luego de sucesivos intentos de suicidio. No estaba para pensar en guerras entonces. No sé qué responsabilidad le cabe a un adolescente por no tener conciencia de ciertas cosas con sólo quince años y padeciendo este mal tan común de los tiempos actuales, pero estoy dispuesto a asumirla, porque me interesaría que todos y cada uno de los que ese fatídico 2 de abril vitoreaban a Galtieri y cantaban consignas patrioteras asumieran la suya reconociendo que estuvieron allí. Hasta el momento no encontré a nadie que lo haya hecho. La guerra siguió su curso y durante la misma, los mismos medios que tan encantados habían estado el año anterior con la realeza británica ahora la ponían por los suelos, satirizándola de una forma realmente estúpida y sin sentido. La mentalidad panqueque argentina, dándose vuelta siempre que la ocasión lo requiere, se exhibía así en todo su esplendor, lo que continúa hasta el día de hoy. Se hizo una descomunal colecta en beneficio de los soldados argentinos, cuya recaudación nunca se supo dónde fue a parar, pero sí dónde no fue a parar, el sitio al que debía ir. Luego hubo un Mundial de fútbol en España, y el supuesto patriotismo argentino dejó de concentrarse en la guerra para apuntar hacia el fútbol. Por último el Papa Juan Pablo II visitó la Argentina, exhortó a la Junta Militar a hacer las paces y Puerto Argentino volvió a ser Puerto Stanley. La Junta Militar que tan ovacionada había sido fue luego muy criticada, la Guerra de Malvinas pasó a considerarse la gran vergüenza nacional hasta que de repente parece que pasó a ser algo así como una gloriosa aunque malograda gesta heroica. Uno de los cuadros militares que combatieron en Malvinas, Seineldín, apareció en algún programa radial justificando aquella guerra como necesaria porque, de acuerdo con sus palabras, en 1983 y luego de ciento cincuenta años de presencia ininterrumpida en las islas, el status de Malvinas cambiaría de colonia a dominio, lo que complicaría el derecho argentino a reclamarlas como propias. Todo lo cual es cierto hasta donde sé pero, de todos modos, que lo sea o no no influye mucho en el propósito de este artículo. En cuanto a los habitantes de las Malvinas, los célebres kelpers, que antes de la guerra tenían buenas relaciones con los argentinos, debieron soportar, luego del susto que sin duda debieron llevarse durante la invasión, que en un gesto que denotaba increíble imbecilidad y descerebramiento, el canciller Guido Di Tella, bajo la presidencia de Carlos Menem, pretendiera congraciarse con ellos enviándoles Ositos Teddy. Con lo cual no sólo quedamos ante ellos como peligrosos, sino también como estúpidos a la enésima potencia. Tal vez sea lo mismo, ya que la estupidez puede ser peligrosa y si algo faltó en el planeamiento (por llamarlo de alguna manera) de la guerra por parte de la Junta Militar, fue inteligencia. Mientras tanto, mal que les pese a muchos, ni el Reino Unido ni Argentina tienen el menor derecho sobre las dichosas islas. No el Reino Unido, que las tomó por la fuerza y que está a miles de kilómetros de ellas. Y tampoco Argentina, que pudo haber tratado de recuperarlas cuando la invasión era cosa relativamente reciente y en cambio esperó casi ciento cincuenta años para emprender acciones concretas al respecto. Las Malvinas, Falkland o como se llamen, son de los kelpers. Ellos no se sienten británicos ni argentinos, no conocen Gran Bretaña ni Argentina y aquello que pueden considerar como la tierra amada, la Patria si se prefiere, son esas islas de las que ambas naciones tironean cada uno hacia su lado. Allí nacieron. Quitárselas es sencillamente un crimen. A ellos les compete decidir el futuro de las islas. Argentina ahora sostiene que los británicos llaman a los habitantes de las Islas Malvinas, despectivamente, kelpers; pero curiosamente antes de la guerra, y también inmediatamente después, también nosotros los llamábamos así sin problemas. ¿Por qué cambiar eso? ¿Y cómo prefiere sentirse una persona que nació en las Malvinas: británico, argentino o kelper? Sospecho, sin temor a equivocarme, que esto último. Pero habiendo fracasado en el campo de batalla, Argentina iniciaba su ridícula y patética política de seducción, de la que formó parte el ya citado y bochornoso envío de ositos Teddy; así que había que moderar la lengua. Lo cual es irrisorio, porque no creo que respetar a los habitantes de las Malvinas dependa de cómo se los llame; al menos, no depende exclusivamente de eso. Depende de muchas otras cosas, entre ellas no invadirlos ni tratar de obligarlos por otras formas a formar parte de un país con el que no sienten ni quieren tener nada que ver. Se me dirá que no hablo como un patriota. Nunca dije serlo. A los quince años, que las Malvinas fueran argentinas me importaba un bledo, y eso no ha cambiado. No, decididamente no soy un patriota. Pero el 2 de abril de 1982 la Plaza de Mayo estaba llena de patriotas que lo eran porque no eran ellos quienes se enfrentarían fusil en mano a los británicos, y que ahora no se dignan dar la cara. Muchos ahora critican a quien durante la guerra fue designado gobernador argentino en las Malvinas, Menéndez, por haber firmado la rendición. Esos son patriotas porque no eran ellos quienes tendrían que seguir sufriendo hambre, frío y demás horrores de la guerra en una trinchera llena de agua. Y porque estaban viendo cómodamente un Mundial de fútbol por televisión. Es fácil declarar la guerra si no es uno quien irá a pelear, es fácil ser patriota cuando no cuesta serlo. Sí soy cristiano. Católico moderado. Por cierto, en un nada moderado libro intitulado El deber cristiano de la lucha, el autor, confusamente, hace una soberana mezcolanza de patriotismo y religión, y destaca como una gran gloria el desempeño de los soldados argentinos en Malvinas. De modo que no estará de más recordarle a su autor que la Iglesia da el visto bueno a la guerra cuando ésta es justa, para lo cual se requieren algunos requisitos como que la guerra reúna serias condiciones de éxito, que previamente haya mediado un daño grave, duradero y cierto y, en fin, alguna otra que no recuerdo en este momento. Pero esto no se cumplía en el caso de Malvinas, de modo que ¿por qué sorprenderse de que el Papa en persona pidiese a la Junta Militar el cese de las hostilidades? En este caso expreso, por consiguiente, y en el caso de que yo fuese católico fervoroso (y si esto implica no tener ideas propias sino atenerse a las de la Iglesia, no lo soy) no consideraría que mi deber cristiano fuese armarme para recuperar las Islas. Al contrario, por respeto al prójimo, los kelpers en este caso, prefiero que sean ellos que decidan qué desean para sus islas. Porque, insisto, es lo que ellos pueden llamar su país, la tierra que aman. Yo no amo las Malvinas. ¿Por qué tendría que hacerlo? Deben tener lindos paisajes, pero también el Sahara los tiene, y tanto unas como otro están lo suficientemente lejos para que me considere por completo ajeno a ellos. En realidad, si porque alguna vez las Malvinas fueron argentinas hemos de seguir reclamándolas, con más derecho las comunidades aborígenes argentinas deberían reclamar como suyas, no ya sólo las Malvinas, sino directamente todo el territorio argentino del que los demás seríamos los usurpadores o descendientes de usurpadores. Porque si vamos a hablar de propietarios ilegítimamente desposeídos, los más antiguos y con más derechos a reclamos son ellos. Y sin embargo, ¿alguien piensa en devolverle la tierra a lo que queda de las orgullosas tribus que en otro tiempo poblaron la Argentina? No. Por lo tanto, hagamos lo propio y en vez de reclamar, cual niños caprichosos, nuestros derechos sobre tierras que se diga lo que se diga ya no son nuestras, tratemos de cuidar lo que todavía tenemos, que es mucho. En ese caso sí me sentiría moralmente obligado a participar de una guerra, y si no fuera, me sentiría un cobarde. Pero no tratándose de recuperar las Islas Malvinas. Es más, allá por 1986 me tocó hacer el servicio militar, por entonces todavía obligatorio, cuando no sé qué reclamo británico de soberanía en torno a las islas echó a correr rumores de posible guerra que por supuesto no pasaron de tales. En ese entonces, cuando iba de casa al batallón, alguien se me acercó a preguntarme qué opinaba de todo ese asunto, y se horrorizó cuando le dije que sucediera lo que sucediera, yo no iría a pelear a Malvinas. ¡¡¡Pero cómo no vas a ir allá a defender lo que es tuyo!!!, gimoteó este personaje, visiblemente consternado. La verdad, nunca sentí que las Malvinas fueran mías pero, si lo son, puedo hacer con ellas lo que quiera. Y se las regalo a los kelpers.
Antes de comenzar, pongamos dos cosas en claro. Número uno: en función de su magnitud, podríamos englobar los sucesos milagrosos en dos categorías llamadas milagros absolutos y milagros relativos. Un milagro absoluto sería el que nadie puede discutir; por ejemplo, la resurrección de un muerto, admitiendo que se hubiera constatado previamente que el difunto lo estaba de verdad y no sólo lo parecía. Un milagro relativo sería un suceso que algunos pueden interpretar como milagroso, pero sin que necesariamente estén todos de acuerdo. Por ejemplo, si un enfermo terminal se salvara porque a último momento se descubriera una cura para su mal, a él le parecerá un milagro, pero otros podrían verlo de otra manera: pensar, por ejemplo, que tarde o temprano tenía que encontrarse un remedio para esa enfermedad, y por fuerza, cuando ello ocurriera, habría gente gravemente enferma (porque si no, lógicamente no habría sido necesaria una cura) que se salvaría muy a tiempo de una muerte que hasta entonces parecía segura. El milagro que narraremos pertenece a la segunda categoría. Lo segundo que debemos dejar en claro es el título del presente artículo: Un milagro bíblico que sí se produjo. Si bien nadie puede verificar que todos los demás milagros no hayan ocurrido, lo contrario tampoco es posible; se trata de una mera cuestión de fe. En cambio, éste en particular, además de la Biblia, nos es conocido a través de otra fuente, y por lo tanto, no deja mucho espacio a controversias en lo que respecta al carácter histórico del suceso, aunque sí en cuanto a su interpretación. Dicho todo esto, ubiquémonos espaciotemporalmente en el escenario del milagro. En el año 715 el rey etíope Shabaka completó victoriosamente una invasión a Egipto, que a partir de entonces estuvo gobernada por una dinastía de faraones negros. En el año 701 Shabataka sucedió a Shabaka como Faraón, pero la situación en Egipto era turbulenta, y en su Historia de Egipto afirman Etienne Drieton y Jacques Vandier que el capítulo 19 del Libro de Isaías describe muy bien la situación de aquella época en su versículo 2: yo armaré a egipcio contra egipcio y se batirá hermano contra hermano, amigo contra amigo, ciudad contra ciudad, reino contra reino. Es decir, el país no era la gran potencia de otros tiempos; al contrario. En Palestina, hacía ya bastante tiempo que el reino de David se había escindido en dos: Israel al Norte, Judá al Sur. Tampoco eran países muy pujantes. Por el contrario, el Imperio Asirio cernía una sombra amenazante sobre sus vecinos inmediatos, entre ellos, precisamente, Egipto, Israel y judá. Desde el año 705 gobernaba allí un nuevo rey, Sennaquerib, un monarca guerrero que emprendió en primer término la conquista de Palestina. Tras arrasar Israel, Sennaquerib se dispuso a castigar militarmente a Judá, gobernada por el rey Ezequías. En apoyo de éste, Shabataka envió un primer ejército contra los asirios, que sufrió una humillante derrota en Altaku. Ezequías trató de negociar con Sennaquerib, quien había acampado con sus tropas en Lakish; pero la negociación no llegó a buen término, y a pesar de que Ezequías pagó el tributo que exigía Sennaquerib, éste puso sitio a Jerusalén, capital de Judá. Gracias a estar convenientemente fortificada, la ciudad resistió durante cierto tiempo los embates de los asirios. Egipto, por su parte, se preparó para enfrentarse a las represalias del temible Sennaquerib, que se preparaba para invadir Egipto. Todo indicaba que se avecinaba un desastre lo mismo para Egipto que para Judá, pero los ejércitos egipcio y asirio, al parecer, no llegaron a batirse debido a un suceso que fue interpretado como milagroso lo mismo en Egipto que en Judá. Según la versión bíblica, aconteció que la misma noche salió el ángel de Jehová, é hirió en el campo de los Asirios ciento ochenta y cinco mil; y como se levantaron por la mañana, he aquí los cuerpos de los muertos (II Reyes 19, 35). La versión de Heródoto es algo distinta, pero coincide en la interpretación milagrosa. Nos cuenta que el sucesor de Shabaka, a quien llama Sethos pero que es identificado por los egiptólogos como Shabataka, había suprimido a los militares cierto privilegio; por lo que, en venganza, aquéllos se negaron a combatir contra Sennaquerib (Heródoto, sin embargo, narra que esto tuvo lugar cuando el monarca asirio se disponía a invadir Egipto). Sin embargo, a Sethos le habló en sueños su dios, asegurándole que triunfaría de cualquier manera; por lo que marchó contra los asirios al mando de civiles ataviados y armados como soldados. Entonces, en vísperas de la batalla, una plaga de ratas hizo estragos en el campamento asirio: royeron los carcajes, royeron los arcos y también las correas de los escudos, en tal forma que, al día siguiente, encontrándose los asirios sin defensa (y sin armas) huyeron y perecieron en gran cantidad. Tal la interpretación de la Biblia y de Heródoto. Qué ocurrió en realidad, es imposible de precisar, pero se tiende a pensar que se desató una epidemia entre las huestes asirias, que obligaron al Sennaquerib a regresar a su capital, Nínive. En lo sucesivo, el soberano no volvió a intervenir militarmente en Palestina y jamás pudo intentar de nuevo una invasión a Egipto. ¿Demuestra esto que se produjo un milagro? No; ésa será sin duda la interpretación de los creyentes, los no creyentes continuarán tan escépticos como siempre. Pero lo que sí demuestra es que, por escéptico que se sea, en muchos casos la Biblia se revela como una interpretación religiosa de hechos históricos. Si reflexionamos la polémica que se ha instalado aquí mismo, en Taringa, entre partidarios y detractores del Che Guevara -una figura, sin embargo, infinitamente más cercana en el tiempo que Shabataka, Ezequías y Sennaquerib-, deberemos llegar a la conclusión de que lo que llamamos Historia, tal como la conocemos, es simple interpretación de hechos cuya verdad última nadie, salvo Dios -si se cree en El; en lo personal, yo creo- conoce. La Biblia hace su propia interpretación y tiene derecho a hacerlo. Y lo que hay de verdad en ella... También lo sabe sólo Dios.[/size]
A raíz de la celebración, hace ya tiempo, de algo que se llamó Día de la Tolerancia (no fue este año) se publicaron tantos artículos sobre el tema de la homosexualidad (no sé si porque la conmemoración en cuestión atañe exclusivamente a los homosexuales, o por contarse éstos entre uno de los grupos que más padecen rechazo por parte de sus congéneres humanos) me puse a reflexionar que, en realidad, mi ignorancia al respecto es enorme. Es probable que algunos, luego de pensarlo un poco, se descubran tan ignorantes como yo. En este artículo y el siguiente, examinaremos un poco la homosexualidad desde los tres puntos de vista en que se la contempla habitualmente: pecado, enfermedad o simple estilo de vida por elección. Por desgracia, temo que nadie se aproxima a ninguno de estos puntos de vista sin ideas preconcebidas. El homosexual intentará contra todo lo que se le oponga demostrar que su homosexualidad es un estilo de vida, porque va en ello su interés; un predicador apuntará a que se trata de un pecado y no aceptará otra postura ni siquiera como posibilidad. Nosotros intentaremos, sin prejuicios, examinar las tres posturas. Veremos que cada una de ellas podría tener cierto fundamento y ninguna es por entero satisfactoria; o al menos así me lo parece a mí. Como luego de tanto pensar sobre el asunto mi cabeza es un revoltijo, será bienvenida cualquier opinión que aporte un poco de claridad y orden. En el presente artículo, abordaremos el punto de vista más antiguo, el que considera que la homosexualidad es un pecado. Ese punto de vista me atañe personalmente debido a que soy cristiano creyente muy orgulloso de serlo y sin embargo, no puedo compartir del todo ciertas opiniones, y en el caso de algunas, sumamente rígidas, no las comparto de ninguna manera. Frases incomprensibles y estremecedoras como "A los homosexuales hay que matarlos a todos" no deben ser pronunciadas ni aceptadas como válidas por nadie que se considere a sí mismo cristiano. Pero tal vez esto es avanzar demasiado; de manera que comencemos por el principio. En un libro que Editorial Kier publicó como parte de la colección del Canal Infinito, Creencias (no recuerdo los nombres de las dos autoras), se examinan diversos temas a la luz de las religiones mayoritarias, y en el caso de la homosexualidad vemos que no sólo la condena el cristianismo, sino también el judaísmo, el islamismo, el budismo y el brahmanismo. Si en este post se hablará casi en exclusividad del cristianismo es porque es de lo que sé. Los motivos del rechazo de la homosexualidad por parte de brahmanes o budistas pueden tener su interés, pero lamentablemente los desconozco, de modo que los dejaremos de lado. Apuntemos, sin embargo, que en la mencionada obra, por cierto muy recomendable, se incluiyen dos entrevistas a dos rabinos, que aportan datos dignos de tener en cuenta. Las citas que haré de estas entrevistas son de memoria, por lo que pueden contener discrepancias respecto al original, pero son correctas en su esencia. Consultado uno de ellos sobre si la homosexualidad es mala, por ejemplo, responde que es muy difícil decirlo, porque la esclavitud antes era considerada normal, mientras que ahora es vista como inaceptable. La religión, dice, es algo que está en constante evolución; aunque añade que él no casaría a dos personas homosexuales porque "el judaísmo no es lo que yo digo que debe ser". La Biblia nos habla de las ciudades de Sodoma y Gomorra, destruídas por Dios a causa de su pecado. Extrañamente, el cristianismo siempre interpretó que con eso de "el pecado" el autor del Libro del Génesis, que menciona el episodio en cuestión, debía referirse a "un" pecado en especial. Se decidió que debía tratarse de la homosexualidad debido a un incidente previo a la destrucción de las citadas ciudades: Lot, sobrino del patriarca Abraham, estaba a la sazón en Sodoma y recibió en su hogar, en calidad de huéspedes, a dos extranjeros que resultarían ser ángeles enviados por Dios para prevenirle acerca de la condenación de la ciudad a fin de que huyera con su familia. Se nos dice que los habitantes de Sodoma se agolparon ante la puerta del hogar de Lot exigiendo a éste que les entregara a los enigmáticos extranjeros, a fin de abusar sexualmente de ellos. Lot responde negándose y ofrece, en cambio, a sus hijas. Vemos aquí, en primer lugar, que el rabino del que hablábamos más arriba tenía razón al decir que la religión es algo que evoluciona, porque la actitud de Lot hoy sería vista como la de un padre desnaturalizado, por ser suaves; mientras que en aquella época la hospitalidad era sagrada y el respeto pòr la mujer, escaso. Pero quiero hacer notar que no se trataba de una relación homosexual común, lo que pretendían los habitantes de Sodoma era cometer un abuso sexual, cosa que está mal más allá de que la víctima sea alguien del mismo sexo o del opuesto. En cualquier caso, la Biblia no precisa en ningún momento que la homosexualidad o el abuso sexual fueran las únicas formas de pecado que se practicaban en Sodoma, y la tradición rabínica tampoco lo vio de esa forma. El Talmud contiene una historia bastante graciosa, que repite Jaime Barylko en una selección de extractos de dicha obra, en la que un hombre es apedreado por un hombre en Sodoma y encima se le exige que le pague al que le apedreó, com o tarifa por practicarle una sangría. Por este pasaje nos damos cuenta de que los antiguos rabinosa consideraban que la violencia y la injusticia estaban a la orden del día en Sodoma, y que la homosexualidad, si de veras es un pecado, al menos no era el único que se practicaba allí. Esto me parece importante porque aporta una diferencia crucial. Si la homosexualidad era el único pecado de los habitantes de Sodoma y Dios la destruyó, podemos razonar que a los ojos de El es algo verdaderamente abominable. Pero si no lo era, estamos autorizados a pensar que Dios quizás hubiera perdonado a los habitantes de Sodoma su homosexualidad, pero como tenían además muchos otros pecados graves, los destruyó. Algo también a tener en cuenta es de parte de qué Dios estamos. Se nos dice que Dios supera en bondad al hombre más bueno y que su Amor no tiene dimensión, pero a la vez se nos quiere hacer creer que los pecadores arderán eternamente en los fuegos del Infierno. Una cosa no es compatible con la otra. Concedamos que hasta el más bueno de los hombres, ante una persona que es casi un monstruo, se deje llevar por una enorme ira y, teniéndola a su merced, la atormente con crueldad. Podría ocurrir. Pero con seguridad no prolongaría la tortura eternamente: tarde o temprano desistiría aunque más no fuera por aburrimiento. Pretender, entonces, que Dios sí lo haría, contradice la primera afirmación, la de que Dios posee infinita bondad. De hecho, suena insultante. Una interesante pregunta es qué motivos podría tener Dios para condenar la homosexualidad. La gran mayoría de los cristianos no se formula jamás esta pregunta, pero los tan vapuleados Testigos de Jehová, con cuyas opiniones y puntos de vista difiero a menudo pero que en otros aspectos son bastante coherentes, alegan: Dios no prohíbe nada por el solo hecho de prohibir, sino porque es bueno para sus hijos; y al menos hasta hace unos años alegaban que las relaciones homosexuales eran un vehículo de transmisión de diversas enfermedades. Pero escuché este argumento cuando el SIDA era asociado exclusivamente a la homosexualidad, y ahora sabemos que incluso podemos contraer esta enfermedad en el consultorio del dentista. ¿Debemos considerar como pecado también la extracción de una muela? ¿O la homosexualidad entraña algún otro efecto pernicioso desconocido hasta el momento, del que Dios pretende preservarnos? Hasta el momento la respuesta, creo, es negativa, pero lo que rescato del argumento es que aquí no estamos ante un Dios tiránico que condena al Infierno a quien no obedece sus dictámenes, sino de un Padre bondadoso que establece reglas para proteger a sus hijos. Todo lo expuesto hasta aquí podría ser rebatido por otros argumentos. Un ateo podría decir que la homosexualidad no es pecado, porque un pecado es una ofensa a Dios, y Dios no existe. Para traducir una postura cristiana a otra atea podríamos exponerlo de otro modo: la homosexualidad es mala y condenable. Pero, ¿lo es realmente? Casi toda la gente ahora responde de manera negativa, pero su postura es un tanto ambigua, toda vez que ellos mismos siguen usando palabras como puto o trolo o cualesquiera otras que designen despectivamente al homosexual, a modo de insultos. Si a un cerrajero argentino y heterosexual alguien le grita "carpintero" o "australiano", pensará que el tipo que le grita eso es un idiota y no entenderá su intención. Pero si le grita "puto", no tendrá dudas, la intención es insultar. ¿No es eso síntoma de que considera a la homosexualidad como algo malo? Y si es así, ¿por qué tolera la homosexualidad? Es muy posible que porque quiera que, a su vez, le toleren ciertas cosas a él, tal vez incluso en el terreno sexual. Pero por lo visto, no tiene muy claro que la del homosexual sea una simple condición más, como podría serlo la de carpintero o la de australiano. Y quizás sea esto, más que cualquier argumento venido de la religión, lo que hace pensar que hay algo malo en la homosexualidad, desde un punto de vista moral o, tal vez, médico. Pero si la posición de que la homosexualidad es pecado puede ser tenida en cuenta, son en cambio inaceptables las reacciones de ciertos sectores del cristianismo respecto a los homosexuales, y que alcanzan su máxima barbarie en ese "A los homosexuales hay que matarlos a todos" que mencionábamos antes y en el que resuenan ecos de la simplista interpretación cristiana de la destrucción de Sodoma. John Kekes, en su admirable ensayo Las raíces del mal, expone que malo es quien causa a otro un daño grave, malévolo, excesivo e inexcusable. De lo contrario, una persona será, en todo caso, solamente dañina. Si los homosexuales hacen algún daño, en todo caso se lo hacen exclusivamente a ellos mismos, y si se lo hacen a terceros, será por asuntos en los que su orientación sexual no tenga nada que ver o esté asociada a algo de verdad nocivo. Y si se hacen daño a sí mismos merecen, en todo caso, compasión, y no los furibundos truenos de ciertos predicadores rayanos en el fanatismo. No está claro que se hagan daño a sí mismos, pero en todo caso, no lo descartaremos a priori. Jesucristo dejó muy en claro que el primer mandamiento es amar a Dios por sobre todas las cosas y el segundo, amar al prójimo como a uno mismo. Aún más, el cristiano tiene el deber de amar a su enemigo, lo cual, reconozcámoslo, no es fácil. Aun así, el deber está. El que agrede a un homosexual verbal o físicamente, el que lo humilla, el que reclama para él castigos a causa ded su pecado real o presunto, está faltando a los dos mandamientos. Porque la función de castigar el pecado corresponde, en todo caso, a Dios. Y humillar al prójimo no es amarlo. Eso sí lo tengo claro por más que no tenga claro si la homosexualidad es pecaminosa o no. Y convendría que toda la Cristiandad lo tuviera en cuenta. Porque no atendemos a este tipo de cosas es que cada vez más gente se aleja de la religión. Y no los podemos culpar.
Momias encontradas en distintos lugares del mundo: El niño Inuit, uno de los ocho cuerpos encontrados en 1972 en Qilakitsoq, Groenlandia, todos ellos momificados naturalmente. El Hombre de Tollund fue hallado en 1950 en la turbera del mismo nombre, a unos diez kilómetros de Silkeborg, Dinamarca. Estaba tan bien preservado, que pudo descubrirse que su último alimento había consistido en semillas. El color oscuro de la piel se debe a la limonita y los ácidos húmicos del pantano. Las facciones del Hombre de Tollund son tan serenas, que se diría que el individuo simplemente murió durante el sueño, cuando en realidad lo ahorcaron o estrangularon ritualmente mediante un lazo de cuero como parte del culto a la diosa germana Nerthus. Otro cadáver de las turberas: el hombre de Grauballe, hallado en la turbera de ese nombre, en las cercanías de Viborg, Dinamarca, en 1952. Se conservó mediante "un proceso parecido al curtido, causado por el ácido húmico y por el contenido ferroso del agua de la turbera, que volvió la piel muy resistente e impidió la putrefacción. Los organos internos se conservaron peor porque la acción del agua llegó a ellos más tarde. Los huesos estaban descalcificados y blandos, y se habían aplanado y doblado, lo cual se notaba, sobre todo, en el cráneo, que estaba claramente deformado por la presión de las capas que pesaban sobre él". Cabeza del hombre de Grauballe. "Dado el estado de perfecta conservación de la piel, se pidió a un policía especializado en huellas digitales que diera su opinión sobre las manos y los pies del hombre de Grauballe. Las fotos de las huellas digitales son tan claras que, si se tratara de un vivo, podríamos todavía identificarlo en un registro dactiloscópico. Las líneas encontradas en las huellas digitales son bastante corrientes aún hoy en Dinamarca; la del pulgar, por ejemplo, se encuentra con una frecuencia del 11,2 por 100, y la del medio, incluso, del 68,3 por 100. Aunque las uñas estén algo consumidas, las manos no muestran ningún signo de haber hecho trabajos manuales duros". Momia de la cultura guanche, de las Islas Canarias. Muchos cuerpos de pastores se momificaron naturalmente en las arenas lávicas de las islas; otros cuerpos fueron hallados embalsamados mediante distintas técnicas. Se supone que las mismas variaban según la clase social y posición económica del difunto. El célebre Ötzi también llamado Hombre de Simillaun u Hombre de Hausllabjoch, tal como fue hallado en 1991 por unos turistas en los Alpes, en las cercanías de Hauslabjoch, en la frontera entre Austria e Italia. Se supone que vivió tres mil trescientos años ante de Cristo. De más está decir que fueron las bajas temperaturas lo que preservaron su cadáver. Las momias de Guanajuato, que aquí vemos exhibidas en un museo local, son también cuerpos momificados naturalmente. En su mayoría corresponden a víctimas de un brote de cólera que tuvo lugar en 1833. Una de las famosas momias de Ürumchi o Urumqi, China. Estos cuerpos se preservaron naturalmente gracias al clima seco de la región, y la razón por la que son tan famosas es que corresponden a individuos caucásicos en un país donde la inmensa mayoría de la población es, como sabemos, mongoloide. "La belleza de Xiaohe", otra de las momias caucasoides halladas en China. Su antigüedad se estima en tres mil ochocientos años. He aquí algo un poco más macabro: una cabeza reducida por los indios jíbaros. Otro macabro trofeo, en este caso de los mundurucú. "Cuando el mundurucú llega a matar a un enemigo, inmediatamente le corta la cabeza, se la lleva a su cabaña y la prepara de un modo singular. Extrae los sesos por el agujero occiìtal, lava cuidadosamente el cráneo, lo rellena de algodón y, tsras haberlo secado y limpiado bien de sangre, lo cuelga sobre la chimenea, donde recibe el grado de calor suficiente para la perfecta desecación y conservación de las cernas, de las que tan sólo ha quitado los ojos, a los que sustituye con algodón pintado. Hecho esto, coloca la cabeza fuera de la cabaña o la lleva sobre la punta de una lanza cuando se celebra una fiesta. Del mismo modo, conservan las cabezas de sus familiares, pero separándolas de las de sus enemigos y llevándolas en solemnidades diferentes..." Cabeza-trofeo maorí, Nueva Zelanda. Esta en realidad no fue "encontrada". Honoré Fragonard (1732-1806), polémico veterinario y profesor de anatomía, tenía un macabro sentido del arte. Esta composición suya data de 1771 y se exhibe en el Museo de Alfort, cerca de París. La Iglesia de los Muertos, en Urbania (Pésaro, Italia) seguramente no será un lugar demasiado tranquilizador; pero sin duda los feligreses rezarán mucho allí, aunque más no sea por estar cagados de miedo. Otra iglesia que aumenta la religiosidad de los feligreses: la de los Capuchinos, en Roma. Cripta de la Iglesia de San Esteban, en Ferentillo. Al menos ahí no oficiarán misa; nadie nos obliga a bajar. Convento de los Capuchinos, en Palermo. Pensándolo bien, los difuntitos son gente amable y que no hace ningún daño; los vivos son los jodidos y mal llevados... Momia de monje budista japonés. Los casos de estos monjes son algo así como una "automomificación", ya que, en vida, beben aguas que contienen arsénico y té de savia del árbol urushi, que es tóxico y se usa para laqueados, y sólo comen raíces y bayas; todo lo cual crea un ambiente libre de gérmenes en el cuerpo y contribuye a preservar algo de carne sobre el hueso. Otra de las momias de Ferentillo. La momificación natural se produce allí sólo en el viejo cementerio, donde aire, composición de la tierra, grado de humedad y temperatura y microoorganismos se combinan para que el fenómeno se posible. Las del nuevo cementerio no se momifican. Una momia incaica en notable estado de preservación. Otras momias incaicas. Estas ya son clásicas. Tutankhamón sin mascarilla funeraria. Tanto trabajo que se tomaron los embalsamadores para terminar así, gracias al maltrato sufrido a manos de investigadores descuidados... Una de las momias halladas en la tumba egipcia identificada como KV 35, en el Valle de la Muerte. En su momento, la egiptóloga Joann Fletcher la identificó como perteneciente a Nefertiti, pero luego surgieron discusiones al respecto. Momia de Ramsés II, de la XIX dinastía: no somos nada, Majestad. No hay nada que hacer: los fiambres egipcios lucen mejor debidamente vendados. Cerramos con esta imagen tan famosa, la mascarilla funeraria de Tut. Descansá en paz, pibe... Si te dejan, o si te dejamos. Parece que no había maldición alguna en tu tumba, pero, francamente, si vieras cómo te dejamos, tendrías todo el derecho del mundo a maldecirnos. Disculpanos, fue sin querer. TODAS LAS CITAS TEXTUALES FUERON TOMADAS DE LAS MOMIAS DE LEONARDO GRILLETO, EDITORIAL EDAF, 1989, ISBN: 84-7640-340-2. NO SE ADMITEN "COMENTARIOS" CON IMÁGENES.
Caballerosidad. Hermosa palabra, si las hay. Suena a distinción e hidalguía, a respeto y grandeza de espíritu. Para muchos, se trata de un anacronismo. ¿Se trata de algo que se ha perdido, como sostienen algunos? ¿Tiene, o puede tener vigencia actualmente? ¿Qué importancia debe concedérsele? Ante todo, admitamos que quienes más se quejan de que la caballerosidad se está perdiendo son por lo general mujeres, y no está de más recalcar que, si esperan caballerosidad, deberían primero comportarse como damas. Eso es algo que a muchas de ellas ni siquiera se les cruza por la cabeza. Una dama está muy por encima de la vulgaridad, muy alejada de la chabacanería y el chisme (vale la pena deplorar que no sólo las mujeres están bien cerca del chusmerío, sino que otro tanto puede decirse de la mayoría de los hombres); se comporta de un modo señorial, sin que ello quiera decir que sea engreída ni mucho menos. Pienso que más que a ser bonita, toda mujer debería aspirar a ser una dama, y si no lo hace, no puede exigir que los hombres seamos caballerosos. Ahora bien, todo eso es una cosa, y que no debamos comportarnos como caballeros porque ellas no son damas, otra muy distinta. No tenemos excusas, porque con el mismo criterio ellas podrían esgrimir que no se portan como damas, porque nosotros no somos caballeros. En realidad, si nos nos portamos como caballeros, es porque no tenemos la menor gana de hacerlo. El actual espécimen masculino promedio, más que caballero, quiere ser macho, categoría muy elemental, muy rudimentaria, ya que en cualquier especie animal con sexos diferenciados habrá machos. Los hombres, en cambio -hombres, en el más digno sentido de la palabra: machos provistos de un sistema de valores que defender- ya son menos. Y entre esos hombres, aún los hay menos que sean auténticos caballeros: hombres cuya dignidad los eleva por encima del mortal común en cuanto a comportamiento. La caballerosidad, es cierto, se manifiesta a través de gestos superficiales; pero no siempre esos gestos superficiales expresan caballerosidad, a veces sólo la aparentan. Porque los caballeros, ya se sabe, están bien vistos, por extraños que resulten en el mundo de hoy; así que cualquier truhán con intenciones solapadas procurará camuflarse de gentleman para inspirar confianza y allanarse el camino hacia sus malos fines. Por lo mismo quizás no convenga, después de todo, conceder demasiada importancia a los gestos superficiales, por agradables que resulten. Alguien que sonríe en exceso y que parece matemáticamente correcto en toda su conducta, tiene muchas posibilidades de ser un simple canalla adulterado. Es preferible la gentileza eventual, pero espontánea, del más tosco y desharrapado barriobajero - por ser auténtica caballerosidad, aunque integre un combo con palabrotas surtidas y abundancia de obscenidades- que el gesto calculado e insincero de quien sólo enmascara su ser más íntimo para seducir. Cuando esa seducción es sexual y culmina en matrimonio, casi seguramente el supuesto caballero se esfumará al regreso de la luna de miel, y quizás esa sea una buena razón para que tanto las damas como las simples mujeres hagan menos escombro ante la falta de caballeros: lo caballeroso está ligado a la superioridad espiritual, a una especie de aristocracia de la ética, y todo varón realmente orgulloso de serlo debería intentar alcanzar esa superioridad, pero lo malo es que a veces se interponen instintos más pasionales y mezquinos, que terminan venciendo en la pulseada con sentires más nobles. No son sólo las mujeres quienes confunden la verdadera caballerosidad con otras cosas que sólo aparentan serlo. Algunos varones se quejan de que no vale la pena molestarse en ser muy caballeroso, porque las mujeres pretenden caballerosidad, pero luego se encaprichan con los hombres que peor las tratan. Es cierto; pero, ¿y qué? Si son tontas, es su problema, y si tienen semejante gusto atrofiado, honor que nos hacen al pasarnos olímpicamente por alto. La caballerosidad puede seducir, pero es falsa la caballerosidad que surge con el propósito expreso de seducir. Alguien que se comporta como un caballero merece la mejor mujer, o ninguna. Su misma conducta sirve como filtro para descartar a las que no valen la pena, y entre ellas están las masoquistas que pasan de largo ante los varones más distinguidos y se emboban con los más ordinarios. Ahora bien, ¿qué tipo de conducta distingue a un caballero del que no lo es? Sobre este punto también vale la pena, creo, resaltar un par de equívocos muy comunes. Cuando las mujeres esgrimen el clásico ya no quedan caballeros lo dicen en referencia a ellas, pero el caballero tiene que serlo en todo momento y con todo el mundo. La mala educación y la grosería en ningún lado resultan agradables; recuerdo por ejemplo el caso de cierto célebre tenista que deportivamente daba asco por su comportamiento bochornoso, de mal perdedor y peor ganador. En al menos una cuestión, esa conducta le valió directamente ser descalificado. Y en la vida cotidiana, no hay por qué pedir agresivamente lo que se puede obtener igual (e incluso más fácilmente en muchos casos) de buen modo. Es más, diría que quien es muy caballeroso con una mujer, y no lo es con cualquier otro, sencillamente está aparentando. Por otra parte, y volviendo a la relación con las mujeres, encuentro muy exageradas las pretensiones de éstas. Sí a ciertas acciones como dejarlas subir primero a un transporte público, sí a cederles el asiento en el mismo. Ahora, en una época en que tanto se aboga por la igualdad de los sexos, creo que pueden ellas mismas servirse el vino o cualquier otra bebida que elijan tomar. Por supuesto que si tengo la botella en la mano porque voy a servirme, será todo un detalle, toda una gentileza, llenar primero las copas de quienes estén conmigo en la mesa, mujeres o no mujeres, pero allí acaba todo. Está muy bien hacer que las mujeres se sientan especiales, pero todo tiene su límite. Quizás una digna dama logre espontáneamente que un caballero esté a sus pies, no sé; pero no una mujer común. Ciertas atenciones se reservan para las más distinguidas... Que no necesariamente son las más bonitas. Y esas mujeres distinguidas serán lo bastante inteligentes para interpretar esas atenciones como lo que realmente son. La reacción de una mujer vulgar, en cambio, sería interpretar que uno le dedica esas gentilezas porque gusta (sexualmente hablando) de ella. Aunque no se dé cuenta, le agrada la idea de ejercer poder sobre alguien del sexo opuesto. En suma, tales gestos extra no servirían más que para inflarle el ego, así que no vale la pena (opinión personal) dedicarle ninguno. Resumiendo, la caballerosidad es sólo un complemento que ennoblece al varón íntegro, al que es hombre de verdad. A los demás, apenas los disfraza. No vale la pena, entonces, hacer demasiada alharaca con eso de si está desapareciendo o no. Caballerosidad auténtica, siempre habrá, por escasa que sea. Pero cuando empieza a encontrársela en abundancia... En ese caso, quizás convendría desconfiar.
El Halloween es una festividad con la que ni de lejos me identifico y cuya presencia en mi país, Argentina, sólo puede explicarse como producto del mercantilismo y la penetración cultural. No es una fecha que se festeje espontánea o masivamente como en Estados Unidos, donde todos sabemos que goza de inmensa popularidad; pese a lo cual, creo que cada vezmás personas adhieren aquí a esa celebración. Es lamentable en cierta forma debido a la pérdida de la propia identidad cultural, que pasa a mimetizarse con la del poderoso imperio yanqui. Pero una cosa es eso, y otra muy distinta, la desproporcionada alharaca que suscita el Halloween en cierto número de personas, en su mayoría cristianos que, no hace falta decirlo, se oponen por motivos religiosos. Ya nos ocuparemos de estos motivos, pero antes detengámonos un momento en lo de la pérdida de la identidad cultural. En Argentina, si lo pensamos, no existe tal identidad cultural. Ya mucho antes de la era de la globalización, la inmensa mayoría de los argentinos miraba con cierto desdén el folklore local o se desentendía de él, y sólo el tango gozaba de una cierta aceptación que no me explico del todo. Luego estaba el llamado rock nacional. Encuentro cómico que se me reproche mi abulia por esta último cuando, si vamos al caso, el rock no es un ritmo nacional, así que no oír rock nacional, y sí rock foráneo, muy poco tiene que ver con la defensa del patrimonio cultural. Tampoco es que haya que ir al otro extremo y poner el grito en el cielo contra quien guste del rock, que invadió nuestra cultura hace demasiado tiempo para protestar ahora contra él. Les guste o no a los paladines de lo autóctono, ya está integrado a nuestra cultura. Pero dado que el así llamado rock nacional no es sino una adaptación local de un ritmo extranjero, si alguien prefiere los originales extranjeros antes que las bandas vernáculas (a menudo malas copias de las de afuera) no puede acusársele, me parece, de no proteger lo nuestro, porque lo nuestro, estrictamente, serían ritmos como la zamba, el gato y la chacarera, no el rock. No obstante, la citada incorporación del rock a la cultura argentina es una muestra de que la cultura es algo que evoluciona permanentemente, enriqueciéndose con nuevas influencias. La conquista española representó una especie de primera y cruel globalización para los pueblos autóctonos, muchos de los cuales, sin embargo, siguieron aferrados a sus viejas tradiciones en la medida en que ellos mismos sobrevivieron a las matanzas perpetradas por los invasores. Adrián Moyano, en Crónicas de la resistencia mapuche, explica cómo este pueblo consiguió preservar su propia espiritualidad a pesar de los sucesivos y eternos intentos de conversión al cristianismo. Pero, añade, ni siquiera los mapuche, pese a su historial de luchas contra los winka, los blancos, desdeñaron integrar ciertos elementos europeos a su civilización, como por ejemplo el caballo. Esa integración obedecía mayormente a razones de conveniencia, pero básicamente lo que detestaban era que por la fuerza se tratara de borrar íntegra su identidad étnica para reemplazarla por otra europeizada. Ahora bien, argentinos no son sólo los mapuche, los wichi, los coyas y demás etnias autóctonas, y luego de la invasión española, sucesivas oleadas inmigratorias han hecho de nuestro pueblo una descomunal mezcolanza racial. En semejante contexto, definir qué se considera cultura nacional se complica, porque los descendientes de inmigrantes están en todo su derecho de amar al país y sentirse tan argentinos como cualquier otro, sin por ello renunciar del todo a las costumbres de sus ancestros. El descendiente de irlandeses que celebra la festividad de San Patricio y el hijo o nieto de japoneses apegado al haiku, al origami o al bushido son también argentinos, y sus colectividades se complacen en compartir sus costumbres y tradiciones con otros argentinos; y así es como las mismas, de a poco, empiezan a hacerse más conocidas entre la población. Este es el contexto en el que la archifamosa globalización intenta imponer el Halloween, celebración a la que sin duda me sumaría gustoso si en esa fecha me hallara de turista en Yanquilandia, porque allí me contagiaría del entusiasmo general. Pero aquí, en Argentina, nada me induciría a participar del festejo, sobre todo porque ni siquiera hay tal festejo. Ningún chico vino a mi puerta pregonando el célebre ¡Trato o truco! con que la población infantil estadounidense se lanza en esa fecha a las calles en busca de golosinas, en ningún hogar vi el clásico Jack O'lantern, la no menos célebre calabaza ahuecada que es el mismísimo símbolo del Halloween. Así que, ¿de qué fiesta me hablan? Para peor, la TV por cable, en ocasión de la fecha, nos castiga con un aluvión de malas (en su mayoría) películas de terror. Nada de clásicos del género como Psicosis, Tarántula, Christine o La marca de la pantera, y sí engendros como Wolvesbayne y La invasión de las arañas. ¿Quiénes celebran el Halloween en Argentina? Bien, la verdad es que no tengo idea, pero podemos especular que, en su mayoría, son gente que gusta de las fiestas de disfraces, o de disfrazarse, al menos. Mucho antes de la globalización ya se hacían fiestas de disfraces en Argentina; no sé, entonces, qué es lo tan terrible de que estas fiestas se hagan en 31 de octubre y no en cualquier otra fecha. Si sólo es por la coincidencia con la fiesta yanqui, que me disculpen sus detractores, pero eso es llevar demasiado lejos, y hasta niveles ridículos, la supuesta o real defensa de la identidad cultural, sobre todo teniendo en cuenta que Coca-Cola y McDonald's, ambos de origen yanqui, no han prosperado en nuestro país sólo merced a gente ala que la identidad cultural le importa un bledo. Y así como quien ahora bebe Coca-Cola puede que más tarde disfrute de un buen mate amargo, no necesariamente quien asista el 31 de octubre a una fiesta de disfraces rechace una semana más tarde una invitación a una peña. Responder quién más, quizás, festeje el Halloween, exige recordar que el origen de esta fiesta se encuentra en la antigua mitología celta, más precisamente en el Samhain, antigua festividad que se celebraba en la noche que iba del 31 de octubre al 1 de noviembre. John Sharkley, en su obra Misterios celtas, nos cuenta que era una celebración pastoral una vez recogidas las cosechas y efectuadas las ofrendas a los antepasados para compartir la buena suerte. Roberto Rosaspini Reynolds amplía esta información en su libro Magia Celta, de esta manera: Para el druida u oficiante pagano, el período de Samhain constituye la época más poderosa del año, pues es la que permite acceder con mayor facilidad a las energías del mundo espiritual, canalizadas por la presencia en el Mundo Intermedio de las almas de los ancestros y las deidades del Inframundo. Sin embargo, tmambién es época de precaverse contra la Cacería Salvaje o la Desdichada comitiva que los Sabuesos de Annwn llevan a cabo por esas fechas, que vibran con las energías de la muerte y la resurrección, el descenso a los reinos infernales y los más profundos viajes al interior del alma humana... Por lo tanto, la alimentación de los espíritus para el camino es parte importante del ritual, y se suelen colocar linternas con velas en las ventanas, para alumbrarlos en su largo viaje. Cabe destacar que ésos fueron los orígenes de las modernas costumbres de Halloween, en que las velas se colocan dentro de calabazas ahuecadas, proporcionando así a los espíritus iluminación y alimento al mismo tiempo. El mismo autor, en la citada obra, enumero los objetivos autoimpuestos por los druidas u oficiantes en esa fecha: Velar la muerte de la diosa y ofrecerle bendiciones y consuelo, deseándole una pronta y auspiciosa resurrección. Encender una vela para guiar a cada una de las deidades en su camino hacia el Inframundo; esas velas deberán permanecer encendidas hasta Yule. Ofrecerles libaciones a los dioses y alimentos en su honor, nombrándolos individualmente. Mencionar a cada uno las razones por las cuales serán extrañados, y asegurarles que su próxima resurrección en Yule será esperada con ansiedad. Darles la bienvenida a su regreso al Inframundo, deseándoles un viaje placentero. Crear un ritual con máscaras, simbolizando la presencia de los dioses, asegurándoles que, aunque en ese momento se encuentran viejos y débiles, su presencia es eterna y pronto se encontrarán de vuelta. Dramatizar su muerte y su reencarnación, asegurándoles luego que su energía contribuirá a ayudar a sus protegidos humanos. Compartir parte de su divina desaparición, demostrándoles que se comprenden los ciclos de la vida, la muerte y la resurrección. Pedirle a la Diosa Antigua que interceda por nosotros ante los demás dioses, solicitándoles sus favores y su beneplácito. Lástima que la Iglesia, en su constante esfuerzo por erradicar el paganismo, intentó cristianizar esa fecha, consagrándola a la Fiesta de Todos los Santos. De hecho, la palabra Halloween, aunque la fiesta retome cierta forma pagana, es una contracción de All-hallow's-even, "Víspera de Todos los Santos". Calculo que la mayoría de quienes celebran Halloween no deben acordarse ni de los antiguos espíritus celtas, ni de los santos cristianos. Pero de todos modos, veamos cómo interpretó el cristianismo el sentido del Samhain. Según un sitio cristiano, el origen de Halloween se remonta a un festival religioso de origen pagano, celebrado por los Celtas antes del Cristianismo. En sus creencias, ellos pensaban que en la noche del 31 de Octubre el Dios Samhain liberaba a los espíritus de los muertos haciendo que fueran de casa en casa a visitar los parientes. Si estos no le presentaban ofrendas, eran hechizados y castigados por los espíritus. Mas tarde, los sacerdotes de este dios eran los que recogían las ofrendas y se eran satisfactorias, les dejaban una luz, o linterna, en la puerta que le llamaban la "Jack-o-Lantern". Durante estas fiestas sacrificaban muchas personas al dios Celta por medio del fuego, y de acuerdo a la forma en que resultaban quemadas, pronosticaban la buena y la mala suerte... Esta festividad ha estado ligada desde sus albores en la Edad Media con la brujería y el satanismo. Actualmente confrontamos en este país una intensa actividad satánica con templos y con sacerdotes que se presentan en show nacionales y en cadenas de televisión, los cuales son amparados por la Enmienda #1 de la Constitución, y llevan toda una secuela de asesinatos rituales que hemos visto con horror en los noticieros.... Halloween no es una fiesta inocente. El año pasado una cadena nacional dio la noticia que estaba prohibido adoptar gatos negros durante el mes de octubre en los albergues de animales, debido al alto por ciento de reclamos para presuntos sacrificios durante este mes.... Los símbolos de Halloween son símbolos de muerte y de horror. El ambiente que rodea esta fiesta es de temor. Ese día grandes contingentes de policías tienen que patrullar las calles mientras escuchamos las restantes semanas, noticias de terribles dramas ocurridos ese día... Las iglesias satánicas celebran grandes cultos de sacrificios ese día, ya que es la fiesta más grande e importante de todo el año para ellos. Inclusive por televisión y radio, conocidos astrólogos hablan de la fecha. (http://www.nuestraedad.com.mx/halloween.htm ) . Los datos que recoge este sitio cristiano no proceden de una fuente imparcial, sino de otro sitio cristiano que se indica al pie. En otro sitio más imparcial, en inglés, cuyo enlace adjuntamos, http://foro.univision.com/t5/El-Gordo-y-La-Flaca/El-mito-urbano-de-los-gatos-negros-y-Halloween/td-p/455004568#axzz2AhwsQjoA, se cita un artículo de National Geographic, según el cual lo de los gatos negros sería un mito urbano. Podríamos seguir enumerando sitios cristianos de Internet que abordan el Halloween desde una óptica igualmente llena de prejuicios y fantasías, pero no tengo tiempo ni paciencia. La crítica más razonable o atendible que escuché del Halloween a algún cristiano tenía que ver con el mercantilismo que trae aparejado. Por una vez estaría de acuerdo, lástima que idéntico mercantilismo, mucho más descarado e infinitamente más reprochable, surge en ocasión de Pascuas o de Navidad, fiesta esta última que, según veremos, tiene notables paralelismos con Halloween. No sé si los precios de los disfraces se van a las nubes en Halloween; sin embargo, si así sucediera,habría que convenir de todos modos en que no es traumático, en razón de precios exorbitantes, prescindir de disfrazarse aunque uno deseara hacerlo. Pero que en Navidad, la supuesta fiesta de la paz y el amor, los precios de distintos alimentos se encarezcan hasta la exageración, como en efecto sucede, es sencillamente inadmisible. Ya que, precisamente por tratarse de la fiesta de la paz y el amor, los precios de los alimentos deberían más bien abaratarse, para que nadie deba pasar hambre en esa fecha. Pero la mayoría de los cristianos con los que he debatido este punto se muestran incomprensiblemente tolerantes hacia esta forma de mercantilismo, aunque condenen el que aparece en Halloween. Y ya que con este tema del mercantilismo empezamos a enumerar las similitudes entre el Halloween y la Navidad, sigamos: ambas fiestas tienen origen pagano. Porque Jesús, ya es sabido por todos, no nació un 25 de diciembre: convencionalmente se eligió esa fecha para conmemorar el evento, para hacerlo coincidir con diversas festividades paganas, entre ellas el nacimiento de Mitra, las Saturnalias y el Yule, citada esta última, lo hemos visto, por Rosaspini Reynolds, al mencionar que las velas del Samhain debían permanecer encendidas hasta Yule, que era una fiesta de resurrección. Y si decíamos que quienes festejan Halloween no tienen presentes ni a los espíritus celtas ni a los santos cristianos, admitamos que muy poca gente, en Navidad, se acuerda realmente del nacimiento de Jesús (ni del de Mitra, ni de las Saturnalias ni del Yule). Para ser francos, la mayoría de la gente, en Navidad, se acuerda en primer lugar de engullir con tal glotonería que daría la impresión, en realidad, de que los comestibles en realidad no se han encarecido lo suficiente; mundanidad en la que yo mismo incurro a veces. Así, más que del cumpleaños de Jesús, parecería que se tratara de una orgía de la Roma pagana. Luego está la eterna pirotecnia. Si vamos a prohibir Halloween por daños no comprobados a gatos negros, tendríamos que prohibir Navidad, con mayor razón, por daños auditivos sí comprobados a perros y gatos de todos los colores; amén de la extraordinaria afluencia infantil al Instituto del Quemado, de donde vuelven a egresar, a veces con dedos amputados u otras "lindezas". ¿No tenemos los cristianos por ahí un mandamiento que nos ordena santificar las fiestas? ¿Esa es nuestra manera de santificarlas? Claro que también hay otro que nos ordena no mentir, pero en Navidad, la amnesia parece epidémica entre los cristianos, y así llegamos a la que a mí me parece la mayor infamia navideña: Papá Noel, Santa Claus, San Nicolás o como quiera llamársele. So pretexto de solazarse en la inocencia infantil, miles de padres alrededor del mundo engañan a sus hijos con la figura de este personaje gordinflón cuya popular imagen es sólo debido a una remodelación del personaje que alguna vez Coca-Cola encargó al pintor Habdon Subdlom. Francamente, cómo a los padres no se les cae la cara al engañar así a sus propios hijos, es lo que no logro entender. En algún sitio cristiano leí algo así como que es inmoral que los niños se disfracen de brujas, monstruos, diablos y cosas por el estilo; ¿y disfrazarse para engañar a los propios hijos sí es lícito? Para colmo, a todos los niños se los extorsiona con que se porten bien todo el año, para que en Navidad Papá Noel les traiga un lindo juguete, que le pedirán expresamente por carta. Y a veces resulta que un crío insufrible recibe un juguete mejor que el que obtiene un niño modelo, obviamente cuando los padres del primero están en mejor posición económica que el segundo. Calculo que todo esto debe provocar envidias y otros sentimientos no muy dignos de la fecha. Algunos de estos niños, al crecer, confiesan que cuando por fin los desengañaron, se sintieron muy estúpidos. Podríamos añadir, al saldo habitual de la Navidad, borracheras, grescas, tiros al aire que terminan en muertes accidentales y otras cosas por el estilo; sin embargo, no es culpa de la Navidad, y no digamos ya de Nuestro Señor. Pero seamos coherentes entonces, y dejemos de darle con un caño al Halloween, al Samhain y al neopaganismo. Porque me parece que ése es el verdadero meollo de la cuestión: el paganismo renace en todo el mundo, convenientemente reformado y despojado, por ejemplo, de sacrificios humanos, aunque estoy seguro de que a muchos fundamentalistas cristianos les fascinaría creer que dichos sacrificios siguen vigentes. Entre estos cultos neopaganos hay algunos, como el wicca, cuya espiritualidad es la de los antiguos celtas, convenientemente remozada. Por lo tanto, estos neopaganos festejan el Samhain o, si se lo prefiere, el Halloween, y calculo que eso es lo que le da rabia a la Iglesia: que muchos de sus fieles de hecho o potenciales regresan a los antiguos credos politeístas, haciendo fracasar cientos de años de evangelización. Lamento decir que, en cualquier caso, siento menos olor a azufre infernal en una niña disfrazada de bruja, que en el cristiano que se escandaliza al verla así; sinceramente, esta última actitud me recuerda el tufo a carne quemada de las hogueras de la brujomanía, de las que, parece, no estamos tan lejos. Los horrores que, en aras de la fe, perpetró la Iglesia en el pasado, deberían hacerla más cauta. ¡Vana esperanza!... La oigo despotricar contra zonceras de escaso fundamento, reprochar la paja en el ojo ajeno y no ver las muchas vigas en el propio, y francamente me rebelo. Sólo el hecho de ser un sincero creyente en Cristo me impide sumarme a cualquiera de los tantos movimientos neopaganos que andan surgiendo por ahí. Pero quede claro, en la medida en que la Iglesia o sus fieles sigan con ridículas actitudes santurronas, la feligresía seguirá decreciendo, y no por culpa del neopaganismo, sino por obra de la propia Iglesia. Ni el neopaganismo ni ningún otro culto provoca deserciones en las filas de la Iglesia, sino que ésta logra hartar a sus fieles, que emigran en busca, a menudo, de otros sitios donde hallar la espiritualidad que necesitan. Feliz Samhain para los neopaganos, feliz Halloween a quienes vayan a celebrarlo... Y a los demás, simplemente, les deseo un buen día.