[Hace un tiempo sostuve una breve polémica con otro usuario de Internet, acerca de una hipotética conspiración judeo-masónica. Si tal conspiración en efecto existiese, como él sostenía, qué duda cabe de que la mayoría de nosotros correríamos un grave peligro. Si por el contrario no existiera, teorizar acerca de ella podría ser peligroso también, pero para aquellos a quienes se acusara, falsamente, de conspirar contra la Humanidad.
El debate con el usuario en cuestión no duró lo suficiente para profundizar en sus ideas, pero posteriormente encontré en Internet, en sitios partidarios de la teoría conspiracionista, algunas aseveraciones (no necesariamente compartidas por el usuario antes mencionado) que verdaderamente entraban de lleno en el ridículo. Por ejemplo, los conspiradores ni siquiera serían humanos, sino seres "reptiloides" que además celebrarían ritos satánicos y hasta estarían preparando el advenimiento del Anticristo, o algo así.
Sinceramente, que ideas similares, con toda seriedad, sean expuestas en pleno siglo XXI y, peor todavía, sean tenidas por ciertas por mucha gente, me hace pensar que el supuesto oscurantismo medieval era, por comparación, una claridad enceguecedora. Me preparaba para rebatir cuestiones que consideraba ilógicas pero medianamente posibles. Pero esto de algún modo me supera y me siento absurdo de prepararme a rebatir algo que tendría que ser aceptado. Es como si pretendiera demostrar que los perros tienen cuatro patas o que Africa es un continente o que el sol es una estrella.
Empecemos diciendo que es totalmente irresponsable tejer hipótesis acerca de hipotéticas conspiraciones aquí y allá, particularmente si se señala a grupos concretos como supuestos integrantes de la conspiración, como en este caso los judíos y los masones. No es que sea del todo imposible que algunos judíos y algunos masones no estén involucrados en conspiraciones, o que crea que la sola idea de una conspiración es descabellada. De hecho, puede que existan en este mismo momento diez, quince, veinte conspiraciones de las que no tenemos ni la menor noticia. Pero en ellas deben participar, no sólo judíos y masones, sino cristianos, musulmanes, ateos y, en fin, gente de toda laya. Secundariamente, si bien la finalidad de las conspiraciones generalmente es mala, el fin propuesto no es hacer el Mal. Supongamos, por ejemplo, que monto una conspiración para apoderarme de la mitad de las reservas de agua mundiales, porque en el futuro el agua será un bien escaso y hará falta en mi país. Sin duda mis fines no son santos, porque pretendo apoderarme, inescrupulosamente, de esas reservas acuícolas, que luego se echarán en falta allí donde yo las tome. Pero no lo hago por el placer de ver a media Humanidad muriendo de ser, sino por el temor de que yo y mis compatriotas la padezcamos en el futuro.
A mi entender, esta nueva, desmesurada teoría conspirativa que expone a los supuestos conspiradores como seres monstruosos que aparentemente hacen el Mal por el mero placer de hacer el Mal, dice más sobre quienes sostienes dicha teoría, que sobre los hipotéticos complotados.
Mirando hacia atrás en la Historia, vemos que muchos grupos fueron considerados como una amenaza y a menudo señalados como conspiradores, y combatidos a menudo hasta el exterminio. Los herejes cátaros, considerados peligrosos, fueron masivamente asesinados hasta hacerlos desaparecer en el siglo XIII; actualmente las opiniones mayoritarias los señalan como inofensivos y benévolos, si bien, cuando se los hostigó, respondieron a la crueldad con la crueldad. Los caballeros Templarios de Francia fueron arrestados en 1307 en una gigantesca redada, por orden de Felipe el Hermoso, bajo cargos que incluso algunos autores que no simpatizan con los Templarios consideran falsos en mayor o menor medida. Luego, en 1321, en el mismo país, se habló de una conspiración que involucraba a leprosos, judíos y moros, los cuales se habrían unido para envenenar todas las fuentes y pozas del país. Hacia el siglo XVIII les tocó a los Jesuitas el turno de ser los malos de la película. Según unos, estarían conspirando bajo las órdenes del Papa y, según otros, contra él; esto demuestra hasta qué punto los conspiracionistas de todos los tiempos hablan sin saber nada, llevados simplemente por el prejuicio de turno. No en vano quienes ahora nos hablan de esta nueva conspiración e insisten en que sus partícipes no son humanos, nos dicen que son seres "reptilianos". ¿Por qué no "felinos", "perrunos" o "equinos"? Porque un gato, un perro o un caballo no son repugnantes para la mayoría de las personas, mientras que los reptiles se encuentran, junto con las arañas, entre los animales más temidos por los seres humanos. Los reptiles no son más peligrosos o agresivos que cualquier otro animal salvaje, pero la gente sentiría de inmediato temor y asco por cualquier persona de la que se demostrara que en realidad fuera un reptil, sin preocuparse de que fuera peligroso o inofensivo. Si en cambio, bajo la apariencia humana hubiera, digamos, una cara felina, su miedo sería mucho menor. No existen tales seres "reptiloides", todo es una mezcla de prejuicio y paranoia.
Los conspiracionistas, por supuesto, no están de acuerdo y presentan sus pruebas. Pero el problema es la credibilidad. Si alguien me dice que a Fulano la esposa le es infiel, tal vez me sea fácil creerlo, porque en definitiva no sigo paso por paso la vida de los demás. Pero en este caso se nos está exigiendo que echemos por tierra toda una serie de hechos que aceptamos como ciertos y empecemos a construir mentalmente otra realidad. Por consiguiente, para que aceptemos su versión de la realidad, no pueden exigirnos que creamos merced a cualquier prueba, sino que tienen que mostrarnos, no pistas mínimas, sino hechos concretos y contundentes.
Entre los principales profetas de la teoría conspiracionista se encuentra un tal Alex Jones, cinesta y presentador de radio, que nos ofrece sus "pruebas" en una serie de videos en Internet. No los he visto todos, pero sí algunos en You Tube, entre ellos uno intitulado "Camino a la Tiranía, grupo Bilderberg, reducción población"
link: http://www.videos-star.com/watch.php?video=4KCufbaxV1A
. Allí se muestran como "pruebas" unos supuestos documentos, de los que no puedo dar fe de que sean auténticos. Llama la atención, por otra parte, que Jones o cualquiera tenga acceso a documentos que pudieran contener secretos tan terribles. Aunque, según él, no son secretos: "nos están diciendo a la cara" que nos van a exterminar...
El problema es que no hay forma de verificar la autenticidad de las pruebas. Ni en éste ni en ningún caso dudoso. Cuanto podemos hacer es tratar de emplear mínimamente la lógica y el raciocinio. A las pruebas siempre se presentan contrapruebas, y a éstas otras contrapruebas, y así hasta el infinito. Por lo tanto, sólo podemos tratar de discernir hasta qué punto unas y otras son válidas.
En algunos post siguientes intentaremos dilucidar estas cuestiones.
El debate con el usuario en cuestión no duró lo suficiente para profundizar en sus ideas, pero posteriormente encontré en Internet, en sitios partidarios de la teoría conspiracionista, algunas aseveraciones (no necesariamente compartidas por el usuario antes mencionado) que verdaderamente entraban de lleno en el ridículo. Por ejemplo, los conspiradores ni siquiera serían humanos, sino seres "reptiloides" que además celebrarían ritos satánicos y hasta estarían preparando el advenimiento del Anticristo, o algo así.
Sinceramente, que ideas similares, con toda seriedad, sean expuestas en pleno siglo XXI y, peor todavía, sean tenidas por ciertas por mucha gente, me hace pensar que el supuesto oscurantismo medieval era, por comparación, una claridad enceguecedora. Me preparaba para rebatir cuestiones que consideraba ilógicas pero medianamente posibles. Pero esto de algún modo me supera y me siento absurdo de prepararme a rebatir algo que tendría que ser aceptado. Es como si pretendiera demostrar que los perros tienen cuatro patas o que Africa es un continente o que el sol es una estrella.
Empecemos diciendo que es totalmente irresponsable tejer hipótesis acerca de hipotéticas conspiraciones aquí y allá, particularmente si se señala a grupos concretos como supuestos integrantes de la conspiración, como en este caso los judíos y los masones. No es que sea del todo imposible que algunos judíos y algunos masones no estén involucrados en conspiraciones, o que crea que la sola idea de una conspiración es descabellada. De hecho, puede que existan en este mismo momento diez, quince, veinte conspiraciones de las que no tenemos ni la menor noticia. Pero en ellas deben participar, no sólo judíos y masones, sino cristianos, musulmanes, ateos y, en fin, gente de toda laya. Secundariamente, si bien la finalidad de las conspiraciones generalmente es mala, el fin propuesto no es hacer el Mal. Supongamos, por ejemplo, que monto una conspiración para apoderarme de la mitad de las reservas de agua mundiales, porque en el futuro el agua será un bien escaso y hará falta en mi país. Sin duda mis fines no son santos, porque pretendo apoderarme, inescrupulosamente, de esas reservas acuícolas, que luego se echarán en falta allí donde yo las tome. Pero no lo hago por el placer de ver a media Humanidad muriendo de ser, sino por el temor de que yo y mis compatriotas la padezcamos en el futuro.
A mi entender, esta nueva, desmesurada teoría conspirativa que expone a los supuestos conspiradores como seres monstruosos que aparentemente hacen el Mal por el mero placer de hacer el Mal, dice más sobre quienes sostienes dicha teoría, que sobre los hipotéticos complotados.
Mirando hacia atrás en la Historia, vemos que muchos grupos fueron considerados como una amenaza y a menudo señalados como conspiradores, y combatidos a menudo hasta el exterminio. Los herejes cátaros, considerados peligrosos, fueron masivamente asesinados hasta hacerlos desaparecer en el siglo XIII; actualmente las opiniones mayoritarias los señalan como inofensivos y benévolos, si bien, cuando se los hostigó, respondieron a la crueldad con la crueldad. Los caballeros Templarios de Francia fueron arrestados en 1307 en una gigantesca redada, por orden de Felipe el Hermoso, bajo cargos que incluso algunos autores que no simpatizan con los Templarios consideran falsos en mayor o menor medida. Luego, en 1321, en el mismo país, se habló de una conspiración que involucraba a leprosos, judíos y moros, los cuales se habrían unido para envenenar todas las fuentes y pozas del país. Hacia el siglo XVIII les tocó a los Jesuitas el turno de ser los malos de la película. Según unos, estarían conspirando bajo las órdenes del Papa y, según otros, contra él; esto demuestra hasta qué punto los conspiracionistas de todos los tiempos hablan sin saber nada, llevados simplemente por el prejuicio de turno. No en vano quienes ahora nos hablan de esta nueva conspiración e insisten en que sus partícipes no son humanos, nos dicen que son seres "reptilianos". ¿Por qué no "felinos", "perrunos" o "equinos"? Porque un gato, un perro o un caballo no son repugnantes para la mayoría de las personas, mientras que los reptiles se encuentran, junto con las arañas, entre los animales más temidos por los seres humanos. Los reptiles no son más peligrosos o agresivos que cualquier otro animal salvaje, pero la gente sentiría de inmediato temor y asco por cualquier persona de la que se demostrara que en realidad fuera un reptil, sin preocuparse de que fuera peligroso o inofensivo. Si en cambio, bajo la apariencia humana hubiera, digamos, una cara felina, su miedo sería mucho menor. No existen tales seres "reptiloides", todo es una mezcla de prejuicio y paranoia.
Los conspiracionistas, por supuesto, no están de acuerdo y presentan sus pruebas. Pero el problema es la credibilidad. Si alguien me dice que a Fulano la esposa le es infiel, tal vez me sea fácil creerlo, porque en definitiva no sigo paso por paso la vida de los demás. Pero en este caso se nos está exigiendo que echemos por tierra toda una serie de hechos que aceptamos como ciertos y empecemos a construir mentalmente otra realidad. Por consiguiente, para que aceptemos su versión de la realidad, no pueden exigirnos que creamos merced a cualquier prueba, sino que tienen que mostrarnos, no pistas mínimas, sino hechos concretos y contundentes.
Entre los principales profetas de la teoría conspiracionista se encuentra un tal Alex Jones, cinesta y presentador de radio, que nos ofrece sus "pruebas" en una serie de videos en Internet. No los he visto todos, pero sí algunos en You Tube, entre ellos uno intitulado "Camino a la Tiranía, grupo Bilderberg, reducción población"
link: http://www.videos-star.com/watch.php?video=4KCufbaxV1A
. Allí se muestran como "pruebas" unos supuestos documentos, de los que no puedo dar fe de que sean auténticos. Llama la atención, por otra parte, que Jones o cualquiera tenga acceso a documentos que pudieran contener secretos tan terribles. Aunque, según él, no son secretos: "nos están diciendo a la cara" que nos van a exterminar...
El problema es que no hay forma de verificar la autenticidad de las pruebas. Ni en éste ni en ningún caso dudoso. Cuanto podemos hacer es tratar de emplear mínimamente la lógica y el raciocinio. A las pruebas siempre se presentan contrapruebas, y a éstas otras contrapruebas, y así hasta el infinito. Por lo tanto, sólo podemos tratar de discernir hasta qué punto unas y otras son válidas.
En algunos post siguientes intentaremos dilucidar estas cuestiones.